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La Politica Industrial Colombiana bajo el modelo de apertura

Resumen: El programa de desarrollo que suponía la apertura económica no se realizó, el paso de una economía protegida con un mercado cautivo a una economía abierta y competitiva tropezó con graves problemas de aplicación que no se contemplaron al momento de su implementación. Vivimos en un mundo que se globaliza y la falta de coordinación entre la realidad productiva y la puesta en marcha de las reformas llevó a la economía nacional a un franco deterioro en todos los ordenes.(V)

Publicación enviada por ilustrado


 

INTRODUCCIÓN

El programa de desarrollo que suponía la apertura económica no se realizó, el paso de una economía protegida con un mercado cautivo a una economía abierta y competitiva tropezó con graves problemas de aplicación que no se contemplaron al momento de su implementación. Vivimos en un mundo que se globaliza y la falta de coordinación entre la realidad productiva y la  puesta en marcha de las reformas llevó a la economía nacional a un franco deterioro en todos los ordenes.   

En la presente Monografía, queremos participar en el debate acerca de la Política Industrial más adecuada para conseguir los objetivos de desarrollo y crecimiento que necesitamos para mejorar tanto el nivel económico como el nivel de vida de nuestra sociedad, asumiendo el reto bajo los parámetros que rigen a una economía abierta que busca insertarse  exitosamente en el mercado mundial. 

El presente trabajo consta de tres capítulos, concatenados y complementarios. En el primer capítulo, mostraremos el proceso de implementación del modelo de apertura en la década pasada, sus repercusiones sociales en todos los campos y la relación existente entre el proceso de apertura y los problemas de desindustrialización en Colombia, indicaremos las características de nuestro sector externo en dicho proceso, buscaremos demostrar que aunque la apertura suponía un fortalecimiento del aparato exterior, hasta el momento el resultado ha sido el contrario y cada día somos más dependientes del comportamiento de nuestras exportaciones primarias. 

En el segundo capítulo mostraremos un resumen de la situación industrial en Colombia, las repercusiones que el proceso de globalización ha tenido sobre nuestro aparato industrial y las tendencias mundiales que se han dado en torno al desarrollo del tejido productivo.

Para finalizar, mostraremos el entorno competitivo colombiano, en donde nos adentraremos en los temas de productividad y competitividad,  mostrando las políticas de ciencia y tecnología y buscando demostrar que éstas son insuficientes en un mundo en donde las ventajas se construyen y no  son producto de la riqueza física o natural.   

Entendemos que el incremento de la productividad de nuestro país, es el único camino que nos conducirá a un mayor nivel de vida de la población en el corto plazo, teniendo en cuenta que para lograrlo; necesitamos mejorar los niveles de nuestra inversión en capital humano y capital físico para afectar de manera clara y positiva la tasa de crecimiento colombiana. 

Esperamos que este esfuerzo por contribuir a la solución de la problemática social y económica rinda frutos que puedan ser asumidos de manera práctica y que no constituya un simple planteamiento teórico; es decir que pueda ser tenido en cuenta para la construcción de la Política Industrial exitosa en Colombia.    

1. APERTURA ECONÓMICA, GLOBALIZACIÓN Y COMERCIO EXTERIOR 

Vivimos en un mundo cambiante en donde existe un nuevo juego, hay nuevas reglas y se deben aplicar nuevas estrategias. El triunfo del capitalismo sobre el comunismo, y la consiguiente globalización mundial, bajo las reglas de libertad económica, propiedad privada y en general los pilares de dicho sistema social, nos impone cambiar y ser más eficientes, competitivos y dinámicos, para insertarnos exitosamente en un mundo unipolar. 

Lester C, Thurow[1], afirma que hoy el mundo se encuentra en un período de equilibrio interrumpido, y que dicho equilibrio es causado por cinco tendencias que están marcando el juego económico mundial. Vivimos en un mundo sin comunismo, en donde el cambio tecnológico hace que las industrias se basen en la capacidad intelectual, con índices demográficos nunca antes vistos, bajo un proceso de globalización acelerado y en donde parece no existir un poder político o militar dominante que maneje al mundo sin algún tipo de resistencia económica. 

Con el fin del comunismo, un tercio de la humanidad y un cuarto de la superficie total de la Tierra que solían estar controlados por ese sistema se incorporan al viejo mundo capitalista. Aquellos que originariamente vivían bajo el comunismo cambian radicalmente su condición de vida, sus valores y el mapa económico mundial parece eliminar fronteras. A este hecho, se debe sumar que la población mundial está en crecimiento, se desplaza y se envejece. La explosión demográfica, aumenta la miseria en muchas regiones del mundo y el desempleo crece cuando la mano de obra no calificada no es necesaria en un mundo industrial desarrollado. 

Respecto a las realidades industriales, encontramos un cambio técnico hacia una era dominada por las industrias basadas en la capacidad intelectual del hombre, las cuales debido a los inmensos avances en la productividad, necesitan de mercados globales, en donde los cambios en la tecnología, el transporte y las comunicaciones están creando un mundo en donde todo se puede hacer y vender en cualquier parte de la tierra y la economía global está cada vez más conectada. 

Alain Touraine[2], al darnos una noción sobre globalización afirma: ... "hay que ver en la idea de globalización una relación que enmascara el mantenimiento de las relaciones de dominación económica al introducir la imagen de un conjunto económico mundial autoregulado o fuera del alcance de la intervención de los centros de decisión política... no puede aceptarse en modo alguno como la descripción de un tipo societal nuevo y perdurable". 

La globalización, se ha olvidado del individuo, de sus diferencias y de su identidad, imponiendo una dinámica en las sociedades modernas que afecta a las minorías, a las pequeñas etnias y a las sociedades pequeñas. El triunfo del sistema capitalista, y sobre todo del capital financiero, se ha olvidado de los patrones culturales, de las tradiciones, y nos ha impuesto un ritmo de vida diferente al que estábamos acostumbrados anteriormente. 

El proceso de globalización, también puede asociarse con la expansión de la actividad económica, sin que las fronteras nacionales constituyan obstáculos de relieve, asociándose el fenómeno con el libre cambio de mercancías. Además, la globalización, abarca factores más amplios: En primer lugar, hay que tener en cuenta los incrementos registrados en los flujos de inversión directa. Entre 1982 y 1992, por ejemplo, estos flujos aumentaron en un porcentaje medio del 30% anual en el mundo, un ritmo de crecimiento cinco veces superior al del comercio mundial y 10 veces superior al del producto mundial[3]. En los últimos diez años 63 países en desarrollo redujeron de manera significativa sus restricciones aduaneras. Sin embargo, durante el mismo período 22 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) elevaron sus barreras, especialmente las no arancelarias, que inciden en los productos agrícolas, productos siderúrgicos, aparatos electrónicos, calzado y prendas de vestir. Se calcula que el porcentaje del comercio de productos manufacturados afectado por estas medidas proteccionistas aumentó desde el 14% del total, en 1981, a más del 19% en 1990.  

Otro de los fenómenos más importantes de los últimos años es la globalización de las finanzas. Las transacciones diarias en los mercados de cambio evolucionaron de 15.000 millones de dólares en 1973 a 1,3 billones en 1997, una cantidad casi 60 veces superior al flujo comercial diario. Asimismo se calcula que el total de los activos financieros objeto de transacción en el mundo aumentó de los 5 billones en 1980 a 35 billones en 1992, lo que equivale al doble del PIB de todos los países de la OCDE reunidos. En resumen, la actual etapa de globalización se caracteriza por la ampliación de la globalización comercial, de forma simultánea a la importante globalización financiera, junto a las tendencias de regionalización de los mercados de bienes y servicios, de progreso tecnológico vertiginoso y de generalización de los sistemas flexibles de producción.  

1.1  EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN 

Los efectos para países como Colombia, son ampliamente debatidos, pero parece haber consenso en afirmar que los procesos de globalización están incrementando la brecha entre los países desarrollados y el mundo subdesarrollado. Se sabe, por ejemplo, que el 80 por ciento del comercio mundial ocurre entre Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, y que los mercados de la periferia como Colombia no son interesantes para las grandes corporaciones multinacionales, dada su baja capacidad de consumo[4]

La realidad nos indica que lo que era productivo y competitivo el día de ayer no lo es más hoy. Es decir, lo que era competitivo en un mercado regional o nacional no esta resultando serlo en el nuevo mercado globalizado. Lo que está implicando la destrucción masiva de las capacidades productivas que se encuentran en manos de la gran mayoría de los productores y trabajadores de los países periféricos. 

La globalización ha implicado varios problemas para países como Colombia y sería importante destacar los siguientes elementos en torno a los procesos de apertura y globalización. 

Características del proceso en los países de la periferia: 

·        Fuerte caída de los niveles del ahorro nacional, de las remuneraciones a los trabajadores, del consumo per cápita, de la atención que brinda nuestra sociedad a la salud, la educación y, en general de los niveles de bienestar. 

·        Incapacidad para los países como Colombia de tomar decisiones autónomas. Generando la pérdida paulatina del control del Estado sobre el entorno nacional. 

·        Acelerada internacionalización de los procesos económicos; la consolidación del sistema financiero internacional y sus consecuencias sobre economías financieramente limitadas como la nuestra; uso de nuevas tecnologías de información, sin aprensión del conocimiento y diferentes formas de intervención del Estado, con la conversión de la cultura en un producto y en un factor de producción. 

·        Pérdida de importancia de la producción de materias primas frente a la producción de manufacturas y servicios. 

·        Conformación de bloques en el proceso de globalización que alteran los sistemas geopolíticos de seguridad global y en donde los intereses de los bloques se anteponen a los de los países pobres.  

·        Las nuevas instituciones internacionales "reguladoras" del mercado global dirigidas por los países de mayor desarrollo imponen su legislación y sus sistemas de sanciones. Las decisiones se toman en el centro, es decir, son locales, pero su alcance es global. 

Se produce la interacción de estos factores entre sí, lo que contribuye a un movimiento dirigido a la concentración en las regiones más desarrolladas de la actividad económica y del aprovechamiento de los frutos del progreso tecnológico. Mientras tanto, las naciones en desarrollo, buscan recursos en forma de inversión extranjera para tratar de desarrollarse. 

La competencia en este sentido, no es un problema regional sino global, y los cambios realizados en países como Colombia, son un fiel reflejo de los cambios en la economía mundial. 

1.1.1 Respuesta a la Globalización: Apertura Económica.    

En el mundo entero, las políticas de libre mercado representan las recetas aplicadas para responder a la globalización.  

Colombia experimentó en la última década del segundo milenio, la transformación de su modelo económico y social, mediante la implementación de políticas de libre mercado. Tras mantener un esquema de economía semi cerrada, la liberalización comercial constituyó el paradigma dominante tanto en Colombia como en toda América Latina. Diez años después  los resultados mostrados resultan desconcertantes para nuestro país, pues el retroceso de nuestra economía no puede explicarse exclusivamente por los ideales aperturistas y existen muchos factores que distorsionan las posibles valoraciones que sobre el proceso se pueden hacer. 

Hechos como la violencia e inseguridad, la formalización de la Constitución de 1991, la política monetaria empleada, los problemas de la economía internacional o las crisis políticas distorsionan las diferentes valoraciones que podemos hacer sobre la implementación de la "economía de mercado" en nuestro país. Sin embargo, como punto de partida, podemos afirmar, que las economías abiertas poseen mayores niveles de crecimiento en el largo plazo y que la globalización mundial nos exige mirar abiertamente al mundo. A pesar de que nos encontramos muy rezagados en este proceso, pensamos que es factible crecer sostenidamente e incrementar el nivel de vida de la población bajo un esquema de competencia abierta, ideal que debe perseguir nuestra sociedad. Entendemos que sin paz y desarrollo sostenible, será imposible avanzar adecuadamente hacia el bienestar social que buscamos, pensar en inversión en capital físico y humano, resulta fundamental para mejorar los niveles de competitividad colombiana. 

1.2 EL PROCESO DE APERTURA EN COLOMBIA 

El proyecto económico que han seguido la mayoría de países latinoamericanos desde mediados de los años ochenta, es una propuesta de sociedad que conlleva supuestos políticos e ideológicos que se sustentan en el planteamiento que señala que para el funcionamiento adecuado del capitalismo, es imprescindible la libre actuación de las fuerzas del mercado (acorde con las tendencias de globalización) por lo que la apertura de los mercados nacionales, los procesos de privatización, la desregulación económica y la reforma del Estado, se transforman en las herramientas básicas para lograr insertarse en ésta dinámica de crecimiento.  

En el caso colombiano, el Consejo Nacional de Política Económica y Social, junto con el Consejo Directivo de Política exterior Aprobaron un Programa de Modernización de la economía colombiana,  el cual se empezó a aplicar a partir de Febrero de 1990,  el argumento principal, para la adopción de las reformas fue la noción de que obstáculos de índole estructural habían impedido a la economía mantener tasas de aumento del PIB cercanas al 5% anual[5]

Además, en 1.991 Colombia cambió su modelo de comercio exterior que buscó, a través de un esquema proteccionista, sustituir importaciones, por uno de apertura económica buscando la internacionalización de la economía, estimular los procesos de integración, promover el mercado exterior de bienes, tecnología y servicios. El nuevo esquema facilita el ingreso y la salida de capitales foráneos y permite que nacionales y extranjeros hagan negocios con el exterior, lo cual se asimila casi a una completa libertad cambiaría que permite tener cuentas corrientes en moneda extranjera, conseguir créditos y realizar todo tipo de operaciones en el mercado cambiario libre. La reforma del comercio exterior aparte de racionalizar la protección a la industria doméstica para hacerla más competitiva, modifica la estructura institucional del sector exportador con el fin de mejorar su eficiencia y buscar una mayor competitividad internacional. 

Entre las modificaciones realizadas podríamos destacar la creación del Ministerio de Comercio Exterior, la modificación de la organización y funciones del Ministerio de Desarrollo, el Incomex, la Junta de Importaciones, el Consejo de Política Aduanera y se transforma a Proexpo en el Banco Colombiano de Comercio Exterior. (Bancoldex)[6] 

Los obstáculos que se argumentaron para cambiar todo el esquema económico, tuvieron como eje fundamental la apreciación de que existían pocos incentivos de mercado para mejorar la capacidad productiva del sector privado, que la protección limitaba la capacidad de desarrollar la industria debido a la falta de competencia y que la debilidad del sistema financiero y su escasa libertad, impedía a los agentes económicos movilizar eficientemente los recursos con el fin de aumentar la capacidad productiva.    

En este sentido, el modelo de desarrollo seguido por Colombia, comienza por realizar cambios tendientes a implementar un nuevo orden institucional en donde los principios de descentralización del Estado y completa libertad económica rigen los cambios sociales implementados. 

El proceso de descentralización fue inspirado en la noción de que el centralismo excesivo, tanto en funciones como en el manejo de los recursos, aunado a la escasa participación de la población, había derivado en la pérdida de poder de los gobiernos territoriales y municipales, representando grandes desequilibrios sociales y grandes deficiencias en la prestación de los servicios. 

Bajo esta óptica se considera  a la descentralización un proceso irreversible, inevitable, y sobre todo eficiente y democrático  para el desarrollo de nuestra nación, rescatando las bondades de la mayor participación ciudadana, y la mayor cercanía en la resolución de los problemas que afrontan las diferentes regiones y busca que las necesidades y preferencias locales, se expresen, se escuchen y se resuelvan desde el nivel de gobierno que se encuentre más cerca de las personas y que sea capaz de hacer los diagnósticos correctos y responder a las necesidades de los habitantes de una manera eficiente y eficaz.  

Respecto del fenómeno de la descentralización en Colombia, hay consenso en afirmar que es un proceso joven, incompleto, pero que va por buen camino y que se debe profundizar y afinar ya que es la mejor opción a largo plazo para el desarrollo del país. En este sentido,  se afirma que el proceso de descentralización en Colombia aún no se ha consolidado[7]; a pesar de varios logros en materia de descentralización fiscal y administrativa, se afirma que  existen razones sociales, económicas y políticas que interfieren en el proceso. Por otro lado, se observan deficiencias en los instrumentos que definen las relaciones fiscales intergubernamentales y en la implantación de la descentralización en niveles sectoriales. 

Se entiende que aún así, el proceso se encuentra en una etapa de transición, en donde Colombia opta por un proceso de descentralización fiscal y administrativa a mediados de los años 80, el que se concreta explícitamente en la Constitución de 1991.  

Las políticas propuestas en cuanto a la liberalización del comercio bajo este marco son las de defender  las condiciones de libre competencia y realizar inversiones en las áreas que mejoren la posición competitiva del país. Teóricamente se sostiene que cuando los países, pertenecientes al primer mundo lleguen a niveles de desarrollo tales que la introducción de más factores resulte más costosa que la abstención de hacerlo, volcarán sus capitales hacia los países atrasados. Por esta razón se puede esperar una reducción de la brecha entre los dos tipos de países y una homogeneización de los niveles de productividad en el mundo[8]

Los principales planteamientos que justificaron la implementación de la apertura económica se derivaron del diagnóstico según el cual el país no podía crecer a ritmos aceptables y con niveles sustancialmente más bajos de inflación, en ausencia de una inserción más decidida de nuestra economía en el contexto mundial. 

Se afirmo al comienzo de la década pasada que el "mayor escollo al avance económico ha radicado en las dificultades que ha tenido el sector privado para percibir con claridad las indicaciones del mercado en materia de precios, fácilmente podemos notar que la intensiva intervención estatal ha sido uno de los factores determinantes en este hecho"[9]. Afirmación que muestra claramente la concepción económica de la época. 

Las modificaciones que se fueron efectuando en la normatividad económica buscaron como elemento esencial crear condiciones apropiadas para el funcionamiento de los mercados. En términos prácticos, ésta directriz significó el reconocimiento de la necesidad de competir interna y externamente tomando en consideración los aspectos positivos que se derivan de esta guía del manejo económico. Se dieron evidencias de la forma como la acción estatal se fue reduciendo para crearle condiciones apropiadas a la gestión privada. 

Cabe destacar el hecho de que algunos de los efectos que  se preveían con la llegada de la apertura se dieron y que en muchos sectores, había coincidencia en cuanto a las políticas que deberían acompañar la apertura. 

Sería pertinente citar a Francisco J. Ortega  Acosta,  Gerente General del Banco de la República en 1991, quien en la época afirmaba que en ausencia de políticas  complementarias, un primer efecto de la apertura comercial sería el incremento de las importaciones", inducido por la baja de las tarifas arancelarias, y por la disminución de los controles administrativos. 

Se llegó a la conclusión de que una mejor manera de compensar la caída en el precio relativo de los bienes importables, derivada de la desgravación y de menores aranceles, era mediante la utilización de una tasa de devaluación nominal un poco más rápida. 

"Diversos estudios académicos apoyan teórica y empíricamente, la idea de que una apertura exitosa está asociada con una devaluación no solo nominal sino también real[10]." 

Lamentablemente, hoy encontramos demasiados problemas en la implementación del proceso de apertura y vemos que los supuestos que la sustentaron no parecen cumplirse. 

Al cumplirse 10 años del proceso de apertura económica, los resultados reales parecen no ser muy favorables, y el país ha afrontado la peor coyuntura económica registrada en el presente siglo. Sin embargo, existe un nuevo enfoque de promoción de las exportaciones y fortalecimiento del aparato exterior del cual no podemos ser ajenos dadas las condiciones de coyuntura internacional, la globalización y la tendencia generalizada al libre comercio. 

Tomando en cuenta que el objetivo primordial del capitalismo es el de garantizar la maximización de utilidades para lograr una rentabilidad adecuada en las industrias y poder generar un ahorro que nos ayude a mejorar nuestro nivel de vida; Debemos ser conscientes de que vivimos en un escenario más productivo y en donde el cambio de formas de producción va a determinar la modificación de las bases tecnológicas, los pactos comerciales para el funcionamiento del mercado y las formas de organizar el trabajo.  

La globalización es una realidad de la que no podemos ser ajenos, pero debemos aprender a vivir bajo esta realidad, conociendo sus ventajas y desventajas, para optimizar el desarrollo colombiano en este nuevo escenario mundial  Aunque la apertura económica fue concebida como un todo, múltiples aspectos como la estabilidad financiera o el control del gasto fracasaron en el camino de la liberalización, aspectos que ahora afectan nuestro nivel de vida y nuestra competitividad internacional.

1.3 REFORMAS APLICADAS CON LA INTRODUCCIÓN DE LA APERTURA 

Las reformas realizadas por el modelo de apertura fueron varias: el primer lugar, se eliminaron las restricciones cuantitativas a las importaciones, se bajaron los aranceles y se acortaron las dispersiones. Al mismo tiempo se liberó el ingreso de capitales, se autorizó la libre convertibilidad de divisas por pesos y finalmente se estableció un tipo de cambio flexible. Los autores de las reformas las presentaron como una forma de insertar la economía Colombia en los mercados internacionales, modernizar el aparato productivo y acelerar el crecimiento económico. Se apostó a que el mercado siempre conduce al estado más conveniente para la sociedad[1].   

A continuación se mostraran los cambios más importantes que se dieron con la implementación del modelo de apertura económica. 

1.3.1 Autonomía del Banco de la República.   

Uno de los cambios fundamentales, que trajo consigo las reformas de la década pasada, fue la creación de un Banco Central autónomo, en donde las decisiones de política monetaria se le otorgaron a su junta directiva, buscando primordialmente el control de la inflación y  proteger la economía de los problemas que en el corto plazo podría causar una emisión monetaria ordenada por el Gobierno Nacional[2]

Hoy, la autonomía del Banco de la República y su mandato constitucional están en entre dicho y sin duda alguna, las políticas adoptadas por la institución han influido sobre la crisis económica actual, ya sea por acción o por omisión. Este hecho se reflejó claramente en la sentencia de la Corte Constitucional de 1999[3], en donde se percibe la idea de que aparte del control de la inflación, las políticas del Banco deberían  también enfocarse en la coherencia macroeconómica, el crecimiento y la generación de empleo. El proyecto de reforma Constitucional de 1991 sobre moneda y Banca Central, le ordenó al Banco de la república concentrarse en un objetivo primordial: la regulación monetaria con el objeto de conseguir la estabilidad de precios, en otras palabras, el control de la inflación. 

Las principales reformas que se le hicieron al Banco fueron las siguientes: 

·        La consagración en el ámbito constitucional del Banco de la República como Banco Central. A su vez se define que ésta institución de derecho público debe tener un régimen jurídico propio y autonomía patrimonial, administrativa y técnica que le permita reglamentar la política monetaria.  

·        Se establece que las facultades en materias de política cambiaria y crediticia corresponden a la junta directiva del Banco, órgano que debe estar integrado por profesionales con la debida independencia.  

·        Se establece que la institución debe velar por la conservación del poder de compra de la moneda colombiana. 

·        En cuanto a atribuciones de emisión, se prohíbe el otorgamiento de crédito al Gobierno Nacional y a la actividad privada cuando se trate de operaciones distintas de las de liquidez del sector financiero, o de tesorería de corto plazo.  

Dada la naturaleza del dinero de servir de medio de cambio y depósito de valor se realizó la reforma, de manera acorde con las políticas de apertura, dándole al Banco como prioridad el control de la inflación sobre cualquier otro fenómeno económico. Para cumplir el cometido fundamental de buscar y mantener la estabilidad de precios, se necesitaban dos condiciones: Debía contar con la organización y poder decisorio sobre los instrumentos de control monetario, cambiario o crediticio y en segundo término, necesitaría estar dotado de la suficiente independencia institucional que haga posible el uso flexible de dichos instrumentos.  

Colombia, está saliendo de la peor recesión económica de su historia, y parte de la recesión fue producto sin duda alguna de varias decisiones del Banco al buscar bajar la inflación y al defender la banda cambiaria. Sería pertinente recordar el brusco incremento de las tasas de interés que se produjo al defender la banda cambiaria entre 1998 y 1999 que dio como resultado una fuerte desaceleración económica. Era más rentable guardar el dinero en los bancos que hacer actividad económica. El Banco se preocupó más por contener la inflación y cumplir su mandato que por recuperar la actividad productiva.    

En defensa de las políticas del Banco, Roberto Junguito decía que aunque segmentos influyentes de la opinión económica especializada habían venido argumentando que la Junta Directiva del Banco de la República era responsable principal de la recesión económica, esto no era cierto y que el excesivo gasto público y los problemas fiscales eran los que habían causado la recesión de la economía colombiana y afirmaba:  

"La recuperación de la actividad económica debe ser, fundamentalmente, el resultado del programa de ajuste que se ha puesto en marcha y que, según la experiencia, toma algún tiempo en mostrar resultados. La política monetaria que orienta el Banco de la República tiene como objetivo principal la baja de la inflación, cuyo resultado ha sido satisfactorio. No debe caerse en la emisión monetaria para la refinanciación masiva de obligaciones crediticias"[4]

Las responsabilidades de dotar de liquidez a la economía y propender por la solvencia del sistema financiero recaen, respectivamente, en el Banco de la República y el Gobierno. Con relación a temas de solvencia y apoyo al sector financiero, de cualquier manera, quedó en evidencia la debilidad del sistema financiero colombiano y en estos momentos una de las preocupaciones del presente Gobierno es el diseño de una estrategia global para el apoyo de las entidades financieras con dificultades.  

Además, la política fiscal puesta en marcha por el gobierno ha tenido como objetivo reducir un desequilibrio creciente en las cuentas del Estado, mediante elevación de la tributación, recortes del gasto público y reformas estructurales en áreas "problema" como la seguridad social  y las transferencias regionales.

1.3.2  Reforma Comercial.     

La reforma comercial se anunció en febrero de 1990. El primer paso se dio cuando a finales de 1990 se eliminaron las restricciones cuantitativas y se inició la baja de los aranceles. Posteriormente se avanzó  en forma rápida transformando el esquema gradual de apertura en un desmonte masivo. Así, en los siete primeros meses de 1991 el nivel arancelario bajó de 38% a 12% es decir, más de la mitad.

En el fondo las reformas estaban orientadas a bajar las tarifas y recortar su dispersión independientemente de las características de los productos. Sin embargo, la mayor reducción de los aranceles de las materias primas determinó un aumentó de la protección efectiva de los bienes de alto contenido importado y sin quererse, se configuró una estructura que discrimina contra las actividades de alto valor agregado y a la producción nacional.  

El proyecto de Ley Marco de Comercio Exterior presentado por el Ministro de Desarrollo,  concretó el nuevo enfoque de comercio internacional de acuerdo con el proceso de internacionalización de la economía. Se orientó a la superación del modelo tradicional de desarrollo fundado en la sustitución de importaciones, la protección a la industria y los estímulos y subsidios a los exportadores. 

El Gobierno propuso los principios básicos para formular la política de comercio exterior y los mecanismos para cumplir con el propósito de convertir al sector externo en motor de desarrollo.  La iniciativa presentada en el Congreso, finalmente se concretó en la Ley 7a. de 1991[1]. Esta se basa fundamentalmente en el uso de tres mecanismos: instrumentos de promoción de exportaciones, instrumentos de la política de importaciones, y finalmente cambios y  transformaciones institucionales.  

Cabe destacar que se suponía un aumento de las exportaciones, protección a las prácticas de comercio desleales y creación de instituciones enfocadas hacia el exterior. Sin embargo como se mostrará más adelante, los cambios produjeron efectos contrarios: incremento de las importaciones, disminución de las exportaciones y debilidad institucional. 

1.3.3  Libertad Cambiaria y Régimen de Inversiones   

La libertad cambiaria constituyó uno de los elementos centrales de la apertura. La política de acuerdo con un enfoque monetario de la balanza de pagos, afirma  que la fijación del tipo nominal de cambio conduce a una inflación cercana a cero. Adicionalmente se presumía que el resultado se lograba como simple consecuencia de las fuerzas del mercado[2]

La reforma financiera presentada por el Gobierno de Cesar Gaviria, busca supera las limitaciones estructurales del sistema financiero con miras a desarrollarlo de manera que juegue un papel importante en el proceso de apertura.  

Para modernizar el sistema financiero, se promulgan leyes encaminadas a liberar el sistema para hacerlo más amplio, eficiente y competitivo, para que adquiera una mayor capacidad de intermediar el ahorro nacional, con el fin de financiar la inversión productiva a costos razonables[3].  

Dentro de los aspectos fundamentales de la reforma financiera es importante la ampliación de las actividades de los intermediarios financieros, al permitírseles desarrollar a través de sus filiales, actividades de servicios financieros complementarios a la intermediación tales como participación en el capital de sociedades fiduciarias, de leasing, comisionistas de bolsa, almacenes generales de depósito y sociedades administradoras de fondos de pensiones y cesantías. Esto se permite siempre que queden independizados en debida forma los agentes económicos que podrán llevar a cabo estas operaciones y que se canalicen hacia éstas un volumen adecuado de sus activos, sin exceder el monto de su patrimonio. 

Las reformas al sistema financiero, plantearon la completa libertad monetaria, y como se mostró anteriormente, los flujos de inversión que se manejaron fueron muy altos, generando graves distorsiones en el aparato productivo.

1.4  LA REALIDAD PRODUCTIVA 

Independiente a cualquier consideración monetaria, la realidad productiva nos mostró la llamada "terciarización negativa de la economía", con inmensos avances en los sectores de servicios (financieros especialmente) y retrocesos en los sectores productivos e industriales en donde la caída en la actividad productiva y la conveniencia de recuperar la actividad económica han sido un problema y un objeto de todos los países de América Latina 

Las consecuencias para Colombia, no han sido muy positivas, después de presentar tasas de crecimiento del PIB que alcanzaron como promedio anual en los años setenta el 5.8%, el declinamiento en los ochenta es evidente y hoy, nuestras debilidades se pronuncian más con la llegada de la competencia abierta. La economía padece procesos de desindustrialización, y se configura la llamada terciarización negativa de la economía. 

Acerca del ascenso de la "sociedad de servicios", Álvaro Zerda Sarmiento sostiene en el ensayo titulado "Tendencias del Pensamiento Económico sobre Desarrollo Industrial", que la llamada terciarización de la sociedad corresponde en realidad a una profunda transformación que se ha experimentado en décadas recientes a escala mundial del modelo de producción, tanto en los fundamentos tecnológicos de equipos, procesos y productos, como en los principios de gestión de las organizaciones teniendo repercusión en el ámbito laboral, territorial, ambiental y de relaciones entre países.    

En los países desarrollados, este proceso de terciarización aparece como una consecuencia de los aumentos de productividad de mano de obra en la industria, y obedece a la intensidad de mano de obra que requieren los sectores de servicios y en general, la llamada terciarización se caracteriza por un retroceso en el mediano plazo del empleo y del valor agregado industrial en relación con el total del empleo y del valor agregado"[4].  

En el caso colombiano, es evidente que el desplazamiento a los sectores de servicios, no aparece gracias a aumentos de productividad de la mano de obra, sino como consecuencia de la desprotección y falta de competitividad de la industria, con  relación a las ganancias fáciles, que en su momento el comercio de importación y la ganancia financiera  brindaban a los agentes económicos. 

Además; la competencia desigual entre un sector productivo ineficiente, y mal preparado, con grandes empresas multinacionales, y formas injustas de comercio como el contrabando o la protección disfrazada en licencias o permisos simplemente constituyeron la demostración de que serios problemas de aplicación se dieron a lo largo del proceso, mermando de manera muy apreciable la actividad productiva nacional.  

1.5  APERTURA Y DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO           

La gran desigualdad social ha sido una característica frustrante del desarrollo económico latinoamericano. No en vano América Latina se ha caracterizado por ser la región del mundo con los más elevados índices de desigualdad en la distribución del ingreso[5]. Los niveles de pobreza, aunque inferiores a aquellos típicos de otras partes del mundo en desarrollo, siguen siendo extremadamente elevados y, para el conjunto de la región, se encuentran hoy por encima de los niveles que se observaban antes de la crisis de la deuda.  

Estas son las condiciones que se enfrentan hoy a los nuevos elementos que han alterado la dinámica económica y social de la región. Entre ellos cabe mencionar las reformas estructurales emprendidas en todos los países, el proceso de globalización que las ha acompañado, la recuperación del crecimiento económico y las nuevas reformas iniciadas en el frente del gasto social y de los servicios sociales.

Aunque aún se debate la relación que existe entre los cambios estructurales y los cambios en la distribución de ingresos, parece que la mayoría de los economistas se inclinan por pensar que por lo menos una parte del dete­rioro en la distribución de ingresos observada en los noventa está asociada con la apertura económica y otros cam­bios estructurales[6]. El planteamiento original en materia de distribución de ingresos por parte de quienes desarrollaron las políticas de apertura eco­nómica fue que como resultado de tales medidas debería haber una disminución de la desigualdad por dos razones principales:  

·        Porque la apertura, al fomentar la competencia, acabaría con muchas situaciones que generaban ren­tas oligopolísticas o monopolísticas.  

·        Porque siendo Colombia un país con ventajas comparativas en productos intensivos en mano de obra, y especial­mente mano de obra con bajo grado de calificación, la apertura debería generar un aumento relativo en la demanda por dicho tipo de factores, en detrimento del trabajo calificado y el capital.  

Los acontecimientos en la primera década de la apertura parecen indicar que los cambios estruc­turales en el sector urbano generaron un estancamiento en la producción indus­trial, aumentaron las importaciones de bienes de consumo y de bienes de capital y no generaron ningún dinamismo en el sector exportador urbano, que era el que debería haber generado la demanda por trabajo para compensar la pérdida de empleos de los sectores no competitivos. En el sector rural, la apertura hacia el resto del mundo permitió la entrada de productos de bajo costo, a los que la agricultura de cultivos temporales no pudo hacer frente.  

Por otro lado, la nueva inversión nacio­nal y la extranjera, generaron un proceso de cambio tecnológico aumentador de productividad, el cual se materializó en una mayor intensidad de capital y una mayor demanda relativa de trabajo cali­ficado[7]. Esto dio origen a que las diferen­cias salariales entre trabajadores de alta y baja calificación aumentaran, con el consecuente empeoramiento de la distri­bución de ingresos. Lo anterior privó la economía de su más importante herramienta distributiva: su capacidad para generar empleo. Esta capacidad, que fue lo que permitió mejo­rar la distribución en los años setenta y ochenta parece haber sido anulada por la menor elasticidad empleo de producto nacional asociado con la mayor intensi­dad de capital y la menor demanda por mano de obra de relativa baja califica­ción. Jaime Tenjo afirma que desde un punto de vista imparcial que la apertura debería producir importan­tes efectos de tipo transitorio durante el período de transición y de tipo más per­manente una vez se estabilice la nueva situación, y afirma que en Colombia no se ha hecho un análisis para distinguir entre los unos y los otros y casi ninguna atención se ha prestado a las lecciones de la experiencia de otros países que han realizado refor­mas similares. 

1.6 LOS RESULTADOS DEL PROCESO DE APERTURA 

Después de hacer un breve repaso a las políticas aplicadas con la llegada de la apertura, mostraremos los resultados de dicho proceso en todos los campos posibles. 

1.6.1  Panorama General   

Colombia, es una nación, que vive situaciones particulares que no afrontan otros países y que complican y distorsionan el panorama nacional. En Colombia factores como la violencia, la estructura política, la interacción social o un desarrollo insuficiente resultan elementos que se deben considerar dadas las condiciones de un mundo global, que cobra y rechaza los problemas internos de las naciones buscando homogeneizar y jugar con reglas de juego estables y consolidadas.    

En la actualidad, nuestro país, padece de una de las más severas crisis económicas en su historia, con un desempleo en los niveles más altos, recesión económica en muchos sectores y problemas en el sistema financiero y cambiario. La inestabilidad política merma las posibilidades de nuestro país, la guerra e inseguridad nos convierte en un país poco atractivo a la inversión extranjera y en general, la sociedad en general piensa que estamos tocando fondo. 

Sin embargo, en la actualidad, se ven los primeros síntomas de reactivación económica, y se empiezan a mejorar los indicadores de consumo, déficit fiscal y balanza comercial, producto de una mayor competitividad internacional de algunos de nuestros productos, ayudado por el repunte de los precios del petróleo y algunos productos agrícolas. 

Entre las principales características de la coyuntura están las siguientes señales:  

·               El pobre desempeño de la economía en materia de crecimiento en los años recientes. 

·           Los grandes desequilibrios fiscal y externo que existen en la actualidad y las dificultades para financiarlos. 

·           La baja absorción de empleo que registran los sectores productivos, debida no sólo a la insatisfactoria dinámica de la producción, sino también a cambios de carácter estructural en el mercado laboral. 

·           El aumento de la violencia e inseguridad. 

·           La inestabilidad política, y el desacuerdo social entre Gobierno, Trabajadores, Centrales Obreras y organizaciones privadas. 

Lamentablemente, en términos generales el balance es desalentador, el desempleo creció, ya que muchas de las firmas tuvieron que reducir su tamaño si no es que quebraron, asimismo la demanda agregada se afecto negativamente, y los mercados se vieron inundados de productos importados, conformando la llamada desindustrialización de los países latinoamericanos. 

Según el Plan Nacional de Desarrollo "Cambio para construir la Paz"[8], en los últimos años, la economía colombiana ha venido perdiendo la dinámica de crecimiento que había registrado en las décadas pasadas. Luego de haber crecido a una tasa anual promedio de 4.6%  entre 1991 y 1995, ésta se redujo a sólo 2.3% entre 1996 y 1998, y con crecimiento negativo en 1999. La tasa de crecimiento de largo plazo de la economía fue de 4.5% entre 1970 y 1990.  

El país es uno de ingreso medio bajo y, por lo tanto, plagado por las múltiples necesidades insatisfechas que acompañan a la pobreza. En los últimos años el país ha visto cómo ha ido perdiendo su reputación de ser un ejemplo de estabilidad macroeconómica en el contexto latinoamericano y al país empezó a costarle cada vez más trabajo mantener esa estabilidad. 

En lo que se refiere a la falta de un crecimiento económico sostenido, tanto el crecimiento estructural como el cíclico se han reducido, de modo que el país no ve salidas de corto plazo a sus problemas de pobreza, y ve con alarma que el problema del desempleo se agrava.

La experiencia reciente muestra que, en las acciones de los últimos años para promover el desarrollo, ha habido una serie de errores históricos, tales como el esfuerzo por buscar un mayor crecimiento económico con base en una mayor cantidad de insumos, particularmente de trabajo, sin atender a su calidad y productividad. En particular, ha habido una gran equivocación en mantener una actitud de indiferencia con respecto a la educación, la acumulación de capital humano y la investigación y el desarrollo tecnológico aplicados a la producción. 

La desprotección a la industria, bajo supuestos de libre mercado y libre competencia sin apoyar activamente el desarrollo, la creencia de que el incremento en el gasto público, sin prestar atención a sus efectos sobre el déficit fiscal ni a la eficiencia con que se ejecuta, es una condición suficiente para promover el desarrollo. La mala asignación de los recursos y la debilidad institucional para responder ante los retos de la apertura y la globalización. La falta de cultura política y la desprotección social, que separa a quienes ostentan el poder con la sociedad en general.  

La década de los años noventa ha estado influida en Colombia por una tendencia al aumento del gasto público y del déficit fiscal[1]. Esta tendencia ha estado acompañada por presiones, difíciles de resistir, que han tendido a revaluar en términos reales la moneda nacional. En consecuencia, durante toda la década ha habido una tendencia al deterioro de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que en 1997 alcanzó un déficit superior al 6% del PIB.  

La economía colombiana ha sido incapaz de sostener los pocos episodios de crecimiento realmente satisfactorios que ha vivido, generalmente asociados con bonanzas de precios en sus productos tradicionales de exportación. De manera más grave, como las bonanzas se han vuelto fenómenos raros y relativamente modestos en las últimas décadas, desde hace ya unos veinte años la economía colombiana no crece a tasas sobresalientes, por encima al menos del 6% en términos reales. El resultado es que el crecimiento estructural de las últimas dos décadas no ha sido suficiente para atender las múltiples necesidades de los colombianos.

1.6.2 Recesión Económica 

La recesión económica es un hecho, y muchos factores pueden explicarla. Una explicación que se puede destacar es la que hace el Banco de la República, que atribuye la recesión al exceso de gasto y la indisciplina fiscal. Bajo este enfoque podríamos destacar la interpretación que hace Miguel Urrutia Montoya, Gerente General del Banco de la República quien afirma que la recesión económica se gestó en 1993. Explicando que en ese año hubo un excesivo crecimiento de la cartera del sistema financiero que aumentó 24.4% en términos reales, y llevó a una burbuja especulativa en el precio de los activos. El precio de la vivienda creció 45.2% mientras que el IPC creció 22.6%. El índice de precios de las acciones en la Bolsa de Bogotá ascendió a 49.9%.  

Urrutia afirma que dicho crecimiento en los precios de los activos no era sostenible, e inevitablemente llevaría a un deterioro de la cartera del sistema financiero al desinflarse el valor de la garantía de los préstamos. La tasa de interés promedio aumentó de 35.5% en 1992 a 43.7% en 1996. Se gesta, entonces una larga recesión en el sector de la construcción de vivienda que deterioro rápidamente la cartera hipotecaria a partir de 1997. El flujo de crédito externo hizo posible un aumento acelerado en las importaciones, lo cual generó un creciente déficit en la cuanta corriente de la balanza de pagos. El Banco de la República, consiente de esos desequilibrios, en su informe al congreso de marzo de 1994 recomendaba una reducción en el gasto de la economía, un superávit fiscal del 2% del PIB, y un crecimiento del crédito al sector financiero al sector privado de 37.5%.   

"Era evidente que la cartera estaba creciendo a tasas que permiten una financiación del sector productivo muy por encima del crecimiento esperado del producto. Además no se logró controlar el déficit fiscal"[1]. Dicho exceso de gasto, condujo a un persistente e inquietante déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. En el segundo semestre de 1997 se produce la crisis económica en Asia. La caída en las tasas de crecimiento de los países conocidos como "tigres asiáticos" tiene varios resultados que afectan de manera muy marcada las economías emergentes. La crisis internacional reduce la demanda agregada a través de caídas en los precios de explotación y genera aumentos en la tasa de interés, lo cual también reduce la demanda agregada, que unida a la parálisis de la construcción genera la recesión. Una visión que complementa el desarrollo de los puntos mostrados, es la de Ricardo Bonilla quien en su artículo: "Desequilibrios, crisis y emergencia económica", nos brinda muchos elementos de juicio para observar los efectos de la apertura económica y del comportamiento del sector externo. 

"El auspicioso panorama que se vislumbró al finalizar el año de 1997. con mayor devaluación y tendencia a disminuir las tasas de interés, no se sostuvo por mucho tiempo. La agudización del déficit fiscal, las dificultades para financiarlo, las continuas presiones sobre la tasa de cambio y los efectos de la crisis asiática, contribuyeron a modificar el escenario económico, haciendo el tránsito del optimismo hacia la recesión y de la estabilidad financiera hacia la emergencia económica"[2].  

A comienzos de 1998 el ambiente económico era favorable y se respiraba alta dosis de optimismo, luego de los regulares resultados de los dos años anteriores. Varias razones contribuyeron a mejorar las expectativas: en primer lugar, unas relaciones menos tensas entre la Junta Directiva del Banco de la República y el Gobierno Nacional que permitieron armonizar, de manera menos traumática, las políticas fiscal y monetaria. En segundo lugar, la aceleración de la devaluación en la tasa de cambio que permitió recuperar parte de la competitividad perdida por los productores nacionales. En tercer lugar, una notoria reducción en las tasas de interés que permitió bajar, coyunturalmente, los costos financieros a productores y consumidores. En cuarto lugar, la meta de inflación del 18% se cumplió y el salario mínimo se concertó, luego de 12 años de ser fijado por decreto presidencial. Y. en quinto lugar, el país se encontraba en la recta final de un proceso electoral que despejaría el oscuro panorama que acompañó al gobierno anterior. 

La combinación de los anteriores factores condujo a sobrevalorar los resultados y las proyecciones de crecimiento económico, al mismo tiempo que no se le prestó la  adecuada atención al delicado entorno internacional. Con la alegría del fin de año, el gobierno ajustó al alza el estimado del crecimiento del PIB, colocándolo en 3,3% anual, y proyectó el 4,5% para 1998, basado en la recuperación de las actividades agrícola e industrial y el mayor desarrollo petrolero y minero. Algunos meses más adelante, se demostró que el crecimiento de 1997 fue solamente de 3.1% y comenzó a ajustarse a la baja la proyección para 1998. Igualmente, la crisis asiática comenzó a golpear la economía latinoamericana de manera dual, por un lado, mediante la especulación financiera y los ataques a las tasas de cambio, mientras, del otro, aumentó la penetración de importaciones más baratas provenientes de países donde la devaluación fue más intensa que la alcanzada en Colombia. 

Paulatinamente, los factores adversos superaron las razones del optimismo y la política macroeconómica se convirtió en una verdadera tensión entre el control de las tasas de interés y la defensa de la banda cambiaría 

1.6.3  Comercio  Exterior      

La liberalización del comercio mundial es un hecho, los países pueden comerciar prácticamente con todo el mundo, y las ventajas adquiridas y competitivas marcan las relaciones comerciales mundiales. Colombia no ha logrado insertarse del todo en la dinámica del comercio mundial y a pesar de la apertura, no se han logrado grandes avances en las cestas de exportación colombianas. 

La economía global nos exige mirar al exterior, y como es lógico, la alternativa básica de desarrollo, se basa en el crecimiento de las exportaciones y el desarrollo de un sector exportador fuerte. Este sería el sector generador de empleo y de demanda agregada que llevaría a la economía a salir del estado de receso en que se encuentra. De hecho, el presente Gobierno apuesta por duplicar las exportaciones como pilar fundamental de la recuperación económica, cuestión que de presentarse podría representar el fin de la recesión en el corto plazo y la estabilidad de la economía colombiana en el mediano y largo plazo. 

En términos generales el comportamiento del sector externo de la economía ha sido prácticamente el mismo a través de los últimos años, seguimos exportando café, petróleo, carbón y productos ferrosos,  exportaciones que representan casi el total de la composición externa. Las esmeraldas, textiles, banano y otros productos comparten una porción pequeña de la torta del aparato exterior y en general la estructura  de las exportaciones después de la apertura es la misma de la década de los ochentas.  

El aparato exterior colombiano no se expandió con la llegada de la apertura, y existen evidencias de que el deterioro de la balanza comercial es producto del bajo nivel de demanda por los productos colombianos en el resto del mundo. Además la competitividad colombiana no aumentó, y se puede explicar por la revaluación real del peso debida a los inmensos flujos especulativos que la apertura financiera trajeron a nuestra nación, haciendo más rentable la importación de bienes de consumo y reprimiendo los productos de exportación no tradicionales. 

"Lo que ha pasado con las ofertas colombianas es que sus costos están por encima de los costos de los mismos bienes en los países potencialmente demandantes y no existe la posibilidad de llegar a un costo real o artificial que haga competitivos estos bienes"[3]

En los que va corrido de la década de los noventa, el resultado del intercambio comercial para Colombia ha sido negativo, a pesar de los esfuerzos de firmar nuevos convenios comerciales con algunos países vecinos. Sin embargo, las expectativas que se generaron alrededor del proceso de apertura económica como mecanismo para mejorar nuestra posición comercial no se han reflejado en un mejor comportamiento de nuestras exportaciones.  

Por países, los principales mercados para los productos colombianos son Estados Unidos, Venezuela, Ecuador y Alemania los cuales representan cerca del 60% del total de las exportaciones. Por cercanía geográfica  y por la entrada en vigencia del Arancel Externo Común, tanto Venezuela como Ecuador, aumentan su participación relativa en nuestras exportaciones al pasar de 5.9% y 1.8% en 1991 a 10.9% y 5.5% en 1998.

Los resultados de la nueva estrategia comercial trazada desde el principio de los noventa, se reflejan en el dinamismo presentado por el flujo comercial de mercancías. Pero aunque el intercambio comercial de Colombia se ha dinamizado, la composición del comercio colombiano en su mayor parte, está compuesta por bienes primarios que en el ámbito mundial son productos vulnerables al vaivén de los precios internacionales. Mientras tanto, la tendencia mundial de comerciar bienes con alto porcentaje de valor agregado se mantiene y Colombia exporta bienes primarios, para importar bienes con alto valor agregado y conocimiento tecnológico sin la oportunidad de hacer producción masiva y competir verdaderamente en los mercados internacionales. 

La estrategia de apertura de atar el desarrollo a los ingresos por exportaciones no ha dado los resultados esperados. Desde 1.993 el país viene atravesando por una serie de desequilibrios macroeconómicos que se han manifestado primordialmente en déficit de su balanza comercial. Esto se debe a la pérdida de competitividad de los bienes exportables causada por la caída de algunos precios internacionales y la reducción de la demanda interna en los países compradores, lo mismo que por el incremento de la producción de sustitutos de nuestras exportaciones no tradicionales, las exportaciones colombianas bajaron y perdieron competitividad y los ingresos derivados de esta actividad no han podido financiar el componente importado de nuestras demandas, bien sea de bienes de consumo, intermedios o de capital.  

Como consecuencia de la debilidad internacional de Colombia, no se pueden defender nuestros intereses comerciales de la manera más adecuada, y padecemos de las restricciones comerciales que nos imponen nuestros propios compradores.

Como consecuencia del déficit en la balanza comercial se deduce que su financiación ha sido por el lado del crédito, lo que nos ha llevado primero al desahorro, y luego a la recesión. Hoy, la tasa de cambio más competitiva nos ha hecho ganar terreno en el campo internacional y para el año 2000, Colombia mostrará una balanza comercial positiva, que de mantenerse podrá rescatar en el largo plazo a la economía colombiana. El flujo de comercio internacional es muy sensible a la competitividad de las economías ya sea en productividad o precios, la apuesta de nuestro país debe ser mantener la competitividad de nuestras exportaciones manteniendo una tasa de cambio competitiva y hacer esfuerzos por mejorar la productividad de nuestra economía disminuyendo los costos de transacción que nos representa la guerra, la inseguridad, la infraestructura física, tanto marítima como aérea para que los productos colombianos se puedan disfrutar en todo el mundo a bajo costo y con mejor calidad. 

"Cuando se inició formalmente el proceso de apertura económica en Colombia, una de las justificaciones básicas fue incrementar el grado de exposición  de la producción colombiana a la competencia internacional. Esta mayor exposición a la competencia debería redundar en aumentos significativos de la productividad, en mayores estímulos a la inversión en tecnología y en una tendencia a la reubicación de la producción"[1]. 

En la práctica, sin embargo, los efectos no se dieron en la década de los noventa. La inversión privada aumentó fuertemente durante algunos años hacia mediados de la década, pero se concentró en el sector de la construcción y en sectores de servicios que precisamente son los menos expuestos a la competencia internacional. 

Leonardo Villar Gómez, explica respecto al proceso de apertura que en la práctica este no se dio en Colombia en el sentido de haber conducido a que un mayor porcentaje de la producción nacional quedara expuesto a la competencia externa.  

Por el contrario, la producción nacional expuesta a la competencia internacional, que es la producción de bienes comercializables internacionalmente, redujo su participación en la producción nacional durante la década de los noventa. "La razón para ello fue probablemente el proceso de revaluación real del peso colombiano que se presentó durante la mayor parte del período, en particular, entre 1991 y 1997 el cual obedeció a causas como el fuerte aumento del gasto público y el impresionante incremento en el financiamiento externo público y privado"[2].

Es de esperar que hacia el futuro, con una tasa de cambio más competitiva, como la que ya se tiene actualmente, y con un balance comercial más equilibrado del que se tuvo en la década de los noventa, los indicadores de apertura se recuperen y los beneficios de ese proceso empiecen a manifestarse en forma plena sobre la economía colombiana.

Otro indicador importante del entorno general de la apertura es el que se refiere a la tasa de apertura de las exportaciones  TAE y la Tasa de penetración de las importaciones -TPI, que se miden con las siguiente equivalencias: 

TAE = (Exp / PIB) 100        Consumo Aparente: C.A = PIB + IMP - EXP

TPI = (IMP/ C.A) 100 

Es evidente que las exportaciones no representan un gran porcentaje del Producto Total, y que las importaciones han tenido un comportamiento más dinámico, reafirmando la impresión de que la revaluación real del peso en los años más críticos de la apertura, golpeo severamente el desarrollo del sector exportador generando los múltiple desequilibrios citados. (ver cuadro 8)

1.6.4  Inversión extranjera      

Uno de los supuestos más fuertes que asume el modelo de apertura consiste en la idea de que defendiendo a la inversión extranjera, se aumentará el desarrollo industrial.  

En este sentido, se supone que la expansión económica de los países desarrollados, ampliará el capital invertido en los países en desarrollo, aumentando los flujos de capital y suponiendo un mayor desarrollo en las zonas más pobres. Sin embargo, la lógica es otra, por un lado los procesos productivos se fragmentan localizándose en regiones diferentes bajo el principio de mínimo costo; y de otro lado, los capitales financieros son movidos en búsquedas de rentas de corto plazo.   

Luego de los planes de estabilización aplicados por las economías como Colombia, nuestro país y en general todos los latinoamericanos, se convirtieron en un destino ideal para la inversión extranjera directa. Siguiendo los principios de la apertura económica en donde la liberalización de los flujos de capital constituye un elemento central hacia el desarrollo[1].  

Para que las naciones se conviertan en receptores de inversión extranjera, necesitan hacerse atractivas en los mercados internacionales, en este sentido la tendencia es la de escoger los países más seguros a la inversión o en su defecto los que mejoran más la rentabilidad de los activos.  

De acuerdo con la (CEPAL), los primeros determinantes del ingreso de inversión extranjera directa a los países de América Latina han sido las políticas internas, los acuerdos y los procesos regionales. En cuanto a las políticas aplicadas, se pueden destacar los procesos de privatización de los activos estatales, los nuevos proyectos de inversión (sobre todo en infraestructura) y la reestructuración de las empresas multinacionales que tienen bases en los países. 

La realidad de la inversión extranjera, se centra en hacer la producción más barata, pero los supuestos de mejoramiento de la productividad interna y aprensión tecnológica de los países no se aplica, ya que las bases tecnológicas se mantienen en los países desarrollados y los países en vías de desarrollo producen los productos, pero realmente no tienen posibilidades de desarrollar los procesos productivos de manera propia.  

La inversión extranjera en la década de los 80 para Colombia se mantuvo estable con flujos promedios de 400 millones de dólares por año, incluyendo petróleo. A partir de la apertura, con los cambios en las políticas de inversión extranjera, los procesos de privatización y las concesiones al sector privado. La inversión extranjera se centró entonces en sector como los servicios financieros, eléctrico, petróleo y gas. En comunicaciones se establecieron los servicios de telefonía móvil celular y se dieron importantes avances en proyectos de privatización.

Cabe destacar el hecho de que la inversión se centró en los servicios, más no en la infraestructura productiva, en este sentido, los proyectos industriales no fueron objeto de inversión extranjera real, y además, las tendencias multinacionales, simplemente hacen que las empresas comercialicen sus productos, probablemente fabricados en otros países y hacen paso en Colombia vía importación y no producción. 

En este sentido se supone que el capital extranjero jugará un papel de primer orden en la construcción de un aparato productivo moderno y enfocado hacia los mercados internacionales, dada la capacidad que tiene para transferir tecnología y conocimientos[2]. Es así como se buscará nueva inversión extranjera directa que se vincule al sector manufacturero, especialmente en sectores exportadores y en servicios con alto valor agregado. Para lograr este objetivo se diseñan incentivos a las empresas extranjeras para que se instalen en Colombia y utilicen a nuestro país como plataforma exportadora de sus productos hacia América Latina.

El cuadro nos podría sugerir que la inversión extranjera en Colombia ha aumentado, sin embargo si se analizan los datos, estos incluyen inversión en portafolio y privatizaciones, lo cual nos distorsiona la cantidad real en inversión extranjera para actividades productivas que se realiza en Colombia. 

La realidad es que nuevos paradigmas rigen las conveniencias de inversión y los conceptos de competitividad en le mercado internacional, trayendo consigo drásticos cambios en la estructura industrial en el ámbito nivel mundial. Para atraer la inversión extranjera directa, es conveniente plantear los principios de mercado y desarrollo junto con los de generación de ventajas comparativas que estén de acuerdo con los requerimientos del espacio económico internacional. Además el gran potencial del mercado resulta ser el principal atractivo para los capitales foráneos, seguido por factores como el rendimiento previsto y una ubicación comercial estratégica. Las empresas extranjeras  buscan invertir en países donde las ventajas se centran en capital humano y otros factores como políticas flexibles que les permitan desarrollar estructuras modernas.  

Siendo realistas, las difíciles condiciones externas a las empresas en nuestro país nos llevan a pensar que dadas las condiciones actuales de seguridad e infraestructura, Colombia constituye un país riesgo y los actuales problemas en procesos de privatización, la inseguridad jurídica, la búsqueda de recursos externos e inseguridad cambiaria nos hacen pensar que este supuesto es bastante discutible y algo ingenuo, ya que en este momento las condiciones internas nos convierten en un país paria en el contexto internacional.   

Eduardo Sarmiento Palacio afirma que cuando se facilita la entrada de financiamiento externo y aumenta el endeudamiento, sin que este se traduzca en inversión productiva sino en inversiones en sectores como el de los servicios, se presentan procesos de descapitalización de la economía en el largo plazo[1]

En este sentido, es necesario que la inversión extranjera se concentre en sectores productivos y no en otros sectores. Cuando los flujos de capital extranjero y en general los capitales se mueven a sectores como el financiero y el de servicios y no a la producción, como sucedió en el pasado, termina creando grandes presiones sobre el tipo de cambio, y fomenta el desplazamiento de la industria a sectores como el de servicios, sin que esto se deba a mejoras en la producción, sino a factores que desaniman  el desarrollo industrial.

Para concluir este capítulo, podemos decir que el comercio mundial y las políticas industriales de cualquier nivel están muy unidos y es preciso que Colombia  reaccione a las nuevas solicitudes del mercado internacional y a sus condiciones, es hora de corregir los defectos del proceso de apertura, siempre pensando en la actividad humana y el ser social, donde es vital incluir el concepto de desarrollo en los estadios de competencia y competitividad. 

El desarrollo del aparato productivo nacional debe estar guiado por el estado, es decir que su papel no solo es el de crear un ambiente propicio, sino el de intervenir activamente en la creación y mejoramiento de estructuras y superestructuras que faciliten al país el aprovechamiento de sus potenciales.  

Las ventajas creadas son en si mismas desarrollos de la sociedad que se retroalimentan  y hacen de los países lugares mas dignos y con mayores oportunidades en este sentido, Colombia no puede aprovechar debidamente las ventajas de un modelo de apertura económica por la falta de lógica social, y exceso de lógica formal, es evidente que el "mercado", no lo resuelve todo, sin embargo, la tendencia a la racionalización en el desarrollo de la apertura puede llevar a los países a aprovechar mejor las ventajas que ésta ofrece. 

2. EL ENTORNO INDUSTRIAL EN COLOMBIA

  2.1  TENDENCIAS MUNDIALES Y REALIDAD INDUSTRIAL  

En los últimos años se han producido grandes transformaciones en los países industrializados, en los países en desarrollo y en el conjunto de la economía mundial, donde se destacan cuatro elementos fundamentales: En primer lugar, se ha acentuado la dinámica de la revolución tecnológica, con aumentos en los niveles de producción y menores costos, se han fortalecido los sistemas de información, la informática y las telecomunicaciones representan los sectores con mayor dinamismo en las últimas décadas[1]. En segundo lugar,  se ha modificado el marco institucional de las empresas en el mundo, donde los procesos de apertura, liberalización y desregulación, juegan un rol fundamental. En tercer lugar, los polos de desarrollo más dinámicos se encuentran en los países en desarrollo (especialmente en Asia) y por consiguiente se presenta un aumento de la competencia, forzando el desarrollo e incorporación de innovaciones tecnológicas que cambian la posición relativa de sectores y empresas en el mercado mundial cambiando y volviendo más dinámicas a las empresas. Para terminar, se modificaron las interconexiones entre las economías nacionales, y vivimos procesos de globalización, y al mismo tiempo unión regional, en formas de bloques, organizaciones o tratados bilaterales.  

El desarrollo industrial de las dos últimas décadas se ha conformado teniendo como epicentro un nuevo sistema técnico, que gira en torno a la información; cuatro pilares sostienen dicho sistema: la electrónica, la informática, las telecomunicaciones y la robótica. La introducción de dichos factores, hizo que se llegara al fin de la era de las ventajas adquiridas y se inició una nueva era: el de las ventajas construidas; en esta nueva fase el eje se desplaza de la "existencia de abundantes recursos naturales y mano de obra hacia la posesión del dominio científico y tecnológico y la capacidad de innovación[2]

Las nuevas condiciones de producción conllevan, a cambios en la división del trabajo, tanto en su organización al interior de las unidades de producción, como en lo que atañe a su distribución entre trabajo directo e indirecto y los niveles de calificación requeridos para manipular las nuevas tecnologías implicando una reducción de la cantidad de trabajo requerido por unidad de producto, consecuencia del incremento de la productividad por el uso de nuevas tecnologías. 

Para las empresas, hoy cuentan más los niveles de calificación de la fuerza de trabajo que de disponer de mano de obra barata; la disponibilidad de mano de obra calificada se convierte en un objetivo estratégico. En esta situación, el progreso tecnológico principalmente de índole informático exige nuevas formas de calificación del recurso humano y replanteamientos en la organización social del trabajo, creando una dinámica hacia una nueva división internacional del trabajo, y constituyéndose además en fuente adicional de preside sobre los procesos de reformas en los países en desarrollo[3].   

Respecto a lo institucional, como  se vio en el capítulo anterior, el modelo preponderante en la etapa actual del proceso de globalización en la esfera económica es de corte neoliberal,  basado en un mercado en competencia abierta mediante la liberación de la movilidad de bienes, capitales y servicios. En la globalización llegan al mercado mundial nuevas culturas de empresas y nuevos modelos organizacionales. Y en general, la globalización nos impone reglas hacia el desarrollo de condiciones básicas para el desarrollo de algún tipo de política industrial. Además, en la época de la globalización, es seguro que hay pérdidas de soberanía parciales de los estados nacionales. Pero la globalización no significa el fin de la acción del estado: significa un cambio en los puntos de aplicación y de sus ámbitos.  En los países industrializados se lo sabe perfectamente.[4]." 

El nuevo escenario del comercio internacional y los principios de competencia son ahora diferentes como en el caso de las ventajas adquiridas que han sido reemplazadas por las llamadas ventajas construidas y que se reafirman cada día