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Los valores y su formación: un conocimiento necesario
Resumen: En Cuba la Universidad ha sido llevada a cada municipio del país, creando sedes universitarias en cada territorio, lo cual elimina las dificultades que implica el traslado de los estudiantes a grandes distancias y facilita la incorporación de personas que por diferentes causas no...
Publicación enviada por Alberto Gelacio Martínez Torres
ÍNDICE
Resumen
Introducción
Desarrollo
· Concepciones filosóficas, psicológicas y pedagógicas
· acerca de los valores y su formación
· Concepciones filosóficas
· Concepciones de la Psicología y la Pedagogía
Conclusiones
Bibliografía
RESUMEN
En Cuba la Universidad ha sido llevada a cada municipio del país, creando sedes
universitarias en cada territorio, lo cual elimina las dificultades que implica
el traslado de los estudiantes a grandes distancias y facilita la incorporación
de personas que por diferentes causas no podían asistir a las universidades
existentes en las capitales de provincias y en la capital del país.
La explosión de matrícula ha requerido la incorporación de los profesionales de
cada lugar a impartir docencia en las aulas de la Universalización. Estos
profesionales en su mayoría no cuentan con una preparación pedagógica previa,
para desarrollar el trabajo educativo que contribuya a la formación de valores
en los estudiantes, lo cual es fundamental en un mundo en el que la
globalización neoliberal tiende a la pérdida de valores y en el que Cuba sufre
la agresión ideológica del Imperialismo Norteamericano por todas las vías
posibles.
El presente trabajo pretende poner en manos de estos profesores los
conocimientos elementales acerca de los valores y su formación en el proceso
docente educativo y contribuir así a la educación de los futuros profesionales.
INTRODUCCIÓN
La revolución que ha significado la Universalización de la Educación Superior en
Cuba, ha planteado nuevos retos al personal que participa en esa colosal obra,
principalmente a los que desempeñan funciones de dirección a los diferentes
niveles, en especial los que lo hacen en las sedes universitarias que se han
creado a lo largo y ancho del país.
Los futuros profesionales que se forman en sus aulas deben tener un desarrollo
del pensamiento crítico y autocrítico que les permita enfrentar de manera
creativa y desde posiciones científico profesionales correctas las diversas
problemáticas que la vida les pondrá ante sí.
En relación al profesional que se forma en las aulas de la Universalización, por
el papel social que desempeñan y van a desempeñar aún más en un futuro no
lejano, deben ser portadores de elevados valores que tienen que fomentarse por
cada una de los docentes, que contribuyen a su formación como profesionales,
futuros investigadores y científicos.
Los profesionales que se desempeñan como profesores a tiempo parcial en las
Sedes Universitarias Municipales (SUM), proceden en su gran mayoría de
especialidades no relacionadas directamente con la profesión pedagógica, por lo
que su preparación en el tema de los valores, tanto desde el punto de vista
teórico, como de su formación en el proceso docente-educativo es muy escaso.
De igual forma por las características del sistema educacional cubano y las
condiciones en que lleva a cabo la Revolución su proyecto social, es necesario
que los maestros y profesores, así como otro personal relacionado con el proceso
pedagógico cuente con los conocimientos necesarios sobre qué son los valores y
como formarlos.
Con este artículo se pretende realizar un breve recorrido por distintos
criterios acerca de los valores, tanto desde el punto de vista de la Filosofía
como de la óptica de importantes psicólogos y pedagogos cubanos, con el objetivo
de contribuir a la preparación de los docentes que son los principales
responsables de llevar a la práctica esta importante labor.
DESARROLLO
Concepciones filosóficas, psicológicas y pedagógicas acerca de los valores y
su formación.
Revolución es…defender valores en los que se cree al precio de cualquier
sacrificio…es no mentir jamás ni violar principios éticos.”
(Castro. F. 2000:2)
Concepciones filosóficas.
Las ideas de Fidel acerca de la conciencia revolucionaria de nuestro pueblo,
sintetizan una serie de valores de alto contenido social que están presentes en
la sociedad cubana actual y que son frutos de la extraordinaria obra que en el
terreno de las ideas, se ha forjado en estas casi cinco décadas de revolución.
A través de la historia, destacados pensadores se han ocupado del tema de los
valores, tratando de explicar la naturaleza de los mismos, del bien y del mal,
de lo justo y lo injusto, lo bello o lo feo. Las distintas ideas y enfoque de
los valores se en cuatro corrientes de pensamiento: naturalista, objetivista,
subjetivista y sociologista que creen, cada una, tener la verdad acerca de los
valores.
Sobre este tema Fabelo señala: “ Aunque todas reclaman para sí el monopolio de
la verdad, de hecho cada una de ellas centra la atención en uno de los aspectos
de los valores, sin llegar a ofrecer una respuesta abarcadora de todas su
complejidad y, mucho menos, explicar de manera convincente su origen” (Fabelo
2004:25)
El naturalismo ve la relación de los valores con las propiedades naturales de
los objetos y también con las del ser humano, pero absolutiza esta relación, no
tiene en cuenta la intervención humana para la creación de los valores, el
contenido social de las necesidades humanas.
Por otra parte el objetivismo, al intentar encontrar un referente objetivo de
los valores le otorga una base a la educación moral, puesto que la misma estaría
dirigida a esos valores objetivos, pero colocan a los valores en una nueva
dimensión del mundo, no ven la relación de ellos con la sociedad y por
consiguiente su evolución y desarrollo en correspondencia con el desarrollo de
dicha sociedad.
El subjetivismo por su parte sitúa a los valores en relación con las necesidades
e intereses del ser humano, ese es un aspecto positivo de esta tendencia, pero
su aspecto negativo está dado en que hace depender de forma absoluta a los
valores de los intereses, deseos y gustos de las personas. De esta forma todo
con relación a los valores sería relativo, cada uno tendría sus valores, por lo
que no tendría sentido hablar de valores desde un punto de vista social, cada
uno tendría su sistema valores que sería verdadero, “carecería de fundamento la
educación ética, estética o política; no tendría sentido el premio o la sanción
moral; ninguna valoración sería ni verdadera ni falsa; no podría juzgarse con
justeza ningún conflicto de valores; el victimario y la víctima tendrían cada
uno su verdad…” (Fabelo Op. cit.:27)
A finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX se promueve otra vertiente del
pensamiento filosófico que aborda a los valores con una visión diferente a las
mencionadas; el llamado sociologismo axiológico que entiende como valioso lo que
la sociedad aprueba como tal. Así cada nueva generación encuentra y asume normas
y principios establecidos anteriormente. Los individuos para sentirse integrados
plenamente a esa sociedad, deben acatar esas normas y principios que serán
diferentes en las distintas sociedades y culturas.
El sociologismo, a diferencia del subjetivismo, busca el fundamento social de
los valores, partiendo de que si el hombre es un ser social, la naturaleza de
los valores tiene que ser social.
Entiende que es verdadero el criterio que cuenta con el consenso de la mayoría.
Esta corriente tiene su confirmación en parte cuando se analiza que cada cultura
forma su propio sistema de valores, qué es bueno, qué es malo, qué es lo bello,
lo justo, etc.
Hay otros aspectos de los valores a los que no se les da respuesta por esta
corriente como son, la posibilidad de que existan valoraciones colectivas
equivocadas o que se manipule la opinión de la mayoría.
Cuando lo analizamos en el plano de las relaciones entre las distintas culturas,
el sociologismo cae en un relativismo similar al subjetivismo, pues en un
conflicto valorativo internacional, cada cultura defenderá como verdaderos sus
valores. En este caso el sociologismo es incapaz de aportar una solución.
La pluridimensionalidad de los valores.
Ante la diversidad de respuestas a la naturaleza del valor, el filósofo cubano
José Ramón Fabelo Corzo, realiza una nueva propuesta acerca de la interpretación
de los valores y expone su concepción en la que reconoce la existencia de tres
dimensiones: objetiva, subjetiva e instituida, que se corresponden con tres
planos de análisis de esta categoría.
En el primer plano de análisis, los valores se entienden como una parte
constitutiva de la realidad social, “como una relación de significación entre
los distintos procesos o acontecimientos de la vida social y las necesidades e
intereses de la sociedad en su conjunto” (Fabelo Op. cit.:51)
Los distintos resultados de la actividad humana, objetos, fenómenos, procesos,
desempeñan un papel en la sociedad, favorece u obstaculizan el desarrollo
social, constituyendo un valor positivo o un “valor” negativo, un valor o un
antivalor.
A estos valores Fabelo los llama objetivos y al conjunto de ellos sistema
objetivo de valores, entendiendo su objetividad como una objetividad social.
Este sistema objetivo de valores puede ser apreciado de una forma o de otra por
una persona o por un grupo, pero su existencia es independiente de esta
apreciación y a la vez es dinámico, cambia según cambian las condiciones
históricas concretas.
El segundo plano de análisis que propone Fabelo es el que se refiere a la forma
en que el sistema objetivo de valores es reflejado por la conciencia de las
personas de forma individual o de forma colectiva. Cada sujeto social va a
conformar su propio sistema subjetivo de valores, dependiendo de sus motivos,
necesidades, deseos, sentimientos, etc. El sistema subjetivo de valores puede o
no coincidir con el sistema objetivo, en dependencia de que los intereses del
sujeto o grupo social se correspondan con los de la sociedad en su conjunto.
A juicio de este autor, un aspecto muy importante que precisa Fabelo es que, no
siempre el sujeto tiene conciencia de cuales son sus intereses y valora por los
intereses de otros. Es el caso por ejemplo cuando un trabajador valora como muy
positivo el sistema de propiedad privada sobre los medios de producción, el
mismo sistema que en este tipo de propiedad lo mantiene explotado.
Fabelo reconoce que “en alguna medida, tenían razón tanto los objetivistas, como
los subjetivistas…Es necesario buscar un referente objetivo…solo que ese
referente hay que buscarlo dentro de la propia sociedad. Y es necesario
también…tomar en consideración las variantes subjetivas (personales y
colectivas) que tienen la interpretación de los valores” (Fabelo Op. cit.:52)
El tercer plano de análisis que plantea este autor es el que se refiere a que la
sociedad siempre se organiza de una forma en que predomina un único sistema de
valores, porque de lo contrario reinaría la anarquía.
Este único sistema de valores, alrededor del cual se organiza la sociedad es el
que comprende los valores reconocidos oficialmente, que generalmente imponen los
grupos que tienen el poder y son instituidos a través del sistema de leyes,
normas jurídicas, ideología, educación, cuando se trata de un Estado o Nación.
Generalmente el sistema de valores instituido y oficialmente reconocido se
considera a sí mismo como universalmente valioso (aunque a veces la realidad sea
bien distinta) y en ocasiones se trata de imponer a otras culturas o estados.
Tenemos un ejemplo muy claro en la administración norteamericana que trata de
imponer al mundo su política guerrerista en nombre de la libertad y la
democracia y en vez de contribuir al progreso social puede llevar a la
destrucción de la humanidad.
Al proponer los tres planos de análisis de los valores, Fabelo, expone también
la relación entre estas dimensiones:
• Los valores objetivos surgen como resultado de la objetivación de la
subjetividad humana.
• Los valores subjetivos reciben por una parte la influencia de la subjetividad
social y por otra, a través de la educación y otras vías la acción de los
valores instituidos.
• Los valores instituidos condicionan las subjetividades, influyendo en la
creación de nuevos valores objetivos.
Como bien plantea Fabelo la relación entre la dimensión objetiva y la dimensión
subjetiva es lo que nos justifica una educación valorativa. “La mejor educación
en valores es aquella que procure que la imagen subjetiva del valor tienda a
coincidir con el valor real objetivo de las cosas” (Fabelo Op. cit.:53)
Los elementos contenidos en el presente epígrafe aportan a los profesores de
Psicología, una visión general del tratamiento que han dado al tema de los
valores, las distintas corrientes del pensamiento filosófico y los sitúa en
condiciones de incursionar en los aportes de dos ciencias relacionadas
estrechamente la Psicología y la Pedagogía.
Concepciones de la Psicología y la Pedagogía.
“Yo tengo la convicción, por la experiencia vivida,
de que los valores pueden ser
sembrados en el alma de los hombres, en la inteligencia y
en el corazón de los seres humanos”
Fidel Castro (2005:3)
La didáctica cubana en la actualidad, sustenta sus propuestas formativas sobre
la base de dos importantes principios a saber, el principio de la unidad de lo
instructivo y lo educativo y el de la unidad de lo cognitivo y lo afectivo.
Precisamente el pensamiento de Fidel Castro que preside estas páginas, destaca
esa crucial afirmación.
Los valores es necesario formarlos, el hombre no nace como un ser moral. En el
proceso de su desarrollo, este se va apropiando de los valores, a través de la
educación que recibe en el seno familiar, en el grupo escolar, en la sociedad en
general.
La Filosofía, la Sociología, la Pedagogía y otras ramas del saber estudian los
valores.
Para formar la personalidad es necesario conocer al ser humano; su formación y
desarrollo en el medio familiar, escolar y social. Sus características
psicológicas, sus motivos, necesidades, intereses e ideales. Es precisamente la
Psicología la que nos puede proporcionar ese conocimiento. En la formación de
los valores es necesario, por tanto, analizar las diferentes aproximaciones al
estudio de estos desde la Psicología.
Las distintas escuelas psicológicas han realizado aportes al abordar la
problemática de los valores.
Psicoanálisis
Sigmund Freud, padre del Psicoanálisis, plantea una estructuración de la
personalidad en tres niveles: el primero es el “ELLO” en el que se encuentran
las necesidades instintivas o pulsiones. El “ELLO” se rige por el principio del
placer y obligará al individuo a buscarlo.
El segundo nivel es el “YO”, que se guía por el principio de la realidad, a este
nivel le corresponden las funciones cognoscitivas, funciones de relación con el
entorno que le permiten comprender la realidad, pero que son derivadas de los
deseos y necesidades del “ELLO”.
En el tercer nivel de la personalidad (el “SUPEREGO” o “SUPERYO) el
Psicoanálisis sitúa precisamente a las normas y valores morales. Según esta
teoría el “YO” sería el árbitro entre el “ELLO” y el “SUPER YO”, entre el deseo
ciego y asocial del instinto y las normas sociales de fraternidad, colaboración
y altruismo más elevadas de la civilización, hechas propias como imagen del
deber. (Corral 2003)
El psicoanálisis de Freud expresa una oposición entre los deseos individuales y
la vida en sociedad, dando una visión pesimista del hombre, no obstante, a pesar
de sus limitaciones se le reconoce como positivo que llama la atención sobre la
importancia de la vida afectiva y la identificación con el adulto, en la
formación axiológica en las primeras etapas de la vida.
Conductismo.
Para los conductistas el desarrollo moral de la personalidad está dado en lo que
puede observarse a través de la conducta, lo que se puede comparar.
“De este modo la formación de valores es concebida como un proceso de
aprendizaje de conductas sucesivas a partir de los mecanismos de imitación
social, de recompensa y castigo, entre otros, que actúan como reforzadores de
dichas conductas.” (Giniebra, R. 2006:123)
Como señala este autor, opinión que compartimos, si bien en las primeras etapas
de la vida, lo mecanismos de estimulación externa juegan un importante papel en
aprendizaje de conductas positivas por parte del niño; ya en etapas posteriores
otros mecanismos más complejos intervienen.
El conductismo no tiene en cuenta el papel del sujeto, de sus mecanismos
psicológicos internos. De igual forma el hecho que tenga lugar una conducta
positiva no siempre es la expresión de la existencia de ese valor en el sujeto.
El enfoque cognitivo
Los principales representantes de la corriente cognitiva J. Piaget y L. Kolberg
basaron sus teorías del desarrollo moral en las tesis de J. Dewey sobre el
desarrollo del niño y el papel de la educación.
Piaget habla de un proceso de interiorización de los valores, lo cual ocurre del
plano de las acciones externas al plano mental.
El sujeto transita en la ontogénesis por tres niveles que se relacionan con el
desarrollo moral.
• Primer Nivel. (Nivel premoral).- No se tiene sentido de obligación a las
reglas y normas sociales.
• Segundo Nivel (Nivel heterónomo o moral heterónoma).- La regulación se produce
por la necesidad de obedecer a las normas y condiciones que son puestas desde
afuera.
• Tercer nivel (Autónomo).-La regulación moral se produce por la comprensión de
la necesidad de cumplir con las normas sociales, por convicción interna.
Según Piaget, el desarrollo del pensamiento lógico es lo que garantiza el
tránsito de un nivel de regulación inicial a los subsiguientes.
La teoría de Piaget tiene un carácter reduccionista pues aunque acepta que en el
desarrollo moral interviene la cooperación, lo hace depender del desarrollo
intelectual alcanzado. (Segarte y Martínez.2003)
En criterio del autor, al plantear que el desarrollo moral culmina con la
aceptación común de la regla como ley, se desconocen procesos internos del
desarrollo, procesos afectivos y motivacionales mucho más complejos y no se
explica el papel de la actividad y la comunicación en el desarrollo moral. A su
vez, coincide con Segarte y Martínez cuando plantean: “Por nuestra parte
valoramos que la concientización de las reglas morales ha de dar lugar al
surgimiento de instancia morales internas, es decir a sistemas de motivos
morales que regulan internamente la conducta del niño y que son las que dan
lugar al surgimiento del sentido del deber u obligación que experimenta ante las
exigencias que se les hace”· (Segarte, A L; Martínez, G A y Rodríguez, M E.
2003:354)
La actividad y la comunicación que el niño realiza en el grupo de coetáneos,
mediatizadas siempre por el adulto en las distintas etapas del desarrollo, en el
medio social en que vive, así como la vivencia de la relación con ese medio, son
elementos que determinan su desarrollo moral; “el proceso de formación moral por
tanto, está determinado por la posición social objetiva del niño en el sistema
de relaciones sociales, en la actividad fundamental que desarrolla”
(op.citp.:355)
Psicología Humanista
Entre los teóricos más importantes de esta corriente están A. Maslow, G. Allport
y C. Rogers. Esta Psicología, en sentido general se orienta a la formación de un
sujeto capaz de autorregular su conducta, con un elevado desarrollo intelectual
y la formación de valores humanos que le permitan establecer relaciones humanas
satisfactorias, en las que estén presentes la coherencia entre la conciencia y
lo que se manifiesta a través de la comunicación. Es decir que exista la
posibilidad de expresar las opiniones de forma abierta, franca.
La concepción de los valores desde el Enfoque Histórico-Cultural
L.S. Vigotsky (1896-1934) fue el fundador del Enfoque Histórico-Cultural,
que constituye un paso de avance en el conocimiento científico de la
problemática de los valores.
Al explicar la génesis de las funciones psíquicas superiores, Vigotsky nos
permite comprender como se produce el proceso de subjetivación de lo valores.
El hombre, en el proceso de la actividad creadora, se relaciona con los valores
creados por la sociedad, a su vez crea valores materiales, y junto a estos crea
valores espirituales (éticos, morales, religiosos) que lo van transformando a sí
mismo. “La incorporación de los valores a la subjetividad individual se produce
entonces en un activo proceso de interacción, donde el joven incorpora aquellos
valores objetivos que forman parte de la realidad social, de forma tal que su
historia, sus formaciones psicológicas, los valores ya formados o incorporados
determinan la manera en que nuevos valores se interiorizan y se construyen
subjetivamente desde el punto de vista personal” (Giniebra, R.2006:129)
El Enfoque Histórico-Cultural ha servido y sirve de guía al pensamiento
psicológico y pedagógico cubano para encauzar el complejo proceso de formación
de valores en las nuevas generaciones.
¿Cuál es el concepto de valor? ¿Cómo se forman los valores?
No existe un concepto único de valor aceptado por los estudiosos del tema, cada
investigador da el suyo, el autor de la tesis asume que los valores son, desde
el punto de vista psicológico, aquellos componentes motivacionales de la
personalidad que, respondiendo a las necesidades del progreso social, orientan
al sujeto en la autorregulación del comportamiento ante fenómenos, hechos y
situaciones que la vida le presenta.
Los valores como componentes de la subjetividad del individuo son factibles
de formar mediante la educación.
La educación en el seno familiar sienta las bases de la formación axiológica
del niño. Los valores que rigen la vida familiar, las valoraciones de las
conductas, tanto de los miembros de la familia, como de otros integrantes de la
sociedad (vecinos, trabajadores, actores y personajes de ficción de la radio y
la televisión, etc.) van trasmitiendo valores, (en algunos casos antivalores)
que el niño va incorporando a sus punto de vista, ideales, motivos, cualidades
de la personalidad, pasando así a formar parte de su sistema de valores, que
continuará desarrollándose en el medio escolar y social en los que irá
transcurriendo su vida.
Para hablar de verdaderos valores, estos deben formar parte del sistema de
motivos del sujeto, posibilitándole la autorregulación del comportamiento en
situaciones en que no existan elementos de presión externa.
Para lograr la formación humanista del hombre hay que desarrollar en él los
valores morales que constituyen el eje central de esa formación (Romero 2000).
“los valores morales en el plano subjetivo, implican que el hombre hace suyos
aquellos modos de pensar y actuar que expresan su esencia como ser social, que
establecen el vínculo entre lo individual y lo social.” (Romero, Acosta y otros
2000:132)
La formación moral de los jóvenes ha sido una constante en el pensamiento
pedagógico cubano desde finales del siglo XVIII y en los inicios del siglo XIX.
En el Seminario de San Carlos, en escuelas privadas y e otras instituciones se
trasmitió a la élite criolla el sentimiento de identidad y de amor a la tierra
en que se nace. (Chávez 2006:4)
En esta etapa la formación de valores se centró en enseñar a pensar comenzando
con José Agustín Caballero y alcanzando un punto cualitativamente superior en
Félix Varela, quien en sus “Cartas a Elpidio” centra su atención en la formación
moral de la juventud.
“La experiencia pedagógica de Varela, su indiscutible extirpe de formador, lo
llevan a defender presupuestos educativos que hoy constituyen verdades probadas”
(Ibíd.), como son la importancia del aspecto cognoscitivo, que no se pueden
imponer las formas de pensar, la necesidad de persuadir, la importancia de
conocer al joven y actuar de acuerdo con ese conocimiento, tratando de promover
la autoeducación, que el joven llegue a criterios propios, creándole las
condiciones para que llegue a la verdad por sí mismo, desarrollando en él
convicciones que le permitan actuar de manera independiente en la vida.
Por su parte Luz y Caballero abogó por una educación integral donde se
desarrollaran todas las facultades de la persona, formando, junto a la
adquisición de conocimientos, elevadas cualidades morales.
Enrique José Varona (1849-1933) y José Martí (1853-1895) fueron las figuras
cimeras del pensamiento pedagógico cubano de finales del Siglo XIX.
Varona se preocupó por la creación de hábitos morales, propugnando la formación
integral del educando y la importancia de que el maestro desempeñe cabalmente la
función de educador; para Varona el acto educativo era en los esencial,
educativo en sí mismo (Chávez 2006:5), hay que educar no solo con la palabra,
sino también con la acción.
Las ideas de José Martí sobre la educación representan lo más avanzado de su
época en nuestro país y por su profundidad y alcance universal, mantienen hoy su
vigencia. Él comprendió la importancia de la educación familiar y el ejemplo de
los padres para la formación de la personalidad del niño, señalando: “Las
cualidades de los padres quedan en el espíritu de los hijos, como quedan los
dedos del niño en las alas de la fugitiva mariposa” (.Alonso, Hernández y
Alonso. 2007:8)
Valores como el honor, la igualdad, la honradez, la modestia, la cortesía
aparecen de forma recurrente en sus obras, así expresó:”La honradez debía ser
como el aire y como el sol, tan natural que no se tuviera que hablar de ella”
(Ibíd.) y sobre el honor escribió: “Sin honor no hay hombre. Cada cual viva de
su sudor o no vivirá” (Ibíd.)
La independencia cognoscitiva es hoy un valor de máxima prioridad a formar en
todos los estudiantes, en especial en los que se encuentran en las aulas de la
universalización. Martí en 1894 significaba “…no hay mejor sistema de educación
que aquel que prepara al niño a aprender por sí” (Ibíd.)
En José Martí el patriotismo es un valor que da sentido a su vida, él expresó
que “Los hijos trabajan para la madre. Para su Patria debían trabajar todos los
hombres” (Ibíd.) y en un concepto más amplio señala que “Patria es humanidad” ,
manifestando un sentimiento humanista e internacionalista que se concreta en las
Bases del Partido Revolucionario Cubano que planteaba además de alcanzar la
independencia de Cuba, fomentar y auxiliar la Puerto Rico.
Martí señaló la diferencia entre instrucción y educación y la importancia de la
unidad de ambos procesos para la formación de la personalidad, él expuso: “El
pueblo más feliz es el que mejor tenga educados a sus hijos, en la instrucción
del pensamiento y la dirección de los sentimientos”. (Ibíd.)
Con el triunfo de la Revolución el 1º de Enero de 1959, comienza una
transformación radical de la sociedad cubana. El rescate de los más elevados
valore morales se convierte en una preocupación de primer orden para la
dirección del país y guía del quehacer de nuestros centros educacionales.
Desde la Campaña de Alfabetización hasta la universalización de la Educación
Superior, el camino recorrido ha estado siempre en función de formar un ser
humano más pleno, capaz de pensar por sí mismo, de formarse sus propios juicios
acerca de la realidad social y de aquellos valores que contribuyen al
mejoramiento de la especie humana, con la convicción expresada por Fidel de que
un “mundo mejor es posible”.
El Comandante en Jefe con su extraordinaria fe en el hombre, en sus mejores
cualidades y convencido de la necesidad de formar a través de la educación esos
valores que llevan al mejoramiento del género humano; constituye un ejemplo y un
aliento para todo el que labora en el terreno de la educación, él expresó: “El
hombre es un ser lleno de instintos…la naturaleza le impone los instintos, la
educación impone las virtudes” (Castro 2005:7)
Esas virtudes de que habla el Comandante en Jefe es necesario formarlas en los
estudiantes, con métodos adecuados de acuerdo a sus características y a las
nuevas condiciones en que vive el país.
Existen opiniones de que la formación de valores se produce en el mismo proceso
de instrucción, que esta se produce de un modo espontáneo, no es necesario
preverla, ni dirigirla, ya que el hecho mismo de la relación profesor alumno y
el conocimiento son suficientes para que el alumno desarrolle sus valores. Al
respecto la investigadora Concepción Romero aclara: “No es menos cierto que el
conocimiento juega un papel muy importante en el proceso de formación de
valores, entre otros factores porque contribuye a la valoración acertada de la
realidad que hacen los individuos, pero no es el único componente de este
importante proceso, en el que intervienen también los componentes motivacional-afectivo
y conductual.” (Romero, Acosta y otros 2000:2) En la formación de valores el
conocimiento es muy importante, pero solamente con darle a conocer el valor al
estudiante no es suficiente, hay que llegar a sus motivos y sentimientos y que
ese valor se ponga de manifiesto en la conducta.
¿Como llegar a la esfera de los sentimientos, qué sentimientos formar, cómo
lograr la conducta deseada ante las diferentes situaciones que la vida le puede
plantear al individuo, en una realidad social que es muy diferente a la de años
anteriores, en una realidad en que la lucha en el terreno de las ideas es
decisiva para preservar lo alcanzado por la Revolución y garantizar su
continuidad histórica? En ese empeño este autor considera muy acertado lo
señalado de que la formación de valores debe continuar en el centro de la
educación cubana (Chávez 2006:6). “Hay que tener en cuenta que el acto educativo
es en sí eminentemente creador de valores. Todo lo que se enseña –
conocimientos, habilidades- tiene que ser un pretexto para formar cualidades
positivas de la personalidad.” (Chávez. 2006:4)
De lo dicho por Chávez queda claro que la formación humanista debe ser
privilegiada sobre la formación tecnicista, lo que fue alertado por el
Comandante en Jefe cuando planteó la necesidad de formar profesionales
idealistas que se pongan al servicio de los intereses del pueblo (Romero, Acosta
y otros 2000).
Dentro de los componentes de la formación humanista el moral es el fundamental:
“Formar valores morales significa desarrollar aquel componente de la
personalidad del individuo que lo hace más humano” (Ibíd.)
En relación con la importancia de la formación humanista, otros destacados
pedagogos cubanos de la actualidad como el Dr. Ulises Mestre Gómez, han tratado
el tema, resaltando la importancia de formar valores como la honradez, la
responsabilidad, la honestidad, la solidaridad, etc. y precisa este autor: “En
el trabajo educativo no se pueden establecer recetas, pero sí pueden trazarse
puntos de partida, conociendo y respetando la individualidad de cada estudiante,
niño o joven…todo lo que enseñamos, absolutamente todo, puede formar valores
siempre y cuando se someta a valoraciones acertadas que permitan al joven o niño
una adecuada orientación de su vida personal y social” (S/F:4)
Giniebra Urra se refiere a la subjetivación de los valores a través de la
educación por medio de las influencias que tienen lugar en los diferentes
contextos. Influencias estas que se organizan intencionalmente para alcanzar los
objetivos propuestos. Este autor define “la educación que promueve la
subjetivación de valores como: el proceso intencional, sistémico y
contradictorio de creación e intercambio de significados y sentidos, que
potencia el desarrollo axiológico de los individuos, expresándose en
contribuciones al desarrollo humano” (Giniebra 2006:139)
La Dra. Viviana González Maura (2001) reconoce también la existencia de los
valores como formaciones motivacionales de la personalidad, que se convierten en
motivos de actuación para el sujeto, participando así en la regulación de la
conducta. Plantea así mismo la complejidad del proceso de comunicación entre
profesores y estudiantes, donde el estudiante, adoptando una posición activa,
pueda apropiarse de forma individual de los significados para la construcción de
sus valores.
González Maura considera que para formar valores es necesario cumplir con una
serie de condiciones como la formación psicopedagógica de los docentes
universitarios, la participación y el diálogo en el proceso de
enseñanza-aprendizaje, donde estudiantes y docentes asuman la condición de
sujetos, la utilización de métodos participativos, relaciones profesor-alumno
sobre la base de la autenticidad, la confianza y el respeto mutuo, donde el
docente sea un modelo educativo capaz de influir en la formación de valores en
los estudiantes.
Muy acertadamente resume esta autora que: “sólo creando espacios de reflexión en
el proceso de enseñanza-aprendizaje, en los que el estudiante aprenda a valorar
, a argumentar sus puntos de vista, defenderlos ante los que se oponen a ellos,
en los que el estudiante tenga libertad para expresar sus criterios , para
discrepar, para plantear iniciativas, para escuchar y comprender a los demás,
para enfrentarse a problemas con seguridad y eficiencia, para esforzarse por
lograr sus propósitos, espacios en el proceso de enseñanza-aprendizaje en los
que sean los docentes universitarios guías de sus estudiantes, modelos de
profesionales, ejemplos a imitar, sólo en estas condiciones estaremos
contribuyendo a la educación de valores del estudiante universitario.”
(González, V. 2001:20)
Como bien señala esta autora, la reflexión y el debate, el papel activo del
estudiante, el razonamiento (y no la imposición y el aprendizaje formal) son
vías adecuadas para que el estudiante aprenda a valorar y construya su propio
sistema de valores.
En esta misma dirección están los criterios de José Ramón Fabelo (1996) en el
sentido de que es necesario que enseñemos al joven a valorar por sí mismo, que
aprenda a valorar en cada circunstancia como se manifiesta el contenido concreto
de los valores, tener en cuenta las circunstancias y en el caso de que exista un
conflicto de valores, saber optar por el más importante, la enseñanza no puede
convertirse en “una transmisión fría y esquemática de valores. Mas que enseñar
valores fijos, debemos enseñar a nuestros jóvenes a valorar por si mismos” (Fabelo
1996:3)
López Bombino (2004) trata sobre la necesidad de evitar la doble moral en la
educación en valores y también de enseñar a valorar, que el alumno exprese sus
opiniones, que pueda discrepar, equivocarse. Como él afirma la comunicación
profesor alumno enriquece el proceso de formación de valores. Si el profesor
permite que el estudiante se exprese se logra la originalidad necesaria para que
este se sienta identificado con el proceso educativo y no lo vea como la
imposición de puntos de vista y opiniones, que entonces le resultarían ajenos
“si no se dejan márgenes a la equivocación, a la flexibilidad, al diálogo, a la
contradicción, a la cultura del error, se torna imposible lograr una
autenticidad en la formación moral y valorativa de las generaciones actuales”
(López 2006:311)
La importancia del aspecto cognoscitivo y afectivo en la formación de valores es
tratado por diferentes autores. Se reconoce que debe existir un conocimiento
axiológico como un momento esencial en la formación del sistema de valores de la
persona, pero que el conocimiento sólo no garantiza esta formación; es necesario
además, llegar a los sentimientos y emociones para que el contenido se convierta
en convicciones que muevan la actuación del individuo.
Cuando se propone el proceso de formación de valores es necesario partir del
nivel de desarrollo de los valores que presentan los educandos (Romero, Acosta y
otros 2000). El diagnóstico nos permite de forma sistémica y continua un
conocimiento de la personalidad del educando; es un proceso dinámico,
caracterizando las potencialidades del desarrollo psíquico y las condiciones que
influyen en este.
Romero Pérez plantea cuatro fases para la realización del diagnóstico. Estas son
la preparatoria, exploratoria, análisis de los resultados y la propuesta de
transformación.
En la fase preparatoria se determinan los objetivos, se conceptualizan y se
operacionalizan los valores, se determinan los indicadores y las técnicas a
utilizar.
En la fase exploratoria se aplican las técnicas para la obtención de datos
(Encuestas, cuestionarios, entrevistas, composiciones, etc.)
En el análisis de los resultados se tabulan los datos obtenidos, debiéndose
lograr la mayor objetividad posible en el procesamiento de la información.
En la fase de propuesta de transformación se elabora la estrategia de
intervención a partir de los resultados obtenidos.
En el Séptimo Seminario Nacional para educadores del Ministerio de Educación se
definen cuatro niveles por los que transita el diagnóstico del proceso de
formación político-ideológica (Lahera 2006) estos son:
Nivel cognoscitivo.-Incluye el conocimiento, el nivel de información, los
argumentos necesarios para la reflexión y la valoración.
Nivel motivacional-afectivo.-Aquello que afecta al sujeto, que deja una
vivencia, forma sentimientos, intereses, fines, ideales, necesidades. Este nivel
orienta y sostiene la actuación.
Nivel valorativo.-Está dado por las posiciones y análisis crítico, convicciones
y puntos de vista propios.
Nivel práctico.-Lograr actitudes, comportamientos y modos de actuación que se
correspondan con lo logrado en los niveles anteriores.
Además de constituir niveles del proceso de diagnóstico, el autor de la tesis
considera que pueden constituir a su vez aspectos a tener en cuenta en el
proceso de formación de valores
El humanismo, la solidaridad, el patriotismo, la responsabilidad, etc. tienen un
contenido que debemos dar a conocer al sujeto. No podemos aspirar a que una
persona sea responsable, sin saber ¿qué es ser responsable? o que desarrolle
sentimientos de solidaridad hacia otros pueblos sin tener un concepto de lo que
se considera solidaridad.
Por otra parte este conocimiento debe trasmitirse de forma que provoque
vivencias positivas hacia el contenido de forma que lo haga suyo, que
experimente agrado ante el mismo y de esta forma pase a formar parte de sus
necesidades y motivos.
A partir de estos componentes motivacionales el sujeto debe enfrentarse a
situaciones reales o hipotéticas en las que tendrá que asumir una actitud,
demostrando así la formación de puntos de vista propios.
En la formación axiológica, como en otras esferas del conocimiento, la práctica
es punto de partida y criterio valorativo de la verdad. Para formar determinados
valores, debemos poner al sujeto en situaciones en que su actuación se
corresponda con esos valores.
Al actuar conforme a determinados criterios valorativos, se experimentarán
vivencias que contribuirán a fortalecer los motivos de la persona y aumentarán
su conocimiento de aquellos valores que se quieren formar.
CONCLUSIONES
· Dentro de los Problemas Sociales de la Ciencia y la Tecnología, es vital la
cuestión de al servicio de que valores está la producción científica y
tecnológica y que profesional formamos para que realmente contribuya al progreso
social y no a la destrucción de la especie humana.
· El docente debe esta preparado desde el punto de vista teórico acerca de los
valores, así como tener conocimientos de Psicología y Pedagogía para enfrentar
adecuadamente el trabajo educativo..
· La formación de valores no puede ser un proceso espontáneo, debe ser un
proceso bien concebido en cuanto a qué valores formar y como desarrollar el
trabajo educativo para que este sea más efectivo.
· Debe conocerse las características psicológicas de los educandos y sobre todo
lo relacionado con sus valores, por lo que debe partirse de un diagnóstico de la
situación existente.
· Es necesario profundizar en la preparación de los educadores para adecuar el
trabajo de formación axiológica a las nuevas condiciones de la Universalización
de la Educación Superior en Cuba.
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AUTOR
Alberto Gelacio Martínez Torres.
Licenciado en Psicología y Pedagogía. Subdirector de Extensión Universitaria.
SUM Juan Gualberto Gómez. Municipio Martí. Provincia Matanzas. Cuba.
alberto.martinez@umcc.cu
Julio 2008
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Publicado Wednesday 23 de July de 2008
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