Monografias | La homosexualidad en la politicaLa homosexualidad en la politicaResumen: Desde remotos tiempos históricos, las relaciones sexuales entre seres humanos del mismo sexo ha sido una realidad, una constante repetida a través de los siglos, en medio de una heterosexualidad generalmente mayoritaria. Desde
remotos tiempos históricos, las relaciones sexuales entre seres humanos del
mismo sexo ha sido una realidad, una constante repetida a través de los siglos,
en medio de una heterosexualidad generalmente mayoritaria. La homosexualidad ha
hecho sentir su presencia en las sociedades humanas, organizadas a partir de la
necesidad de hacer frente colectivamente a las dificultades que ofrece la
cotidiana subsistencia. Del simplismo de las primeras agrupaciones a la
complejidad de las ciudades y pueblos, la homosexualidad no ha dejado de estar
presente, al punto que con la formación de las polis (ciudades) griegas, hizo
su aparición en la política, entendida ésta clásicamente como la
administración de la cosa pública, que concierne a todos los ciudadanos por
igual. Conscientes
de nuestra herencia cultural greco romana, en países como el Perú la política
de los partidos o alianzas no está exenta de cobijar dentro de sí a preclaros
o meridianos exponentes homosexuales; esto es, pueden haber políticos
homosexuales o lesbianas, según se trate de hombres o mujeres, respectivamente.
Si bien se suele caracterizar a la antigua sociedad griega como muy tolerante
con las prácticas homosexuales, el
fenómeno de la homosexualidad, como tal, siempre ha estado presente a lo largo
de la historia. La política no ha podido sustraerse a tal presencia, pues no es
de ningún modo una isla ni está desligada en lo absoluto de las diversas
expresiones de la humanidad, al ser la política algo inherente al ser humano
organizado en sociedad. La
homosexualidad, a diferencia de la heterosexualidad, tiene peculiares características,
y es vista como una especie de cofradía por quienes la practican, cuando es
minoría en mayor o menor grado. Esa característica central de la
homosexualidad se traslada al terreno de la política; esto es, el sentimiento
de cofradía ingresa a la administración de la cosa pública, con todo lo
positivo o negativo que ello implica. Dependiendo del cristal con el que se
mire, homosexuales y lesbianas encuentran en ese tipo de cofradía el espacio
necesario y vital para poder desempeñar, sin mayores sobresaltos, sus
actividades políticas. Con el
respaldo que ello significa, los que no practican la heterosexualidad despliegan
sus labores partidarias o de alianza con cierta tranquilidad, lo suficientemente
importante como para convertirse, en algunos casos, en serias alternativas de
gobierno, respecto a políticos heterosexuales. Perversión
o no, lo cierto es que la homosexualidad está presente también en la política,
pero en países como el Perú, por un acentuado y nefasto machismo propio de
sociedades patriarcales, se trata de negar aquello, a toda costa. Sumado a ese
machismo que rechaza homosexuales y lesbianas por igual, está la sociedad de
doble moral, en donde hipócritamente se sostiene que no habría homosexualidad
en los que penetran, sino solamente en quienes son penetrados. En ese contexto,
no hay políticos homosexuales o lesbianas que asuman públicamente su tendencia
e inclinación sexual. Pero
nadie puede cabalmente negar la presencia de la homosexualidad en la política,
así como nadie en su sano juicio puede negar alguna contribución de
homosexuales a la humanidad, sea en el campo de la ciencia, el arte o la filosofía,
pues ahí están Leonardo Da Vinci, Oscar Wilde, Safo, Platón, César Moro,
Federico García Lorca, entre otros. Así como hay heterosexuales de la más
diversa catadura moral, del mismo modo hay homosexuales buenos y malos, capaces
o no de sentir concretamente los más altos sentimientos de bondad. No hay
estereotipos válidos del heterosexual bueno y el homosexual malo, porque no
tienen correspondencia con lo que sucede en la realidad. Dentro
de un ejercicio adulto y responsable de la sexualidad, sea desde el lado
heterosexual u homosexual, los hombres y mujeres políticos han de ser juzgados
no por su inclinación o tendencia sexual, sino por el carácter y clase de sus
actos, así como por su buena o mala fe a la hora de gobernar y administrar la
cosa pública. D.N.I
18069920 Profesor
de derecho y metodología de la investigación científica en la Escuela de
Posgrado de la Universidad Nacional de Trujillo – Perú, 34 años (Trabajo
realizado en Enero del 2003). Publicación enviada por Iván Guevara Vasquez Contactar mailto: iusfilosofia@yahoo.es Código ISPN de la Publicación EpZAkAVVAFRjeGxqRP Publicado Sunday 14 de March de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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