Monografias | ¿Quien es mas inteligente el hombre o la mujer?¿Quien es mas inteligente el hombre o la mujer?Resumen: De forma personal no deseara ser considerado como un típico MACHISTA LATINOAMERICANO, al tratar de evidenciar las diferencias intelectuales entre las mujeres y los hombres, no trato de ninguna forma de indicar que el HOMBRE es mejor que la mujer, siendo el hecho lo contrario, ya que sin esa hermosa creación el hombre no tendría existencia alguna 1. A manera de introducción De forma personal no deseara ser considerado como un típico MACHISTA
LATINOAMERICANO, al tratar de evidenciar las diferencias intelectuales entre las
mujeres y los hombres, no trato de ninguna forma de indicar que el HOMBRE es
mejor que la mujer, siendo el hecho lo contrario, ya que sin esa hermosa
creación el hombre no tendría existencia alguna. Solamente trato de evidenciar diferencias que pueden ayudar a los
Planificadores Estratégicos y Psicólogos Sociales, a considerar variables al
momento de intervenir en procesos de planificación con un grupo puro o mixto de
mujeres. 2. Nuestros Inicios Hombre vrs. Mujer Hace cien años, la observación de que
los hombres son distintos de las mujeres en todo un rango de aptitudes y
habilidades, habría sido una verdad de perogrullo, una afirmación de lo más
obvio. Pero en cambio, hoy día, podría evocar muy diferentes reacciones. Cuando una psicóloga canadiense tituló un documento académico “¿Son realmente
diferentes los cerebros del hombre y de la mujer?” Ella entendía que la
respuesta a la pregunta era evidente por sí misma. Sí, por supuesto. Estaría
asombrada si los cerebros del hombre y la mujer no fueran diferentes dadas las
enormes diferencias morfológicas (estructurales) y las a menudo hirientes
diferencias de comportamiento entre hombres y mujeres. La mayoría de nosotros intuitivamente siente que los sexos son diferentes, pero
esto se ha convertido universalmente en un secreto que se guarda con recelo y
culpabilidad. Hemos dejado de confiar en nuestro sentido común. La verdad es que
prácticamente durante toda nuestra estancia en el planeta hemos sido una especie
sexista. Nuestra biología ha asignado funciones separadas al macho y a la hembra
del Homo sapiens. Nuestra evolución ha fortalecido y refinado estas diferencias. Nuestra
civilización las ha reflejado. Nuestra religión y nuestra educación las han
fortalecido. Aún así, ambos tememos y desafiamos la historia. La tememos porque
tememos pecar de complicidad con los viejos crímenes de prejuicio sexual. La
desafiamos porque queremos creer que la humanidad al fin ha alcanzado velocidad
de escape para abandonar la pesada gravedad de nuestro pasado animal y las
certezas neardenthales. En los últimos treinta años ha habido una pequeña pero
influyente colección de bien intencionadas almas que han tratado de persuadirnos
de adoptar esta nueva y desafiante postura. Descubrieron que las religiones y la educación eran una creación masculina para
mantener a la mujer en un estado de subordinación. El descubrimiento tal vez sea
cierto. Encontraron que lo que llamamos civilización está fundado en la agresión
y el dominio masculino. Eso probablemente también sea cierto. Está bien hasta ahí. El problema viene cuando se mira la explicación de porqué
paso esto. Si el hombre y la mujer son idénticos, y siempre lo han sido, en la
manera y el grado en que ambos usan idénticos cerebros, ¿cómo es que el sexo
masculino se las ha arreglado tan exitosamente en virtualmente todas las
culturas y sociedades del mundo, para contribuir a una situación en que la mujer
fuera subordinada? ¿Ha sido tan solo la mayor musculatura y peso corporal del
varón lo que el reino femenino haya sido un territorio ocupado en el recuento de
los últimos miles de años? ¿Ha sido por el hecho de que hasta los siglos
recientes las mujeres estaban embarazadas la mayor parte del tiempo? ¿O será
porque –como lo sugieren los hechos– las diferencias entre los cerebros
masculinos y femeninos han sido la ruta de la sociedad que tenemos y de la gente
que somos? Hay algunos hechos biológicos de la vida que, con el mayor deseo de libertad
sexual y la mejor voluntad del mundo, no pueden ser modificados; ¿No sería mejor
que en vez de luchar impotentemente contra las diferencias entre los sexos, las
conociéramos, comprendiéramos, explotáramos, e incluso las disfrutáramos? Sin embargo, hay que decir que el inicio de la ciencia de las diferencias
sexuales del cerebro comenzó con una metodología tan cruda como sus
afirmaciones. La simple medición del cerebro aparentemente prueba que la mujer
carece del necesario volumen cerebral para clamar por igualdad de intelecto. Los alemanes estuvieron particularmente obsesionados con la medición escolar de
la circunferencia craneal. Bayerthal (1911) encontró como en mínimo
requerimiento para un profesor de cirugía tener una circunferencia craneal de
entre 52 y 53 centímetros: “Por debajo de 52 centímetros no se puede esperar
desempeño intelectual especialmente significativo, mientras que por debajo de
los 50.5 centímetros no puede esperarse inteligencia normal.” Sobre estas
relaciones también observó, “No tenemos que preguntarnos por la medida de la
circunferencia craneal de una mujer genio: éstas no existen.” El científico
francés, Gustave Le Bon, notó que muchas mujeres parisinas tenían cerebros más
cercanos en tamaño al de los gorilas que al de los hombres, concluyendo que la
inferioridad femenina era “tan evidente que ninguno podría refutarla ni por un
momento”. Y advirtió proféticamente que: El día en que, malinterpretando las
ocupaciones inferiores que la naturaleza le ha dado, la mujer deje el hogar y
tome parte en nuestras batallas; en ese día iniciará una revolución social y
todo lo que mantiene los sagrados lazos de la familia desaparecerá. Esa revolución social ha estado con nosotros por algún tiempo; pero
acompañada por una revolución científica en el conocimiento de las diferencias
cerebrales. Muchos, tal vez la mayoría, de los secretos de cómo funciona el
cerebro aún no han sido revelados, pero las diferencias entre los cerebros
masculino y femenino –y el proceso mediante el cual se hacen diferentes– ahora
está claro. Aún hay más por saber, mas detalles y precisión que añadir, tal vez,
pero la naturaleza y las causas de las diferencias cerebrales son ahora
conocidas más allá de toda especulación, prejuicio o duda razonable. Pero ahora,
justo en el momento en que la ciencia puede decirnos cuáles son esas diferencias
y de dónde provienen, se nos ha hecho creer que debemos evitar asumir las
diferencias como si ello fuera un pensamiento culpable. Las recientes décadas
han presenciado dos procesos contradictorios: el desarrollo de la investigación
científica sobre las diferencias entre los sexos, y la negación política de que
tales diferencias existan. Puede entenderse que estas dos posturas ideológicas no son cuestión de
términos. La ciencia sabe que inmiscuirse en asuntos de diferencias sexuales es
un riesgo: al menos un investigador en el campo de las diferencias de género se
le negó gran parte de sustento de sus investigaciones con el argumento de que
“este trabajo no debió de haber sido hecho”. Otro nos dijo que tuvo que
renunciar a su trabajo porque la presión política (la presión a la verdad) se
había vuelto demasiada. Por otro lado, algunos de estos trabajos en el campo de
las diferencias sexuales parecen evidenciar una especie de descuido casi
intencional en los descubrimientos científicos, para cegarse a sí mismos sobre
los descubrimientos cuyas implicaciones pudieran resultar muy incómodas de
admitir. La primera prueba sistemática para explorar las diferencias sexuales fue
conducida por Francis Gatton en 1882 en el South Kensington Museum en Londres.
Él reportaba haber encontrado diferencias sexuales significativas favoreciendo a
los hombres en fuerza de agarre, en su sensibilidad hacia el sonido de los
silbidos agudos y en su habilidad para trabajar bajo presión. Se observó que las
mujeres eran mucho más sensibles al dolor. Diez años después, en los Estados
Unidos, los estudios descubrieron que la mujer puede oír mejor que el hombre,
tiene mas vocabulario convencional y prefieren el azul al rojo. Los hombres
prefieren el rojo al azul, tienen un lenguaje más atrevido y tienen preferencia
por los pensamientos generales y abstractos, mientras que las mujeres prefieren
los problemas prácticos y las tareas individuales. Havelock Ellis, en su libro Hombre y Mueres, publicado en 1894, levantó un
interés inmediato y llegó incluso a las ocho ediciones. Entre las diferencias
que él relataba, se encontraba la superioridad de la mujer sobre el hombre en
memoria, sagacidad, disimulación, compasión, paciencia y capacidad de dar
noticias. El trabajo de las mujeres científicas fue encontrado como más preciso
que el de los científicos varones, pero, “tal vez un poco inferior en extensión
e iniciativa, aunque admirable dentro de rango limitado”. Una mujer genio
parecía necesitar el apoyo cercano de un hombre. Ellis ofrece el ejemplo de
Madame Curie, quien era esposa de un científico que ya era distinguido, y apunta
que los mejores poemas de la Señora Browning fueron todos escritos después de
que ella tuvo la buena fortuna de conocer al Señor Browning. Ellis encontró que
a la mujer le desagrada el proceso esencialmente intelectual del análisis.
“Tienen el sentimiento instintivo de que el análisis puede llegar a destruir la
complejidad emocional con la cual ellas son tan profundamente movidas y a la
cual ellas apelan. Estas observaciones habrían permanecido como meras curiosidades escolares de
no haber sido por el desarrollo que inició en los años sesentas de nuevas
investigaciones científicas al interior del cerebro. Paradójicamente, los
descubrimientos de las diferencias de género corresponden con el periodo
político en que la negación de que esas diferencias existieran era más acusado.
3. El origen de la diferencia Paradójicamente, también el interés en estas
diferencias de género provino del interés científico que originalmente buscaba
suprimirlas. El problema surgió con las pruebas de coeficiente intelectual o IQ
(por sus siglas en inglés). Los investigadores notaron que había diferencias
constantes y consistentes favoreciendo a un sexo sobre el otro en algunas de las
habilidades puestas a prueba. La comunidad científica no coreó un eureka, de
hecho fue relegado como un estorbo que enturbiaba las aguas de la medición
precisa de la inteligencia. En los años cincuentas el Doctor D. Wechsler, un científico americano que
desarrolló la prueba de IQ mas comúnmente usada hoy en día, encontró que eran
más de treinta las pruebas “discriminatorias” a favor de un sexo o del otro. El
simple uso de la palabra suponía que las pruebas eran culpables en sí mismas por
el hecho de que los diferentes sexos hubieran obtenido distintos grados de logro
en éstas. Wechsler, entre otros, buscó resolver el problema eliminando todas
aquellas pruebas que resultaran con resultados de significativa diferencia
sexual. Cuando aun así se vio la dificultad de producir resultados “sexualmente
neutros”, deliberadamente introdujeron elementos con “sesgos masculinos” o
“sesgos femeninos” para lograr resultados aproximadamente iguales entre ambos
sexos. El equivalente deportivo sería igualar con dificultades a los atletas
olímpicos de salto con garrocha imponiendo un handicap agregando a alguno pesas
de plomo o acortando las garrochas de otros para asegurarse de que prevalezca la
verdad deseada de que todos los saltadores con garrocha independientemente de
sus hazañas o agilidad, han sido creados iguales. Aún así, las diferencias
sexuales emergen obstinadamente, como recalcitrantes dientes de león que
persisten a pesar de haber tratado un prado químicamente. Wechsler incluso llegó
a la conclusión de que a partir de una serie de sub–pruebas era posible probar
de manera mesurable la superioridad de la mujer sobre el hombre en inteligencia
general. Mientras que, por otro lado, algo así como 105 pruebas que medían la
habilidad resolviendo laberintos y que fueron aplicadas a la más heterogénea
muestra de individuos en todo el mundo, incluyendo desde los más primitivos
hasta los más altamente civilizados, en el 99% de los casos se mostró una
incontrovertible superioridad masculina. Tal vez la más segura y menos
controversial síntesis que se pudo hacer de estos descubrimientos hubieran sido
que las chicas eran demasiado inteligentes para molestarse con algo tan absurdo
como la resolución de un laberinto. Preocupado por encontrar una técnica de medición del IQ que fuera sexualmente
neutra, Wechsler relegó la evidencia de que los sexos eran diferentes como un
mero estorbo. Tal como Colón debió haber relegado su descubrimiento de América
como algo secundario, pues después de todo, él estaba buscando las Indias
Orientales. Wechsler observó, casi como un comentario entre paréntesis, Nuestros
descubrimientos confirman lo que los novelistas y poetas han afirmado a menudo y
que la mayoría de las personas cree en el fondo, que los hombres no sólo actúan,
sino que piensan diferente que las mujeres. Lo que un temprano pionero británico de las diferencias sexuales ha llamado
“una conspiración de silencio rodeando el tópico de las diferencias sexuales
humanas” pronto fue manifestado por un parloteo de explicaciones sociológicas.
Los niños, se argumentaba, nacieron psico-sexualmente neutrales; pero entonces,
padres, maestros, jefes, políticos y toda la malicia social se ponen a trabajar
en la inocente virginidad de la mente. El grupo principal campeando por la
teoría de la neutralidad era dirigido por el Dr. John Money, de al universidad
Johns Hopkins en los Estados Unidos de Norteamérica. La sexualidad está indiferenciada al nacimiento y... va diferenciándose en
masculina o femenina en las varias experiencias del crecimiento. De manera que,
si hombres y mujeres eran diferentes, tenia que haber sido el resultado del
condicionamiento social. La sociedad tenía que ser culpada, cosa que, en la
visión de la sociología, suele ser muy común. Si es que aún hay disputa sobre
cómo emergen las diferencias sexuales, ahora no hay argumentos en la comunidad
científica de si tales diferencias existen. No podría insistirse de más en que
este libro en sí mismo es concerniente a cómo se diferencian la mayoría de los
hombres de la mayoría de las mujeres. De la misma manera en que podríamos decir
que los hombres son más altos que las mujeres. Al mirar en torno en un cuarto
cualquiera lleno de gente, esto será obvio. Por supuesto que algunas mujeres son
más altas que algunos hombres y que es posible que la más alta de todas las
mujeres llegue a ser más alta que el más alto de todos los hombres. Pero,
estadísticamente, el hombre es en promedio siete por ciento más alto que la
mujer, y la persona más alta del mundo, más allá de lo que pase en el cuarto, es
ciertamente un hombre. Lo que exploraremos aquí son las variaciones estadísticas en las diferencias
sexuales, en habilidades, aptitudes o debilidades, las cuales son mucho mayores
de lo que son con respecto a la estatura; aunque siempre habrá la excepción al
promedio, la persona con excepcionales habilidades “del sexo erróneo”, pero la
excepción no invalida la regla general del promedio. Estas diferencias tienen
una relevancia práctica y social. En mediciones de varias pruebas de aptitud la
diferencia entre los puntajes promedio entre los sexos llega alcanzar hasta el
25%. Se ha descubierto que una diferencia tan pequeña como un 5% tiene un
profundo impacto en las ocupaciones o actividades en las cuales hombres o
mujeres promedio podrán triunfar. El área en que se localizan las mayores
diferencias se ha encontrado que es la de lo que los científicos llaman
“habilidades espaciales”. Esto es ser capaz de visualizar mentalmente cosas, sus formas, posición,
geografía y proporciones de manera precisa; todas las habilidades que son
cruciales para la habilidad práctica de trabajar con objetos o dibujos
tridimensionales. Un científico que ha revisado extensa literatura científica
sobre este aspecto concluye que: “El hecho de la superioridad masculina en la
habilidad espacial no está a discusión”. Esto es confirmado por literalmente
cientos de diferentes estudios científicos. Una típica prueba es la medición de
la habilidad de los hombres y las mujeres en el ensamblado de un aparato
mecánico tridimensional. Sólo una cuarta parte de las mejores logro realizar la
tarea mejor que el promedio de los hombres. En los primeros diez de la escala de
aptitud mecánica había el doble de hombres que de mujeres. De los años escolares
en delante, los niños generalmente se desempeñan mejor que las niñas en las
áreas de matemáticas que envuelven conceptos abstractos del espacio, las
relaciones y teoría. En los más altos niveles de la excelencia matemática, de
acuerdo con el mayor examen jamás hecho al respecto, el mejor de todos los
chicos eclipsa totalmente a la mejor de todas las chicas. El doctor Julián Stanley y la doctora Camilla Benbow, ambos psicólogos
norteamericanos, trabajaron con los estudiantes de ambos sexos más altamente
dotados. No sólo encontraron que la mejor de las chicas jamás puede superar al
mejor de los chicos; sino que también descubrieron una alarmante proporción en
la brillantez en matemáticas: Por cada chica excepcional habrá siempre más de
trece chicos excepcionales. Los científicos saben que se paran sobre un terreno
quebradizo cuando aventuran cualquier teoría sobre el comportamiento humano.
Pero los investigadores dentro del campo de la diferenciación sexual se están
impacientando de manera creciente con la política que intenta encontrar una
explicación social de estas diferencias. Ella ya ha admitido ante nosotros que cree que esta diferencia de habilidad
tiene bases biológicas. Es más fácil para los chicos que para las chicas construir estructuras con
bloques de construcción a partir de planos bidimensionales, y en señalar
correctamente cómo cambiará de ángulo el nivel de la superficie del agua en una
jarra cuando la jarra sea inclinada en diversos ángulos. Esta ventaja masculina en notar patrones y relaciones abstractas (que puede ser
llamada generalidad estratégica más que pensamiento táctico detallado) tal vez
pueda explicar el dominio masculino en el ajedrez, incluso en un país como la
antigua URSS, donde el juego era un deporte nacional jugado por ambos sexos.
Como explicación alternativa, más aceptable para aquellos que negarán las bases
biológicas de la diferenciación sexual, se dice que la mujer ha sido tan
condicionada con el hecho de la superioridad masculina en el juego del ajedrez,
que subconscientemente se asigna a sí misma una menor expectativa; pero esta
objeción a la evidencia científica no es más que deseoso intento de mantener el
prejuicio. La mayor habilidad espacial de los hombres puede, ciertamente, ayudar a
explicar la superioridad masculina en la lectura e interpretación de mapas que
notamos antes. Los chicos lo hicieron mejor. Más hombre que mujeres tuvieron que girar el mapa
para que coincidiera físicamente con la dirección en que estaban viajando
mentalmente cuando trataban de encontrar el camino. Mientras que el cerebro
masculino provee a los hombres con la facilidad para tratar con cosas y
teoremas, el cerebro femenino está organizado para responder más sensitivamente
a todos los estímulos sensoriales. Las mujeres son mejores que los hombres en
las pruebas de habilidad verbal. Las mujeres están equipadas para tener un rango
de recepción de información sensorial mucho más amplio, para conectar y
relacionar esa información con una mayor facilidad, para dar primacía a las
relaciones personales y para comunicar. La influencia cultural puede reforzar
esas fortalezas femeninas, pero su superioridad es innata. Las diferencias se hacen evidentes en las primeras horas después del nacimiento.
Se ha mostrado que las niñas recién nacidas muestran mucho más interés que los
niños por la gente y por los rostros; los niños parecen igualmente felices con
una persona o con un objeto puesto frente a ellos. Las niñas dicen su primera
palabra y aprenden a hablar en oraciones cortas más pronto que los niños, y son,
por lo general, mucho más fluidas en sus años preescolares. Ellas también leen
más pronto y son mejores en el manejo de las unidades que forman el lenguaje
como la gramática, la puntuación o la ortografía. Los niños sobrepasan a las
niñas en una relación de cuatro a uno en los cursos remediales de lectura. Más tarde, para las mujeres es más sencillo el dominio de lenguas
extranjeras, y son más eficientes en la propia lengua, con mayor dominio de la
ortografía y la gramática. Ellas son también más fluidas: el tartamudeo y otros
defectos del habla ocurren casi exclusivamente entre niños. Las niñas y las
mujeres oyen mejor que los hombres. Cuando los sexos son comparados, la mujer
muestra una mayor sensibilidad al sonido. El ruido de una gotera sacará a una
mujer de la cama mucho antes de que el hombre haya siquiera despertado. Son seis veces más las niñas que los niños que pueden cantar entonadamente.
Ellas son también mucho más adeptas a notar pequeños cambios en el volumen, lo
que lleva de algún modo a explicar la mayor sensibilidad de la mujer hacia “ese
tono de voz” que sus compañeros masculinos son tan frecuentemente acusados de
adoptar. Hombres y mujeres incluso ven algunas cosas de manera diferente. Las mujeres ven mejor en la oscuridad. Son más sensitivas a los tonos rojos al
final del espectro lumínico, viendo más tonos de rojo que el hombre, y tienen
una mejor memoria visual. Los hombres ven mejor que las mujeres en la luz brillante. Intrigantes
resultados mostraron que los hombres tienden a ser literalmente apantallados,
ven en un campo de visión más estrecho, como a través de una pantalla con un
suave efecto de visión de túnel, con una mucha mayor concentración en la
profundidad. Las mujeres, en tanto, tienen casi literalmente una mayor visión. Tienen un
campo de visión periférica mucho más ancho, debido a que en la parte posterior
interna del globo ocular tienen más bastones y conos receptores en la retina,
para recibir un mayor arco de información visual. En la infancia y en la madurez, la mujer tienen una sensibilidad táctil tan
superior a la del hombre que en algunas de las pruebas no se traslapan los
resultados de ambos sexos; en ellos la menos sensitiva de todas las mujeres es
más sensitiva que el más sensitivo de todos los hombres. Hay fuerte evidencia de
que hombres y mujeres tienen diferentes sentidos del gusto. La mujer es más
sensitiva a los sabores amargos como la quina y prefiere mayores concentraciones
y mayor extensión de cosas dulces. Los hombres puntúan más alto en la
diferenciación de los sabores salados. Pero por encima de todo, de cualquier manera, la evidencia sugiere
fuertemente una mayor delicadeza y percepción femenina en el sentido del gusto.
¿Debería de haber más grandes chefs mujeres? ¿O será que muchos de los grandes
chefs masculinos tienen más sensibilidad femenina de la que admiten? El olfato
de las mujeres, al igual que su paladar, es mucho más sensitivo que el de los
hombres. Un caso a parte es su percepción del exaltoide, un aroma sintético
asociado con los hombres, pero difícilmente perceptible por ellos. Las mujeres encuentran el aroma atractivo. De manera interesante, esta
sensibilidad superior aumenta justo antes de su ovulación, en el momento crítico
de su ciclo menstrual, la biología de la mujer la hace mucho más sensitiva que
el hombre. Esta superioridad en tantos de los sentidos puede ser medida
clínicamente; puede ser esto lo que provee a la mujer de una casi sobre natural
“intuición”. Las mujeres están simplemente mejor equipadas para notar cosas en
las que el hombre es comparativamente ciego y sordo. No hay brujería en esta
percepción superior; es extra–sensorial sólo en el sentido de los límites
sensoriales masculinos, que son mucho más estrechos. Las mujeres son mejores
notando indirectas sociales, reconociendo importantes variaciones de la
intención y el significado en los tonos de voz o en la intensidad de la
expresión. El hombre a menudo se exaspera ante la reacción femenina frente a lo
que él dice. No se da cuenta de que la mujer probablemente está “oyendo” mucho
más de lo que él mismo piensa que está “diciendo”. La mujer tiende a ser mejor
juez del carácter. Las mujeres mayores tienen mejor memoria para los nombres y los rostros y una
mayor sensibilidad para percibir las preferencias de otras personas. De manera
que los hombres son más centrados en sí mismos; ¿alguna otra novedad?. La
novedad es que el folklore de género, que es siempre vulnerable a la opinión
descalificadora y políticamente motivada ha mostrado tener, de hecho, bases
científicas. Mucha gente se opone a las explicaciones que a través de la
biología proponemos para tantas de las diferencias entre los sexos, pero están
dispuestas a creer, en una manera mucho más vaga, que probablemente tales
diferencias tienen “algo que ver con las hormonas”. Eso es la mitad de la
verdad. Las hormonas, como hemos visto, determinan la organización distintiva del
cerebro en masculino o femenino mientras éste se desarrolla en el útero.
Compartimos la misma identidad sexual sólo las primeras semanas después de la
concepción. Pero a partir de ahí, dentro del vientre materno comienza a cambiar
la estructura misma y el patrón del cerebro, comenzando a tomar una específica
forma masculina o femenina. A través de la infancia, la adolescencia y la vida adulta, la manera en que
el cerebro fue formado tendrá una sutil interacción con las hormonas, con
fundamentales efectos en las actitudes, comportamientos y las funciones emotivas
e intelectuales del individuo. Cada vez más neurocientíficos e investigadores de
los misterios del cerebro, como el neurólogo norteamericano Dr. Richard Restak,
están ahora preparados para hacer esta confiada aseveración. Parece poco
realista seguir negando la existencia de diferencias en el cerebro masculino y
femenino. Tal como hay distinciones físicas entre hombres y mujeres... hay diferencias
igualmente dramáticas en el funcionamiento cerebral. La manera en que nuestros
cerebros están hechos afecta la manera en que pensamos, aprendemos, vemos,
olfateamos, sentimos, comunicamos, amamos, hacemos el amor, peleamos, triunfamos
o fracasamos. Entender cómo están hechos nuestros cerebros y los de los demás,
no es materia de poca importancia. Los niños no son hojas en blanco en las
cuales nosotros esbozamos las instrucciones para un comportamiento sexual
adecuado. Ellos nacen con sus propias mentes masculinas o femeninas por sí mismas.
Literalmente han conformado su mente desde el vientre materno, a salvo de las
legiones de los ingenieros sociales que los esperan impacientemente. Los años
recientes nos han traído los elementos para construir un nuevo marco de trabajo
para el entendimiento de las diferencias sexuales a través de dos avances
científicos independientes y convergentes. El primero es el progreso gigantesco
que ha habido en el entendimiento de cómo funciona el cerebro; el segundo, los
nuevos descubrimientos acerca de cómo –biológica y conductualmente– somos lo que
somos: hombres o mujeres. 4. Las diferencias no solo son externas Científicas como Doreen Kimura,
Sandra Witelson o Eleanor Maccoby llevan llamando la atención desde los años 70
sobre las diferencias biológicas que existen entre los cerebros del hombre y la
mujer. De hecho, las técnicas de resonancia magnética y tomografía permiten
comprobar que machos y hembras activan distintas áreas de su cerebro para
superar un mismo examen. Sin embargo, unos y otras acaban obteniendo, como
media, idénticos resultados. ELLOSmás aptos para las matemáticas ELLASmás
capacitadas para la comprensión y expresión literarias La testosterona (hormona
masculina) alimenta el sentido de la orientación y el cálculo Durante la
ovulación y la menstruación, ellas ganan en capacidad lingüística y expresan
mejor sentimientos: nómadas y sedentarias. «Lo peor que se puede hacer es
generalizar», asegura el experto en Psiconeurobiología José Antonio Gil Verona,
de la Universidad de Valladolid. Este investigador reconoce que los estudios estadísticos arrojan distintas
habilidades intelectuales atendiendo al sexo, pero aclara que «la inteligencia
global es la misma». Para Hugo Liaño, jefe del Servicio de Neurología del
Hospital Puerta de Hierro de Madrid, «los cerebros masculino y femenino vienen
preparados de manera distinta», pero «las diferencias en capacidades
intelectuales son muy pequeñas y pueden ser vencidas por la cultura y el nivel
de aprendizaje». Así, la diferencia esencial entre el cerebro del hombre y el de
la mujer es que en el primero «cada zona está más especializada». Sin embargo,
«hablar de ventajas o inconvenientes» entre un sexo y otro «es una tontería».
Algunas de las diferencias han sido ya estudiadas científicamente. Ciencias y letras. Una serie de pruebas realizadas por estudiantes
estadounidenses entre 1960 y 1992 dieron como resultado que los varones están
más capacitados para las matemáticas y, en general, las materias científicas.
Por el contrario, los hombres resultan algo más torpes, como media, a la hora de
manejar el lenguaje. Su memoria es menor para aprender listas de palabras, y
además tardan más tiempo en encontrar distintos vocablos que empiecen por una
misma sílaba o que contengan una determinada letra, por ejemplo. El citado estudio señala a las hembras como más adecuadas para la comprensión
y expresión literarias. Las mujeres, además, han mostrado una aptitud media
superior para sobreponerse a situaciones de estrés. También tienen más destreza
manual. Hemisferios. Los varones suelen usar un solo hemisferio cerebral
(generalmente el izquierdo) para procesar la información lingüística. Por ello,
padecen enfermedades del habla más a menudo que las mujeres cuando han sufrido
una lesión en el hemisferio que se encarga del lenguaje. Además, tardan más tiempo en recuperarse, ya que les cuesta más trabajo
emplear otras zonas de su cerebro. Las hembras mejoran su memoria en tareas
verbales cuando su sangre circula más rápidamente en su cerebro, algo que, al
parecer, no sucede en los machos. Su memoria también es mejor cuando hay que
acordarse de los rostros de otras personas. Hormonas. Algunos expertos creen que la testosterona y otras hormonas masculinas son
las responsables de ciertas habilidades masculinas como el sentido de la
orientación. Las diferencias entre los juguetes de los niños y las niñas también
se han relacionado con la acción de las hormonas. Durante la ovulación y
menstruación se suele registrar una mayor habilidad lingüística, propia de las
mujeres, al mismo tiempo que se reduce la capacidad de realizar tareas
espaciales, típicamente masculina. ¿El tamaño importa? Tiene un cerebro algo más
grande que el de la mujer, como media, al igual que sucede con el resto del
organismo. También suele presentar un mayor hipotálamo, el área encargada de
regular la conducta reproductora tanto en los machos como en las hembras. Por el
contrario, los hombres poseen un sistema límbico más pequeño, lo que dificulta
su capacidad para expresar sentimientos. El hombre es como media mucho más agresivo. Según el científico israelí Ruben
Gur, poseen más materia gris (células) en su cerebro y los hombres más materia
blanca (fibras nerviosas). Esto explicaría por qué, a pesar de tener el cerebro
más pequeño, no obtienen peores resultados en las pruebas de inteligencia.
Evolución. En otro polémico estudio, Gur llegó a la conclusión de que los
hombres obedecen más a su región límbica, presente en animales como los
reptiles, mientras que las mujeres actúan en mayor medida de acuerdo a su
corteza cingular, que sólo poseen los monos y los humanos. Por lo tanto, las mujeres están más evolucionadas que los hombres. Por ello,
y de acuerdo con las investigaciones de Gur, la mayoría de las personas que
matan o se suicidan son hombres, mientras que las mujeres presentan una mayor
capacidad para comprender los sentimientos y emociones de los demás. 5. Bibliografía
http://www.hispamp3.com/noticias/noticia.php?noticia
http://www.nuevoplaneta.com/articulo2525.html
http://www.elmundo.es/cronica/2005/484/1106434812.html
http://www.inteligencia-emocional.org/aplicaciones_practicas
http://www.elpais.com.uy/Suple/DeLosDomingos/05/01/30/ N. Angier y K. Chang de The New York Times Melgar, M. Floristofilo II
“Influencia de la Raza en el Desarrollo Territorial” Melgar, M. Floristofilo III
“Influencia de la Religión en el Desarrollo Territorial” Publicación enviada por Marvin Melgar Ceballos Contactar mailto:Lomas.vision@gmail.com Código ISPN de la Publicación EEulFAVpkpwDPvQwXs Publicado Tuesday 23 de May de 2006 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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