Monografias | Ferias de Comercio Libre, Niños Esclavos del CapitalFerias de Comercio Libre, Niños Esclavos del CapitalResumen: Luego de la lectura del libro “Culturas de Mercado, rutinas de vida” (Davinson y Ketterer, 2006), es posible adentrarnos en parte de la rica dinámica sociocultural de uno de los espacios populares que más destaca en el escenario de la ciudad de Temuco, a saber, la Feria Pinto. Es aquí en donde encontramos diversas redes y relaciones que se establecen entre sus actores y con otros agentes de diversas localidades para conformar este otro sector de la economía citadina, y que ha sido denominada desde las instituciones Gubernamentales y algunos sectores sociales como comercio informal.(N) Luego de la lectura del libro “Culturas de Mercado, rutinas de vida” (Davinson y Ketterer, 2006), es posible adentrarnos en parte de la rica dinámica sociocultural de uno de los espacios populares que más destaca en el escenario de la ciudad de Temuco, a saber, la Feria Pinto. Es aquí en donde encontramos diversas redes y relaciones que se establecen entre sus actores y con otros agentes de diversas localidades para conformar este otro sector de la economía citadina, y que ha sido denominada desde las instituciones Gubernamentales y algunos sectores sociales como comercio informal. [1]
“Este ensayo fue desarrollado en el marco de la asignatura de Políticas
Sociales de la Carrera de Servicio Social de la Universidad de La Frontera, y los insumos son parte del análisis del libro, Culturas
de Mercado, rutinas de vida de Guillermo Davinson y Lucy Ketterer,
(2006) Temuco: Ediciones Universidad de La Frontera” [2]
Gabriel Salazar (Santiago 1936) estudió Historia, Filosofía y Sociología
en la Universidad de Chile. Entre sus libros destacan: Labradores, peones y
proletarios (1985), Violencia Política Popular y en las grandes alamedas
(1990), Los intelectuales, los pobre y el poder (1995) y autonomía, espacio
y gestión (1998). [3]
Sin embargo, cabe destacar, que “prácticamente el 50% de nuestra población
[chilena] sobrevive gracias a la economía informal, en todas sus
combinaciones” (Davinson y Ketterer, 2006: 42). [4]
Los autores del
libro “Culturas de Mercado, rutinas de vida” (2006) destacan el
significado de feriante, en tanto esta se distingue de las demás categorías
por poseer un puesto de comercio establecido. [5]
Es posible advertir otras
características en el comercio informal. En el texto Política
de Empleo en Chile y en América Latina de la OIT (2003), se señala:
“esta productividad no sólo respondía a los bajos niveles de calificación
de los trabajadores, sino a las también bajas relaciones entre el capital y
el trabajo en ese ámbito, a sus tecnologías más sencillas, a los
problemas de acceso al mercado y al crédito que enfrentaban como unidades
productivas” (Uthoff, 2003:
52). [6]
Esta idea, es desarrollada de
manera más específica por el autor en otro documento denominado Capital
Social y Políticas Públicas en Chile (Durston y Miranda comp., 2001),
en donde presenta su artículo Memoria
Histórica y Capital Social. Allí Describe algunos fenómenos e
historias sociales populares chilenas, que le llevan a determinar la
existencia de periódicas emergencias, irrupciones, o “reventones
populares” en el espacio público, así también como largos ciclos de
subsidencia, los que, a diferencia de las investigaciones
tradicionales, describe y analiza no como una desaparición de la organización
de los movimientos populares, sino como períodos en que estos establecen
redes y vínculos en que van creando tejidos sociales que se reproducen
culturalmente en el medio popular. Fenómenos que no se presentan exclusivamente como movimientos visibles de resistencia hacia
el modelo. [7]
Estas
afirmaciones las basamos en el constante trabajo de campo realizado en la
Feria Pinto durante el segundo semestre de 2006 por quien suscribe este artículo,
en conjunto con do compañeras más de la carrera de Servicio Social de la
Universidad de La Frontera, en el marco de la práctica de Metodología de
Intervención Profesional de Grupo, realizada actualmente en el Centro de
Gestión Empresarial de la Municipalidad de Temuco. Algunos de los
comerciantes señalaban: “los pacos cuando estaba la dictadura, llegaban y
nos pateaban la mercadería, cosa que ahora no sucede”. [8]
Esta matriz se encuentra en el documento de Evaluación Diagnóstica del
Comité Quelihue (2006), realizado por lo estudiantes en práctica de IV
nivel de la carrera de Servicio Social de la Universidad de La Frontera,
Cristian Alarcón H. y Deisy Cona S., en
el marco de la práctica de Metodología de Intervención Profesional de
Grupo, realizada actualmente en el Centro de Gestión Empresarial de la
Municipalidad de Temuco. [9]
Fuente: La producción campesina (aspectos sociales, culturales y económicos)
Miguel Bahamondes Parrao 2000. [10]
Nos referiremos a
las que anteceden el 1900 aprox .[11]
“Es necesario que se conjuguen variables tanto biológicas, en lo que
respecta al crecimiento del alga, como culturales específicamente de la
cosmovisión Mapuche Lafkenche, para poder coger el recurso marino. Y es que
la relación del mar con las familias recolectoras es fundamental para poder
llevar a cabo esta tarea “es el mar
el patrón: es él quien decide cuándo, dónde y en qué cantidad va a
entregar su recurso” (Davinson y Ketterer, 2006: 95). Otros autores
como Bahamondez (2000), Chayanov (en Kerblay, 1993), etc. refieren de esta
forma a las lógicas del campesinado. [12]
El cual a diferencia de la lógica capitalista, no se realiza en función de
la maximización de los recursos, sino en suplir las necesidades básicas de
sobrevivencia. [13]
Aquí nos estamos
refiriendo a una escuela que está integrada por estudiantes de capas
populares y de clase media. [14]
Si bien es
cierto, tenemos noción de que existen investigaciones que pueden dar a
conocer la diferencia entre indígenas y cultura campesina, en este artículo
no realizaremos una mayor especificación sobre este tema. Sin embargo, si
creemos que los diversos procesos de interacción entre ambas culturas, y
siguiendo a Boccara (2001), se han mezclado componentes de ambas categorías,
y con ello se han (re)conformado
sus identidades y culturas, en un proceso de hibridación cultural, que por
cierto, también ha de incluir innumerables aspectos de la cultura
occidental y de otras culturas, mezcla dada principalmente por la
convivencia de ambos dentro de espacios físicos rurales. Por otra parte,
aquella discriminación podemos verificarla en el texto Perspectiva Educativas de Pueblos Indígenas
Originarios campesinos y Asamblea Constituyente, de
Valentín Arispe Hinojosa (2006), quien
señala: “El sufrimiento en el
campo está asociado con la ignorancia y se contrapone al trabajo en las
oficinas que consiguen los que han estudiado.
El campesino se siente “inutil”, ignorante.
Desea que sus hijos sean mejor que
él, que "den un paso adelante" para así dejar de sufrir,
es decir, salir de su condición de campesino”
(Arispe, 2006: 4). [15]
Resaltamos la innovación, autonomía y emprendimiento de las organizaciones
de los pueblos indígenas bolivianos, por cuanto han sido capaces de crear,
durante gran parte de su historia, instancias formales y no formales de
representación, que les ha permitido superar los obstáculos de la educación
occidental y del modelo económico. “Frente a esta situación, las
organizaciones indígenas originarias preocupados por la usurpación de las
tierras, se dedicaron a sostener escuelas clandestinas, a conformar centros
educativos como la “Sociedad República del Qullasuyu” y hasta ser
copartícipes de la creación de la Escuela Ayllu de Warisata (Choque en
Arispe, 2006: 6). [16]
“En tanto el niño, luego de
callejear y venderlas, regresa al lugar donde se encuentra su madre, quien
continúa desgranando, para que él vuelva a realizar el mismo callejeo
interminable” (Davinson y Ketterer, 2006: 18)”, “Su esposa y dos hijos
menores lo ayudan en esta tarea”. (recolección de digüeñes) (Davinson y
Ketterer, 2006: 35), “…ella recolecta la
“rosa mosqueta a mano” y cuando no alcanza las ramas del arbusto utiliza
una vara con que azota el matorral y así cae el fruto. En esta faena
colaboran las hijas de esta mujer, tres menores de edad; de cinco que
tiene” (Davinson y Ketterer, 2006: 38), “Posteriormente, las mujeres y
niños ponen los ajíes a secar al sol” (Davinson y Ketterer, 2006: 48),
“Rosa junto a su hija mayor se dedican sólo en la época de invierno a la
venta del ajo por “bolsas”, debido a que en los meses siguientes
(primavera) vienen esporádicamente a la Feria, “para obtener un poco de
plata” , como dicen ellas. Es en este momento del año cuando se dedican a
trabajar la tierra para sembrar su propio ajo y venderlo al por mayor a
fines del verano, a los camioneros que les compran la cosecha completa”
(Davinson y Ketterer, 2006: 51), etc.
[17]
Enrique Brú (2003), identifica
tres creencias fundamentales que se han desmitificado respecto a los
comerciantes informales: “1) Todos los informales son pobres, 2) El
segundo mito es que el sector informal no está ni organizado ni
estructurado y 3) El tercer mito está relacionado con que los trabajadores
informales son considerados como ilegales” (Brú, 2003: 54). [18]
En este trabajo intencionalmente hemos querido resaltar algunas diferencias
que históricamente y culturalmente se identifican entre lo urbano/rural, y
entre la economía tradicional/capitalista, para denotar los cambio sociales
que han ido configurando la actual realidad social, y de esta forma intentar
dar alguna explicación a su construcción. Sin embargo, tenemos claridad en
que las diferencias entre estas categorías cada vez son más difusas y se
flexibilizan a medida en que hemos sido capaces de interpretar la realidad
de una manera más holística y seguramente de otros muchos más factores.
Tampoco desconocemos que este documento ha tendido a asociar lo rural al
campo y lo urbano a la ciudad, pero insistimos que ha sido justamente para
hacer referencia a los cambios sociales en ambos sectores. Respecto al
pueblo mapuche, por ejemplo sabemos que más del 50% de su actual población
se encuentra en Santiago de Chile, y que a pesar de estar alejados de sus
tierras, han levantado reivindicaciones que le ha permitido establecer su
(neo)identidad cultural. Así podemos afirmar de que es posible la
existencia de identidades desterritorializadas. Para ver mayor información
sobre los fenómenos de migración de la población mapuche y la
reconstrucción de su identidad en medios urbanos revisar el texto de
Geraldine abarca Cariman (2005) Rupturas
y continuidades en la recreación de la cultura mapuche en Santiago de
Chile. Publicación enviada por Brenda Reyes Baeza Contactar mailto:eda_207@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EEyAVAVkyyAfRKeYHv Publicado Tuesday 23 de January de 2007 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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