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El envejecimiento poblacional condicionado por los factores sociales
Resumen: Para la elaboración de este trabajo el método que se empleó fue la búsqueda bibliográfica como fuente de aporte de ricas ideas, que faciliten el desarrollo de las expectativas trazadas. El envejecimiento repercute socialmente, pues genera dificultades tales como inestabilidad ante determinadas situaciones y limitación de las condiciones de trabajo, por ser estas cada vez más técnicas. (E)
Publicación enviada por Dra. Dalis Diago Caballero y Otros Autores
INDICE
Resumen
Introducción
Desarrollo
Conclusiones
Bibliografía
RESUMEN
Para la elaboración de este trabajo el método que se empleó fue la búsqueda bibliográfica como fuente de aporte de ricas ideas, que faciliten el desarrollo de las expectativas trazadas.
El envejecimiento repercute socialmente, pues genera dificultades tales como inestabilidad ante determinadas situaciones y limitación de las condiciones de trabajo, por ser estas cada vez más técnicas.
Se prevé que para el 2012 haya alrededor de 600 millones de ancianos; cifra que se duplicará para el 2025, sobre todo en el continente europeo, que es donde existe el mayor número de gerontes.
El apoyo a las personas de edad avanzada es un problema social, moral y económico, para cuya solución se requiere voluntad política.
INTRODUCCION
A lo largo de la historia de la humanidad, la vejez ha sido valorada de diferentes formas: Freeman describe períodos en el conocimiento científico de esa etapa de la vida durante los 5 milenios precedentes; en tanto Roger Bacon escribió en 1236 uno de los primeros documentos relacionados con el envejecimiento, titulado "La cura de la vejez y la preservación de la juventud".
En antiguos textos religiosos se habla de patriarcas que vivían más de 120 años, los cuales eran venerados y respetados por todos como sabios; en cambio, Platón exoneraba de luchar a los ancianos y señalaba que el robo de mercancía y la subversión contra los gobernantes constituían delitos perdonables cuando los cometían personas seniles; sin embargo, Cicerón opinaba que los gerontes eran malhumorados, inquietos, caprichosos e irritables y argumentaba 4 razones que convertían a la vejez en un tiempo infeliz, de modo que se imponía batallar contra la edad avanzada, a saber:
· Apartaba del trabajo activo
· Debilitaba el cuerpo
· Privaba de todos los placeres físicos
· Estaba cerca de la muerte
Las expresiones más peyorativas aparecen contempladas en las sátiras de Juvenal, donde se maldecía a los senescentes, se criticaba a los que imploraban a los dioses una larga vida y se afirmaba que la vejez era una etapa fea, caracterizada por el olvido y la falta de razón.
A diferencia de otras civilizaciones, la China ha venerado siempre a sus adultos mayores. En las sociedades indígenas cubanas, los ancianos behíques fungían como médicos, brujos y principales sostenedores de las tradiciones tribales.
Cuando en el siglo XIX Adolphe Quetelet (1796-1874), considerado como el primer gerontólogo de la historia, desarrolló diversas investigaciones sobre la evolución de la especie humana y aplicó la curva de Gaus, provocó una auténtica revolución conceptual en su tiempo acerca de la senectud.
En 1834 surgió en Gran Bretaña la necesidad de acoger y cuidar a numerosos grupos de gerontes sanos, enfermos y perturbados mentales, con lo cual se iniciaron los asilos de ancianos.
En 1903, Meschnikoff propuso la Gerontología como ciencia para el estudio del envejecimiento; en 1909 Ignatz Lewn Nasher, afamado clínico, creó el Departamento de Geriatría en Estados Unidos; y en 1914, Eduardo Sthuglitz definió la Gerontología Social como la ciencia encargada de todo lo relacionado con el hombre como ser social que vive en un ambiente social y es aceptado por éste.
En 1929 se introdujeron variaciones en los asilos y fue a finales de la década del 30 cuando los pioneros de la medicina geriátrica comenzaron a dar los primeros pasos para el tratamiento de los ancianos en la comunidad. En 1935, Marjory Warren inició la geriatría contemporánea con los siguientes principios:
· La vejez es una enfermedad
· Es esencial establecer un diagnóstico exacto
· Son curables muchas enfermedades en la vejez
· El reposo injustificado puede ser peligroso
En 1946 quedó constituida la especialidad en el National Health Service del Reino Unido, a pesar de las burlas de la clase médica, y paulatinamente fue extendiéndose hasta que en 1950 se fundó la Sociedad Internacional de Geriatría, a la que se integraron poco a poco diferentes países.
En 1982 se celebró en Viena la Asamblea Mundial del Envejecimiento, auspiciada por la OMS, a la que asistieron representantes cubanos y en cuyo contexto se firmó la suscripción de Cuba a dicha Sociedad.
Las enfermeras han desempeñado siempre una importantísima función en la atención a las personas de avanzada edad, por lo que en 1904 fue publicado en el American Journal of Nursing el primer artículo sobre el cuidado del anciano; en 1961, la Asociación Americana de Enfermería recomendó la formación de grupos de enfermeras especializadas en geriatría y en 1969 se instituyeron las normas para la práctica de la enfermería geriátrica. En 1975 se graduaron como tales las primeras enfermeras y en ese mismo año se editó el primer número del Journal of Gerontologycal Nursing; en 1976 se decidió cambiar el título de enfermeras geriátricas por enfermeras gerontológicas, ya que no solo atendían al anciano enfermo, sino en la propia comunidad.
Ahora bien: ¿a qué se debe el elevado número de ancianos en el mundo actual? Sin duda alguna, a la reducción de la mortalidad infantil y la natalidad, al desarrollo tecnológico, a la disminución de la incidencia de enfermedades infecciosas y las migraciones (los flujos migratorios tanto internos como externos pueden llevar a aumentar las proporciones de ancianos en una población determinada). De lo anterior se infiere que la humanidad está enfrentando a un verdadero problema: el envejecimiento de las poblaciones, lo cual conduce a la aparición de nuevos medicamentos, métodos terapéuticos y concepciones socioeconómicas, así como al aumento de las necesidades, que ejercen un efecto importante sobre la política pública. (1)
Se ha definido el envejecimiento de la población como el aumento progresivo de la proporción de personas de edad avanzada en una población determinada. Aunque las causas del envejecimiento de la población son en general las mismas en todos los países, a través del tiempo éstas han tenido un papel diferente en cada etapa. (6)
En los países de Europa Septentrional, este proceso se inició hace aproximadamente un siglo; sin embargo, en muchas regiones africanas, menos del 30 % de la población alcanza la ancianidad.
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El crecimiento de la población anciana implica un aumento de los gastos estatales, pues la migración interna del campo a la ciudad de las generaciones más jóvenes ha ido empeorando el cuadro al cambiar las estructuras familiares y sus posibilidades, lo cual hace que los cuidados brindados a los senescentes, que siempre fueron responsabilidad de su familia, estén ahora en muchos casos a cargo del Estado y otras instituciones sociales; además, la longevidad da lugar a familias multigeneracionales, en cuyo seno conviven miembros de 2 generaciones.
La repercusión sobre el sistema de salud es evidente, pues los ancianos constituyen los mayores consumidores (relativos o absolutos) de medicamentos y servicios de salud en cualquier parte del mundo.
En los países tercermundistas, el problema se agrava por la diferencia existente entre disponibilidad y distribución de los recursos técnicos y humanos, ya que la familia no puede atender por sí sola los requerimientos del anciano si no recibe apoyo de programas y servicios sociales o gubernamentales.
También los cambios en la estructura de la sociedad, con el paso de la familia extensa a la nuclear, han influido negativamente sobre las funciones a desempeñar por los gerontes, muchos de los cuales no encuentran su lugar en el medio familiar; situación que incrementa el número de ancianos solos. Por ejemplo, 2 % de los coreanos y filipinos mayores de 60 años viven sin compañía, así como la tercera parte de los estadounidenses con esa condición y 89 % de las mujeres del Reino Unido; sin embargo, en las zonas rurales de los países desarrollados siguen viviendo con los suyos y trabajando en la agricultura.
El envejecimiento de la población causa tantos inconvenientes, que se corre el riesgo de considerar la longevidad una carga más que un don.
El apoyo a las personas de edad avanzada es un problema social, moral y económico, para cuya solución se requiere voluntad política.
El cuidado y bienestar del anciano se convertirá en la piedra angular de la capacidad de los países, tanto desarrollados como subdesarrollados. (1,2,3.4)
El envejecimiento no es un fenómeno exclusivo de las sociedades modernas, ha estado presente en todas las etapas del desarrollo social y despertado siempre un interés filosófico, artístico y médico; sin embargo, hoy en día son cada vez más las personas que rebasan las barreras cronológicas que el hombre ha situado como etapa de vejez, lo cual ha convertido ese proceso fisiológico natural en un reto contemporáneo.(6) El envejecimiento, definido como el conjunto dinámico de modificaciones morfológicas, psicológicas y bioquímicas que origina el paso del tiempo sobre los seres vivos, caracterizado por la pérdida progresiva de la capacidad de adaptación y reserva del organismo ante los cambios, se inicia en el momento del nacimiento y se desarrolla a lo largo de la vida. (1)
El proceso de envejecimiento puede variar de un individuo a otro a partir de la edad en que comienza a hacerse perceptible, la rapidez con que evoluciona y la secuencia en que se afectan los distintos órganos y sistemas.
Envejecer no equivale a enfermarse; pero los cambios que se producen, repercuten directamente en la valoración semiológica y fisiopatológica, diagnóstico médico y decisiones terapéuticas. (1)
Con todo lo anteriormente tratado podemos darnos cuenta que el Estado y sus políticas de salud están llamados a jugar un importante papel en el envejecimiento poblacional, consideramos que las ideas básicas de la reforma del sector salud surgen en un medio teórico caracterizado por la preminencia de un grupo de conceptos y propuestas que gozan de un amplio consenso internacional, aunque aún no sean práctica común en muchos países. Son fuentes teóricas fundamentales la estrategia de atención primaria de salud aprobada en 1978 en Alma-Ata -cuyos aspectos centrales se mantienen vigentes-, las bases teóricas de las estrategias de prevención poblacional y de alto riesgo desarrolladas a partir de los años 70, la Carta de Ottawa y otros documentos sobre promoción de la salud y el movimiento de ciudades, municipios y comunidades saludables de la segunda mitad de la década de los años 80, así como las propuestas de reforma del sector salud desarrolladas a finales de los años 80 y principios de los 90.
Entre los elementos conceptuales y contenidos estratégicos más significativos, se cuentan la concepción amplia, social, de la salud como parte sustancial del desarrollo vinculada a todos los aspectos de la vida humana; la aspiración de que la salud sea un bien universal y no de grupos privilegiados de acuerdo con el ideal de "salud para todos"; la importancia central de alcanzar la equidad en salud y la necesidad de incluir en las agendas políticas de los gobiernos la construcción social de la salud, mediante acciones de promoción y prevención además de las recuperativas propias del sector.
En este universo teórico, se destacan por su importancia y consenso a su favor, 4 elementos: el primero es una especie de "principio de principios"; la necesidad superar las inequidades en salud, entendidas como "diferencias innecesarias, evitables e injustas en las condiciones de salud de la población y en su acceso a los servicios". (OPS/OMS. Acceso equitativo a los servicios básicos de salud: hacia una agenda regional para la reforma del sector salud. Documento de discusión para la reunión especial sobre la reforma del sector salud. Washington, Septiembre de 1995). Prácticamente todas las propuestas actuales en materia de política de salud, tanto de países como de organismos internacionales, manifiestan destacadamente el propósito de superar las inequidades en salud. En segundo lugar la necesidad de impulsar, profundizar y defender una genuina y amplia participación social y comunitaria en la salud. Estamos hablando de la participación de la población en todo el proceso gestor de su salud, desde la identificación y priorización de los problemas hasta las acciones para solucionarlos y la evaluación de dichas acciones. En tercer lugar, la descentralización de los servicios de salud. Este proceso es consecuente con la descentralización de otras esferas socioeconómicas y es una condición necesaria para lograr que las intervenciones de los servicios respondan mejor a los problemas concretos de las realidades locales, que es donde en última instancia ocurren los problemas de las personas, familias y comunidades. También la descentralización es imprescindible para una real participación social en la gestión de los servicios de salud y para alcanzar una mayor eficiencia y efectividad de los mismos. Por último y en cuarto lugar, se ha comprendido que es necesario actuar intersectorialmente en el campo de la salud, especialmente en la promoción de la salud; tal es el caso de sectores como la educación, la alimentación, la vivienda, el transporte, las comunicaciones, y los servicios de agua y saneamiento, por sólo mencionar algunos. Participación social, intersectorialidad y descentralización, constituyen un trío interconectado de componentes estratégicos para el desarrollo de la salud pública y el logro de la equidad.
Este mundo teórico, se inserta en una realidad política, social y económica que lo condiciona, realidad en continuo cambio pero con períodos de aceleración y transformaciones mayores. Ese es el caso del momento actual, caracterizado por un reacomodo mundial muy dinámico producto de múltiples factores. En el decenio de los 80, sobre todo en sus finales, ocurrieron hechos que determinaron grandes cambios en el escenario mundial. La desaparición del campo socialista y de la Unión Soviética, el fin de la Guerra Fría y el surgimiento y multiplicación de conflictos armados en varias partes del mundo, la globalización de la economía, los esfuerzos integracionistas regionales y subregionales y la creación de esquemas económicos en Europa, Asia y América, el acelerado desarrollo de las comunicaciones y la tecnología, especialmente de la computación y las telecomunicaciones, el deterioro del medio ambiente y los retos y peligros para la humanidad y el planeta que los cambios ambientales implican, son sólo algunos de los hechos que contribuyen a pronosticar una realidad en el 2000 muy diferente a la de los 80.
Una de las novedades que nos ha traído el final de siglo es la celebración de reuniones cumbres mundiales para tratar aspectos relevantes para los pueblos y su salud. Estas reuniones en las que ha participado un significativo número de Jefes de Estado y Gobierno, reflejan la toma de conciencia cada vez mayor de los pueblos y sus dirigentes sobre la necesidad de atender con urgencia los enormes problemas actuales y futuros en cuestiones trascendentales para la vida y por tanto para la salud, a la vez que demuestran la creciente voluntad política de los gobiernos y agencias internacionales para enfrentar los retos y aportar soluciones a los mismos. La salud pública aporta y recibe un rico caudal de ideas, experiencias y propuestas en estas reuniones. Por su parte, la comunidad de países de Iberoamérica viene celebrando reuniones cumbres de Jefes de Estado y Gobierno a partir de 1991, en cuyas agendas los temas sociales y en particular de salud han recibido atención prioritaria. En respuesta al mandato de la primera de estas reuniones celebrada en Guadalajara, México en 1991, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) aprobó en su XXXV Consejo Directivo la Resolución XVII sobre la elaboración del Plan Regional de Inversiones en Ambiente y Salud para América Latina y El Caribe (PIAS). El PIAS fue presentado a la II Cumbre Iberoamericana celebrada en Madrid en 1992, la que brindó pleno apoyo al lanzamiento del plan y su puesta en marcha en cada país con el auspicio de la OPS. (4,5)
LOS PROGRAMAS SOCIALES PARA LA TERCERA EDAD
Si bien en nuestro país se ha avanzado notablemente en las medidas de prevención y promoción de la salud, mucho debe hacerse aún, específicamente en favor del anciano, para que se conserve lo más sano, autónomo e independiente posible. Cuba es ya un ejemplo para el mundo en desarrollo, pues 13,9% de sus habitantes tienen 60 años o más y una expectativa de vida al nacer de 75 años; cifra que ha ido aumentando progresivamente, según estimaciones, y puede compararse con estadísticas de naciones altamente industrializadas, donde ello se ha obtenido por los avances socioeconómicos alcanzados, mientras que en la realidad cubana se ha sustentado en estrategias de trabajo cada vez más eficaces, entre las cuales se destaca la atención primaria de salud.
A partir del triunfo revolucionario se produjeron cambios políticos y socioeconómicos que determinaron la creación del Ministerio de Bienestar Social, entre cuyas variadas funciones figuraba el cuidado del geronte; luego esas instituciones dejaron de ser conocidas como asilos y recibieron la denominación de hogares de ancianos, a la vez que fue aumentando su número. En 1960 desapareció dicho Ministerio y se creó el Ministerio de Salud Pública, a partir de lo cual se instituyó un programa de trabajo social, se incrementaron los recursos y se decidió el ingreso de los ancianos en los hogares, a través de los policlínicos de las áreas de salud. Ya en 1974, los hogares estatales sumaban 47 en todo el país.
En 1975 se realizó un plan de hogares con plazas de semi-internos, lo cual ayudó a las familias en las que todos laboraban. Actualmente estas instituciones cuentan con 100 ó más camas y 2 facultativos para la atención médica de los gerontes; pero en las más pequeñas, el médico del área de salud tiene asignado un fondo de tiempo para asistir a dichos ancianos.
A partir de 1980 se produjeron cambios trascendentales en la política sanitaria con respecto a los adultos mayores; en 1982, el Ministerio de Salud Pública creó el Grupo Nacional de Geriatría y Gerontología en La Habana y luego esa estructura fue generalizándose a otras provincias como Cienfuegos y Santiago de Cuba, donde se forman gerontólogos como personal altamente especializado.
En 1984 se propuso en la Asamblea Nacional del Poder Popular un programa dirigido a mejorar la calidad de vida de los senescentes, que incluía los siguientes aspectos:
1. Atención al anciano en su domicilio
2. Instauración de las casas de abuelos o plazas diurnas en hogares de ancianos, a fin de mantener el vínculo familiar
3. Apertura de círculos o clubes de abuelos
4. Creación del sistema de hospedaje para ancianos
5. Desarrollo de la red municipal de hogares de ancianos
Paralelamente se adoptaron otras medidas como la confección de varios programas, entre ellos el de Atención al Anciano Institucionalizado y en la Comunidad (1985), así como el de Terapia Ocupacional y Fisioterapia.
Se ha ido incrementando el cuidado de la salud en sus domicilios por medio del médico de la familia y la satisfacción de otras de sus necesidades imperiosas (lavado de ropa, higiene del hogar, alimentación en comedores obreros).
En mayo de 1992 se inauguró el Centro Iberoamericano de la Tercera Edad en Ciudad de La Habana, con la finalidad de emprender investigaciones en esta esfera y formar gerontogeriatras. Hoy constituye el Centro de Referencia Nacional para la especialidad.
En 1996 entró en vigor el Programa de Atención Hospitalaria al Anciano, pero cabe señalar que cada programa persigue diversos objetivos, entre los cuales sobresalen:
En la atención comunitaria, dos de los propósitos esenciales son, el cambio del estilo de vida y la rehabilitación comunitaria, a cargo de los equipos gerontológicos, constituidos por el médico general integral, enfermero, psicólogo y trabajador social.
En el año 1996 se elaboró un nuevo Programa de Atención al Adulto Mayor, que abarca todos los niveles de atención y participación de tres pilares fundamentales: la estructura sociopolítica local, el sistema de salud, seguridad y asistencia social y las personas de edad y sus organizaciones; actualmente se encuentra dentro de los 4 programas priorizados del Ministerio de Salud Pública, situándose en dos escalones básicos del nivel comunitario, apoyados por un tercer escalón perteneciente a la atención secundaria.
En el nivel secundario de atención se trata de mantener un estado nutricional adecuado y de elevar la calidad de vida.
El programa hospitalario incluye la creación de los servicios de geriatría o, en su defecto, la geriatrización de los servicios, lo cual mejora la asistencia médica. En los hospitales donde existe dicho servicio, se labora estrechamente con el equipo multidisciplinario integrado por médico, enfermera, psicólogo, trabajadora social, terapeuta ocupacional y rehabilitadora. En estos centros se contempla la atención priorizada a la fractura de cadera, por su elevadas morbilidad y mortalidad en este grupo etáreo. (1, 2,3)
En Cuba contamos con programas sociales que han revolucionado la atención y cuidado de las personas de más de 60 años, podríamos comenzar hablando de la Universidad del Adulto Mayor, hoy contamos con Cátedras de la Universidad del Adulto Mayor (CUAM) en todas las provincias del país, este programa fue creado en el año 2000, actualmente se encuentran matriculados 20236 alumnos, dentro de sus hermosas cifras exhiben 29502 graduados en su primer quinquenio, en los más disímiles escenarios a lo largo de todo el país; continúan estudios en cursos postgrado 5000 continuantes; dentro de los objetivos de este programa se encuentran :
- Mejorar sus vidas
- Permitir una digna vejez y una adecuada reinserción familiar y comunitaria
- Permitir a los matriculados un mayor crecimiento como seres humanos
- Realizar sus proyectos de vida (2)
Otros programas sociales están basados en la idea correcta de que los servicios comunitarios constituyen el primer recurso en la provisión de servicios a las personas que los necesitan (específicamente los adultos mayores) y aunque la atención institucional es indispensable para algunos ancianos, no por eso deben ser privados de la posibilidad de beneficiarse con los servicios comunitarios, que son brindados como atención a largo plazo.
Estos programas sociales tienen los siguientes objetivos: ofrecer calidad técnica en los servicios y elevar la calidad de vida. Para su cumplimiento se dividen en cuidados formales (son los brindados por el estado a través de sus instituciones de gobierno y de servicios sociales) y cuidados informales (son los ofrecidos por familiares, vecinos, amigos, ONG o redes de apoyo comunitaria; son el estabón primordial, ya que muchas de las necesidades y demandas de los ancianos pueden ser canalizadas por esta vía)
Cuidados formales:
-- Comunitarios:
· Domiciliarios
· Cuidador geriátrico
· Suministros de alimentos a domicilios
· Servicios de tintorería
· Reparaciones menores a domicilio
· Reparaciones de equipos electrodomésticos
· Servicios de barbería y peluquería
· Servicios de atención a domicilio /Cuidador Gerontológico
· Sanitarios
-- Extradomiciliario:
· Servicio de comedor
-- Institucionales:
· Casa de Abuelos
· Centro de Día
· Servicio de Respiro
· Centros Diurnos de Rehabilitación
· Hogar de Anciano
· Universidad del Adulto Mayor
-- Hospitalario:
· Hospital de Día
· Sala de Geriatría
· Servicio de Medicina y Larga estadía
-- Prestaciones de ayuda económica
Cuidados Informales:
-- Comunitarios:
· Círculos de Abuelos
· Grupo de Orientación y Recreación
· Liceos comunitarios
· Cuidador Geriátrico
· Ayuda brindada por un vecino o un familiar
· Talleres Integrales de Transformación del Barrio
Dentro de los programas sociales de atención a los adultos mayores podemos mencionar también los realizados por el Ministerio de Trabajo y Seguridad y Asistencia Social, encaminados a la protección y atención directa de los jubilados y pensionados, pudiendo mencionar el aumento de las chequeras, ayuda económica a los de menores ingresos, etc. (7)
Los principales problemas que frenan o aceleran el envejecimiento poblacional han sido expresados en nuestra introducción, por lo que podemos afirmar que los países desarrollados y subdesarrollados nunca tendrán igual comportamiento estadístico en cuanto al tema en cuestión, afectando directamente a la sociedad; para el desarrollo del trabajo nos hemos trazado los siguientes objetivos (general) exponer los factores sociales que favorecen el envejecimiento poblacional subdividiendo el tema en capítulos, en el primero podremos (específicos) diferenciar el comportamiento del envejecimiento poblacional entre países desarrollados y subdesarrollados y en este citaremos todo lo relacionado con Cuba en este tema, después en el segundo capítulo queremos indagar en cómo se prepara la sociedad ante ese fenómeno.
DESARROLLO
Capítulo1
Diferencia entre países desarrollados y subdesarrollados
En el artículo plantearemos varias razones que definen la situación social, política y económica en la región de Las Américas. La persistencia en magnitud considerable de muertes prematuras y enfermedades evitables, así como enormes desigualdades de condiciones de vida y salud en muchos países; los desafíos a los servicios de salud que generan los cambios demográficos, la urbanización e industrialización crecientes y las transformaciones de los estilos de vida individuales y colectivos; los rezagos regionales y sociales al acceso equitativo de todos los ciudadanos a la atención de sus necesidades básicas de salud; la incoordinación funcional, duplicidades institucionales, centralización e inadecuación de los patrones de producción de los servicios, factores que conspiran contra la eficiencia y la eficacia sectorial; el flujo insuficiente de financiamiento hacia el sector; el alza desproporcionada de los costos de los servicios de salud; la introducción inadecuada de nuevas y costosas tecnologías "no apropiadas" y por último, la no suficiente convergencia entre las acciones del sector salud y los desarrollos más recientes en materia de política social, el poco vínculo del sector en la lucha contra la pobreza y el poco aliento a la responsabilidad compartida entre el estado y la sociedad civil. (4,5)
Según datos de las Naciones Unidas (Fondo de Población de las Naciones Unidas. Estado de la población mundial 1993. New York: Prographics 1993), en 1950 existían en el mundo 200 000 000 de personas mayores de 60 años, pero ya en 1975 esta cifra alcanzó los 350 000 000. Las proyecciones demográficas indican que en el año 2000 habrá alrededor de 600 000 000 de ancianos, cifra que prácticamente se duplicará en el año 2025, por tanto, su importancia relativa pasará de 9,2 % en el primer año a 14,2 % en el último.
La población de 60 años y más crecerá en consecuencia a mayores tasas que la población total y a partir del año 2020 cada vez con mayor intensidad. De este modo, hoy es posible observar un crecimiento del orden de 2,4 en este grupo de población, contra 1,7 % que se advierte en el total de la población. Entre los años 1990 y 2010 la tasa de crecimiento de la población de la tercera edad permanecerá constante, sin embargo a partir del año 2010, el crecimiento aumentará a 3,1 %; tasas de esta magnitud originarán que la población anciana se duplique cada 23 años.
Una de las características relevantes de este proceso en el mundo es la rapidez con que se ha producido. Mientras que un país como Francia necesitó casi 200 años para duplicar la población de 60 años y más, en uno como Cuba este mismo proceso ocurrió en menos de 40 años.
Para muchos, todavía este fenómeno no es un problema del Tercer Mundo, sino algo propio del mundo desarrollado. En realidad, hace ya más de un decenio se reconoce lo contrario. En 1950 existía igual proporción de personas de edad que vivían en países desarrollados y en países en desarrollo, y se espera que para el año 2000, 2 de cada 3 ancianos vivan en las zonas menos favorecidas económicamente. En los próximos 40 años, 8 de los 11 países más envejecidos del mundo, pertenecerán al grupo de países en vías de desarrollo. Los pronósticos en relación con las tasas de crecimiento esperadas de la población general permiten asegurar que el porcentaje de la población anciana se duplicará en los próximos años en estos países.
No existe un incremento homogéneo del envejecimiento en los diferentes países (tabla 1). Esta falta de homogeneidad se observa entre países desarrollados y en desarrollo, y también entre estos últimos (Banco Mundial. Envejecimiento sin crisis: políticas para la protección de los ancianos y la promoción de crecimiento. Washington: Banco Mundial, 1994). Existe un aumento mucho más acusado del envejecimiento en el Caribe (9,1 % de la población, mayor de 60 años), en América Latina (6,9 % de la población) o en Asia (7,6 % de la población); que en el caso de África cuya población mayor de 60 años sólo alcanza 5,9 % del total. Sin embargo si se comparan estos datos con otras regiones desarrolladas como Europa (16,8 % de la población) o América del Norte (19,1 % de la población), se pueden evaluar las diferencias que existen entre las regiones. Todas las investigaciones parecen indicar que estas tendencias en uno y otro sentido deben mantenerse en el inicio del este milenio.
Tabla 1. Indicadores demográficos del mundo, regiones seleccionadas y Cuba.
1995-2000
|
Indicador
|
Cuba1
|
América Latina y el
Caribe
|
Países en desarrollo
|
Países desarrollados
|
Mundo
|
|
Tasa de mortalidad*
|
7,20
|
6,50
|
8,50
|
10,20
|
8,80
|
|
Tasa de natalidad*
|
12,70
|
23,90
|
26,50
|
12,20
|
23,70
|
|
Tasa de fecundidad
(hijos/mujer)
|
1,44
|
2,83
|
3,28
|
1,77
|
2,97
|
|
Tasa de crecimiento
poblacional*
|
3,60
|
16,70
|
17,80
|
3,20
|
14,90
|
|
% de personas con 60 años
o más2
|
12,30
|
7,60
|
8,50
|
21,20
|
10,70
|
1 1995; 2 1996 * tasa: x 1000 habitantes
Fuente: United
Nations, 1995. World Population Prospects. The 1994. Revisión. Oficina Nacional de Estadística,
1997. Anuario Demográfico de Cuba, 1996
La diversidad del proceso al nivel de los países en las diferentes áreas geográficas, también presenta particularidades. Por ejemplo: países como Barbados, Cuba, Argentina y Uruguay con más de 12 % de su población en la tercera edad, difieren considerablemente de otros como Haití, Bolivia y Guatemala que apenas llegan a 6 %. Sin embargo a pesar de lo diverso, el incremento absoluto y relativo de la proporción de ancianos es una realidad mundial.
Los problemas latentes de la deuda externa, el inadecuado orden económico actual y la falta de una integración económica eficaz, conducen a que el Tercer Mundo enfrente el envejecimiento de sus poblaciones con limitaciones extremas en relación con los recursos que disponen los países desarrollados para este desafío.
Por otra parte, esta transición demográfica en los países en desarrollo ha ocurrido muy rápido, lo que ha acentuado la dificultad de su manejo; ellos deben responder a una diversidad de prioridades y tienen grandes dificultades para cambiar, tan pronto, el orden de éstas. Los programas de control de la natalidad, con su consiguiente disminución y la aplicación de programas sociales y sanitarios en algunos de estos países, han permitido un envejecimiento demográfico que no se correlaciona con una mejoría espectacular de su situación socioeconómica.
El aumento galopante de la urbanización y la migración interna del campo a la ciudad de las generaciones más jóvenes en busca de mejores empleos y oportunidades, empeoran el cuadro y hacen que cambien las estructuras tradicionales de la familia y sus posibilidades. El resultado de éstos y otros factores están bien ilustrados en relación con los cuidados de la población anciana: lo que ancestralmente era brindado por la familia es sustituido por el estado y otras formas institucionales. (6,8,9)
En Cuba
El envejecimiento poblacional es un fenómeno al que todos los países prestan atención, aunque con enfoques diferentes. En las últimas décadas la población cubana está evolucionando aceleradamente hacia la senilidad. El desarrollo, en especial en la educación y la salud, el pleno empleo y la incorporación mayoritaria de la población femenina al trabajo remunerado y a la vida social del país, como consecuencia de los profundos cambios políticos, económicos y sociales generados por el proceso revolucionario a partir de 1959, son el origen del acentuado descenso en la fecundidad y la mortalidad en la población cubana.
Ningún ser humano tiene deseo real de envejecer. Tampoco hay ningún ser racional capaz de contemplar con ecuanimidad la decadencia gradual de su eficiencia física, y nadie puede permanecer impasible ante el deterioro progresivo de su apariencia física, mientras la naturaleza graba en ella las crudas marcas de la edad.
La dinámica poblacional que ha venido presentándose en las últimas décadas, evidencia la aparición de un proceso de envejecimiento (Oficina Nacional de Estadísticas: Base de datos demográficos), y las proyecciones de población revelan que para el año 2025 Cuba será el país más envejecido de la región.
En Cuba las estadísticas continuas registran que hasta el 31 de diciembre de 1997, 13,1 % de la población (1,4 000 000) está comprendida en el grupo de 60 años y más, el porcentaje de ancianas (51,4) es mayoritario dentro de este grupo, y según las proyecciones de población, se espera que en el año 2025, cuando casi 24,0 % de la población esté comprendida en este grupo, alrededor de 55,0 % sean mujeres. En general se observa una tendencia descendente en los hombres de cualquier población después de los 60 años, lo que indica la diferencia de los sobrevivientes por género, comportamiento asociado con la conocida sobremortalidad masculina (Oficina Nacional de Estadísticas: Anuario Demográfico 1996).
Para el año 2010 la población de 60 años y más alcanzará 16,5 % de la población de Cuba, 2 000 000 de habitantes; y para el año 2015 será de 18,4 % y sobrepasará en términos absolutos y relativos a la de 0 - 14 años, que no llegará a 17 % del total. En ese año la población presentará una edad mediana cercana a los 40 años, mientras que en la actualidad es de 31 (Oficina Nacional de Estadísticas. CEPDE. La población cubana en el contexto mundial. La Habana, Cuba).
En Cuba la esperanza de vida evolucionó de forma muy particular, caracterizada por los procesos en los que ha estado inmerso el país: en el año 1900 era de 33,2 años, en 1930 se elevó a 41,5 años, lo que representó un incremento de 8,3 años en ese período y en 1953 era de 58,8 años; esta evolución se hizo más evidente en las décadas ulteriores de tal manera que en 1971 era de 70,0 años y en 1987 fue de 74,4 años.
El crecimiento de la población anciana en Cuba no ha sido homogéneo pues existe una mayor proporción de adultos mayores en las provincias occidentales y centrales respecto a las orientales, lo que responde a las diferencias en las tasas de fecundidad, entre otros factores, y son Villa Clara y Ciudad de La Habana las provincias más envejecidas del país con cifras superiores a 15 % de su población con 60 años y más.
La expectativa de vida a los 60 años en Cuba ha aumentado sensiblemente. En 1950 ésta era de 15,5 años y en menos de 40 años se elevó a 20,5 años; estos niveles de esperanza de vida de la población anciana son comparables con los más altos del mundo. En especial se destaca la expectativa de vida geriátrica de los hombres cubanos, que llega a los 19,5 años, frente a 21,1 para las mujeres (Oficina Nacional de Estadísticas: Anuario Demográfico. La Habana).
El aumento de la esperanza de vida geriátrica ha posibilitado el aumento de los llamados "viejos-viejos”, con sus implicaciones socioeconómicas y médicas muy especiales; estas cifras son comparables con las observadas en algunos países desarrollados. Hoy la expectativa de vida de las personas que en Cuba cumplen 80 años es de 7,6 años.
En un país con este grado de envejecimiento, se producen cambios importantes sobre los procesos sociales y de salud, en especial la morbilidad, la mortalidad, la discapacidad y el uso de los servicios de salud. Esto requerirá de nuevos conocimientos, así como de la identificación de factores que contribuyan a preservar los niveles de salud de las personas de edad, con vistas a incrementar su bienestar.
Otra dimensión importante del problema del envejecimiento, está constituida por la seguridad social, los recursos laborales y la estructura de la población económicamente activa (PEA). Interesante y complejo resulta sin dudas el hecho de que en el nivel global, la PEA de Cuba incrementará en forma notable su edad mediana, para llegar cerca de los 42 años en el año 2015. En cuanto a la seguridad y asistencia social, el impacto será mayor, dado por varios factores; entre ellos el más importante es sin dudas su cobertura universal y la atención que, a cargo del presupuesto del estado, se da a las necesidades de la población y al pago de subvenciones temporales y jubilación (Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología, Oficina Nacional de Estadística: Encuesta Nacional de Factores de Riesgo y Actividades Preventivas de Enfermedades No Transmisibles). En este contexto, a finales de los años ochenta y principio de los noventa, aparece una característica particular en la situación económica de Cuba, conocida como "período especial", por causa fundamentalmente de factores externos asociados con la desaparición del campo socialista europeo, principal área de intercambio comercial. El impacto de este fenómeno ha sido significativo, pues disminuyó los niveles de vida de la población, junto con el de los adultos mayores. Con el inicio de este nuevo siglo y los convenios internacionales llevados a cabo por el Estado y el despertar de esta América nuestra se observan un renacer de la esperanza y actualmente transitamos por una nueva fase económica en el país que permite mejor atención a la población, beneficiando a ese sector que son los adultos mayores. (4, 5, 6)
Capítulo 2
Preparación de la sociedad ante ese fenómeno
Se definen como objetivos fundamentales las reforma en el sector de al salud que están dirigidas a mejorar las condiciones de salud y de vida de todos los habitantes; y estás a su vez como parte de la reforma social, constituyendo uno de sus pilares de desarrollo con justicia, bienestar equidad; contribuir al combate de la pobreza; priorizar el abatimiento de las desigualdades sanitario-asistenciales y alentar la responsabilidad compartida; conducir a la modernización del sector para garantizar acceso universal, servicios eficientes e integrales, mejorar la calidad de los mismos y extender la cobertura a los grupos desprotegidos actualmente; bajar los costos de los servicios de salud; propiciar un concurso privado complementario al esfuerzo público que contribuya a hacer efectiva la responsabilidad del Estado de garantizar acceso universal a la salud; estimular la participación y concertación social en salud; alentar la intersectorialidad en salud, y mejorar los flujos de financiamiento hacia el sector y hacerlos sostenibles.
La necesidad de realizar reformas en los sistemas sanitarios es también sentida por los países desarrollados. Una buena parte de los países europeos se hayan inmersos en procesos de reforma sectorial y las razones y temas son en general similares a los de nuestra región, destacándose entre las primeras la necesidad de controlar el aumento excesivo de los costos, y entre los segundos el financiamiento del sector, el tema de las prestaciones mixtas, la eficiencia y eficacia de los servicios, los problemas de calidad de la atención y la participación y satisfacción de los usuarios, que tiene como gran objetivo garantizar la equidad en salud.
Se parte del supuesto de que la reforma es necesaria en nuestra región, porque los sistemas de salud han sido en general inequitativos, ineficaces e ineficientes. Se considera que, aunque se aprecian signos alentadores de crecimiento económico en varios países de la región, el crecimiento económico no va a garantizar la solución de los problemas sociales existentes (entre ellos los de salud) a no ser que exista una política social dirigida a lograr la equidad. Se ha comprendido con claridad y consenso crecientes, que sin una adecuada distribución de los beneficios del crecimiento económico que redunde en el mejoramiento de las condiciones de vida de la población, no hay real desarrollo.
Se puede afirmar que existe consenso en los países de Las Américas sobre la necesidad de realizar reformas sociales, aunque las diferencias políticas, económicas, sociales, sanitarias y de organización y desarrollo de los servicios de salud que entre ellos existen, determinan que dicha reformas se realicen de acuerdo con las circunstancias y realidades concretas de cada país.
La celebración de reuniones cumbres mundiales con la participación de un significativo número de Jefes de Estado y Gobierno, reflejan la toma de conciencia de los pueblos y sus dirigentes sobre la necesidad de atender con urgencia los problemas actuales y futuros en cuestiones trascendentales para la vida, a la vez que demuestran la creciente voluntad política de los gobiernos y agencias internacionales para enfrentar los retos y aportar soluciones a los mismos. (2,4, 5, 6, 9 10)
CONCLUSIONES
1. El envejecimiento poblacional está condicionado por los siguientes factores sociales la reducción de la mortalidad infantil y la natalidad, el desarrollo tecnológico, la disminución de la incidencia de enfermedades infecciosas y las migraciones.
2. Consideramos que el mundo actual se enfrenta a disímiles desafíos entre los que se hallan el progresivo envejecimiento poblacional, proceso que se manifiesta de manera acelerada en algunos países en desarrollo.
3. Los problemas latentes de la deuda externa, el inadecuado orden económico actual y la falta de una integración económica eficaz, conducen a que el Tercer Mundo enfrente el envejecimiento de sus poblaciones con limitaciones extremas en relación con los recursos que disponen los países desarrollados para este desafío.
4. El apoyo a las personas de edad avanzada es un problema social, moral y económico, para cuya solución se requiere voluntad política.
5. El envejecimiento poblacional es considerado el principal problema demográfico actual y perspectivo de la población cubana, planteando retos a la sociedad y la necesidad de una pesquisa científica, cuyo resultado impulse cambios a favor de ese grupo etario.
6. Se puede afirmar que existe consenso en los países de Las Américas sobre la necesidad de realizar reformas sociales, aunque las diferencias políticas, económicas, sociales, sanitarias y de organización que entre ellos existen, determinan que se realicen de acuerdo con las realidades concretas de cada país.
7. El crecimiento de la población anciana implica un aumento de los gastos estatales, también favorece el cambio de las estructuras familiares y sus posibilidades de brindar cuidados a los senescentes, siendo ahora en muchos casos a cargo del Estado y otras instituciones sociales.
8. El envejecimiento repercute socialmente, pues genera limitación en las condiciones de trabajo, por ser estas cada vez más técnicas
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10. Dr. Castillo Guzmán A y Dra. Arocha Mariño C. La calidad de vida en salud en el período revolucionario. Rev. Cubana salud Pública. 2001; 27(1):45-9.
11. Colectivos de Autores. Lecturas de Filosofía, Salud y Sociedad. 2000.
Facultad de Ciencias Médicas
“Calixto García”
Autores
1. Lic. Cristobalina Navarrete Ribalta
Lic.en Enfermería
Profesora Instructora en Enfermería
Diploma en Educación Medica Superior
2. Dr.Javier Molina Lopez
Especialista 1er grado Medicina General Integral
Diplomado en Educación Medica Superior
3. Dra. Dalis Diago Caballero
Especialista 1er Grado Medicina Interna
Profesora Instructora De Medicina General Integral
Diploma en Sexualidad Humana
Diploma en Educación Medica Superior
Ciudad de la Habana
2006
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Publicación enviada por Dra. Dalis Diago Caballero y Otros Autores
Contactar mailto:dalis@infomed.sld.cu
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Publicado Thursday 20 de April de 2006
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