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Monografias | Desencanto, disolución y pluralización intensa

Desencanto, disolución y pluralización intensa

Resumen: La interpretación del mundo moderno y posmoderno desde la atalaya hermenéutica, entendida como nueva koiné o nuevo lenguaje común de la cultura contemporánea, se presenta con Gianni Vattimo, como horizonte analítico desde donde configura sus lecturas, apelando al fenómeno de la secularización -sobreproducción de significaciones-, a la caída de la narración metafísica universal de sentido y al nihilismo entendido como “la situación en la cual el hombre abandona el centro para dirigirse hacia la X”

Publicación enviada por Olver Bolivar Quijano Valencia




 


La interpretación del mundo moderno y posmoderno desde la atalaya hermenéutica, entendida como nueva koiné o nuevo lenguaje común de la cultura contemporánea, se presenta con Gianni Vattimo, como horizonte analítico desde donde configura sus lecturas, apelando al fenómeno de la secularización -sobreproducción de significaciones-, a la caída de la narración metafísica universal de sentido y al nihilismo entendido como “la situación en la cual el hombre abandona el centro para dirigirse hacia la X” (Vattimo,1998:23). G. Vattimo, conocido filósofo italiano y pensador de la posmodernidad, presenta una suerte de “lectura de los signos de los tiempos”, una “ontología de la actualidad” y por consiguiente una “ontología del declinar” como forma de estar en un mundo que hoy se nos presenta como multiplicidad irreductible de universos culturales, donde se erige “el ocaso de occidente” en tanto narrativa maestra, universal y por tanto totalitaria .

Sus apreciaciones se inscriben en el legado filosófico de Nietzsche y Heidegger, de donde toma aspectos sugerentes en el esfuerzo por interpretar el espíritu de nuestro tiempo. Es importante lo relacionado con la metafísica, el nihilismo y la secularización, claro está, en el contexto de una perspectiva desencantada de la modernidad. Así entonces, el ocaso de la metafísica o de la realidad ordenada racionalmente sobre el fundamento, tiene explicación en el hecho en que los metarrelatos o los “grandes cuentos” que daban legitimidad a la marcha histórica de la humanidad por el camino emancipatorio, cientifico y técnico, han perdido vigencia histórica y por tanto valor y “eficacia” en la orientación del presente-futuro. En palabras de Vattimo (1992:17), “los “grandes relatos”, aquellos que no se limitaban a legitimar en sentido narrativo una serie de hechos y comportamientos, sino que en la modernidad y bajo el empuje de una filosofía cientista han buscado una legitimación “absoluta” en la estructura metafísica del curso histórico, han perdido credibilidad”. Esto es lo que en la gramática de Vattimo se denomina el pensamiento “fuerte”, un pensamiento metafísico fundacional, unitario, omnicomprensivo y totalizante, que da cuenta del mundo y de la realidad en tanto se deje ordenar racionalmente; en contraposición al “pensamiento débil” concebido como “postmetafísico”, es decir “un tipo de pensamiento que rechaza las categorías fuertes, las legitimaciones omnicomprensivas y el modelo de objetividad “científica”. 

Asimismo, la secularización soportada en la fragmentación del sentido, en la caída de la narración metafísica universal de sentido o en la liberación y ampliación de la capacidad de significar el mundo, representa un elemento capital en el análisis del declive moderno, justamente por la verificación de que el mundo está habitado por una multiplicidad de universos culturales de gran complejidad, a los que en efecto, les asiste una multiplicidad generalizada de visiones de mundo o de formas de concebir y proporcionar sentido. Así, “no sólo en comparación con otros universos culturales (el Tercer Mundo por ejemplo), sino visto también desde dentro, occidente vive una situación explosiva, una pluralización que parece irrefrenable y que torna imposible concebir el mundo y la historia según puntos de vista unitarios” (Vattimo, 1990:80). En este sentido, se entiende también que la crisis actual de la concepción unitaria de la historia, la consiguiente crisis de la idea de progreso, y el fin de la modernidad, no son sólo eventos determinados pro transformaciones teóricas –por la criticas que ha sido objeto el historicismo decimonónico (idealista, positivista, marxista, etc.) en el plano de las ideas. Han ocurrido muchas cosas y muy diferentes: los llamados pueblos “primitivos”, colonizados por los europeos en nombre del recto derecho de la civilización “superior” y más evolucionada, se han revelado, volviendo problemática, de facto, una historia unitaria, centralizada. El ideal europeo de humanidad se ha ido desvelando como un ideal más entre otros, no necesariamente peores, que no puede, sin violencia, pretender erigirse en la verdadera esencia del hombre de todo hombre.(Vattimo,1990:77).

De esta forma, el nihilismo anunciado anteriormente como “la situación en la cual el hombre abandona el centro para dirigirse hacia la X”, hace alusión de una parte, a un proceso de “transvaloración de todos los valores”, una suerte de nadificación, donde “del ser como tal ya no queda nada”. Nihilismo es una palabra clave para entender la coyuntura postmoderna, la pérdida de confianza en la razón que la modernidad endiosó y su consiguiente estilo de vida y forma de humanidad. El nihilismo para Vattimo (1998:23) “atañe ante todo al ser mismo, aun cuando esto no se acentúe como para significar que el nihilismo atañe a algo más que “sencillamente” al hombre”. El fenómeno se mueve entre Nietzsche y Heidegger. Para el primero el asunto se resume en la muerte de Dios o en la “desvalorización de los valores supremos”; para el segundo se trata de la reducción del ser a valor, concretamente la transformación del valor de uso al valor de cambio. Así, el nihilismo no es presentado como la prefiguración catastrófica de nuestro tiempo, contrariamente cree Vattimo que se trata no de un enemigo adicional, sino de una posibilidad particular, en tanto “en efecto, a los hombres del siglo XX no les queda más que acostumbrarse a “convivir con la nada”, es decir a “existir sin neurosis en una situación donde no hay garantías ni certezas absolutas”. De aquí la tesis-programa según la cual “hoy, no es que no nos sentimos a gusto porque somos nihilistas, sino porque somos todavía muy poco nihilistas, porque no sabemos vivir hasta el fondo la experiencia de la disolución del ser”, es decir, porque tenemos todavía unas formas de nostalgia por las totalidades perdidas. 

No es tampoco un nihilismo fuerte, tendiente a edificar un nuevo absolutismo sobre los escombros de la metafísica, es decir, un nihilismo que sustituye la voluntad del hombre a la voluntad creadora de Dios. El de Vattimo es un nihilismo débil, liviano, que habiendo vivido hasta el fondo la experiencia de la disolución del ser, no tiene ni añoranzas por las antiguas certezas ni deseo de nuevas totalidades. De aquí su carácter constitutivamente postmoderno y consonante con el hombre de buen temperamento del que hablaba Nietzsche en la filosofía del amanecer, describiéndolo como un individuo libre de resentimiento, privado “del tono gruñón y del emperro: las notas molestosas de los perros y de los hombres envejecidos bajo una cadena”. En síntesis, para Vattimo (1992:194), siguiendo a Nietzsche, el nihilismo es descrito precisamente en términos de desencanto: el hombre europeo, mediante la racionalización de la existencia social, hecha posible por la moral, la metafísica y la religión –o sea por la creencia en Dios, en el orden objetivo del mundo, etc- , ha llegado a ser capaz de percibir el carácter ficticio propio de la moral, de la religión y de la metafísica”

En contraposición con algunos críticos de la postmodernidad, para quienes este fenómeno constituye una moda pasajera y un elemento central en la retórica extravagante de nuestro tiempo, Vattimo considera que el término y el fenómeno posmoderno sí tiene sentido y se expresa de una parte, en el hecho de que en alguno de sus aspectos esenciales, la modernidad ha concluido, y de otra con la presencia de la sociedad de la comunicación generalizada, no una sociedad “iluminada” y transparente, sino ante todo, caracterizada por la complejidad y el caos relativo, considerados a su vez, como los loci de nuestras esperanzas de emancipación. 

Para Vattimo, el desencanto se presenta como la característica central de la modernidad, desencanto fundado en la imposibilidad de identificar la magia y erótica del mundo de la vida, eclipsadas por el imperativo de la razón y su consecuente tecnificación y cientifización del paisaje socio-cultural. El desencanto que otros conciben como inherente a la posmodernidad en tanto decepción de la potencia y promesa de realización humana de la modernidad, es para Vattimo, un elemento caracterial de la modernidad, en tanto a pesar de la superación de la edad de la fe por la edad de la razón –desmagicalización del mundo de la vida-, éste se presenta a su vez, como un mundo desencantado y expuesto a la extrema calculabilidad, de donde se desprende una articulación sofisticada del dominio y una suerte de prefiguración catastrófica de occidente. Es lo que Vattimo ha postulado como el “ocaso de occidente”, dado que en verdad, no existe un centro alrededor del cual se reúnen y ordenan los acontecimientos, occidente no representa el lugar de la civilización, la historia no tiene curso unitario -no hay una historia única-, y la racionalización no es más que una forma de introducir sentido. De esta manera, “el hombre moderno se ha desencantado al saber que el mundo no tiene significado “objetivo” sino que le toca al hombre “antes que nada crear el sentido objetivo y los enlaces del sentido, la conexión de la realidad, porque su conexión es la de crear tanto teórica como prácticamente el sentido (…). El desencanto es la toma de conciencia de que no hay estructuras, leyes, ni valores objetivos; de que todo eso es puesto, creado por el hombre (Vattimo,1992:188, 194).

En medio del desencanto moderno, configurado a partir de la verificación de que es “ilusorio pensar que haya un punto de vista supremo, comprensivo, capaz de unificar todos los restantes” , se destaca cómo cada sujeto significa el mundo, reconociendo la “(exclusiva) responsabilidad humana en la creación de sentido, y del hecho de que tal responsabilidad sea un derecho-deber del individuo. En este contexto, es claro como hoy nuestro tiempo enfrenta una explosión y multiplicación generalizada de Weltanschauungen: de visiones del mundo o una pluralización intensa , haciendo del ambiente y del mundo posmoderno, un chance de un nuevo modo de ser (quizás, al fin) humano (Vattimo, 1990:76,79,86,189). 

En tal dirección, es claro para Vattimo que el colonialismo y el imperialismo europeos en todas sus manifestaciones, han llegado a su fin, y enfrentan su crisis justamente por la liberación de las diferencias, y por el efecto emancipador de la liberación de las racionalidades locales, que suscitan el encuentro con otros mundos y otras formas de vida y de existencia en el seno de la denominada “multiplicidad de universos culturales”.

Entre las grandes implicaciones del desencanto moderno, Vattimo se interroga por la incidencia en el campo político y en la relación teoría-práctica. En el primer caso, y específicamente pensando en el presente-futuro de la izquierda, se pregunta si “lo que falta a la política, y en especial a la política de izquierda, ¿es una teoría fundada, capaz de dar fuerza y coherencia lógica a los programas de acción progresista?, preocupación basada en la pregunta por el rumbo de una izquierda que coquetea al liberalismo e intenta una “reapropiación “secularizada” de la herencia del pensamiento burgués”, y una izquierda que sin el reestablecimiento de los valores liberales, apela a una notable inyección de nihilismo, repensando de modo radical y refundamentandose en favor de la acción progresista.

En el segundo caso –la relación teoría-práctica-, Vattimo (1992:185,187)muestra cómo se ha padecido un proceso de transformación relacionado con la erosión tanto de la misma noción de “proyecto” teórico como de la noción de fundamentación. Significa que no se puede insistir en “forzar la teoría para legitimar las opciones políticas, incluso las más contingentes y técnicas. No obstante, se insiste en que “ni la traición al desencanto ni el fracaso del proyecto moderno obedecen principalmente a “defectos” de la teoría; por lo que tampoco la reasunción del proyecto o más una radical fidelidad al desencanto se pueden dar como “consecuencias” o “aplicaciones” de alguna teoría correcta. Se trata no sólo de aspectos o razones de tipo filosófico e intelectual, sino ante todo de circunstancias histórico-sociales que rebasan la capacidad explicativa de los presupuestos teóricos modernos e instalan y multiplican los centros de acopio e interpretación de los acontecimientos. 

En medio del desencanto moderno, el cual también es el desencanto democrático, Vattimo (1990:78) afirma que “junto con el fin del imperialismo y el colonialismo, otro gran factor ha venido a resultar determinante para la disolución de la idea de la historia y para el fin de la modernidad: se trata del advenimiento de la sociedad de la comunicación (…) una sociedad en la que los mass media desempeñan un papel determinante; éstos caracterizan tal sociedad no como una sociedad más “transparente”, más consciente de sí misma, más “iluminada”, sino como una sociedad más compleja y caótica; “caos” relativo donde residen nuestras esperanzas de emancipación.

Para Vattimo, este tipo de sociedad da cuenta del “mundo de culturas plurales” y del “régimen pluralistico de la sociedad compleja”, donde los mass media posibilitan la liberación de racionalidades locales, según él, por su carácter liberador y por la generación de la ampliación de sentidos, donde la capacidad de interpelación y de resistencia, parece no ser significativos, ni determinantes. En otras palabras, la “toma de la palabra por las minorías” es una producción, una derivación de los mass media, no una reconfiguración del mapa geopolítico y socio-cultural, agenciado por procesos de descolonización, emancipación, resistencia, investimiento e interpelación, instalados en diversos contextos. Así el “tufillo” poscolonial expresado por Vattimo especialmente en su obra la sociedad transparente, podría a pesar de sus aparentes proximidades con proyectos políticos populistas, socialdemócratas y de izquierda en varias latitudes, hacer parte del cúmulo de estrategias de reactualización del logocentrismo occidental, máxime si en verdad, no logra desprenderse de la matriz de un occidente solipcístico y omnicomprensivo. 

Es claro en este mismo sentido, cómo para Vattimo desde su lectura ligera y cool, el imperialismo y el colonialismo han llegado a su fin, afirmación movida por el imperio de la sociedad de la comunicación generalizada, la que es presentada como una máquina generadora de todo: sentidos, alteridades y diferencias. Es ingenua tal afirmación, en tanto, si bien el colonialismo visto como sistema de dominación política formal de unas sociedades sobre otras, tienen la apariencia de ser cosa del pasado, su espíritu esta en una multiplicidad de fenómenos coloniales o por lo menos en la colonialidad como modo más general de dominación en el mundo actual, la que continua a modo de “colonialidad global del proyecto neoliberal”. Asimismo, es absolutamente claro como hoy nos encontramos ante un poder imperial altamente concentrado y con localizaciones precisas, lo que se contrapone a las presunciones de Vattimo, quien al postular el ideal de la moderación y su valor en la construcción del orden, soslaya la actual reconfiguración del poder mundial y de sus prácticas imperiales.

La lectura sugerida por Vattimo en el marco de la hermenéutica como idioma común de la cultura contemporánea y de la postmodernidad que según él recorre el mundo, en efecto muestra de una parte, el desencanto de la modernidad y de otro, las esperanzas emancipatorias propias de la posmodernidad, las que paradójicamente al potenciar lo ligh y la crisis de proyectualidad, proporciona salidas a las contradicciones sociales. El asunto, el cual parece inscribirse en el conjunto de discursos tranquilizadores propios del relax posmoderno, en el campo del conocimiento sugiere aspectos de interés tales como la “disolución de las estructuras fuertes y violentas” de tradiciones como el positivismo y el racionalismo, en favor del pluralismo y de la multivariedad científica. Empero, existe todavía el residuo de la pretensión fundamentadora, donde el pretendido diálogo de saberes más parece ser un gran monologo y una estrategia de reactualización y reacomodo del logo-grafo-eurocentrismo, en la que la inclusión en abstracto es preconizada y la exclusión en concreto es practicada.

Referencias
EDELMAN, Marc. 2001. “Social movements: changing paradigms anf forms of politics”. E Annual Review of anthropology, vol 30.
QUIJANO VALENCIA, Olver. 2005. “De la cancelación a la producción y exaltación de la diferencia”. En: Avances de investigación económica, administrativa y contable. Sello Editorial Universidad de Medellín. 
VATTIMO, Gianni. 1992. Etica de la interpretación. Paidós, Buenos Aires.
VATTIMO, Gianni. 1990. La sociedad transparente. Paidós Ibérica S.A., Barcelona
VATTIMO, Gianni. 1998. El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en al cultura posmoderna. Barcelona.

AUTOR:
Olver Quijano Valencia
(oquijano@unicauca.edu.co)
Docente Dpto Ciencias Contables 
Universidad del Cauca Colombia

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Publicado Tuesday 11 de April de 2006

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