Monografias | El tema del envejecimiento poblacional es un tema obligado hoy día. Este proceso secuencial, acumulativo e irreversible tiene diferentes enfoques, desde las diferentes disciplinas médicas, psicológicas y sociales; pero también desde el prisma de la filoso

El tema del envejecimiento poblacional es un tema obligado hoy día. Este proceso secuencial, acumulativo e irreversible tiene diferentes enfoques, desde las diferentes disciplinas médicas, psicológicas y sociales; pero también desde el prisma de la filoso

Resumen: El tema del envejecimiento poblacional es un tema obligado hoy día. Este proceso secuencial, acumulativo e irreversible tiene diferentes enfoques, desde las diferentes disciplinas médicas, psicológicas y sociales; pero también desde el prisma de la filosofía y la ética.

Publicación enviada por Dra. Caridad Maritza González Diaz


 

ÍNDICE
GLOSARIO
INTRODUCCION
OBJETIVOS
MATERIAL Y METODO
DESARROLLO
CONCLUSIONES
RECOMENDACIONES
BIBLIOGRAFIA

GLOSARIO
· Anciano: Persona añosa, longeva.
· Adulto mayor: Nomenclatura actualmente utilizada para designar al anciano o persona que ha arribado a la tercera edad.
· Bioética: disciplina más abarcadora que la ética médica tradicional, que intenta estudiar, explicar y proponer soluciones a los conflictos surgidos como consecuencia de la invasión tecnológica en el campo de las ciencias de la salud, a partir del enjuiciamiento de las actitudes de los hombres e instituciones involucrados, a la luz de los valores morales.
· Calidad de vida: categoría que abarca distintas variables relacionadas con el más amplio concepto de bienestar de una persona, en una etapa particular de su vida y en las condiciones particulares en que se encuentre en un momento determinado.
· Diagnóstico de funciones: identificación del estado de salud de una persona, utilizando como indicadores básicos las aptitudes funcionales en el momento en que se establece.
· Envejecimiento: Proceso que atañe tanto a los seres vivos como a los inanimados; pero que en el caso de los primeros se inicia con el nacimiento y termina con la vida, y que, en el caso particular del hombre adopta características especiales al abarcar no sólo la esfera biológica, sino también la psicológica y la social.
· Ética: ciencia que estudia la conducta moral de las personas, a partir del sistema de valores que esté reconocido en la sociedad de que se trate.
· Expectativa de vida: cálculo estadístico de los posibles años a vivir a partir del momento del nacimiento.
· Geriatría: especialidad médica dedicada a la atención de los ancianos enfermos.
· Gerontología: especialidad clínica que aborda el estudio del anciano sano, con todas sus características.
· Longevidad: Sinónimo de ancianidad, vejez.
· Macroética: la ética referida a los problemas más generales.
· Microética: la ética referida a un aspecto particular y concreto de la vida de los hombres.
· Moral: objeto de estudio de la ética.
· Sistema de valores morales: aspiraciones o necesidades anticipadas de los hombres, surgidas a partir de la forma en que producen y reproducen su vida material, expresadas en forma de ideales.
· Tercera edad: La edad que comienza a los sesenta años y que viene después de la madurez de la juventud. Se utiliza para referirse a las personas ancianas o adultos mayores.

INTRODUCCIÓN
El tema del envejecimiento poblacional es un tema obligado hoy día. Este proceso secuencial, acumulativo e irreversible tiene diferentes enfoques, desde las diferentes disciplinas médicas, psicológicas y sociales; pero también desde el prisma de la filosofía y la ética.

La vejez es una construcción socio-antropológica. Los distintos grupos etáreos en que se distribuyen los periodos del ciclo vital no han permanecido inmóviles a lo largo de la historia, en las diversas civilizaciones y culturas. Por el contrario, han sido objeto de una gran elasticidad, rodeándose de atribuciones y segmentos conforme a las circunstancias e intereses de cada tipo de organización social y en cada momento dado. Cada periodo histórico ha tenido para cada periodo de edad (niñez, adolescencia, juventud, madurez, ancianidad) una significación y unas exigencias determinadas. 

Hasta muy recientemente, la mayoría de las personas adultas mayores percibían la vejez solo como sinónimo de pérdidas (auditiva, visual, locomoción, memoria, respeto, autoridad, etc). Por su parte, la proyección de la mayoría de los jóvenes, aun hoy, también caracteriza a este período de la vida como sinónimo de pérdidas, que entrañan necesidades de atención individual, familiar, social y médica. Muchos de ellos la ven entonces como una carga familiar y social.

Otras personas, jóvenes y no tan jóvenes, tienen una visión utilitaria de la vejez. Califican de “buenos” a aquellos adultos mayores que aun aportan (dinero, casa, auto, experiencia, saberes, ayuda con los hijos, ayuda en las tareas domésticas) y de “dependientes” a los que cuestan (ancianos que han tenido que asumir en la vivienda, limitando el espacio de otros miembros de la familia, personas que los cuiden en casa, alimentos especiales, medicinas, cuidados, etc).

Esto marca las diferencias entre el sentido de la vejez (percepción individual dada por la cultura, las tradiciones, creencias e ideas) y el significado de la vejez (lo que la sociedad y el entorno valoran). La vejez cobra sentido cuando aparece alentada por un propósito, ideales y esperanza. El significado de la vejez cobra vida en el imaginario social, que construye, deconstruye y reconstruye las expectativas, los deberes y los derechos. 

Algunas personas, tanto cuando se trata de evaluar el sentido como el significado de la vejez, la asocian a enfermedad y muerte social, como precursora de la muerte biológica y esto engendra una mayor preocupación por el tratamiento médico que por los cuidados de su salud y, sin percatarse de ello se van sometiendo al autoritarismo de la familia y del personal de salud. Todas esas condiciones se harán para contrarrestar el miedo a la muerte. Y, contradictoriamente, esas mismas personas que solo ven el lado negativo de la vejez, se aferran a ella para no morir. 

Otras, en cambio, su pesimismo las lleva a la interrupción voluntaria de la vejez, caracterizada por la desnutrición, la deshidratación, la infección, la inmovilidad hasta llegar a la postración, las úlceras por presión, la confusión, la neumonía hipostática y, al fin, la muerte temida; pero ya deseada.

Lamentablemente, no son pocos los casos de profesionales de salud que al verse frente a este tipo de pacientes al cual no están acostumbrados ni saben realmente cómo tratar, deterioran los cuidados que deben prodigar. Otros, simplemente reaccionan con indiferencia y silencio frente a ese deterioro. Y, no pocos, se preguntan ¿hasta dónde y cuándo deben tratar a esas personas ancianas, ya tan deterioradas y que ellas mismas no quieren continuar viviendo?, lo que muchas veces lleva, de manera confesa o no, al abandono terapéutico, por lo que incurren en la iatrogenia aún sin ser a veces conscientes de su error.

Como la otra cara de la moneda de ese comportamiento, está el encarnizamiento terapéutico. Una vida que ha llegado a una avanzada edad y que ya, debido al gran deterioro físico, mental y social, tiene una precaria calidad de vida. La vida ha dejado de ser un valor para constituirse en un antivalor.

Sin embargo, los profesionales sanitarios o los familiares prodigan o reclaman tratamiento que solo produce una prolongación del sufrimiento y la agonía de esa persona moribunda y esto también es una iatrogenia y falta a la ética profesional.

La población cubana tiene hoy otra característica diferente a la de los años 50. La esperanza de vida al nacer se ha incrementado a cifras ni siquiera soñadas en otra época. Eso ha permitido que muchos de los actuales adultos mayores, que aun mantienen una vida social activa, no solo se preocupen sino se ocupen de mejorar la calidad de vida de las personas de la tercera edad, y, al propio tiempo contribuyan a modificar sustancialmente el imaginario social de vejez.

La vida y la vejez no solo tienen que tener sentido, sino también significado, o lo que es lo mismo, no solo tienen que ser valiosas para quienes las disfrutan, sino también la sociedad tiene que expresar de forma objetiva, en medidas económicas, sociales y políticas concretas, el significado que tiene para ella la vida de los seres humanos que la conforman, y, con respecto a la tercera edad tiene que reconocer que es un valor inapreciable que se quiere preservar.

Por todo ello es imprescindible que las personas de la tercera edad enarbolen la bandera de la dignidad humana pero junto al personal de la salud que los atiende. Dignidad es, a fin de cuentas, la exigencia del respeto debido. 


OBJETIVOS
GENERAL
- Demostrar la relación que existe entre Iatrogenia y Bioética en el Adulto Mayor.

ESPECIFICOS
- Reflexionar acerca de las formas más frecuentes de Iatrogenia en el Adulto Mayor y su relación con la violación de la Ética Médica por parte del personal que los asiste.

- Proporcionar algunas recomendaciones para evitar la Iatrogenia y la violación de la Ética Médica en los pacientes geriátricos según nuestra experiencia en el Hospital de Día de Geriatría.

MATERIAL Y MÉTODO
En la realización de este trabajo nos hemos apoyado en toda la bibliografía revisada y en los más de veinte años de experiencia como médico y especialista en la rama de Geriatría y Gerontología en los que hemos intercambiado con pacientes, acompañantes y con nuestros compañeros de labor en el Servicio de Geriatría con relación a los temas tratados que son polémicos pero muy importantes para lograr que no que se repitan o se cometan errores iatrogénicos y éticos que tanto daño pueden ocasionar en los adultos mayores sin que en ocasiones nos percatemos de ello.

DESARROLLO
La mayoría de las personas, adultas mayores o no, que sólo así piensan, olvidan que el envejecimiento es un fenómeno universal, que se caracteriza por todas las modificaciones morfológicas, fisiológicas, bioquímicas y psicológicas que aparecen, como consecuencia de la acción del tiempo, sobre los seres vivos. En los seres humanos, a este proceso de cambios celulares, tisulares, orgánicos y funcionales, se añaden las modificaciones sociales. 

Todas las personas envejecen en forma distinta, en dependencia de los factores genéticos, nutricionales, ambientales y sociales que rodean el proceso. Por otra parte, en la propia persona no envejecen todos sus órganos a la misma velocidad y ello está relacionado con la interacción del hombre y su medio, además de la repercusión que sobre la persona ejercen factores tales como el trabajo, las emociones, la nutrición y otros, que provocan aceleramiento del proceso en algunos órganos, mientras otros involucionan muy lentamente. (2)

Los cambios biológicos producen a su vez cambios psíquicos, como consecuencia de la propia declinación que se produce en las capacidades de actividad y recreatividad. Ello da lugar al carácter tan especial que desarrolla una cantidad, nada despreciable, de personas que arriban a la tercera edad, y que se hace evidente en una tendencia franca a la depresión y a las actitudes negativas que, a su vez, se convierten en factores que contribuyen al envejecimiento acelerado. A todo esto pueden sumársele los efectos negativos de los balances sentimentales o ajustes de cuentas consigo mismos que hacen muchas personas cuando arriban a la vejez, dejando aflorar toda la sumatoria de frustraciones, olvidando así sus mejores recuerdos. En muchos casos ese estado de frustración les hace más susceptibles al maltrato en todas sus manifestaciones incluyendo la iatrogénica.

Pero la vejez no es solo eso, tiene muchas cosas positivas vinculadas al presente que se vive y que no se han explotado aun suficientemente. (3)

Hasta la década de los 70s, los cambios demográficos en Cuba no habían afectado sustancialmente a este grupo poblacional, de manera que no se había identificado la necesidad de una atención diferenciada para el mismo. No fue hasta mediados de la década de los 80s, en que la cantidad de personas adultas mayores comenzó a ser significativa y, por tanto, a llamar la atención de salubristas, legisladores, sociólogos, psicólogos, políticos y economistas. (4) 

La estructura socioeconómica cubana y la voluntad política del gobierno constituyen un potencial de ayuda para el alcance de los objetivos de este programa, asegurando además la posibilidad de la participación activa de la familia, la comunidad y el propio adulto mayor como protagonista. 

Muchos científicos afirman que para tener una buena salud mental en la vejez, son indispensables la seguridad económica, el amor y respeto, evitar la soledad y el aislamiento y una buena salud física. Al colocar en primer lugar el aspecto económico, aun los no marxistas reconocen, sin proponérselo, su determinismo, pero evidentemente, no basta la seguridad económica. Es imprescindible que ésta vaya acompañada de la expresión de los valores morales que marcan el progreso de la humanidad. (5 y 6) 

Cuba, aun cuando es un país del Tercer Mundo, dadas las características del sistema socioeconómico socialista, ha alcanzado el rango de uno de los países latinoamericanos más envejecidos. La magnitud alcanzada en este orden y la rapidez con que se ha transformado la pirámide poblacional cubana constituyen ya una preocupación para los años venideros.

De manera que en estos momentos no se trata solamente de aumentar la esperanza de vida al nacer y mejorar el estado de salud de la población adulta mayor, sino de aumentar su calidad de vida sin dañar y con una valoración ética en el momento de actuar ante un anciano con problemas en nuestro campo de la salud. (7) 

Si bien es cierto que los adultos mayores en Cuba no confrontan los problemas de sus iguales en el mundo capitalista, en tanto ellos están mas necesitados que ninguna otra persona de los cuidados de salud y estos en Cuba son absolutamente gratuitos para todos, con independencia de la zona geográfica donde vivan, su status social, el color de su piel, su sexo, sus creencias religiosas o ideología política, también es cierto que el cubrir esas necesidades tan solo no bastan para garantizar una calidad de vida aceptable. (8)

Ya en 1999, se había arribado a la consideración de que lograr un envejecimiento saludable y una vejez satisfactoria sólo podría alcanzarse mediante acciones de promoción, prevención, asistencia y rehabilitación ejecutadas por el Sistema Nacional de Salud, en coordinación con otros organismos y organizaciones del Estado involucradas en esta atención, teniendo en cuenta como protagonistas a la familia, la comunidad y el propio adulto mayor en la búsqueda de soluciones locales a sus problemas. (9) 

Se requiere integrar equipos interdisciplinarios que ayuden a gestionar una estrategia compleja que posibilite el “envejecimiento activo”. Para este fin es necesario apoyar la investigación en las condiciones de salud de las personas adultas mayores e investigaciones de impacto de los programas y servicios como lo es el Hospital de Día de Geriatría. (10)

De ahí que sea preciso reforzar el cumplimiento de las principales actividades propuestas por el Programa del Adulto Mayor, para lograr los objetivos trazados, aunque, lamentablemente, solo tres de ellas están vistas desde el prisma de la salud y no de la enfermedad:
· Promover cambios de vida, hábitos y costumbres que favorecieran la salud del adulto mayor. 
· Detener o retardar la aparición o continuidad de enfermedades y discapacidades en los adultos mayores. 
· Estimular la participación de la comunidad y la familia en la identificación y búsqueda de soluciones a los problemas del adulto mayor. (11)

La Declaración Internacional de los Derechos Humanos, no incluye ninguna disposición específica con respecto a las personas mayores. De hecho, cuando los artículos de la Declaración de los Derechos Humanos, del pacto Internacional sobre derechos Económicos, Sociales y Culturales, y del Pacto sobre Derechos Civiles y Políticos, señalan ejemplos de causa de discriminación, no mencionan la edad. Sin embargo, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó los principios en favor de las personas de edad por medio de la resolución 46/91 del 16 de diciembre de 1991, que exhortaba a los gobiernos a que incorporasen estos principios en sus programas nacionales. (12)

Los aspectos relacionados con la tercera edad, especialmente los morales, adquieren cada día mayor importancia, puesto que el mundo actual enfrenta el reto de producir un crecimiento económico que tenga como principal objetivo el alcanzar el desarrollo humano, y uno de los principales indicadores para medir el mismo es la longevidad.

Esto obliga a los gobiernos a adoptar medidas que permitan que el crecimiento económico se traduzca en un bienestar mejorado de las personas. La actitud que adopte cada gobierno en este sentido estará impregnada por el sistema de valores que rija en esa sociedad concreta, valores que, en definitiva, habrán sido formados a partir de la base estructural del sistema socioeconómico imperante, bien como reflejo de ella o modificados por la acción de los luchadores sociales. Los principios en favor de las personas de edad se refieren a la independencia, la participación, los cuidados, la autorrealización y la dignidad a que estas personas tienen derecho. Esas decisiones de política están enmarcadas dentro de la macroética.

Pero en el campo de la microética queda mucho por hacer, especialmente en lo concerniente a la educación de las familias, para el correcto tratamiento a sus miembros que arriban a la tercera edad. En primer lugar está el respeto a su autonomía, a su independencia, tanto en el pensar como en el actuar. En segundo lugar, el apoyo y protección necesarios para la plena utilización de sus capacidades físicas e intelectuales, estimulándolos a mantener su incorporación social a través de la participación en las actividades de las organizaciones sociales o políticas a las que pertenecían al momento de la jubilación, manteniendo el vínculo activo, bien como miembros o cooperantes; compartir con los mayores, en tanto que miembros de la familia, las decisiones que afecten a todo el colectivo familiar, pero, sobre todo, dedicarles un tiempo para escuchar sus opiniones, sus preocupaciones y sus proyectos. (13)

Lamentablemente, en ocasiones el discurso teórico no se traduce en las acciones prácticas. Se dice respetar a los ancianos; pero no se les ama. Se defienden sus derechos; pero NO el derecho a expresar cuáles son sus derechos. 

Especialmente los Adultos Mayores Dependientes sufren frecuentemente la falta de respeto de sus familiares y hasta de los profesionales de salud:
-. Despersonalización (se les llama “abuelos”. Hasta los Círculos se llaman así)
-. Infantilización (Se les designa con el apelativo de “viejito”)
-. Tuteo.
-. Irrespeto a la autonomía (no se les reconoce el derecho a estar informado y elegir la alternativa que prefiera)
-. Negligencia en los cuidados que se le deben prodigar (aseo personal, alimentación, escucharles sus preocupaciones)
-. Destrucción del espacio íntimo y privado (Aun siendo los dueños reales de la vivienda, muchas veces los hijos los marginan al “último cuarto”, o al mas pequeño, o le introducen la cama de uno de los niños, sin consultarles)
-. Incomunicación (No se les dedica un tiempo para escucharles, discutir con ellos decisiones familiares, solicitarles opinión o consejo)
-. Violencia (de palabra, gestual y a veces hasta física)
-. Abandono (indiferencia ante sus necesidades básicas.

Con el llamado Juramento Hipocrático se abre una nueva era en la ciencia:
“Y no daré ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un tal uso, y del mismo modo, tampoco a ninguna mujer daré pesario abortivo, sino que, a lo largo de mi vida, ejerceré mi arte pura y santamente.

“JURO POR APOLO médico y por Asclepio y por Higía y por Panacea y todos los dioses y diosas, poniéndoles por testigos, que cumpliré, según mi capacidad y mi criterio, este juramento y declaración escrita...”

Con estas palabras da Hipócrates comienzo al llamado juramento Hipocrático; el cual ha trascendido hasta nuestros días. El juramento fue confeccionado por entre los años 460 y 377 a.C. Su autor ha sido considerado el médico más importante de la antigüedad, y bautizado como el padre de la medicina. (14)

Si hoy es bien conocido el aporte que Hipócrates hiciera al conocimiento de las enfermedades, e incluso a la filosofía y a la ética de la relación médico-paciente, alguno de sus planteamientos han sido cuestionados en el contexto histórico de nuestros días.

“Se debe examinar al enfermo con calma, con un fin, observándolo con disimulo, mientras se discuten con él la mayor parte de las cosas; brindándole con alegría la valentía y seguridad necesarias; aislando y diferenciando los aspectos relativos a su enfermedad; reprimiéndolo con vigor y seguridad o consolándolo con atención y buena voluntad; no dejándolo darse cuenta de lo que le sucederá ni de lo que le amenaza; pues más de un enfermo ha estado a punto de morir por esta causa, es decir por un pronóstico donde se le anunciaba acerca de lo que podría sucederle o amenazarle”. (14)

Probablemente, acaso sin proponérselo, con Hipócrates también tiene sus orígenes la práctica de una medicina paternalista, la cual amenaza con quedar atrás en la medida en que el desarrollo científico y cultural de la humanidad sitúan al paciente y al médico en condiciones de diálogo, en el marco de un respeto mutuo donde se subrayan los derechos y deberes de médico y paciente, la libertad individual y la necesidad de una decisión compartida basada en el principio de un conocimiento científico actualizado y responsable probablemente , acaso sin proponérselo, con Hipócrates también tiene sus orígenes la práctica de una medicina paternalista, la cual amenaza con quedar atrás en la medida en que el desarrollo científico y cultural de la humanidad sitúan al paciente y al médico en condiciones de diálogo, en el marco de un respeto mutuo donde se subrayan los derechos y deberes de médico y paciente, la libertad individual y la necesidad de una decisión compartida basada en el principio de un conocimiento científico actualizado y responsable.

En los albores del siglo XXI, el diagnóstico y el pronóstico de un enfermo en general, y de uno con cáncer en particular, no son propiedad del médico sino que constituyen una información compartida, dentro del marco de respeto del hombre y de una confianza recíproca, entre uno o varios médicos y un paciente, el cual está inmerso en una delicada y elaborada red de relaciones familiares, profesionales y culturales. Hipócrates no pensó siquiera en justificar el “secreto” médico frente al enfermo. Esta actitud le parecía sin duda evidente, en razón del estatus social del médico en su época y de la ignorancia del enfermo sobre la medicina, ignorancia apenas mayor que la del honorable practicante.

Hipócrates no podía concebir que la clave de la relación médico-paciente fuera la información. Una bien larga evolución del conocimiento y las mentalidades han sido necesarias para que el saber médico sea progresivamente compartido y para que finalmente, el deber de brindar una información –leal, clara y apropiada– tenga carácter ético y legal, con la sola reserva de un “diagnóstico o de un pronóstico grave”. Una información pertinente y de calidad no es solamente recomendada, sino también indispensable. Los médicos están obligados a suministrar “una información leal, clara y apropiada sobre los riesgos graves referentes a las investigaciones y al tratamiento, excepto los casos de urgencia, de imposibilidad o de rechazo del paciente de ser informado.”(15 y 16)

El diálogo remplaza entonces al monólogo y la información compartida provoca una actitud interactiva de los protagonistas. Hipócrates tenía por otra parte bien claro que la participación del enfermo era deseable: “la vida es corta, la ciencia es larga, la ocasión fugitiva, la experiencia engañosa y el juicio difícil. Es necesario no sólo hacer lo que más conviene, sino también hacer que el enfermo, los asistentes y el medio que lo rodea concuerden. (17)

Más recientemente, el saber médico ha encontrado una demanda creciente de información por parte de los pacientes. Pero la información del paciente no sólo se limita al diagnóstico y al pronóstico, ni los problemas éticos a la vieja y confusa cuestión del derecho a saber la verdad. “El médico debe a la persona que trata, cura y aconseja, una información leal y apropiada, sobre su estado, las investigaciones, los cuidados y el tratamiento que le propone.”(18)

Desde entonces, a pesar de la tenaz resistencia y las difíciles relaciones (19), se vislumbra una evolución según la cual el papel del médico es suministrar una información de calidad, para que el paciente pueda participar activamente en su protocolo terapéutico y asumir su responsabilidad y derecho en la elección de su tratamiento. El desarrollo de la relación médico-paciente se perfila ineluctablemente hacia una decisión compartida, reflexiva, teniendo en cuenta las preferencias del paciente. (20) Los temores experimentados por Hipócrates parecen infundados, la mayoría de los pacientes parecen sentirse satisfechos de esta decisión compartida.
La información médica no se limita al paciente. En el círculo más estrecho de sus relaciones se sitúa la familia, quien también, de mutuo acuerdo con el enfermo, debe beneficiarse de una información adaptada, condición principal de una alianza “terapéutica” entre el personal de salud y su entorno. (21)

Una vez recibida, la información provoca en las personas una serie de reacciones íntimas, frente a una patología real o posible, presente o futura y las inducen a compartir con otros interlocutores y dentro de otras redes relacionales los mensajes descodificados de dicha información.

La información debe ser juzgada en cada momento de su emisión, su recepción y su ulterior difusión, de acuerdo con las reglas de la ética, incluso si éstas son a veces poco claras. (22)

La ética médica tiene por lo tanto su punto de partida antes de nuestra era, simbolizada por el más ilustre médico de la antigüedad, Hipócrates, cuya doctrina ha tenido una gran influencia en el ejercicio de la profesión médica en los siglos posteriores.

Así, durante siglos se va produciendo una transformación evolutiva de la ética médica en forma lenta, de acuerdo con el propio desarrollo de la medicina y la ciencia y, especialmente, de los cambios socioeconómicos ocurridos. La influencia de las corrientes filosóficas burguesas traza pautas desde el siglo pasado para consolidar una ética médica burguesa, que encuentra con el desarrollo del marxismo-leninismo y la experiencia de la revolución social que instaura el socialismo, una nueva visión de la ética médica. Los conflictos y dilemas éticos que surgen después de la Segunda Guerra Mundial con la defensa de los derechos humanos y el avance impetuoso de la tecnología y las nuevas políticas de salud le dan nuevas visiones y dimensiones.(23)

Actualmente, la ética médica aborda múltiples temas relacionados con la práctica médica, con el ejercicio profesional, con la gestión de salud, con los avances de la ciencia y la tecnología médica, y con la regulación de la vida. El juicio ético, como componente obligado de la práctica médica, está inmerso en cada tema de la ética médica tiene que ver con el comportamiento profesional del médico en su ejercicio frente al paciente para juzgar la aplicación de investigaciones complementarias y terapéuticas con énfasis en la relación médico-paciente. (24)

El uso de las nuevas tecnologías en los servicios de salud está avanzando rápidamente, sobre todo en los países que cuentan con mayores recursos. El desarrollo de equipos basados en nuevos principios, como la microelectrónica, está teniendo un fuerte impacto en el desenvolvimiento de los servicios de salud. También en el campo de la biotecnología se está produciendo un desarrollo vertiginoso con la electrónica biomolecular, la producción de materiales biosintéticos, la inmunología molecular y, muy especialmente, la ingeniería genética. (25)

La incorporación de la medicina al torrente general del progreso científico-técnico ha creado una serie de problemas de carácter ético, por ejemplo, los aspectos sociomorales que surgen en los trasplantes, en los problemas genéticos, en la psicofarmacología, en el experimento clínico y en muchos más que se derivan de los adelantos más modernos.

Emplear la nueva tecnología médica entraña también otras preocupaciones como su elevado costo, el acceso de los pacientes por igual a los servicios de salud, el consentimiento voluntario a someterse a una nueva tecnología, la relación médico-paciente, así como el perfil profesional del médico del futuro. En efecto, el alto costo de estas tecnologías de punta obligará sin dudas a controlar más e investigar la relación costo/beneficio, particularmente de aquellos procedimientos de alto costo y alto riesgo. La atención médica, a tenor de la introducción de estos adelantos, se ha venido encareciendo sostenidamente en los últimos años, lo cual establece el dilema de quiénes deben beneficiarse principalmente de ellos, los que los pueden pagar, o los que los necesitan realmente. (25)

Para algunos autores relacionados con la bioética, el «abuso tecnológico» se refiere más bien al uso indiscriminado de las indicaciones de los procedimientos tecnológicos más avanzados, consideran, además, los riesgos que muchos de ellos pueden producir en el paciente.

La necesidad urgente de reconstruir cuidadosamente la ética médica con la finalidad de abordar los nuevos dilemas y conflictos que la tecnología médica y las políticas de salud en evolución introducen en la función del médico y en la gestión de salud, se hace impostergable en este momento histórico con nuevos enfoques y estructuras, pero dentro del marco teórico del marxismo-leninismo, para enfrentar estos acuciantes problemas, que no son dependientes exclusivamente de las teorías burguesas y la llamada cultura posmoderna, sino también, y con mayores razones, en la sociedad socialista donde se pone fin a las contradicciones antagónicas entre los valores científicos y morales, sin perder los principios humanísticos. El carácter socialista de nuestra medicina constituye la base material sobre la que se sustenta la moral y la ética de los trabajadores de la medicina cubana que engendra principios éticos clasistas y partidistas opuestos radicalmente a la ética médica burguesa. (25)

Se trata de una profesión realmente rigurosa, que requiere de largos años de estudio para titularse, y luego exige una actualización constante. Se trabaja con la salud y la vida de personas por lo que implica un alto grado de responsabilidad y por lo tanto de presión psicológica. El trabajo es intenso y a veces prolongado; y algo sumamente importante, el profesional de la salud trabaja en medio del sufrimiento humano con el objetivo de aliviarlo o eliminarlo, y esto trae como consecuencia sufrimiento y desgaste emocional, ya que el buen médico, enfermera, psicólogo, etc. nunca llegan a desensibilizarse completamente. 

Lógicamente, este es el lado sombrío de la profesión médica, y no la profesión entera. Pero ese lado oscuro representa sufrimiento no sólo para el paciente, sino también para el profesional que lo atiende. Y si estos no están lo suficientemente motivados, si la actividad laboral no forma parte del sentido de sus vidas, el sufrimiento será aun mayor, y lo que es peor, generará sufrimiento humano, ya que atenderá sin deseo al paciente o con hostilidad, cuando el paciente necesita mucho apoyo y comprensión de su dolor y salud quebrantada por lo que inevitablemente incurrirá en iatrogenia y/o en violación de la ética profesional. (26

La iatrogenia, de iatros (médico) y genia (engendrar), abarca todos los efectos nocivos que pueden derivarse de la gestión médica, e incidir sobre los pacientes y sus familiares. (26)

Las iatrogenias más frecuentes son aquellas relacionadas con el uso inadecuado de recursos terapéuticos que utilizan la vía psíquica como intermediario principal y que expresan en la clínica la realidad de nuestra observación autocrítica de que en la relación médico-paciente, solo existe una alternativa: la psicoterapia o la iatrogenia.

El desarrollo exitoso de la relación médico-paciente requiere, además de la intuición, algunos conocimientos sobre sus características básicas pues es una situación interpersonal que cabría en la categoría de relación de prestación de servicio. En esta categoría, por lo general, intervienen dos personas con diferentes grados culturales y estados afectivos. Una se halla en la posición de reclamar ayuda y la otra, en la de ofrecerla, y su interacción se produce por vías verbales, extraverbales, táctiles e instrumentales. El éxito de la misma depende de la capacidad del médico para manejar la situación de inferioridad del paciente mediante el respeto, la atención y el trato afectuoso, y de su preocupación y su capacidad para satisfacer los objetivos básicos del enfermo: saber qué tiene, aliviarse y curarse. (27)

Si la relación médico-paciente fuera mala, las mismas conexiones determinarían efectos opuestos. (28)

La iatrogenia producida por relación deficiente médico-paciente puede deberse a la subvaloración de este aspecto por parte del facultativo, a su desconocimiento de los factores psicológicos básicos de la relación o a la inseguridad y la angustia que surge ante la enfermedad del paciente o ante situaciones humanas del interrogatorio extraprofesionales que el médico involuntariamente desplaza sobre sus enfermos. (29) 

En Medicina decimos que ”interrogar es un arte” pero cuando se trata de pacientes ancianos se trata de un “arte mayor,” Al realizar el interrogatorio, de forma intuitiva, el anciano valora, de acuerdo con las preguntas que se le formulan, el grado de interés mostrado por el médico sobre su problemática.

El interrogatorio puede ser deficiente: por su brevedad, ya que se percibe como manifestación de apuro; por indiscreto, apreciación del paciente cuando las preguntas no tienen una relación clara con su problemática; por inducir síntomas, sobre todo en pacientes muy sugestionables como lo son de hecho la mayoría de nuestros senescentes; por utilización de términos que el paciente no conoce, deficiencia productora de grandes dificultades de comunicación; y por mala sistematización, error que causa serias dudas sobre la capacidad del médico, en pacientes con alto desarrollo cultural. (30)

El interrogatorio mal encausado expresa que el médico no se ha preocupado por escrutar qué espera de él su paciente y a qué nivel lo espera. Debemos tener presente que los ancianos buscan en el personal médico el apoyo y comprensión que les es negado con frecuencia por las personas que los rodean, demandan más atención y paciencia de nuestra parte, en ocasiones nos refieren muchos aspectos que no tienen relación con lo que queremos investigar o por el contrario pueden mostrarse “impenetrables” o con miedo a referir sus quejas y preocupaciones. (31)

El examen físico puede ser deficiente por iguales causas que las señaladas en el interrogatorio, pero sus fallas son más significativas para el paciente geriátrico, ya que valora este aspecto del trabajo médico como el más importante. Se siente atendido solo si el médico” le pone la mano encima” o refiere que “ni lo tocó.”

Se debe recordar además, que acude al médico a dialogar con la ciencia y que para él ésta habla mediante los instrumentos, cuyo efecto "mágico" positivo no debe ser olvidado por el facultativo, quien debe evitar la insatisfacción del deseo de ser explorado técnicamente cualquiera que sea la especialidad médica. 

Por lo general, además de su motivo de consulta, el paciente anciano sufre temores hipocondríacos que muchas veces no expresa y que pueden ser la expresión de una depresión solapada, por lo que el examen confirmador de su buena salud tiene un gran poder ansiolítico y hasta antidepresivo.

Por ejemplo ¿Él no me va a tomar la presión?, expresión frecuente en especialidades no clínicas, pone de manifiesto esta aspiración del enfermo. (32)

Por otra parte, un examen físico demasiado minucioso o repetido por el mismo médico o por compañeros de trabajo o alumnos, crea grandes angustias en el paciente. Esta situación es muy difícil de controlar en hospitales docentes donde se establece muchas veces el conflicto iatrogenia-docencia.

La causa más frecuente de iatrogenia por deficiencias en el examen físico es la subvaloración que hacen muchos médicos del notable efecto reforzador de la terapéutica de un examen físico que satisfaga al paciente. El médico debe programar la exploración de su paciente, valorando no sólo sus necesidades para el diagnóstico, sino también las preocupaciones de la persona que asiste. 

Queremos señalar además la importancia de enseñar a nuestros educandos el respeto al pudor de los pacientes en general pero sobretodo si se trata de adultos mayores. (33)

La información al paciente es la causa más frecuente de iatrogenia y también la productora de los efectos más nocivos entre todos los producidos por vía psicológica. (34)

Las deficiencias en la información pueden consistir en:
Información omitida o insuficiente. La prescripción puede ocurrir sin información alguna o estar simplemente precedida por frases como ésta: "El estudio realizado arroja que usted tiene una pequeña úlcera en el duodeno" (hubiese sido muy oportuno agregar) "que con un tratamiento bien llevado curará en 4 o 5 semanas". La información omitida o insuficiente expresa muchas veces el olvido por parte del médico de que uno de los objetivos del paciente es saber qué tiene y cuál es su pronóstico. 
Información excesiva. "Su enfermedad respiratoria, en la actualidad, y gracias a los adelantos de la ciencia, es muy benigna y las complicaciones que se describen son muy raras, se considera que sólo aparecen en 2 % de los casos". En realidad el paciente sólo necesitaba la primera parte de la información, que hubiese sido terapéutica y no pensaría en que él pudiera ser ahora parte de ese 2% de los que se complican. Muchas veces la información excesiva es un recurso involuntario del médico para compensar su inseguridad, pues esta deficiencia es más frecuente en médicos recién graduados y estudiantes pero de la que no estamos exentos el resto del personal médico aunque tengamos más experiencia por nuestro trabajo diario en Geriatría.(35) 
Información angustiante. "Esos mareos son producidos por un principio de osteoartrosis”. Le pondremos tratamiento para aliviarlo, pero no espere que se elimine totalmente". El médico que actúe así, con seguridad eliminaría ese error si estuviera consciente de que está anteponiendo el cuidado de su prestigio a la curación de un enfermo.

"No me hago responsable de su vida si usted se levanta de la cama". Aquí el médico está manifestando en forma verbal su angustia ante el pronóstico desfavorable del enfermo y posiblemente utilice la expresión inadecuada como recriminación a una indisciplina que se debe al mismo sentimiento del paciente. Cuántos médicos no han estado tentados a pronunciar la frase de "pon de tu parte". Los que han usado este recurso deben saber que en momentos de tensión dieron salida a su hostilidad hacia el enfermo que “no acababa de resolver y que el único efecto conocido de esa frase es la inhibición por la angustia que provoca en quien la escucha porque en realidad no puede hacer lo que le pide el médico. Otro ejemplo es:" Yo a los viejos les hablo claro, lo que usted tiene es un cáncer en el pulmón". Quien así se conduzca debe saber que con muchas posibilidades el sadismo es un componente importante de su personalidad. Debemos tener en cuenta que si bien el paciente tiene derecho a la verdad sobre su enfermedad no todos están preparados para esta forma grotesca de expresión que lejos de ayudarlo lo llevaría aún más a la depresión con la temible inmunodepresión que se le asocia y hasta a “darle un empujoncito hacia el barranco” y aumentar aún más la ya elevada tasa de suicidios consumados en estas edades de la vida. (36)

Información a otro nivel. La utilización de términos muy técnicos cuando hablamos a un paciente puede crear notables angustias por una mala interpretación de los mismos. Una "adenitis banal", puede por ese mecanismo convertirse en la más terrible de las enfermedades. La utilización de estos términos evidencia el olvido de que una comunicación sólo cumple su objetivo cuando llega al nivel del interlocutor. 

Utilización de términos con significados populares de mal pronóstico. Las palabras trombosis, embolia, parálisis, infarto, reforzamiento, artrosis, y cardíacas, cuando son escuchadas o leídas en un documento médico pueden producir un notable efecto nocivo. El facultativo debe reconocer la importancia que tienen los pronósticos populares para los enfermos. (37)

Informaciones contradictorias. Los mensajes contradictorios son fuente importante de angustia cuando son transmitidos por el médico, pues conducen a la inseguridad, la desconfianza y el temor. El estudio crítico de algunas de nuestras comunicaciones a los pacientes, descubriría ambigüedades como éstas: "No se preocupe, no es nada importante; pero es necesario que venga usted a examinarse semanalmente para evitar complicaciones".

Sin duda alguna, son dos mensajes contrarios transmitidos por la misma vía verbal. Otras veces, el médico, luego de revisar una gráfica de ECG en presencia del paciente, y manifestar todas las señales extraverbales de preocupación y disgusto, se dirige al paciente con esta frase: "Como le decía, su corazón está absolutamente sano". Así incurre, de forma involuntaria, en una contradicción extraverbal-verbal.

La contradicción hablada-escrita es también bastante frecuente y se nos escapa en referidos y órdenes de exámenes complementarios.

Nuestra comunicación de que un “dolor en el pecho” carece de importancia, no debe ser seguida de una orden de ECG donde aparezca la palabra urgente.

Las comunicaciones contradictorias hacen evidente el deseo consciente de atenuar la angustia del paciente y la expresión involuntaria de la preocupación del médico. Quien comete este tipo de contradicción, ha dado ya un paso de avance en la lucha contra la iatrogenia y sólo necesita controlar sus expresiones involuntarias para que el triunfo sea completo.

Informaciones inconsecuentes. El médico debe cuidar que sus orientaciones sigan siempre la misma dirección. Situaciones como las siguientes generan en el paciente notable inseguridad y desconfianza en el facultativo:
"Doctor, en la consulta pasada usted me autorizó a fumar con moderación y ahora me increpa por fumarme un cigarro". Es muy posible que en la pasada consulta el médico tuviera mejor estado de ánimo que en estos momentos.

Falta de discreción con la información. Ejemplos clásicos son las palabras que se escapan en los pases de visitas, los diagnósticos que se nos van en los certificados, los referidos y las órdenes de exámenes complementarios, los elementos diagnósticos y pronósticos transmitidos por el personal paramédico, y los datos recogidos por el paciente de su propia historia clínica aprovechando un descuido o porque nuestro propio personal se la entrega, error grave que hemos podido constatar en más de una ocasión.

Énfasis en la iatrogenia que se produce en los salones de operaciones cuando el paciente no ha perdido aún la conciencia por el anestésico administrado. En ese momento se crean condiciones similares a las que ocurren durante un narcoanálisis (inyección de barbitúricos, con fines de aumentar la sugestionabilidad del paciente). Por dicho mecanismo, quedan profundamente grabadas en la mente del enfermo las comunicaciones verbales que escucha Además, en el anciano por el propio proceso de envejecimiento ocurren cambios en la farmacodinamia y farmacocinética por lo que debe valorarse el riesgo/beneficio del uso de dichos medicamentos en estas edades. (38) 

Descuidos en la programación de informaciones masivas. El médico cada vez se proyecta más hacia su medio, y éste condiciona la utilización de recursos masivos de comunicaciones, la prensa escrita, la radio y la televisión son las vías más usadas para comunicar conocimientos a la población. La característica notablemente heterogénea de la masa humana que entra en contacto con dicha información, hace que se modifiquen de forma extraordinaria las condiciones de comunicación a las que el médico está habituado en su trabajo diario, y preparan el terreno para la iatrogenia si no se valora con cuidado cada una de las ideas. Las siguientes líneas son tomadas de una revista popular.

"¿Es hereditaria la enfermedad de Alzheimer? Desde hace tiempo muchos psiquiatras y gerontólogos lo estudian por ser incurable."

"La utilización de medicamentos como el Haloperidol y la Tioridazina puede ser eficaz en los trastornos cognitivos pero a su vez puede convertirse en un arma mortal para el anciano."

Tanto el que tenga un progenitor con esta enfermedad como el propio paciente que aún pueda pensar por sí mismo, al momento de leer estas líneas posiblemente serán víctimas de iatrogenia.

Los métodos transmitidos en forma verbal, los escritos con letras ilegibles o muy pequeñas y, sobre todo, aquellos donde se utilizan muchos fármacos, determinan angustia en el paciente y la polifarmacia es, entre todos, la que genera mayor grado de iatrogenia, ya que el paciente considera que su afección debe ser grave al necesitar tantos medicamentos. Aunque queremos hacer la salvedad de que hay pacientes ancianos que si el médico no le prescribe ningún medicamento o solo uno refieren que “no les gusta ese médico porque no sabe nada” ya que algunos tienen ”adicción” a múltiples medicamentos y es ahí donde el arte de informar del galeno tiene que ponerse a prueba porque nunca es tarde para educar y mucho menos para aprender. 

La violación de la ética médica es la forma de iatrogenia que puede producirse indistintamente si la trasgresión ética se produce con el paciente, con su familia o con otros miembros del equipo de salud, o con otros médicos.

La indiferencia de un equipo en lo relativo a respetar el pudor del paciente, la comunicación al esposo con trastornos sexual de las confidencias recogidas en una entrevista con su cónyuge y las críticas destructivas sobre la conducta médica del compañero que remite un enfermo, serían ejemplos respectivos de las tres categorías de violaciones éticas arriba enunciadas. (39)

Quien critica a un compañero en presencia del enfermo, seguramente ignora que la pérdida de la autoridad científica de dicho colega en la apreciación del paciente que nos escucha, determinará una gran inseguridad en ocasiones futuras, cuando necesite nuevamente su atención.

El problema ético es una necesidad actual por lo que tenemos que tener en cuenta:
-. Decir la verdad: “el deber de decir la verdad constituye un requisito para toda la comunidad moral. Adquiere una especial importancia en la relación médico paciente en la que la confianza es esencial debido al desigual poder y las graves decisiones médicas.”
-. Autonomía: “Su propósito es permitir a los pacientes competentes que tomen sus propias decisiones en cuestiones de salud basándose en sus propios valores.” 
-. Competencia: “La capacidad legal del paciente de comprender las posibles consecuencias de su decisión y las alternativas de que dispone.” 
-. Confidencialidad: Este principio se basa en que el médico no divulgará la información privada del paciente. (40)

En el Servicio de Hospital de Día de Geriatría del HCQD ”10 de Octubre” se trabaja con un equipo multidisciplinario dirigido por el médico Geriatra, lo que nos ha permitido trabajar unidos pero con la supervisión del especialista al hacer una evaluación conjunta, donde todos aportan información que puede resultar relevante a la hora de tomar la decisión de si informa o no, cuándo y cómo.

Después de realizados los exámenes clínicos y de laboratorio correspondientes, y de llegar a un diagnóstico positivo, se reúne el equipo con la familia, a la cual se le comunica el diagnóstico de su paciente, se respetan de igual manera los preceptos básicos tanto éticos como humanos y se le ofrece la oportunidad de reunirse con sus integrantes, tantas veces como sea necesario, cosa que generalmente ocurre más de una vez, antes de que se tenga el primer encuentro con el paciente. (40)

Una vez ya conocido el diagnóstico por los especialistas, comienza el proceso de evaluación del paciente teniendo en cuenta: 
-. El equilibrio psicológico: ser capaz de prever las posibles reacciones emotivas afectivas. Conocer cuáles han sido las reacciones de éste ante situaciones difíciles de su vida, lo que va a permitir conocer en principio, y de manera muy somera, su estructura psicológica de base. 
-. La edad: nunca será igual informar a un adulto mayor entre 60 y 70 años que a un octogenario o a un longevo, pues ni su historia, ni la manifestación clínica y reacción psicológica ante sus patologías serán las mismas. 
-. Rol social: es importante valorar el rol social y el proyecto de vida del paciente anciano, sus aspiraciones, las expectativas y la posibilidad de ayudarlo a reorganizar ese proyecto ya que muchas veces se produce la pérdida del mismo sobretodo después de la jubilación o por invalidación por una enfermedad.
-. Tipo de tratamiento e impacto emocional sobre el paciente: el tipo de tratamiento también influye en la posible respuesta del paciente porque debemos tener en cuenta que “existen pacientes y no enfermedades”, principio que en los adultos mayores es aún más importante ya que las manifestaciones clínicas en ellos son muchas veces atípicas y por eso algunos galenos pueden confundirse y cometer errores en el diagnóstico y por supuesto en el manejo terapéutico de los mismos cometiendo iatrogenias graves dadas por el desconocimiento de estas particularidades en los ancianos. ¿Qué conocimiento actual tiene acerca de lo que le está ocurriendo, qué quisiera conocer, qué piensa de lo que le ocurre, hasta dónde le gustaría saber? (40) 

Estos aspectos servirán de guía para modular en cualquier sentido el nivel de información y decidir unido a la familia, respetando siempre su opinión, el tipo de información a brindar.

Una vez tomada esta decisión, la reunión se efectuará en un lugar tranquilo, que tenga privacidad y un mínimo de comodidades, previa coordinación para que el tiempo a emplear sea todo el necesario, no debe haber apuro, ya que la manera de comunicárselo tendrá tanta o más importancia que el contenido de ésta. (41)

La comunicación debe brindarla el médico de asistencia, es en la experiencia práctica la persona ideal, quien mejor dotado está de los conocimientos del proceso evolutivo de su historia individual y si el paciente lleva algún tiempo ingresado, es también en quien éste ha depositado su confianza, y quien más dominio tiene del tratamiento actual y futuro, del pronóstico y de la posible evolución de la patología. 

En ocasiones ocurre que la familia prefiere ser quien informa, entonces se les brinda toda la ayuda psicológica necesaria y se les dan las recomendaciones, por lo general cuando la familia decide informarlo lo hace sola, sin la presencia del personal especializado, sólo en muy pocas oportunidades piden la asistencia de alguien del equipo en este acto.

Se ha podido constatar en la práctica, que la presencia del médico de asistencia y el psicólogo, unido a la familia, forman la tríada con mejores resultados en el proceso de brindar la información en nuestro servicio.

Ya con el paciente, en el acto de brindar la información, hay elementos muy importantes a tener en cuenta; mostrarse seguro de poder ayudarlo, ser empático, hablar despacio, no usar tecnicismos, pues es un error relativamente frecuente, escuchar al paciente, permitirle preguntar y estar dispuesto a tener próximas entrevistas, éste no debe ser un acto único. (41)

Algo que se considera esencial es que después de haber brindado la información, el paciente sepa que lo verán con la misma frecuencia que antes, siempre habrá alguien del equipo médico con el cual él podrá contar para esclarecer sus dudas, que lo acompañará, que compartirá con él sus miedos, sus esperanzas y que además, ayudará a su familia. Se cita al médico de familia de su área para transmitirle todas las orientaciones acerca de su paciente para un mejor seguimiento en la Comunidad. 

Decir la verdad supone el compromiso previo de ayudar a integrarla, de compartir las preocupaciones, de acompañarle en su soledad interior, de caminar juntos y de prepararlo en algunas ocasiones para recibirla.

Se le informa a la mayoría de los pacientes acerca de sus problemas de acuerdo al tipo de enfermedad que presenten y teniendo en cuenta su nivel intelectual, capacidad mental y estado psicológico lo que se hace de manera diferenciada de acuerdo a cada caso.

Sólo unos pocos no son informados y esto va a estar dado fundamentalmente por la oposición de la familia a que se le comunique sobre su patología como por ejemplo los que presentan procesos oncoproliferativos, ancianos con deterioro mental importante o estados psicoafectivos que no permiten conocer toda la información acerca del problema que presentan, decisión que siempre es respetada por el equipo. 

Nunca se usan palabras como cáncer, neoplasia, tumor, demencia, incurable, letal, invalidante, pero si se es honesto, se debe explicar, por ejemplo: “Lo que tienes es un tipo de enfermedad que no es buena como no lo es ninguna enfermedad pero puedes mejorar porque has llegado a tiempo y el tratamiento que hay que ponerte es..., para que puedas seguir llevando la vida junto con tu familia en el hogar y vas a venir a nuestro departamento los días…….”

La información se dará siempre en términos de “verdad soportable”: la que pueda asimilar y aceptar el paciente, la “soportabilidad” es cambiante en función del tiempo de evolución y de la información recibida. (41)

Finalmente se puede concluir que: 
Cuando el paciente conoce su patología, coopera mucho más con el tratamiento, no piensa que es un castigo, y así se evita que el “pensamiento mágico” de éstos los lleve a sentirse culpables por algo, lo que va a permitir reestructurar su vida en el presente y futuro de manera cooperada. 

Se acaba la conspiración del silencio alrededor del anciano, que tanto daño le hace de no ser necesario. 

La familia puede de manera honesta y objetiva organizar y planificar mejor todo lo relacionado con la vida de ambos. (41)

Ni en las escuelas ni en el hogar se nos enseña a dar malas noticias, ni aún dentro de la formación académica profesional de nuestras universidades. Esto se aprende a lo largo del camino que se recorrerá en el enfrentamiento con el paciente, por lo que es importante que los especialistas que tendrán que tratar con los adultos mayores que ya van camino hacia la etapa final de la vida y donde es muy frecuente la pluripatología, la pérdida de roles, de la autoestima, de la autonomía y otros factores de riesgo social, se preparen y reciban un entrenamiento acerca de cómo manejar la información en los servicios que los atienden, reconocer que no existen fórmulas, pero sí regularidades que permitirán guiarlos a través del proceso de la información y lo más importante será la grandeza y la calidad humana de quien lo hace, saber que se tiene un compromiso moral y humano con el paciente y sus familiares para no cometer la temible iatrogenia que tanto daño nos hace a todos pero que es incalculable en estas personas que han llegado a la recta final, por lo que debemos esforzarnos para hacer que este camino sea para ellos digno, ético y sobretodo feliz. 

CONCLUSIONES
Es muy importante en la realización del trabajo médico y aún más en aquellos que dedicamos nuestra vida profesional a los pacientes adultos mayores, la conservación de la ética médica mediante una comunicación cordial en la que se respeten todos sus principios, brindándoles el apoyo necesario en cada una de las situaciones en que acudan a nosotros para tratar de ser lo más comunicativos, leales y fieles a nuestra profesión pero también a los principios de la moral establecida y de esta forma no incurrir en la temible Iatrogenia que a veces cometemos sin percatarnos de ello. 

De esta forma se facilita el trabajo con los pacientes y sus acompañantes a la vez que mejora la calidad de las relaciones interpersonales con los compañeros de trabajo en la rama de la Salud Pública que en ocasiones se ve deteriorado por mal entendidos o expresiones inadecuadas que podemos evitar.

Respetar la decisión de los ancianos forma parte de nuestra ética profesional pero sobretodo lo haremos por ese inmenso respeto que les debemos al ser ellos nuestras raíces y nuestro pasado.

RECOMENDACIONES
Recomendaciones para evitar la iatrogenia y mantener vigente los principios bioéticos en la atención al Adulto Mayor:
-. Pensar siempre en no hacer daño al anciano. 
-. Mantener una consistente actitud psicoterapéutica ante nuestros enfermos. 
-. Planificar cada una de nuestras acciones en la Relación Médico Paciente. 
-. Darle el valor que merece al establecimiento de una buena relación médico-paciente. 
-. Aprender a situarnos psicológicamente en el lugar del enfermo. 
-. Saber encontrar las angustias del paciente más allá de las que comunica. 
-. Valorar cuáles son sus objetivos al acudir a nosotros 
-. Medir con cuidado nuestras informaciones, pero no dejar de hacerlas. 
-. Nunca debemos terminar una entrevista sin contestarnos la pregunta: ¿He dado a este paciente lo que esperaba de mí? 
-. Nuestros conflictos humanos debemos dejarlos fuera del centro de trabajo, para impedir que se desplacen sobre aquellos adultos mayores que buscan ayuda en nosotros.
-. Expresar en todo momento nuestro humanismo mediante el profundo respeto al paciente y la constante preocupación por su bienestar y desarrollo. 
-. Cumplir siempre los principios de autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia, pero sobre todo comportarnos ante los pacientes y familiares como quisiéramos ser tratados de estar en su situación. 

Tenemos que hacer que la sensibilidad humana, la capacidad de compasión, la disposición de ayudar y de involucrarnos en las situaciones de nuestros pacientes fluyan constantemente del inagotable manantial de nuestra profunda vocación médica y tener por seguro que cada vez tendremos más habilidades psicoterapéuticas y menos potencialidades iatrogénicas gracias al empleo en nuestra práctica médica diaria de la Bioética.

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HOSPITAL DOCENTE CLÍNICO QUIRÚRGICO
“10 DE OCTUBRE”
FACULTAD DE CIENCIAS MÉDICAS
CIUDAD DE LA HABANA

Autora: 
Dra. Caridad Maritza González Díaz
Especialista de Primer Grado en Geriatría y Gerontología.
Profesora Asistente.

Ciudad de la Habana
Enero del 2007



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Publicación enviada por Dra. Caridad Maritza González Diaz
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Publicado Monday 22 de January de 2007

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