Monografias | La esperanza bíblicaLa esperanza bíblicaResumen: Inspiración Bíblica. El Antiguo Testamento. La Evolución del Antiguo Testamento. Los Libros Proféticos. El Antiguo Testamento y la Historia. Temas doctrinales del Antiguo Testamento. La literatura del nuevo testamento. Principales temas del Nuevo Testamento. Indice Biblia, también llamada Santa Biblia, libro sagrado o Escrituras, de judíos
y cristianos. Sin embargo, las Biblias del judaísmo y del cristianismo difieren
en varios aspectos importantes. La Biblia judía son las escrituras hebreas, 39
libros escritos en su versión original en hebreo, a excepción de unas pocas
partes que fueron redactadas en arameo. La Biblia cristiana consta de dos
partes: el Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento. Las dos
principales ramas del cristianismo estructuran el Antiguo Testamento de modo
algo diferente. La exégesis del Antiguo Testamento leída por los católicos es
la Biblia del judaísmo más otros siete libros y adiciones (véase la tabla
adjunta). Algunos de los libros adicionales fueron escritos en su versión
primitiva en griego, al igual que el Nuevo Testamento. Por su parte, la traducción
protestante del Antiguo Testamento se limita a los 39 libros de la Biblia judía.
Los demás libros y adiciones son denominados apócrifos por los protestantes y
libros deuterocanónicos por los católicos. El término Biblia llegó al latín del griego biblia o ‘libros’, forma
diminutiva de byblos, el término para ‘papiro’ o ‘papel’ que se
exportaba desde el antiguo puerto fenicio de Biblos. En la edad media, los
libros de la Biblia eran considerados como una entidad unificada. Orden De Los Libros El Nuevo Testamento incluye los cuatro Evangelios; los Hechos de los Apóstoles,
que es la historia de los primeros tiempos del cristianismo; las Epístolas, o
cartas, de Pablo y otros autores; y el Apocalipsis o Libro de la Revelación.
Algunos libros identificados como epístolas —en particular la Epístola a los
Hebreos— son en realidad tratados teológicos. Uso Tanto la importancia reconocida como la real de la Biblia difieren de una
forma considerable entre las diversas subdivisiones del judaísmo y del
cristianismo, aunque todos sus fieles le atribuyen un mayor o menor grado de
autoridad. Muchos reconocen que la Biblia es la guía íntegra y suficiente para
todos los asuntos de la fe y de su práctica; por su parte, otros respetan la
autoridad de la Biblia a la luz de la tradición o de la continuidad de la fe y
de la práctica de la Iglesia desde los tiempos de los apóstoles. 2. Inspiración Bíblica La doctrina de la inspiración de la Biblia por el Espíritu Santo y de la
infalibilidad de su contenido surgió en realidad durante el siglo XIX como
respuesta al desarrollo de la crítica bíblica, estudios científicos que parecían
poner en entredicho el origen divino de la Biblia. Esta doctrina sostiene que
Dios es autor de la Biblia; por eso la Biblia es Su palabra. Los científicos bíblicos
y los teólogos han propuesto numerosas teorías para explicar esta doctrina,
que van desde un dictado verbal directo de las Escrituras por Dios, hasta una
iluminación que ayudó al autor inspirado a comprender la verdad que expresaba,
tanto si ésta era revelada como aprendida por la experiencia. Importancia E Influencia Es de público conocimiento que la Biblia, en sus centenares de diferentes
traducciones, es el libro de mayor difusión en la historia de la humanidad. Es
más: en todas sus formas, la Biblia ha sido influyente hasta llegar a extremos
insólitos, y no sólo entre las comunidades religiosas que la consideran
sagrada y la reverencian. En especial, la literatura, el arte y la música del
mundo occidental tienen una enorme deuda con los temas, motivos e imágenes de
la Biblia. Algunas traducciones al inglés, como la así llamada "Biblia
Autorizada" (o versión del rey Jacobo, 1611) o la traducción de la Biblia
al alemán por Martín Lutero (terminada en 1534), no sólo influyeron en la
literatura sino que también promovieron el desarrollo de ambos idiomas. Estos
efectos siguen vigentes en las naciones en proceso de formación, donde las
traducciones de la Biblia a la lengua vernácula contribuyen a moldear las
tradiciones lingüísticas futuras. Es notable que el cristianismo incluya dentro de su propia Biblia las
escrituras íntegras de otra religión, el judaísmo. El término Antiguo
Testamento (de la palabra latina para ‘alianza’) se aplicó a estas
Escrituras sobre la base de las obras de Pablo y de otros primitivos cristianos,
que diferenciaron entre la ‘Antigua Alianza’ que Dios estableció con Israel
y la ‘Nueva Alianza’ sellada a través de Jesucristo (véase, por ejemplo,
Heb. 8,7). Como la primitiva Iglesia creía en la continuidad de la historia y
de la actividad divinas, incluyó en la Biblia cristiana los registros escritos
de la antigua y de la nueva alianza. Literatura Del Antiguo Testamento En general los libros del Antiguo Testamento y las partes que los componen
pueden clasificarse como narraciones, obras poéticas, escritos proféticos, códices
legales o apocalipsis. En su mayoría, se trata de categorías amplias que
incluyen diversos tipos o géneros diferentes de literatura y tradiciones
orales. Ninguna de estas categorías se limita al Antiguo Testamento, ya que
puede hallarse en otras literaturas antiguas, en especial la del Oriente Próximo.
Sin embargo, es necesario subrayar que algunos estilos no quedaron al fin
incluidos en el Antiguo Testamento. Las cartas o epístolas, tan importantes en
el Nuevo Testamento, no se encuentran en el Antiguo en forma de libros separados
(a excepción de la Carta de Jeremías en algunas tradiciones
manuscritas). No es posible hallar tampoco autobiografías, dramas ni sátiras.
Sorprende de una forma especial el hecho de que la mayor parte de los libros del
Antiguo Testamento contiene varios géneros literarios. Por ejemplo, el Éxodo
incluye narraciones, leyes y poesía; la mayoría de los libros proféticos
incorporan narraciones y poesía, además de los géneros proféticos como
tales. Narraciones Otros libros narrativos son: Rut, un breve episodio; Jonás, un relato didáctico;
y Ester, una novela histórica o una leyenda festiva. Es probable que estos
libros tengan su origen en cuentos populares o leyendas. En los libros
deuterocanónicos pueden encontrarse algunos relatos didácticos: Tobías,
Judit, Susana y Bel y el dragón. En los libros del Antiguo Testamento pueden hallarse muchos de estos y otros
géneros narrativos. El Génesis, como la mayoría de las demás obras
narrativas, está compuesto de diversos relatos individuales, muchos de los
cuales circulaban de forma oral e independiente. Las historias patriarcales del
Génesis (11-50) han sido denominadas leyendas, sagas y, con mayor precisión,
sagas familiares. Muchas de ellas son etiológicas, es decir, que explican un
lugar, una práctica o un nombre en términos de su origen. Obras Poéticas Características generales La poesía hebrea tiene dos características principales, una fácil de
reconocer incluso en una traducción, y una segunda más difícil de discernir.
La característica más obvia es el uso del parallelismus membrorum o
paralelismo de versos u otras partes. Por ejemplo, el significado de un versículo
puede reformularse o repetirse en un segundo versículo, como en Sal. 6,1:
"Yahvé, no me corrijas en tu cólera, en tu furor no me castigues".
Se trata, como resulta obvio, de sinónimos. Por otra parte, la segunda línea
de la unidad puede exponer el aspecto negativo de la aseveración de la primera,
como en Prov. 15,1: "Una respuesta suave calma el furor, una palabra
hiriente aumenta la ira". En otros casos, la segunda línea puede ampliar o
explicar la primera y en otras circunstancias el paralelismo es pura formalidad.
Una importante ventaja de la mayoría de las traducciones modernas de la Biblia
es que mantienen la forma poética del hebreo, permitiendo al lector disfrutar y
comprender la estructura del original. La otra característica importante de la poesía hebrea es el ritmo, que
parece haberse basado en el número de acentos en cada línea. Una de las métricas
más fáciles de reconocer es la de la kiná (endecha o lamentación), en la que
la primera línea tiene tres sílabas acentuadas y la segunda, dos. Los libros poéticos abarcan una gran diversidad de géneros. Los más
difundidos son los diversos cantares de adoración (Salmos) y la poesía
sapiencial. Además, la Biblia incluye un libro de poesía amorosa, el Cantar de
los Cantares. Poesía lírica La literatura cultual (del culto religioso) de Israel
era poesía lírica; es decir, poesía pensada para ser cantada. La mayoría de
estos libros, aunque no todos, están recopilados en Salmos. Muchos son himnos:
canciones de alabanza a Dios, a sus obras a favor de Israel o a su creación.
Otros son lamentaciones de la comunidad o cantares de queja que, de hecho, son
oraciones de petición, cantadas por el pueblo cuando se veía enfrentado a una
situación difícil. Casi una tercera parte de los Salmos son lamentaciones
individuales, cánticos utilizados por o en nombre de individuos al borde de la
muerte o del desastre. Una vez que la nación o el individuo han sido salvados
de sus infortunios, se cantan poesías de acción de gracias. Unos pocos salmos,
como 2, 45 y 110 celebran la coronación de un rey en Israel como egregio siervo
de Dios. Poesía sapiencial La poesía sapiencial incluye colecciones de
refranes de sabiduría y poemas breves, como en Proverbios, y largas
composiciones, como en Job, Eclesiastés y Eclesiástico. Los materiales
sapienciales más concisos son proverbios, refranes y admoniciones, por lo
general de uno o dos versos de longitud. Algunos eran sin duda refranes
tradicionales o populares mientras que otros llevan el sello de la reflexión y
la composición creativa. Proverbios 1-9 contiene un conjunto de poemas sobre la
naturaleza de la propia sabiduría, mientras que Job es una composición poética
larga en forma de diálogo enmarcado en un cuento popular. Eclesiastés es una
obra un tanto inconexa y Eclesiástico es un libro escrito por un maestro judío
que más tarde tradujo su nieto. La temática central de los refranes sapienciales abarca desde los consejos
prácticos para una vida provechosa y próspera, hasta reflexiones acerca de la
relación entre transitar por el camino de la sabiduría y obedecer a la ley
revelada por la divinidad. A Job, al menos en cierto sentido, le atormenta el
sufrimiento de los justos, en tanto que Eclesiastés es una triste reflexión
acerca del significado de la vida por parte de alguien que se halla a las
puertas de la muerte. Materiales Proféticos La mayoría de los libros proféticos hebreos contienen tres tipos de
literatura: narraciones, oraciones y discursos proféticos. Por lo general, las
narraciones son relatos o reseñas de la actividad profética, atribuidos al
propio profeta o contados por una tercera persona. Incluyen descripciones de
visiones, reseñas de acciones simbólicas, relaciones de actividades proféticas
(como, por ejemplo, los conflictos entre los profetas y sus opositores) y
narraciones o notas históricas. Uno de los libros de la colección profética,
Jonás, es en realidad un relato acerca de un profeta, y contiene un solo versículo
de mensaje profético (Jon. 3,4). Las oraciones incluyen himnos y peticiones,
como las lamentaciones de Jer. (por ejemplo, Jer. 15,10-21). En la literatura profética predominan los discursos, ya que la actividad
inherente del profeta consistía en difundir la palabra de Dios relativa al
futuro inmediato. Los mensajes más comunes son profecías de castigo o de
salvación. Tanto unas como otras están contextualizadas, como la mayoría de
los discursos proféticos, por fórmulas que identifican las palabras reveladas
por Dios; por ejemplo, "oráculo de Yahvé". Por lo general, la profecía
de castigo explica las razones de éste en términos de injusticia social,
arrogancia religiosa o apostasía y asimismo detalla la naturaleza del desastre,
militar o de otra índole, que recaerá sobre la nación, grupo o individuo a la
que va dirigida. Las profecías de salvación anuncian la inminente intervención
de Dios para rescatar a Israel. Otros discursos incluyen las profecías contra
las naciones extranjeras, discursos de aflicción que enumeran los pecados del
pueblo, admoniciones o advertencias (véase Profecía). LEYES Según la tradición bíblica, la voluntad de Dios fue revelada a Israel a
través de Moisés al establecer la alianza en el monte Sinaí. En consecuencia,
todas las leyes —a excepción de las contenidas en Deuteronomio— pueden
encontrarse desde Éxodo 20 hasta Números 10, donde se relatan los
acontecimientos que tuvieron lugar en Sinaí. Los especialistas han detectado en las leyes hebreas dos modalidades
principales, las apodícticas y las casuísticas. La ley apodíctica está
representada por los Diez Mandamientos (Éx. 20,1-21; 34,14-26); (Dt. 5,6-21),
aunque no se limita a ellos. Estas leyes, que por lo general se encuentran en
compilaciones de cinco o más, son sucintas manifestaciones, inequívocas y sin
ambigüedades de la conducta humana que Dios exige. En caso de ser positivas, se
denominan mandamientos; si son negativas, se trata de prohibiciones. Por otra
parte, cada una de las leyes casuísticas consta de dos secciones. La primera
establece una condición ("Si un hombre roba un buey o una oveja, y los
mata o vende...") y la segunda las consecuencias legales ("...pagará
cinco bueyes por el buey, y cuatro ovejas por la oveja", Éx. 21,37). Por
lo general, estas leyes se refieren a los problemas que pueden surgir en la vida
rural y urbana. Las leyes casuísticas son similares en su forma, y a menudo en
su contenido, a las normas recogidas en el Código de Hammurabi y otros códigos
legales del antiguo Oriente Próximo. Escritos Apocalípticos Daniel es el único libro apocalíptico, como tal, de las Escrituras hebreas,
y su primera mitad (capítulos 1 al 6) es en realidad una serie de historias
legendarias. Sin embargo, partes de otros libros son en muchos aspectos
similares a la literatura apocalíptica (Is. 24-27; Zac. 9-14; y algunas partes
de Ezequiel). Entre los apócrifos, Esdras es un apocalipsis. El judaísmo de
los dos últimos siglos a.C. y del primer siglo d.C. produjo muchas otras obras
apocalípticas que nunca fueron consideradas canónicas. Entre ellas se incluyen
Enoc, Guerra de los Hijos de la Luz y los Hijos de la Oscuridad, y el
Apocalipsis de Moisés. Véase Pseudoepígrafos. Hasta hace poco tiempo, la mayoría de los especialistas sostenía que el
desarrollo de la literatura y el pensamiento apocalípticos estuvo muy influido
por la religión persa. Este punto de vista está siendo objetado por la
identificación de las raíces de la literatura apocalíptica en el propio
pensamiento israelita, en especial en la concepción del futuro por parte de los
profetas, así como en las más antiguas tradiciones del Oriente Próximo. 4. La Evolución Del Antiguo Testamento No cabe ninguna duda de que todos los libros del Antiguo Testamento no
tuvieron su origen en la misma época y en el mismo lugar. Por el contrario, son
el producto de la evolución de la fe y la cultura israelitas durante al menos
un milenio. En consecuencia, otra perspectiva literaria analiza los libros y sus
elementos constituyentes en términos de sus autores y de su historia literaria
y preliteraria. En la práctica, todos los libros atravesaron un largo periodo de transmisión
y evolución antes de llegar a ser recopilados y canonizados. Es más: es
necesario distinguir entre los puntos de vista tradicionales judíos y
cristianos en cuanto a la autoría y datación de los libros, por una parte, y
su historia literaria real como ha sido reconstruida por los especialistas a
partir de las pruebas contenidas en los libros bíblicos y en otros lugares, por
la otra. El presente artículo no tiene por objeto presentar una reseña
detallada de la historia literaria del Antiguo Testamento. Muchos de los hechos
reales se desconocen, la historia es larga y por lo general complicada, y las
conclusiones más antiguas deben revisarse cada cierto tiempo a la luz de nuevos
hallazgos y métodos de investigación. Sin embargo, es posible resumir el
perfil general de dicha historia. Casi todos los libros del Antiguo Testamento recorrieron un largo camino
desde el momento en que se pronunciaron o escribieron las primeras palabras
hasta que adquirieron su forma definitiva. En este proceso participaron muchas
personas, como narradores, autores, editores, oyentes y lectores. Y en este
devenir les cupo un papel importante, no sólo a los individuos, sino a las
diferentes comunidades de fe. Detrás de muchas de las actuales obras literarias pueden discernirse
tradiciones orales. Por ejemplo, la mayoría de los relatos del Génesis
circularon de forma oral antes de ser transcritos. Los discursos proféticos,
hoy en forma escrita, se transmitieron primero de modo oral. De hecho, todos los
Salmos, tanto si fueron escritos como si no, se compusieron para ser cantados o
recitados en voz alta durante las ceremonias religiosas. Sin embargo, no sería
prudente deducir que la difusión oral fuera tan sólo precursora de la
literatura escrita, y que cesó una vez que se escribieron los libros porque está
probado que las tradiciones orales coexistieron con el material escrito durante
muchos siglos. El Pentateuco Las fuentes difieren en su vocabulario, estilo literario y perspectiva teológica.
La más antigua es la Jehovística o Yahvista (J, porque utiliza el nombre
divino Jahvé, transcrito también como Jehová, o Yahvé), que por lo general
suele datarse entre los siglos X o IX a.C. La segunda es la Elohísta (E, porque
utiliza el nombre general de Elohím para designar a Dios), y suele situarse en
el siglo VIII a.C. A continuación está la Deuteronómica (D, limitada al
Deuteronomio y a unos pocos pasajes de otros libros), de finales del siglo VII
a.C. La última es la Sacerdotal (P, de ‘priest’, sacerdote en inglés, por
su énfasis en la ley cúltica y en los asuntos sacerdotales), situada en los
siglos VI o V a.C. J incluye una reseña narrativa completa desde la creación
hasta la conquista de Canaán por Israel. E ya no es una narración completa, si
es que alguna vez lo fue; su material más antiguo se remonta a Abraham. P se
concentra en la alianza y en la revelación de la ley en el monte Sinaí, aunque
sitúa ambos elementos dentro de una narración que se inicia en la creación. Ninguno de los autores de estos documentos, si es que fueron individuos y no
grupos, fue un autor creativo en el sentido moderno del término. Más bien
trabajaron como editores que recopilaron, organizaron e interpretaron
tradiciones más antiguas, tanto orales como escritas. En consecuencia, la mayor
parte del contenido de las fuentes es mucho más antiguo que las propias
fuentes. Algunos de los materiales escritos más antiguos son pasajes extraídos
de obras poéticas como Paso del Mar (Éx. 15), y parte del material legal tiene
su origen en antiguos códigos. Una opinión reciente sugiere que los relatos
individuales del Pentateuco fueron compilados bajo un epígrafe que aludía a
diversas temáticas trascendentales (la promesa a los patriarcas, el éxodo, la
travesía del desierto, Sinaí y la conquista de la Tierra Prometida),
adquiriendo su forma básica en torno al 1100 a.C. En cualquier caso, el
relato de las raíces de Israel se conformó en y bajo la influencia de la
comunidad de la fe. Historia Deuteronomística El escritor (o escritores) de la obra tenía como objetivo registrar la
historia de Israel, así como dar cuenta de la catástrofe que recayó sobre la
nación a manos de los babilonios. Por un lado, trabajó como lo haría
cualquier otro historiador, recogiendo y organizando fuentes más antiguas,
tanto escritas como orales. Empleó materiales muy heterogéneos, incluyendo
relatos de los profetas, relaciones de diversa índole, crónicas más antiguas
e incluso registros de la corte. De hecho, suele derivar al lector a sus fuentes
(por ejemplo, Jos. 10,13; 2 Sam. 1,18; 2 Re. 15,6). No obstante aplicó también
la visión del teólogo, quizá de alguien que ya tenía firmes convicciones
acerca del curso y significado de los acontecimientos que iba registrando. Estas
convicciones hallaron su expresión en la forma en que organizó el material y añadió
los discursos, que él mismo había escrito, en boca de los principales
protagonistas (por ejemplo, Jos. 1). Creía que Israel había sido sojuzgada por
Babilonia debido a la desobediencia a la ley de Moisés (como en Deuteronomio),
en especial por adorar dioses falsos en altares paganos; creía asimismo que los
profetas habían advertido del exilio mucho tiempo antes de que se produjera. Los Libros Poéticos Salmos se convirtió en el libro de himnos y oraciones del Segundo Templo de
Israel, pero muchos de los cánticos son anteriores a la construcción del
santuario. Contienen motivos, temas y expresiones que Israel heredó de sus
predecesores cananeos. Muchas voces hablan en y a través de los Salmos, pero
sobre todas se oye la expresión de una comunidad que se entrega a la oración. Muy pocos libros proféticos, si acaso, fueron escritos en su integridad por
la persona con cuyo nombre han sido designados. Es más: en la mayoría de los
casos, incluso las palabras del profeta original fueron registradas por otros.
La historia de Baruc, escriba de Jeremías (Jer. 36 y también Is. 8,16) ilustra
uno de los métodos con los que las palabras pronunciadas por los profetas se
convirtieron en libros. Las diversas manifestaciones de los profetas deben de
haber sido recordadas y recopiladas por sus seguidores y, según lo indicaran
las circunstancias, transcritas. Más tarde, la mayoría de los libros fueron
editados y ampliados. Por ejemplo, cuando Amós (c.7 55 a.C.) se
utilizó en tiempos del exilio, se le dio un final nuevo y esperanzador (Am.
9,8-15). Isaías refleja siglos de la historia israelita y la obra de varios
profetas y otras personalidades; Is. 1-39 se basa sobre todo en el profeta
original (742-700 a.C.); los capítulos 40 al 55 son obra de un profeta
desconocido del exilio, denominado Segundo Isaías (539 a.C.); y los capítulos
56 al 66, identificados con el Tercer Isaías, provienen de diversos escritores
del periodo posterior al exilio. El Canon El Canon Hebreo La Biblia hebrea se fue convirtiendo en Sagradas Escrituras a lo largo de
tres etapas diferenciadas. La secuencia se corresponde con las tres partes del
canon hebreo: la Torá, los Profetas y los Hagiográficos. Sobre la base de las
pruebas externas, parece evidente que la Torá o Ley fue aceptada como texto
sagrado entre las postrimerías del exilio de Babilonia (538 a.C.) y el
cisma samaritano del judaísmo, hacia el 300 a.C. Los samaritanos reconocen
como Biblia sólo a la Torá. La segunda fase fue la canonización de Neviím (Profetas). Tal y como lo
indican los encabezamientos de los libros proféticos, las palabras de los
profetas que habían quedado registradas comenzaron a considerarse palabra de
Dios. A todos los efectos, la segunda parte del canon hebreo se concluyó a
finales del siglo III a.C., no mucho antes del 200 a.C. Entre tanto se compilaban, leían y utilizaban otros libros en el culto y el
estudio. Hacia la época en que se escribió Eclesiástico (c. 180 a.C.),
se había desarrollado la idea de una Biblia tripartita. El contenido de la
tercera parte, Ketuvim (Hagiográficos), se mantuvo bastante fluido en el judaísmo
hasta después de la caída de Jerusalén en poder del Imperio romano, en el 70 d.C.
Hacia finales del siglo I d.C., los rabinos de Palestina ya habían determinado
y cerrado la lista definitiva. En el proceso de canonización obraron tanto fuerzas positivas como
negativas. Por una parte, la mayoría de las decisiones ya habían sido
adoptadas de facto: Torá, Profetas y la mayor parte de Hagiográficos venían
sirviendo como Escrituras desde hacía varios siglos. La controversia giró sólo
en torno a unos pocos libros de los Hagiográficos, como Eclesiastés y Cantar
de los Cantares. Por la otra, se escribían y difundían otros muchos libros
religiosos, que aducían ser también la palabra de Dios. Entre éstos se incluían
los actuales apócrifos de los protestantes (algunos de ellos deuterocanónicos
para los católicos y ortodoxos, y otros apócrifos también para éstos),
algunos de los libros del Nuevo Testamento, y muchos más. En consecuencia, la
decisión oficial de establecer una Biblia debe considerarse como la respuesta a
un planteamiento teológico: ¿según qué libros definirá el judaísmo su
propia doctrina y su relación con Dios? El Canon Cristiano El último paso importante en la historia del canon cristiano tuvo lugar
durante la Reforma protestante. Cuando Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán,
redescubrió lo que otros (destacando de modo muy notable san Jerónimo, el
erudito bíblico del siglo IV) ya sabían: que el Antiguo Testamento original
estaba escrito en hebreo. Eliminó de su Antiguo Testamento todos los libros no
incluidos en la Biblia judía y los tildó de apócrifos. Esta medida tuvo por
objeto volver al texto y al canon acaso más antiguos y por consiguiente
mejores, y oponer a la autoridad de la Iglesia la autoridad de aquella versión
más antigua de la Biblia. Véase Apócrifos; Libros Deuterocanónicos; Apócrifos
del Nuevo Testamento. Los Textos Y Las Versiones Antiguas Textos Masoréticos No obstante, se conservan manuscritos hebreos más antiguos —masoréticos y
de otra índole— de libros individuales. Muchos de ellos, que datan del siglo
VI, fueron descubiertos a finales del siglo XIX en la guenizá (depósito en el
que se guardan los escritos inutilizados o desechados para evitar que se profane
el nombre de Dios escrito en ellos) de la sinagoga de El Cairo. Numerosos
manuscritos y fragmentos, muchos de ellos de la era precristiana, fueron
recuperados en la región del mar Muerto desde 1947 (véase Manuscritos del Mar
Muerto). Aunque muchos de los manuscritos más importantes son bastante tardíos,
en particular los textos masoréticos conservan una tradición textual que se
remonta cuando menos a un siglo antes de la era cristiana. La Septuaginta Y Otras Versiones En Griego La versión griega más importante se denomina Septuaginta (en griego,
‘setenta’), porque la leyenda afirma que la Torá fue traducida en el siglo
III d.C. por 70 (o 72) traductores. Tal vez, la leyenda sea cierta en algunos
aspectos: la primera traducción al griego incluía sólo a la Torá y fue
realizada en Alejandría en el siglo III a.C. Más tarde se tradujeron las demás
Escrituras hebreas, aunque parece lógico que esta tarea fuese realizada por
otros eruditos cuya pericia y concepciones eran distintas. Se emprendieron muchas otras traducciones al griego, que en su mayoría se
conservan sólo gracias a fragmentos o citas de los primeros Padres de la
Iglesia y otros. Entre ellas se incluyen las versiones de Áquila, Símaco,
Teodoción y Luciano. El teólogo cristiano Orígenes (siglo III) estudió los
problemas que presentaban estas versiones diferentes y preparó una Hexapla, una
crítica textual en la que organizó en seis columnas paralelas el texto hebreo,
el texto hebreo transliterado al griego, y las versiones de Áquila, Símaco,
Teodoción y Luciano. Pešitta, Antigua Latina, Vulgata Y Los Targum Otras versiones que deben considerarse son los Targum arameos. En el judaísmo,
cuando el arameo sustituyó al hebreo como idioma cotidiano, se hicieron
necesarias traducciones, primero para acompañar la lectura oral de las
Escrituras en la sinagoga, y más tarde transcritas al papel. Los Targum no eran
traducciones literales, sino más bien paráfrasis o interpretaciones del
original. Los dos Targum más importantes son el que tuvo su origen en Palestina
y los revisados en Babilonia. En el último decenio se descubrió un manuscrito
íntegro del Targum palestino, el Neofiti I, guardado en la Biblioteca del
Vaticano. De los Targum babilónicos, los más conocidos son el de Onquelos
(Pentateuco) y el de Jonatán (Profetas). Las versiones suelen ser testimonios cualificados, en ocasiones los mejores,
del texto original. Además, incluyen importantes pruebas de la historia del
pensamiento entre las comunidades para las que la Biblia constituía un texto
fundamental. 6. El Antiguo Testamento Y La Historia En casi todas sus páginas el Antiguo Testamento reclama atención hacia la
realidad y respeto hacia la importancia de la historia. El Pentateuco y los
libros históricos contienen historias de salvación; los profetas hacen
constantes referencias a hechos del pasado, del presente y del futuro. Como la
historia de Israel se recoge en el Antiguo Testamento, llegó a organizarse en
una serie de acontecimientos o periodos fundamentales: el éxodo (incluyendo los
relatos desde los patriarcas hasta la conquista de Canaán), la monarquía, el
exilio de Babilonia y el retorno a Palestina con la restauración de las
instituciones religiosas. Separación Entre La Interpretación Y La Historia El Núcleo Histórico La historia antigua y el desarrollo de Israel Existe un considerable
cuerpo de información relativo a la historia del antiguo Oriente Próximo a
partir del III milenio a.C., aunque una historia detallada de Israel sólo puede
comenzar en torno a los tiempos de David (1000-961 a.C.). Ello no significa
que no haya nada que decir acerca de las épocas precedentes o que toda la
información de los sucesos anteriores a David sea inexacta. Implica que es muy
difícil separar las pruebas históricas de las interpretaciones posteriores y
que se conocen con certeza pocos detalles. Los relatos de Génesis sobre los
patriarcas, por ejemplo, no fueron concebidos como historia. La historia se
refiere a acontecimientos públicos; las narraciones de los patriarcas son
episodios familiares, en su mayor parte centrados en asuntos privados. Sin
embargo, las pruebas arqueológicas han demostrado que el entorno o escenario de
estos relatos puede proporcionar un cuadro bastante fidedigno de cómo era la
vida durante la edad del bronce tardío. Los relatos sugieren que los
antepasados de Israel eran seminómadas y aportan indicios acerca de sus
creencias y prácticas religiosas. Un cuidadoso análisis de los registros bíblicos y un uso prudente de las
pruebas arqueológicas permiten situar el éxodo desde Egipto en la segunda
mitad del siglo XIII a.C. No obstante, se desconoce incluso la ruta del éxodo.
Sobre este particular el Antiguo Testamento conserva al menos dos tradiciones
relevantes. Es posible que no participaran todas las tribus de Israel, y lo más
probable es que lo hicieran sólo las tribus de José. En Josué 1-12 y Jueces 1-2 se encuentran dos versiones diferentes de la
entrada de Israel a la tierra de Canaán. Las sucintas manifestaciones que
aparecen en Josué dan cuenta de que los israelitas, bajo el mando de Josué,
conquistaron el territorio de manera repentina, mientras que Jueces 1-2 y otras
tradiciones apoyan la conclusión de que cada tribu fue ocupando su territorio
de manera gradual, y transcurrieron varias décadas, si no siglos, antes de que
Israel adquiriese su territorio. Así, el periodo de las conquista y el de
Jueces se superponen. Por lo general, durante los dos siglos posteriores al 1200 a.C.,
las tribus llevaron a veces existencias separadas y otras veces conjuntas, para
convertirse en una nación (Israel); sólo tras un proceso gradual. La monarquía La monarquía surgió en torno al siglo XI a.C., en
un clima de enfrentamientos internos y amenazas externas. Las luchas intestinas
giraron en torno a la forma de gobierno adecuada para la nación. Mientras que
algunos favorecían el estilo más tradicional de liderazgo carismático en épocas
de crisis, otros deseaban una monarquía estable. Triunfó la monarquía debido
a la amenaza exterior de los filisteos, superiores en el orden militar, que
ocuparon cinco ciudades de la llanura costera. Saúl unió a las tribus e
instauró la monarquía, pero murió junto a su hijo Jonatán en una batalla
contra los filisteos. David se convirtió en rey, primero del sur y más tarde
de toda la nación. Tras encargarse de eliminar de una vez por todas la amenaza
filistea, instauró un imperio que abarcó desde Siria hasta la frontera con
Egipto. Su reinado fue largo y próspero, aunque no carente de luchas intestinas
por la posesión de su trono. Le sucedió su hijo Salomón, quien estableció
una corte siguiendo el modelo de otros monarcas orientales. Salomón construyó
un palacio y el gran Templo de Jerusalén, exprimiendo al máximo los recursos
del país para realizar sus grandiosos proyectos. Los reinos de Israel y Judá asociarse entre sí, la vida del pueblo continuó tanto en Babilonia como en
su país natal. El exilio fue un desastre que desde hace mucho tiempo los
profetas habían anunciado como castigo divino, aunque la experiencia llevó a
los israelitas a reconsiderar su propio significado como pueblo y a transcribir
e interpretar sus antiguas tradiciones. Véase Cautividad de Babilonia. El periodo posterior al exilio En el año 538 a.C. el pueblo fue
liberado de Babilonia tras haber sido instaurado el Imperio persa por Ciro II el
Grande. Los profetas Esdras y Nehemías fueron los líderes de la época
posterior al exilio, cuando se restablecieron las instituciones y se reconstruyó
el Templo. Judá pasó a ser una provincia persa y sus habitantes gozaron de una
relativa autonomía, en especial en el orden religioso. En algún momento durante este periodo la historia de Israel devino en la
historia del judaísmo, aunque su fecha exacta es objeto de polémica. Para más
información, véase Judíos; Judaísmo. A principios de la era cristiana, el
pueblo había sobrevivido al surgimiento del imperio de Alejandro Magno (333 a.C.),
a la revolución y al régimen de los Macabeos (168-165 a.C.) y al
establecimiento del control romano sobre Palestina (63 a.C.). Tras ser
sofocada una rebelión en el año 70 d.C., que provocó la destrucción de
Jerusalén, su vida cambió por completo. 7. Temas Doctrinales Del Antiguo Testamento Los temas doctrinales del Antiguo Testamento son ricos, profundos y diversos.
En estos escritos no puede hallarse una teología única, ya que surgieron de
numerosos individuos y comunidades durante varios siglos. Reflejan no sólo una
evolución del pensamiento, sino también diferencias e incluso conflictos de
opinión. Por ejemplo, coexisten diferentes interpretaciones de la creación y
en más de una ocasión los profetas desafiaron los juicios de los sacerdotes.
Los temas del Antiguo Testamento son coherentes por sí y entre sí, aunque no
se trata de una teología sistematizada. La canonización de la Biblia, aunque
determinó una lista oficial, también reconoció una diversidad sustancial. El Dios De Israel El lenguaje característico del Antiguo Testamento acerca de Dios vincula el
nombre de Yahvé con los acontecimientos: "Yo, Yahvé, soy tu Dios, que te
he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre" (Éx. 20,2).
Israel reconoce quién es Dios más en términos de lo que ha hecho o hará que
en términos de su naturaleza intrínseca. Así, la historia adquiere una
especial importancia como esfera de la acción divina y de la interacción con
su grey. La única salvedad significativa a esta acepción del lenguaje histórico
se encuentra en la literatura sapiencial. La Alianza Y La Ley Otros dos temas fundamentales del Antiguo Testamento, la alianza y la ley,
están relacionados de forma estrecha. Alianza posee numerosos significados,
incluyendo un acuerdo entre naciones o individuos, pero sobre todo se refiere al
pacto entre Yahvé e Israel sellado en el monte Sinaí. El lenguaje relativo a
la alianza tiene mucho en común con el de los tratados del antiguo Oriente Próximo,
ya que tanto aquélla como éstos se confirman mediante juramentos. Yahvé
aparece tomando la iniciativa en el establecimiento de la alianza al elegir a un
pueblo. Quizá la formulación más sencilla de la alianza es la frase: "Yo
os haré mi pueblo y seré vuestro Dios" (Éx. 6,7). Se concebía que la
ley se había otorgado como parte de la alianza, compromiso por el cual Israel
se convirtió en el pueblo de Dios. La ley contiene normativas de conducta en
relación con los demás seres humanos y reglas sobre las prácticas religiosas,
aunque no transmite un código de instrucciones para afrontar todos los aspectos
de la vida. Más bien parece señalar los límites que el pueblo no podrá
transgredir sin romper la alianza. El Ser Humano Otro tema que aparece en los profetas y que resulta básico en otras partes
es que Yahvé es un Dios justo que espera de su pueblo justicia y rectitud. Ello
incluye la equidad en todos los asuntos humanos, la protección del débil y el
establecimiento de instituciones justas. Al tratar éstas y otras materias, no es de sorprender que las Escrituras judías
proporcionasen los cimientos de dos religiones universales, el judaísmo y el
cristianismo. El Nuevo Testamento Texto, Canon Y Primeras Versiones Manuscritos Y Crítica Textual Comparar, evaluar y fechar los manuscritos; organizarlos en grupos afines y
desarrollar criterios para evaluar cuál es el texto que tiene más
probabilidades de corresponderse con el que en verdad escribieron sus autores,
son tareas propias de los críticos. Para sus evaluaciones se sirven de miles de
citas de las escrituras que aparecen en las obras de los primeros Padres de la
Iglesia y en una serie de antiguas traducciones de la Biblia a otros idiomas. El
fruto del trabajo de los críticos textuales es una edición del Nuevo
Testamento en griego que ofrece no sólo el que se considera el mejor, sino que
también incluye notas que indican versiones divergentes en los principales
manuscritos. Estas variantes suelen aparecer en las traducciones como notas al
pie en las que se indica qué opinaban sobre el particular otras autoridades
antiguas (véanse, por ejemplo, Mc. 16,9-20; Jn. 7,53-8,11; He. 8,37). Las
ediciones críticas del Nuevo Testamento griego han venido apareciendo con
cierta regularidad periódica a partir de la obra del erudito holandés Erasmo
de Rotterdam. Escritos Precanónicos El conocimiento de la literatura de este periodo se amplió en gran medida
gracias al descubrimiento en 1945, de la biblioteca de un grupo cristiano herético,
los gnósticos (véase Gnosticismo), en Nag-Hammadi (Egipto). Esta colección,
escrita en copto, ha sido traducida y publicada. Los especialistas han prestado
especial atención al Evangelio de Tomás; uno de los 12 apóstoles que pretende
recoger los proverbios, 114 en total, que Jesús le transmitió en persona. El Canon Seguir el rastro de la historia de la evolución del canon del Nuevo
Testamento tomando como guía los libros mencionados o citados por los primeros
Padres de la Iglesia constituye un proceso incierto, ya que es más lo que
silencia que lo que declara. Al parecer, el primer intento de establecer un
canon tuvo lugar en torno al 150 d.C., por obra de un cristiano herético
de nombre Marción, cuya aceptable relación incluía el Evangelio de Lucas y 10
epístolas paulinas, editados con una fuerte orientación antijudía. Quizá la
oposición a Marción fue la que dio impulso a los esfuerzos tendentes a
elaborar un canon aceptado de forma general. Tal vez hacia el 200 d.C., 20 de los 27 libros del Nuevo Testamento se
consideraban autorizados. Aquí y allá prevalecían preferencias locales,
existiendo algunas diferencias entre las Iglesias occidental y oriental. En
general, los libros que durante un tiempo fueron objeto de polémica, aunque más
tarde se incluyeron en el canon, eran Santiago, Hebreos, 2 Juan, 3 Juan, 2 Pedro
y Apocalipsis. Otros libros que gozaron de amplia aceptación popular aunque al
final resultaran rechazados, fueron Bernabé, 1 Clemente, Hermas y el Didaké;
los autores de estos libros suelen ser denominados Padres Apostólicos. La carta pastoral 39 que san Atanasio, obispo de Alejandría, envió a las
iglesias que se hallaban bajo su jurisdicción en el año 367, acabó con toda
duda acerca de los límites del canon del Nuevo Testamento. En dicha pastoral,
que se conserva en una colección de los mensajes anuales de la Cuaresma
dictados por Atanasio, relaciona como canónicos los 27 libros que siguen siendo
los constitutivos del Nuevo Testamento, aunque los organizó de forma diferente.
Estos libros del Nuevo Testamento, en su orden actual, son los cuatro Evangelios
(Mateo, Marcos, Lucas y Juan), Hechos de los Apóstoles, Romanos, 1 Corintios, 2
Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2
Tesalonicenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, Santiago, 1
Pedro, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan, Judas y Apocalipsis. Primeras Versiones 8. La literatura del nuevo testamento Evangelios Sobre estos particulares es el Evangelio según san Juan el que más se
distingue de los demás. En este Evangelio, Jesús aparece descrito de forma más
obvia como divinidad omnisapiente, omnipotente y superior. Los otros tres se
denominan Evangelios Sinópticos (vistos juntos) porque a pesar de sus
diferencias, si se organiza en columnas paralelas el texto de Mateo, Marcos y
Lucas, sus coincidencias son tales que pueden apreciarse de un modo visual,
hasta tal punto que han generado numerosas hipótesis acerca de sus relaciones.
La opinión especializada más difundida sostiene que Marcos fue el primer
Evangelio que se escribió y sirvió como fuente inspiradora para Mateo y Lucas.
Lo más probable es que estos dos últimos recurrieran a otros textos además de
a esta fuente común, una hipótesis basada en la gran cantidad de material común
que no se encuentra en Marcos. Esta fuente, que existe sólo en la teoría ya
que no ha podido ser identificada, ha sido denominada Q, o Quelle (en alemán,
‘fuente’). En su prólogo el autor del Evangelio de Lucas dice haber
investigado numerosas narraciones sobre Jesús (Lc. 1,1-4). Historia Epístolas Escritos Apocalípticos Formas Literarias En las obras de los especialistas bíblicos de antaño se prestaba gran
atención a la parábola, que durante siglos fue considerada como una alegoría.
A finales del siglo XIX el científico bíblico alemán Adolf Jülicher
adoptó una nueva orientación para realizar la interpretación de las parábolas.
Insistió en que las parábolas del Nuevo Testamento deben ser entendidas como símiles
reales más que como alegorías. Así, sostuvo que los relatos de Jesús deben
entenderse como ejemplos cuyo significado podía volverse a enunciar formulando
temas o propuestas sencillas. Las parábolas han llegado a ser aceptadas como obras del arte literario con
una fuerza y función similar a la de la poesía, por lo cual no deben
destruirse parafraseándolas, resumiéndolas ni compendiándolas. Como arte
literario, una parábola no se limita a presentar su argumento, sino que además
actúa sobre el lector, creando, modificando o incluso rechazando una
determinada concepción de la vida y de la realidad. También se están
efectuando estudios académicos de otras formas literarias del Nuevo Testamento. La Historia En El Nuevo Testamento Determinación Del Contexto Cronológico Amplio No obstante, los especialistas coinciden en cuanto al contexto cronológico
general. Los principales puntos de apoyo se encuentran en Lucas y Hechos, que
sitúan la narración de la vida de Jesús y los comienzos de la Iglesia dentro
del contexto de la historia judía y romana. El Evangelio de Lucas afirma que
Jesús comenzó su ministerio en el decimoquinto año de reinado de Tiberio (Lc.
3,1), que sería el 28-29 d.C. Los cuatro Evangelios coinciden en que Jesús
fue crucificado cuando Poncio Pilatos era gobernador de Judea (26-36 d.C.).
El ministerio de Jesús tuvo lugar entre el 29 y el 30 d.C. si se acepta la
versión de que duró un año, o entre el 29 y el 33 d.C. según la teoría
de que se prolongó entre tres y cuatro años. Las Narraciones De La Infancia El resto del Nuevo Testamento guarda silencio acerca del nacimiento de Jesús.
En el transcurso de la historia de la Iglesia, algunos cristianos han insistido
en que las narraciones de la infancia deben tomarse de forma literal, mientras
que otros las han considerado como uno de los muchos modos de expresar la
creencia en la relación de Jesús hacia Dios como su Hijo. La tendencia del
Nuevo Testamento a proclamar el significado de los acontecimientos sin presentar
la versión del narrador sobre los propios hechos siempre ha dado lugar a la
disensión entre quienes se dedican a la investigación histórica. Los Apóstoles Y La Iglesia Primitiva La mayor parte de la atención del registro que aparece en Hechos de los Apóstoles
se centra en la figura de Pablo, un judío de Tarso que se convirtió al
cristianismo en las cercanías de Damasco entre el 33 y el 35 d.C. Tras 14
años de silencio Pablo comenzó a escribir sus epístolas, realizando una obra
misionera que le llevó por Siria, Galacia, Asia Menor, Macedonia, Grecia y
Roma. Al parecer, sus días acabaron en Roma en los primeros años de la década
del 60. Las epístolas de Pablo y Hechos ofrecen al lector algunos datos acerca
de la vida de estas primitivas comunidades cristianas y sobre su relación con
las culturas hegemónicas. Los demás libros del Nuevo Testamento aportan escasa información histórica
y casi ninguna base para permitir una datación exacta. En general, parecen
haber sido escritos por una comunidad de segunda o de tercera generación. En
estos documentos, los seguidores inmediatos de Jesús ya han muerto, se han
disipado el entusiasmo inicial y las expectativas del regreso definitivo de Jesús
para terminar la historia y es evidente la necesidad de preservación,
consolidación e institucionalización (véase Escatología; Segunda venida). Se
identifica a los herejes y apóstatas, se los ataca y se insta a los miembros a
adoptar una tenacidad que les permita enfrentar a las persecuciones por venir.
La Segunda Epístola de Pedro, acaso el último de los libros del Nuevo
Testamento que se escribió, muestra un vigoroso esfuerzo por restablecer las
antiguas expectativas sobre el inminente final de la historia. Este intento de
recuperar el celo y la convicción de tiempos pasados es, en sí mismo, el
indicio del final de una época. 9. Principales Temas Del Nuevo Testamento Al igual que los temas teológicos del Antiguo Testamento, los del Nuevo
tienen un contenido rico y variado. Dios Jesús Los Evangelios presentan el ministerio de Jesús como la presencia de Dios
sobre la Tierra. Sus palabras revelaron a Dios y al modo de obrar de Dios con su
pueblo; sus acciones demostraron el poder curativo de Dios al integrar el
cuerpo, la mente y el espíritu; su martirio y muerte son testimonio del
inquebrantable amor de Dios; y su resurrección fue la señal de que Dios
aprobaba la vida, la muerte y el mensaje de Jesús. San Pablo y otros discípulos
desarrollaron conceptos acerca de la muerte de Jesús como el sacrificio y la
expiación por los pecados y presentaron la resurrección de Jesús como garantía
de la resurrección de sus discípulos. Los documentos escritos durante la
persecución (1 Pe., Ap.) interpretaron el sufrimiento de Jesús como modelo
para los cristianos en la hora del martirio. Espíritu Santo Reino De Dios Salvación Pablo creía que en el cumplimiento último del propósito de Dios, la
salvación alcanzaría dimensiones cósmicas. El reino de la redención
coexistiría con el reino de la creación. Ello implicaba que al final, incluso
las fuerzas del mal que, según el Nuevo Testamento, habitan los cielos, la
tierra y las regiones subterráneas, se armonizarían con el benevolente plan de
Dios. Esta visión final es diferente a la de Apocalipsis, donde el final se
caracteriza por la reivindicación y recompensa a los santos, y la condena
eterna de los perversos. 10. Conclusión La Resurrección Del Señor Y habida esta victoria, al tercero día el autor de la vida, vencida la
muerte, resucitó de los muertos: y así salió el verdadero Josef de la cárcel
del infierno por voluntad y mandamiento del Rey soberano, trasquilados ya los
cabellos de la mortalidad y flaqueza, y vestido de ropas de hermosura y
inmortalidad. Aquí tienes que considerar el alegría de todos los aparecimientos que
entrevinieron en este día tan glorioso: conviene saber, el alegría de aquellos
padres del limbo, que tantos años esperaron y suspiraron por este día; el
alegría de la Virgen, que tanto padeció el día de la pasión, y tanto se
alegró el de la resurrección; el alegría de las Marías, especialmente de la
bienaventurada Magdalena, que tanto amaba este Señor y tanto se alegró de
verle resucitado; el alegría también de los discípulos, que tan desconsolados
estaban sin su Maestro, y tanta consolación recibieron en le ver; y con esto
ruega al Señor te de a sentir alguna parte de lo que ellos este día sintieron.
Y no sólo esta vez, mas otras muchas veces y de otras maneras les apareció el
Señor por espacio de cuarenta días, comiendo y bebiendo con ellos: para que
con estos argumentos confirmase nuestra fe, y con sus promesas esforzase nuestra
esperanza, y con los dones que del cielo nos enviase, encendiese nuestra
caridad. Apuntes de introducción a la biblia Trabajo Enviado por: Publicación enviada por Lic. José Luis Dell’ordine Contactar mailto:dellordine@arnet.com.ar Código ISPN de la Publicación EpZAkEZEZuFGfgionr Publicado Saturday 13 de March de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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