Monografias | Los desaprendizajes del terrorismo de Estado memorias, desmemorias y triunfos del proyecto educativo autoritario de 1976 a 1978Los desaprendizajes del terrorismo de Estado memorias, desmemorias y triunfos del proyecto educativo autoritario de 1976 a 1978Resumen: Introducción. Interrogantes, y ejes articuladores del trabajo. El marco histórico general. Periplos hacia el terror: Populismo, desarrollismo y autoritarismo. Ser joven y adolescente antes del Proceso: del las resistencias del ´60 a la ofensiva de los ´70. La idea del "adolescente y joven" del proyecto educativo autoritario mentado por el Proceso de Reorganización Nacional, de 1976-1978. Testimonio: estudiar en el Nacional Buenos Aires en los Años de plomo. Cómo se veía un adolescente a sí mismo. Indice 1. Introducción. Interrogantes, y ejes articuladores del
trabajo. ¿Qué cambios se dieron en las concepciones hegemónicas sobre los sujetos
sociales entendidos como "jóvenes adolescentes" destinatarios de la
educación media en la Argentina posterior a 1976, por parte de los que
elaboraron el proyecto autoritario del período más oscuro de la historia
argentina, el bienio 1976-1978 y cómo recibieron esos jóvenes la propuesta
dictatorial? ¿Qué tanto se articulan estas transformaciones con las teorías y
concepciones pedagógicas de las elites intelectuales y civiles que apoyaron a
las fuerzas militares que usurparon el ejercicio del poder en esa época y que
pretendieron reorganizar la educación en función del proyecto represivo? ¿En
qué medida este conjunto de teorías y necesidades políticas derivadas del
disciplinamiento social anhelado por los estrategas Proceso de Reorganización
Nacional, se tradujeron en prácticas y discursos de enseñanza/aprendizaje
autoritarios en dentro de las aulas en la enseñanza juvenil? Por último, ¿qué
consecuencias tuvieron esas concepciones y estas prácticas en las relaciones
dadas dentro del aula, en esa manifestación de micropoder que es el vínculo de
los alumnos con sus docentes en términos de democratización de la enseñanza,
luego de la represión? Las interrogantes siguen la secuencia bajo cuyo ordenamiento quiere darse con
este trabajo un abordaje histórico para responderles, acudiendo a los
investigadores de diversas disciplinas especializados en el período y el
entrecruzamiento de discursos de sujetos que vivieron en esos días en su
calidad de alumnos, apelando a registros de los protagonistas del período
inmediatamente anterior y a otros adolescentes durante el 76-78. En efecto, una vez que sea situado y caracterizado en sus términos históricos
más generales el denominado por sus mentores "proceso de reorganización
nacional", se pondrán de relieve: Las principales identidades elaboradas con los significantes ´juventud´ y
´adolescencia´ a la sazón empleados en los proyectos pedagógicos que
anteceden al golpe militar; su resignificación y usos por los militares y
funcionarios que mentaron el proyecto educativo autoritario del Proceso de
Reorganización Nacional La traducción de este proyecto en rituales, prácticas, hábitos coherentes
con este terrorismo de Estado entre docentes y en la relación docente/alumno.
Se atenderá, bajo los apartados correspondientes a este eje, el tipo de
participación civil, política y cultural aceptados como legítimos por las
dirigencias políticas y militares según el sujeto configurado en el imaginario
subyacente en construcción de cada discurso pedagógico e instituido en sus políticas
educativas que se anticiparon y las que se consagraron en el Golpe de Estado de
1976; también, los contrastes y resistencias presentados por las prácticas
reales en las escuelas, acudiendo a testimonios presentados en la bibliografía
y otros registros orales obtenidos mediante entrevistas, destacando la
experiencia de un caso del Colegio Nacional Buenos Aires. 2. El marco histórico general. La crisis y las transformaciones de los regímenes políticos-económicos de
América latina en los ´60. En lo que sigue se trazarán las principales coordenadas históricas para
situar la respuesta autoritaria a la crisis de los valores culturales y
educativos derivados de la resignificación de colectivo juventud durante el
tercer cuarto de siglo XX. Cuando en las primeras mañanas otoñales de marzo de 1976 en Argentina, ráfagas
repentinas, secas y frías comenzaron a desprender las hojas más secas y débiles
de los fresnos y plátanos del centro de la ciudad de Buenos Aires, el súbito
tiritar de millares de bancarios, oficinistas, funcionarios y taxistas acompañó
la adaptación inerte a un cambio estacional más en los alrededores de la Casa
Rosada. Y sólo pocos, muy pocos de los que recorrían rutinariamente esas
calles percibieron las oscuras señales del invierno más sórdido de los jamás
vividos en la historia del país, precipitado no tanto por la crisis y presiones
de los ciclones y anticiclones del hemisferio sur, como por los más ocultos
reductos de inteligencia y operaciones militares, los comités e instituciones
de una democracia resignada y la anuencia por omisión de millones de ciudadanos
agotados e indiferentes. De esta manera, mientras los árboles perdieron aquello que los distingue de
un esqueleto inerme, con la fría regularidad de los acontecimientos naturales,
para luego recuperar su lozanía pasada la saludable tormenta, desde amplios
sectores de la sociedad civil diversos factores contribuyeron a legitimar una
usurpación política basada, precisamente, en una concepción orgánica del
poder, que debía eliminar a sus enemigos, como un organismo elimina a los
cuerpo extraños que ponen en peligro su subsistencia. Lejos de ser un fenómeno aislado, procesos similares se dieron en Bolivia
(golpe del general Hugo Banzer Suárez, ex alumno del Colegio Militar
argentino); Chile (el 11 de setiembre de 1973, el hoy liberado por la justicia
británica Augusto Pinochet lideró el derrocamiento de las autoridades legítimas,
con explícito y fuerte apoyo norteamericano); Uruguay (tres meses antes al
golpe chileno, una coalición cívico-militar toma el gobierno y disuelve el
congreso, para luego en 1976 ser tomados por las Fuerzas Armadas exclusivamente
hasta 1985); Paraguay (donde el régimen autoritario de Alfredo Stroessner sirvió
de refugio a nazis y dictadores perseguidos de amplio origen); y Brasil, por
citar otro caso paradigmático (donde las políticas progresistas de Getulio
Vargas y sus sucesores provocaron la reacción militar con apoyo de los EE.UU.
que derivó en la toma del poder por las fuerzas armadas desde 1964 hasta 1985). Las similitudes y correlatividades espacio-temporales en cuanto a la
militarización del ejercicio de la política en la vasta extensión geográfica
latinoamericana no debe, sin embargo, remitir a una causalidad homogénea del
tipo de las elaboradas en el 60 con la pretensión de "teorías
generales" que intentaron dar cuenta del desarrollo político y económico
subcontinental desde racionalidades generalizadoras y sistematizantes, a las que
aquí renunciamos, por otra parte, de utilizar. Y en además, es el mismo
proceso de eliminación y derrota de los movimientos populares y de las
experiencias democráticas en los ´70 la que ha hecho perder fuerza a esas
miradas holísticas ("teoría de la dependencia",
"desarrollismo", "tercermundismo", "marxismo",
"teología de la liberación" y otras tantas elaboraciones teóricas,
más o menos eclécticas, de las que brevaron los trabajos académicos, los
actores políticos, sociales y culturales de las décadas del ´60 y ´70, y que
coincidieron en contemplar América latina como una realidad homogénea). Pero no, entre las venas abiertas de América latina, el militarismo escribió
páginas individualizadas dentro de cada frontera nacional. Es el caso argentino
el que interesa, y en este trabajo, la configuración autoritaria del sistema
educativo consecuente. Emergencia ideológica y política del "desarrollismo" Para comprender la emergencia de estos estados militarizados, represivos en
todos los niveles sociales y, en casi todos los casos, aniquiladores de las
disidencias ideológicas, las nuevas líneas de investigación tomaron los
aportes de F.H. Cardoso y, sobre todo, Guillermo O´Donnell para focalizarse en
cómo la crisis de modernización planteada en la región por el ingreso tardío
al capitalismo, generó ámbitos de marcada autonomía política en los sectores
militares y civiles entre los sectores dominantes, quienes más o menos
estrechamente articulados, delinearon un derrotero muy particular de los
sistemas de dominación en cada nación, aunque con una serie de características
comunes que sí deben destacarse: Este fuerte intervencionismo estatal en la economía, en una época de
innovación tecnológica, alentó nuevos discursos políticos impregnados de
argumentos amparados en el desarrollo de las ciencias económicas y sociales de
corte funcionalista-liberal, creándose cientos de organismos estatales que
impulsaron las promesas políticas desde las nuevas racionalidades técnicas,
intentando alejar de la lucha política ámbitos que, para el
desarrollo-tecnocratismo, obedecían a las leyes del desarrollo en sí y no a la
posición ideológica de sus impulsores. Eficiencia, competitividad, planificación, medición y control, fueron los términos
propios de los cenáculos gerenciales de la multitud de empresas transnacionales
que comenzaron a protagonizar y liderar muchos departamentos estatales económicos
de la región. Resignificados o no, esos conceptos y criterios se compartieron y emplearon
sin discreción por los funcionarios políticos e intelectuales que operaban
desde multitud de centros de apoyo a estos gobiernos (OEA, UNESCO, ONU, FMI,
CEPAL; BM...). Estos organismos, a su vez, financiaron proyectos de modernización
en un espectro tan amplio como el que va del desarrollo de represas hidroeléctricas
hasta planes de formación y evaluación docente, delineando un estrecho vínculo
con los gobiernos primero desarrollistas y luego autoritarios de la región,
reforzando una interdependencia mutua. Argentina-mundo Se ha dicho, empero, que en "la profundización del capitalismo, en el
caso argentino, no se verificó; la política económica del gobierno militar de
los 60 introdujo profundos cambios en el sistema productivo y en la redistribución
del rédito, sin alcanzar los resultados esperados en términos de eficacia y
competitividad." Este fracaso económico marca la especificidad argentina (la aplicación
radical de las recetas friedmanianas en Chile, y el alto crecimiento industrial
en Brasil demuestran políticas y resultados diferentes); es una derrota desde
la cual las clases dirigentes no pudieron hacer frente a las presiones
redistributivas de los sectores más afectados y de los nuevos que habían
crecido bajo la ampliación de las ramas de producción y servicios en los ´60. Cíclicas y profundas crisis sociopolíticas consecuentes alentaron la
radicalización de las prácticas sindicales para la consecución de objetivos
laborales, que no tardaron en articularse con la creciente radicalización de
movimientos políticos y culturales, donde a su vez confluían las tensiones y
tradiciones de violencias emergentes de la denominada resistencia peronista, el
movimiento estudiantil laico y las juventudes católicas. Para las elites será,
también, pues, un fracaso en el control social. Más allá de los malos resultados económicos de los esfuerzos
modernizadores de los gobiernos del ´60, el impacto de las transformaciones
motorizadas se dejó sentir en diversos planos, pues muchos de los resultados
sociales de esas políticas fueron todo lo opuesto a lo que sus impulsores podían
imaginar. Pues, "después del golpe de estado del 28 de junio de 1966,
dicha reorganización tecnocrática se inscribe aceleradamente en una zona de
guerra ideológica cuya expresión más evidente la constituía la actividad
comunista, entendida como el peligro máximo contra el sistema cultural
argentino y en él, los sujetos sociales más frágiles: los jóvenes". Los jóvenes son entendidos como un colectivo peligroso, sin matices, sin
diferenciaciones cuando se muestran rebeldes, demsiado vulnerables a la
ideologización de sus naturales rebeldías. Y en cada polo urbano e industrial amenazado por la recesión fue, al mismo
tiempo, el lugar donde la radicalización de esos jóvenes podía encontrar y
encontraba un potencial revolucionario inusitado. Esta guerra, primero ideológica, se tradujo a leyes, decretos, derogaciones,
cárcel, y proscripción de los disidentes que los militares del 60, amparados
por la doctrina de la seguridad nacional que le daba fundamento, emplearon para
crear, detrás o directamente en el poder, una zona de marginalidad, de expulsión
autoritaria que también fue asumida por el sistema educativo. En él será,
precisamente, donde se comienza a rechazar de plano multitud de ideales y
objetivos juveniles que, por otra parte, se consolidaban con el influjo
creciente de los medios de comunicación desde los cuales se divulgaban los
procesos de descolonización, la Revolución Cubana, el mayo francés o la
Revolución Cultural China. A cada hora cátedra de despolitización le bastaba
una sola letra de canción, o tan sólo unos minutos de noticiero para mostrar
nuevas realidades basadas en principios opuestos a los del sistema social y económico
vigente. Se trataba de fenómenos que a finales de la década dee 1960, contribuían a
modificar profundamente la propia realidad juvenil, la forma en que comienzan a
verse a sí mismo dentro de la familia y la sociedad, profundizando una
transformación masiva de sus hábitos de socialización hacia la vida adulta,
tal y cómo más adelante se analizarán, en un proceso jalonado de múltiples y
nuevas utopías. En la época de la Revolución Argentina (gobierno dictatorial operante entre
1966 y 1973), esos cambios se sumarán a otros tantos factores que confluyen
para alentar la creciente militancia política de los jóvenes: "1) ...la eliminación de la autonomía universitaria por la designación
estatal de personal administrativo y docente...provocó la solidarización de
diversos grupos de izquierda hasta entonces altamente discrepantes...y
desligaron a los estudiantes políticamente motivados de las responsabilidades
en los gremios universitarios impulsándolos al ámbito político externo. 2)...la política económica del régimen militar puso en aprietos al
estudiantado: la desocupación creciente, el aumento del costo de vida y los
transportes les afectan igual que a la clase baja alentando los acercamientos. A
esto se agrega la privatización de los comedores universitarios y la
perspectiva de que se limitara el número de ingresos en la facultades. 3) El tercer factor lo constituye una serie de personalidades y países:
Castro, Camilo Torres, el Che Guevara; Cuba, China y Vietnam...que liberaron en
los estudiantes un gran potencial motivador y activante... 4)...Perón y sus ideas:...fue descubierto como modelo y mentor
espiritual." Los jóvenes pasan a la acción. Y en pocos años –1968-1974, de la
contestación espontánea se pasa a la guerra de guerrillas sistematizada y según
modelos conocidos. Frente esta radicalización pronunciada de los fines de los ´60, y por las
dificultades de la creciente inflación y recesión económica, el gobierno de
la Revolución Argentina consiente en dejar el poder en manos del líder del
movimiento político más importante, fragmentado, e ideológicamente diverso de
la Argentina, hasta entonces perseguido y proscripto: el peronismo. Juan Domingo
Perón comienza a representar la esperanza de múltiples sectores, entre ellos
los militares en el gobierno. El temporario repliegue ejecutivo de las fuerzas armadas a partir de 1973,
sin embargo, no se tradujo en el abandono en su seno del desarrollo sistemático
de la elaboración de estrategias, tácticas, e inteligencia general ligada a la
supuesta escalada revolucionaria marxista-leninista de nuevo cuño que amenazaba
al tercer mundo en general y que implicaba una configuración militar adecuada. En definitiva, se preparaban para una potencial contrainsurgencia desde la caída
misma del primer gobierno peronista, con un fuerte apoyo de los Estados Unidos,
país que, con recursos, información y entrenamiento militar, posibilitó la
coordinación represiva en el subcontinente. Así, desde 1955 a 1976, a la crisis de hegemonía planteada por la no
conformación de un bloque de poder homogéneo que le brindara un sustento sólido
al Estado desarrollista y luego el burocrático autoritario de Argentina para
coordinar y sostener la modernización del capitalismo local, se sumaron las
tensiones planteadas por las grandes masas juveniles urbanas que crearon nuevos
espacios de participación cultural y sociopolítica con la bandera del regreso
o no del general Perón, muchos de las cuáles, desde el punto de vista de las
elites latinoamericancas alineadas a Estados Unidos, representaron la
configuración en la sociedad civil de ideologías funcionales a los objetivos
de la expansión soviética, China, o de la IV Internacional, y por lo tanto
adquirían un peligroso carácter de valor estratégico-geopolítico. De hecho, entre jóvenes, intelectuales y artistas se multiplicaron las
adhesiones a esos modelos de desarrollo socioeconómicos alternativos por parte
de movimientos sociales y políticos de ideologías homogéneas o eclécticas y
asistemáticas, que viraban a veces de una identidad a otra, pero cristalizando
núcleos de discursividad críticas respecto a las propuestas gubernamentales y
la cultura oficial, más consagrada a la labor de represión. Entonces, mientras los militares latinoamericanos cerraron filas detrás de
los principios contrarrevolucionarios (los que no dejaron de inculcar desde los
centros de formación –Colegio Militar- en sus tropas), los noveles
movimientos culturales y políticos contestatarios establecieron solidaridades
que surcaron el Atlántico de Sur a Norte y de este a oeste. El mundo bipolar se
capilarizaba a cada suburbio, a cada área de fábrica, a cada pabellón de
barrio popular. Contextualmente una larga cita de Eric Hobsbwam permite destacar que durante
la década anterior al período analizado en este trabajo: "En cualquier caso, el tercer mundo se convirtió en la esperanza de
cuantos seguían creyendo en la revolución social. Representaba a la gran mayoría
de los seres humanos, y parecía un volcán esperando a entrar en erupción o un
campo sísmico cuyos temblores anunciaban el gran terremoto por venir...El
tercer mundo no sólo era importante para los viejos revolucionarios en la
tradición de octubre [revolución rusa], o para los románticos, que estaban en
retroceso desde la próspera mediocridad de los años cincuenta. La izquierda,
incluyendo a los liberales humanitarios y a los socialdemócratas moderados,
necesitaba algo más que leyes de seguridad social y aumento de los salarios
reales. El tercer mundo podía mantener vivos sus ideales...¿Cómo, si no,
podemos explicar la pasión por ayudar a los países del tercer mundo en esos
bastiones del progreso reformista que son los países escandinavos, Holanda y el
Consejo Mundial de Iglesias (protestante)...?" Si bien en términos militares la amenaza de los movimientos guerrilleros fue
modesta, entre el ´50 y el 70 las luchas se reprodujeron en todo el tercer
mundo por millares, generando sus propias mitologías y panteones, sus propias
literaturas y canciones, las que eran recepcionadas por múltiples sectores
sociales con mayor o menor adhesión ideológica constituyendo, en cualquier
caso, una subcultura revolucionaria y terrorista. El mate campamentero, la barba
inspirada en el siempre lampiño Che Guevara, la guitarreada de protesta, el
trabajo social en barrios humildes o de frontera, la participación política
ingenua o conciente en los frentes creados con fines tácticos por esos
movimientos, la actitud contestataria, se sumaron e interpenetraron como prácticas
e ingredientes de una cultura de rupturas que también se dio en los ámbitos de
las tradiciones familiares, sexuales, intelectuales y artísticas. "Los mismos libros aparecían, casi simultáneamente, en las librerías
estudiantiles de Buenos Aires, Roma y Hamburgo -continúa en la página 445 el
historiador inglés-,...Era la primer generación de la humanidad que daba por
supuestas las telecomunicaciones y unas tarifas aéreas baratas; los estudiantes
de los últimos años sesenta no tenían dificultades en reconocer que lo que
sucedía en la Sorbona, en Berkeley o en Praga era parte del mismo
acontecimiento en la misma aldea global en la que, según el gurú canadiense
Marshall McLuhan (otro nombre de moda en los sesenta), todos vivíamos". El plano educativo A los efectos de este trabajo sobre la práctica de la enseñanza y los
aprendizajes bajo el terrorismo de Estado en 1976-1978, lo que se ha pretendido
destacar es, hasta aquí, el contexto internacional y sus vinculaciones
latinoamericanas en el cuál los acontecimientos de creciente violencia social,
paramilitar y de los grupos revolucionarios constituyeron la muestra cabal de
las rupturas e impedimentos para la conformación del conjunto de
significaciones centrales coherentes –en el sentido castoridiano-, con los
proyectos de dominación política y económica de las elites, expresión también,
de una crisis de hegemonía recurrente. Por lo esbozado, en Argentina de finales del ´60 esas crisis se dan en el
seno de las simbolizaciones y prácticas sociales enmarcadas por el peronismo y
antiperonismo, como nuevo ámbito privilegiado de conflictos sociales, económicos,
generacionales. Y esos antagonismos, alternancias y rupturas se traducen
mientras también se generan multitud de proyectos educativos encontrados. 3. Periplos hacia el terror: Populismo, desarrollismo y
autoritarismo Antagonismos, tensiones y crisis políticas y simbólicas específicas La presión sobre las elites provocada por los movimientos contestatarios en
América latina, sumados al potencial de desestabilización geopolítica del
statu quo deseado por la principal potencia occidental (EE.UU) para América
latina serán, pues, los elementos que enmarcarán el proceso que terminan en la
militarización general de la política en la región y, específicamente en
Argentina, la que a mediados de los setenta deviene en la desaparición forzada
de personas, tortura, muertes y neutralización/aniquilación de las propuestas
y actores populares conformados en el lustro anterior, quienes alcanzaron su máximo
éxito en la introducción de políticas socializantes en todos los ámbitos,
tras el retorno de los gobiernos peronistas a partir de 1973. En efecto, la República Argentina transcurre la segunda mitad de la década
del sesenta el doble proceso general de radicalización de las propuestas políticas
y la concentración del poder del Estado tecnocrático autoritario, que tiene
sus raíces, por lo antes expuesto, en los malos resultados económicos de estos
proyectos y las tensiones emanadas de la proscripción del peronismo. Mientras
los militares se habituaron a participar de la administración industrial, política
y burocrática, en diversos sectores sociales se conforman subculturas
contestarias, liderazgos basados en la lucha armada contra el régimen. El fracaso económico de estos gobiernos no tarda en ser fracaso político
bajo el cual se articulan otros conflictos de tipo sociales, sindicales y
culturales que propician la transformación de los componentes materiales e
institucionales de la sociedad a partir de los lineamientos planteados por las
transformaciones en el imaginario, sobre todo, de las nuevas generaciones.
Waldmann llama a esto, estado de anomia social, la falta de una jerarquización
clara de las normas y de su aplicación de acuerdo a una racionalidad unívoca
(democrática). Entre las grietas de los espacios normativos tradicionales dadas
por la crisis de hegemonía, tiene lugar la transformación de la juventud, que
no espera, que siente que no se puede perder el tiempo. En el decir y hacer de los jóvenes, `grupo´ comienza a reemplazar a
`familia´ o al `proyecto de vida individual´, la `calle´ a la `escuela´, la
música o el arte al estudio, el sexo libre al matrimonio, el sentir al
racionalizar, la ropa informal a los uniformes y trajes, el pelo suelto y largo,
al corto y prolijo; ello testimonia en el universo de lo simbólico manifiesto y
de los gestos percibibles, radicales transformaciones en los planos de la
psicología individual y colectiva que exponían a la eliminación misma no sólo,
en los casos revolucionarios, de la sociedad capitalista tal y como hasta allí
pretendían desarrollarlas las elites económicas, sino también de los
considerados pilares básicos del progreso "personal" o
"nacional": la familia, la escuela, las instituciones, la fe y la Nación. Como el tema específico del trabajo es mostrar como esa prolongada y
profunda crisis de la Argentina como entidad histórica es experimentada en el
sistema educativo de educación media y la reacción de los jóvenes frente a
ella, se hace pertinente brindar los antecedentes más importantes en cuánto al
desarrollo de los discursos dominantes en el terreno de las políticas
educativas creados para dar consenso social a esos pilares considerados
esenciales de la argentinidad y la buena ciudadanía, las prácticas pedagógicas
asociadas, los tipos de sujetos docentes y juveniles incluidos en ellas, y lo
que realmente aconteció en las aulas, en los intentos oficiales por vehiculizar
los cambios en las generaciones jóvenes en función de los proyectos hegemónicos. En otras palabras, destacar las diferentes funciones sociales asignadas a la
educación, cómo la implementaron las instituciones y cómo las vivieron los
sujetos. Génesis y clausura del normalismo: la vena nutriente del autoritarismo Ningún partido o sector social ha podido superar la estabilidad lograda por
la oligarquía terrateniente de la "generación del ochenta" en el
siglo XIX y las elites dirigentes políticas asociadas de Argentina para crear
un Estado a favor de sus intereses, incluyendo un sistema de educación
centralizado, homogeneizador de contenidos, rituales, y prácticas sociales
disciplinantes, al punto tal que muchos especialistas de la educación acuerdan
en afirmar que, superado el orden conservador con la emergencia del peronismo a
mediados del siglo, la inercia y poder del normalismo mantuvo su vigencia, aún
frente a las transformaciones de la posmodernidad y las presiones de la
globalización. En efecto, con la implementación de la Ley Nº 1420 se instauraron normas y
prácticas que regularon los lugares del docente, del saber y de los alumnos, y
una institucionalización fuertemente jerarquizada para que el sistema cumpliera
con la misión asignada desde el Estado para convertirlo en un instrumento de
inclusión ideológica y civil de acuerdo a los principios legitimadores
esbozados por la generación ochentista. Tanto en los contenidos como por los hábitos de enseñanza promovidos
puertas adentro de las escuelas (normales, secundarias y primarias),
"democracia" significó un ideario de homogeneidad social e igualdad
ante la ley impregnado de retórica formalmente coherente, pero sin sustancia en
cuanto a su praxis ni en las escuelas ni en la sociedad, dentro de un orden
social que fijaba rígidamente la ubicación política de los sujetos y los
conocimientos, así como los vínculos admitidos, mientras se restringía férreamente
la participación política efectiva y la democratización del acceso a las
instancias de poder. Bajo los lineamientos curriculares correspondientes a este normalismo, el que
estudia va a la escuela para aprender lo que a su vez el docente aprendió para
enseñar. Paralelamente, éste es inspeccionado para controlar si cumple con
aquello que previamente se programó como contenido de enseñanza por los
responsables de la conducción del régimen escolar. Nación, Estado, Gobierno, área educativa, subáreas de supervisión,
directores, docentes crean esferas superpuestas del poder admitido y organizado,
cuyas rupturas son severamente neutralizadas por toda una red de prácticas explícitas
y ocultas (curriculum oculto), bajo un imaginario instituido de ascetismo político. Para los educadores del orden conservador–y sus sucesores de todo el siglo
XX-, la racionalidad de la civilización descansaba en la instauración de la
racionalidad en todos los resortes de la sociedad del Estado, por lo que desde
la escuela se atacaron las entendidas como creencias irracionales o arcaicas
proclives a los gobiernos de los tiranos (estaba fresco aún el recuerdo del
deterioro grave del sistema educativo bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas
en los ´80), entendiendo por tales cualquier adhesión de manifestación política
personalista dentro de las aulas, con mecanismos de control pedagógico
centralizados a escala nacional. Pronto, esas prácticas cerraron la escuela a la discusión política y le
permitieron constituirse en nodos de transmisión de saberes y valores
tradicionales, que reproducían, principalmente, los anhelados por los políticos
conservadores de turno. La escuela, pletórica de solemnidades y rutinas de carácter
ritual (símbolos nacionales visibles, cantos patrióticos en festividades y
horas predeterminadas, formalidad en el trato entre pares, y una gélida y
profunda distancia entre el que enseña y el que aprende), enseña, sin proponérselo
muy concientemente, la adhesión al autoritarismo de las formas, de los gestos,
de los saludos, de la distancia, de los prejuicios. Su primer objetivo fue la población nativa, y luego el inmigrante, a quienes
debía despojarse de cualquier costumbre o práctica que contradijeran el curso
de la democracia civilizatoria o alterara los principios patrióticos de la
argentinidad que les daba cabida. El sistema educativo argentino se forjó así para "enseñar",
desalojando de las aulas cualquier intento de crítica global al contexto político-social,
los que además eran duramente reprimidos por el Estado entre los adultos (Ley
de Residencia, represión anarquistas y socialistas, etc.) Los nacionalismos del veinte al cuarenta acentúan el rol normalizador de es
sistema educativo, con el agregado de múltiples desarrollos en el terreno de
las ciencias de la educación que subtendían a situar al docente en el lugar
del apostolado, otorgando a la enseñanza un sentido misional (verbigracia, el
sustento teórico de este fenómeno fueron tanto el espiritualismo o
trascendentalismo pedagógicos, como el liberalismo conservador de viejo cuño). Se crearon así las condiciones para que se produjera la mayor crisis en el
sistema educativo con la irrupción del peronismo –fenómeno que en sí mismo
representa la crisis de consenso de las élites tradicionales-, bajo cuyos
primeros dos gobiernos no hubo reparos en introducir contenidos políticos y
propagandísticos entre los materiales de enseñanza y aprendizaje escolar,
considerar al docente un "trabajador" y resignificar el sentido de la
niñez –"los únicos privilegiados son los niños", y de la juventud
–los "muchachos peronistas"-. También, tuvo inicio el proceso por el cual, desde la posición de
misioneros del saber, muchos docentes tomaron partido por nuevas opciones políticas
y sindicales que devendrán, a principios del setenta, en la creación de la
CTERA (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República
Argentina). Este conjunto de procesos simbólicos y pedagógicos comienza a dar
por tierra muchas de las prácticas habituales e inauguran el denominado proceso
de clausura del normalismo. Sólo uno de sus pilares fundacionales más fuertes resiste hasta fines de
siglo: su pretensión de imponer la independencia política en las escuelas, una
declamada impolución que entonces generó entre los mismos docentes una de las
más fuertes oposiciones al partido justicialista. Maestros y profesores resistieron cuanto pudieron la implementación entre
sus prácticas de las devociones personalizadas impulsadas por el gobierno de
Juan Domingo Perón y su esposa Eva Duarte, y no tardaron en deshacerse de todos
los rasgos peronizantes al ser derrocado el nuevo caudillo social, de lo que se
dio muestras manifiestas en la primaria, la secundaria y la universidad. Otros,
empero, se incorporaron y autorreferenciaron a partir de entonces como
trabajadores de la educación, y comenzaron a percibir y criticar las
distorsiones del sistema de enseñanza tal y cómo el normalismo lo planteaba,
participando en el desarrollo de nuevas pedagogías o nuevas prácticas
sindicales en sus lugares de trabajo. Los periódicos cambios de gobiernos postperonistas implicaron la sucesión
de diversos proyectos pedagógicos, todos eclécticos en cuanto a sus fuentes teóricas
aunque con fines educacionales que dieron sentido a sus políticas en este
plano: el tecnocrático de corte desarrollista y de corte autoritario; el
peronista corporativista; el peronistas revolucionario y, en el período en que
se sitúan los objetivos de este trabajo, el dictatorial-autoritario. El primero de ellos tiene lugar tras el ´55, cuando, con el objeto de
desperonizar las prácticas políticas en la sociedad civil, los militares
dieron origen a la política del deróguese, la supresión semántica en los
marcos regulatorios y las prácticas cotidianas de todos los vestigios del
regimen político anterior, lo que impactó, también, en la vida áulica con
todo un folclore de cuadros arrancados, libros desmembrados, cánticos omitidos.
Esto replegó los sentimientos y las solidaridades políticas peronistas a la
esfera de lo privado con tanta ferocidad, que pronto cristalizaría en diversas
formas de resistencias políticas, culturales y armadas y una nueva subcultura
de la clandestinidad (la "resistencia peronista"). Es el pathos de "matar al disidente" que algunos autores proclaman
nota característica de la lucha política en Argentina, práctica que en este
caso se manifiesta no con el asesinato (no se puede eliminar físicamente a todo
el colectivo "peronista" de una vez y para siempre), cumple en
estigmatizar su manifestación verbal y gráfica. En este marco, las radicalizaciones que en el 60 toman también un tono
marxista tanto en la práctica política como en las fuentes del saber social,
agudizarán la represión reactiva que, en el campo educativo, "estaría
expresado por familias de palabras antagónicas: derogar, proscribir, reprimir,
liberar, liberación." Se derogó para liberar de la tiranía. Se dijo lo
que no se hizo. Y no será la única vez. Ello alentó las fracturas y contradicciones de las políticas educativas del
periplo político que terminan en el 73, pese a la rápida pacificación
anhelada por los mentores de la Revolución Libertadora, tanto por dentro como
por fuera de las escuelas, y tanto en las políticas educativas, como en la
autorreferenciación de los docentes, y las teorías educativas en boga. En los ´60, por otra parte, enriquecidos los ámbitos de educación media al
calor de los debates y nuevos hábitos de participación política y cultural
por fuera de la escuela, y, como se mencionó más arriba, potenciados por el
crecimiento de los medios de comunicación y difusión internacional de los
conflictos y sustentos ideológicos de los movimientos nacionalistas y
revolucionarios del tercer mundo y de Europa, pronto comenzaron a tematizarse en
las aulas nuevas realidades, volcándose en la relación de los profesores con
los jóvenes adolescentes. A su vez, ambos actores sociales entonces están adquiriendo nuevos roles en
el proceso de modernización social y económica, y las transformaciones en las
prácticas y concepciones familiares tradicionales. Se habla de crisis, pero es
una crisis con causas. Crisis hegemónica y crisis en la educación La recurrencia de las crisis políticas y sociales, ponen en evidencia la
crisis de los bloques de poder desde donde se generan y desarrollan los
consensos ideológicos de la labor del estado como impulsor de políticas
positivas de control de sus instituciones y represión de las instancias que
considera adversarias. Tras la caída del peronismo, el creciente tecnocratismo en boga sustentado
por los gobiernos latinoamericanos encuentra en Argentina la lucha tradicional
entre el espiritualismo pedagógico de raíz católica y los liberales
conservadores, que se desenvuelve en diversos caminos pedagógicos, y cuya más
clara manifestación fue el conflicto entre educación laica o libre a fines de
los cincuenta y principios de los sesenta. Luego, los desarrollistas, contemplando a la sociedad como un capital humano
y a la gente como un recurso para el sistema económico, se propusieron
maximizar los resultados de la enseñanza, planificando sus acciones,
monitoreando su desempeño y tecnificando los discursos empleados en este
control. Si bien este no pretende ser este el lugar en el cual reproducir los choques
políticos y teóricos de las luchas de funcionalistas, católicos, tecnocráticos
por hacerse de los puestos académicos y gubernamentales en el territorio de la
educación tras la caída de Perón, cuenta sí evidenciarlos como muestras de
la crisis de hegemonía, mirada que permite entender las disensiones de los
sectores dominantes argentinos, resultando en la fragmentación de los discursos
con los cuáles se pretendía unificar el rol de la red de escolarización y
formación de profesionales. Las contradicciones discursivas terminan por alentar todos los resultados
inesperados y no queridos por técnicos, pedagogos y docentes. Se comenzó a
buscar la calidad de la enseñanza para alentar el desarrollo económico al
elevar el nivel de lo aprendido y articulándolo con las necesidades de la
microeconomía, pero en momentos de profunda desigualdad social y de tradiciones
escolares galvanizadas en torno al enciclopedismo, la enseñanza memorística, y
la rigidez en el trato docente. "Dado que no puede existir cantidad sin calidad (economía sin cultura,
actividad práctica sin inteligencia y viceversa), cualquier contraposición de
los dos términos es, racionalmente, un contrasentido. Y realmente, cuando se
contrapone la calidad a la cantidad...lo que en realidad se hace es contraponer
cierta calidad a cierta calidad, cierta cantidad a otra cantidad, esto es, se
hace una determinada política y no una afirmación filosófica" El desarrollismo educativo, alterna con otros discursos relacionados con
tradiciones filosóficas consolidadas en la pedagogía tradicional, sobre todo
el espiritualismo de raíz católica. La alternancia de teorías y políticas,
muestra pues, la falta y alternancia en la definición del tipo ideal de
sujeto/individuo/ciudadano buscado para establecer una ideología hegemónica
que sustentara las prácticas de dominación instauradas en el ámbito
educativo, dejando esta búsqueda, como tantas otras, en el territorio del
conflicto, la negociación y la ruptura, y generando una gran espacio en cada
establecimiento de enseñanza para la autonomía de prácticas y perspectivas
diferentes. No es un fenómeno exclusivo del período. Desde el punto de vista de las políticas
emanadas del poder "el currículum escolar tendió a adoptar un marcado carácter
ideológico y que, frente al mismo, ha predominado la destrucción de
determinadas prácticas curriculares sobre la construcción de un nuevo orden
hegemónico". En lo que los alumnos estudiaban en los ´60 esto se tradujo
más en la desaparición de enunciados y prácticas, en lo que no se aprendía,
que en lo que sí se enseñaba. En el sistema educativo en general, y en los de enseñanza media en
particular, aún en la actualidad, esa crisis se manifiesta en que "ningún
sector puede identificar como propio –y menos aún sentir conformidad- frente
a lo que sucede en las escuelas. Quienes controlan el poder formal sólo
consiguen imponer pautas explícitas que son neutralizadas por la burocracia,
por los docentes o por la disociación de sus propuestas respecto de las pautas
vigentes fuera de las escuelas". Hay en la escuela, pues, factores exclusivamente institucionales que la
predisponen para configurar resistencias, resignificar o modificar sentidos y
regulaciones que le vienen de pertenecer a ámbitos privados o públicos de
mayor alcance al que se les asigna el deber de controlarla y darle el rumbo.
Tendencialmente, entonces, la escuela no es ni ha sido una isla, pero tampoco, y
por más que se lo ha pretendido, un regimiento, o una brigada obediente de sus
comandantes y jefaturas. Empero la fragmentación de las políticas para la puesta en marcha de la
modernización educativa basada en el desarrollismo de los sesenta, dejó su
huella en las prácticas y concepciones de las políticas educativas
posteriores, autoritarias y peronistas del ´70 en un aspecto: serán los
funcionarios tecnocráticos los que elaborarán el último de los diagnósticos
sistemáticos y orgánicos sobre la enseñanza media y, con base en él, se
introducirán nuevas reformas en el sistema. Siguiendo a Tedesco, en su necesidad de medir, antes de controlar, los
desarrollistas: "-Desde el punto de vista de los contenidos, el diagnóstico
modernizante ponía énfasis tanto en la obsolescencia como en el predominio de
los enfoques enciclopedistas y humanistas clásicos en lugar del paradigma científico
técnico. (N. De A: por lo que de "sujeto alumno que debe pensar,
trascender, o redimir" se pasa a un paradigma de "sujeto para hacer,
trabajar o transformar"). -Las prácticas pedagógicas vigentes dentro de la enseñanza media fueron
caracterizadas como fundamentalmente verbalistas y memoristas. Los docentes
aparecían con serios déficits en su formación pedagógica, portadores, además,
de escalas de valores tradicionales (desprecio al trabajo manual, burocratización,
autoritarismo, etc.). (N. De A.: por lo que la formación docente pasa de los
valores y las humanidades a la psicologización de los vínculos, la introducción
de Piaget, la capacitación sobre temas referidos a los ámbitos disciplinares
específicos, etc.) -Desde el punto de vista organizativo, el ciclo medio fue caracterizado por
su escaso grado de flexibilidad y articulación interna como con el resto del
sistema educativo." (N. De A.: por lo que se pretende desde entonces una
muy proclamada articulación de prácticas y contenidos desde la primaria hasta
la Universidad.) El resultado de esta evaluación será la implementación de una educación
diversificada (diferenciando la enseñanza comercial, de la técnica y dentro de
éstas, en sucesivas divisiones: química, electrónica, mecánica, entre otras)
con el objeto de elevar el nivel de capacitación específica de los egresados
de las escuelas medias en relación con la demanda de personal de las empresas.
Cualquier similitud con las orientaciones que se le pretende dar a la educación
actual, segurmanente no será mera coincidencia, pero la explicación escapa a
este trabajo. Por estas características, la denuncia global más importante contra el
sistema educativo de los desarrollistas es su inadecuación con respecto al
aparato productivo. Sin embargo, desde diversos sectores culturales y académicos, el
desarrollismo educativo comenzó a recibir fuertes críticas, sobre todos entre
los intelectuales que luego trabajarán en las políticas educativas del
peronismo en el 73-74. La oportunidad de traducir esas críticas en políticas
educativas operantes se dio tras la victoria del peronismo en las elecciones que
recuperaron la democracia en Argentina en 1973. Las pedagogías rupturistas y la escuela como agente transformador en los
setenta Siguiendo al sociólogo de la educación en el que se está apoyando este
tramo del trabajo, pedagogos y especialistas de la educación peronistas y no
peronistas críticos del desarrollismo conservan de este modelo el objetivo de
articular la enseñanza con el sistema socioeconómico, pero efectúan un diagnóstico
diferente: "-La inadecuación con respecto al aparato productivo no está
caracterizada como un simple problema del ajuste entre oferta y demanda sino,
fundamentalmente, como una manifestación específica de dependencia económica
que caracteriza a los países periféricos. (N. De A: no se trata, como en el
desarrollismo, de formar un recurso humano, sino a un ciudadano conciente y
capaz de transformar y participar él mismo, como sujeto interdependiente del
pueblo, de sus condiciones sociales de vida). - La diferenciación institucional y por modalidades no expresa una respuesta
a los cambios en la estructura de la demanda de trabajo y una jerarquización
disfuncional con respecto a los requerimientos productivos. Implica, además,
una manera de reproducir las diferencias sociales y de fortalecer las
desigualdades. Desde este punto de vista, el diagnóstico populista puso énfasis
mucho más notorio que los planteos anteriores sobre muchos de los problemas de
rendimiento diferencial según el origen social de los alumnos. (N. De A: el
docente no es pues un sujeto pasivo en la institución o en la relación con sus
alumnos respecto al saber y la realidad, sino un auténtico operador social que
emplea sus habilidades y conocimientos al servicio de una causa extraescolar,
que es la superación de esas desigualdades que la escuela hasta entonces no
hizo más que reproducir. Tiene lugar, pues, el desarrollo de pedagogías
nuevas: las freirianas-, que sitúan la escuela como un agente de mediación más
en el camino de la liberación social, o las pedagogías desescolarizantes, que
desestimaron en absoluto las capacidades de la escuela como tal para introducir
cambio alguno y conformaron prácticas no formales de enseñanza y alfabetización
en barrios, villas y ámbitos rurales, tanto para niños, como jóvenes y
adultos). -La inadecuación institucional y la vigencia de prácticas tradicionales
fueron analizadas no en términos de funcionalidad y eficiencia sino en términos
del mayor o menor nivel de democratización introducido en las relaciones pedagógicas.
De allí que la "adecuación" fuera expresada...por una mayor
participación tanto en el proceso de aprendizaje como en la dinámica
institucional." (N. De A.: tiene lugar, pues, en el ámbito de cada escuela
la introducción de los conflictos gremiales de los docentes, la conformación
de CTERA, la formación de Centros de Estudiantes articulados horizontalmente
con otros centros y verticalmente con partidos, sindicatos, organizaciones no
gubernamentales y los grupos entonces radicalizados) Desde el plano de las políticas educativas que intenta poner en juego el
nuevo peronismo triunfante en los ´70, o mejor, en virtud de este nuevo diagnóstico,
se puso más énfasis en la democratización del acceso y de las prácticas
internas de los docentes con sus pares y con sus alumnos, que en el desarrollo
de la enseñanza media en sí, lo cuál es uno de los aspectos educativos de la
política peronista más importantes en relación con este trabajo. En la implementación de estas prácticas, por ejemplo, tiene lugar la
transformación de la imagen y rol adquiridos por muchos centros de enseñanza
basados en las exigencias de excelencia que los exámenes de ingreso
representaban, y la connotación de elitismo subyacente. En este nuevo diálogo de las escuelas con la sociedad, impulsadas por políticas
que subtendían a un horizonte de reforma social radical, desdibujó el sentido
de la pertenencia o no a ciertos ámbitos académicos específicos en los
universitario, y en lo que aquí interesa, en la enseñanza media. No importaba
el origen, sino las finalidades políticas. En efecto, y bajo el principio personal de considerar a la docencia una
actividad fundamental de la democracia, al analizar las prácticas reales dadas
en una escuela de enseñanza media se pretende poner de relieve en qué punto la
relación docente/alumno sirvió para la creación de conceptos y usos de
ciudadanía democráticas, y cómo las múltiples formas en las que estas nuevas
cristalizaciones de redistribución y horizontalización de poder -que a partir
de 1973 abrieron literalmente las puertas de las escuela para que docentes y
alumnos establecieran vínculos directos con protagonistas sociales y políticos,
individuales y colectivos, del resto de la sociedad-, fueron reprimidas y
eliminadas (neutralizadas o aniquiladas) tanto física (con la desaparición de
docentes y alumnos de compromiso firme con la democratización del poder tanto
por fuera como por dentro de la escuela), como simbólicamente (en el sentido de
las retóricas, prácticas, institucionalizaciones de los roles democratizadores
y democratizantes en el seno de las escuelas). Y por ello, tras situar hasta aquí las coordenadas históricas generales y
su manifestaciones básicas en las transformaciones institucionales del sistema
educativo argentino, se presentarán ahora las respuestas específicas a los
tres puntos propuestos como objetivos de este trabajo que, recordamos, son: 4. Ser joven y adolescente antes del Proceso: del las
resistencias del ´60 a la ofensiva de los ´70 "Joven" y "adolescente" son dos términos, significantes,
nada más. Palabras. Como tales, pueden perderse en el mar de las retóricas y
prácticas comunicacionales que, con el desarrollo de la sociedad de consumo a
mediados de siglo, tendieron a complejizarse en multitud de emisiones: márketing
empresario, publicidades, roles ficcionales en películas cinematográficas o
novelas televisivas, grupo artísticos y culturales, y espectadores pasatistas
pasivos de todos estos desarrollos. Pero nuevos modelos se instituyen desde la política en los ´60 al instalar
otros roles sociales para este segmento etario hasta entonces poco considerado
en su propia especificidad: el joven militante, el joven que trabaja en los
barrios, el joven que alfabetiza, el joven que publica sus ideas por la prensa y
es capaz de defenderlas hasta con la vida, el joven promotor de los centros de
estudiantes...el joven revolucionario o independentista. La temprana juventud remite a diferentes significados en diferentes
sociedades y épocas, ya que forma parte de universos simbólicos y prácticas
culturales –de familia y socialización- que pueden convivir y diferir, diacrónicamente,
con perspectivas radicalmente distintas en la vida cotidiana, lo ideológico y
lo institucional y aún en una misma época. Por ello, una premisa asumida en lo
sucesivo en este trabajo es que "el simbolismo no puede ser ni neutro, ni totalmente adecuado, primero
porque no puede tomar sus signos donde quiera, ni los signos que quiera...la
sociedad constituye cada vez su propio orden simbólico, en un sentido muy
distinto de la manera en que lo puede hacer el individuo. Pero esta constitución
no es "libre". Su materia la habrá de sacar también de lo "que
ya está ahí". Esto quiere decir que a pesar de toda la creatividad que el final de los
sesenta se pone en juego para soñar e impulsar nuevas prácticas sociales y políticas
que permitan sustentar el crecimiento hacia la madurez en condiciones de vida
que se basan en la participación activa de la búsqueda de la justicia social,
nuevas modalidades laborales y la constitución de un Estado al servicio de
proyectos globales progresistas, ninguna de las premisas esbozadas tienen lugar
en el vacío. Los jóvenes se transforman a partir de lo dado: el desarrollo industrial y técnico,
las prácticas comunicacionales nuevas emitidas desde la radio y la televisión,
los modelos transculturales juveniles que vienen de Europa y Estados Unidos,
etc. Los contenidos enseñados en las escuelas y fuera de ellas (léase, revistas
de centros de estudiantes, discursos en los barrios, discusiones en campamentos,
canciones de protesta, fogones parroquiales en ámbitos rurales), que aluden
crecientemente a la revolución socialista nacional en Argentina, abrevan de
otros tantos acontecimientos contemporáneos que, como se citó más arriba,
muestran otras cristalizaciones contestatarias de una punta a otra del orbe, y
bajo la forma de hechos, producciones literarias y teóricas nuevas que sitúan
a los hombres –y son los jóvenes los que más asumen la invitación- en un
nuevo rol histórico. Al iniciar los setenta, son muchos los adolescentes y jóvenes que no tienen
reparos en ir hacia la muerte por los ideales, y se ponen al servicio de
proyectos utópicos bajo cuyo amparo, se intentó democratizar las relaciones en
todos los sectores de la sociedad en los que fue posible, y como nunca antes se
había proyectado. En cuanto al sistema de enseñanza, esos cambios
contribuyeron a dar fin a la legitimidad de la liturgia normalista, otorgando a
los espacios formales de educación el tono de agentes de transformación de las
relaciones sociales a partir del conocimiento, el intercambio y el trabajo
grupal por dentro y por fuera de la escuela. Y esto sucede tras el impulso del mismo del proyecto de modernización de
corte autoritario que modificó la configuración familiar tradicional en los ´60,
al concretar fuertes transformaciones en la dinámica interna de la hasta
entonces entendida ,aún entre ámbitos laicos, coma la célula básica de la
sociedad: la familia. En efecto, la familia ya no puede garantizar con
certidumbre la reproducción de las relaciones sociales, entendidas básicamente
como la subordinación de la mujer por el hombre y la otra subordinación
representada por el vínculo generacional, que garantizaba la continuidad
familiar mediante la dependencia de los hijos a los padres. Estudiar y trabajar ya no agotan el universo de objetivos que los padres
pueden pretender para sus hijos. Y los jóvenes, desde las grietas de una
dominación familiar que toma rumbos más laxos sometida por la crisis, crean y
se suman a prácticas nuevas que pronto se ritualizan generacionalmente: la píldora
anticonceptiva acelera la resignificación y las vivencias asociadas a la
sexualidad, viejos prejuicios caen uno a uno en el amor libre; el arte, tomando
de estas libertades muchas de sus inspiraciones es también el nuevo espacio al
servicio de una imaginación deificada. Las rupturas son tantas y de tal profundidad, que las conmociones afectan las
prácticas de la salud mental (psicologizando las relaciones familiares e
impulsando, muy particularmente en Buenos Aires, la psicologización de la edad
juvenil). Las incertidumbre y la búsqueda de nuevos modelos invade a los cientistas
sociales y a los pedagogos más renovadores: "La separación es definitiva, abismal y la familia ha perdido su gran
oportunidad para forjar un hombre libre; transformado el adolescente en
engranaje de una organización que, paulatinamente, destruirá en él toda
conciencia libre." La libertad de imaginar rumbos distintos es temida, por que sus resultados
son impredictibles. Temen los adultos, formados con patrones de maduración
ritualizados en hitos de iniciación muy diferentes a los que comienzan a
manifestarse en las calles, en los sótanos y boliches donde se contruyeron
nuevas subculturas. Y temen los gobiernos por que los partidos
"apropiados" no logran superar cooptar jóvenes como lo hacesn estas
formaciones contestatarias, peronistas o no. Las ansiedades de las presiones
redistribucionistas que el modelo de Estado autoritario no pudo enfrentar
tienen, pues, su correlato en la represión de los cambios gestuales y afectivos
de la juventud, que parecen manifestar: "La desvalorización del peso y del atraso en los sueldos...están en
relación directa con las razzias de parejas en plazas, hoteles, bares y calles
de Buenos Aires...el proclamado laicismo de la clase media no hace sino cumplir
inconcientemente con los más retrógrados prejuicios de la moral judeocristiana
en su lucha contra la sexualidad y toda expresión de la alegría de
vivir." De manera que, mientras la represión política intenta poner freno a los
deslices de prácticas huelguistas y sindicales que ya no respetan el marco de
aceptabilidad en la democracia restrictiva y luego del autoritarismo de finales
del 60, los adolescentes son reprimidos en sus nuevas afectividades que cumplen
en darse empujando los límites en los rincones más o menos recónditos de la
ciudad: besos, caricias, abrazos que emanan de una concepción de sexualidad que
ya no se restringe al matrimonio. Los cambios no dan respiro. Paralelo al explosivo crecimiento de la televisión, la radio a transistores
y los medios gráficos, tiene lugar la incorporación de voces y estéticas
juveniles en las productoras y empresas que los controlan. Hace su aparición el "ídolo musical" de masas. De hecho, la
politización de los jóvenes es concomitante con el surgimiento del rock
nacional, que abandona sus catacumbas y sótanos fundacionales para constituirse
en el lugar desde el cual pudieron expresarse, con mayor libertad, las
sensibilidades contestatarias o simplemente las pasatistas reprimidas. Es el marco en el que Sui Géneris y Almendra llenan salas y revistas con
letras y ritmos que musicalizan los nuevos territorios juveniles. Nuevos lenguajes, generacionales, permiten ironizar sobre los espacios
institucionales que padres y sociedad pretenden que no se discontinuen: la
cultura letrada, la escuela, el libro, el servicio militar...la musicalidad
trasunta todas las prácticas, acompañando las mañanas alfabetizadoras en la
villa, el reducto en el que se traman estrategias revolucionarias, o los
recuerdos del recreo del lunes sobre el "asalto" del sábado. Lo juvenil ya no es meramente transicional, sobre todo para los medios, que
se entrecruzan en este proceso de autorreferenciación para recibir enormes
sumas en concepto de publicidad de las compañías discográficas, de
vestimenta, gaseosas, productoras de artículos de belleza, laboratorios,
vestimenta deportiva, instituciones que encontraron a estos canales de
comunicación el vínculo ideal con un sector remiso. Desde el living comedor
pueden promover productos culturales y de cualquier tipo, entre el creciente
silencio de los padres, por estar demasiado ocupados o por estar desocupados. El
mundo del dinero, así, contribuye a consolidar las transformaciones juveniles.
Es un tiempo, en que también, "Los pares, los amigos, sirven para socializarse ya no por vínculos
basados en los comportamientos afectivos y de iniciación sexual sino también...en
la construcción de las identidades políticas, religiosas o éticas". El "joven" adquiere una nueva especificidad como sujeto de los
medios de comunicación, los análisis sociales y las ofertas del mercado. El
muchacho, el pibe, el chabón, el jetón, el cheto, el descamisado, es
socialmente responsable ante nuevas instancias y como tal puede ser sumamente
valioso o peligroso. Las opciones, en conflicto, no pueden ser canalizadas por
los gobiernos del 60, y muchos menos por la escuela, el instrumento preferido
para el disciplinamiento. Por eso comienza a perder su rol hegemónico formador, dejándolo en manos de
otros sectores y movimientos sociales, la televisión, los grupos de pertenencia
o simplemente, la calle. Aprendiendo a desaprender En lo específicamente educativo, pues, esta juventud desdeña fuertemente de
las posibilidades de la escuela para aportarles vivencias significativas (más
allá de las que se dan en el compañerismo y las amistadas forjadas en las
aulas), fenómeno que se articula con los discursos pedagógicos
desescolarizantes, que, desde diversos sectores políticos de izquierda,
promueven aprendizajes por fuera de la red pública y privada oficial. Excluidos, proscriptos, cuestionadores –peronistas, comunistas,
tercermundistas-, crean, discuten, promueven espacios con los que un número
creciente de jóvenes comienzan a identificarse: la educación en villas, la
alfabetización en barrios, la de educación de adultos, entre otros. A los heroísmos de las aulas, de los tan mentados próceres de la Patria,
que son reapropiados desde otra perspectiva, se superponen, en el imaginario de
los jóvenes, los héroes más cercanos a los que se conoce no por lo que enseñan
los profesores, si no por lo que se cuenta en las unidades básicas, en el
diario Crónica, en el fogó y en los graffities de las calles: los nombres de
quienes lideran movimientos culturales, sociales y políticos contestatarios que
se arrojan sin miramientos a transformar las estructuras existentes. De la estudiantina a la Revolución: los testimonios de militantes en evolución Algunas experiencias –anónimas-, extractadas del trabajo "La
democracia proscriptiva. Los sentidos que educan a la juventud de los ´70",
permiten evidenciar el imaginario juvenil instituido en los 60. Se trata de
adultos que entonces estudiaban en la educación media o la universidad: C.L.: "En mi casa `la política´ estaba permanentemente presente. Mi
familia, padres, tíos, abuelos, se dividían entre peronistas y antiperonistas,
hasta el punto de que esta división había producido que muchos de ellos no se
hablaran" L.P.: "...si ibas a un acto de apoyo a Cuba no te preguntabas quienes lo
organizaban, tenías que ir...siempre se convocaban actos por mayor presupuesto
o por adhesión a un paro...lo más importante no era quien lo convocaba". Las convocatorias quedaban mayoritariamente en manos del Partido Comunista,
los Tacuara, y diversos grupos antiimperialistas de extracción nacionalista y/o
católica. La pasión por lo político empuja hacia adelante a los jóvenes,
hacia el terreno de las utopías, acercando a sus manos las herramientas de su
realización: la participación y el compromiso. A mediados del ´60: L.P.: "Era algo tan natural, salir a la calle...sentía mucha alegría,
mucho desafío...lo que te llevaba era un sentimiento de pertenencia...no era
tan trabajado o racionalizado...era tu propia pertenencia a tu movimiento
estudantil". Pronto son muchos los adolescentes y jóvenes que inscriben sus anhelos sólo
en los resultados de la participación política activa, más que en los anhelos
familiares respecto a las carreras profesionales socialmente válidas que solían
desear para el progreso de sus hijos. Y esa participación se asume más allá,
también, de los partidos políticos tradicionales, de manera tal que los mismos
jóvenes instituyen espacios propios en colegios y universidades: L.P.: "Te diría que durante la militancia estudiantil era incluso
necesario demostrar la desvinculación con los partidos políticos...la
militancia era dentro de lo que se entendía como movimiento estudiantil con
escasa injerencia de estructuras formales partidarias...no hacías la política
del partido dentro de la escuela o la universidad...casi te vanagloriabas de no
pertenecer a un partido político...participabas como estudiante". Otro de los testimonios anónimos tomados por Amuchástegui permite seguir
los derroteros subsiguientes que esa participación podía delinear en esta
particular década, en una dinámica de crecimiento individual signada por el
eclecticismo ideológico y el cambio de adscripciones grupales: C.L.: "Cuando me voy del la Fede [Federación Juvenil Comunista], en
segundo año del secundario...casi sin darme cuenta, no hubo grandes discusiones
ni diferencias ideológicas ni rupturas, simplemente me voy porque mis amigos
estaban en otro lado...paso por algunos grupos cristianos, algunos medio
derechosos...estuve un tiempo en la organización juvenil argentina que se reunía
en una iglesia del aquí del centro...durante dos años trabajamos en Retiro,
con el cura Mujica, entre el ´60 y el ´62 casi terminando el secundario...y
allí me ligo con un grupo de gente del movimiento familiar cristiano en una
tremenda mansión de San Isidro...pero hablábamos de explotación, de los
pobres, de los villeros...luego empieza a atraerme la izquierda nacional en los
70..." En el marco de la resistencia peronista y la radicalización de la política,
el sentido de las prácticas democráticas se desdibuja para los jóvenes, bajo
el opresivo clima de la Revolución Argentina. Los objetivos juveniles de
transformación se llevan por delante a los de las instituciones tradicionales
que parece no responder a sus demandas. Democracia, o Libertad, se vuelven términos de una retórica de hipócritas
gracias a los militares que desde el poder pretenden fijar las condiciones básicas
en que debían desenvolverse la recuperación democrática, sin el peronismo, la
fuerza política y social dominante. Por otra parte, las prácticas de represión comienzan a sistematizarse
frente a estas manifestaciones de creciente violencia en el plano popular y
estudiantil, dejando de constituir la misión de las policías locales que una y
otra vez debían asumir el reordenamiento de los hechos en cada conato de
violencia, para pasar a ser una misión de organismos de mayor alcance. El
testimonio siguiente muestra como poco a poco los planes e ideas que los
oficiales de las fuerzas armadas habían aprendido de su formación bajo la
doctrina de la seguridad nacional, se vuelve una práctica organizacional,
sistemática y de mayor espectro, y se hace notar en la calle: C.L.: "...lo único que podía pasar es que llegara la cana y tuvieras
que pasar la noche en una comisaría....era el riesgo...te maltrataban con
palabras tipo: perejil, idiota útil...o algunos golpes...yo siempre que estas
prácticas eran políticas...pero con el Cordobazo o la muerte de estudiantes en
Rosario y Cördoba (1966), se vio que la cosa cambiaba...ahora te interrogaba la
SIDE" La escuela se ve afectada por estos desórdenes, y vive un desgaste
institucional ahondado por cada recambio gubernamental desde el `55 al 76`. La
Revolución Libertadora había introducido "Educación Democrática"
como materia obligatoria y fundamentalmente desperonizante. La Revolución
Argentina modifican el valor de sus enunciados, favoreciendo la rebeldía para
aceptarlos. En estos aprendizajes de rebelión, las inertes prácticas del normalismo (el
docente con rol solemne, un proceso de enseñanza aprendizaje encilopedista y
memorístico, la ascepcia política) impiden a la escuela participar de los
cambios, adecuando sus pedagogías. La juventud, entonces, se reconoce y forma más
en enunciados marxistas nacionalistas, nacionalista revisionistas, socialistas,
cristianos tercermundistas, guevaristas, maoístas, que en los manuales que
pretender dar la instrucción cívica. En los albores de la década del ´70, así, la posibilidad de ser
protagonista del cambio de las estructuras básicas de la sociedad obtiene el
mayor consenso y entusiasmo jamás asumido por una generación joven de la
historia del país, y ello vuelve al compromiso revolucionario una meta de carácter
ético individual y colectivo. Pronto esta mística revolucionaria tiene sus manifestaciones estéticas,
entre los adolescentes y jóvenes. Frente al castrense pelo corto y uniforme de
la Revolución Argentina, con el regreso del peronismo al poder se impone el
pelo largo y cierto desaliño y audacia en las chicas que, con aquella, había
sido más bien incipiente hacia los finales del régimen. La imagen personal permite concretar, en el terreno de los gestos y la
vestimenta, el desafío al sistema como parte de las nuevas identidades que se
reúnen y comunican bajo el riesgo común de los bastonazos o la reprimenda
familiar. Y los que se volcaron decididamente por la manifestación armada de su rebeldía,
cruzaron una línea que los mitificaba, al ponerlos de lleno en el plano del
enfrentamiento total contra el sistema. Incendios, picos de violencia en las
huelgas, secuestros extorsivos y asesinatos (práctica en la cual se destaca la
del general Pedro Aramburu por los Montoneros), llevan al gobierno a instaurar
un estado de confrontación desde el Estado, para el que se venían preparando
tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial. En efecto, el 29 de diciembre de 1971 el general Lanusse declara por cadena
nacional: "...el país está en guerra. Esta expresión no es una figura
retórica, es la constatación de un hecho que debe ser perfectamente asimilado
por todo el personal superior y subalterno de las fuerzas armadas.". En los
hechos, esto significa desempolvar toda moderación y preparar a las FFAA para
la puesta en práctica de una contrainsurgencia sistemática. Los rituales escolares Estos cambios en el ser, vestir y parecer de los jóvenes dado en el periplo
55-73, elimina de hecho una de las eficacias del normalismo en la construcción
de los consensos ideológicos buscados por el Estado desde el siglo anterior.
Dan fin, en este sentido, al empleo de las formas y signos
regularizados/custodiados por los docentes en las aulas, la Dirección y los
inspectores: el delantal blanco, el pelo corto y las uñas limpias en la chicas. Es que en el terreno de los gestos, la exteriorización de las conductas
demandadas por docentes y directivos presuponía asumir los silencios ordenados
y esperados, pararse erguido, formar fila, tomar distancia. Pero la creciente separación de los valores transmitidos respecto a las
vivencias participativas y extraescolares de los jóvenes, va vaciando de
sentido esas ritualidades festejadas por los amigos del orden gestual, ya
durante los ´60 y principios de los `70, dando lugar a la actuación, a la
burla en algunos y a la resignificación de los símbolos ritualizados por
otros: C.L.: " Siempre fue emocionante cantar el himno; el himno era nuestro,
la nación éramos nosotros...cantar el himno era cantar un acto de
guerra...cantábamos las últimas estrofas saltando y con la ve de la
victoria...sí, los milicos también cantaban, pero eso era otra cosa, lo mismo
que cuando mencionaban a Belgrano o San Martín: era como si se apropiaran de
algo que no les pertenecía..." La escuela es literalmente atravesada por lo que sucede por fuera de ella,
por que son cada vez menos los jóvenes que cifran su crecimiento en virtud no sólo
de un proyecto individual, ya que comienzan a hacerlo masivamente por un sentido
de identidad que conforman participando en las manifestaciones colectivas
estudiantiles: en ellos maduran sus sentimientos de pertenencia grupal, la
importancia otorgada al reconocimiento de los otros, la creencia en la realización
de las ideas, el desafío y la confrontación. Es el ritual de manifestar, que tiene lugar en las calles, en los barrios, en
las escuelas. Y como afirma Castoriadis, no ocurre en el vacío. La proscripción
política del peronismo se aplicó a la reelaboración de sus mitos
fundacionales. Gradualmente comienza a redefinirse como el eje central de la
oposición al autoritarismo y de a defensa de los derechos sociales de los
excluidos. El curso de estos cambios suelen romper la regularidad de las clases: las
asambleas de los centros de estudiantes, muchas veces espontáneas, desarman el
planeamiento de los docentes y los empujan a una participación no premeditada.
También, estas rupturas del tiempo pedagógico estipulado por el currículum y
los programas es suscitado por los mismos docentes. Desde su exilio, y con fines tácticos, Juan Domingo Perón enuncia varios
discursos tendientes a orientar todo este potencial revolucionario y político
como fuerzas a su favor, lo que no hace más que fortalecerle y otorgarle un
objetivo de corto plazo –su regreso- que facilita su organización, la
jerarquización de funciones y el aprendizaje de prácticas tendiente a volver
realidad no sólo la vuelta del caudillo sino la consecución de sus objetivos
últimos, revolucionarios. Del `70 al `73 tiene lugar la transformación de antiguas las
"formaciones especiales" de la resistencia peronistas, y de los nuevos
grupos de izquierda en organizaciones revolucionarias, que o bien plantearon métodos
revolucionarios para afectar políticamente al gobierno y facilitar el regreso
de Perón (Montoneros) o bien acuden a la guerra de guerrillas como metodología
previa a la toma del poder, asumiendo las formas preestablecidas –"científicas"-
dadas por diversos corpus teóricos de corte marxista y de los socialismos
reales conocidos (ERP- Ejército Revolucionario del Pueblo). La opción masivamente adoptada por los jóvenes fue la de articularse al
primer movimiento: "Dos rasgos del populismo contribuyeron a esta evolución: primero su
falta total de una ideología precisa, lo amorfo del populismo, su ausencia de
fronteras doctrinarias nítidas, que siempre lo dejan proclive a
transvaloraciones subjetivamente socialistas; en segundo lugar, su falta de
respeto por las instituciones parlamentarias de una democracia
capitalista". La extensión social del peronismo lo convirtió en el objetivo y eje
articulador de muchos de estos movimientos revolucionarios, los que pretendieron
capitalizar su creciente inserción social, gremial y cultural como base de su
propia extensión. Hacia fines de 1970 se vinculan las distintas organizaciones
armadas peronistas (FAP, FAR, Descamisados, Montoneros) para establecer las
Organizaciones Armadas Peronistas, conformadas por dirigentes que promedian los
25 años y que en pocas ocasiones superan los 35. El proceso afecta a la familia, el lugar de los intercambios maritales, el
tipo de educación dada a los hijos de estos jóvenes comprometidos. Las
organizaciones de militancia, por su sola misión, modifican el tipo de
integración de sus componentes en cuanto a sus familias, que son
resignificadas. Así lo recuerda Dinora Gebennini, militante montonera en los ´70,
y actual delegada en el sindicato de empleados públicos de Córdoba: " [las relaciones dentro de la pareja de combatientes] yo las recuerdo
como parejas, eh...volcadas al afuera, volcadas al mundo. Las recuerdo como
parejas con alegría...Recuerdo que esa fue una característica,
este...importante de aquella época; de qué manera la familia se integraba a la
militancia así como las reuniones de unidades básicas estaban llenas de
chicos; cómo muchos hijos, desde bebés, estaban acostumbrados a participar de
las actividades, a ir a las movilizaciones, a acompañar a los padres, a veces
cansados, ¿no?...se vivieron cambios en la familias. Y eso tiene que ver con
ideas, con comportamientos que no abarcaban sólo nuestro país sino que eran en
general una característica de la época...en un proceso muy fuerte de ruptura,
a pesar de que estábamos preparados para la vida normal, para el estudio, el
trabajo...por su puesto que conservábamos las ganas de amar y de tener
hijos...pero debimos dejarlas para los intersticios, cuando era posible...por
ejemplo, durante muchos años no salimos juntos con mi marido...por las
cuestiones de seguridad, ¿no?. Es decir, dos personas juntas eran más
detectables que una persona sola." Del aliento del líder a la retirada de los imberbes Por la revolución, son muchos los que modifican y crean nuevas experiencias,
posponiendo la felicidad individual (descalificada por burguesa) a la construcción
de un orden social nuevo que permita la felicidad de todos. Nadie imaginaba que
ningún objetivo (política o educativo) podía ser superior a este. El
entusiasmo gana en apoyo aún en sectores de la juventud no volcados
decididamente por la lucha revolucionaria. 1972 será un año muy especial respecto a estos cambios. Perón mismo
alienta los espacios de militancia revolucionaria que los jóvenes han creado.
En el "Día del Montonero Heroico" –7 de setiembre-, el carismático
líder envía "Un mensaje a la Juventud" "Tenemos una juventud maravillosa, que todos los días está dando
muestras inequívocas de su capacidad y grandeza...tengo una fe absoluta en
nuestro muchachos que han aprendido a morir por sus ideales...la maravillosa
juventud que tenemos, tarde o temprano tomará nuestras banderas y, así lo
esperamos, las llevarán a la victoria". Los enfrentamientos se repiten y el clima de violencia se instala en la
cotidaneidad aún de los ciudadanos más distanciados –por ignorancia,
indiferencia o propia decisión- del proceso político general. Las paredes de los edificios públicos, esos que jalonan el transitar de las
personas hacia sus hogares, puestos de trabajo o colegios, se constituyen en los
epigrafes de las imágenes que los diarios cuentan en magnificar. Las consignas
repetidas son: "Ni golpe ni elección, revolución". O "Ni votos,
ni botas, fusiles y pelotas". Perón agregaba desde sus cartas:
"Unidad, solidaridad y organización"; "La única verdad es la
realidad"; "Trasvasamiento generacional", "Socialismo
nacional"; "La juventud maravillosa". En cuanto a este trabajo, las últimas tres consignas resultan muy
pertinentes pues el anciano líder pondera el valor político de la juventud que
se ha radicalizado legitimándola y asegurándoles un lugar de privilegio en su
futuro gobierno, como un aviso a la antigua estructura verticalizada emanada de
la resistencia política y sindical, que estaba dispuesta a cobrar muy caro la pérdida
de espacio político en el seno del Partido Justicialista, pronto el exitoso
Frejuli, a manos de los jóvenes. En el juego dialéctico con la Revolución Argentina, y mientras se
cristaliza el denominado operativo retorno, el juego de consignas aumenta la
virulencia de la apuesta juvenil: Lanusse bajo tierra, Perón en el poder". En el camino, el costo de la vida aumenta un 67% durante 1972, y la crisis
económica multiplica las polarizaciones de la sociedad: los que quieren el
cambio radical, lo que quieren más orden y seguridad. Los músicos y el mercado
editorial se hacen eco del clima que se vive. En efecto, tiene lugar el
surgimiento de mitos clásicos del rock nacional como "Apremios
ilegales", "La marcha de la bronca" y la "Leyenda del
retorno", de Pedro y Pablo. "El extraño de pelo largo",
"Camilo y Ernesto", Roque Narvaja (militante de la Juventud de
trabajadores peronistas-Músicos). "Para el pueblo lo que es del
pueblo", "Que se vayan ellos", de Piero. La multiplicación de
los aparatos de radiofonía, amplifican sus efectos. Y la creciente importación
de aparatos discográficos (los Winco, por ejemplo) los llevan a ámbitos de
todo tipo. En cuanto a las ediciones bibliográficas de la época, los títulos de carácter
revolucionario se multiplican a la par , o mejor, para hacer frente a un público
ávido y receptor de material teórico en cuanto a las prácticas que se han
determinado emprender o al menos apoyar: La insurrección armada, Sobre la contradicción, El libro rojo de Mao (MAO);
La guerra popular prolongada (GIAP); Los condenados de la tierra (Fannon), El
Estado y la revolución, ¿Qué hacer? (Lenin), El Capital (Marx), El diario del
Che en Bolivia (Guevara); Fidel Castro, discursos; La formación de la
conciencia nacional y Peronismo y Sindicalismo (Hernández Arregui), Historia crítica
de los partidos políticos (Rodolfo Puiggrós); Felipe Varela y la emancipación
americana (Ortega Peña y Duhalde), Historia Argentina (Ernesto Palacio),
Historia de la Confederación Argentina (Saldías), Historia Argentina(José María
Rosa), etc. Los consensos impulsados desde el estado tecnocrático desarrollista y luego
el autoritario entre docentes y pedagogos funcionarios, se rompieron en el plano
de los métodos empleados en las aulas respecto a los jóvenes. La escuela nada podía hacer para evitar la creciente radicalización. Por
otra parte, las nuevas pedagogías la alentarán, u omitir el tipo de planteos
ideológicos instalados en las calles. Cuando se inician las campañas del candidato justicialista, Cámpora, las
consignas serán La juventud se compromete, a pesar del empleo más o menos maquiavélico que
de ella hace el mundo de los más adultos y de los otros jóvenes que manejan
las estructuras desde posiciones de poder en las organizaciones que los cobijan
y les dan destino. El alto grado de compromiso y el nivel de conciencia
alcanzada puede notarse por las divisiones y especializaciones que tienen sus
organizaciones: en un afiche de Cámpora con la camisa por fuera del pantalón,
firman la Juventud Peronista (cientos de regionales del interior y Capital),
Juventud Trabajadora Peronista, Juventud Universitaria Peronista, Unión de
Estudiantes Secundarios, Agrupación de mujeres Eva Perón, Movimiento de
Inquilinos Peronistas, Movimiento de Villeros Peronistas, Frente de Liberación
Homosexual, Frente de Lisiados peronistas, Equipos político-técnico, Consejo
tecnológico peronistas, entre otros. Es entre estos dos últimos – los Equipos político-técnico y el Consejo
tecnológico peronistas- que tiene lugar la constitución del discurso pedagógico
liberacionista que pretende la ruptura final con todas las tradiciones escolares
de cuño burgués, según sus diagnósticos, y que ha de servir, como otros
tantos medios, para desalienar al pueblo de las prácticas escolares y
culturales reproductivas de las injusticias sociales. La pedagogía, como conjunto de metodologías que enmarcan la labor docente
en los recintos de escolarización, tampoco se desarrolla en el vacío, como se
señaló antes con la cita de C. Castoriadis. En efecto, la "liberación"
se vuelve un eje articulador de sus desarrollos teóricos en el Cono Sur, con múltiples
sentidos. El muy leído Paulo Freire promovía para la educación una: Los maestros y profesores del ´70, con vocación de servicio social y
popular, y sensibles a lo que pasaba en las calles y en las manifestaciones,
encuentran en el pedagogo Freire alguien que elabora y teoriza para la
construcción de un nuevo sentido de la enseñanza esbozada, que permita
modificar las relaciones de poder en los vínculos educativos. Freire da al docente un rol protagónico en la utopía de la transformación
social de la época –"la militancia pedagógica"- y plantea un
vinculación entre la educación y la liberación en términos de la imbricación
profunda, constitutiva, entre lectura y escritura de la palabra, y comprensión
y transformación de la realidad. Es posible imaginar la transformación del rol
docente-alumno cuando aquel se siente justificadamente un mento de los cambios
revolucionarios, y por lo tanto agente socializador de sus implicancias entre
sus alumnos. Contrariamente a esto, en los reductos de la inteligencia militar,
esta transformación hacía del docente: un "captado". Se organizaron muchos "grupos Freire" de reflexión cuyo objetivo
fue formar a los cuadros militantes sociales que trabajaban en barrios pobre y
villas, principalmente a los de grupos peronistas de izquierda vinculados al
pensamiento cristiano. Su praxis estuvo muy lejos de la clase enciclopédica, y
sus rituales, distantes de las solemnidades normalistas. Con Cámpora en el gobierno en 1973, desde el Ministerio de Educación de
Jorge Taiana se generan multitud de iniciativas cuyos objetivos serán capacitar
al pueblo para que descubriendo, sus problemas existenciales, sea capaz de
pensarlos críticamente; capacitar al pueblo en la búsqueda de las causas y
lograr la participación activa del pueblo en la solución de sus problemas. Se intenta aprovechar la crónica verticalidad del sistema para ocupar sus
puestos jerárquicos no con base en la tradicional función de control, sino
para coordinar y organizar su inserción en los proyectos reformistas generales
del Estado, y los que promueven los sectores peronistas de izquierda que
nutrieron de funcionarios sus oficinas. En cuanto a los contenidos de la enseñanza, la modificación más relevante
del período es el reemplazo de la asignatura Instrucción Cívica por Estudio
de la Realidad Social Argentina (ERSA), desde la cual gran parte de las nuevas
concepciones socializantes tiene cabida, a la vez que la propagación de las políticas
peronistas. (Como muestra de la reacción suscitada en los sectores dominantes
tradicionales sirve el editorial del Diario La Nación del 8 de abril de 1976,
que se apura a aconsejar la supresión inmediata de esta materia). La revolución y la instauración de un socialismo nacional es el horizonte
omnímodo. Y los jóvenes revolucionarios quieren ser sus garantes. Al menos así
lo pretendieron al presionar donde pudieron para que todos los proyectos políticos
y técnicos (incluídos los pedagógicos) se subordinaran al gran proyecto de la
patria socialista que, confiaban, Perón lideraría, y por la que invitaban a
una verticalidad táctica básica: "Entendemos que esta es la conducta de todo aquel que se sienta un leal
soldado del Movimiento Nacional Peronista y de su indiscutido Jefe: el General
Perón. Es también la conducta a imitar por todos los candidatos que resulten
electos, que por el hecho de serlo reconocen la verticalidad de la conducción
estratégica". Estatales, estudiantes, intelectuales (o sus hijos), ciertos sindicalistas
conformaron mayoritariamente estas propuestas de revolución que, quizás por
estas características, ha sido denominada de clases medias. Su extracción
facilita la generación de medios educativos, políticos, y comunicacionales
para promover sus prácticas y objetivos. Al Descamisado, de Montoneros, sucede el Diario Noticias, de mucho
predicamento entre los jóvenes atentos al desarrollo de los que se pretendieron
entonces la vanguardia de la revolución. El poder de los medios ya era
reconocido como un factor estratégico a considerar y por ello la dirigencia de
aquel movimiento emprende, junto a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias), la
publicación del Diario Noticias, bajo su control editorial. Gregorio Levenson,
hoy octogenario veterano de todas las luchas políticas del peronismo, recuerda: "La conducción política de las dos organizaciones, FAR y Montoneros,
concibe la idea de sacar un diario; un diario peronista, éste era el proyecto.
Y bueno...se convoca a un conjunto de estrellas para la dirección [entre
periodistas progresistas o ya adscriptos a Montoneros] de Clarín y La Nación...esa
dirección construye un equipo en el cual me incluyen a mí, se incluye a Miguel
Bonasso...al "Perro Verbitsky...se convoca a Rodolfo Walsh, a Pablo
Giussani...entre los dibujantes estaba Oesterheld y el "Oso"
Somje...los mejores fotógrafos...se intentaba hacer escuela de periodismo
popular y se formó a mucha gente...antes de terminar, en los últimos meses, ya
estábamos en los 200 mil ejemplares...se fueron incorporando otros recursos:
corresponsales en el exterior, notas, suplementos. El diario se transformó en
un medio político, cultural , social y con una página deportiva,...·· De esta manera, de la promesa de ruptura se pasa a sus cristalizaciones. Y
muchos jóvenes del ´70 se conciben a sí mismos como los nuevos hombres de una
sociedad que ya están contruyendo. Es lo que C.Castoriadis llama el imaginario
instituido, el pensamiento que se hace. Pero, y a pesar de los filósofos del
siglo XIX, este proceso está lejos de representar una evolución necesaria
–racional-, y entre los pliegues de un movimiento político que parece hegemónico
–el peronismo revolucionario-, surgen los sórdidos y oscuros enemigos que
pronto confluirán para dar fin definitivo al juego socializante de la media década
del ´70 que le dio lugar. Y esa triste convergencia concentra los odios de la derecha peronista
desplazada, de los militares profesionales que se oponen a cualquier forma de
socialismo en Argentina, de los crecientes grupos paramilitares alentados desde
las oficinas del poder rechazan las prácticas revolucionarias, de los sectores
eclesiásticos retrógrados que ya se sintieron amenazados por la modernización
del Concilio Vaticano II y las consecuencias teológicas y prácticas derivadas
(Medellín, Puebla) con el tercermundismo y la peligrosa "Teología de la
Liberación". También, se concentra el hastío de los ciudadanos comunes
frente a una escalada de violencia que no siempre distingue a enemigos de
neutrales. La crisis de hegemonía iniciada con el peronismo alcanza, luego de 30 años,
un grado de capilaridad tal en la sociedad civil, que los sectores económicos más
poderosos ya no están dispuestos a sostener (de hecho, sus miembros más
conspicuos sufrieron en carne propia los secuestros y violencias), abandonando
todo coqueteo con el fracasado proyecto peronista para volcarse decididamente
por un recambio represivo del que desconocen sus consecuencias, pero del que
suponen, podrían gozar de sus beneficios: orden y un proyecto económico que le
dejara las manos libres. La estabilidad, premisa que dio origen al estado en la "Organización
Nacional" de los decimonónicos `80, tenía que ser recuperada. Urge, pues,
en la agenda de los diversos sectores civiles reencarar la "Reorganización
Nacional", retomando los pilares que las rupturas del setenta pusieron en
vilo. Del joven al servicio de su comunidad al joven individualista En esta instancia, pues, y para pasar al segundo punto a desarrollar en este
trabajo ( punto dos: los usos discursivos hegemónicos empleados por el Proceso
de Reorganización Nacional de 1976 a 1978 respecto a los jóvenes y la educación
media), cuenta destacar los desarrollos alcanzados por la adolescencia y
juventud en las transformaciones del setenta, para contrastarlas con su
aniquilamiento por parte del proyecto autoritario de los militares: Y esto se destaca por que, como se indicó más arriba, con la represión
desatada tras la negra noche del 24 de marzo de 1976, tuvo lugar mucho más que
la desaparición de los considerados enemigos de la sociedad por los militares
que emplearon el Estado para desplegar su propia forma de terror. También
desaparecieron las apuestas positivas de cientos de chicos y chicas, de maestros
y maestras, de profesoras y profesores por democratizar sus relaciones dentro y
fuera de los colegios de manera de articular los contenidos con los intereses
socialmente válidos entonces, y así ser operadores sociales activos de la
democratización de la sociedad, ya no sólo en términos políticos, sino también
culturales y sociales. Además, también quiere ponerse de relieve como este proyecto autoritario
encuentra la adhesión, voluntaria o no, de centenares de docentes que pronto
asumen todas las reglamentaciones, normas y circulares de los militares como
propias, propiciando la transformación de las escuelas en auténticos
regimientos, y asumiendo todos los rituales tradicionales o retrógrados
rescatados por los directores que detentaron férreas posiciones de poder en
esos años, para disciplinar con nuevas y rigurosas formas a los adolescentes,
abusando de su posición de poder y contribuyendo con el sistema de terror feroz
instalado desde la clandestinidad por el Estado. 5. La idea del "adolescente y joven" del proyecto educativo
autoritario mentado por el Proceso de Reorganización Nacional, de 1976-1978. La noche El 24 de marzo de 1976, la Junta de Comandante es en Jefe de las Fuerzas
Armadas integrada por el gral. Jorge Videla, el almirante Emilio Massera y el
brigadier Hector Agosti se hizo cargo del poder, dando comienzo al
autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Las fuerzas armadas argentinas deciden, a partir de entonces, emplear sin
mediaciones toda la fuerza destructora que el Estado posee para aniquilar a la
subversión en todo el ámbito nacional. Asumiendo la necesidad de cuidar las
formas (y evitar el ejemplo chileno de efectuar fusilamientos al aire libre de
los detenidos, práctica luego abandonada), la modalidad de la represión
desatada por la dictadura militar toma una brutalidad inédita, sórdida,
inusitademente sádica, de ocultamientos, de terror, de tortura y
desapariciones. Si, como se ha señalado hasta aquí, no sólo los jóvenes si no la sociedad
toda estaba creando nuevas formas de representación y expresión dentro de la
estructura democrática anterior, atentando incluso contra las formas económicas
tradicionales en ese camino, ello puso en evidencia que no bastaba un Estado
autoritario para disciplinar y conducir a la sociedad civil por los carriles
aceptados según las exigencias del modelo de desarrollo capitalista que se
deseaba. La respuesta es la constitución de un Estado Terrorista
que"aparece en una coyuntura de crisis profunda en América latina
caracterizada básicamente por el agotamiento del modelo tradicional capitalista
dependiente y frente a la acuciante necesidad de reconversión de este modelo
mediante la concentración de capital y la aplicación de políticas de
transformación del aparato productivo, acorde con la nueva división
internacional del trabajo, que implica altísimas cotas de desocupación, pérdida
del valor del salario, desaparición de la pequeña y mediana empresa industrial
y agraria, etc. Pero también es una respuesta al ascenso de las luchas políticas
y reinvidicativas de las masas populares que, con diverso nivel de desarrollo y
organicidad en los distintos países de la región, amenaza con dar paso a
soluciones progresivas e incluso revolucionarias a esta crisis" Los militares del ´70 conciben que ya no alcanzan los decretos coyunturales,
los "tribunales especiales", las operaciones parciales, que empero les
sirven como preparatorios. Consideran que el potencial revolucionario sólo
puede ser eliminado mediante el terror como método y práctica permanente, para
que cada obrero, cada empleado, cada estudiante, cada pequeño empresario o
profesional viviera como si tuviera una bayoneta sobre la espalda. Tal grado de militarización era inadmisible e inalcanzable a la luz del día,
por que ni siquiera los sectores de la sociedad civil más favorecidos por el
gobierno dictatorial estaban dispuestos a tolerar la publicidad de un terror de
la magnitud que se consideraba imprescidible desplegar. Las FFAA terminan, entonces, por constituir un estado paralelo cuya misión
era concretar las estrategias del terror contra la insurgencia disminuyendo al mínimo
la publicidad de ese accionar, y por lo tanto desarrollaron un Estado
Clandestino paralelo, que puso en práctica en forma sistemática y global las
medidas que desde los ´60 la doctrina de la seguridad nacional propuso para
ejecutar la contrainsurgencia. Esta Doctrina fue introducida en las Academias Militares en la década del
sesenta, como más arriba se señaló. Antes, había sido utilizada en Argelia,
Panamá y Brasil. El centro de la doctrina está puesto en la defensa de la "seguridad de
la Nación", que se encontraría amenazada permanentemente por la
infiltración de elementos que buscarían la destrucción del "modo de vida
democrático" y de su " tradición occidental y cristiana ". De
este modo se desvía el eje de atención de la amenaza exterior al interior de
la sociedad. Las FF.AA. se convierten en la encarnación del Estado, la Soberanía y de la
Patria misma. Actúan como árbitros de todos los conflictos y son los artífices
para imponer y mantener "el orden", los únicos moralmente hábiles.
La política se militariza procediéndose a la formulación de grandes objetivos
nacionales, propuestos como metas a largo plazo. Todos aquellos que presenten otros objetivos, son tomados como exponentes de
la "subversión" o a favor del "enemigo interno" . Y así,
toda oposición o disidencia política o ideológica al régimen es concebida
como una forma de guerra permanente, una declaración a favor de los enemigos de
la sociedad. Este "estado de guerra" supone un "estado de emergencia"
en el cual se fundamenta el otorgamiento de poderes especiales en los jurídico,
en lo político, en lo social y en lo económico, siendo monopolizados y reprimiéndose
ante la existencia del "enemigo interno", que es necesario neutralizar
para preservar la esencia y la unidad de la nación y sus valores. La enorme
agenda de operaciones de inteligencia y represión necesarias para poner en práctica
esta guerra final contra los "elementos disociadores" adquiría el carácter
de Cruzada para sus mentores y para quienes debían ponerlo en práctica en los
diversos frentes (sistema político, educativo, represivo, cultural...) El estado asume como prioridad la represión de toda actividad y de
organizaciones sociales y políticas adversas. Su principal instrumento consistió
en la detención en sus hogares, sitios de trabajo o en la vía pública, sin
ningún tipo de enfrentamiento armado, de presuntos disidentes ideológicos o
políticos. Los operativos fueron realizados por agentes del estado, en general oficiales
y suboficiales de las tres armas, vestidos de particular y ocultando su
identidad. Los ciudadanos apresados eran conducidos a sitios ocultos (Centros de
Detención Clandestina), salvajemente torturados y, en su inmensa mayoría,
asesinados. Sus restos se incineraban o enterraban anónimamente, aunque en una
alta proporción los prisioneros fueron arrojados vivos desde aviones al océano
Atlántico o al Río de la Plata. El gobierno castrense negó pertinazmente su
responsabilidad y hasta ahora las fuerzas armadas sostienen no estar en
condiciones de informar acerca del destino de los millares de
detenidos-desaparecidos. Ese sistema fue tan característico del régimen de
facto que ha dado lugar a que el vocablo "desaparecido" haya pasado a
utilizarse en español en muchos idiomas. A fin de eliminar al enemigo subersivo y refundar la sociedad que había
perdido su "brújula "por las ideologías perniciosas y el descontrol
institucional", las FFAA tomaron el total control del Estado y su propuso
su militarización. Para ello, se destituyeron a las autoridades y cuerpos representativos y se
sometió al Poder Judicial a sus arbitrios. Todos los organismos mediante los cuáles
el concepto de ciudadano podía tener expresión real y encontrar alguna garantía
de sus derechos, desaparecieron. Y mucho más cuanto que ahora, los militares, avanzaron decididamente sobre
los aparatos ideológicos de la sociedad que no estaban directamente en la órbita
de lo público pero que a su entender, habían sido permeados por las
denominadas desde entonces bandas subversivas: la Iglesia, el campo de la
educación, las estructuras organizativas políticas, empresariales, sindicales
y culturales, determinados estamentos profesionales, los medios de comunicación,
etc. Para penetrar con sus mecanismos de cohersión en el resto de la sociedad,
que debía sostener y enmarcar la represión y desaparición directa de los
oponentes, los militares suprimieron las libertades públicas, se disolvieron y
suspendieron a los partidos y organizaciones políticas/sindicales (como la CGT,
y el resto de los sindicatos y se establece un control absoluto de las
Universidades). En el plano que importa para este trabajo, el educacional, la represión pasó
por la prohibición y quema de textos, la profunda y sostenida purga en la
docencia inferior, media y superior; el asesinato de profesores y estudiantes y
la rígida intervención militar en establecimientos educacionales y
Universidades. "La represión física posibilitó la implementación de la llamada
reforma de la enseñanza que es la culminación de la desarticulación social en
materia educativa, tendiente a lograr el reemplazo de los valores democráticos,
liberales y progresistas por los de una concepción autocrática, dogmática e
integrista" Los objetivos y valores del proyecto educativo autoritario El gobierno militar de 1976 a 1983 tuvo como primer objetivo eliminar la
subversión y luego refundar la república, recreando en su seno los elementos
que consideraba esenciales y eliminado de él los que representaran la más leve
amenaza. Para ello, debía efectuar las transformaciones debidas en los campos
educativos y culturales administrando sus estructuras con funcionarios afines a
este proyecto. De manera tal que los objetivos del Estado Clandestino (purgar el sistema
educativo de docentes y alumnos subversivos, de toda práctica sindicalizante, y
de todo contenido de enseñanza dudoso) debían articularse con las políticas
positivas emanadas por el Estado desde su Ministerio de Educación, y por los
aparentes bienintencionados funcionarios técnicos que deciden vehiculizar las
nuevas propuestas pedagógicas. Ambos proyectos, el conocido y el clandestino, constituyen el proyecto
educativo autoritario. Políticas y contenidos concurren en eliminar el
participacionismo propiciado desde el ´73 y a eliminar la ruptura del orden jerárquico
que se había instalado en las aulas y colegios. El alumno no puede alterar el currículo. La "Reorganización" en la secundaria será, pues, el retorno al
orden perdido tras la clausura del normalismo. De hecho, para muchos
funcionarios, la meta última fue el "orden" más que la vuelta a una
democratización controlada. En efecto, la sucesión de disposiciones que se envían a las escuelas
pretenden normar, como antaño, el vestuario de los estudiantes, su corte de
pelo, las prendas de vestir. Las normas alcanzan hasta los profesores, sin cuya
colaboración no sería posible alcanzar el clima de respeto, orden y silencio
que debía primar en las aulas. Las disposiciones coinciden: "serán plausibles de sanciones disciplinarias:...quienes muestren
desaliño personal...falta de aseo...cabello largo que exceda el cuello de la
camisa en los varones y no recogido en las niñas...uso de barba en los varones
y maquillaje excesivo en las mujeres...vestimenta no acorde con las
instrucciones impartidas por las autoridades...indisciplina en general...jugar
de manos...resistencia pasiva, incitación al desorden...asentar
leyendas...llevar revistas u otros elementos ajenos a las actividades propias
del establecimiento...fumar" De una plumazo se borran las conquistas de la juventud –de la sociedad-, en
cuanto a la democratización de las prácticas del aprendizaje y la enseñanza
que impulsan un distanciamiento visceral entre los que se vive en los claustros
y las experiencias significativas de la edad cuyos efectos, aún a principios
del 2000, le es muy difícil al sistema de enseñanza media revertir. La represión,
en su faz externa, consistió en la expulsión de docentes, controlar
contenidos, controlar las actividades de los padres y regular los
comportamientos. Los mundos juveniles creados en diez años anteriores al Proceso son borrados
desde las disposiciones y con la colaboración de los directivos, docentes, y
celadores que pronto parecen ocuparse mejor de tener un lugar de privilegio y no
sospechado en el panóptico, que de resistir o defender mínimamente la
democracia perdida. De la represión se pasó luego a la tarea de la internalización de patrones
de conducta que aseguraran la permanencia de los valores propugnados. La represión alcanzó todos los planos de la vida colectiva y de la psicología
individual. Y encontró apoyo en sectores también afectados por la creciente
radicalización de las prácticas y filosofías del ´70. Ni siquiera la esfera
educativa privada escapó al proyecto dictatorial. La Iglesia que apoyó al terror En mayo de 1977, el Episcopado Argentino se dirigía a la Junta Militar de
entonces en estos términos. "...Reconocemos en verdad la situación excepcional por la que pasa el
país. Sabemos de la amenaza a la vida nacional que la subversión ha
significado y significa. Comprendemos que quienes son los responsables del
"bienestar del país" se hayan vistos precisados a tomar "medidas
extraordinarias", comprendemos también que por el cúmulo de
circunstancias en que entran a jugar intereses de todo orden, pareciera haberse
desatado contra la Argentina una campaña internacional, que nos duele como
ciudadanos amantes de la Patria que somos y por nada quisiéramos vernos
involucrados en posturas de reclamos de las que "no conocemos el
origen"...Bien sabemos que se tradujo en todo tipo de atentados contra la
vida y fama de las personas... Asi como contra la propiedad ...". "...Conocemos y valoramos "el esfuerzo de gobernantes y
funcionarios", "de su entrega" y "desinterés" al
"servicio de la Patria", que no en pocos casos ha significado la
ofrenda de la propia vida... así como la "renuncia de logros
personales""...Hemos escuchado manifestar muchas veces el carácter
cristiano que el gobierno de las FFAA quiere imprimir en su gestión..." Antes, y en ocasión de visitar la provincia. de Tucumán, en junio de 1976,
Monseñor Pio Laghi, habló con Jefes y Oficiales de la Guarnición de Tucumán
y les impartió la bendición Papal: " Uds. saben encontrar bien una
definición de la Patria....la acción de ustedes es una acción y una cuota de
gran sacrificio, sigan ustedes con subordinación y valor y mantengan la
serenidad de los espíritus...." A su regreso a la Capital porteña, Monseñor
le decía a un grupo de periodistas: " "En ciertas situaciones la autodefensa exige tomar determinadas
actitudes, con lo que en este caso habría que "respetar el derecho hasta
donde se pueda...". Gran parte de los líderes de la Iglesia Católica Argentina de
entonces–hay muchas individualidades que resistieron- estuvo dispuesta a
acompañar y apoyar este proceso, y esto cuenta en este trabajo en función de
su fuerte influencia y propiedad de gran parte del sistema educativo. En la
tarea de eliminar en su seno los sectores posconciliares, los obispos de
tradicional raigambre nacional-católica e integristas acordaron secretamente
con los militares. Bajo este infamante acuerdo morirán 17 sacerdotes y dos
obispos. Más de sesenta serán apresados, torturados y obligados al exilio.
Otros tantos religiosos y religiosas, junto a cristianos civiles comprometidos
en la alfabetización, la asistencia social , desaparecieron para siempre. Esos líderes ecleciásticos alientan un fenómeno raro, una auténtica
confusión de roles: "Obispos y sacerdotes...se convirtieron en ardientes guerreros, mientras
generales, almirantes, brigadieres se arrogan la interpretación de las Sagradas
Escrituras y dictan cátedra de teología, a vista y paciencia del
episcopado". Pronto esto se tradujo en acciones represivas contra los mismos colegios católicos. "Deberá darse importancia a las medidas de diverso tipo relacionadas
con el control de los colegios religiosos, tarea que han resuelto asumir
activamente las autoridades eclesiásticas. Por ello se preverá la coordinación
de esfuerzos, para evitar fricciones o acciones propias o prematuras" Los colegios católicos eran sindicados como semilleros de subversivos. Son
inhabilitados religiosos, catequistas y docentes, sin sumarios previos y sin
causas explícitas. No son acciones inconexas. El ministerio de Planeamiento que desde el golpe
ejerce el Gral. Ramón Genaro Díaz Bessone se propuso articular todas las
acciones ideológicas en los ámbitos educacionales con el mismo objetivo
represivo. Desde su oficina se delineó el tipo de enemigo a desechar del
sistema educativo, se tratase o no del ámbito estatal. Con la Ley 21.381 de
agosto del ´76 las fuerzas armadas se arrogaron el derecho de inhabilitar a
personal de establecimientos privados, la que fue considerada causa legítima de
despido sin derecho a la indemnización. Como la norma también se aplicó a
docentes de religión, el episcopado aceptó tácitamente que el gobierno
supervisase la enseñanza de la doctrina católica. Las desapariciones de religiosos hicieron el resto: el silencio acalló todo
comentario sobre la solidaridad, las prácticas democráticas, por que cualquier
palabra podía ser tomada como actividad de propagación de la subversión. La definición del enemigo subversivo o sus colaboradores dentro de las
escuelas era todo lo tan amplia que la arbitrariedad y el poder sin límites que
los militares deseaban. De cualquier forma, el tradicionalismo católico gana en
estos acuerdos, a ser recuperado como el esquema de concepciones dominantes
asumidas por los militares en el terreno social y cultural. Por otra parte, y contra esta tendencia legitimadora de ciertos obispos, la
modernización económica y las nuevas prácticas sociales acaecidas en las últimas
décadas, había cambiado la prácticas de su unidad funcional básica: la
familia. La familia urbana, sobre todo, ya no garantiza ni promueve los valores
tradicionales. Muchas se han conformado en los liberales ´60. De allí el
enorme esfuerzo propagandístico y religioso por exaltar la labor de los padres
en el rol de educadores: "La realidad nacional resurgiría, más plena si todos pusiéramos un
poco más de amor en casa, si todos tuviéramos más presencia en nuestras
casas, si dejáramos de ser meros transeúntes. Creo y espero en la preocupación
de los padres, que orienten las distracciones, las actividades de los hijos, que
los sigan de cerca y que hasta tenga la alegría de participar de ellas"
(La Prensa, 30/11/78). Los cambios en la sociedad vuelve paradójica la historia de esos años: los
sectores que tradicionalmente percibieron que el Estado era un agente que no
garantizaba la vigencia ideológica de los principios básicos del orden social
y opusieron a su acción el papel de la familia y la Iglesia, terminaron
controlando sólo el Estado, en tanto la familia y la Iglesia dejaban de ser
garantía que representaron en otros momentos históricos. Los adolescentes y la educación según los militares El primer desafío del gobierno de Videla y su planeador, Bessone, fue
eliminar todo vestigio de participación y democracia interna y recomponer la
verticalización jerárquica que también había edificado el normalismo. Lo
mejor que un adolescente puede mostrar, bajo esta óptica, es el respeto, el
orden y el silencio. El vínculo con los docentes se vuelve ostensiblemente autoritario, asctitud
con la que su podían cubrir los baches y contradicciones de las propuestas
curriculares cambiantes desde el gobierno. El disciplinamiento trasunta las
novedades. En este marco, no es sorprendente el cambio en los contenidos
introducidos o que se intentaron introducir. El primero fue el programa de
Formación Moral y Cívica, en el que se colaban los sentidos religiosos que la
escuela laica no podía asumir de otro modo, y promovía una educación
antidemocrática. Más allá de esto, y la persecución a las matemáticas modernas, faltó un
modelo cultural hegemónico y por lo tanto, el desarrollo de un programa
integral y coherente en este proyecto autoritario para la educación. Los especialistas en este tema señalan que "en el caso argentino, la crisis universal de la enseñanza media se
enmarca en la crisis social nacional. De este modo, los problemas tienden a
indiferenciarse y no resulta posible ver con claridad si se enfrenta a un
problema pedagógico, político o cultural...Así, fue frecuente confundir el
pelo largo con la falta de respeto a los valores esenciales de la nacionalidad,
o la participación estudiantil en el aprendizaje con la defensa de
Occidente." El resultado de este devenir será la creciente autonomía de cada institución
escolar y el vaciamiento de contenidos. Temidos por progresistas los avances
interdisciplinares en ciencias exactas, naturales o sociales, y cortados los vínculos
con los centros académicos en los que estas se modernizaban, los militares
acentuaron la obsolescencia de lo que se aprendía. Pronto la educación media fue considerada como inútil por muchos jóvenes.
Sin embargo, el objetivo disciplinar en el sistema había sido logrado. Uno de los principales centro de enseñanza media de la Argentina es el
tradicional Colegio Nacional Buenos Aires. Situado en el corazón del casco histórico
de la ciudad, sus raíces se hunden en la etapa virreinal y su derrotero
describe y relaciona con todos los proyectos educativos emanados desde el
Estado. Por sus aulas pasaron gran cantidad de dirigentes y personalidades de la
cultura, las artes y la política de todas las épocas. De hecho, desde 1955 a 1976, una buena cantidad de sus egresados conformaron
el equipo de cuadros que luego constituirán los Montoneros, y por ello dramáticamente
será uno de los más afectados por la represión militar y las transformaciones
pedagógicas impulsadas que se mencionaron más arriba. En efecto, son cerca de cien las personas detenidas-desaparecidas que pasaron
por sus aulas, y otras centenares las que abandonaron el país obligadas al
exilio llevándose a sus hijos, que, en muchos casos, cursaban también en el
colegio. A continuación se da la lista de los desaparecidos y muertos dentro de ese
colectivo:
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