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El ahuyentamiento de “colas” de agua: tradición viva de un pueblo
Resumen: En el presente texto pretendo exponer el procedimiento que se lleva a cabo en el municipio de Zinacantepec para ahuyentar (1) las nubes que provocan las lluvias intensas, granizadas o fuertes vientos. Asimismo, buscaré cuáles fueron los orígenes de tal ritual y así encontrar un fundamento sólido para entender su realización. Para tales efectos, he decidido dividir mi trabajo en cuatro capítulos, con el fin de lograr una mayor comprensión sobre el tema.
Publicación enviada por Javier Cervantes Mejía
El ahuyentamiento de “colas” de agua: tradición
viva de un pueblo
A la memoria de mi abuelita Leonor: A un año de tu ausencia (13 de marzo de
2005) quiero agradecerte por tus sabios y apreciados consejos. Gracias por enseñarme
que la vida vale por los actos que se realizan en beneficio de los demás.
Gracias por haber fungido como mi segunda madre en esta Toluca que me enseñaste
a amar. Gracias por consentir todos mis deseos y apapacharme cuando me sentía
lejos de casa. Gracias por haber nacido y haberme dado tan valiosa familia.
Gracias por todo viejita adorada, espérame que ya llegaré.
“«Es mejor despedirse al llegar. Así no duele tanto cuando uno se va», me
dice el viejo Antonio tendiéndome la mano para decirme que ya se va, es decir,
que está viniendo. Desde entonces el viejo Antonio saluda al llegar con un «adiós»
y se despide alzando la mano y alejándose con un «ya vengo».
(...)P. D. que a caballo y con mariachi, canta al pie de la ventana de una
abuela ésa de Pedro Infante que se llama ‘Dicen que soy mujeriego’ y que
termina...
Entre mis dulces amores
Una viejita muy linda
uno vale mucho más
que no creo yo merecer
que me quiere sin rencores
con su corazón me brinda
de mí para tararirarán
el más divino querer.
Frente a un abuela uno siempre es un niño que duele al alejarse...Adiós
abuela, ya vengo. Ya acabo, ya empiezo...
Subcomandante Insurgente Marcos, “La historia de las preguntas”, Diciembre
1994.
ÍNDICE
JUSTIFICACIÓN
.INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO I: BREVE RECORRIDO POR ZINACANTEPEC
CAPÍTULO 2: ALGUNOS ASPECTOS TÉCNICOS SOBRE EL ORIGEN DE LOS TORNADOS, MICRO
TORNADOS O RÁFAGAS DE VIENTO
CAPÍTULO 3: LAS CREENCIAS DE NUESTROS ANTEPASADOS CON RESPECTO AL VIENTO Y LA
LLUVIA
CAPÍTULO 4: RITUALES EN TORNO AL VIENTO Y LA LLUVIA QUE SE LLEVAN A CABO EN
NUESTROS DÍAS
CONCLUSIONES
FUENTES
JUSTIFICACIÓN
Es una realidad el hecho de que muy poca
gente conoce los verdaderos orígenes del lugar en donde vive y, más aún, las
tradiciones y costumbres que han sido heredadas de nuestros antepasados. Todo
esto no tiene otra explicación más que la continua educación que hemos
recibido a lo largo de nuestra vida y que da prioridad a toda la enseñanza
europea iniciada con los griegos. En este sentido, todo aquello que no tenga
nada que ver con los conocimientos del viejo continente será relegado como
simple información adicional a nuestra formación.
Es así como podemos entender la nula preocupación que la gente tiene sobre la
extinción de conocimientos antiguos que bien podríamos adquirir si pasáramos
algún tiempo platicando con nuestros abuelos o la gente adulta de nuestro
barrio, pueblo o municipio. Uno de los ejemplos más firmes del que puedo hablar
para sostener tal indiferencia es que la mayoría de las personas, ajenas a los
procesos agrícolas o a los rituales encaminados a su buena ejecución, exponen
un desdén muy marcado hacia la realización manual de tales prácticas
argumentando que en nuestros días “eso” es un síntoma de atraso para la
comunidad, pues ya existe tecnología que puede realizar tales trabajos o, bien,
que esos terrenos bien podrían utilizarse para instalar fábricas o sucursales
comerciales; por tal razón, explican, sería necesario erradicarles para darle
paso a una vida más tecnificada y fácil.
En mi caso, he logrado adquirir una inquietante conciencia sobre mis orígenes y
sobre los conocimientos antiguos debido a que en una de las muchas y extensas pláticas
con mi abuelita, ya finada, Leonor Martínez Azotea, he encontrado
reminiscencias de nuestros antepasados. En este sentido, no me queda más que
decir que no hay nada más estimulante y edificante que los cuentos que son
relatados por la gente adulta. Mi abuela, en este tenor, un día me despejó la
duda del porqué en una ocasión en que se avecinaba una tormenta decidió,
después de meter a buen resguardo a sus animales (gallos, guajolotes y
borregos), salir con un machete para hacer cruces en el aire y en la tierra, al
momento que decía: “fuerzas celestes, fuerzas del viento, eviten pasar por
estos lugares dejando a su paso la destrucción. Por favor, San Miguel Arcángel,
virgencita de los Dolores del Rayo ampárenme para evitar esta tormenta. Córtate,
córtate, huye, huye, así sea...Gracias Dios, gracias San Miguel, gracias
virgencita”. Tal experiencia significó para mi algo confuso y que no tenía
relevancia; sin embargo fue muy grande mi sorpresa cuando me percaté de que las
nubes que avizoraban la tempestad muy pronto se deshicieron hasta quedar como
simples nubes blancas, inofensivas a la vista y, por supuesto, a la siembra.
Para mi pensamiento, totalmente occidentalizado, esto representaba más el poder
de fuerzas sobrenaturales, cosas del diablo o de alguna otra entidad enfatizada
por mi religión; pero poco a poco al convivir más con ella y con las labores
agrícolas comprendí que todo esto respondía a una fuerte comunicación con el
medio ambiente. A partir de entonces mi perspectiva cambió y mi conciencia
sobre el pasado fue reforzada, también, gracias mis clases dentro de la
Facultad.
No obstante, con tales pensamientos ignorantes y despectivos, como los que
mencioné anteriormente, podemos percatarnos de la grave situación en la que se
encuentra nuestra verdadera historia, si así puede llamársele, y que está
condenada, tal y como lo expusieron los zapatistas chiapanecos que se rebelaron
en 1994, al olvido. No obstante, el trabajo que tenemos nosotros como
historiadores consiste precisamente en ese rescate de nuestros conocimientos,
creencias y mitos del pasado, para así difundirlo a nuestra sociedad e impedir
su extinción. Hoy, adelantándome, a mi escrito, puedo decir que esta ponencia
sólo es una parte del tributo que le debo a mi abuelita y la obligación que
tengo con mi pasado, pues yo mismo, ahora, llevo a cabo tal ritual.
Es por esta razón, entonces, que creí necesario hacer la recopilación y
estudio de una creencia muy difundida en el municipio de Zinacantepec: el
ahuyentamiento de las “colas” de agua. Tal creencia tiene como principal
finalidad “espantar” las nubes que pudieran traer una tormenta o granizo y
así cuidar las parcelas, y los animales que pudieran resentirla. La realización
de estas prácticas de acuerdo a lo que he podido observar ha sido tachada de
absurda e irrelevante, pues algunas personas, minoría afortunadamente, tachan
de locos e “ignorantes” a los practicantes de tales ritos.
Debido a esto, siento necesario realizar el rescate de estas creencias, por
medio de su difusión, para demostrar que todos estos procedimientos tienen un
fundamento místico-religioso muy elaborado y que obedece a conocimientos muy
antiguos surgidos de años de estrecha relación con la naturaleza. Todos los
ritos que realizaron nuestros antepasados y que realizan algunas personas que
heredaron los conocimientos siempre tienen un fin: apoyarse en la naturaleza
para resolver sus necesidades físicas y espirituales, siempre y cuando se le
respete y prodigue un gran cuidado.
INTRODUCCIÓN
En el presente texto pretendo exponer el
procedimiento que se lleva a cabo en el municipio de Zinacantepec para ahuyentar
(1) las nubes que provocan las lluvias intensas, granizadas o fuertes vientos.
Asimismo, buscaré cuáles fueron los orígenes de tal ritual y así encontrar
un fundamento sólido para entender su realización.
Para tales efectos, he decidido dividir mi trabajo en cuatro capítulos, con el
fin de lograr una mayor comprensión sobre el tema. El primero de ellos dará
cuenta de algunas características generales que tiene el municipio en cuanto a
geografía, cultura y meteorología, así como algunas prácticas que se llevan
a cabo en cuanto a la cuestión agrícola.
El segundo capítulo tratará sobre los conocimientos técnicos que tenemos
hasta el día de hoy para entender la aparición de estas actividades meteorológicas
y se analizarán a partir de las disposiciones geográficas del municipio, con
el fin de entender la constante presencia de éstos en la vida agrícola del
territorio.
El tercer capítulo expondrá las creencias que nuestros antepasados tenían con
respecto a la lluvia y el viento. Con esto se podrá entender el origen de las
prácticas en nuestros días y se mostrará el fundamento místico o religioso.
Tal tarea tendrá que ir encaminada con la idea de que la conquista española
trajo consigo nuevas ideas y formas de entender el entorno, por lo que,
nuevamente me adelanto, hay que reconocer un sincretismo que hace peculiar el
contenido de los rituales.
El cuarto capítulo hablará de los ritos tal y como se llevan a cabo en
nuestros días tomando en cuenta que hubo esta integración o sincretismo entre
nuestra cultura mexicana antigua y la española. Se advertirán las distintas
formas de practicarlos que tienen las personas que se dedican a ahuyentar nubes.
Por último, se anotarán las conclusiones que hayan surgido a partir del
conocimiento de los distintos rituales en mi municipio y la razón por la cual
son contadas las gentes que los llevan a cabo. Asimismo, explicaré cuál es la
importancia de retomar nuevamente los valores indígenas en nuestra vida y el daño
que le hemos hecho a la naturaleza al pensar que sólo vale nuestra satisfacción
material si ésta se logra a costa de la destrucción del entorno.
CAPÍTULO 1:
BREVE RECORRIDO POR ZINACANTEPEC
El municipio de Zinacantepec representa
uno de los territorios del Estado de México que ha entrado ya en el proceso de
urbanización, por lo cual ha dejado de ser visto como una zona agrícola y de
presencia indígena. Esta situación se comprende debido a que la mayor parte de
la población que se ha asentado en este lugar es gente proveniente del Distrito
Federal y el área metropolitana. No obstante, podemos decir que en Zinacantepec
aún se encuentran personas descendientes de los otomíes, aunque muchos de
ellos ya no hablan el dialecto ni visten a la usanza, debido a la discriminación
de que son objeto.
Geográficamente, como se consigna en la monografía de Rosalío Pérez Alvirde,
el municipio de Zinacantepec tiene las siguientes colindancias: al norte, con
Almoloya de Juárez, al sur con Texcaltitlán, al este con Toluca y Calimaya, al
oeste con Temascaltepec y Amanalco de Becerra y al sureste con Villa Guerrero y
Coatepec Harinas(2). El municipio es relevante, en el ámbito turístico, debido
a que el Xinantécatl (Nevado de Toluca) forma parte de su territorio y porque
también existe dentro de este lugar un espacio histórico que es el Museo de
Arte Virreinal, el cual fue un Convento Franciscano en el s. XVI encargado de la
evangelización de indígenas.(3)
El municipio era muy reconocido por la siembra de papa, calabaza y haba; no
obstante a partir de la desaparición del ferrocarril como medio de transporte,
el comercio que era destinado a Toluca para comercializarse en la Ciudad de México
descendió considerablemente. Aún así existen dentro del territorio todavía
extensas regiones para el cultivo, principalmente en lo que se refiere a
localidades como San Juan de las Huertas, San Pedro Tejalpa y Santa María del
Monte. En lo que se refiere a la cabecera de Zinacantepec podemos encontrar áreas
para cultivo de no más de 3 hectáreas debido a que la constante inmigración
ha generado que los terrenos sean ocupados para la construcción de viviendas.
Mi historia parte precisamente de esta parte de Zinacantepec, pues el territorio
que les fue heredado a mis abuelos para su cultivo se encuentra en los
alrededores de la cabecera de Zinacantepec, en lo que hoy se conoce como Barrio
Santa María. A la muerte de mi abuelo gran parte del territorio que medía algo
así como 3,5 hectáreas fue vendido o cambiado por inmuebles o dinero. Al
llegar yo a Zinacantepec (como a los doce años) en mis días de vacaciones mi
abuela solamente poseía algo así como 600 m², los cuales me enseñó a
trabajar en esos días donde se suponía sólo debería ver la televisión.
La mayoría de terrenos destinados a la siembra se usan para producir maíz y
haba, ya que según los habitantes de este municipio es lo que mejor
“resulta”; es decir, se produce. A pesar de esto habría que decir que su
actividad sólo responde al autoconsumo, pues muy pocas ganancias genera el
vender sus remanentes a las molineras o a los comerciantes.
El ambiente propicio para los cultivos generó durante mucho tiempo el que se
considerase a la agricultura una de las principales contribuyentes del
desarrollo económico del municipio. Con respecto al clima que existe en
Zinacantepec se puede decir que:
El territorio municipal comprende parte de la unidad geomórfíca del valle de
Toluca. Su clima predominante es templado subhúmedo; teniendo clima frío húmedo
en las laderas, a pie del Xinantécatl, con abundantes precipitaciones.
El clima es muy variable y con grandes oscilaciones según la temporada del año,
y en el transcurso del día, en el verano se presentan temperaturas cercanas a
los 28° C, durante el invierno, en los meses de octubre a febrero descienden
hasta los 5° C bajo cero.
La temperatura más calurosa la encontramos en los meses de abril, mayo y junio.
Los meses fríos serían de octubre a febrero, presentándose temperaturas
crudas en las localidades cercanas al Xinantécatl como Raíces y La Puerta del
Monte(4).
Otra situación que se destaca dentro del municipio es que tiene grandes
temporadas de lluvia, lo que hace propicio que existan y se produzcan buenas
cosechas. En este sentido, no es raro entonces apreciar que de vez en cuando se
produzcan tormentas o fuertes vientos, al respecto Pérez Alvirde también
explica lo siguiente:
Los vientos se presentan en los meses de enero, febrero y marzo, siendo
dominantes los que van de oeste a este y viceversa; la estación más seca
comprende los meses de diciembre a abril.
(...)El periodo de precipitación comprende los meses de mayo a octubre, siendo
de mayor intensidad las de julio a septiembre; las granizadas se presentan sin
regularidad. Las heladas son un fenómeno impresionante, que afecta a algunas
poblaciones, y embellece el relieve volcánico. (5)
Al respecto, resulta muy ilustrativo el hecho de que la mayor parte de la gente
que se dedicaba o se dedica al cultivo en Zinacantepec tenga presente que es
necesario cuidar sus parcelas como si fuera un integrante más de su familia.
Por ejemplo, sabemos muy bien que en la concepción indígena la tierra
representa a la madre, lo cual trae a la mente el hecho de que sea considerada
como un pilar dentro de su vida. Para el otomí, según Jacques Galinier, la
tierra tiene el siguiente simbolismo:
En otros tiempos, durante la época de siembra, se veneraba a la divinidad
terrestre (hmuhoi). Esa practica revelaba una gran ansiedad, en relación con el
carácter ambivalente de la diosa madre (s’ inanahoi). En efecto antes que
nada, ella es la fuente de la fecundidad, aunque también sea el lugar de los
muertos y la deidad del inframundo. (6)
Por lo tanto, si tomamos como fundamento esta concepción es entendible el hecho
de que se mantuvieran muy celosos de los cambios climáticos que pudieran
perjudicar su siembra. Otra razón de mayor peso para los que no estamos muy
inmersos en sus tradiciones es que obligadamente tenían que ver por sus
tierras, pues de otra forma no podrían sobrevivir.
En lo referente a fiestas y culto a santos predomina en la región la celebración
a la Virgen de los Dolores del Rayo, de la cual pude obtener información sobre
su historia a través de dos ex mayordomos, Alfonso Aguilar Mendoza y Susano Víctor
Chávez Reyes (7) :
Javier Cervantes (JC):
¿Desde cuándo se venera con tanta devoción a la Virgen de los Dolores del
Rayo?
Alfonso Aguilar (AA):
Fíjate que es bien bonita la historia. Se supone que todo empezó por ahí del
siglo XVIII...
Susano Chávez (SC): 1762,
pa’ ser exacto.
AA: aja,
se supone que donde antes era el convento de los franciscanos se encontraba una
ermita en la que una mujer, de origen indígena, llevó una imagen de la Virgen
María que es la de los Dolores y que lo había hecho así porque era un
agradecimiento porque según la mujer la virgen le había salvado de una
epidemia que hubo en la región llamada el Matlazahua y que había matado a sus
familiares. Poco después la virgencita hizo adeptos, pues resultó muy
milagrosa y fue trasladada dentro de la iglesia, en donde estaba el coro, abajo.
SC: Incluso,
ya no se le conocía como virgen de los dolores, sino como la virgencita del
coro.
JC: Entonces,
¿de dónde viene la denominación de Virgen de los Dolores del Rayo?
AA: Ah,
mira, un 22 de mayo, pero de 1762, como nos lo dijo Susano, el pueblo se vio
amenazado por una gran tormenta, hubo grandes nubes negras, fuertes vientos,
total que se ennegreció el cielo y esto provocó que la gente se espantara
demasiado hasta el grado de creer que morirían. Entonces, ya en lo mero mero de
la tempestad se oyó un trueno muy fuerte, después de esto fue cesando la
lluvia y se despejó el lugar. El tronido se oyó en la mera iglesia y mucha
gente fue a ver qué había pasado. Afortunadamente sólo se había desprendido
parte de la torre de la iglesia; pero que verticalmente daba directo a donde se
encontraba la imagen, así que se metieron a verla y se percataron de que el
rayo había dado en ella, pues se supone que el rayo le dio colores nuevos en
lugar de deshacerla o algo así...
SC: Con
decirte que dicen que las paredes estaban chamuscadas y un órgano que estaba
por ahí se echó a perder; entonces, yo me preguntó: ¿por qué el cuadro
no?...diosito es bien grande.
AA:
Ah, por cierto, además de los colores en el cuadro apareció una cruz que no
estaba antes. A partir de entonces es nuestra patroncita y le echamos un montón
de ganas para su fiestecita.
JC:
Muy bien. Tengo otra duda: ¿por qué razón se hacen dos fiestas?, tengo
entendido que hacen otra el 4 de diciembre y por lo que he visto es más
tumultuosa y de mayor envergadura.
SC:
Lo que pasa es que después de aquello le hicieron una capilla aparte para
venerarla mejor y cuando se terminó de construir fue en esa fecha, sino mal
recuerdo el año fue 1785. Desde ese momento se le conoció como la “fiesta
grande”.
Sin duda, la fiesta que se hace a esta virgen es la que más devotamente lleva a
cabo la población de Zinacantepec. Existen otras fiestas que son importantes,
por ejemplo la de San Miguel Arcángel que se realiza el 29 de septiembre (que
se supone debería ser la más importante) y la de Semana Santa donde se
representa la Pasión de Jesucristo.

LA VIRGEN DE LOS DOLORES DEL RAYO
Foto proporcionada por Alfonso Aguilar, ex mayordomo de la fiesta patronal.
CAPÍTULO 2:
ALGUNOS ASPECTOS TÉCNICOS SOBRE EL ORIGEN DE LOS TORNADOS, TORBELLINOS O RÁFAGAS
DE VIENTO
Con el fin de entender la diferencia que
existe entre tornado, torbellino, ráfaga y tromba me he permitido buscar
información técnica al respecto, con el fin de entender cuál es el tipo de
actividad meteorológica es la que existe en nuestro municipio. Esto para evitar
cualquier confusión al tratar conceptos cuando hable con respecto a los
rituales que se hacen para contrarrestarlas.
La palabra tornado se deriva del latín tonare que significa girar y cuando se
haga referencia a un tornado debe entenderse por tal al “fenómeno meteorológico
violento e impredecible, caracterizado por vientos que giran desde una formación
nubosa densa en forma de embudo. Esta formación es visible por la presencia de
polvo que es succionado de la tierra y por la condensación en su centro de
gotas de agua” (8). De acuerdo a este concepto podemos percatarnos que las
“colas” de agua que se producen en el municipio de Zinacantepec se acercan
en mucho a lo relatado. Para empezar, cuando se lleva a cabo tal formación una
nube va poco a poco adquiriendo forma de embudo, lo cual simula la cola de algún
animal y, en efecto, se nota que dentro de él hay movimientos circulares. Si no
se contrarresta mediante el ritual es posible que la “cola” del tornado baje
a la superficie y arrastre todo lo que encuentre a su paso.
En este sentido, surgirían las dudas del porqué no llamarle, torbellino o
remolino, ráfaga de viento o, incluso, hasta tromba. Pues resulta que en el
caso de los torbellinos-remolinos se entiende que son un tipo de “viento
impetuoso que sopla dando vueltas: los ciclones son torbellinos de gran radio.
Masa de agua que gira rápidamente como un embudo.”(9) ; pero que surgen del
suelo hacia arriba. Asimismo, no podríamos denominarles ráfagas de viento
porque sólo hace una alusión general a todos los tipos de intensidad que puede
tomar el aire. Por último, si queremos hablar de tromba necesitaríamos
explicar que el territorio de Zinacantepec no posee una importante masa acuífera,
pues sólo se denominan así a los tornados cuando se desplazan sobre una
superficie liquida.
Dado por sentado esto podemos decir que los tornados que se producen dentro del
territorio de Zinacantepec pueden ser denominados de acuerdo a la escala Fujita
(10) como leves y moderados, los primeros son conocidos como F0 y tienen una
velocidad 60-100 km/h mientras que los segundos son llamados F1 y tienen la
velocidad de 100-180 km/h. En cualquiera de los dos casos los tornados pueden
tener una duración de entre 1 y 20 minutos. Si tomamos en cuenta el hecho de
que esta escala toma como referencia la destrucción que ocasionan y no el tamaño
del tornado podemos inferir que al no ser tratados bien pueden perjudicar
seriamente un sembradío e incluso una población. (11)
Otra característica más es que la generación de un tornado está determinada
por “líneas de inestabilidad o frentes fríos muy activos, a menudo agrupados
en familias, pero también pueden observarse en conexión con tormentas aisladas
de gran intensidad. (...)Los tornados se originan a cualquier hora del día o de
la noche, preferentemente entre las l5.00 y l9.00 hrs.”(12) Para nuestro
municipio las condiciones climáticas que tiene son evidentes para la propagación
de este tipo de fenómenos. Por un lado, sabemos bien que la temperatura
comienza a bajar entre el transcurso de las horas señaladas, algunas veces cae
de 15º C a 4º C. De esta manera, se entiende el tiempo propicio y el lugar,
pues es evidente que al tener cerros alrededor sea mucho más fácil la
propagación de nubes. La mayoría de las veces en las que aparecen este tipo de
actividades meteorológicas es en el día, por tal razón son muy fáciles de
ver y de evitar; no obstante, de acuerdo a algunos comentarios, han existido
desastres durante la noche que han afectado seriamente el municipio, pues no está
completamente plano como valle sino que presenta una pendiente breve.
 
EJEMPLO
DE UN TORNADO
http://www.angelfire.com/nt/DesastresNaturales
CAPÍTULO 3:
LAS CREENCIAS DE NUESTROS ANTEPASADOS CON RESPECTO AL VIENTO Y LA LLUVIA
No cabe duda que uno de los principales
dioses que figuraron en el panteón mesoamericano y que se considera una pieza
clave para entender el bagaje místico-religioso de los pueblos mexicanos
antiguos fue Quetzalcoátl, el cual tiene diferentes advocaciones e, incluso,
hasta se le llegó a considerar como un personaje humanizado (según la historia
tolteca). A este respecto, lo tomaremos a él para hablar del viento, ya que
Sahagún en su Historia General... expresa que:
Esta gente atribuía el viento a un
dios que llamaban Quetzalcóatl, bien casi como dios de los vientos. Sopla el
viento de cuatro partes del mundo por mandamiento de este dios, según ellos decían;
de la una parte viene de hacia el oriente, donde ellos dicen estar el paraíso
terrenal al cual llaman Tlalocan, (y) a este viento le llamaban tlalocáyotl; no
es viento furioso, cuando él sopla no impide (a) las canoas andar por el agua.
El segundo viento sopla de hacia el
norte, donde ellos dicen estar el infierno, y así le llaman mictlampa ehécatl,
que quiere decir el viento de hacia el infierno; este viento es furioso, y por
eso le temen mucho; cuando él sopla no pueden andar por el agua las canoas y
todos los que andan por el agua se salen, por temor, cuando él sopla, con toda
la prisa que pueden porque muchas veces peligran con él.
El tercer viento sopla de hacia el occidente, donde ellos decían que era la
habitación de los dioses que llaman Cihuapipiltin; llamábanle cihuatlampa ehécatl,
o cihuatecáyotl, que quiere decir, viento que sopla de donde habitan las
mujeres; este viento no es furioso, pero es frío, hace temblar de frío; con
este viento bien se navega.
El cuarto viento sopla de hacia el mediodía y llámanlo huitzflampa ehécatl,
que quiere decir, viento que sopla de aquella parte donde fueron las diosas que
llaman Huitznahua; este viento en estas partes es furioso y peligroso para
navegar. Tanta es su furia que algunas veces arranca los árboles, y trastorna
las paredes, y levanta grandes olas en el agua; las canoas que topa en el agua
échalas a fondo, o las levanta en alto; es tan furioso como cierzo o norte.
(13)
Para tal efecto, se entiende a Quetzalcoátl como uno de los dioses al cual se
le debe mayor culto, pues representa para los mexicanos antiguos el dios que le
dio vida al hombre y que prodiga de vida a la naturaleza mediante los vientos.
Otro de los dioses que representan una alta jerarquía dentro del panteón
mesoamericano es Tláloc y de él se ha podido conocer mucho más, puesto que
tiene esa advocación directa con el agua, con lo beneficios o desastres que de
este liquido se pueden esperar. Sobre Tláloc, Sahagún expresó:
Este dios llamado Tlaloc
Tlamacazqui era el dios de las lluvias. Tenían que él daba las lluvias para
que regasen la tierra, mediante la cual lluvia se criaban todas las yerbas, árboles
y frutas y mantenimientos; también tenían que él enviaba el granizo y los relámpagos
y rayos; y las tempestades del agua, y los peligros de los ríos y de la mar.
El llamarse Tlaloc Tlamacazqui quiere decir que es dios que habita en el paraíso
terrenal, y que da a los hombres los mantenimientos necesarios para la vida
corporal. (14)
Si bien cada una de las personas que se dedicaba a las actividades agrícolas
debía realizar sus propios ritos para obtener beneficios de los dioses, eran
muy pocos los que podían interceder directamente para pedir favores. En este
sentido, se entiende que sólo algunas personas, sacerdotes para este tiempo,
podían mediante el estudio de la magia y la naturaleza lograr contacto con la
divinidad. Muchas de estas personas eran conocidas como curadores, chamanes o
nahuales, y cada uno de ellos tenía la gracia de intervenir en los procesos
naturales. Para mi estudio, es imprescindible hablar del teciuhtlazqui o
“espantador de granizo” quien tenía la facultad de ser “conocedor del
lugar de los muertos, conocedor del cielo. Sabía cuándo ha de llover o si no
ha de llover. (...)Si tenía odio a un pueblo, a un rey; si quería que se
acabara un pueblo, o que se muriera un rey, así pronosticaba: Va a helar, o va
a caer granizo.” (15)
Los antiguos mexicanos que se dedicaban al cultivo recurrían a este tipo de
chamán para evitar que su siembra se perjudicara y es muy probable que a lo
largo del tiempo la gente se haya dado cuenta de cuál era la técnica para
ahuyentar tales nubes de tormenta y fuera haciéndose pública su práctica.
CAPÍTULO 4:
RITUALES EN TORNO AL VIENTO Y LA LLUVIA QUE SE LLEVAN A CABO EN NUESTROS DÍAS
En nuestra época es muy común escuchar
que el proceso agrícola no es más que el trabajo que se realiza para obtener
ganancias mediante la producción de comestibles y, debido a esto, a la tierra
se le deja de ver como un elemento de subsistencia y pasa a ser solamente
mercancía que generará capital. Para el indígena, para el campesino de
autoconsumo, no obstante, este tipo de pensamiento no encaja, pues para él hay
un vinculo sentimental muy profundo con la tierra.
Debido a esto, no es raro encontrar un sinnúmero de rituales que se llevan a
cabo en torno a la siembra y cosecha de productos. Primero que nada debemos
tomar en cuenta cuál es el significado que los indígenas dan a la acción de
cultivar y obtener una planta, para esto recurriré nuevamente a Galinier y su
trabajo sobre los otomíes:
El maíz(...) al igual que otras
plantas cultivadas posee un “alma”, que es la de una divinidad muy
respetada. Se representa a veces bajo su aspecto masculino, como un anciano.
Este carácter de senectud se atribuye a las divinidades más importantes, como
el dios del fuego [Xiuhtecuhtli], quien proporciona la abundancia a las personas
que lo recogen en el camino y le ofrecen hospitalidad. Así un grano de maíz
que haya caído en la tierra, en un sendero, siempre debe recogerse. (...)En su
aspecto femenino el maíz aparece en forma de una mujer de largos cabellos
rubios y se llama “madre del maíz” [Cinteotl], fuente de la vida
constantemente renovada. (16)
Ahora bien, si esto es así explica que hay una gran preocupación en torno al
buen término de la siembra, realizarla en las mejores condiciones. Para poner
ya un ejemplo concreto hablaré del maíz, de su cultivo en este municipio. La
mayoría de las personas que lo siembra lo hace para obtener de él elotes y cañas
de azúcar, y si prefieren dejarlo secar obtendrán mazorcas y zacate para el
alimento de ganado. No obstante, no todo es tan fácil en el ámbito campestre,
pues es necesario que el cultivo tenga muchos cuidados, por citar algunos diría
la fertilización, la extracción de hierba y construcción de canales. Este
tipo de labor solamente dependerá del buen trabajo que haga el agricultor.
Los problemas vienen cuando las condiciones climáticas quebrantan el buen
crecimiento del cultivo y que pueden llegar incluso a evitarlo. Una de esas
causas se puede encontrar en las heladas, algo que es muy típico de esta región
debido a la cercanía que existe con el volcán y el otro problema está en las
lluvias torrenciales que pueden llegar a convertirse en tormentas.
Cuando llega a percibirse un nublado muy gris en el entorno y se visualiza que
se acerca una lluvia muy fuerte tendiente a tormenta, lo primero que se escucha
es el sonido de la campana de la iglesia, la cual avisa a la población de que
algo malo viene. Enseguida, se escuchan los “tronidos” de los cohetes, los
cuales han sido comprados con anticipación. A este respecto, el señor Jesús
Reyes Corona me explicó:
Todavía en el pueblo habemos
muchos campesinos y sabemos muy bien que la probabilidad de que nuestras
cosechas lleguen a buen término son muy escasas. Por tal razón, hacemos
reuniones entre algunos compañeros para analizar alguna acción contra las
lluvias. Como usted debe saber estas “lluviecitas” las manda el mismísimo
demonio, pues ya sabe que siempre le da por molestar, y entonces algo que nos
dijo el padrecito desde hace muchos años era que sólo se le podía espantar
aventándole cohetones, así que nos sugirió que compráramos por año una
tanda de cincuenta piezas. (...)Al principio, fíjese usted, cooperaba todo el
pueblo e, incluso, una parte de la limosna dominical iba a dar al dinero que
invertíamos en comprarlos; pero ahora ni ilusiones nos hacemos y tenemos que
poner cada uno de nosotros. (...) Yo, a pesar de que desembolsó por año algo
así como dos mil pesos, no me arrepiento de hacer esto, pues siempre nos ha
funcionado. Lo malo está en que muchos ya no creen...con decirle que hasta
cuando tronamos los cohetes la gente cree que va a haber fiesta. (17)
Quise obtener también la opinión del párroco de la iglesia de Zinacantepec;
sin embargo siempre estuvo ocupado, así que solamente pude obtener el
testimonio de una persona muy allegada a las labores de la iglesia, José Luis
Fabela Rendón, quien ha estado involucrado con estos rituales:
Una de las maneras más efectivas
para evitar las granizadas y las tormentas es el hecho de quemar cohetes en
dirección al lugar donde se encuentran las nubes grises. Este fenómeno tiene
que ver con la furia de dios y es que de acuerdo al comportamiento que se tenga,
así se verá uno beneficiado o perjudicado. Es necesario que los cohetes tengan
que pasar a ser bendecidos por el padre porque si no, no servirán para nada.
Esta práctica es bien vista por dios, pues se da cuenta de que la gente está
arrepentida y pide por sus sembradíos.(18)
Este tipo de testimonios da cuenta de un ritual que atañe a varias personas y
que está totalmente difundido en el municipio y en otras partes del territorio
del Estado de México. Por ejemplo, en Graniceros. Cosmovisión y meteorología
indígenas de Mesoamérica que coordina Johanna Broda podemos encontrar un artículo
sobre ahuyentadores de granizo realizado por Isabel Hernández González, en el
cual se relata el caso que se percibe en San Gaspar Tlahuililpan:
En San Gaspar Tlahuililpan las
nubes de granizo son "espantadas", "dispersadas" con
cohetones parecidos a los usados en las fiestas de los santos, pero más
potentes para que lleguen hasta las nubes.
La nube "ya viene correteada por otros pueblos", pues en la región
acostumbran de este modo "espantar las nubes malas". En San Gaspar
Tlahuililpan, declaran que "sólo quieren que siga su rumbo, su camino,
fuera de sus terrenos de cultivo",
De fines de junio hasta fines de julio, los pueblos de la zona van
“correteando las nubes malas de un pueblo a otro, de manera que de San Gaspar,
se dice que se va la nube a San Miguel Totocuitlapilco y a San Lorenzo Coacalco,
poblados del municipio de Metepec.
Un mes antes se compran los "cohetones de tromba". Anteriormente los
comisionados se encargaban de pedir cooperación en el pueblo. En estos días sólo
el señor Joaquín Villa se preocupa por comprarlos con la ayuda de personas que
aún siembran y algunos más que se solidarizan, aunque ya no tengan terrenos de
cultivo.(19)
Con este ejemplo podemos encontrar grandes semejanzas en cuanto al modo de
practicar el ritual de ahuyentamiento. No obstante, creo que lo que más fascina
es la manera en que cada una de las personas de forma individual lleva a cabo el
rito. Al principio de este trabajo advertía una forma de realización que
consiste en “cortar” las nubes con un machete o cuchillo y rezando una oración
pidiendo a los santos o a la virgen. Ahora bien, otro tipo de ritual me fue
platicado por una señora que tiene unas parcelas en el poblado de Acahualco
(perteneciente a Zinacantepec), ella se llama Magdalena Ruiz Itla:
Cuando uno nota que está pronta la
nube a llegar al lugar donde puede hacer daño no hay más que pararse en el
sembradío y hacer una cruz en la tierra. Posteriormente ir por las palmas
benditas que se compraron en el día de Domingo de Ramos y quemarlos en el lugar
donde se hizo la cruz. Enseguida hay que rezar tres padres nuestros y tres aves
marías para que dios y la virgencita nos oiga y deshaga la tormenta. (20)
Debido a que encontré estas distintas maneras de enfrentar el problema decidí
ir a visitar a una curandera que vive en la cabecera de Zinacantepec, ahí en el
Barrio de la Veracruz. Su fama es mucha debido a que muchos la tachan de bruja;
no obstante, decidí preguntarle cuál era su opinión al respecto, su nombre es
Marina Chávez Colín (MCC):
JC: ¿Qué
opina con respecto a la tradición o creencia sobre el ahuyentamiento de las
“colas” de agua?
MCC: Antes
que otra cosa quisiera saber si tú lo crees porque si te vienes a burlar sería
mejor que te retiraras...
JC: No
si me importa, sí creo en esto y por eso estoy interesado en conocer más a
fondo lo que significa.
MCC:
Está bien, mira ese rito viene desde
nuestros antepasados, antes todo tenía que ver con fuerzas naturales y no
precisamente con la acción de un dios. De no ser así ningún conocimiento hubiéramos
tenido como pueblo. En cada comarca existían hombres que se dedicaban a mirar
el cielo y entenderse con él. De esta manera ellos tenían el poder de saber cuándo
llovía, cuándo helaba y si iban a ser malos tiempos o buenos para las siembras
y las cosechas. Estos sabios eran muy castos, nunca tuvieron que ver con ninguna
mujer, así que los dioses los premiaban con esas facultades. (...)Cuando se
viene un conjunto de nubes grises o blancas que están muy juntitas y soplan
mucho es indicio de que se avecina una tormenta. Muchas veces hasta en las nubes
se forma una colita que indica la velocidad que han tomado estas nubes. Este
tipo de fenómenos se lo debemos a nuestro dios Ehécatl que es el que manda
sobre el aire y decide para dónde llevar las nubes que traen la lluvia. Lo
importante aquí es que se entienda que el solo no puede crear las nubes de
tormenta y se ayuda en el dios Tláloc. Ellos dos intervienen en la formación y
por ello es debido que los sabios que se encargan de entender lo celeste
intervengan para ofrendar a Tláloc y a Ehécatl.
JC: ¿Qué
ofrendan los sabios?
MCC:
como estas personas viven cerca de las colinas o en los meros cerros realizan
danzas para evitar la tempestad y hacen auto sacrificios para ofrendar sangre.
JC:
Entonces lo que se hace últimamente de echar cohetes, quemar palmas, etcétera,
¿no sirve?
MCC:
Lo que ocurre es que eso ya está mezclado con lo que trajeron los españoles,
creen que hay que evitar demonios que vienen en la nubes y hacen creer a la
gente que sólo con cohetes santificados o quema de palmas benditas se espanta a
las nubes; pero eso no es más que invención de los padrecitos. (21)
Este tipo de testimonio me confundió, pues si bien es muy creíble el hecho de
que los conocimientos hayan sido legados por los antiguos mexicanos no pude
comprender el por qué negó que las otras creencias fueran sólo obra o
inventiva de sacerdotes, cuando ella misma al momento de que se encarga de hacer
“limpias” contra males de ojo o contra hechizos trae a colación a un sinnúmero
de santos que se ven en el catolicismo. Afortunadamente, uno de los trabajos que
tiene uno como investigador es el utilizar sólo lo que uno cree conveniente.
Con respecto a estas personas que se dedican al ahuyentamiento de las nubes de
tormenta podemos encontrar referencias en el mismo artículo de Hernández González,
gracias a él podemos hacernos una idea de cómo debe de ser alguien que se
dedique a tales actividades:
Estos especialistas del tiempo, que
ahora encontramos en algunos pueblos campesinos del centro de México cercanos a
montañas y montes, son herederos de un complejo cultural mítico-religioso de
procedencia prehispánica, amalgamado con elementos españoles. Lo sagrado en
los mesoamericanos se encontraba en el centro de la vida cotidiana, siendo
esencial para los pueblos agrícolas dependientes de los eventos y regularidades
atmosféricas.
Los pueblos mesoamericanos eran grandes observadores de la naturaleza v sus
procesos; llegaron a considerar a ésta sagrada y pensaron que debía ser
cuidada y reverenciada como dadora de vida en plantas y animales.
Estos pueblos agrícolas, que hicieron corresponder sus trabajos con los eventos
naturales, crearon prácticas propiciatorias fabricando un complejo cultural mágico-religioso
en el que se apoyaba la agricultura. Dentro de este complejo cultural de tareas
técnicas y prácticas propiciatorias, se encuentra la razón de ser de los
graniceros;. especialistas a los que se les responsabilizaba de cuidar los
sembrados del granizo: "ahuyentar", "espantar" y
"atajar" las nubes cargadas de granizo.(22)
Para otro autor, Otto Gálvez Schumann, tales personas cumplen una función
específica debido a que fueron escogidas por la misma naturaleza; es decir, no
cualquiera puede tener tal mérito, aunque tenga todo el conocimiento:
'granicero' era aquel que había
recibido la descarga de un rayo, y que no solamente había sobrevivido a ella,
sino que mediante la misma recibía la facultad de desarrollarse como granicero,
ya que después de esta descarga, quien la recibe, oye a través de sueños o
trances las voces que le indican que tiene el poder de curar y de intervenir
para pedir o tomar parte en los controles de aguas, vientos y granizadas.
Siempre está presente la posibilidad de desarrollar esta habilidad o no, pero
por lo general quienes no obedecen a estas voces pueden enloquecer, o hasta
morir.
Aquellos que quieran desarrollar las potencialidades recibidas, están obligados
a que los asistan y los enseñen personas que ya practican esta virtud, pero no
todas lo hacen en la misma dirección, ya que algunas de ellas se especializan
en curar determinadas enfermedades, o bien se instruyen en el conocimiento de
hierbas curativas; otros se dedican a intervenir en el control del agua y los
vientos, y otros pueden ser especializados en curar de sustos, espantos o de caídas;
quienes utilizan la herbolaria para curar no necesariamente son graniceros,
aunque pueden serlo. (23)
Por ultimo enunciaré el testimonio de una señora que se dedica a ayudar en las
labores agrícolas; pero que no tiene nada que ver con la siembra de productos,
ella se llama Celia Malaquías Sánchez. Gracias a su experiencia reconoce que sí
debe utilizarse tanto el cuchillo o el machete en el ritual de ahuyentamiento de
nubes y también el que se utilicen las palmas benditas en el proceso; sin
embargo, ella hace alusión a otro tipo de técnica:
Cuando se vienen las “colas” de
agua lo primero que hago es ahuyentar las nubes cortando las nubes con un
machete y haciendo una cruz en la tierra con él mismo. Después que terminó de
hacer esto voy por las palmas benditas que conseguí el día de Domingo de Ramos
y las quemó fuera de mi casa. En dado caso que no tenga esto es usual que
muchas de nosotras guardemos el cabello que se nos cae y que guardamos en los
agujeros del adobe, con estos montoncitos de cabello ahuyentamos también a la
nube quemándolos. Asimismo, la casa la riego con agua bendita desde la puerta,
para así evitar que los malos espíritus entren a ella, pues se supone que este
tipo de fenómenos tienen que ver con lo demoníaco. (24)
Si bien dentro de estas entrevistas encontramos grandes diferencias podemos
percatarnos del papel que juegan las creencias y fuerzas que no conocemos y que,
no obstante, sentimos y sabemos que existen. De alguna u otra forma este tipo de
prácticas sugieren, como dije anteriormente, que hay una comunicación muy
específica entre los procesos naturales y las actitudes humanas.
Decidí no insertar las entrevistas que hice a personas que me respondieron con
sarcasmo acerca de estas tradiciones y se burlaron de tales técnicas, por
simple falta de espacio; sin embargo, no puedo dejar de hablar de un tipo
llamado Agustín Morales Castro (25), de oficio ingeniero, el cual al
preguntarle sobre cuál era su opinión con respecto al ahuyentamiento de
“colas” de agua me respondió que si lo estaba albureando. Al ver mi
negativa, cambió su actitud de bromista por la de erudito científico y me pidió
que le explicara algo sobre ello. Al darle los pormenores del tema, sonrió y me
respondió que en eso sólo creían los ignorantes, las personas que no tienen
quehacer y que la verdad el no hablaba de “cosas incultas”. Por tal razón,
decidí agradecerle su tiempo y dejarlo hacer su trabajo de coordinador de obras
públicas.
CONCLUSIONES
Resulta gratificante reconocer que estas
prácticas siguen vigentes en mi municipio, ya que habla de un desarrollo
cultural bien fundamentado en las creencias antiguas, las cuales han podido
mantenerse en la memoria de las personas desde hace quinientos años; sin
embargo, muy pronto se deja el optimismo de lado al ver que ya son muy pocas
gentes las que conocen estas tradiciones y las llevan a cabo.
La principal causa de este olvido radica primordialmente en la educación que
recibimos desde pequeños y en la constante desaparición de espacios para
cultivo. En nuestros días, es más importante saber sobre computación que
preocuparnos por nuestra historia, pues la primera reditúa y la otra sólo
informa o eso es lo que se piensa. Una solución a este problema radicaría en
darle mucho mayor peso a la enseñanza del México Antiguo analizando que
nuestros logros y progresos no se entenderían sin la aportación que hicieron
los primeros mexicanos.
Otra situación que se torna muy paradójica es que, por mucha tecnología que
tenemos y conocimientos científicos abundantes, aún no es posible determinar
con seguridad con qué periodicidad se pueden presentar actividades meteorológicas
como los tornados y así evitar que haya desastres. En cambio, los conocimientos
milenarios que nos han heredado nuestros antepasados tienen un poder sobre los
designios de la naturaleza y demuestran, como se ha podido comprobar, que estos
fenómenos desaparecen tras llevar a cabo los rituales.
Una deficiencia que he encontrado debido al olvido o ignorancia que tenemos
sobre los conocimientos antiguos se encuentra en el hecho de que ya no
convivimos con la naturaleza, sino que la manipulamos a nuestro antojo y sin
previsión. Si supiéramos en verdad qué papel juega la comunicación humana
con el entorno tendríamos un mundo diferente, donde no existiría la
contaminación, ni las enfermedades gastrointestinales, ni los problemas de
tierra, ni las disputas por recursos naturales; en fin, no seríamos tan
materialistas ni tan asesinos del ecosistema.
Una reflexión que viene muy bien en este texto es la que hace Fernando Benítez
en Indios de México y que dice así: “¿Qué me enseñaron los indios? Me
enseñaron a no creerme importante, a tratar de llevar una conducta impecable, a
considerar sagrados animales, plantas, mares y cielos, a saber en qué consiste
la democracia y el respeto debido a la dignidad humana. También a pasar de lo
cotidiano a lo sagrado(...).” (26)En suma, el conocimiento indígena no sólo
permite el contacto con el entorno natural, también logra llevar al exterior
los valores más buenos que tiene el hombre para vivir en paz y armonía con sus
semejantes.
El ahuyentamiento de “colas” de agua permite reconocer el entendimiento y
respeto que algunas personas tienen todavía por los fenómenos naturales, por
lo tanto, puedo decir que aún no hay nada perdido y que se puede llevar a cabo
el rescate de tales tradiciones siempre y cuando se lleven a las aulas desde que
somos pequeños. De no ser así, siempre serán los simples cuentos, casi fantásticos,
que relatan los adultos para matar el ocio.
Hoy, desafortunadamente, he perdido a mi abuelita y con ella se fueron infinidad
de conocimientos y creencias antiguas; no obstante, aquello que me logró
heredar ha de ser compartido y continuado por mí, mientras la vida así me lo
permita.
FUENTES
BIBLIOGRAFÍA
BENÍTEZ, Fernando,
Los Indios de México,
Ediciones Era,
México, 1989,
423 pág.
BRODA, Johanna (coord..),
Graniceros: Cosmovisión y Meteorología Indígenas de Mesoamérica,
Zinacantepec/El Colegio Mexiquense/U.A.M. Instituto de Investigaciones Históricas,
México,1997,
563 pág.
GALINIER, Jacques,
Pueblos de la Sierra Madre. Etnografía de la comunidad otomí,
Instituto Nacional Indigenista,
México, 1987,
528 pág.
GARCÍA-PELAYO y Gross, Ramón,
Pequeño Larousse en color,
Tomo II,
Ediciones Larousse,
México, 1986.
PÉREZ Alvirde, Rosalío M.,
Zinacantepec. Monografía Municipal,
Instituto Mexiquense de Cultura,
México, 1999,
126 pág.
SAHAGÚN, Fr. Bernardino de,
Historia General de las Cosas de la Nueva España,
Editorial Porrúa,
México. 1999,
1093 pág.
ENTREVISTAS
Entrevista realizada a Alfonso Aguilar
Mendoza y Susano Víctor Chávez Reyes, ex mayordomos de la fiesta realizada a
la Virgen de los Dolores del Rayo realizada el 22 de mayo de 2003. (Fecha:
Domingo 14 de diciembre de 2003).
Entrevista realizada a Jesús Reyes Corona, agricultor de maíz, haba y cebada
que vive en el Barrio de la Veracruz en la cabecera de Zinacantepec. (Fecha: 29
de noviembre de 2003).
Entrevista realizada José Luis Fabela Rendón, ferviente católico y ayudante
esporádico en eventos religiosos dentro la parroquia de Zinacantepec. (Fecha: 6
de diciembre de 2003).
Entrevista realizada a Magdalena Ruiz Itla, agricultora y ama de casa. (Fecha:
29 de noviembre de 2003).
Entrevista realizada a Celia Malaquías Sánchez, ama de casa y ayudante en las
labores de cosecha. (Fecha: 15 de noviembre de 2003).
Entrevista realizada a Agustín Morales Castro, coordinador de obras públicas
en el Ayuntamiento de Zinacantepec. (Fecha: 16 de diciembre de 2003).
PÁGINAS WEB
http://www.angelfire.com/nt/DesastresNaturales
http://www.itfuego.com/desastres/defensa_civil.htm
AUTOR:
Javier Cervantes Mejía
Correo: javier_Cervantes_mejia@hotmail.com
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Publicación enviada por Javier Cervantes Mejía
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Publicado Wednesday 10 de January de 2007
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