|
|
|
Las herejías de la mega ramera apocaliptica, madre de las rameras
Resumen: En este artículo se realiza un breve recuento de las principales herejías introducidas en la adoración de aquellos seudocristianos que invadieron todo el mundo imponiendo a la fuerza un evangelio de terror y de sumisión eclesiástica...
Publicación enviada por Israel Pichardo
RESUMEN
En este artículo se realiza un breve recuento de las principales herejías
introducidas en la adoración de aquellos seudocristianos que invadieron todo el
mundo imponiendo a la fuerza un evangelio de terror y de sumisión eclesiástica,
y que tomaron el nombre del Señor Jesucristo como motivo de masacres, saqueos y
persecuciones tal y como fue profetizado a su debido tiempo.
Estas herejías han perdurado todo el tiempo transcurrido desde mediados del
siglo primero de esta era, y fueron retomadas por las hijas que le nacieron a la
grande ramera apocalíptica, las cuales hicieron algunas reformaciones a su
madre, la iglesia más pervertida de la tierra, pero en esencia siguen siendo
herejías perversas y demoníaca para engañar a nombre del que nunca miente.
Aquí exponemos las principales herejías de aquellos desobedientes que se
separaron de los verdaderos creyentes para unirse a poderes y gobiernos humanos
para no ser perseguidos por causa del tropiezo de la cruz, el cual no se ha
quitado todavía, y se enriquecieron a costa de su maldad, la mentira y el
crimen.
SUMMARY
In this article he/she is carried out a brief recount of the main heresies
introduced in the adoration of those seudocristianos that you/they invaded
everybody imposing to the force a terror gospel and of ecclesiastical submission,
and that they took the Lord Jesus Christ name like reason of massacres, lootings
and persecutions such an and like it was prophesied in due course of time. These
heresies have lasted the whole time lapsed from half-filled of the first century
of this era, and they were recaptured by the daughters that were born to the big
apocalyptic harlot, which made some reformaciones to their mother, the perverted
church in the earth, but in essence they continue being perverse heresies and
demoníaca to deceive to name of which never lies. Here we expose the main
heresies of those disobedient ones that separated the true believers to unite to
powers and human governments for not being pursued by reason of the trip of the
cross, which has not taken off still, and they got rich to coast of their
wickedness, the lie and the crime.
INTRODUCCIÓN
Juan dijo que los anticristos habían salido de nosotros, porque no eran de
nosotros; y efectivamente aquellos que se desviaron desde la mitad del primer
siglo de esta Era, comenzaron a introducir en sus adoraciones doctrinas,
ministerios y herejías que fueron deformando y carcomiendo como gangrena. Estos
obispos comenzaron por unirse al Estado para evitar la persecución, y a
complacer a sus súbditos con el afán de ganar dinero; o sea, buscaron más de la
gloria de los hombres que la gloria de Dios. Hemos descartado en nuestras
indagaciones que desde el mismo principio hubo dos tendencias, una que buscaba
vivir en el continuado ministerio sobrenatural del Espíritu santo de la promesa,
y otros que comenzaron a escribir los dichos del Señor y a agrupar las
diferentes epístolas de los primeros santos en lo que después se llamaron la
Biblia y única regla de su fe.
Estos corrompidos sacerdotes comenzaron a llamarse “papás”, de donde vienen los
“padres” y los “papas”. aunque entre ellos son contados algunos sacerdotes
espirituales, estos no son más que aquellos que al no tener el poder del
espíritu, comenzaron a vivir por la teología bíblica, enemigos de todas las
cosas del Espíritu de Dios, al cual resistían, y le imponían una forma rígida y
preestablecida de adoración, la cual complacía más a las adoraciones paganas,
que a la verdadera adoración. Este camino conllevó a la persecución de aquellos
verdaderos santos que protestaban contra la corrupción y el formalismo
eclesiástico, ahora con poder gubernamental, como se mantienen hasta hoy.
Estos creyentes pervertidos que devoraron todas las buenas costumbres
transmitidas por el Señor y sus apóstoles comenzaron a incluir entre sus credos
todas las herejías paganas con el fin de ganar adeptos de toda clase, por eso el
nombre de “universales”. En los siglos XIV al XVII, hubo entre ellos una
seudoreforma, donde les nacieron, las hijas de la grande ramera, los cuales,
aunque realizaron cambios sustanciales en su forma corrupta de adoración,
adoptaron todas estas herejías como credo. Este proceso, no es más que la
consumación de las profecías que se hicieron desde el principio sobre la “mega
ramera apocalíptica” madre de todas las “rameras del mundo”. De ahí la
importancia del resumen que se hace en este artículo sobre las principales
herejías que hoy subsisten en las iglesias que invaden todo el mundo engañando y
siendo engañada por el infierno mismo.
DESARROLLO
¿LA CELEBRACIÓN DEL 24 DE DICIEMBRE FUE HEREDADO DEL CRISTIANISMO PRIMITIVO?
La revista mexicana Quo ( ) publicó un interesante artículo sobre este tema
donde dice al respecto: “Santa Claus”...El origen de esta figura tiene una
historia bastante siniestra....La fiesta de Cronos, divinidad de los griegos que
dominó el mundo castrando a su padre y devorando a los hijos que tenía con su
hermana Rea, se celebraba el 24 de diciembre con un intercabio de regalos. El
día 25 se festejaba, también dando regalos a los niños, el nacimiento se Sinter
Klaus, nombre que los holandeses daban al dios vikingo Thor ( ), una deidad que
vivía en el lejano Norte y viajaba en un carro tirados por dos cabras. Ambos
ritos los fucionó la iglesia cristiana (para nosotros la iglesia anticristiana),
que tomó el nombre de Sinter Klaus por su parecido con Nicolas de Bari, un
generoso monje del siglo IV. Sinter Claus derivó en Santa Claus, en 1931,
Coca-Cola lo convirtió en un simpático viejito que vestía con los colores del
refresco. ( vea más delante, Navidad, Fiestas paganas, Domingo, Noche de Reyes)
PURGATORIO
En la teología seudocristiana, es el estado de expiación, en el que, según la
Iglesia católica y las orientales, las almas, después de la muerte, o se
purifican de sus pecados veniales o sufren el castigo temporal que, una vez
redimida la culpa del pecado mortal, debe sufrir todavía el pecador por sus
actos. Se supone que así se asegura la felicidad última de las almas. Las
iglesias orientales ortodoxas, y la católica y distintas iglesias nacionales
protestantes coinciden en la idea de la existencia del purgatorio; coinciden
también en que se trata de un estado de sufrimiento. Aunque las iglesias
occidentales sostienen que éste se provoca mediante la hoguera, las iglesias
orientales no determina la forma de sufrimiento sino que lo consideran como
consecuencia de diversas aflicciones.
El concilio de Florencia (en 1439) dejó en suspenso el debate y la resolución de
este asunto. La doctrina y la práctica medievales con respecto al purgatorio
asentaron las bases para la protesta de los waldenses y fueron rechazadas por
los reformistas. Los protestantes afirmaban que esta redención había sido
alcanzada por Cristo para la especie humana y sólo se obtenía mediante la fe. La
Iglesia anglicana sostiene la creencia en un estado intermedio y en un periodo
de educación y prueba tras la muerte. El líder religioso británico John Henry
Newman se inspiró en la teología del purgatorio para escribir su poema 'El sueño
de Gerontio', que sirvió de inspiración al músico inglés Edward Elgar para
componer el oratorio del mismo título.
HALLOWEEN
Nombre anglosajón aplicado a la celebración de la noche del 31 de octubre que
precede a la fiesta seudocristiana del Día de Todos los Santos. Se cree que las
prácticas relacionadas con Halloween se originaron entre los antiguos druidas,
que creían que esa noche Saman, el señor de la muerte, provocaba a las huestes
de los espíritus malignos. Los druidas encendían grandes hogueras con el
propósito de rechazarlos a todos.
Entre los antiguos celtas, Halloween era la última noche del año y se
consideraba como un momento propicio para examinar los presagios del futuro. Los
celtas también creían que los espíritus de la muerte regresaban a sus moradas
terrenales durante esa noche. Los romanos, tras conquistar Gran Bretaña,
añadieron a Halloween elementos de la fiesta de la cosecha celebrada el 1 de
noviembre en honor a Pomona, diosa de los frutos. La tradición druida de
encender hogueras en Halloween sobrevivió hasta épocas modernas en Escocia y
Gales, y la presencia de fantasmas y brujas sigue siendo común en todas las
celebraciones de Halloween. Sobreviven vestigios de la fiesta de la cosecha en
la costumbre, habitual en Estados Unidos y Gran Bretaña, de jugar con algunas
frutas. De origen similar es la utilización de calabazas huecas esculpidas para
representar rostros grotescos y que se iluminan colocando una vela en su
interior.
En la actualidad, la fiesta de Halloween, que se ha extendido a numerosos países
ajenos a las costumbres anglosajonas, consiste en disfrazarse de ‘espíritu
maligno’ y salir a las calles o a una fiesta particular. Los niños, que son los
que más la disfrutan, se disfrazan y salen a pedir dulces y frutas a los
vecinos; si éstos se niegan a darles golosinas, los niños les harán alguna
travesura, generalmente muy inocente. Véase Máscara.
VENERACIÓN DE LOS SANTOS
Nombre que utiliza el Nuevo Testamento (Col. 1,2) para referirse a los miembros
de la comunidad cristiana, pero restringido en el uso eclesiástico, desde la
antigüedad, para designar a aquellos que han sido virtuosos hasta un grado
heroico. Los santos están jerarquizados, según la tradición seudocristiana, en
varias categorías: apóstoles y evangelistas, mártires, confesores
(originariamente, aquellos que han sufrido prisión o dolor sin la coronación
final del martirio y, tiempo después, santos masculinos cuyas virtudes eran
sobresalientes), doctores (santos destinados al aprendizaje sagrado), vírgenes,
matronas y viudas. Hacia el siglo IV d.C., se difundió con intensidad la
práctica de venerar a los santos.
Durante la edad media, sin embargo, dicha práctica estuvo rodeada de gran
superstición. Incluso antes de la Reforma, los bogomilos y los valdenses se
opusieron a la veneración de los santos; en la época de la Reforma, la práctica
era en general rechazada como infundada según las escrituras.
El Concilio de Trento (1545-1563) afirmó que invocar a los santos es algo útil
por los beneficios que se pueden obtener de Dios a través de su intercesión. La
creencia y la práctica de la Iglesia ortodoxa es la misma en sustancia que la
católica. Se han perdido casi todos los vestigios, salvo los nombres de muchos
de los miembros del santoral. La lista más completa se encuentra en la tabla
general del Tomo 61 de la colosal Acta Sanctorum de los bolandistas, que
menciona cerca de 20.000 santos.
El catálogo que ostenta la autoridad eclesiástica más elevada es el
Martyrologium Romanum. El martirologio menciona hasta 2.700 santos, entre los
que se incluye a unos veinte del Antiguo Testamento, ordenados según su día de
celebración. Muchos eran honrados cada año con un día festivo especial; en
cierta época, sus días festivos llenaban cerca de dos terceras partes del
calendario litúrgico católico, aunque algunos santos habían terminado siendo
poco más que un nombre.
En 1964, el Concilio Vaticano II concluyó que sólo los santos “de verdadero
significado universal deberían extenderse a la Iglesia universal” y que los
demás “deberían dejarse para ser celebrados por una Iglesia particular, nación o
comunidad religiosa”. Asimismo, en 1969, el papa Pablo VI aprobó una
reclasificación del calendario litúrgico para adecuarse a los deseos del
concilio. En el calendario revisado, que comenzó a ser efectivo el 1 de enero de
1970, sólo se mantenían 58 festividades de santos regulares, u obligatorias, así
como 92 opcionales, además de las de Cristo, la Virgen María, san José y los
apóstoles.
En el arte seudocristiano, se suele representar a los santos, así como a Cristo,
envueltos en un halo (también conocido como nimbo, aureola o gloria), un aro o
aura radiante que rodea la cabeza o toda la figura, a veces acompañados de
emblemas simbólicos que permiten identificarlos fácilmente. A un mártir que
fuera de especial interés en un determinado lugar, se le nombraba patrón, ya en
época tan temprana como el siglo IV. Los oficios y las profesiones tenían sus
patronos, y para la curación de cada enfermedad se invocaba a un determinado
santo. Entre los patronos más conocidos se encuentran san Andrés (de Escocia),
san Dionisio (de Francia), san Patricio (de Irlanda), san Jorge (de Inglaterra),
san Nicolás (de Rusia), Santiago el Mayor (de España) y Esteban I el Santo (de
Hungría), entre otros muchos. El término hagiografía designa la rama de la
literatura que trata las vidas y los hechos de los santos.
Día de Todos los Santos, fiesta cristiana que se celebra el 1 de noviembre en
las iglesias católica y anglicana para honrar a todos sus santos, es decir, a
todas las almas de las personas justas que al morir fueron a gozar de la
presencia de Dios en el cielo. Se estableció como fiesta eclesiástica a
principios del siglo VII, cuando el Panteón de Roma fue consagrado como la
Iglesia de la Santísima Virgen y Todos los Mártires. El papa Gregorio IV (muerto
el año 844) dio la autorización oficial en el año 835. Seguramente se eligió el
1 de noviembre porque coincidía con una de las cuatro grandes fiestas de los
pueblos germanos, y la política de la Iglesia era sustituir los ritos paganos
por los cristianos.
DÍA DE LOS DIFUNTOS
En la Iglesia católica, conmemoración que se celebra el 2 de noviembre, cuyo
objeto es interceder ante Dios con oraciones, sacrificios y limosnas por las
almas del purgatorio para que abandonen esta morada y vayan al cielo. Instituido
por primera vez en los monasterios cluniacenses en el año 998, la observancia se
generalizó muy pronto. Entre los campesinos europeos, el Día de Difuntos permite
recuperar muchas costumbres populares precristianas. Asimismo, entre algunos
pueblos latinoamericanos en el Día de los Muertos se realizan numerosas
ofrendas, especialmente de comida, bebidas y flores para complacer a los
familiares difuntos y obsequiarlos con provisiones para su largo camino por el
inframundo (cielos e infiernos), según las creencias de las religiones
prehispánicas. A los sacerdotes católicos se les permite decir tres misas de
difuntos ese día.
NAVIDAD
Celebración anual en la que se conmemora el nacimiento de Jesucristo en Belén
según los evangelios de san Mateo y san Lucas. Después de la Pascua de
Resurrección es la fiesta más importante del año eclesiástico cristiano. Como
los evangelios no mencionan fechas, no es seguro que Jesús naciera ese día. De
hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando
por influencia de san Juan Crisóstomo y san Gregorio de Nacianceno se proclamó
el 25 de diciembre como fecha de la Natividad de Jesús. De esta manera seguía la
política de la iglesia primitiva de absorber en lugar de reprimir los ritos
paganos existentes, que desde los primeros tiempos habían celebrado el solsticio
de invierno y la llegada de la primavera.
La fiesta pagana más estrechamente asociada con la nueva Navidad era el Saturnal
romano, del 17 al 23 de diciembre, en honor de Saturno, dios de la agricultura,
que se celebraba durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes. Al
mismo tiempo, se celebraba en el norte de Europa una fiesta de invierno similar,
conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y
cintas en honor de los dioses para conseguir que el sol brillara con más fuerza.
Una vez incorporados estos elementos, la Iglesia añadió posteriormente en la
edad media el nacimiento y los villancicos a sus costumbres. En esta época, los
banquetes eran el punto culminante de las celebraciones. Todo esto tuvo un
abrupto final en Gran Bretaña cuando, en 1552, los puritanos prohibieron la
Navidad. Aunque la Navidad volvió a Inglaterra en 1660 con Carlos II, los
rituales desaparecieron hasta la época victoriana. La Navidad, tal como la
conocemos hoy, es una creación del siglo XIX.
El árbol de navidad, originario de zonas germanas, se extendió por otras áreas
de Europa y América. Los villancicos fueron recuperados y se compusieron muchos
nuevos (la costumbre de cantar villancicos, aunque de antiguos orígenes, procede
fundamentalmente del siglo XIX). Las tarjetas de navidad no empezaron a
utilizarse hasta la década de 1870, aunque la primera de ellas se imprimió en
Londres en 1846.
La familiar imagen de Santa Claus, con el trineo, los renos y las bolsas con
juguetes, es una invención estadounidense de estos años, aunque la leyenda de
Papá Noel sea antigua y compleja, y proceda en parte de san Nicolás y una jovial
figura medieval, el espíritu de navidad. En Rusia lleva tradicionalmente un
cochinillo rosa bajo el brazo.
Actualmente, la Navidad es una fiesta más profana que religiosa. Es tiempo de
gran actividad comercial e intercambio de regalos, reuniones y comidas
familiares. En Occidente se celebra la Misa del gallo en iglesias y catedrales.
En los países de América Latina, de arraigada tradición católica, se celebra
especialmente la Nochebuena (24 de diciembre) con una cena familiar para la que
se elaboran una diversidad de platos, postres y bebidas tradicionales.
También se acostumbra asistir a la Misa del gallo y celebrar con cohetes y
fuegos artificiales. En México, la Nochebuena constituye la culminación de una
celebración que dura nueve días a la que se llama “las posadas”. Éstas empiezan
el 16 de diciembre y conmemoran el viaje de María y José en su búsqueda de
alojamiento antes del nacimiento de Jesús. El número nueve también alude a los
nueve meses de embarazo de María. Parte esencial de la fiesta es pedir posada
mediante unos cantos en los que unos asistentes solicitan el favor de ser
recibidos y otros responden, primero negándose, y al final concediéndolo, con lo
que todos estallan en júbilo por el feliz final de la travesía de los
peregrinos. Otro elemento fundamental es la piñata que, junto con el canto de la
letanía, los juegos tradicionales, los dulces y las bebidas propias de la época
aglutinan las enseñanzas introducidas por los evangelizadores en la Nueva España
en la segunda mitad del siglo XVI. El origen de las posadas parece hallarse en
el convento de San Agustín de Acolman, en donde los monjes agustinos
aprovechaban la coincidencia de las fechas cristianas y las de los ritos de los
aztecas, quienes festejaban el nacimiento de su máxima deidad, el dios
Huitzilopochtli.
EL CALENDARIO GREGORIANO
El año juliano era 11 minutos y 14 segundos más largo que el año solar. Esta
diferencia se acumuló hasta que hacia 1582 el equinoccio de primavera (véase
Eclíptica) se produjo 10 días antes y las fiestas de la iglesia no tenían lugar
en las estaciones apropiadas. Para conseguir que el equinoccio de primavera se
produjera hacia el 21 de marzo, como ocurrió en el 325 d.C., año del primer
Concilio de Nicea, el papa Gregorio XIII promulgó un decreto eliminando 10 días
del calendario. Para prevenir nuevos desplazamientos instituyó un CALENDARIO,
conocido como calendario gregoriano, que estipulaba que los años centenarios
divisibles por 400 debían ser años bisiestos y que todos los demás años
centenarios debían ser años normales. Por ejemplo, 1600 fue un año bisiesto,
pero 1700 y 1800 no lo fueron. El calendario gregoriano recibe también el nombre
de cristiano, porque emplea el nacimiento de Cristo como punto de partida. Las
fechas de la era cristiana son designadas a menudo con las abreviaturas d.C.
(después de Cristo) y a.C. (antes de Cristo) El calendario gregoriano se fue
adoptando lentamente en toda Europa.
Hoy está vigente en casi todo el mundo occidental y en partes de Asia. La Unión
Soviética adoptó el calendario gregoriano en 1918, y Grecia lo adoptó en 1923
por motivos administrativos, aunque muchos países de religión cristiana oriental
conservaron el calendario juliano para la celebración de las fiestas de la
iglesia. Aunque el nacimiento de Cristo fue originalmente fijado el 25 de
diciembre del año 1 a.C., los investigadores modernos lo sitúan ahora hacia el
cuarto año de nuestra era. Puesto que el calendario gregoriano todavía supone
meses de distinta duración, haciendo que fechas y días de la semana cambien con
el tiempo, se han hecho numerosas propuestas para un calendario reformado más
práctico. Estas propuestas incluyen un calendario fijo de 13 meses iguales y un
calendario universal de cuatro periodos trimestrales idénticos. Hasta ahora no
se ha adoptado ninguno. Gregorio XIII (1502-1585), papa (1572-1585), que realizó
la reforma del calendario, creando el sistema vigente en la actualidad (el
calendario gregoriano).
Año bisiesto, año de 366 días que excede en un día al año común. El día añadido
se aplica al mes de febrero, que pasa de 28 días a tener 29 en los años
bisiestos. La expresión ‘bisiesto’ procede de bis sexto calendas martias, nombre
que los romanos daban al día 25 de febrero cuando el año era bisiesto, y en el
que se intercalaban seis días antes de las calendas del mes de marzo. Asesorado
por sus astrónomos, Julio César reformó el calendario romano del rey Numa
Pompilio y, debido al retraso que este presentaba respecto al año solar, añadió
cada cuatro años un día más; sin embargo, la reforma juliana producía un error
de un día cada 128 años.
El papa Gregorio XIII, en su reforma conocida como calendario gregoriano,
actualmente en vigor, estableció que el año bisiesto requería que las dos
últimas cifras del número del año fueran divisibles por cuatro, pero que,
además, el año no terminara en dos ceros; en este caso sólo se consideraría
bisiesto si fuera divisible por 400. Algunos ejemplos son: el año 2044 es
bisiesto porque 44 es divisible entre cuatro; el año 2001 no es bisiesto porque
01 no es divisible entre cuatro; el 1900 no es año bisiesto porque termina en
dos ceros y al dividir este número entre 400 no da un número exacto; el 2000 es
año bisiesto porque, aunque termina en dos ceros, sí es divisible entre 400. De
cualquier forma, el calendario gregoriano arrastraría una diferencia respecto al
año solar de más de un día cada 4.000 años, por lo que los años divisibles por
4.000, como el año 4000, 8000 o 12000, que tendrían que ser bisiestos según la
regla descrita anteriormente, no lo son.
CALENDARIOS RELIGIOSOS. Como se ha indicado, el Calendario Gregoriano es
básicamente un calendario cristiano. El calendario oficial de la Iglesia
cristiana es la relación anual de las fiestas, los días de los santos y las
festividades de la Iglesia, con las fechas del calendario civil en las que
tienen lugar. Estas incluyen las fiestas fijas, como Navidad, y las fiestas
móviles, que dependen de la fecha de Pascua. El calendario más importante de la
Iglesia primitiva fue compilado por Furius Dionisius Philocalus hacia el año
354. Después de la Reforma, la Iglesia Luterana alemana conservó el calendario
romano, lo mismo que la Iglesia de Inglaterra y algunas otras Iglesias
anglicanas. Las principales estaciones del calendario eclesiástico observadas
por la mayoría de los cristianos son, por orden, Adviento, Navidad, Epifanía,
Cuaresma, Pascua, Ascensión, Pentecostés y Trinidad. El calendario judío, que
procede del antiguo calendario hebreo, ha permanecido inalterable desde el año
900 aproximadamente. Es el calendario oficial del moderno estado de Israel y es
utilizado por los judíos en todo el mundo como un calendario religioso. El punto
de partida de la cronología hebrea es el año 3761 a.C., la fecha de la creación
del mundo según se describe en el Antiguo Testamento. El calendario judío es
lunisolar, basado en meses lunares de 29 y 30 días alternativamente. Se
intercala un mes extra cada tres años, de acuerdo con un ciclo de 19 años.
EL CALENDARIO ROMANO. El original calendario romano, introducido hacia el siglo
VII a.C., tenía 10 meses con 304 días en un año que comenzaba en marzo. Dos
meses más, enero y febrero, fueron añadidos posteriormente en el siglo VII a.C.,
pero como los meses tenían solamente 29 o 30 días de duración, había que
intercalar un mes extra aproximadamente cada segundo año. Los días del mes eran
designados por el incómodo método de contar hacia atrás a partir de tres fechas:
las calendas, o primeros de mes; los idus, o mediados de mes, que caían el día
13 de ciertos meses y el día 15 de otros; y las nonas, o el noveno día antes de
los idus. El calendario romano se hizo enormemente confuso cuando los
funcionarios que tenían encomendada la adición de días y meses abusaron de su
autoridad para prolongar sus cargos o para adelantar o retrasar elecciones. En
el año 45 a.C. Cayo Julio César, siguiendo el consejo del astrónomo griego
Sosígenes (siglo I a.C.), decidió utilizar un calendario estrictamente solar.
Este calendario, conocido como calendario juliano, fijó el año normal en 365
días, y el año bisiesto, cada cuatro años, en 366 días. El calendario juliano
también estableció el orden de los meses y los días de la semana tal como
figuran en los calendarios actuales. En el 44 a.C. Julio César cambió el nombre
del mes Quintilis a Julius (julio), por él mismo. El mes Sextilis recibió el
nuevo nombre de Augustus (agosto) en honor de Augusto, que sucedió a Julio
César. Algunos expertos mantienen que Augusto estableció la duración de los
meses que utilizamos actualmente.
LOS NOMBRES DE LOS MESES Y DÍAS PARA IDOLATRAR DIVINIDADES PAGANAS
Domingo, séptimo día de la semana civil y primero de la litúrgica. En inglés y
alemán, Sunday y Sonntag, respectivamente; la palabra deriva del latín dies
solis, 'día del sol', nombre de una fiesta romana pagana. En el Nuevo Testamento
(Ap. 1,10) se llama el día del Señor, es decir, Dominica en latín, de donde
deriva el nombre de domingo en las lenguas románicas: en francés dimanche, en
italiano domenica y en rumano duminica. En los orígenes del cristianismo la
festividad del domingo empezó a reemplazar al shabat y a ser respetado en honor
del día de la resurrección de Cristo. El emperador Constantino I lo instituyó
como día de descanso consagrado al culto. A partir del siglo IV la legislación
civil y eclesiástica reguló el trabajo y prescribió el culto, pero en la
actualidad las leyes que limitan los negocios y la diversión de los domingos son
muy permisivas.
Lunes, primer día de la semana civil y segundo de la litúrgica. La palabra
lunes, como lundi en francés y lunedí en italiano, deriva de dies lunae, que
significa 'día de la luna' en latín. Para los anglosajones este día también
estuvo consagrado a la diosa de la luna con el nombre de monandaeg, de donde
deriva Monday, que en alemán es Montag.
Martes, tercer día de la semana litúrgica católica y segundo de la civil. En el
calendario romano, de donde procede su denominación, se llamaba (dies) Martis,
en honor de Marte, dios de la guerra y su planeta. Las lenguas de origen latino
conservan la raíz latina: mardi en francés y martedì en italiano. En inglés,
Tuesday procede de Tiu o Tiw, dios nórdico de la guerra. En danés se denomina
Tirsdag y en sueco Tisdag, mientras que en alemán, Dienstag se refería
originariamente a ‘día de reunión’. En el Talmud, el martes aparece como un día
de suerte porque en el tercer día de la creación Dios consideró que su obra
"estaba bien". Entre los hindúes, sin embargo, el martes es uno de los tres días
aciagos, junto con el sábado y el domingo, en los que no se deben emprender
negocios importantes ni viajes largos. Esa creencia trascendió a Occidente, como
revelan dos expresiones españolas: “dar a uno con la del martes” y “en martes ni
te cases ni te embarques”.
Martes de Carnaval, día anterior al Miércoles de Ceniza en el calendario
cristiano, señala el comienzo de la Cuaresma, que es tradicionalmente un periodo
de ayuno. Cuando la Cuaresma se observaba con más rigor que ahora, los dos o
tres días previos al Miércoles de Ceniza, conocidos como carnestolendas o
Carnaval, se celebraban con juegos, banquetes, bailes y diversiones en general,
con el fin de enfrentarse al periodo de penitencia con el cuerpo resarcido. En
Alemania, el Martes de Carnaval se llama Fastnacht (‘víspera de ayuno’); en
Italia y otros países del sur de Europa se llama carnaval (de carnem levare,
‘quitar la carne’); en Estados Unidos, se utiliza la expresión francesa Mardi
Gras, ‘martes graso’, equivalente en los países de lengua portuguesa a
“Terça-feira gorda”.
Ciertas tradiciones sitúan el comienzo del carnaval en el jueves inmediatamente
anterior, lo que implica que las celebraciones, en estos casos, se extendían
durante seis días. Se trata del Jueves Lardero, adjetivo éste ya en desuso que
significa ‘graso’, y así aparece en el Libro de buen amor de Juan Ruiz, el
arcipreste de Hita. Este autor, por otra parte, ha otorgado cualidad literaria a
la lucha entre don Carnal y doña Cuaresma, con sendos ejércitos. Desde el punto
de vista pictórico, Pieter Brueghel el Viejo también representó ese combate en
1559.
Miércoles, cuarto día de la semana litúrgica católica y tercero de la civil,
llamado así por los romanos en honor del dios Mercurio y su planeta, (dies)
Mercurii. La misma raíz latina se conserva en las lenguas romances como el
español, el francés, mercredi, y el italiano, mercoledì. En alemán se denomina
Mittwoch, que quiere decir 'mitad de la semana'. En inglés, Wednesday significa
'día consagrado a Odín', o Woden, dios principal de la mitología escandindava.
En Suecia y Dinamarca se llama Onsdag, del original escandinavo.
Miércoles de Ceniza, en las iglesias cristianas, primer día del periodo
penitencial de Cuaresma, llamado así por la ceremonia de imponer la ceniza en la
frente de todos los fieles como signo de penitencia. Esta costumbre, introducida
probablemente por el papa Gregorio I, ha sido universal desde el Sínodo de
Benevento (1091). En la Iglesia católica, las cenizas obtenidas después de
quemar las ramas de las palmas del Domingo de Ramos se bendicen el Miércoles de
Ceniza antes de misa. El sacerdote hace una cruz en la frente de los demás
oficiantes y de los fieles con la ceniza, mientras recita sobre cada uno la
fórmula: “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”.
Jueves, quinto día de la semana litúrgica católica y cuarto de la civil. Llamado
así desde que los romanos dedicaran este día al planeta Júpiter, (dies) Jovis,
por Jove o Júpiter, soberano de todos los dioses y del cielo. Las lenguas de
origen latino, como el castellano, conservan esa raíz: jeudi en francés y
giovedì en italiano. La denominación inglesa, Thursday, procede de Thor, dios
nórdico del trueno. En danés y en sueco se denomina Torsdag. En alemán es
Donnerstag, 'día del trueno'.
Jueves Santo, el jueves previo al domingo de Pascua, es celebrado por los
cristianos en conmemoración de la Ultima Cena de Cristo. En la Iglesia católica
y en muchas iglesias protestantes, la eucaristía se celebra en una liturgia
vespertina que incluye la sagrada comunión. La ceremonia de lavar los pies o
pedilavium, se realiza durante la liturgia católica: el celebrante lava los pies
de doce personas para conmemorar el lavado de pies de los discípulos de Cristo.
Viernes, sexto día de la semana litúrgica católica y quinto de la civil. En el
calendario romano se llamaba (dies) Veneris ('día de Venus'), por ser el día
dedicado al planeta que personificaba a la diosa del amor. Como en castellano,
las lenguas románicas conservan esa raíz: vendredi en francés y venerdì en
italiano. Para los pueblos germánicos, era un día consagrado a Frigg o Frija,
consorte de Odín y diosa nórdica también del amor y de la belleza.
Las lenguas germánicas, como el inglés (Friday) y el alemán (Freitag), designan
este día por medio de una variante del alto alemán Friatag ('día de Frija'). Mas
para muchos pueblos eslavos el viernes no es considerado el sexto día de la
semana, como revela el nombre ruso pyatnitza o 'quinto día'. Es fiesta
musulmana, por ser el día elegido por Mahoma en conmemoración del 'sexto día' de
la creación, y para diferenciar su religión de la cristiana y de la judía. En la
religión cristiana el día está consagrado a la memoria de la crucifixión de
Cristo.
El teólogo griego Clemente de Alejandría y otros autores de la antigüedad
indican que desde los primeros tiempos de la cristiandad el viernes era
observado con ayuno y oración. En la Iglesia ortodoxa griega, como era en sus
inicios costumbre en la Iglesia católica, el viernes es un día de abstinencia,
lo que significa que no se puede comer carne, excepto cuando coincide con un día
de fiesta señalado, como la Navidad. Precisamente por ello en España se suele
utilizar la expresión “cara de viernes” para designar a la persona macilenta o
triste. El viernes ha sido considerado desde hace mucho tiempo como un día
aciago. Esta superstición puede ser debida al acontecimiento de la crucifixión
de Cristo en ese día, que se vio reforzada por el hecho de que fue durante
muchos años el día de ejecución de criminales. Habitualmente se le ha llamado
“día del verdugo”.
Viernes Santo, viernes anterior a la Pascua de Resurrección, celebrado por los
cristianos como la conmemoración de la muerte de Jesucristo. Desde los comienzos
de la Iglesia católica, este día se dedicaba a la penitencia, el ayuno y la
oración. La liturgia del Viernes Santo se compone de cuatro partes
diferenciadas: lecturas bíblicas y oraciones solemnes, incluyendo la lectura de
la Pasión según san Juan, la adoración de la cruz, la comunión de los fieles y
las devociones populares. El Viernes Santo era el día de la Parasceve,
preparación de la Pascua, cuando Jesucristo murió en la cruz. Sin embargo, en
1955 el papa Pío XII decretó cambiar su denominación por “Viernes de la Pasión y
Muerte del Señor”. El Viernes Santo, viernes de la Semana Santa, es fiesta
oficial en muchos países cristianos.
Sábado, séptimo día de la semana litúrgica católica y sexto de la civil. En
español, como en italiano (sabato), la palabra se deriva de shabat, que para los
judíos es sagrado, además de ser el único día de la semana que tiene nombre,
pues los demás sólo tienen número. La palabra shabat deriva de la palabra hebrea
que significa ‘descansar’, en referencia a la prohibición de trabajar desde el
atardecer del viernes al del sábado. Durante los primeros tiempos de la
cristiandad el día sagrado fue trasladándose al primer día de la semana, el
domingo, considerado más apropiado por ser el día en que comenzó la creación y
el de la resurrección de Jesucristo. En Suecia el sábado se llama Lördag, o día
del Señor, y en Dinamarca y Noruega, Lørdag. Varias sectas cristianas,
especialmente los adventistas del Séptimo Día, han vuelto a la práctica del
Antiguo Testamento y consideran el sábado como día de culto. Los romanos lo
llamaban (dies) Saturni en honor del planeta dedicado al dios Saturno y los
anglosajones Sater-daeg, que derivó en Saturday.
Enero, primer mes del año en el calendario gregoriano, consta de 31 días. El
nombre procede de Jano, el dios romano de las puertas y los comienzos. Enero era
el undécimo mes del año en el antiguo calendario romano; aunque en el siglo I
a.C., con la reforma de Julio César que estableció el que se conoce como
calendario juliano, pasó a ser considerado como el primer mes. El 1 de enero,
los romanos ofrecían sacrificios a Jano para que bendijera el nuevo año. Su
símbolo era una cabeza de dos caras, mirando al Este y al Oeste, por donde sale
y se pone el Sol.
Febrero, segundo mes del calendario gregoriano. El nombre procede de la palabra
latina Februa, denominación de los festivales de expiación y purificación que se
celebraban en la antigua Roma durante este mes. Originalmente no estaba incluido
en el calendario romano, que comenzaba en marzo. Según parece, el rey Numa
Pompilio (véase Monarquía de Roma) añadió el mes de enero al inicio del año y el
de febrero al final; sin embargo, en el año 452 a.C. fue situado en segundo
lugar en el calendario romano. Febrero tenía originalmente una duración de 29
días, aunque posteriormente se transfirió un día al mes de agosto. Actualmente
tiene 28 días en años ordinarios y se añade un vigésimo noveno día en años
bisiestos. El 14 de febrero, Día de San Valentín, se celebra la fiesta de los
enamorados.
Marzo, tercer mes del actual calendario gregoriano. Para los romanos, que
nombraron este mes en honor de Marte, dios de la guerra, marzo era el primer mes
del año. El calendario gregoriano procede de la reforma que ordenó el papa
Gregorio XIII en 1582; fue aceptado inmediatamente por los países católicos,
pero no por los luteranos, quienes tardaron más tiempo en incorporarlo. Hasta
entonces, marzo fue el primer mes oficial del año y comenzaba el día 25. El
equinoccio de la primavera (véase Eclíptica) tiene lugar el 20 o 21 de este mes.
Abril, cuarto mes del calendario gregoriano, consta de 30 días. Los romanos
dieron a este mes el nombre de Aprilis, derivado de aperire, ‘abrir’,
probablemente porque es la estación en la que empiezan a abrirse las flores. En
la lengua anglosajona era denominado Eostre, de Easter (Pascua). El 23 de abril
se celebra en España el Día del Libro, aniversario de la muerte de Miguel de
Cervantes. Desde hace unos años, dado que ese día también es el aniversario del
nacimiento y la muerte de William Shakespeare —aunque en realidad no
coincidieran ambas fechas pues Inglaterra no había incorporado todavía el
calendario gregoriano—, la Unión Europea decidió también celebrar en esa fecha
el Día del Libro.
Mayo, quinto mes del año; consta de 31 días. Era el tercer mes en el antiguo
calendario romano y tradicionalmente se acepta que debe su nombre a Maia, la
diosa romana de la primavera y los cultivos. Las celebraciones en honor de
Flora, la diosa de las flores, alcanzaban su punto culminante en la antigua Roma
el 1 de mayo. En Europa se levantaban mayos (palos de mayo) en las aldeas
adornados con espinos en flor el 1 de mayo. En muchos países, el 1 de mayo es
una fiesta en honor de los trabajadores y trabajadoras, y es conocido también
como Día del Trabajo (véase también Primero de Mayo). En el hemisferio norte,
mayo es el último mes de la estación de la primavera.
Junio, sexto mes del año en el calendario gregoriano; consta de 30 días. La
etimología del nombre es dudosa. Diferentes autoridades derivan el nombre de la
diosa romana Juno, la diosa del matrimonio, o del nombre de un clan romano,
Junius. Otra teoría localiza el origen del nombre en el latín iuniores (jóvenes)
en oposición a maiores (mayores) para mayo, que son los dos meses dedicados a la
juventud y a la vejez respectivamente. Junio era el cuarto mes en el antiguo
calendario romano. Cuando Julio César estableció la reforma del calendario,
junio tenía 29 días, a los que César añadió un trigésimo. En el hemisferio norte
el 21 de junio termina la primavera y comienza el verano. En el hemisferio sur
termina el otoño y comienza el invierno.
Julio, séptimo mes del año en el calendario moderno; consta de 31 días. Era el
quinto mes del año en el calendario romano primitivo y por eso fue llamado
Quintilis, o quinto mes, por los romanos. Fue el mes en el que nació Julio
César, y en el 44 a.C., año de su asesinato, el mes recibió el nombre de julio
en su honor.
Agosto, octavo mes del año. Dado que era el sexto mes del calendario romano, que
comienza en marzo, fue originalmente llamado Sextilis (en latín, sextus,
'sexto'). Se le dio el nombre actual en honor del primero de los emperadores
romanos, Cayo Julio César Octavio Augusto, por algunos de los más afortunados
acontecimientos de su vida ocurridos durante este mes. Para igualarlo al quinto
mes, cuyo nombre había cambiado de Quintilis a julio en honor de Julio César, se
tomó un día del mes de febrero y se añadió a agosto.
Septiembre, noveno mes del calendario gregoriano. Era el séptimo mes del
calendario romano y toma su nombre de la palabra latina septem, siete.
Septiembre tiene 30 días. En el hemisferio norte, el 22 o 23 de septiembre marca
el equinoccio de otoño, cuando acaba el verano y comienza el otoño; en el
hemisferio sur esta fecha indica el final del invierno y la llegada de la
primavera. Octubre, décimo mes del calendario gregoriano, consta de 31 días.
Octubre era el octavo mes del antiguo calendario romano, tal y como su nombre
indica: octubre, en latín octo, ‘ocho’. Cuando los romanos fijaron el 1 de enero
como el comienzo del año, octubre se convirtió en el décimo mes. Algunas de las
fiestas más sobresalientes de este mes son: la conmemoración del descubrimiento
de América en 1492, fiesta que adopta la denominación de Día de la Hispanidad o
de la Raza, y que se celebra en España y los países hispanoamericanos, y la
fiesta de Halloween, que tiene lugar la noche del 31 de octubre, víspera del Día
de Todos los Santos, y que se celebra en los países anglosajones, aunque cada
vez más en los de habla hispana. Noviembre, undécimo mes del calendario
gregoriano; consta de 30 días. Entre los romanos era el noveno mes (en latín,
novem) de un año compuesto de 10 meses. Noviembre tuvo 29 días hasta que Augusto
le dio 30 días. En Iberoamérica y España se celebran como fiestas religiosas el
Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. En los Estados Unidos se
observa el cuarto jueves el Día de Acción de Gracias como fiesta familiar y
civil. Diciembre, mes último y más festivo en el calendario gregoriano. Tiene 31
días. Diciembre era el décimo mes (en latín, decem, 'diez') en el calendario
romano, pero se conservó el nombre en el actual ajuste. La temporada de Navidad,
que culmina el 25 de diciembre, ha tomado algunas cosas de la naturaleza festiva
de las saturnales, una fiesta romana celebrada en esta época del año en honor
del dios Saturno.
INCLUSIÓN DE OTRAS DIVINIDADES Y HEREJÍAS
La absorción de los dioses nativos de los países vecinos se produjo cuando Roma
conquistó el territorio circundante. Los romanos solían dar a los dioses locales
del territorio conquistado los mismos honores que a los suyos propios. En muchas
ocasiones, se invitaba a las divinidades recién asimiladas a mudar su residencia
a nuevos santuarios en Roma. Además, el crecimiento de la ciudad atrajo a los
extranjeros, a quienes se les permitió continuar el culto de sus propios dioses.
Junto con Cástor y Pólux, gracias a este proceso de asimilación cultural,
parecen haber contribuido al panteón romano Diana, Minerva, Hércules, Venus, y
otras divinidades de menor rango, algunas de las cuales eran romanas y otras
procedían de Grecia. Las diosas y dioses romanos importantes acabaron
identificándose con las diosas y dioses griegos más antropomorfos, cuyos
atributos y mitos también se incorporaron.
FESTIVIDADES RELIGIOSAS. El calendario religioso romano reflejaba la
hospitalidad de Roma ante los cultos y divinidades de los territorios
conquistados. Originalmente eran pocas las festividades religiosas romanas.
Algunas de las más antiguas sobrevivieron hasta finales del imperio pagano,
preservando la memoria de la fertilidad y los ritos propiciatorios de un
primitivo pueblo agrícola. Sin embargo se introdujeron nuevas festividades que
señalaron la naturalización de los nuevos dioses. Llegaron a incorporarse tantas
fiestas que los días festivos eran más numerosos que los de trabajo. Entre las
festividades religiosas romanas más importantes figuraban las saturnales, las
Lupercales, las Equiria y los Juegos Seculares. Bajo el Imperio, las saturnales
se celebraban durante siete días, del 17 al 23 de diciembre, durante el periodo
en el que comienza el solsticio de invierno. Toda la actividad económica se
suspendía, los esclavos quedaban transitoriamente libres, había intercambio de
regalos y predominaba un ambiente de alegría. Las Lupercales era una antigua
fiesta en la que originalmente se honraba a Luperco, un dios pastoril de los
ítalos. La festividad se celebraba el 15 de febrero en la gruta del Lupercal en
el monte Palatino, donde se suponía que una loba había amamantado a los
legendarios fundadores de Roma, los gemelos Rómulo y Remo. Entre las leyendas
romanas vinculadas con ellos se encuentra la de Fáustulo, el pastor que se
suponía que había descubierto a los niños en la guarida de la loba y los había
llevado a su casa, donde los crió su mujer Aca Larentia. Las Equiria, festival
en honor de Marte, se celebraba el 27 de febrero y el 14 de marzo,
tradicionalmente la época del año en la que se preparaban nuevas campañas
militares.
Saturnales, fiestas en honor de Saturno que se celebraban del 17 al 23 de
diciembre en la antigua Roma (véase Imperio romano). Los romanos asociaban a
Saturno con el dios griego Cronos, gobernador del Universo durante la edad de
oro. Durante el reinado de Domiciano las saturnales adquirieron una enorme
importancia. Tenían lugar en el periodo más oscuro del año a la luz de velas y
antorchas, con banquetes y bebidas, loterías y juegos de azar, e intercambio de
regalos. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno, al
pie de la colina del Capitolio, en honor de este dios, celebración a la que
seguía un banquete público abierto a todo el mundo. Durante las saturnales, los
esclavos disfrutaban de gran libertad y eran liberados de sus obligaciones. Sus
amos, que en estos días no contaban con servidumbre, se dedicaban a reunirse con
los amigos para comer y charlar. En el siglo IV, el sabio Ambrosio Teodosio
Macrobio describió estas fiestas en su obra Saturnalia.
Noche de Reyes, duodécima noche después de la Navidad que se celebra el 5 de
enero, víspera de la festividad de la Epifanía, y que conmemora la visita de los
tres Reyes Magos al niño Jesús en Belén. En los países de habla hispana existe
la costumbre de que los Reyes Magos entren en las viviendas durante esa noche
cuando todo el mundo duerme para dejar los regalos; en agradecimiento, se les
obsequia un plato con dulces, agua o vino y, en algunos lugares, paja para
alimentar a los camellos que han cargado desde Oriente con los regalos. En
algunas ciudades y pueblos de España los Reyes Magos son recibidos con gran
boato por las autoridades locales y se organizan cabalgatas y cortejos que
recorren las ciudades entre la algarabía de los niños. Al día siguiente, los
niños se divierten con sus nuevos juguetes y las familias se reúnen para comer
la ‘rosca o roscón de reyes’, que incluye una pequeña sorpresa: el que la
encuentra deberá pagar el roscón u organizar una fiesta. En los países de habla
inglesa es, además, el día en que los adornos navideños se desmontan para
conjurar la mala suerte del año que recién comienza. Antiguamente se celebraban
grandes festejos y para señalar el fin de la Navidad se cocinaba un pastel
especial en el que se escondía una legumbre (un haba, garbanzo o frijol) o una
pequeña moneda de plata; al que le tocaba era nombrado ‘rey judío’ o ‘señor del
desorden’ y debía encargarse de las diversiones de esa noche.
Con los años, las celebraciones empezaron a incluir bailes de máscaras y
representaciones de teatro. Al parecer, para celebrar el año nuevo de 1601, los
abogados londinenses encargaron a William Shakespeare una obra de teatro con el
título de Noche de Reyes; sabemos con certeza que su compañía representó esta
obra ante la reina Isabel I en el palacio de Whitehall y que el invitado de
honor fue el noble italiano, Virginio Orsino, nombre que después Shakespeare
daría al duque que aparece en esta obra. En Italia, la Beffana, una bruja buena,
también ofrece regalos la noche del 5 de enero, costumbre similar a la que
existe en Alemania y otros países.
Día de Año Nuevo, primer día del año, 1 de enero, en el calendario gregoriano.
En la edad media, gran parte de los países europeos utilizaban el calendario
juliano y observaban el Día de Año Nuevo el 25 de marzo, llamado Día de la
Anunciación, y celebrado como el momento en que le fue revelado a María que
daría a luz al Hijo de Dios. Con la introducción del calendario gregoriano en
1582, los países católicos comenzaron a celebrar el Día de Año Nuevo el 1 de
enero. Tradicionalmente, se trataba de una fiesta religiosa, aunque en la
actualidad la llegada del año nuevo es motivo de alegre celebración, lejos de
ceremonias religiosas.
Día de Acción de Gracias, fiesta oficial en Estados Unidos y Canadá, celebrada
por primera vez en Nueva Inglaterra en la época colonial. Su actual origen
probablemente derive de las fiestas de la Cosecha, tradicionales en muchas
partes del mundo. En 1621, después de que los peregrinos puritanos de Plymouth
Rock (actual Massachusetts) recogieran la primera cosecha, el gobernador William
Bradford proclamó un día de acción de gracias y oración, compartido por todos
los colonos y tribus indígenas. Gradualmente se impuso en Nueva Inglaterra la
costumbre de celebrar una vez al año la acción de gracias después de la cosecha.
En 1863 el presidente Abraham Lincoln designó oficial el día de Acción de
Gracias en todo el país. Hoy se celebra el cuarto jueves de noviembre.
Epifanía (en griego, epifaneia, apariencia), festividad celebrada el 6 de enero
por las iglesias anglicanas, orientales y católica. La festividad tiene su
origen, y se reconoce todavía en la Iglesia oriental, en el aniversario del
bautismo de Cristo. En las iglesias occidentales, la Epifanía conmemora
principalmente la revelación de Jesucristo a los gentiles como el Salvador, tal
como se representa mediante la llegada de los Tres Hombres Sabios o Magos (Mat.
2, 1-12) que llevan oro, el regalo otorgado a los reyes, incienso, utilizado
como signo de veneración en el altar de Dios, y mirra, utilizada en la
preparación del cuerpo para su embalsamamiento tras la muerte. En ambas iglesias
la festividad conmemora además las bodas de Caná (Jn. 2,1-11), donde Cristo
realizó su primer milagro. La fiesta de la Epifanía, conocida por haber sido
celebrada antes del año 194 d.C., es más antigua que la de Navidad y siempre ha
sido una fiesta a la que se ha dado gran importancia en el calendario litúrgico
cristiano y en la tradición civil. En la Iglesia oriental, durante la Epifanía,
el agua santa es bendecida, rito que tiene lugar en la Iglesia católica el
sábado santo, víspera de la Pascua.
Cuaresma, periodo de ayuno y penitencia observado según la tradición por los
cristianos como preparación para Pascua. La duración del ayuno cuaresmal,
durante el cual los fieles comen con mesura, fue establecido en el siglo IV y
alcanzaba una duración de cuarenta días. En las iglesias orientales, donde tanto
los sábados como los domingos se consideran días festivos, el periodo de
Cuaresma se sitúa en las ocho semanas anteriores a Pascua; en las iglesias
occidentales, donde sólo el domingo es considerado como un día festivo, el
periodo de la cuarentena empieza el Miércoles de Ceniza y se prolonga, con la
omisión de los domingos, hasta la víspera de Pascua. La observancia del ayuno u
otras formas de autonegación durante la Cuaresma varía en las iglesias
protestantes y anglicanas. Éstas hacen hincapié en la penitencia. La Iglesia
católica ha suavizado en años recientes sus disposiciones acerca del ayuno.
Según una constitución apostólica publicada por el papa Pablo VI en febrero de
1966, el ayuno y la abstinencia durante la Cuaresma son sólo obligatorios el
Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
Carnaval, fiesta popular que precede a la Cuaresma y se celebra en los países de
tradición cristiana. La palabra procede de la expresión latina carnem levare,
‘quitar la carne’, aludiendo a la prohibición de comer carne durante los
cuarenta días cuaresmales. Por lo general, se celebra durante los tres días,
llamados carnestolendas, que preceden al Miércoles de Ceniza, comienzo de la
Cuaresma en el calendario cristiano. El primer día de carnaval difiere de un
país a otro. En Baviera y Austria, donde se le conoce como Fasching, comienza el
6 de enero, día de la Epifanía. En Colonia y otras partes de Alemania, la
temporada empieza 11 minutos después de las 11 de la noche del 11 de noviembre.
En algunos lugares de Francia y España se inicia el domingo de Quincuagésima (el
domingo anterior al Miércoles de Ceniza, principio de la Cuaresma) y termina el
Martes de Carnaval. En Italia y otros países mediterráneos comienza el jueves
anterior, conocido como Jueves Gordo o Lardero, aunque en otros sitios el Jueves
Lardero es el siguiente al Miércoles de Ceniza. Bailes de disfraces, máscaras y
comparsas, desfiles de vistosas carrozas por las calles, así como banquetes
caracterizan normalmente estas fiestas.
El carnaval tiene posiblemente su origen en fiestas paganas, como las del buey
Apis e Isis en Egipto, las fiestas dionisíacas griegas y las bacanales,
lupercales y saturnales romanas o las fiestas celtas del muérdago. Esta fiesta
renació durante la edad media, al tiempo que se afirmaba la dureza cuaresmal
(ayuno y abstinencia). Alcanzó después su máximo valor artístico en Venecia,
presidida por el dux y el Senado, y en los bailes de máscaras (como el de la
Ópera de París a partir de 1715). Ahora tiene su mayor expresión popular y
turística en el Carnaval de Río, Nueva Orleans, Niza y Santa Cruz de Tenerife.
Las máscaras (o el antifaz) son quizá el vestigio de las fiestas de Baco y
Cibeles.
Lares, en la mitología romana, divinidades tutelares de las encrucijadas y de
las regiones campesinas; también, y más habitualmente, dioses del hogar. Se
veneraba a los lares compitales en el compitum, ‘encrucijadas’ donde se reunían
cuatro parcelas de una propiedad. Según algunos modernos investigadores, los
lares familiares, o ‘dioses del hogar’, que se distinguían claramente de los
lares compitales, habrían sido espíritus divinizados de los antepasados muertos,
a quienes se veneraba como espíritus divinos en contraste con los malignos
verdugos, las larvae; de acuerdo con la teoría ampliamente aceptada, los lares
del hogar eran también originalmente espíritus de los campos cultivados y sólo
más tarde se les atribuyeron funciones domésticas. El lar familiaris, ‘espíritu
guardián del hogar’, era el centro del culto familiar, y los escritores romanos
solían emplear la palabra lar con el significado de ‘hogar’. Durante el periodo
de la República Romana cada hogar tenía sólo un lar familiaris, pero bajo el
Imperio Romano se veneraban regularmente dos lares, que llegaron a identificarse
con los penates. La religión oficial del Estado incluía el culto de los ‘lares
públicos’ o lares praestites, guardianes de la ciudad, que tenían un templo y un
altar en la vía Sacra, cerca del monte Palatino.
Celibato, estado del soltero que conlleva la abstinencia de actividad sexual.
Considerado como forma de ascetismo, ha sido practicado en muchas tradiciones
religiosas: en el antiguo judaísmo, por los esenios, y en el budismo, el
jainismo y el hinduismo por los miembros de grupos monásticos. En el
cristianismo, el celibato ha sido practicado por monjes y monjas tanto en las
Iglesias occidentales como en las orientales. En la Iglesia ortodoxa, se permite
al clero parroquial casarse antes de la ordenación, pero los obispos son
seleccionados entre el clero célibe. En la Iglesia católica, se exige el
celibato para todo el clero en el rito latino.
La Iglesia sostiene que esta práctica es sancionada, aunque no exigida, por el
Nuevo Testamento, basando su afirmación en lo que asegura haber sido la
tradición constante de la Iglesia y sobre todo en varios textos bíblicos (1 Cor.
7, 6-7, 25; Mt. 19,12). Los principios sobre los que se fundamenta la ley del
celibato son 1) que el clero puede servir a Dios con más libertad y con un
corazón íntegro; 2) que siendo llamados para servir a Jesucristo, pueden abrazar
la vida santa a partir del autodominio. Esta doctrina no implica que el
matrimonio no sea un estado de santidad, sino tan sólo que el celibato es un
estado de mayor perfección. El celibato, sin tener relación doctrinal con la
Iglesia católica, es considerado como una simple ley disciplinaria. La dispensa
de la obligación del celibato ha sido otorgada al clero , de modo ocasional,
bajo circunstancias excepcionales, por ejemplo, para proveer de un heredero a
una familia noble en peligro de extinción.
DOCTRINA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN (Mariolatría)
En la edad media, los frailes franciscanos, inspirados por el teólogo del siglo
XIII Juan Duns Escoto, defendieron y predicaron la doctrina de la Inmaculada
Concepción, que afirma que la Virgen María nació sin pecado original. A pesar de
la oposición de los dominicos, para quienes se restaba valor al papel de Cristo
como salvador universal, el papa Sixto IV la defendió, estableciendo en 1477 la
festividad de la Inmaculada Concepción el día 8 de diciembre con una misa
propia. En 1708 el papa Clemente XI extendió esta festividad a toda la Iglesia
occidental y, en 1854, Pío IX publicó un decreto solemne definiendo la
Inmaculada Concepción para todos los católicos, doctrina que no ha sido aceptada
por las Iglesias protestante y ortodoxa, ni por los llamados viejos católicos.
En 1950 el papa Pío XII decretó, de igual modo, la asunción de la Virgen a los
cielos en cuerpo y alma como un dogma de fe para todos los católicos.
Virgen María, madre de Jesucristo, venerada en el cristianismo desde los tiempos
de los primeros apóstoles. El islam también la venera como la virgen sin pecado
Marian. Los Evangelios sólo proporcionan un relato fragmentado de su existencia,
mencionándola en relación con los comienzos y el final de la vida de Jesús.
Mateo habla de ella como esposa de José que “concibió por obra del Espíritu
Santo” antes de que “conviviesen” como marido y mujer (Mt. 1,18). Después de
nacer Jesús, María está presente en la visita de los Reyes Magos (Mt. 2,11), en
la huida a Egipto (Mt. 2,14) y de regreso a Nazaret (Mt. 2,23). Marcos sólo
habla de ella como madre de Jesús (Mt. 6,3).
La Natividad de Lucas incluye la anunciación del ángel Gabriel a María de la
llegada de Jesús (Lc. 1,27-38); la visita a Isabel, madre de Juan el Bautista y
pariente; el himno de María, el Magníficat (Lc. 39,56) y la visita de los
pastores al portal de Belén (Lc. 39,56). Lucas también se refiere a la
perplejidad de María cuando encontró a Jesús en el Templo discutiendo con los
doctores a los 12 años. El Evangelio según san Juan no habla de la infancia de
Jesús ni menciona el nombre de María, a la que se refiere como “la madre de
Jesús” (Jn. 2,19), que está presente en el primer milagro de Jesús en las bodas
de Caná (Jn. 2, 1,3,5) y en su muerte (Jn. 19, 25-27). También se menciona a
María en el monte de los Olivos con los apóstoles y los hermanos de Jesús antes
de Pentecostés (He. 1,14). Ya en el siglo II los cristianos veneraban a la
Virgen llamándola Madre de Dios para resaltar la divinidad de Jesús.
Durante las controversias del siglo IV respecto a la naturaleza divina y humana
de Jesús, las escrituras devocionales y teológicas empezaron a referirse a la
Virgen con el título griego de Theotokos (Madre de Dios). El monje sirio
Nestorio (fallecido c. 451) impugnó este uso, insistiendo en que María era madre
de Jesús, pero no de Dios. El Concilio de Éfeso (431) condenó sus enseñanzas y
afirmó de forma solemne que María era Theotokos, término utilizado tanto por la
Iglesia ortodoxa como por la Iglesia católica. Muy vinculado al de Virgen María,
el calificativo de Madre de Dios pone de relieve la concepción virginal de Jesús
(Lc. 1,35), reafirmando que su verdadero padre es Dios y no José. En la devoción
mariana que se desarrolló en Oriente durante el siglo IV, la Virgen María fue
venerada tanto por la concepción como por el nacimiento de Jesús, doctrina que
los credos bautismales del siglo IV de Chipre, Siria, Palestina y Armenia
(373-374) expresaban con claridad. A partir de mediados del siglo VII se utilizó
el título de Aieiparthenos (siempre-virgen) para expresar la certidumbre de su
virginidad.
Los pasajes del Nuevo Testamento que mencionan a los hermanos de Jesús (Mc. 6,3,
donde también se citan hermanas; 1 Cor. 9,5 y Gál. 1,19) han sido interpretados
como referencias a parientes de Jesús o a hijos de José de un matrimonio
anterior, aunque ninguna evidencia textual fundamenta estas interpretaciones.
Virgen santa o bendita, como se la llamó desde los siglos II y III, expresa la
creencia de que su íntima unión con Dios a través del Espíritu Santo en la
concepción de Jesús (Lc. 1,35), la dejó libre de pecado. Un concilio romano
celebrado en 680 se refirió a ella como “siempre virgen santísima e inmaculada”.
Entre los siglos IV y VII surgieron en la Iglesia oriental y en la occidental
festividades en honor de varios acontecimientos de la vida de María. La
Natividad de la Virgen, narrada en el protoevangelio apócrifo de Santiago, se
celebra el 8 de septiembre, el 25 de marzo la Anunciación, el 2 de febrero su
purificación en el templo y el 15 de agosto su muerte (llamada Dormición en la
Iglesia oriental) y Asunción a los cielos.
Amuleto, cualquier objeto empleado con fines mágicos. Con frecuencia suele ser
una piedra, o un trozo de metal, con una inscripción grabada. Se lleva
normalmente colgado del cuello para protegerse de la enfermedad o la brujería.
Los antiguos egipcios usaban amuletos en forma de collar. Entre los griegos
recibía el nombre de phylaktçrion. Los amuletos judíos, tiras de pergamino que
contenían pasajes de la Ley, eran empleados por la Escuela Farisaica como
símbolos de piedad, pero también se usaban para protegerse de los malos
espíritus o alejar la desgracia. El uso de amuletos pasó a la Iglesia cristiana
con la inscripción de ichthys (en griego ‘pez’), nombre que contenía las
iniciales correspondientes a las palabras griegas de Jesucristo, Hijo de Dios,
El Salvador. Los gnósticos usaban piedras abraxas, gemas que llevaban inscrita
esta palabra griega. Los amuletos se convirtieron en un objeto tan común entre
los cristianos que en el siglo IV se prohibió al clero su fabricación o uso bajo
pena de quedar privados de sus órdenes sagradas; en el año 721 el uso de
amuletos fue condenado de forma solemne por la Iglesia.
Rosario, sarta de cuentas o cordón de nudos utilizado para contar oraciones. El
término también se aplica a las oraciones mismas. Los rosarios se emplean en
muchas religiones: budismo, hinduismo, islam y cristianismo. Se asocian más a
menudo con los católicos dentro del cristianismo y también son utilizados por
algunos anglicanos así como por los ortodoxos, para quienes es casi, de forma
exclusiva, una actividad monástica. En la práctica católica, el rosario es una
cuerda con cuentas ensartadas, que se cierra en forma de un círculo. Se abre a
una cuerda pequeña, con 3 cuentas, y de la que pende un crucifijo al acabar cada
decena. En el islam el rosario lleva 33 o 99 cuentas de color ámbar y su
práctica consiste en contar toda la serie para recitar los 99 nombres más
hermosos de Alá recogidos en el Corán. Los rosarios hindúes y budistas se
componen de 108 cuentas (112 en el budismo japonés). En el budismo, las 108
cuentas simbolizan los 108 pecados o fallos a los que tiende la especie humana.
En el jainismo también se emplea un rosario de 150 cuentas.
Misa, sacrificio religioso incruento vinculado al cristianismo que tiene como
acto primordial la celebración de la eucaristía y que va acompañado de una
liturgia de cantos, lecturas, oraciones y otras ceremonias. El término ha sido
utilizado por la Iglesia católica y algunas iglesias anglicanas. Otras iglesias
protestantes llaman “santa comunión” o “cena del Señor” a este rito. Las
iglesias ortodoxas orientales lo denominan “divina liturgia”. La palabra “misa”
proviene etimológicamente de la latina missa (despedida). Fue tomada de la
fórmula “Ite, missa est” (“Id, es la despedida”) con que se disolvía la
congregación. La forma más primitiva de celebración era la eucaristía doméstica.
Los restos arqueológicos muestran que desde el siglo III al siglo IV, las
comunidades cristianas celebraban la misa en casas más grandes. El obispo local
presidía la eucaristía. Después de que el emperador romano Constantino I el
Grande promulgara el Edicto de Milán (313), los edificios públicos romanos
llamados basílicas fueron adaptados a la celebración de la eucaristía del
obispo.
Catolicidad, en griego, universal. El primero que aplica el término de católica
a la Iglesia es san Ignacio de Antioquía, martirizado en la persecución que
promueve el emperador Trajano contra los cristianos a principios del siglo II.
En la profesión de fe que se llama símbolo niceno-constantinopolitano, por las
resoluciones de los concilios de Nicea y Constantinopla, se afirma que la
catolicidad es una de las cualidades esenciales de la Iglesia (una, santa,
católica y apostólica). Con ello se quiere expresar que todas las personas, de
cualquier raza, condición y cultura tienen lugar y cabida dentro de la Iglesia.
En virtud de la catolicidad cada una de las partes colabora y enriquece al
resto, sin por ello perder sus propias características. Después de la Reforma
protestante, la expresión católica se utiliza como distintivo de la Iglesia que
permanece unida bajo la autoridad del romano pontífice.
Clero, término aplicado a los ministros de la Iglesia cristiana en contraste con
los legos. La palabra clero también se suele utilizar para referirse al cuerpo
de ministros de otras religiones, como el judaísmo.
Arzobispo, prelado cristiano, el primero entre sus iguales en una provincia
eclesiástica. Preside ciertas actividades en su provincia eclesiástica, unido a
los obispos de la misma, y también ejercita la autoridad episcopal en su propia
diócesis. El término se utilizó primeramente en el siglo VI por los obispos de
las cinco sedes principales de la cristiandad (Roma, Alejandría, Antioquía,
Constantinopla, y Jerusalén), quienes ejercitaban tal autoridad entre sus
respectivas provincias. La función (aunque no el título) de arzobispo se
desarrolló a partir del de obispo metropolitano, que presidía diferentes
diócesis. En la Iglesia católica, los arzobispos ocupan ciertas sedes
importantes y disfrutan de una autoridad provincial limitada. En la Iglesia de
Inglaterra, los arzobispos de Canterbury y York son los metropolitanos de sus
respectivas sedes y ambos son cabezas de la Iglesia anglicana, con la autoridad
superior atribuida a Canterbury. El título de arzobispo en las iglesias
ortodoxas es habitualmente honorífico.
Cardenal (título) (latín, cardinalis, 'central', 'principal', de cardo,
'quicio'), el más alto dignatario de la Iglesia católica después del papa, del
que es elector y consejero. El título de cardenal se asignó en el periodo
posterior a los concilios de Nicea, al clérigo dirigente de cualquier catedral.
Más tarde fue restringido a miembros distinguidos del clero en Roma. Poco a
poco, los sacerdotes que dirigían las iglesias parroquiales en Roma empezaron a
llamarse sacerdotes cardenales; los diáconos que, como procedimiento habitual,
administraban las obras de caridad de una determinada región de la ciudad,
fueron adquiriendo el título de diáconos cardenales y los obispos a cargo de las
sedes suburbanas de Roma, el de obispos cardenales. Hasta finales de la edad
media el término cardinal se utilizaba para designar a destacados sacerdotes de
iglesias importantes, como las de Constantinopla, Nápoles y Milán. Los
cardenales son elegidos por el papa y constituyen el Sacro Colegio.
Santísima Trinidad, en la teología cristiana, doctrina que afirma la existencia
de Dios como tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo— unidas en una misma
substancia o ser único. La doctrina no aparece con claridad en el Nuevo
Testamento, donde la palabra Dios se refiere sin variación al Padre; aunque ya
Jesucristo, el Hijo, es considerado en una relación única con el Padre, mientras
el Espíritu Santo aparece además como una divinidad distinta. El término
trinitas fue utilizado por primera vez en el siglo II por el teólogo latino
Tertuliano, aunque el concepto se perfiló en el curso de los debates sobre la
naturaleza de Cristo. En el siglo IV la doctrina quedó formulada por completo;
utilizando la terminología todavía usual entre los teólogos cristianos, afirmaba
la igualdad de las personas de la Divinidad entre sí.
En Occidente De Trinitate (400-416), la influyente obra del teólogo san Agustín
de Hipona (siglo IV), comparaba el Dios uno y trino con estructuras análogas de
la mente humana y sugería que el Espíritu Santo puede ser asimilado como el amor
mutuo que media entre el Padre y el Hijo (aunque este segundo aspecto parece
difícil de reconciliar con la creencia de que el Espíritu Santo es un integrante
de la Trinidad, igual y distinto a la vez). La insistencia en la igualdad, sin
embargo, nunca se ha considerado perjudicial respecto a una cierta primacía del
Padre, de quien proceden las otras dos personas. Para una adecuada comprensión
de la concepción trinitaria de Dios, las distinciones entre las personas de la
Trinidad no deben estar tan definidas como para que llegue a parecer o sugerir
una pluralidad de dioses, ni permitir que esas distinciones desaparezcan en un
monismo abstracto e indiferenciado. La doctrina de la trinidad puede
comprenderse desde distintos planos o perspectivas. En uno ellos, constituye un
medio para interpretar la palabra Dios en el discurso cristiano.
Dios no es sólo una palabra dotada de sentido en el cristianismo y necesita una
definición específica en la teología cristiana. Esta necesidad de una definición
específica para los cristianos ya aparece en el Nuevo Testamento cuando Pablo
dice: "así se cuenten muchos dioses y muchos señores, sin embargo, para
nosotros, no hay más que un sólo Dios, que es el Padre..., y un sólo Señor,
Jesucristo" (1 Cor. 8, 5-6). Estas palabras constituyen el comienzo de un
proceso de clarificación y definición, cuyo momento culminante es la doctrina de
la Trinidad.
En otro plano, esta doctrina puede ser considerada como una transcripción de la
experiencia cristiana: el dios de la tradición hebrea se ha dado a conocer de
una forma nueva, primero en la persona de Cristo, y después en el Espíritu que
inspiró a la Iglesia. En un tercer plano, más especulativo, de comprensión, la
doctrina revela el dinamismo de la concepción cristiana de Dios, implicando las
nociones de un origen, una venida y un regreso (ser primordial, expresivo, y
unitario). En este sentido la doctrina cristiana tiene paralelismos en la
filosofía (el Absoluto del filósofo alemán del siglo XIX George Wilhelm
Friedrich Hegel) y en otras religiones (el Trimurti del hinduismo).
Libre albedrío, poder o capacidad del individuo para elegir una línea de acción
o tomar una decisión sin estar sujeto a limitaciones impuestas por causas
antecedentes, por la necesidad, o por la predeterminación divina. Un acto libre
por entero es en sí mismo una causa y no un efecto; está fuera de la secuencia
causal o de la ley de la causalidad. La cuestión de la capacidad del ser humano
para determinar sus acciones es importante en la filosofía occidental, en
particular en la metafísica en la ética, así como en la teología. Por lo
general, la doctrina extrema en la que se afirma la libertad de la voluntad se
llama libertarismo; su opuesta, determinismo, es aquella donde la acción humana
no se dispone con autonomía, sino que más bien es el resultado de influencias
tales como las pasiones, los deseos, las condiciones físicas y las
circunstancias externas fuera del control del individuo.
El libre albedrío es importante en el ámbito teológico. Uno de los dogmas
básicos de la teología cristiana tradicional es que Dios es omnisciente y
omnipotente, y que todo acto humano está predeterminado por Dios. La doctrina de
la predestinación, la réplica teológica al determinismo, impide en teoría la
existencia del libre albedrío. Ya que la moral, el deber y la evitación del
pecado son también elementos básicos en la enseñanza cristiana, ¿cómo, se
pregunta la teología, puede la gente ser responsable en el plano moral una vez
que se acepta la predestinación?
Se han hecho muchos intentos por los teólogos para explicar esta paradoja. San
Agustín, el principal padre y doctor de la Iglesia creía con firmeza en la
predestinación; sostenía que sólo los elegidos por Dios alcanzarían la
salvación; nadie sabe, sin embargo, quién está entre los elegidos, y por tanto
todo lleva al temor de Dios, a la vida religiosa.
La libertad, para él, era el don de la gracia divina. A esto se opuso el monje
británico Pelagio y en especial los seguidores de su doctrina, el pelagianismo,
para los que el pecado de Adán concernía exclusivamente a Adán, y no a la
especie humana en su totalidad, y que todo el mundo, aunque ayudado por la
gracia divina para alcanzar la salvación, tiene libertad completa en su voluntad
para elegir o rechazar el camino hacia Dios. Más tarde, los teólogos católicos
fijaron la doctrina de la gracia previa para explicar el libre albedrío; de
acuerdo con esta interpretación, Dios concedía a determinadas personas la gracia
para actuar por sí mismos, dentro de un estado de gracia. Durante la Reforma, la
cuestión del libre albedrío se convirtió en campo de batalla religioso. Muchas
sectas protestantes, en particular las calvinistas pusieron de relieve la
doctrina agustina de la predestinación y la total exclusión del libre albedrío.
La predestinación calvinista fue considerada una herejía por la Iglesia
católica, y el Concilio de Trento, en el siglo XVI, condenó a todos los que
rechazaban el libre albedrío. El problema no estaba resuelto todavía. El prelado
francés católico Jacques Bénigne Bossuet ofreció aun otro enfoque, que llegó a
ser muy apreciado; afirmaba que el libre albedrío y la presciencia divina son
verdades seguras que deben aceptarse aunque no estén relacionadas en un orden
lógico.
La basílica Lugar de culto y congregación para los cristianos que requiere una
gran nave. La basílica romana se convirtió en el modelo para las grandes y
pequeñas iglesias. En Roma, los lugares de cultos paganos se convirtieron en
basílicas de enormes tejados de madera, todas erigidas entre los siglos IV y V,
como la primitiva de San Pedro (reconstruida en el siglo XVI), San Pablo
extramuros y Santa María la Mayor, entre otras. La planta incluía un atrio o
entrada, un nártex o pórtico, una gran nave central flanqueada por dos naves
laterales, un transepto que cruza la nave, un ábside semicircular o poligonal
(orientado al este y reservado para el clero) opuesto a la nave. En frente del
ábside se encuentra el altar. Los materiales de construcción (columnas, paneles
decorativos, mampostería, tejas de bronce) fueron extraídos de edificios
imperiales que se incorporaron a las nuevas estructuras.
Caballeros Templarios, miembros de una orden medieval de carácter religioso y
militar, cuya denominación oficial era Orden de los Pobres Caballeros de Cristo
(también Orden del Temple). Fueron conocidos popularmente como los Caballeros
del Templo de Salomón, o Caballeros Templarios, porque su primer palacio en
Jerusalén era adyacente a un edificio conocido en esa época como el Templo de
Salomón. La Orden se constituyó a partir de un pequeño grupo militar formado en
Jerusalén en el año 1119 por dos caballeros franceses, Hughes de Payns y
Godofredo de Saint Omer. Su objetivo era proteger a los peregrinos que visitaban
Palestina tras la primera Cruzada. Desde su nacimiento tuvo un fin militar, por
lo que la Orden se diferenciaba a este respecto de las otras dos grandes órdenes
religiosas del siglo XII: los Caballeros de San Juan de Jerusalén y los
Caballeros Teutónicos, fundadas como instituciones de caridad.
La Orden obtuvo la aprobación papal y en 1128, en el Concilio eclesiástico de
Troyes, recibió unos preceptos austeros que seguían estrechamente las pautas de
la orden monástica de los cistercienses. La Orden Templaria estaba encabezada
por un gran maestre (con rango de príncipe), por debajo del cual existían tres
rangos: caballeros, capellanes y sargentos. Los primeros eran los miembros
preponderantes y los únicos a los que se les permitía llevar la característica
vestimenta de la Orden, formada por un manto blanco con una gran cruz latina de
color rojo en su espalda. El cuartel general de los Caballeros Templarios
permaneció en Jerusalén hasta la caída de la ciudad en manos de los musulmanes
en el año 1187; más tarde se localizó, sucesivamente, en Antioquía, Acre,
Cesarea y por último en Chipre. Como los Caballeros Templarios enviaban
regularmente dinero y suministros desde Europa a Palestina, desarrollaron un
eficiente sistema bancario en el que los gobernantes y la nobleza de Europa
acabaron por confiar. Se convirtieron gradualmente en los banqueros de gran
parte de Europa y lograron amasar una considerable fortuna.
La santa Inquisición, institución judicial creada por el pontificado en la edad
media, con la misión de localizar, procesar y sentenciar a las personas
culpables de herejía. En la Iglesia primitiva la pena habitual por herejía era
la excomunión. Con el reconocimiento del cristianismo como religión estatal en
el siglo IV por los emperadores romanos, los herejes empezaron a ser
considerados enemigos del Estado, sobre todo cuando habían provocado violencia y
alteraciones del orden público. San Agustín aprobó con reservas la acción del
Estado contra los herejes, aunque la Iglesia en general desaprobó la coacción y
los castigos físicos. En el siglo XII, en respuesta al resurgimiento de la
herejía de forma organizada, se produjo en el sur de Francia un cambio de
opinión dirigida de forma destacada contra la doctrina albigense. La doctrina y
práctica albigense parecían nocivas respecto al matrimonio y otras instituciones
de la sociedad y, tras los más débiles esfuerzos de sus predecesores, el papa
Inocencio III organizó una cruzada contra esta comunidad. Promulgó una
legislación punitiva contra sus componentes y envió predicadores a la zona. Sin
embargo, los diversos intentos destinados a someter la herejía no estuvieron
bien coordinados y fueron relativamente ineficaces.
La Inquisición en sí no se constituyó hasta 1231, con los estatutos
Excommunicamus del papa Gregorio IX. Con ellos el papa redujo la responsabilidad
de los obispos en materia de ortodoxia, sometió a los inquisidores bajo la
jurisdicción del pontificado, y estableció severos castigos. El cargo de
inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y a los dominicos,
a causa de su mejor preparación teológica y su supuesto rechazo de las
ambiciones mundanas. Al poner bajo dirección pontificia la persecución de los
herejes, Gregorio IX actuaba en parte movido por el miedo a que Federico II,
emperador del Sacro Imperio Romano, tomara la iniciativa y la utilizara con
objetivos políticos. Restringida en principio a Alemania y Aragón, la nueva
institución entró enseguida en vigor en el conjunto de la Iglesia, aunque no
funcionara por entero o lo hiciera de forma muy limitada en muchas regiones de
Europa. Dos inquisidores con la misma autoridad —nombrados directamente por el
Papa— eran los responsables de cada tribunal, con la ayuda de asistentes,
notarios, policía y asesores. Los inquisidores fueron figuras que disponían de
imponentes potestades, porque podían excomulgar incluso a príncipes.
En estas circunstancias sorprende que los inquisidores tuvieran fama de justos y
misericordiosos entre sus contemporáneos. Sin embargo, algunos de ellos fueron
acusados de crueldad y de otros abusos. Los inquisidores se establecían por un
periodo definido de semanas o meses en alguna plaza central, desde donde
promulgaban órdenes solicitando que todo culpable de herejía se presentara por
propia iniciativa. Los inquisidores podían entablar pleito contra cualquier
persona sospechosa. A quienes se presentaban por propia voluntad y confesaban su
herejía, se les imponía penas menores que a los que había que juzgar y condenar.
Se concedía un periodo de gracia de un mes más o menos para realizar esta
confesión espontánea; el verdadero proceso comenzaba después. Si los
inquisidores decidían procesar a una persona sospechosa de herejía, el prelado
del sospechoso publicaba el requerimiento judicial.
La policía inquisitorial buscaba a aquellos que se negaban a obedecer los
requerimientos, y no se les concedía derecho de asilo. Los acusados recibían una
declaración de cargos contra ellos. Durante algunos años se ocultó el nombre de
los acusadores, pero el papa Bonifacio VIII abrogó esta práctica. Los acusados
estaban obligados bajo juramento a responder de todos los cargos que existían
contra ellos, convirtiéndose así en sus propios acusadores. El testimonio de dos
testigos se consideraba por lo general prueba de culpabilidad. Los inquisidores
contaban con una especie de consejo, formado por clérigos y laicos, para que les
ayudaran a dictar un veredicto. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre
los que recayera la sospecha de que estaban mintiendo.
Cruzadas, expediciones militares realizadas por los cristianos de Europa
occidental, normalmente a petición del Papa, que comenzaron en 1095 y cuyo
objetivo era recuperar Jerusalén y otros lugares de peregrinación en Palestina,
en el territorio conocido por los cristianos como Tierra Santa, que estaban bajo
control de los musulmanes.
Los historiadores no se ponen de acuerdo respecto a su finalización, y han
propuesto fechas que van desde 1270 hasta incluso 1798, cuando Napoleón I
conquistó Malta a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, una
orden militar establecida en esa isla durante las Cruzadas. El vocablo cruzada
(de ‘cruz’, el emblema de los cruzados) se aplicó también, especialmente en el
siglo XIII, a las guerras contra los pueblos paganos, contra los herejes
cristianos y contra los enemigos políticos del Papado. Por extensión, el término
se emplea para describir cualquier guerra religiosa o política y, en ocasiones,
cualquier movimiento político o moral. Así, en España, los alzados contra el
gobierno republicano en 1936 pronto denominaron a la guerra iniciada por ellos
mismos (1936-1939) Cruzada, por considerar que su objetivo era vencer el
ateísmo.
El origen de las Cruzadas está enraizado en el cataclismo político que resultó
de la expansión de los Selyúcidas en el Próximo Oriente a mediados del siglo XI.
La conquista de Siria y Palestina llevada a cabo por los Selyúcidas islámicos
alarmó a los cristianos de occidente. Otros invasores turcos también penetraron
profundamente en el igualmente cristiano Imperio bizantino y sometieron a
griegos, sirios y armenios cristianos a su soberanía. Las Cruzadas fueron, en
parte, una reacción a todos estos sucesos. También fueron el resultado de la
ambición de unos papas que buscaron ampliar su poder político y religioso. Los
ejércitos cruzados fueron, en cierto sentido, el brazo armado de la política
papal. En un esfuerzo por entender por qué los cruzados las llevaron a cabo, los
historiadores han apuntado como razones el dramático crecimiento de la población
europea y la actividad comercial entre los siglos XII y XIV. Las Cruzadas, por
tanto, se explican como el medio de encontrar un amplio espacio donde acomodar
parte de esa población en crecimiento; y como el medio de dar salida a las
ambiciones de nobles y caballeros, ávidos de tierras.
Las expediciones ofrecían, como se ha señalado, ricas oportunidades comerciales
a los mercaderes de las pujantes ciudades de occidente, particularmente a las
ciudades italianas de Génova, Pisa y Venecia. Aunque estas explicaciones acerca
de las Cruzadas quizá tengan alguna validez, los avances en la investigación
sobre el tema indican que los cruzados no pensaron encontrarse con los peligros
de enfermedades, las largas marchas terrestres y la posibilidad de morir en
combate en tierras lejanas. Las familias que quedaron en Europa tuvieron que
combatir en muchas ocasiones durante largos periodos de tiempo para mantener sus
granjas y sus posesiones.
La idea de que los cruzados obtuvieron grandes riquezas es cada vez más difícil
de justificar; la Cruzada fue un asunto extremadamente caro para un caballero
que tuviera el propósito de actuar en Oriente si se costeaba por sí mismo la
expedición, ya que probablemente le suponía un gasto equivalente a cuatro veces
sus ingresos anuales. Sin embargo, a pesar de ser una empresa peligrosa, cara y
que no daba beneficios, las Cruzadas tuvieron un amplio atractivo para la
sociedad contemporánea. Su popularidad se cimentó en la comprensión de la
sociedad que apoyó este fenómeno. Era una sociedad de creyentes, y muchos
cruzados estaban convencidos de que su participación en la lucha contra los
infieles les garantizaría su salvación espiritual.
Agua bendita, agua bendecida por un obispo o sacerdote y prescrita para el rito
en las liturgias de algunas confesiones cristianas. La utilización ceremonial
del agua, un agente natural que simboliza la purificación interior, aparece en
numerosas religiones desde la antigüedad hasta hoy. En el judaísmo antiguo la
ley mosaica prescribía que las manos y la cara de todas las personas que
estuvieran impuras se rociaran con agua. De esta práctica judía derivó la
costumbre actual de introducir los dedos en agua bendita y hacer la señal de la
cruz al entrar en una iglesia. Se supone que sirve como un recordatorio del
bautismo, por el que a través del agua bautismal una persona acepta las
obligaciones del compromiso cristiano. En la práctica católica romana a veces el
agua bendita se conserva en las casas para las devociones privadas.
IRENEO DE LYÓN EN SU OBRA CONTRA HEREJES, LO QUE DEBIÓ LLAMARSE CONTRA DIOS
Este obispo de Lyón realizó una obra la cual denominó: “Contra herejes (Advers
Haereses)”, - según nos cuenta Eusebio- en ella Ireneo plateó que: “Las
Escrituras que se nos han transmitido, son el fundamento y columna de la fe”,
contrario a lo que esas misma Escrituras establecen: “que el fundamento de la
iglesia de Cristo son los Apóstoles y profetas”.
Si fue él u otro quien lo planteó, eso no procede de Dios, sino del error, ya
que en Efesios 2,20 se declara cual es el verdadero fundamento de la iglesia,
donde se plantea que el fundamento de la iglesia son los Apóstoles y lo Profetas
cuya esquina del ángulo misma es Jesucristo. Los Apóstoles del Señor son los
únicos autorizados para poner el fundamento que es el Espíritu Santo sobre el
cual edifican los Profetas, y este fundamento se da por imposición de las manos
de los Apóstoles o se derrama en su presencia, no existe otro fundamento que el
apostólico. Además la Fe (del Griego “pistei o pistis” que significa lo mismo
Creer, Fidelidad o Fe) entra por el oír la Palabra de Dios, no por el leer la
Biblia. Esta doctrina falsa del presunto Ireneo ha llegado a nuestros días, y
además esa fue la dichosa reforma que realizo Martín Lutero otro falsificador y
asesino de la Verdad años más tarde.
EL TENEBROSO CONCILIO DE NICEA EN PRESENCIA DE CONSTANTINO
En este concilio se consolida el gobierno del anticristo y la apostasía en
las iglesias de los obispos conformistas que querían unir la iglesia al Estado
para no soportar persecución como también hacen ahora las denominaciones y el
catolicismo eclesiástico. Se estableció la Falsedad del politeísmo trinitario y
todas las demás herejías ya mencionadas y comenzó la persecución y la matanza de
los que ellos llamaron desobedientes y herejes, arremetieron contra Arrios
opuesto a la trinidad, Los Monárquicos: Afirmaban que el Padre, el hijo y el
Espíritu son una misma persona, es decir una plenitud de la deidad;
Apolinaristas: negaban la naturaleza humana de Cristo; los Nestorianos,
Afirmaban que en Cristo habían dos naturalezas; Eutiquianos, decían que las dos
naturalezas de Cristo se fundían en una; Monofistas decían que Cristo solo tenía
una sola naturaleza; Montano y sus seguidores, vivían por el Continuado
Ministerio Sobrenatural del Espíritu Santo; y todos los que no estuvieron de
acuerdo con sus herejías tal y como había predicho el Señor Jesús. “Y aún los
matarán pensando que brindan un servicio a Dios”. Los Montanistas defendieron
siempre la dependencia en la Iglesia del Espíritu Santo, rechazaron el
formalismo de las organizaciones humanas, creían en la revelación del Espíritu
Santo y en la inmediatez del advenimiento del Señor
El primer Credo así llamado se adoptó en el primer Concilio de Nicea en el 325
para agravar la controversia relativa a las personas de la Trinidad. Tenía como
misión aludir a cuestiones polémicas como la divinidad de Cristo, e introdujo la
palabra homousios (en griego, de la misma sustancia) para corregir el error de
los partidarios homousios (de sustancia parecida). A él se añadieron diferentes
cláusulas en contra del arrianismo. Un Credo tardío conocido como el Credo
niceno es llamado con más propiedad el Credo niceno-constantinopolitano o Credo
constantinopolitano. Se basa en el Credo del siglo IV que se compuso bajo la
influencia del obispo de Jerusalén, san Cirilo, y editado según los postulados
del concilio niceno. Está introducido en el Ancoratus de san Epifanio, obispo de
Salamina y por la tradición se le atribuye, aunque es erróneo, al I Concilio de
Constantinopla, reunido el 381. De las 178 palabras en el original de este
segundo Credo niceno, sólo 33 son en verdad tomadas del Credo de el año 325. El
segundo Credo es considerado como ecuménico por las comuniones católicas y por
la mayoría de las iglesias reformistas. Emplea la forma singular de las palabras
utilizadas para expresar asentimiento, “creo”, “espero”, “confieso”. En el
concilio de Toledo (589), la Iglesia oriental añadió la cláusula filioque e
insertó la preposición “en” antes de las palabras “sólo Iglesia santa, católica
y apostólica”.
LA APARICIÓN DE CONSTANTINO MAGNO, UN IDÓLATRA PAGANO Y ASESINO AL SERVICIO
DEL MISMO DIABLO.
Constantino propició la fusión del Clero con el Estado, negando el principio
cristiano de dar a Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios y de que
no debemos mezclarnos en los asuntos de este mundo, además de establecer como
día de adoración “el día del Sol” que predicaban las religiones paganas y la de
él mismo; la romana. Se establecieron las misas por los muertos, Halowing, o día
de los muertos, las falsas Navidades del 25 de Diciembre, El culto a los Santos
y a los Papas del Pontificado Romano en el occidente, y al Patriarcado de
Constantinopla en el oriente a los que se sujetaron los obispos traidores. Aquí
también se consolidó el Diezmo que está bajo maldición puesto que es de la Ley,
no de la Gracia y la Ley está bajo maldición. Pronunció el Edicto de Milán
favoreciendo a los obispos Católicos (edicto de tolerancia, 313 d. C.), pero
persiguiendo a los que no obedecían a Roma.
CONCLUSIONES
Todas estas herejías que tienen como sublime los que se reúnen bajo el símbolo
del martirio del Señor y muchos de sus discípulos no coinciden ni parten del
patrón original, o sea, de la iglesia primitiva, sino que fueron retomadas por
aquellos que dicen ser cristianos y predican un evangelio diferente del que se
anunció al principio, basta solo con recordar lo que dijo Pablo a los Efesios
para entender todo lo que hemos tratado de transmitir hoy, en defensa de la
verdad revelada en Jesucristo, nuestro verdadero Señor y Salvador. Verificar en
(Pablo a los Efesios: Hechos 20 del 25-32, 1ra de Timoteo 4: 1- 6, Jacobo 3: 15,
1 Juan 4:1, 2 Juan 7, 2da de Tesalonicenses capítulo 2. Y todo el libro de
Apocalipsis de Juan)
BLIOGRAFÍA
BÁSICA:
1. SOS del Inconforme que busca la verdad revelada en Cristo Jesús, partes I, II,
II y IVI. En proceso de protección en el CENDA. 2006. Cuba.
2. “Biblia de Jerusalén latinoamericana”, EDITORIAL Descleé de Brouwer; S. A.
2001, Bilbao España.
3. “Nuevo Testamento”. Versión directa del texto Original Griego, B.A.C.,
Madrid, 1962, F. Puso y J. M: Bover.
4. “Nuevo Testamento Griego - Español”, Versión bilingüe. José O´ Callaghan.
Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. MCMXCVII
5. “Nuevo Testamento”, Versión del Texto original Griego, E. Nácar Fuster y A.
Colunga Cueto; B. A. C. Madrid. 1989
6. “Dios Habla HOY” Biblia de estudio. Sociedades Bíblicas Unidas.
7. “Dios Habla HOY”, versión popular. Sociedades Bíblicas Unidas.
8. “Biblia Latinoamericana”. Ediciones Paulinas.
9. Nuevo Testamento, “Dios llega al Hombre”. con los Salmos y proverbios. 1976.
Sociedades Bíblicas Unidas. Buenos Aires, Argentina. Versión Popular.
10. “La Biblia del Siglo XXI, Nueva Versión revisada de Reina – Valera, 1909.
Edición del año 2000.
11. “La Santa Biblia”, Nueva Versión, Sociedades Bíblicas Unidas. 1998
12.. La Biblia de las Américas. Sociedades Bíblicas Unidas. 1999.
13. La Biblia El Pueblo de Dios, de la fundación Palabra de Vida. Edición San
Pablo. Sociedad Bíblica Catolica.
14. “Antigüedades Judías”, de Flavio Josefo y Filón.
15. “Padres Apostólicos” Edición bilingüe completa. Daniel Ruiz Bueno, sexta
edición, Editorial: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid. MCMXCII. 1993
16. “The Greek New Testament” Actualizada por Vover en una versión al castellano
17. “The Greek New Testament” con Introducción en castellano. Kurt Aland, Mattew
Black, Carlo M. Martín; Tercera Edición. 1975, Institute for New Testament
Textual Research, Münster/Welphalia. Sociedades Bíblicas
18. “Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea”Editorial Nova de Buenos Airea.
1950.
20. “Nuevo Testamento Trilingue”. J. M. Bover y J. O´Callaghan. B. A. C. 400.
Madrid. 1994.
21. “La Santa Biblia” Versión Moderna 1960, editorial, Sociedades biblicas en
América Latina.
22. “La biblia del pueblo de Dios”. Fundación Palabra de vida, Editorial San
Pablo. Prutesio Gómez 15. 28027 Madrid, Sociedad Biblica Catolica Internacional
(SUBICAIN), Noviebre 2002.
23. “Manual Biblico de Unger” Merriell F. Unger. Ed. Portavoz. Kregel
Publications P.O. Box 2607 – 1985 Grand Rapids, Michigan 49501, USA. 720
páginas.
24. “Compendio Manual de la Biblia” Henrry H. Halley. . Ed. Portavoz. Kregel
Publications P.O. Box 2607 – 1985 Grand Rapids, Michigan 49501, USA.
25. “La Santa Biblia”. Nueva Versión Internacional. Sociedades Bíblicas Unidas .
1998.
26. Soporte Magnético. Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005. ©
1993-2004 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.
COMPLEMENTARIA:
27. “Santa Biblia”. Antiguo y Nuevo Testamento. Versión Reina – Valera,
actualizada, basada en la Reina – Valera de 1909 y cotejada con diversas
traducciones y con los mejores textos en los idiomas originales Hebreo, Arameo y
Griego. Editorial Hispano. El Paso. Texas. 1990.
28. “Nuevo Testamento “A viva voz” versión en un lenguaje sencillo, 2004.
Sociedades Bíblicas Unidas.
29. “Catolicismo y Protestantismo”. Ernesto Bravo. Edición San Pablo. 1995.
Colombia.
30. La Biblia “Políglota Interlineal”. Versión del Códice vaticano. 1952. EE. UU.
AUXILIAR:
31. “Santa Biblia”, Versiones Reina-Valera, de 1909 y 1960.
32. C. L. Neal. “Los Bautistas a Través de los Siglos” Challenge press, Inc.
4702 Colebrook Avenue Meaux, PA 18049 Cpyright 1978. Little Rock, Arkansas
72215. P. O. Box 5567. Segunda Edición 1987.
33. El Nuevo Testamento. Traducción en Lenguaje actual, Sociedades Bíblicas,
Impreso en Colombia 2000.
34. EDITORIAL MUNDO HISPANO / HISPANIC WORLD / PUBLISHERS. www.editorialmh.org.
El Paso, TX USA · (800) 755-5958 · © 2003
35. Compubiblia © Sociedades Bíblicas Unidas. Segunda Edición. 1989 NW 88th.
Court — Miami, FL 33172
AUTOR
Lic. Armando Emilio Zamora Pellisier
Un soldado de Jesucristo al servicio de su verdad, para la gloria del Padre.
Compartir 
Publicación enviada por Israel Pichardo
Contactar mailto:ccs@infosol.gtm.sld.cu
Código ISPN de la Publicación EkEZlllVpyFtFpPESo
Publicado Monday 4 de August de 2008
Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal.
|