Monografias | La Madre del DerechoLa Madre del DerechoResumen: En los predios académicos de las universidades peruanas cada vez que se tocan los tópicos de introducción a las ciencias jurídicas, en el caso de las facultades de derecho, o de derecho penal específicamente en lo que se refiere a la teoría del delito y de la pena, en el caso de las secciones de postgrado en derecho, hay una persistente negación de la estrecha y fundamental relación entre el derecho y la política. En
los predios académicos de las universidades peruanas cada vez que se tocan los
tópicos de introducción a las ciencias jurídicas, en el caso de las
facultades de derecho, o de derecho penal específicamente en lo que se refiere
a la teoría del delito y de la pena, en el caso de las secciones de postgrado
en derecho, hay una persistente negación de la estrecha y fundamental relación
entre el derecho y la política. Siendo
todo abogado en primer lugar bachiller en derecho y ciencias políticas, cuando
corresponde desarrollar la temática de lo político y lo jurídico, el rechazo
impera respecto a reconocer el origen político del derecho y su consecuente e
innegable relación primordial. Tal negativa al reconocimiento se manifiesta con
más contundencia entre los estudiantes de postgrado que desempeñan,
curiosamente, cargos de magistrados del Poder Judicial o del Ministerio Público,
en la condición de provisionales o suplentes en la mayoría de los casos. Como
si el hecho de tocar el tema político en la agenda de lo jurídico fuese una
mala palabra o un acto prohibido, los sílabos rehuyen tratar el asunto en
cuestión, y las universidades no encuentran en los actuales docentes las
personas apropiadas para ayudar a los estudiantes a comprender la existencia y
el carácter de la relación entre el derecho y la política, pues algunas veces
sucede que cuando se aborda tal temática, se enfoca el asunto desde la
vertiente de los intereses político partidarios distorsionados bien por un
izquierdismo o derechismo absolutos y aislados de lo real, o bien por la
presencia del caudillo calificado de “líder natural o nato”, al que en
jerga popular se le identifica no pocas veces como “el único hombre”. Y es
que hay fallas en la conducción política del Estado cuando los partidos o
agrupaciones políticas son fundados como única alternativa de gobierno y de
opción ideológica, para sojuzgar o anular definitivamente al resto de
competidores, o cuando el caudillo marca la pauta absolutamente, imponiendo sus
particulares intereses sobre el ideario y plataforma del partido. Esto último
se ve claramente cuando “el único hombre” decide quiénes son los
candidatos en las elecciones municipales, regionales e incluso generales. El
“democrático dedo” del caudillo termina así por desvirtuar toda forma de
auténtica democratización y participación ciudadana dentro del partido u
organización político partidaria. Sin
embargo, la política no puede ser concebida como la manera o modo de hacerse
del poder estatal para la satisfacción de mezquinos intereses personales. Las
organizaciones políticas, llámese partidos u agrupaciones, no pueden ser meros
instrumentos de los apetitos de poder. Por el contrario, los partidos políticos
son, por excelencia, el medio genuino de expresión de la democracia, y como tal
deben propender a la participación masiva de la población en la conducción
del Estado, teniendo como objetivo principal al bien común. En
este último camino, la política viene a ser la madre del derecho, el lecho
subyacente fundamental del mismo, pues lo jurídico se origina a partir de la
polis griega (ciudad) en nuestra civilización occidental, al considerar
objetivos públicos en la organización legal y normativa de la sociedad y el
Estado. En ese sentido, no podemos desconocer la estrecha y maternal relación
entre lo político y lo jurídico, bajo riesgo de perpetuar la actual realidad:
la dependencia real y fáctica de lo jurídico respecto a los intereses político
partidarios distorsionados en su desenvolvimiento cotidiano. El
derecho, al fin de cuentas, expresado básicamente en la administración de
justicia, alcanzará su auténtica independencia cuando seamos conscientes de su
origen político, cuando lo político era motivo de sano orgullo y fraternidad.
Dicha conciencia ha de ir acompañada con la decisión política de los
legisladores y funcionarios principales del Poder Ejecutivo con el fin de lograr
la tan ansiada autonomía de los órganos de justicia. Lo contrario sólo sirve
para mantener el actual estado de cosas que fomenta la impunidad y la
injusticia. D.N.I
18069920 Profesor
de derecho y metodología de la investigación científica en la Escuela de
Posgrado de la Universidad Nacional de Trujillo – Perú, 34 años (Trabajo
realizado en Setiembre del 2003). Publicación enviada por Iván Guevara Vasquez Contactar mailto: iusfilosofia@yahoo.es Código ISPN de la Publicación EpZAVuuyFyWOvozkRG Publicado Wednesday 17 de March de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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