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Los valores y su formación: un conocimiento necesario

Resumen: En Cuba la Universidad ha sido llevada a cada municipio del país, creando sedes universitarias en cada territorio, lo cual elimina las dificultades que implica el traslado de los estudiantes a grandes distancias y facilita la incorporación de personas que por diferentes causas no...

Publicación enviada por Alberto Gelacio Martínez Torres


 

ÍNDICE
Resumen
Introducción
Desarrollo
· Concepciones filosóficas, psicológicas y pedagógicas
· acerca de los valores y su formación
· Concepciones filosóficas
· Concepciones de la Psicología y la Pedagogía
Conclusiones
Bibliografía

RESUMEN
En Cuba la Universidad ha sido llevada a cada municipio del país, creando sedes universitarias en cada territorio, lo cual elimina las dificultades que implica el traslado de los estudiantes a grandes distancias y facilita la incorporación de personas que por diferentes causas no podían asistir a las universidades existentes en las capitales de provincias y en la capital del país.

La explosión de matrícula ha requerido la incorporación de los profesionales de cada lugar a impartir docencia en las aulas de la Universalización. Estos profesionales en su mayoría no cuentan con una preparación pedagógica previa, para desarrollar el trabajo educativo que contribuya a la formación de valores en los estudiantes, lo cual es fundamental en un mundo en el que la globalización neoliberal tiende a la pérdida de valores y en el que Cuba sufre la agresión ideológica del Imperialismo Norteamericano por todas las vías posibles.

El presente trabajo pretende poner en manos de estos profesores los conocimientos elementales acerca de los valores y su formación en el proceso docente educativo y contribuir así a la educación de los futuros profesionales.

INTRODUCCIÓN
La revolución que ha significado la Universalización de la Educación Superior en Cuba, ha planteado nuevos retos al personal que participa en esa colosal obra, principalmente a los que desempeñan funciones de dirección a los diferentes niveles, en especial los que lo hacen en las sedes universitarias que se han creado a lo largo y ancho del país.

Los futuros profesionales que se forman en sus aulas deben tener un desarrollo del pensamiento crítico y autocrítico que les permita enfrentar de manera creativa y desde posiciones científico profesionales correctas las diversas problemáticas que la vida les pondrá ante sí.
En relación al profesional que se forma en las aulas de la Universalización, por el papel social que desempeñan y van a desempeñar aún más en un futuro no lejano, deben ser portadores de elevados valores que tienen que fomentarse por cada una de los docentes, que contribuyen a su formación como profesionales, futuros investigadores y científicos.

Los profesionales que se desempeñan como profesores a tiempo parcial en las Sedes Universitarias Municipales (SUM), proceden en su gran mayoría de especialidades no relacionadas directamente con la profesión pedagógica, por lo que su preparación en el tema de los valores, tanto desde el punto de vista teórico, como de su formación en el proceso docente-educativo es muy escaso.

De igual forma por las características del sistema educacional cubano y las condiciones en que lleva a cabo la Revolución su proyecto social, es necesario que los maestros y profesores, así como otro personal relacionado con el proceso pedagógico cuente con los conocimientos necesarios sobre qué son los valores y como formarlos.

Con este artículo se pretende realizar un breve recorrido por distintos criterios acerca de los valores, tanto desde el punto de vista de la Filosofía como de la óptica de importantes psicólogos y pedagogos cubanos, con el objetivo de contribuir a la preparación de los docentes que son los principales responsables de llevar a la práctica esta importante labor.

DESARROLLO
Concepciones filosóficas, psicológicas y pedagógicas acerca de los valores y su formación.
Revolución es…defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio…es no mentir jamás ni violar principios éticos.”
(Castro. F. 2000:2)


Concepciones filosóficas.
Las ideas de Fidel acerca de la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo, sintetizan una serie de valores de alto contenido social que están presentes en la sociedad cubana actual y que son frutos de la extraordinaria obra que en el terreno de las ideas, se ha forjado en estas casi cinco décadas de revolución.

A través de la historia, destacados pensadores se han ocupado del tema de los valores, tratando de explicar la naturaleza de los mismos, del bien y del mal, de lo justo y lo injusto, lo bello o lo feo. Las distintas ideas y enfoque de los valores se en cuatro corrientes de pensamiento: naturalista, objetivista, subjetivista y sociologista que creen, cada una, tener la verdad acerca de los valores.

Sobre este tema Fabelo señala: “ Aunque todas reclaman para sí el monopolio de la verdad, de hecho cada una de ellas centra la atención en uno de los aspectos de los valores, sin llegar a ofrecer una respuesta abarcadora de todas su complejidad y, mucho menos, explicar de manera convincente su origen” (Fabelo 2004:25)

El naturalismo ve la relación de los valores con las propiedades naturales de los objetos y también con las del ser humano, pero absolutiza esta relación, no tiene en cuenta la intervención humana para la creación de los valores, el contenido social de las necesidades humanas.
Por otra parte el objetivismo, al intentar encontrar un referente objetivo de los valores le otorga una base a la educación moral, puesto que la misma estaría dirigida a esos valores objetivos, pero colocan a los valores en una nueva dimensión del mundo, no ven la relación de ellos con la sociedad y por consiguiente su evolución y desarrollo en correspondencia con el desarrollo de dicha sociedad.

El subjetivismo por su parte sitúa a los valores en relación con las necesidades e intereses del ser humano, ese es un aspecto positivo de esta tendencia, pero su aspecto negativo está dado en que hace depender de forma absoluta a los valores de los intereses, deseos y gustos de las personas. De esta forma todo con relación a los valores sería relativo, cada uno tendría sus valores, por lo que no tendría sentido hablar de valores desde un punto de vista social, cada uno tendría su sistema valores que sería verdadero, “carecería de fundamento la educación ética, estética o política; no tendría sentido el premio o la sanción moral; ninguna valoración sería ni verdadera ni falsa; no podría juzgarse con justeza ningún conflicto de valores; el victimario y la víctima tendrían cada uno su verdad…” (Fabelo Op. cit.:27)

A finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX se promueve otra vertiente del pensamiento filosófico que aborda a los valores con una visión diferente a las mencionadas; el llamado sociologismo axiológico que entiende como valioso lo que la sociedad aprueba como tal. Así cada nueva generación encuentra y asume normas y principios establecidos anteriormente. Los individuos para sentirse integrados plenamente a esa sociedad, deben acatar esas normas y principios que serán diferentes en las distintas sociedades y culturas.

El sociologismo, a diferencia del subjetivismo, busca el fundamento social de los valores, partiendo de que si el hombre es un ser social, la naturaleza de los valores tiene que ser social.

Entiende que es verdadero el criterio que cuenta con el consenso de la mayoría. Esta corriente tiene su confirmación en parte cuando se analiza que cada cultura forma su propio sistema de valores, qué es bueno, qué es malo, qué es lo bello, lo justo, etc.
Hay otros aspectos de los valores a los que no se les da respuesta por esta corriente como son, la posibilidad de que existan valoraciones colectivas equivocadas o que se manipule la opinión de la mayoría.

Cuando lo analizamos en el plano de las relaciones entre las distintas culturas, el sociologismo cae en un relativismo similar al subjetivismo, pues en un conflicto valorativo internacional, cada cultura defenderá como verdaderos sus valores. En este caso el sociologismo es incapaz de aportar una solución.

La pluridimensionalidad de los valores.
Ante la diversidad de respuestas a la naturaleza del valor, el filósofo cubano José Ramón Fabelo Corzo, realiza una nueva propuesta acerca de la interpretación de los valores y expone su concepción en la que reconoce la existencia de tres dimensiones: objetiva, subjetiva e instituida, que se corresponden con tres planos de análisis de esta categoría.

En el primer plano de análisis, los valores se entienden como una parte constitutiva de la realidad social, “como una relación de significación entre los distintos procesos o acontecimientos de la vida social y las necesidades e intereses de la sociedad en su conjunto” (Fabelo Op. cit.:51)
Los distintos resultados de la actividad humana, objetos, fenómenos, procesos, desempeñan un papel en la sociedad, favorece u obstaculizan el desarrollo social, constituyendo un valor positivo o un “valor” negativo, un valor o un antivalor.

A estos valores Fabelo los llama objetivos y al conjunto de ellos sistema objetivo de valores, entendiendo su objetividad como una objetividad social.
Este sistema objetivo de valores puede ser apreciado de una forma o de otra por una persona o por un grupo, pero su existencia es independiente de esta apreciación y a la vez es dinámico, cambia según cambian las condiciones históricas concretas.

El segundo plano de análisis que propone Fabelo es el que se refiere a la forma en que el sistema objetivo de valores es reflejado por la conciencia de las personas de forma individual o de forma colectiva. Cada sujeto social va a conformar su propio sistema subjetivo de valores, dependiendo de sus motivos, necesidades, deseos, sentimientos, etc. El sistema subjetivo de valores puede o no coincidir con el sistema objetivo, en dependencia de que los intereses del sujeto o grupo social se correspondan con los de la sociedad en su conjunto.

A juicio de este autor, un aspecto muy importante que precisa Fabelo es que, no siempre el sujeto tiene conciencia de cuales son sus intereses y valora por los intereses de otros. Es el caso por ejemplo cuando un trabajador valora como muy positivo el sistema de propiedad privada sobre los medios de producción, el mismo sistema que en este tipo de propiedad lo mantiene explotado.

Fabelo reconoce que “en alguna medida, tenían razón tanto los objetivistas, como los subjetivistas…Es necesario buscar un referente objetivo…solo que ese referente hay que buscarlo dentro de la propia sociedad. Y es necesario también…tomar en consideración las variantes subjetivas (personales y colectivas) que tienen la interpretación de los valores” (Fabelo Op. cit.:52)

El tercer plano de análisis que plantea este autor es el que se refiere a que la sociedad siempre se organiza de una forma en que predomina un único sistema de valores, porque de lo contrario reinaría la anarquía.

Este único sistema de valores, alrededor del cual se organiza la sociedad es el que comprende los valores reconocidos oficialmente, que generalmente imponen los grupos que tienen el poder y son instituidos a través del sistema de leyes, normas jurídicas, ideología, educación, cuando se trata de un Estado o Nación.

Generalmente el sistema de valores instituido y oficialmente reconocido se considera a sí mismo como universalmente valioso (aunque a veces la realidad sea bien distinta) y en ocasiones se trata de imponer a otras culturas o estados. Tenemos un ejemplo muy claro en la administración norteamericana que trata de imponer al mundo su política guerrerista en nombre de la libertad y la democracia y en vez de contribuir al progreso social puede llevar a la destrucción de la humanidad.

Al proponer los tres planos de análisis de los valores, Fabelo, expone también la relación entre estas dimensiones:
• Los valores objetivos surgen como resultado de la objetivación de la subjetividad humana.
• Los valores subjetivos reciben por una parte la influencia de la subjetividad social y por otra, a través de la educación y otras vías la acción de los valores instituidos.
• Los valores instituidos condicionan las subjetividades, influyendo en la creación de nuevos valores objetivos.
Como bien plantea Fabelo la relación entre la dimensión objetiva y la dimensión subjetiva es lo que nos justifica una educación valorativa. “La mejor educación en valores es aquella que procure que la imagen subjetiva del valor tienda a coincidir con el valor real objetivo de las cosas” (Fabelo Op. cit.:53)
Los elementos contenidos en el presente epígrafe aportan a los profesores de Psicología, una visión general del tratamiento que han dado al tema de los valores, las distintas corrientes del pensamiento filosófico y los sitúa en condiciones de incursionar en los aportes de dos ciencias relacionadas estrechamente la Psicología y la Pedagogía.

Concepciones de la Psicología y la Pedagogía.

“Yo tengo la convicción, por la experiencia vivida,
de que los valores pueden ser
sembrados en el alma de los hombres, en la inteligencia y
en el corazón de los seres humanos”
Fidel Castro (2005:3)


La didáctica cubana en la actualidad, sustenta sus propuestas formativas sobre la base de dos importantes principios a saber, el principio de la unidad de lo instructivo y lo educativo y el de la unidad de lo cognitivo y lo afectivo. Precisamente el pensamiento de Fidel Castro que preside estas páginas, destaca esa crucial afirmación.

Los valores es necesario formarlos, el hombre no nace como un ser moral. En el proceso de su desarrollo, este se va apropiando de los valores, a través de la educación que recibe en el seno familiar, en el grupo escolar, en la sociedad en general.

La Filosofía, la Sociología, la Pedagogía y otras ramas del saber estudian los valores.
Para formar la personalidad es necesario conocer al ser humano; su formación y desarrollo en el medio familiar, escolar y social. Sus características psicológicas, sus motivos, necesidades, intereses e ideales. Es precisamente la Psicología la que nos puede proporcionar ese conocimiento. En la formación de los valores es necesario, por tanto, analizar las diferentes aproximaciones al estudio de estos desde la Psicología.
Las distintas escuelas psicológicas han realizado aportes al abordar la problemática de los valores.

Psicoanálisis
Sigmund Freud, padre del Psicoanálisis, plantea una estructuración de la personalidad en tres niveles: el primero es el “ELLO” en el que se encuentran las necesidades instintivas o pulsiones. El “ELLO” se rige por el principio del placer y obligará al individuo a buscarlo.

El segundo nivel es el “YO”, que se guía por el principio de la realidad, a este nivel le corresponden las funciones cognoscitivas, funciones de relación con el entorno que le permiten comprender la realidad, pero que son derivadas de los deseos y necesidades del “ELLO”.

En el tercer nivel de la personalidad (el “SUPEREGO” o “SUPERYO) el Psicoanálisis sitúa precisamente a las normas y valores morales. Según esta teoría el “YO” sería el árbitro entre el “ELLO” y el “SUPER YO”, entre el deseo ciego y asocial del instinto y las normas sociales de fraternidad, colaboración y altruismo más elevadas de la civilización, hechas propias como imagen del deber. (Corral 2003)

El psicoanálisis de Freud expresa una oposición entre los deseos individuales y la vida en sociedad, dando una visión pesimista del hombre, no obstante, a pesar de sus limitaciones se le reconoce como positivo que llama la atención sobre la importancia de la vida afectiva y la identificación con el adulto, en la formación axiológica en las primeras etapas de la vida.

Conductismo.
Para los conductistas el desarrollo moral de la personalidad está dado en lo que puede observarse a través de la conducta, lo que se puede comparar.
“De este modo la formación de valores es concebida como un proceso de aprendizaje de conductas sucesivas a partir de los mecanismos de imitación social, de recompensa y castigo, entre otros, que actúan como reforzadores de dichas conductas.” (Giniebra, R. 2006:123)

Como señala este autor, opinión que compartimos, si bien en las primeras etapas de la vida, lo mecanismos de estimulación externa juegan un importante papel en aprendizaje de conductas positivas por parte del niño; ya en etapas posteriores otros mecanismos más complejos intervienen.
El conductismo no tiene en cuenta el papel del sujeto, de sus mecanismos psicológicos internos. De igual forma el hecho que tenga lugar una conducta positiva no siempre es la expresión de la existencia de ese valor en el sujeto.

El enfoque cognitivo
Los principales representantes de la corriente cognitiva J. Piaget y L. Kolberg basaron sus teorías del desarrollo moral en las tesis de J. Dewey sobre el desarrollo del niño y el papel de la educación.
Piaget habla de un proceso de interiorización de los valores, lo cual ocurre del plano de las acciones externas al plano mental.
El sujeto transita en la ontogénesis por tres niveles que se relacionan con el desarrollo moral.
• Primer Nivel. (Nivel premoral).- No se tiene sentido de obligación a las reglas y normas sociales.
• Segundo Nivel (Nivel heterónomo o moral heterónoma).- La regulación se produce por la necesidad de obedecer a las normas y condiciones que son puestas desde afuera.
• Tercer nivel (Autónomo).-La regulación moral se produce por la comprensión de la necesidad de cumplir con las normas sociales, por convicción interna.

Según Piaget, el desarrollo del pensamiento lógico es lo que garantiza el tránsito de un nivel de regulación inicial a los subsiguientes.
La teoría de Piaget tiene un carácter reduccionista pues aunque acepta que en el desarrollo moral interviene la cooperación, lo hace depender del desarrollo intelectual alcanzado. (Segarte y Martínez.2003)

En criterio del autor, al plantear que el desarrollo moral culmina con la aceptación común de la regla como ley, se desconocen procesos internos del desarrollo, procesos afectivos y motivacionales mucho más complejos y no se explica el papel de la actividad y la comunicación en el desarrollo moral. A su vez, coincide con Segarte y Martínez cuando plantean: “Por nuestra parte valoramos que la concientización de las reglas morales ha de dar lugar al surgimiento de instancia morales internas, es decir a sistemas de motivos morales que regulan internamente la conducta del niño y que son las que dan lugar al surgimiento del sentido del deber u obligación que experimenta ante las exigencias que se les hace”· (Segarte, A L; Martínez, G A y Rodríguez, M E. 2003:354)

La actividad y la comunicación que el niño realiza en el grupo de coetáneos, mediatizadas siempre por el adulto en las distintas etapas del desarrollo, en el medio social en que vive, así como la vivencia de la relación con ese medio, son elementos que determinan su desarrollo moral; “el proceso de formación moral por tanto, está determinado por la posición social objetiva del niño en el sistema de relaciones sociales, en la actividad fundamental que desarrolla” (op.citp.:355)

Psicología Humanista

Entre los teóricos más importantes de esta corriente están A. Maslow, G. Allport y C. Rogers. Esta Psicología, en sentido general se orienta a la formación de un sujeto capaz de autorregular su conducta, con un elevado desarrollo intelectual y la formación de valores humanos que le permitan establecer relaciones humanas satisfactorias, en las que estén presentes la coherencia entre la conciencia y lo que se manifiesta a través de la comunicación. Es decir que exista la posibilidad de expresar las opiniones de forma abierta, franca.

La concepción de los valores desde el Enfoque Histórico-Cultural
L.S. Vigotsky (1896-1934) fue el fundador del Enfoque Histórico-Cultural, que constituye un paso de avance en el conocimiento científico de la problemática de los valores.
Al explicar la génesis de las funciones psíquicas superiores, Vigotsky nos permite comprender como se produce el proceso de subjetivación de lo valores.

El hombre, en el proceso de la actividad creadora, se relaciona con los valores creados por la sociedad, a su vez crea valores materiales, y junto a estos crea valores espirituales (éticos, morales, religiosos) que lo van transformando a sí mismo. “La incorporación de los valores a la subjetividad individual se produce entonces en un activo proceso de interacción, donde el joven incorpora aquellos valores objetivos que forman parte de la realidad social, de forma tal que su historia, sus formaciones psicológicas, los valores ya formados o incorporados determinan la manera en que nuevos valores se interiorizan y se construyen subjetivamente desde el punto de vista personal” (Giniebra, R.2006:129)

El Enfoque Histórico-Cultural ha servido y sirve de guía al pensamiento psicológico y pedagógico cubano para encauzar el complejo proceso de formación de valores en las nuevas generaciones.

¿Cuál es el concepto de valor? ¿Cómo se forman los valores?
No existe un concepto único de valor aceptado por los estudiosos del tema, cada investigador da el suyo, el autor de la tesis asume que los valores son, desde el punto de vista psicológico, aquellos componentes motivacionales de la personalidad que, respondiendo a las necesidades del progreso social, orientan al sujeto en la autorregulación del comportamiento ante fenómenos, hechos y situaciones que la vida le presenta.

Los valores como componentes de la subjetividad del individuo son factibles de formar mediante la educación.
La educación en el seno familiar sienta las bases de la formación axiológica del niño. Los valores que rigen la vida familiar, las valoraciones de las conductas, tanto de los miembros de la familia, como de otros integrantes de la sociedad (vecinos, trabajadores, actores y personajes de ficción de la radio y la televisión, etc.) van trasmitiendo valores, (en algunos casos antivalores) que el niño va incorporando a sus punto de vista, ideales, motivos, cualidades de la personalidad, pasando así a formar parte de su sistema de valores, que continuará desarrollándose en el medio escolar y social en los que irá transcurriendo su vida.

Para hablar de verdaderos valores, estos deben formar parte del sistema de motivos del sujeto, posibilitándole la autorregulación del comportamiento en situaciones en que no existan elementos de presión externa.

Para lograr la formación humanista del hombre hay que desarrollar en él los valores morales que constituyen el eje central de esa formación (Romero 2000). “los valores morales en el plano subjetivo, implican que el hombre hace suyos aquellos modos de pensar y actuar que expresan su esencia como ser social, que establecen el vínculo entre lo individual y lo social.” (Romero, Acosta y otros 2000:132)

La formación moral de los jóvenes ha sido una constante en el pensamiento pedagógico cubano desde finales del siglo XVIII y en los inicios del siglo XIX. En el Seminario de San Carlos, en escuelas privadas y e otras instituciones se trasmitió a la élite criolla el sentimiento de identidad y de amor a la tierra en que se nace. (Chávez 2006:4)

En esta etapa la formación de valores se centró en enseñar a pensar comenzando con José Agustín Caballero y alcanzando un punto cualitativamente superior en Félix Varela, quien en sus “Cartas a Elpidio” centra su atención en la formación moral de la juventud.

“La experiencia pedagógica de Varela, su indiscutible extirpe de formador, lo llevan a defender presupuestos educativos que hoy constituyen verdades probadas” (Ibíd.), como son la importancia del aspecto cognoscitivo, que no se pueden imponer las formas de pensar, la necesidad de persuadir, la importancia de conocer al joven y actuar de acuerdo con ese conocimiento, tratando de promover la autoeducación, que el joven llegue a criterios propios, creándole las condiciones para que llegue a la verdad por sí mismo, desarrollando en él convicciones que le permitan actuar de manera independiente en la vida.

Por su parte Luz y Caballero abogó por una educación integral donde se desarrollaran todas las facultades de la persona, formando, junto a la adquisición de conocimientos, elevadas cualidades morales.

Enrique José Varona (1849-1933) y José Martí (1853-1895) fueron las figuras cimeras del pensamiento pedagógico cubano de finales del Siglo XIX.
Varona se preocupó por la creación de hábitos morales, propugnando la formación integral del educando y la importancia de que el maestro desempeñe cabalmente la función de educador; para Varona el acto educativo era en los esencial, educativo en sí mismo (Chávez 2006:5), hay que educar no solo con la palabra, sino también con la acción.

Las ideas de José Martí sobre la educación representan lo más avanzado de su época en nuestro país y por su profundidad y alcance universal, mantienen hoy su vigencia. Él comprendió la importancia de la educación familiar y el ejemplo de los padres para la formación de la personalidad del niño, señalando: “Las cualidades de los padres quedan en el espíritu de los hijos, como quedan los dedos del niño en las alas de la fugitiva mariposa” (.Alonso, Hernández y Alonso. 2007:8)

Valores como el honor, la igualdad, la honradez, la modestia, la cortesía aparecen de forma recurrente en sus obras, así expresó:”La honradez debía ser como el aire y como el sol, tan natural que no se tuviera que hablar de ella” (Ibíd.) y sobre el honor escribió: “Sin honor no hay hombre. Cada cual viva de su sudor o no vivirá” (Ibíd.)

La independencia cognoscitiva es hoy un valor de máxima prioridad a formar en todos los estudiantes, en especial en los que se encuentran en las aulas de la universalización. Martí en 1894 significaba “…no hay mejor sistema de educación que aquel que prepara al niño a aprender por sí” (Ibíd.)
En José Martí el patriotismo es un valor que da sentido a su vida, él expresó que “Los hijos trabajan para la madre. Para su Patria debían trabajar todos los hombres” (Ibíd.) y en un concepto más amplio señala que “Patria es humanidad” , manifestando un sentimiento humanista e internacionalista que se concreta en las Bases del Partido Revolucionario Cubano que planteaba además de alcanzar la independencia de Cuba, fomentar y auxiliar la Puerto Rico.

Martí señaló la diferencia entre instrucción y educación y la importancia de la unidad de ambos procesos para la formación de la personalidad, él expuso: “El pueblo más feliz es el que mejor tenga educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento y la dirección de los sentimientos”. (Ibíd.)
Con el triunfo de la Revolución el 1º de Enero de 1959, comienza una transformación radical de la sociedad cubana. El rescate de los más elevados valore morales se convierte en una preocupación de primer orden para la dirección del país y guía del quehacer de nuestros centros educacionales.
Desde la Campaña de Alfabetización hasta la universalización de la Educación Superior, el camino recorrido ha estado siempre en función de formar un ser humano más pleno, capaz de pensar por sí mismo, de formarse sus propios juicios acerca de la realidad social y de aquellos valores que contribuyen al mejoramiento de la especie humana, con la convicción expresada por Fidel de que un “mundo mejor es posible”.

El Comandante en Jefe con su extraordinaria fe en el hombre, en sus mejores cualidades y convencido de la necesidad de formar a través de la educación esos valores que llevan al mejoramiento del género humano; constituye un ejemplo y un aliento para todo el que labora en el terreno de la educación, él expresó: “El hombre es un ser lleno de instintos…la naturaleza le impone los instintos, la educación impone las virtudes” (Castro 2005:7)
Esas virtudes de que habla el Comandante en Jefe es necesario formarlas en los estudiantes, con métodos adecuados de acuerdo a sus características y a las nuevas condiciones en que vive el país.

Existen opiniones de que la formación de valores se produce en el mismo proceso de instrucción, que esta se produce de un modo espontáneo, no es necesario preverla, ni dirigirla, ya que el hecho mismo de la relación profesor alumno y el conocimiento son suficientes para que el alumno desarrolle sus valores. Al respecto la investigadora Concepción Romero aclara: “No es menos cierto que el conocimiento juega un papel muy importante en el proceso de formación de valores, entre otros factores porque contribuye a la valoración acertada de la realidad que hacen los individuos, pero no es el único componente de este importante proceso, en el que intervienen también los componentes motivacional-afectivo y conductual.” (Romero, Acosta y otros 2000:2) En la formación de valores el conocimiento es muy importante, pero solamente con darle a conocer el valor al estudiante no es suficiente, hay que llegar a sus motivos y sentimientos y que ese valor se ponga de manifiesto en la conducta.

¿Como llegar a la esfera de los sentimientos, qué sentimientos formar, cómo lograr la conducta deseada ante las diferentes situaciones que la vida le puede plantear al individuo, en una realidad social que es muy diferente a la de años anteriores, en una realidad en que la lucha en el terreno de las ideas es decisiva para preservar lo alcanzado por la Revolución y garantizar su continuidad histórica? En ese empeño este autor considera muy acertado lo señalado de que la formación de valores debe continuar en el centro de la educación cubana (Chávez 2006:6). “Hay que tener en cuenta que el acto educativo es en sí eminentemente creador de valores. Todo lo que se enseña – conocimientos, habilidades- tiene que ser un pretexto para formar cualidades positivas de la personalidad.” (Chávez. 2006:4)

De lo dicho por Chávez queda claro que la formación humanista debe ser privilegiada sobre la formación tecnicista, lo que fue alertado por el Comandante en Jefe cuando planteó la necesidad de formar profesionales idealistas que se pongan al servicio de los intereses del pueblo (Romero, Acosta y otros 2000).

Dentro de los componentes de la formación humanista el moral es el fundamental: “Formar valores morales significa desarrollar aquel componente de la personalidad del individuo que lo hace más humano” (Ibíd.)

En relación con la importancia de la formación humanista, otros destacados pedagogos cubanos de la actualidad como el Dr. Ulises Mestre Gómez, han tratado el tema, resaltando la importancia de formar valores como la honradez, la responsabilidad, la honestidad, la solidaridad, etc. y precisa este autor: “En el trabajo educativo no se pueden establecer recetas, pero sí pueden trazarse puntos de partida, conociendo y respetando la individualidad de cada estudiante, niño o joven…todo lo que enseñamos, absolutamente todo, puede formar valores siempre y cuando se someta a valoraciones acertadas que permitan al joven o niño una adecuada orientación de su vida personal y social” (S/F:4)

Giniebra Urra se refiere a la subjetivación de los valores a través de la educación por medio de las influencias que tienen lugar en los diferentes contextos. Influencias estas que se organizan intencionalmente para alcanzar los objetivos propuestos. Este autor define “la educación que promueve la subjetivación de valores como: el proceso intencional, sistémico y contradictorio de creación e intercambio de significados y sentidos, que potencia el desarrollo axiológico de los individuos, expresándose en contribuciones al desarrollo humano” (Giniebra 2006:139)

La Dra. Viviana González Maura (2001) reconoce también la existencia de los valores como formaciones motivacionales de la personalidad, que se convierten en motivos de actuación para el sujeto, participando así en la regulación de la conducta. Plantea así mismo la complejidad del proceso de comunicación entre profesores y estudiantes, donde el estudiante, adoptando una posición activa, pueda apropiarse de forma individual de los significados para la construcción de sus valores.

González Maura considera que para formar valores es necesario cumplir con una serie de condiciones como la formación psicopedagógica de los docentes universitarios, la participación y el diálogo en el proceso de enseñanza-aprendizaje, donde estudiantes y docentes asuman la condición de sujetos, la utilización de métodos participativos, relaciones profesor-alumno sobre la base de la autenticidad, la confianza y el respeto mutuo, donde el docente sea un modelo educativo capaz de influir en la formación de valores en los estudiantes.

Muy acertadamente resume esta autora que: “sólo creando espacios de reflexión en el proceso de enseñanza-aprendizaje, en los que el estudiante aprenda a valorar , a argumentar sus puntos de vista, defenderlos ante los que se oponen a ellos, en los que el estudiante tenga libertad para expresar sus criterios , para discrepar, para plantear iniciativas, para escuchar y comprender a los demás, para enfrentarse a problemas con seguridad y eficiencia, para esforzarse por lograr sus propósitos, espacios en el proceso de enseñanza-aprendizaje en los que sean los docentes universitarios guías de sus estudiantes, modelos de profesionales, ejemplos a imitar, sólo en estas condiciones estaremos contribuyendo a la educación de valores del estudiante universitario.” (González, V. 2001:20)

Como bien señala esta autora, la reflexión y el debate, el papel activo del estudiante, el razonamiento (y no la imposición y el aprendizaje formal) son vías adecuadas para que el estudiante aprenda a valorar y construya su propio sistema de valores.

En esta misma dirección están los criterios de José Ramón Fabelo (1996) en el sentido de que es necesario que enseñemos al joven a valorar por sí mismo, que aprenda a valorar en cada circunstancia como se manifiesta el contenido concreto de los valores, tener en cuenta las circunstancias y en el caso de que exista un conflicto de valores, saber optar por el más importante, la enseñanza no puede convertirse en “una transmisión fría y esquemática de valores. Mas que enseñar valores fijos, debemos enseñar a nuestros jóvenes a valorar por si mismos” (Fabelo 1996:3)

López Bombino (2004) trata sobre la necesidad de evitar la doble moral en la educación en valores y también de enseñar a valorar, que el alumno exprese sus opiniones, que pueda discrepar, equivocarse. Como él afirma la comunicación profesor alumno enriquece el proceso de formación de valores. Si el profesor permite que el estudiante se exprese se logra la originalidad necesaria para que este se sienta identificado con el proceso educativo y no lo vea como la imposición de puntos de vista y opiniones, que entonces le resultarían ajenos “si no se dejan márgenes a la equivocación, a la flexibilidad, al diálogo, a la contradicción, a la cultura del error, se torna imposible lograr una autenticidad en la formación moral y valorativa de las generaciones actuales” (López 2006:311)

La importancia del aspecto cognoscitivo y afectivo en la formación de valores es tratado por diferentes autores. Se reconoce que debe existir un conocimiento axiológico como un momento esencial en la formación del sistema de valores de la persona, pero que el conocimiento sólo no garantiza esta formación; es necesario además, llegar a los sentimientos y emociones para que el contenido se convierta en convicciones que muevan la actuación del individuo.

Cuando se propone el proceso de formación de valores es necesario partir del nivel de desarrollo de los valores que presentan los educandos (Romero, Acosta y otros 2000). El diagnóstico nos permite de forma sistémica y continua un conocimiento de la personalidad del educando; es un proceso dinámico, caracterizando las potencialidades del desarrollo psíquico y las condiciones que influyen en este.

Romero Pérez plantea cuatro fases para la realización del diagnóstico. Estas son la preparatoria, exploratoria, análisis de los resultados y la propuesta de transformación.

En la fase preparatoria se determinan los objetivos, se conceptualizan y se operacionalizan los valores, se determinan los indicadores y las técnicas a utilizar.

En la fase exploratoria se aplican las técnicas para la obtención de datos (Encuestas, cuestionarios, entrevistas, composiciones, etc.)
En el análisis de los resultados se tabulan los datos obtenidos, debiéndose lograr la mayor objetividad posible en el procesamiento de la información.
En la fase de propuesta de transformación se elabora la estrategia de intervención a partir de los resultados obtenidos.
En el Séptimo Seminario Nacional para educadores del Ministerio de Educación se definen cuatro niveles por los que transita el diagnóstico del proceso de formación político-ideológica (Lahera 2006) estos son:
Nivel cognoscitivo.-Incluye el conocimiento, el nivel de información, los argumentos necesarios para la reflexión y la valoración.
Nivel motivacional-afectivo.-Aquello que afecta al sujeto, que deja una vivencia, forma sentimientos, intereses, fines, ideales, necesidades. Este nivel orienta y sostiene la actuación.

Nivel valorativo.-Está dado por las posiciones y análisis crítico, convicciones y puntos de vista propios.
Nivel práctico.-Lograr actitudes, comportamientos y modos de actuación que se correspondan con lo logrado en los niveles anteriores.
Además de constituir niveles del proceso de diagnóstico, el autor de la tesis considera que pueden constituir a su vez aspectos a tener en cuenta en el proceso de formación de valores

El humanismo, la solidaridad, el patriotismo, la responsabilidad, etc. tienen un contenido que debemos dar a conocer al sujeto. No podemos aspirar a que una persona sea responsable, sin saber ¿qué es ser responsable? o que desarrolle sentimientos de solidaridad hacia otros pueblos sin tener un concepto de lo que se considera solidaridad.

Por otra parte este conocimiento debe trasmitirse de forma que provoque vivencias positivas hacia el contenido de forma que lo haga suyo, que experimente agrado ante el mismo y de esta forma pase a formar parte de sus necesidades y motivos.

A partir de estos componentes motivacionales el sujeto debe enfrentarse a situaciones reales o hipotéticas en las que tendrá que asumir una actitud, demostrando así la formación de puntos de vista propios.

En la formación axiológica, como en otras esferas del conocimiento, la práctica es punto de partida y criterio valorativo de la verdad. Para formar determinados valores, debemos poner al sujeto en situaciones en que su actuación se corresponda con esos valores.

Al actuar conforme a determinados criterios valorativos, se experimentarán vivencias que contribuirán a fortalecer los motivos de la persona y aumentarán su conocimiento de aquellos valores que se quieren formar.

CONCLUSIONES
· Dentro de los Problemas Sociales de la Ciencia y la Tecnología, es vital la cuestión de al servicio de que valores está la producción científica y tecnológica y que profesional formamos para que realmente contribuya al progreso social y no a la destrucción de la especie humana.
· El docente debe esta preparado desde el punto de vista teórico acerca de los valores, así como tener conocimientos de Psicología y Pedagogía para enfrentar adecuadamente el trabajo educativo..
· La formación de valores no puede ser un proceso espontáneo, debe ser un proceso bien concebido en cuanto a qué valores formar y como desarrollar el trabajo educativo para que este sea más efectivo.
· Debe conocerse las características psicológicas de los educandos y sobre todo lo relacionado con sus valores, por lo que debe partirse de un diagnóstico de la situación existente.
· Es necesario profundizar en la preparación de los educadores para adecuar el trabajo de formación axiológica a las nuevas condiciones de la Universalización de la Educación Superior en Cuba.

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AUTOR
Alberto Gelacio Martínez Torres.
Licenciado en Psicología y Pedagogía. Subdirector de Extensión Universitaria. SUM Juan Gualberto Gómez. Municipio Martí. Provincia Matanzas. Cuba.
alberto.martinez@umcc.cu
Julio 2008

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Publicado Wednesday 23 de July de 2008

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