Monografias | El trabajo del tutor. La calidad de sus hábitos: El camino hacia el éxito

El trabajo del tutor. La calidad de sus hábitos: El camino hacia el éxito

Resumen: ¿Qué dos personas entre mil sabios, definirán el éxito con las mismas palabras?. Y sin embargo, el fracaso se describe siempre de la misma forma. El fracaso es la incapacidad del hombre de alcanzar sus metas en la vida, cualesquiera que éstas sean. En realidad, una de las diferencias esenciales entre aquellos que han fracasado y aquellos que han tenido éxito reside en la diferencia de sus hábitos. Los buenos hábitos sean mentales o manuales, son la clave de todo éxito. Los malos hábitos son la puerta abierta al fracaso. Palabras Clave: Tutor, hábitos, calidad, enseñanza superior.(V)

Publicación enviada por Dr Juan Leyva Silva y Otros Autores


 

"El principio de un hábito es como un hilillo, invisible. Que reforzamos
cada vez que repetimos el acto, añadiéndole otro filamento, hasta que se
convierte en un gran cable que nos ata irremisiblemente en pensamiento y
obra".
                                                           ORISON SWEET MARDEN.

¿Qué dos personas entre mil sabios, definirán el éxito con las mismas
palabras?. Y sin embargo, el fracaso se describe siempre de la misma
forma. El fracaso es la incapacidad del hombre de alcanzar sus metas en la
vida, cualesquiera que éstas sean.

En realidad, una de las diferencias esenciales entre aquellos que han 
fracasado y aquellos que han tenido éxito reside en la diferencia de sus
hábitos. Los buenos hábitos sean mentales o manuales, son la clave de todo
éxito. Los malos hábitos son la puerta abierta al fracaso.

EL PAPEL DE LOS HÁBITOS.


Una vez que aprende a realizar algo o a pensar de una determinada manera,
ya puede delegar esa actividad al control automático del hábito. Puede
afeitarse, vestirse, comer, razonar y realizar las partes rutinarias de su
trabajo en una forma habitual. ¿Qué significa esto?. Significa que su
persona piensa y se comporta estereotipadamente, de la misma forma,
mientras no surge algo inesperado. Mire a las personas a su alrededor.
Obsérvelas mientras actúan y hablan. Quedará sorprendido. Ellas también
tienen sus rutinas y sus patrones de conducta bien establecidos.

Por supuesto, eso no quiere decir que los hábitos son aspectos negativos
de nuestra personalidad. Todo lo contrario;  los buenos hábitos son un
ahorro de energía extraordinaria para nuestra vida. Pero así como hay
buenos hábitos, hay malos hábitos. Y si su vida está saturada de estos
últimos, entonces la calidad de la misma sufrirá una sensible merma.         

Para comprender la naturaleza de este razonamiento, considere una
situación antropológica imaginaria. Únase con la imaginación a un grupo de
antropólogos  que llegan a una aldea de Nueva Guinea. Supongamos que han
logrado la suficiente aceptación para permitirles vivir con ellos durante
un tiempo. A usted se le ha asignado vivir con la familia de un nativo
cazador llamado Nanga.

Vive con ellos un mes y estudia lo que Nanga y su esposa junto con sus dos
niños hacen. Aprende mucho. Aprende que Nanga siempre duerme sobre el lado
izquierdo, de frente a la puerta de su cabaña. La esposa de Nanga siempre
revuelve los alimentos en el sentido de las manecillas del reloj. Cuando
Nanga va de cacería siempre lleva su lanza con la punta hacia arriba. Si
se llegara a encontrar con un extraño en la selva, Nanga siempre ataca.
Para él, cualquier extraño es malo, un enemigo. Usted observa que hay una
gama de conductas y maneras de pensar de Nanga y su familia que son
ilógicas y contraproducentes. Usted trata de convencer a Nanga de este
hecho, sin embargo para él y su familia esto tiene que ver con la
supervivencia. Para ellos lo que hacen  funciona bien y punto.

Con la historia de Nanga en mente, formúlese las siguientes preguntas:
¿Habrá alguna diferencia de esencia entre la vida de Nanga y la mía?.
¿Son todos mis hábitos productivos y me ayudan a elevar la calidad de mi
vida?.
¿Podría mejorar mis patrones de conducta  y, así mejorar mi vida?.
Si alguien, como en el caso de lo que  yo hice con Nanga, me demostrará lo
contraproducente de algunos de mis hábitos: ¿estaría dispuesto a
cambiarlos y aprender nuevos?.

Considere lo que ha aprendido en los capítulos anteriores. En esencia, la
mayoría del conocimiento que aparece en estos capítulos  puede llevarlo a
la esfera de nuevos hábitos que pudiera aprender. Piense, por un instante:
si tuviera desarrollado  hábitos como:
-pensar positivamente.
-formular preguntas potenciadoras.
-concentrarse.
-usar la imaginación.
-pensar holísticamente.
-ahorrar energía y tiempo.
¿cuánto se elevaría la calidad de su vida y profesión?.

Considerando que durante la niñez requirió de un gran esfuerzo para
desarrollar los hábitos que tiene ahora y por ende, adaptarse, en la edad
adulta es totalmente a la inversa: requiere de  menos esfuerzo para
adaptarse que para realizar algo original. Si usted es presa de la
inercia, tenderá a evitar el esfuerzo y la responsabilidad de la
innovación. Pero pregúntese: ¿Necesito desarrollar algunos de los hábitos
mentales que se han planteado en estos artículos?.

Si su respuesta es positiva, puede apostar que si hace el esfuerzo por
desarrollarlos, estará invirtiendo inteligentemente en su crecimiento.
Estos hábitos le permitirán desarrollar una mente flexible y dinámica;
económica y focalizada; vigorosa y disciplinada. En fin: le permitirán
desarrollar la mente de un tutor excelente.


¿CÓMO SE FORMA UN HÁBITO?.    
En la actualidad se han hecho progresos considerables en nuestra habilidad
para comprender la mente humana, gracias al matrimonio entre dos campos
muy diferentes entre sí: la neurobiología (el estudio de cómo funciona el
cerebro) y la ciencia de las computadoras. La integración de estas
ciencias ha creado una nueva disciplina: la neurociencia.  

Los neurocientíficos se dedican a estudiar cómo se producen las
neuroasociaciones, y han descubierto que las neuronas están enviando
constantemente mensajes electroquímicos de un lado a otro, a través de los
caminos neurales, de una forma no muy distinta a como se produce el
tráfico en un cruce muy transitado. Esta comunicación se produce al mismo
tiempo, de modo que cada idea o recuerdo  se mueve a lo largo de su propio
camino, mientras que miles de millones de otros impulsos  viajan en
direcciones individuales. Esta disposición nos permite pasar mentalmente
del recuerdo de la vegetación después de un día de lluvia, a la melodía 
de nuestra obra musical preferida, a los planes de nuestra cita con la
persona querida u a otro recuerdo que queramos experimentar.   

Este complejo sistema no sólo nos permite disfrutar de la belleza de
nuestro mundo, sino que también nos ayuda a sobrevivir en él. Cada vez que
experimentamos una cantidad significativa de fracaso o éxito, nuestro
cerebro busca la causa y la registra en el sistema nervioso, para
permitirnos así tomar mejores decisiones respecto a qué hacer en el
futuro. Por ejemplo, sin la existencia  en su cerebro de una
neuroasociación que le recuerde que colocar la mano sobre una llama le
producirá una quemadura, cometería usted ese error una y otra vez, hasta
que la mano le quedará totalmente quemada, Así pues, las neuroasociaciones
aportan rápidamente a nuestro cerebro las señales que nos ayudan a acceder
a los recuerdos y a maniobrar con seguridad para preservar la vida.

Cuando hacemos algo por primera vez creamos una conexión física, un
diminuto hilillo neural que en el futuro nos permitirá volver a acceder a
esa a emoción o comportamiento. Imagíneselo del siguiente modo: cada vez
que repetimos el comportamiento, la conexión se fortalece. Añadimos otro
hilillo a nuestra conexión neural. Con las repeticiones y la intensidad
emocional suficientes, podemos  añadir  al mismo tiempo hilillos,
incrementando la fuerza tensora de esta pauta emocional o de
comportamiento, hasta que finalmente hemos creado una "línea troncal" con
ese comportamiento. Es entonces  cuando nos vemos impulsados a
experimentar ese comportamiento de una forma contundente. En otras
palabras, esa conexión se convierte en una "autopista" neural, que nos
lleva a lo largo de una ruta automática y consistente de comportamiento.

Esta neuroasociación es una realidad biológica, es algo físico.  Una vez
más, esa es la razón por la que pude ser inefectivo pensar en nuestra
forma de producir un cambio. Nuestras neuroasociaciones son una
herramienta de supervivencia y se hallan firmemente instaladas en nuestros
sistemas nerviosos como conexiones físicas antes que como "recuerdos"
intangibles. Michael Merzenich, de la universidad de California, San
Francisco, ha demostrado científicamente que, cuanto más practicamos una
pauta concreta de comportamiento, tanto más fuerte se hace dicha pauta.

Merzenich trazó un mapa de áreas específicas del cerebro de un mono, que
se activaban cuando se tocaba un dedo concreto  de la mano del mono.
Luego, lo entrenó para usar su dedo con el fin  de obtener su alimento.
Cuando Merzenich volvió a trazar el mapa de las áreas activadas por
contacto en el cerebro del mono, descubrió que la zona que respondía a las
señales del uso adicional del dedo habían aumentado su tamaño casi en un
600 por ciento. Ahora, el mono seguía el comportamiento a pesar de que ya
no recibía recompensa por ello, debido a que el camino neural se  había
establecido ya con mucha fuerza.                   

Una ilustración de esto en el comportamiento humano puede ser la de la
persona que ya no disfruta fumando, pero que sigue experimentando la
compulsión de hacerlo. ¿Por qué es así?. Esa persona se encuentra
físicamente "conectada" con  el hábito de fumar. Eso explica por qué pudo
resultarle difícil  crear un cambio en sus pautas emocionales o de
comportamiento en el pasado. No sólo tenía el hábito, sino que había
creado una red de fuertes neuroasociaciones en su sistema nervioso.


Desarrollamos estas neuroasociaciones inconscientemente al permitirnos
experimentar las emociones o comportamiento de una forma consistente. Cada
vez que se permite la emoción de la cólera o el comportamiento de gritarle
a una persona querida, refuerza la conexión neural y aumenta la
probabilidad  de volverlo a hacer. Lo bueno de esto es que  la
investigación también nos muestra que, cuando el mono fue obligado  a
detener el uso de su dedo, el área del cerebro donde se encontraban estas
conexiones neurales empezó a reducir su tamaño y, en consecuencia, la
neuroasociación se debilitó.

Esa es una buena noticia para todos aquellos que desean cambiar sus
hábitos. Si deja usted de consentir un comportamiento o emoción en
particular durante el tiempo suficiente, si interrumpe durante un período
de tiempo lo bastante largo su pauta de utilización del viejo camino, la
conexión neural se debilitará y atrofiará. De ese modo, la pauta del
comportamiento limitador desaparecerá con ella. Debemos recordar también
que, si no usa usted su pasión, esta va a disminuir. Recuerde: el valor
que no se usa, disminuye; el compromiso que no se ejerce, se desvanece; el
amor que no se comparte, se disipa.

Esa es la razón por la que tenemos que evaluar los vínculos antes de que
se conviertan en parte de nuestro proceso inconsciente de toma de
decisiones. A menudo echamos la culpa a la causa equivocada y, con ello,
nos cerramos a las posibles soluciones. Es por ello que sería saludable la
revisión sistemática de nuestros patrones de conducta, su evaluación y
rectificación, en caso de que los mismos estén atrofiando nuestras
posibilidades de desarrollo.

Usted y nosotros tenemos que comprender cómo  establece nuestro cerebro
las asociaciones, y cuestionar muchas de esas conexiones que, según
acabamos de aceptar, pueden limitar nuestra vida. Si no lo hacemos así,
estamos destinados a no sentirnos realizados y sí frustrados, tanto en
nuestra vida personal como profesional.

ALGO MÁS ACERCA DE LOS HÁBITOS.
Si se ha encontrado alguna vez iniciando algo y luego destruyéndolo, la
culpa habrá que achacarla en general a las neuroasociaciones mezcladas.
Quizás su profesión está sometida a altibajos, floreciendo en un período y
fracasando al siguiente. ¿A qué se debe todo eso?. Se trata de un caso de
asociación de fracaso y éxito a la misma situación.      

Cuando usted trata de decidir qué hacer, en el caso de que su cerebro  no
reciba una señal clara de lo que equivale al fracaso y lo que equivale al
éxito, se encuentra ante una sobrecarga  y se siente confundido. Como
resultado de ello, pierde el impulso y el poder para emprender acciones
decisivas que podrían permitirle conseguir lo que desea. Cuando le envía
mensajes confusos a su cerebro, obtendrá resultados igualmente confusos.
Piense en el proceso de toma de decisiones de su cerebro como si fuera una
escala: "Si hiciera tal cosa: ¿significaría fracaso o éxito?, ¿dolor o
placer?". Y recuerde que lo importante no es solo el número de factores
que haya a cada lado, sino el peso que tenga individualmente cada uno de
ellos. Es posible que tenga asociaciones más agradables que dolorosas con
respecto a un comportamiento determinado, pero, si una sola de las
asociaciones negativas fuera muy intensa, esa falsa neuroasociación es
capaz de eliminar su capacidad para tener éxito.

Quizá usted se pregunte: "¿existirá un límite de tiempo para poder formar
un hábito?. Aunque en este aspecto los especialistas no se han puesto de
acuerdo, existe cierto consenso en que  para la formación de un hábito
como mínimo el promedio de tiempo es de 21 a 30 días de práctica
sistemática. Es decir,  todo parece indicar que este tiempo es el
necesario para que se formen y se fortalezcan las neuroasociaciones que
serán la base biológica  del hábito que usted desea desarrollar. Este
principio es aplicable tanto a los hábitos mentales como a los manuales.   

Por tanto, si usted desea desarrollar algunos hábitos propuestos en estos
artículos, lo único que debería hacer es: además de tener un deseo
profundo y una firme convicción en la necesidad de adquirir el mismo,
además de darse en usted los dos primeros pasos del proceso de
autoeducación, debería usted también conocer el sistema de pasos a seguir
para desarrollar el hábito. Para ello en cada artículo le hemos tratado de
brindar dichos pasos. Tome por ejemplo el hábito de concentrarse. En el
folleto a los estudiantes: ¿Cómo estudiar con éxito?,  se expone cómo
realizar la técnica de la concentración. En esta explicación se encuentran
delineados los pasos para desarrollar este hábito. Una vez concientizados
los mismos, practíquelos de una manera sistemática durante 21 ó 30 días, a
la misma hora y en el mismo lugar (el efecto de ritual tiene una magnífica
impronta en la formación de los hábitos). Haga que la practica del hábito
le sea placentera. Desarrolle pensamientos positivos alrededor de la
necesidad de formar el hábito que desea. Ningún cambio durará si no cambia
aquello que vincula al dolor y al placer en su sistema nervioso.

Tenga presente que no puede erradicar un mal hábito si no existe otro que
lo sustituya. La única manera de asentar un nuevo hábito es emplear tal
energía en ello que el viejo hábito se retire por si mismo como si fuera
un huésped indeseable. Nunca haga nada porque tiene que hacerlo. La única
razón para hacer algo es porque quiere y porque usted sabe que es lo más
correcto que puede hacer. Recuerde que la verdadera felicidad no consiste
en hacer lo que uno quiera, sino en amar lo que uno hace. Reclame la
alegría de despertar cada mañana lleno de energía y júbilo, insufla el
fuego de la pasión por todo aquello que haga. Lo que está detrás de usted
y  delante  no es nada comparado a lo que hay dentro. El dominio que tenga
sobre sus patrones de conducta, sobre sus hábitos y sobre su forma de
pensar es la garantía absoluta de que tiene las riendas de su vida. Ásese
a ellas y encáucela por los caminos de la excelencia, dele verdadero
sentido a la vida y vívala teniendo en cuenta de que lo importante no es
contar el tiempo, sino hacer que el tiempo cuente.      

UNAS ÚLTIMAS PALABRAS SOBRE LOS HÁBITOS.
Quizá usted se pregunte cómo los autores de este artículo que abogan por
erradicar la mente dicotómica, hagan solamente énfasis en el desarrollo de
los hábitos mentales y no propicien el desarrollo de los físicos. ¿No es
acaso esto dicotomizar el problema del desarrollo de los hábitos? .

Efectivamente, tiene usted mucha razón si razona de esa forma. Usted es un
ser humano completo Su cuerpo y su mente funcionan juntos desde mucho
tiempo antes  de que les enseñasen a distinguirse entre sí. Si ha llegado
usted a creer que su mente y su cuerpo son dos entidades separadas e
independientes, piense que es víctima de una de las dicotomías más
alienantes que puede llevar a una lucha constante por el poder entre sus
necesidades "mentales" y sus necesidades "físicas".

Quizá haya menospreciado las satisfacciones corporales, o haya abusado
incluso de su organismo en pro de las actividades estrictamente
intelectuales o "mentales". ¿Considera usted su cuerpo la "carta fea" y se
descarta de él a favor del "as de triunfo" que es su mente?.

¿O cree usted, por el contrario, que su as de triunfo es su cuerpo?. ¿Se
enorgullece usted de su apariencia física, de su capacidad de levantar
pesos mayores o de lanzar  una pelota más rápido que nadie, pero se
considera "no demasiado inteligente", y menosprecia su mente basándose en
ese estereotipo que se ha impuesto a sí mismo?.

Un enfoque holístico de su humanidad lo ayudará a superar esta dicotomía y
le permitirá llegar a ser un ser humano más completo. No hay ninguna
escisión real entre su cuerpo y su mente. La única decisión es la que han
inventado algunas personas para diferenciar actividades "mentales" y
actividades "físicas". Puede usted superar esta dicotomía si acepta que en
toda acción humana participan el cuerpo y la mente. No es posible que se
mantenga el uno sin la otra. Cuando el individuo muere, aunque el cerebro,
o la mente desease y pudiese seguir, no es posible  si el cuerpo lo
impide.

La vida holística exige que adiestre  usted y ejercite su "yo" completo,
cuerpo y mente, o sea, toda su personalidad. Su mente necesita estímulo y
ejercicio con la misma regularidad que su cuerpo, y viceversa. Por eso,
para mejorar la calidad de sus hábitos y caminar hacia el éxito debe usted
también ocuparse de su cuerpo y dedicar parte de su tiempo en entrenarlo y
desarrollarlo. El proverbio latín de "mente sana en cuerpo sano" cobra un
significado vital en nuestros días. Es prácticamente imposible tener una
mente flexible, dialéctica, energetizada y potente si no le acompaña un
cuerpo con similares características.                    

A MODO DE CONCLUSIÓN.
Estamos convencidos que el camino hacia el éxito en su labor como tutor
depende en gran medida de la calidad de sus hábitos. Revíselos. No se dé
el lujo de dejar que su vida sea controlada por costumbres y patrones que
lo frustren y lo petrifiquen en el camino del crecimiento humano. En su
mente está la maravillosa y grandiosa posibilidad de  aprovechar las
oportunidades que le brinda la vida para cambiar su estilo de existencia
y, de ese modo, maximizarse, expandirse, aprender, sacudirse, moverse,
buscar y buscarse, descubrir y descubrirse, recargarse y educarse.
Clasifique sus pensamientos, vigílelos y potencie los que le ayuden a ser
una mejor persona. Luche por el kaizen en todo lo que haga. Que sus
hábitos sean el crisol donde se forjen sus educandos y donde usted  se
engrandezca como educador.

Acepte, por favor, como regalo estos dos proverbios chinos:
"ES MÁS DIFÍCIL HACER QUE SABER HACER".
"EL HOMBRE DUEÑO DE SÍ MISMO NO CONOCERÁ A OTRO AMO".

 

AUTORES: MsC Mario Martinez Canete.
                     Dr Juan Leyva Silva
                     MsC Rafael Bestard Bizet. 

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Publicado Monday 18 de October de 2004

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