Monografias | Suprimiendo barrerasSuprimiendo barrerasResumen: Con la promulgación el año 1982 de la Ley de Integración Social del Minusválido se hizo una apuesta clara por la integración de las personas discapacitadas en la red de recursos pensada para el conjunto de la sociedad. Isabel Torras Genís, Profesora
de las Escuelas Universitarias de Trabajo Social y Educación Social Pere
Tarrés Con la promulgación el
año 1982 de la Ley de Integración Social
del Minusválido se hizo una apuesta clara por la integración de las personas
discapacitadas en la red de recursos pensada para el conjunto de la sociedad. En
la mencionada ley, se reconoce el derecho de las personas con disminución a
participar en los diferentes entornos de la sociedad en tanto que sus
capacidades se lo permitan. Así, siempre que sea posible, un niño con
discapacidad podrá asistir a la escuela de su barrio, al centro de tiempo libre
más cercano y, una vez adulto, podrá incorporarse al mercado laboral. El
objetivo final que se persigue es el de la "normalización",
es decir, poner a disposición de la persona con disminución unas condiciones
de vida que se aproximen al máximo a las condiciones de vida del conjunto de la
sociedad. La ley prevee diferentes niveles de integración en función del grado
de discapacidad de la persona. Por lo tanto, no estamos hablando del todo o
nada, sino de alcanzar el nivel máximo de integración según las posibilidades
de la persona y de su entorno. Para avanzar en el camino de la
normalización y, más concretamente, para potenciar la integración formativa y
laboral de las personas discapacitadas son imprescindibles los siguientes
elementos: A.-Supresión de barreras La supresión de barreras arquitectónicas
es un requisito previo a cualquier acción dirigida a la integración de
personas discapacitadas. Tenemos que asegurarnos que la persona (vaya en silla
de ruedas, sea sorda, ciega o con problemas de movilidad en las manos) podrá
acceder al centro de formación y/o centro de trabajo y que tendrá los
instrumentos necesarios para realizar las actividades encomendadas. Estamos
hablando, por lo tanto, de adaptar el lugar de estudio o trabajo (acceso,
mobiliario, útiles de trabajo...). Las barreras arquitectónicas, en cuanto que
"físicas" y "visibles" son más fácilmente detectables y
superables que las llamadas barreras ideológicas. Por contra, las barreras
ideológicas, es decir, los miedos, los prejuicios, la desconfianza, el
paternalismo, la infravaloración, la indiferencia, etc. son mucho más difíciles
de combatir en tanto que son actitudes fuertemente
arraigadas que requieren de un trabajo de sensibilización, paciente y
constante, para hacerlas desaparecer. La supresión de barreras ideológicas
representa un cambio de actitud rotundo y decidido por parte del entorno y,
también, de la persona con discapacidad. Las "personas del entorno",
especialmente el maestro en el ámbito formativo y el responsable o jefe en el
ámbito laboral, deben creer realmente en las capacidades de la persona y ser
capaces de reconocerlas y potenciarlas, a pesar de las limitaciones reales que
puedan exisitir. Las personas con disminución
también deben superar sus propias barreras ideológicas, sus miedos a no ser
aceptados, su tendencia a infravalorarse (o en algunas ocasiones a
sobrevalorarse), su desconfianza hacia los demás, etc. Diríamos, por lo tanto, que en
el proceso de integración estamos todos implicados
ya que, antes que medidas concretas a adoptar, se requiere una actitud personal
y social positiva en relación a la diferencia. En este sentido, debemos hacer
una apuesta por la diversidad. B.-Análisis correcto de la
situación y adecuación de las expectativas Hacer un análisis correcto de la
situación implica, por un lado, una valoración de las capacidades de la
persona a nivel formativo y laboral, así como también una valoración de su
potencial de aprendizaje, motivación e intereses personales y profesionales.
Por otro lado, es necesaria una evaluación de las habilidades requeridas para
determinados cursos formativos y/o puestos de trabajo. Y, en base a todo ello,
adecuar las expectativas a las posibilidades. C.-Aportación de los recursos
necesarios Una vez suprimidas las barreras y
analizada correctamente la situación, nos faltaría un tercer elemento que
consistiría en la aportación de los recursos necesarios. Es decir, para
promover una adecuada integración formativa y laboral de las personas
discapacitadas, no es suficiente con "colocar" a la persona con
disminución en un centro de formación o en un trabajo y esperar que la
integración se realice de forma espontánea y
automática. Si queremos que esta integración sea realmente efectiva, deberemos
poner los medios y recursos necesarios que, en en algunos casos consistirán en
soportes y ayudas técnicas; y en otros casos será preciso la intervención de
profesionales (educadores y terapeutas) que medien entre la persona con
disminución y su lugar de trabajo (tareas a desarrollar, trato con los compañeros,
trato con los superiores, etc.). Es decir, un soporte más de tipo educativo que
ayude a la persona con disminución a adquirir unos determinados hábitos
laborales y sociales. Publicación enviada por Isabel Torras Genís Contactar http://www.peretarres.org Código ISPN de la Publicación EpZEZEuypZsQmUaXWQ Publicado Wednesday 17 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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