Monografias | La importancia individual y social del dineroLa importancia individual y social del dineroResumen: Este trabajo ofrece una síntesis bastante apretada de una serie de temas vinculados con el dinero, la economía y el poder –enfocados todos ellos desde una perspectiva psicoanalítica–, acerca de los cuales vengo investigando desde hace muchos años. Dichos temas los he expuesto in extenso, con fines de divulgación, en mi libro Poderoso caballero es Don Dinero. Indice Generalidades En mis investigaciones he introducido varios conceptos totalmente nuevos,
tanto para los psicoanalistas como para aquellos que no lo son. He tomado los elementos de la teoría psicoanalítica que me resultaban útiles y los he desarrollado, incorporando nuevas ideas y postulados, con lo cual creo haber elaborado una explicación suficientemente convincente, original y útil de los manejos del dinero y el poder, sus interrelaciones y su importancia para la comprensión del psiquismo. Por ser la mía una investigación que se desarrolló en un plano más bien teórico y que prácticamente carece de antecedentes, la bibliografía al respecto es casi inexistente. Sólo cabe mencionar los aportes del fallecido psicoanalista argentino Arnaldo Rascovsky sobre la vida fetal, así como los del psicoanalista de origen húngaro Béla Grunberger sobre el narcisismo, que tienen un punto de contacto con algunas de las ideas que desarrollo. La realidad es que hasta ahora nunca se llegó a comprender en forma cabal la inmensa trascendencia psicológica que el dinero tiene para todo el género humano, la cual es de tal magnitud que, desde mi punto de vista, se podría equiparar a la que posee la sexualidad. Cuando comparo su "trascendencia" me refiero a la influencia decisiva que ambos ejercen como motivadores del comportamiento individual y social. Tanto la sexualidad como el dinero están dotados de profundas raíces afectivas –es decir, emocionales–, cuya explicación última se encuentra en los imperiosos instintos fundamentales que rigen la conducta de cada uno de los seres humanos y de todos ellos colectivamente, como suma de individuos articulados en estructuras sociales. Como psicoanalista pude comprobar, en forma reiterada, que las problemáticas y los conflictos suelen poseer un trasfondo económico –y "dinerario", en particular– que, en algunos casos, puede ser manifiesto y, en otros, bastante difícil de "descubrir", y que tiene su origen en el psiquismo inconsciente. Llegué así a la conclusión de que detrás del manejo del dinero se
encuentra siempre, como componente ineludible, la búsqueda de poder y que ésta
es una necesidad universal y omnipresente. Los instintos y sus funciones El hecho de que el dinero sea quizás la única forma de poder que es posible acumular casi indefinidamente y que crece de manera prácticamente ilimitada hace que el impulso de poseer riquezas se manifieste con preferencia a través del dinero, poniendo en evidencia que detrás de él actúa un verdadero instinto de poder, que puede alcanzar un desarrollo exacerbado y superlativo. Origen del estado de no necesidad Para comprender en qué consiste éste, basta pensar cómo es la existencia del nuevo ser que se desarrolla en el vientre materno. Alojado dentro del útero y protegido por el líquido amniótico, que está contenido dentro de la placenta, el embrión –y luego el feto– se encuentra admirablemente resguardado de las contingencias exteriores habituales más previsibles. Todo el organismo de la madre le sirve de protección. Vive sumergido en una especie de "mar primordial", alimentándose a través del cordón umbilical. Salvo enfermedades, accidentes u otros imprevistos, el nuevo ser no sufre prácticamente ningún tipo de contingencia y se limita a cumplir el proceso de desarrollo, no sólo biológico sino también psíquico incipiente. Mientras tanto, no tiene hambre ni experimenta frío, calor o sufrimientos. Por lo menos durante períodos determinados –cuya ocasión y duración aún no conocemos y que seguramente son muy individuales–, no sufre ninguna necesidad y vive en un estado de placidez total. A partir del nacimiento, el psiquismo humano es dominado por un impulso que lo induce a tratar de recuperar el referido estado, buscando incesantemente lo que constituye y simboliza un verdadero Paraíso Perdido. Esto es, en última instancia, a lo que todo ser humano tiende inconscientemente cada vez que ejerce un acto de poder, especialmente cuando recurre al poder idealizado del dinero, basado en el poder potencial que –para la fantasía– el dinero tiene de hacer posible adquirir todo lo que el individuo necesita o desea. Ese impulso instintivo primigenio y omnipresente que se manifiesta fundamentalmente a través del dinero es lo que he llamado "instinto de poder". ÉÉste, como todos los instintos, es compulsivo; por lo tanto, su impulso no puede eludirse, ni siquiera aunque no produzca placer, o aun cuando genere sufrimiento o displacer. El instinto de poder está al servicio de la fantasía inconsciente, permanentemente activa en todo ser humano, de recuperar el estado psicobiológico de no necesidad total que experimentó antes del nacimiento y cuyo "recuerdo" conserva en el inconsciente. Dentro de la concepción de los instintos que he desarrollado, parto de tres
fundamentales, que son: a) el instinto de autoconservación (o "de
supervivencia"), b) el instinto sexual (o "de conservación de la
especie") y, por último, c) el instinto de poder (o "de
dominio"). Éstos son los principales, de acuerdo con la clasificación que
establecí. Los tres incluyen, como casos particulares, a una extensa gama de
instintos secundarios o parciales, que cumplen con finalidades específicas
dentro del accionar de esos tres instintos básicos. Por lo tanto, todos los actos humanos posteriores al nacimiento son normalmente reafirmaciones de la propia vida, en una lucha constante contra la muerte, con el objeto de recuperar el estado de no necesidad a través del dominio y la conquista de la realidad exterior. Las acciones humanas como actos de poder El poder al que me refiero no es un poder concreto, puntual, orientado a realizar o lograr cosas determinadas, definidas y limitadas. Es el poder (o la capacidad) de "poder hacer". Es un poder abstracto, direccional, que está orientado a obtener cada vez más de lo mismo –más poder–, a alcanzar el objetivo (fantaseado inconscientemente) del Poder Absoluto, para así recobrar el estado originario de no necesidad total. Es el poder que conocemos y ejercemos en la vida cotidiana a través de cualquier acción que realicemos. La energía que está detrás del instinto de poder es algo así como un equivalente de la libido o energía sexual. A aquella energía la llamo "visadergo" (palabra formada a partir de la expresión grecolatina vis ad ergo, que significa "fuerza para la acción", o sea "fuerza impulsora"). 2. Los instintos, el poder y el dinero El origen de los instintos El instinto de poder intenta inmediatamente subsanar esa incómoda sensación de malestar, recurriendo a un mecanismo a la vez biológico y psíquico que tiende a actuar y ejercer algún tipo de dominio sobre el mundo que nos rodea y también sobre nuestro mundo interno. (El mundo exterior incluye tanto a los objetos inertes como a los seres vivos en general y a los humanos en particular.) El objetivo que se logra con ese dominio –que siempre implica cierto grado de agresión, fuerza o violencia– consiste en tratar de obtener la satisfacción de la necesidad de poder, para recuperar el estado de no necesidad. El instinto de poder que describo, que está en la base de los otros dos,
siempre impregna a éstos e interactúa con ellos. Los tres instintos se van
especializando, convergen y divergen, influyen unos sobre otros, comparten
aspectos parciales y, en más de una ocasión, actúan sinérgicamente (es
decir, se aúnan para contribuir a un objetivo común). La censura y el poder El poder se ejerce de muchas maneras. La más antigua y primitiva es la
fuerza, la violencia, que permite apoderarse de bienes necesitados o deseados,
quitándoselos a los más débiles. Pero el dinero hace posible conseguir esas
mismas cosas en forma más o menos pacífica, o sea comprándolas. Creo que sólo los vínculos emocionales interpersonales (el amor, por
ejemplo) quedan al margen de esta posibilidad de ser "comprados",
aunque no se puede afirmar categóricamente que el dinero no pueda influir en
alguna medida también sobre ellos. El individuo se siente más poderoso cuando tiene una cantidad de dinero determinada que si posee un bien que vale ese dinero. Esto se debe a que el dinero es versátil y "metamorfoseable" y le permite –en cualquier momento futuro– comprar cualquier cosa que a él se le ocurra y que pueda conseguir por esa suma. Aunque aparentemente todo bien adquirido con ese dinero "pesa" lo
mismo que el dinero utilizado para pagarlo o intercambiarlo, uno inclina más la
balanza que el otro. Aunque comercialmente ese bien y ese dinero son iguales,
psicológicamente "uno es más igual que el otro", porque cuenta más
(es decir, otorga más sensación de poder) tener el dinero que el bien
correspondiente. Los diversos tipos de poder
De estos cuatro tipos de poder el principal es el instintivo, que está siempre detrás de todos los actos humanos –es decir, del poder concreto y del potencial– pues es el motor o impulsor de éstos con vistas a alcanzar el Poder Absoluto. El dinero en la historia de la cultura Se trataba de utensilios, herramientas, armas, joyas, etc., que –además
del valor propio del material con el que estaban hechos– tenían un valor
agregado por el trabajo que había demandado su fabricación, y cuya durabilidad
permitía intercambiarlos varias veces, pero que de todos modos eran objetos únicos
y poco comparables entre sí. Con el tiempo, se comenzó a utilizar exclusivamente un dinero-mercancía no
perecedero de forma y peso preestablecidos que tenía mayor valor que su mera
composición, porque agregaba a ésta la garantía de calidad y peso que le daba
su emisor. Los niños adjudican distintos valores a cada uno de estos elementos, según su tamaño, material o forma, pero principalmente por la dificultad para de obtenerlos. De esta manera pueden emplearlos en forma similar al dinero, con la diferencia de que dichos valores los establece el propio grupo que circunstancialmente usa dichos elementos como "moneda" para sus juegos. Los instintos y sus componentes de poder En consecuencia, "disimular" y encubrir el ejercicio permanente del
poder es un objetivo que el psiquismo de todo ser humano "se plantea"
constantemente en el nivel inconsciente. Esta actitud individual –que, al
repetirse en todas las personas, se convierte en colectiva– se cumple mediante
la adopción de nuevas formas de encubrimiento, que en cuanto se refieren a los
usos del dinero sirven para alejarse cada vez más de las raíces que éste
tiene en el psiquismo humano, con lo cual se hace cada vez más difícil
percibir y hacer conscientes esas raíces y resulta más eficaz la censura. En la larga evolución histórica que sufrió el dinero hasta llegar al sofisticado papel moneda actual, a los cheques y las órdenes de pago, e incluso al "dinero plástico o electrónico", se le fueron incorporando características que lo hacían cada vez más confiable. El objetivo declarado y declamado fue siempre evitar falsificaciones o maniobras dolosas (por ejemplo, reducir la cantidad establecida de oro o plata amonedados), así como disminuir el riesgo de sufrir pérdidas, robos o estafas. En el fondo se procuraba así una mejor conservación del poder representado por el dinero, con lo cual se lograba un objetivo psicológico fundamental: disminuir la angustia producida por el permanente temor a perder, en todo o en parte, la carga de poder que el dinero contiene y simboliza. Este temor se origina en que –como la posesión de todo tipo de bienes y de dinero en particular implica privar a los demás de esos bienes– todo individuo teme, por lo menos inconscientemente, ser víctima de lo mismo que él fantasea con hacer víctima a los demás. Es decir, teme ser despojado, a su vez, por los demás y entonces perder su dinero, que es la manifestación más explícita y –para él– convincente de su poder. De modo que el desarrollo y la complejización del dinero tiende a satisfacer esos objetivos psicológicos fundamentales de encubrimiento. Comúnmente se sostiene que la necesidad y el deseo de acumular riquezas y dinero se debe ante todo a la búsqueda de seguridad. El comentario más habitual es que, si se dispone de dinero suficiente, se está a cubierto de riesgos e imprevistos que el dinero permite solucionar, lo cual se relaciona con el Poder Absoluto y con el estado de no necesidad total. El encubrimiento de los fines del dinero Obviamente, el impulso de acumular compulsivamente riquezas –y, en particular, dinero– se ejerce en forma notoria o evidente sólo a partir del momento en que se han satisfecho las necesidades de sustento más elementales. Históricamente –desde los mandamientos de los profetas bíblicos hasta el Derecho Canónico–, todos aquellos que expusieron sus ideas y teorizaron acerca del dinero siempre buscaron legitimar y aun "sacralizar" su uso, en todas sus formas. Condenaron la usura, la avaricia y la codicia, y pregonaron que el dinero debía utilizarse para "el bien", a la vez que trataban de explicar el origen de su poder. Para ello consideraban que el dinero era un don divino o un emergente de la tierra, un equivalente o un producto del trabajo, etc. Esto no significaba que optaran por una distribución más equitativa ya que, según el Antiguo Testamento, los profetas podían disponer de inmensos rebaños y gran cantidad de tierra de pastoreo, cumpliendo obviamente –para sí mismos– con el mandato del instinto de poder. En cuanto a la relación entre el dinero y el poder, el idioma castellano nos revela que existe cierto grado mínimo de conciencia acerca de la carga de poder que el dinero posee, tal como lo evidencian las palabras "pudiente" y "potentado", en las que la noción de riqueza se expresa fusionada con el concepto de poder. Asimismo, en castellano contamos, entre otras muestras notables, con el famoso poema satírico "Poderoso caballero es Don Dinero", de Quevedo. El equilibrio psicobiológico Por ese motivo necesidad y displacer son equivalentes. De esto se desprende que la carencia de tensiones puede ser vivenciada como ausencia de displacer, o, dicho en forma positiva, como puro placer. Dado que toda la existencia del ser humano es un constante intento de eliminar el displacer y todas las energías instintivas están puestas al servicio de ese logro, se puede inferir que cada acto que consigue eliminar algo penoso es sentido como un acto de poder, de modo que la sensación de máximo poder que tiene un ser humano se produce cuando "percibe" que no necesita nada. Esto explica que otros elementos sustitutivos del dinero, como las drogas y
la televisión, se mantengan vigentes como sucedáneos del instinto de poder en
la búsqueda del estado de no necesidad total. Sucede que tanto la droga como
otros recursos alternativos producen, en forma rápida aunque sólo momentáneamente
satisfactoria para el individuo, la ilusión de haber alcanzado algo semejante a
ese estado intrauterino de no necesidad tan buscado La "torta del poder" La torta del poder ya está cortada y repartida entre todos los comensales, es decir, entre todo el género humano; es por eso que, cuando alguien aumenta su propia porción, debe privar de una parte a otros. Esto es válido no sólo cuando la apropiación se ejerce mediante la violencia o ciertas argucias, sino también cuando se la realiza mediante el dinero, cuyo uso incluye siempre una cierta dosis de agresión. Gracias al trabajo humano, a la técnica y –sobre todo– al empleo del dinero en la economía, resulta posible la creación constante de nuevos bienes y riquezas. Aunque en la práctica no se distribuyen en forma equitativa entre quienes los producen, dichos bienes y riquezas no necesariamente se obtienen mediante el despojo de los demás, aunque las más de las veces eso sea lo que ha venido sucediendo a lo largo de la historia de la humanidad. Manifestación, fusión y represión de los instintos En cambio, en el caso del instinto sexual es notoria la existencia de un período
refractario durante el cual no se producen nuevas excitaciones o tensiones.
Dicho período es, en ese caso, generalmente mayor que en el instinto de
autoconservación, mientras que no existe en el caso del instinto de poder. Por ejemplo, uno come carne, pero son otros los que ejercen el acto violento de matar al animal; en realidad, uno ejerce la violencia indirectamente, a través del dinero, con el cual paga a otros que la ejercen en forma directa. Mencionando otras combinaciones posibles, habría que decir que los instintos de autoconservación y sexual también se fusionan en muchas ocasiones. Esto es lo que sucede, por ejemplo, en aquellos casos en que se puede hablar de la "función erótica" de la comida. Finalmente, los tres instintos se fusionan para tratar de concretar la fantasía inconsciente de recuperar el estado de no necesidad total. De modo que se podría decir que la búsqueda de ese estado es, en última instancia, el objetivo final de los tres instintos fundamentales. A este estado de no necesidad total hacia el que se tiende lo llamo "MuktiMukti", palabra sánscrita que significa "estado de bienaventuranza en el cual no existen el deseo, la necesidad y el sufrimiento". Cada uno de los instintos contribuye a la fantasía de alcanzar este estado final mediante su respectivo objetivo último o final. El del instinto de poder es, como ya dije, el Poder Absoluto. Por su parte, el instinto de autoconservación tiene un objetivo final conocido –aunque bastante olvidado en la actual civilización occidental–: la Inmortalidad. De allí surge la importancia que la creencia en la "vida eterna" tiene para todas las religiones. Por supuesto, el instinto sexual también tiene un objetivo final propio: la
fantasía inconsciente de la procreación ilimitada, que 3. El estado de no necesidad y el dinero La no necesidad total y la Mukti La diferencia fundamental es que el estado de no necesidad total existió alguna vez y dejó una huella indeleble en el inconsciente. En cambio, la Mukti es una entelequia perseguida incesantemente por el psiquismo, a partir de la fantasía inconsciente de recuperar aquel estado originario de bienestar perdido. Es muy importante dejar aclarada esa sutil diferencia conceptual: la Mukti no
es aquel estado originario que se recuerda, pero sí es el que la fantasía
inconsciente trata de recuperar, de reconstruir, paso a paso, recurriendo a
todas las variantes del poder, incluso la droga, la religión, la mística, etc. Siempre se puede esclarecer la vinculación entre los síntomas actuales del individuo, el estado de no necesidad primigenio y la búsqueda de los sucesivos objetivos parciales, con lo cual se pueden comprender mucho mejor los motivos de las decisiones que dichos objetivos han implicado generado a lo largo de la vida transcurrida, produciendo la identidad actual del individuo. Los síntomas displacenteros siempre existen y seguramente cualquier persona confirmará que no está satisfecha acerca de cómo transcurrió su vida, por más que en el momento presente se sienta feliz y "realizada". Admitirá haber sufrido multitud de fracasos y frustraciones que habría querido evitar, y siempre lamentará no haber hecho las cosas de otra manera y mejor. La búsqueda de la Mukti es ineludiblemente esquiva, engañosa y frustrante; por lo tanto, el psiquismo humano –que no tiene conciencia de ella pero que sufre su acoso y su atracción– es necesariamente inconformista. La compulsión a la repetición El habitual fenómeno psíquico de la compulsión a repetir los mismos actos, y a reiterar insistentemente actitudes y elecciones sin saber por qué lo hace, se produce porque el individuo no tiene conciencia del impulso que lo fuerza a seguir hacia adelante ni del objetivo final al que tiende ese impulso. En cambio, si toma conciencia de su objetivo final (la Mukti), puede aceptar con más facilidad tanto sus fracasos como la propia dirección adoptada para su recorrido (pues, en realidad, ningún camino permite alcanzar la Mukti). Podrá entonces seguir otra vía menos angustiante y más útil para sí mismo e incluso para la sociedad. El estado de no necesidad, el narcisismo y el Destino Éste caracteriza una etapa esencial del psiquismo prenatal, en la que el yo incipiente aún no ha perdido su carácter eminentemente biológico, pues todavía no se enfrentó con una realidad exterior a sí mismo, la del no yo. Mientras el individuo por nacer se hallaba en ese estado de no necesidad total, su yo incipiente tenía la sensación de estar ejerciendo un poder que le permitía asegurarse ese estado. Al nacer –y quizás aun antes–, el individuo percibe que ha perdido repentinamente ese poder y automáticamente se comienza a desarrollar el instinto de poder que tiene como objetivo devolverlo a ese estado primigenio. Los esfuerzos por obtener el Poder Absoluto (lo cual equivale, en última instancia, a alcanzar la Mukti) se realizan a lo largo de un camino interminable y lleno de obstáculos y, por lo tanto, se traducen en éxitos y fracasos, que, respectivamente, producen satisfacción (placer) o frustración (displacer, dolor, sufrimiento). Y esto es relacionado por el psiquismo con lo que se suele llamar "suerte" o Destino. El Destino es sentido por el individuo como algo antropomórfico; el psiquismo actúa como si existiera una entidad exterior (la Providencia, el Destino, Dios, el "yo ideal", etc.) que le brinda o no, según el caso, una dosis de afecto que puede ayudarlo en su objetivo instintivo. Los afectos del individuo se proyectan para recibir una respuesta, una "devolución" o un premio, de modo que la persona pueda orientar sus actos y conductas a lo largo del camino de su vida. El Destino es el presunto receptor inicial de los afectos del individuo, y en retribución brinda seguridad y otorga premios y castigos. Es por eso que personifica a la suerte y el éxito, e incluso a la fatalidad. Economía y poder Ahora, en pleno camino hacia la Mukti, el individuo teme perder la relativa
seguridad que haya llegado a alcanzar, como parte del camino recorrido hacia su
objetivo final, acerca del cual no tiene conciencia pero que no por eso es menos
acuciante. Aparte de la economía, hay otros escenarios alternativos y estrechamente relacionados con la obtención de formas elaboradas o "sofisticadas" de poder. Por su importancia cabe mencionar la política y la guerra, así como la adquisición de conocimientos y de habilidades prácticas (deportivas, por ejemplo). La magia del dinero en la cultura Objetivamente, el dinero "transforma" una cosa en otra sin modificarse a sí mismo; en este sentido es que cumple la función de catalizador, pues permite realizar el proceso y, al finalizar éste, esa cantidad de dinero –que ha pasado a manos de otro– está disponible nuevamente para volver a utilizarse en nuevas transacciones, incólume y sin haber sufrido desgaste alguno. Si hipotéticamente el dinero tal como lo conocemos fuera suprimido, se crearían con rapidez, y de manera espontánea, nuevas formas de dinero, seguramente siguiendo los lineamientos históricos conocidos. Esto se debe a que el dinero es algo así como una prolongación o extensión del psiquismo, a través de la cual se ejerce el instinto de poder. Es una prolongación en el mismo sentido en que un martillo, por ejemplo, es una extensión del brazo y del puño, y su principal función es concretar o intensificar una acción. Puede decirse que, así como el martillo (o cualquier otra herramienta) constituye una prótesis del cuerpo, el dinero representa una prótesis del psiquismo. Ambos instrumentos permiten mejorar y suplementar funciones propias del ser humano. En el caso del dinero, éste permite que el instinto de poder actúe sobre la realidad exterior, pasando del campo de los deseos fantaseados al mundo de la acción concreta, tanto sobre la naturaleza –que entonces se convierte en un objetivo de la cultura– como sobre la sociedad, que es la manifestación de la cultura por antonomasia. La principal propiedad psicológica del dinero consiste en transferir poder de una persona a otra. Al finalizar su empleo a lo largo de una extensa serie de transacciones comerciales, el dinero permanece inalterado y todos los participantes han satisfecho sus necesidades parciales de poder, mientras el dinero permanece como un mero testigo. Muchas veces me pregunté quién sería el ser humano más poderoso del mundo y me respondí que sería aquel que tuviera el mayor patrimonio individual. Posteriormente tomé conciencia de que el poder no se sustenta sólo en la posesión del dinero sino, sobre todo, en la capacidad de actuar sobre el dinero para adoptar resoluciones que modifiquen en mayor grado a la sociedad y su cultura. 1. El valor numérico del dinero 1. El valor numérico del dinero En la práctica, el uso del dinero como sistema de medida comercial implica, por parte del usuario, por el mero hecho de utilizarlo, la aceptación de un contrato implícito (llamado "contrato de adhesión" en la jerga legal), que no se puede transgredir sin cometer un acto punible. Por dicho contrato el usuario acepta las condiciones establecidas por el emisor para las piezas monetarias o los billetes (tamaño, "ley" metálica, valor numérico impreso, etc.) y no las debe modificar o adulterar. El valor podérico del dinero, en general Concretamente, en el nivel inconsciente, el psiquismo le atribuye al dinero un contenido de poder. En efecto, el dinero es la más auténtica y eficaz expresión del instinto de poder, tanto instintivo como concreto y potencial, que permite ir en pos de la fantasía inconsciente del Poder Absoluto. Por eso es necesario referirse al "valor podérico" del dinero, en general. Es oportuno recordar que el poder puede ser concreto o potencial, y que también es siempre –por supuesto– esencialmente instintivo. Esta clasificación me lleva a profundizar en los tipos de valor del dinero, continuando con su enumeración. Por lo que acabo de decir, el valor podérico general se subdivide en dos. El primero es el "valor podérico adquisitivo", que se relaciona tanto con el poder concreto como con el poder potencial del dinero, es decir, se refiere a lo que habitualmente se conoce como "poder adquisitivo" –concreto o potencial–, del dinero. El segundo es el "valor podérico instintivo". 2. El valor podérico adquisitivo del dinero Si bien el valor numérico es fijado por la autoridad monetaria, el valor podérico adquisitivo (o sea el precio de las cosas) es fijado por los mercados, mediante un complejo sistema de consenso gradual que deriva en un aceptable equilibrio. Esto sucede tanto cuando se compra algo (recurriendo al valor podérico
concreto del dinero), como cuando se guarda el dinero para utilizarlo en la
ocasión en que se quiera o decida hacerlo (en cuyo caso el dinero tiene un
valor podérico potencial). Ambos casos están incluidos en el valor podérico
adquisitivo. 3. El valor podérico instintivo del dinero En este sentido, el valor podérico instintivo atribuido al dinero es más
subjetivo y personal que los dos anteriores, y carece prácticamente de
contenido cuantitativo. Por lo tanto, al carecer de un contenido cuantitativo estricto, el valor podérico instintivo del dinero no es algo objetivo; por el contrario, es eminentemente subjetivo, ya que tiene su origen en el inconsciente, está cargado de un fuerte contenido emocional y posee características sumamente personales. 4. El valor simbólico del dinero En síntesis, lo que se valora simbólicamente en el dinero no es el dinero como tal sino lo que él representa para la autoestima de su poseedor. Cuando al ganador de un torneo deportivo profesional se le entrega un objeto como trofeo (una medalla o una copa, cuyo valor es simbólico) se lo suele acompañar con un premio en dinero. Este es un buen ejemplo de cómo la sociedad suele reconocer y diferenciar los distintos valores del dinero. 5. El valor psicónico del dinero Para referirme al psicón mediante un símbolo análogo al "signo pesos", utilizo la letra griega "psi", que tiene la forma de un tridente, y le agrego una segunda línea vertical. Defino el valor psicónico (o valor en psicones) como el valor subjetivo –y, por lo tanto, afectivo– que cada individuo le asigna al dinero en función de cada momento de su vida y del uso económico que hace o piensa hacer de una cantidad determinada de ese dinero en el preciso momento en que se plantea la posibilidad de realizar una transacción determinada, que es de carácter concreto y objetivo. El valor psicónico, que se le asigna al dinero en ese instante, es de un contenido totalmente afectivo y refleja el estado del psiquismo frente a esa transacción; por lo tanto, es de carácter totalmente subjetivo. En el caso del valor psicónico, el afecto que se pone en juego se refiere a una situación concreta planteada a raíz de una posible transacción comercial (fantaseada o real) en la que está en juego una cantidad determinada de dinero, con sus correspondientes valores numérico y podérico adquisitivo. En este valor psicónico se integran los valores (instintivo y simbólico), cuyo contenido es también de carácter afectivo. Por decirlo de otra manera: a partir del valor numérico del dinero, que es
totalmente objetivo, al ascender en la escala de los distintos valores del
dinero cada valor siguiente resulta más subjetivo que el anterior, hasta llegar
al último –el valor psicónico–, que es totalmente subjetivo. Así como va
aumentando éste, también aumenta al contenido afectivo, que incorpora un
contenido subjetivo creciente al carácter objetivo del dinero tal como se lo
utiliza en economía. Resumen de los cinco valores
5. El dinero y el PSICÓNpsicón Usos objetivos y usos psicónicos del dinero Además, como acabo de decir, este valor –que es producto de la mutable
actividad psíquica–, también varía sin cesar, y por lo tanto es precario e
inestable, es decir, constituye un valor dinámico. Naturalmente, el dinero utilizado en una transacción comercial puede considerarse desde dos puntos de vista: el de quien debe entregarlo o desprenderse de él, y el de quien debe recibirlo. Pero en ambas situaciones, y frente a la utilización o a la mera posibilidad de disponer de un dinero, cada individuo tiene una valoración afectiva de ese dinero que varía con la velocidad del pensamiento. El psicón también desempeña un papel importante en la determinación de
los precios por parte de la sociedad, en la cual los individuos contribuyen
–en mayor o menor medida– a una valoración común y socialmente compartida
del dinero y su poder adquisitivo. Evaluación del concepto de psicón O sea: la valoración autorreferencial en psicones del dinero gastado o por gastar es, en determinado instante presente, a la vez producto del pasado, de ese presente y de las expectativas y consideraciones relacionadas con el futuro. Aunque en una situación transaccional siempre hay dos partes (si uno compra hay otro que vende), ); siempre existe una "negociación" interna" previa, en la que entran en juego los psicones. Ésta tiene lugar con gran velocidad y, en su mayor proporción, se desarrolla en el inconsciente de cada una de las partes. Funcionamiento del psicón Origen psicológico del dinero Esa carga afectiva que es el psicón la utiliza el psiquismo humano para actuar sobre la "realidad" exterior u objetiva. De esta manera trata de recuperar, mediante la adquisición de objetos, su condición primigenia, perdida definitivamente al nacer: el estado de no necesidad total o Paraíso Perdido, situación en la que tenía todo lo que necesitaba. La búsqueda de este estado perdido se centra en la obtención de objetos, que están cargados de afecto y permiten satisfacer parcialmente las necesidades, produciéndose una ilusión de aproximarse a ese estado recreado que es la Mukti. Esta búsqueda de la no necesidad, la tranquilidad, la seguridad, la protección, el afecto proveniente del exterior y –sobre todo– el poder a través de la posesión de objetos coincide, en la historia evolutiva del individuo, con lo que en psicoanálisis se llama etapa objetal, que viene a continuación de la etapa anobjetal, característica esta última de algún momento de la vida intrauterina. Es en esta ocasión cuando comienzan, para el individuo, la necesidad y la posibilidad de incorporar a su psiquismo la existencia concreta del dinero. A partir del nacimiento, el no yo comienza a definirse y a volverse más complejo, por el contacto que el yo establece con los objetos de la realidad exterior. Es entonces cuando el individuo comienza a descubrir que existen ciertos objetos que el yo puede controlar y manejar, y mediante los cuales puede posteriormente influir –es decir, ejercer su poder– sobre otros objetos o personas. El primero de ellos es la materia fecal, que el niño produce y
"ofrenda" a su madre, recibiendo a cambio el reconocimiento afectivo
de ésta, principalmente bajo la forma de una satisfacción de necesidades del
niño, tanto biológicas como afectivas. 6. Psicología, economía, sociología y política La ontogenia y la filogenia La ontogenia continúa imitando a la filogenia incluso después del nacimiento (por ejemplo, el niño primero gatea y luego adopta la postura erecta, y también va reemplazando el olfato por la vista como sentido predominante). Considero que, en el campo de la evolución del psiquismo humano, las características de cada individuo, impresas en su psiquismo, determinan y explican las características culturales, sociales y políticas del conjunto de los hombres, o sea, de la especie humana. Por lo tanto, no puedo resistirme a la tentación de decir que, en el campo del psiquismo humano, "la filogenia (de la sociedad) imita a la ontogenia (psíquica del individuo)". Aunque esta frase sólo es aproximadamente correcta, al relacionar las palabras "filogenia" y "ontogenia" con el psiquismo las uso en un sentido menos restringido que en biología. La "ontogenia" se refiere, así, al desarrollo psíquico del individuo desde la vida intrauterina hasta la madurez, y la "filogenia" abarca el desarrollo social desde la prehistoria de la humanidad –y, por lo tanto, de la sociedad– hasta nuestros días. Por eso, creo que es mejor decir que "la sociogenia imita a la psicogenia". Y en este caso, como lo he dicho, el adagio es prácticamente el inverso del que se utiliza en el campo de la biología. Por lo pronto, el punto de partida es análogo: el Paraíso Terrenal y el estado de no necesidad. Luego vienen la expulsión del Paraíso y el nacimiento, respectivamente, seguidos en ambos casos por la incesante búsqueda del estado paradisíaco perdido, con todas sus consecuencias: la lucha por la vida y el poder, y las formas superiores de desarrollo económico, social y político. Por supuesto, en toda actividad o movimiento de grupos humanos están representados –en una especie de "promedio social, político y cultural"– los pensamientos y las tendencias instintivas y afectivas de todos los individuos que integran esos grupos. La influencia de los instintos en la cultura El mundo familiar, e incluso el social –tanto en escala reducida (familiar y local) como en el nivel de grandes grupos y naciones–, se ha ido estructurando "a imagen y semejanza" del mundo psíquico individual. Esto sucede particularmente en cuanto se refiere al instinto de poder, que se manifiesta en todos los niveles y es más ostensible cuando los seres humanos se agrupan para ejercerlo a través de la economía, la política y, sobre todo, las guerras. La neurosis de la economía Las nuevas formas y estructuras socioeconómicas aumentan constantemente en complejidad. Frente a ellas, el psiquismo debe adaptarse, creando defensas; cuando no lo logra, el resultado es la enfermedad, que no se limita al ámbito de lo individual, sino que se extiende a lo social y político. Esta situación genera un creciente sentimiento de frustración y desprotección, cuyo origen casi nunca es plenamente consciente. La actual economía mundial puede considerarse como un enfermo de neurosis. Un neurótico se caracteriza por no saber cuál es la razón debido a la cual le ocurren ciertas cosas que lo hacen sentirse infeliz. Tiene la vaga sensación de que actúa guiado por un impulso y de que hay algo que lo induce intensa, imperiosa e inevitablemente a proceder como lo hace. Se trata de un impulso interno e inexplicable, que la persona quisiera
controlar pero no puede, porque al ignorar su origen y sus causas no sabe cómo
hacerlo. Por eso se fabrica explicaciones racionales que le proporcionan un
marco de coherencia y cierta tranquilidad. Trata de justificar que todo
"está bien", pero en el fondo siente que no es así y que, en algún
momento, la situación hará crisis y todo su sistema de vida, laboriosamente
edificado, se derrumbará. Consideraciones sobre algunas propuestas de cambio social Lo que en su época Marx no sabía y sus seguidores ignoraban –y continúan ignorando– es que el estado de enfermedad que padece el sistema económico capitalista tiene todas las características de una neurosis, la cual también se puede atribuir a países o a determinados sectores o grupos sociales, pues es el reflejo de la neurosis inherente a todos y cada uno de los seres humanos. Además, el marxismo siempre desconoció que la tendencia psíquica al enriquecimiento por encima de las necesidades básicas lleva y llevará siempre, inevitablemente, a distorsionar los métodos de redistribución de esa riqueza propuestos por los teóricos de la "igualdad social a ultranza" y del socialismo. En la Antigüedad, ya Platón y Aristóteles proponían sociedades relativamente más justas y equitativas, pero al hacerlo suponían que podía existir una clase dirigente exenta de ambiciones personales. Sin embargo, ni ellos ni los teóricos posteriores se plantearon jamás cómo llegar a contar con esa clase de dirigentes políticos provistos de normas éticas y carentes de ambiciones personales y comportamientos neuróticos del tipo descripto. Es decir, nunca explicaron convincentemente de qué manera resultaría posible liberarlos de la natural tendencia del ser humano a acumular riquezas y lucrar con ellas, como una manera de adquirir cada vez más poder y de tratar de recuperar el estado de no necesidad total característico de la vida prenatal. La ética puritana protestante preconizaba que el trabajo metódico era el deber fundamental de la vida, y que la restricción de los gastos (es decir, el ahorro) era una forma de ascetismo a través de la cual se glorificaba a Dios. Esta justificación religiosa del principal objetivo del capitalismo, que fue puesta en evidencia y estudiada por el notable economista y sociólogo Max Weber (1864-1920), muestra cómo, para eludir la censura psíquica individual y, a la vez, la censura social, el ser humano busca motivaciones tranquilizadoras o aplacatorias que le permiten eliminar –o, por lo menos, reducir– el sentimiento de culpa. La delegación del poder individual Detrás de todas estas agrupaciones actúa el poder en forma organizada, que es mucho más que la suma del poder de cada una de ellas: es una forma de poder nueva y superior, un poder social y colectivo. En él, los poderes de cada individuo se apuntalan unos a otros, constituyendo una especie de "entramado autosustentado". En el caso del líder, el dirigente político, el tirano paternalista, etc., el individuo se identifica con él como una forma de sentirse partícipe del poder que percibe, considera o fantasea que el otro tiene. Le adjudica lo que él mismo no puede alcanzar ni ejercer, lo que –para él– es su yo ideal. Se produce así, muchas veces, un "desvío" de los objetivos conscientes altamente valorados por el individuo hacia objetivos compatibles con sus posibilidades reales y concretas, es decir, limitadas. Este desvío es producto del hecho de que, en su búsqueda del Poder Absoluto, el inconsciente no tiene reparos morales de ningún tipo. En consecuencia, puede llegar a aprobar e idealizar transgresiones que otros realizan y con las cuales el individuo se identifica, aunque su superyó las repruebe. Los líderes les dejan explícitamente manejar a sus subordinados una fracción determinada del poder que poseen. Crean así en ellos la ilusión de que esa porción de poder que los subordinados reciben es decisiva para el desarrollo o la "supervivencia" de toda la estructura de poder. De esta manera, quienes en realidad delegan la mayor parte de su poder personal en los líderes se sienten narcisísticamente dueños de un poder mucho mayor del que realmente conservan. En general, el individuo común y corriente no tiene a quien reclamar ni ante quien protestar; en la práctica los responsables no existen y las organizaciones son una especie de ente "sin rostro", invulnerables para los sojuzgados, salvo para quienes conspiran contra ellas. Mi Ppropuesta para un cambio social Creo que la búsqueda y adquisición de conocimientos puesta al servicio del "bien común" podría tener un papel fundamental en este cambio. Adecuadamente estimuladas, reconocidas y dirigidas por la sociedad, tales actividades permitirían ejercer satisfactoriamente el instinto de poder, acumulando poder en forma de méritos, reconocimientos, premios y, principalmente, prestigio. De esta manera, el uso del dinero y de otras formas de poder concreto que dependen de él perdería su carácter hipertrofiado y el dinero quedaría limitado a su función imprescindible. La principal característica del conocimiento (y por la que se diferencia esencialmente del dinero) es que se puede orientar hacia la satisfacción de necesidades altruistas –"espirituales", intelectuales y prácticas– tanto de quien lo posee o adquiere como de la sociedad, a la que beneficia. Esto es así porque, aunque el conocimiento, como toda actividad humana, es una manifestación del instinto de poder, puede convertirse en una sublimación de éste con más facilidad que otras manifestaciones, la principal de las cuales es el dinero. Una primera ventaja del conocimiento –insólita, por lo demás–, es que cada persona que lo posee puede compartirlo con otros, sin que pierda por ello su carga de poder. Es decir, el conocimiento conserva las características del instinto de poder pero disminuye su intensidad narcisística. Algo semejante es impensable en el caso del dinero. Además, el conocimiento puede crecer en forma exponencial y otorga una sensación de poder cada vez mayor a quienes lo poseen, incluso si lo comparten, aunque eso no significa en modo alguno que no subsistan las competencias y rivalidades inherentes al psiquismo humano. Otra ventaja muy importante del conocimiento es que, contrariamente a lo que sucede con el dinero, para obtenerlo no es necesario despojar a nadie de ese mismo conocimiento, precisamente porque se lo puede compartir. Es más, cada aporte para incrementar ese conocimiento tiende a unir, antes que a distanciar, a quienes participan de su búsqueda, tendiendo a formar una especie de "equipo universal". Por todo ello, la "adquisición" de conocimientos no produciría habitualmente sentimientos de culpa ni haría al individuo proclive a generar neurosis de poder. Esta posibilidad habría sido impensable antes del advenimiento de las comunicaciones casi instantáneas posibilitadas por Internet. Para llevar a la práctica estas ideas se debería comenzar por convocar a psicólogos, sociólogos, educadores, trabajadores sociales, profesionales competentes de cualquier especialidad y personas con la cultura y la aptitud necesarias para integrar grupos de trabajo dedicados a la formación de "facilitadores" adecuadamente guiados. Admito que se trataría de una tarea ardua y de largo aliento, de una auténtica utopía cuya concreción exitosa –si es que puede lograrse algún día– quizá demande varias generaciones. Que esa utopía puede llegar a concretarse lo muestra lo sucedido con las ideas fundamentales del psicoanálisis. Éstas, después de más de un siglo de presentadas por Freud, se han incorporado –bien o mal comprendidas y aplicadas– al patrimonio cultural de la humanidad y ejercen una considerable influencia sobre la civilización actual. Todo aquel que actúe siguiendo las pautas que se desprenden de mi concepción debería, ante todo, tener clara conciencia de que su actuación no está necesariamente libre de neurosis de poder y, en particular, de neurosis dineraria. Posibilidades de desarrollo de mis ideas Me atrevería a afirmar que el concepto de "ciclos prenatales de necesidad y no necesidad", que estoy continúo desarrollando, permitirá explicar quizás el origen de la esquizofrenia y de otras enfermedades mentales, dentro del marco de una nueva disciplina a la que llamo "biopsicología prenatal", dedicada a estudiar el psiquismo a partir de sus raíces biológicas prenatales. A partir de mis ideas se pueden estudiar las tendencias del ser humano basadas en los afectos, y así comprender el motivo de actos que parecen tan "normales" que no merecen mayor atención. Aplicando mis ideas a la economía, me planteo crear una nueva disciplina que llamo "psiconomía", la cual se ocuparía de analizar y profundizar los mecanismos psíquicos relacionados con el poder y el dinero en el nivel tanto individual como colectivo, es decir, en sus manifestaciones y aplicaciones al psiquismo de cada ser humano y simultáneamente a la realidad económica, social y política. El estudio de la psiconomía implica ahondar en la idea, que ya expliqué y
desarrollé someramente, de que existe cierto paralelismo entre la psicogenia y
la sociogenia, en el sentido de que ésta remeda a aquélla, es decir, que la
realidad económica y social imita a la realidad psíquica, o –como se podría
decir– que la "socionomía" (economía más sociología) reproduce
la "psiconomía."
Trabajo enviado por: albertochab@sinectis.com.ar Miñones 2060 (CP 1428) Cap. Tel. (5411) 4787-0776 Fax (5411) 4783-4194 Publicación enviada por Alberto Chab Tarab Contactar mailto:albertochab@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EpZAEFZkEVoczOPOJU Publicado Friday 12 de March de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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