Monografias | Tipología amatoria: Cruce fantástico entre: "El diablo enamorado" de Jacques Cazotte y "La muerta enamorada" de Théofile GautierTipología amatoria: Cruce fantástico entre: "El diablo enamorado" de Jacques Cazotte y "La muerta enamorada" de Théofile GautierResumen: Las siguientes líneas tienen por objeto llevar a cabo un análisis comparado entre el cuento “la muerta enamorada” de Théofile Gautier y la novela El diablo enamorado de Jacques Cazotte. En primera instancia se procederá a contextualizar la vida de ambos autores junto con su importancia en el ámbito literario. Luego se llevará a cabo el análisis comparado propiamente tal. Pero
te aseguro, Winston, que la realidad no es externa. La realidad existe en la
mente humana y en ningún otro sitio. George
Orwell, 1984 Las
siguientes líneas tienen por objeto llevar a cabo un análisis comparado entre
el cuento “la muerta enamorada” de Théofile Gautier y la novela El diablo enamorado de Jacques Cazotte. En primera instancia se
procederá a contextualizar la vida de ambos autores junto con su importancia en
el ámbito literario. Luego se llevará a cabo el análisis comparado
propiamente tal. Théofile
Gautier nace el 30 de agosto de 1811 en Tarbes ( Altos Pirineos) y muere en París
el 23 de octubre de 1872. Como rasgos biográficos cabe destacar su marcada
inclinación hacia el mundo parisino, siendo atraído, en primera instancia, por
la pintura tras lo cual fue alumno del pintor Rioult, a quien abandona después
de surgir en él un profundo interés por la literatura cuya influencia se la
debe principalmente a Víctor Hugo y a su amistad con Charles Baudelaire y
Gerard de Nerval, junto a este último fueron protagonistas del círculo de la
Rue du Doyenné, donde artistas y literatos alardeaban de un dandismo teñido de
rojo satánico y echaban las bases de la nueva doctrina estética destinada a
convertirse en inspiradora de los parnasianos. En cuanto a su fama, ésta surgió
tras su participación en la batalla por Hernani, episodio que produjo estupor
entre los burgueses. Cabe
destacar, como guía de su crítica dramática y artista, la teoría del “arte
por el arte”, la cual desplaza su inclinación inicial hacia el romanticismo,
demostrada en sus primeros poemas en la década de 1830, prefiriendo
dos años más tarde la idea de l'art pour l'art. Gautier opinaba que el artista
no tenía ningún compromiso con la ética y que, por el contrario, su obligación
era alcanzar la perfección en la forma y la expresión. Así se
convierte en uno de los principales parnasianos siendo su poesía un antecedente
para el parnasianismo[1]. De todos modos aunque
para algunos sea considerado un romántico, mientras que para otros sea un
representante del Parnaso, Gautier y su obra no pueden ser reducidos a los
requerimientos de una u otra tendencia, puesto que sus intereses estéticos y
artísticos se expanden tanto como el arte mismo: ¡Hombre dichoso, hombre digno de
envidia! : sólo amó lo bello; sólo buscó lo bello; y cuando un objeto
grotesco o repugnante se ofrecía ante sus ojos, aún sabía extraer de él una
misteriosa y simbólica belleza. Hombre dotado de una facultad única, poderosa
como la fatalidad, ha expresado, sin fatiga, sin esfuerzo, todas las actitudes,
todos los aspectos, todos los colores que adopta la naturaleza, como también el
sentido íntimo contenido en todos los objetos que se ofrecen a la mirada humana. Para Gautier,
entonces, el arte es la maravilla
del mundo, el prodigio máximo de la existencia, lo único perdurable junto con
la naturaleza, y "lo que mejor consuela de vivir". Podríamos decir,
entonces, que para este escritor el arte y específicamente la poesía, se
constituyen en un refugio disipador de la fatiga ante el ardoroso trabajo de
periodista, actividad a la que se vio obligado a ejercer durante más de treinta
y cinco años. En cuanto a sus escritos resulta interesante destacar el aspecto
referido a la truculencia de que alardeaba, la cual se escondía en un
apasionado culto por la belleza y la forma, característica percibida por
Charles Baudelaire, el cual afirma que el mayor mérito de Gautier se encuentra
en su magisterio técnico y en su perfección en el lenguaje, junto con
reconocer en él al “mago de las letras francesas” distingo apreciable en la
dedicatoria que le escribe en el libro Las flores del mal: “Al
poeta impecable, al perfecto mago de las letras francesas, a mi muy querido y
muy venerado maestro y amigo Théophile Gautier. Con los
sentimientos de la más profunda humildad dedico estas flores enfermizas.” De
esta manera, Charles Baudelaire, maestro de la belleza y de la sensibilidad
humana, ha plasmado en su importante obra su visión de Gautier dejando al
lector la inquietud por conocer a este venerado maestro y poder, de algún modo,
develar la belleza y el estilo creativo en su arte literario. Ahora
bien, después de trazar de manera sucinta su vida, obra y concepción de mundo
corresponde el acercamiento a una
de sus narraciones: “la muerta enamorada”, en la cual es posible evidenciar
diversos rasgos tales como el día y la noche, lo real y la ilusión, lo
grotesco y lo sutil, la seducción y la repugnancia, acogidos en un tono enigmático
y encantador propio del autor, los cuales se funden de manera imperceptible para
engendrar la belleza. El
argumento de “la muerta enamorada” versa
sobre el relato de un anciano
sacerdote de sesenta y seis años, el cual en primera persona singular, dirige
su discurso a un lector implícito, haciendo uso del tipo de anacronía que
Genette denominaría analepsis, con el fin de
relatar su única experiencia con el amor, sucedida en su juventud y
ofrecida por un espectro de la noche, "ángel o demonio", dotado de
las más excelsas emanaciones de sensualidad, ternura y belleza. Romualdo, a
través de un salto temporal hacia el pasado, se remonta a la época de su
juventud cuando era un casto y correcto ferviente del señor, hasta que se encuentra de repente sumido en una fascinación inexplicable
por una pasión siniestra hacia una mujer llamada Clarimonda, la vampira de este
relato, y la más voluptuosa, inofensiva y atrayente que haya conocido, tiene al
igual que la prosa de su creador
una magia perfecta. Ella es la encargada de arrastrar al casto sacerdote a los más
profundos y oscuros abismos, en los que la belleza resplandece de forma extraña
y fascinante. De este modo, el autor desarrolla uno de los temas más
recurrentes en su obra: el sueño. Lo que sucede en la vigilia y en el sueño
del perturbado sacerdote, son acontecimientos absolutamente distintos y
contradictorios. La complicación de su existencia entre lo real y lo soñado lo
arrastran casi a la locura, hasta el punto de no saber si es un generoso
sacerdote que cada noche sueña ser un galán, fatuo y libertino joven, señor
de la más hermosa y voluptuosa mujer, o si por el contrario es este joven
entregado a los placeres quien sueña ser un mortificado sacerdote. Jacques
Cazotte nace el 17 de octubre de 1719 en Dijon y muere en Paris el 25 de
septiembre de 1792. Se caracterizó por manifestar un marcado interés por el
estudio de las ciencias ocultas así como también por todas las prácticas
propias de los iluminados. Cazotte logra desarrollar una extravagante imaginación
en las fantasías orientales de moda tras vivir casi catorce años en las islas
de Barlovento y en la Martinica. Compone un poema épico-burlesco en prosa
titulado Olivier (1763), aunque la fama de su originalidad
y rica inventiva se ve
divulgada fundamentalmente gracias a dos narraciones: Le lord impromptu
(1770) y El diablo enamorado (1772). En el año 1775 ingresa a la secta
de los martinistas donde se dedica al ocultismo. Dentro de las leyendas que
surgen alrededor de la figura de Cazotte cuenta aquella que le atribuye la
predicción de las matanzas de los revolucionarios, episodio que provocaría su
aprisionamiento como también su
ejecución en el patíbulo. Cazotte
fue un enamorado de la soledad gracias a lo cual le fue posible desarrollar un
espíritu fantasioso, tal como lo menciona el mismo Cazotte una vez instalado en
París: “Yo era un enamorado de la soledad, del recogimiento, de las
meditaciones vagas y fantasiosas... resolví aislarme totalmente y de casi
todos, incluso en las formas más comunes de la vida exterior”[2].
Se podría decir que este recogimiento junto con su fama de visionario
contribuyen a la divulgación de una profecía sobre su propia muerte además de
una atmósfera de terror. A propósito de la atribución profética a su figura,
podríamos mencionar uno de sus razonamientos: Vivimos
entre los espíritus de nuestros padres; el mundo invisible se cierne a nuestro
alrededor... sin cesar, los amigos de nuestro pensamiento se nos acercan
familiarmente... veo el bien, el mal, a los buenos y a los malos; a veces la
confusión de los seres es tal, cuando los miro, que no siempre sé distinguir,
desde el primer momento, a los que viven en su carne de quienes han dejado las
apariencias groseras.[3]
Esta confluencia de escenarios entre vivos y muertos se vuelve recurrente
entre sus cavilaciones. Resulta interesante hacer notar que esta extraña
confusión será evidenciada también en las circunstancias de su muerte puesto
que será acusado por una supuesta conspiración tras la reclusión de unas
cartas por parte de las autoridades. A propósito de este suceso Jorge Luis
Borges señala que Cazotte tuvo un final espléndido ya que murió en
concordancia con sus principios:
fiel a Dios y a su rey.
Una vez señalados los aspectos correspondientes a su vida y concepción
de mundo estamos en condiciones de acercarnos a una de sus obras más
importantes: la novela El diablo enamorado. Esta obra es considerada como
una de las más originales de la literatura francesa del siglo XVIII, además de
reflejar el carácter ambiguo de su época. La historia se presenta bajo la
confesión, de un joven español llamado don Álvaro de Maravillas. A los
veinticinco años, ocupando el cargo de capitán de la guardia del rey en Nápoles,
siente atracción por las historias de encantamiento y magia, siendo
inducido a la aceptación de una experiencia excepcional consistente en la
invocación a Belcebú en un ruinoso y pagano templo de Portici. El Diablo se
presenta primero con una cabeza de camello, adquiriendo formas cada vez más
amables, las cuales van desde un perrito español pasando por la figura de un
joven paje, hasta la forma de una bellísima adolescente llamada Biondetta, la
cual se esmera por seducirlo confesándole su condición de sílfide y su
necesidad de adquirir tanto humanidad como redención a través del
amor de un hombre. Don Álvaro, creyendo la fábula de Biondetta, sucumbe
de ternura pero al mismo tiempo se apoya en la viva memoria de su madre para
huir del engaño. Una vez maquinados diversos artificios para hacer caer al
joven en el peor de los pecados y
así poseer su alma para siempre, Biondetta desaparece misteriosamente.
Finalmente el sacerdote Quiebracuernos, le revela a don Álvaro que ha estado
casi un año en compañía del Demonio y que de puro milagro ha resistido a los
infernales designios del Maligno. Análisis comparado
El enfrentamiento con un análisis
comparado nos remite a la elección de alguna posición definida respecto al
tema. En esta oportunidad se considerarán las posturas de autores que nos
ayuden a la comprensión de los textos en tanto evidencien líneas de sentido,
donde tanto los modos de representación como las temáticas de los textos
permiten establecer sus respectivas influencias. En este sentido Mijail. Bajtin
comprende el texto literario como un “mosaico”, construcción caleidoscópica
y polifónica, lo cual contribuye a la reflexión sobre la producción del texto
tanto en el modo de construcción cómo
en el modo de absorción de quien lo escucha. En esta misma línea Julia
Kristeva en el año 1969 acuña el término de “intertextualidad” para
designar el proceso de productividad del texto literario. El proceso de
escritura es visto, como resultado también del proceso de lectura de un corpus
literario anterior. Así el texto es absorción y réplica a otro texto (o a
varios textos). De esta manera el
análisis de la productividad del texto literario conduce al examen de las
relaciones que los textos traman entre ellos para verificar, como quiere
Genette, la presencia efectiva de un texto en otro, a través de los
procedimientos de imitación, copia literal, etc. Lo importante es que a partir
de Kristeva lo que antes era entendido como una relación de dependencia, la
deuda adquirida por el texto con su antecesor, pasa a ser comprendida como un
procedimiento natural y continuo de reescritura de textos. Otro aporte en este
campo de análisis lo realiza el crítico brasileño Romano de Sant’Anna, el
cual amplía las consideraciones anteriormente señaladas sugiriendo tres
modelos capaces de redefinir los conceptos de parodia y estilización. Al
trabajar con los conceptos de “efecto”, “desvío” y “apropiación”,
Sant’Anna colabora para el mejor entendimiento de los tipos de
apropiación efectuados en los textos literarios. Así, se comprende que “el
diálogo” entre los textos no es un proceso tranquilo pues ellos son un lugar
de conflicto que cabe investigar desde una perspectiva sistemática de lectura
intertextual. En otras palabras la noción de intertextualidad abre un campo
interesante al comparatista ya que el carácter de imitación pierde su carácter
peyorativo y pasa a ser un procedimiento de creación literaria.
Para el presente análisis nos parece
importante tomar en cuenta estos postulados ya que nuestra intención es
realizar un análisis comparado entre dos textos que si bien confluyen en
numerosos aspectos, al mismo tiempo se caracterizan por una distancia temporal,
al momento de su producción, de casi un siglo, lo cual los
reviste de una complejidad interesante de ser investigada. Tanto
en la novela de Cazotte como en el cuento de Gautier resulta interesante
observar la manera en que estos textos dialogan desde la perspectiva de la
literatura fantástica y cómo evidencian características propias del
romanticismo. Como
punto de partida se efectuará un análisis comparado tratando de caracterizar
ambos textos como manifestaciones de lo fantástico ubicándolos de esta manera
en los pliegues del abanico dibujado principalmente por Todorov donde la
literatura fantástica asume diversas aspectos diferenciadores y plenos de
sentido. Ahora bien al adentrarnos en las concepciones de lo fantástico sería
pertinente tomar en cuenta las
aproximaciones teórica propuesta por diversos autores. El primero en enunciar
un concepto de lo fantástico es Vladimir Solovninov para quien, “en el
verdadero campo de lo fantástico, existe siempre la posibilidad exterior y
formal de una explicación simple de los fenómenos, pero, al mismo tiempo, esta explicación carece por completo de probabilidad
interna”[4].
Otra aproximación la encontramos en el
postulado de Roger Caillois quien afirma que “Todo lo fantástico es una
ruptura del orden reconocido, una
irrupción de lo inadmisible en el seno de la inalterable legalidad
cotidiana.”[5]
Esta definición se podría complementar con la formulada por Castex para quien
el rasgo característico de lo fantástico corresponde a “la intrusión brutal
del misterio en el marco de la vida real”[6].
Louis Vax, por su parte, dice: “El relato fantástico... nos presenta por lo
general a hombres que, como nosotros, habitan el mundo real pero que de pronto
se encuentran ante lo inexplicable.”[7]
En pleno conocimiento de estas teorías y tomando como base algunas de ellas,
Todorov propone una definición más sugestiva, que va más allá de sus
predecesores, poniendo énfasis en
el carácter diferencial de lo fantástico (como línea divisoria entre lo extraño
y lo maravilloso), definiendo, así, al
género con relación a los géneros que le son más próximos. Primero Todorov
formula, lo que se podría denominar como el espíritu de lo fantástico:
“Tanto la incredulidad como la fe absoluta nos llevarán fuera de lo fantástico:
lo que da la vida es la vacilación.”[8].
Lo interesante es el desciframiento sobre quien es el que vacila en la historia,
al respecto, Todorov plantea que los personajes deben llevar de la mano al
lector en la dirección de una percepción compartida, es decir, el lector implícito,
debe percibir los hechos con la misma precisión con que lo están los
movimientos de los personajes: “Lo fantástico implica pues una integración
del lector con el mundo de los personajes; se define por la percepción ambigua
que el propio lector tiene de los acontecimientos relatados.”[9] Entonces, se sostiene que
la primera condición de lo fantástico
es la vacilación del lector, a partir de lo cual se configuran tres características
del género inscritas a su vez en tres aspectos: el verbal, el sintáctico y el
semántico. Al primero le corresponde la visión ambigua, es decir, el texto
debe obligar al lector a considerar el mundo de los personajes como un mundo de
personas reales, y a vacilar entre una explicación natural y una explicación
sobrenatural de los acontecimientos evocados. La segunda condición, vinculada
con el aspecto sintáctico, implica la existencia de un tipo formal de unidades
que se refiere a la apreciación de los personajes, relativa a los
acontecimientos del relato, es decir, la vacilación también puede ser sentida
por un personaje, de tal modo, el papel del lector estaría confiado a un
personaje. La tercera condición, referida al aspecto semántico, guarda relación
con el tema representado, es decir, con su percepción y notación. Al respecto
cabe señalar la importancia que tiene el lector al adoptar una determinada
actitud frente al texto, ante lo cual deberá rechazar tanto la interpretación
alegórica como la “poética”[10].
Otro dato importante, dentro de la configuración de lo fantástico corresponde
a la creación de una atmósfera emocional específica que provoca un
sentimiento de miedo y perplejidad, al respecto H. P. Lovecraft sitúa el
criterio de lo fantástico en la experiencia particular del miedo en el lector:
“Un cuento es fantástico, simplemente si el lector experimenta en forma
profunda un sentimiento de temor y terror, la presencia de mundos y potencias
insólitos.”[11]
Este criterio es revisado por Todorov, quien lo reformula señalando que el
temor, si bien se relaciona a menudo con lo fantástico, no es una de sus
condiciones necesarias[12]. Pues
bien, como ya lo habíamos señalado, dentro de los postulados de Todorov
resulta importante destacar los cuatro términos
que condicionan lo fantástico, éstos son: extraño-puro fantástico-extraño fantástico-maravilloso maravilloso-puro Lo
fantástico puro radica en este modelo en la zona límite de lo 'fantástico-extraño'
y lo 'fantástico-maravilloso' donde en el primer término se define todo
aquello que puede explicarse racionalmente (efecto de sueños, visiones, drogas,
etc.) al contrario del segundo, donde al final se confirma lo maravilloso. En
cuanto a los otros términos, 'lo extraño-puro' se caracteriza por sus
explicaciones inverosímiles y lo 'maravilloso-puro' se acepta como algo normal. En
nuestro trabajo también son importantes las clasificaciones de Todorov
con respecto al tema del ‘yo’ así el trato de la relación
del ‘yo’ y el mundo y las unidades tales como percepción/consciente/inconsciente
como medios para ver el espejo, así como la posibilidad de transgredir
fronteras con el género fantástico. Entre
las definiciones a tratar más en detalle pertenece aquélla de Finné[13]
para quien lo fantástico, en el contexto de su investigación de "lo fantástico
automatizado", resulta de la
‘imposición de lo fantástico’ y de las ‘aventuras fantasticas’. A la
primera categoría pertenecen todos los sucesos extraños y los intentos de
explicar en forma racional estos hechos, la descripción lógica, el vaivén
entre fantasía y razón, como así también el imponer la explicación de lo
sobrenatural. La segunda categoría comprende todos los temas sobrenaturales y
su aceptación por parte de los personajes. De
central importancia es para Finné la estrategia narrativa, esto es, la voluntad
retórica del autor de presentarle al lector lo narrado como verdad. Lo fantástico
está constituido, según Finné, por un elemento de tensión y distensión
entre lo mágico e inexplicable y su explicación donde la explicación de lo
sobrenatural se daría dentro del contexto fantástico y no racional, ya que lo
sobrenatural sucede a través de la transgresión de una criatura que se
encuentra en el límite. El criterio común para la constitución del subtipo
textual 'fantástico automatizado' lo ve Finné primeramente en la existencia de
acontecimientos extraños y no en la "angustia" o en los temas fantásticos,
como es el caso en una parte de la investigación internacional. En la
"irritación" de lo racional y de su disolución radica, según Finné,
la médula definitoria de lo fantástico. Mas lejos todavía, Finné se
desenvuelve aquí en un nivel argumentativo que es similar a aquél de la
"angustia" que Todorov rechaza como criterio normativo para la
especificación de lo fantástico, ya que un criterio semejante no forma parte
de la estructura textual, sino del efecto perseguido o deseado y su realización
o no-realización presupone una recepción determinada. Resulta
importante destacar la posición de Finné cuando postula que la literatura fantástica
tiene su lugar epistemológico en la "ficción pura", en el
"juego", en "l'art pour l'art", en la arbitrariedad y
azar. Finné amplía la extensión del término fantástico de tal forma que éste
se debería entender como 'fantasía' o como arte en general. Partiendo de aquí,
Finné trata de diferenciar 'lo fantástico automatizado' de lo 'neofantástico',
el cual es definido como un discurso que se distancia, que se aleja de lo fantástico,
ya que quiere propagar ideas representando un relativismo psicológico y filosófico
circundado por un pensamiento metafísico y teológico, anunciando postulados lógicos
a favor de lo inconcebible y de la percepción subjetiva conectado a una
representación de la relatividad de lo real, de la fascinación, del horror y
de lo infinito. De esta manera, Finné distingue en total tres subtipos
textuales de lo fantástico:
-
Lo fantástico automatizado, que se da siempre en relación con la
realidad y cuya relación es constituyente para el género; posee un carácter lúdico
y no persigue ningún fin; -
lo fantástico sin relación con
la realidad; -
lo neofantástico, que emplea lo
fantástico para propagar algo, es analítico y teleológico, es decir, sujeto a
las doctrinas de las causas finales. Así,
Finné concluye su clasificación poniendo en el primer lugar de sus prioridades
lo fantástico automatizado porque en él lo fantástico se desarrolla sin
ninguna convención preexistente en el medio del mundo cotidiano y porque
aparece como posible en medio de la experiencia humana. Un
tercer y último trabajo que queremos considerar en forma más detallada es el
de Karl Blüher, quien en su libro sobre la novela corta francesa, un compendio
imprescindible en ese campo, sigue en sus aspectos principales las teorías
tradicionales, en parte expuestas aquí, y quien aporta una serie de
aclaraciones y diferenciaciones recurriendo en gran parte a Todorov. Blüher
observa, siguiendo a Castex y Caillois, la innovación y los criterios
principales del subtipo textual de lo fantástico en la novela corta francesa
del siglo XIX. El autor sostiene que después de su comienzo con Jacques
Cazotte, El diablo enamorado(1772),
en el siglo XVIII, se identifica la presencia de lo fantástico-sobrenatural
como una relación paradojal de la cual emana la ambigüedad, ya mencionada por
Todorov, como característica prominente de la literatura fantástica: La paradoja intertextual que nace por una
parte como resultado de la subyugación de los acontecimientos bajo un principio
ilusionista absoluto de la representación de la realidad que sugiere al lector
un mundo dominado por leyes naturales, pero que a la vez incluye algunos
segmentos accionales “fantásticos” que parecen contradecir en forma
absoluta esa exigencia de verosimilitud y lógica. Por una parte se afirma enérgicamente
la presunta realidad de las peripecias a través de una serie de procedimientos
narrativos [...], por otra parte se insinúa la intervención de lo sobrenatural
que se mezcla en forma inexplicable con lo cotidiano y lo natural[14]. Así
también, siguiendo a Todorov, Blüler destaca
la "psicologización" de lo fantástico, esto es, la introducción de
posibles explicaciones "subjetivo-psíquicas" para el lector implícito,
una característica cuya importancia aumentará y será decisiva en el correr
del siglo XIX y en especial en el XX. Aquí concurren, según Blüher, temas
provenientes del iluminismo y del ocultismo como así también de la filosofía
mítico-religiosa. Aquí pertenecen temas como "experiencias oníricas y
alucinaciones o fenómenos tales como visiones, profecías o telepatía"[15]
La forma narrativa más propagada es aquella en primera persona que representa
una estrategia en favor a la exigencia de la verdad. Blüher clasifica
fundamentalmente la literatura fantástica del siglo XIX como una
"literatura fantástica objetiva” que conlleva una argumentación folklorística
o mítico-ocultista" y también una "subjetiva” que sugiere un
razonamiento de orden psicológico o parapsicológico. De
esta manera, nuestra posición, partiendo de Todorov y Blüher es simple de
exponer: lo fantástico se puede solamente definir en el contexto de la oposición
'realidad vs. sobrenatural/maravilloso/extraño', y cuando en el texto haya una
instancia implícita o explícita, sea ésta un personaje, un narrador o la
estructura misma que construya, formule y perciba la oposición 'realidad vs.
sobrenatural'. En otras palabras, el mejor subtipo textual de lo fantástico sería
aquel que deje ambos términos de la oposición vigentes y no se decida por lo
extraño o por lo maravilloso. En todo caso, para Todorov es lo indecible de los
acaecidos y percibidos acontecimientos fantásticos una condición básica para
lo fantástico. En este
sentido el cuento“La muerta enamorada” constituye un relato que va más allá
de la línea media de lo fantástico puro, ubicándose en el campo de lo fantástico-maravilloso,
o en otras palabras, dentro del tipo de relato que se presenta como fantástico
y que termina con la aceptación de lo sobrenatural. Este cuento se acerca a lo
fantástico puro ya que, por el hecho mismo de quedar inexplicado y no
racionalizado, es capaz de sugerirnos la existencia de lo sobrenatural. El límite
entre ambos será incierto; sin embargo, la presencia o ausencia de ciertos
detalles permite siempre tomar una decisión. Lo interesante es que podríamos
ver en los acontecimientos del relato una explicación racional
proporcionada, en gran parte por el sueño, es decir, podríamos reconstruir la
narración concibiendo el cuento como la historia de un monje que el día de su
ordenación, cae perdidamente enamorado de la cortesana Clarimunda y que tras
furtivos encuentros sucede la muerte de la cortesana con la asistencia del
monje, a partir de lo cual Clarimunda comienza a aparecer en sus sueños, destacándose
el carácter continuo de éstos y la existencia fastuosa del monje en fiestas
ininterrumpidas. Y, al mismo tiempo, se da cuenta que Clarimunda se mantiene con
vida gracias a su sangre, la cual es extraída durante la noche. Ahora bien,
podríamos decir que hay una serie de acontecimientos considerados como
simplemente extraños y debidos a la casualidad; sin embargo, Romualdo ve en
ellos la intervención del diablo: Lo
extraño de esta aventura, la belleza sobrenatural de Clarimunda, el brillo
fosforescente de sus ojos, el contacto ardiente de su mano, la confusión en la
que me había sumido, el cambio súbito que había operado en mí, me
demostraban claramente la presencia del diablo, y aquella mano satinada no era
tal vez más que el guante que cubría su mano.[16]
En
este punto nos encontraríamos en lo fantástico puro ya que la vacilación
característica de este tipo de relato se manifiesta en la posibilidad de que la
mujer sea el diablo, en efecto, o
también que pueda ser la simple casualidad. Pero hay que observar el hecho que
se produce cuando el abad Serapión, toma conocimiento de la aventura del monje,
conduciendo a Romualdo al cementerio donde yacía Clarimunda; en ese momento el
protagonista desentierra el ataúd y aprecia a Clarimunda
con la lozanía que la caracterizaba hasta el día de su muerte y con una
gota de sangre en su boca. Ante
esta imagen al abad Serapión lo envuelve la ira y se dispone a lanzar agua
bendita sobre la muerta: “Tan pronto como el santo rocío tocó a la pobre
Clarimonda su hermoso cuerpo se convirtió en polvo y no fue más que una mezcla
espantosa deforme de cenizas y de huesos medio calcinados.”[17]
Como podemos observar en esta escena y especialmente en la transformación o
metamorfosis del cadáver, las leyes de la racionalidad no pueden explicar estos
hechos, con lo cual confirmamos nuestra premisa anterior, es decir, estamos ante
un relato fantástico-maravilloso. Así,
al trazar la configuración de esta narración, nos encontramos con temas como
la necrofilia presentada como el amor con una vampira o muerta, lo cual no
altera los deseos del joven monje: Ya
no me quedaban dudas: el abad Serapión estaba en lo cierto. Sin embargo, pese a
este convencimiento, no podía dejar de amar a Clarimunda y de buen grado le
hubiera dado toda mi sangre para sostener su existencia ficticia.[...] Yo mismo
me hubiese abierto el brazo y le hubiera dicho:¡Bebe, y que mi amor se infiltre
en tu cuerpo junto con mi sangre!”[18].
Si tuviésemos que establecer un primer rasgo
comparativo entre “la muerta enamorada” y El diablo enamorado, éste
sería la presencia del sueño como puente entre la realidad y la irrealidad, vía
conducente hacia la vacilación propia del relato fantástico. Don Álvaro
vacila se pregunta, (junto con el lector), si lo que lo rodea es real y entonces
las sílfides existirían o si por el contrario, se trata de una simple ilusión,
que adopta aquí la forma de un sueño. Don Álvaro llega a tener relaciones con
esta misma mujer que probablemente
sea el diablo, y, asustado por esta idea, vuelve a preguntarse: “Habré
dormido? ¿Seré bastante afortunado como para que todo no haya sido más que un
sueño? La ambigüedad permanece hasta el fin de la aventura: ¿realidad o sueño?
¿verdad o ilusión?
En este punto llegamos al rasgo que
diferencia esta novela del cuento de Gautier puesto que
en éste a pesar de que los sucesos puedan tener una explicación
racional proporcionada, en gran parte por el sueño,“¡Dios quiera que sea un
sueño!”, exclama Romualdo, se nos muestra finalmente un acontecimiento que
hace virar el relato revelándose el hecho sobrenatural tras el agua bendita que
el abad lanza a Clarimunda, sin dejar cabida a vacilación alguna de que la
hermosa cortesana en realidad era una muerta, lo cual, como ya lo hemos señalado,
lo caracteriza como un relato fantástico-maravilloso. En cambio, en El
diablo enamorado permanece la vacilación hasta el final de la novela sin
posibilidad de inclinarnos hacia solución alguna. Este hecho lo remite, a la
luz de Todorov, al corazón de lo fantástico ya que en un mundo que es el
nuestro, el que conocemos, sin diablos, ni sílfides, ni vampiros se produce un
acontecimiento imposible de explicar por las leyes de ese mundo familiar, lo
cual conlleva a la incertidumbre de si efectivamente
el diablo sea una ilusión, un ser imaginario, o bien si existe realmente
como los demás seres, con la diferencia de que rara vez se lo encuentra. En
este punto me parece importante destacar las clases temáticas que proveen ambos
autores en sus relatos. Por una parte Cazotte utiliza la imagen de una mujer
fantástica, proveniente del más allá, seductora y mortal, la cual permite la
interpenetración de los terrenos del sueño y la realidad, en tanto Gautier
recrea la imagen del vampiro, es decir, de la muerta que se asegura una perpetua
juventud alimentándose de la sangre de los vivos. Esta caracterización nos
permite develar la semejanza entre
ambos relatos en cuanto el primero se constituye en atracción hacia el misterio
y el ocultismo (recordemos que don Álvaro invoca al Demonio) mientras que el
segundo se desarrolla gracias a una
insistente atracción hacia una muchacha misteriosa. En este sentido resulta
interesante destacar el papel que asume la mujer en ambos relatos, siendo el
punto de quiebre entre una opción espiritual y otra carnal. Como podemos
apreciar ambos personajes, Romualdo y don Álvaro son jóvenes que están en vías
de formación, de pronto se encuentran con un obstáculo hacia sus rectas vidas
y todo se vuelve desorden y confusión. Romulado tras conocer a Clarimunda se ve
debatido entre el sacerdocio y el amor sensual hacia una mujer vampiro en tanto
don Álvaro se somete al cuestionamiento entre la peor de las pasiones y la
fidelidad de su madre, en la cual encuentra consuelo y refugio seguro: “¡Madre
mía! ¡Oh tú, la más digna de las mujeres! Por extraviado que esté, vuestro
Álvaro ha conservado todos vuestros derechos sobre su corazón [...] Me devora
la más titánica de las pasiones; me es imposible ya dominarla. Acabais de
hablar a mis ojos; hablad ¡ah! hablad a mi corazón y, si debo desterrarla.
Enseñadme cómo podré hacerlo sin que me cueste la vida[22].
Así, el estado desesperado del protagonista de la novela de Cazotte se
desarrolla desde el inicio del relato, observando la metamorfosis del Demonio,
el cual de camello pasa a un perro para convertirse en un sirviente que
finalmente será una mujer hermosísima llamada Biondetta. Este hecho marcará
una nueva diferencia con el relato de Gautier puesto que el proceso de la
metamorfosis del cadáver de Clarimonda se producirá no al inicio sino que al
final del relato provocando la angustia en el protagonista cuando constata
personalmente la verdadera condición de su amada. De todas maneras el engaño
será la marca que condenará a la angustia a ambos personajes. Clarimonda
oculta su verdadera identidad tras la dulzura de una mujer capaz de amar
incondicionalmente, mientras que Biondetta adopta la máscara de sílfide
escondiendo el rostro del Demonio hasta el final de la novela cuando confiesa su
verdadera condición: Soy
sílfide de origen y una de las más considerables de ellas. Me presenté bajo
la forma de la perrita [...] Me permiten tomar un cuerpo para asociarme a un
sabio: helo aquí. Si me reduzco al simple estado de mujer, si pierdo con ese
estado voluntario el derecho natural de las sílfides y la asistencia de mis
compañeras, gozaré de la felicidad de amar y ser amada. [...] –No, no-replicó
vivamente-, Biondetta no debe bastarte: no es ése mi verdadero nombre; tú me
lo habías dado, me halagaba, lo llevaba con placer; pero debes saber quién
soy... Soy el diablo, mi querido Álvaro, soy el diablo...[23] En
el presente trabajo junto con establecer el cruce fantástico entre ambas obras
quisiéramos establecer una relación entre las formas que presenta el amor y su
vinculación con la visión romántica propuesta por Octavio Paz en su obra Los
Hijos del limo[24].
A estas alturas del análisis nos
queda claro que tanto “La muerta enamorada” como El diablo enamorado
constituyen dos relatos sobre el amor carnal manifestado por dos jóvenes hacia
dos seres sobrenaturales. Podríamos agregar que ambos tipos de amor se
desarrollan de tal forma siendo capaces de dialogar y confrontarse ambas
posiciones. Don Álvaro vivencia su amor pasional y erótico desde una
perspectiva consciente, sabiendo que se trata de un amor hacia el diablo hasta
llegar a la inconsciencia imaginando que su amor va dirigido a una inocente
muchacha por la que se deja llevar desatando sus poderosos impulsos. Al respecto
la misma Biondetta le reclama: ¡Reprimir
una llama celeste, resorte celeste, resorte único mediante el cual el alma y el
cuerpo pueden actuar recíprocamente uno sobre el otro y forzarse a colaborar en
el mantenimiento necesario de su unión! Es una completa idiotez, mi querido Álvaro!
Debemos controlar esos impulsos, pero de cuando en cuando debemos ceder ante
ellos; si los contrariamos, si los sublevamos, escapan todos a la vez y la razón
no sabe ya dónde sentarse a gobernar[25]. Esta
declaración resume el principio por el cual se ha dejado llevar el protagonista
de esta historia donde el tema del “yo” expuesto por Todorov se puede
vincular con la perspectiva asumida por don Álvaro, el cual se vale de la
percepción/consciente/inconsciente como medio para ver el espejo de su propio
querer. Podríamos decir, entonces, que el protagonista, a través de la figura
de Biondetta, saca a relucir su propia imagen y con ello sus intenciones frente
al mundo. En este sentido, podemos establecer un vínculo también con lo que
Jacques Lacan denomina como ‘la dialéctica de la identificación con el
otro’, al respecto señala: “La función del estadio del espejo se nos
revela como un caso particular de la función de la imago, que es establecer una
relación del organismo con su realidad”[26].
Podríamos inferir, pues, la existencia de una correspondencia entre don Álvaro
y la figura del diablo transformado en mujer, puesto que a través de ella,
establece un vínculo con su entorno que, a pesar de la confusión y de la
angustia provocadas, le confiere un sentido dentro del incoherente desorden del
universo. Además, tal como lo señala Lacan en su seminario del
deseo y su interpretación, don Álvaro formula una
pregunta hecha al otro de lo que él quiere: De ese otro que puede darle su
respuesta, la respuesta a su llamado; aquel otro al cual plantea
fundamentalmente la pregunta que vemos en "El diablo enamorado" de
Cazotte, como siendo el grito de la forma terrorífica que representa la aparición
del superyó, en respuesta a aquél que lo ha evocado en una caverna napolitana:
Che vuoi?, ¿qué quieres?[27] De
esta manera, la pregunta
hecha al otro de lo que él quiere, en otros términos, de allí donde el sujeto
hace su primer encuentro con el deseo sería en primer lugar, deseo del Otro, es
decir, deseo gracias al cual percibe que se realiza como ente, ese más allá
alrededor del que gira. Esta
interesante postura nos remite a la concepción de amor apreciada en Romualdo
para quien el Otro encarnado en Clarimunda constituye el deseo más allá de la
satisfacción carnal, en otras palabras, sería su deseo profundo y obliterado
del Otro con el fin de vivenciar cómo se realiza ese ente, esa mujer que podría
ser perfectamente el otro lado castigado y tantas veces negado por la doctrina
religiosa. Ahora
bien la conjugación de estos aspectos dentro de una supuesta tipología
amatoria encuentran su eco en la concepción del romanticismo formulada por
Octavio Paz, quien hace alusión
a la fascinación, concebida como hechizo y engaño, como característica del
espíritu de los románticos situando a ambos en un proceso de vaivén en que
repulsión y atracción se suceden casi inmediatamente. Estas características-
engaño y hechizo- las podemos apreciar claramente tanto en el cuento de Gautier
como en la novela de Cazotte, además de la exaltación a la mujer no sólo como
objeto sino como sujeto erótico. Dentro de la caracterización del
romanticismo, otro aspecto importante de hacer notar tiene relación con el
gusto por lo grotesco y el amor por lo extraño, alianza entre lo cotidiano y lo
sobrenatural, identificados por Paz, los cuales forman parte integrante, como lo
hemos señalado anteriormente, de
los dos textos en estudio. Cabe
destacar la identificación de la ambigüedad romántica identificada por Paz,
el cual desprende de ésta dos modos: la
ironía y la angustia. Esto resulta muy provechoso en nuestro contexto ya que
efectivamente se evidencia el modo irónico como quiebre del principio de unidad
tanto en El diablo enamorado como en “La muerta enamorada”. En ambos
podemos constatar una suerte de estética de los contrastes revelándose la
dualidad de lo que parecía uno. Algunos de los contrastes que percibimos serían
los siguientes: lo grotesco /lo sutil; realidad /ilusión; día /noche y seducción
/repugnancia. Todos ellos vislumbrados en el entramado de una ambigüedad
que confiere una ilusión de lo aparentemente verdadero. Pareciera
que esta búsqueda de la verdad, tal como lo mencionaba Blüler, como una
estrategia propagada en las novelas cortas francesas que utilizan la primera
persona para mostrar una condición caótica del mundo interno del personaje que
narra, proporciona al lector un sacudimiento digno de ser experimentado ya que
tanto la irritación de lo racional como su disolución nos permiten explorar
dominios subterráneos del sueño y del pensamiento inconsciente, con lo cual
demostramos que el espíritu romántico no es sólo una estética del pasado
sino también una nostalgia del presente. [1]
El parnasianismo constituye un movimiento
literario francés, heredero directo del neoclasicismo. Los poetas parisinos
pertenecientes a este movimiento retoman la temática griega y latina y
construyen una escuela literaria en torno a una publicación titulada “El
Parnaso Contemporáneo” aparecida en 1866, 1869 y 1876. Entre los ideales del
parnasianismo se encuentran la impasibilidad, el no conmoverse ante nada y la
proposición de un arte refinado y culto que exprese la belleza y la armonía.
En este sentido hay que tomar en cuenta la
influencia que ejerció este movimiento en el modernismo de la poesía
hispanoamericana, adoptando, principalmente, el gusto por la perfección del
verso bien hecho en cuanto a su musicalidad o ritmo. 2
Véase prólogo a El diablo enamorado de Cazotte escrito por Jorge Luis
Borges. p.11. 3
Op. Cit. p. 13. 4
Citado por Tomachevski, B. En: “Temática”, Teoría de la literatura de
los formalistas rusos, Buenos Aires, Eudeba, 1965, p. 268. 5
Caillois, R. Au cour du fantastique, París, Gallimard, 1965. p.
161. 6
Castex, P.-G., Le Conte fantastique en France, París,
José Corti, 1951, p. 8. 7
Vax, L. El Arte y la Literatura fantástica,
Buenos Aires, Eudeba, 1965, p. 5. 8
Todorov, Z. Introducción a la literatura fantástica. Barcelona: Gráficas
Porvenir, 1982, p. 41. 9
Todorov, Z. Op. Cit. p. 41. 10
Esta distinción es muy importante ya que el hecho de tomar el sentido alegórico
de un texto implica que el lector no llegue a interrogarse sobre su naturaleza
porque bien sabe que no debe tomarse al pie de la letra. Esta situación es
ejemplificada por Todorov: “si los
animales hablasen, no se tendría ninguna duda en tomar las palabras en otro
sentido, es decir, en un sentido alegórico”(42). En el caso de la poesía, si
se pretende que sea simplemente representativa, el texto poético podría ser
considerado como fantástico, sin embargo, esta consideración ni siquiera se
plantea ya que, tomando el ejemplo del autor, si se dice que el “yo poético”
se remonta por los aires, no se trata, más que de una secuencia verbal que debe
ser tomada como tal, sin tratar de ir más allá de las palabras. 11
Lovecraft, H. P., Supernatural Horror in Literature, Nueva York, Ben
Abramson, 1945, p. 16. 12Todorov
considera que el hecho de buscar la sensación de miedo no permite definir el género
ya que si tomamos por ejemplo, los cuentos de hadas, podríamos decir que también
éstos serían historias de terror y, por otra parte, hay que tener en cuenta la
existencia de relatos fantásticos en los cuales está ausente todo sentido de
terror como “La princesa Brambilla” de Hoffmann y “Vera” de I’Isle
Adam. 13
Véase Jacques Finné. Literatura fantástica.
Bruselas: Edición de la Universidad de Bruselas, 1980, p. 123-155. 14
Véase Karl A. Blüher . La novela corta francesa. Tübingen:
Francke Verlag, 1985, p. 143-147 15
Ibíd, p. 150-160. 16
Théofile Gautier. “La muerta enamorada”. En: Cuentos fantásticos.
París: José Corti, 1962. p.296. 17
Ibid., p. 304. 18
Ibid.,
p. 302 19
Ibid., p. 305 20
Cazotte, J., El diablo enamorado, Buenos Aires, Galerna, 1968. 21
Ibid.,
p. 72. 22
Ibid.,
p. 84. 23
Ibid.,
p. 75 y 116. 24
Octavio Paz, Los Hijos del Limo. Barcelona: Seix Barral, 1974. 25
Cazotte, J. Op. Cit. p. 90. 26
Jacques Lacan. Escritos 1. México D. F., Siglo veintiuno, 1984,
p. 84. 27
-----------------.“Seminario el deseo y
su interpretación”, Seminario
inédito, 1958. p.1. Bompiani.
Diccionario de Autores, Tomo I y II. Barcelona: Tesys, 1992. ------------.
Diccionario Literario, Tomo IV y XI.
Barcelona: Tesys, 1992. Karl
A. Blüher . La novela corta francesa. Tübingen:
Francke Verlag, 1985. Jacques Cazotte. El diablo enamorado. Madrid: Siruela: 1985. Tania
Franco Carvalhal. Literatura comparada. Trad. Hugo Echagüe y Luigi
Volta. Edic. Corregidor, 1996. Alfonso
de Toro. “Reflexiones sobre el subgénero ‘fantástico’. La
literatura virtual o
Borges y la negación de lo fantástico. Simulación rizomática. ‘Azar
dirigido’ y skándalon semiótico”. Ibero-Amerikanisches Forschungsseminar
Universität
Leipzig. Jacques
Finné. Literatura fantástica. Bruselas: Edición de la Universidad de
Bruselas,
1980. Théofile
Gautier. “La muerta enamorada”. En: Cuentos fantásticos. París: José
Corti, 1962. Gerard Genette. Figures III. París:
Editions du Seuil, 1972. Jacques
Lacan. Escritos 1. México D. F., Siglo veintiuno, 1984. -----------------.“Seminario el deseo y su interpretación”, Seminario
inédito, 1958. Octavio
Paz. Los Hijos del Limo.
Barcelona: Seix Barral, 1974 John
Rojas. “Théophile
Gautier, el perfecto mago de las letras Francesas".
Colombia: Pontificia
Universidad Bolivariana de Medellín. Tzvetan
Todorov Introducción a la literatura fantástica. Barcelona: Gráficas Porvenir,
1982. Valverde,
José María. Historia de la Literatura Universal. Barcelona: Planeta,
1976. Carolina
Andrea Navarrete González Profesora
de Lenguaje y Comunicación y Licenciada en Letras y Educación. Pontificia
Universidad Católica de Chile. Enviado
por Carolina Andrea Navarrete González canavarr@puc.cl Publicación enviada por Carolina Andrea Navarrete González Contactar mailto:canavarr@puc.cl Código ISPN de la Publicación EpAEZuAuVyIZbhbCPS Publicado Thursday 5 de August de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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