Monografias | La dimension politica del delitoLa dimension politica del delitoResumen: Desde la génesis misma de lo jurídico, el mundo de la polis se dejó notar, en cuanto ciudad ordenada con leyes y normas. La polis griega, después de todo, nos legó el nombre “política” como actividad referida a la administración de la cosa pública. Desde
la génesis misma de lo jurídico, el mundo de la polis se dejó notar, en
cuanto ciudad ordenada con leyes y normas. La polis griega, después de todo,
nos legó el nombre “política” como actividad referida a la administración
de la cosa pública. Dentro
del derecho aparece, como una creación necesaria para evitar la destrucción o
ruina de la comunidad, el derecho penal, que se construye a su vez sobre la noción
y concepción de delito. Las conductas establecidas en la ley, castigadas con
una sanción por el aparato punitivo del Estado, posibilitaron a las sociedades
subsistir y encaminarse hacia el logro de determinados objetivos. En nuestra
civilización occidental, el delito tiene así su origen en el ámbito de la política,
y por intereses y objetivos de la polis (ciudad), en estricta correspondencia
con las raíces de nacimiento del derecho en general. Cuando
la polis griega se fragmenta en grupos particulares provistos de privadas
ambiciones y concepciones sobre cómo administrar la cosa pública, en el
devenir de los tiempos, surgen los intereses político partidarios que en no
pocos casos se traducen en la manera “preocupada” de pensar en cómo
repartirse la torta estatal llena generalmente de presupuesto y dinero, en mayor
o menor medida, de acuerdo al tamaño y recursos de los respectivos países que
albergan a las actuales repúblicas y monarquías constitucionales. En
la época contemporánea, por cierto descrédito en que ha caído lo político
partidario, se ha llegado a reducir toda expresión política como sinónimo de
ambición desmedida de poder y, en consecuencia, de lucha desleal entre las
diversas agrupaciones político partidarias. No en vano, el “vale todo” y la
asquerosidad de las intrigas han terminado por erosionar enormemente la función
y la finalidad de la política, en el contexto de las democracias
representativas y del Estado de derecho.
En
ese sentido, por ejemplo, cuando los ex gobernantes cuestionados por corrupción
son denunciados penalmente se esgrime la tesis de la persecución política para
precisamente frenar todo intento de ser sometidos a proceso, cuando lo correcto
estriba en permitir que se esclarezcan los hechos mediante el apersonamiento y
defensa en la respectiva instancia judicial. Pero lo correcto e incorrecto
suelen desaparecer fulminados por el relativismo propio de los intereses político
partidarios distorsionados a la vez por las imágenes de los únicos caudillos o
“líderes natos”, supuestamente insustituibles de generación en generación. En
consecuencia, hay delitos que, mereciendo ser encausados, no lo son, pese a que
merecen terminar en proceso con sentencia o resolución final pertinente, y, por
el contrario, hay hechos denunciados que, no constituyendo delitos, son
encausados debido a que los agentes de la actividad político partidaria
pusieron su mayor o menor celo y preocupación en los mismos, respectivamente,
por lo general gracias a la orden y mandato del caudillo y de su cúpula
privilegiada que lo sustenta y aisla en el poder. En
esa visión, el derecho penal y con ello el delito tienen un presente triste y
oscuro explicado por los intereses fragmentados de lo político partidario.
Pero, a su vez, se vislumbra un glorioso porvenir cuando, tras desnudarse la
verdad de las cosas al respecto, la política retorne a su cauce natural y sea
nuevamente una actividad dirigida ante todo y por todo al bien común. Eso
significa cambiar el actual desenvolvimiento de la política, reconociendo su
carácter matriz respecto a lo jurídico. Y es que el pretendido divorcio entre
el derecho y la política implica estar en la ignorancia más lamentable que
pueda haber porque el primero surge de la segunda para regular y ordenar la vida
de la comunidad, considerando objetivos públicos nobles y justos. Ese
momento algún día vendrá y caerá por su propio peso por la superación del
egoísmo y la ambición desenfrenada. Y la luz del sol de la justicia alumbrará
a todos, absolutamente a todos por igual. Iván
Guevara Vásquez D.N.I
18069920 Profesor
de derecho y metodología de la investigación científica en la Escuela de
Posgrado de la Universidad Nacional de Trujillo – Perú, 34 años (Trabajo
realizado en Agosto del 2003). Publicación enviada por Iván Guevara Vasquez Contactar mailto: iusfilosofia@yahoo.es Código ISPN de la Publicación EpZAupZkEABtMSSWZG Publicado Monday 15 de March de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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