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Los Valores, la Autovaloración y el Proyecto de Vida
Resumen: La educación de valores morales constituye en la actualidad uno de los problemas más complejos y a la vez importantes del proceso de formación y desarrollo de la personalidad, dicho proceso adquiere especial connotación en la adolescencia y juventud por constituir estas etapas períodos distintivamente sensibles al respecto, dada las necesidades de independencia y autodeterminación típicas del joven que caracteriza la situación social del desarrollo del mismo.
Publicación enviada por Lic. Henry Torres Sáez
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La educación de valores morales constituye en la actualidad uno de los problemas más complejos y a la vez importantes del proceso de formación y desarrollo de la personalidad, dicho proceso adquiere especial connotación en la adolescencia y juventud por constituir estas etapas períodos distintivamente sensibles al respecto, dada las necesidades de independencia y autodeterminación típicas del joven que caracteriza la situación social del desarrollo del mismo.
Desde el punto de vista psicológico, los valores forman parte de la subjetividad humana y aparecen como formaciones motivacionales de la personalidad en la edad juvenil con el surgimiento y emergencia de la concepción del mundo. La concepción del mundo es un sistema de opiniones juicios y valores que posee el joven acerca de la realidad, de sus orígenes y de las leyes que rigen su historia de vida. También refleja la interpretación que hace el sujeto del papel que le corresponde desempeñar al hombre en el medio social, dentro del contexto socio-histórico cultural específico en el que se desenvuelve su vida y la valoración del lugar que ocupa el propio joven en este sistema de relaciones sociales.
La aparición de los valores como formaciones motivacionales de la personalidad y de la concepción del mundo que los integra y los sistematiza, no es un resultado espontáneo de la formación y el desarrollo, ni se produce de manera automática, sino que es ante todo un resultado mediato de las situaciones de vida y educación del hombre y a su vez de la historia personal que él elabora activamente como sujeto socio-histórico.
En el proceso de desarrollo de la personalidad se ejerce sobre el sujeto múltiples influencias educativas que van desde aquellas que recibe en su medio familiar y en su grupo de amigos coetáneos, hasta las que corresponden a la escuela como institución socializadora que tiene un papel determinante y que en la Enseñanza Técnica Profesional (ETP) se vincula directamente al medio laboral futuro del estudiante egresado de dicha enseñanza, además de aquellas provenientes de los medios masivos de comunicación y otros factores mega sociales. Estas influencias externas formales e informales que interactúan con el yo interno del adolescente y el joven son en buena medida responsable del nivel de regulación y autorregulación que alcanza la personalidad, aún cuando este proceso acontece de manera subjetiva y particular en cada individúo.
Otro contenido de la personalidad de insoslayable importancia en su proceso de formación y desarrollo es la autovaloración que en cuanto a sus génesis, como todo contenido psicológico sigue el camino de lo externo social a lo interno psicológico. Con el surgimiento de la autoconciencia al iniciar de la edad escolar comienza el proceso de construcción de la representación de sí mismo, la conformación activa de la identidad personal. Esta formación psicológica expresa la capacidad de autoconocimiento del sujeto y en especial, en la juventud, la posibilidad del joven de proponerse tareas para su autoformación. En esta etapa la autovaloración, debe alcanzar un alto grado de estructuración y estabilidad, ya que el principal propósito que debe acometer el sujeto es el de determinar su futuro lugar en la sociedad; así la elección de la futura profesión o actividad laboral y su desempeño, se apoyan en la valoración que hace el sujeto de sus capacidades, cualidades e intereses y forman parte esencial en la elaboración de un proyecto de vida que permita encaminar su conducta presente pro objetivos situados temporalmente a largo plazo.
En este proceso de elaboración del sujeto de su proyecto de vida intervienen, desde el punto de vista de sus contenidos de manera muy dinámica los valores del joven, su concepción del mundo y su autovaloración.
Es necesario apuntar que la concepción del mundo no es solamente la forma más o menos exacta en que el individúo se representa al mundo a través de conceptos y juicios, sino además la manera en que se orienta hacia la realidad, su actitud u orientación valorativa hacia lo que le rodea.
Esta forma de concebir el mundo y de asumir frente a la realidad una determinada posición personal, depende en gran medida de la valoración de si mismo. La autovaloración es el reflejo de los valores individuales, porque el sentido de autoestima o grado de satisfacción que siente el mismo respecto a la persona que es, depende del contenido de dicho valores y de su potencial regulador en la conducta.
Por otra parte el proyecto de vida como sistema de objetivos mediatos vinculados a las principales esferas de realización del joven estudiante de la escuela politécnica, entre las que pueden encontrarse la familia, la profesión, su autorrealización, etc. tiene como importante sostén el conjunto de valores morales que se estructuran como contenidos de su personalidad y que también forman parte de su identidad personal.
Resulta imposible que el sujeto elabore un proyecto de vida sólido y realizable, que comprometa todas las potencialidades reguladoras de la personalidad, sino se apoya en lo que es y en lo que quiere ser, en la contradicción entre su yo real y su yo ideal, todo lo cual se encuentra matizado por su concepción acerca del mundo y sus valores.
La autovaloración, los valores y el proyecto de vida son formaciones de la personalidad cuyo desarrollo comienza desde edades tempranas y se extiende a lo largo de la vida. Estas formaciones cobran en la juventud un alto grado de estructuración y un elevado poder regulador, cuestión que se desfavorecía por las exigencias que impone al comportamiento del joven, su entorno social y todo ello, unido a su necesidad de autodeterminación en las distintas esferas de su vida, que adquieren para el mismo sentido personal.
Un elemento que distingue a las formaciones antes mencionadas es el estrecho vínculo de sus componentes cognitivos y afectivos. Es precisamente este principio lo que garantiza su potencial regulador y la intensidad y estabilidad que organizan y dirigen el comportamiento del sujeto.
Autovaloración, valores y proyecto de vida constituyen importantes indicadores del desarrollo de la personalidad sana y madura que pretendemos formar.
Hasta aquí hemos caracterizado las formaciones psicológicas, objeto de nuestra investigación y hemos tratado de mostrar la integración existente entre ellas. A continuación pasaremos a exponer algunas ideas y reflexiones entorno a las vías a partir de las cuales, el proceso de enseñanza de aprendizaje en nuestros institutos politécnicos, puede influir favorablemente en su formación y desarrollo.
En primer lugar, es necesario dejar sentada nuestra posición en cuanto a si son educables o no los adolescentes – jóvenes que arriban a los centros de la ETP. Al respecto, creemos que si bien es indudable que a su entrada al politécnico los estudiantes poseen un a personalidad en formación – relativamente formada, en comparación con aquellos que ingresan en niveles precedentes, también es real que aún mucho podemos hacer por su educación. En esta edad si el sistema de influencias educativa resulta adecuado, se forman y consolidan importantes formaciones psicológicas como por ejemplo, el pensamiento teórico, la concepción del mundo, los procesos intelectuales, y surgen los intereses profesionales que comienzan a alcanzar un mayor de estructuración y desarrollo favorecido por el contacto directo del joven con los contenidos de su profesión. La autovaloración o identidad personal como también se le ha llamado como definición que posee el sujeto respecto a su persona elaborado sobre la base de sus principales necesidades y motivos, regula de manera estable el comportamiento y se convierte en importante punto de partida para el proceso de su autodeterminación y autoperfeccionamiento. Además el joven se proyecta al futuro mediante la elaboración de objetivos, metas y estrategias que permitan su consecución. Surge así el proyecto de vida apoyado en la concepción científica y moral del mundo y en la identidad de la persona que es.
Ahora bien, si aceptamos entonces que por un conjunto de condiciones objetivas y subjetivas los jóvenes que llegan a nuestra aula son aún vulnerables a las influencias educativas que ejerzamos sobre ellos, cabría entonces preguntarnos lo siguiente:
· ¿cómo debe desarrollarse el proceso de enseñanza de aprendizaje de forma tal que contribuya a la formación de la personalidad del estudiante de la ETP?
· ¿Cómo debe facilitar, planificar y a la vez dirigir el profesor este proceso, teniendo en cuenta el carácter sistémico de la personalidad?
· ¿Cómo desarrollar un currículo para que marchen en sintonía la formación de conocimientos, hábitos y habilidades con la autovaloración, los valores, la concepción del mundo y el proyecto de vida?
· ¿Cómo orientar el proceso para lograr en nuestros graduados del nivel medio – técnico profesional una preparación técnica de excelencia que se conjugue con un elevado compromiso profesional?
Ante la complejidad de este problema es difícil pretender encontrar respuestas exactas o definitivas. No obstante intentaremos apuntar algunas consideraciones al respecto.
El profesor asume un doble rol en el proceso, por una parte debe convertirse en facilitador del mismo y por otra dirigirlo de acuerdo con determinado objetivos educativos e instructivos que se expresan en los planes de estudio como lo deseable en función del modelo del profesional del que se trate. Es necesario señalar que estos roles se desarrollan de manera simultánea aún cuando en determinadas situaciones pueda prevalecer uno sobre otro.
Consideramos que la actividad y la comunicación constituyen las vías esenciales de formación, desarrollo y expresión de la personalidad, esto significa que si los profesores somos capaces de estructurar adecuadamente los sistemas de actividad y comunicación dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje, los resultados se acercarán en mayor medida a nuestras expectativas, en lo que respecta a la formación de nuestros alumnos.
En este sentido es necesario partir del presupuesto de que no toda actividad es formativa de la personalidad, sino aquella que adquiera un sentido de significación personal para el joven. Por solo citar algunos elementos en este orden apuntaremos, que las actividades deben tener como punto de partida de alguna manera relación con las necesidades del estudiante y a la vez sean expresión de las necesidades de la práctica social concreta, deben ser motivantes, profesionalizadas, permitir la participación activa, problémica, dialógica y reflexiva del joven, promover el talento, la creatividad y el trabajo en grupo y brindar al estudiante más que conocimientos acabados un esquema de asimilación, interpretación e internalización de los contenidos, habilidades y estrategias de su profesión, todo ello vinculado a un coherente desarrollo de habilidades comunicativas necesarias para la relación que se establece profesor – alumno así como una ética profesional y del profesional que en nuestra sociedad adquiere peculiares matices, pues se tarta de la ética del profesional revolucionaria y comprometido con el avance del proyecto social socialista.
Por su parte y en unidad dialéctica con la actividad, la comunicación sistemática con el estudiante resulta esencial, esta es la vía fundamental por la que podemos trasmitir contenidos y conocer no solo como avanza el proceso de aprendizaje sino además que piensan los jóvenes sobre si mismo, sobre nuestra realidad, cuales son sus dudas y cuestionamientos, en que medida se sienten comprometidos con ser útiles con nuestra sociedad, o incluso que problema de carácter objetivo o subjetivo pueden estar afectando su desempeño.
Esta relación comunicativa debe basarse en diálogo abierto y flexible como proceso interactivo profesor – alumno y apoyarse en el respeto mutuo, la comprensión y la empatía, así como el establecimiento de límites consecuentes y consistentes, evitando actitudes intransigentes o paternalistas por parte del profesor, de manera tal que el estudiante se sienta responsable de su proceso de formación.
Para lograr lo anterior el profesor debe ser ejemplo, esto significa representar para sus estudiantes un modelo de profesional, un modelo moral y un modelo de ciudadano revolucionario comprometido con la revolución. Para que se produzca un desarrollo de la personalidad que sea sinónimo de crecimiento personal y despliegue de las potencialidades del sujeto, de autoaceptación, de autenticidad personal, autonomía, independencia, seguridad, flexibilidad, de la capacidad de relacionarse con los demás desde la posibilidad de analizar de respetar sus opiniones, el desarrollo debe entenderse y promoverse como un proceso de intenso dinamismo.
Lo anterior significa que la misión principal de la educación y a la cual la enseñanza técnica profesional puede contribuir en importante medida, es la de formar y desarrollar en los jóvenes una personalidad madura, ello significa, asumir la co0ndición de sujeto autorregulado, que posee una identidad personal estructurada y es capaz de proyectarse al futuro mediante la elaboración de un proyecto de vida, apoyado en su concepción del mundo y sus valores como síntesis de esa personalidad autorregulada que se manifiesta con capacidad constructiva y trasformadora del hombre hacia su entorno, hacia si mismo y en su tendencia a progresar, vencer metas, y proponerse nuevos retos.
El propósito de contribuir a la formación de una personalidad madura se sustenta en la necesidad de que esta tenga dentro de sus contenidos, una adecuada autovaloración y un conjunto de valores que en síntesis la oriente hacia la elaboración y consecución de un coherente proyecto de vida. Creemos como el Dr. Calviño: “Vale la pena” y que aunque difícil, es posible.
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AUTOR:
Lic. Henry Torres Sáez
Profesor de Psicología y Pedagogía del Dpto. Formación Pedagógica Profesional
ISPETP.
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Contactar mailto:henryt@uci.cu
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Publicado Monday 13 de March de 2006
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