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Estrategia para la formulación de problemas geométricos en los docente de preuniversitario
Resumen: La Matemática es una de las ciencias más antiguas y, a lo largo de los años, ha sido utilizada con fines diversos. Esta ciencia es extraordinariamente dinámica y cambiante, a tal punto que sus conceptos primarios sufren transformaciones relativamente rápidas y hasta su propia...
Publicación enviada por Lic. Jesús Ballester Caballero
INTRODUCCIÓN
La Matemática es una de las ciencias más antiguas y, a lo largo de los años, ha
sido utilizada con fines diversos. Esta ciencia es extraordinariamente dinámica
y cambiante, a tal punto que sus conceptos primarios sufren transformaciones
relativamente rápidas y hasta su propia concepción, aunque de modo más lento,
experimenta cambios tangibles. La Matemática es un fenómeno cultural universal,
pues cualquier civilización crea una Matemática. Imaginar un mundo, en el cual
los cambios y la complejidad subsistentes no puedan ser organizados mentalmente
en relaciones, dependencias y modelos, es ciertamente difícil. “Un mundo así
constituiría un verdadero caos, una antítesis del cosmos” (Sierpinska, 1998,
p.1).
En la medida en que se transformó la sociedad, la Matemática experimentó un
crecimiento exponencial, planteando nuevos retos para enseñarla y aprenderla. En
el finalizado siglo XX, con la denominada “Revolución Científico–Técnica”, la
correspondiente evolución didáctica alcanzó una velocidad sin precedentes, así
que el abordaje de la realidad actual no es tarea sencilla. En los últimos 30
años, , se han producido cambios profundos en las concepciones de la Matemática
y su enseñanza.
Resulta impresionante la producción científica ocurrida durante este período;
basta decir que hoy día se publican más de 350 revistas referidas al campo de la
“Educación Matemática”, “Didáctica de la Matemática”, o bien “Matemática
Educativa”. Como puede verse, no existe unidad de criterios en cuanto a la
denominación de lo que para muchos es una ciencia bastante joven, para otro es
una ciencia milenaria.
En América Latina ha sido constituido el CLAME (Comité Latinoamericano de
Matemática Educativa) que ha organizado catorce eventos denominados “Relme”
(Reunión Latinoamericana de Matemática Educativa).
A finales de los años 80 y principios de los 90, se llevó a cabo otra renovación
de los planes de estudios y consiste en fomentar el intercambio científico
regional, orientando sus acciones hacia el beneficio de los sistemas escolares
de América Latina. Particularmente, en la República de Cuba, los primeros
intentos por perfeccionar la enseñanza de la Matemática fueron realizados por la
destacada pedagoga Dulce María Escalona, a mediados del siglo pasado. Sin
embargo, “los vientos del modernismo que recorrieron el mundo en la década
siguiente limitaron este esfuerzo, reorientándolo hacia la elaboración de nuevos
programas y libros de texto para la asignatura”.
Pocos años después, con el perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación,
en la segunda mitad de la década de los 70, la enseñanza de esta asignatura
experimentó un cambio sustancial, fundamentado sobre bases científicas sólidas y
con una marcada orientación hacia el desarrollo de la personalidad libros de
texto para la Enseñanza Media, por parte de un experimentado grupo de pedagogos
cubanos. Sin embargo, aún se continúa con el perfeccionamiento de los programas
de estudio, así como del enfoque metodológico general.
De hecho, en los actuales programas de secundarias básicas se aboga, entre otros
aspectos, por “La presentación y tratamiento de los nuevos contenidos a partir
del planteamiento y solución de problemas prácticos, de carácter
político–ideológico, económico–laboral y científico–ambiental, y no solo desde
la propia lógica de la asignatura.
Un fuerte movimiento se ha desarrollado en todo el país a favor de la Matemática
Educativa, contando con el apoyo del MINED (Ministerio de Educación) y de la
SCMC (Sociedad Cubana de Matemática y Computación), hasta el ISP (Institutos
Superiores Pedagógicos), con alrededor de 20 años de experiencia; de la toma de
conciencia sobre la necesidad de lograr una mayor integración entre los ISP y el
subsistema de educación para el que forma profesionales; y del creciente vínculo
de los investigadores cubanos con colegas iberoamericanos, en eventos
científicos internacionales auspiciados por el MINED o por diferentes
universidades del país de incluir la Matemática entre las asignaturas
priorizadas. A este interés manifiesto por la Matemática Educativa puede
explicarse a partir del fortalecimiento profesional de los profesores de
Didáctica de la Matemática.
Como se ha podido apreciar, en toda Ibero América se ha instituido un gigantesco
sistema de investigación en Matemática Educativa. Esto podría significar que la
didáctica de esta ciencia tiene resuelto el problema de la enseñanza y el
aprendizaje de la Matemática, pero lamentablemente esto no es así. No sólo los
informes de investigación están lejos de aportar una solvencia plausible a las
problemáticas científicas que enfrentan, sino que los sistemas educacionales,
como todo sistema complejo, ofrecen una fuerte resistencia ante cualquier
vestigio de cambio. A propósito, los expertos del programa iberoamericano
IBERCIMA han señalado que “[un análisis elemental sobre la situación general de
la enseñanza de la matemática y las ciencias demuestra que esta es muy
deficiente en la mayoría de los países del área […]”
Es notable que en el ámbito educativo iberoamericano coexisten una amplia
variedad de enfoques y corrientes, afines a la enseñanza de las ciencias y en
especial a la Matemática. A título de ejemplo se puede mencionar el
“Constructivismo”, la “Enseñanza Problémica”, la “Enseñanza por Problemas” y la
“Etnomatemática”, por solo citar algunas. Es una regularidad que, tanto las
concepciones más radicales como las más eclécticas, preconizan el logro de un
aprendizaje significativo; para ello se sirven, principalmente, de problemas
matemáticos.
Halmos expresó su convencimiento de que “los problemas son el corazón de la
Matemática” . Así, en vista de que el contenido determina el método, de esta
metáfora se infiere que también los problemas son “el corazón” de la Didáctica
de la Matemática. Es justo destacar que, la tarea de formular problemas, puede
llegar a ser tan difícil como la de resolverlos.
Algo similar se promulga en las actuales transformaciones del enfoque
metodológico de la Matemática Educativa cubana. Así, de sus cuatro objetivos
generales, el último plantea: “Formular y resolver, con los recursos de la
matemática elemental, problemas relacionados con el desarrollo político,
económico y social del país y del mundo, así como con fenómenos y procesos
científico – ambientales que les conduzcan a actitudes revolucionarias y
responsables ante la vida”.
A pesar de su importancia, la formulación de problemas no ha recibido la
atención requerida, como parte del currículo matemático, ni tampoco las
investigaciones relacionadas con esta temática han sido lo suficientemente
sistemáticas. En Cuba, con las transformaciones del enfoque metodológico, los
maestros se plantean dos interrogantes fundamentales: ¿cómo lograr que los
alumnos planteen y resuelvan sus propios problemas? y ¿cómo evaluar el
desarrollo de los procesos psicológicos asociados?, ciertamente existen
dificultades, pues no sólo los estudiantes están lejos de saber plantearse
problemas, sino que los propios docentes (en general) carecen de recursos y
motivación para incorporar esta tarea a su actividad pedagógica.
Un sinnúmero de hechos empíricos corroboran la necesidad de estimular el proceso
de formulación de problemas, durante la formación del profesorado cubano. He
aquí algunos de los más significativos:
1) Siempre ha sido muy baja la cantidad de problemas originales en las clases
visitadas a lo largo del país, por parte de metodólogos e investigadores. Esta
información ha sido constatada por el autor durante su participación en los
talleres de Resolución de Problemas de los últimos tres congresos de la SCMC.
Llama la atención la ausencia de datos estadísticos en muchos reportes de
investigación. Una investigación exhaustiva que corrobora lo antes expuesto ha
sido dirigida por Torres en La Habana.
2) Estudios realizados en los ISP de Santiago de Cuba, Ciudad de la Habana y
Holguín, revelan insuficiencias en el desarrollo del proceso de formulación de
problemas, tanto del profesor en formación como del que se encuentra en
servicio.
3) Los resultados de las pruebas de ingreso a los Institutos Preuniversitarios
Vocacionales de Ciencias Exactas y a la Universidad son, por lo regular, malos.
Holguín figura entre los casos críticos, oscilando alrededor del 50% de
promoción. Es notable que cuando los enunciados de las preguntas no aparecen en
forma tradicional, los resultados obtenidos son todavía peores. Esto es una
muestra de que los estudiantes no se enfrentan a problemas con enunciados y
enfoques diversos, lo cual presupone una búsqueda constante de problemas nuevos
por parte del maestro.
A fin de deslindar el problema, es necesario observar primero una seria
dificultad que experimenta una estructura cíclica. En efecto, de forma general,
el estudiante no recibe una enseñanza que lo lleve a asumir una actitud activa,
inquisitiva y perseverante ante la Matemática, pues el maestro no lo hace de
manera implícita ni explícita. Este mismo estudiante matricula en los ISP, donde
hasta hoy no se le ha transmitido tal actitud hacia la Matemática (tanto en las
diferentes disciplinas como en las actividades de práctica laboral.
A pesar de la elevada preparación de los claustros, no hay evidencia de acciones
dirigidas a estimular el proceso de formulación de problemas al nivel de
carrera. Sólo en el plan de estudio actual se ha planteado el objetivo de que el
egresado sea capaz de puede aprender a formular problemas, y mucho menos cómo
puede aprender a enseñar a hacerlo.
Finalmente, el egresado pasa a formar parte de aquellos profesores que iniciaron
este comportamiento cíclico. Surge así la necesidad de romper la cadena por
algún lugar. A juicio del autor, la cadena debe romperse en los ISP, pues el
maestro en formación es más susceptible al cambio, en su modelo de actuación,
que el maestro en ejercicio (Leung, 1993; Frykholm, 1996; Hodgson, 1996). Todo
el análisis anterior conduce, en síntesis, a un importante problema científico:
¿Cómo favorecer el proceso de formulación de problemas geométricos en los
docentes del preuniversitario “Desembarco del Perrit”” del Municipio de Antilla?
La presente investigación tiene como objeto el proceso de formulación de
problemas, por parte de los docentes. Este objeto determina, como campo de
acción, Las formulación de problemas geométricos por los docentes del
preuniversitario. En consonancia con el problema planteado se define, como
objetivo central de este trabajo, elaborar una estrategia meta cognitiva que:
Favorezca el proceso de formulación de problemas geométricos, por parte de los
profesionales del preuniversitario “Desembarco del Perrit.
Actualidad: está dada por la importancia que tiene la solución del problema
planteado y que aun siguen en nuestras escuelas las dificultades con la solución
de problemas geométricos.
La significación práctica de este trabajo consiste en:
1) la propuesta de una metodología, dirigida a evaluar el desarrollo del proceso
de formulación;
2) la elaboración de indicaciones metodológicas para la enseñanza de la
estrategia en preuniversitario.
DESARROLLO
La resolución de problemas constituye un importante campo de investigación
dentro de la Matemática Educativa. Casi un siglo de investigaciones ha sido el
preámbulo de un numeroso grupo de monografías que, hoy día, intentan
sistematizar el “Estado del Arte” (Cruz y Aguilar, 2001). A diferencia de esto,
la formulación de problemas no cuenta con una plataforma teórica que permita
explicar el origen de los hechos y fenómenos afines.
Partiendo de una concepción pedagógica del concepto “problema”, en el presente
capítulo se enfoca el proceso de formulación como caso especial del proceso de
resolución. De esta manera se establece un marco teórico–referencial que
fundamenta la estrategia metacognitiva propuesta. Particularmente, se profundiza
en el concepto “estrategia”, se argumenta cómo la Enseñanza Problémica puede
servir de ambiente de aprendizaje, y se modela la actividad que debe desarrollar
el futuro maestro cuando elabore nuevos problemas para sus educandos.
La literatura pedagógica y psicológica (Blanco, 1991; Wyndhamn, 1993; Santos,
1993 y 1994; D’Amore y Zan, 1996; Llivina, 1999; etcétera).
Los componentes esenciales de la tarea son el objetivo, el contenido y las
condiciones. El primero es la representación anticipada de aquel resultado que
habrá de ser alcanzado; y se proyecta, de acuerdo con el grado de trascendencia
en la transformación que se aspira a lograr en el estudiante, en tres
dimensiones: instructiva, desarrolladora y educativa (ibíd., pp. 80–84). El
segundo engloba los tipos de acciones (identificar, comparar, clasificar,
fundamentar, etcétera), y el objeto de las acciones (conceptos, proposiciones,
procedimientos algorítmicos, medios heurísticos, etcétera).
Las terceras, desde el punto de vista cuantitativo, abarcan la frecuencia y la
periodicidad de las acciones y operaciones que requiere la tarea, no solo de
manera puntual sino también bajo la óptica del sistema de tareas. Desde el punto
de vista cualitativo se pone de manifiesto el nivel de complejidad de la
ejecución de las acciones y operaciones, así como la flexibilidad expresada en
el grado de variabilidad del contenido y del contexto de la propia actividad
(Bermúdez y Rodríguez, 1996, p. 8). El componente cualitativo de las condiciones
también comprende la disposición del sujeto, su estado afectivo hacia la tarea,
así como el modo en que esta tarea potencia la movilización de sus recursos
volitivos.
Es muy difícil iniciar un análisis de los conceptos anteriores sin hacer primero
En el ámbito escolar los términos “ejercicio” y “problema” son empleados con
singular frecuencia. Muchas veces este uso no va acompañado de una precisión
clara, como observaron Río et al. durante un análisis de los objetivos
curriculares de la enseñanza de la Matemática en Iberoamérica (1992, p. 75 y
166).
A pesar de esto, hoy día el concepto “problema” ha sido tratado con suma
profundidad en alusión a la “tarea docente”, que constituye la célula del
proceso docente–educativo, pues “en ella se presentan todos los componentes y
las leyes del proceso y, además, cumple la condición de que no se puede
descomponer en subsistemas de orden menor, pues al hacerlo se pierde su esencia:
la naturaleza social de la formación de las nuevas generaciones que subyace en
las leyes de la pedagogía” (Álvarez, 1999, p. 115). Según Garcés (2002), la
tarea docente es un medio del proceso docente–educativo; y se caracteriza por
interaccionar con todos los componentes de dicho proceso, por la variedad de
enfoques que puede adoptar, y por estar dirigida esencialmente a la formación
multilateral de la personalidad.
Los componentes esenciales de la tarea son el objetivo, el contenido y las
condiciones. El primero es la representación anticipada de aquel resultado que
habrá de ser alcanzado; y se proyecta, de acuerdo con el grado de trascendencia
en la transformación que se aspira a lograr en el estudiante, en tres
dimensiones: instructiva, desarrolladora y educativa (ibíd., pp. 80–84). El
segundo engloba los tipos de acciones (identificar, comparar, clasificar,
fundamentar, etcétera), y el objeto de las acciones (conceptos, proposiciones,
procedimientos algorítmicos, medios heurísticos, etcétera).
Las terceras, desde el punto de vista cuantitativo, abarcan la frecuencia y la
periodicidad de las acciones y operaciones que requiere la tarea, no solo de
manera puntual sino también bajo la óptica del sistema de tareas. Desde el punto
de vista cualitativo se pone de manifiesto el nivel de complejidad de la
ejecución de las acciones y operaciones, así como la flexibilidad expresada en
el grado de variabilidad del contenido y del contexto de la propia actividad
(Bermúdez y Rodríguez, 1996, p. 8). El componente cualitativo de las condiciones
también comprende la disposición del sujeto, su estado afectivo hacia la tarea,
así como el modo en que esta tarea potencia la movilización de sus recursos
volitivos (puede resultar gradualmente agradable o no, interesante o no,
novedosa o no, etcétera).
Es necesario señalar que en la tarea docente el objetivo se personifica, por
cuanto cada estudiante puede seleccionar tareas distintas, a fin de cumplimentar
un mismo objetivo; o bien, ante una tarea difícil, escoger otra más sencilla
cuya resolución le permita retornar y resolver la inicial mejor preparado. Como
ejemplo de tarea docente figura el ejercicio, en el cual se plantea una
exigencia que propicia la realización de acciones, solución de situaciones,
deducción de relaciones, cálculo, etcétera.
El trabajo con ejercicios no sólo constituye el medio fundamental para la
realización de los objetivos de la enseñanza de la Matemática, sino también el
instrumento adecuado para la medición del rendimiento de los estudiantes. El
éxito de la enseñanza de la Matemática no solo depende de cuáles ejercicios se
plantean, sino también de cómo el profesor dirige su proceso de resolución.
Existen muchas clasificaciones de ejercicios matemáticos. Una de ellas fue
propuesta por Borasi (1986; citada por Blanco, 1991), la cual denomina
sencillamente por “ejercicios” a aquellas tareas que pretenden desarrollar algún
tipo de algoritmo. Si se trata de un texto formulado con precisión, donde
aparecen todos los datos necesarios para obtener la solución, entonces la tarea
se denomina “problema con texto”.
Cuando el contexto descubre el potencial recreativo de la Matemática, obligando
al sujeto resolverte a ser flexible y considerar varias perspectivas, la tarea
se denomina “problema puzzle”. En este último caso la formulación puede resultar
engañosa, y la solución no tiene necesariamente que suponer procesos
matemáticos.
En el presente trabajo se es consecuente con la primera noción de ZDP, en la
cual cada estudiante debe trabajar sobre las fronteras de su propio
conocimiento, pues el principal propósito consiste en estimular la puesta en
práctica de una estrategia metacognitiva durante la formulación de nuevos
problemas, lo cual demanda una actividad cognoscitiva compleja.
También es posible clasificar los ejercicios matemáticos atendiendo a la
intención didáctica definida en el objetivo. Así resultan los ejercicios para la
introducción, la fijación (ejercitación, repaso, sistematización), la
aplicación, etcétera. Sin embargo, la clasificación más sencilla se consigue
tomando su estructuración lógica como base para la división del concepto. De
esta manera resultan dos tipos de ejercicios:
Antes de caracterizar el concepto “problema” es necesario esclarecer algunas
cuestiones epistemológicas, relativas a la Psicología y la Matemática. Respecto
al quehacer matemático, subsisten dos concepciones fundamentales.
La primera supone que la resolución de problemas va dirigida a comprender mejor
la Matemática. Por su parte, la segunda asume que la comprensión de esta ciencia
consiste en poder llegar a resolver mejor los problemas e identificar tres
concepciones generales que repercuten en la enseñanza y en el aprendizaje de la
Matemática: la platónica, la instrumental y la de resolución de problemas.
En esta tesis se enfatiza esta última, por considerar la Matemática como una
disciplina dinámica y cambiante, la cual está en constante desarrollo y reajuste
ante las nuevas situaciones problémicas. Esto no significa que se niegue el
papel instrumental de esta ciencia, reflejado en el desarrollo de habilidades
para resolver problemas de la vida práctica, para usar ágilmente el lenguaje
simbólico, los procedimientos y algoritmos, y para desarrollar el pensamiento
lógico–formal.
Otro aspecto importante, relativo a la filosofía de la Matemática, dimana de la
interrogante: ¿todo problema tiene solución?. En vista de que todo el
conocimiento matemático refleja propiedades intrínsecas de la realidad objetiva,
la respuesta estará condicionada por la conocida controversia entre los
representantes del materialismo dialéctico –quienes afirman que el mundo es
cognoscible y los agnósticos –quienes afirman que o bien no se puede conocer o,
al menos, no se sabe qué se puede y cuándo se conoce, lo cual constituye un tema
básico de la epistemología.
Desde la perspectiva psicológica, se asume el enfoque histórico–cultural de
Vîgotskiy (1982), destacando la naturaleza social del desarrollo psíquico del
hombre, así como la unidad entre psiquis y actividad. El principio fundamental
que sustenta este enfoque consiste en que los procesos mentales pueden nacer en
la actividad planificada, para luego convertirse en órganos funcionales de la
propia actividad. Sin embargo, en el contexto escolar no todo se puede enseñar,
pues el desarrollo no depende directa y linealmente de la enseñanza aunque esta,
en última instancia, conduzca al desarrollo.
Uno de los principales aportes de la obra de Vîgotskiy consiste en la noción de
“Zona de Desarrollo Próximo” (ZDP) que expresa la relación interna entre la
enseñanza y el desarrollo. En su versión clásica, este concepto se caracteriza
por la necesidad de una relación asimétrica novato–experto, como génesis (en el
primero) de los procesos psicológicos superiores; y también por la aparición de
una potencialidad, como emergente de esta relación. Aquí se manifiesta la ley
genética del desarrollo, que postula que todo proceso psíquico aparece dos
veces: primero en una relación interpersonal, después como dominio intrapersonal.
Desde la perspectiva pedagógica es posible señalar otros aspectos importantes
que tienen los problemas en el orden axiológico y metodológico. En general el
trabajo con problemas desarrolla un conjunto de rasgos y cualidades de la
personalidad, reflejados en la voluntad, los sentimientos y emociones, así como
en las convicciones de los estudiantes. Por ejemplo, en los problemas con texto
se describen objetos y fenómenos de la realidad, lo cual constituye una vía para
poner al alumno en relación con situaciones del quehacer cotidiano, en
particular con la vida nacional, social, productiva, política, etcétera.
La resolución de problemas facilita la asimilación de nuevos conocimientos
(sociales, éticos, jurídicos, políticos, económicos) y desarrolla formas
peculiares de interrelación con la sociedad y el medio ambiente. Por otra parte,
la enseñanza de los problemas también permite asimilar conocimientos acerca de
las relaciones cuantitativas existentes entre las distintas esferas de la
realidad; proporciona la asimilación de los conocimientos matemáticos, lo que
propicia que el alumno se oriente en el mundo, lo comprenda y adopte puntos de
vista peculiares (simbolización) de los objetos, hechos y fenómenos en el
lenguaje propio de la Matemática; y también propicia el desarrollo del
pensamiento de los alumnos en particular el lógico, el científico y el teórico.
Estrategia en la formulación de problemas
El problema ha sido modelado como una actividad compleja, dirigida hacia la
elaboración de nuevos problemas. Uno de los subprocesos constitutivos es la
formulación, el cual se refiere tanto al conjunto de acciones y operaciones que
conducen al planteo de un problema como a la forma en que estos tienen lugar.
Desde esta perspectiva, el planteo de un problema no se interpreta como un acto
inextricable, sino como un usufructo de la implementación de ciertas técnicas y
estrategias afines. Por otra parte, al conceptuar las estrategias como ciertos
procedimientos de la actividad cognitiva, se advierte la presencia de otras
estrategias más simples que configuran de manera compleja la estrategia en sí.
En efecto, las denominadas “técnicas” son también susceptibles de ser aisladas y
sometidas a estudio. En sentido general, las investigaciones vinculadas a la
formulación de problemas no utilizan el término “técnica”. De forma análoga a lo
que ocurre con la resolución de problemas, los autores utilizan indistintamente
el término “estrategia”, aun cuando se refieren a los procedimientos más
elementales. En este trabajo se distinguen ambos conceptos, pero se reconoce la
relatividad que subyace sobre dicha distinción.
Antes de profundizar en la forma y el contenido de la estrategia metacognitiva
que se propone, es necesario reconocer que su origen subyace sobre una idea de
Brown y Walter (1990, p. 61), en la cual los autores introducen cinco “niveles”
para el desarrollo de su técnica “¿qué–si–no?”. Se trata de “escoger un punto de
partida”, “enumerar atributos”, “aplicar la técnica”, “realizar preguntas” y
“analizar el problema”. En un sinnúmero de ejemplos se evidencia cómo estos
niveles conforman una estrategia metacognitiva. Sin embargo, esta última es muy
específica y no se esclarece la posibilidad de implementar otras técnicas.
Por otra parte, tampoco se describen las operaciones que conforman estos niveles
(o acciones) y su estructura tiende a ser lineal. Además, el hecho de anteponer
la realización de preguntas sin un análisis previo, puede conducir a la
formulación de problemas sin sentido (ora por la existencia de datos
contradictorios, ora por la insuficiencia de información). A continuación se
propone una estrategia no lineal que engloba una amplia diversidad de técnicas,
particularmente la abordada por Brown y Walter (ibíd.).
La estrategia se compone de seis acciones básicas, tal y como se ilustra en la
figura 6. La primera de ellas es la selección del objeto, y su ocurrencia está
condicionada por la relación 2 de la figura 5 (§ 1.3), así que responde a un
objetivo consciente. El sujeto analiza qué clases de objetos matemáticos
resultan apropiados
La acción subsiguiente consiste en la transformación del objeto, que puede ser
total, parcial o idéntica (la transformación idéntica explica el tránsito
directo de la clasificación a la asociación en la figura 6). Tales cambios
pueden ocurrir tras la generalización de ciertos elementos emergentes durante la
clasificación. Esta operación lógica es muy compleja y puede tener una
naturaleza sintética o analítica. En esencia, la generalización facilita el paso
de un concepto específico a otro genérico, al quitar de su contenido aquellos
indicios que lo especifican (disminuye el contenido y aumenta el volumen del
concepto). El proceso contrario se denomina limitación (véase Guétmanova, 1989,
p. 63).
También es posible transformar el objeto empleando analogías. En este caso se
trata de un razonamiento sobre la pertenencia a cierto objeto de un determinado
indicio (propiedad o relación), tomando como base la homología de indicios
sustanciales con otro objeto. Según el carácter de la información trasladada
Es por eso que se ha considerado una penúltima etapa, relacionada con la
búsqueda de dependencias, donde se analizan las relaciones existentes entre las
propiedades que han sido asociadas. Si este análisis resulta infructuoso, es
posible seguir transformando el objeto (véase la figura anterior) para continuar
la búsqueda tras nuevas asociaciones. Finalmente se sintetiza toda la
información, y las interrogantes inmanentes son valoradas a fin de seleccionar
una (o varias) de ellas. Con esta toma de decisión culmina el planteo de la
pregunta, teniendo lugar entonces la etapa subsiguiente del metaproblema.
Las consideraciones anteriores permitirán explicar qué técnicas son empleadas
durante la formulación de problemas, lo cual apunta hacia la solución de un
importante problema abierto, el cual fue declarado por Kilpatrick hace más de
una década (1987b, p. 142) y retomado más recientemente por Silver et al. (1996)
y English (1997b). Particularmente, el modelo teórico de la figura 6 se ajusta a
varias técnicas, las cuales han sido aisladas y estudiadas por otros autores.
Para llevar a cabo estos tipos de estrategias es necesario:
1. Identificar si el problema a elaborar pertenece a una clase resoluble
algorítmicamente.
2. Determinar todos los algoritmos regresivos posibles (entre el resultado final
y la proposición original), así como teoremas e interpretaciones afines.
3. Formalizar el algoritmo más sencillo, común a toda la clase.
Puede tomarse como ejemplo los sistemas de ecuaciones lineales de 3´3, los
cuales pertenecen a la clase más amplia de sistemas lineales de m´n, resolubles
algorítmicamente por el método de Gauss. Como procedimiento regresivo puede
elegirse el algoritmo inverso que resulta de elaborar ecuaciones de una, dos y
tres variables (en el caso de haber aplicado el método de eliminación), las
cuales pueden ser objeto de combinaciones lineales; o bien un algoritmo asociado
a la regla de Cramer; o aun uno más sencillo, consistente en: partir del
conjunto solución, tomar por coeficientes los elementos de una matriz regular y
sustituir dicho conjunto en el vector columna, para obtener los términos
independientes.
La selección de este último procedimiento genera nuevos problemas de carácter
práctico, como la necesidad de ciertos métodos para obtener matrices no
singulares. Uno de ellos podría ser: tomar dos números reales diferentes y
formar la correspondiente matriz de Vandermonde.
Las técnicas lógicas son aquellas que hacen abstracción de los objetos y
relaciones, transformando los mismos según las leyes de la Lógica Formal (no de
la Lógica Dialéctica que, al no hacer abstracción del contenido, está presente
siempre).
Su uso es frecuente cuando es necesario elaborar problemas relacionados con
ecuaciones, identidades, inferencias, figuras geométricas, gráficos, y en
general con cualquier objeto o relación cuyos rasgos faciliten transformarlo.
Ejemplos de estas técnicas son la generalización, limitación, formación de
recíprocos, búsqueda de proposiciones equivalentes (ganancia de premisas, leyes
de D’ Morgan, contrarrecíprocos, etcétera), negación de una proposición
cuantificada, entre otras. Para llevarlas a cabo es necesario:
1. Analizar qué operaciones lógicas son factibles efectuar, según los rasgos
determinados.
2. Seleccionar una operación conveniente, atendiendo a la Determinar los rasgos
distintivos del objeto o fenómeno.
3. Experiencia acumulada en esta actividad.
4. Aplicar la operación.
Finalmente, las técnicas heurísticas son aquellas que por naturaleza se vinculan
más a la búsqueda, al acto de descubrimiento. Su uso es común cuando es
necesario explorar propiedades intrínsecas de los objetos y fenómenos, así como
la interrelación subyacente entre estos y otros no necesariamente dados. Figuran
como ejemplos la analogía, la contradicción, la variación de algunos elementos
dentro de cierto rango, la asociación (asociar los problemas relativos al
concepto función al estudio del concepto derivada, asociar los triángulos
isósceles a matrices de 2´2), y formar la intersección entre las características
de dos conceptos (¿qué tienen en común los números complejos y las
circunferencias
Metodología para caracterizar el proceso de formulación.
Muchos autores han desarrollado diferentes metodologías para caracterizar el
nivel de desarrollo del proceso de resolución de problemas GEOMÉTRICOS.
La formulación de problemas es un proceso predominantemente cognitivo, como han
mostrado Leung (1993) y Llivina et al. (2000), aunque intervienen otros procesos
emocionales y volitivos en unidad dialéctica. Esto sugiere abordar su
caracterización a partir de la dimensión ejecutora, considerando tanto el
resultado obtenido como el contenido y la forma en que la estrategia tuvo lugar.
El marco teórico ha permitido caracterizar la formulación de problemas como un
proceso cognitivo, asociado a la resolución de ciertos problemas abiertos. Este
proceso se ha caracterizado por tres componentes: el sistema de procesamiento,
el contenido procesado y el resultado.
Con el objetivo de operacionalizar la variable dependiente de la hipótesis, es
necesario deslindar los indicadores que permiten caracterizar el proceso de
formulación. En total son tres: dos procesales, relacionados con la
implementación de la estrategia y con la metacognición; y uno terminal, referido
al problema formulado. Particularmente, el contenido se considerará inmerso en
todos ellos, conjuntamente con las creencias y concepciones. Así será posible
enfocar de manera holística la caracterización cualitativa del proceso
estudiado.
Existen diversas escalas de evaluación, en el campo de la resolución de
problemas. Sin embargo, en lo referido a la formulación, la literatura
consultada no registra análisis alguno. Es por ello que se propone, en cada
caso, una escala cualitativa de tipo ordinal (bajo–medio–alto), la cual deberá
perfeccionarse en investigaciones posteriores (en cuanto a la pertinencia de
cada indicador y su respectivo refinamiento, principalmente). Todos los
criterios se sustentan en analogías respecto a estudios similares, en el ámbito
de la resolución de problemas (Schöenfeld, 1985; Dowker et al., 1996; Silva,
1999; Llivina, 1999 y 2000; Nunokawa, 2000; Stacey y Scott, 2000; De Corte et
al., 2001; Kratochvílová, 1998 y 2001; Martínez–Cruz y Contreras, 2001).
Para evaluar este indicador es necesario recurrir a dos elementos sustanciales.
El primero se refiere a la fluencia en las técnicas utilizadas, y el segundo a
la logicidad con que estas tienen lugar. Un instrumento adecuado ha sido
elaborado por Schöenfeld (1985), se trata de los “episodios gráficos” en la
resolución de problemas. En este caso debe realizarse un pequeño ajuste, pues se
parte de una situación vinculada a un objeto o relación (cf. Labarrere, 1980).
Seguidamente se orienta al estudiante que formule un problema asociado a dicha
situación, destacando la posibilidad que tiene de transformarla. La actividad
será grabada, lo cual favorece la mayor exactitud en el análisis ulterior (en
caso de no realizar la grabación utilizando cinta de vídeo, sino cinta
magnetofónica, se orientará también no borrar lo escrito, procediendo
simplemente a tacharlo).
En todo momento debe crearse un clima agradable, donde el alumno exprese
verbalmente sus ideas. El experimentador tomará nota de sus observaciones, lo
cual se complementa con la información escrita y la grabación; también podrá
interaccionar con el estudiante siempre que lo considere necesario.
Posteriormente se confeccionará un diagrama similar al que aparece a
continuación. Se trata del producto cartesiano entre las seis acciones
demarcadas en la figura 6 y el tiempo.
El problema propuesto.
El resultado final queda definido por el problema planteado. En este se
manifiestan dos elementos fundamentales: la profundidad y la originalidad. Según
Llivina (1999), el primero se refiere al grado de penetración en la esencia de
los hechos y fenómenos, buscando generalizaciones, leyes, regularidades; y a la
tendencia a sintetizar lo relevante, haciendo abstracción de lo menos
significativo. Por su parte, el segundo se expresa en la cantidad de ideas y
opciones inusuales que el sujeto realiza.
Se han establecido una tipología para los ejercicios escolares, atendiendo a
la profundidad y originalidad.
aparecen los ejercicios sencillos, los cuales requieren de un razonamiento
intermedio antes de obtener el modelo matemático correspondiente. A diferencia
de los anteriores, es posible encontrar aquí algunos elementos originales de
naturaleza extramatemática, como ciertas complicaciones lógico–lingüísticas. Un
ejemplo típico lo constituyen los problemas con texto (en el sentido de Jungk,
1981), conducentes a un sistema en forma directa. Más sofisticados aún son los
ejercicios moderados, caracterizados por exigir la aplicación de una identidad,
la realización de construcciones auxiliares simples (sin trazar más de un
segmento o una circunferencia), así como transformaciones algebraicas no
equivalentes y cálculos intermedios. Sirven de ejemplo las ecuaciones cuya
resolución introduce raíces extrañas, las cuales deben ser discriminadas
posteriormente.
En penúltimo lugar figuran los ejercicios difíciles, caracterizados por requerir
la transformación geométrica de un triángulo, cuadrilátero o circunferencia; el
trazado de un plano auxiliar en el cálculo de cuerpos; la demostración de
identidades, tras la aplicación reiterada de otras más elementales; o bien la
modelación a través de funciones, para el análisis de valores críticos.
Finalmente, aparecen los ejercicios muy difíciles, caracterizados por la
necesidad de realizar una conjetura que debe ser demostrada (v. gr., por
inducción completa), la aplicación combinada de transformaciones geométricas, la
realización de varias construcciones auxiliares, así como la aplicación
sistemática de diversos contenidos.
Indicaciones metodológicas para el aprendizaje de la estrategia
A fin de favorecer el nivel de desarrollo del proceso de formulación, ha sido
develada una estrategia metacognitiva que engloba disímiles técnicas. Sin
embargo, esto no es suficiente, pues este proceso forma parte de la actividad
cognitiva de un sujeto, la cual no puede aislarse del medio natural donde
ocurre.
La formación de profesores en Cuba también ha experimentado la mayoría de las
regularidades mundiales, pero al constituirse como parte de un subsistema
nacional de educación ha tenido sus propias singularidades. En un período que
data entre 1857 (con la apertura de la primera escuela normal para maestros) y
principios del siglo XX, no se tiene referencia alguna de preparación orientada
hacia la Didáctica de la Matemática.
Tanto en el período colonial como en el republicano, muchos insignes pedagogos
lucharon por librar la enseñanza de la Matemática del escolasticismo. Sin
embargo, solo con el triunfo de la revolución socialista en 1959, comenzó un
acelerado proceso de transformaciones económicas, políticas y sociales que
propiciaron un enriquecimiento nunca antes visto de la didáctica cubana (Cruz y
Aguilar, 2001). Particularmente, la formación universitaria del profesor de
Matemática comenzó en el curso escolar 1977–1978 con el denominado Plan de
Estudio A, ocurriendo un perfeccionamiento continuo hasta llegar al actual Plan
C modificado.
CONCLUSIONES
Se ha propuesto una estrategia que favorece la formulación de nuevos problemas,
esclareciendo las acciones y operaciones que le son constitutivas. Esta
estrategia engloba una amplia gama de técnicas ya abordadas por otros autores,
mostrando cómo estas interaccionan en la dinámica de una compleja actividad
cognitiva. Tomando como base que la formulación de problemas ha sido conceptuada
como caso particular del proceso de resolución, la analogía ha permitido
establecer una tipología procedimental que abarca todas las técnicas conocidas
hasta hoy.
También se ha elaborado una metodología que permite caracterizar el nivel de
desarrollo del proceso de formulación, sobre la base de tres indicadores
básicos. Finalmente, con el objetivo de adecuar la intervención pedagógica a la
formación del profesor, se ha elaborado un conjunto de indicaciones
metodológicas para la enseñanza de la estrategia en preuniversitario.
El carácter relativo del concepto problema ha permitido el abordaje de la
formulación como un caso particular de problema abierto; es por ello que la
estrategia general de Pòlya debe corresponderse con las acciones de la
estrategia propuesta.
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AUTOR
Lic. Jesús Ballester Caballero. Profesor Instructor.
e-mail: spantilla@hlg.rimed.cu
Centro Laboral: Sede Universitaria Pedagógica. Antilla.
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Publicado Thursday 3 de April de 2008
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