Monografias | La evaluación de la calidad del aprendizaje de la informática en el preuniversitario

La evaluación de la calidad del aprendizaje de la informática en el preuniversitario

Resumen: En el presente artículo se exponen las bases del trabajo metodologico, para la evaluación del aprendizaje de la informática, así como un análisis hitórico-concreto de las principales corrientes filosóficas, sociológicas, psicológicas, pedagógica y didacticas que han análizado la evaluación desde diferentes postulados, así como la presentación de algunos conceptos para la evaluación del aprendizaje.

Publicación enviada por Lic. Alexander L. Gómez Glez


 

Indice
Introducción........................................................... 2
Desarrollo.............................................................. 4
Conclusiones......................................................... 24
Bibliografía............................................................. 25

Resumen
En el presente artículo se exponen las bases del trabajo metodologico, para la evaluación del aprendizaje de la informática, así como un análisis hitórico-concreto de las principales corrientes filosóficas, sociológicas, psicológicas, pedagógica y didacticas que han análizado la evaluación desde diferentes postulados, así como la presentación de algunos conceptos para la evaluación del aprendizaje. 

Introducción
La educación del hombre con un concepto integral y multifacético, que garantice una preparación adecuada para vivir en un mundo complejo y cambiante, lleno de múltiples facetas y contradicciones, obliga hoy a todos los educadores y especialistas de la educación, a estudiar y proponer nuevas vías y alternativas en la labor educacional.

En la historia del desarrollo educativo de este siglo el problema de la calidad de la educación ha sido tema de análisis y numerosas son las investigaciones dirigidas al conocimiento de lo que deben saber nuestros educandos, la mayoría de las investigaciones relacionadas con este tema pertenecen a los países anglosajones donde las mismas se han dirigido a la esfera de la matemática, en los países iberoamericanos de los que podemos señalar a Chile, Argentina, España, Perú, México, Brasil, Uruguay, Costa Rica y Cuba donde sus sistemas de evaluación están dirigidos a los estudiantes de ciertos grados en las áreas básicas con el objetivo de determinar a través de información confiable y válida los niveles de aprendizaje alcanzados por los estudiantes. 

En las últimas dos décadas del siglo pasado , se ha produjo un marcado auge en los análisis que sobre la educación del individuo en la institución escolar, la preocupación dejo de estar centrada exclusivamente en el acceso y la extensión de los servicios pero sin dejar de lado lo anterior la atención se ha centrado en los contenidos de los sistemas educativos, en lo que ocurre en el interior de ellos mismos, en la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Basta comparar las metas que se proponían las conferencias de Ministros de Educación y la UNESCO en los años ’60 y ’70 con la Conferencia de Quito o la Declaración Mundial sobre Educación para Todos de Jomtiem. Más reciente aun en la cumbre iberoamericana de 1995 fue aprobado y suscrito el Programa de Evaluación de la Calidad de la Educación por la totalidad de los Jefes de Estado y en la V Conferencia Iberoamericana de Educación, Bariloche, 1995. 

El artículo 4to de la mencionada declaración, titulado “Concentrar la atención en el aprendizaje”, es más que elocuente al respecto:
“Que el incremento de las posibilidades de educación se traduzca en un desarrollo genuino del individuo y de la sociedad depende en definitiva de que los individuos aprendan verdaderamente como resultado de esas posibilidades, esto es, de que verdaderamente adquieran conocimientos útiles, capacidad de raciocinio, aptitudes y valores. En consecuencia, la educación básica debe centrarse en las adquisiciones y los resultados efectivos de aprendizaje, en vez de prestar exclusivamente atención al hecho de matricularse, de participar de forma continuada en los programas de instrucción y de obtener el certificado final. De ahí que sea necesario determinar los niveles aceptables de adquisición de conocimientos mediante el aprendizaje en los planes de educación y aplicar sistemas mejorados de evaluación de los resultados” 
Según el programa de Cooperación Iberoamericano de la Calidad de la Educación de la Organización de Estados Iberoamericanos, en los últimos años se han producido en el ámbito internacional avances notables en el desarrollo de la evaluación, entendida como instrumento al servicio de la política y la administración de la educación con miras a lograr efectos positivos de la calidad educativa, la cual adquiere mayor importancia con los procesos de reforma educativa, en los que se concibe la evaluación como un componente estratégico destinado a brindar información útil para la toma de decisiones. 

Desarrollo
Es así que el concepto de calidad de la educación ha pasado a estar en primer plano de la agenda educativa y ha tenido una mayor atención por parte de los jefes de estado de los diferentes países. 

El proceso de evaluación de la calidad de la educación se ha desarrollado en algunos países Iberoamericanos a través de diversas experiencias con distintos grados de complejidad y alcance. Donde la evaluación ha devenido un instrumento crucial en la conducción de los sistemas educativos como para el seguimiento y la puesta en práctica de reformas educativas.

El significado atribuido por la Lic. Lilia Toranzos (2004) en su artículo “El problema de la calidad en el primer plano de la agenda educativa” a la expresión “calidad de la educación” incluye varias dimensiones o enfoques complementarios entre si.

Un primer sentido del concepto es entendido como “eficacia”: una educación de calidad es aquella que logra que los alumnos realmente aprendan lo que se supone deben aprender, o sea aquello que está contenido en los planes y programas curriculares al cabo de determinados ciclos o niveles. Esta dimensión del concepto pone en primer plano los resultados del aprendizaje alcanzados por la acción educativa.

Una segunda dimensión del concepto de calidad, complementario del anterior, está referido a qué es lo que se aprende en el sistema y a su “relevancia” en términos individuales y sociales. En este sentido una educación de calidad es aquella cuyos contenidos responden adecuadamente a lo que el individuo necesita para desarrollarse y desempeñarse en los diferentes ámbitos de la sociedad.

Finalmente, una tercera dimensión es la que se refiere a la calidad de los “procesos” y medios que el sistema brinda a los alumnos para el desarrollo de su experiencia educativa. Desde esta perspectiva una educación con calidad es aquella que ofrece a niños y adolescentes un adecuado contexto físico para el aprendizaje, un cuerpo docente convenientemente preparado para la tarea de enseñar, buenos materiales de estudio y trabajo, estrategias didácticas adecuadas, entre otros importantes aspectos.

Obviamente las tres dimensiones del concepto son esenciales a la hora de construir un sistema de evaluación de la calidad de la educación. 
En la actualidad la preocupación central no es únicamente “cuantos y en que proporción asisten sino quiénes aprenden en la escuela, que aprenden y en que condiciones aprenden”. 

¿Qué entender por calidad del Proceso de enseñanza – aprendizaje?
Son muchos los estudios realizados y diversas las posiciones teóricas y metodológicas con relación a esta problemática, sin embargo, hoy se observan puntos de contactos que, independientemente de los matices, reflejan aspectos esenciales de este proceso como se pone de manifiesto en la siguiente afirmación: “Si la evaluación se postula como una actividad importante con un propósito concreto, los juicios que se establezcan precisarán de un trabajo sistemático y científico sobre el objeto o servicio. En otras palabras, el juicio expresado debe resultar del uso de alguna metodología como actividad sistemática, válida, objetiva y fiable. Cuando se expresa la calidad de un objeto como un juicio, inmediatamente se establecen, cuando menos, tres supuestos: 1) una referencia a ciertas características del objeto; 2) un conocimiento real o inferido de la persona que lo expresa sobre la participación de las características y sus relaciones; y 3) una comparación del objeto con algún tipo de referente o con otros objetos similares”, (Garduña, 1999). 

Resulta bastante general también que se reconozca la expresión de la calidad, desde el punto de vista operacional, en cuatro dimensiones básicas: pertinencia, eficacia, efectividad y eficiencia.

Para determinar la calidad del proceso de enseñanza aprendizaje visto desde sus cuatro dimensiones se hace imprescindible la utilización del componente evaluativo el cual nos brinda los elementos necesarios para la toma de decisiones y control de la actividad escolar. 

El MsC Raúl Rodríguez Lamas (2000), en su libro Introducción a la Informática Educativa, en el Capitulo 7, Reflexiones sobre la enseñanza de la Informática, se valoraron siete aspectos que resultaron vitales para la organización didáctica de la enseñanza de la computación, los cuales a su juicio influyen en la calidad de la enseñanza.

Estos, tienen una estrecha relación con los componentes del proceso de enseñanza – aprendizaje y están relacionados con las cuatro categorías fundamentales: objetivo, contenido, método y medios, los mismos son:
· Determinación de los objetivos y diseño del programa de estudio.
· Determinación y explotación de software educativo y NTIC.
· Trabajo con invariantes.
· Desarrollo de la motivación profesional y formación de valores a través de situaciones problémicas.
· Organización del trabajo independiente.
· Diseño y tratamiento de ejercicios.
· Evaluación.

El pedagogo José Gimeno Sacristán, en su libro "Teoría de la Enseñanza y Desarrollo del Curriculum", propone considerar a la evaluación como una "comprobación de la validez de las estrategias didácticas", es decir, como el momento de buscar los datos que nos ayuden a decidir si la estrategia metodológica desarrollada fue o no adecuada, o en qué medida lo fue, para guiar un proceso de enseñanza que desemboque en la obtención de los resultados de aprendizaje previamente propuestos. Desde este enfoque, uno de los grandes valores de la evaluación es el de ser un instrumento de investigación en la didáctica, engranada con el propio desarrollo científico de la teoría y técnica didácticas.

Más reciente aun el MsC Héctor Valdés, en su libro La Evaluación del Desempeño del Docente nos brinda una definición de calidad de la educación e indicadores para la evaluación del desempeño del docente, en el primero de los casos plantea referirla a las “características del proceso y los resultados de la formación del hombre, condicionadas histórica y socialmente, y que toman una expresión concreta a partir de los paradigmas filosóficos, pedagógicos, psicológicos y sociológicos imperantes en la sociedad de que se trate”. 

Según la interpretación que el propio autor realiza, esta definición nos lleva a ver la calidad de la educación como la distancia que hay entre lo que ocurre en la práctica educativa y el
“deber ser”, el ideal educativo, determinado por los paradigmas imperantes en ese momento histórico y en esa sociedad determinada.
En Cuba la evaluación de la calidad del aprendizaje constituye objeto de estudio, con la concepción de que la evaluación no es una categoría aislada dentro del proceso docente-educativo, sino que forma parte de un sistema.

La evaluación constituye un juicio, una apreciación, una valoración sobre un elemento o situación objeto de interés y que conduce a una toma de decisiones. En el marco del proceso docente-educativo es un recurso fundamental para la dirección del aprendizaje.

La calidad del instrumento evaluativo dada entre otras propiedades, por su validez y confiabilidad, constituye un requisito para lograr la justeza y equidad en la evaluación, donde la validez se refiere a la adecuación, significación y utilidad de las inferencias específicas hechas a partir de las puntuaciones de los exámenes. Una gran variedad de inferencias pueden hacerse a partir de las puntuaciones de determinado exámenes y hay muchas formas de acumular evidencia que soporten una evidencia particular La validez; no obstante, es un concepto unitario y siempre se refiere al grado en que la evidencia soporta las inferencias hechas desde las puntuaciones de los exámenes. Se validan las inferencias para propósitos especiales, no el examen mismo. Una validación ideal incluye varios tipos de evidencia, que comprenden los tres tradicionales (contenido, constructo y criterio) - los juicios profesionales guiarán las decisiones respecto a las evidencias más importantes a la luz del uso pretendido del exámenes. (1985 STANDARDS FOR PSYCHOLOCICAL & EDUCATIONAL TESTS)

La evaluación a través de las diferentes concepciones y enfoques psicológicos y pedagógicos. 
Desde tiempos antiguos la evaluación del aprendizaje estuvo condicionada a las costumbres y exigencias sociales. Con el desarrollo de la sociedad e influenciadas por diferentes posturas filosóficas, psicológicas y pedagógicas su estudio se dirige, por lo general hacia algunos de sus aspectos como son sus funciones, conceptos, formas y tipos de evaluación. 

En la sociedad esclavista cuando comienza el nacimiento de una teoría pedagógica, reflejada en los tratados y disertaciones públicas de Filósofos griegos de la Antigüedad (destacándose entre ellos a Sócrates, Platón, Aristóteles y Demócrito), los cuales dan valiosas ideas sobre la enseñanza y la educación.

Estas ideas tuvieron una gran implicación para la actividad valorativa en el proceso de enseñanza al no asociar directamente las dificultades en el aprendizaje y plantear la idea del desarrollo, es decir, que es posible recuperar las dificultades, aunque se plantea como objetivo de la educación al desarrollo de los aspectos superiores del alma, el racional y el volitivo. De aquí que la virtud constituya la conducta que evita los extremos tanto por exceso como por defecto, estableciendo así, indirectamente, normas o criterios para evaluar la enseñanza, estas ideas, entre otras, tuvieron gran influencia en el desarrollo de la pedagogía antigua.

El pedagogo Juan Amos Comenius (1592–1670), escribió varias obras entre las que se destaca la Didáctica Magna (1636) marca el inicio de la estructura de la teoría de la enseñanza en sus concepciones didácticas le concede gran importancia a la evaluación oral, estimando que de esta forma el estudio se hace más claro y más sólido, llevando la enseñanza a ser reproductiva y mecanicista.

A pesar de sus limitaciones, la teoría de Comenius tuvo gran influencia en el desarrollo del pensamiento pedagógico y de la escuela en todo el mundo, muchos pedagogos, como el ruso K. D. Ushinski, lo consideran un innovador en el campo de la didáctica.

El ulterior desarrollo del capitalismo, a la revolución industrial del siglo XVIII, marca el desarrollo de las ciencias sociales proporcionaron las premisas científico – naturales necesarias para el florecimiento del materialismo dialéctico – histórico como una filosofía consecuentemente científica.

Todo este desarrollo social y científico influyo notablemente en las teorías de la educación, con valiosas concepciones pedagógicas dadas por filósofos y pedagogos como: J. J. Rousseau (1712–1778), J.R. Pestalazzi(1746–1627), A. Diestenveg(1790–1866), M. V. Lomonosov (1711–1765), I. I. Bietskoi (1704–1795), L. N. Tolstoi (1828–1910), K. D. Ushinski(1824–1870), entre otros.

El aspecto de la evaluación en estas concepciones didácticas, generalmente no fue tratado teóricamente, pero si se reflejaba en la práctica escolar que la evaluación se desarrollaba casi exclusivamente mediante exámenes, y que la forma de realizar estos respondía en muchas casos, a las costumbres y exigencias sociales que se sostenían por lineamientos generales de las instituciones. Durante todas estas etapas se ignora el papel significativo de la evaluación en el proceso docente – educativo y su dependencia funcional de los objetivos.

Su principal deficiencia radicaba en concebir la personalidad de los estudiantes como conjunto de dimensiones generalizables a todas las personas y expresar las diferencias individuales solo por fluctuaciones cuantitativas, apoyándose en el principio de la caja negra, donde nunca se necesitaría información sobre el proceso de asimilación de los estudiantes, sin la adecuada retroalimentación.

En esta etapa, siglo XVIII al XIX en Cuba se destacan eminentes revolucionarios y pedagogos como Félix Varela (1788–1853), José de la Luz y Caballero (1800-1862), José Martí Pérez (1858–1895) y Enrique José Varona (1849–1933), entre otros. A todos los caracterizaba la vinculación de la práctica educativa con la vida, sin negar la teoría.

Bajo la influencia de las grandes transformaciones sociales, de los éxitos de los países socialistas y de la creciente revolución científica – técnica, las teorías pedagógicas tuvieron un creciente desarrollo. 

Diversas tendencias psicológicas no marxistas dan diferentes enfoques para mejorar el acto educativo y en específico a la evaluación del aprendizaje, resaltando cada una de ellas uno de los elementos psicológicos que intervienen en la educación: conductuales, afectivos, cognoscitivos o sociales:
El conductismo (Watson) prefiere aquella evaluación que compara la actuación de una persona consigo misma y no con otras, o con respecto a una norma tal como lo hacen las pruebas estandarizadas y planteando que es imprescindible utilizar instrumentos objetivos para constatar el logro de los objetivos conductuales.
El cognitivismo (Piaget) enfatiza en la trascendencia de evaluar las habilidades del pensamiento y de reforzamiento del alumno, por ejemplo, “una buena evaluación es aquella que da una comprobación objetiva de los logros y deficiencias de los estudiantes”. 

El humanismo (Rogers), comparte con la filosofía existencialista, la visión del hombre como un ser creativo, libre y consciente planteando que el objetivo de la educación es promover la autorrealización, estimular las potencialidades del individuo para que lleguen a lo máximo y por eso consideran que la única evaluación valida es la auto evaluación del alumno, ya que los agentes externos están incapacitados para juzgar al educando, dado que los cambios integrales e internos, no solo son difíciles sino imposibles de medir y valorar, empleando criterios externos a la propia persona. Plantean que los criterios de calificación los establece el propio alumno, él es quien decide en última instancia que fue lo que aprendió y que le hace falta aprender. Explican formas para incorporar la autoevaluación en clase, y los criterios que frecuentemente toman los estudiantes para realizarla desde el punto de vista de su satisfacción personal y en comparación con su pasado.

Finalmente exponen, que la evaluación como recurso, fomenta la creatividad, la autocrítica y la autoconfianza de los estudiantes. Trataban de predecir al individuo sobre la base de rasgos establecidos, negando sus potencialidades como sujeto consciente y reflexivo. 

Los psicoanalista propugnan una evaluación que de más prioridad al proceso que al resultado educativo, prefiriendo una evaluación general, decidiendo cuales fueron los objetivos logrados e identificando que elementos no esperados sucedieron, y finalmente, realizar la autoevaluación personal y en colectivos decidir la nota de cada estudiante.

El contructivismo de Jean Piaget, que se revitaliza en la década del 60 en Norteamérica, describe como es que se conocen y aprenden los sujetos de la enseñanza. Hace énfasis en la evaluación para el estudio de los procesos cognoscitivos y en la utilización del método crítico – clínico, critican los exámenes tradicionales porque fomentan la memorización, alegando que, estos no se preocupan por la formación de la inteligencia y de los buenos métodos de trabajo de los estudiantes.

La teoría Socio – Cultural desarrollada en sus inicios por L. S. Vigotski y sus seguidores A. N. Leontiev, P. Y. Zinchenko, P. Ya. Galperin y otColectivo de autores. Compendio de pedagogía. Editorial Pueblo y Educación. 2003:80 – 97.

1. Pérez González, Olga Lidia y Portuondo Padrón Roberto. Evolución histórica en las concepciones sobre la evaluación del aprendizaje. Revista Pedagogía Universitaria. Vol. 2 No. 3 1997. p.21

García Corona, Lizet y coautores. La evaluación como componente del proceso enseñanza-aprendizaje. www.monografías.com ros, plantea que la evaluación debe dirigirse a determinar el nivel de desarrollo potencial, además de verificar el nivel de desarrollo real de los estudiantes, es decir, evaluar los productos pero especialmente los procesos en desarrollo y que no exista alejamiento entre el estudiante y el profesor en las pruebas, para lograr la objetividad de la evaluación, o sea, el profesor puede y debe prestar ayuda en una intervención continua entre ellos, para así diagnosticar el potencial de aprendizaje o la zona de desarrollo próximo como le llamara Vigotski.

Los fundamentos teóricos de esta teoría están en la actividad del marxismo – leninismo y a diferencia de las anteriores, promueven el desarrollo sociocultural e integral del alumno, es decir, es la única que concibe al hombre como ente producto de procesos culturales y sociales, pues las otras teorías conciben al hombre aislado, individual, lo que implica que enfoquen la evaluación con esta misma concepción. Por ello en nuestro estudio nos basamos en una evaluación cuyo soporte teórico esencial sea el enfoque sociocultural de Vigotski, como corriente pedagógica contemporánea, basada a su vez en la teoría del aprendizaje del mismo nombre, que contempla como concepto básico, la ZDP. 

La teoría de la dirección también aporta el principio de la caja blanca desarrollada por Liapunov, Yablonski, (1963) en el que se fundamenta que se proporcionen las informaciones sobre el proceso de obtención del producto final para el que se plantea una dirección, dando lugar al planteamiento de las demandas del control de la asimilación. 

Estas teorías analizaron la evaluación desde el punto de vista psicológico y sin basarse en el principio de la caja transparente, sin que se tenga en cuenta cada aspecto del proceso de asimilación de los conocimientos y de la formación integral de los estudiantes, sin llegar a establecer todas sus regularidades y principios, aunque su influencia en las investigaciones educativas fue amplia.

Muchas han sido las tendencias en el estudio de la evaluación desde diversos puntos de vista dirigidos a su innovación en el aprendizaje como un todo y alejándola como componente del proceso de enseñanza – aprendizaje que interactúa con los demás, donde se resalta la importancia y la necesidad del control dirigido a valorar. 
La evaluación expresa la relación entre el proceso de enseñanza – aprendizaje, su resultado y el acercamiento al objetivo en las diferentes dimensiones que caracterizan su complejidad. Mediante la evaluación se puede constatar lo que realmente se logró. 

La evaluación no es una actividad final, sino un proceso permanente, donde es muy importante la retroalimentación. Los docentes necesitan evaluar sistemáticamente el aprovechamiento de los alumnos en las diferentes actividades para poder tomar decisiones, perfeccionar su trabajo y a su vez les permita reflexionar sobre su progreso y de este modo, mejorar su desempeño, al respecto Giovanis Lafrancesco (1995 p.35), planteo “la evaluación es un proceso sistemático y permanente que comprende la búsqueda y obtención de información de diversas fuentes acerca de la realidad del desempeño, avance, rendimiento o logro del estudiante, de la calidad de los procesos empleados por los docentes, la organización y análisis de la información a manera de diagnóstico, la determinación de su importancia y pertinencia de conformidad con los objetivos que se esperan alcanzar, todos con el fin de tomar decisiones que orienten el aprendizaje y los esfuerzos de gestión docente”. 

En la apertura del II Seminario Nacional para Educadores (2001)el Ministro de Educación de Cuba Luís Ignacio Gómez planteó “No se trata solo de desarrollar exámenes finales o exámenes parciales escritos, se trata de que permanentemente mediante preguntas orales, entrevistas, consultas citadas, incluso de manera individual a un estudiante, nosotros logremos esa necesaria retroalimentación ,qué está aprovechando el estudiante, cómo marcha el aprendizaje, qué se ha derivado del estudio individual ,qué intensidad tiene ese estudio.” 

La implementación de los sistemas de evaluación está asociada fundamentalmente al interés por medir los resultados de la calidad del proceso de enseñanza – aprendizaje, de aquí que la evaluación como actividad genérica es valorar los resultados en el aprendizaje, así como comprobar y valorar el logro de los objetivos instructivos y educativos propuestos para los distintos niveles de enseñanza, cuya finalidad es comprobar y mejorar la eficacia de todo el proceso de enseñanza – aprendizaje. 

Por la naturaleza propia de los fenómenos psicológicos y por la dinámica y complejidad del aprendizaje es imposible que se pueda evaluar el aprendizaje en su totalidad, de aquí que la evaluación del aprendizaje tradicionalmente se ha utilizado para medir el aprendizaje de los estudiantes de forma cuantitativa y proporcionar resultados parciales del mismo sobre un tema dado y otorgar una calificación, reflejando únicamente lo que se aprendió en ese momento acerca de algunos aspectos; lo cual no nos brinda todos los elementos para emitir un juicio valorativo de forma integral, de echo esta debe ser lo más integradora posible de manera que eliminemos la mayor cantidad posible de obstáculo. 

Por tales razones en la actualidad se requiere de una exploración de nuevas formas de evaluación que nos permitan reflejar de una manera integral el aprendizaje, la comprensión, los logros, la motivación y las actitudes del estudiante, una evaluación que no solo haga énfasis el lo cuantitativo, sino también en lo cualitativo. En la evaluación del aprendizaje de los estudiantes debe romperse los métodos tradicionales al identificar la evaluación con la calificación o como el acto de otorgar una nota, esta debe caracterizarse por su justeza, su objetividad; una evaluación desarrolladora y funcional que satisfaga las necesidades académicas de los estudiantes propiciando el desarrollo de su autoperfeccionamiento y su autonomía, por la coherencia entre lo que se imparte y cómo se imparte, con lo que debe evaluarse. 

La evaluación permite comprobar si el alumno es capaz de conocer los conceptos fundamentales y de distinguir sus relaciones básicas; de esta manera se establecen las mejores condiciones para verificar el grado de desarrollo de las habilidades y capacidades para la generalización de los conocimientos.

Ahora bien siempre que hablemos de evaluación del aprendizaje de los estudiantes, inevitablemente debemos hacernos y quedar resueltas las siguientes interrogantes
¿Qué evaluar,¿ Por qué evaluar?, ¿Para qué evaluar?, ¿Cómo evaluar? y ¿Cuándo evaluar? A estas interrogantes trataremos de darles respuestas. 

A la pregunta ¿qué evaluar? Como respuesta podríamos decir “el aprendizaje de los alumnos”, a lo que inevitablemente se le suma una interrogante ¿Qué es el aprendizaje?, el cual según Doris Castellano (2001). Lo define como “un proceso dialéctico de apropiación de conocimientos y las formas de conocer, hacer, convivir y ser construidos en la experiencia socio-históricas, en la cual se produce como resultado del individuo y la interacción con otras personas, cambios relativamente duraderos, transformarla y crecer como personalidad”. 

De aquí se desprende que el aprendizaje es un proceso dialéctico, en el cual se producen proceso de desarrollo a partir de la experiencia acumulada por los estudiantes (lo conocido) con lo desconocido (nuevos conocimientos) que le permiten desarrollar nuevos conocimientos (solución de problemas de la vida práctica). Es dialéctico por que es un proceso complejo, donde confluyen una serie de procesos psicológicos, que le van ha permitir un tránsito progresivo desde la independencia hasta la creatividad, a un desarrollo de su metacognición. Según las ideas de Vigotski en el aprendizaje existe una relación dialéctica, y este como tal precede al desarrollo, el cual puede conducir a la creación de Zonas de Desarrollo Próximo (distancia entre el nivel de desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de resolución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración con otro compañero más capacitado), dónde lo nuevo debe ser cualitativamente y cuantitativamente superior a lo previo para que obligue al aprendizaje, a la superación cognitiva.”El aprendizaje engendra un área de desarrollo potencial, estimula y activa procesos internos en el marco de las interrelaciones, que se convierten en adquisiciones internas” (Vigotski, 1973). 

Indudablemente la problemática está en determinar esta zona de desarrollo potencial del estudiante y que se pueda medir con exactitud la distancia que existe entre lo que el niño es capaz de hacer por sí solo y lo que es capaz de hacer con ayuda de otro. 

¿Para qué evaluar?, en primer lugar para constatar los resultados en el aprendizaje y que sirva de exploración para aplicar nuevas formas de evaluación que nos permitan determinar la calidad del proceso enseñanza-aprendizaje; a esto se le une las funciones de la evaluación. 

Son muchos los autores que se han dedicado al estudio de esta problemática, Guillermina la Barreré (1988), plantea que la evaluación cumple las funciones, Instructiva, educativa, de diagnóstico, de desarrollo y control. 

En el artículo “La Evaluación como componente del proceso de enseñanza – aprendizaje”, (López, 2005, p.6), cita a cuatro autores los cuales dan varias funciones que debe cumplir la evaluación.

Clara Menéndez declara que la evaluación tienes varias funciones tales como: función de comprobación y control, función instructiva, función educativa.
Miriam González reconoce como funciones las siguientes: función social, función de control, función pedagógica. 

Domínguez Trilles declara como funciones: función de diagnóstico, función de control, función de clasificación, función de individualización. 

Villareal reconoce que la evaluación tiene: función de diagnóstico, función de pronóstico, función de control, función orientadora, función clasificadora, función promocionadora. 

Por su parte Orestes Castro plantea que la evaluación tiene como funciones: función pedagógica, función innovadora, función de control. 
· La función pedagógica puede ser considerada la función rectora de la evaluación. Se caracteriza por producir tres efectos importantes e interrelacionados, el efecto instructivo, el educativo y el de resonancia.
- Efecto instructivo
Se logra adecuadamente cuando se establece con precisión la relación objetivos-evaluación, cuando el alumno es orientado adecuadamente hacia esos objetivos, tiene clara conciencia de que se espera de él, que camino ha de seguir y cómo debe comprobar el grado de eficiencia de su actividad.
La evaluación es instructiva sólo si parte del presupuesto anterior, que se concreta en que el alumno sea verdadero sujeto protagonista del proceso, en particular de su evaluación.
No obstante no es suficiente, ya que de igual forma la evaluación tiene que evidenciar la funda-mentalización y profesionalización de los contenidos de aprendizaje, es decir, tiene que llamar la atención del alumno sobre lo esencial, las invariantes, ideas rectoras, etc., las formas en que se asimilan, las habilidades intelectuales, docentes y prácticas que deben poseer.
- Efecto educativo
La función pedagógica se completa y alcanza su esencia cuando tiene un efecto educativo sobre el estudiante, tal efecto ha sido considerado en sí mismo como una función, lo que se justifica por su importancia, no obstante separado de lo instructivo reduce sus potencialidades de acción directa sobre el educando, que histórica y socialmente está condicionado para considerar como prioridad el rendimiento académico.
La evaluación educa desde que su concepción curricular es conocida por el estudiante. Este conocimiento se da mediatizado por la aplicación que hace el profesor, es decir, que un sistema evaluativo comienza a educar favorable o desfavorablemente desde la determinación de que enfoque ha de seguir, a que principios se atiene y a qué política educacional responde.
El espíritu solidario del ser humano debe ser una constante en la escuela en su conjunto y la evaluación tributa en tal sentido, por lo que es necesaria la ayuda mutua, las tareas colectivas y su valoración, la solución de problemas comunes a todos en un grupo determinado.
- Efecto de Resonancia
Este efecto ha sido considerado por otros autores, pero en un plano macroestructural en relación con un sistema evaluativo de una institución, subsistema o país en su conjunto (Baskwash o repercusión). El efecto de resonancia es el reflejo objetivo o distorsionado de los efectos instructivos y educativos de la evaluación en los diferentes sujetos y contextos sociales.
Como todo efecto parte del nexo causal, es en sí una magnitud esperada, en tanto causa y efecto se presuponen y penetran, no obstante existen un conjunto de factores que hacen difícil predecir este efecto para caso particular, véanse algunos ejemplos:
1- Estudiar para aprobar, para transitar de un curso a otro o sólo con el fin de acreditarse. Aunque lícitos estos son efectos de resonancias ya que el objetivo real es la asimilación consciente, dominar una tecnología o formar determinada cualidad.
2- El significado que atribuyen no pocos docentes a tener una "buena promoción de sus alumnos", como indicador de su calidad como docente.

Los conceptos de éxito y fracaso escolar son peligrosos efectos de resonancia de la evaluación, que han condicionado la vida escolar, personal y familiar de muchos seres humanos.
· Función innovadora
Los diferentes métodos y técnicas de evaluación pueden ser concebidos no como meras comprobaciones de conocimientos o del dominio de las acciones o automatización de las operaciones, sino que también deben dar un espacio para propiciar la duda constante, la necesidad de verificar las propias respuestas. En fin estimular el pensamiento crítico en el alumno.

El alumno necesita transferir los conocimientos, las habilidades y los métodos de su adquisición y desarrollo a situaciones nuevas.

La evaluación tiene que dar continuidad al proceso que garantiza el pensamiento flexible y comprobarlo fehacientemente, por lo que las técnicas empleadas, en especial las preguntas como forma básica del control deben propiciar juicios alternativos, soluciones algorítmicas y no algorítmicas, reformulación de los problemas o la elaboración de otros nuevos.

Hay que tener en cuenta que la lógica de las respuestas no siempre ha de ser la "lógica del profesor", es necesario dejar un espacio, tal vez más amplio, a la lógica del alumno. ¿Quién queremos que aprenda a razonar?. Por tanto al igual que todo el sistema didáctico, la evaluación debe allanar el camino para que esto sea posible y verdaderamente sea el alumno quien se desarrolle.

· Función de control
El control es la función evaluativa más reconocida y estudiada en la literatura pedagógica y psicológica, así como en la práctica escolar.

El control convertido en el gran "dictador" del proceso pedagógico, en muchos casos ha determinado el quehacer del maestro y su intencionalidad, así como la actividad del alumno, llegando a ser su objetivo más importante.

El control existe para la evaluación y por ello más que identificarse como uno de los componentes estructuro funcionales de la acción debe verse abarcando todos los componentes en relación con la obtención, procesamiento y presentación de información para su valoración psicológica, pedagógica y sociológica.

A la clasificación de Orestes Castro, García, al mismo tiempo considera sumar una nueva función de la evaluación y es que a partir del análisis del concepto de evaluación así como del uso de esta, se considera que la misma tiene una función de gestión (García, 2005, p. 5) la cual radica en la capacidad de la evaluación de procesar información para la toma de decisiones pertinentes para salir en situaciones de crisis e ingresar soluciones de mejoramientos de la calidad que nos permita una profunda reestructuración en los modelos de organización y conducción de los modelos educativos.

La concepción de evaluación educativa se basa, según el doctor Orestes Castro, en aspectos tales como:
· El carácter de sistema como proceso continuo y discreto de la evaluación.
· La importancia de la retroalimentación en el enfoque cibernético del proceso pedagógico.
· La necesidad de precisar criterios, parámetros e indicadores de la evaluación cualitativa y cuantitativa.
· La determinación de significados y sentido de lo que se aprende y se considera evaluar.
· La reconceptualización desde la experiencia del sujeto que aprende como resignificador de los objetivos, contenidos de su propia educación.
· El aprendizaje como un hecho personal e irrepetible, compartido y socializador, considerando las diferencias individuales.
· La subordinación de la enseñanza al aprendizaje.
· La vinculación de lo instructivo y lo educativo.
· La autoevaluación como objetivo en sí mismo.
· El protagonismo fluctuante de los alumnos y maestros en el proceso pedagógico, y consecuentemente en su evaluación.
· La reconceptualización del currículo, abierto y flexible, entre otros. (Castro, 1999, p. 29.) 

Los aspectos brindados por el doctor Orestes Castro sobre la evaluación educativa son aplicables en el sistema de evaluación de la calidad que pretendemos desarrollar como principal aporte del estudio que se realiza dado que esta contribuirá al desarrollo de estrategias que permitan elevar la personalidad del estudiante en cuanto al aprendizaje de la informática tema que contribuye a su formación personal y su continuidad de estudios. 

A la hora de preguntarnos ¿Por qué evaluar? Podríamos respondernos, para medir, apreciar, valorar, conocer el estado de algo, etc. En la educación la intención fundamental de la evaluación es para conocer la calidad del proceso enseñanza-aprendizaje, así como el desempeño, avance y rendimiento del estudiante; comprobar y valorar los logros de los objetivos formativos e instructivos propuestos para cada disciplina en los diferentes niveles de enseñanza, de modo tal que nos permita tener una visión objetiva del éxito de la asimilación de los conocimientos por parte de los estudiantes y una valoración del desarrollo de las habilidades y hábitos en un periodo de tiempo determinado. La evaluación nos ofrece además cómo comprobar y mejorar la eficacia del proceso educativo, constituye un medio para lograr el fin propuesto. 

La evaluación vista en una de sus funciones como un proceso de diagnóstico, permite identificar y poder dirigir las deficiencias en el aprendizaje de los estudiantes, al contar con un nivel de partida para estimular nuevos aprendizajes, pues nos permite no solo diagnosticar los conocimientos y habilidades adquiridos por los estudiantes, sino que nos brinda información de la capacidad para asimilar los nuevos conocimientos por lo que el profesor puede conducir con mayor efectividad el aprendizaje, más si tenemos presente en la actualidad la rapidez en los cambios culturales, tecnológicos, sociales y productivos.

Conclusiones
La evaluación debe seguir configurándose como un proceso más que como un suceso, enfatizar los roles de diagnóstico y formativo para identificar las necesidades y problemas del aprendizaje individual y poner en evidencia los puntos débiles y fuertes del estudiantes, esta debe ser continua y sistemática que nos permita tener en cuenta el desarrollo armónico de los estudiantes en los diferentes momentos del proceso educativo, flexible para que pueda adaptarse a los diferentes niveles de enseñanza y a las características individuales de los estudiantes, debe ser integral que abarque lo cognitivo y lo formativo; así como debe ser progresiva y prospectiva para verificar la calidad y el nivel de lo aprendido, que refleje de una manera completa el aprendizaje, la comprensión, los logros, la motivación y las actitudes del estudiante respecto al proceso enseñanza-aprendizaje. 

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Autor:
Licenciado y Profesor asistente :Alexander L. Gómez Glez.
Instituto Superior Pedagógico Capitan Silverio Blanco Núñez.
Sanctí Spíritus. Cuba

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Publicado Tuesday 16 de January de 2007

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