Monografias | Toxoplasmosis

Toxoplasmosis

Resumen: La toxoplasmosis es la zoonosis de distribución más universal. Aproximadamente medio billón de personas tienen anticuerpos contra Toxoplasma y más de cien especies de aves y mamíferos se ven afectadas por la infección con el parásito. El conocimiento de las particularidades de su ciclo vital, así como los procesos relacionados con la patogénea y respuesta inmune, constituyen aspectos de suma importancia para comprender mejor, los elementos relacionados con el evento de parasitemia de la enfermedad.

Publicación enviada por Jorge Fraga y Yenisey Alfonso y


 

Índice
Resumen.
Antecedentes históricos de la toxoplasmosis.
Clasificación Taxonómica.
Estadios de desarrollo.
Ciclo de vida.
Patogénea.
Manifestaciones Clínicas.
Toxoplasmosis aguda adquirida en el paciente inmunocompetente.
Toxoplasmosis ocular.
Toxoplasmosis congénita.
Toxoplasmosis aguda adquirida en el paciente inmunodeficiente.
Respuesta inmune a T. gondii.
Respuesta inmune natural o no específica.
Respuesta inmune específica.
Inmunidad celular
Inmunidad humoral.
Epidemiología.
Tratamiento.
Referencias Bibliográficas.

Resumen
La toxoplasmosis es la zoonosis de distribución más universal. Aproximadamente medio billón de personas tienen anticuerpos contra Toxoplasma y más de cien especies de aves y mamíferos se ven afectadas por la infección con el parásito. El conocimiento de las particularidades de su ciclo vital, así como los procesos relacionados con la patogénea y respuesta inmune, constituyen aspectos de suma importancia para comprender mejor, los elementos relacionados con el evento de parasitemia de la enfermedad. No obstante las afectaciones que puede provocar van a depender de varios factores como son, la cepa infectante, vía de infección, respuesta inmune del huésped, entre otros. A su vez, las manifestaciones clínicas son descritas según su presentación en los diferentes grupos de pacientes. De esta manera encontramos: toxoplasmosis en el inmunocompetente, toxoplasmosis congénita, toxoplasmosis ocular y toxoplasmosis adquirida o reactivada en un paciente inmunocomprometido. Dentro de estos últimos un grupo especial lo constituyen los enfermos con el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) en quienes la localización mas frecuente del parásito es la cerebral. Esta afectación es la que da origen a la neurotoxoplasmosis que constituye hoy en día la segunda infección oportunista más común que afecta el Sistema Nervioso Central (SNC), de los pacientes con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), para quienes la enfermedad es una complicación severa y con pronóstico reservado.

Antecedentes históricos de la toxoplasmosis.
T. gondii fue descubierto y nombrado por Nicolle y Monceaux, en 1908, cuando aislaron en el hígado y el bazo de un roedor salvaje africano (Ctenodactylus gondii) un parásito intracelular. Al inicio creyeron que se trataba de Leishmania, pero un año mas tarde le denominaron T. gondii por su forma arqueada (del griego taxón: arcos) y por el nombre vulgar del roedor en que fue hallado, el gondii. Cinco años después Catellani describe por primera vez la toxoplasmosis en humanos y en 1923 el checo Janku describe la corioretinitis en un paciente afectado de meningoencefalitis aguda, detectándose la presencia de Toxoplasma en la retina. 

Lepine, Weiman, Jacobs, Ruchman y otros autores en 1929 destacaron la persistencia de quistes en tejidos por meses y hasta años, explicaron las formas asintomáticas y crónicas de la enfermedad y relacionaron el Toxoplasma con el embarazo. En 1941 Pikerton y otros describieron la toxoplasmosis humana adquirida y en 1942 Olafson y Monlux abordan por primera vez la toxoplasmosis en los gatos y se refirieron a la transmisión por consumo de carne mal cocinada.

Sabin y Feldman proponen y utilizan en 1948 para el diagnóstico de la enfermedad la prueba conocida como Dye-Test. En 1957 Goldman y Kellen aplican la prueba de Inmunofluorescencia Indirecta (IFI) y años más tarde (1975) Bout y Voller proponen el método del ensayo inmunoenzimático en fase sólida (ELISA).

Ya en la década de los ochenta Lung se refiere a la toxoplasmosis en el Sistema Nervioso Central (SNC), Brady, Brederso y Rosenblum estudian la neurotoxoplasmosis en pacientes con Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) y en 1989 Burg y col. utilizan la Reacción en Cadena de la Polimerasa (RCP) para detectar la enfermedad dando inicio al diagnóstico molecular de la toxoplasmosis que hasta hoy continúa siendo todo un reto.

En Cuba fue descrito por primera vez en 1913 por Campuzano en el hígado y el bazo de un perro y en 1943 Cardelle reporta dos niños con toxoplasmosis. En 1956, Embil logró aislar por primera vez en Cuba el Toxoplasma humano, se trataba de un caso de toxoplasmosis congénita en un recién nacido.

Innumerables son las investigaciones que de esta fecha a la actualidad han sido realizadas en nuestro país y en el resto del mundo, tratando de profundizar en el estudio de la toxoplasmosis y de su agente causal, sin embargo, aun continua siendo una zoonosis de amplia difusión mundial, que afecta al hombre y a más de cien especies de aves y mamíferos.

Clasificación Taxonómica
La clasificación de T. gondii ha sido modificada en numerosas ocasiones. En la actualidad prevalece el criterio seguido por Levine en 1973 y aceptado por Frenkel en 1977, considerando que el parásito forma parte del Reino Protista, Sub-reino Protozoo, Phylum Apicomplexa, Clase Sporozoasida, Sub-clase Coccidia, Orden Eucoccidiorida, Sub-orden Eimeria, Familia Sarcocystidae, género Toxoplasma, especie gondii (Soulsby, 1987; Atias, 1994). 

Es un parásito intracelular obligatorio, móvil, gram negativo, sin hospedero específico (euríxeno). El parásito tiene forma arqueada, semilunar y carece de flagelos, pese a lo cual tiene autonomía de movimientos de rotación helicoidales, en los que participa toda la célula gracias a las fibrillas dispuestas sobre su superficie (Figura 1). Su tamaño varía según el órgano de donde procedan, entre 2-12 x 1.5-4 mm (Figura 2) (Flores, 1991; Dubey et al, 1998).

Figura 1. Taquizoito de T. gondii. Microscopía electrónica de un taquizoito intracelular. PV: Vacuola parasitófora alrededor del taquizoito; Organelos del taquizoito visibles en la foto: conoide (c), micronemas (m), gránulos densos (gd), núcleo (n) y rhoptrias (r).

Tomado: Dubey JP, 1996.

Estadios de desarrollo
T. gondii podemos encontrarlo en tres formas diferentes:

Taquizoito (o trofozoito): Es la forma activa de replicación responsable de la diseminación de la infección y de la destrucción tisular. Se le encuentra en sangre y tejidos (Figura 2) durante la infección aguda. No permanece mucho tiempo fuera de la célula, son parásitos intracelulares obligados y puede infectar cualquier célula y multiplicarse en su interior. Residen en vacuolas y, al dividirse, división que se produce cada 4-6 horas, pueden provocar la lisis de la célula produciéndose la liberación de los taquizoitos o dar lugar a quistes tisulares (Dubey et al, 1998). 

Figura 2. Taquizoitos de T. gondii. (A) Extracelular. Tinción con Giemsa. (B) Intracelular en cultivo celulares. Tinción inmunohistoquímica con anticuerpo monoclonal específico contra taquizoitos. Bar= 20 mm
Tomado: Dubey, 1996. 

Quiste:
Son formas de resistencia, pueden llegar a alcanzar un tamaño entre 10 a 200 mm. Puede encontrarse en cualquier tejido u órgano, fundamentalmente en SNC y tejido muscular (corazón y músculo estriado esquelético), donde pueden persistir en forma latente durante toda la vida y son capaces de reactivarse (Dubey y Beattie, 1988). Poseen una membrana propia y en su interior contienen miles de bradizoitos morfológicamente semejantes a los taquizoitos pero con una reproducción más lenta (Figura 3) (Dubey et al, 1998). La desecación, la congelación por debajo de los –20 °C y el calor superior a los 60 °C los destruye (Dubey y Beattie, 1988; Pereira, 2002).

Figura 3. Quistes de T. gondii. (A) Quiste tisular en cerebro de ratón. No teñido. Nota: Dentro hay cientos de bradizoitos. Bar= 20 mm (B) Dos quistes tisulares en corte de cerebro. Tinción con hematoxilina y eosina. Bar= 20 mm. (C) Microfotografía electrónica de un quiste tisular pequeño que engloba 6 bradizoitos. Bar= 1 mm.
Tomado: Dubey, 1996

Ooquiste
: Son ovales de 10- 12 mm. Se encuentran en las heces de los gatos infectados. Son eliminados por un período de 1 a 3 semanas con las heces de los felinos que padecen la infección aguda en los 20 a 24 días después de haberse infectado pudiendo eliminar hasta 10 millones en un solo día. Si las condiciones son favorables pueden permanecer viables en el suelo durante un año o más. Pueden además ser transportados por insectos y gusanos. Cuando son eliminados con las heces de los gatos son inmaduros, no esporulados (Figura 4 A) y en condiciones favorables (medio ambiente) alcanzan su estado infectivo al día siguiente de su puesta o durante los 5 días posteriores. Cada ooquiste esporulado contiene 2 esporoquistes y 4 esporozoitos (Figura 4B). Una vez esporulados son extremadamente resistentes, incluso a los desinfectantes más potentes. La ebullición o bien el calor seco a temperaturas superiores a los 66 °C los destruye (Dubey y Beattie, 1988; Dubey et al, 1998; Pereira, 2002). 


Figura 4. Ooquistes de T. gondii. (A) Ooquiste no esporulado en heces de gato (punta de flecha). Bar = 65 mm. (B) Ooquiste esporulado. Microscopía electrónica. 2 esporoquistes (punta de flecha) y 4 esporozoitos (doble punta de flecha). Bar = 2,25 mm.
Tomado: Dubey, 1996.

Ciclo de vida
El ciclo de vida de T. gondii no fue descrito hasta 1970 que se descubrió que los hospederos definitivos del parásito eran los miembros de la familia Felidae, incluido el gato doméstico (Frenkel et al, 1970; Dubey y Beattie, 1988). 

T. gondii tiene un ciclo de vida en el hospedero definitivo conocido como esporogónico o entero epitelial. En el hombre y otros animales (hospederos intermediarios), el parásito hace un ciclo incompleto de reproducción asexuada donde realiza invasiones extraintestinales, frecuentemente a músculos y al SNC, denominado también como esquizogónico. Este ciclo incompleto puede ocurrir también en el hospedero definitivo (Figura 5) (Dubey y Beattie, 1988).

Figura 5. Ciclo de vida de T. gondii.
Tomado: Pereira y Perez, 2002 

Los gatos adquieren el Toxoplasma por la ingestión de cualquiera de los tres estados infecciosos del parásito: taquizoitos, bradizoitos que forman parte de los quistes tisulares y ooquistes que se encuentra en las heces. Los cambios en la infección y el periodo pre-patente (el tiempo entre infección y la eliminación de ooquistes) varían en dependencia del estado de T. gondii ingerido. Menos del 50 % de los gatos eliminan ooquistes después de ingerir taquizoitos u ooquistes, sin embargo todos eliminan ooquistes después de ingerir quistes tisulares (Dubey y Frenkel, 1972; Dubey y Beattie, 1988; Dubey, 1995; Dubey, 2001; Hill y Dubey, 2002). 

Cuando el gato ingiere carnes que contienen quistes tisulares, los mismos son disueltos por la acción de las enzimas proteolíticas del estómago y el intestino delgado, liberándose los bradizoitos. Estos penetran en las células epiteliales del intestino delgado e inician la formación de numerosas generaciones asexuales por esquizogonias sucesivas con liberación de merozoitos, antes de los ciclos sexuales, que posteriormente se transforman en macro y microgametocitos que pasan a gametos. Después de la fecundación aparecen los ooquistes, los cuales son excretados en las heces en un estado no-esporulado y no son infectantes (Rojas et al, 1989; Dubey et al, 1998). El gato, elimina los ooquistes con las heces solo por un período breve de 3 a 15 días y al adquirir inmunidad cesa la producción de ooquistes, pero puede reanudarla si se quiebra la resistencia que ha adquirido. 

Al mismo tiempo en que algunos bradizoitos entran a las células epiteliales del intestino delgado y se multiplican para producir ooquistes, otros penetran la lámina propia y comienza su multiplicación a taquizoitos. Después de algunas horas de la infección los taquizoitos se habrán diseminado a través de la linfa y la sangre a tejidos extraintestinales, donde pueden penetrar a cualquier tipo de célula, multiplicándose y provocando la muerte de la misma, siendo liberados nuevamente con capacidad para infectar a nuevas células. El hospedero usualmente supera esta fase de infección y el parásito entra en una etapa de ¨descanso¨ dónde se forman los quistes tisulares llenos de bradizoitos (Dubey et al, 1998). En hospederos intermediarios no-felinos, como humanos o ratones, el ciclo extraintestinal es similar al del gato, sin embargo los estadios sexuales son producidos solamente en el hospedero definitivo.

Patogénia
Durante la infección aguda o primaria se produce la parasitemia responsable de la diseminación de los gérmenes en los distintos tejidos. 

Los parásitos son liberados de los quistes intracelulares (bradizoitos) o de los ooquistes (esporozoitos) por el proceso digestivo en el tracto gastrointestinal del hospedero. Se multiplican en los enterocitos y a continuación los trofozoitos formados se diseminan por el torrente sanguíneo o linfático y parasitan las células de una variedad de órganos, particularmente tejidos linfáticos, músculo esquelético, miocardio, retina, placenta y más frecuentemente el SNC. La entrada en las células es tanto por penetración activa como por fagocitosis (Bonhomme et al, 1992; Joiner et al, 1993; Morisaki et al, 1995; Speer et al, 1997). Se ha comprobado que el conoide del parásito toma contacto con la membrana plasmática celular y libera enzimas proteolíticas (lizosimas y hialuronidasas) que la disuelven, permitiendo así su entrada a las células no fagocíticas en un tiempo mucho menor que el que invertiría en ser incorporado por fagocitosis (Dubey et al, 1998). 

Inmediatamente después de su penetración en la célula, el parásito es separado del citoplasma celular por una vacuola sintetizada conjuntamente entre él y la célula hospedera, en el interior de la cual los taquizoítos se multiplican rápidamente formando clones o pseudo-quistes (células llenas de parásitos). Cuando el número de taquizoítos acumulado en la vacuola es muy elevado la célula se rompe, provocando necrosis celular y una reacción inflamatoria. Así se liberan al medio extracelular y ocurre la invasión a nuevas células, las que también serán destruidas. Este mecanismo permite la multiplicación rápida de T. gondii en los primeros días post-infección y su posterior difusión a los ganglios linfáticos mesentéricos, donde una elevada proporción de ta-quizoítos son destruidos (Vidal, 1990). 

Durante la segunda semana post-infección, la multiplicación de los taquizoítos disminuye progresivamente, llegando a cesar completamente. En esta fase es cuando el parásito se enquista. No se conocen bien los factores que influencian la formación de quistes intracelulares, aunque son más numerosos en la fase crónica de la enfermedad cuando los animales ya han desarrollado los mecanismos de inmunidad humoral y celular (Dubey et al, 1998; Tizard, 2000). Los quistes se asientan preferentemente en cerebro, retina, miocardio y músculo esquelético. En un paciente con alteraciones inmunes se puede producir la ruptura de los quistes, dando lugar nuevamente a la formación de los taquizoítos cuya proliferación no logra ser controlada de forma efectiva por los mecanismos inmunológicos del hospedero (Dubey et al, 1998; Kasper, 2001; Fauci y Lane, 2001). Este es el proceso que le da origen a la encefalitis toxoplasmica en los pacientes con SIDA. 

Manifestaciones Clínicas
La severidad de la infección con T. gondii depende de la inmunocompetencia del paciente. En las personas con un sistema inmune competente la infección es generalmente asintomática por lo que el diagnóstico en estos casos solo puede hacerse por pruebas de laboratorio. En los individuos con inmunodeficiencia severa como los enfermos con SIDA la infección tiene un comportamiento frecuentemente mortal. En la actualidad el estudio de la toxoplasmosis se divide en cuatro categorías clínicas.
· Toxoplasmosis aguda adquirida en el paciente inmunocompetente.
· Toxoplasmosis ocular.
· Toxoplasmosis congénita.
· Toxoplasmosis aguda adquirida en el paciente inmunodeficiente.

Toxoplasmosis aguda adquirida en el paciente inmunocompetente
En las personas inmunocompetentes la primoinfección por T. gondii suele ser asintomática entre el 80 - 90% de los casos. Solo 10 al 20 % de las personas que sufren la infección toxoplásmica aguda tienen síntomas. El período de incubación es de 10 a 17 días y en general la infección es asintomática u oligo sintomática, benigna y autoresolutiva (Dubey, 1996; Jenun et al, 1998; Hill y Dubey, 2002). 

Cuando se producen manifestaciones clínicas estas suelen ser muy inespecíficas. Lo más frecuente es la forma seudogripal o el síndrome mononucleótido con fiebre, malestar general, mialgias, astenia, odinofagia, erupción cutánea, hepato y esplenomegalia. 

Otros pacientes presentan además adenopatías que suele ser el hallazgo más frecuente en el inmunocompetente, pudiendo permanecer varios meses después del contagio, lo que provoca problemas de diagnóstico diferencial. Las adenopatías pueden ser múltiples y diseminadas, localizadas e incluso únicas. Los ganglios especialmente afectados son los cervicales y supraclaviculares. Pueden ser indoloros o sensibles a la palpación, elásticos o firmes, en general no mayores de tres centímetros, libres y no supuran (Atias, 1994; Dubey, 1996; Jenun et al, 1998; Hill y Dubey, 2002). Las adenopatías retroperitoneales y mesentéricas pueden causar dolor abdominal. Histopatológicamente se observa hiperplasia folicular, proliferación local de células histiocíticas y macrófagos, que no forman un granuloma bien definido.

Con relativa frecuencia se produce una hepatitis leve y de corta duración, que se traduce por aumento moderado de las transaminasas (dos o tres veces su valor normal). En el hemograma suele observarse una linfocitosis con linfocitos de irritación. A veces la resolución es lenta en el curso de meses a un año o más.

Toxoplasmosis ocular
La toxoplasmosis ocular en el paciente inmunocompetente generalmente es de causa congénita siendo la corioretinitis, (resultado de la retinitis previa combinada con una reacción inflamatoria que comprende el epitelio pigmentario y las coroides) la principal manifestación clínica (Perkins y Folk, 1984; Henderly et al, 1987; Holland et al, 2002, Holland, 2003). A menudo los niños infectados durante el embarazo de su madre, cursan asintomáticos hasta la segunda o tercera década de su vida en que acuden a consultas por trastornos visuales (Desmonts y Couvreur, 1979; Wong y Remington, 1994; Dodds, 2003). Es bilateral en el 85 % de los pacientes y afecta la mácula en el 58 % de ellos (Dodds, 2003).

Raramente las reactivaciones clínicamente aparentes ocurren después de los cuarenta años. La lesión característica es la de una coriorretinitis necronizante focal bilateral, que aparece inicialmente como una mancha algodonosa sobreelevada. Al cicatrizar las lesiones se vuelven pálidas, se atrofian y se pigmentan de negro. La forma de expresión clínica se caracteriza por disminución de la agudeza visual como también fotofobia y dolor ocular (Dodds, 2003). 

Sin embargo, se han demostrado formas adquiridas mediante el contagio por alimentos, agua y aire. Las cicatrices de las cuales se produce la reactivación ocular, que es la forma que más comúnmente observamos en los pacientes, probablemente se trate de una infección adquirida anteriormente pero no de una lesión congénita. En la mayoría de los casos esta enfermedad pasa desapercibida y es en la reactivación donde se producen los síntomas de la enfermedad ocular (Dodds, 2003; Rothova, 2003). En caso de que la corioretinitis sea adquirida las lesiones se caracterizan por ser unilaterales.

Básicamente se debe considerar que el parásito se aloja en la retina en la forma de bradizoíto enquistado (quistes) y al romperse este quiste por motivos que aún se desconocen, se desarrolla una retinitis, ya que este es el órgano inicialmente comprometido. La retinitis ocasionada por el parásito se asocia con manifestaciones inflamatorias de magnitud variable que puede involucrar distintas partes del ojo produciendo vasculitis, vitritis (compromiso del humor vítreo), coroiditis y uveitis anterior (50 % de los pacientes con toxoplasmosis ocular) (Dodds, 2003). 

En casos severos se puede presentar desprendimiento de retina y vítreo hemorrágico, que en algunos pacientes puede llegar hasta la ceguera total (Botero y Restrepo, 1992; Roberts et al, 2001).

Se admiten distintos mecanismos patogénicos de la corioretinitis (Holland, 2003):
· Rotura de quistes con liberación de antígenos que desencadenan fenómenos reactivos inmunes. Sería responsable de la forma de instalación rápida con inflamación intensa que desaparece en uno o dos meses.
· Necrosis de células individuales por la multiplicación de los taquizoítos. Estaría determinada por una deficiente inmunidad de la retina cuya causa puede ser inaparente, medicación inmunodepresora o el SIDA. Daría lugar a la forma de retinitis crónica activa de lenta evolución.
Toxoplasmosis congénita.

La infección primaria con T. gondii en mujeres embarazadas o en los dos meses previos al embarazo puede llevar a la transmisión del parásito hacia el feto por la placenta en el 40- 50 % de los casos. La probabilidad de una primoinfección durante el embarazo es de 0,5- 1 %, con independencia del área geográfica (Tarlow, 1994). La infección por Toxoplasma pasa inadvertida para la gestante en el 90 % de los casos. El riesgo de transmisión se incrementa durante la gestación y disminuye la gravedad de la enfermedad siendo más benigna e incluso inaparente en el 3er trimestre del embarazo (Isaccs y Moxon, 1991; Dunn et al, 1999). 

La toxoplasmosis contraída durante el primer trimestre del embarazo induce a los síntomas más severos tales como alteraciones multisistémicas, destrucción de tejido cerebral e incluso la muerte fetal (Verhofstede et al, 1987; Tarlow, 1994). En esta etapa en el 86 % de las pacientes que contraen el parásito no se produce infección fetal, sin embargo en el 14% de ellas el feto se infecta con el parásito provocando la muerte prenatal en un 5 %. Del 9 % de los fetos infectados el 27 % es asintomático, el 9 % moderado y el 64 % severo (Tabla 1). En el momento del nacimiento se manifiesta la triada clásica de Sabin, que comprende hidrocefalia, calcificaciones intracraneales y coriorretinitis, a las que se le pueden sumar las convulsiones (Sabin, 1942). En estos casos donde el niño presenta signos de enfermedad el pronóstico es malo, la mortalidad es alta (alrededor del 12 %), el 85 % de los que sobreviven presentarán retraso mental, el 75 % convulsiones y el 50 % pérdida de la visión importante (Gonzáles et al, 1999). 

En el segundo y tercer trimestre disminuye la severidad de las lesiones y el 85% de los niños infectados nacen asintomáticos (Tabla 1) (Isaccs y Moxon, 1991). Sin embargo algunos desarrollan mas tarde lesiones irreversibles en los órganos, particularmente en los ojos y el cerebro. Entre el 25 -30 % de los fetos infectados, asintomáticos al nacer, desarrollan posteriormente coriorretinitis bilateral. La tasa de infección después de la primoinfección materna no tratada es aproximadamente del 15 % en el primer trimestre, del 30 % en el segundo y del 60 % en el tercero. 

Tabla1. Historia natural de la infección materna y fetal por T. gondii 

 INFECCIÓN MATERNA EN: 

1º TRIMESTRE

2º TRIMESTRE

3º TRIMESTRE

 MUERTO PERINATAL  

5%

2%

¿0%?

NO INFECTADO

86%

71%

41%

NACIDO INFECTADO

·     ASINTOMÁTICO (*)

·     MODERADO (**
·     SEVERO (***)

9% 

27%

9%

64%

27% 

72%

19%

9%

59% 

89%

11%

0%












(*) ASINTOMÁTICO: Solamente hay evidencia serológica de la infección.
(**) MODERADO: Escaras retinianas o calcificaciones intracraneales en niño con apariencia neurológica normal.
(***) SEVERO: Coriorretinitis y calcificaciones intracraneales en niño con anormalidades clínicas funcionales. 
Fuente: Isaccs y Moxon, 1991.

La incidencia de la toxoplasmosis congénita varia en los diferentes países, así podemos mencionar que en Gran Bretaña es de 0.6 por 1000 nacimientos, en Estados Unidos va de 1/1000 hasta 1/8000, en Francia la incidencia es de 1/2000, en Eslovenia es de 2,3 / 1000 nacidos vivos, en Brazil afecta a 1 de cada 30 000 nacidos (Hinjakovic et al, 1998; Neto et al, 2000). Se plantea que la incidencia global de infección por Toxoplasma es de 1-3 por cada 1000 nacidos vivos (Tarlow, 1994). 

La seroprevalencia actual en nuestro país en las gestantes no se conoce pues los estudios que se han realizado en los últimos años no incluyen muestras representativas de las gestantes de todo el país sino que se han centrado en áreas determinadas arrojando seroprevalencias que oscilan entre un 44.2 y un 70.9% en estudios realizados en los municipios de Playa, Lisa y Marianao (González y Ramos, 1997; Acosta et al, 2001, Rodríguez, 2005). 

Toxoplasmosis aguda adquirida en el paciente inmunodeficiente
La infección primaria con T. gondii en hospederos inmunodeprimidos resulta en una infección letal diseminada, involucrando diversos órganos y tejidos como, pulmones, miocardio, cerebro y ojos (Wong y Remington, 1993; Góngora-Biachi et al, 1996; Góngora-Biachi et al, 1998; Maiga et al, 2001)
En pacientes con SIDA se puede producir una reactivación de la infección latente con T. gondii, cuya frecuencia depende de su prevalencia en la población general. Entre el 10-50 % de los pacientes infectados con el VIH y con serología positiva para Toxoplasma desarrollan encefalitis toxoplásmica (ET), con casi un 50 % de secuelas neurológicas y cuya mortalidad se acerca al 20%. Estos porcentajes la convierten en la segunda infección oportunista más común que afecta el SNC en pacientes VIH positivos (Luft et al, 1993; Cohen, 1999). En otros grupos de inmunodeprimidos fundamentalmente pacientes transplantados o con enfermedades neoplásicas, especialmente linfomas se presenta entre el 2 al 5 % (Luft et al, 1983; Michaels et al, 1992).

La ET es la lesión mas común que se presenta como masa en el SNC del paciente con SIDA y debe pensarse en neurotoxoplasmosis una vez que el infectado por VIH presenta fiebre y signos neurológicos focales. La forma difusa de ET es rara en el SIDA, pero debe sospecharse cuando las otras causas de encefalitis fueron descartadas, estando indicado iniciar un tratamiento empírico de prueba. La mayoría de las veces se trata de una reactivación de la infección crónica latente que se disemina por vía hematógena y puede ocasionar lesiones multicéntricas con compromiso de los plexos coroides. Se ha descrito que el riesgo de padecer toxoplasmosis cerebral comienza cuando los linfocitos CD4 descienden por debajo de 200 células/ ml haciéndose máximo por debajo de 100 células/ml (media del rango de los pacientes 34- 50 células/ml) (Renold et al, 1992; Luft et al, 1993; Mariuz et al, 1997).

Los síntomas en los pacientes inmunodeprimidos con toxoplasmosis cerebral pueden ser focales o generalizados, siendo la cefalea (49-50 % de los pacientes), la confusión (15- 52 % de los pacientes), la fiebre (41- 47 % de los pacientes) y convulsiones (24-29 % de los pacientes) los mas importantes. Clínicamente predomina un síndrome compatible con lesiones ocupantes, son comunes además hemiparesias, deficiencias visuales, hipertensión endocraneana, elementos neurológicos focales, compromiso de pares craneanos, trastornos de conciencia, alteraciones psiquiátricas y somnolencia. Raramente se encuentra rigidez de nuca. La sintomatología es variable dependiendo de la localización de las lesiones y de su número (Porter y Sande, 1992; Renold et al, 1992; Skiest, 2002; Martín y García, 2003).

La retinitis toxoplásmica en los pacientes con SIDA es la segunda localización de la toxoplasmosis en estos pacientes. Posee una frecuencia asociada con lesiones cerebrales (30 % de los casos), hecho jamás observable en pacientes inmunocompetentes (Holland et al, 1988; Martín y García, 2003). La retinitis toxoplásmica se presenta como una retinitis necrotizante con uno o varios focos blanquecinos o blancos amarillentos de límites borrosos. La retina se halla engrosada, opaca y sus bordes no son granulares, sino homogéneos. En estos pacientes las lesiones son en general bilaterales y multifocales (Moorthy et al, 1993; Pivetti-Pezzi et al, 1994; Oréfice y Bonfioli, 2000; Martín y García, 2003).

Existen otras localizaciones del parásito provocando manifestaciones clínicas importantes en los pacientes con SIDA, así se puede mencionar la pulmonar, la gástrica y la cardiaca.

El comprometimiento de los pulmones con T. gondii ocurre generalmente durante la reactivación y no se evidencian en pacientes con infección aguda (Pomeroy y Filice, 1992; Rabaud et al, 1996). Se manifiesta en los pacientes un estrés respiratorio agudo, fiebre y neumonía (Decker y Masur, 1998; Charles et al, 2003).

Poco se ha publicado sobre la localización gastrointestinal de este parásito. En pacientes con toxoplasmosis gástrica, los principales síntomas son pérdida de peso, anorexia, vómitos, dolor abdominal en epigastro, fiebre irregular, diarrea y síntomas digestivos altos. Suele suceder en individuos cuyos linfocitos T CD4 son menores de 50/ml (Smart et al, 1990; Peraire et al, 1993, Kofman et al, 1996; Guerrero-Flores y Vega-Ramos, 2002).

Finalmente se pueden presentar afectaciones cardíacas en pacientes con SIDA infectados con T. gondii, en los que se manifiesta como resultado del comprometimiento del corazón por el parásito, una miocarditis que puede llegar a ser severa (Lipshultz et al, 1990; Kaul et al, 1991).

Con la introducción de la terapía antirretroviral se ha producido una reducción de la ocurrencia y curso clínico de las infecciones parasitarias oportunistas en los pacientes infectados con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) (Palella et al, 1998; CDC, 2001; Pozio y Gómez, 2005). En cinco estudios longitudinales realizados para estimar la ocurrencia de ET antes y después de la introducción de la terapia antirretroviral, en cuatro de ellos, en los cuales fueron incluidos los inhibidores de proteasas, se demuestra una marcada reducción de la ET entre pacientes positivos al VIH (Conti et al, 2000; Abgrall et al, 2001; Ives et al, 2001; Sacktor et al, 2001; Babiker et al, 2002). 

Respuesta inmune a T. gondii
Un número importante de enfermedades humanas, incluyendo la malaria, leishmaniosis, cryptosporidiosis y toxoplasmosis, son causadas por infecciones con protozoos patógenos, que tienen la capacidad de residir dentro de las células del hospedero. Muchos de estos organismos producen infecciones crónicas debido a la habilidad del parásito de modular la respuesta inmune del hospedero y lograr un balance que permite a ambos la supervivencia (Sacks et al, 2002). Este balance es ejemplificado por Toxoplasma, que en hospederos inmunocompetentes conduce a una respuesta inmune que permite al parásito establecer una infección crónica (Gubbels et al, 2005).

T. gondii tiene capacidad para diseminarse en todos los tejidos. De hecho es capaz de infectar sitios privilegiados del sistema inmune como la retina, SNC y placenta (Frenkel y Escajadillo, 1987; Frenkel, 1988; Brezin et al, 1994; Roberts y McLeod, 1999).
El control de la infección es bien complejo dependiendo entre otros factores de la virulencia de la cepa y el estado inmune del hospedero (Switaj et al, 2005).

La respuesta inmune que se desencadene es crucial para el control del crecimiento del parásito durante la fase aguda de la infección y para prevenir la re-emergencia de una infección aguda en individuos infectados crónicamente (Denkers y Gazzinelli, 1998; Yap y Sher, 1999a; Lieberman y Hunter, 2002).

Aunque los bradizoitos son aparentemente inofensivos y se encuentran secuestrados dentro de los quistes, se necesita que persista una inmunidad contra T. gondii para evitar la re-emergencia hacia la etapa de taquizoito. Esto (fenómeno de re-emergencia) es observado a menudo en individuos inmunocomprometidos infectados cronicamente (Luft et al, 1984; Navia et al, 1986; Suzuki et al, 1989). El hecho es bien ilustrado por la alta incidencia de encefalitis inducida por T. gondii como una de las mayores causas de morbilidad y mortalidad en pacientes con SIDA (Luft et al, 1984; Navia et al, 1986).
A pesar de que la respuesta inmune contra T. gondii involucra tanto mecanismos humorales como celulares y que ambos protegen ante la infección con el parásito se ha comprobado que los mecanismos de inmunidad mediada por células desempeñan un papel destacado en la resistencia contra Toxoplasma. (Pereira et al, 2005). Los macrófagos, linfocitos T, las células asesinas y las citóquinas liberadas son los principales elementos involucrados en la respuesta inmune (Fillisetti y Candolfi, 2004).

Respuesta inmune natural o no específica 
Inmediatamente después del primer contacto entre el parásito y el hospedero ocurre la activación no específica de macrófagos y células asesinas junto a otras células hematopoyeticas y no hematopoyeticas tratando de limitar la proliferación de T. gondii (Hauser et al, 1983).

Varios estudios han demostrado que esta activación no específica ocurre en las fases tempranas de la infección y que es independiente de las células T. Este fenómeno resulta en una síntesis de interferón ganma (IFN-g) por las células asesinas dirigiendo las funciones microbicidas del macrófago (Sher et al, 1993; Gazzinelli et al, 1996). 

La activación temprana de estas células parece jugar dos roles principales durante la infección con Toxoplasma. El primero para limitar la replicación de los taquizoitos. El segundo para dirigir el desarrollo de una apropiada respuesta de células T permitiendo la diferenciación al fenotipo de células efectoras Th1 (Denkers y Gazzinelli, 1998).

Existe una acción sinérgica entre los macrófagos y las células asesinas. Una vez que el macrófago se infecta con Toxoplasma estimula la producción de interleuquina 12 (IL-12). Esta secreción de IL-12 es reconocida por las células asesinas que en respuesta a esto secretan IFN-g que activa a los macrófagos infectados (Gazzinelli et al, 1993; Cai et al, 2000a,b).

Las células asesinas han sido identificadas como la mayor fuente de IFN-g (Sher et al, 1993). La IL-12 parece ser el mediador central de la síntesis de IFN-g, por las células asesinas, mientras otras monoquínas como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), la interleuquina 1b (IL-1b) y la interleuquina 15 (IL-15) potencian los efectos de la IL-12 sobre las células asesinas. (Gazzinelli et al, 1993; Hunter et al, 1993; Hunter et al, 1994; Carson et al, 1995; Hunter et al, 1995; Hunter et al, 1997).

Hay estudios además que demuestran la importancia de moléculas co-estimuladoras como el CD28 en la síntesis de IFN-g, por células asesinas de ratones (Hunter et al, 1997).

El papel de estas células asesinas ha sido estudiado “in vivo” en ratones SCID (Inmunodeficiencia Combinada Severa). En este modelo la resistencia ante la infección contra Toxoplasma esta relacionada con la producción de IFN-g, el cual en ausencia de funcionamiento de las células T CD4+ y CD8+ es originado por las células asesinas (Sher et al, 1993; Hunter et al, 1994).

Se ha demostrado además que en ausencia de linfocitos T CD4+ las células asesinas gracias a su habilidad de producir IFN-g toman el rol de encargarse de proveer la ayuda necesaria a las células T CD8+ en su función de efectores primarios. 

Por otro lado la inhibición de la replicación de T. gondii o su destrucción dentro de los macrófagos son resultado de varios mecanismos efectores:
El primero de ellos esta relacionado con la producción de metabolitos tóxicos del oxígeno. Es conocido que la producción de estos metabolitos tiene actividad microbicida y que pueden causar directamente la muerte intracelular de los taquizoitos de T. gondii. (Hammouda et al, 1995).

Otro de estos mecanismos esta vinculado a la producción de oxido nítrico (NO) por macrófagos activados por IFN-g (Ding et al, 1988; Drapier et al, 1988; Adams et al, 1990). La activación de los macrófagos resulta en la inducción del gen que codifica para la enzima inducible oxido nítrico sintasa (iNOS) y con ello la síntesis de moderados niveles de intermediarios reactivos del nitrógeno (IRN) (James, 1995). En general los IRN son formados como productos de degradación de la arginina hacia citrulina por la iNOS. (Denkers y Gazzinelli, 1998). El rol central del NO como mediador toxoplasmacida primario de macrófagos activados ha sido establecido de los estudios in vitro que utilizan inhibidores de la iNOS (Adams et al, 1990).

Finalmente la inducción por el IFN-g de indoleamina 2,3-dioxigenasa, ha sido propuesto como mecanismo de control a través de la degradación del triptofano requerido por el parásito para su crecimiento, aunque este último proceso esta sometido a controversia (MacKenzie et al, 1999).

Existen otras células que aunque no juegan el papel mas importante, si ayudan a la defensa contra el parásito. Entre estas podemos mencionar a los linfocitos T ganma delta que se ha comprobado que expresan actividad citotóxica in vitro no restringida a las moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad (CMH) contra células infectadas con Toxoplasma (Subauste et al, 1995).

Las plaquetas parecen tener también actividad citotóxica contra Toxoplasma y los neutrofilos y eosinofilos intervienen rápidamente en el sitio de la infección (Yong et al, 1991; Chumpitazi et al, 1998; Bliss et al, 2001; Khan et al, 2001). Por otro lado células no hematopoyéticas como los fibroblastos, células epiteliales o endoteliales son capaces de reducir la proliferación del parásito (Yap y Sher, 1999b).

Respuesta inmune específica

Inmunidad celular
La inmunidad celular consta de dos tipos de reacciones: la muerte de los parásitos fagocitados como resultado de la activación de los macrófagos por las citoquinas liberadas de las células T, particularmente el (IFN-g) y la lísis de las células infectadas mediante linfocitos T citotóxicos (CTL) CD8+.

El IFN-g y la IL-12 secretados durante la inmunidad innata por las células asesinas y los macrófagos median la diferenciación de las células T colaboradoras CD4+ al fenotipo Th1. De esta manera el IFN-g potencia la síntesis de IL-12 por los macrófagos expuestos a productos de los taquizoitos (Gazzinelli et al, 1993), induce la expresión del receptor de la IL-12 de las células T (Jacobson et al, 1995) e inhibe la interleuquina 4 (IL-4), una citoquina importante para la diferenciación de las células T colaboradoras CD4+ al fenotipo Th2 (Seder et al, 1993).

Las citoquinas producidas por los linfocitos T, tales como la interleuquina 2 (IL-2), IFN-g y TNF-α activan importantes mecanismos efectores mediados por otras células del sistema inmune. Como ha sido descrito la IL-2 es un importante factor para el desarrollo de linfocitos T CD8+ efectores y para la producción de IFN-g . En adición la IL-2 puede realzar la expansión de células asesinas, actividad lítica, y síntesis de IFN-g (Kobayashi et al, 1989; D’Andrea et al, 1992).

El IFN-g es una citoquina central en la resistencia a T. gondii tanto en la fase aguda como en la crónica de la infección lo cual ha sido demostrado (Suzuki et al, 1988; Suzuki et al, 1990; Gazzinelli et al, 1991; Scharton-Kersten et al, 1996). Aunque este, pude jugar múltiples funciones en la resistencia al parásito, la activación de macrófagos es generalmente considerada una función efectora crítica (Anderson y Remington, 1974; Gazzinelli et al, 1996)

Las células T CD8+ juegan también un rol importante en la protección contra el parásito. Dos actividades de los CTL CD8+ participan en la eliminación de estos: la secreción de IFN-g , con la consiguiente activación de los macrófagos y la lísis de las células infectadas. Esta última función es llevada a cabo gracias a la activación de los linfocitos T CD8+ por la IL-2 secretada por los linfocitos T CD4+ (Yano et al, 1989; Subauste et al, 1991).

Obviamente esta acción citotoxica de los linfocitos T CD8+ esta restringida al MHC clase I permitiendo al hospedero una resistencia a Toxoplasma durante la fase crónica de la infección (Vollmer et al, 1987; Suzuki et al, 1988; Gazzinelli et al, 1992). Sin embargo los mecanismos por los cuales proteínas del parásito son presentadas de esta manera permanecen prácticamente inexplorados (Gubbels et al, 2005).

T. gondii no reside en el citoplasma de la célula hospedera, sino en un compartimiento especializado conocido como vacuola parasitofora (VP) (Lingelbach y Joiner, 1998). Esta vacuola no se fusiona con lisosomas y puede impedir la presentación de antígenos de T. gondii por el camino de MHC clase I (Joiner et al, 1990; Mordue et al, 1999; Sibley, 2004).

De hecho esta es una manera particular del parasito de evadir la respuesta immune del hospedero que le permite su supervivencia.
Sin embargo Gubbels y colaboradores en el 2005 demuestran que proteínas secretadas por T. gondii pueden escapar de la VP y ser presentadas por el camino endógeno de MHC clase I y de ese modo permitir el reconocimiento directo de células infectadas por los linfocitos T CD8+.

La presentación a través de MHC clase I por un camino alternativo ha sido descrita. En este, material de una célula es tomado y presentado por otra célula, un fenómeno conocido como cross- presentación (Heath y Carbone, 2001; Yewdell et al, 2003).

La cross- presentación de antígenos de T. gondii in vitro ha sido reportada (Denkers et al, 1993) y puede jugar un papel importante en la respuesta inmune a este parásito “in vivo”. Esto va a estar en dependencia de factores como la naturaleza y estabilidad de los antígenos, (Norbury et al, 2004; Wolkers et al, 2004), así como el tipo de respuesta inmune estudiada, la cepa del parásito y el tipo de hospedero (Gubbels et al, 2005).
Mientras T. gondii es virtualmente capaz de infectar in vitro cualquier tipo de célula, no esta claro todavía cuales son sus principales células blanco de infección in vivo. En este sentido Gubbels y colaboradores en el 2005 encuentran que las células dendríticas son el principal blanco de la infección por Toxoplasma in vivo. Esto es bien importante para poder entender los mecanismos de presentación de antigenos pues los diferentes tipos celulares difieren en sus vías para la presentación. Por ejemplo las células presentadoras profesionales, como los macrófagos y células dendríticas (CD), son más eficientes para realizar la cross-presentación de antigenos que las no profesionales. (Gubbels et al, 2005).

Definitivamente los linfocitos T CD4+ y T CD8+ juegan el rol fundamental en la resistencia ante la infección con el parásito (Suzuki et al, 1988; Gazzinelli et al, 1991). Ha sido mostrado que el control de Toxoplasma es resultado de una acción sinérgica entre ambos (Gazzinelli et al, 1991; Nagasawa et al, 1991).

Inmunidad humoral
La respuesta humoral esta dada por la inducción de las diferentes inmunoglobulinas A, M, G, E que de una manera u otra combaten al parásito.

Las diferentes inmunoglobulinas son consideradas como marcadores de la fase aguda o crónica de la infección como se explica a continuación (Fillisetti y Candolfi, 2004).

IgM: Es el primer anticuerpo en aparecer. Es la mejor activadora del complemento, hace una aglutinación excelente gracias a su estructura, aumenta el nivel de citotoxicidad y su principal blanco son los antígenos de superficie del parásito.

Significado diagnóstico: Clásicamente fue considerado como un marcador de la fase aguda de la enfermedad sin embargo en la actualidad se conoce que los títulos de IgM pueden permanecer detectables durante muchos meses e incluso años después de producida la infección primaria.

El principal valor de la IgM es que su ausencia prácticamente descarta la infección reciente aunque hay que tener en cuenta que en el caso de los neonatos la respuesta de anticuerpos IgM puede demorar varios meses después de la infección. La presencia de IgM por el contrario implica la necesidad de proseguir el estudio porque la simple detección de este anticuerpo es difícil de evaluar si no se tienen datos de los títulos de IgG e IgM en muestras seriadas o con los resultados de otros ensayos (IgA e IgE) que sugieran una infección reciente.

IgG: Esta inmunoglobulina es la segunda en aparecer, facilita el mecanismo de citotoxicidad dependiente de anticuerpos, opzoniza al antígeno, activa al complemento, puede atravesar la placenta y su principal blanco son los antígenos de superficie del parásito.

Significado diagnóstico: La presencia de anticuerpos IgG implica que en algún momento de la vida el paciente ha estado en contacto con el parásito y solo es posible asegurar que existe una infección reciente si entre dos muestras separadas 3-4 semanas existe una seroconversión del titulo de IgG.

IgA: Ha sido observada en dos formas en respuesta a la infección con Toxoplasma: la mucosal en las secreciones mucosales y la IgA presente en el suero. 
Algunos estudios han indicado la importancia de la IgA como un elemento de la inmunidad de mucosas a la infección oral con quistes te Toxoplasma (Chardes et al, 1990).
Los anticuerpos de este tipo constituyen una de las principales estrategias para el desarrollo de una vacuna (Denker y Gazzinelli, 1998).

Significado diagnóstico: Considerado también como un marcador de la fase aguda, se ha comprobado que, si bien al igual que la IgM puede permanecer positivo varios meses después de la primoinfección, el porcentaje de IgA residual es mucho menor que el de IgM. En el adulto la cinética de la producción de IgA específica es prácticamente paralela a la de IgM, aunque aparece un poco más tarde y desaparece más pre-cozmente.

IgE: La detección de este anticuerpo aún se mantiene poco estudiada aunque parece ser prometedora como marcador de infección adquirida recientemente. Datos limitados sugieren que la presencia de IgE en un paciente con infección aguda es breve en el tiempo más aun que los niveles de IgM e IgA (Villena et al, 1999; Fillisetti y Candolfi, 2004).

Epidemiología
La toxoplasmosis es la zoonosis de distribución más universal (Neto et al, 1999; Sroka, 2001) debido a la amplia variedad de hospederos que puede utilizar T. gondii. Sin embargo se sabe que tanto los gatos domésticos como los salvajes son los únicos animales que pueden realizar el ciclo sexuado, siendo capaces de eliminar los ooquistes inmaduros en las heces. (Pereira et al, 2005). 

Aproximadamente medio billón de personas tienen anticuerpos contra el parásito (Dubey et al, 1998). Sin embargo la infección humana es accidental y punto final del ciclo vital de T. gondii. El hombre adquiere el parásito al comer carne cruda o mal cocinado, que contenga quistes tisulares, así como agua y alimentos contaminados con las heces de gatos infectados (ooquistes) (Dubey, 1988; Isaac-Renton et al, 1998; Cole et al, 2000; Cook et al, 2000; Tenter et al, 2000; Bahia-Oliveira et al, 2003). La transmisión vertical ocurre cuando la embarazada padece la infección aguda durante la gestación. Aunque posible es rara la transmisión por transfusión a través de trasplantes de órganos o por accidente ocupacional en los trabajadores de laboratorio (Dubey, 1988; Dubey et al, 1998).

No se conoce ningún artrópodo transmisor pero las moscas pueden eventualmente vehicular algunos ooquistes en sus patas (Pereira et al, 2005).

En cuanto a su diversidad genética, ha sido posible su estudio con la utilización de varias técnicas bioquímicas y moleculares. Estas incluyen el análisis de izoenzimas (Dardé, 1996), polimorfismo de longitud de los fragmentos de restricción (RFLP) (Sibley y Boothroyd, 1992; Cristina et al., 1995; Grigg y Boothroyd, 2001; Dubey et al., 2003), secuenciación del ADN (Meisel et al., 1996; Lehmann et al., 2000; Fazaeli et al., 2000) y el análisis de microsatélites (Costa et al., 1997; Ajzenberg et al., 2002), entre otras técnicas moleculares.

De esta manera ha sido evidenciado que existen tres linajes de Toxoplasma que han sido designados como Tipo I, Tipo II y Tipo III pudiendo estar presentes tanto en animales como en humanos. (Howe y Sibley, 1995). En el modelo de ratón, todos los miembros del linaje Tipo I son virulentas, mientras que el Tipo II y III son no virulentas. En el caso de los humanos las cepas del genotipo II están relacionadas con más del 70% de las infecciones sintomáticas, mientras los aislamientos del genotipo III son relativamente raros (Howe y Sibley, 1995). El tipo I se ha asociado generalmente con las infecciones congénitas severas (Howe et al, 1997; Fuentes et al, 2001) y la toxoplasmosis ocular (Grigg y Boothroyd, 2001)

Tratamiento
En el tratamiento de la toxoplasmosis los medicamentos más utilizados son los inhibidores de la síntesis del ADN. Entre ellos están los análogos del ácido para-amino benzoico (PABA) (sulfametoxasol, sulfadiazina y dapsona) y los inhibidores de la dihidrofolato reductasa (trimetoprim, la pirimetamina y el trimetrexato) quienes inhiben el metabolismo del ácido fólico. 

La combinación de dos drogas de ambos grupos es muy utilizada por su acción sinérgica. El uso de la sulfadiazina con pirimetamina constituye una alternativa muy efectiva para el tratamiento de la toxoplasmosis humana aguda, recomendándose para su uso la administración adicional de ácido fólico para prevenir la toxicidad hematopoyetica de la pirimetamina. (Ngyuen y Stadtsbaeder, 1983; Piketty et al, 1990). La pirimetamina se administra por vía oral, se absorbe muy bien en el tracto gastrointestinal y tiene una vida media de 3 a 4 días. Alcanza una penetración en el LCR del 10 al 25% de los valores alcanzados en la sangre. La Sulfadiazina también debe administrarse por vía oral, su vida media es menos, de 10 a 12 horas, pero tiene la particularidad de lograr una buena concentración intracelular, donde se encuentra el parásito.

Algunos macrólidos como la azitromicina, la claritromicina, la espiromicina, y la clindamicina, también han mostrado efectividad contra T. gondii. Se están utilizando además con cierta efectividad el atavaquona y el fluouracil. Sin embargo todos estos tratamientos no son efectivos sobre la toxoplasmosis crónica, donde el parásito se encuentra en forma de bradizoitos dentro de los quistes tisulares (Nguyen y Stadtsbaeder, 1983). En la tabla 2 se muestran las dosis habitualmente usadas teniendo en cuenta los cuadros clínicos.

Tabla 2. Tratamientos habitualmente usados para la toxoplasmosis humana en dependencia del cuadro clínico 

Grupos de Pacientes

Tratamiento

De elección

Alternativo

 

Paciente inmunocompetente

 

Pirimetamina25 mg/ v/o / día + Sulfadiazina 2-3 g v/o / día + ácido fólico v/o /día. 

 

 Paciente con Toxoplasmosis ocular

 Iguales drogas + corticoides

 

  

 

Mujer embarazada

 Antes de las 20 semanas:

Espiramicina 3 g v/o / día.

Después de las 20 semanas:

Pirimetamina 25 mg v/o / día  + Sulfadiazina 3 g v/o / día + ácido fólico de haber evidencias fetal. 

 

 Toxoplasmosis en el recién nacido.

 Pirimetamina 2 mg/kg/ día (los dos primeros días) luego 1 mg/kg/día + Sulfadiazina 100 mg/kg/día + ácido fólico 10 mg/kg/día. 

 

  

 

 

 

Pacientes inmunodeprimidos.

  

 

 

Pirimetamina 200 mg/día (2 o 3 primeros días) luego 75 mg v/o + Sulfadiazina 1- 1,5 g c/6 h v/o + ácido fólico 10 mg/día v/o, i/m o i/v por 3 a 6 semanas.

 Pirimetamina + ácido fólico en igual dosis  + clindamicina 600 mg v/o c/ 6 h i/v (hasta 1200 mg c/6 h).

oTrimetropina/sulfametozxazol 6/30 mg/kg/ c/6h / v/o

oClaritromicina 1g/c/12h v/o

oAzitromicina 1,2-1,5 g/día v/o

oDapson 1 100 mg v/o

Fuente: Dutra, 2005.

Referencias Bibliográficas
Abgrall S, Rabaud C, Costagliola D. Clinical Epidemiology Group of the French Hospital Database on HIV. Incidence and risk factors for toxoplasmic encephalitis in human immunodeficiency virus-infected patients before and during the highly active antiretroviral therapy era. Clin Infect Dis 2001; 33: 1747- 55.
Acosta C, Perez X, García R. Presencia de anticuerpos IgG anti- Toxoplasma gondii en embarazadas residentes en la Ciudad de La Habana. Rev Biomed 2001; 12: 250-4.
Adams L, Hibbs J, Taintor R, Krahenbuhl J. Microbiostatic effect of murine-activated macrophages for Toxoplasma gondii. J Immunol 1990;144: 2725-9.
Ajzenberg D, Banuls AL, Tibayrenc M, Darde ML. Microsatellite analysis of Toxoplasma gondii shows considerable polymorphism structured into two main clonal groups. Int J Parasitol 2002; 32: 27-38.
Anderson SE, Remington JS. Effect of normal and activated human macrophages on Toxoplasma gondii. J Exp Med 1974; 139: 1154–1174.
Atias A. Parasitología Clínica. 3ra ed. Publicación Mediterraneo, Santiago de Chile; 1994. p. 81- 282.
Babiker A; Darbyshire J, Pezzotti P, Porter K, Rezza G, Walker SA; et al. Changes over calendar time in the risk of specific first AIDS-defining events following HIV seroconversion, adjusting for competing risks. Int J Epidemiol 2002; 31: 951- 8.
Bahia-Oliveira LM, Jones JL, Azevedo-Silva J, Alves CC, Ore´fice F, Addiss FD. Highly endemic, waterborne toxoplasmosis in north Rio de Janeiro state, Brazil. Emerging Infect Dis. 2003; 9: 55–62.
Bliss SK, Gavrilescu LC, Alcaraz A, Denkers EY. Neutrophil depletion during Toxoplasma gondii infection leads to impaired immunity and lethal systemic pathology. Infect Immun 2001; 69: 4898-905
Bonhomme A, Pingret L, Pinon JM. Review: Toxoplasma gondii cellular invasion. Parassitologia 1992; 54: 31-43.
Botero D, Restrepo M. Parasitosis humana. 2da ed. Colombia: Corporacion para investigaciones biologicas; 1992. 
Brezin AP, Kasner L, Thulliez P, Li Q, Daffos F, Nussenblatt RB, Chan CC. Ocular toxoplasmosis in the fetus: immunohistochemistry analysis and DNA amplification. Retina 1994; 14:19.
Cai G, Kastelein R, Hunter CA. Interleukin-18 (IL-18) enhances innate IL-12 mediated resistance to Toxoplasma gondii. Infect Immun 2000a; 68: 6932-8.
Cai G, Radzanowski T, Villegas EN, Kastelein R, Hunter CA. Identification of STAT4 dependent and independent mechanisms of resistance to Toxoplasma gondii. J Immunol 2000b; 165: 2619-27.
Carson WE, Ross ME, Baiocchi RA, Marien MJ, Boiani N, Grabstein K, et al. Endogenous production of interleukin-15 by activated human monocytes is critical for optimal production of interferon-g by natural killer cells in vitro. J Clin Investig 1995; 96: 2578–2582.
Center for Disease Control and Prevention. HIV/AIDS surveillance report. US Department of Health and Human Services Public Health Service, Atlanta, Georgia; 2001.
Chardès T, Bourguin I, Mevelec MN, Dubremetz JF, Bout D. Antibody responses to Toxoplasma gondii in sera, intestinal secretions, and milk from orally infected mice and characterization of target antigens. Infect Immun 1990; May; 58: 1240–1246. 
Charles PM, Doise JM, Quenot JP, Aube H, Dalle F, Bour JB, et al. An unusual cause of acute respiratory distress in a patient with AIDS: Primary infection with Toxoplasma gondii. J Infect Dis 2003; 35: 901-2.
Chumpitazi BF, Simon J, Polack B, Peyron F, Picot S, Ricard J, Ambroise-Thomas P. Human platelet inhibition of Toxoplasma gondii growth. Clin Exp Immunol 1998;111: 325-33.
Cohen BA. Neurologic manifestation of toxoplasmosis in AIDS. Semin Neurol 1999; 19: 201-11.
Cole, RA, Lindsay DS, Howe DK, Roderick CL, Dubey JP, Thomas NJ, Baeten LA. Biological and molecular characterizations of Toxoplasma gondii strains obtained from southern sea otters (Enhydra lutris nereis). J Parasitol 2000; 86: 526–30.
Conti A, Masocco M, Pezzotti P, Toccaceli V, Vichi M, Boros S, et al. Differential impact of combined antiretroviral therapy on the survival of Italian patients with specific AIDS defining illnesses. J Acquir Immune Defic Syndr 2000; 25: 451- 8.
Cook AJ, Gilbert RE, Buffolano W, Zufferey J, Petersen E, Jenum PA et al. Sources of Toxoplasma infection in pregnant women: European multicentre case-control study. European Research Network on Congenital Toxoplasmosis. BMJ 2000; 321:142-7.
Costa JM, Darde ML, Assouline B, Vidaud M, Bretagne S. Microsatellite in the beta-tubulin gene of Toxoplasma gondii as a new genetic marker for use in direct creening of amniotic fluids. J Clin Microbiol 1997; 35: 2542-5. 
Cristina N, Darde ML, Boudin C, Tavernier G, Pestre-Alexandre M, Ambroise-Thomas P. A DNA fingerprinting method for individual characterization of Toxoplasma gondii strains: combination with isoenzymatic characters for determination of linkage groups. Parasitol Res 1995; 81: 32-7.
D’Andrea AM, Rengarajau M, Valiante N, Chemini J, Kubin M, Aste-Amezaga M, et al. Production of natural killer cell stimulatory factor (NKSF/IL-12) by peripheral blood mononuclear cells. J Exp Med 1992; 176: 1387–1397.
Darde ML. Biodiversity in Toxoplasma gondii. Curr Top Microbiol Immunol 1996; 219: 27-41. 
Decker CF, Masur H. Pneumonia in AIDS patients in the critical care unit. Critical Care Clinics 1998; 14: 135.
Denkers EY, Gazzinelli RT, Hieny S, Caspar P, Sher A. Bone marrow macrophages process exogenous Toxoplasma gondii polypeptides for recognition by parasite-specific cytolytic T lymphocytes. J Immunol 1993; 150: 517–526.
Denkers EY, Gazzinelli RT. Regulation and function of T-cell-mediated immunity during Toxoplasma gondii infection. Clin Microbiol 1998; 11: 569–588.
Desmonts G, Couver J. Congenital toxoplasmosis: A prospective study of the offspring of 54 woman who acquired toxoplasmosis during pregnancy: Pathophysiology of congenital disease. En: Thalhammer O, Baumgarter K, Pollak A, editores. Perinatal Medicine. Sixth European Congress Vienna. 1978. Stuttgart, Georgia Thieme 1979.
Ding A, Nathan C, Stuher D. Release of reactives nitrogen intermediates and reactive oxygen intermediates from mouse peritoneal macrophages. J Immunol 1988; 141: 2407-12.
Dodds EM. Toxoplasmosis ocular. Archivos de la Sociedad Española de Microbiología 2003; 10: 232-6.
Drapier J, Wietzerbin J, Hibbs J. Interferon -gamma and tumor necrosis factor induce the L-arginine-dependent cytotoxic effector mechanism in murine macrophages. Eur J Immunol 1988; 18: 1587-92.
Dubey JP, Beattie CP. Toxoplasmosis of animals and Man. Boca Raton, FL: CRC Press; 1988.
Dubey JP, Frenkel JK. Cyst-induced toxoplasmosis in cats. J Protozool 1972; 19: 155-77.
Dubey JP, Venturini MC, Venturini L, Piscopo M, Graham DH, Dahl E, et al. Isolation and genotyping of Toxoplasma gondii from free-ranging chickens from Argentina. J Parasitol 2003; 89: 1063-4.
Dubey JP,Lindsay DS, Speer CA. Structure of Toxoplasma gondii taquyzoites, bradizoites and sporozoites and biology and development of tissue cysts. Clin Microbiol Review 1998; 11: 267- 99.
Dubey JP. Duration of immunity to shedding of Toxoplasma gondii oocyst by cats. J Parasitol 1995; 81: 410-5.
Dubey JP. Oocyst shedding by cat fed isolated bradyzoites and comparison of infectivity of bradyzoitesof the VEG strain Toxoplasma gondii to cats and mice. J Parasitol 2001; 87: 215-9.
Dubey JP. Toxoplasma gondii. En: Baron S, Peake RC, James DA, Susman M, Kennedy CA, Singleton MJD, Schuenke S, editores. Medical Microbiology, 4th ed. The University of Texas Medical Branch at Galveston, Galveston, Tex.; 1996. p. 84. 
Dunn D, Wallon M, Peyron F, Petersen E, Peckham C, Gilber R. Mother to child transmission of toxoplasmosis¨risk estimates for clinical counsellin. Lancet 1999; 353: 1829- 23 
Dutra A. Toxoplasmosis. Disponible en: http://www.clinfec.org/dowloads/tema%20del%20mes/toxoplasmosis.pdf. Acceso el 2/01/05.
Fauci A, Lane HC. Human Immunodeficiency virus (HIV) disease: AIDS and related disorders. En: Braunwald E, Fauci A, Kasper DL, Hauser SL, Longo DL, Jameson JL, editores. Harrison's Principles of Internal Medicine. 15 ed. New York: McGraw-Hill; 2001. p. 1852-913.
Fazaeli A, Carter PE, Darde ML, Pennington TH. Molecular typing of Toxoplasma gondii strains by GRA6 gene sequence analysis.
Int J Parasitol 2000; 30: 637-42. 
Fillisetti D, Candolfi E. Immune response to Toxoplasma gondii. Ann Ist Super Sanita 2004; 40: 71-80.
Flores A. La toxoplasmosis: consideraciones económicas, técnicas y sanitarias. Hospital Centro Policlínico Veterinario, Malaja, España; 1991.
Frenkel JK, Dubey JP, Miller NL. Toxoplasma gondii in cats: fecal stages identified as coccidian oocysts. Science 1970; 167: 893-6.
Frenkel JK, Escajadillo A. Cyst rupture as a pathogenic mechanism of toxoplasmic encephalitis. Am J Trop Med Hyg 1987; May;36: 517-22.
Frenkel JK. Pathophysiology of toxoplasmosis. Parasitol Today 1988; 4: 273.
Fuentes I, Rubio JM, Ramirez C, Alvar J. Genotypic characterization of Toxoplasma gondii strains associated with human toxoplasmosis in Spain: direct analysis from clinical samples. J Clin Microbiol 2001; Apr;39: 1566-70.
Gazzinelli R, Hieny S, Wynn T, Wolf S, Sher A. Interleukin 12 is required for the T-lymphocyte-independent induction of interferon g by an intracellular parasite and induces resistance in T-cell-deficient host. Proc Natl Acad Sci USA 1993; 90: 6115-9.
Gazzinelli R, Xu Y, Hieny S, Cheever A, Sher A. Simultaneous depletion of CD4+ and CD8+ T lymphocytes is required to reactivate chronic infection with Toxoplasma gondii. J Immunol 1992; 149(1):175-80.
Gazzinelli RT, Amichay D, Scharton-Kersten T, Grunvald E, Farber JM, Sher A.. Role of macrophage-derived cytokines in the induction and regulation of cell mediated immunity to Toxoplasma gondii. Curr Top Microbiol Immunol 1996; 219: 127–140.
Gazzinelli RT, Hakim FT, Hieny S, Shearer GM, Sher A. Synergistic role of CD4_ and CD8_ T lymphocytes in IFN-gamma production and protective immunity induced by an attenuated Toxoplasma gondii vaccine. J Immunol 1991; 146: 286–292.
Gongora-Biachi RA, Gonzalez-Martinez P, Castro-Sansores C, Alvarez R, Pavia-Ruz N, Lara-Perera D, et al. Anticuerpos contra Toxoplasma gondii en pacientes con VIH en Yucatán. Rev Invest Clin 1998; 50: 419-22.
Gongora-Biachi RA, Gonzalez-Martinez P, Castro-Sansores C, Lara-Perera D, Alonzo G, Pavia N, et al. Prevalencia de anticuerpos contra Toxoplasma gondii en donadores de sangre y pacientes con la infeccion del virus de la inmunodeficiencia humana en Yucatán, Mexico. Enf Infec Microbiol 1996; 16: 13-6.
Gonzales NL, Armas H, Mederos JI. Toxoplasmosis y gestación: Un mito o una realidad. En: Cabero L, editor. Infecciones de transmición vertical. Mayo ed. Barcelona; 1999. p. 115-52.
Gonzalez T, Ramos J. Toxoplasmosis congénita. Rev Cub Obst Ginecol 1997; 23: 7-12.
Grigg ME, Boothroyd JC. Rapid identification of virulent type I strains of the protozoan pathogen Toxoplasma gondii by PCR-restriction fragment length polymorphism analysis at the B1 gene. J Clin Microbiol 2001; 39: 398-400. 
Gubbels M-J, Striepen B, Shastri N, Turkoz M, Robey EA. Class I Major Histocompatibility Complex Presentation of Antigens that Escape from the Parasitophorous Vacuole of Toxoplasma gondii. Infection and Immunity 2005; 73: 703–711.
Guerrero-Flores A, Vega-Ramos B. Toxoplasmosis gástrica en el síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Rev Biomed 2002; 13: 37-41.
Hammouda NA, Rashwan EA, Hussien ED, Abo el-Naga I, Fathy FM. Measurement of respiratory burst of TNF and IL-1 cytokine activated murine peritoneal macrophages challenged with Toxoplasma gondii. J Egypt Soc Parasitol 1995; 25: 683-91.
Hauser W, Sharma S, Remington J. Augmentation of NK cell activity by soluble and particulate fraction of Toxoplasma gondii. J Immunol 1983; 131: 458-63
Heath WR, Carbone FR. Cross-presentation, dendritic cells, tolerance and immunity. Annu Rev Immunol 2001; 19: 47–64.
Henderly DE, Haymond RS, Rao NA, Smith RE. The significance of the pars plana exudate in pars planitis. Am J Ophthalmol 1987; 103: 669-71.
Hill D, Dubey JP. Toxoplasma gondii: transmission, diagnosis and prevention. Clin Microbiol Infect 2002; 8: 634-40.
Hinjakovic I, Jerant V, Cvjetkovic D, Mrdja E, Milosevic V. Congenital toxoplasmosis. Med Pregl 1998; 51:140-5.
Holland GN, Engstrom RE Jr, Glasgow BJ, Berger BB, Daniels SA, Sidikaro Y, et al. Ocular toxoplasmosis in patients with the acquired immunodeficiency syndrome. Am J Ophthalmol 1988; 106: 653-667.
Holland GN, Lewis KG, O’Connor R. Ocular toxoplasmosis. A 50th anniversary tribute to the contributions of Helenor Campbell Wilder Foerster. Arch Ophtalmol 2002; 120: 1081-1084.
Holland GN. Ocular Toxoplasmosis: A global reassessment. Part I: Epidemiology and Course of Disease. Am J Ophtalmol 2003; 136: 973- 88.
Howe DK, Sibley LD. Toxoplasma gondii comprises three clonal lineages: correlation of parasite genotype with human disease. J Infect Dis 1995; 172: 1561–1566.
Howe DK, Honore S, Derouin F, Sibley LD. Determination of genotypes of Toxoplasma gondii strains isolated from patients with toxoplasmosis.
J Clin Microbiol 1997;35: 1411-4.
Hunter CA, Abrams JS, Beaman MH, Remington JS. Cytokine mRNA in the CNS of SCID mice infected with Toxoplasma gondii: importance of T-cell independent regulation of resistance to T.gondii. Infect Immun 1993; 61: 4038–4044.
Hunter CA, Neyer LE, Gabriel KE, Kennedy MK, Grabstein KH, Linsley PS, et al. The role of the CD28/B7 interaction in regulation of NK cell responses during infection with Toxoplasma gondii. J Immunol 1997; 158: 2285–2293.
Hunter CA, Chizzonite R, Remington JS. IL-1b is required for IL-12 to induce production of IFN-g by NK cells. J Immunol 1995; 155: 4347–54.
Hunter CA, Subauste CS, Van Cleave VH, Remington JS. Production of gamma interferon by natural killer cells from Toxoplasma gondii-infected SCID mice: regulation by interleukin-10, interleukin-12, and tumor necrosis factor alpha. Infect Immun 1994; 62: 2818–2824.
Isaac-Renton J, Bowie WR, King A, Irwin GS, Ong CS, Fung CP, Shokeir MO, Dubey JP. Detection of Toxoplasma gondii oocysts in drinking water. Appl Environ Microbiol 1998; 64: 2278-80.
Isaacs D, Moxon R. Neonatal Infections. Oxford: Butterworth-Heinmann; 1991. 
Ives NJ, Gazzard BG, Easterbrook PJ. The changing patterns of AIDS-defining illinesses with the introduction of highly active antiretrovial therapy (HAART) in London clinic. J Infect Dis 2001; 42: 134- 9.
Jacobson NG, Szabo SJ, Weber-Nordt RM, Zhong Z, Schreiber RD, Darnell JE, Et al. Interleukin-12 signaling in T helper type 1 cells involves tyrosine phosphorylation of signal transducer and activator of transcription (STAT) s and STAT 4. J Exp Med 1995; 181: 1755–1762.
James S. Role of nitric oxide in parasitic infections. Microb Rev 1995; 59: 533-47.
Jenum PA, Holberg-Petersen M, Melby KK, Stray-Pedersen B. Diagnosis of congenital Toxoplasma gondii infection by polymerase chain reaction (PCR) on amniotic fluid samples. APMIS 1998; 106: 680-6.
Joiner K. Cell entry by Toxoplasma gondii all paths do not lead to success. Res Immunol 1993; 144: 34- 48.
Joiner KA, Fuhrman SA, Miettinen HM, Kasper LH, Mellman I. Toxoplasma gondii: fusion competence of parasitophorous vacuoles in Fc receptor-transfected fibroblasts. Science 1990; 249: 641–646.
Kasper LH. Toxoplasma infection. En: Braunwald E, Fauci A, Kasper DL, Hauser SL, Longo DL, Jameson JL, editores. Harrison's Principles of Internal Medicine. 15 ed. New York: McGraw-Hill; 2001. p. 1222-7.
Kaul S, Fishbein MC, Siegel RJ. Cardiac manifestations of acquired immune deficiency syndrome: a 1991 update. Am Heart J 1991; 122: 535-44.
Khan IA, Murphy PM, Casciotti L, Schwartzman JD, Collins J, Gao JL, Yeaman GR. Mice lacking the chemokine receptor CCR1 show increased susceptibility to Toxoplasma gondii infection. J Immunol 2001; 166: 1930-7.
Kobayashi M, Fitz L, Ryan M, Hewik RM, Clark SC, Chan S, et al. identification and purification of natural killer cell stimulatory factor (NKSF), a cytokine with multiple biological effects on human lymphocytes. J Exp Med 1989; 170: 827–845.
Kofman E, Khorsandi A, Sarlin J, Adhami K. Gastric toxoplasmosis: case report and review of the literature. Am J Gastroenterol 1996; 91:2436-8.
Lehmann T, Blackston CR, Parmley SF, Remington JS, Dubey JP. Strain typing of Toxoplasma gondii: comparison of antigen-coding and housekeeping genes. J Parasitol 2000; 86: 960-71.
Lieberman LA, Hunter CA. The role of cytokines and their signaling pathways in the regulation of immunity to Toxoplasma gondii. Int Rev Immunol 2002; .21: 373–403.
Lingelbach K, Joiner KA. The parasitophorous vacuole membrane surrounding Plasmodium and Toxoplasma: an unusual compartment in infected cells. J Cell Sci 1998; 111: 1467–75.
Lipshultz SE, Fox CH, Perez-Atayde AR, Sanders SP, Colan SD, McIntosh K, Winter HS. Identification of human immunodeficiency virus-1 RNA and DNA in the heart of a child with cardiovascular abnormalities and congenital acquired immune deficiency syndrome. Am J Cardiol 1990; 66:246-50.
Luft BJ, Brooks RG, Conley FK, McCabe RE, Remington JS. Toxoplasmic encephalitis in patients with acquired immune response deficiency syndrome. JAMA 1984; 252: 913–17.
Luft BJ, Hafner R, Korsun AH. Toxoplasmic encephalitis in patients with adquired immunodeficiency syndrome. N Engl J Med 1993; 329: 995-1000.
Luft BJ, Naot Y, Araujo FG, Stinson EB, Remington JS. Primary and reactivated toxoplasma infection in patients with cardiac transplants. Ann Int Med 1983; 99 : 27-31.
MacKenzie CR, Langen R, Takikawa O, Daubener W. Inhibition of indoleamine 2,3-dioxygenase in human macrophages inhibits interferon-gamma-induced bacteriostasis but does not abrogate toxoplasmastasis. Eur J Immunol 1999; 29: 3254-61.
Maiga J, Kiemtore P, Tounkara A. Prevalence des anticorps antitoxoplasmiques chez les malades atteints du síndrome d´’immunodeficience acquise et les donneur de sang a Bamako. Bull Soc Pathol Exot 2001; 94: 268-70.
Mariuz P, Bosler E, Luft B. Toxoplasmosis. En: Berger JR, Levy RM, editores. AIDS and the nervous system. 2d ed. Philadelphia: Lippincott-Raven; 1997. p. 641-59.
Martin I, García SM. Toxoplasmosis. Infección oportunista en pacientes con el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida. Rev Biomed 2003; 14: 101- 11.
Meisel R, Stachelhaus S, Mevelec MN, Reichmann G, Dubremetz JF, Fischer HG. Identification of two alleles in the GRA4 locus of Toxoplasma gondii determining a differential epitope which allows discrimination of type I versus type II and III strains. Mol Biochem Parasitol 1996; 81: 259-63.
Michaels MG, Wald ER, Fricker FJ, del Nido PJ, Armitage J. Toxoplasmosis in pediatric recipients of heart transplants. Clin Infect Dis 1992; 14: 847-51.
Moorthy RS, Smitth RE, Rao NA. Progressive ocular toxoplasmosis in patients with acquired immunodeficiency syndrome. Am J Ophthalmol 1993; 115: 742-7.
Mordue DG, Hakansson S, Niesman I, Sibley LD. Toxoplasma gondii resides in a vacuole that avoids fusion with host cell endocytic and exocytic vesicular trafficking pathways. Exp Parasitol 1999; 92: 87–99.
Morisaki JH, Heuser JE, Sibley LD. Invasion of Toxoplasma gondii occurs by activate penetration of the host cell. J Cell Sci 1995; 108: 2457- 64.
Nagasawa H, Manabe T, Maekawa Y, Oka M, Himeno K. Role of L3T4+ and Lyt-2+ T cell subsets in protective immune responses of mice against infection with a low or high virulent strain of Toxoplasma gondii. Microbiol Immunol 1991; 35: 215-22.
Navia BA, Petito CK, Gold JW, Cho ES, Jordon BD, Price JW. Cerebral toxoplasmosis complicating the acquired immune deficiency syndrome: clinical and neuropathological findings in 27 patients. Ann Neurol 1986; 19: 224–238.
Neto EC, Anele E, Schulte J, Becker D, Brites A, Schulte J, et al. High prevalence of congenital toxoplasmosis in Brazil estimated in a 3 years prospective neonatal study. Int J Epidemiol 2000; 29: 941-47.
Neto EC, Anele E, Schulte J, Rubim R, Becker D, Brites A. Screening for congenital toxoplasmosis in Brazil. Southeast Asian J Trop Med Public Health 1999; 30 (Suppl 2): 54.
Nguyen BT, Stadtsbaeder S. Comparative effects of cotrimoxazole (trimethoprim-sulphamethoxazole), pyrimethamine-sulphadiazine and spiramycin during avirulent infection with Toxoplasma gondii (Beverley strain) in mice. Br J Pharmacol 1983; 79:923-8. 
Norbury CC, Basta S, Donohue KB, Tscharke DC, Princiotta MF, Berglund P, et al. CD8_ T cell cross-priming via transfer of proteasome substrates. Science 2004; 304: 1318–1321.
Oréfice F, Bonfioli AA. Uveíte clínica e cirúrgica. En: Oréfice F, editor. Toxoplasmose. Rio de Janeiro: Editora Cultura Médica; 2000. p. 619–80.
Palella FJ; Delaney KM, Moorman AC, Loveless MO, Fuhrer J, Satten GA, et al. Declining morbility and mortality among patients with advanced human immunodeficiency virus infection. HIV Outpatient Study Investigators. N Engl J Med 1998; 338: 853- 60.
Peraire J, Vidal F, Mayayo E, Razquin S, Richart C. Gastric toxoplasmosis in the acquired immunodeficiency syndrome. Am J Gastroenterol 1993; 88:1464-5.
Pereira A; Perez M. Parasitologia. Toxoplasmosis . Ambito Farmaceutico 2002; 21: 123-8.
Pereira DN, Lane A de Melo, Marcos PL, Almeida RV. Toxoplasma gondii. En: Pereira DN, editor. Parasitologia Humana.11ª ed. Sao Paulo; 2005. p. 163-73.
Pereira SA, Rodrigues DB, Correia D, dos Reis MA, Teixeira P. Identification of infectious agents in the lungs in autopsies of patients with acquired immunodeficiency síndrome. Rev Soc Bras Med Trop 2002; 35: 635-9.
Perkins ES, Folk J. Uveitis in London and Iowa. Ophthalmologica 1984; 189: 36-40.
Piketty C, Derouin F, Rouveix B, Pocidalo JJ. In vivo assessment of antimicrobial agents against Toxoplasma gondii by quantification of parasites in the blood, lungs, and brain of infected mice. Antimicrob Agents Chemother 1990; 34: 1467-72.
Pivetti-Pezzi P, Accorinti M, Tamburi S. Clinical features of toxoplasmic retinochoroiditis in patients with acquired immunodeficiency syndrome. Ann Ophthalmol 1994; 26: 73-84.
Pomeroy C, Filice GA. Pulmonary toxoplasmosis: a review. Clin Infect Dis 1992; 14: 863-70.
Porter S, Sande M. Toxoplasmosis of the central nervous system in the acquired immunodeficiency syndrome. N Engl J Med 1992; 327: 1643-8.
Pozio E, Gomez MA. The impact of HIV-protease inhibitors on opportunistic parasites. Trends in Parasitology 2005; 21: 58- 63.
Rabaud C, May T, Lucet JC, Leport C, Ambroise-Thomas P, Canton P. Pulmonary toxoplasmosis in patients infected with human immunodeficiency virus: a French National Survey. Clin Infect Dis 1996; 23: 1249-54.
Renold C, Sugar A, Chave J, et al. Toxoplasma encephalitis patients with the acquired immunodeficiency syndrome. N Engl J Med 1992; 71: 224-39.
Roberts F, McLeod R. Pathogenesis of toxoplasmic retinochoroiditis. Parasitol Today 1999;15: 51-7
Roberts F, Mets MB, Ferguson DJ, O´Grady C, Thulliez P. Histopathological features of ocular toxoplasmosis in the fetus and infant. Arch Ophthalmol 2001; 119: 51-8.
Rodriguez D. Infección por Toxoplasma gondii. Un estudio en embarazadas de tres policlínicos del Municipio Lisa [Trabajo para optar por el título de Master en Parasitología]. Instituto de Medicina Tropical ¨Pedro Kourí¨, La Habana, Cuba, 2005.
Rojas M, Lobarto I, Montalvo M. Prevalencia de Toxoplasma gondii en alpacas y llamas Resumen XII Reunión Científica Anual de la Asociación Peruana de Producción Animal, Lima, Perú. 1989. p. 345-7.
Rothova R. Reactivations in ocular toxoplasmosis. International Conference on Toxoplasmosis, Copenhagen, June 2003.
Sabin AB. Toxoplasmosis: recently recognized disease. Adv Pediatric 1942; 1: 1-54.
Sacks D, Sher A. Evasion of innate immunity by parasitic protozoa. Nat Immunol 2002; 3: 1041-7
Sacktor N, Lyles RH, Skolasky R, Kleeberger C, Selnes OA, Miller EN, et al. HIV-associated neurologic disease inidence changes: Multicenter AIDS Cohort Study, 1990- 1998. Neurology 2001;56: 257- 60.
Scharton-Kersten TM, Caspar P, Sher A, Denkers EY. Toxoplasma gondii: evidence for interleukin-12-dependent and –independent pathways of IFN-g production induced by an attenuated parasite strain. Exp Parasitol 1996; 84:102–114.
Seder RA, Gazzinelli RT, Sher A, Paul WE. IL-12 acts directly on CD41 T cells to enhance priming for IFN-g production and diminishes IL-4 inhibition of such priming. Proc Natl Acad Sci USA 1993; 90: 10188–10194.
Sher AI, Oswald O, Hieny S, Gazzinelli RT. Toxoplasma gondii induces a T-independent IFN-g response in NK cells which requires both adherent accessory cells and TNF-a. J Immunol. 1993; 150: 3982–3989.
Sibley LD, Boothroyd JC. Virulent strains of Toxoplasma gondii comprise a single clonal lineage Nature 1992; 359: 82-5.
Sibley LD. Intracellular parasite invasion strategies. Science 2004; 304: 248–253.
Skiest DJ. Focal neurological disease in patients with acquired immunodeficiency syndrome. AIDS 2002; 34: 103-15.
Smart PE, Weinfeld A, Thompson NE, Defortuna SM. Toxoplasmosis of the stomach: a cause of antral narrowing. Radiology 1990; 174: 369-70.
Soulsby E. Parasitología y Enfermedades parasitarias en animales domésticos. 7ma edición . Ed: Interamericana; 1987.
Speer CA, Dubey JP, Blixt JA, Prokop K. Time lapse video microscopy and ultrastructure of penetrating sporozoites, type 1 and 2 parasitophorous vacuoles, and the transformation of sporozoites to taquizoites of the VEG strain of Toxoplasma gondii. J Parasitol 1997; 83: 565-574.
Sroka J. Seroepidemiology of toxoplasmosis in the Lublin region. Agric Environ Med 2001; 8: 25-31.
Subauste CS, Koniaris AH, Remington JS. Murine CD81 cytotoxic T lymphocytes lyse Toxoplasma gondii-infected cells. J Immunol 1991; 147: 3955–3959.
Subauste X, Chung J, Koniaris A, Hunter C, Montoya J, Porcelli S, Remington J. Preferential activation and expansion of human peripheral blood gamma-delta T cells in response to Toxoplasma gondii in vitro and their cytokine production and cytotoxic activity against T. gondii-infected cells. J Clin Invest 1995; 96: 610-9.
Suzuki Y, Conley FK, Remington JS. Treatment of toxoplasmic encephalitis in mice with recombinant gamma interferon. Infect Immun 1990; 58: 3050–3055.
Suzuki Y, Orellana MA, Schreiber RD, Remington JS. Interferon-g: The major mediator of resistance against Toxoplasma gondii. Science 1988; 240: 516–518.
Suzuki YF, Conley FK, Remington JS. Importance of endogenous IFN-g for the prevention of toxoplasmic encephalitis in mice. J Immunol 1989; 143: 2045–2050.
Switaj K, Master A, Skrzypczak M, Zaborowski P. Recent trends in molecular diagnostics for Toxoplasma gondii infections. Clin Microbiol Infect 2005; 11: 170–6.
Tarlow MJ. Epidemiology of neonatal infections. Antimicrob Chemother 1994; Supp 1: 43-52.
Tenter AM, Heckeroth AR, Weiss LM. Toxoplasma gondii: from animals to humans. Int J Parasitol 2000; 30: 1217- 58. 
Tizard I. Inmunología Veterinaria. Sexta Edición. Editorial Mc Graw-Hill. México; 2000.
Verhofstede C, Sabbe L, Van Renterghem L. Ability of enzyme-linked immunosorbent assays to detect early immunoglobulin G antibodies to Toxoplasma gondii. Eur J Clin Microbiol 1987; 6:147-51.
Vidal L. Prevalencia de anticuerpos contra Toxoplasma gondii en cabras de la provincia de Lima. [Tesis de Medicina Veterinaria]. Facultad de Medicina Veterinaria, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú. 1990. p. 41.
Villena I, Aubert D, Brodard V, Quereux C, Leroux B, Dupouy D, et al. Detection of specific immunoglobulin E during maternal, fetal, and congenital toxoplasmosis. J Clin Microbiol 1999; 37: 3487-90.
Vollmer T, Waldor M, Steinman L, Conley F. Depletion of T- 4+ lymphocytes with monoclonal antibody reactivates toxoplasmosis in the central nervous system: a model of superinfection in AIDS. J Immunol 1987;138(11):3737-41.
Wolkers MC, Brouwenstijn N, Bakker AH, Toebes M, Schumacher TN. Antigen bias in T cell cross-priming. Science 2004; 304: 1314–1317.
Wong SY, Remington JS. Biology of Toxoplasma gondii. AIDS 1993; 7: 299-318.
Wong SY, Remington JS. Toxoplasmosis in pregnancy. Clin Infect Dis 1994; 18: 853-62.
Yano A, Aosai F, Ohta M, Hasekura H, Sugane K, Hayashi S. Antigen presentation by Toxoplasma gondii-infected cells to CD41 proliferative T cells and CD81 cytotoxic cells. J Parasitol 1989; 75: 411–416.
Yap GS, Sher A. Cell-mediated immunity to Toxoplasma gondii: initiation, regulation and effector function. Immunobiology 1999a; 201: 240–247.
Yap GS, Sher A. Effector cells of both nonhemopoietic and hemopoietic origin are required for interferon (IFN)-gammaand tumor necrosis factor (TNF)- alpha-dependent host resistance to the intracellular pathogen, Toxoplasma gondii. J Exp Med 1999b; 189: 1083-92.
Yewdell JW, Reits E, Neefjes J. Making sense of mass destruction: quantitating MHC class I antigen presentation. Nat. Rev Immunol 2003; 3: 952–961.
Yong EC, Chi EY, Fritsche TR, Henderson WR, Jr. Human platelet-mediated cytotoxicity against Toxoplasma gondii: role of thromboxane. J Exp Med 1991; 173: 65-78.

AUTORA:
Yenisey Alfonso y Jorge Fraga*.
Laboratorio de Biología Molecular. Departamento de Parasitología. Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kouri”. Autopista Novia del Mediodía km 6 ½, Apartado Postal 601. Marianao 13. Ciudad de La Habana. Cuba.
*e-mail: fraga@ipk.sld.cu

Compartir Enviar a menéame  Añadir a tus marcadores de Google  Enviar a noticias Top    Añadir a del.icio.us     Añadir a tus marcadores en Yahoo! 


Publicación enviada por Jorge Fraga y Yenisey Alfonso y
Contactar mailto:fraga@ipk.sld.cu


Código ISPN de la Publicación EEyuAkuluAeYFFmWhj
Publicado Thursday 30 de November de 2006

Ultimas Publicaciones en ilustrados.com


ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal.