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Santiago de Cuba en la guerra grande (1876,1877 y 1878)
Resumen: A través de la presente investigación se ha tratado de cerrar una etapa iniciada por un estudio anterior que cubrió los años de 1868-1874, la misma constituye un análisis de la vida cotidiana de la ciudad de Santiago de Cuba como capital departamental...
Publicación enviada por Lic. Rafael Viamontes León
RESUMEN
A través de la presente investigación se ha tratado de cerrar una etapa iniciada
por un estudio anterior que cubrió los años de 1868-1874, la misma constituye un
análisis de la vida cotidiana de la ciudad de Santiago de Cuba como capital
departamental, durante los años 1876, 1877 y 1878 años octavo, noveno y décimo
de la Guerra de los Diez Años.
Este trabajo forma parte de una investigación más amplia, cuyo titulo es Una
ciudad en Guerra, el cual recoge los últimos 48 meses de la Guerra Grande, que
permitirá tener una visión más integradora de la trayectoria histórica de la
ciudad héroe en el período estudiado.
Hemos tratado de acercarnos a los acontecimientos, tratando de lograr una
interrelación entre los acciones bélicas y la vida cotidiana de la ciudad, que a
trevés de la descripción, la comparación y el análisis de los principales
acontecimientos políticos, sociales, culturales y económicos, y su incidencia en
la vida social y cotidiana de la ciudad en esos dos años de la Guerra del 68.
INTRODUCCIÓN
El trabajo, titulado: Santiago de Cuba en la Guerra Grande entre los años1876,
1877 y 1878 constituye un análisis de la vida cotidiana de la ciudad de Santiago
de Cuba, como capital departamental, durante los 36 últimos meses de la Guerra
de los Diez Años. Se ha tratado de cerrar una etapa de investigación iniciada
por un estudio anterior que cubrió los años de 1868-1873, lo que permitirá tener
una visión más integradora sobre la trayectoria histórica de la ciudad en ese
período.
Nos acercamos al estudio del período, a partir de la visión de la nueva historia
o historia de las mentalidades, con una metodología de la investigación
fundamentada en la dialéctica materialista, y se inscribe dentro de la
perspectiva de Historia Social; que se entiende como la corriente
historiográfica que valora los objetos sociales y analiza sus relaciones desde
la pluridimencionalidad, al enfocar estudios, no solo de los grandes hechos
históricos y de las personalidades, sino que revela la esencia de la vida
cotidiana de lo demográfico, lo económico, lo social y lo cultural en toda su
proyección.
Nos planteamos como objetivo realizar un estudio valorativo de la repercusión de
la Guerra Grande, entre los años 1876, 1877 y 1878, así como los elementos de la
vida material y espiritual que se vieron más afectados y los intentos que hubo
por preservarlos.
Para una mejor comprensión de este trabajo se ha estructurado de la siguiente
forma: los años de 1876 con la entrada de Joaquín Jovellar a la capitanía
general de la isla, hasta junio de 1878 con la capitulación de las tropas
mambisas de Oriente. Como en el primero, tratamos de mantener el mismo hilo
conducto; recogiendo los principales combates de la jurisdicción y su
repercusión en la vida económica, social, política y cultural de la ciudad,
significando a demás los principales hechos ocurridos en el período.
CAPITULO: II
El año 1876 marcaría un cambio sustancial en el modo español de hacer la guerra
de contra los cubanos independentistas; en su afán-pie era de la fue
necesidad-de pacificar la isla. La política de mano Férrea, de combatir la
insurrección sin ningún escrúpulo-que varios capitanes hicieron suya, pero de la
que fue su más alto exponente el general Blas Villate, conde de Valmaseda-dio un
vuelco a partir de 1876. El general Valmaseda, puesto al frente de los destinos
de Cuba desde el 8 de marzo de 1875, renunció a su alto mando a fines de
diciembre de ese año, dejando al general Buenaventura Carbo en interinaturra
hasta el 18 de febrero, cuando tomó posición como Gobernador General y Capitán
General de la Isla de Cuba, en propiedad, Don Joaquín Jovellar, quien también
asumía dichos cargos por segunda ocasión.
Eran momentos muy graves, en cuestión, la revolución había hecho progresos
notables, como llevar las huestes mambisas hasta la zona oriental de Matanzas.
Las villas habían vuelto hacer campos de operaciones militares, con las fuerzas
del general Máximo Gómez. El Camagüey cobraba nuevos bríos y Oriente proseguía
su impetuosa acción guerra, con Vicente García, Modesto Días y Manuel Calvar;
así como es especialmente las hazañas de Maceo y sus hombres. De hecho de
general Villate había sido incapaz, con 72 000 soldados regulares y 80 mil
voluntarios de hacer retroceder la revolución, sostenida por 7000 hombres
armados en el país. (13)
¿Qué ocurriera en la jurisdicción santiaguero durante 1876?
El brigadier Maceo había cesado como jefe occidental del primer cuerpo del
ejército libertador, cuyo puesto ocupó el Mayor General Modesto Días. No
obstante, siguió imponiendo gran actividad en los territorios bajo su mando.
Emprendió grandes operaciones hacia la zona oriental de Holguín; pero, a la vez,
ordenó a las fuerzas capitaneadas por los coroneles Flor Crombet y Silverio del
Pardo Pacheco que llevaran acabó intensas acciones contra el enemigo, a fin de
que no pudieran extraer fuerzas de Oriente para lanzarlas contra Gómez y los
suyos en las villas. En tal sentido, entre otras acciones el 11 de enero de
1876, el teniente coronel José Maceo asaltó y tomó el fuerte y el caserío de
Arrolló Plata; así como también otras acciones contra propiedades rurales.
En marzo el teniente coronel Agustín Valtó de las fuerzas de Guanao sostuvo
reñido combate en Cordón del Pozo; mientras el jefe de dicho rendimiento mambí,
el coronel Flor Crombet sostenía duros choques entre el 11 y el 27 de ese mismo
mes, frente a los españoles en Brazo Escondido. A principios de abril, los
propios hombres de Flor hostilizaban al enemigo y destruían líneas telegráficas
en las zonas conocidas por Soles y Chicharrones; el día 18 también realizó
Crombet una emboscada a la columna enemiga entre los fuertes de San Antonio y
Santa Clara, de la Trocha Aserradero-Cauto; en tanto que el 24 de ese mes, tenía
dicho jefe que defender su campamento de una incursión española.
En el mes de mayo, el comandante Francisco Pérez Garoz realizó una operación
sobre la Sierra de Limones, en la que además de dañar propiedades de personas
adictas a España, reclutó a 23 mambíses desertores, con los cuales fortaleció su
columna y atacó la factoría de Sevilla, casi a las puertas de Santiago de Cuba.
A ese hecho-llevado acabó el día 17-siguió el comandante Pérez con el ataque a
la Gran Piedra, a fines de mayo, luego de haber alcanzado la victoria en el
cafetal Santa Ana la Vieja y más tarde, en junio ya, realizó emboscadas a fuerte
columna enemiga en Horconcito y sucesivos enfrentamientos contra otra columna
española que lo perseguían insistentemente desde el asalto y toma de Sevilla.
(14)
Acciones de menos envergadura abundaron como realizadas por pequeñas fuerzas
dislocadas por el brigadier Antonio Maceo entre Santiago de Cuba y Guantánamo,
mientras el con él grueso de las fuerzas emprendió serios proyectos fuera de la
región. Ese sería el mismo corte de la guerra en el último trimestre del año,
cuando llevó acabó su invasión a Baracoa. Era el colofón de un año en el que
fueron muchas las adversidades españolas en el ámbito de las armas, incluida la
toma por los rebeldes cubanos de la ciudad de Las Tunas, el 23 septiembre de
1876.
Convencida de que por las armas no posible derrotar la insurrección, la Corona
concibió, por primera vez que lo iba de guerra, separar el gobierno civil de la
Isla, del militar, y nombró para este último al general Arsenio Martínez Campos,
cuya función no sólo era presionar por las armas a los cubanos-sino explotar con
toda la habilidad que poseía, las rivalidades del mando separatista y el inmenso
deseo de muchos jefes militares rebelde de recuperar sus riquezas y
restaurarlas, por lo cual estaban dispuestos abandonar la lucha. Cuando más auge
parecía tener la revolución en aquel entonces, en efecto, llegó Martínez Campos
a Cuba, el 3 noviembre de 1876. Traía consigo refuerzos notables y el respaldo
del Tesoro de la Corona, así como licencia para todo tipo de maniobras en Cuba;
con tal de que lograra pacificar la isla.
Entretanto, de enero a noviembre de 1876, la vida en la ciudad de Santiago de
Cuba empeoró en todos los órdenes. Otra vez la guerra se sintió cercana, con los
combates sobre las trochas militares y en zonas cercanas a la ciudad, junto los
años transcurridos de conflagración que pesaban más sobre todos los habitantes y
sobre la ambiente físico del recinto urbano.
La situación económica de Santiago de Cuba (1876).
La situación económica de Santiago de Cuba en 1876 era, una continuación de lo
que había experimentado la capital departamental de los años de 1874 y 1875: El
abandono por sus dueños de las fincas y demás propiedades rurales, así como los
que pedían se les eximiera del impuesto por estar en situación de ruina. El
agotamiento del tesoro municipal aumentaba por las pocas contribuciones que del
sector agropecuario recibía y por la contracción comercial económica de toda la
ciudad, con la siguiente merma de todas las recaudaciones. La escasez y carestía
de los productos afectaban generalmente, poniendo mayor énfasis en la miseria y
el hambre de la población.
Los males de la economía santiaguera en aquellos días se podrían ilustrar de
muchas maneras, como es el ejemplo de la industria del gas para el alumbrado
público. Las quejas por el mal servicio resultaban constantes, pues a excepción
de la Plaza de Armas y algún que otro lugar muy visible de la población, los
faroles dejaban de encender, o cuando menos, permanecían apagados más horas de
las que debían alumbrar, sin contar el gran número de dañados que habían. El
jefe de la policía de la ciudad –por ejemplo- en un oficio del 31 de marzo
manifestaba que el 26 permanecían 13 faroles apagados y muchos otros a media luz
y el 1ro de abril se mantenían apagados 64 faroles.(15)
Pero no sólo estos eran los males que aquejaban a la urbe oriental. La economía
santiaguera se encontraba muy afectada por las acciones de los rebeldes, que
habían dirigido sus ataques a los ingenios e incendiado sus plantaciones. Se
reportaban los daños causados en los ingenios La Caridad, La Chiva, Cupey, Río
Grande y Armonía, donde las quemas fueron devastadoras. En una comunicación del
jefe del partido de Las Enramadas al comandante general del departamento se
refiere este suceso, a modo de ejemplo: “El 19 de mayo de 1876 penetraron una
partida de insurrectos al ingenio Armonía llevándose de éste 14 bueyes, 18 mulos
y un negrito de la dotación”.
La situación económica de los productores de azúcar había entrado en crisis por
las afectaciones antes señaladas y por la política impositiva, que aumentó como
resultado de la contienda bélica. La cantidad de expedientes promovidos
demuestran las insistentes peticiones de los dueños y administradores
solicitando rebajas de impuestos por lo insostenible de su situación financiera.
Los documentos hacen referencia a los casos de los ingenios Armonía, Santa
Margarita del Quemado, Río Grande, Palmarejo y otros, donde los propietarios
solicitaban ser eximidos de las contribuciones por período de dos o tres años.
Las secuelas generales de la guerra no sólo se hicieron sentir en el sector
azucarero, el resto de las actividades económicas también lo sufrieron, entre
ellos los negocios, los comercios y las industrias estaban casi paralizados. Los
impuestos prácticamente impedían sostener un negocio por tiempo prolongado y
aquí las quejas por altas tasas impositivas se hicieron frecuentes. Los dueños
de tiendas mixtas, pulperías, bazares y zapaterías formulaban los más diversos
reclamos para que se rebajasen los impuestos o fueran eximidos de ellos. Se
alude el caso de la moción de Cayetano Martínez solicitando se le libre de
impuesto la zapatería de su propiedad, o el caso de José Ros, que pedía al
ayuntamiento se le excluyera de toda contribución a su tabaquería, que al decir
de él la tiene como almacén por no poder sostener dicho taller.(16)
Los efectos de la guerra se hicieron sentir en todos los órdenes de la vida
santiaguera: los negocios quebraban; los más diversos productos escaseaban, así
como la materia prima para elaborarlos y los precios ascendían vertiginosamente.
Por otro lado, el deterioro de la ciudad por esta fecha era cada vez más
visible; las calles estaban en tan mal estado que cuando llovía resultaban
prácticamente intransitables. Las notificaciones y quejas de los vecinos eran
casi diarias, para ver si se reparaban, como fue el caso –por citar sólo un
ejemplo- de los residentes de la calle baja de Dolores, entre las de Habana y
Providencia, los cuales manifestaban el mal estado en que se encontraban dichas
vías.
Exigían igualmente una restauración cabal el alumbrado público, los edificios y
casa de viviendas, cada vez más deteriorados, el acueducto y los servicios a la
población. Hasta el tinglado del puerto lo requirió, también, durante el curso
de 1876, por lo que fue propósito restaurar toda la superficie cubierta, a pesar
de que los fondos no alcanzaban para dicho trabajo, lo que pudo ejecutarse
porque varios comerciantes apoyaron con dinero de sus patrimonios, y se logró
dar término a dicho obra. La cárcel de la ciudad era otro punto que exigía, así
mismo, una reparación casi total; lo cual no era factible, dada la falta de
recursos financieros, y con el acueducto ocurría otro tanto; aunque en este
caso, por su importancia, lo mismo para la población que para el negocio y para
el ejército, se emprendieron varias reparaciones que posibilitaron su parcial
mejoramiento.
En cuanto al problema del agua, la ciudad, históricamente presentó dificultades
con el vital líquido. Para paliar la agudísima carencia, el ayuntamiento adoptó
algunas medidas. Por ejemplo, en Enero de ese mismo año, el primer teniente de
alcalde Don Francisco Álvarez Villalón, que pertenecía a la comisión de Ornato y
Acueducto del Cabildo, hizo un pedido a Inglaterra de 25 tubos de hierro, de 11
pulgadas de diámetro, con objeto de que pudiese reparar la antigua cañería del
acueducto. Los 25 tubos pedidos importó la suma de 952 pesos, según consta en el
acta presentada ante el ayuntamiento. Incluso para continuar la reparación de la
cañería, en dicho año se recibió en Santiago otro cargamento de tubos de hierro.
“El importe de éstos –que eran 50- fue de 1 648 pesos”. (17)
La ciudad tenía necesidad del importante líquido; los habitantes lo requerían
para el consumo personal, para el funcionamiento de las industrias y los
servicios públicos, así como para la higiene de la urbe. Pero también demandaban
agua las tropas españolas, las cuales fueron aumentando poco a poco en la
jurisdicción. La caballería de la tropa, así mismo, necesitaba agua, y por tales
motivos el gobierno trató por todos los medios de mejorar tan perentoria
situación. En concordancia con este mejoramiento, el pedido de plumas aumentó
considerablemente en ese año, solicitud que se hacía desde diferentes lugares de
la ciudad. Aunque no todos los pedidos se respondieron positivamente; habitantes
de varios lugares de Santiago de Cuba se beneficiaron con éste servicio
directamente a sus viviendas o menos distantes de lo que estaban las fuentes
públicas. Naturalmente debían pagar los derechos correspondientes por dicha
concesión. En el mismo sentido, se declaró la apertura al público de una fuente
para surtir de agua al vecindario. La fuente nueva (de hierro), se encontraba
situada en la esquina del paseo de Concha y calle del Calvario. El ayuntamiento
a propuesta de Don Francisco Álvarez Villón, le dio por nombre “Fuente de Marín”
en honor al militar español que era el gobernador del departamento de esa época.
Por otra parte, la guerra, con sus secuelas de miles de refugiados ( voluntarios
y forzados) hacinados en la ciudad; la carencia periódica de agua, lluvias
torrenciales y el estancamiento de las aguas podridas, así como la eclosión de
vectores, trajeron un incremento de la insalubridad y las epidemias que
naturalmente empeoraban aún más el modo de vida en la ciudad. En Abril por
ejemplo, se adoptaron medidas de higiene por el gobierno para precaver la
propagación de la viruela. Días antes, el 29 de Marzo el jefe de la policía del
departamento le pedía por escrito al ayuntamiento que le facilitara un buen
número de barriles de cal para el blanqueado de las casas ubicadas en las
afueras de la ciudad; donde residían las clases pobres. Este pedido se dio por
haber muerto de viruela en la calle de la Trinidad, Don Fernando Heredia,
voluntario que era el de la cuarta compañía de Bueycito. (18)
El ayuntamiento dispuso se entregaran al jefe de policía 15 barriles de cal para
lo acordado y de ese modo tratar de impedir la propagación de lo que ya era
brote epidémico en la ciudad. En sesión extraordinaria la Junta de Sanidad
acordó varias medidas ante la alarmante cifra de 43 casos de viruela, que
incluso ocasionó varias víctimas. Se acordó “[...] tomar medidas de precaución,
se prevenga un local y útiles necesarios para establecer una enfermería
provisional en caso de tomar un carácter epidémico, el hospital provisional se
podrá establecer en el Fuerte de Santa Ursula”. (42) A los casos de viruelas,
que ocasionaron 49 muertes (aunque el dato es incompleto, pues faltan los meses
de enero, febrero, abril y diciembre), hay que agregar los 93 casos de fiebre
perniciosa, los de diarreas que suman 163 y los de tisis que fueron 113 entre
otras para un total de 1672. (ver anexo 3)
En otro orden de cosas, pese a la situación adversa se pretendió que la
instrucción pública tomara más importancia y que el gobierno con la ayuda de la
Sociedad Económica de Amigos del País contribuyó a la reapertura y sostenimiento
de la Academia de Dibujo, pues dicha sociedad estaba dispuesta a facilitar con
gusto la parte disponible del edificio que ocupaba para sus secciones y
bibliotecas, acción con la que se beneficiaba a gran parte de la juventud pobre
y a las artes y oficios. El 23 de enero tuvo lugar su reinstauración, bajo la
dirección de su fundador, Don Manuel López López. (43) El concejal inspector de
escuelas municipales, dio en junio de ese año una relación nominal de los
alumnos que estaban a cardo de Don Manuel, que consistían en 45 niños y 14
artesanos. (44) La academia se restablecía con el nombre de Academia de dibujo
Príncipe Alfonso.
“Al año siguiente uno de los discípulos –Emilio Giró Odio- dedicó al consistorio
dos retratos, uno de Martínez Campos y otro de Sabas Marín, porque el tiempo del
mandato de este último como Gobernador del Departamento Oriental se había
reinstalado la academia. Esa era la prueba de los adelantos obtenidos en sólo un
año y medio”. (19)
No era todo mejoría, porque el instituto de segunda enseñanza no había podido
ser reabierto, aunque el señor Don Manuel de la Torre y Griñan, presidente de la
Junta Directiva de la Sociedad Empresaria del Colegio de Santiago, le
manifestaba al ayuntamiento que se iban a vender todos los útiles pertenecientes
a los gabinetes de Física, Química e Historia Natural del suprimido Instituto de
esta ciudad y estando el colegio en necesidad de esta clase de útiles –toda vez
que en el se cursarían los estudios generales de segunda enseñanza- resultaba
conveniente comprarlos; de modo que, al menos, resultaba una escuela suplente en
tal caso. Otra medida relacionada con la instrucción pública fue la decretada
por el ayuntamiento de esta ciudad para que en las escuelas públicas, sólo
asistieran una tercera parte de niños pagos pues éstos causaban perjuicios a la
clase pobre que se encontraba en las escuelas costeadas por los fondos
municipales. En realidad, la matrícula general excedía lasa posibilidades de
ofrecer plazas en los colegios públicos, idéntico problema al que enfrentó ese
año de 1876 la escuela municipal de Instrucción Primaria, cuya matrícula era muy
alta (83 alumnos) para la sede que tenía resuelta el ayuntamiento de la ciudad
para dicho colegio.
Ahora bien, como en años anteriores a despecho de las acciones bélicas y la
situación económica, ante la necesidad de dar confianza a la población y a la
tropa, así como aliento espiritual ante el estado general tan crítico; se
prosiguió el esfuerzo de animar la ciudad con numerosas actividades culturales
durante 1876; como se podrá constatar. Con motivo de la terminación de la guerra
civil en España, en la ciudad de Santiago de Cuba se dieron tres días de
fiestas, durante los cuales el ayuntamiento pagó un déficit de 614 pesos con 78
centavos; producto de los gasto ocasionados por dichos festejos. A los pobres se
les dieron más de mil raciones gratis. En la sociedad Filarmónica, por su parte
se presentó en febrero de 1876, el pianista y compositor Laureano Fuentes; que
ofreció un concierto con gran aceptación del público. Los zarzuelista Selgas,
Agudo, Marchetti, pastor, Ortoneda, y Marty, y los señores Ruiz Crici y
Carratalá, Prat, Prieto y Subirá con el maestro Ruiz formaron otra compañía que
en mayo del mismo año (1876) representó La Marsellesa en esta ciudad. (20)
El 21 de octubre se presentó en la sociedad Filarmónica nuevamente Fuentes
Matos, esta vez junto a su hijo. Otro gran concierto a beneficio de obras
públicas; se realizó el 8 de diciembre, en el cual tomaron parte numerosos
artistas que siempre favorecían esas funciones. En resumen las actividades
culturales señaladas, más las no referidas reflejan ese proceso natural de
adaptación de la psicología a los momentos más difíciles de la vida.
Situación de la guerra durante 1877.
Como hemos referido, el ascenso de Martínez Campos a la jefatura del ejército de
operaciones en Cuba desde noviembre de 1876, representó-lógicamente un cambio en
el propósito de España de pacificar el país, pues dicho gobierno puso en manos
de su mejor y más hábil general la fuerza necesaria; además de disponer del
tesoro de la península, para lograr ese objetivo. Ya en Cuba Martínez Campos
puso en práctica un plan de pacificar la Isla desde occidente a oriente. Con tal
objetivo, a principio de 1877 adoptó medidas inmediatas, como la preparación de
un plan de campaña en toda la Isla, poniendo a los jefes de mayor confianza en
las diversas regiones para llevar su ofensiva, - la que supervisó directamente
para seguirla de cerca, inspirando confianza y levantando el ánimo entre todos
sus subalternos.
El general Campos, presionado en parte por el gobierno peninsular y por el
precio que venía costando la guerra se había propuesto pacificar la Isla lo
antes posible y como los métodos usados por sus antecesores de “mano dura” no
dieron el fruto esperado, consistió el suyo en llevar a cabo un combinado plan
de presión militar, concesiones económica (devolución de propiedades, excepción
impositiva y créditos blandos) humanización de la guerra e indulto pleno a los
presentados y hasta recompensa monetaria, todo con el fin de socavar la
revolución captándose, primero la parte más blanda; luego las masas insurrectas
directamente bajo el mando de jefes débiles y por último, aislando a los más
intransigentes y acosándolos con fuerza abrumadoras.
“Junto con la disposiciones de carácter militares destinadas a perseguir sin
descanso a las partidas insurrectas, tomáronse otras destinadas a tratar de
quebrantar la moral de las mismas y sus auxiliares en los campos, inclinándolos
a la paz, que se proponía lograr a toda costa.”(21)
El día 5 de noviembre de 1876 removió los mandos militares y reorganizó el
ejército colonial, poniendo inmediato énfasis en Colón (Matanzas) y Las Villas
Occidentales, Sagua y Villa Clara, con numerosísima fuerza. El 12 de enero de
1877 firmaron él y Jovellar un bando indultando a todos los desertores que se
presentaran a los españoles antes del día 31 de diciembre de ése año. Por cuanto
el día 14, al amparo de dicho bando, dictó otro el gobernador civil y militar
del departamento, el cual expresaba:
“Artículo 3: Todos los individuos de la clase de paisanos y sin distinción de
categorías que perteneciendo al campo enemigo fueran aprehendidos, serán
considerados como prisioneros de guerra.
Artículo 4: L-os comprendidos en el artículo anterior, que se presenten serán
indultados, quedando en libertad a menos que por exceso y delitos anteriores o
por la índole de estos deban quedar sujetos al fallo de los tribunales.”(22)
Insuficiente para atraer un buen número de mambises, el día 13 de enero publicó
otro bando en que se disponía la entrega de 5 pesos oro a quien se presentase
del campo rebelde como un arma; a los que lo hiciesen con caballo, una de
ratificación de 20 pesos por cada uno útil para servicio de a caballería o de
guerrilla. Conforme con tal estratagema, los jefes- y oficiales del ejército
colonial recibieron órdenes terminantes de no ejercer represalias contra los
presentados, enfrentando severísimo castigo alquimia financiera tal disposición.
En auxilio del "Pacificador", llegaron las divisiones internas de los cubanos
insurrectos, como la de los villareños contra Gómez, Sanguily y otros jefes
camagüeyanos y orientales y la de los sediciosos contra el Gobierno de Estrada
Palma (marzo-abril de 1877) y el "cantón independiente de Holguín", que sólo
constituyeron a derrotar el espíritu de lucha y consiguientemente a disminuir el
número de las acciones combativas y en fin a desmoralizar las fuerzas rebeldes;
como sea dicho con absoluta razón, lo que vendría a sumarse a las muertes de
Eduardo Machado, presidente de la Cámara de Representantes y del diputado La Rua,
elementos independentista muy consecuentes y las heridas casi mortales de
Antonio Maceo, en Mangos de Mejías (agosto de 1877) lo que lo mantuvo fuera de
servicio por varias semanas, disminuyendo el espíritu de sus fuerzas durante ese
período, aunque a decir verdad, no pudieron ni las desuniones, ni las
desmoralizadoras medidas, ni la crecida presión militar, hacer mella en la
división al mando del general Antonio.
En la jurisdicción asomando, se combatió con redoblado ardor y justamente con
miras precisas, a provocar grandes pérdidas más fuerzas españolas, y hacer
fracasar a Martínez Campos en el territorio de operaciones de su división
mambisa --y también, para alentar a las restantes divisiones del ejército
libertador en pos de los objetivos de la lucha: la independencia y la abolición
de la esclavitud. Lo primero, en verdad lo coincidió Maceo, lo segundo no. Sus
hombres en efecto, seguían combatiendo tenazmente. Así en enero de 1877, el
entonces coronel Flor Crombet embosco a una pequeña columna enemiga que iba de
Hongolosongo a El Cobre, en acción que el mismo relató de este modo:
“Alrededor de las diez u once de la mañana el centinela avisó: por el lado de
Hongolosongo, viene una pequeña fuerza con un jefe español. Ocurrióseme pensar
como resultó con que fuese el tan temible y valiente coronel español Provedo.
Nadie se muevan tenían las bulbo sino después -de haber tirado yo ordené. Así se
hizo. Agazapado, esperé a tener el enemigo a mí alcance disparé al coronel, que
rodó del caballo sin vida. Siguióme una carga general escapando solamente dos
soldados.” (23)
También, en aquellos primeros días del año, el comandante Francisco Pérez Garoz
atacó el cuartel de Palmarejo y días después sorprendió la guarnición del
cafetal Amor y sostuvieron combate con una columna enemiga cerca de Ramón de las
Yaguas. Por su parte el general Maceo, después de invadir la zona de Baracoa,
derrotar allí a las principales fuerzas españolas e insurreccionar otra vez la
comarca, llegó en febrero a la Anguila (Mayarí Arriba); donde días antes una
fuerte columna enemiga atacó ese punto y lo destruyó. Aún permaneciendo por
aquel partido, cuando los cubanos la atacaron son rechazados inicialmente. Los
libertadores se repusieron y rechazaron a su vez tres- ataques españoles. Nuevos
refuerzos enemigos pusieron en peligro a los cubanos quienes lo combatieron
hasta que fue conveniente retirarse. Reagrupados, Maceo y sus hombres
arremetieron con tal fuerza que casi destrozaron la columna. Todo posterior
intento español de atacar a los criollos fue rechazado con grandes pérdidas.
En Mayarí Arriba, así mismo, operaron en febrero y marzo de ese año de 1877, el
teniente coronel José Maceo y el comandante Remigio Marrero. El 14 de febrero,
además sostuvieron combates con el enemigo en Soledad, Macará y en el mismo
Mayarí Arriba, incursión que se combinó con una emboscada de Agustín Cebreco. El
día 1 de marzo una gruesa columna atacó el campamento de Vella Billaca, que
defendió Guillermón, mientras el teniente coronel Teodoro Laffite se oponía a
otra columna en Tienda Siete.
Se portaban activos los colonialistas, quienes de tanto atacar obligaron a
Guillermón a mudar su campamento a Yaguasí. La guerra ya había retornado con
fuerza al territorio santiaguero. Por otro lado, a fines de abril o principios
de mayo, Flor Crombet atacó El Cobre y el 8 de mayo, a Aserradero, provocando
grandes bajas a los españoles. Mas los españoles no sólo recibían sino que
también golpeaban a los cubanos, alguna que otra vez en la manigua. También en
la ciudad, donde descubrieron el funcionamiento de la “Logia Boyuca” de Federico
Pérez Carbo, en inteligencia con los coroneles Flor Crombet y Leonardo del
Mármol, así pudieron desactivarla, cayendo prisioneros algunos de sus miembros y
otros escapando al monte. “Santa Rita ", "Cantón Independiente de Holguín" y "
Mangos de Mejía", entre otros sucesos políticos y militares paralizaron, en
parte, las actividades de los insurrectos santiaguero en el empeño de restaurar
la unidad, la disciplina, y la moral del ejército libertador, dejando sólo
margen algunas operaciones de no mucha envergadura dentro de la jurisdicción,
sobre todo en el segundo semestre del año 1877.
En el centro de operaciones pasó a Oriente, Santiago de Cuba se convirtió en el
cuartel general de las tropas españolas. Por tal motivo, salen de esta ciudad de
operaciones a distintos. Sus orientales fuertes columnas de tropas colonialistas
para derrotar a las armas cubanas. Desde enero mismo se suceden estas
incursiones, por ejemplo los 200 hombres del Batallón Cazadores de San Quintín
alas órdenes del coronel Don Andrés González Muñoz, a reunirse con las fuerzas
del Batallón de Madrid, para emprender la persecución del general Antonio Maceo,
que había penetrado en dicha zona, atacando el poblado de Sabanilla y a la
ciudad primada, donde humilló al jefe español de la Plaza, un mismísimo Príncipe
de Borbón.
Este mismo mes y al bordo del vapor de guerra "León", entró al puerto de esta
ciudad el mariscal de campo Luis Prendergast y Gordón, jefe del estado mayor
general, con sus ayudantes. La visita del alto militar español es con el
objetivo de inspeccionar la zona, saliendo para ello con el jefe del
departamento José Sanz. Las tropas de la jurisdicción de Santiago de Cuba, eran
reforzadas periódicamente con el arribo a la ciudad de tropas procedentes de la
metrópolis, tal como consta en las Crónicas de Santiago de Cuba, de Emilio
Bacardí. El día 1 de junio de 1877 sale desde puerto el vapor de guerra " San
Francisco Borja", conduciendo tropas y raciones para Mayarí y Nuevitas. En este
mes de junio llega a la ciudad el brigadier Don Camilo Polavieja, para salir el
domingo 10 junto al General en Jefe con su cuartel general hacia San Luis. En el
mes de agosto llegó a esta ciudad también el Batallón Cazadores de Puerto Rico.
En el de septiembre siguen llegando tropas; el 3 entró en este puerto de vapor
Correo "Corruña", procedente de Santander, conduciendo un jefe, dos oficiales y
mil 100 soldados. (24)
En el mismo mes abandona este puerto para dirigirse a la Habana la fragata de
guerra español "Concepción" que monta 21 cañones y 403 hombres de tripulación.
Finalmente llegó a Santiago en diciembre de 1877 el general Arsenio Martínez
Campos, quedando de este modo establecidos, en esta ciudad las oficinas del
Cuartel General del Ejército Español en Operaciones. En la ciudad otra vez, tras
largo espacio, volvió a sentirse pleno el ambiente de guerra, tanto por los
combates cercanos, como por el ajetreo de las fuerzas colonialistas que
nuevamente establecieron su cuartel general en Oriente.
Durante este año 1877, alto mar la guerra nueva actividades en la jurisdicción,
los dueños de las fincas rústicas e ingenios, que intentaron recuperar sus
propiedades cuando la escasez de acciones bélicas en la comarcas y se dedicaron
a restaurarlas, volvían a abandonarlas, desapareciendo otra vez del teatro de la
guerra. El ejemplo ilustrativo es el abandono del ingenio Jutinicú, que tenían
en arriendo Don Francisco Villalobos, según hace constar el comandante militar
de Alto Songo. Otro ejemplo es el ingenio Manacas, en El Cobre. También se
cuentan una serie de fincas rústicas que sus dueños informaron nuevo estado al
ayuntamiento según consta en las Actas Capitulares de ese año.
En el puede poner el ejemplo de los cafetales " Ampudía" y " Aurora ", donde sus
dueños solicitaban una rebaja de impuestos. Tal era el caso de Don José
Rodríguez, que pedía que lo liberaran del impuesto por dos años hasta
restablecer su proporción en el cafetal " Ampudía". La situación de la ciudad
era muy crítica, como lo demuestra el hecho, ya antes mencionado, de que los
dueños de bazares, bodegas, zapaterías, tiendas mixtas y otros negocios no menos
importantes para la vida económica de la ciudad, se encontraban en situación
precaria. En este caso hay que señalar la abundancia de pedidos de rebajas de
contribuciones o que se le excluya del padrón de industria y comercio.
En esta situación estaban muchos comerciantes de esta ciudad que no podían hacer
frente a la crisis financiera y productiva provocada por la guerra. Por ejemplo,
Faustino Fernández, propietario de esta ciudad, cerró su establecimiento, de
pulpería mixta en la calle de Santa Rosa número 37, por no estar en condiciones
de cumplir las contribuciones ordinarias y extraordinarias. (25) También
cerraban los establecimientos por motivo de pocas demandas, en razón de los casi
olvidados altos precios y en contradicción con la demanda de la necesidad de
alimentos y otros artículos indispensables. No es paradójico el hecho de que
durante este mismo periodo, se trataba de abrir tiendas mixtas, puntos fijos de
frutas, ventorrillos, tabaquería y pulpería para la venta de productos del país,
pero con la salvedad de reclamar que fuera de tercera, cuarta y última
categoría. Por ejemplo: "La que escribe con el respeto, trata de abrir un
establecimiento de tabaquería de tercera clase en la calle de Santa Deo número
77" (53), evidentemente para poder pagar menos impuesto.
El impuesto que se debía pagar dependía de la categoría del negocio; de ahí que
lo negocios que se intentaban abrir fueran de muy baja calidad y que necesiten
menos capital para su montaje. Por lo general, estos nuevos establecimientos son
de catalanes, franceses, asiáticos y naturales de España. Debemos señalar que
las bajas del padrón de industria y comercio eran mayores que los pedidos de
licencia para un puesto de venta. Los impuestos y la crisis ponían en muy malas
condiciones la situación de los comerciantes. Debe señalarse, sin embargo la
existencia de algunos industriales con suficiente capital, como para llevar a
cabo la modernización de fábricas de chocolate, de galletas, pan y de hielo. Es
un caso ilustrativo la solicitud hecha por Teodoro Ranquin, pidiendo permiso
para "montar una máquina para elaborar chocolate en su antiguo establecimiento
donde estaba su panadería, por considerarlo de mayor ventaja y más económico".
(26) Estas modernizaciones tropezaban con el inconveniente de las quejas de los
vecinos por temor a algún incendio que pudiera ser provocado por las máquinas a
vapor. Los más afectados por esta crisis eran por puesto los habitantes de la
ciudad y en especial los estratos más pobres. Al respecto, de esta situación el
concejal diputado de abasto manifestaba:
“Me servio manifestar que notándose continuamente carencia en los artículos de
abasto que se expenden en el mercado de Concha ha encorrido la causa de esas
subida de precio que perjudica al público en general y se ha convencido su
señoría, provienen de la escasa concurrencia de labradores al citado
establecimiento y la afluencia de revendedores y especuladores a la entrada de
la población con escasos productos y muy altos precios; comprendiendo que el
prejuicio lo experimenta con mayor escala la clase pobre”. (27)
Pero a estos males de alto precios, escasez de alimentos y caos en general, hay
que agregar las continuas lluvias, ocurridas a partir de junio, que ocasionaron
una eclosión de vectores, lo que unido al desaseo de las calles de la ciudad y
el mal estado de estas, dieron lugar a que ocurriera una serie de muertes por
fiebre perniciosa. En este año 1877 aunque lamentablemente no aparecen las
estadísticas de sepelios y sus causas, fueron elevadísimo los fallecimientos por
fiebre perniciosa, fiebre amarilla, diarreas vivírmelas.
“La junta de sanidad de esta ciudad considera que el mal proviene de las
condiciones anormales de la localidad, sobresaliendo el curso irregular de la
estación de miseria que con oscura faz se vienen cerniendo en esta ciudad de
algún tiempo a esta parte, la mala higiene pública, focos de infección de agua
estancada, convirtiéndolas en pantanos.” (28)
Ellas ciudad que habían muchos ejemplos de la pocas de salubridad que tenían sus
calles. Los vecinos se quejaban constantemente del desaseo de estas; como es el
caso del comandante de marina y capitanía de puerto de esta ciudad, que
denunciaba el pésimo estado del terraplén existente desde el Tinglado hasta el
paradero del ferrocarril en la cual había infinidad de piezas de hierro o
depósitos de inmundicias, que además del agradable aspecto que presentaba se
hacían perjudiciales a la salud pública por el agua corrompida que allí se
acumulaba. Para remediar este mal el ayuntamiento dispuso de 50 individuos de
los conocidos como ñañigos, antes empleados en las obras militares para que
trabajasen en las obras de Ornato Público, composición de calles y los trabajos
para la de salubridad de la ciudad a los que se puede agregar 40 presidiarios de
puestos o el Comandante General del Departamento a disposición de Obras
Públicas.
Este departamento donde reparación guíe de caminos y carreteras, costeado por
Estado que permitiría el fomento de la riqueza agrícola y como la guerra y sobre
todo el acabar la pronto, era lo más importante para el gobierno colonial, en
octubre de 1877 el General en Jefe del ejército dispuso una circular para que se
le diera rápida aceptación y cumplimiento a dichas obras por parte de los
ayuntamientos. La circular se refería a la atención que se le debía dar a la
composición y mejora de los caminos para hacer fácil el tránsito de los convoyes
y de las tropas. El ayuntamientos para cumplir dichas circular, formó una
comisión de este municipio que junto al secretario del gobierno civil,
determinaron los medios para tal afecto.
En este año se expuso ante ayuntamiento santiaguero, los malos resultados de
sistema de relleno que se empleaba para la composición de las calles de la
ciudad. Sus calles eran de grandes pendientes, que corrían de este a oeste y en
las épocas de lluvia los daños causados por estas sobre las mismas eran muy
perjudiciales y costosos. Ante esta circunstancia de los miembros de la Comisión
de Ornato propusieron la adaptación del sistema de empedrado; por ser éste más
duradero y económico. Esta propuesta tropezó con el inconveniente de no haber
suficiente cantidad de piedras vivas para las obras; aunque la misma comisión
proponía que existiendo varias canteras inmediatas al trayecto de la línea
férrea, la junta directiva del ferrocarril obsequiara al ayuntamiento la
transportación de las piedras para el bien del Ornato público. El proyecto para
el empedrado de las calles de la ciudad se aceptó. En diciembre de 1877 el
arquitecto municipal interino; dieron cuenta los planos y reglas propuestas como
de partida para la construcción de las calles.
El alumbrado público seguía siendo un mal muy avanzado en esta ciudad; pues la
vida de la empresa se hacía harto difícil, al punto de suspender desde el 1 de
noviembre todo el alumbrado. Además de los problemas financieros enfrentaban el
mal estado de las calles, que amenazaba con dejarse influido a 122 faroles por
estas tuberías al descubierto. Ejemplos sobrados eran las calles de Santa Lucía,
Dolores, Clarín, Pozo del Rey, San Germán, San Agustín, Calvario, La Habana y
Porvenir. En ese año se solicitaron numerosos faroles para determinados barrios,
algo que la empresa del alumbrado de gas dio respuesta a medias; el estado en
que se encontraba le impedía cubrir todas las demandas.
Por otra parte ya era cotidiana la escasez de agua potable en Santiago. Las
autoridades coloniales se dieron a la tarea de construir la tubería principal
que surtía el agua desde la represa del acueducto. También iniciaron la
construcción del puente para acueducto sobre el río Purgatorio que fue aprobada
por el ayuntamiento bajo la responsabilidad del arquitecto municipal. En octubre
de 1877 se trabaja con gran rapidez en estas obras según el alcalde municipal,
el concejal y el arquitecto. La comisión de acueducto luego de inspeccionar el
puente (construido por 60 prisioneros de guerra que el comandante del
departamento puso al servicio del municipio) acordó que a su terminación
comenzara la reconstrucción de la arquería inmediata a la represa, la cual había
sido destruido por los insurrectos años atrás. A la escasez de aguas se unía el
uso abundante de las aguas en los regadíos de huertas. La falta alimentos
obligada población a sostener plantaciones de hortalizas amén de consumir las
aguas potables en demasía.
Otro grave problema lo señalaba claramente el arquitecto municipal interino de
Santiago de Cuba el 1 de febrero de 1877, luego del recorrido que le permitió
palpar el estado de ruina de numerosos o edificios, muchos de los cuales
amenazaban con ir al suelo. (58) El deterioro y la miseria era tal que muchos
vecinos en lugar de reparar las viviendas terminaban destruirlas para vender sus
escombros Por si fuera poco la urbe santiaguera se vio sacudida por fenómenos de
tipo natural y social durante este año. Lo mismo no tenía que ver con la guerra
aunque influían en el curso de ésta. Las tropas españolas no acostumbra al clima
tropical de nuestra Isla sentían en carne propia la inclemencias del tiempo.
Estas provocaban grandes epidemias que diezmaban a las tropas y a la población.
Según podemos leer en las Crónicas de Santiago de Cuba, de Bacardí Moreau, en
marzo de 1877, las lluvias fueron tan intensas y persistentes que dificultaron
las comunicaciones y provocaron algunos desplomes en la ciudad. Apunta: "las
lluvias de manera pertinaz. Los ríos vienen crecidos que es imposible vadearlos.
La línea férrea de aquí a San Luis sufren desperfectos que obligan a la
paralización del tráfico." (29)
La vida cultural y educacional de Santiago con todas las adversidades apuntadas,
no se diferenció mucho de años anteriores. Pero como siempre la gente de pueblo
busca llenar el alma con el pan de la alegría, trataron de mantenerse costumbres
de antaño. En los meses de mayo a junio se suspendió la precisión del Corpus
Christi. Se celebró el jueves 7 de junio con la presencia del General en Jefe y
el Alcalde corregidor. También en el mes de junio Jacinto Martínez abrió al
público un teatro casero en un solar de la calle alta de Santa Lucía, con un
precio de 30 centavos por personas (mayores). Martínez pedía al Ayuntamiento se
le eximiera del impuesto a los espectáculos públicos, que debían abonar a la
municipalidad, por la poca asistencia de público y por el bajo importe que
cobraba; razón que sin embargo no fue escuchada. Otra petición parecidas hacia
María de la Luz González, solicitando que en los días de San Juan, San Pedro,
Santa Cristina, Santiago y Santa Ana no se le cobrara derechos por los bailes de
máscaras; pero se le cobraron todos los impuestos, en tanto no procedió
excepción que solicitaba.
En este año de 1877 las fiestas de máscaras o mamarrachos derivadas por dos
heroína de aquellos tiempos. Los típicos paseos organizados por ellas alcanzaron
gran popularidad. Una vez la ya mencionada María de la Luz y la otra Paulina
Rivero, ambas negras, quienes rivalizaron en el propósito de ofrecer mayor
colorido y esplendor a las huestes que acaudillaban los dos bandos en que se
dividían la opinión de la ciudad con respecto a las citadas fiestas.
La instrucción pública se mantenía como en el año anterior, en que se reabrió la
Academia de artes artesanales "Príncipe Alfonso", la cual se mantenía brindando
sus valiosos servicios a la juventud santiaguera. El colegio Santiago fue
autorizado a dar las asignaturas de la segunda enseñanza puente; con tal motivo
su Junta Directiva solicitaba el pago, de lo ha signado para pasaje de los
catedráticos que debían practicar los exámenes. El gobierno recomendó al
ayuntamiento la compra de la obra que comprende las tres primeras partes de la
historia de la Isla, escrita por los autores Arrete, Valdés y Urrutia. Raras las
dos primeras e inédita la tercera. (60) Para la adquisición de dichas obras se
interesaron la Junta Directiva del colegio "Santiago", así como la sociedad
Amigos del País y el propio ayuntamiento de la ciudad.
El general español Arsenio Martínez Campos proponían lanzar, gran cantidad de
tropas contra Maceo y otros sectores del departamento. La táctica respuesta en
práctica por él en Oriente era de usar solamente a las fuerzas de infantería,
porque los cubanos operaban a pie entre los bosques accidentados y montañosos.
El jefe español se dio a la tarea de situar fuerzas en distintas bases
estratégicas. De ése modo que sus columnas podían recorrer constantemente las
zonas de conflictos en número de 300 infantes por columnas, cuando menos, que se
apoyaban unas a otras. Su plan militar operativo era de perseguir constantemente
a los insurrectos. Mientras los españoles activaron las acciones, Maceo estaba
de alta ya de las heridas recibidas en Mangos de Mejías, en agosto de 1877. Las
fuerzas de la división Cuba y Guantánamo se encontraban en un ejemplar y
envidiable estado de disciplina y moralidad. Los españoles encontraban formal
resistencia por todas partes en el accidentado terreno de Guantánamo, en la zona
de Cambute. Así pasaban el tiempo los españoles, marchas y contramarchas,
hostilizando constantemente a las unidades mambisas. Las fuerzas más probadas
del ejército libertador eran sin duda las de Guantánamo y Cuba. De esto dice
Fernando Figueredo Socarras:
“Debemos consignar de paso, como acto de justicia que el único que se vio libre
de la Lepra que por todas partes invadió nuestro ejército, con las disolventes
teorías de las reformas, fue el que ocupaba el primer cuerpo ejército, compuesto
por las brigadas de Cuba y Guantánamo, a las ordenes del bravo general Maceo,
hábilmente secundado por sus dignos y heroicos subalternos Flor Crombet,
Guillermo Moncada, Silverio del Prado y Pedro Martínez Freyre”. (30)
Las tropas del general Maceo estaban faltas de provisiones de guerra y boca y su
principal objetivo era quitárselos al enemigo. El ataque a convoyes enemigos
destinados a abastecer los centros de las columnas y las poblaciones
fortificadas sería común forma de obtener esos pertrechos de guerra. El general
contaba con la colaboración de los veteranos jefes bajo sus órdenes y con estos
obtendría resonantes victorias en los últimos días de Enero y febrero de 1878.
El 22 de enero, en cumplimiento de órdenes de Maceo, Pedro Martínez Freyre al
frente del regimiento de Guantánamo número 9, atacó una columna española de unos
300 hombres que conducían un convoy de Palma Soriano a Florida Blanca. El
combate se entabló recio, prolongado y sangriento; los cubanos se apoderaron del
convoy que iba en marcha de Palma Soriano a la Victoria. El combate fue empeñado
y violento como el anterior. La columna española perdió su carga y muchos
hombres, fue obligada a dejar sus muertos con sus armas sobre el campo. “Choque
en el cual las fuerzas de Maceo se apoderaron de lo que más falta le hacía: 50
mil tiros.”
El día 4 de febrero estando Maceo acampado en el lugar conocido como la llanada
de Juan Mulato, se presentó una columna fuerte de 300 hombres arrojándose sobre
la avanzada del general. La lucha se entabló fuertemente durante horas. En la
tarde el fuego se sostenía por ambas partes, pero una fuerte carga de los
cubanos logró dispersar a los españoles que en retirada lenta y penosa abandonan
cadáveres y bagaje. Otra carga más y la columna quedó totalmente deshecha, con
perdidas de alrededor de 260 entre muertos, heridos; incluyendo jefes, oficiales
y tropa, además de 27 prisioneros, entre ellos el teniente coronel Gregorio
Gorano y Hacha. Tres días más tarde Maceo fue informado de que el Batallón de
San Quintín andaba por el lugar conocido por El Naranjo, recogiendo familias de
la zona. Marchó a su encuentro y lo halló en Aguada de la Ceiba y sin pérdida de
tiempo trabó el combate, tan desigual como reñido. El San Quintín estaba
comandado por el coronel Don Eusebio Sáenz, que en aquella campaña se había
distinguido como jefe de orden enérgico y valiente.
La tropa española era de unos 400 hombres, a la cual cercó y acosó Maceo durante
los días 8, 9, 10, hasta reducir el enemigo a solo 70 hombres en condiciones de
combatir. Los jefes españoles Sáez y Santocildes a las intimidaciones cubanas a
que se rindiesen contestaban invariablemente. “San Quintín muere, pero no se
rinde”. El brigadier Salcedo llegó en auxilio de la columna al amanecer del 10
con nuevos refuerzos salvándola del aniquilamiento total. Esta contundente
victoria del ya Mayor General Antonio Maceo Grajales, coincidió penosamente con
la firma del Pacto del Zanjón el 10 de febrero. Pero no era todo: mientras el
General Antonio se batía contra el San Quintín su hermano el teniente coronel
José Maceo con un corto número de hombres sostuvo un reñido combate en Tibisí,
el 9 de febrero. En dicho combate además de quedar sobre el campo una buena
cantidad de enemigos, quedó también el jefe de la columna Teniente Coronel
Hermógenes González.
No obstante, estas trascendentales victorias –que habrían dando al traste con el
plan de pacificación de Martínez Campos, si hubieran encontrado ecos iguales en
otros puntos de la Isla- la situación reinante en el ejército libertador
favoreció los proyectos del general en jefe español; debido a la indisciplina,
el regionalismo, las inconsecuencias y la traición. La guerra decayó tanto en
Las Villas y Camaguey que a finales de 1877 y 1878 no se peleaba allí; entre
tanto se había entablado conversaciones de paz con España, sin tener por base ni
la independencia, ni la abolición de la esclavitud, razones que llevaron a los
cubanos a la guerra. El 10 de febrero con una rapidez que asombró a todos se
firmó la traición del Zanjón, entre Martínez Campos y el Comité del Centro,
entidad surgida como emergente sustituta de la Cámara de Representantes disuelta
convenientemente para ese fin; pues constituyentemente no podía firmar esa paz
sin la obtención de esos dos objetivos básicos de los cubanos en lucha. Con la
aprobación y firma del pacto el Comité del Centro despachó cuatro comisiones;
una para Las Villas y las restantes para Oriente. La principal de estas
comisiones era la integrada por el brigadier Rafael Rodríguez y el comandante
Enrique Collazo, quienes fueron acompañados por Máximo Gómez, que recibió
autorización de las autoridades españolas para encontrarse con sus compañeros de
Oriente.
Los comisionados se dirigieron desde Santiago de Cuba a San Luis y el 18 de
febrero se unieron con el general Maceo en el campamento de Piloto Abajo. Allí
el héroe oriental hozo saber que no estaba de acuerdo con lo acordado en
Camagüey. Los triunfos del general Maceo y sus hombres, en cierto sentido,
explicaban su negativa de aceptar el pacto y su firme decisión de continuar la
guerra. Más tarde el 21 de febrero le solicita por carta al general español una
suspensión de las hostilidades por cuatro meses y le adelanta su inconformidad
con el pacto.
“Sabedor, por tanto, que continuar la guerra era derrotar a España, se afanó
Maceo en aunar a cuantos jefes y oficiales libertadores pensaban como el, y
atrayendo a aquellos engañados por la propaganda enemiga. A gran número de unos
y otros logró reunir en Baragua, a principios de marzo junto a la tropa que
admirablemente le seguía, con cuyo respaldo aceptó una conferencia con Martínez
Campos más para protestar su vigoroso independentismo y, antiesclavismo, y para
ganar tiempo a fin de reordenar y refrescar sus fuerzas.” (31)
El día 15 de marzo fue el escogido para la entrevista entre el jefe español y el
general cubana. La voz viril de Antonio Maceo se dejó oír para decirle a
Martínez Campos, que la división Cuba y parte de Oriente no aceptaba la paz sin
independencia y que la guerra continuaba. Maceo la hizo saber al jefe español
que los orientales no estaban de acuerdo con lo pactado en el Zanjón. Después de
la entrevista donde no se acordó nada, sino que se protestó por la traición del
Zanjón, el jefe español quedó convencido de que en Oriente la guerra continuaba.
Las expresiones del jubileo y valor que dominaban a los patriotas orientales,
eran tal que de forma unánime se votó por la guerra. Esa misma noche se formó
gobierno y los cubanos se organizaron nuevamente. Días después, en otra
entrevista, - en el campamento español de Miranda – entre el nuevo gobierno
cubano y Martínez Campos se le reafirmó la voluntad de los cubanos de continuar
la guerra. El gobierno español quedo convencido de que la guerra continuaba. Al
romperse las hostilidades los españoles adoptaron una actitud no vista nunca
antes, la de no contestar al fuego cubano.
El 8 de Abril después de adoptar dicha actitud los españoles cambiaron. Las
fuerzas cubanas al mando de Maceo atacaron a soldados enemigos que forrajeaban
en un campo de cultivos cubanos, ocasión esta en que los españoles respondieron
al fuego cubano. Este fue el primer combate desde la Protesta de Baragua. Las
noticias de los demás grupos de combatientes del territorio oriental era de que
se encontraban en idéntica situación. Martínez Campos había destacado gruesas
columnas sobre Guillermón Moncada y Pedro Martínez Freyre en Guantánamo, sobre
Crombet en Camute, sobre Rius en Holguín y sobre Vicente García en Las Tunas. En
todas partes los combates presentaban la forma resulta en que luchaban las
fuerzas bajo el mando de Maceo.
Más ¿Cuál era la situación general de la ciudad? la situación seguía siendo muy
difícil por la escasez de productos agrícolas; la producción agropecuaria había
sufrido daños considerables por la presencia de acciones militares en las zonas
rurales, afectando los suministros a la zona urbana. Para 1878 la ciudad seguía
presentando dificultades con los suministros y la vida interna; las autoridades
municipales trataron de obtener recursos creando nuevos arbitrios y duplicando
otros para atenuar la penuria. Se ejemplifica la duplicación de la marca de
carruaje, recargo del arbitrio del rastro y sobre la venta de ganado entre
otros.
En este año también se producen, como siempre, reclamos por parte de los
vendedores de ganado, dueños de fincas urbanas y rústicas, propietarios de
carreteras, etc., dirigidos al ayuntamiento con el fin de obtener rebajas de los
impuestos que afectaban el desenvolvimiento de la actividad económica que
desempeñaban. Se refiere el caso de José Rodríguez quien posee una carreta de
bueyes para el transporte de forrajes de estos y, aunque no la tenía con fines
lucrativos, se le tenía en la lista de duplicación de la marca de carruaje. Una
buena parte de los comerciantes de la ciudad plantearon ante las autoridades
públicas su intención de cerrar sus establecimientos por las dificultades
creadas por la guerra y la política impositiva ascendente, que dejaba sin
expectativa a los más diversos negocios. La industria y el comercio estaban casi
paralizados, por tanto años de guerra y de desequilibrio en los suministros.
No obstante, en el año 1878, se perciben algunos esfuerzos por el mejoramiento
público, como es el caso del empedrado de las calles así como su limpieza. A
pesar de las dificultades se llevaron a cabo estas tareas dentro de la ciudad y
se adquirió, por gestiones de las autoridades municipales, una lancha para el
traslado de materiales de construcción. Aunque se trataron de llevar a cabo
reparaciones en las calles, no fue del todo posible. Por otra parte, las
viviendas de la ciudad estaban en un franco deterioro, sus dueños no podían
repararlas y no s llevaron a cabo nuevas construcciones.
El deterioro físico de la ciudad, después de casi 10 años de guerra, era más
evidente, pues los edificios públicos, viviendas y otras construcciones
amenazaban con derrumbarse de un momento a otro. Sólo se presto atención a
algunas viviendas que podían reportar rentas al gobierno y así detener el
progresivo deterioro de ésta. Otro de los problemas que afectaba sobremanera el
desenvolvimiento general de la ciudad, fue la situación del agua, que escaseó
considerablemente por que las fuentes de abasto eran ineficaces así como sus
embalses. A tales efectos se llevaron a cabo labores de reparación y
acondicionamiento del acueducto y algún embalse.
En otro orden de cosas, la instrucción pública, que había recibido atención
gubernamental (más por el pedido de vecinos y personas de bien que por propia
voluntad), fue afectada una vez más por la inestabilidad económica como
consecuencia de tantos años de guerra. Ante tales circunstancias se pronunció
Real Sociedad Económica de Amigos del País, que comunicó al ayuntamiento la
posibilidad de mantener la escuela de primera enseñanza, donde cursaba estudios
la infancia pobre de El Cobre. (65) La sociedad también planteó la necesidad de
desalojar los edificios donde se custodiaba su biblioteca y donde hasta la fecha
ocupaba la mayor parte de su localidad la Academia de Bellas Artes. Para atenuar
estas dificultades el ayuntamiento trazó un proyecto de ayuda a la sociedad con
la cuenta mensual de 8 pesos para cubrir la mitad del alquiler del edificio y
pagar la dotación de profesores
.
En cuanto a la cultura se desarrollaron diversas funciones a favor de los
santiagueros de aquella época y por supuesto en respaldo a la Corona española.
Se contó además con la actuación, el 14 de enero de 1878, en los salones de la
Sociedad Filarmónica de Claudio Brindis de Salas, acompañado de Rafael Salcedo y
Laureano Fuentes (hijo), esta sería su primera presentación ante el público
santiaguero, más no la última, pues el 9 del propio mes se presentó en el mismo
local con gran aceptación del público.
Se precisa hacer mención especial, antes de darle término a este trabajo, al
papel desempeñado por el puerto santiaguero en estos años de guerra: por donde
entraban y salían las tropas españolas para la campana en Oriente, así como su
aseguramiento logístico. El puerto se convirtió e zonas de interés para muchos
curiosos, pues por él entrarían, además de las tropas, grandes personalidades,
como el arribo de los comisionados del Centro que venían a Oriente a
entrevistarse con Maceo, después del Zanjón ellos eran: Rafael Rodríguez,
Enrique Collazo y Máximo Gómez. Entre los meses de abril, mayo y junio de 1878
entra y salen a esta ciudad a través del puerto insignes jefes militares
cubanos. Tal es el caso de la llegada de Juan Bautista Spotorno y su familia
unido a 29 cubanos emigrados. En mayo de 1878 entran a la ciudad el general
Antonio Maceo procedente de Baragua y acompañado de otros jefes; salió para
Jamaica a través del puerto en ese propio mes.
La política pacificadora de Martínez Campos también condicionó el arribo a la
ciudad de emigrantes del campo costo señalaba Emilio Souleré [...] "En la
comandancia General de Santiago de Cuba se han presentado desde la publicación
de las bases de las paz 22 jefes, 210 hombres, 99 mujeres y 108 niños". (60)
En los primeros 6 meses de 1878 no hay cambios sustanciales en la vida
económica, cultural y social de la ciudad; sólo en los políticos, con el éxito
pacificador alcanzado por España con la capitulación de las tropas orientales al
aceptar la cruda realidad de la paz sin independencia. En junio de 1878 en
sesión extraordinaria, el presidente del ayuntamiento pon en conocimiento de la
corporación de la completa pacificación de la Isla. Un testigo presencial de los
hechos, Don Emilio Bacardí, refiere sobre acontecimiento:
El 9 de junio de 1878 [...] en ese día todo era en la ciudad movimiento y
alborozo. El general Martínez Campos entraba como triunfador y pacificador, y
aún los mismo partidarios a quienes dolía paz, esto natural del cansancio por
una lucha palabra con abandonaban sus casas por donde aquello de pasar el
general entre banderas y arcos triunfal de follajes de palmeras y ramos de
laureles. La paz del Zanjón había sido sancionada. (32)
Muchos asumieron con dolor la realidad de los hechos; en 10 años de lucha no se
lograban los objetivos primordiales por la cual se alzaron en armas: la
independencia y la abolición pon de la esclavitud. Pero el ejemplo de hombres
como Céspedes, Agramonte, Machado, Mármol y otros, seguían vigentes. Fue una
guerra dura y prolongada en la que Santiago de Cuba dio gran aporte en número de
hombres que se convirtieron los líderes naturales de su pueblo. Se distinguen
Antonio Maceo y sus hermanos, Mayía Rodríguez, Flor Crombet, Guillermón Moncada
y Quintín Banderas; todos hijos de esta ciudad y que escalaron por méritos
propios el más alto pedestal de la patria.
CONCLUSIONES
Santiago de Cuba vivió momentos especiales en el transcurso de la guerra de los
Diez años. El desarrollo y prolongación de la guerra en la región oriental
repercutió grandemente en todos los órdenes de la vida de la ciudad.
La guerra tuvo principal campo de acción en las zonas rurales, con la
consiguiente destrucción de ingenios, plantaciones cañeras, cafetales, etc., la
agricultura que tenía gran peso la economía de la ciudad, había sido golpeada en
sus bases mismas. Esto provocó un descenso considerable en la producción y
abastecimiento general de la ciudad, que vivió momentos de gran penuria
alimentaría.
Santiago de Cuba sintió una crisis económica que se extendió por el comercio,
los negocios y los servicios. El intento gubernamental por paliar la crisis
agravó la situación financiera y provocó la protesta de productores y
comerciantes por la política impositiva llevada a cabo.
Las acciones militares en el campo provocaron una gran afluencia de pobladores
rurales hacia la ciudad que agravó la situación de pobreza económica que se
vivía. El hacinamiento general y la imposibilidad oficial para llevar a cabo una
despectiva labor de saneamiento general en la ciudad hicieron que cayeran los
niveles de salud y proliferación de enfermedades como la viruela, fiebres
perniciosas y brote diarreicos.
El abasto de agua a la ciudad, que había presentado dificultades antes de la
guerra, se fue agravando progresivamente durante el transcurso de ésta y también
contra la salud ciudadana.
A pesar de la grave crisis socioeconómica se percibe un esfuerzo del gobierno
local, de instituciones de algunas personalidades por salvar los valores
culturales de la ciudad, también por enaltecerlos; no quedaron en olvido las
fiestas y las costumbres tradicionales de la ciudad. La labor educativa estuvo
dirigida a mejorar la educación para niños y jóvenes.
En el orden material los esfuerzos se dirigieron a las necesidades más urgentes;
como reparaciones en el puerto y el acueducto así como el empedrado de algunas
calles. Resaltaban palpables las difíciles condiciones socioeconómicas que tuvo
que enfrentar Santiago de Cuba en el período correspondiente al desarrollo de La
Guerra de los Diez Años.
CITAS Y NOTAS
1. Laureano Fuentes Matos: Las Artes en Santiago de Cuba. p 239.
2. Iden.
3. Emilio Bacardí: Ob. Cit p 57
4. Fleitas Monnar, María Teresa: “El proceso de modernización Urbano de Santiago
de Cuba
1868-1920. ¿Utopía y Realidad? “(tesis de doctorado inédita), p 50
5. María Teresa Fleitas: Ob.Cit. p13.
6. Joel Mourlot Mercaderes. Ob.Cit. p 175.
7. Ídem
8. María Teresa Fleitas. Ob.Cit. p 45.
9. Laureano Fuentes Matos. Ob.Cit. p 243.
10. Ramiro Guerra S.: La Guerra de los Diez Años. T 2, p 332
11. Emilio Bacardí: Ob. Cit. p 147.
12 Ibidem. p 173.
13 Emilio Bacardí: Ob. Cit. P 172.
14. Fernando Figueredo S.: La Revolución de Yara. T 2 p 631.
15. Ramiro Guerra Sánchez: Ob. Cit. p 366.
16. Fernando Figueredo S.: Nov Cit. p 543.
17. Joel Mourlot Mercaderes: De las “inconsecuencias” a la protesta. Sierra
Maestra (periódico) p 4, 1997.
18. Emilio Souleré: Ob. Cit. p 410.
19. Emilio Bacardí: Vía Crusis. p 461
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ANEXO
Resumen anual del libro de enterramientos 1876.

AUTOR
Lic. Rafael Viamontes León profesor Asistente
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Publicado Friday 4 de April de 2008
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