Monografias | La dignidad humana en el transcurso de la vida, una reflexión desde la bioética

La dignidad humana en el transcurso de la vida, una reflexión desde la bioética

Resumen: Lo más preciado para el hombre es la vida y ésta se da sólo una vez. Hay que vivirla de modo tal que no sean torturantes y dolorosos aquellos años vividos sin sentido y que no arda la vergüenza por un pasado mezquino que ya ha pasado, para que al morir se pueda decir: toda la vida y todas las fuerzas fueron dadas a lo más bello del mundo: a la liberación de la Humanidad”. (E)

Publicación enviada por Dra. Dalis Diago Caballero y Otros Autores


 

ÍNDICE
Resumen
Introducción
Método
Desarrollo
Conclusiones
Referencias Bibliograficas

RESUMEN
.lo más preciado para el hombre es la vida y ésta se da sólo una vez. Hay que vivirla de modo tal que no sean torturantes y dolorosos aquellos años vividos sin sentido y que no arda la vergüenza por un pasado mezquino que ya ha pasado, para que al morir se pueda decir: toda la vida y todas las fuerzas fueron dadas a lo más bello del mundo: a la liberación de la Humanidad”.
Nikolay Ostrovski.

La tecnología, como cualquier otra invención humana, debe estar al servicio del hombre. En general los conflictos tecnológicos son consecuencia de una inversión de esas prioridades. Un principio ético importante en medicina es “ante todo no causar daño”. 

La bioética intervencionista puede y debería ser una herramienta más para encontrar soluciones políticas y sociales eficaces a los problemas enraizados de la inequidad mundial en materia de salud. 

Si se quiere abordar con seriedad este problema debemos partir de que la equidad en el ámbito de la salud no es únicamente una cuestión de ética. No tiene sentido confiar en la buena voluntad y las buenas intenciones precisamente de esas entidades países, empresas, instituciones y grupos sociales. 

Sólo podrá alcanzarse si se da voz y poder a quienes en este momento no pueden opinar y carecen de acceso a los sistemas políticos y a las estructuras económicas. Esto puede lograrse por medio de las muchas formas de participación ciudadana y democrática en la administración de los sistemas de salud pública. 
Los derechos inalienables del ser humano tanto a la salud, la educación, a la libertad, la religiosidad entre muchos otros se deben dar en un clima de respeto a la persona, y como una respuesta certera a sus necesidades más crecientes, todo lo cual propicia una “vida” digna.

INTRODUCCIÓN
La bioética es la búsqueda ética, aplicada al progreso biomédico. Trata de encontrar soluciones a los conflictos de valores en el universo de interacción biomédica y se ocupa del estudio de la conducta humana en la atención a la salud, en la medida en que esta conducta se examine a la luz de valores y principios morales 1
Las principales publicaciones de bioética hacen alusión a la autonomía, confidencialidad, consentimiento informado, beneficencia, maleficencia, equidad, uso racional de recursos y justicia. Estos elementos constituyen la gramática de la bioética y su fundamentación.

Las intervenciones médicas en situaciones críticas y límites, la iniciación o no de procedimientos terapéuticos invasivos que mantienen artificialmente la vida, la suspensión de estos, aclaración entre matar y omitir o retirar tratamientos inútiles, desproporcionados o gravosos, y vivir con calidad o morir con dignidad, constituyen para la acción interdisciplinaria de la bioética aperturas dialogísticas, por encontrarse en terreno de varios discursos o temas, el médico, jurídico, social, político, económico entre otros profesionales.1

El gran reto de la bioética está precisamente basado en que , no todo lo que técnicamente es posible, es lícito desde el punto de vista ético. Prolongar la vida de un ser humano más allá de los límites con una calidad de vida no aceptable, gracias a la biotecnología y la terapéutica, técnicamente es posible, pero éticamente puede vulnerar el derecho de la persona a morir con dignidad, como corresponde a su condición, de lo contrario, se está haciendo una incorrecta interpretación del principio de beneficencia médica, por eso es necesario fijar límites al deseo de poder hacer, de poder intervenir, proporcionando el ejercicio real de la autonomía del paciente, la mesura y prudencia del ejercicio médico.1,2

El poder de la mente y las manos del hombre actual, corren paralelamente a la inmensa responsabilidad de ser cuidadosos en el adecuado uso de la tecnología que de esto se deriva. 

Todo instrumento que el cerebro del hombre ha inventado, descubierto o desarrollado, lo ha dirigido también a la destrucción de sí mismo y de su entorno, de lo cual existen múltiples ejemplos. 
La tecnología, como cualquier otra invención humana, debe estar al servicio del hombre. En general los conflictos tecnológicos son consecuencia de una inversión de esas prioridades. Un principio ético importante en medicina es “ante todo no causar daño”. 1

En la ética médica la vida no es bien absoluto, igual que la muerte no es mal absoluto; sus principios se expresan en términos negativos: no hacer daño; no dañar al enfermo y positivos: restaurar la salud o aliviar el sufrimiento; por lo tanto, prolongar la vida a cualquier precio o costo, es algo extraño y ajeno a la ética médica. 1,3
Formamos parte de una civilización que niega la terminación de la vida, tiene a la muerte como enemiga, que debe combatir, y el médico tiene la obligación de vencer. Esto es manifestación del conflicto, o sea, se niega algo que se conoce que ocurrirá irreversiblemente, pero produce miedo y se desea reprimir, evadir, ignorar, lo cual es válido como mecanismo de defensa, pero si reflexionamos se puede llegar a la conclusión de que una civilización que niega la terminación de la vida acaba por negar la vida misma. La cultura erigida contra la muerte se identifica posteriormente contra su enemigo la muerte; la cultura adversaria de la muerte crea fuerzas portadoras de muerte que generan destrucción, daño, sufrimientos, como es la iatrogénica.1, 3

La actitud del individuo frente a fenómenos conocidos se basa en la experiencia, es condicionada por la cultura para determinar una respuesta específica frente a acontecimientos sobresalientes y amenazantes, como pueden ser el dolor, una enfermedad curable o no, miedo al sufrimiento y la muerte. Estos temores afectan la calidad de vida, la del cuidado médico e instituciones médicas en su relación con la persona enferma.2

El pensamiento moderno personalista ha enfatizado, y con razón, la relacionalidad de la persona humana. La persona humana es un ser en relación 4
A nivel de la razón y de la experiencia humana, el carácter relacional de la persona humana es un dato ineludible de nuestra existencia. El “yo” se abre y se reafirma delante del “tú”, necesita de la alteridad como los pulmones del aire. Ello comienza a darse generalmente en la familia, donde los padres ayudan a fraguar esa identidad de persona-en-relación que todos poseemos. 4

Este dinamismo interior de autodefensa del “yo”, como sujeto y no como objeto, apunta hacia la existencia de nuestra dignidad o valor como persona. Una dignidad que no está condicionada a ninguna instancia exterior o no esencial, como el rango social o económico, la raza, la salud, etc. La persona humana vale por el mero hecho de ser persona y no por ésta o aquélla de sus características accidentales. Nuestro sentido de ser fin-en-nosotros-mismos es una poderosa indicación de esta verdad.4 

Ante los conflictos éticos que se dan en hechos tan trascendentales de la vida del hombre como es el surgimiento de su existencia (Nacimiento) y en la experiencia de la muerte de un familiar o un ser querido o la propia muerte, la ciencia en su desarrollo contempla modos de actuar y ofrece alternativas encaminadas a un respeto a la diversidad y a los valores de cada ser humano desde posturas bioéticas, aunque a veces resulten muy controvertidas.
¿Sin embargo están contempladas hoy, estas alternativas teniendo en cuenta la reflexión crítica racional, discursiva, argumentativa y dialogística de las situaciones extremas por las que atraviesa el hombre durante el transcurso de su vida?
Con este trabajo nos proponemos un análisis encaminado a dar respuesta a esta interrogante a partir de un discurso reflexivo de la realidad que vive el mundo en los albores del presente siglo y brindar alternativas desde posturas bioéticas con una concepción humanista.

MÉTODO
Para la confección de este trabajo se utilizó el método científico propio de las ciencias históricas, que consistió en la revisión e interpretación de documentos; sus fuentes principales fueron: el Portal de la Salud Cubana Infomed, Monografías cortesía del Centro de Bioética Juan Pablo II, pagina Web de Bioética de la OPS entre otras. Los temas seleccionados fueron: Concepto de Bioética, retos de la Bioética, peligros de los avances tecnológicos, la dignidad de la persona humana, Bioética de intervención, Bioética dura, calidad de vida, sentido de la vida. 

DESARROLLO
El desarrollo científico y tecnológico ha sido amargamente excluyente. Los beneficios aportados por los descubrimientos del siglo pasado siguen siendo inaccesibles para más de dos terceras partes de la población mundial. Mientras que los ciudadanos de Sierra Leone o de Malawi escasamente llegan a los 40 años de edad, los habitantes de Japón, Estados Unidos y Canadá, y de la mayoría de los países de Europa, ahora viven hasta los 75 u 80 años. De igual manera, la cantidad invertida en investigación sobre la malaria, que ocasionó unos dos millones de víctimas en 1999, fue 50 veces menor que la suma para investigación sobre el SIDA, que causó el mismo número de muertes en ese mismo año. 5

Con el propósito de reducir la inequidad en nuestro mundo globalizado de hoy especialmente en el ámbito de la salud numerosas personas se han dirigido a gobiernos, empresas, instituciones y profesionales para pedirles que actúen con mayor sentido ético y humano. Pero, tal vez un llamamiento apasionado para que la política y la salud se rijan más por los principios de la ética, no sea la mejor respuesta a los problemas de la injusticia social. 6
Un ejemplo claro de este fenómeno y en el cual la bioética encuentra su mas apasionada controversia es el tema de la clonación humana.
Esta supone una alteración no terapéutica para el sujeto dentro de su propio código genético, un atropello a la individualidad biológica, ¿qué derecho tiene el científico para generar individuos genéticamente iguales? Es conocido que en la naturaleza se generan gemelos, pero no es menos conocido que el hombre, no es la naturaleza, ni su autor y que hay hechos que ocurren en la naturaleza, cuya realización está vedada al hombre. Está claro que la naturaleza biológica el hombre la modifica constantemente aunque de forma lícita, pero la naturaleza biológica del hombre y en específico su genoma goza de un respeto incondicional, porque constituyen una parte esencial del propio ser personal. Por otra parte, la réplica corpórea es evidente que no significa una perfecta identidad de la persona clonada con su progenitor y esta, más que por su componente material, se identifican por el espiritual que es quien proporciona la exclusividad individual. 1 

Algunos investigadores consideran que el uso y la manipulación del genoma de animales y vegetales, puede ser uno de los principales instrumentos para acabar con el hambre en el mundo y obtener excelentes fábricas vivas de numerosas sustancias químicas valiosísimas para el hombre. 
Se deben entonces analizar las debilidades del procedimiento y cómo neutralizarlas; teniendo en cuenta las características psíquicas y emocionales del hombre actual. Cabe la pregunta ¿cómo conseguir que esta tecnología que igual que todas es creadora del poder y dominio, sirva al hombre y no se vuelva contra él? ¿hacer leyes? ¿prohibiciones? ¿insistir en los peligros hasta infundir miedo? Obtener una respuesta ética sobre la base de leyes, consecuencias o miedo es un arma de doble filo que además puede aparentar una cierta desconfianza frente a las ciencias, al evaluar éticamente una tecnología es necesario poner las consecuencias sobre el tapete de la discusión; aunque estas no deben tener la palabra definitiva. Si la orientación de la tecnología está al servicio del hombre y/o la naturaleza en forma directa o indirecta, se puede decir que queda compensado el riesgo residual en su aplicación., la tutela del medio ambiente representa un acto de responsabilidad para la humanidad, y el respeto del ecosistema y biodiversidad; representa el horizonte ético que debe guiar las acciones de intervención genética. 1

Hace 24 siglos, Aristóteles afirmó que la vida es el máximo de los bienes y que su objetivo principal es la felicidad. Nadie desde entonces ha logrado contradecirlo de manera convincente. Pero la moral de la modernización no ha logrado articular el concepto moderno de la autonomía con el ideal aristotélico de la felicidad. 5
La verdadera bioética debe dejar espacio para la indignación y la intervención. . “una bioética dura”, “una bioética de intervención”.El principio que la sustenta es el “utilitarismo consecuencialista”, que consiste en el mayor bien, como resultado final, para el mayor número de personas. 5 En la esfera pública y social, esto significa que las prioridades en política y en la toma de decisiones deben favorecer al máximo número de personas durante el mayor tiempo posible, aun cuando esto pueda reflejarse negativamente en algunas situaciones individuales (con ciertas excepciones que se debatirán). En la esfera privada, individual, significa la búsqueda de soluciones prácticas y viables a conflictos identificados en sus propios contextos sociales y culturales.
Lo que se necesita es una alianza verdaderamente democrática y concreta con los sectores más vulnerables de la sociedad, y desde esa posición ventajosa, efectuar un nuevo análisis de los dilemas fundamentales, a saber: autonomía frente a justicia/ equidad, beneficios individuales frente a colectivos, individualismo frente a solidaridad, universalidad frente a especificidad.

Para nuestra “bioética de intervención” es fundamental una comprensión clara del significado de la equidad, que no es lo mismo que igualdad. Equidad es el punto de partida; igualdad es el resultado deseado. Por medio de la equidad el reconocimiento de las diferencias y de las diferentes necesidades de diversos actores sociales podemos empezar a alcanzar derechos humanos universales, entre ellos el derecho a una vida con dignidad. En el contexto de la bioética, esto debería significar la posibilidad de acceso para todos a la salud y a otros bienes que son indispensables para la supervivencia humana en el mundo contemporáneo. 5
La bioética intervencionista puede y debería ser una herramienta más para encontrar soluciones políticas y sociales eficaces a los problemas enraizados de la inequidad mundial en materia de salud. 
Si se quiere abordar con seriedad este problema debemos partir de que la equidad en el ámbito de la salud no es únicamente una cuestión de ética. No tiene sentido confiar en la buena voluntad y las buenas intenciones precisamente de esas entidades países, empresas, instituciones y grupos sociales. 6 
Sólo podrá alcanzarse si se da voz y poder a quienes en este momento no pueden opinar y carecen de acceso a los sistemas políticos y a las estructuras económicas. Esto puede lograrse por medio de las muchas formas de participación ciudadana y democrática en la administración de los sistemas de salud pública. 6
Los derechos inalienables del ser humano tanto a la salud, la educación, a la libertad, la religiosidad entre muchos otros se deben dar en un clima de respeto a la persona, y como una respuesta certera a sus necesidades más crecientes, todo lo cual propicia una “vida” digna.

La mayoría de las polémicas sobre el concepto de “vida” tratan sobre la vida biológica y no sobre la vida psíquica, social ni ética del hombre. Lo mismo sucede con el concepto de “muerte”. Otro tanto sucede con el concepto del consentimiento informado, que se usa de forma genérica y abstracta, al suponer que quien decide entendió la información, y que para él tiene el mismo sentido personal, técnico y moral que posee para quienes se la suministraron. También ocurre con el concepto de desarrollo y sus múltiples interpretaciones. Estos ejemplos evidencian la crisis de la conceptualización que propicia una “polémica entre sordos” en el mundo del conocimiento médico y de la salud y en el de la ética, al inicio del nuevo milenio. 7

El concepto calidad de vida que es utilizado en relación con la salud, la justicia y la ética, ha sido estructurado teniendo en cuenta los aportes de varias disciplinas de contenidos muy diferentes. En su esencia está el carácter valorativo, contextual e histórico al que debe atenerse, así como su fidelidad a los valores humanos que constituyan expresión de progreso social y respeto a una individualidad en que se armonicen necesidades individuales y sociales. Partiendo de estas exigencias, la utilización del concepto calidad de vida permitirá valorar las condiciones de vida de las personas y comunidades, para poder estimar el grado de progreso alcanzado y seleccionar las formas de interacción humana y con el medio ambiente más adecuadas para acercarnos progresivamente a una existencia digna, saludable, libre, con equidad, moral y feliz. 7

Por su carácter integrador, el concepto calidad de vida permite armonizar la información obtenida por diversas disciplinas e investigaciones que se realizan con objetivos, metodología y técnicas diferentes. Además, en él se pueden incluir todas las enfermedades y manifestaciones que afecten la salud, constriñan la libertad y dañen la felicidad de las personas. Así como una actividad de promoción y prevención que no solo estén basadas en el temor a la enfermedad y a la muerte, sino en el placer y la motivación por la salud. Por tanto, satisface las exigencias de las más elaboradas definiciones de salud.

Las condiciones de vida estresantes que se hacen duraderas y dañan la calidad de vida, ya sean por situaciones externas (socioeconómicos) o internas (de personalidad), pueden afectar la regulación psicobiológica por las vías psico-neuro-vegetativas, que son utilizadas por las descargas emocionales y los estados afectivos negativos y duraderos, haciendo posible alteraciones bioquímicas, fisiológicas e inmunológicas que participan en la génesis de las enfermedades. Esta constituye la ruta del estrés en las enfermedades crónico-degenerativas, que han ido ascendiendo a los primeros lugares del cuadro de morbilidad, entre las que se destacan las cardiovasculares17 y el cáncer, en la medida en que la sociedad se ha hecho compleja y agitada a un ritmo mayor al que ha evolucionado la adaptación psicobiológica del hombre, después de mejorar la higiene y la nutrición.7

Nivel de vida, ignorancia e higiene, son componentes de la calidad de vida relacionados con las enfermedades infectocontagiosas; como también personalidad desequilibrada, frustración matrimonial y actividad laboral estresante, son componentes de la calidad de vida que debilitan la inmunocompetencia y por tanto, se relacionan con las enfermedades transmisibles.

Hoy es fácil entender que independientemente de la presencia en el medio de los agentes biológicos que causan las enfermedades de transmisión sexual, la probabilidad de contraerlas no es igual para todas las culturas y personas, pues las características de la personalidad y la concepción de la vida sexual que se tenga como parte de la calidad de vida, son factores fundamentales en la selección adecuada o no de la pareja, en los cambios de pareja y hasta en la determinación de la conducta promiscua, que actúan como factores de riesgo y pueden modificar la vulnerabilidad del sujeto ante estas enfermedades.9
El carácter valorativo del concepto calidad de vida lo enlaza a la ética y lo hace una herramienta útil para enfrentar los difíciles problemas técnicos, jurídicos y éticos que se generan alrededor de los conceptos de vida, de muerte, de consentimiento, de justicia sanitaria y hasta de enajenación. Por ejemplo, el consejo genético, la maternidad asistida, el ensañamiento terapéutico, la denominada muerte digna, la distribución de recursos y la protección del medio ambiente en salud .7, 9
Como parte de los afanes de la humanidad por lograr una calidad de vida optima y digna en este siglo se han creado distintas normas jurídicas o declaraciones institucionales nacionales e internacionales algunas de las cuales se relacionan a continuación: 10
· Constitución Europea (Art. II-61): “La dignidad humana es inviolable”
· Constitución Española (Art. 10.1): “Dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes”.
· Constitución Española (Art. 15): “Todos tienen derecho a la vida”.
· Declaración Universal de la UNESCO sobre El Genoma Humano y los Derechos Humanos de 1997 (Art. 2): “Cada individuo tiene derecho al respeto de su dignidad”.
· Convención de Derechos Humanos y Biomedicina de 1997 (Art. 1): “Las partes protegerán la dignidad de todo ser humano”.
· Protocolo Adicional a la Convención de Derechos Humanos y Biomedicina en relación a la Investigación Biomédica de 2005 (Art. 1): “Las partes protegerán la dignidad y la identidad de todos los seres humanos y garantizarán a cada uno, sin discriminación, el respeto a su integridad y otros derechos y libertades fundamentales en relación con cualquier investigación que implique intervenciones sobre seres humanos en el campo de la Biomedicina”.10

Pero la hora de establecer un diálogo bioético sobre la dignidad humana, no cabe duda que hay que tener en cuenta los procesos biológicos desde la doble perspectiva de lo que es el ser humano desde el punto de vista evolutivo como diferente a cualquier otra especie animal y lo que es el ser humano desde el punto de vista ontológico que abarca, no sólo desde la fecundación hasta el nacimiento, sino también durante el desarrollo extrauterino.
Un problema añadido a la cuestión es la identificación que se puede hacer o no entre “ser humano” y “persona”. Filósofos como P. Singer o T. Engelhardt no identifican necesariamente ser humano y persona. Existen múltiples acepciones del término “persona”: por ejemplo, “individuo de la especie humana”; “ser con dignidad”; “sujeto de derechos y obligaciones”, en términos jurídicos; “ser capaz de realizar elecciones morales”, en términos filosóficos kantianos (imperativo categórico); “ser imago Dei (Génesis)”, en términos cristianos; etc. 10
La otra cuestión es qué entendemos por dignidad, distinguiendo su valor intrínseco (como valor último, independiente de características personales) y su valor extrínseco como construcción sociocultural (idea de honor, estatuto social, aceptabilidad). En los seres humanos hay una dignidad básica moral que puede considerarse como un valor fundamental, intrínseco, de toda la humanidad que algunos autores consideran como un aspecto sustancial o como una “naturaleza” que todo ser humano posee por serlo. Por otro lado, los seres humanos tienen una dignidad personal individual o colectiva como reconocimiento intersubjetivo de una característica especial que le otorga un valor de reconocimiento público que conlleva a que el ser humano sea tratado con respeto y no sea tratado como animal o como cosa. 10
El hombre sigue siendo, en definitiva, una pregunta y un misterio profundo. Su grandeza , porque el preguntarse por su sentido distingue al hombre de las cosas inanimadas , que simplemente están ahí , y también de los animales que con sus instintos se adaptan inalterablemente a su entorno. La dignidad del hombre se basa en que es conciente de si mismo y en que es libre para dar una dirección a su vida.
Esta grandeza es , al mismo tiempo , la tarea del ser humano. Al hombre no solo le viene dada su vida , sino también encomendada , tiene que darle forma , tomarla en sus manos. Al ser del hombre no le es entregado el sentido de su ser directamente. Por eso el ser humano es una marcha hacia lo abierto y hacia lo invisible.11
Podemos ciertamente esquivar la pregunta por el sentido de la vida, rehuirla o despacharla como incontestable. Para esto hay muchas posibilidades: Sumergirnos en el trabajo, en la diversión, en el consumo, en la sexualidad, en el placer, en el alcohol y en el uso de las drogas. Pero con esta actitud solo conseguimos engañarnos. Con tales intentos de evasión huimos de nosotros mismos. 11
El ser humano es una pregunta que forma parte de nuestra dignidad como hombres. Si el hombre no se hubiera planteado la pregunta acerca de sí mismo, solo habría llegado a ser un animal ingenioso. Así, pues, debemos inevitablemente afrontar la pregunta: ¿ Que es el hombre? ¿Quien soy yo? ¿De donde venimos? ¿A donde vamos? ¿Para que estamos en la tierra? 11
Cuando para el individuo la vida tiene un sentido, éste es capaz de movilizarse, de transformarse haciendo aflorar sus capacidades, muchas veces inimaginadas; la búsqueda y reafirmación de ese sentido constituye un reto importante al que se enfrenta esta persona y que delimita su quehacer presente y futuro.
“Quien pregunta cuál es el sentido de la vida, pregunta en esencia qué valor tiene la vida”, es decir si vale la pena vivir o no. Hay quienes consideran que la muerte es el principal estímulo a la meditación sobre el sentido de la vida, se medita sobre esto cuando nos encontramos ante la inminente amenaza de la muerte o ante el fallecimiento de un ser querido. Sin embargo, si consideramos el fundamento de la pregunta ¿Vale la pena vivir?, en el cuadro de la vida individual, como sistema de referencia de las valoraciones generales, comprobaremos que no sólo la sugiere la muerte que, con su inevitabilidad , pone entre paréntesis todo esfuerzo y todo recurso humano. También el sufrimiento físico o moral, especialmente cuando es inmerecido, sugiere la pregunta: ¿”vale la pena vivir?” ¿qué motivos daremos para la respuesta, a fin de que ésta logre convencer también a otras personas? 2
En la respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida no se trata de comprobar la verdad o falsedad de ciertas afirmaciones, sino de formular apreciaciones y valoraciones en torno a la respuesta dada, es por eso que decimos que en la base del análisis de este problema se encuentra una fundamentación axiológica . 2
Los grandes logros de la humanidad pueden apreciarse como resultado de las búsquedas de sus actores, donde ha habido un propósito o ideal que ha logrado movilizar parte de ese potencial que todos tenemos, pero que pocas veces utilizamos cabalmente.
Vemos entonces cómo la vida con ausencia de sentido nos hace susceptibles a problemas físicos, mentales y espirituales y hace que utilicemos menos de nuestro potencial creador.
Cada persona encierra un mundo en sí, y la realidad en que vive agrega nuevas complejidades a ese proceso, nuevas exigencias que son fuente de nuevas conductas y motivaciones. “El desarrollo de las motivaciones no sólo depende de las necesidades innatas del individuo, sino también de la actividad que realice en su vida, de la comunicación con otras personas y sobre todo, del proceso educativo y socializador que transmite al individuo nuevas realidades y necesidades. Por eso, la necesidad de ser útil y feliz en la vida y la forma de lograrlo, no está presente en nosotros desde el nacimiento, porque aunque instintivamente evitamos el dolor y buscamos el placer, ello no es suficiente para dar una magnitud mayor a la felicidad, tal como ser útiles a los demás. Ello sólo se adquiere en un proceso de aprendizaje social arduo y complejo. 2,12 
En este proceso la persona llega a establecerse una valoración sobre su propia existencia, la cual adquiere diferentes niveles, como la opinión acerca de su propia vida, las posibilidades que tiene.
Por ultimo un elemento trascendental que le da sentido a la vida y motor para construir un futuro personal y social es la claridad de las metas que desean alcanzar y a su vez han de convertirse estas en punto de partida. 
El ser humano es un misterio: ansia aquello que no puede alcanzar, pretende hacer ilimitado lo que se le escapa entre las manos, le gustaría poder lo que se cierne en su vida como inevitable .Al final parece que todos sus esfuerzos y aspiraciones se vuelven vanos ante la realidad incontrovertible de la muerte, que convierte todo lo vivido en “Agua derramada en la tierra.”.11
Pero sin lugar a dudas posee toda la riqueza y la fuerza invencible para hacer realidad el precepto de que un mundo mejor es posible.
Hijos míos, salid al mundo
Con las antorchas en las manos
Colgad lámparas
En los muros de las noches
Donde hay hogueras 
Poned manantiales
Donde se forjen espadas 
Plantad rosales.
Transformad en jardines los campos de batalla.
Abrid surcos y sembrad amor.
Plantad banderas de libertad
en la patria de la pobreza.
Y anunciad que llega pronto
La era del amor, de la alegría 
Y de la Paz.

San Francisco de Asís.

CONCLUSIONES
· La equidad en el ámbito de la salud se encuentra en una “nueva bioética” que verdaderamente tenga como presupuesto la posibilidad de acceso para todos a la salud y a otros bienes que son indispensables a la humanidad en el mundo contemporáneo.
· Esta bioética de Intervención o bioética dura es sustentada por el principio del “utilitarismo “, que consiste en el mayor bien para el mayor número de personas.
· Toda persona durante el transcurso de la vida goza de un valor o dignidad intrínseca e infinita. En ella se fundamenta la moral, que no es otra cosa que el respeto y la promoción de esa dignidad. 
· Existen normas jurídicas que contemplan el respeto a la dignidad humana y su integridad, sin embargo son violentadas de muchas maneras.
· El sentido de la vida está influenciado por el sistema de valores que motivan la conducta del hombre, sus actos, su responsabilidad, sus metas y sus triunfos.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
1.- Beltrán Hernández J., Trujillo Rexach M. E. “Contribución al estudio de los nuevos retos de la bioética.” UNIV DIAG 2002;2(2):25-9. Disponible en L. Betera. PDF. Infomed.
2.- Colectivo de Autores. Lecturas de filosofía, salud y sociedad.(4) -33 Ed. Ciencias Médicas, La Habana, 2000.
3.- De Simone G.G. Acta de Bioética; Continuación de Cuadernos del Programa Regional de Bioética OPS/OMS. Año IV – Nro 1, (47) ISSN 0717-5906
4.- Castañeda A J. La dignidad de la persona humana. Monografía Centro de Bioética, Juan Pablo II Cuba, 2004.
5.- Garrafa V., Machado do Prado M. Una bioética de intervención: lo mejor para la mayoría. En: Perspectivas de Salud. Rev. OPS, Vol. 7, Nro 1, 2002.
6.- Almeida Filho N., Kawachi I. ¿Una nueva bioética … o “ biopolítica ”? En: Perspectivas de Salud. Rev. OPS, Vol. 7, Nro 1, 2002.
7.- González Pérez U. El concepto de calidad de vida y la evolución de los paradigmas de las ciencias de la salud. En: Rev. Cubana Salud Publica 2002; 28 (2). Disponible en INFOMED.
8.- Couso Seoane C., Zamora Anglada M., La bioética y los problemas del adulto mayor. En Medisan 1998:2 (3) : 30-35.ISCM H. FAC. No.2.
9.- Ruiz Retegui. Valor de la vida biológica. Biblioteca Católica Digital. 2005. Disponible en: Internet : www. Bioeticaweb.com.
10.-Lacadena JR. , Ser humano, persona, dignidad biología y humanidad: hominización y humanización parte 2: Humanización. Centro de Bioética Juan Pablo II. Cuba.2005.
11.- Duque Sánchez F., Iniesta Calvo- Zatarain J. Revelación y Fe. Instituto. (1), 13. Internacional de Teología a distancia. Segunda Ed. Marzo 2004.
12.- González Menéndez R.. Lo espiritual en el contexto de la relación profesional del equipo de salud . Rev Cubana Educ Med Super v.18 n.1 Ciudad de La Habana ene.-mar. 2004

INSTITUTO SUPERIOR DE CIENCIAS MÉDICAS DE LA HABANA
FACULTAD CALIXTO GARCÍA IÑIGUEZ

AUTORES
Dr. Javier A. Molina López.
Especialista 1er Grado de Medicina General Integral
Prof. Instructor de Medicina General Integral.
Diplomado en Educación Médica Superior.
e-mail: javier.molina@infomed.sld.cu

Lic. Heriberto Rey García Álvarez
Lic. Idioma Ingles
Profesor Auxiliar Facultad Calixto García
e-mail:heribo@infomed.sld.cu

Dra. Yanay Santos
Especialista 1er Grado de Medicina General Integral
Residente 1er año de Oftalmología
Dra. Dalis Diago Caballero
Especialista 1er grado de Medicina Interna
Profesora instructor de Medicina General Integral

PROBLEMAS SOCIALES DE LAS CIENCIAS y la tecnología.
Enero
2006

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Contactar mailto:dalis@infomed.sld.cu


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Publicado Monday 20 de February de 2006

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