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No hay tecnología que reemplace a la pedagogía
Resumen: Las nuevas tecnologías han dado a la educación no presencial herramientas innovadoras, capaces de producir fuertes modificaciones prácticas y operacionales en la capacitación a distancia. Sin embargo, tales tecnologías no pueden por si mismas reemplazar a la pedagogía sino que deben subordinarse a su servicio. El concepto mismo de tecnología educativa refiere básicamente al manejo de instrumental técnico "con el propósito de mejorar el proceso didáctico".(V)
Publicación enviada por Jorge Eduardo Padula Perkins
Todo proceso de enseñanza-aprendizaje debe de
estar orientado fundamentalmente por la pedagogía, entendida ésta como la
"disciplina singular y específica" que dispone de la "organización
sistemática de conceptos y principios referidos a la educación", para la
que se construye "un cuerpo teórico cuyo propósito es iluminar la práctica
educativa" (Ander Egg, 1997).
Las nuevas tecnologías han dado a la educación no presencial herramientas
innovadoras, capaces de producir fuertes modificaciones prácticas y
operacionales en la capacitación a distancia. Sin embargo, tales tecnologías
no pueden por si mismas reemplazar a la pedagogía sino que deben subordinarse a
su servicio. El concepto mismo de tecnología educativa refiere básicamente al
manejo de instrumental técnico "con el propósito de mejorar el proceso
didáctico".
En este sentido, también se habla de tecnología educativa en relación con
"una forma de saber hacer didácticamente, con fundamento científico de
los métodos, técnicas y procedimientos que se utilizan" (Ander Egg,
1997).
De uno u otro modo, queda claro que la planificación de los procesos educativos
se basa siempre en métodos científicos teórico-prácticos de carácter pedagógico
y no en las cualidades tecnológicas de los elementos utilizados para tal fin.
En otras palabras, el numen del proceso de enseñanza-aprendizaje radica en la
relación entre el alumno y el diseño pedagógico y la práctica didáctica de
los docentes.
La pedagogía entonces, "organiza sistemáticamente los conceptos y
principios referidos a la educación en su conjunto", lo que en educación
a distancia se vincula al diseño de materiales y procesos; mientras que la didáctica
los "operacionaliza e instrumenta poniéndolos en práctica en el proceso
de enseñanza-aprendizaje" (Ander Egg, 1997), función convergente con la
de las tutorías en las sistemas de formación no presencial.
Con antiguas o modernas tecnologías es entonces el factor humano, son los
profesionales de la educación, los responsables de los procesos que orientan la
incorporación y producción de conocimientos en el estudiante a través de la
construcción del aprendizaje significativo que cada uno hace en su propio ser
interior.
En este contexto es que resulta imprescindible iluminar la cuestión de las
tutorías como eje fundamental del aprendizaje a distancia.
En distintas ocasiones se ha insistido en señalar las diferencias entre el
aprendizaje libre y la educación a distancia, poniéndose como pilares de esta
última el diseño pedagógico de los materiales y la orientación permanente de
las tutorías.
Sin embargo, en forma paralela a la constante incorporación de novedades tecnológicas
que mejoran las formas y las capacidades operativas, al tiempo que facilitan la
comunicación y plantean nuevas posibilidades al diseño de materiales, se
aprecia la persistencia de una gran cantidad de fallas y carencias en la labor
de los tutores.
"Yo me he acostumbrado, salvo excepciones, a
que el tutor no sea alguien que me acompañe durante todo el aprendizaje, sino
quien aparece para corregir actividades, aprobarme o desaprobarme",
confiesa con realismo y resignación una alumna que promedia su carrera
universitaria en la modalidad a distancia.
Lamentablemente esta es una experiencia que se repite en cursos no presenciales
de distinta índole y procedencia, lo cual ha facilitado la percepción de una
imagen real de tutor que difiere de la propuesta, y en gran medida consensuada,
por los teóricos de la modalidad.
En este sentido, Gutiérrez Pérez y Prieto Castillo (1999) han sido muy
ilustrativos al señalar que en los hechos el tutor "aparece en escena
cuando viene el período de exámenes: durante largos meses es un elemento
decorativo y pocos días antes de las pruebas comienza a sonar el teléfono o la
solicitud de entrevistas".
Esta afirmación sugiere el desinterés de parte de los estudiantes por recurrir
a quienes tienen la función de orientarlos en su aprendizaje. La experiencia
nos indica como altamente probable que esa falta de motivación para la consulta
radique en la ausencia de adecuada respuesta ante los primeros intentos de
comunicación y la carencia de una actitud proactiva respecto de la interacción
de parte de los docentes tutores.
García Aretio (2002) asevera que la palabra "tutor" implica el
concepto de quien ejerce "la protección, la tutela, defensa o
salvaguardia" que en educación a distancia se materializa como el fomento
del "desarrollo del estudio independiente" y agrega que "en la
enseñanza a distancia, el esfuerzo en solitario del alumno resulta generalmente
insuficiente, por lo que se hacen necesarios los apoyos a ese aprendizaje
individual que permitan la superación de los numerosos obstáculos que de orden
tanto cognoscitivo como afectivo se le van a presentar".
En la práctica es común la excesiva tardanza en
responder las preguntas hechas por los alumnos o la respuesta elíptica que
remite a la misma información original sin intento alguno de producir
explicaciones complementarias y, acaso con un displicente "venga a
verme" que no tiene en cuenta siquiera la distancia real entre los lugares
de tutorías presenciales y la ubicación física del alumno, que en ocasiones
da a la respuesta un toque entre tragicómico e inmoral. Ello deja al estudiante
en una situación de total indefensión en la cual no se atreve a denunciar ante
la institución la falta de ética del profesor por temor a que éste tome luego
represalias y opta por la vía práctica del estudio autónomo o la consulta
externa al sistema (en ocasiones inclusive arancelada mediante un profesor
"particular").
No se cumple con lo que teoriza acertadamente Fainholc (1980) respecto de la
praxis tutorial que define como "la organización del asesoramiento científico
y pedagógico permanente y la corrección de las posibles deficiencias
personales (método de trabajo, defectos en el aprendizaje, carencias de todo
tipo); a la corrección rápida y eficiente de los ejercicios, a la resolución
de consultas y dificultades, diagnósticos, etcétera".
Son demasiado frecuentes las ocasiones en que la devolución del tutor respecto
de actividades prácticas se limita a una calificación, sin que se tengan en
cuenta las necesidades de quien está solo frente a la información y espera que
aquella persona a quien se ha asignado el rol de orientador contribuya a señalar
aciertos y errores al momento de encarar la tarea.
En muchas ocasiones no existen presentaciones de los tutores al momento de que
el alumno se inscribe en un curso o materia. En otras, la presentación es
formal y estructurada. La mayoría de las veces se espera que sea el alumno el
que, ante la necesidad concreta, recurra al tutor mediante el planteo de la
cuestión a aclarar.
Llegada esta instancia, y salvedad hecha de algunas excepciones, son demasiadas
las respuestas escuetas y cortantes, la elíptica autorreferencial que conduce
al estudiante al punto de partida, la ausencia de remisiones a bibliografía
complementaria, la falta de explicación complementaria, e increíblemente hasta
los silencios, es decir la carencia total de respuesta que bien puede
calificarse como una de las más claras muestras de desprecio por el otro.
Es así como se puede llegar a la indiferencia mutua y la asunción equívoca de
roles.
Gutiérrez Pérez y Prieto Castillo (1999) desprecian el vocablo
"tutor" por el paternalismo que a su entender implica y proponen en su
reemplazo la construcción del "asesor pedagógico", pero coinciden en
teoría respecto de gran parte de su función, quitando la idea de tutela para
reemplazarla por la de acompañamiento de un proceso "para enriquecerlo
desde su experiencia y desde sus conocimientos".
Citando a Holmberg (1990) estos autores destacan como protagonista de ese rol
docente a la empatía, como capacidad del orientador para sentir como suya tanto
la incertidumbre, la ansiedad y la vacilación, como así también la confianza
y el placer intelectual por sus propios logros que vive el estudiante.
La empatía como "capacidad de un individuo
para ponerse en el lugar de otro, captar sus sentimientos, comprender sus
reacciones y contemplar el mundo desde las perspectivas de otra persona"
(Ander Egg, 1997) es una clave entonces para solucionar en parte las fallas
comunicacionales que actualmente presentan muchos sistemas de educación a
distancia.
No se trata de algo que pueden remediar las nuevas tecnologías sino que depende
de la voluntad y la capacidad humana puesta al servicio de la educación, cuya
columna vertebral sigue siendo, con cambios teóricos y matices, la interacción
entre el docente y el aprendiz. Y no puede haber educación, no puede tener
lugar el proceso de enseñanza-aprendizaje, sin el compromiso pleno de parte de
ambos.
La importancia de los materiales es radical en la formación no presencial, pero
la perfección de su diseño, accesibilidad y presentación, no reduce el carácter
imprescindible de la función tutorial que debe contribuir activamente con la
autogestión del aprendizaje que desarrolla el alumno, mediante la crítica
constructiva orientadora, que se revela constantemente superadora, motor de una
espiral ascendente en la construcción del conocimiento personal y colectivo.
Bibliografía
ü Ander Egg, Ezequiel (1997): Diccionario de pedagogía. Magisterio del Río
de la Plata. Buenos Aires.
ü Fainholc, Beatriz (1980): Educación a distancia. Librería del Colegio.
Colección Nueva Pedagogía. Buenos Aires.
ü García Aretio; Lorenzo (2002): La educación a distancia. De la teoría a la
práctica. Ariel Educación. Barcelona.
ü Gutiérrez Pérez, F. y Prieto Castillo, D. (1999): La mediación pedagógica.
Apuntes para una educación a distancia alternativa. Ediciones CICCUS-La Crujía.
Buenos Aires.
ü Holmberg, Börge (1990): La empatía como una característica de la educación
a distancia: teoría y resultados empíricos. Ponencia XV Conferencia Mundial
del ICDE. UNA. Caracas.
ü Padula Perkins, J. E. (2003): Una introducción a la educación a distancia.
Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
Jorge Eduardo Padula Perkins*
*Licenciado en Periodismo y Analista en Medios de Comunicación Social,
Universidad del Salvador.
Realizó cursos de Capacitación Docente, Instituto Universitario de la PFA;
Bases Conceptuales y Modelos Organizativos en Educación a Distancia y La
Producción de un Proyecto de Educación a Distancia, Universidad Nacional de
Mar del Plata; Internet aplicado a la búsqueda de información científica con
fines de estudio e investigación, USAL; Pensamiento lateral (E. De Bono),
Facultad de Psicopedagogía, USAL; Uso de los medios en el aula, CEDIPROE y
taller Los diarios on-line en la escuela, Instituto Programas Santa Clara.
Participó en el I Congreso Internacional de Nuevas Tecnologías y Necesidades
Educativas Especiales, Consejería de Educación y Universidades región de
Murcia, España; las Jornadas de capacitación Reflexiones sobre los aportes de
Internet y otros medios a la educación, IPSC y Fundación Noble; el Primer
Congreso Virtual Integración sin Barreras en el Siglo XXI, Redespecialweb.org;
el Congreso Internacional Virtual de Educación (CIVE 2001 y 2002),
cibereduca.com.
Consultor en comunicación pedagógica para la EAD.
Columnista especializado en temas de EAD en diversos sitios web.
Profesor invitado en la Facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación
Social de la USAL y en la Escuela Nacional de Bibliotecarios de la Biblioteca
Nacional de Argentina.
Miembro activo de la Red de Estudiosos de la Educación a Distancia en el ámbito
Iberoamericano (REEDI) de la Cátedra UNESCO de Educación a Distancia (CUED).
Autor del libro "Una introducción a la educación a distancia", Fondo
de Cultura Económica de Argentina, marzo 2003.
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Publicación enviada por Jorge Eduardo Padula Perkins
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Publicado Thursday 30 de September de 2004
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