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El proceso de orientación educativa personalizada en la universalización
Resumen: El estudiante universitario es considerado un adulto de acuerdo a cualquier periodización del desarrollo, por lo cual, se ha concebido hasta fecha muy reciente, que podía y debía transitar por la educación superior con total autodeterminación...
Publicación enviada por Yordanis Alvares Rivera y Yusleivy Valdés Quiñones
INTRODUCCIÓN
El estudiante universitario es considerado un adulto de acuerdo a cualquier
periodización del desarrollo, por lo cual, se ha concebido hasta fecha muy
reciente, que podía y debía transitar por la educación superior con total
autodeterminación, independencia y autonomía. Así, no estaba previsto para él,
recibir el apoyo de las diversas variantes de ayuda pedagógica, educativa,
psicológica, en fin, cualquiera de las ayudas que con denominaciones varias,
constituyen parte inseparable del proceso docente educativo en otros niveles de
enseñanza; ejecutadas por diferentes figuras: profesores guías, orientadores,
psicopedágogos, tutores, entre otros.
Al producirse la universalización del conocimiento que no es más que crear
facilidades sin límites para el disfrute personal y la utilización culta del
tiempo libre, que fue expresado más recientemente en términos de cultura general
integral, permitiendo el acceso a la universidad genero no solo un importante
incremento de la matrícula, sino una gran diversidad en los estudiantes
universitarios .
Los cuales ahora provienen de diversas fuentes de ingreso. Así en la actualidad
podemos encontrar en las universidades, los estudiantes tradicionales frutos de
un proceso selectivo y además los egresados de escuelas de formación de
trabajadores sociales; antiguos trabajadores sociales del Ministerio del Trabajo
y Seguridad Social; cuadros de organizaciones políticas y de masas; jóvenes que
se encontraban desvinculados y han pasado el Curso de Superación Integral;
egresados de las escuelas de Instructores de Arte y otros trabajadores de
diferentes organismos, que por intereses de los mismos, constituyen la modalidad
denominada educación a distancia asistida (EDA).
Dado a estas nuevas peculiaridades de la universidad cubana actual, para
garantizar el éxito, no basta ofertar a estos “nuevos” estudiantes
universitarios la posibilidad de matricular y cursar sus estudios superiores en
condiciones especiales que ofrezcan determinadas facilidades. Se hace necesario
también aquí, al igual que en niveles de enseñanza precedentes, ofrecer algún
tipo de ayuda, de apoyo, que trascienda no solo en el orden académico sino
también que permita auxiliar mediante la consejería, a aquellos alumnos que
presenten determinada problemática que obstaculice su desempeño académico. Es
así que surge la figura del tutor pedagógico (Tutor) este con una misión muy
específica: acompañar al estudiante, guiarlo, servirle de guía y consejero a
través de todo su proceso formativo.
En resumen, se insiste en que los tutores de las diferentes modalidades, sean
capaces de desarrollar, con todos los estudiantes universitarios, un proceso de
atención personalizada, de orientación, que combata el desaliento, la deserción
escolar, que constituya una herramienta eficaz para guiarlos a su paso por la
Universidad, estimulando el éxito en el proceso formativo.
Por tal situación surge la necesidad de conocer sobre la Orientación Educativa,”
¿En qué consiste, cuáles son sus características? ¿Cómo realizar en la práctica
ese proceso de atención personalizada?”
En este sentido mi propósito es realizar una investigación que dé respuesta a
estas problemáticas. Teniendo como punto de partida, la búsqueda de información
sobre la orientación educativa en sentido general.
DESARROLLO
1-¿Qué es la Orientación Educativa?
En la actualidad, si bien son amplias y numerosas las experiencias que se
acumulan en el campo de la orientación, no existe una posición única entorno a
este campo del quehacer científico, y se producen discrepancias en cuanto a
problemas, tales como la definición del concepto de Orientación Educativa.
Calviño ha comentado sobre la orientación que: “... los pedagogos dicen que es
un instrumento propio de su trabajo, los psicólogos que sólo ellos la pueden
hacer...” (2000, p. 17) En realidad, en el desempeño cotidiano de ambas
profesiones, se necesita de un proceso como la orientación, que permita al ser
humano acercarse más al conocimiento de sí mismo, de sus fortalezas,
debilidades, potencialidades, para equiparse con recursos que le faciliten
enfrentar satisfactoriamente las complejidades del mundo moderno.
Se ha mencionado que “... la orientación parte de dos grandes núcleos
fundamentales, los relacionados con la orientación profesional y escolar y una
segunda centrada en la búsqueda de la salud mental del sujeto.” (Tyler, citado
por Arias, 2003, p. 220) En la práctica, ambas direcciones se corresponden y
complementan, generándose una influencia positiva en cuales quiera de ellas,
siempre que se realice un adecuado proceso de orientación aún dirigido a la otra
dirección. “Es un campo de aplicación que ha ido ampliando y conformando su
objeto, contenido y metodología, lo que le permite una mejor integración en el
quehacer humano de una forma más eficiente.” (Arias, 2003, p. 206-7)
Domínguez(1995) refiere que la mayoría de las obras de la literatura
especializada apuntan esencialmente a la simple operatividad tecnológica o
pragmática de la aplicación, estando ausentes las bases antropológicas y
metafísicas que debían inspirar el sentido auténticamente humano de la
orientación.
Ibáñez (1982 citado en Domínguez, 1995) señala que, dada las exigencias de la
práctica profesional en el campo de la orientación, no existe una base
antropológica ni filosófica coherente que sustente dicha práctica. Este autor
define la orientación como "un proceso de ayuda al individuo, en orden a sus
problemas existenciales, a la elección de profesión y de estado, a fin de que
alcance su plena identificación entre sus capacidades y motivaciones con sus
posibilidades, de modo que, mediante esta coherencia o ajuste, consiga su
personal bienestar, el de sus congéneres y su plena integración en la sociedad
en que vive. Orientar, en sentido más breve, será encauzar y conducir las
posibilidades con las aspiraciones; será lograr armonizar nuestra personalidad
con un proyecto adecuado de existencia; consistirá, en suma, en saber elaborar
nuestro proyecto de vida de acuerdo con nuestras posibilidades...". (p. 28)
Gordillo (1984 citada en Domínguez,1995) por su parte nos propone una definición
de orientación educativa, aclarando que prefiere denominar de esta forma dicha
definición, prescindiendo de calificarla con el título de escolar, profesional o
personal por entender que la orientación es una, aunque revista distintas
modalidades según el momento y la persona, o las personas, que se hallan
comprometidos con ella.
En este sentido nos dice: "Entendemos que la orientación educativa es un proceso
educativo individualizado de ayuda al educando en su progresiva realización
personal, lograda a través de la libre asunción de valores; y ejercido
intencionalmente por los educadores, en situaciones diversas que entrañen
comunicación y la posibiliten" (p. 102).
2- Características de la orientación educativa
Domínguez(1995) refiere que haciendo una generalización de las principales
características de la orientación educativa, así como de las principales
cuestiones que aún se debaten en este terreno, podemos llegar a las siguientes
consideraciones:
· La orientación educativa constituye un proceso (educativo) que debe ejercerse
desde las primeras edades y durante toda la vida del hombre, con independencia
de que en determinadas etapas críticas resulte más necesaria.
· Se define como una relación de ayuda (proceso interactivo) que se establece
entre el orientador y el orientado (este último puede ser un individuo
particular o un grupo).
· En el proceso de orientación educativa se expresa el carácter activo del
sujeto, en ambos polos de la relación. El orientador tiene, como, propósito o
intención, lograr que se produzcan cambios favorables en el orientado,
encaminados al desarrollo de la autodeterminación de este último. En este
proceso también se operan transformaciones en el orientador. Por su parte, el
orientado debe ser portador de la necesidad de ayuda; demanda sin la cual tiende
a disminuir la efectividad de la orientación. Además, es el orientado quien debe
llegar a determinadas reflexiones y valoraciones que le permitan por sí mismo la
toma de decisiones en aquellas esferas de su vida que posean una significación
psicológica para su desarrollo personal.
· El proceso de orientación educativa se ejerce sobre la personalidad en su
carácter de sistema (configuración subjetiva), lo que implica tener en cuenta la
unidad de lo cognitivo y lo afectivo como célula esencial que caracteriza la
regulación del comportamiento humano.
· En el proceso de educación educativa, también se expresa la unidad de lo
general y lo particular. Los objetivos generales de la orientación (crecimiento
y maduración de la personalidad del sujeto orientado) se instrumentan de forma
particular en dependencia de las características del sujeto de la orientación,
las cuales resultan específicas e irrepetibles en cada caso.
· Otro aspecto a considerar en este proceso, es la unidad de lo personal y lo
social, de lo interno y lo externo. El sujeto de la orientación debe
interiorizar y personalizar un conjunto de concepciones, normas y valores
sociales, que comienzan a operar en el plano interno (psicológico). Estos
aspectos deben guardar cierta congruencia con lo esperado y aceptado a nivel
social.
· La comunicación constituye la vía esencial a través de la cual se desarrolla
la orientación educativa, González (1989 citado en Domínguez, 1995) refiere que
por tratarse de "un proceso en extremo activo, en el cual los elementos que
participan siempre lo hacen en condición de sujetos de este proceso. En el
proceso de comunicación, las personas se relacionan tanto por vía verbal como no
verbal, y a lo largo de este proceso, cada una de las partes implicadas en el
mismo reflexiona, valora y expresa de manera activa, por uno u otro canal del
proceso, sus propias conclusiones, vivencias y valorizaciones, con independencia
de que se exprese o no de manera verbal en ese momento" ). p. 31
3- Modalidades de la orientación educativa
Domínguez (1995) señala que esta cuestión(…), requiere ser analizada de una
forma dialéctica, lo que significa que es posible aceptar la existencia de
distintas modalidades de la orientación pero partiendo conceptualmente, en todos
los casos, de la integridad de la personalidad del sujeto a orientar. Aunque no
existe un consenso único en relación al contenido de las diferentes modalidades
de la orientación educativa, se proponen en la literatura especializada las
siguientes:
Orientación personal: para unos constituye la modalidad más amplia, ya que se
propone el crecimiento y maduración de la personalidad del orientado y de su
capacidad para regular de forma consciente y efectiva su comportamiento en
diferentes ámbitos (personal, familiar, profesional y comunitario).
Sin embargo, también se define como "área que ofrece un servicio de atención
generalmente de corte psicológico o clínico cuyo objetivo es auxiliar, mediante
la consejería, al alumno que presenta determinada problemática que obstaculiza
su desempeño académico, su adaptación al ambiente escolar o su elección
vocacional" (Cuaderno 18, Orientación Educativa( 1993) p. 24.
Orientación escolar: se refiere al proceso de conducción, asesoramiento y tutela
del alumno, en la institución escolar, con vistas a lograr su adaptación a las
exigencias que ésta presenta, y a que alcance niveles de aprovechamiento
académico en función de sus capacidades.
También permite preparar al estudiante para su elección profesional o tránsito a
otro nivel de estudios, acorde a sus intereses y aptitudes.
Aquí también podría incluirse la llamada orientación psicopedagógica como
"conjunto de alternativas que un orientador ofrece al estudiante para que mejore
su aprovechamiento académico. Alternativas como la impartición de cursos de
técnicas de estudio, hábitos de estudio, cursos de lectura dinámica, de la
preparación de exámenes, etc." (Cuaderno 18, Orientación Educativa, p. 24).
Orientación profesional: apunta al proceso de ayuda al individuo para elegir y
prepararse para una profesión o tipo de trabajo específico. En este sentido,
resulta importante tratar de establecer una congruencia entre los intereses del
sujeto y el mercado de las profesiones, cuestión que en la actualidad se
presenta como uno de los principales problemas de esta esfera.
4- Algunos antecedentes de la orientación educativa
Si se analiza la historia de la humanidad, encontraremos que la orientación se
ha presentado como una respuesta o una forma de aliviar situaciones
problemáticas, contradicciones, que han surgido y obligado al hombre a un
proceso incesante y sistemático de búsqueda de soluciones. La orientación como
actividad formal y científicamente fundamentada comienza a instituirse a nivel
mundial dentro del proceso educativo del siglo XX.
Domínguez (1995) refiere que esto fue el resultado de un doble condicionamiento:
1. Aparecen en la práctica social, un conjunto de necesidades asociadas a la
preparación profesional del hombre, por los crecientes avances tecnológicos y
científicos, que trajeron como consecuencia la proliferación de puestos de
trabajo de creciente complejidad para su desempeño.
2. Por otra parte, comienzan a cobrar auge los paradigmas educativos del
pensamiento moderno y liberal, que apuntaban en esencia a las potencialidades
del hombre, como ser activo y transformador de la realidad y de sí mismo, como
ser capaz de convertirse en el principal artífice de su propio destino.
Desde el siglo XVII, J. A. Comenio abogó a favor de la necesidad de educar al
ser humano, de brindarle enseñanza, instrucción, cultura. Sin embargo, el
proceso de escolarización masiva de la población infantil reveló la problemática
(que persiste aún en la actualidad) de que no todos los educandos son capaces de
resolver de manera homogénea las tareas y exigencias del proceso de enseñanza.
En este ejemplo, estrechamente vinculado con la problemática que nos ocupa,
constituyó punto de partida para que aflorara la orientación escolar,
materializada en la “creación de programas encaminados a conocer mejor las
características y potencialidades de los alumnos, encontrar las soluciones
mediante orientaciones a los maestros, familiares y al propio niño, entre otras
tareas.” (Arias, 2003, p. 210) Sin embargo, en las ciencias pedagógica y
psicológica aún queda mucho camino por recorrer en este sentido, por lo que la
orientación continúa siendo “una actividad necesaria para complementar, en un
plano más individual, los resultados de la labor educativa que realizan los
maestros y padres.” (Arias, 2003, p 211)
Los primeros enfoques consideraban a la orientación como un hecho puntual de
enfocado en la orientación Profesional, sin embargo, bien pronto quedó
demostrado que ésta debía estar antecedida por la orientación escolar. De manera
tal, la orientación, de conjunto con la escuela, debe lograr del sujeto una
“adecuada valoración de sus características y posibilidades de desempeñarse, en
la actividad productiva y profesional, y por lo tanto, lograr una adecuada toma
de decisión del escolar.” (Arias, 2003, p 212)
Roger (citado por Arias, 2003, p 212-13) insistió precisamente en la necesidad
de no confundir ambos tipos de orientación. En este sentido afirmó: “... la
orientación escolar conduce indirecta y paulatinamente a la orientación
profesional, por la elección de las disciplinas estudiadas o las técnicas
practicadas; por el hecho de elegir, para uno el desarrollo manual, para otro el
desarrollo intelectual o artístico, para este los estudios literarios, para
aquel los científicos.” (1948)
Al detenernos en los antecedentes de la orientación educativa, como parte de
este proceso de análisis de la pertinencia del uso de la orientación en las
condiciones actuales de la enseñanza universitaria en Cuba, podemos percatarnos
de que se ha creado una de esas situaciones problemáticas en las que el
progreso, por decirlo de alguna manera, le está “imponiendo” a un grupo de
individuos, las exigencias de un proceso de enseñanza-aprendizaje a nivel
universitario, sin que medie, en todos los casos, una formación, una preparación
para afrontarlo exitosamente. Y es que dichos individuos no han llegado a la
Universidad, como parte de un proceso continuo de formación en los niveles de
enseñanza precedentes.
Situaciones análogas de la historia, como se aprecia en estas páginas,
constituyeron puntos de partida, antecedentes, en el surgimiento de la
orientación educativa; lo que nos llama la atención en el sentido de que estamos
viviendo un momento de precisión y apoyo a este importante esfuerzo de
masificación de la cultura, de universalización de la Educación Superior,
momento donde puede, y de hecho está ocurriendo así, estarse necesitando del
concurso de este proceso, para contribuir a equiparar los aciertos y desaciertos
del proceso de construcción de la cultura en los marcos de la Universidad.
5- Relación de la orientación con otros procesos afines:
En la actualidad se va haciendo más evidente la nueva concepción del proceso
educativo en el que la formación de la personalidad de los educandos constituye
el objetivo fundamental, por lo que la orientación representa un papel
importante en la educación.
Ibarra, l. M refiere que la orientación y la educación están íntimamente
relacionadas La orientación y la educación están íntimamente relacionadas. La
primera proporciona al sujeto un sistema de reflexión que lo capacita para
analizar información sobre las opciones que tiene y que conduce a la
auto-orientación. En esta línea se inscribe Kelly, G. (1986) que expresa que
“...la orientación puede definirse como la fase del proceso educativo que
consiste en el cálculo de las capacidades, intereses y necesidades del individuo
para aconsejarle acerca de sus problemas asistirle en la formulación de planes
para aprovechar al máximo sus facultades y ayudarles a tomar las decisiones que
sirvan para promover su bienestar en la escuela, en la vida...”
La autora refiere que no hay límites precisos entre educación, orientación y
terapia, pueden intercambiarse sin violentar el tipo de relación necesaria para
una situación de ayuda que en Rogers, C (1989) el objetivo generalizable a todos
es el desarrollo personal o en Tyler, L. (1969) que afirma que la función de la
orientación es intervenir en las crisis en tal forma, que se produzca una
elección adecuada por un proceso de aprendizaje en el orientador. Para otros
como Wille, R. (1982) “...la orientación en la educación elemental no puede ser
considerada como innovación porque es sinónimo de enseñanza “o aquellos que”
mantiene que toda orientación es educación, y toda educación es orientación
Weimberg, C (1989) ”El entender la orientación es educación, la enseñanza y la
educación como sinónimos sería perder el objetivo específico de cada proceso,
aunque se considere que la orientación y la enseñanza deban ser inseparables y
la educación sea una parte integrante de la educación.
Constituye un punto de vista interesante el que nos presenta Strang, R. (1989)
al aseverar que “la orientación es uno de los tres pilares de la educación”. El
estudio del niño, su orientación y su historial, los tres, están relacionados
entre sí; pero cada uno tiene sus rasgos distintivos. El estudio del niño es
esencial para que podamos descubrir a “qué clase de niño” tenemos que enseñar e
historial proporciona la amplia variedad de experiencias que cada niño necesita.
La orientación ayuda al niño a escoger las experiencias apropiadas a sus
necesidades particulares y a tener éxito con ellas”.
La autora refiere que en su concepción la orientación concierne al desarrollo,
de todos los niños y adolescentes de porqué la consideramos como un proceso
continúo, positivo, constructivo y dinámico por lo que el profesional encargado
de la orientación no solo interviene en los momentos de crisis de los alumnos
como la inadaptación a la escuela, reacciones emocionales violentas, bajo
rendimiento escolar entre otros, sino que su acercamiento a los niños y
adolescentes es para proporcionarles los medios que le permitan descubrir sus
propias potencialidades y como desarrollarlas. Incluso antes de ingresar en la
escuela ya sea en las instituciones educativas para niños de edad preescolar o a
través de programas de atención a la familia de niños que no asisten a estas a
estas instituciones por vías no formales de manera tal que la orientación se
inicie desde edades muy tempranas en el desarrollo lo que redundaría en la
efectividad del proceso.
La educación se considera una función de la sociedad, “... como el proceso
social por excelencia de que se vale la sociedad para la formación de las
personalidades de sus miembros.” (Rodríguez, 2004, p. 6) Se encuentra
estrechamente relacionada con la orientación, tal y como ha expresado el
eminente orientador cubano Gustavo Torroella: “Así como la didáctica de las
matemáticas y la geografía tratan de la enseñanza de estas materias para
aprender mejor dichas disciplinas, así también la enseñanza o didáctica de la
vida humana tendría por objetivo que la gente aprendiera a vivir mejor, más
eficiente y satisfactoriamente. (...) Consideramos a la educación y orientación
como la preparación para la vida (Que era como definía Martí a la educación).”
(2001, p. 7) El mismo autor ha comentado que los grandes educadores cubanos han
propugnado siempre una orientación realista, cientificista, basada en el aprecio
y respeto de los hechos.
Puede apreciarse que el objeto de estudio de la orientación psicológica es bien
complejo, de hecho, no existe aun una concepción teórica y metodológica integral
acerca de la misma en la Psicología. Muchos son los tipos de orientación que se
han descrito por los estudiosos del tema, lo que supone asimismo, gran variedad
de estrategias, métodos, modelos y procedimientos a ser empleados para realizar
cualquiera de las variantes que se elija: en su sentido más amplio, la social,
colectiva o en su sentido estrecho, la más personal.
Por la diversidad de matrícula existente hoy en la Universidad, dada por la
variedad de fuentes de ingreso del estudiantado, los diferentes rangos de
edades, las particularidades de los diversos procesos formativos previos, entre
otras variables que se suman a las usuales diferencias personológicas,
consideramos que este proceso de orientación psicológica que se demanda, debe
enmarcarse en un sentido más personal, dirigida a la solución de aspectos
específicos y concretos del desarrollo humano, o sea, una ayuda de sujeto a
sujeto, como diría el profesor Calviño. En estos casos, a diferencia de la
orientación en su sentido amplio, social y colectivo, la acción del orientador:
profesor guía o tutor, estaría centrada de manera más directa en la relación y
comunicación con el sujeto orientado, lo que no quiere decir que se pierdan de
vista o desaprovechen las influencias que emanan de la pertenencia a los
diferentes grupos: formales e informales.
6- Algunas cuestiones de interés en la práctica de la orientación educativa.
Varios son los aspectos a considerar para realizar este complejo proceso, sobre
todo teniendo en cuenta que se trata de una actuación dirigida a otro u otros
seres humanos a los que se les brinda información, generalmente sobre sí mismos
y su entorno, en aras de mejorar su inserción social y su satisfacción personal.
Domínguez (1995) propone como tareas esenciales del proceso de orientación: el
diagnóstico, el pronóstico y el asesoramiento y la tutela.
Diagnóstico: Esta tarea se encamina al conocimiento por parte del orientador del
sujeto orientado, pero también debe promover el autoconocimiento por parte de
este último, la determinación de la problemática que le afecta y de las opciones
posibles, así como de los recursos con que cuenta para alcanzarlas.
Pronóstico: Se refiere al análisis de las distintas posibilidades del sujeto, de
las diferentes decisiones que puede adoptar tratando de prever sus posibles
consecuencias y esfuerzos que requerirán.
Asesoramiento y tutela: Esta tarea es considerada como el aspecto operativo de
la orientación, en la medida en que se dirige a la elaboración de un plan de
acción (que incluye el establecimiento de metas a corto, mediano y largo plazo y
de las estrategias correspondientes para alcanzarlas), en función de lo que el
sujeto puede y desea realizar.
En cuanto a los elementos personales de la orientación, es necesario, en primer
lugar, hacer referencia a las condiciones requeridas para el orientador y para
el sujeto orientado.
El orientador debe poseer un conocimiento profundo del sujeto a orientar (lo
cual puede lograr apoyándose en técnicas tales como la entrevista, la
observación, pruebas psicológicas, etc.). Para lograr este conocimiento, resulta
esencial la actitud de apertura del orientador frente al orientado. Aunque el
orientador posee determinadas creencias y opiniones personales, no debe
imponerlas al alumno y en ello consiste la aceptación, como cualidad del
orientador. Sus puntos de vista puede ofrecerlos después de escuchar los del
orientado y dejando a este siempre la posibilidad de decidir con autonomía.
El educador debe desarrollar lo que Carl Rogers (1978) denominó "comprensión
empática"; es decir, tratar de ponerse en el lugar del otro y captar el sentido
personal, subjetivo, de determinados contenidos expresados por el orientado de
manera explícita o implícita.
Otra característica necesaria en el orientador, es la autenticidad, que
paulatinamente despierta en el orientado el deseo de comportarse de igual forma.
"El orientador debe tener una concepción del desarrollo de la personalidad y de
cómo la orientación puede contribuir eficazmente a la puesta en marcha de este
proceso. Así actuará conscientemente, dando un significado a su actividad y
empleando las técnicas que mejor se adapten a su modo de concebir la orientación
dentro de una teoría más amplia de la personalidad. Saber qué quiere (objetivo
que persigue), por qué (finalidad que motiva su acción) y para qué (meta a la
que tiende)" (Gordillo Álvarez-Valdés, 1984, p. 223).
En cuanto a las condiciones por parte del orientado, debe estar presente, en
primer lugar, la demanda, el deseo consciente de integrarse al proceso
orientador, cuestión que aparece con más fuerza en etapas críticas del
desarrollo o de conflictos personales.
Domínguez (1995) enfatiza en una idea que se ha esbozado anteriormente: “La
relación de ayuda que se establece en el proceso de orientación, implica la
participación de sus dos polos (el orientador y el orientado)” y enfatiza en el
polo del orientado, en el que deben estar presentes, como parte de sus
condiciones, “... en primer lugar, la demanda, el deseo consciente de integrarse
al proceso orientador, cuestión que aparece con más fuerza en etapas críticas
del desarrollo o de conflictos personales.”
Refiriéndose a la relación entre orientador y orientado, la autora ha subrayado
la necesidad de que se cumplan las siguientes condiciones fundamentales:
- Aceptación mutua: el orientado debe aceptar y respetar al orientador en su
condición de educador, y a su vez, este último admitir la necesidad de una
relación personal (no formal) para llevar a cabo el proceso de orientación
educativa.
- Empatía: una relación afectiva positiva, de cooperación y diálogo permanente.
Como señala también Calviño (1994), se trata de un compromiso a la
interdependencia en la autonomía, ya que sin interdependencia no hay relación,
pero en esta relación lo que se produce es un intercambio de independencia.
- Establecimiento de determinados límites en la relación de ayuda: implica dejar
sentado desde el inicio que, aunque tanto el orientador como el orientado
cuentan con determinados recursos personológicos, el primero posee además otros
recursos de carácter técnico.
- También deben de quedar establecidas las responsabilidades: el orientador
tiene la obligación de ofrecer ayuda, aceptar al orientado y guardar el secreto
profesional, mientras el orientado debe acudir a la relación de ayuda de forma
consciente y voluntaria, auténtica y honesta.
Otro aspecto referido a los límites se dirige a las cuestiones organizativas en
cuanto al número de sesiones, duración de las mismas, necesidad de puntualidad y
sistematicidad en los encuentros, etc.
Estas consideraciones en torno a las condiciones del orientador, el orientado y
la relación que debe establecerse entre estos, parten de una concepción
esencialmente humanista de este proceso. Otras concepciones destacan en un
primer plano la importancia de la metodología a emplear o la superioridad del
orientador (por su mayor experiencia y preparación técnica) frente al sujeto de
la orientación.
Domínguez (1995) señala que los distintos estilos de orientación, dependen de la
actitud consciente que asume el orientador en este proceso. Estos estilos se
clasifican como: de tipo directivo o prescriptivo, de tipo no directivo o
consultativo y de tipo mixto.
El tipo directivo se refiere a situaciones en las que el consejo dado por el
orientador, comporta cierto grado de necesidad y de obligada aceptación por
parte del orientado.
El tipo no directivo se presenta cuando predomina la libre decisión personal del
orientado y el total respeto a sus motivaciones con independencia del consejo
ofrecido.
El tipo mixto aparece cuando se le brindan al sujeto varias alternativas de
elección y el debe escoger libremente aquellas que considere más favorables para
sí, en función del entorno social en que se desarrolla.
En este sentido se ha pronunciado Calviño: “... ayudar no es sinónimo de
‘dame-toma’, porque el que ‘pide’, no logrará nada si no lo ‘toma’, entiéndase,
si no lo hace por sí mismo, si no sale a buscarlo. El concepto de ayuda es
asociado aquí a la idea de ‘facilitar’. El sujeto {actor principal} de la
orientación es siempre el demandante; ayudarlo significa facilitar una ‘puesta
en escena’...” (2000, p. 17) Arias también coincide en que se trata de un
“proceso que es dinámico y activo por naturaleza“ (2003, p. 222)
Sin embargo, se hace necesario en este punto aclarar que el orientador deberá
mantenerse atento a una distinción: El hecho de que el orientado se constituya
en protagonista, sujeto activo, demandante, “buscador de ayuda” en la relación,
no significa un papel pasivo del orientador, ni falta de compromiso, ni ausencia
de responsabilidad.
Algunas recomendaciones a profesionales que conducen el proceso de
orientación:
Otro aspecto en vías de estructuración es el de las estrategias de trabajo de la
orientación. Encontramos que Gener (citada por Arias, 2003) ofrece un grupo de
recomendaciones al respecto que resultan de gran utilidad para los orientadores
y le dan una posible respuesta a otras cuestiones polémicas presentadas aquí.
- Promover el papel activo del orientado, dentro y fuera del proceso.
- Intentar comprender todo lo que comunica el orientado (verbal y no verbal) y
mostrar la comprensión de la comunicación.
- Tener en cuenta cómo influyen los factores culturales, sociales y familiares
en el orientado.
- Crear un clima de seguridad, no amenazante, durante la orientación. Que no
propicie actitudes defensivas en el individuo y que posibilite que este mantenga
una percepción positiva de la orientación.
- El orientador solo será un propiciador, pues es el orientado, el encargado de
hacer sus elecciones o tomar sus decisiones.
- Fomentar la confianza en la responsabilidad del orientado con sus actos y con
su vida.
Los instrumentos diagnósticos
En la labor de orientación, la entrevista se ha descrito como el método esencial
a emplear. Autores como Gener (citada por Arias, 2003, p. 222) ha denominado
incluso “fase de entrevistas iniciales” al momento inicial del proceso de
orientación, señalando que éstas pueden ser de varios tipos: exploratorias, de
diagnóstico, de evaluación, de ubicación hipotética, entre otros, pero en todos
los casos tienen el propósito de provocar el primer acercamiento
orientador-individuo.
Otra de las herramientas básicas que se debe dominar es la observación en su
sentido más completo, pues pueden ser fuentes de informaciones esenciales para
el orientador, igualmente las manifestaciones verbales como las no verbales del
orientado. La variedad de estas últimas puede ilustrarse mediante la
clasificación ofrecida por Gelso y Fritz (citados por Arias, 2003), quienes
mencionan las conductas no verbales paralinguísticas, expresión facial, kinesia,
conducta visual y el tacto.
Se describen otros instrumentos de gran utilidad especialmente para este proceso
de diagnóstico y evaluación: tests psicológicos, técnicas no estandarizadas,
entre otras fuentes de información.
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AUTOR
Dr. Yordanis Alvares Rivera
Residente de Medicina General Integral y Ginecología y Obstetricia .Profesor
Asistente.
Yusleivy Valdés Quiñones
Facultad de Ciencias Médicas Dr. Ernesto Che Guevara de la Serna Policlinico
Univercitario Pedro Borras Astorga Pinar del Rio
2008
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Publicación enviada por Yordanis Alvares Rivera y Yusleivy Valdés Quiñones
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Publicado Tuesday 25 de March de 2008
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