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Ciencia – Técnica – Desarrollo
Resumen: En el presente artículo se exponen la relaciones que existe entre Ciencia – Técnica – Desarrollo así como un análisis histórico-concreto de las principales corrientes filosóficas, sociológicas, psicológicas, pedagógicas que han analizado esta temática desde diferentes postulados, así como la presentación de algunos conceptos.
Publicación enviada por Maribel Rodríguez Milián
Índice
Introducción
Desarrollo
Conclusiones
Bibliografía
Resumen
En el presente artículo se exponen la
relaciones que existe entre Ciencia – Técnica – Desarrollo así como un análisis
histórico-concreto de las principales corrientes filosóficas, sociológicas,
psicológicas, pedagógicas que han analizado esta temática desde diferentes
postulados, así como la presentación de algunos conceptos.
Introducción
La época contemporánea está marcada
por el paradigma moderno. Bajo su égida tiene lugar un desarrollo de las
fuerzas productivas sociales jamás soñado en la historia anterior. Con
semejante intensidad, la moderna civilización industrial vino a desencadenar la
pujante revolución científico – técnica, hasta el punto en que la propia
ciencia llega a convertirse en fuerza productiva directa: las nuevas tecnologías
de la información y la comunicación, la robótica, la ingeniería genética,
la automatización de los procesos productivos son sus espléndidos frutos.
Ciencia: las diversas ramas del saber humano que pueden distinguirse y
clasificarse por su objeto de estudio diferente y por su método de búsqueda
del saber o la verdad, están dirigidas a la adquisición de nuevos
conocimientos sobre la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, que incluye
todas las condiciones y elementos necesarios para ello: los científicos con sus
conocimientos y capacidades, calificación y experiencia; la división y la
cooperación en el trabajo científico; las instituciones científicas con su
equipamiento; los métodos de trabajo de investigación científica, el aparato
conceptual y categorial y el sistema de información científica, así como toda
la suma de los conocimientos existentes, que constituyen la premisa, el medio o
el resultado de la producción científica. Estos resultados pueden ser también
una forma de la conciencia social. (Frolov, 1980)
Otro enfoque de esta definición la ofrece Kröber (1986): "entendemos la
ciencia no sólo como un sistema de conceptos, proposiciones, teorías, hipótesis,
etc., sino también, simultáneamente, como una forma específica de la
actividad social dirigida a la producción, distribución y aplicación de los
conocimientos acerca de las leyes objetivas de la naturaleza y la sociedad. Aún
más, la ciencia se nos presenta como una institución social, como un sistema
de organizaciones científicas, cuya estructura y desarrollo se encuentran
estrechamente vinculados con la economía, la política, los fenómenos
culturales, con las necesidades y las posibilidades de la sociedad dada"
(p.37).
TÉCNICA
Según Platón se define como un conjunto de procedimientos o reglas que llevan
a obtener ciertos resultados, y donde, al pensar, acentuamos que esos resultados
o productos se vuelven el único factor importante, y donde, además, los
procedimientos y los mecanismos empleados, por obra de la repetición y de la
rutina, se desvinculan totalmente de los principios directrices de la teoría.
· Según Aristóteles es definida como "hábito productivo acompañado de
razón verdadera"
· Según Núñez Jover constituye un conjunto de procedimientos operativos útiles
para ciertos fines prácticos.
DESARROLLO
Acción y efecto de desarrollar o
desarrollarse.
DESARROLLO SOSTENIBLE
Expresa que hay que generar orden en el
curso del proceso de desarrollo: incremento de la productividad unido a un mayor
bienestar, aumento del bienestar socialmente equilibrado y aprovechamiento de
los recursos naturales que tenga en cuenta el futuro. (Brundlant, 1987; Hein,
1990; CEPAL, 1990; Harborth, 1992; Sechs, 1994, y otros)
"Desarrollo Sostenible" vendría a designar entonces un proyecto de
crecimiento continuado (sostenido) que incorpora regulaciones para compensar su
coste social y ahora también su coste ambiental. Esta parece ser desde luego la
interpretación por la propia Comisión Brundtland, cuando sostiene que la
satisfacción de las necesidades exige una nueva era de crecimiento económico o
que uno de los objetivos esenciales es revitalizar el crecimiento combinando su
cualidad.
Desarrollo
Por tanto, hay que potenciar la idea de
que el desarrollo sostenible es una necesidad vital, en el que, el medio
ambiente es un factor capaz de promover y multiplicar el desarrollo siempre y
cuando el hombre tenga en cuenta las potencialidades inherentes a cada comunidad
y territorio, así como sus diferencias para valorar las potencialidades de este
desarrollo. Necesidad de la optimización de los recursos, del uso adecuado de
las cargas de los ecosistemas, del respeto a la biodiversidad, la geodiversidad
y la sociodiversidad. En base a todo ello, el desarrollo sostenible descansa
esencialmente en la fuerza endógena de cada sociedad, la movilización de su
potencial, la afirmación de su identidad cultural y en el control interno del
país. (Ferrer, A. 1993)
Por tal motivo, el desarrollo sostenible debe concebirse como un sistema
compuesto de diversos subsistemas interdependientes que configuran una realidad
dinámica de complejas relaciones naturales, ecológicas, sociales, económicas
y culturales; es decir, expresa la interconexión entre procesos ecológicos,
económicos y sociales .

Nos adherimos a la
comprensión del desarrollo sostenible como "un proceso dinámico que
implica trabajar dos vertientes: la del desarrollo y la sostenibilidad” .
La ciencia – técnica – desarrollo llevan el signo del enfrentamiento entre
disímiles visiones acerca de la naturaleza y la cultura, la vida misma y el ser
humano. Sin embargo el paradigma de lo moderno, desemboca hoy en una
encrucijada, luego de quinientos años de predominio. La crisis afecta a la
humanidad en todos los órdenes, especialmente a regiones como Latinoamérica,
donde se agudizan las disparidades respecto a los países de alto desarrollo.
Tal estado de cosas revela el profundo agotamiento de una cosmovisión que no
puede ya enfrentar la solución de las contradicciones y fisuras engendradas en
su propio seno.
Las rupturas son multidimensionales: se viven tiempos de cambio, donde empiezan
a florecer idearios emergentes, cosmovisiones que rescatan el holismo de las
antiguas filosofías, comprensiones humanistas acerca del desarrollo humano
sostenible, modelos alternativos de investigación científica, enfoques ecológicos
de la educación, concepciones organicistas sobre el aprendizaje…Las ciencias
naturales y sociales están inmersas en un torbellino transformador que arrastra
a todas las esferas de la actividad sociocultural, económica, política o científica,
y hasta el propio cuadro del mundo se estremece cuando la física descubre
causalidades universales en el sutil aleteo de una mariposa.
Cada nuevo modelo, enfoque o teoría que intenta superar al precedente, no surge
en un vacío histórico, como creado especulativamente al margen del ser social
y apartado del proceso de la vida real: es una respuesta a demandas sociales
objetivas y a las necesidades internas del desarrollo de cada ciencia, en
estrecho interjuego con los factores de orden subjetivo. Desde esta óptica, veo
el cambio del paradigma como una apropiación reconstructiva y propositiva de
los desafíos de la época y la ciencia, y como expresión al mismo tiempo de la
inclusión de los hombres y de las mujeres que hacemos la historia y la ciencia,
de nuestra permanente necesidad de mejorar, de descubrir verdades más completas
e idear mundos más justos para luchar por alcanzarlos.
En estos escenarios matizados de conflictos y esperanzas, se hace también
notoria como nunca antes, la crisis educativa y la urgencia de transformaciones
dirigidas a la consolidación de políticas, estrategias y modelos acordes con
las necesidades de las personas y de la contemporaneidad.
La educación es cuestionada críticamente por su carácter bancario,
domesticador y memorístico, al cual se suman, desde la primera mitad del pasado
siglo, las concepciones tecnicistas e instrumentalistas que despersonalizan aún
más el proceso. Tales visiones no pueden ofrecer alternativas efectivas ante
los problemas de la formación de un ser humano autodeterminado y capaz de
participar en el desarrollo social sostenible y la construcción de una cultura
de paz y democracia, según reclama el siglo XXI a la educación.
Es necesario entonces valorar cómo el paradigma imperante en nuestra época ha
permeado los enfoques educativos y cuáles son los cambios que se están
generando en este campo, en consonancia con la crisis de la modernidad. Pero
sobre todo, interesa reflexionar aquí acerca de las potencialidades reales de
respuesta que tienen hoy las ciencias de la educación y la investigación
educativa frente a las demandas del mundo actual.
Los cimientos del paradigma moderno
Se entiende generalmente por modernidad
al período civilizatorio que surge en Europa tras la oscura noche del medioevo,
con el tránsito de la formación socioeconómica feudal a la capitalista
industrial; su nacimiento se ubica en el escenario de las radicales
transformaciones que tienen lugar desde el siglo XVII con el desarrollo de las
fuerzas productivas y la eclosión de la industria, acompañadas de
trascendentes conquistas científico – tecnológicas y de la consiguiente
proliferación de nuevas corrientes de pensamiento. En estas circunstancias históricas,
se debilita sensiblemente el poder feudal apoyado por la Iglesia y se fortalece
el papel del Estado – nación con el ascenso de la burguesía industrial como
clase dominante.
A pesar del consenso en torno a las condiciones que dan origen a la sociedad
moderna, es indispensable considerar que cada pueblo camina por las épocas de
acuerdo con sus propios ritmos, determinados por el contexto histórico –
concreto, las raíces culturales, el desarrollo anterior y otros factores
objetivos y subjetivos. Por tanto, es común encontrar en las puertas del siglo
XXI, sociedades altamente desarrolladas, donde se observa un franco tránsito
hacia la postmodernidad – la era postindustrial de la información, mientras
que otras apenas han alcanzado un débil despegue en la industrialización de
los procesos productivos.
Con referencia al paradigma moderno, interesa examinar en primer lugar los dos
pivotes cosmovisivos a partir de los cuales se erige: el antropocentrismo y el
mecanicismo.
· La visión antropocéntrica: sustituye la perspectiva mística del
teocentrismo inherente al período feudal. Aquí es el hombre (más no la mujer)
quien se erige en centro del Universo e instaura el reinado de la racionalidad.
Pero su poderío lo eleva por encima de la naturaleza y legitima la explotación
indiscriminada de los recursos, la depredación de los ecosistemas y el
exterminio de otras formas de vida, en aras del bienestar social e individual.
· La visión mecanicista: Se consolida simultáneamente con el
antropocentrismo, al fragor de los descubrimientos científicos y condicionados
en especial, por las ideas de Isaac Newton y René Descartes. Su sustento
epistemológico es un cuadro fragmentado del mundo donde se dicotomizan además
materia y espíritu. Esta concepción elementista reduce el funcionamiento de
los complejos fenómenos naturales, sociales y psicológicos, a las leyes de la
máquina, y los estudia siguiendo la metáfora cartesiana del reloj, a partir
del análisis de las partes aisladas.
El antropocentrismo y el mecanicismo, surgidos en el contexto dinámico del
desarrollo de un nuevo modo de producción, e influyentes en la misma medida en
los basamentos de éste, conducen, al decir de Erich Fromm, a una nueva religión:
el Progreso, y a una nueva Trinidad: la producción ilimitada, la libertad
absoluta y la felicidad sin restricciones.
En estas circunstancias socio históricas, alcanzan la categoría de verdades
absolutas los principales asertos del paradigma moderno, perfilados por Juan
Antonio Blanco en su obra “Tercer milenio. Una visión alternativa de la
postmodernidad”:
1. El ecosistema es inagotable y tiene una capacidad ilimitada para reciclar de
manera natural los desechos de la sociedad.
2. El progreso tecnológico aporta el progreso social.
3. La humanidad puede alcanzar la felicidad si somete la naturaleza y su propia
conducta a la razón.
4. El crecimiento económico a expensas de la naturaleza no tiene límite y
permite expandir infinitamente el consumo humano, generando felicidad.
5. La familia basada en el esquema patriarcal, monogámico y heterosexual es el
modo superior y final de la organización antropológica.

Atendiendo a las
cuestiones expuestas, se comprende que la modernidad está erigida sobre la utopía
del reino de la razón humana, en el supuesto de que el infinito potencial de la
ciencia y la tecnología constituye un medio instrumental para dominar la
naturaleza, multiplicar la producción industrial y el consumo y acceder a la
libertad y la felicidad.
El progreso social es entendido desde una perspectiva economicista, consumista y
desideologizada, como sinónimo de maximización de la producción y del
disfrute de bienes y servicios. Tal modelo de desarrollo, cuya vigencia se
mantiene hasta nuestros días, se erige de espaldas a las leyes objetivas de las
formaciones socioeconómicas, obviando el papel determinante de las diferencias
clasistas dadas por las relaciones de propiedad, en cuanto a las oportunidades
que tienen las personas de acceder a los bienes productivos y a los beneficios
de la ciencia y la tecnología.
Desde lo axiológico, es significativo examinar los valores inherentes a la
civilización industrial moderna, centrada en una ética individualista del
tener, que sacraliza la propiedad sobre los bienes materiales como medida de la
felicidad y conduce al afán de consumo y al egoísmo, desvalorizando las
cualidades del ser; una ética enraizada en las relaciones de poder, donde se
hiperboliza la figura del guerrero, conquistador de la naturaleza y de las
personas, fuerte, competitivo e insensible al lenguaje de la solidaridad.
El sistema de valores encuentra su viva expresión en la célula social
primaria, la familia burguesa, que se constituye a partir de un contrato social
y se asienta en los cuatro mandatos del sexo oficial: matrimonial, monogámico,
heterosexual y reproductivo. En este ordenamiento patriarcal, los vínculos de
dominación se reproducen a nivel de la vida familiar y condicionan una
polarización en la construcción cultural de los géneros: el hombre, elevado
como máximo portador de la razón, es el símbolo de la clase hegemónica y de
las pautas socialmente deseables – fortaleza, competitividad, expansionismo,
mientras que la mujer, en su papel de madreesposa, representa la intuición y el
corazón, la debilidad y la mansedumbre.
En otro orden de cosas, es importante establecer a grandes rasgos las características
del modelo científico que responde coherentemente a las demandas y expectativas
del paradigma moderno: el positivista – llamado también hipotético –
deductivo, científico – técnico o empírico – analítico – que se funda
no sólo en el racionalismo antropocéntrico, sino al mismo tiempo en una
perspectiva empirista, mecanicista y fragmentadora de la realidad.
La ciencia moderna se constituye como sistema de conocimientos universales,
objetivos y libres de valores, como expresión futura de la racionalidad humana.
El conocimiento científico es así contrapuesto al saber dogmático atesorado
por la iglesia y al saber popular cotidiano; se convierte entonces en un dogma y
la elite científica se atribuye la potestad de establecer la verdad absoluta,
minimizando el valor de las ideas producidas fuera de este nuevo reino.
El positivismo surge en las ciencias naturales y se extrapola linealmente a las
sociales, incluyendo las educativas, pero mantiene en estos ámbitos una dicotomía
entre el sujeto y el objeto de la investigación, desconsiderando que en la
historia y la existencia humanas, se trata de una relación sujeto/objeto.
Este modelo de la ciencia positivista también se quiebra en la actualidad,
junto con el paradigma que lo ampara. En el versátil entramado del mundo
contemporáneo, el desarrollo científico y tecnológico tiene que apuntar sin
dudas, a la búsqueda de lecturas de la realidad cada vez más coherentes, sintéticas
y multidisciplinarias, dejando atrás los desmembramientos propios de las
protociencias y de las visiones mecanicistas y racionalistas. Consecuentemente,
surgen teorías integradoras que intentan explicar los complejos e
interdependientes fenómenos en su dinamismo y concatenaciones, estudiándolos
como unidades vitales que forman parte del tejido de sistemas que es el
universo.
Después de un sostenido apogeo, llega el momento de la decadencia del paradigma
moderno, siendo indispensable examinar cómo su crisis se relaciona
estrechamente con la incapacidad para responder a los nuevos desafíos de la época
contemporánea.
Tal como se ha puntualizado, las potencialidades de desarrollo de la civilización
moderna se encuentran en los límites de la extenuación. La situación a nivel
internacional y regional, así como al interior de cada país, reclama la
reflexión colectiva y la acción impostergable.
Conclusiones
1. El paradigma moderno, modelo de la
ciencia positivista también se quiebra en la actualidad, junto con el paradigma
que lo ampara.
2. El paradigma moderno centrado en una ética individualista del tener, que
sacraliza la propiedad sobre los bienes materiales como medida de la felicidad y
conduce al afán de consumo y al egoísmo, donde se desvalorizan las cualidades
del ser.
Bibliografía
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Autora:
Maribel Rodríguez Milián
Licenciada y Profesora Asistente:
Instituto Superior Pedagógico: Capitán Silverio Blanco Núñez.
Sanctí Spíritus. Cuba
[1] citada por Núñez Jover en su libro La ciencia y la tecnología como procesos sociales, lo que la educación científica no debería olvidar.
[2] Capalbo, Lucio. "El planeta subdesarrollado". Editorial Bahá’i indolatinoamericana. 1995.
[3] "Carta mundial de la Naturaleza", Asamblea General de las Naciones Unidas, Resolución 37/7, del 28 de octubre de 1982.
[4] Fromm, E. ¿Tener o ser? Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1993. P. 21
[5] Blanco, J. A. Tercer milenio. Una visión alternativa de la postmodernidad. Centro Félix Varela, La Habana, 1995. P. 26. [6] Aller Atucha, L, M. y Ruiz Schiavo, M. Sexualmente Irreverentes. Ediciones Comunicarte, Brasil, 1995.
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Publicación enviada por Maribel Rodríguez Milián
Contactar mailto:mmilian@ssp.rimed.cu
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Publicado Thursday 25 de January de 2007
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