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La autoevaluación docente como medio para la actualización profesional, consideraciones teóricas para mejorar la práctica docente
Resumen: Una de las prioridades pendientes del Sistema Educativo Mexicano se centra, sin lugar a dudas, en la actualización del magisterio, ya que la calidad de la educación solo podrá ser mejorada si basa la enseñanza en profesores altamente calificados.
Publicación enviada por Ma. Lourdes Sánchez Franyuti
RESUMEN
Una de las prioridades pendientes del Sistema Educativo Mexicano se centra, sin
lugar a dudas, en la actualización del magisterio, ya que la calidad de la
educación solo podrá ser mejorada si basa la enseñanza en profesores altamente
calificados. Sin embargo, para que tengan éxito los esfuerzos realizados por las
autoridades educativas en este sentido, es preciso tener en cuenta que la
actualización de cada maestro, debe principiar por la propia reflexión sobre su
quehacer profesional.
De eso precisamente trata la autoevaluación docente y esto es lo que aborda de
manera particular esta exposición al final de la cual, se espera despertar en
los docentes una motivación personal que origine en ellos el deseo de elaborar
por iniciativa propia un programa personal de formación profesional como parte
de un proceso de actualización permanente que incida a corto plazo, en la piedra
angular de la educación de calidad que el país requiere.
I. EL RETO DEL SISTEMA EDUCATIVO
Se inicia con un primer cuestionamiento:
¿Cuál es el reto más importante de la educación en México y cómo es posible
lograr este objetivo en el corto plazo?
Sin duda alguna mejorar la calidad de la educación y el camino a seguir es
lograr que aquella que reciban los alumnos de todo el Sistema Educativo Mexicano
(SEM), sea impartida por profesores altamente capacitados en los quehaceres de
la docencia; personas comprometidas consigo mismas, con su profesión, y con la
sociedad en su conjunto mediante la búsqueda constante del conocimiento. Esto
significa estar al día en cuanto a contenidos, métodos, estrategias y medios
para evaluar la enseñanza-aprendizaje, puntos todos que pueden ser revisados a
través de una reflexión que orille al docente a elaborar un programa personal de
formación continua a partir del déficit de conocimiento (áreas de oportunidad)
inherente a su ejercicio profesional.
Ahora bien...
¿Por qué la actualización?
Para dar respuesta puntual, se alude a una frase del maestro Pablo Latapí Sarre:
“El maestro es un profesional del conocimiento, obligado a estar atento a su
continua evolución tanto en las disciplinas que enseña, como en las ciencias del
aprendizaje, lo que debiera ser la orientación predominante de los programas de
actualización.”
Esta frase nos remite a los contenidos y a los métodos de enseñanza, ambos
saberes imprescindibles para una práctica docente de calidad. Actualmente es
posible encontrar profesores altamente especializados en los temas que imparten,
pero que continúan utilizando métodos y técnicas de enseñanza obsoletos. En el
caso contrario, existen maestros abocados a investigar y poner en práctica
nuevas formas de enseñar, pero que han olvidado actualizar sus conocimientos
respecto a las materias que imparten.
Lo que la docencia hoy en día requiere, es de personal capacitado en ambos
sentidos, además de poseer un dominio de conocimientos sobre las propuestas
curriculares que operan en la educación básica. Aunado a lo anterior, habrá que
recordar que a partir de los años ochenta, las tecnologías de la información y
de la comunicación ensancharon y facilitaron el campo de la investigación en
todas las áreas del conocimiento, hecho que prima en la actualidad, la necesidad
de transformar el papel del docente informador, a formador y guía del alumno en
el proceso de aprendizaje. ¿Cómo? Orillando al estudiante a buscar y utilizar;
es decir, a indagar, descubrir por sí mismo para finalmente aplicar dentro de su
cotidianeidad, los conocimientos adquiridos.
En esta primera reflexión, cabe señalar que los procesos de actualización de los
docentes, se diferencian de aquellos de los demás profesionistas por el simple
hecho de que se trabaja en este ámbito, al igual que en el de la medicina, con
seres humanos, lo que nos obliga a remitirnos desde el punto de vista moral y
ético, a una concienzuda revisión de los valores que guían la vida personal del
maestro, ya que éstos, son trasladados en automático al círculo profesional.
Es preciso puntualizar que para enseñar, hay en primera instancia que saber;
para lo cual es indispensable aprender con la firme e inquebrantable convicción
de que el aprendizaje, es un acto constante que se debe llevar a cabo durante
toda vida, de tal forma que el aprender y el enseñar se conviertan en un arte
mediante el cual se realice un toma y daca constante entre maestro-alumno así
como una facultad en donde la reflexión constituya el elemento base para evaluar
todos los procesos educativos y a todos los involucrados en ellos.
Lo anterior, conlleva una actualización permanente por parte del docente ya que
en el tránsito por el túnel del tiempo, en donde la ciencia y el conocimiento se
reinventan cada día, el maestro debe encontrar en sí mismo la motivación
suficiente para actualizarse en continuo a fin de estar en todo momento a la
vanguardia del quehacer educativo.
II. ACTUALIZACIÓN PROFESIONAL
¿Qué significa actualizarse?
Actualizar, de acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española es poner al
día. Actualizarse es entonces, mantenerse vigente, continuar creciendo, saberse
académicamente joven. Es evolucionar, renovarse, caminar a la par que el tiempo;
es seguir aprendiendo permanentemente, día con día, concibiéndose como “docente
en continua evolución” y asumiéndose en todo momento como “profesional
inacabado”.
Existen tres grandes áreas del conocimiento que requieren una PERMANENTE
ACTUALIZACIÓN: la medicina, la informática y la docencia. Sin embargo, y
paradójicamente, una de las áreas que más resistencia ha presentado al cambio,
es la correspondiente a la educación. Al respecto Antonio Battro refiere que si
un médico del siglo pasado pudiera despertar a esta época en medio de una sala
de quirófano, le sería imposible realizar una cirugía ya que quedaría atónito
ante la presencia de instrumentos totalmente desconocidos para él. En contraste,
si un profesor despertase después de cien años en un salón de clases actual,
encontraría en general, condiciones similares a las de hace cien años, pudiendo
continuar con sus enseñanzas sin mayores complicaciones.
Este mismo ejemplo, sugiere lo que acontece el día de hoy en el campo de la
educación y de la informática entre los docentes de países en vías de desarrollo
y aquellos que revolucionaron la educación desde el nacimiento de Internet, ya
que si un maestro se plantara en un salón de clases de una Universidad de primer
mundo, quedaría inmóvil ante la multiplicidad de medios que los docentes manejan
cotidianamente como recurso para mejorar su labor docente y obtener mejores
resultados en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Aquí valdría la pena
preguntarse si “yo docente” estoy al día en el uso académico de los medios
tecnológicos.
Ahora bien, el punto de partida de todo proceso de enseñanza-aprendizaje, deberá
iniciar con una autoevaluación de las prácticas que cada maestro lleva al cabo
actualmente, tanto en lo que se refiere a los conocimientos sobre los temas que
domina, como a los métodos, estrategias y medios de evaluación que utiliza. De
igual forma, se recurre a la reflexión como el medio idóneo para que el docente
encuentre la motivación necesaria para aprender permanentemente; esto es, para
actualizarse. Sin embargo, iniciar con una reflexión honesta de su quehacer
profesional, aunque pareciera receta sencilla, es lo más difícil de lograr, ya
que el maestro como ser humano, tiene que adoptar una serie de actitudes
personales sin las cuales, ningún proceso de autoevaluación rendirá frutos.
Al respecto, es preciso señalar que la actualización de los maestros en servicio
ha sido por largo tiempo entendida como un proceso para subsanar el déficit de
conocimientos que los docentes presentaban, los cuales Perrenoud concibe como
“áreas de oportunidad”. Para ello, la estrategia a seguir fue la de optar por
cursos masivos, mismos que no alcanzaron los resultados previstos dado que la
temática propuesta en cada uno de ellos, no abarcaba los intereses de todo el
personal en formación.
Actualmente, una nueva visión induce a concebir la actualización como un proceso
de formación durante toda la vida, en donde el maestro se asume como el actor
protagónico de los procesos de reforma educativa centrando el interés en su
ACTITUD ya que con ello dará lugar a la revisión del bagaje de conocimientos
individuales, estableciendo con ello un balance de competencias que le permita
aceptar y trabajar por los cambios requeridos para transformar su propia
práctica.
Por lo anterior, en varios países se inició desde hace algunos años la
reconceptualización de la formación de los docentes en servicio comprendiendo
para ello dos grandes estrategias:
I. Talleres de reflexión sobre la práctica y el perfeccionamiento institucional,
los cuales mostraron una enorme eficacia en lo individual, pero inadecuados como
reconversión rápida y masiva del profesorado por lo que con posterioridad, se
convirtieron en:
II. Talleres de reflexión en contextos de trabajo colectivo, ya fuere
interdisciplinario, o con los docentes de una misma área o especialidad, quienes
dispusieron de herramientas y materiales pedagógicos para facilitar la
comprensión y para inducir al diseño de actividades en el aula.
De tal forma, hoy día existe la necesidad de transformar la actitud del maestro
frente al cambio y las condiciones de aisalmiento del trabajo docente, dado que
se reconoce que el mejoramiento de la calidad de la educación no será posible no
se incide en las ACTITUDES de la formación personal del docente, así como en las
condiciones institucionales y estructurales que enmarcan su trabajo.
III. REQUISITOS PREVIOS PARA UNA AUTOEVALUACIÓN
Elementalmente existen cuatro actitudes que el maestro debe aportar para
adentrarse en el proceso de una exitosa autoevaluación. A continuación se
describen algunos de los más importantes:
Primero:
- Para aprender, hay que querer aprender. Y para querer aprender algo que sirva
para mejorar la propia práctica, se debe relacionar lo que se aprende con la
práctica.
Esto implica muchas disposiciones anímicas que nada tienen que ver con el
programa y sí con la persona; actitudes que no frecuentemente se encuentran o
son aceptadas no solo por la mayoría de los docentes sino de cualquier ser
humano:
· Suprimir seguridades (lo sé todo, no tengo necesidad de aprender nada)
· Estar dispuesto a la crítica y a la autocrítica (de los alumnos, maestros,
compañeros, familia, comunidad, y necesariamente de sí mismo)
· Reconocer que se tienen carencias (estar preparados para recibir preguntas
para las cuales no tendremos respuesta)
· Asumir que la humildad es un elemento indispensable para crecer
profesionalmente (aprender a decir “no sé”, “lo desconozco”, “no estoy
enterado”, “me falta información al respecto”, “debo investigar sobre el
particular”, etc.)
· Creer y confiar en que se puede aprender de los demás
· Tener interés y cariño por los alumnos (proponerse enseñar mejor)
· Sentir pasión por lo que se hace, disfrutando del trabajo como se goza al
practicar el pasatiempo preferido.
Segundo:
- Para aprender, hay que dedicar algo de tiempo para sí mismo y para los demás.
· para investigar, leer, analizar la propia práctica y los conocimientos
obtenidos
· para crear nuevos ambientes de aprendizaje que permitan compartir el
conocimiento (Redes educativas)
· para apoyar a los alumnos y/o colegas, aclarando dudas, compartiendo
conocimientos, apoyando distintas necesidades de aprendizaje
· así como para brindar asesoría en la elaboración de los trabajos de tesis.
Aprender a dar un poco más de sí mismo, y hacerlo sin esperar recompensa alguna,
es, en palabras de Gibrán Jalil Gibrán el gran poeta del Líbano, “Dar con
alegría, concibiendo que en esa alegría se encuentra recompensa”.
Tercero:
- Para aprender hay que empezar por analizar las propias necesidades de
aprendizaje.
Lo anterior significa:
· situarse en el último curso de actualización realizado, tanto de manera
institucional como aquella que se allegó por iniciativa propia para saciar las
carencias y/o necesidades de conocimiento
· realizar un análisis concienzudo de los conocimientos que impregnan las
propuestas curriculares que operan en la educación básica, a fin de determinar
los aspectos a reforzar en cada caso (balance de competencias)
Cuarto:
- Cada maestro debe crear sus propios ambientes de aprendizaje como tarea
personal.
En suma: la superación docente comienza por la actualización, aunque para
acceder a ella, se debe estar CONVENCIDO de que se tiene NECESIDAD DE CONOCER
MÁS (de lo que se enseña y de cómo se enseña).
IV. EL APRENDIZAJE DE LOS PROFESORES EN SERVICIO
Toca ahora abordar el tema de la forma en que aprenden los maestros en
servicio. Y cabe la pregunta:
¿Cómo y por qué medios aprende el maestro en servicio?
Aunque cada maestro puede exponer cómo y por qué medios aprende, en general
se puede asentar que el maestro en servicio aprende:
· Por medio de su práctica diaria. Ya sea a través del ejercicio cotidiano de su
saber profesional, así como de lo expuesto por sus alumnos y/o de otros colegas
· A través de cursos de actualización. Ya sean éstos proporcionados por el
sistema educativo, o tomados por iniciativa propia
· Mediante la interacción. Con el medio social y familiar en el que se
desenvuelve el docente
· Y de manera autodidacta. En donde lee, investiga, adecua y reorienta, abunda o
modifica su propia práctica, aspectos todos que deben derivarse de una reflexión
honesta y profunda sobre su práctica docente.
El Consejo General de Investigación de Estados Unidos (National Research Council)
analizó durante dos años los descubrimientos más actuales sobre los procesos de
aprendizaje en el ser humano. Como resultado de dichos estudios, publicó el
libro ¿Cómo aprende la gente? Cerebro, Mente, Experiencia” (How People Learn.
Brain, Mind, Experience, and School.), en cuyo capítulo 6 denominado “El diseño
de ambientes de aprendizaje” (The Design of Learning Environments pp. 129-154),
describe y analiza tres grandes ambientes como plataforma para adquirir
conocimiento:
a. Centrados en el conocimiento. Los cuales se generan por cursos formales de
actualización.
b. Centrados en comunidades. Con los alumnos, en colegiado, por áreas de
conocimiento (especialidad), por planta docente, y en combinación con otras
instituciones tanto nacionales como internacionales.
c. Centrados en la evaluación. Cuando interviene una evaluación se genera un
ambiente de aprendizaje diferente. La evaluación puede provenir de un tutor, un
colega, los alumnos o la propia reflexión (autoevaluación).
El tema que hoy ocupa, se inserta en los ambientes centrados en la evaluación,
por lo que se continúa con el punto medular de esta exposición: la
autoevaluación del desempeño profesional.
V. AUTOEVALUACIÓN DEL DESEMPEÑO PROFESIONAL
La reflexión y el análisis de la práctica docente tiene, en la autoevaluación
del profesorado, una de sus opciones más valiosas y enriquecedoras pues
involucra al propio actor del proceso docente.
Por lo anterior, el maestro deberá:
- Asumir la responsabilidad de reflexionar críticamente sobre la propia acción
con el fin de reconducirla o mejorarla
- Asumir la propia autonomía dentro del proceso educativo
- Reconocer la importancia del trabajo en equipo y de la interacción docente en
las tareas educativas
¿Cómo se definen los aspectos para autoevaluarse?
Éstos parten de la propia reflexión, y aunque a continuación se puntualizan
algunos de ellos, se asume que cada profesor encontrará seguramente muchos más
aspectos para abonar a su propia evaluación:
SOBRE MI PERSONA:
Requisitos indispensables para iniciar una autoevaluación real.
· ¿acepto de antemano auto-examinarme con veracidad y objetividad?
· ¿permito que mis colegas y alumnos me hagan alguna observación?
· ¿estoy abierto a la crítica?
· ¿soy un” egologista” reconocido?, ¿soy un maestro “acabado”?
· ¿estoy dispuesto “desempolvarme”? ¿a crear, innovar, revolucionar, incursionar
en las TIC, trabajar en equipo?
· ¿estoy consciente que los procesos de reflexión, análisis y superación tomarán
una buena porción de mi tiempo?
· ¿he realizado un balance de las competencias docentes que poseo y he detectado
las áreas de oportunidad que debo cumplimentar?
SOBRE LOS CONTENIDOS DE LA ASIGNATURA QUE IMPARTO:
· los contenidos que imparto, ¿tienen utilidad directa con la labor
profesional que desarrollarán mis alumnos una vez egresados?
· ¿les planteo una vinculación objetiva de los contenidos de la asignatura con
la práctica educativa que desempeñarán en el campo laboral?
· ¿inicio mi curso situando la asignatura en el contexto (nivel, especialidad)
en el que el alumno podrá aplicar los conocimientos en el campo laboral?
(interés para el estudiante)
· la literatura en la que baso mi curso ¿es reciente? o sigo instalado en “los
clásicos”
· personalmente, ¿qué tanto leo (si es que leo) por semana, mes, sobre la
especialidad (es) que imparto?
SOBRE LOS MÉTODOS DE ENSEÑANZA QUE UTILIZO:
· ¿resulta interesante para los alumnos la manera en que expongo la clase?,
¿cómo lo sé?, ¿cómo lo detecto?
· ¿qué tanto ha variado la forma de enseñar de los contenidos que imparto de
cinco, diez años a la fecha?
· las formas de enseñar que utilizo (métodos y/o técnicas de enseñanza) ¿son las
mismas de “siempre”?
· ¿transmito información sobre distintos temas? o induzco a los alumnos a
descubrir por sí mismos el conocimiento
· ¿les hago reflexionar, analizar los contenidos que se abordan?, ¿los orillo a
investigar, analizar, comentar, debatir, construir su propio conocimiento?
SOBRE LAS ESTRATEGIAS DE ENSEÑANZA APRENDIZAJE QUE PLANTEO:
· ¿he inducido a los alumnos a desarrollar un pensamiento estratégico a
través de actividades como la lectura, el análisis, la síntesis y redacción de
lo aprendido?
· ¿he fomentado en los alumnos la reflexión y he desarrollado en ellos la
capacidad para emitir una opinión personal y debatir sobre un tópico determinado
en el grupo? (pensamiento crítico-reflexivo)
· ¿he propiciado en los alumnos el trabajo en equipo por medio de actividades
grupales que les permitan desarrollar proyectos o solucionar problemas de manera
conjunta?
· ¿he orillado a los alumnos a utilizar las tecnologías de la información y la
comunicación a través de trabajos individuales y grupales a través de Internet?
(búsqueda de información, remisión de trabajos por medio de correo electrónico,
inserción de artículos en páginas web, intercambio de opiniones en grupos de
discusión, grupos de trabajo en línea, etc.)
· ¿induzco a mis alumnos a reflexionar, analizar, criticar, investigar y
proponer acerca de los contenidos de la asignatura y/o las formas de enseñar?,
¿qué tan abierto soy a la crítica?, la acepto/la censuro, la evito/la demando,
no la necesito/la requiero
· ¿he escrito alguna vez sobre el tema/ especialidad que manejo y/o sobre
algunas de mis experiencias laborales?
· ¿solicito aportaciones verbales y escritas de mis alumnos y colegas? o soy un
maestro “acabado”
· ¿qué tanto trabajo en equipo?, ¿comparto experiencias, trabajos, escritos,
investigaciones?
· ¿contamos, los alumnos y los profesores con círculos de lectura?
· ¿recibimos retroalimentación de alumnos y maestros de manera presencial y
grupal; en línea y presencialmente?
· ¿hemos considerado poner en marcha proyectos innovadores para actualizarnos
todos (maestros/alumnos)? páginas web, correos grupales, publicación de
revistas?
· ¿he/ hemos puesto en práctica estrategias presenciales y/o en línea para
apoyar a nuestros alumnos con sus dudas y/o carencias una vez que han finalizado
la asignatura y/o carrera?
· ¿como especialista en una asignatura/materia/área de conocimiento,
asesoro/oriento a los alumnos en sus proyectos de tesis?, ¿si?, ¿no?, por qué...
SOBRE MI PRÁCTICA:
· ¿qué esperaba lograr al inicio del curso? y ¿qué tan cerca estoy de los
objetivos propuestos?
· ¿qué esperaban los alumnos de la presentación y desarrollo de la asignatura?,
¿estoy cubriendo sus expectativas?
· ¿dedico tiempo extra para apoyar y guiar a los alumnos en la búsqueda del
conocimiento?
· ¿qué tanto empleo los medios tecnológicos para actualizar mi conocimiento?
· ¿he escrito alguna vez sobre el tema/ especialidad que manejo y/o sobre
algunas de mis experiencias laborales?
· ¿trabajo en equipo con los compañeros de mi especialidad o nivel escolar?
· ¿intercambio experiencias con maestros de otras instituciones?
· Para evaluar la forma en que me desempeño al impartir una clase, exposición,
conferencia, taller etc., ¿he propuesta alguna vez a un colega que actúe como
observador para realizar una evaluación crítica de mi práctica docente y así
poder mejorarla?
· ¿hasta este punto, reconozco mis actuales carencias?
· ¿estoy consciente del área en la que requiero actualización?
· ¿qué necesito saber y/o poner en práctica para estar vigente?
· Mi ACTITUD actual ¿me demanda elaborar y poner en práctica un programa
personal de formación profesional como punto de partida hacia un proceso de
actualización permanente?
· Finalmente, ¿Estoy dispuesto a gestionar con mis colegas un programa grupal de
mejoramiento profesional?
Me resta más que agregar a manera de colofón una sabia frase de Vasconcelos:
“El magisterio debe mirarse como una vocación, y debe llevarse adelante con la
ayuda del gobierno, si es posible; sin su ayuda, si no la presta, pero fiándolo
todo en cada caso, a la fe en una misión propia y a la causa del mejoramiento
humano”.
BIBLIOGRAFÍA SUGERIDA
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ZARZAR, Charur Carlos, 2000 “Habilidades básicas para la docencia”, Editorial
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AUTORA
MC. María de Lourdes Sánchez Franyuti
lourdesanfran@gmail.com
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Publicación enviada por Ma. Lourdes Sánchez Franyuti
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Publicado Thursday 7 de February de 2008
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