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El proceso de la lectura. Mecanismo de realización. Premisas para su adquisición.
Resumen: En este artículo se presenta un análisis de cómo se concibe la lectura como proceso desde el nacimiento del niño y aquellos mecanismos anátomo - fisiológicos que lo hacen posible, se presentan además, de manera sintética las premisas que hacen posible la adquisición y desarrollo de tan importante proceso.
Publicación enviada por DrC: Onaida Calzadilla González
En este artículo se presenta un análisis de cómo se concibe la lectura como proceso desde el nacimiento del niño y aquellos mecanismos anátomo - fisiológicos que lo hacen posible, se presentan además, de manera sintética las premisas que hacen posible la adquisición y desarrollo de tan importante proceso.
En la edad temprana el niño adquiere conocimientos a través de las relaciones emocionales con el adulto y de la manipulación de objeto. En el resto de la etapa preescolar en la participación en juegos de roles donde imita también acciones de lectura y escritura, en las que sigue el ejemplo de adultos o niños mayores que utilizan la lengua escrita. La experiencia pedagógica ha demostrado como el pequeño utiliza su conocimiento previo sobre el tema, información no visual, para aportar un significado a lo “leído”, y busca un sentido a lo que ve aunque no se corresponda con la decodificación.
Según Cooper, Smith y Solé (1996) el futuro lector recibe información de la letra impresa y del resto de los elementos que la acompañan en el texto como son: la disposición gráfica, la compaginación de dibujos, y fotografías entre otros, que informan al niño del contenido de los textos y los preparan para interpretar una determinada información.
Cuando se evita la práctica de la lengua escrita en la etapa preescolar en espera de un momento adecuado se desconoce que el niño pequeño también puede ser un ²lector activo², que vive en un mundo lleno de imágenes y escritos que trata de interpretar a través de los contactos que tiene con los adultos y niños mayores.
Por “lector activo” en este estudio se refiere a la capacidad que tiene el niño pequeño para leer en los gestos, en la entonación de la voz, en las imágenes gráficas e incluso de algunas palabras escritas que se mantienen de manera sistemática en su entorno, que rechaza o acepta proposiciones a partir de las hipótesis que se crea de un texto, e identifica si es un periódico, revista, libro de cuentos o de poesía.
A partir de las experiencias en el medio el niño empieza a construir hipótesis sobre el uso de la lengua escrita, hace como si escribiera y leyera, y atribuye significado al garabateo. Este contacto con el material escrito le permite realizar interpretaciones y llegar a conclusiones de carácter hipotético de gran valor para asimilar la lectura. Esta es la etapa de Preparación para la lectura, que según Sipay. J. (1990) se extiende desde el nacimiento hasta el inicio de la instrucción formal.
En la etapa se considera la presencia de condiciones previas, premisas o factores para el aprendizaje de la lectura y es reflejada en la obra de diferentes autores, entre ellos encontramos:
Bravo (1984) quien plantea que “[...] el niño puede moverse con mayor destreza, percibir, y reconocer imágenes y sonidos, escuchar y expresarse oralmente, establecer relaciones espaciales y verbales, hacer comparaciones, establecer categorías, retener y recordar la información. Todos y cada uno de estos procesos son el resultado de una lenta maduración que comienza durante los meses de gestación y se prolonga durante la etapa preescolar hasta que se encuentra frente al primer silabario en el primer año de la escuela básica. Ellos son procesos básicos para el aprendizaje lector [...]” .
El autor considera estas condiciones previas para el aprendizaje de la lectura como procesos básicos que inician la formación desde el vientre materno y explicita de manera precisa todas las acciones y operaciones que intervienen en la formación de la habilidad lectora.
Figueredo (1986) plantea la existencia de premisas para el aprendizaje de la lecto - escritura, dentro de ellas reconoce las de carácter anatomofisiológica, psicológica y sociales. Este autor precisa los factores que inciden en el desarrollo y funcionamiento óptimo del lenguaje escrito como son: el lenguaje oral; la gnosis óptico – espacial; la motricidad fina manual y ocular; la función reguladora y planificadora del córtex frontal y el sistema de enseñanza establecido.
El conjunto de elementos expuestos por Figueredo es de indiscutible valor para la realización de la lectura, no obstante, se debe señalar que en su análisis no incluye en el componente motor, la motricidad articulatoria, ni tampoco enuncia otro de los factores que inciden de manera significativa en este proceso y que está estrechamente relacionado con el anterior: la audición fonemática.
El proceso de la lectura ocurre a partir del funcionamiento de un mecanismo que integra componentes psicológicos, lingüísticos y neurológicos que permiten su ejecución. Las acciones y operaciones que conforman los componentes de este mecanismo se forman y desarrollan en el período comprendido desde el nacimiento del niño hasta la edad escolar en un proceso de interacción con el medio. En este estudio se asumen como premisas por ser la base del aprendizaje de la lectura. Por tanto las premisas del aprendizaje de la lectura son el conjunto de acciones y operaciones que constituyen condiciones previas para dicho proceso.
Los investigadores ven el acto de leer desde dos puntos de vista. Unos lo consideran como la decodificación e interpretación del lenguaje escrito de una forma rápida y eficiente, que tiene en cuenta la técnica y la comprensión Gray (1958) , López Rubio (1994) García Alzola (1971) y Mañalich (1980) ; otros que valoran la lectura como una interpretación de signos escritos dónde se debe encontrar la idea que simboliza la palabra, entre ellos Foucambert (1991) y B. De Braslavsky (1995) . Esta última forma de ver la lectura, da prioridad al componente semántico ya que el mismo propicia el desarrollo del aspecto técnico. Por lo que se resume planteando que la habilidad lectora está formada por acciones para el reconocimiento de palabras y de comprensión.
La autora de este trabajo adopta la concepción de que leer es un proceso de interpretación, de aprehensión de las ideas trasmitidas por un emisor en el que resulta determinante la experiencia del receptor pues esta entorpece o facilita la comprensión del mensaje.
Esta concepción considera la lectura como un proceso interactivo, que ocurre tanto en la lectura de un texto como en la lectura de otros sistemas simbólicos. Al leer un texto se parte de la experiencia lingüística la que se integra a una estructura sintáctica con significado cultural. Al leer los movimientos, la expresión del rostro, lo que representa un dibujo o una imagen, también se parte de la experiencia vivida que se almacena en la memoria de larga duración con un significado cultural. Esta variante de lectura condiciona el aprendizaje de la lectura de textos escritos.
Otro de los argumentos consiste en considerar que el proceso de la lectura de textos ocurre con la participación de los analizadores visual, auditivo verbal, motor verbal y de elementos motivacionales que son la base del mecanismo de la lectura, para ello se parte del criterio expuesto por Tsvietkova (1985) cuando plantea que el proceso lector cuenta de dos momentos o niveles: el sensomotor y el semántico.
El nivel sensomotor asegura la parte técnica de la lectura y ocurre de la manera siguiente: se percibe el complejo de letras y se analiza su significado acústico convencional a partir de establecer la relación sonido– letra que se fusionan en sílabas para formar palabras. Se obtiene la imagen acústico-articulatoria de la palabra a través de su imagen visual una vez que se corrobora en la memoria operativa.
El nivel semántico, permite la comprensión del significado y sentido de la información a través de los códigos semánticos, sintácticos y gramaticales.
El análisis de los conceptos, condiciones previas y el mecanismo de lectura ha permitido definir la lectura temprana como el proceso de significaciones que realiza el niño de cero a tres años de edad, en la decodificación e interpretación del conjunto de símbolos y signos que aparecen en el proceso en el proceso de comunicación emocional y en la manipulación de objetos, con el tránsito del nivel semántico al nivel sensomotor.
En el proceso de teorización para llegar a delimitar cuáles son las premisas para el aprendizaje de la lectura se parte de reconocer las premisas o condiciones previas aportadas por Bravo y Figueredo, la percepción visual, auditiva y el lenguaje oral y se aportan como nuevas premisas para esta edad; entre ellas se encuentran: el uso del símbolo, la motricidad general, la orientación temporo – espacial y la motivación hacia la lectura, las cuales se explican brevemente.
La percepción visual, es elemento inicial en el proceso lector y permite la realización del análisis perceptivo visual de las palabras.
La percepción del estímulo visual constituye un proceso desencadenante de asociaciones visuales y auditivas y de síntesis simultáneas, en el cual los aspectos fonológicos son el puente entre la percepción visual de las letras y su significado verbal. El estímulo visual activa la memoria visual la que conduce al reconocimiento semántico y sintáctico del texto escrito dentro del contexto lingüístico personal.
La percepción auditiva, el proceso psicológico de la lectura se considera que lo integra un circuito de doble entrada sensorial. Un estímulo de origen visual por el que ingresan letras y palabras escritas y otro de origen auditivo que activa de manera automática el reconocimiento por la memoria auditiva de la secuencia de fonemas que componen las palabras.
Se comparte con Kavale (1981) que los procesos perceptivos auditivos tienen lugar a partir de diferentes habilidades perceptuales que inciden en gran medida en el aprendizaje lector normal y en el origen del retardo lector. Entro estas habilidades se encuentran la discriminación auditiva, la segmentación y recodificación auditiva y la memoria auditiva, habilidades que aseguran la decodificación y aprehensión del significado.
El análisis de la influencia de esta premisa en la adquisición del lenguaje escrito debe realizarse a partir de la interacción con la percepción visual y el lenguaje oral por lo indisoluble que resulta su funcionamiento.
El uso del símbolo, es condición indispensable para el aprendizaje de la lectura pues permite establecer relaciones entre el significado y el significante. El mismo es resultado del desarrollo de la función simbólica de la conciencia.
El desarrollo de la lengua escrita en el niño transita por dos etapas. La primera es la del simbolismo de primer orden (ideografía), donde a partir del gesto, el dibujo y el garabato se expresan ideas, ocurre así una relación directa e inmediata entre la idea y el signo gráfico. La segunda etapa, es la del simbolismo de segundo orden, la cual ocurre a partir de un sistema de símbolos y signos que remiten a otro sistema de símbolos y signos. Ocurre aquí una relación indirecta y mediata, en ella el signo gráfico representa al sonido el cual a su vez es signo de la idea. Para Vigotsky, (1934) el secreto de la enseñanza de la lengua escrita está en la preparación y organización del complejo proceso de transición de un simbolismo a otro.
La motricidad general, comprende tanto la gruesa como la fina. La decodificación de los signos gráficos requiere de la puesta en funcionamiento de un conjunto de automatismos motores y se inicia con la ejecución de movimientos finos coordinados de la musculatura ocular que permiten la acomodación del cristalino cuando se desea dirigir la mirada hacia una determinada parte del texto. Los movimientos oculares aseguran que se compruebe lo leído (mecanismo de comprobación) y que el lector se anticipe a las ideas trasmitidas por el autor (mecanismo de hipótesis).
La decodificación de los signos gráficos en sus correspondientes sonidos, tiene lugar a partir de la selección del articulema que forma cada sonido de la palabra el que ocurre cuando se activan las áreas corticales del analizador auditivo y se establecen, según Blinkov , conexiones en forma de V entre el analizador auditivo verbal y motor verbal que permiten comparar los estereotipos fonéticos con los fonemáticos y con ello un mejor acceso a la comprensión de lo leído.
La orientación temporo – espacial, en el proceso lector facilita la decodificación de estímulos seriados en el tiempo de manera equivalente a la secuencia temporal del lenguaje hablado. Para que el niño aprenda a leer debe ser capaz de integrar la estimulación espacial percibida en las palabras con los fonemas que aparecen secuenciados temporalmente para poder pronunciarlos, de no lograrse este funcionamiento se afectara el ritmo de la lectura.
La percepción del ordenamiento temporal requiere que primero se identifiquen los estímulos que componen la secuencia y luego, que se distinga el orden en el cual se presentan para integrar una serie con significados. Permite al lector la ubicación en el tiempo histórico con la identificación del momento narrado y su época.
El lenguaje oral, constituye un elemento importante para el aprendizaje de la lectura. Cuando este se desarrolla dentro de los parámetros de la norma, permite al niño utilizar estrategias que faciliten la memorización de letras y palabras y su evocación.
Un buen desarrollo del lenguaje oral, favorece la formación de habilidades para acceder a los componentes semánticos de los estímulos gráficos, al relacionarlos con su sonido, facilita el análisis de la estructura fonética del habla y el empleo de los usos sintácticos que se necesitan para el reconocimiento y la producción de palabras habladas y escritas.
La motivación hacia la lectura, como eslabón inicial para la realización del proceso lector, constituye al igual que en el lenguaje oral, la primera condición para que se realice. Para lograr el desarrollo de esta premisa en la edad temprana, se debe partir de la narración de cuentos, los que se seleccionan a partir de los intereses de la edad y las características del medio, de manera paulatina se irán cambiando por otros que amplíen sus gustos y preferencias. Otras de las vías a emplear son los juegos de expresión, las dramatizaciones, el dibujo y el modelado, las canciones (las nanas) y los versos que se trasmiten oralmente que “adquieren una resonancia psicoafectiva difíciles de valorar” . Estas constituyen las primeras aproximaciones al texto oral, al texto icónico, como paso previo al texto escrito.
Según Salazar, M. (1998) se debe considerar el aspecto motivacional como un elemento reforzador en la aparición y consolidación de los trastornos en la lectura. En la medida que el niño fracasa en el aprendizaje disminuye su motivación por la actividad y aparece consecuentemente el descenso del esfuerzo y la activación cognoscitiva, lo que se convierte en otro obstáculo para el éxito del aprendizaje.
Una vez valorada la participación de cada una de las premisas en el proceso lector, resulta necesario analizar cómo se forman en el niño aquellas que son más generalizadoras, que encierran en sí a otras.
Desarrollo de las premisas para la adquisición de la lectura en el niño.
Desarrollo perceptual del niño.
En el momento del nacimiento los órganos de los sentidos son funcionales, o sea, el niño es capaz de captar la información del medio que le rodea. El recién nacido sigue un objeto con la vista cuando se desplaza lentamente por su campo visual, sus movimientos oculares son en sacudidas breves y logran la continuidad del movimiento aproximadamente a los dos meses de vida. La agudeza visual es relativamente pobre y mejora en poco tiempo, el cristalino puede acomodarse en función de la distancia a la que se encuentre el objeto y alcanzan valores semejantes a los de los adultos antes de los seis meses.
El movimiento de la cabeza hacia donde se produce un sonido, confirma la coordinación intersensorial en el recién nacido. Los niños ven el mundo en color, y enmarcados en categorías tal y como las perciben los adultos. En las primeras semanas de nacido, el niño tiende a concentrar la mirada en los contornos de los objetos, el efecto de externalidad. Después de los dos meses se incrementa la exploración de los rasgos internos de los estímulos, para la estimulación en esa etapa resultaría conveniente colocar imágenes estáticas.
Entre la tercera y la quinta semana aumenta la concentración visual y el interés por objetos y el rostro humano debido a una necesidad especial, la de nuevas impresiones, cambiando su conducta y el carácter de las vivencias emocionales.
Entre los tres y cuatro meses el desarrollo de la percepción de los niños les permite captar el todo y las partes, pueden explorar los objetos de forma sistemática y reconocerlos a pesar de su cambio de orientación.
Con relación a la audición se ha podido constatar que los niños responden a los sonidos, incluso antes del nacimiento, a través de movimientos en el claustro materno cuando reciben sonidos de elevada intensidad. El bebé recién nacido es sensible a la intensidad del sonido, presta interés a la frecuencia de la voz humana. A los dos meses las discriminaciones son tan finas, que puede diferenciar /ma/ y /na/, /ba/ y /da/, discriminan también sonidos musicales. Estos datos se han confirmado en investigaciones realizadas a través de la colocación de electrodos para valorar la especialización de los hemisferios cerebrales (Aslin, Pisono y Jusczyk, 1983)
Las investigaciones de Mc. Caffey (1995) plantean que alrededor de las cuatro semanas ocurre la discriminación de sonidos y del perfil de entonación .
Para L. S. Vigotsky (1972) “[...] en la edad temprana resulta característico el desarrollo dominante de la percepción. Todos los procesos y funciones psíquicas, la memoria, la atención, el pensamiento, las emociones, etc. se realizan a través de la percepción. La memoria se manifieste en forma de reconocimiento, al funcionar en la medida de la actividad perceptual; el pensamiento tiene carácter concreto activo, se realiza también en los límites de lo percibido, se aprecia cuando el niño se alegra o se entristece con lo percibido [...]”.
Desarrollo del simbolismo en el niño
Los niños pequeños dominan muy pronto los sistemas de símbolos, como el lenguaje y las formas estéticas. Según H. Garner (1993) en la etapa preescolar se distinguen dos etapas importantes, una sensoriomotriz, como la denominara Piaget, en los dieciocho primeros meses de vida y la etapa de “símbolo”, en los restantes años de la etapa preescolar.
Los semiólogos consideran, que el niño tiene que llegar a dominar tres aspectos centrales del sistema simbólico: la sintaxis, la semántica y la pragmática. La sintaxis del sistema, son las reglas que rigen la ordenación y organización del sistema simbólico. La semántica implica reconocer los significados explícitos o las denotaciones de los símbolos, la relación entre los símbolos y los objetos y las ideas o referentes de los símbolos. La pragmática, implica dominar los usos, funciones y las razones que lo involucran en un contexto dado.
En el niño pequeño el juego simbólico constituye una forma primaria del uso del símbolo, en él asume papeles al tomar un objeto y ejecutar acciones a partir de una representación. Cuando el niño finge que toma líquido en una taza vacía es una forma vital de “metarrepresentación”, es importante que el resto de los niños comprendan la acción representada. La simbolización en el niño pequeño, también se aprecia en el dibujo, el modelado, la construcción con bloques, en los gestos, al bailar, entre otras.
Como resultado de las investigaciones del “Proyecto Zero”, Garner (1993) plantea que el desarrollo simbólico del niño atraviesa por diferentes etapas .
La primera de ellas nombrada “estructuración de acontecimientos o de rol”, ocurre entre los dieciocho meses y los tres años de edad. En ella el niño capta en los símbolos el conocimiento de las acciones, los objetos y sus secuencias. Su origen está en el lenguaje, sobre todo en aquel que tiene lugar dentro del juego simbólico.
La segunda etapa se produce alrededor de los tres años de edad, llamada de “trazado topológico”, en ella el símbolo capta ciertas relaciones dominantes de tamaño o formas sacadas del campo de referencia, el trazado alcanza representaciones bidimensionales y tridimensionales, que se aprecia cuando el niño capta las relaciones espaciales, cuando construye con bloques y coloca uno como techo, cuando crea el final de un cuento y cuando tararea una canción a partir de la elaboración del contorno final.
La tercera etapa ocurre alrededor de los cuatro años de edad, cuando el trazado topológico capta las relaciones generales espaciales y aparece el “trazado digital”. Se aprecia la asimilación de la cantidad y las relaciones numéricas, el niño puede enumerar un pequeño grupo de objetos y apreciar lo que hay de común entre ellos.
La última etapa en la simbolización entre los cinco y seis años de edad, la “simbolización notacional” o de “segundo orden”, en la cual el niño recurre a esquemas que puedan ayudarle a recordar, inventa un sistema para contar y dibuja objetos que le recuerdan acciones que debe ejecutar.
Desarrollo del lenguaje
Al nacer el niño posee ciertas aptitudes o predisposiciones potenciales para la actividad lingüística, es decir, existe un fundamento biológico cuyo valor no se debe descartar, el que unido a la actividad cognoscitiva y pragmática del niño en su entorno y de la acción de este sobre él, constituyen factores decisivos para la adquisición del lenguaje.
En los primeros meses de nacido el niño establece un código de comunicación con el adulto, a través del llanto y la agitación motora, señales comunicativas que muy pronto la madre decodifica. Él capta con sentido comunicativo las expresiones del rostro, las modulaciones de la voz y el contacto que establecen con su cuerpo.
El proceso de comunicación inicia desde los primeros meses de vida, con el período pre – lingüístico, cuando el niño asimila y elabora el material sonoro del entorno. Las primeras emisiones son de carácter reflejo y de contenido instintivo, el juego vocálico característico del segundo mes se realiza a través de modulaciones y variaciones de la intensidad. Entre los tres o cuatro meses, el niño gira la cabeza en dirección al sonido y a los seis meses inicia el laleo, que se caracteriza por la emisión de vocales y consonantes poco definidas, y se establece un circuito activo de retroalimentación en el que el niño imita sus propios sonidos.
En el período pre - lingüístico se ha registrado una fase musical entre los cuatro y doce meses, en la que el niño capta la melodía de la frase, su entonación y acento, aún cuando está lejos de comprender su significado. Esto evidencia el empleo del elemento melódico en el aprendizaje del lenguaje.
La adquisición de fonemas con valores permanentes reafirma la idea de que el niño ha sido capaz de hacer una discriminación auditiva más selectiva que en las etapas anteriores. De manera general se considera que el niño primero emite sonidos vocálicos seguidos de consonantes bilabiales, velares y dentales, a partir del dominio progresivo de las zonas orales.
La adquisición del lenguaje presupone la asimilación lenta de mecanismos desde el estadio pre - lingüístico hasta el lingüístico. En este proceso ocurre primero la interiorización de patrones o estereotipos fonemáticos y posteriormente de palabras (estereotipo motor verbal), e implica que tras un estímulo el sujeto sea capaz de oír, escuchar, identificar, reconocer, reproducir, comparar, aparear y ordenar.
M. Figueroa (1982) plantea que la adquisición de la lengua ocurre mediante un proceso global de aprendizaje activo, el cual abarca el desarrollo de aptitudes físicas y mentales en el que desempeña un papel relevante la actividad desplegada .
La etapa lingüística, se divide en el estadio pre – sintáctico (lenguaje analítico) y el sintáctico. En el primer estadio, el niño emite palabras con valor de enunciación completa, que es inseparable del contexto situacional concreto, con un predominio de la modalidad imperativa. Las relaciones que establece, originan ambigüedad en la comunicación y afectan la comprensión del interlocutor, aspecto que impulsa el desarrollo lingüístico.
En este período el niño adquiere la competencia fonológica. A partir de la modalidad imperativa elabora la indicativa, de la palabra acción pasa a la palabra nombre, ocurre el paso del valor volitivo – emocional, eminentemente pragmático al valor denominativo referencial, momento en el cual se adquiere la competencia léxico semántica.
El niño adquiere la competencia sintáctica lexical y de modo incipiente la sintáctica – morfológica. Competencias que permiten la adquisición de la competencia lingüística, así la palabra nombre da paso a la modalidad indicativa y a los procesos clasificatorios de generalización y particularización. Es la fase cuando el niño comienza a emplear frases de dos o tres palabras y más tarde de cuatro, es el segundo estadio, el sintáctico o de lenguaje analítico.
La formación y desarrollo de las premisas para el aprendizaje de la lectura ocurre en la interacción del niño con el medio, razón por la cual se analiza los principales logros y dificultades en el proceso de educación.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Apud. G. Fernández Pérez de Alejo, en La preparación de la familia para la estimulación temprana, p.2.
2. Apud. A. Legaspi. Pedagogía Preescolar, p.16. Documento que se editó en 1633 en Lezno (Polonia)
3. Ibid, p.16 – 17.
4. Apud. M. Domínguez Pino, F. Martínez Mendoza. Principales modelos pedagógicos de la educación preescolar, p. 65.
5. Apud. L. Venguer. Pedagogía de las capacidades, p. 12.
6. Apud. A. Legaspi. Ob. Cit, p. 25.
7. Cfr. J. A. Comenio. Didáctica Magna, p. 228.
8. Apud. M. Domínguez Pino, F. Martínez Mendoza.ob. cit, p. 66.
9. Apud. A. Legaspi. Ob. Cit, p.25.
10. Ibid, p. 32 – 33.
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14.---------------------. Lectura Correctiva y Remedial. Santiago de Chile: Editorial S.M, 1989.
AUTORA:
DrC: Onaida Calzadilla González. Prof. Auxiliar.
Instituto Superior Pedagógico “José de la Luz y caballero”
Holguín. Facultad de Educación Infantil.
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Publicado Thursday 13 de April de 2006
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