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Repercusión Biosicosocial del Cáncer Bucal
Resumen: El hombre, por su esencia social, posee rasgos fundamentales y particularmente específicos que lo diferencia radicalmente de otros seres vivos. Esto obliga a enfocar la salud de las personas no solo desde posiciones biológicas, sino considerando las características sociales...
Publicación enviada por Dr. Juan Dacourt Flores y otros autores
INTRODUCCIÓN
El hombre, por su esencia social, posee rasgos fundamentales y particularmente
específicos que lo diferencia radicalmente de otros seres vivos. Esto obliga a
enfocar la salud de las personas no solo desde posiciones biológicas, sino
considerando las características sociales y dentro de estas las psicológicas y
espirituales.
El cáncer, enfermedad que constituye un grave problema para la salud del hombre,
genera un gran impacto psicológico ya que se asocia con la muerte, el dolor y el
sufrimiento; por lo que representa para muchos, soledad y desamparo.
Independientemente del avance cultural de la población actual aún la palabra
"cáncer" constituye un tabú que atenta contra las acciones de salud encaminadas
a la prevención y al diagnóstico precoz; generando conductas inadecuadas que
condicionan un rechazo para acudir al médico por el miedo al diagnóstico de esta
enfermedad. En este contexto psicocultural que acompaña a esta patología se
aprecian numerosos conflictos éticos a enfrentar por el equipo de salud.
La lucha contra el cáncer, sigue siendo en la actualidad, a pesar de ciertos
avances en el diagnóstico, tratamiento y una limitada supervivencia, más que
todo, una batalla que abarca desde los más elementales programas educativos para
su prevención en términos de modificación de hábitos y estilos de vida, hasta la
reintegración a la sociedad de un paciente con una aceptable calidad de vida
después del tratamiento.
Desde luego se necesita una voluntad política que estructure programas
abarcadores en la labor educativa de la población; formativa, de profesionales
capaces de cumplir con esta primera parte y entrenados para la detección
temprana de las lesiones, lo que presupone un correcto conocimiento de la
normalidad.
Existe dentro de este conjunto estructural, un nivel, llamado de Asistencia
Médica, donde los pacientes ya aquejados de dolencia, deben ser atendidos con
una esmerada calidad que comienza por el diagnóstico certero y el estadiamiento
de la enfermedad, que luego aconsejará a los facultativos, cual será el
tratamiento que más convendrá a cada paciente individualizado.
El paciente aquejado de cáncer de cualquier localización requiere de un equipo
multidisciplinario que lo diagnostique y con su participación, decidan la mejor
conducta terapéutica.
Lamentablemente los pacientes acuden tardíamente a la consulta, en busca de
ayuda profesional, cuando ya la enfermedad tiene un avanzado desarrollo, en casi
todas las latitudes.
El hallazgo de lesiones cancerosas de gran magnitud en la República de Yemen,
nos motivó a realizar el siguiente trabajo.
OBJETIVOS
General:
· Exponer la connotación biológica, psicológica y social en los individuos
afectados de cáncer bucal.
Específicos:
· Mostrar el comportamiento de esta entidad en las diferentes latitudes.
· Analizar aspectos biológicos, psicológicos y sociales, de los pacientes
afectados de cáncer bucal
· Mostrar su comportamiento en la República de Yemen.
DESARROLLO
La ciencia.
Desde tiempos inmemorables los científicos se han sentido desafiados por este
flagelo de la raza humana y sus servicios expresados desde hace varios siglos.
En las últimas décadas, los avances en Biología Molecular han demostrado que son
los propios genes los que, al mutar originan cáncer. Los carcinógenos son
agentes que causan mutaciones en el proto-oncogenes, genes supresores de tumores
y en genes de reparación del DNA.
Jon Hill en 1761 y Percival Pott en 1775 descubrieron respectivamente los
efectos de la inhalación del tabaco en polvo sobre la aparición del cáncer
bucal, y la elevadísima incidencia del cáncer de escroto en los deshollinadores
de las chimeneas londinenses.
A estas primeras asociaciones de agentes externos con el desarrollo de tipos
concretos de cáncer siguieron muchas más que incluyeron diversos agentes
químicos cuya aparición coincidió con el desarrollo industrial del siglo XIX.
En el año 1927, Herman J. Muller de la Universidad de Columbia demostró que los
rayos X, causaban mutaciones en la mosca del vinagre Dronophila Melanogaster y
generaban variabilidad genética. Se descubrió el fenómeno de la activación
metabólica por la que el organismo puede convertir durante el metabolismo
hepático agentes no reactivos en potentes mutágenos muy reactivos.
Bruces Ames diseñó y posteriormente otros investigadores perfeccionaron el test
de detección y cuantificación de la mutagenicidad de carcinógenos en la bacteria
Salmonella Typhimurium, que permitió correlacionar la capacidad carcinogénica
con la capacidad de afectar al DNA.
Gracias a los estudios de Epidemiología Analítica se ha podido conocer algunos
de los carcinógenos más importantes, responsables de la mayoría de las
neoplasias en el mundo occidental y en otras partes de este.
Tabaco.
El tabaco constituye la primera causa de morbilidad y mortalidad general, y es
también la primera causa de muerte en los países desarrollados. La relación
entre el hábito tabáquico y la aparición de neoplasias malignas es conocida
desde 1761. El tabaquismo no sólo es la causa de la mayoría de los cánceres de
pulmón, sino que aumenta el riesgo de presentar cáncer de laringe, cavidad
bucal, esófago, vejiga y páncreas.
Eleva el riesgo de tumores en pelvis renal, cáncer gástrico, leucemia y cáncer
de cerviz uterino.
Aunque no se ha identificado por completo la relación molecular causa – efecto,
que induce la aparición de tumores malignos debidos al uso del tabaco, existen
evidencias epidemiológicas suficientes a lo largo de la historia que hacen esta
relación concluyente.
Se ha objetivado un aumento de las tasas de cáncer de pulmón algunas décadas
después del hábito tabáquico, hecho que ocurrió tras la Primera Guerra Mundial
en los hombres, y tras la segunda en las mujeres.
Existe, al menos nueve grandes estudios prospectivos y 50 estudios caso- control
que han demostrado una relación significativa entre el tabaquismo y el
desarrollo del cáncer del pulmón.
En 1990 se estimó que las personas que fallecieron por causas relacionadas con
el tabaco podrían haber vivido 15 años más si nunca hubieran fumado.
El hábito tabáquico es responsable del 96% de los tumores de pulmón en los
varones.
Existen datos que demuestran que la nicotina inhibe la apoptosis,
dificultando los beneficios del tratamiento con quimioterapia e induciendo la
inmortalidad celular.
Estudios epidemiológicos indican que las mujeres pudieran ser más susceptibles
que los hombres a los efectos del tabaco.
En 1993 se aisló el primer hidrocarburo cancerígeno del tabaco, el 4.4
benzopireno. Desde entonces se han aislado 400 sustancias entre carcinógenos (nitrosaminas,
beta-naftilaminas…), cocarcinógenos (aresol, fenol…) y sustancias irritantes
como el óxido nítrico, que parecen tener un efecto cancerígeno directo en le
cáncer bucal, laríngeo y esófago, mientras que en los de páncreas, vejiga y
otros, el efecto parece estar determinado por metabolitos activos derivados de
sustancias contenidas en el tabaco.
Cáncer Bucal.
Aproximadamente el 90% del cáncer bucal son carcinomas epidermoides, los cuales
suelen verse en pacientes de edad avanzada, típicamente en el borde lateral y
posterior de la lengua, aunque cualquier sitio de la boca puede estar afectado,
el cáncer de la boca es particularmente común en países subdesarrollados.
La etiología parece ser multifactorial y fuertemente relacionada al estilo de
vida, mayormente los hábitos y la dieta (tabaco y alcohol), aunque otros
factores, tales como agentes infecciosos, también están implicados.
Frecuencia.
El carcinoma de la boca es uno de los 10 más frecuente sitios de cáncer
internacionalmente, con un estimado de 378. 500 nuevos casos diagnosticados
anualmente, de los cuales las ¾ partes se originaron en países subdesarrollados,
información sesgada pues en esta parte del mundo más afectada de cáncer, la
descripción de la información, tales como incidencia, mortalidad y prevalencia
son poco fiables.
En ciertos países como Sri Lanka, India, Pakistán y Bangladesh, el cáncer bucal
es el más común y en algunas partes de la India puede representar más del 50% de
todos los cánceres.
En los países desarrollados el cáncer de la boca es menos común, pero es el 8vo
más común de todos los cánceres, de cualquier manera el rango varía entre los
países. Por ejemplo, en áreas del norte de Francia, el cáncer de la boca es el
más común de los cánceres en el hombre, los estimados muestran, que más de 32
000 nuevos casos anuales de cáncer de boca son diagnosticados en la Comunidad
Europea.
Morbilidad/ Mortalidad.
Los rangos de mortalidad por cáncer de boca han crecido sustancialmente en
muchos países: en Alemania, Checoslovaquia y Hungría, casi en 10 veces se
incrementó la mortalidad en cáncer bucal entre 35 y 44 años.
En reciente análisis sistemático de mortalidad por cáncer en 28 países europeos,
mostró un pronunciado incremento de la mortalidad por cáncer bucal, en el grupo
de edad entre 35 a 64 años, en los años comprendidos entre 1955- 1989.
Raza.
La incidencia de cáncer de lengua consistentemente es mayor en negros comparado
con blancos, dentro de la misma región de Estados Unidos, en aproximadamente un
50%.
Sexo.
Los hombres son frecuentemente más afectados que las mujeres, aunque este rango
se está igualando.
Edad.
El cáncer bucal es predominantemente una enfermedad encontrada en la 5ta y 6ta
década de la vida.
Dieta.
Uno de los más importantes factores relacionados con la aparición del cáncer es
la dieta. Hoy día se sabe que la modificación de ciertos hábitos dietéticos
podría llegar a disminuir en alrededor de un 35% la aparición de algunos
tumores. Existen numerosos estudios que apoyan la hipótesis de que el exceso de
calorías totales en la dieta puede guardar relación causal con los cánceres de
próstata, endometrio, colon y mama. Así, una ingesta calórica excesiva, que
conduzca a la obesidad, está directamente relacionada con un aumento del riesgo
de cáncer de colon, recto, páncreas y próstata en varones y endometrio y mama
entre mujeres posmenopáusicas.
Con respecto a la ingesta de grasas, puede afirmarse que es uno de los factores
dietéticos que más hipótesis ha generado en torno a su posible relación con el
riesgo de cáncer. Las localizaciones tumorales más ligadas a esta ingesta
elevada son el colon, la próstata y, con cierta controversia, la mama. También
se ha sugerido un efecto diferente de los subtipos de grasa; así la grasa
saturada está involucrada generalmente en las hipótesis de mayor riesgo y
existen estudios que orientan hacia un efecto más beneficioso de las grasas
monoinsaturadas.
Otro factor considerado como dietético, por su aporte calórico, es el alcohol.
Se ha podido corroborar en distintos estudios que el consumo excesivo de alcohol
incrementa la incidencia de neoplasias en la cavidad oral, faringe, hígado,
colon y mama.
Existen otros factores dietéticos conocidos por su efecto protector, como son el
consumo de alimentos ricos en fibra y agentes antioxidantes, contenidos
fundamentalmente en las frutas y verduras; destacan el potencial papel de
ciertas vitaminas (como A, C y E) y algunos micronutrientes (p. ej., selenio).
El paciente afectado de cáncer bucal
El paciente afectado de cáncer bucal tiene comprometido funciones vitales
relacionadas con su alimentación, comunicación, reconocimiento de los sabores y
olores, puede respirar en muchas ocasiones con la ayuda de una traqueotomía; la
fetidez y las secreciones sero-purulentas, son perennes acompañantes. Todas las
consideraciones que se hacen en presencia de un individuo supuestamente sano.
Esta situación puede cambiar dramáticamente si el paciente presenta una
Enfermedad Crónica no Transmisible, tales como: Diabetes Mellitus, Hipertensión
Arterial, Enfermedad Cerebrovascular, Enfisema Pulmonar, Asma Bronquial y otras,
lo cual haría más complicado su tratamiento, cualquiera que sea la variedad
terapéutica que se elija (Quirúrgico, Radioterapia o Quimioterapia). La
situación de este paciente crónica se prolonga por meses, con el sufrimiento de
sus seres queridos y el costo alarmante de su atención.
Aspectos psicológicos del cáncer
La vinculación de la enfermedad cancerosa con el estado de ánimo del paciente es
conocida desde Hipócrates. No obstante, hasta las primeras curaciones del
cáncer, la psicosomática no empezó a preocuparse por este tema. La aplicación de
nuevas terapéuticas y el consecuente aumento de la supervivencia incrementaron
el interés por el estado emocional del enfermo, su familia y el personal
sanitario que lo asiste (enfoque psicosocial), así como por los factores
psicológicos o conductuales que pudieran desencadenar o influir en esta
enfermedad (enfoque psicobiológico). También se inició la discusión acerca de si
se debía o no informar al paciente de su verdadero diagnóstico y pronóstico.
El auténtico catalizador de este debate fue EE.UU., donde las presiones legales
hicieron que en 1950 apareciera la Ley del Derecho a la Información del Enfermo.
Ésta establece que el paciente debe estar informado de su diagnóstico,
pronóstico, tratamiento y sus consecuencias. Los demás países comenzaron a
plantearse la actitud más adecuada frente a este tema. Hoy todavía no existe un
consenso, excepto en Suecia, donde se ha adoptado el modelo norteamericano.
En otros países se aceptan soluciones más pragmáticas (sólo informar del
diagnóstico cuando ello beneficie al paciente). En el sur de Europa tiene una
gran influencia la familia del enfermo, que suele querer "protegerlo" de aquello
que juzgan insoportable para él. Por esta razón, los familiares insisten en su
petición de no informarle. En cuanto a los propios pacientes, las actitudes son
muy variadas. Algunos exigen conocer "toda la verdad", mientras que otros no
preguntan acerca de su enfermedad, a pesar de estar ingresados en servicios de
oncología.
La psicología, hoy por hoy, no ha encontrado argumentos científicos que apoyen
la conveniencia o no de informar al enfermo. Las diferencias individuales y de
personalidad determinan que no es posible decantarse por una actitud u otra.
Seguramente, el médico debe adaptarse a cada caso individual, sobre todo
mientras el cáncer siga siendo una enfermedad tabú.
Esta consideración se debe a la relación del cáncer con la muerte, que ha
existido durante siglos. También al desconocimiento de la causa de esta
dolencia. Por ello el hombre ha atribuido el cáncer a causas mágicas, como
castigos.
El subconsciente colectivo aún no parece haber asimilado la posibilidad de
curación del cáncer, ni el hecho de que existen tratamientos menos agresivos y
posibilidades de paliación. Por ello, es una enfermedad que afecta
emocionalmente, tanto a quien la padece como a sus familiares. En algunas
ocasiones, para defenderse de este impacto hay enfermos que utilizan el
mecanismo de negación. Mediante éste, se aparta de la mente todo aquello que
evidencie o recuerde la posibilidad de padecer una enfermedad grave. La negación
debe ser respetada, y es mejor no intentar obligar al paciente a enfrentarse a
una situación que él mismo rehúye. Autores ingleses, a pesar de defender la
información plena del diagnóstico de cáncer, aceptan la negación, a la que
denominan evitación positiva, y recomiendan que, al detectarla, lo mejor es
potenciarla.
En el Servicio de Coordinación Oncológica del Hospital Clínic de Barcelona, de
167 pacientes interrogados acerca de su diagnóstico, sólo 25 (15%) reconocieron
que tenían cáncer. Los restantes se agruparon en torno a diagnósticos
alternativos como tumor, inflamación, quiste o pólipo, entre otros.
En la realidad yemenita, al paciente se le informa, ser portador de una
inflamación, si este pregunta directamente. En todos los casos, al familiar si
se le informa, de que su paciente es portador de una tumoración maligna.
Las alteraciones emocionales más frecuentes en oncología son las del área
afectiva (ansiedad y depresión), aunque algunas investigaciones sobre
personalidad muestran al enfermo neoplásico como negador de dificultades. Estos
estudios revelan puntuaciones especialmente bajas en depresión y en neurosis.
Otros problemas psicológicos están asociados a los efectos secundarios de
algunos tratamientos (náuseas y vómitos anticipatorios, alteración de la imagen
corporal debida a alopecia o a mastectomía, etc.).
La psicooncología, valiéndose de sus propios recursos adaptados a la
idiosincrasia del enfermo neoplásico, intenta proporcionar soluciones. Se podría
decir que, desde el punto de vista psicológico, el enfoque del paciente
oncológico es global, ya que la enfermedad repercute en todas sus áreas
funcionales (física, psíquica, social, laboral y familiar). Así aparece el
concepto (ya utilizado también para otras enfermedades crónicas) de calidad de
vida.
Éste surgió como complemento del parámetro cantidad de vida. Es decir, se
plantea si el objetivo es sólo curar o si, además, es necesario valorar en
conjunto el bienestar del individuo. La OMS define la curación no sólo como el
hecho de liberar al paciente de su enfermedad, sino también de conseguir que las
secuelas que ésta deje en su vida sean las mínimas. Cada componente de la
calidad de vida forma una disciplina, a veces independiente. Un ejemplo de ello
sería la función sexual. Ésta ha sido muy poco estudiada en oncología y no es
habitual que se hable sobre ella con el paciente. Existe una dificultad de
comunicación al respecto tanto por parte del profesional, como del paciente.
Los trabajos realizados acerca de este tema demuestran que los individuos con
cáncer ven sus relaciones sexuales alteradas a partir de su diagnóstico.
En el Servicio de Coordinación Oncológica del Hospital Clínic de Barcelona se
interrogó al respecto a pacientes en 163 primeras visitas consecutivas. De los
94 pacientes con función sexual activa durante el último año antes de la
enfermedad, 24 (25,53%) mantuvieron la misma frecuencia, pero 27 (28,72%) la
disminuyeron y 43 (45,74%) la interrumpieron totalmente. Además, todos los
parámetros de la función sexual (impulso, excitación y orgasmo), así como la
satisfacción obtenida, empeoraron significativamente después del diagnóstico de
cáncer. Más adelante se realizó un estudio igual pero sólo con pacientes con
cáncer de mama. Al tener el tumor localizado en un área tan importante para la
función sexual, son las pacientes que más dificultades tienen en este sentido.
De 158 pacientes, 86 manifestaron tener actividad sexual antes de la enfermedad.
Cuarenta y dos (48,8%) de las mismas habían interrumpido del todo su relación
sexual un mes después de la cirugía, mientras que 30 (34,88%) habían disminuido
la frecuencia. Seis meses después de la cirugía ambos porcentajes habían
disminuido. Esto mismo ocurría con todos los parámetros de la función sexual e
incluso con la satisfacción obtenida: empeoraban a la primera visita, aunque
algunas se recuperaban a los seis meses. Todas estas cifras llaman la atención
hacia aspectos del enfermo oncológico que no forman habitualmente parte de su
historia clínica, pero que son importantes para valorar su estado general y su
bienestar.
La boca está considerada como uno de los centros erógenos del organismo,
desempeñando un papel importante en las relaciones sexuales, donde los labios y
la lengua tienen una activa participación, al estar proveídos de tejido eréctil.
En algunos sujetos la simple extracción u otro acto quirúrgico en la boca puede
ser considerada por los mismos como una agresión a una parte de su sexo. De
hecho, la fobia o el temor a los procedimientos estomatológicos están explicados
por la suposición de que “se está manipulando parte de su sexo”
Estas realidades se hacen más dramáticas, por estar matizada por aspectos
socioculturales y económicos que la condicionan tales como:
· El costo de los servicios de salud.
· Cultura.
· Educación.
· Hábitos de masticar tabaco y Qat.
El Sistema Nacional de Salud de la república de Yemen, adolece de una red
asistencial, capaz de garantizar la atención de toda su población que asciende a
la cifra de 20. 727. 063 habitantes. De igual forma no posee programas de
prevención y pesquizaje de las lesiones premalignas del complejo bucal, entre
otros factores, lo cual explica el estadio avanzado en que son atendidos los
pacientes con lesiones cancerosas de la boca.

Fig. 1. Paciente con cáncer Terminal, que hasta el momento de ser recibida en
ese estado, no había recibido tratamiento alguno. Permaneció por años en una
habitación donde sólo accedía uno de sus 10 hijos.

Fig. 2. Masculino joven con una lesión carcinomatosa de 4 años de evolución.
Refirió problemas económicos para recibir tratamiento.
Tratamientos

Fig. 3. Cáncer típico de lengua, que por su larga evolución ha infiltrado el
suelo de la boca. En su tratamiento fue necesario extirpar casi toda la lengua.
Tratamiento.
La pérdida de peso y el adelgazamiento son manifestaciones muy comunes del
enfermo con cáncer, y una de las causas más frecuentes por las que el enfermo
acude a la consulta médica. El síndrome anorexia-caquexia es una manifestación
muy común en el paciente con cáncer y de consecuencias devastadoras. No sólo
causa un debilitamiento físico del enfermo con distintos grados de pérdida de
autonomía, sino que tiene implicaciones psicológicas importantes ya que afecta
la propia imagen corporal, la autoestima y su grado de comunicación con el
entorno. No hay duda que la pérdida del apetito y el adelgazamiento progresivo
son de los factores que más afectan la calidad de vida del paciente. Está
demostrado que aquellos enfermos que presentan un grado importante de
malnutrición y adelgazamiento responden peor al tratamiento y presentan muchas
más complicaciones que aquellos cuyo peso no está afectado.
Las razones del síndrome anorexia-caquexia son varias, entre las que destacan
las siguientes: a) alteraciones en el aparato digestivo: alteraciones del gusto
y del olfato, alteraciones del metabolismo hepático y de los lípidos; mucositis,
náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento bien por efecto directo del tumor,
bien causado por la quimioterapia, radioterapia u otros fármacos; b) mediadores
bioquímicos: la presencia del cáncer produce en el organismo una respuesta del
sistema inmunológico que se traduce en la liberación de ciertas citocinas.
Siguiendo el modelo de Kern y Norton, estas citocinas formarían parte del
sistema de defensas del organismo para destruir el tumor; sin embargo, muchos de
sus efectos serían perjudiciales para el propio organismo, causando anorexia y
alteraciones del metabolismo de las proteínas, carbohidratos y lípidos.
Uno de los principios del soporte nutritivo en el paciente con cáncer es que
mientras el tubo digestivo funcione, su utilización debe ser prioritaria.
Utilizar esta vía es más fisiológica, más segura y más económica que la vía
parenteral. Está comprobado que la alimentación enteral estimula el crecimiento
y la función de la mucosa intestinal, hecho que no se debe despreciar en casos
de enfermos en estado crítico con unos mecanismos de defensa de la mucosa
gravemente comprometidos.
Los tratamientos del cáncer de la boca son altamente costosos aún en nuestro
país, donde los servicios de salud son gratuitos, el aspecto nutritivo del
tratamiento de soporte del paciente con cáncer de boca se convierte en una carga
económica de ilimitadas dimensiones, poniendo los recursos económicos ahora en
función del paciente portador de cáncer que requiere un tratamiento nutritivo de
soporte especial, altamente nutritivo, pues su metabolismo está obviamente
alterado.
Estos fundamentalmente se realizan con tres métodos fundamentales:
· Cirugía
· Radioterapia
· Quimioterapia
Los tratamientos quirúrgicos dan la posibilidad de realizar las extirpaciones
completas de las lesiones y como desventaja, la de producir ablaciones
importantes con deformidad residual, temporal o permanentes con repercusiones
psicológicas importantes en los sujetos, así como la limitación de sus funciones
de relación, dígase comunicación, alimentación, gusto, entre otras. Estas
intervenciones tienen un numeroso grupo de complicaciones categorizadas como
catastróficas y no catastróficas, dentro de las primeras se incluyen: muerte,
explosión de la arteria carótida por invasión del tumor o por accidentes
quirúrgicos durante la intervención, hemiplejia permanente por daños a
estructuras nerviosas, entre otras. Dentro de las no catastróficas encontramos
las fístulas bucoantrales; buconasales; cutáneas y del conducto torácico, que en
ocasiones requieren reintervenciones secundarias.
Aún así, el tratamiento quirúrgico puede ser un fracaso de hasta un 46%, de
acuerdo con las diferentes estadísticas, dependiendo del estadio de la lesión.
Hoy con los avances alcanzados en la reconstrucción, mediante colgajos de
vecindad y a distancia, y el desarrollo de la microcirugía es posible restituir
los tejidos perdidos con una calidad aceptable, pero ello implica la agresión a
tejidos de otras partes del organismo, dejando en estos, secuelas aún mayores y
sin garantías absolutas de éxito. De recidivar el tumor, estas intervenciones
reconstructivas se pierden, pues es necesario quitarlas para acceder a la lesión
primaria, con la consecuente frustración moral para los pacientes
Radioterapia
El uso de las radiaciones ionizantes en terapéutica médica, fundamentalmente
antineoplásica, se introdujo a principios del siglo XX gracias al descubrimiento
de los rayos X por Roentgen (1895) y del radium por Curie tres años después
(1898).
Su eficacia en oncología se ha visto limitada durante muchos años por la escasa
penetrabilidad del haz de radiación y el cálculo dosimétrico insuficiente. En la
actualidad se dispone de haces de radiación de penetración adecuada, homogéneos,
con escasa penumbra, producidos por generadores con gran movilidad e
isocéntricos. A la vez, la integración de la TC en la dosimetría tridimensional
permite un conocimiento muy exacto de la distribución de las dosis de radiación
en los volúmenes de interés, tanto a efectos de tratamiento como de protección.
La base de la acción biológica de las radiaciones ionizantes se debe a su
capacidad de producir radicales libres al interaccionar con la materia y ceder
la energía que vehiculizan. Los radicales libres actúan produciendo roturas en
enlaces en moléculas biológicas, entre las que la más sensible es el DNA. Todo
ello redunda en la inactivación celular (daño letal) o en lesiones más o menos
reparables (daño subletal).
Ventajas:
· Se conservan la anatomía y la función.
· No requiere de la aplicación de anestesia general.
· La cirugía salvaje es posible si la radioterapia falla.
Desventajas:
· Los efectos secundarios son comunes.
· La curación no es común, especialmente en los grandes tumores.
· La cirugía secundaria, es más dificultosa y la supervivencia se reduce.
La radioterapia deja complicaciones, la irritación de las mucosas, xerostomía,
elevando la posibilidad de las infecciones bucales:
Esta modalidad terapéutica, puede producir limitación de la abertura bucal,
aflojar los dientes y producir osteo-radionecrosis, que conllevan a la pérdida
de dientes, dificultando aún más los problemas de alimentación. Una complicación
común del tratamiento anticanceroso, ya sea mediante quimioterapia o
radioterapia, es la aparición de mucositis. Se calcula que un 40% de pacientes
con quimioterapia estándar y hasta un 76% de pacientes con trasplante de médula
ósea sufren esta complicación. En el caso de enfermos que se someten a
radioterapia de cabeza y cuello se puede decir que todos sufren un grado mayor o
menor de mucositis.
Esta complicación no tan sólo es muy dolorosa, sino que compromete gravemente la
capacidad del enfermo para la ingesta de alimentos y su estado nutritivo, sin
olvidar que puede ser una puerta de entrada de infecciones. Antes de cualquier
tratamiento con quimioterapia o radioterapia, se debe realizar un estudio
riguroso de la higiene oral y del estado de la dentición.
El ignorar una caries o un posible absceso dental puede ocasionar graves
complicaciones al enfermo durante su tratamiento, en particular cuando se entra
en la fase neutropénica y de inmunodepresión. Una buena práctica médica
establece la extracción de aquellas piezas dentarias en mal estado antes del
tratamiento antineoplásico. La mucositis aparece a los 5-7 días de la
administración de la quimioterapia o radioterapia y desaparece a las 2-3 semanas
en el enfermo con buena reserva de médula ósea.
Quimioterapia
La quimioterapia consiste en la administración de fármacos que tienen por
objetivo impedir la reproducción de las células cancerosas. Dichos fármacos,
denominados citostáticos, se clasifican en varios grupos: agentes alquilantes,
platino y sus análogos, antimetabolitos, inhibidores de la topoisomerasa,
agentes antimicrotúbulo y sustancias diversas.
Ventajas:
· No es necesaria la anestesia general
Desventajas:
· Perdida del cabello.
· Mucositis.
· Depresión del sistema inmunológico, facilitando las infecciones por gérmenes
oportunistas.
Por último, el paciente con cáncer sufre con frecuencia trastornos intestinales,
inducidos por los efectos tóxicos de la quimioterapia o los efectos secundarios
de los tratamientos sintomáticos, como es el caso del estreñimiento con el uso
de opiáceos. En este caso, una combinación de ingesta de alimentos con gran
contenido en fibra y una mayor deambulación corrige el problema, mientras que en
otros casos es necesario añadir enemas de limpieza.
Cuidados paliativos. Tratamiento de los síntomas en la enfermedad terminal.
La etapa terminal del paciente con cáncer (Fig. 1) constituye una situación
caracterizada por una enfermedad avanzada, irreversible e incurable, en la que
la presencia de numerosos problemas y síntomas cambiantes, y de origen diverso,
son la regla, con un pronóstico de vida no superior a seis meses. El control de
los síntomas se convierte en la base terapéutica, con el objetivo de mantener la
calidad de vida del paciente. En esta situación, se plantea la necesidad de
controlar los síntomas que derivan de la progresión del tumor cuando los
tratamientos heroicos de la neoplasia no tienen indicación alguna.
Las manifestaciones ya existentes, y las nuevas que puedan aparecer, deben ser
valoradas cuidadosamente buscando la interpretación fisiopatológica de cada
síntoma o signo mediante la exploración completa, con el propósito de lograr el
control de los síntomas, más que del tumor. El paciente no requiere actuaciones
técnicas complejas, pero sí más tiempo y dedicación para lograr el control de
los síntomas físicos y el mantenimiento de una conducta psicológica adecuada. La
finalidad es conseguir una mejor calidad de vida.
La sintomatología en esta etapa avanzada es muy dominante y se manifiesta de
forma muy diversa, según el tipo y localización del tumor primario y la
extensión de la enfermedad metastásica. Dentro de esta fase terminal hay que
diferenciar, por sus peculiares características, la fase agónica, referida a los
últimos días de vida del paciente, generalmente las últimas 48 h, en la que la
actitud terapéutica se orienta sólo a garantizar una "muerte digna".
En esta situación, el paciente está en cama, muy postrado, aquejando gran
astenia, somnoliento y, con frecuencia, confuso, inquieto y agitado, con dolor
casi siempre, con ruido laríngeo estertoroso en la respiración y orinado o
aquejando intenso dolor hipogástrico por retención urinaria que, en ocasiones,
es la causa de una agitación inexplicable.
En la etapa terminal-paliativa, la prioridad en los cuidados es el mantenimiento
de una adecuada calidad de vida, en la que hay que rechazar los intentos de
prolongación de la supervivencia si fuera a costa de una toxicidad
medicamentosa, y donde todavía es posible la aplicación de medidas de apoyo para
el mantenimiento de las constantes vitales, así como de una buena hidratación e,
incluso, alimentación artificial. En la fase agónica la prioridad es ayudar al
logro de un desenlace sin sobresaltos, lo más natural y sereno posible, en la
que la atención a las necesidades psicológicas y espirituales del enfermo y el
apoyo a la familia sea lo sobresaliente. Aquí sólo se emplearán los fármacos de
utilidad inmediata, y la vía oral será sustituida por la subcutánea o rectal.
Dolor
El dolor crónico afecta al 40-95% de los pacientes con cáncer en etapas
intermedias y avanzadas de la enfermedad. En la mayoría de los casos el dolor
puede ser controlado. Para ello es necesario estudiar minuciosamente sus
posibles causas, administrar los analgésicos adecuados a las dosis y ritmo
correctos, y no olvidar nunca las medidas no farmacológicas.
El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable que con
frecuencia se asocia a lesiones tisulares. Saunder definió el "dolor total",
pues siempre están involucrados aspectos emocionales, sociales, espirituales y
económicos, en torno a los que gira la vida de los pacientes.
El dolor es siempre una complicación temible y la que provoca mayor malestar en
el paciente con enfermedad avanzada. En el enfermo terminal-paliativo, el
tratamiento con analgésicos se rige por los principios ya explicados con
anterioridad.
En el enfermo agonizante la medicación básica son los opioides, fundamentalmente
la morfina por vía subcutánea o rectal. Es útil la administración rectal de una
mezcla del contenido de una cápsula de morfina de liberación retardada con un
supositorio de metamizol magnésico, previo calentamiento de éste para lograr la
mezcla y posterior congelación. En esta situación no es tan necesaria la
medicación coanalgésica, que puede suspenderse en su mayoría, aunque los
glucocorticoides, particularmente eficaces en dolores debidos a compresión
nerviosa y en dolores relacionados con grandes masas tumorales en espacios
limitados (tumores de cabeza y cuello, hipertensión intracraneal, masas
intrapélvicas), continúan prestando una gran ayuda.
En torno al paciente terminal se centra buena parte de los problemas éticos más
importantes con los que debe enfrentarse el médico. Constituye una paradoja que
una de las carencias que las facultades de medicina permiten al estudiante que
concluye sus estudios de pregrado sea la referida al aprendizaje de todo lo
concerniente con el proceso de morir. Salvo excepciones, cabe afirmar que ningún
programa, disciplina, clase teórica o práctica permite exponer, comentar o
discutir los problemas de todo tipo que le plantea al médico el encuentro con la
muerte. Tampoco la formación posgraduada se ocupa en especial de este tema.
Es al inicio de su ejercicio profesional cuando un día cualquiera ese estudiante
–ya médico– se encuentra por primera vez con la muerte de forma directa, sin
otros apoyos que aquellos que por sí mismo sea capaz de procurarse, y se ve
obligado a enfrentarse a una situación que lo sobrecoge y le plantea, junto a
los problemas médicos más o menos previsibles, otros absolutamente inéditos,
muchas veces no imaginados y ante los que, con frecuencia, la primera tentación
es la de huir.
La omisión de una cuestión tan esencial responde, inconsciente o
conscientemente, a algo que ha sido definido como una de las características de
nuestra época: la tendencia de nuestra sociedad a eludir el problema de la
muerte. Hablar de ella resulta de mal gusto. Tampoco es un tema sobre el que
pensemos demasiado. Sólo cuando toca muy de cerca, algún familiar o amigo muy
próximo y, en seguida, tendemos a olvidarlo. "La muerte y yo nunca nos
encontramos", decía Epicuro. Nuestra sociedad intenta ser fiel a esta norma. Una
cosa es que sepamos que vamos a morir y otra muy distinta es que nos sintamos
morir. Además, en último término, es el otro el que se muere. La muerte
representa un fallo, un fracaso, una frustración para todos, pero que se revela
especialmente desagradable y acusadora para los médicos.
Dos son los mensajes de partida: el médico no puede rehuir este tema, que
encontrará desde el primer día, ni puede esquivar su propia responsabilidad, ya
que tendrá que asumir, quiéralo o no, un papel que se extiende más allá del mero
ejercicio de curar –o intentar curar–, para el que ha sido preparado, y se
aproxima al de un director de escena que debe –o al menos eso se espera de él en
muchas ocasiones– ejercer cierto control sobre todas las circunstancias que
acompañan a la muerte de su enfermo. Por consiguiente, nuestro médico debe
prepararse para ello desde su período de formación, reflexionar y asumir unas
cuantas ideas –sus ideas– que le permitan evitar las inhibiciones, no tener que
improvisar y afrontar, en suma, de una manera coherente esta situación.
Ante el hecho de la muerte sólo tenemos dos certezas: la seguridad de que nos va
a alcanzar y la ignorancia del momento. Su realidad, la idea que tenemos de la
muerte y de su después condicionan la actitud ante la vida de un gran número de
seres humanos. En el plano médico-social, nuestra época ha introducido cambios
importantes en la manera de vivir la muerte, que van más allá del deseo de
ignorarla ya referido. Se muere de otra forma y en otros sitios.
Los hospitales e instituciones tienden a reemplazar a la propia cama. La
tecnificación y los aparatos sustituyen a la familia. Además, en muchos casos
los avances de la medicina permiten una razonable estimación aproximativa de
algo tan importante como es cuándo se va a producir la muerte. Todo ello ha
determinado que la búsqueda de una "muerte digna" se haya convertido en uno de
los temas –y de las obsesiones – más discutidos de nuestro tiempo.
A la persona que se siente morir, y mucho más a la que sabe que se va a morir,
se le plantean diferentes conflictos que su médico debe conocer y ser capaz de
valorar. Estos conflictos, básicamente, pueden agruparse en dos grandes
apartados: pérdidas y temores. Entre las pérdidas, una de las más importantes es
la de la propia independencia. Independencia para llevar a cabo su papel en la
familia y en la sociedad, para ganar dinero, para manejarse por sí mismo en un
sentido moral y también en el sentido más físico de la expresión (vestirse,
comer, lavarse, cubrir sus necesidades fisiológicas, etc.).
Se producen pérdidas de imagen y de apariencia, pérdidas en muchos casos del
control de los acontecimientos, de la capacidad para tomar decisiones e incluso
para seguir el proceso de la propia enfermedad. Son pérdidas a menudo
automáticas e inevitables, pero que en ocasiones se le imponen al paciente desde
fuera, desde la propia familia, desde la sociedad o desde la institución
sanitaria, lo que puede multiplicar el carácter doloroso del conflicto.
Entre los miedos cabe destacar, en primer lugar, el temor a la propia muerte.
Aquí cabría recordar los trabajos de Elizabeth Kübler-Ros, con su
sistematización de las cinco fases por las que suele pasar el moribundo:
negación, indignación y rabia, regateo, depresión y aceptación. A menudo, estos
miedos se traducen en pérdidas de esperanza, en sentimientos de frustración
cuando se analiza la vida pasada o en exageración del sentido de la
responsabilidad al pensar en los problemas que se dejan pendientes. El miedo se
expresa también en aspectos mucho más concretos: al dolor que puede llegar, a
los efectos del tratamiento, a la situación económica o al rechazo y abandono
por parte de la familia y los amigos.
En la cultura musulmana donde está considerada la existencia de otra vida, la
muerte es aceptada en la mayoría de los sujetos, y ante un tratamiento que
implica grandes riesgos y la solicitud de un consentimiento informado especial,
ellos encomiendan su vida a su Dios “Alá”.
Pronostico.
El cáncer de boca tiene un rango de supervivencia de 5 años en el 30% de los
pacientes.
Educación del paciente.
Debe estar encaminada a cambios en el estilo de vida.
CONCLUSIONES
La cavidad bucal resulta una estructura anatómica de fácil acceso a diferencia
de otras regiones del organismo, tanto para su higiene, como para la exploración
de sus estructuras por el propio sujeto, médicos de familia, estomatólogos
generales integrales y otros especialistas.
Sin embargo los pacientes aquejados de cáncer bucal, en la República de Yemen
asisten a consultan en períodos muy avanzados de su enfermedad, que es reflejo
de la ausencia de una voluntad política coherente en términos educativos de la
población, para cambiar hábitos y estilos de vida, la no existencia de redes
asistenciales suficientes y de personal profesional con la calida requerida en
estos servicios, así como estar privados los servicios de salud casi en su
totalidad, explican este fenómeno.
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AUTOR
Dr. Juan Dacourt Flores. Especialista en Cirugía Máxilo-
Facial. Profesor Auxiliar.
Dr. Ángel Dacourt Flores. Especialista en Alergología e
Inmunológica. Profesor Auxiliar.
Dr. Dariel Dacourt Noriega. Medico Clínico. Residente de
Anestesia y Reanimación.
Universidad Médica de la Habana
Facultad de Estomatología
Raúl González Sánchez
Fundada en 1900.
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Publicación enviada por Dr. Juan Dacourt Flores y otros autores
Contactar mailto:juandacourt@yahoo.com
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Publicado Thursday 7 de February de 2008
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