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Eutanasia una amenaza ante el crecimiento de la población de la población geriátrica
Resumen: A ninguno de nosotros se nos oculta que la Medicina, y de forma concreta el proceder médico, se encuentra sujeto a numerosas variables. De este modo, la toma de decisiones no puede ser considerada de forma absoluta, sino basada en criterios de duda o, si se quiere observar desde una perspectiva positivista, de certidumbres, en la amplia gama de matices que actuaciones diagnósticas, pronosticas y terapéuticas ofrecen.(E)
Publicación enviada por Dr. José Rodolfo Romero Villar
“Pocos pueden escoger cuando morirán
Pero yo acepto la muerte ahora.
Desde este momento renuncio a mi derecho a vivir.
Pero está amaneciendo y otro día me ha sido concedido.
Otro día para oír y leer, para oler y pasear, para amar y glorificar.
Estoy vivo otro día.
Pienso en aquellos que ya no lo están”. Hugh Partner
OBJETIVO GENERAL
Analizar la eutanasia como un problema bioético actual.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
- Conocer los aspectos o problemas médicos que se incluyen en el concepto de eutanasia.
- Analizar la posición de diferentes formaciones económico – sociales en ese sentido.
- Esbozar el reto que representa la eutanasia para el crecimiento de la población anciana
en el próximo siglo.
INTRODUCCIÓN
A ninguno de nosotros se nos oculta que la Medicina, y de forma concreta el proceder médico, se encuentra sujeto a numerosas variables. De este modo, la toma de decisiones no puede ser considerada de forma absoluta, sino basada en criterios de duda o, si se quiere observar desde una perspectiva positivista, de certidumbres, en la amplia gama de matices que actuaciones diagnósticas, pronosticas y terapéuticas ofrecen. Expuesto lo previo, nos vemos abocados a admitir las reglas de juego establecidas en la que ha sido llamada “ teoría de la decisión racional”, planteada por Howard Brody, que en breve síntesis quedaría definida como aquel proceso mental que el médico realiza de manera probabilística ante la toma de decisiones y que vendría a sustituir la “lógica determinista” que caracteriza a la medicina tradicional, basada en el binomio categórico “salud – enfermedad “. Por otra parte, son muchos los que creen, incluso en el ámbito de la Bioética, que los logros tecnológicos son responsables de problemas morales, sin embargo cabe pensar que si bien estos avances han complicado los problemas éticos de la Medicina, no pueden ser considerados generadores de “novo”, o como indican Beauchamp y McCullough “fuente nueva” de los mismos. De hecho: “muchos problemas morales con los que ahora se enfrenta el médico son los mismos con los que, de alguna forma, se enfrentaban hace siglos” (recién nacidos malformados, metabolopatías invalidantes, retrasos mentales de diversa índole, anticoncepción, aborto, eutanasia...) (1)
Cuando en 1623 Francis Bacon introdujo la palabra eutanasia (del griego “eu-thanatos”, que significa “buena muerte”), no se imaginó que hoy en día esta palabra moviera a tanto debate por lo que en realidad encierra, fuera interpretada de tantas formas distintas en todo el mundo y tuviera a éste dividido en dos bandos, los que la apoyan y los que están en su contra. (2)
La Asociación Médica Mundial celebrada en 1987, al respecto señaló: “La eutanasia, es decir, el acto deliberado de dar fin a la vida de un paciente, ya sea por requerimiento propio o de los familiares, es contraria a la ética”. En casi todos los países del mundo, la eutanasia no es permitida y se considera como homicidio calificado. (3)
Con este trabajo pretendemos ahondar en algunos de los aspectos de la eutanasia que la hacen tan controvertida y de esta forma demostrar que es un problema bioético actual contrario al ideal médico, es función del médico salvar vidas y no destruirlas.
Es nuestro propósito que estas cuestiones sean tratadas con profundidad y de una forma u otra nuestro principal objetivo sea cumplido y ayude a los futuros médicos a darse cuenta de la importancia de tener elementos de juicio sobre este particular que podría desviar la razón de ser del mismo en el futuro.
DESARROLLO
Para ahondar un problema difícil como la eutanasia, hay que tener en cuenta no solo una teoría filosófica, sino también una teoría moral que permita categorizar, explicar, predecir (si es posible o no desde el punto de vista ético) la conducta a seguir.
Los términos ética y moral han recibido diversos contenidos en el proceso del desarrollo cultural.
Con el término ética, se significa generalmente a la ciencia, y con el de moral, se entiende el fenómeno real que estudia esa ciencia. Algunos autores consideran que la ética es una disciplina filosófica, pero en esencia todo el mundo está de acuerdo en que la ética es la que estudia, y la moral es el fenómeno estudiado.
El análisis de la eutanasia desde el punto de vista ético nos lleva al planteamiento del problema de si es un bien o un mal para el paciente, lo cual nos ayudará a descifrar si somos justos o no al aprobar o reprobar su práctica. Desde esta perspectiva, es fácil entender las complejidades inherentes a cualquier discusión donde lo blanco puede ser negro, y lo negro puede ser blanco, pues no siempre queda claro qué es lo que debemos entender como bien o mal para el paciente en estos casos.
Cuando de moral y de eutanasia se habla, debe precisarse en primer lugar:
¿ Cuál es la moral que en general rige en la sociedad?
¿Cómo valoran en la sociedad los mismos profesionales médicos la participación de sus colegas en la práctica de la eutanasia?
¿Cuáles son los principios éticos que orientan la moralidad del enfermos?
La respuesta a estas interrogantes pueden variar de una sociedad a la otra y deben ser tenidas en cuenta a la hora de proceder al análisis histórico concreto de la moralidad de la eutanasia.
La razón fundamental para rechazar la eutanasia es la evaluación ética de la intención de matar. La no conformidad de la eutanasia con la ética de la medicina ha sido explícitamente afirmada desde la antigüedad. El juramento hipocrático dice: “ A nadie daré un fármaco mortal aunque me lo pidan, ni tomaré la iniciativa de una sugerencia de ese tipo”. Los médicos siempre se han trazado como meta la vida y no la muerte, considerando a esta última como la fundamental expresión de las limitaciones científico-técnicas de su profesión. Los problemas en este terreno comienzan cuando los propios pacientes piden a los médicos que no cumplan con su ideal de beneficencia en contra de la voluntad del enfermo. El alcance de este conflicto trasciende los marcos de la ética médica y se hace necesario su análisis también como fenómeno jurídico.
Eutanasia:
Recordemos que “eutanasia” significa “buena muerte”, lo que para cada uno es un concepto diferente, pues las palabras y sus combinaciones, no pueden tomarse en un sentido literal y rígido, sino con un alcance figurado, implícitamente aceptado por la mayoría. Si así no fuera, la muerte durante el sueño, sin llegar a despertar, sería eutanasia, y.... un eficiente y suficiente garrotazo en la nuca, que causara la muerte instantánea, lo sería también. Para otros, una muerte buena sería el martirio, o una muerte heroica. (3)
Todas las definiciones que conocemos incluyen el concepto de “muerte sin dolor ”. Se ha descrito como “muerte natural, suave, sin dolor, sin agonía”. Hoy designa la acción deliberada de poner fin a la vida de un enfermo. El Diccionario de la Lengua Española la precisa como muerte sin sufrimiento físico y, en sentido estricto, la que así se provoca voluntariamente; otras veces se expresa que ha de ser “causada por personal médico – sanitario”. (4) Se habla de “intención compasiva”; “homicidio piadoso”; en otros, se concreta su aplicación a los casos de “enfermedad incurable y sufrimientos innecesarios” (que hoy evita la Medicina). La eutanasia “eugenésica” consiste en liberar a la sociedad y a la familia de “unas vidas sin valor”, y la “eutanasia económica” provoca la muerte de aquellos “seres inútiles” que son “una carga para la sociedad”. (5, 6)
- Tipos:
- Eutanasia activa.
La eutanasia activa designa la acción deliberada de poner fin a la vida de un enfermo y tiene por objeto proporcionarle la muerte. Un ejemplo sería la administración de dosis mortales de estupefacientes o de sustancia letal. (1, 7)
Las legislaciones consideran el matar a un ser humano como algo de entrada intrínsecamente malo y como un suceso que requiere investigación. Sin embargo, algunos casos son considerados legalmente más graves que otros, como se refleja en las diferentes categorías penales: asesinato, homicidio por imprudencia, complicidad en suicidio, etc. El asesinato se define como matar a un ser humano con malicia premeditada, expresa o implícita. El homicidio se precisa de la misma forma pero omitiendo las palabras con malicia premeditada, expresa o implícita. Mientras que el asesinato conlleva en algunos países la sentencia de prisión para toda la vida, la pena por homicidio puede oscilar desde la absolución total a la cadena perpetua o fusilamiento.
A primera vista podría pensarse que la eutanasia voluntaria entra dentro de la definición de homicidio y no de la de asesinato, puesto que el motivo radica en la compasión y no en la malicia. Sin embargo, la ley mantiene que el matar intencionadamente es un acto malicioso por definición, es decir, que va contra los intereses tanto del individuo como de la sociedad.
En la Sección 1 del Artículo 2 de la Convención Europea sobre Derechos Humanos de 1953 se afirma: “La ley protegerá el derecho a la vida de todos los individuos. Nadie privará intencionadamente de la vida a un semejante, salvo para ejecutar la sentencia de un tribunal en el convicto de un crimen para el que la legislación establece esa pena”. El Reino Unido firmó la Convención y sigue apoyándola. Antes, en 1950, la World Medical Association declaró que la eutanasia voluntaria era contraria al espíritu de la Declaración de Ginebra y, por tanto, no ética. Esta afirmación fue suscrita por asociaciones médicas nacionales de toda el mundo. (8)
- Eutanasia pasiva.
El término “eutanasia pasiva” se viene utilizando cada vez más durante los últimos años. Significa “dejar que la naturaleza siga su curso”, en lugar de aplicar tratamiento médico en un intento de prolongar la vida del enfermo incurable. Es decir, consiste la eutanasia pasiva en provocar la muerte mediante la omisión deliberada de un cuidado debido y necesario para la curación o la supervivencia.
En muchos países estando próximo el fin de un enfermo considerado como incurable no es lícito mantener artificialmente su vida, prolongando así su martirio. No se trata por lo tanto de acabar con el enfermo sino de dejarlo morir de su muerte natural. El médico no está obligado en conciencia a prolongar siempre y por todos los medios de su arte la vida de un enfermo moribundo, que no hay posibilidad de salvar. Hay pues que condenar aquellos medios terapéuticos que degradan al hombre a la condición de un ser sensorial sin posible rehabilitación. (9)
En los principios incluidos en la declaración formulada el 5 de mayo de 1980 por el Papa Juan Pablo II, se señala que ante la inminencia de una muerte irreversible, se puede adoptar en conciencia la decisión de renunciar a tratamiento que sólo procurarían una prolongación precaria y penosa de la vida, sin que por ello haya que interrumpir los cuidados normales que debe recibir el enfermo en tal caso. (1)
Cuidar, cuando la curación ha dejado de tener sentido, es el objetivo de la Unidad de Cuidados Intensivos. La prioridad de esta unidad es aumentar la calidad de vida, no incrementarla ni acortarla. La medicina intensiva ha salvado muchas vidas; con su desarrollo se ha reducido la mortalidad de forma significativa en muchas situaciones que antes eran irreversibles.
En algunos países (como en los EE.UU.) dos son los procedimientos reglados mediante los cuales un ciudadano puede hacer previsiones concernientes al fin de su vida. Por un lado, está la figura del “living wills”, (“últimas voluntades” o “disposiciones finales”), un documento que dispone en qué condiciones el ciudadano está dispuesto a recibir medidas extremas de cuidados médicos. Por lo general se trata de un escrito por el que se renuncia a medios mecánicos de mantenimiento cuando se prevé un padecimiento forzosamente terminal. A medida que la gente aprende a tener más miedo de la senectud que de la muerte, esta línea de acción gana terreno.
La segunda fórmula (que no excluye a la anterior) se denomina “The durable power of attorney” (“apoderado o agente con poderes perdurables “). Con este documento se faculta a una tercera persona para que decida el mejor camino a tomar en función del conocimiento que se le supone de la voluntad expresada previamente por el paciente.
Con la edad, la enfermedad o el declive biológico, un hombre puede llegar a considerarse inútil, incapaz de aportar nada a los demás, y hay muchas personas a las que dicha perspectiva se les antoja una carga demasiado penosa para sobrellevarla. Pero siempre se es capaz de dar y recibir cariño, que es algo mucho más valioso que un bien mercantil.
El sufrimiento humano no es sólo el dolor físico producido por una deficiencia somática. Esto se soslaya con frecuencia porque se ha difundido un concepto exclusivamente biologista del ser humano, cuya insuficiencia subraya A. Frossard:
“Reducir el ser humano a su dimensión física es tan absurdo como hacer del Requiem de Mozart una cuestión de decibelios, o como despreciar la Encajera del pintor Vermeer con el pretexto de que no se ve desde la luna. Siguiendo a Pascal, se debería saber que el hombre ocupa una posición intermedia entre lo infinitamente grande y lo infinitamente pequeño. Si su dimensión física, vista desde lejos, es insignificante, su dimensión espiritual sobrepasa todos los puntos de observación imaginables”. (8)
Una vida humana sin dolor es irreal, Es natural que se ponga todo el esfuerzo, el empeño y la tecnología para disminuir las dosis de sufrimiento físico y moral, pero no conseguiremos conjurarlo por completo en la vida presente. Sí que cabe – y es una posibilidad ciertamente hermosa – procurar paliarlo, aligerarlo, asumirlo y darle un sentido. Tal es la nobleza de la profesión médica.
En relación al papel del médico en la eutanasia, no se puede obviar el hecho de que éste pone medios directos para acabar con una vida humana, aún en el caso de que se encuentre en fase terminal, o de que lo haga a petición del paciente. No cabe decir que el médico es un mero auxiliar de la voluntad del paciente porque no se muere al igual que tampoco se vive, merced a un acto de voluntad. En efecto, el pseudo – médico que practica la eutanasia no lo hace a base de sugestión, sino con un fármaco o una inyección letal, es decir, poniendo activamente unos medios naturalmente orientados por una intencionalidad muy concreta.
Completamente distinto, en cuanto a su cualidad moral, es el caso de quien se niega a prolongar artificialmente un estado vegetativo – al que razonablemente no se ve salida – evitando hacer el uso extraordinario de medios curativos que ha venido en llamarse “ensañamiento terapéutico”. La irreductibilidad de estas dos situaciones estriba en que, mientras en la primera existe la comisión de una acción indebida, deontológicamente contraria al ser y la función de la medicina (curar o, al menos, paliar), en la segunda se verifica la omisión de un acto médico no exigible en determinadas circunstancias.
La medicina siempre ha tenido y tendrá por delante más desafíos que conquistas en su haber. También en este sentido la eutanasia es inhumana porque supone dimitir de todo esfuerzo y el hombre, por naturaleza, es un “ solucionador de problemas”. La medicina ha de enfrentar problemas novedosos con creatividad e imaginación. Con la eutanasia, por el contrario, no se soluciona nada; más bien se elimina el problema. Pero para eso – cabría objetar – no hace falta un médico sino un verdugo. (10)
Hoy en día, en muchos países del mundo, no podemos negar la existencia de un cada vez más significativo grupo de ciudadanos que reclaman el derecho a una muerte digna. Por tal entienden, fundamentalmente, la posibilidad de elegir el momento en que su vida ha de cesar, cuando, a su juicio, se den determinadas circunstancias que provoquen una pérdida de dignidad.
Probablemente, si analizamos con mayor detalle lo que estos individuos reivindican, nos encontramos con que más que reclamar el derecho a una muerte digna, solicitan el derecho a una vida digna.
Un nuevo conflicto se plantea en esta propuesta y es hasta qué punto debe prevalecer la autonomía del paciente en estos casos. Si por autonomía entendemos competencia moral para tomar las decisiones que conciernen a la vida y la salud, esta requiere necesariamente una adecuada información y unos recursos adecuados a la situación, es decir, que en el momento en que el sujeto deba tomar la decisión, las únicas alternativas posibles no sean la muerte o el sufrimiento. (1)
Entendemos que los avances científicos son los que han propiciado este debate en la medida en que han abierto la posibilidad de preservar la vida de los sujetos más allá de lo que la propia naturaleza sería capaz de hacer. Tendrían que ser estos propios avances los que permitieran nuevas opciones a los individuos en estas circunstancias y a eso se deben dirigir los esfuerzos de la comunidad científica. Ello, junto a una adecuada política sociosanitaria podría permitir, al menos en lo que respecta a los enfermos terminales, abrir nuevos horizontes en esta materia.
Igualmente, sería conveniente que los profesionales sanitarios, ante determinadas situaciones patológicas, sopesaran concienzudamente la propuesta terapéutica que vayan a realizar. Se trata de que hagan no solo lo que puedan hacer en virtud de lo que los progresos técnicos les permiten, sino también lo que deben hacer a la luz de la ética profesional.
Indudablemente no todo queda resuelto de esta manera. Los sujetos cuya situación no es estrictamente de terminalidad, sino de dependencia física completa de otros para su subsistencia, seguirían reclamando su derecho a morir, pero en nuestra opinión, no es a esto a lo que se debe referir el vocablo eutanasia. Esto otro debe entrar en el debate de lo que sería el legitimar la participación de un tercero en el suicidio de un sujeto que por diversas razones (todas en principio igualmente legítimas) ha decidido que no vale la pena continuar con su vida adelante. (6)
En Holanda se define la eutanasia como: la terminación activa de la vida de un paciente a su petición, por un médico. Es decir que la petición del paciente se ha hecho parte de la definición de la eutanasia. En la literatura internacional generalmente se distingue entre eutanasia voluntaria que corresponde completamente con la definición de eutanasia dada arriba, eutanasia no-voluntaria, que es la terminación de la vida de un paciente en contra de su voluntad. En Holanda la eutanasia no-voluntaria se llama a una acción que termina la vida o”terminación de vida”. En Holanda todos están de acuerdo que las tres siguientes categorías de acciones no deben considerarse como eutanasia:
a. Suspender o no iniciar un tratamiento a demanda del paciente.
b. No dar un tratamiento que es médicamente inútil, inaprovechable.
c. Tratamiento del dolor y los síntomas que como posible efecto secundario acorta, abrevia la vida (adelanta, acelera la muerte).
Anualmente, (los datos se refieren a 1990), en Holanda hay unas nueve mil demandas de eutanasia, de las cuales se cumplen 2 300 (1,8 % de todos los fallecimientos que son 129 000). Además 400 casos de suicidio asistido y 1 000 casos de terminación de la vida sin petición explícita. Sin embargo, la encuesta también descubrió que en 7 100 casos los médicos intensifican el tratamiento de dolor y los síntomas con la intención parcial o explícita de abreviar la vida, y con la misma intención en 7 875 casos no se inició o se suspendió un tratamiento. En 20 a 60 % de estos dos grupos de pacientes, el médico no había obtenido un consentimiento explícito.
Es asombroso que tanta gente en Holanda parece no darse cuenta de cuánto mina las bases del estado de derecho la situación con respecto a la eutanasia.
Será muy difícil hacer retroceder esta práctica.
“La práctica de la eutanasia está prohibida en el Código Penal holandés pero los tribunales regionales y la Corte Suprema han reconocido el argumento de fuerza mayor alegado por los médicos” para llevarla a cabo.
Cuando el facultativo se enfrenta a un conflicto de deberes – el de obedecer la ley que prohibe la eutanasia y el de aliviar el sufrimiento del paciente -, “el médico puede alegar fuerza mayor y no ser castigado por los tribunales después de realizar la eutanasia”.
El Territorio del Norte, en Australia, se ha hecho famoso por convertirse en el único lugar del mundo donde está legalizada la eutanasia. En virtud de la Ley de Derechos de los Enfermos Terminales, que entró en vigor el 1 de julio de 1996, todo mayor de 18 años podrá pedir que le administren una inyección letal, a condición de que tenga un mal ya sin remedio, con sufrimientos físicos y morales que considere insoportables.
En teoría, la primera eutanasia legal podría haber tenido lugar el 10 de julio de 1996, pues la ley establece un plazo mínimo de siete días para que un médico firme el certificado requerido – que ha de ser corroborado por otros dos especialistas-, y después impone al paciente un “período de reflexión” de dos días completos. Sin embargo, lo más probable es que la ley no se aplique nunca. Contra ella se levantan demasiados obstáculos: un recurso ante el Tribunal Supremo del territorio, una proposición de ley en el Parlamento de Camberra, la postura contraria del primer ministro federal y del jefe de la oposición, y el desacuerdo de los médicos.
Los psiquiatras en su X Congreso Mundial, no se han quedado callados y han llegado a un acuerdo que advierte que cuando un paciente pide la muerte, “su juicio puede estar distorsionado por una enfermedad mental como la “depresión”. En tal caso, “el deber del psiquiatra es tratar la enfermedad”. Por tanto, el médico no debe prestar fácilmente su cooperación al suicidio, aunque esto fuera legal en su país.
Por otra parte, el código prohibe terminantemente que un psiquiatra participe en la ejecución de una pena de muerte. (11)
El concepto de autonomía que es tan fundamental para los que proponen la eutanasia se basa en un cierto concepto del hombre. Considera al ser humano básicamente como un individuo que por su razonamiento puede decidir acerca de sus normas y valores, y que independientemente puede tomar decisiones sobre su propia vida. En esta visión lo que hace realmente humano al ser humano es su razonamiento.
Esta antropología falla por no reconocer la importancia de las dimensiones espirituales, históricas y sociales de la humanidad. Razona en términos de derechos y deberes y no en términos de cuidado y responsabilidad. En un concepto más amplio e íntegro del ser humano, y seguramente en un concepto cristiano todos estos aspectos deben tomarse en cuenta.
El concepto de autonomía tampoco es realista, especialmente en la medicina. ¿ Puede una persona muy enferma realmente hacer una petición independiente y libre de ser matado? Un neurólogo holandés ha argumentado que el mismo hecho de estar en un estado terminal, así como la medicación que muchas veces se da en estas situaciones, casi hace imposible un funcionamiento normal del cerebro y por esto un razonamiento claro. Además el paciente es completamente dependiente de otros, quienes por su actitud, su conducta, aun su tono de voz pueden sugerir al paciente que pida la eutanasia. Esto se aplica especialmente al médico y puede ocurrir aun inconscientemente cuando en la opinión del médico la eutanasia puede ser una buena solución en ciertos casos. Aun aceptando que una petición voluntaria exista teóricamente, en la práctica sería difícil asegurar que esa petición es realmente voluntaria.
Además la autonomía del paciente no puede ser la razón principal para aceptar la eutanasia, sencillamente porque el médico es quien la realiza. Por tanto, la eutanasia por lo menos requiere también el consentimiento autónomo del médico. Entonces, cuando realiza la eutanasia el médico voluntaria e intencionalmente hace morir al paciente. Pero terminar con la vida de una persona libre e intencionalmente, aun con buenas intenciones, influirá en el médico y cambiará su actitud hacia todos los pacientes, tanto competentes como incompetentes. Por lo tanto la eutanasia afecta a otros pacientes y no puede considerarse como un asunto del paciente individual y su médico. (12)
Una última objeción contra el principio de autonomía, que por cristianos es la objeción más decisiva, es lo que dice la Biblia acerca de la soberanía de Dios, Dios es el Creador, y por lo tanto el Señor da la vida. No le es permitido al hombre terminar la vida de otro ser humano. La formulación más conocida es el quinto mandamiento: no matarás. En el Nuevo Testamento este es uno de los mandamientos que Jesús radicaliza explícitamente (Mateo 5:21 – 23). Este mandamiento se aplica a todos los seres humanos. (13) En el concepto cristiano de la vida la cuestión del valor de la vida no está determinada por las funciones o capacidades que uno puede probar objetivamente. El valor y la dignidad del ser humano reside en el hecho de que ha sido creado por Dios, con sus prójimos y con la creación. La existencia física, corporal, está totalmente involucrada en estas relaciones. Cuando hay un ser humano viviente, humanidad implica personalidad porque ésta está fundada en la relación con Dios que no puede medirse médicamente (la muerte del cerebro completo es aceptada como muerte de la persona).
Una petición por eutanasia muchas veces es una señal de cuidado insuficiente o inadecuado, o de falta de atención. El paciente se siente inconfortable, tiene dolor, tiene miedo de lo que aún puede pasar, está angustiado por sus familiares o relaciones. Una petición de eutanasia debe entenderse como un desafío a nuestra responsabilidad de proveer el cuidado necesario. Calidad de vida no debe ser un criterio para determinar si se puede terminar la vida, pero debe entenderse como un deber social. Esto es precisamente lo que los “hospices” pretenden. Cuidado bueno y atención de médicos y enfermeros, atención de los familiares, tratamiento adecuado del dolor (que por ahora casi siempre es posible), en casi todos los casos hace desaparecer la petición por eutanasia. Existen excepciones a esta regla, pero las excepciones no deben determinar ni la moralidad ni la ley. Felizmente la alternativa de un mejor cuidado recibe cada vez más atención también en Holanda.
Eutanasia voluntaria provocará eutanasia no voluntaria. En la discusión de la práctica de la eutanasia en Holanda ya concluimos que no es tanto la petición sino más bien la condición del paciente la razón para terminar con su vida humana. Pero en muchos casos en que la condición del paciente dé razón para realizar la eutanasia a petición, el paciente ya no tiene la capacidad de hacer una petición libre. Sin embargo, siendo la condición la razón fundamental para realizar la eutanasia, el hecho de que no haya una petición podría considerarse una razón insuficiente para no realizar la eutanasia. De esta manera, el trasfondo ideológico de eutanasia voluntaria también provoca la justificación por la eutanasia no voluntaria
La aceptación de la eutanasia empeoraría la relación médico – paciente. “Existe un conflicto inherente de interés entre el papel de sanación beneficiosa y de consuelo en que se persigue vida e integridad, y un papel en que se causa intencionalmente la muerte”. La aceptación de la eutanasia como parte de buena práctica médica definitivamente cambiará la actitud de los profesionales de la salud hacia pacientes con una enfermedad terminal tanto competentes como incompetentes. Fenigsen ha dado varios ejemplos de esta nueva mentalidad que se está manifestando cada vez más en Holanda, como aceptar innecesariamente la muerte del paciente, suspender tratamiento médico proporcional porque el paciente está viviendo solo o ya tiene setenta años de edad, etc.
Puede ser que cuando se termina intencionalmente la vida de un paciente, la muerte no es el bien buscado por si mismo, sino la eliminación del sufrimiento. Sin embargo, la medicina debe luchar contra el sufrimiento por causa de la persona y no debe irse en contra de la persona por causa de su sufrimiento. En situaciones extremas es entendible que en la experiencia de los que están alrededor del paciente, éste casi coincide con su sufrimiento. Aun en esta situación una identificación conceptual es incorrecta. Desde este punto de vista hay una diferencia fundamental entre suspensión de tratamiento desproporcionado que mantiene la vida y así prolonga el sufrimiento, y la terminación intencional de la vida por la inyección de sustancias letales. En el primer caso la intención no es (necesariamente) la muerte del paciente. Sin embargo, cuando se termina la vida por la inyección eutanásica, la intención es la muerte y se mata al paciente para terminar el sufrimiento. Es decir que se identifica al paciente con su sufrimiento. Entonces la medicina se pone al servicio de una aspiración indebida de control sobre la vida. Porque cuando ya no se puede mantener la calidad de vida al nivel deseado, se puede retomar el control sobre la situación y matar el paciente. (5)
Es muy importante que los médicos estén dispuestos a reconocer las limitaciones de la medicina en la lucha con la muerte, y a aceptar que llega un momento en que la muerte es inevitable. Con todas las posibilidades de la medicina de hoy siempre hay un peligro de “encarnizamiento terapéutico”. Entonces es importante no solamente cuidar al paciente y aliviar el proceso de morir, sino también ayudar al paciente y a sus familiares a aceptar la muerte inevitable. (9)
Pero no podemos perder de vista que la cultura hedonista de finales de siglo que tiende a dar a las cosas solo un valor utilitario, podría permear a nuestros futuros médicos de una mentalidad pro eutanasia, que verían a nuestros ancianos como simples objetos que nada producen y sólo consumen, a los cuales valdría la pena “ayudarlos a descansar” sin percatarse de todo el valor que ellos encierran y que llevó alguna vez a decir que...cada vez que muere un anciano es como si se cerrara una biblioteca......
CONCLUSIONES
1.- La Eutanasia sigue siendo un tema controversial en la práctica médica.
2.- A pesar del aumento de grupos pro – eutanasia, las legislaciones de la mayoría de los países mantienen la prohibición sobre la misma.
3.- La aprobación de la eutanasia, cambiaría el concepto clásico del deber médico.
4.- La autonomía del paciente no puede ser la razón principal de practicar la eutanasia, pues es el médico quien la realiza.
5.- Es importante reconocer el momento en que la muerte es inevitable, para así evitar el encarnizamiento terapéutico.
RECOMENDACIONES
1.- Profundizar en el tema para conocer la tendencia mundial sobre el mismo.
2.- Estar preparados ética – jurídica y científicamente para asumir los desafíos sobre el tema en los próximos años.
3.- Propiciar debates sobre el tema entre estudiantes de Ciencias Médicas.
BIBLIOGRAFÍA
1.- Delgado R: La vida del enfermo en su fase terminal. 1985
2.- Ollero Tassara A: Derecho a la vida y derecho a la muerte. 1994
3.- Bernard J: La bioética. Debates. 1994.
4.- Diccionario de la Lengua Española. Edic. Salvat. 1990
5.- Fernández Herranz M del R: Aspectos éticos en la relación médico – paciente. 1989.
6.- Reverte JMa.: Las fronteras de la medicina: Límites éticos, científicos y jurídicos. 1983.
7.- Núñez Olarte Jma.: Unidades de cuidados Paliativos. Medicina al servicio de losenfermos terminales. 1990.
8.- Cuadernos de Bioética. Vol VII- Madrid 1996.
9.- Cordón López A: Eutanasia. Derecho a morir dignamente. 1995.
10.- El derecho a vivir. Medicina moderna y futuro humano. 1975.
11.- Abiven M: Morir dignamente. Foro Mundial de la Salud. 1981.
12.- Mejía JL. El paciente terminal. 1991.
13.- Santa Biblia
14.- Martínez Gómez Jesús A.: La eutanasia.2001
AUTOR:
Dr. José Rodolfo Romero Villar, Especialista de 1er grado en Medicina Interna, profesor asistente y Presidente de la Cátedra de Bioética de la Facultad “Miguel Enríquez “
Ciudad de la Habana.
2005
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Publicación enviada por Dr. José Rodolfo Romero Villar
Contactar mailto:romesara@infomed.sld.cu
Código ISPN de la Publicación EEuVVyFAyFtMXBaBDa
Publicado Thursday 20 de April de 2006
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