Monografias | Tecnología, educación física, deporte y sujeto en situaciónTecnología, educación física, deporte y sujeto en situaciónResumen: Partiendo del supuesto que dentro de la tecnocultura posmoderna asistimos al alba en la que el deporte se estaría legitimando más por la dupla eficacia-resultado que por la dupla práctica-disfrute, el hilo conductor del presente trabajo es establecer relaciones críticas entre tecnología, Educación Física y deporte, así como bosquejar a modo de propuesta las ideas centrales que caracterizan la práctica deportiva de un sujeto en situación. Partiendo del supuesto que dentro de
la tecnocultura posmoderna asistimos al alba en la que el deporte se estaría
legitimando más por la dupla eficacia-resultado que por la dupla práctica-disfrute,
el hilo conductor del presente trabajo es establecer relaciones críticas entre
tecnología, Educación Física y deporte, así como bosquejar a modo de
propuesta las ideas centrales que caracterizan la práctica deportiva de un
sujeto en situación. La tarea crítica estaría centrada en desmitificar la
aparente neutralidad del dispositivo que conforma el deporte, la tecnología y
la técnica y dejar de considerarlos como “cajas negras”, de manera que
eviten el ser sometidos a demasiadas consideraciones que pongan en riesgo tanto
su prestigio como sus mutuos beneficios. La ciencia es cosa humana y no
puede estar sólo en manos de los expertos. En su artículo
sobre “Filosofía de la Tecnología”, Esther Díaz -con la cual coincido aquí
en buena parte- sostiene que la modernidad con mirada racionalista -con
aproximadamente tres centurias de antigüedad en su haber-, creía y sostenía
que el conocimiento debía ser validado por fundamentos a priori, esto es,
independientes de la experiencia, necesarios y universales. Esta perspectiva se
apoyaba en una idea de la Naturaleza pensada como uniforme, armónica, anulando
cualquier aspecto que pudiera ser singular o contradictorio.
La
supuesta superioridad de las proposiciones consideradas por el apriorista
se debe a que son tomadas como evidentes por sí mismas al concordar con la razón
y no necesariamente con la experiencia. Esta visión alega que la razón
estimada como única, universal y necesaria es la que ilumina la verdad de la
ciencia. Dicha verdad estaría garantizada por la autonomía, neutralidad e
independencia de los seres humanos comprometidos con el hecho científico.
Tampoco
la política y la moral -desde el siglo XVIII- estuvieron ajenas a tal suposición,
puesto que se creyó que se legitimarían por medio de argumentos racionales que
pretendían ser absolutos y, por lo tanto, ahistóricos. Pero desde mediados del
siglo XX, el desuso de los metadiscursos comienzan a perder credibilidad, ya las
verdades con pretendido carácter absoluto trastabillan en mayor o en menor
medida en todas las ciencias.
Y a pesar
de la crisis actual que vive la ciencia -desde que el determinismo científico a
nivel interno comienza a perder terreno al ir tomándose nuevos parámetros
explicativos basados en incertidumbres y anomalías y, a nivel externo, cuando a
ojos vista la ciencia no sólo muestra sus logros y beneficios sino también los
coletazos desequilibrantes de sus productos- sin embargo aún no ha logrado
sortear las dificultades lógico-gnoseológicas de la validación de las teorías
que intentan interpretar los fenómenos tanto naturales como sociales. Ahora lo
que se pretende validar es la tecnología y la técnica, y el telón de fondo es
el mismo: la búsqueda de la racionalidad científica como aval de la práctica
científica.
Tanto
‘técnica’ como ‘tecnología’ son empleados muchas veces dentro del
lenguaje que conforma el imaginario social -y también en el correspondiente a
algunos textos- de una forma indistinta. Situación similar que es compartida
por otros dos términos muy empleados dentro del campo de la Educación Física,
como son método y metodología.
Debemos
decir que en rigor técnica y tecnología tienen mucho en común, pero ello no
valida para que se los equipare sin más. La técnica consiste en una serie de
procedimientos que se emplean para dominar un fenómeno, como por ejemplo, la
serie de pasos que podemos emplear para saltar un charco. En tanto que la
tecnología consiste en una serie de procedimientos que se emplean para dominar
un fenómeno pero basándose y siendo compatibles con el cuerpo de conocimiento
científico vigente, como por ejemplo cuando nos basamos en ciertas leyes de la
física para poder comprender y explicar cierto tipo de estilo en natación.
Retomando
el último problema teórico recientemente mencionado -esto es, la falta de
validación de las teorías- sostiene también Esther Díaz que el mismo se
agudiza con la irrupción de nuevas disciplinas, que aunque cuentan con solidez
y cuerpo teórico propios, no pueden ser justificadas por un único discurso.
Las
ciencias posmodernas juegan cada una su propio juego. En teoría, cada ciencia
se legitimaría a sí misma porque en rigor cumplen con ciertas cuestiones de
orden lógico y gnoseológico. Pero en la práctica el respaldo proviene de la
tecnología, ya que sólo confrontándose con la experiencia las teorías
demuestran su eficacia, que cada vez más es sinónimo de verdad. Si ya
no hay un discurso con tinte absoluto, ¿por dónde pasaría el problema ahora?
La cuestión
pasa por encontrar un equilibrio respecto de las tecnologías. La pertinencia o
lo que les es propio y distintivo a la tecnología y la técnica es la eficiencia.
Por lo que ahora la dependencia de la ciencia se hace notar cada vez más
respecto de las mismas, ya que no sólo necesita de esa eficiencia en sus
aplicaciones, sino que las mismas se han vuelto indispensables para contrastar
sus enunciados con el fin de determinar el grado de verdad de los mismos.
Pero para realizar esta tarea, la tecnología, a su vez, requiere de un apoyo
que está circunscripto a fuertes inversiones de dinero. Por lo que se da una
relación directa entre:
inversión de capitales en
tecnología y técnica posibilidad teórica de
acceso a la verdad. De este
modo se establece un dispositivo en el que interactúan:
riqueza eficiencia y verdad Hoy la
tecnología y la técnica ocupan el lugar que antes ocupaban los discursos
racionales omniabarcadores, pero en otro sentido. Aquellos intentaban legitimar
según una legalidad formal universal. En cambio la tecnología y la técnica
son decididamente fácticas, en el sentido que legitiman «de hecho» mediante
la eficiencia de sus aplicaciones.
Lo que no
logró concretar el discurso de la racionalidad científica, lo lograron por su
lado la tecnología y la técnica. Obtuvieron el crédito de funcionar dentro de
los parámetros de una validación universal, aunque no en el sentido de la
pretendida universalidad de los racionalistas científicos de la modernidad.
Dice Esther Díaz: se trata de algo mucho más contundente: de la efectividad.
La técnica fue la Cenicienta moderna del relato científico, y debido a que
logró globalizarse, hoy es la princesa en la posmodernidad.
En base a
los referentes dados, intentaremos efectuar algunos cruces. En primer lugar, no
podemos dejar de reconocer los pro y contras de la incidencia que hoy tienen la
tecnología y la técnica tanto para el deporte como para la Educación Física,
pero este reconocimiento no tiene que ser pasivo. Es necesario tomar conciencia
crítica del discurso y aplicación tecnológicos.
Recién
mencionábamos que la tecnología y la técnica legitiman «de hecho», mediante
la eficiencia de sus aplicaciones. Pero una de las consecuencias de la
eficiencia que pretenden, es la que promueve los deslizamientos y mudas de
identidad sin provocar traumáticas rasgaduras. Así, podemos apreciar que los
cambios de camiseta de los jugadores otrora extraños, hoy es hábito en la
tecnocultura posmoderna. Dicho hábito vuelve en más de una oportunidad
permisiva la bronca explícita o contenida con algunos jugadores portadores de
la camiseta del equipo que se aborrece o con el que no se confraterniza, suceso
que es calladamente aceptado cuando por pase o compra visten la del equipo del
cual son fervientes simpatizantes -máxime cuando además de ser excelentes
jugadores, son goleadores-.
3.1.
No es novedad que desde la modernidad ciencia y poder van unidos. La ciencia
moderna se erige como un poderoso instrumento de dominio. Objeto y sujeto de
conocimiento se constituyen en función de relaciones de poder, de relaciones
interpersonales en base a determinadas prácticas sociales, tejiendo y
constituyendo a través de los discursos, nuevos conceptos, nuevos
‘constructos’ y también nuevos sujetos.
Se podría
agregar a lo dicho por Heidegger, que la técnica no sólo oculta al ser cuando
éste tiende al empleo de la misma como un fin en sí misma y no por lo que
realmente debe ser, un medio para.., sino que muchas veces cuando se pondera en
forma prácticamente exclusiva la interacción pragmática entre los individuos,
ésta tiende a ocultar el mundo de la interacción simbólica que se construye
entre los mismos. Máxime cuando en nuestro campo se responde a la popular ley
del menor esfuerzo -y en la que no están eximidos tanto el que aprende como el
que enseña-, el empleo de la técnica les evita la «pesada» tarea de tener
que construir voluntariamente sus propios procedimientos basados en el criterio
de la acción significativa que comporta toda auténtica elección.
La
tecnología y la técnica de la era industrial y posindustrial generaron a través
de sus discursos nuevas relaciones en las prácticas sociales del deporte y la
Educación Física. Yendo al terreno del lenguaje, conceptos como dominio y
eficiencia comenzaron a anclarse y circular fuertemente en la Educación Física
y el deporte. Hoy se habla desde dominio de la pelota, dominio de
la técnica del dribling, la eficiencia en realizar pases, hasta el dicotómico
concepto dominio del cuerpo, etc.
3.2.
El deporte, la tecnología y la técnica podrían llegar a convertirse -si ya no
lo hicieron- en un dolor de cabeza para la Educación Física si no se descubre
el dispositivo que los sostiene. Un dispositivo es -desde la óptica
foucaultiana- un conjunto heterogéneo que comprende discursos, instituciones,
instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas
administrativas, enunciados científicos, filosóficos, morales y filantrópicos.
Lo que sucede, es que entre todos estos elementos se conforma una especie de
malla por cuyos entramados circuitos circula el poder. Así como existen
dispositivos de educación, moda, también están los de la ciencia y el
deporte.
La tarea
crítica consistiría en desmitificar la aparente neutralidad del dispositivo.
Dejar de considerar al deporte y la tecnociencia como «cajas negras», de
manera que eviten el ser sometidos a demasiadas consideraciones, ya que el
discurso que sostiene que el deporte como la tecnología y la técnica por sí
solos no son perjudiciales, sino que es como se los emplea, elimina de hecho
toda responsabilidad en su misma elaboración. Por ejemplo, el deporte posee
reglas que penalizan lo que está fuera o no permitido por las mismas, pero es
el mismo dispositivo del deporte el que estimula el ingenio del sujeto para que
ciertas conductas no reglamentarias pasen desapercibidas.
3.3.
Cuanto más se aleje el deporte -ya sea por fuera o por dentro de la Educación
Física- de aquellos componentes lúdicos que le dieron su peculiar origen, más
lejana se presentará la posibilidad de un desarrollo y un autoconocimiento que
sean significativos para el sujeto que se intenta formar.
Pero si
desde una posición más crítica que ingenua, por un lado no se aleja -lo que
constituiría una interesante posibilidad para que el deporte tenga una buena
chance de hacer prevalecer el principio de placer sobre el de realidad, evitando
generar lo que en su oportunidad señaló Freud: un malestar en la cultura-
por otro lado somos más o menos conscientes que ello puede comportar o resultar
una perspectiva ociosa y por ello peligrosa para una sociedad tecnocrática que
busca con bastante insistencia tener distraídamente ocupada a la gente.
La
ciencia aplicada a través de su brazo derecho: la tecnología y la técnica
como medios, para que sus conocimientos le sean dados a la sociedad de la cual
en definitiva forma parte, no sólo debe aportar sus pertinentes investigaciones
al deporte y la Educación Física en General, sino básicamente contribuir con
un sujeto que practica un deporte en situación.
‘En
situación’, alude a un sujeto en el sentido de un sujeto que está en
situación, lo cual no debe vérselo como estando relegado sólo a ocupar un
sitio, sino a vivir desde una situación las distintas alternativas que le
posibilitan actuar.
En
situación, implica contemplar situando al sujeto tanto respecto de su
historia personal íntegra como el rescatarlo históricamente, evitando
universalizar técnicamente a priori su práctica.
En
situación, considerada ésta como lo que constituye la realidad misma del
sujeto en tanto ser social por antonomasia, como referente de su intervención
en la construcción de alternativas dentro de un contexto sociocultural
determinado, conjuntamente con sus aspiraciones y deseos, su imaginario de vida
y sus cualidades distintivas. Para que todo aquel que no sólo ocupa un sitio
durante un juego sino que está en situación, que juega realmente,
compenetrado en ese particular espacio que le brinda la dimensión lúdica,
poder intuir que cuando juega no hay nada «en juego» fuera del juego mismo.
Apropiarnos
de esta perspectiva situacionista como salida factible implicaría, al
mismo tiempo, una toma de conciencia para evitar caer en la homogeneización del
sujeto, tal como ocurre en un tratamiento tecnócrata, en el cual la técnica se
convierte en el vehículo adecuado que posibilita la manipulación de un sujeto
por otro. Y no sólo eso, sino que la aplicación descarnada de la técnica «toma
y pone» distancias.
De aquí
que cuando no se presta la debida atención de lo que le pasa a un sujeto real y
concreto y se desestiman tanto la solidaridad como la justicia en nombre de la
«eficacia del sistema», estaríamos en presencia de un proceso tecnocrático.
La tecnocracia es una forma social de la cual una comunidad basada en el consumo
alcanza la cumbre de su integración organizativa mediante el control de los
medios, sin atender a otros fines que no sean la eficiencia.
La
tecnocracia es el ideal de los ejecutivos y funcionarios, cuando piensan en
poner al día, planificar, racionalizar. Pero, ¿a quiénes deja afuera esta
modalidad social? Tanto a los que no alcanzaron suficiente excelencia técnica
como a los idealistas. Todo está supeditado a tratamiento técnico profesional
y a considerar en primer plano las ahora ponderadas competencias del
sujeto. No olvidemos que una de las características del capitalismo tardío -ya
señalada por Habermas [en López Gil M. - Delgado L. 1996]- es la presión de
los grupos de expertos. ¿Será acaso una reminiscencia de la otrora
autoridad medieval?.
Pero la técnica
no sólo es un saber hacer, sino que el saber hacer mismo es fundamentalmente técnico.
Es en este saber hacer que el deporte suele reproducir muchos de los
dispositivos eficaces de la sociedad cuando en su despliegue y divulgación
social enseña normas y técnicas en pro de la eficacia para ganar, principal
razón de ser que justifica la implementación de tecnologías y técnicas que
garanticen a presente y futuro -y durante el mayor tiempo posible- un sitio «privilegiado»
para los ganadores.
También
hoy es posible ver cómo una persona o un equipo hábil y con técnica lo
convierten en funcional al sistema cuando a través de la mediatización
realizada por un equipo de técnicos expertos, hace del deporte un objeto de
consumo sostenido por el imperativo tecnológico que proclama que todo lo que
puede producirse, debe producirse.
Es
probable que si no contemplamos darle al sujeto la posibilidad para que realice
un deporte en situación, la eficacia y los resultados «de hecho» del
funcionalismo de «los que saben» seguirán eliminando poco a poco las utopías
del desacreditado componente lúdico que le imprime una cuota de vida al deporte
y a la Educación Física.
De
insistir la Educación Física en la perspectiva de considerar a un sujeto
instrumento, cosificado, objetivado, o para decirlo desde otro ángulo con
palabras de Husserl -cuando sostenía que meras ciencias de hecho producen meros
hombres de hecho-, le estaría en cierta forma justificado al principio de
realidad seguir imponiendo su juego y sus reglas al principio de placer.
Y en
tanto en cuanto la Educación Física durante su intervención pedagógica sobre
el sujeto siga ponderando casi con exclusividad la formación técnica del
mismo, no dejará de ser -antes o después-, funcional a un sistema social que
actualmente coloca en primer lugar al principio de realidad de extracción
tecnológica.
Tal
postura puede llevar a considerar aisladamente la técnica de un sujeto y no a
un sujeto que construye una técnica. En definitiva, esto no dejaría de indicar
que la adaptación del sujeto a una posición dominada por la técnica, estaría
implicando subrepticiamente una forma de adaptación de la dominación de la técnica
sobre el sujeto.
En los dos primeros subtemas se
ha seguido principalmente a:
DÍAZ E. 1997. Filosofía
de la Tecnología en Metodología de las ciencias sociales. Ed. Biblos.
Bs. As. En forma general se ha consultado
a:
GARCÍA FERRANDO M. - PUIG
BARATA N. - LAGARDERA OTERO F. (comps.). 1998. Sociología del deporte.
Ed. Alianza. Madrid. FREUD S. 1992. El malestar
en la cultura. Ed. Alianza. Bs. As. LOPEZ GIL M. - DELGADO L.
1996. La tecnociencia y nuestro tiempo. Ed. Biblos. Bs. As. MINKEVICH O. 1998.
Paradigmas, Paideia y Juegos Olímpicos. Rev. Apunts: Educación Física y
Deportes (51). 1er. Trimestre. Barcelona. MUNNÉ F. 1995. Psicosociología
del tiempo libre. Un enfoque crítico. Ed. Trillas. México. 8a. reimp. MSc. en Metodología de la Investigación. Publicación enviada por Oscar Minkevich Contactar http://www.efdeportes.com Código ISPN de la Publicación EpZEZkpyAVfCGAplRQ Publicado Wednesday 17 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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