Monografias | Deporte y Política en los tiempos de Fidel CastroDeporte y Política en los tiempos de Fidel CastroResumen: XXIII Juegos Olímpicos de Verano Los Àngeles 1984. Final de la maratón. El maratonista haitiano Dieudonnè Lamothe termina su carrera en el puesto número 74, muy por encima de varios fondistas de la llamada región del Tercer Mundo, entre ellos Domingo Tibaduiza (Colombia), Rodolfo Gómez (México) y Ronald Lanzoní (Costa Rica). ÍNDICE
I - DICTADORES Y ATLETAS
Nadie sabía a ciencia cierta que ocurrió con el deporte haitiano tras su
época gloriosa en las Olimpiadas Modernas de París-1924 y Amsterdam-1928,
donde la primera república negra del mundo se dió el lujo de ganar medallas
olímpicas en las pruebas del atletismo y el tiro. Haciendo un recuento del
pasado deportivo haitiano, en los Juegos de Vérano de Francia, los tiradores
Augustin Ludovic, Destine Destin, Volborge Ludovic, Metullus Eloi y Roland
Astrid ganaron una medalla de bronce, poco después de empatar con los
anfitriones. Pero además de esta medalla, Augustin y Volborge Ludovic
tuvieron magnificas actuaciones en una de las pruebas del calendario del
tiro olímpico. Posteriormente, el 9 de septiembre de 1928, el atleta Sylvio
Cator, quien fue miembro del equipo nacional de fútbol de Haití, llamó la
atención universal al establecer una marca mundial en la especialidad del
salto de longitud, una prueba en la cual ganó la medalla de plata en las
Olimpiadas de Holanda-1928.
Amante del karate, automovilismo, yatismo y el tenis de campo, "Baby Doc"
recordaba con cierta amargura los comentarios negativos que lanzó la prensa
internacional por el triste papel que realizaron los fondistas haitianos en
el Estadio Olímpico de Montreal en 1976. En aquella oportunidad, los atletas
afrocaribeños impusieron las peores marcas olímpicas de todos los tiempos:
Lamothe registró en la prueba de los 5000 metros la marca de 18:50,07
minutos, mientras su compañero Charles Olemus corrió los 10000 metros en
42 minutos.Bajo este recuerdo, el jefe de la dinastía Duvalier no vaciló en
jugar con la vida de un atleta. Sin embargo, a partir de este momento y
hasta el presente, el olímpico Diedonnè Lamothe se convirtió en el símbolo
de los atletas que viven silenciosamente bajo los caprichos de los
dictadores. Desde luego que no hay excepciones en el universo de las
dictaduras tercermundistas. Otro caso es el de Cuba.No hay nadie, entre los
dictadores africanos, árabes, latinoamericanos y asiáticos, por ejemplo,
capaz de igualar la historia de Fidel Castro. Los testimonios son
concluyentes.
Alex estaba totalmente agotado y con un rostro patéticamente deshidratado.
Tras llegar a las costas del Estado de Florida por intermedio de una balsa,
el beisbolista cubano Alex Sánchez había perdido siete kilos de peso a
partir de su viaje clandestino desde una playa de la Provincia de La Habana.
Durante la Guerra Fría, Alex fue uno de los jóvenes afortunados que no
partió a combatir a las extensas junglas de Angola y a los desiertos del
Sahel de la República Socialista de Etiopía, ambos países con los peores
indicadores de desarrollo humano a nivel de las naciones del Tercer
Mundo.Por orden explícita de Fidel Castro, miles de jóvenes cubanos fueron
obligados a luchar en defensa de las jóvenes dictaduras pro-soviéticas del
continente africano. Los pocos que se salvaban de ir a esta misión
irracional eran exactamente los deportistas con destacada actuación en las
ligas de la competencia internacional. En este lapso, cientos de jóvenes
murieron durante guerras externas, pero otros llegaron a la Isla con
enfermedades tropicales y el mortal SIDA. Ciertamente, era el precio que
tenía que pagar Fidel Castro por la ayuda soviética. En esos tiempos,la URSS
encontró en Cuba una mano de obra muy barata para destinarla dentro de su
programa de expansionismo en el África.
Al igual que los gimnastas norcoreanos bajo la tiranía maoísta de Kim Il
Sung o los atletas sudafricanos en los años del régimen racista del
Apartheid, el beisbolista Alex González era sólo un ejemplo del universo de
los deportistas que huyen de la dictadura de la Revolución Cubana.
Aparentemente, él había sido un joven, formado en el famoso ciclo de la
Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) y la Escuela Superior de
Perfeccionamiento Atlético (ESPA), que simpatizaba con los viejos ideales
del Comandante en Jefe Fidel Castro, Primer Secretario del Comité Central
del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estados y
Ministros. Sin embargo, la verdad era otra: él estaba cansado de la
mediocridad y las apariencias de la Cuba Socialista. Con un eterno sueldo de
20 dólares al mes, Alex tenía que hacer muchos milagros para poder
sobrevivir en una Isla donde sólo la dinastía Castro Ruz, entre ellos Madame
Vilma Espín y Raúl Castro Ruz, goza de un alto nivel de vida.
Aquel día de la partida, Alex sabía perfectamente que exponía su vida, y el
de su familia, si era descubierto por los agentes del departamento de
Seguridad de Estado, quienes vigilan cada paso de los boxeadores, nadadores
o ciclistas antillanos. Como el Angka Loeu en los años infernales de la
Camboya Maoísta de Pol Pot o los tiempos del KAM de la Afganistán
Prosoviética, los agentes de seguridad castrista son tristemente famosos por
sus métodos terroristas. Su política represiva se dirige especialmente a
los disidentes políticos, periodistas independientes, activistas y
deportistas con un agitado calendario competitivo en el exterior. A decir
verdad, no es un secreto que los deportistas cubanos se encuentren entre los
más vigilados de la Tierra.
Aparte de arrojar pérdidas económicas al Estado Socialista, la huida de un
atleta antillano multiplica una pésima imagen a la Revolución Cubana. A
esto debe añadirse, el atraso deportivo que ocasiona el éxodo de las
principales figuras de un equipo: en el 2006, el baloncesto masculino de
Cuba clasificó en el puesto cincuenta del ranking global, por debajo de la
República Centroafricana (África), India (Asia), Costa de Marfil (África) y
Kuwait (Mundo Islámico). Todo parece indicar que esta muy lejos la medalla
de bronce que el baloncesto criollo ganó durante los Juegos Olímpicos de
Alemania de los años setenta. La misma historia se repite igualmente en el
área del fútbol que vive de fracaso tras fracaso en su intento por
clasificar a un Mundial de Mayores. Pero lo peor de todo es que hay quienes
han progresado con menos recursos que el presupuesto deportivo castrista:
Togo, Ghana, Angola, Costa Rica, Trinidad Tobago, Jamaica, Ecuador, Costa de
Marfil, Senegal y Paraguay.
De hecho, el gobierno castrista ha adoptado medidas radicales para frenar
todo intento de deserción atlética. Hace poco, Fidel Castro tomó la decisión
de solo enviar a dos leales deportistas-revolucionarios a los tradicionales
Juegos Mundiales Universitarios de Sudcorea, el tercer circuito más
importante del ciclo olímpico del deporte cubano. Sin embargo, el Comité
Olímpico Castrista decidió cancelar la participación nacional cuando la
ciudad surcoreana de Jeje fue escenario del Campeonato Mundial de Judo
Juvenil. Era la primera vez que los yudocas cubanos no participaban en una
alta competencia mundial desde el año 1985.Con seguridad, las autoridades
castristas temblaban de miedo por llevar una numerosa delegación deportiva,
como siempre lo hacen, dentro del ambiente de una de las naciones de mayor
democracia alrededor del Tercer Mundo. Sin embargo, la ola de nuevas
deserciones incluyen a los futbolistas Odelin Molina y Mikel Galindo. Nacido
en La Habana el 3 de agosto de 1974, el arquero Molina fue uno de los héroes
de la clasificación antillana a los Cuartos Campeonatos Mundiales de Fútbol
Infantil de Roma Italia-91, sin lugar a dudas el acontecimiento más
importante en la historia del balompié de la época de la Revolución Cubana.
II-DEPORTE Y POLÍTICA EN CUBA
Julio , 1987, La Habana, Cuba. La selección masculina de voleibol de Cuba se
concentra para la gran final del Torneo Norte-Centro y del Caribe de
Voleibol (NORCECA). Inmediatamente, llega el Comandante, vestido con su
eterno traje militar-olivo. Si hay un personaje que encarne a la perfección
el espíritu absolutista de un dictador tercermundista, ese es sin duda Fidel
Castro, quien ya tiene 79 años de edad. El entrenador Gilberto Herrera
reúne a los voleibolistas para oír los consejos del viejo líder. No era la
primera vez, ni fue la última, que Castro intervenía en los destinos del
deporte nacional. Su currículum es impresionante: En la década de los años
ochenta, prohibió el envió de delegaciones atléticas a las Olimpiadas de los
Estados Unidos-84 y Sudcorea-88.Con seguridad, el discurso de Fidel estará
siempre sonando por el territorio antillano: "La Revolución Cubana ha
logrado empujar al deporte nacional a los primeros planos internacionales.
Ahora o nunca, ustedes tienen la alta responsabilidad de derrotar a los
norteamericanos". De hecho, los voleibolistas estaban acostumbrados a las
frecuentes visitas de Fidel Castro y de su hermano Raúl.
Derrotar a los estadounidenses no era tarea fácil: el equipo de Doug Beal
era nada menos que medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles
1984, además de campeón del Campeonato Mundial Francia-86. Por supuesto
nada cambio. Se inició con un plantel perfectamente diseñado desde los
Mundiales de Buenos Aires 1982.Era un cuadro con gran experiencia en las
canchas de las desaparecidas repúblicas socialistas de Europa del Este.
Horas más tarde, en presencia de Fidel Castro, bloqueando fuertemente sobre
la malla, Cuba lograba derrotar a los Estados Unidos por el marcador de tres
sets contra dos...Era el resultado de una política dictatorial que concede
al deporte el segundo mayor presupuesto gubernamental, sólo superado por el
rubro destinado a las fuerzas armadas...Un punto muy valioso en la
propaganda del Comandante, quien a pesar de ser el dictador más viejo del
planeta, quiere maquillarse cada vez menos a un tirano extraído de las
sangrientas páginas de la historia zaireña, tal vez al corrupto y despiadado
Mobutu Sésé Seko, y cada vez más a un nuevo líder democrático las naciones
del Sur. Para conseguir dicho objetivo, no dudo en adoptar al deporte como
parte de su estrategia dictatorial.
Al margen de las deserciones, el deporte cubano esconde un triste
historial en materia de presiones gubernamentales, explotación
propagandística, lesiones de por vida, pobreza, drogas, matrimonios forzados
y el abusivo retiro de nacionalidades. A decir verdad, nunca se había visto
nada parecido desde los tiempos del gobierno totalitario de la desaparecida
Alemania del Este. De hecho, la mejor reflexión sobre el verdadero rostro
del deporte cubano lo realizó el deportista desertor José Pérez : "Los
atletas cubanos son esclavos del sistema. La mayoría de ellos le tienen que
entregar al gobierno el dinero que cobran en campeonatos internacionales.
Las autoridades deportivas les prometen casa, carro y comodidades.En estos
momentos los dirigentes deportivos están explotando el rendimiento de los
atletas sin mirar si el nivel de nutrición cae por debajo de las exigencias
naturales. Esto trae como resultado que los deportistas corran el peligro de
sufrir lesiones graves."
No es ninguna novedad que durante los 46 años de gobierno unipersonal, Fidel
castro explote sin piedad a los deportistas de la mayor de las Islas de la
Cuenca del Caribe. Mientras que en todos los países civilizados de la
Tierra, incluyendo Eritrea o Bulgaria, los deportistas tienen la libre
opción de adoptar otra nacionalidad, esto en la Isla es considerado como un
"acto de traición" contra la Revolución. A través de las últimas cuatro
décadas, cientos de deportistas, entre ellos basquetbolistas, futbolistas,
esgrimistas o karatecas, han adoptado diversas nacionalidades. A pocos años
de la llegada del nuevo siglo, la extraordinaria atleta africana Eunice
Barber, originaria de Sierra Leona, tal vez el país más pobre de la Tierra,
se convirtió en ciudadana francesa. Más adelante, el pesista ruso Boris
Burov, medalla de oro con el equipo soviético en los Mundiales Juveniles de
Sarajevo, abrazo sin mayores problemas la divisa de Ecuador, un país
democrático desde el año 1979.Bajo la bandera del país sudamericano, Burov
ganó varias medallas en numerosos torneos internacionales, incluyendo los
Juegos Panamericanos de Canadá-99. En esa misma década, Hungría, ex
república socialista de Europa Oriental, no puso mayores obstáculos cuando
uno de sus hijos, el tirador Atila Solti, decidió ser un ciudadano de
Guatemala, uno de las naciones más pobres de Latinoamérica.
Fidel Castro justifica la falta de libertad de los deportistas cubanos sobre
la base de que el Norte se esta llevando a los mejores deportistas del Sur o
el Tercer Mundo. A decir verdad, no es una teoría muy sólida. Primero, por
que muchos deportistas tercermundistas nacionalizados estadounidenses o
franceses han obtenido resultados discretos. Como el waterpolista
puertorriqueño Carlos Stephens, la atleta guyanesa Inniss Jennifer,
especialista en carreras cortas y salto largo, se nacionalizó
norteamericana, pero lamentablemente en los siguientes años no pudo repetir
sus marcas, especialmente en los Juegos Olímpicos de Los Àngeles-84,
logradas bajo los colores de Guyana, una ex colonia británica al norte de
Sudamérica. Segundo, existen algunos casos de deportistas del Norte que han
representado con gran honor a numerosas naciones del Sur. A fines del siglo
XX, las hermanas Sylvia y Claudia Poll, de padres germanos, defendieron la
divisa nacional de Costa Rica con gran éxito internacional: entre los años
1987 y 1988, la nadadora Sylvia Poll fue nombrada la "Mejor Deportista de
América Latina", desplazando a los ilustres Diego Armando Maradona, Anthony
Conrad Nesty y Ayrton Senna. En los siguientes años, su hermana Claudia
asombro a propios y extraños cuando finalizó en el primer lugar de la final
de los 200 metros libres del Torneo de Deportes Acuáticos de la Olimpiada de
Atlanta-96. Nadie podía creer que la hazaña deportiva de un pequeño país
centroamericano guardaba sus raíces originales en Alemania
III -EL EJEMPLO DE COREA DEL SUR
Eran los años en que Corea del Sur no solo vivía la fiebre de su éxito
económico sino también una gigantesca ola de consecutivos triunfos
deportivos internacionales en escenarios extranjeros y nacionales. A partir
del año 1980, la República de Surcorea sorpresivamente empezó a escalar
importantes posiciones en el circuito del deporte global, desplazando a
naciones como Francia, Japón, Canadá e Italia. En Tokio, los surcoreanos
lograron el segundo lugar del Campeonato Mundial de Béisbol, tras una
inesperada victoria sobre los anfitriones. En tanto, los boxeadores
anfitriones Oh Hwang Soo y Moon Sung-Kil se alzaron con las medallas de oro
en el Torneo Mundial de Seúl-82. Todo parecía indicar que atrás quedaban los
tiempos en que el pequeño país asiático solo era conocido por la astucia de
sus voleibolistas y la magia ancestral de sus atletas del taekwondo.
Como ningún otro país de la famosa corriente de los Dragones Asiáticos,
Sudcorea no dudo un instante en invertir millones de dólares en beneficio
de la construcción de supermodernos complejos deportivos y enviar
delegaciones nacionales alrededor del planeta.Tras los Juegos Olímpicos de
Verano de Seúl, el modelo deportivo surcoreano estimulo el desarrollo
deportivo en China Continental, Hong Kong, Tailandia, Taiwan y Malasia. Así,
Kuala Lumpur, la enigmática y moderna capital malaya, fue sede de varios
eventos deportivos internacionales en los años noventa, incluyendo los
Juegos de la Mancomunidad Británica. De hecho, el deporte surcoreano surgió
a partir de la sombra de los gobiernos autocráticos, mas logró su
consagración absoluta con la llegada de la democracia constitucional. A
partir de ese entonces, se asistió a la presencia del mayor ejemplo
deportivo en la historia de un país de la región del llamado Tercer Mundo,
un paradigma que sepulta por completo el viejo modelo deportivo de la
Revolución Cubana
Con alrededor de diez títulos olímpicos y doce medallas de plata, el deporte
surcoreano ocupo el noveno lugar en las Olimpiadas de Atenas-2004. Con
anterioridad, en los Juegos de Sydney-2000, el equipo nacional de hockey
sobre césped masculino ganó la medalla de plata, un hecho casi impensable
hasta inicios de los años noventa, cuando los surcoreanos eran apabullados
fácilmente en sus encuentros con la India, Pakistán, Malasia y Japón en el
marco de los torneos regionales asiáticos. En tanto, el equipo de Sudcorea
arraso con el 70 por ciento de las medallas de las competencias de la
arquería, incluyendo los tres primeros lugares en la categoría individual
mujeres. De la misma forma, el esgrimista Young Ho Kim se convirtió en el
primer campeón olímpico no europeo desde los años del inmortal y legendario
Ramón Fonst, el mejor deportista de Cuba y de América Latina de todos los
tiempos. Sin embargo, lo mejor estuvo en el séptimo puesto logrado en los
Juegos Olímpicos Invernales de Turín-2006.
Con una tradición deportiva invernal inexistente, los atletas surcoreanos
causaron el mayor milagro deportivo mundial al cosechar seis medallas de
oro, tres de plata y dos de bronce, superando a fuertes y experimentados
equipos de Suiza, Italia, Francia, Noruega y la República Popular de China.
Hasta fines del decenio de los ochenta, el deporte invernal de Corea del
Sur no había conquistado ninguna medalla en la historia de las quince
primeras ediciones de las Olimpiadas de Invierno, pero la historia cambio
por completo cuando el gobierno democrático de Kim Young-sam otorgo al
deporte interés nacional. Con plena seguridad en el siglo XXI, Surcorea no
solo tiene el mejor sistema educativo del mundo sino igualmente uno de los
primeros sistemas deportivos.un ejemplo que deben emular muchas naciones del
Tercer Mundo.-
FUENTES:- Publicación enviada por Alejandro Alex Guevara O´nofrio Contactar mailto:alejandro76_77@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EEykFpAEApBBiaHVfn Publicado Tuesday 31 de October de 2006 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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