Monografias | Cambios Tecnológicos y Organizativos y su Impacto en la formación de profesionales

Cambios Tecnológicos y Organizativos y su Impacto en la formación de profesionales

Resumen: A pesar de la reconocida incidencia de los cambios tecnológicos y organizativos en la evolución de los mercados y sobre el proceso de formación de profesionales, las propuestas de numerosos autores nacionales y extranjeros destinadas a perfeccionar la Educación Técnica Profesional, carecen de una clara justificación de la correspondencia entre estos cambios y el enfoque seguido en las mismas. Palabras claves: formación de profesionales, Educación Técnica y Profesional, competencias profesionales.

Publicación enviada por Dr. C. Leandro Arias Labrada


 

RESUMEN
A pesar de la reconocida incidencia de los cambios tecnológicos y organizativos en la evolución de los mercados y sobre el proceso de formación de profesionales, las propuestas de numerosos autores nacionales y extranjeros destinadas a perfeccionar la Educación Técnica Profesional, carecen de una clara justificación de la correspondencia entre estos cambios y el enfoque seguido en las mismas. En el presente artículo se analizan los principales cambios tecnológicos y organizacionales operados a nivel global, los enfoques tradicionalmente tomados como referencia para estructurar el proceso de formación de profesionales, y se realiza una propuesta de enfoque coherente con el encargo social de esta educación. 
Palabras claves: formación de profesionales, Educación Técnica y Profesional, competencias profesionales.

INTRODUCCIÓN 
El análisis del impacto de los cambios tecnológicos y organizativos en la evolución de los mercados y sobre el proceso de formación de profesionales resulta sumamente importante y actual, como lo demuestran numerosos trabajos de autores e instituciones nacionales y extranjeras, entre los que cabe señalar a Segre, L. M. (1995), Mertens, L. (1998), Nuñez, J. (1999), Amargós O. (1999), Cinterfor/OIT (2000), Hernández, A. M. y Ma. del R. Patiño (2000), Briasco, I. (2001), González, V. (2002); toda vez que la introducción de las nuevas tecnologías está íntimamente relacionada con los cambios en la organización del trabajo y el surgimiento de nuevos perfiles profesionales y nuevos requisitos para el trabajo. 
Pese a lo apuntado, en numerosas propuestas que realizan autores nacionales y extranjeros para la Educación Técnica Profesional, no siempre se revela la relación que debe establecerse entre estos cambios y los enfoques que se siguen en el proceso de formación de profesionales, para que desde este proceso, se les pueda preparar para resolver los problemas más sencillos y frecuentes de su contexto laboral, acorde con las exigencias de la sociedad en que viven. 

TENDENCIAS EN LA EVOLUCIÓN DE LOS MERCADOS Y SU INCIDENCIA EN LOS CAMBIOS EN LA ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO
A pesar de la diversidad de tendencias que se observan, se considera necesario realizar una caracterización de las que emergen como hegemónicas en el concierto internacional actual, y que coinciden en señalar autores nacionales y extranjeros tales como: Segre, L. M. (1995), Mertens, L. (1998), Cinterfor/OIT (2000), entre otros.

Son precisamente estas tendencias las que determinan los cambios en la organización del trabajo y el surgimiento de nuevos perfiles profesionales y requisitos para el trabajo, elementos a tener en cuenta en el proceso de formación de profesionales, para que este responda a la dinámica de los mercados laborales actuales. 

La primera tendencia es la mayor complejidad de los parámetros bajo los cuales se ofrecen los productos y servicios, dada en una convergencia de criterios como precio, calidad, diseño y servicio al cliente. Al respecto, L. Mertens (1998) enfatiza en que: “un producto que pretende ser de alta calidad también tiene que cuidarse cada vez más de su precio, y viceversa, un producto en el segmento de los bajos precios se esta viendo obligado a mejorar su calidad, su diseño y su servicio al cliente o consumidor”. Mertens, L. (1998: 22).

Una segunda tendencia tiene que ver con la apertura de los mercados, lo que significa una mayor variedad de opciones en el mismo segmento de estos, y al mismo tiempo, la posibilidad de acceso a muchos más mercados que antes.

Una tercera tendencia se relaciona con un mayor dinamismo en los mercados, provocado por la superior exposición ante impulsos y señales diversas de cambio, generando una menor permanencia de las posiciones de los productos en el mismo. Los avances en las comunicaciones hacen que se difundan con mayor rapidez las mejoras en los productos, precios y servicios a las que aspiran los clientes.

Una cuarta tendencia es la mayor exigencia en los niveles de parámetros bajo los cuales opera el mercado. Las empresas tienen que competir frente a una mayor cantidad de competidores que antes.

En el caso específico de Cuba, se ha producido una apertura del mercado de la Electrónica, con un aumento en el número de empresas y entidades que comercializan, mantienen y reparan componentes, accesorios y equipos electrónicos, lo que las obliga a hacer más competitiva su gestión comercial a partir de la elevación de las exigencias en los niveles de parámetros bajo los cuales opera este mercado. 

Por tanto, estas cuatro tendencias plantean a la empresa de la producción o los servicios dos posibilidades de estrategia: la de supervivencia o la de desarrollo. La primera es seguir la tendencia global del mercado, aplicar sistemas de aseguramiento y mejora de calidad (calidad total, ISO 900X), depurar y hacer ágil a la organización, absorber con facilidad las innovaciones tecnológicas, automatizar los sistemas de información, etc. En este sentido Castells, M. [et al.]. (1999), señalan que: “la productividad proviene fundamentalmente de la innovación; la competitividad, de la flexibilidad”. Castells, M. [et al.]. (1999), citado por Cárdenas, A. L. (2000: 35). 

La segunda posibilidad, que debe sumarse a la primera, es intentar diferenciarse en el mercado, introduciendo aspectos que las hagan únicas en comparación con las demás. En cualquiera de los casos, se destaca el papel que deben jugar los recursos humanos de la entidad en el logro de estos fines.

En relación con la fuerza de trabajo, la organización actual de este hace que se rompa la lógica de un profesional–un contexto laboral específico–una tarea específica–una calificación que caracterizaba el método clásico de producción taylorista–fordista, y exige, más que conocimientos, atributos de la persona que incluyen: habilidades profesionales y comunicativas, actitudes, cualidades personológicas, (flexibilidad, profundidad, predisposición a aprender constantemente, perseverancia, entre otras) que hagan corresponder su calificación con los resultados reales de su actuación en el contexto de su empresa. Con ello se trata de cerrar el tradicional abismo entre la calificación, entendida hasta ahora como un acervo de conocimientos y habilidades, y el desempeño concreto requerido en el contexto laboral.

En el mercado de la Electrónica en Cuba predomina la prestación de servicios a equipos electrónicos y electrodomésticos de los sectores residencial e industrial. En este sentido, se presenta una situación excepcional respecto a cualquier otro país, y es la existencia de una gran diversidad de generaciones tecnológicas en los mismos, que obliga a los Técnicos Medios en Electrónica cubanos a poseer, además de los atributos antes mencionados, compromiso con la construcción de la sociedad socialista y responsabilidad ante su labor profesional, para mantener en funcionamiento equipos industriales necesarios para la producción de bienes materiales y los equipos electrodomésticos que garanticen un nivel de vida decoroso a la población; para lo cual debe ser creativo, perseverante, formado con una mentalidad de innovador y racionalizador. 

LAS RESPUESTAS DE LOS SISTEMAS DE FORMACIÓN DE PROFESIONALES A NIVEL GLOBAL Y NACIONAL
La formación profesional y la capacitación se ven enfrentadas a demandas que son verdaderos desafíos generados por el contexto económico y social, y que deben ser resueltos en ese propio entorno.

En este sentido, el análisis de diferentes propuestas realizadas por autores nacionales y extranjeros permite apuntar que en la formación profesional se han seguido y siguen actualmente tres enfoques fundamentales, que enfatizan en diferentes aspectos que en el plano práctico pueden combinarse sin que esto signifique un conflicto metodológico. Dichos enfoques son: el jerárquico, el estructural y el dinámico.

Enfoque jerárquico:
El primero de ellos es el enfoque jerárquico, en el que, a pesar de reconocer la incidencia de numerosos elementos en un desempeño exitoso de los profesionales, se hace particular énfasis en la naturaleza jerárquica de algunos de estos, como por ejemplo, los conocimientos y las habilidades. En el ámbito nacional este enfoque tuvo y aún tiene un significativo auge, lo que se evidencia en los trabajos de numerosos autores.

U. Mestre (1996), propuso un Modelo de Formación de Habilidades Profesionales, en el que se justifica la forma en que “(...) el Invariante de Habilidad Profesional contribuye a la formación profesional del futuro graduado y su influencia en el desarrollo de capacidades cognoscitivas y la formación de su personalidad”. Mestre, U. (1996:12), lo cual encuentra sustento, a su vez, en la consideración de que el desarrollo de las habilidades profesionales conducen al modelo del profesional. 

De esta forma, en dicho modelo se reconocen como mediadores potenciales de la actuación profesional elementos de naturaleza intrapersonal, y específicamente instrumental, como lo son las habilidades, por lo que se hiperboliza su influencia en la formación profesional del futuro graduado, y en especial, en la formación de su personalidad.

El Modelo de Actuación Profesional propuesto por S. Cruz y H. Fuentes (1998), por su parte, se sustenta básicamente en la idea de traer al diseño de las carreras las regularidades y características de la profesión correspondiente, y en la necesidad de que los aspectos teóricos y conceptuales que definen la carrera y que responden a la profesión, tanto desde el punto de vista educativo como instructivo, sean trasladados por las vías del diseño curricular hasta las disciplinas, los años, las asignaturas y sus temas, atendiendo con la misma significación los componentes académico, investigativo y laboral.

Según este modelo, el dominio de las habilidades y conocimientos que invariablemente el profesional desarrolla al actuar sobre el objeto de su profesión, garantiza que este pueda resolver de manera creativa los problemas más generales y frecuentes de su profesión. Cruz, S. y H. Fuentes (1998).

Se considera así, que la calidad de la actuación del profesional, su interacción con los objetos y sujetos de su contexto laboral, está determinada exclusivamente por los conocimientos, habilidades y valores que posea; con lo que se desestima la mediación, tanto de elementos de naturaleza intrapersonal (la autorregulación, normas sociales, cualidades personológicas, etc.), como de naturaleza interpersonal y material.

Enfoque estructural:
Un segundo enfoque es el estructural, que parte de enumerar un conjunto de atributos de la persona (conocimientos, habilidades, actitudes, cualidades personológicas, valores) requeridos para lograr un resultado en un contexto laboral, por lo que en el mismo no se jerarquiza la incidencia de determinados elementos en el desempeño del profesional; tal y como se revela en la formación por competencias profesionales, ejemplo de este enfoque. Es desde un enfoque estructural, que los siguientes autores definen la competencia profesional:
“Conjunto de características de una persona que están relacionadas directamente con una buena ejecución en una determinada tarea o puesto de trabajo”. Boyatzis (1982), citado por V. González (2002: 46).
“Conjunto de conocimientos, habilidades, disposiciones y conductas que posee una persona que le permiten la realización exitosa de una actividad”. Rodríguez y Feliú (1996), citado por V. González (2002: 46).
“La competencia se concibe como una compleja estructura de atributos necesarios para el desempeño de situaciones específicas. Es una compleja combinación de atributos (conocimientos, actitudes, valores y habilidades) y las tareas que tiene que desempeñar en determinadas situaciones”. Gonzci, A. y J. Athanasou (1996: 47).
Como puede apreciarse de estas definiciones, este enfoque plantea dos facetas decisivas que le otorgan un significado importante en el contexto de la relación formación profesional y trabajo. La primera faceta es la enumeración de los atributos que las instituciones formadoras consideran deben poseer las personas, y que no se limitan al conocimiento, sino que incluyen los conocimientos, las habilidades, actitudes, comunicación y personalidad, con lo que pretende reflejar las diferentes dimensiones que intervienen en el acto de trabajar.

La segunda faceta es la relación explícita que se establece entre esos atributos y el resultado o desempeño requerido. Visto desde esta faceta, este enfoque es una propuesta para aumentar la posibilidad de que la adquisición de estos atributos conduzca a un desempeño efectivo en el contexto laboral.
Este enfoque, igualmente, enfatiza en la incidencia de otros aspectos en el desempeño exitoso del individuo en su contexto laboral a pesar de poseer potencialidades para ello, como es el caso del entorno del trabajo, los medios requeridos en el proceso productivo, el clima laboral, el reconocimiento moral, el sistema de compensación salarial. 
Sin embargo, llevar a cabo la formación profesional según este enfoque puede situarla en un plano ahistórico (como ha ocurrido en países de la región con la importación de modelos europeos) que no le otorgan el sentido crítico que ésta debe tener para las empresas, así como para los propios individuos y la sociedad.
El enfoque estructuralista, a pesar de sus limitaciones, supera la tradicional formación basada en habilidades profesionales, que parte de considerar que las mismas conducen al modelo del profesional, como expresan algunos de sus representantes. 

Enfoque dinámico:
El tercer enfoque que se manifiesta en la formación profesional en la actualidad es el dinámico, y parte del contexto de la evolución del mercado en que se desenvuelve la empresa, y lejos de ser contradictorio al estructural, se puede considerar complementario al tener en cuente otros aspectos de la formación profesional como resultado de las características del mundo de trabajo actual. 
Dicho enfoque pretende romper con la desarticulación que habitualmente se presenta entre la empresa y los centros formadores, llevando a estos últimos la dinámica propia de los mercados actuales. 
Mientras que la empresa pide un estándar de desempeño complejo, abierto, dinámico, exigente y diferenciado, para la escuela típica el estándar sigue siendo una relación entre contenidos predefinidos, horas y resultado. En el mejor de los casos, se aplica un esquema modular basado en competencias; sin embargo, no hay ninguna garantía que esta formación sea la que le interese a la empresa, ya que, por lo general, se emplea una dinámica autorreferencial que desestima las necesidades reales de la futura entidad empleadora.
El enfoque dinámico pretende, por tanto, que la formación de la mano de obra que se lleva a cabo en los centros formadores, parta de considerar los conocimientos, habilidades, cualidades, valores, etc. que realmente exigen las empresas potencialmente empleadoras de los futuros profesionales.

HACIA UN ENFOQUE COHERENTE CON EL ENCARGO SOCIAL DE LA EDUCACIÓN TÉCNICA Y PROFESIONAL: 
Partamos de considerar que la Educación Técnica y Profesional tiene el encargo social de formar a los profesionales de nivel medio de las diferentes ramas de la producción y los servicios, para que sean capaces de resolver los problemas que se presenten en sus contextos laborales acorde a las exigencias de la sociedad. 

En nuestra consideración, el logro de tal encargo presupone que se parta de actualizar y contextualizar los modelos de profesionales que forma, por ser éstos el principal referente para diseñar los sistemas de influencias encaminados a prepararlos para resolver los problemas que se presenten en sus futuros contextos laborales.

Ello presupone, en primer lugar, determinar todos aquellos elementos que condicionan la actuación de los profesionales de nivel medio en sus futuros contextos laborales, y con ello, precisar qué atributos deben caracterizarlos (entiéndase por tales: conocimientos, habilidades, valores, cualidades personológicas, etc.) para su actuación sea exitosa ante los problemas más comunes y frecuentes de esos contextos, bajo las condiciones que éstos imponen. 

De esta forma, la formación profesional debe dejar de ser autorreferencial, para tomar como referencia la propia dinámica de las entidades empleadoras, las señales que indiquen transformaciones que alteren la misma, así como la actuación de profesionales considerados como “expertos” por los resultados que exhiben en la solución de los problemas en sus contextos laborales, partiendo del supuesto de que el desempeño exitoso de éstos está condicionado por atributos explícitos, o más bien por aquellos implícitos, subyacentes. 

Desde nuestra postura, la competencia profesional debe emerger como cualidad del sistema de relaciones que se establecen entre los recursos personológicos del profesional (conocimientos, habilidades, valores, cualidades personológicas, etc.) y su contexto laboral, las que determinan la calidad de su actuación en dicho contexto. 

Por lo tanto, una propuesta coherente con el encargo social de la Educación Técnica y Profesional debe considerar un conjunto de atributos de la persona (conocimientos, instrumentaciones, cualidades personológicas y valores) requeridos para lograr un resultado exitoso en la solución de los problemas del contexto laboral (tal y como lo propone el enfoque estructural); y tomar como referencia las necesidades reales de las futuras entidades empleadoras (como lo propone el enfoque dinámico). Para ello se propone la realización de las acciones siguientes:
- Determinar las entidades locales potencialmente empleadoras de los egresados de la ETP.
- Precisar las exigencias que explícitamente plantean a los profesionales que laboran en las mismas.
- Determinar las señales que permitan inferir futuros cambios organizacionales y/o tecnológicos en estos contextos laborales.
- Seleccionar en estas entidades profesionales que puedan considerarse como “expertos”, a partir de su actuación exitosa al resolver los problemas profesionales.
- Precisar aquellos atributos explícitos e implícitos que condicionan el éxito de la actuación de éstos profesionales. 

CONCLUSIONES
Los cambios tecnológicos y organizacionales que se han producido y producen a nivel global, están exigiendo de los centros formadores de profesionales, en lugar de una formación autorreferencial, que esta tome en cuenta las actuales características de los mercados, a saber: complejos, abiertos, dinámicos, exigentes y diferenciados.
En el proceso de formación de profesionales se pueden identificar tres enfoques fundamentales: jerárquico, estructural y dinámico, los que se diferencian atendiendo a la relevancia que le otorgan a los elementos que consideran inciden en la calidad de la actuación de los profesionales y en el método seguido para determinarlos.
Un enfoque coherente con el encargo social de la Educación Técnica y Profesional, será aquel que permita precisar los elementos que condicionan la calidad de la actuación de los profesionales en sus contextos laborales, a partir de: las exigencias explícitas del contexto laboral, las señales del mercado y la actuación de profesionales considerados como “expertos”. 

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AUTOR:
Dr. C. Leandro Arias Labrada. Instructor
Profesor del Departamento de Industrial. Facultad de Ciencias Técnicas. Instituto Superior Pedagógico “José de la Luz y Caballero”. Holguín. Cuba.

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Publicado Thursday 23 de February de 2006

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