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Tuberculosis pulmonar, a propósito de un caso
Resumen: La tuberculosis es una enfermedad crónica e infectocontagiosa causada por lo general por el micobacterium tuberculoso. Los pulmones son los órganos afectados por excelencia.
Publicación enviada por Dra. Birsy Suarez Rivero y otros autores
ÍNDICE
Resumen
Introducción
Desarrollo
- Caso clínico
- Discusión diagnóstica
Conclusiones
Recomendaciones
Referencias bibliográficas
RESUMEN
La tuberculosis es una enfermedad crónica e infectocontagiosa causada por lo
general por el micobacterium tuberculoso. Los pulmones son los órganos afectados
por excelencia.
Su cuadro clínico puede modificarse en numerosos casos, por lo que se precisa en
el diagnóstico de certeza la demostración del bacilo como agente causal. La
evolución natural de la enfermedad conduce en un 75 % de los casos a un síndrome
crónico de deterioro y muchas veces a la muerte.
Paciente AMC de 50 años de edad con antecedentes de espondilitis anquilosante,
exfumador de 3 años, con ingresos frecuentes desde julio del 2005 por fiebre,
tos y expectoración purulenta con diagnóstico de neumonía con mejoría con
tratamiento antibiótico. Durante su evolución se aisló una Pseudomona aeruginosa
y un Acinetobacter, recibiendo tratamiento según antibiograma, con mejoría
clínica, negativización del esputo, pero evolutivamente reaparición de los
síntomas respiratorios y empeoramiento de la función respiratoria.
En enero del 2007 esputo BAAR codificación 3. En estos momentos el paciente
tenía además diagnóstico de cirrosis hepática. Ingresa el 29 de enero en el
Hospital Jurídico y fallece 35 días después en insuficiencia renal.
INTRODUCCIÓN
Aunque la tuberculosis es una enfermedad infecciosa controlable en ámbito
comunitario y curable de forma individual, dista mucho de estar erradicada. En
la actualidad se considera, sólo a título orientativo, que al menos un tercio de
la población mundial, más de 1.500 millones de individuos, están infectados por
el bacilo de la tuberculosis (TBC) y que cada año continúan apareciendo cerca de
10 millones de nuevos casos de enfermedad, estimándose en más de 30 millones el
número de enfermos tuberculosos. Se considera también que mueren cada año por
TBC más de 3 millones de personas.
La OMS ha calculado que, tanto por el crecimiento de las poblaciones como por la
aplicación insuficiente de los medios disponibles para el control de esta
enfermedad, a finales del presente siglo habrá más enfermos tuberculosos que los
que había cuando se descubrieron los primeros fármacos antituberculosos. Por
otro lado, la TBC es una de las enfermedades asociadas al sida más importantes;
las alteraciones inmunológicas que acompañan a este síndrome facilitan las
formas de TBC de reactivación y la progresión rápida de infección a enfermedad.
En el momento en el que se vislumbraba la posibilidad de erradicar la TBC en
algunos países industrializados a lo largo del próximo siglo, la aparición del
sida amenaza con interferir estas optimistas previsiones que la humanidad tardó
siglos en conseguir. Hoy en día se considera que mientras el sida no sea
controlado, es poco probable que la TBC pueda ser eliminada. En el año 1995, los
180 países, áreas o territorios que declararon a la OMS reportaron 3.297.688
casos de TBC (59,1 por 100.000 habitantes). De éstos, en 1.611.411 (35%) se
observaban bacilos ácido-alcohol resistentes en las extensiones de esputo y
eran, por tanto, formas contagiantes.
Los porcentajes de casos varían con el país, la edad, la raza, el sexo y el
nivel socioeconómico. En Estados Unidos se declararon 21.337 casos durante 1996,
lo que significa una incidencia de 8/100.000. Aunque la TB ha sido casi
eliminada en algunos segmentos de la población, sigue siendo prevalente en
otros, por ejemplo entre las personas >70 años, en las que la enfermedad ocurre
en ambos sexos y en todas las razas con una incidencia de hasta 200/100.000. La
TB es dos veces más frecuente en los negros que en los blancos, en todos los
grupos de edad (1).
Aunque la defensa inmunológica específica contra la TB aparece sólo después de
la infección, puede existir defensa innata considerable contra la invasión
inicial. En consecuencia, muchos trabajadores sanitarios pueden mantener
contacto íntimo con pacientes tuberculosos durante años sin que muestren
conversión de la prueba cutánea con tuberculina. Los individuos de raza negra
son menos resistentes a la invasión inicial que los de raza blanca, lo que
explica en parte la mayor prevalencia de infección entre los negros. Puesto que
la incidencia es siempre paralela a la prevalencia, los negros sufren también
una incidencia más alta de TB.
La incidencia de TB ha aumentado de forma alarmante entre las personas con
infección por VIH, sobre todo entre los usuarios de drogas i.v. negros e
hispanoamericanos, especialmente en los varones de 25 a 44 años que habitan en
grandes ciudades. La incidencia es más baja entre los varones homosexuales
blancos de clase media con SIDA. La TB activa se debe tanto a reactivación de la
infección tuberculosa latente como a infección adquirida recientemente, puesto
que la infección por VIH produce inmunodeficiencia intensa.
Han aparecido signos de una epidemia de TB en potencia muy peligrosa. La
infección por VIH ha creado circunstancias favorables no sólo para una
incidencia aumentada de TB (hasta el 30% en el estado de Nueva York durante 1992
y 1993), sino también para la emergencia de microorganismos resistentes a todos
los fármacos de primera línea. La incidencia de TB aumentó desde 1989 hasta
1992, pero a partir de entonces han resultado efectivas las medidas de control
más estrictas. Sin embargo, permanece la amenaza de microorganismos resistentes
a los fármacos.
La TB pasa por distintas fases: infección primaria o inicial, infección latente
y TB reactivada o del adulto. Entre el 90 y el 95% de las infecciones
tuberculosas primarias no son detectadas y sólo producen positividad de la
prueba cutánea con tuberculina y una infección latente. La TB primaria se puede
convertir en activa a cualquier edad, para producir tuberculosis clínica de
cualquier órgano, con más frecuencia del área apical de los pulmones, pero
también de los riñones, los huesos largos, las vértebras, los ganglios
linfáticos y otros lugares. Muchas veces, la activación ocurre entre 1 y 2 años
después de la infección inicial, pero se puede retrasar años o décadas para
aparecer cuando el paciente desarrolla diabetes mellitus, durante períodos de
estrés, después del tratamiento con corticosteroides u otros inmunosupresores,
en la adolescencia o en épocas avanzadas de la vida (>70 años de edad), y en
especial después de la infección por VIH. La infección inicial deja cicatrices
nodulares en el vértice de uno o ambos pulmones, conocidas como nódulos de Simon,
que constituyen la fuente más común de TB activa posterior. La frecuencia de
activación no parece verse afectada por las cicatrices calcificadas de la
infección primaria (nódulos de Ghon) ni por las adenopatías hiliares
calcificadas residuales. La gastrectomía subtotal y la silicosis predisponen
también al desarrollo de TB activa (2, 3).
En la actualidad se consideran como agentes etiológicos de la TBC humana: M.
tuberculosis, M. bovis, M. africanum y el bacilo de Calmette y Guérin (BCG).
Aunque algunos investigadores les han otorgado la categoría de especies
independientes, con criterios taxonómicos rigurosos, M. bovis, M. africanum y
algunas cepas aisladas de pacientes con TBC en el continente asiático deben
considerarse como simples variedades de M. tuberculosis.
EL M. tuberculosis es un bacilo de 1-4 por 0,3-0,6 µm, inmóvil y no esporulado.
Como las restantes especies del género Mycobacterium posee una pared celular muy
rica en lípidos (40% de su peso en seco total), lo cual reduce notablemente su
permeabilidad y dificulta su tinción. Ésta puede requerir el calentamiento de la
célula hasta casi los 100 °C para permitir que el colorante penetre en ella. Una
vez conseguida la tinción, la descoloración puede resultar igualmente difícil,
incluso utilizando una solución ácido-alcohólica. Éste es el fundamento de la
tinción de Ziehl-Neelsen y de otras variantes de tinción con fluorocromos (auramina).
Es un microorganismo aerobio estricto, cuyo desarrollo es óptimo a 35-37 °C. Con
fines de aislamiento se emplean sobre todo medios sólidos a base de huevo
coagulado, como el de Löwenstein-Jensen, que es el más universalmente utilizado,
y los semisintéticos con agar de Middlebrook y Cohn. Una atmósfera enriquecida
con CO2 estimula su desarrollo. Su velocidad de crecimiento es mucho más lenta
que la de otras bacterias (su tiempo de división es de unas 18 h), tardando
varias semanas en dar colonias visibles en medios convencionales. Éstas son
bastante características, de color crema, rugosas ("en coliflor") y de
superficie seca. Las colonias aisladas se identifican por la producción de
niacina, por la reducción de nitratos, por poseer una catalasa termolábil y ser
resistentes a bajas concentraciones de hidrazida del ácido tiofén-2-carboxílico.
Actualmente existen sondas genéticas que permiten una identificación directa de
las colonias aisladas.
Su lentitud de desarrollo en medios convencionales ha favorecido la introducción
en los laboratorios clínicos de sistemas de detección rápida del crecimiento
(sistema BACTEC). En éstos se utiliza un medio líquido semisintético (7H12 de
Middlebrook) que contiene ácido palmítico marcado con 14C. El crecimiento de M.
tuberculosis se comprueba al detectar, mediante un aparato adecuado, la
aparición de CO2 radiactivo en el frasco de cultivo.
Esto ocurre en un período de tiempo muy inferior al necesario para visualizar la
aparición de colonias en los medios sólidos. Recientemente se han
comercializado, con la misma finalidad, diversos sistemas no radiométricos de
lectura automatizada a base de medios líquidos semisintéticos.
En la mayoría de los países con condiciones sanitarias avanzadas, la TBC humana
producida por M. bovis es escasa o casi inexistente. La pasteurización de la
leche de vaca es un método eficaz para la erradicación de la TBC bovina en el
hombre; su aplicación y la eliminación del ganado enfermo produjeron un descenso
espectacular del número de infecciones por M. bovis. El agente etiológico más
importante es el M. tuberculosis (4).
Entre las formas clínicas de la tuberculosis encontramos: Tuberculosis primaria,
Tuberculosis pulmonar de tipo adulto, Pleuritis tuberculosa Tuberculosis miliar,
Meningitis tuberculosa, Adenitis tuberculosa, Osteoarticular, Genitourinaria,
Tuberculosis de las suprarrenales, Tuberculosis Intestinal, Tuberculosis
Peritoneal, Tuberculosis Pericárdica, otras formas de Tuberculosis extrapulmonar
y la Tuberculosis pulmonar de tipo adulto.
La TBC pulmonar crónica de tipo adulto es la forma más prevalente de la
enfermedad. Con gran frecuencia se traduce por un infiltrado pulmonar y se debe
a una reactivación de la forma hematógena producida en el período primario. Se
localiza sobre todo en los segmentos posteriores de los lóbulos superiores; en
los inmunodeprimidos puede ser, con relativa frecuencia, basal. Tiene una gran
tendencia a la ulceración y a la producción de siembras broncógenas.
En la actualidad, en España es más frecuente en el sexo masculino (3:1) y afecta
tanto a jóvenes como a ancianos. Los síntomas que llevan al paciente a consultar
al médico pueden ser muy diversos, predominando los respiratorios (tos,
expectoración y, sobre todo, hemoptisis). Muchas veces hay fiebre o febrícula y
síndrome tóxico, aunque ambos pueden estar ausentes. Con frecuencia el
diagnóstico se efectúa en el curso de una revisión sistemática sin que el
paciente haya presentado síntomas que llamaran su atención. La imagen
radiológica es típica: infiltrado infraclavicular más o menos extenso con
broncograma aéreo y tendencia a la ulceración. Cuando la ulceración es la lesión
más manifiesta se habla de caverna tuberculosa. En un tercio de los casos, al
diagnosticar esta forma de TBC ya se encuentran siembras broncógenas más o menos
diseminadas, acinosonodulares, que a veces confluyen dando imágenes
bronconeumónicas. En otras ocasiones, mucho más raras, pueden producirse
siembras hematógenas.
La baciloscopía y el cultivo de esputo, del aspirado bronquial o gástrico
obtenido en ayunas, son, casi siempre, positivos.
Una forma de TBC pulmonar, poco frecuente en la actualidad, es el tuberculoma.
Aparece como una sombra redondeada de bordes lisos y 1-3 cm de diámetro, cuyo
tamaño permanece constante o crece muy lentamente. Puede distinguirse de la
neoplasia si contiene zonas calcificadas concéntricas o en grumo o lesiones
satélites. A veces presenta una claridad interna.
Una vez establecida la infección, la tuberculosis clínica puede aparecer en
cuestión de meses o no hacerlo durante años o incluso décadas.
En los países desarrollados, la TBC humana se produce casi exclusivamente por
inhalación de microorganismos dispersados como núcleos guticulares desde una
persona con TB pulmonar, cuyas extensiones de esputos son positivas para M.
tuberculosis. El microorganismo puede flotar en el aire durante varias horas,
aumentando así la probabilidad de contagio. La diseminación se puede producir en
laboratorios de micobacteriología y salas de autopsia, debido en parte a la
naturaleza hidrófoba del microorganismo, que facilita su aerosolización. Los
fómites no parecen tener papel en la diseminación.
De forma típica, la enfermedad reactivada sucede a partir de los nódulos
cicatriciales de uno o ambos vértices pulmonares (nódulos de Simon), y se puede
extender por los bronquios hasta otras partes. La reactivación puede aparecer
mientras un foco primario de TB está todavía curándose, pero con más frecuencia
se retrasa hasta que otra enfermedad facilita la reactivación de una infección
latente. En el individuo inmunocompetente con prueba de tuberculina positiva (10
mm), la exposición a la TB rara vez conduce a nueva infección, puesto que la
inmunidad mediada por linfocitos T controla los inóculos exógenos pequeños en
forma rápida y completa.
En el paciente inmunocompetente, incluso las cavidades grandes suelen curar con
quimioterapia apropiada, aunque el tratamiento farmacológico debe ser intensivo
y prolongado. La enfermedad se muestra mucho más agresiva en las personas
inmunocomprometidas, y en ausencia de tratamiento correcto e intensivo puede
conducir a la muerte tras un intervalo tan corto como 2 meses tras la aparición
de los primeros síntomas.
La tuberculosis pulmonar cursa con frecuencia con tan pocos síntomas, que el
paciente quizá sólo se queje de que no se siente bien, incluso cuando la
radiografía de tórax muestra ya anomalías claras.
La tos es el síntoma más común, pero quizá no se le dé importancia y sea
atribuida al tabaco, a un resfriado o a un episodio reciente de gripe. Al
principio se acompaña de poca expectoración, con algunos esputos amarillentos o
verdosos, de modo habitual al levantarse por la mañana, pero la expectoración se
hace más abundante conforme progresa la enfermedad. La disnea se puede deber a
neumotórax espontáneo o al derrame pleural causado por reacción inflamatoria
intensa frente a pequeñas cantidades de material caseoso procedente de un foco
superficial. Aunque la pleuresía puede ocurrir en cualquier fase de la
enfermedad, es más común en las infecciones recientes (TB primaria progresiva)
de adultos jóvenes. La hemoptisis no suele aparecer hasta fases avanzadas de la
TB.
Las adenopatías hiliares representan el hallazgo más común en los niños y se
deben al drenaje linfático desde una lesión pequeña, localizada de modo habitual
en las porciones mejor ventiladas del pulmón (lóbulos inferiores y medio), a las
que son transportados la mayoría de los microorganismos inhalados. La TB suele
causar pocos síntomas en los niños, excepto tos ronca, pero puede cursar con
atelectasia segmentaria. Es frecuente que las adenopatías aumenten de tamaño,
incluso después de iniciar el tratamiento, lo que puede producir atelectasia
lobar, que en general cede sin complicaciones conforme el tratamiento ejerce su
efecto. La infección no tratada puede progresar hasta la TB miliar o la
meningitis tuberculosa, y si se descuida durante mucho tiempo, en raras
ocasiones puede conducir a cavitación pulmonar.
La evolución de la TB es muy variable y depende de muchos factores, como tamaño
del inóculo (número de microorganismos infecciosos inhalados), virulencia del
germen, capacidad defensiva del huésped y presencia de otras enfermedades (p.
ej., diabetes, infección por VIH) o de tratamiento inmunosupresor. La evolución
suele ser más rápida en los negros y los nativos norteamericanos que en la raza
blanca. Los blancos desarrollan con más frecuencia enfermedad fibrosa crónica
sin síntomas obvios, y por tanto pueden permanecer sin diagnóstico durante meses
hasta que se descartan todas las demás posibilidades. Los negros y los nativos
norteamericanos son más contagiosos, pero suelen serlo durante menos tiempo
antes de que se establezca el diagnóstico y se inicie el tratamiento.
Los pacientes de raza blanca pueden seguir siendo contagiosos durante muchos
meses, hasta que por último son diagnosticados. Muchas veces son necesarios el
cultivo o la biopsia para establecer el diagnóstico en los pacientes blancos,
mientras que el hallazgo de bacilos ácido alcohol-resistentes (BAAR) es más
frecuente en el esputo de los negros y los nativos norteamericanos.
La TB en los ancianos plantea problemas especiales. La infección latente durante
mucho tiempo se puede reactivar, sobre todo en el pulmón, pero a veces en el
encéfalo, el riñón, los huesos largos, las vértebras, los ganglios linfáticos o
en cualquier lugar afectado por los bacilos durante la infección primera
ocurrida en épocas anteriores de la vida.
La infección reactivada es con frecuencia crónica y provoca pocos cambios de la
situación clínica. Tal reactivación puede no detectarse durante semanas o meses
y quizá se retrasen los estudios apropiados. La TB puede aparecer cuando la
infección de un antiguo ganglio calcificado se reactiva y provoca fuga de
material caseoso hacia un bronquio lobar o segmentario, para causar una neumonía
persistente a pesar del tratamiento con antibióticos de amplio espectro. Cuando
la TB pulmonar ocurre en un anciano ingresado en un asilo, la infección se puede
diseminar ampliamente. Así, entre estos pacientes se puede encontrar una mezcla
de TB del adulto en los vértices pulmonares de individuos con prueba de
tuberculina positiva desde mucho antes, junto con derrames pleurales e
infiltrados neumónicos en las porciones medias e inferiores de los pulmones,
debidos a TB primaria progresiva en sujetos hasta entonces con reacción negativa
a la tuberculina. En Estados Unidos, la TB miliar y la meningitis tuberculosa,
que de modo habitual se consideraban propias de niños pequeños, son ahora más
comunes en los ancianos.
En los pacientes con infección por VIH, la progresión hasta la TB clínica es
mucho más frecuente y rápida. En lugar de un porcentaje de enfermedad clínica
del 5 al 10% después de 1 a 2 años, la cifra aumenta hasta el 50% en 60 d. Si la
cepa causal se muestra resistente a los fármacos disponibles, el resultado es
una mortalidad del 50% al cabo de una media de 60 d.
El VIH reduce también la respuesta inflamatoria y la cavitación de las lesiones
pulmonares. En consecuencia, la radiografía de tórax puede ser normal aunque
existan BAAR en número suficiente para aparecer en el esputo. Se puede sospechar
TB reactivada cuando tal infección aparece mientras el recuento de linfocitos T
CD4+ es 200/l. Por el contrario, la infección se suele deber a M. avium-intracellulare
si el recuento de células CD4+ es <50. Esta última forma no es contagiosa para
otras personas.
La TB pleural se debe a rotura de una pequeña lesión subpleural, que libera
material caseoso en el espacio pleural. El tipo de líquido más común, el exudado
seroso, se debe a rotura de una lesión muy pequeña de TB primaria y contiene muy
pocos microorganismos. En general no se produce fuga de aire y el derrame puede
ceder de forma espontánea al cabo de pocas semanas. Sin embargo, también puede
progresar hacia la TB pulmonar e incluso producir siembra en otros órganos. El
exudado pleural linfocitario en un individuo joven, incluso con prueba de
tuberculina negativa, es con tanta frecuencia tuberculoso, que constituye una
fuerte indicación para el tratamiento específico aunque no se haya probado el
diagnóstico de tuberculosis. Se necesita un ciclo completo de quimioterapia para
detener la infección en esta fase precoz.
El empiema tuberculoso con o sin fístula broncopleural está causado por una
contaminación más masiva del espacio pleural, debida a rotura de una lesión
tuberculosa grande. Tal rotura permite que el aire escape y colapse el pulmón.
Ambos tipos requieren drenaje inmediato del pus e iniciación del tratamiento con
múltiples fármacos.
La TB se sospecha muchas veces por las radiografías de tórax hechas para valorar
síntomas inespecíficos o como parte del estudio de un cuadro inexplicado o de
FOD. En los adultos, un infiltrado multinodular por encima o por debajo de la
clavícula (localización más característica) sugiere reactivación de infección TB
antigua. En las infecciones recientes (más comunes en personas jóvenes), el
infiltrado se suele localizar en las regiones media e inferior del pulmón, mejor
ventiladas, y puede acompañarse de un derrame pleural exudativo.
El hallazgo de BAAR en la extensión del esputo constituye una fuerte evidencia
presuntiva de TB, pero el diagnóstico definitivo exige identificación de M.
tuberculosis mediante reacción en cadena de la polimerasa (PCR) o cultivo del
esputo, cuyos resultados pueden tardar en recibirse 3 sem o más. La PCR requiere
mucho menos tiempo. La fibrobroncoscopía tiene utilidad en pacientes que no
expectoran; los lavados bronquiales se deben enviar para extensión y cultivo. El
esputo tomado después de la broncoscopía es especialmente probable que
proporcione resultados positivos. La biopsia transbronquial se debe realizar en
lesiones infiltrativas, y el espécimen se enviará para cultivo, valoración
histológica y PCR. Los lavados gástricos han sido sustituidos en gran parte por
la biopsia y los lavados bronquiales, y sobre todo por el esputo tomado después
de la broncoscopía.
Cuando se sospecha TB pleural se deben realizar toracocentesis y biopsia
pleural, con determinación de proteínas totales, glucosa, recuento y fórmula
leucocitaria y pH del líquido, así como valoración histológica y cultivo. El
diagnóstico se pasa por alto muchas veces debido a los resultados negativos de
los cultivos y la prueba cutánea. Sin embargo, puesto que la probabilidad de
desarrollo posterior de TB activa es de al menos el 50%, resulta imprescindible
el tratamiento antituberculoso. Todos los casos deben ser declarados a los
departamentos de sanidad estatal y local, de forma que se puedan identificar los
contactos y el origen de las infecciones nuevas (5, 3).
Debido a la gran prevalencia de la tuberculosis y en ocasiones lo difícil de
llegar al diagnóstico de certeza decidimos presentar este paciente cuya
confirmación se realizó posterior a un año de seguimiento a pesar de los
estudios realizados.
DESARROLLO
CASO CLÍNICO:
Paciente de 50 años de edad, con antecedentes de espondilitis anquilosante de
más de 30 años, fumador hasta hace 3 años de 1 caja diaria, negaba síntomas
respiratorios previos al ingreso.
Su primer ingreso en julio del 2005 fue por fiebre elevada de hasta 39 grados
centígrados vespertina, con escalofríos, asociada a tos con expectoración
purulenta y síntomas generales, se interpreta por la clínica y la radiografía de
tórax como una neumonía e inicia tratamiento con penicilina cristalina y
sulfaprim endovenoso por 15 días con mejoría tanto clínica como radiológica.
Durante el ingreso se le realizaron esputos BAAR directo y cultivo y
bacteriológicos que fueron negativos.
Evolutivamente en la casa se mantiene asintomático durante quince días, que
reaparece la fiebre y los síntomas respiratorios, ahora la expectoración era
hemoptoica y aparecen sudoraciones nocturnas.
Se ingresa nuevamente y se mantiene sin tratamiento antibiótico, solo recogiendo
esputos, en este ingreso se interviene quirúrgicamente por oclusión intestinal
por bridas, egresándose al mes, mejorado, sin fiebre y con disminución de la
expectoración.
En diciembre del 2005 se discute en el Hospital Jurídico en la comisión de
tuberculosis y se concluye como un proceso inflamatorio crónico supurativo,
posiblemente bronquiectasias infectadas sobre una tuberculosis previa
sospechada. Se sugiere tratamiento con claforán que realiza durante 14 días. La
fiebre desaparece a los 2 días de iniciado el tratamiento y reaparece una semana
después de determinado. Se reciben 3 esputos positivos a Pseudomonas y se inicia
tratamiento con azitromicina, ceftazidima y amikacina durante 30 días.
Se egresa en febrero del 2006, afebril, sin síntomas respiratorios, esputos
negativos y con mejoría radiológica pero mantenía la anemia y la
eritrosedimentación acelerada. Un mes después reaparecen los síntomas
respiratorios, la fiebre vespertina y esputos nuevamente positivos al mismo
germen. Se ingresa y comienza tratamiento con ceftazidima y ciprofloxacino
durante 6 semanas. Se egresa nuevamente asintomático y con esputos negativos.
Su último ingreso fue en octubre del 2006 por los mismos síntomas, en los meses
previos se mantuvo con febrícula vespertina, tos con expectoración matinal
blanquecina, pero manteniendo buen estado general, buen apetito y sin variación
en el peso corporal. En este ingreso se recibe un esputo positivo a
acinetobacter calcoaceticus realizando tratamiento con gentamicina a la dosis de
3 mg/kg/día por 15 días, con negativización de estos.
Evolutivamente a pesar de mantener buen estado general comienza a disminuir
ligeramente el apetito y aparece en diciembre aumento de volumen del abdomen
constatándose ascitis y se inicia tratamiento con furosemida y espironolactona,
logrando la disminución de esta. Se realiza estudios y se constatan pruebas de
función hepática alteradas así como un hígado granular fino por ultrasonido así
como antígeno de superficie positivo.
A finales de diciembre del 2006 se reciben tres esputos BAAR directo
codificación 3 y se decide trasladar para el Hospital Jurídico ya que se trataba
de una tuberculosis pulmonar en un paciente con cirrosis hepática se ingresa y
comienza tratamiento con isoniacida, etambutol, kanamicina y piracinamida.
Evolutivamente mejoría inicial del estado general y del apetito pero a los 15
días comienza con disminución progresiva de la audición hasta constatarse
sordera bilateral así como aparecen edemas en miembros inferiores y la cara con
disminución progresiva de la diuresis y elevación de los azoados, decidiéndose
retirar la kanamicina, e iniciar tratamiento diurético los días siguientes
estuvieron caracterizados por toma progresiva de la conciencia y empeoramiento
de la función renal sin mejoría con tratamiento dialítico hasta que fallece a
los 35 días de estadía en ese Hospital en insuficiencia renal.
Anamnesis remota
· Espondilitis anquilosante diagnosticada en el año 1985.
· Operado de ulcera gástrica en curvatura menor perforada con peritonitis
asociada en el año 2003.
· Neumonía sin precisar localización en el año 2003, con mejoría con tratamiento
antibiótico en aproximadamente 7 días.
· Fumador de una caja cada 5 o 6 días durante 20 años, exfumador de 3 años.
· Trabajador de prisiones durante 20 años, trabajo de oficina, desmovilizado del
MININT hace 13 años, que se dedica a la agricultura.
Examen físico positivo
· Inclinación de la cabeza hacia delante con aumento de la distancia entre el
occipucio y la pared.
· Acentuación de la cifosis dorsal.
· Rectificación de la lordosis lumbar.
· Imposibilidad para realizar los movimientos del cuello.
· Disminución de los movimientos de la columna lumbar.
· Dedos hipocráticos.
· Disminución de la expansibilidad torácica.
· Aumento del diámetro anteroposterior del tórax.
· Murmullo vesicular disminuido en hemitórax derecho.
· Subcrepitantes en región axilar, posteroinferior y anteroinferior del
hemitórax derecho.
· Latido de la punta en el 4to espacio intercostal derecho línea media
clavicular.
Complementarios positivos
· Hemoglobina: 7-10g/l.
· Eritosedimentación: 108-120mm.
· Colesterol: 1.46 -2.04 mmol/l
· Triglicéridos: 0.46 -0.61 mmol/l
· TGP: 48-67 U/l
· TGO: 61-107 U/l
· Fosfatasa alcalina: 468-675 U/l
· Ganma glutamil transpectidasa: 180-220 U/l
· Ecocardiograma: cavidades cardiacas dentro de límites normales, contractilidad
global y segmentaria conservada, aparato valvular normal, no hipertrofia
ventricular izquierda, no masas, no derrames. Solo es posible explorar el
corazón del lado derecho.
· Esputos BAAR directo y cultivo desde el primer ingreso todos negativos.
· Esputo bacteriológico: acinetobacter calcoaceticus en 3 esputos en octubre del
2006.
· Broncoscopía: secreciones mucopurulentas que tapizan el árbol bronquial.
Presencia de invaginaciones de la mucosa con los cartílagos dando la impresión
de bronquiectasias en rosario especialmente en bronquios segmentarios.
Conclusiones: supuración pulmonar crónica. Bronquiectasia posinfección.
Fibrotórax izquierdo.
· Lavado bronquial BAAR directo y cultivo y bacteriológico negativos.
· Radiografía de tórax: corazón hacia el lado derecho. Fibrosis que atrae la
traquea a la derecha deformándola en bayoneta y los hilios hacia arriba (hilios
en muleta) con predominio de la toma del lóbulo superior derecho. En el estudio
último la opacidad de ese lóbulo es mas heterogénea y tiene mas cavitaciones e
incluso con niveles hidroaéreos.
· Tomografía computarizada de tórax: imágenes cavitadas con tractos fibrosos,
bulas en el campo pulmonar derecho a predominio del lóbulo superior.
En general la imagen tiene especto de fibrosis pulmonar por posible tuberculosis
antigua. Fibrosis apical izquierda.
· Prueba de Mantoux: anergia.
· Electrocardiograma: normal.
· HLA B27: positivo.
· Antígeno de superficie: positivo.
· Creatinina: 68-1579 micromol/l.
· Ácido úrico: 217- 765 micromol/.
· Urea: 3.5-57.4micromol/l.
· Ultrasonido abdominal inicial negativo, posteriormente aparece hígado de
pequeño tamaño con ecoestructura granular fina, ascitis moderada, ambos riñones
con aumento se su ecogenicidad con buena relación córtico medular.
· Biopsia hepática: cirrosis hepática.
DISCUSIÓN DIAGNÓSTICA:
Ante este paciente sindrómicamente planteamos: síndrome febril prolongado,
específicamente una fiebre recurrente e intermitente y un síndrome obstructivo
bronquial de 15 meses de evolución sin síntomas generales asociados y con el
antecedente de padecer de espondilitis anquilosante. Antes de analizar la
posible etiología nos hicimos las siguientes interrogantes:
1. ¿Tiene un Síndrome de Kartagener?: esta entidad pertenece a las discinesias
ciliar primarias y se caracteriza por sinusitis o poliposis nasal,
bronquiectasia, situs inversus y varones infecundos, estas características no
las reúne nuestro paciente.
2. ¿Tiene una dextrocardia, tiene un situs inversus? Este paciente tiene
vísceras en posición normal tanto por ultrasonido como por lo recogido en los
informes operatorios de las intervenciones quirúrgicas realizadas, además, el
patrón del electrocardiograma es normal, por tanto, teniendo en cuenta que la
dextrocardia tiene dos variedades: congénita o adquirida, pensamos que en
nuestro paciente la posición del corazón es el resultado de afecciones
pleuropulmonares que traccionan el mediastino y la masa cardiovascular a la
derecha, es decir, la posición actual del corazón es secundario al proceso
respiratorio.
3. ¿Tiene una espondilitis anquilosante? Tiene un HLA B27 positivo, además el
biotipo confirma este diagnóstico, aun sin tener las radiografías.
La espondilitis es un reumatismo inflamatorio crónico que afecta de forma
predominantemente el esqueleto axial, pelvis, columna vertebral, tórax y en
especial a las articulaciones sacroilíacas. También puede afectar las
articulaciones periféricas y desarrollar manifestaciones extraarticulares, entre
ellas en pulmón.
La afección y posterior fusión de las articulaciones costovertebrales comporta
una reducción de los movimientos de la caja torácica y alteraciones
ventilatorias restrictivas. En enfermos de larga fecha puede producir una
fibrosis pulmonar apical con formación de bulas y cavidades que se pueden
confundir con la tuberculosis o sobreinfectarse por Aspergillus. Teniendo en
cuenta esto nos hacemos la cuarta pregunta:
4. ¿Son las lesiones pulmonares que presenta nuestro paciente secundario a una
tuberculosis previa o secundaria a la espondilitis anquilosante o coinciden
ambas cosas? Para responder esta pregunta vamos a partir de que el diagnóstico
de la espondilitis esta bien establecido, aunque no tiene antecedentes
patológicos personales ni familiares de tuberculosis pulmonar, este paciente fue
trabajador de prisiones por más de 20 años. No obstante lo importante es que con
los datos que tenemos podemos decir que tiene lesiones fibróticas en vértices a
predominio derecho, tiene tos con expectoración purulenta y hemoptoica así como
fiebre prolongada recurrente, por tanto, podemos plantear que tiene
bronquiectasias. Estas pueden ser no infecciosas donde encontramos el síndrome
de Kartagener y las infecciosas que son la causa más frecuente, siendo producida
por germenes como Staphilococus aureus, Klebsiella pneumoniae, Haemophilus
influenzae, Micobacterium tuberculoso, Adenovirus, Virus de la influenza, entre
otros.
5. ¿ Que gérmenes están causando los síntomas que tiene:
a) la Pseudomona es un bacilo aerobio gram negativo que la infección raramente
ocurre en personas normales, de un 5 – 10% de las personas lo portan en el
tractus respiratorio y en el gastrointestinal lo cual aumenta en pacientes
hospitalizados, parece ser endémica del ambiente hospitalario. Teniendo en
cuenta estas afirmaciones y que la pseudomona en nuestro paciente se aísla
posterior al tratamiento quirúrgico, pensamos por tanto, que esta no es la causa
de la infección.
b) El Acinetobacter es un diplococo gram negativo de escasa virulencia pero de
elevada prevalencia en la piel de las personas normales, son oportunistas y
tienden a invadir el torrente sanguíneo en los pacientes con catéter endovenoso,
heridas quirúrgicas y quemaduras, por lo general afecta a personas debilitadas.
Por tanto en este paciente el acinetobacter es debido a una colonización en un
paciente inmunodeprimido, pero tampoco es la causa de la fiebre ni de los
síntomas respiratorios.
c) La tuberculosis puede producir bronquiectasia por efecto necrotizante sobre
el parenquima pulmonar y vías respiratorias y de forma indirecta como
consecuencia de la obstrucción de estas últimas por estenosis bronquial o a
compresiones extrínsecas por ganglios linfáticos. En este paciente la
tuberculosis justificaría: la fiebre vespertina, la sudoración, la tos con
expectoración purulenta y hemoptoica, así como las imágenes del vértice pulmonar
de la radiografía de tórax.
d) Por tanto en este paciente podemos concluir:
· No tiene una dextrocardia, sino trastornos en la posición del corazón por
enfermedad respiratoria.
· Tiene una espondilitis anquilosante con toma pulmonar.
· Los síntomas respiratorios y la fiebre son secundarios a infección por
micobacterium tuberculosos y no por acinetobacter ni pseudomona, que son
gérmenes que han colonizado las vías respiratorias en un paciente hospitalizado
y a su vez inmunodeprimido.
Ante este paciente con evidencias por la clínica de posible tuberculosis se
rediscute en le Hospital Jurídico rechazándose nuevamente este diagnóstico por
la gran cantidad de esputos BAAR directos y cultivos negativos, planteándose
como primera posibilidad una infección polimicrobiana.
Este paciente evolutivamente a pesar de mantener buen estado general, los
estudios de función hepática se fueron elevando principalmente la TGO y la
fosfatasa alcalina lo que decide realizar ultrasonido abdominal que informa
hígado pequeño con tendencia granular fina, se le realiza marcadores virales
positivo de hepatitis B y una biopsia hepática que confirma el diagnóstico de
cirrosis hepática, por tanto es un paciente con un proceso supurativo crónico,
un inmunodeprimido con una infección polimicrobiana, en la cual se mantenía como
primer germen posible el micobacterium tuberculoso, tras múltiples esputos se
constata codificación tres en estos y se inicia tratamiento antibiótico, pero la
evolución fue tórpida con el fallecimiento de este en insuficiencia renal.
La causa de esta puede ser por el tratamiento con aminoglucósidos o la
progresión de la infección tuberculosa.
La TBC es una infección crónica producida fundamentalmente por Mycobacterium
tuberculosis y, en muy raras ocasiones en la actualidad, por M. bovis. Se
contagia casi siempre por inhalación, en pocas ocasiones por ingestión y de
forma excepcional por inoculación cutánea. Desde la puerta de entrada habitual,
que es el pulmón, se extiende de forma directa, por diseminación broncógena, o
el bacilo es transportado por vía linfática o hematógena por todo el organismo,
donde produce lesiones destructivas en el momento de su diseminación o, en
virtud de su capacidad de persistencia intracelular, después de largos períodos
de latencia.
La infección primaria (primoinfección tuberculosa) suele ser asintomática,
aunque en un porcentaje reducido de casos cursa con síntomas clínicos (TBC
primaria). Si bien la primoinfección casi siempre cura, quedan focos distantes
al inicial con bacilos vivos, capaces de producir, meses o años más tarde,
enfermedad tuberculosa (TBC de reactivación del adulto). Aunque en la mayoría de
los individuos la infección primaria no progresa, produce reacciones
inmunológicas en el huésped que modifican la respuesta a infecciones posteriores
o a la reactivación de la infección primaria y permiten identificar al infectado
(prueba de la tuberculina) (4).
La tendencia evolutiva de la TBC de reactivación del adulto es hacia la fibrosis
como forma de limitación y curación de la infección. Las lesiones fibrosas
determinan una serie de modificaciones anatómicas, como reducciones de segmentos
y lóbulos pulmonares con insuflación de otras zonas paralelas y retracciones de
los hilios pulmonares hacia arriba y del mediastino hacia el sitio afecto. Si
las lesiones son generalizadas puede instaurarse una insuficiencia respiratoria
progresiva. En los enfermos afectos de esta forma clínica desaparecen los
síntomas de tipo infeccioso (fiebre, síndrome tóxico), pero puede constituirse
un foco de diseminación importante. Los hallazgos radiológicos son bastante
uniformes; hay signos de fibrosis con imágenes lineales de límites netos, a
veces calcificadas, que se dirigen hacia los hilios, los cuales aparecen
retraídos hacia arriba, con pérdidas de volumen en unas zonas, compensadas por
insuflaciones en otras. Las ulceraciones entre estas lesiones a veces son
evidentes, y en otras, en cambio, son difíciles de descubrir, requiriéndose en
estos casos la proyección en lordosis o la planigrafía.
La prueba de la tuberculina consiste en poner en contacto al individuo en
estudio con un extracto de bacilo tuberculoso (tuberculina), con la finalidad de
detectar su sensibilización a la infección tuberculosa.
A lo largo del tiempo se han empleado numerosas tuberculinas. Actualmente, todas
las que se utilizan son de tipo PPD (derivado proteico purificado), pero
difieren cuantitativa y cualitativamente entre sí. En España se recomienda
emplear la tuberculina PPD RT23 con Tween 80, a dosis de 2 UT por 0,1 mL, que es
la bioequivalente a la dosis recomendada (5 UT) de la tuberculina patrón
internacional, la PPD-S.
La prueba tuberculínica se realiza según la técnica de Mantoux, mediante la
inyección intradérmica en la cara ventral del antebrazo de una cantidad
constante de líquido diluyente (0,1 mL) con la dosis correspondiente de
tuberculina. Si la técnica es correcta, aparecerá en el sitio de la inyección
una pápula que desaparece en pocos minutos.
La sensibilización del individuo se manifiesta por una reacción de inmunidad
celular, que produce una zona de induración en el sitio de la inyección, que ha
de comprobarse a las 48 h. La reacción tuberculínica pretende clasificar los
individuos en infectados o no por M. tuberculosis. En España se consideran
reactores positivos los que presentan induraciones de 5 mm o más. En los
vacunados con BCG, el límite de positividad se ha establecido en 15 mm. Se
consideran signos seguros de infección por el bacilo de Koch la presencia de
vesiculación o necrosis en la zona inflamada o bien que su tamaño supere los 15
mm. En los individuos infectados por el HIV, cualquier grado de induración tiene
valor diagnóstico.
La reacción tuberculínica se utiliza para el diagnóstico de la infección y como
ayuda diagnóstica de enfermedad tuberculosa. Diferentes circunstancias, además
de los defectos técnicos de administración, pueden ser responsables de falsos
negativos: TBC agudas graves, individuos infectados por el HIV, otras
infecciones víricas o bacterianas, vacunación reciente con virus vivos,
pacientes que reciben glucocorticoides y otros fármacos inmunodepresores,
sarcoidosis, neoplasias linfoproliferativas, edades extremas, desnutrición y
otras enfermedades anergizantes.
Si bien la práctica repetida de la reacción de Mantoux no induce sensibilidad, a
veces presenta el grave inconveniente del denominado efecto de empuje (booster
effect), que consiste en lo siguiente. Algunos individuos poseen, desde tiempo
atrás, una sensibilidad tuberculínica causada por la infección (M. tuberculosis
o una micobacteria ambiental) o por una antigua vacunación con BCG. Estos
individuos, que con el transcurso del tiempo tienen disminuida la capacidad de
respuesta a la tuberculina (efecto debilitador, waning effect), pueden tener un
resultado negativo en la prueba de la tuberculina. Una nueva prueba, repetida
después de 7 días de la primera, puede detectar la capacidad de respuesta, que
fue estimulada por la prueba anterior, y el resultado de esta segunda prueba
será positivo. Este fenómeno se ha observado en todas las edades, aunque es más
frecuente a medida que aumenta la edad de los individuos.
Es motivo de importantes distorsiones en el cálculo de la incidencia de la
infección, ya que se puede interpretar como conversores de la reacción
tuberculínica a individuos que no han estado infectados por el bacilo de la TBC.
Cuando se practican reacciones tuberculínicas repetidas que pueden provocar, a
causa del booster effect, un incremento de la reactividad de la prueba, sólo
deben atribuirse a infección por M. tuberculosis las reacciones de 18 mm o más y
que hayan sufrido un incremento mínimo de 12 mm en el diámetro de la induración.
La prueba cutánea con tuberculina, aunque ni mucho menos definitiva, es un
complemento esencial para el diagnóstico. La dosis estándar de 5 U de derivado
proteínico purificado (purified protein derivative o PPD) de tuberculina en 0,1
ml de solución se inyecta por vía intradérmica, de modo habitual en la
superficie volar del antebrazo. Una induración 10 mm indica infección por M.
tuberculosis, pero no indica actividad de tal infección. Los pacientes con mal
estado general pueden mostrar negatividad de la prueba cutánea, a causa de
anticuerpos neutralizantes o debido a que se movilizan tantas células T hacia la
lesión, que quedan demasiado pocas para producir una reacción cutánea
significativa. La prueba también puede ser negativa en pacientes con infección
por VIH, sobre todo si el recuento de células CD4+ es <200/l o existen
manifestaciones de SIDA. Los dispositivos de punción múltiple no se recomiendan
ya para uso general.
Todas las personas expuestas probablemente a la TB (p. ej., las que habitan o
trabajan en un asilo u hospital, los vagabundos y los presos) deben ser
valoradas inicialmente con la prueba de Mantoux en dos pasos. Entre el 3 y el
10% de los individuos sin reacción en la primera prueba presentan reacción
significativa cuando se repite la prueba 1 a 3 sem más tarde (demasiado pronto
para que la conversión se deba a una infección nueva). Esto se conoce como
reacción positiva de refuerzo y tiene aproximadamente el mismo significado que
la positividad de la primera prueba. El no usar la prueba en dos pasos puede
hacer que la reacción positiva de refuerzo detectada un año después se atribuya
erróneamente a conversión, lo que conducirá a la administración innecesaria de
quimioterapia profiláctica.
Los resultados basales de la prueba cutánea son útiles cuando las personas
ingresadas en asilos, previamente negativas, establecen contacto con un caso de
TB contagiosa. El aumento 15 mm del tamaño de la induración, comparada con la
última prueba negativa, proporciona evidencia de infección nueva. Si no existen
indicios clínicos o radiológicos de enfermedad activa, el paciente debe recibir
tratamiento preventivo).
Para el diagnóstico directo de la TBC se sigue el mismo procedimiento que el de
otras infecciones bacterianas: examen directo, cultivo e identificación. Sin
embargo, merecen considerarse algunas particularidades técnicas. Éstas se deben,
por un lado, al elevado contenido lipídico de la pared celular de M.
tuberculosis, que exige tinciones específicas para su visualización y, por otro,
a que el crecimiento de M. tuberculosis es lento (semanas) y cuando se pretende
aislarlo de productos como el esputo o la orina, donde existen bacterias
contaminantes de crecimiento rápido (horas), éstas deben eliminarse para que su
sobrecrecimiento no impida la recuperación de las micobacterias por cultivo.
El examen directo para la visualización de micobacterias en los productos
patológicos se efectúa según la técnica de Ziehl-Neelsen; también pueden
utilizarse colorantes fluorescentes, como la auramina, que facilitan el examen
directo al poder efectuarse con menores aumentos, abarcando mayor superficie de
campo observado y ser, por tanto, suficiente un menor tiempo de observación. La
detección de bacilos ácido-alcohol-resistentes en un examen microscópico sólo
proporciona un dato diagnóstico de presunción, ya que la
ácido-alcohol-resistencia no es específica de M. tuberculosis. La no observación
de bacilos ácido-alcohol-resistentes tampoco descarta el diagnóstico de TBC,
puesto que la sensibilidad de la técnica es limitada. Como la eliminación de M.
tuberculosis, incluso en lesiones exudativas, es discontinua, se recomienda
estudiar un mínimo de 3 muestras seriadas de esputo u orina, recogidas por la
mañana al despertar en días consecutivos.
Hay que señalar, en función de lo indicado anteriormente, que los productos para
cultivo pueden dividirse en dos grupos: a) los que provienen de territorios
estériles, como el LCR o una biopsia (ganglionar, hepática, etc.), que pueden
sembrarse directamente en los medios de cultivo, y b) los que proceden o
atraviesan territorios con flora comensal, como el esputo o la orina, en los que
previamente hay que descontaminar la muestra de esta flora acompañante. La
descontaminación puede llevarse a cabo sometiendo las muestras clínicas a
tratamientos con diferentes sustancias como el hidróxido sódico o el fosfato
trisódico, asociados a fluidificantes (agentes mucolíticos tipo N-acetilcisteína
o similares), que cuando se mezclan durante períodos concretos de tiempo con el
material clínico, destruyen la flora contaminante sin afectar en exceso la
viabilidad de las micobacterias.
Existen, fundamentalmente, dos técnicas de cultivo: una que utiliza medios de
cultivo sólidos adecuados para el desarrollo de las micobacterias, como el
clásico de Löwenstein-Jensen o los semisintéticos con agar tipo 7H10 de
Middlebrook, y otra que emplea medios líquidos, como el 7H12 de Middlebrook, en
frascos cerrados que incorporan una sustancia, generalmente un ácido graso como
el ácido palmítico, marcada con carbono radiactivo (14C). El crecimiento de las
micobacterias se comprueba en este último caso al detectar, mediante un aparato
adecuado, la aparición de CO2 radiactivo en el frasco de cultivo (sistema BACTEC).
Esto se produce en un período de tiempo muy inferior al necesario para
visualizar la aparición de colonias en el medio de Löwenstein. Actualmente
existen comercializados sistemas de cultivo líquido de lectura automatizada de
eficacia similar al BACTEC y no radiométricas.
Disponemos también de técnicas adecuadas (lisis-centrifugación, radiométricas,
etc.) para el aislamiento de micobacterias de la sangre. Estas técnicas son
útiles, sobre todo, en el diagnóstico de formas diseminadas de TBC en pacientes
HIV-positivos.
Superados los problemas técnicos iniciales, se dispone ya en el mercado de
técnicas de amplificación de DNA y RNA que pueden ser utilizadas para el
diagnóstico rápido y seguro de la TBC pulmonar y de otras formas de TBC más
difíciles de diagnosticar por técnicas convencionales.
A pesar de los indudables progresos realizados en este campo, no se dispone aún
de una técnica serológica suficientemente sensible y específica para poder
aplicarla en el diagnóstico clínico de la enfermedad tuberculosa (3-5).
El diagnóstico de la TBC se establece por la identificación del Micobacterium
tuberculosis. Sin embargo los pacientes con evidencia clínico radiológica y
reiteradas baciloscopías negativas constituyen un problema relativamente
frecuente (1,2). Murray y col reportan 1,22 casos con baciloscopía negativa o
TBC extrapulmonar por cada caso de TBC con baciloscopía positiva en países en
desarrollo (1).
Las recomendaciones para el manejo de los frotis negativos de enfermos con TBC
pulmonar (TBCp) todavía se basan en el comportamiento de esta enfermedad en
poblaciones no afectadas por el virus de inmunodeficiencia humana. Los enfermos
de TBCp BAAR (-) inmunocompetentes son menos infectantes y presentan una
mortalidad inferior que los BAAR (+), pero una proporción importante (50-71%)
progresan hacia un empeoramiento clínico radiológico, lo que justifica su
tratamiento (2). En comparación con los enfermos de TBCp avanzada, con
cavitaciones y elevada expulsión de bacilos, los pacientes con baciloscopía
negativa y cultivo positivo tienen generalmente una enfermedad mínima, sin
cavitaciones, son paucibacilares, con una menor tasa de mortalidad y pueden ser
tratados con eficacia con regímenes variados (6,7).
En Cuba se define como enfermos de TBCp BAAR (-) a aquellos con dos exámenes
directos de esputos negativos y un cultivo positivo o dos exámenes directos de
esputos negativos con al menos dos semanas de intervalo acompañados de signos
radiográficos compatibles con TBCp activa y ausencia de respuesta a una semana
de tratamiento con un antibiótico de amplio espectro o pacientes muy enfermos
con dos exámenes directos negativos y signos radiográficos compatibles con TBCp
activa diseminada (8). En el diagnóstico de estos enfermos las investigaciones
bacteriológicas son cruciales y deben tener una calidad óptima. Para que el
laboratorio pueda obtener resultados confiables es necesario, entre otras cosas,
que reciba una buena muestra proveniente del sitio de la lesión que se investiga
(9). De este modo atendiendo a la importancia que los médico generales e
internistas deben prestar a estos aspectos y a la escasez de reportes clínicos
nacionales al respecto, este trabajo tiene como objetivo describir y documentar
la necesidad de completar el diagnóstico bacteriológico de estos enfermos,
llamando la atención para un mejor manejo de las facilidades disponibles,
avanzando hacia la eliminación de la enfermedad.
Este enfermo tuvo un comportamiento microbiológico de una enfermedad mínima
mientras que los hallazgos radiológicos correspondieron a una enfermedad
avanzada. Esto puede explicarse por la coexistencia de la tuberculosis pulmonar
con infección causada por otro germen necrotizante.
El principal problema para definir el diagnóstico, presentado en este caso, fue
el gran número de los resultados negativos de las muestras de esputos y lavado
bronquial, lo que obligó a indicar otros exámenes complementarios.
La causa de esto no la analizamos en nuestro estudio pero la inadecuada recogida
de las muestras puede ser un factor importante, el empleo de la fisioterapia con
drenaje postural, es una medida útil para la adecuada recolección de la muestra.
El análisis de nuestro enfermo en Comisión Técnica Provincial de Tuberculosis,
no considero que se trataba de esta entidad, por tanto no se inicio el
tratamiento, retrospectivamente se trataba de un paciente con TBCp BAAR (-), el
cual requiere tratamiento con drogas tuberculostáticas.
Epidemiológicamente es importante tener presente que la no confirmación del
diagnóstico y la no prescripción de tratamiento específico a los pacientes con
TBp BAAR (-) tiene implicaciones importantes, tanto para los enfermos como para
sus contactos. Los primeros pueden evolucionar hacia la progresión de la
enfermedad, convirtiéndose en un real foco de diseminación de bacilos, y los
segundos pueden ser infectados, convirtiéndose en posibles casos nuevos de esta
enfermedad, alimentando la cadena de transmisión.
Desde un punto de vista individual, la progresión de la enfermedad produce
empeoramiento y extensión de las lesiones tuberculosas, con mayor deterioro del
enfermo. Esto puede conducirlo a lesiones pulmonares residuales permanentes como
supuración pulmonar crónica, pleuritis importante, insuficiencia ventilatoria
crónica e incluso puede conducirlo a la muerte como es el caso que les
presentamos.
CONCLUSIONES
· La tuberculosis pulmonar es una infección curable frecuente y la sospecha
clínica es importante para la toma de decisiones terapéuticas.
· Ante esputos BAAR negativos y alta sospecha clínica no dudar en comenzar
tratamiento tuberculostático.
· La evolución fatal del paciente tuberculoso puede ser debido a la progresión
de la enfermedad infecciosa o a complicaciones del tratamiento.
RECOMENDACIONES
Cuando se tiene la certeza epidemiológica, clínica y radiológica de estar frente
a un paciente con tuberculosis pulmonar activa, se deben recoger las muestras de
esputo que sean necesarias para confirmar el diagnóstico, teniendo siempre en
cuenta la adecuada recogida de las mismas para obtener una muestra de calidad y
si estas son negativas no dudar en iniciar tratamiento tuberculostático.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Murray CL, Styblo K, Rouillon A. “Tuberculosis in developing countries:
burden intervention and cost”. Bull Int Tuberc Lung Dis, 1990; 65(1): 6-24.
2. Colebunders R, Bastion I. “A review of diagnosis and treatment of smear-negative
pulmonary tuberculosis”. Int J Tuberc Lung Dis, 2000; 4(2):97-107.
3. Farreras-Rozman. Medicina Interna. 14ta ed. España: Ed Harcourt; 2000.
4. Roca Goderich. Temas de Medicina Interna. 4ta ed. La Habana; 2002.
5. Mark H, Beers MD, Robert BM. El manual Merk. 10ma ed. España: edición del
centenario; 1999.
6. Rouillon A, Pedriget S, Parrot R. “Transmission of tubercle bacilli: the
effect of chemotherapy”. Tubercle, 1976; 57: 275-99.
7. Smear-negative pulmonary tuberculosis Editorial. Tubercle, 1980; 61: 113-15.
8. Ministerio de Salud Pública. “Programa Nacional de Control de la
Tuberculosis. Manual de Normas y Procedimientos”. Ed Ciencias Médicas. La
Habana, 1999.
9. Porven G, Hoffman M, Bossana de Texidor B, et al. Normas en bacteriología de
la tuberculosis. Rev Arg Tor 1992; 53(1): 37-9.
AUTORES
Dra. Birsy Suárez Rivero.
Especialista de primer grado en medicina interna.
Profesor auxiliar.
Dra. Alujy Suárez Rivero.
Especialista de primer grado en medicina general integral.
Dr. Alain Rosell Suárez.
Estudiante de 6to año de Medicina.
Hospital Militar Central Dr. “Carlos J. Finlay”
Ciudad Habana. Cuba
2008
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Publicación enviada por Dra. Birsy Suarez Rivero y otros autores
Contactar mailto:birsy.suarezrivero@yahoo.es
Código ISPN de la Publicación EkEZAZEFEAxBYfeVeE
Publicado Tuesday 5 de August de 2008
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