|
|
Monografias | La Politica Industrial Colombiana bajo el modelo de aperturaLa Politica Industrial Colombiana bajo el modelo de aperturaResumen: El programa de desarrollo que suponía la apertura económica no se realizó, el paso de una economía protegida con un mercado cautivo a una economía abierta y competitiva tropezó con graves problemas de aplicación que no se contemplaron al momento de su implementación. Vivimos en un mundo que se globaliza y la falta de coordinación entre la realidad productiva y la puesta en marcha de las reformas llevó a la economía nacional a un franco deterioro en todos los ordenes.(V) El
programa de desarrollo que suponía la apertura económica no se realizó, el
paso de una economía protegida con un mercado cautivo a una economía abierta y
competitiva tropezó con graves problemas de aplicación que no se contemplaron
al momento de su implementación. Vivimos en un mundo que se globaliza y la
falta de coordinación entre la realidad productiva y la
puesta en marcha de las reformas llevó a la economía nacional a un
franco deterioro en todos los ordenes. En
la presente Monografía, queremos participar en el debate acerca de la Política
Industrial más adecuada para conseguir los objetivos de desarrollo y
crecimiento que necesitamos para mejorar tanto el nivel económico como el nivel
de vida de nuestra sociedad, asumiendo el reto bajo los parámetros que rigen a
una economía abierta que busca insertarse
exitosamente en el mercado mundial. El
presente trabajo consta de tres capítulos, concatenados y complementarios. En
el primer capítulo, mostraremos el proceso de implementación del modelo de
apertura en la década pasada, sus repercusiones sociales en todos los campos y
la relación existente entre el proceso de apertura y los problemas de
desindustrialización en Colombia, indicaremos las características de nuestro
sector externo en dicho proceso, buscaremos demostrar que aunque la apertura
suponía un fortalecimiento del aparato exterior, hasta el momento el resultado
ha sido el contrario y cada día somos más dependientes del comportamiento de
nuestras exportaciones primarias. En
el segundo capítulo mostraremos un resumen de la situación industrial en
Colombia, las repercusiones que el proceso de globalización ha tenido sobre
nuestro aparato industrial y las tendencias mundiales que se han dado en torno
al desarrollo del tejido productivo. Para
finalizar, mostraremos el entorno competitivo colombiano, en donde nos
adentraremos en los temas de productividad y competitividad,
mostrando las políticas de ciencia y tecnología y buscando demostrar
que éstas son insuficientes en un mundo en donde las ventajas se construyen y
no son producto de la riqueza física
o natural. Entendemos
que el incremento de la productividad de nuestro país, es el único camino que
nos conducirá a un mayor nivel de vida de la población en el corto plazo,
teniendo en cuenta que para lograrlo; necesitamos mejorar los niveles de nuestra
inversión en capital humano y capital físico para afectar de manera clara y
positiva la tasa de crecimiento colombiana. Esperamos
que este esfuerzo por contribuir a la solución de la problemática social y
económica rinda frutos que puedan ser asumidos de manera práctica y que no
constituya un simple planteamiento teórico; es decir que pueda ser tenido en
cuenta para la construcción de la Política Industrial exitosa en Colombia.
Vivimos
en un mundo cambiante en donde existe un nuevo juego, hay nuevas reglas y se
deben aplicar nuevas estrategias.
El
triunfo del capitalismo sobre el comunismo, y la consiguiente globalización
mundial, bajo las reglas de libertad económica, propiedad privada y en general
los pilares de dicho sistema social, nos impone cambiar y ser más eficientes,
competitivos y dinámicos, para insertarnos exitosamente en un mundo unipolar. Lester
C, Thurow[1],
afirma que hoy el mundo se encuentra en un período de equilibrio interrumpido,
y que dicho equilibrio es causado por cinco tendencias que están marcando el
juego económico mundial. Vivimos en un mundo sin comunismo, en donde el cambio
tecnológico hace que las industrias se basen en la capacidad intelectual, con
índices demográficos nunca antes vistos, bajo un proceso de globalización
acelerado y en donde parece no existir un poder político o militar dominante
que maneje al mundo sin algún tipo de resistencia económica. Con
el fin del comunismo, un tercio de la humanidad y un cuarto de la superficie
total de la Tierra que solían estar controlados por ese sistema se incorporan
al viejo mundo capitalista. Aquellos que originariamente vivían bajo el
comunismo cambian radicalmente su condición de vida, sus valores y el mapa económico
mundial parece eliminar fronteras. A este hecho, se debe sumar que la población
mundial está en crecimiento, se desplaza y se envejece. La explosión demográfica,
aumenta la miseria en muchas regiones del mundo y el desempleo crece cuando la
mano de obra no calificada no es necesaria en un mundo industrial desarrollado. Respecto
a las realidades industriales, encontramos un cambio técnico hacia una era
dominada por las industrias basadas en la capacidad intelectual del hombre, las
cuales debido a los inmensos avances en la productividad, necesitan de mercados
globales, en donde los cambios en la tecnología, el transporte y las
comunicaciones están creando un mundo en donde todo se puede hacer y vender en
cualquier parte de la tierra y la economía global está cada vez más
conectada. Alain
Touraine[2],
al darnos una noción sobre globalización afirma: ... "hay que ver en la
idea de globalización una relación que enmascara el mantenimiento de las
relaciones de dominación económica al introducir la imagen de un conjunto económico
mundial autoregulado o fuera del alcance de la intervención de los centros de
decisión política... no puede aceptarse en modo alguno como la descripción de
un tipo societal nuevo y perdurable". La
globalización, se ha olvidado del individuo, de sus diferencias y de su
identidad, imponiendo una dinámica en las sociedades modernas que afecta a las
minorías, a las pequeñas etnias y a las sociedades pequeñas. El triunfo del
sistema capitalista, y sobre todo del capital financiero, se ha olvidado de los
patrones culturales, de las tradiciones, y nos ha impuesto un ritmo de vida
diferente al que estábamos acostumbrados anteriormente. El
proceso de globalización, también puede asociarse con la expansión de la
actividad económica, sin que las fronteras nacionales constituyan obstáculos
de relieve, asociándose el fenómeno con el libre cambio de mercancías. Además,
la globalización, abarca factores más amplios: En primer lugar, hay que tener
en cuenta los incrementos registrados en los flujos de inversión directa. Entre
1982 y 1992, por ejemplo, estos flujos aumentaron en un porcentaje medio del 30%
anual en el mundo, un ritmo de crecimiento cinco veces superior al del comercio
mundial y 10 veces superior al del producto mundial[3].
En los últimos diez años 63 países en desarrollo redujeron de manera
significativa sus restricciones aduaneras. Sin embargo, durante el mismo período
22 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (OCDE) elevaron sus barreras, especialmente las no arancelarias, que
inciden en los productos agrícolas, productos siderúrgicos, aparatos electrónicos,
calzado y prendas de vestir. Se calcula que el porcentaje del comercio de
productos manufacturados afectado por estas medidas proteccionistas aumentó
desde el 14% del total, en 1981, a más del 19% en 1990. Otro
de los fenómenos más importantes de los últimos años es la globalización de
las finanzas. Las transacciones diarias en los mercados de cambio evolucionaron
de 15.000 millones de dólares en 1973 a 1,3 billones en 1997, una cantidad casi
60 veces superior al flujo comercial diario. Asimismo se calcula que el total de
los activos financieros objeto de transacción en el mundo aumentó de los 5
billones en 1980 a 35 billones en 1992, lo que equivale al doble del PIB de
todos los países de la OCDE reunidos. En resumen, la actual etapa de
globalización se caracteriza por la ampliación de la globalización comercial,
de forma simultánea a la importante globalización financiera, junto a las
tendencias de regionalización de los mercados de bienes y servicios, de
progreso tecnológico vertiginoso y de generalización de los sistemas flexibles
de producción. Los
efectos para países como Colombia, son ampliamente debatidos, pero parece haber
consenso en afirmar que los procesos de globalización están
incrementando la brecha entre los países desarrollados y el mundo
subdesarrollado. Se sabe, por ejemplo, que el 80 por ciento del comercio mundial
ocurre entre Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, y que los mercados de
la periferia como Colombia no son interesantes para las grandes corporaciones
multinacionales, dada su baja capacidad de consumo[4]. La
realidad nos indica que lo que era productivo y competitivo el día de ayer no
lo es más hoy. Es decir, lo que era competitivo en un mercado regional o
nacional no esta resultando serlo en el nuevo mercado globalizado. Lo que está
implicando la destrucción masiva de las capacidades productivas que se
encuentran en manos de la gran mayoría de los productores y trabajadores de los
países periféricos. La
globalización ha implicado varios problemas para países como Colombia y sería
importante destacar los siguientes elementos en torno a los procesos de apertura
y globalización. Características
del proceso en los países de la periferia: ·
Fuerte caída de los niveles del ahorro nacional, de las remuneraciones a
los trabajadores, del consumo per cápita, de la atención que brinda nuestra
sociedad a la salud, la educación y, en general de los niveles de bienestar. ·
Incapacidad para los países como Colombia de tomar decisiones autónomas.
Generando la pérdida paulatina del control del Estado sobre el entorno
nacional. ·
Acelerada internacionalización de los procesos económicos; la
consolidación del sistema financiero internacional y sus consecuencias sobre
economías financieramente limitadas como la nuestra; uso de nuevas tecnologías
de información, sin aprensión del conocimiento y diferentes formas de
intervención del Estado, con la conversión de la cultura en un producto y en
un factor de producción. ·
Pérdida de importancia de la producción de materias primas frente a la
producción de manufacturas y servicios. ·
Conformación de bloques en el proceso de globalización que alteran los
sistemas geopolíticos de seguridad global y en donde los intereses de los
bloques se anteponen a los de los países pobres. ·
Las nuevas instituciones internacionales "reguladoras" del
mercado global dirigidas por los países de mayor desarrollo imponen su
legislación y sus sistemas de sanciones. Las decisiones se toman en el centro,
es decir, son locales, pero su alcance es global. Se
produce la interacción de estos factores entre sí, lo que contribuye a un
movimiento dirigido a la concentración en las regiones más desarrolladas de la
actividad económica y del aprovechamiento de los frutos del progreso tecnológico.
Mientras tanto, las naciones en desarrollo, buscan recursos en forma de inversión
extranjera para tratar de desarrollarse. La
competencia en este sentido, no es un problema regional sino global, y los
cambios realizados en países como Colombia, son un fiel reflejo de los cambios
en la economía mundial. En
el mundo entero, las políticas de libre mercado representan las recetas
aplicadas para responder a la globalización. Colombia
experimentó en la última década del segundo milenio, la transformación de su
modelo económico y social, mediante la implementación de políticas de libre
mercado. Tras mantener un esquema de economía semi cerrada, la liberalización
comercial constituyó el paradigma dominante tanto en Colombia como en toda América
Latina. Diez años después los
resultados mostrados resultan desconcertantes para nuestro país, pues el
retroceso de nuestra economía no puede explicarse exclusivamente por los
ideales aperturistas y existen muchos factores que distorsionan las posibles
valoraciones que sobre el proceso se pueden hacer. Hechos
como la violencia e inseguridad, la formalización de la Constitución de 1991,
la política monetaria empleada, los problemas de la economía internacional o
las crisis políticas distorsionan las diferentes valoraciones que podemos hacer
sobre la implementación de la "economía de mercado" en nuestro país.
Sin embargo, como punto de partida, podemos afirmar, que las economías abiertas
poseen mayores niveles de crecimiento en el largo plazo y que la globalización
mundial nos exige mirar abiertamente al mundo. A pesar de que nos encontramos
muy rezagados en este proceso, pensamos que es factible crecer sostenidamente e
incrementar el nivel de vida de la población bajo un esquema de competencia
abierta, ideal que debe perseguir nuestra sociedad. Entendemos que sin paz y
desarrollo sostenible, será imposible avanzar adecuadamente hacia el bienestar
social que buscamos, pensar en inversión en capital físico y humano, resulta
fundamental para mejorar los niveles de competitividad colombiana. El
proyecto económico que han seguido la mayoría de países latinoamericanos
desde mediados de los años ochenta, es una propuesta de sociedad que conlleva
supuestos políticos e ideológicos que se sustentan en el planteamiento que señala
que para el funcionamiento adecuado del capitalismo, es imprescindible la libre
actuación de las fuerzas del mercado (acorde con las tendencias de globalización)
por lo que la apertura de los mercados nacionales, los procesos de privatización,
la desregulación económica y la reforma del Estado, se transforman en las
herramientas básicas para lograr insertarse en ésta dinámica de crecimiento.
En
el caso colombiano, el Consejo Nacional de Política Económica y Social, junto
con el Consejo Directivo de Política exterior Aprobaron un Programa de
Modernización de la economía colombiana,
el cual se empezó a aplicar a partir de Febrero de 1990,
el argumento principal, para la adopción de las reformas fue la noción
de que obstáculos de índole estructural habían impedido a la economía
mantener tasas de aumento del PIB cercanas al 5% anual[5]. Además,
en 1.991 Colombia cambió su modelo de comercio exterior que buscó, a través
de un esquema proteccionista, sustituir importaciones, por uno de apertura económica
buscando la internacionalización de la economía, estimular los procesos de
integración, promover el mercado exterior de bienes, tecnología y servicios.
El nuevo esquema facilita el ingreso y la salida de capitales foráneos y
permite que nacionales y extranjeros hagan negocios con el exterior, lo cual se
asimila casi a una completa libertad cambiaría que permite tener cuentas
corrientes en moneda extranjera, conseguir créditos y realizar todo tipo de
operaciones en el mercado cambiario libre. La reforma del comercio exterior
aparte de racionalizar la protección a la industria doméstica para hacerla más
competitiva, modifica la estructura institucional del sector exportador con el
fin de mejorar su eficiencia y buscar una mayor competitividad internacional. Entre
las modificaciones realizadas podríamos destacar la creación del Ministerio de
Comercio Exterior, la modificación de la organización y funciones del
Ministerio de Desarrollo, el Incomex, la Junta de Importaciones, el Consejo de
Política Aduanera y se transforma a Proexpo en el Banco Colombiano de Comercio
Exterior. (Bancoldex)[6] Los
obstáculos que se argumentaron para cambiar todo el esquema económico,
tuvieron como eje fundamental la apreciación de que existían pocos incentivos
de mercado para mejorar la capacidad productiva del sector privado, que la
protección limitaba la capacidad de desarrollar la industria debido a la falta
de competencia y que la debilidad del sistema financiero y su escasa libertad,
impedía a los agentes económicos movilizar eficientemente los recursos con el
fin de aumentar la capacidad productiva.
En
este sentido, el modelo de desarrollo seguido por Colombia, comienza por
realizar cambios tendientes a implementar un nuevo orden institucional en donde
los principios de descentralización del Estado y completa libertad económica
rigen los cambios sociales implementados. El
proceso de descentralización fue inspirado en la noción de que el centralismo
excesivo, tanto en funciones como en el manejo de los recursos, aunado a la
escasa participación de la población, había derivado en la pérdida de poder
de los gobiernos territoriales y municipales, representando grandes
desequilibrios sociales y grandes deficiencias en la prestación de los
servicios. Bajo
esta óptica se considera a la
descentralización un proceso irreversible, inevitable, y sobre todo eficiente y
democrático para el desarrollo de
nuestra nación, rescatando las bondades de la mayor participación ciudadana, y
la mayor cercanía en la resolución de los problemas que afrontan las
diferentes regiones y busca que las necesidades y preferencias locales, se
expresen, se escuchen y se resuelvan desde el nivel de gobierno que se encuentre
más cerca de las personas y que sea capaz de hacer los diagnósticos correctos
y responder a las necesidades de los habitantes de una manera eficiente y
eficaz. Respecto
del fenómeno de la descentralización en Colombia, hay consenso en afirmar que
es un proceso joven, incompleto, pero que va por buen camino y que se debe
profundizar y afinar ya que es la mejor opción a largo plazo para el desarrollo
del país. En este sentido, se
afirma que el proceso de descentralización en Colombia aún no se ha
consolidado[7];
a pesar de varios logros en materia de descentralización fiscal y
administrativa, se afirma que existen
razones sociales, económicas y políticas que interfieren en el proceso. Por
otro lado, se observan deficiencias en los instrumentos que definen las
relaciones fiscales intergubernamentales y en la implantación de la
descentralización en niveles sectoriales. Se
entiende que aún así, el proceso se encuentra en una etapa de transición, en
donde Colombia opta por un proceso de descentralización fiscal y administrativa
a mediados de los años 80, el que se concreta explícitamente en la Constitución
de 1991. Las
políticas propuestas en cuanto a la liberalización del comercio bajo este
marco son las de defender las
condiciones de libre competencia y realizar inversiones en las áreas que
mejoren la posición competitiva del país. Teóricamente se sostiene que cuando
los países, pertenecientes al primer mundo lleguen a niveles de desarrollo
tales que la introducción de más factores resulte más costosa que la abstención
de hacerlo, volcarán sus capitales hacia los países atrasados. Por esta razón
se puede esperar una reducción de la brecha entre los dos tipos de países y
una homogeneización de los niveles de productividad en el mundo[8]. Los
principales planteamientos que justificaron la implementación de la apertura
económica se derivaron del diagnóstico según el cual el país no podía
crecer a ritmos aceptables y con niveles sustancialmente más bajos de inflación,
en ausencia de una inserción más decidida de nuestra economía en el contexto
mundial. Se
afirmo al comienzo de la década pasada que el "mayor
escollo al avance económico ha radicado en las dificultades que ha tenido el
sector privado para percibir con claridad las indicaciones del mercado en
materia de precios, fácilmente podemos notar que la intensiva intervención
estatal ha sido uno de los factores determinantes en este hecho"[9].
Afirmación que muestra claramente la concepción económica de la época. Las
modificaciones que se fueron efectuando en la normatividad económica buscaron
como elemento esencial crear condiciones apropiadas para el funcionamiento de
los mercados. En términos prácticos, ésta directriz significó el
reconocimiento de la necesidad de competir interna y externamente tomando en
consideración los aspectos positivos que se derivan de esta guía del manejo
económico. Se dieron evidencias de la forma como la acción estatal se fue
reduciendo para crearle condiciones apropiadas a la gestión privada. Cabe
destacar el hecho de que algunos de los efectos que
se preveían con la llegada de la apertura se dieron y que en muchos
sectores, había coincidencia en cuanto a las políticas que deberían acompañar
la apertura. Sería
pertinente citar a Francisco J. Ortega Acosta,
Gerente General del Banco de la República en 1991, quien en la época
afirmaba que en ausencia de políticas complementarias,
un primer efecto de la apertura comercial sería el incremento de las
importaciones", inducido por la baja de las tarifas arancelarias, y por la
disminución de los controles administrativos. Se
llegó a la conclusión de que una mejor manera de compensar la caída en el
precio relativo de los bienes importables, derivada de la desgravación y de
menores aranceles, era mediante la utilización de una tasa de devaluación
nominal un poco más rápida. "Diversos
estudios académicos apoyan teórica y empíricamente, la idea de que una
apertura exitosa está asociada con una devaluación no solo nominal sino también
real[10]." Lamentablemente,
hoy encontramos demasiados problemas en la implementación del proceso de
apertura y vemos que los supuestos que la sustentaron no parecen cumplirse. Al
cumplirse 10 años del proceso de apertura económica, los resultados reales
parecen no ser muy favorables, y el país ha afrontado la peor coyuntura económica
registrada en el presente siglo. Sin embargo, existe un nuevo enfoque de promoción
de las exportaciones y fortalecimiento del aparato exterior del cual no podemos
ser ajenos dadas las condiciones de coyuntura internacional, la globalización y
la tendencia generalizada al libre comercio. Tomando
en cuenta que el objetivo primordial del capitalismo es el de garantizar la
maximización de utilidades para lograr una rentabilidad adecuada en las
industrias y poder generar un ahorro que nos ayude a mejorar nuestro nivel de
vida; Debemos ser conscientes de que vivimos en un escenario más productivo y
en donde el cambio de formas de producción va a determinar la modificación de
las bases tecnológicas, los pactos comerciales para el funcionamiento del
mercado y las formas de organizar el trabajo. La
globalización es una realidad de la que no podemos ser ajenos, pero debemos
aprender a vivir bajo esta realidad, conociendo sus ventajas y desventajas, para
optimizar el desarrollo colombiano en este nuevo escenario mundial
Aunque la apertura económica fue concebida como un todo, múltiples
aspectos como la estabilidad financiera o el control del gasto fracasaron en el
camino de la liberalización, aspectos que ahora afectan nuestro nivel de vida y
nuestra competitividad internacional. Las
reformas realizadas por el modelo de apertura fueron varias: el primer lugar,
se eliminaron las restricciones cuantitativas a las importaciones, se bajaron
los aranceles y se acortaron las dispersiones. Al mismo tiempo se liberó el
ingreso de capitales, se autorizó la libre convertibilidad de divisas por
pesos y finalmente se estableció un tipo de cambio flexible. Los autores de
las reformas las presentaron como una forma de insertar la economía Colombia
en los mercados internacionales, modernizar el aparato productivo y acelerar
el crecimiento económico. Se apostó a que el mercado siempre conduce al
estado más conveniente para la sociedad[1].
A
continuación se mostraran los cambios más importantes que se dieron con la
implementación del modelo de apertura económica. Uno
de los cambios fundamentales, que trajo consigo las reformas de la década
pasada, fue la creación de un Banco Central autónomo, en donde las
decisiones de política monetaria se le otorgaron a su junta directiva,
buscando primordialmente el control de la inflación y
proteger la economía de los problemas que en el corto plazo podría
causar una emisión monetaria ordenada por el Gobierno Nacional[2]. Hoy,
la autonomía del Banco de la República y su mandato constitucional están en
entre dicho y sin duda alguna, las políticas adoptadas por la institución
han influido sobre la crisis económica actual, ya sea por acción o por omisión.
Este hecho se reflejó claramente en la sentencia de la Corte Constitucional
de 1999[3],
en donde se percibe la idea de que aparte del control de la inflación, las
políticas del Banco deberían también
enfocarse en la coherencia macroeconómica, el crecimiento y la generación de
empleo. El proyecto de reforma Constitucional de 1991 sobre moneda y Banca
Central, le ordenó al Banco de la república concentrarse en un objetivo
primordial: la regulación monetaria con el objeto de conseguir la estabilidad
de precios, en otras palabras, el control de la inflación. Las
principales reformas que se le hicieron al Banco fueron las siguientes: ·
La consagración en el ámbito constitucional del Banco de la República
como Banco Central. A su vez se define que ésta institución de derecho público
debe tener un régimen jurídico propio y autonomía patrimonial,
administrativa y técnica que le permita reglamentar la política monetaria.
·
Se establece que las facultades en materias de política cambiaria y
crediticia corresponden a la junta directiva del Banco, órgano que debe estar
integrado por profesionales con la debida independencia. ·
Se establece que la institución debe velar por la conservación del
poder de compra de la moneda colombiana. ·
En cuanto a atribuciones de emisión, se prohíbe el otorgamiento de crédito
al Gobierno Nacional y a la actividad privada cuando se trate de operaciones
distintas de las de liquidez del sector financiero, o de tesorería de corto
plazo. Dada
la naturaleza del dinero de servir de medio de cambio y depósito de valor se
realizó la reforma, de manera acorde con las políticas de apertura, dándole
al Banco como prioridad el control de la inflación sobre cualquier otro fenómeno
económico. Para cumplir el cometido fundamental de buscar y mantener la
estabilidad de precios, se necesitaban dos condiciones: Debía contar con la
organización y poder decisorio sobre los instrumentos de control monetario,
cambiario o crediticio y en segundo término, necesitaría estar dotado de la
suficiente independencia institucional que haga posible el uso flexible de
dichos instrumentos. Colombia,
está saliendo de la peor recesión económica de su historia, y parte de la
recesión fue producto sin duda alguna de varias decisiones del Banco al
buscar bajar la inflación y al defender la banda cambiaria. Sería pertinente
recordar el brusco incremento de las tasas de interés que se produjo al
defender la banda cambiaria entre 1998 y 1999 que dio como resultado una
fuerte desaceleración económica. Era más rentable guardar el dinero en los
bancos que hacer actividad económica. El Banco se preocupó más por contener
la inflación y cumplir su mandato que por recuperar la actividad productiva.
En
defensa de las políticas del Banco, Roberto Junguito decía que aunque
segmentos influyentes de la opinión económica especializada habían venido
argumentando que la Junta Directiva del Banco de la República era responsable
principal de la recesión económica, esto no era cierto y que el excesivo
gasto público y los problemas fiscales eran los que habían causado la recesión
de la economía colombiana y afirmaba: "La
recuperación de la actividad económica debe ser, fundamentalmente, el
resultado del programa de ajuste que se ha puesto en marcha y que, según la
experiencia, toma algún tiempo en mostrar resultados.
La
política monetaria que orienta el Banco de la República tiene como objetivo
principal la baja de la inflación, cuyo resultado ha sido satisfactorio. No
debe caerse en la emisión monetaria para la refinanciación masiva de
obligaciones crediticias"[4]. Las
responsabilidades de dotar de liquidez a la economía y propender por la
solvencia del sistema financiero recaen, respectivamente, en el Banco de la
República y el Gobierno. Con relación a temas de solvencia y apoyo al sector
financiero, de cualquier manera, quedó en evidencia la debilidad del sistema
financiero colombiano y en estos momentos una de las preocupaciones del
presente Gobierno es el diseño de una estrategia global para el apoyo de las
entidades financieras con dificultades. Además,
la política fiscal puesta en marcha por el gobierno ha tenido como objetivo
reducir un desequilibrio creciente en las cuentas del Estado, mediante elevación
de la tributación, recortes del gasto público y reformas estructurales en áreas
"problema" como la seguridad social
y las transferencias regionales. La
reforma comercial se anunció en febrero de 1990. El primer paso se dio
cuando a finales de 1990 se eliminaron las restricciones cuantitativas y se
inició la baja de los aranceles. Posteriormente se avanzó
en forma rápida transformando el esquema gradual de apertura en un
desmonte masivo. Así, en los siete primeros meses de 1991 el nivel
arancelario bajó de 38% a 12% es decir, más de la mitad. En
el fondo las reformas estaban orientadas a bajar las tarifas y recortar su
dispersión independientemente de las características de los productos. Sin
embargo, la mayor reducción de los aranceles de las materias primas
determinó un aumentó de la protección efectiva de los bienes de alto
contenido importado y sin quererse, se configuró una estructura que
discrimina contra las actividades de alto valor agregado y a la producción
nacional. El
proyecto de Ley Marco de Comercio Exterior presentado por el Ministro de
Desarrollo, concretó el nuevo
enfoque de comercio internacional de acuerdo con el proceso de
internacionalización de la economía. Se orientó a la superación del
modelo tradicional de desarrollo fundado en la sustitución de
importaciones, la protección a la industria y los estímulos y subsidios a
los exportadores. El
Gobierno propuso los principios básicos para formular la política de
comercio exterior y los mecanismos para cumplir con el propósito de
convertir al sector externo en motor de desarrollo.
La iniciativa presentada en el Congreso, finalmente se concretó en
la Ley 7a. de 1991[1].
Esta se basa fundamentalmente en el uso de tres mecanismos: instrumentos de
promoción de exportaciones, instrumentos de la política de importaciones,
y finalmente cambios y transformaciones
institucionales. Cabe
destacar que se suponía un aumento de las exportaciones, protección a las
prácticas de comercio desleales y creación de instituciones enfocadas
hacia el exterior. Sin embargo como se mostrará más adelante, los cambios
produjeron efectos contrarios: incremento de las importaciones, disminución
de las exportaciones y debilidad institucional. La
libertad cambiaria constituyó uno de los elementos centrales de la
apertura. La política de acuerdo con un enfoque monetario de la balanza de
pagos, afirma que la fijación
del tipo nominal de cambio conduce a una inflación cercana a cero.
Adicionalmente se presumía que el resultado se lograba como simple
consecuencia de las fuerzas del mercado[2]. La
reforma financiera presentada por el Gobierno de Cesar Gaviria, busca supera
las limitaciones estructurales del sistema financiero con miras a
desarrollarlo de manera que juegue un papel importante en el proceso de
apertura. Para
modernizar el sistema financiero, se promulgan leyes encaminadas a liberar
el sistema para hacerlo más amplio, eficiente y competitivo, para que
adquiera una mayor capacidad de intermediar el ahorro nacional, con el fin
de financiar la inversión productiva a costos razonables[3].
Dentro
de los aspectos fundamentales de la reforma financiera es importante la
ampliación de las actividades de los intermediarios financieros, al permitírseles
desarrollar a través de sus filiales, actividades de servicios financieros
complementarios a la intermediación tales como participación en el capital
de sociedades fiduciarias, de leasing, comisionistas de bolsa, almacenes
generales de depósito y sociedades administradoras de fondos de pensiones y
cesantías. Esto se permite siempre que queden independizados en debida
forma los agentes económicos que podrán llevar a cabo estas operaciones y
que se canalicen hacia éstas un volumen adecuado de sus activos, sin
exceder el monto de su patrimonio. Las
reformas al sistema financiero, plantearon la completa libertad monetaria, y
como se mostró anteriormente, los flujos de inversión que se manejaron
fueron muy altos, generando graves distorsiones en el aparato productivo. Independiente
a cualquier consideración monetaria, la realidad productiva nos mostró la
llamada "terciarización negativa de la economía", con inmensos
avances en los sectores de servicios (financieros especialmente) y
retrocesos en los sectores productivos e industriales en donde la caída en
la actividad productiva y la conveniencia de recuperar la actividad económica
han sido un problema y un objeto de todos los países de América Latina Las
consecuencias para Colombia, no han sido muy positivas, después de
presentar tasas de crecimiento del PIB que alcanzaron como promedio anual en
los años setenta el 5.8%, el declinamiento en los ochenta es evidente y
hoy, nuestras debilidades se pronuncian más con la llegada de la
competencia abierta. La economía padece procesos de desindustrialización,
y se configura la llamada terciarización negativa de la economía. Acerca
del ascenso de la "sociedad de servicios", Álvaro Zerda Sarmiento
sostiene en el ensayo titulado "Tendencias del Pensamiento Económico
sobre Desarrollo Industrial", que la llamada terciarización de la
sociedad corresponde en realidad a una profunda transformación que se ha
experimentado en décadas recientes a escala mundial del modelo de producción,
tanto en los fundamentos tecnológicos de equipos, procesos y productos,
como en los principios de gestión de las organizaciones teniendo repercusión
en el ámbito laboral, territorial, ambiental y de relaciones entre países.
En
los países desarrollados, este proceso de terciarización aparece como una
consecuencia de los aumentos de productividad de mano de obra en la
industria, y obedece a la intensidad de mano de obra que requieren los
sectores de servicios y en general,
la llamada terciarización se caracteriza por un retroceso en el mediano
plazo del empleo y del valor agregado industrial en relación con el total
del empleo y del valor agregado"[4].
En
el caso colombiano, es evidente que el desplazamiento a los sectores de
servicios, no aparece gracias a aumentos de productividad de la mano de
obra, sino como consecuencia de la desprotección y falta de competitividad
de la industria, con relación
a las ganancias fáciles, que en su momento el comercio de importación y la
ganancia financiera brindaban a
los agentes económicos. Además;
la competencia desigual entre un sector productivo ineficiente, y mal
preparado, con grandes empresas multinacionales, y formas injustas de
comercio como el contrabando o la protección disfrazada en licencias o
permisos simplemente constituyeron la demostración de que serios problemas
de aplicación se dieron a lo largo del proceso, mermando de manera muy
apreciable la actividad productiva nacional. La
gran desigualdad social ha sido una característica frustrante del
desarrollo económico latinoamericano. No en vano América Latina se ha
caracterizado por ser la región del mundo con los más elevados índices de
desigualdad en la distribución del ingreso[5].
Los niveles de pobreza, aunque inferiores a aquellos típicos de otras
partes del mundo en desarrollo, siguen siendo extremadamente elevados y,
para el conjunto de la región, se encuentran hoy por encima de los niveles
que se observaban antes de la crisis de la deuda. Estas
son las condiciones que se enfrentan hoy a los nuevos elementos que han
alterado la dinámica económica y social de la región. Entre ellos cabe
mencionar las reformas estructurales emprendidas en todos los países, el
proceso de globalización que las ha acompañado, la recuperación del
crecimiento económico y las nuevas reformas iniciadas en el frente del
gasto social y de los servicios sociales. Aunque
aún se debate la relación que existe entre los cambios estructurales y los
cambios en la distribución de ingresos, parece que la mayoría de los
economistas se inclinan por pensar que por lo menos una parte del deterioro
en la distribución de ingresos observada en los noventa está asociada con
la apertura económica y otros cambios estructurales[6].
El planteamiento original en materia de distribución de ingresos por parte
de quienes desarrollaron las políticas de apertura económica fue que
como resultado de tales medidas debería haber una disminución de la
desigualdad por dos razones principales: ·
Porque la apertura, al fomentar la competencia, acabaría con muchas
situaciones que generaban rentas oligopolísticas o monopolísticas.
·
Porque siendo Colombia un país con ventajas comparativas en
productos intensivos en mano de obra, y especialmente mano de obra con
bajo grado de calificación, la apertura debería generar un aumento
relativo en la demanda por dicho tipo de factores, en detrimento del trabajo
calificado y el capital. Los
acontecimientos en la primera década de la apertura parecen indicar que los
cambios estructurales en el sector urbano generaron un estancamiento en la
producción industrial, aumentaron las importaciones de bienes de consumo
y de bienes de capital y no generaron ningún dinamismo en el sector
exportador urbano, que era el que debería haber generado la demanda por
trabajo para compensar la pérdida de empleos de los sectores no
competitivos. En el sector rural, la apertura hacia el resto del mundo
permitió la entrada de productos de bajo costo, a los que la agricultura de
cultivos temporales no pudo hacer frente. Por
otro lado, la nueva inversión nacional y la extranjera, generaron un
proceso de cambio tecnológico aumentador de productividad, el cual se
materializó en una mayor intensidad de capital y una mayor demanda relativa
de trabajo calificado[7].
Esto dio origen a que las diferencias salariales entre trabajadores de
alta
y baja calificación aumentaran, con el consecuente empeoramiento de la
distribución de ingresos. Lo anterior privó la economía de su más
importante herramienta distributiva: su capacidad para generar empleo. Esta
capacidad, que fue lo que permitió mejorar la distribución en los años
setenta y ochenta parece haber sido anulada por la menor elasticidad empleo
de producto nacional asociado con la mayor intensidad de capital y la
menor demanda por mano de obra de relativa baja calificación. Jaime Tenjo
afirma que desde un punto de vista imparcial que la apertura debería
producir importantes efectos de tipo transitorio durante el período de
transición y de tipo más permanente una vez se estabilice la nueva
situación, y afirma que en Colombia no se ha hecho un análisis para
distinguir entre los unos y los otros y casi ninguna atención se ha
prestado a las lecciones de la experiencia de otros países que han
realizado reformas similares. Después
de hacer un breve repaso a las políticas aplicadas con la llegada de la
apertura, mostraremos los resultados de dicho proceso en todos los campos
posibles. Colombia,
es una nación, que vive situaciones particulares que no afrontan otros países
y que complican y distorsionan el panorama nacional. En Colombia factores
como la violencia, la estructura política, la interacción social o un
desarrollo insuficiente resultan elementos que se deben considerar dadas las
condiciones de un mundo global, que cobra y rechaza los problemas internos
de las naciones buscando homogeneizar y jugar con reglas de juego estables y
consolidadas. En
la actualidad, nuestro país, padece de una de las más severas crisis económicas
en su historia, con un desempleo en los niveles más altos, recesión económica
en muchos sectores y problemas en el sistema financiero y cambiario. La
inestabilidad política merma las posibilidades de nuestro país, la guerra
e inseguridad nos convierte en un país poco atractivo a la inversión
extranjera y en general, la sociedad en general piensa que estamos tocando
fondo. Sin
embargo, en la actualidad, se ven los primeros síntomas de reactivación
económica, y se empiezan a mejorar los indicadores de consumo, déficit
fiscal y balanza comercial, producto de una mayor competitividad
internacional de algunos de nuestros productos, ayudado por el repunte de
los precios del petróleo y algunos productos agrícolas. Entre
las principales características de la coyuntura están las siguientes señales:
·
El pobre desempeño de la economía en materia de crecimiento en los
años recientes. ·
Los grandes
desequilibrios fiscal y externo que existen en la actualidad y las
dificultades para financiarlos. ·
La baja
absorción de empleo que registran los sectores productivos, debida no sólo
a la insatisfactoria dinámica de la producción, sino también a cambios de
carácter estructural en el mercado laboral. ·
El aumento
de la violencia e inseguridad. ·
La
inestabilidad política, y el desacuerdo social entre Gobierno,
Trabajadores, Centrales Obreras y organizaciones privadas. Lamentablemente,
en términos generales el balance es desalentador, el desempleo creció, ya
que muchas de las firmas tuvieron que reducir su tamaño si no es que
quebraron, asimismo la demanda agregada se afecto negativamente, y los
mercados se vieron inundados de productos importados, conformando la llamada
desindustrialización de los países latinoamericanos. Según
el Plan Nacional de Desarrollo "Cambio para construir la Paz"[8],
en los últimos años, la economía colombiana ha venido perdiendo la dinámica
de crecimiento que había registrado en las décadas pasadas. Luego de haber
crecido a una tasa anual promedio de 4.6%
entre 1991 y 1995, ésta se redujo a sólo 2.3% entre 1996 y 1998, y
con crecimiento negativo en 1999. La tasa de crecimiento de largo plazo de
la economía fue de 4.5% entre 1970 y 1990. El
país es uno de ingreso medio bajo y, por lo tanto, plagado por las múltiples
necesidades insatisfechas que acompañan a la pobreza. En los últimos años
el país ha visto cómo ha ido perdiendo su reputación de ser un ejemplo de
estabilidad macroeconómica en el contexto latinoamericano y al país empezó
a costarle cada vez más trabajo mantener esa estabilidad. La
experiencia reciente muestra que, en las acciones de los últimos años
para promover el desarrollo, ha habido una serie de errores históricos,
tales como el esfuerzo por buscar un mayor crecimiento económico con base
en una mayor cantidad de insumos, particularmente de trabajo, sin atender
a su calidad y productividad. En particular, ha habido una gran equivocación
en mantener una actitud de indiferencia con respecto a la educación, la
acumulación de capital humano y la investigación y el desarrollo tecnológico
aplicados a la producción. La
desprotección a la industria, bajo supuestos de libre mercado y libre
competencia sin apoyar activamente el desarrollo, la creencia de que el
incremento en el gasto público, sin prestar atención a sus efectos sobre
el déficit fiscal ni a la eficiencia con que se ejecuta, es una condición
suficiente para promover el desarrollo. La mala asignación de los
recursos y la debilidad institucional para responder ante los retos de la
apertura y la globalización. La falta de cultura política y la
desprotección social, que separa a quienes ostentan el poder con la
sociedad en general. La
década de los años noventa ha estado influida en Colombia por una
tendencia al aumento del gasto público y del déficit fiscal[1].
Esta tendencia ha estado acompañada por presiones, difíciles de
resistir, que han tendido a revaluar en términos reales la moneda
nacional. En consecuencia, durante toda la década ha habido una tendencia
al deterioro de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que en 1997
alcanzó un déficit superior al 6% del PIB. La
economía colombiana ha sido incapaz de sostener los pocos episodios de
crecimiento realmente satisfactorios que ha vivido, generalmente asociados
con bonanzas de precios en sus productos tradicionales de exportación. De
manera más grave, como las bonanzas se han vuelto fenómenos raros y
relativamente modestos en las últimas décadas, desde hace ya unos veinte
años la economía colombiana no crece a tasas sobresalientes, por encima
al menos del 6% en términos reales. El resultado es que el crecimiento
estructural de las últimas dos décadas no ha sido suficiente para
atender las múltiples necesidades de los colombianos. La
recesión económica es un hecho, y muchos factores pueden explicarla.
Una explicación que se puede destacar es la que hace el Banco de la República,
que atribuye la recesión al exceso de gasto y la indisciplina fiscal.
Bajo este enfoque podríamos destacar la interpretación que hace Miguel
Urrutia Montoya, Gerente General del Banco de la República quien afirma
que la recesión económica se gestó en 1993. Explicando que en ese año
hubo un excesivo crecimiento de la cartera del sistema financiero que
aumentó 24.4% en términos reales, y llevó a una burbuja especulativa
en el precio de los activos. El precio de la vivienda creció 45.2%
mientras que el IPC creció 22.6%. El índice de precios de las acciones
en la Bolsa de Bogotá ascendió a 49.9%. Urrutia
afirma que dicho crecimiento en los precios de los activos no era
sostenible, e inevitablemente llevaría a un deterioro de la cartera del
sistema financiero al desinflarse el valor de la garantía de los préstamos.
La tasa de interés promedio aumentó de 35.5% en 1992 a 43.7% en 1996.
Se gesta, entonces una larga recesión en el sector de la construcción
de vivienda que deterioro rápidamente la cartera hipotecaria a partir
de 1997. El flujo de crédito externo hizo posible un aumento acelerado
en las importaciones, lo cual generó un creciente déficit en la cuanta
corriente de la balanza de pagos. El Banco de la República, consiente
de esos desequilibrios, en su informe al congreso de marzo de 1994
recomendaba una reducción en el gasto de la economía, un superávit
fiscal del 2% del PIB, y un crecimiento del crédito al sector
financiero al sector privado de 37.5%.
"Era
evidente que la cartera estaba creciendo a tasas que permiten una
financiación del sector productivo muy por encima del crecimiento
esperado del producto. Además no se logró controlar el déficit
fiscal"[1].
Dicho exceso de gasto, condujo a un persistente e inquietante déficit
en la cuenta corriente de la balanza de pagos. En el segundo semestre de
1997 se produce la crisis económica en Asia. La caída en las tasas de
crecimiento de los países conocidos como "tigres asiáticos"
tiene varios resultados que afectan de manera muy marcada las economías
emergentes. La crisis internacional reduce la demanda agregada a través
de caídas en los precios de explotación y genera aumentos en la tasa
de interés, lo cual también reduce la demanda agregada, que unida a la
parálisis de la construcción genera la recesión. Una visión que
complementa el desarrollo de los puntos mostrados, es la de Ricardo
Bonilla quien en su artículo: "Desequilibrios, crisis y emergencia
económica", nos brinda muchos elementos de juicio para observar
los efectos de la apertura económica y del comportamiento del sector
externo. "El
auspicioso panorama que se vislumbró al finalizar el año de
1997. con mayor
devaluación y tendencia a disminuir las tasas de interés, no se
sostuvo por mucho tiempo. La agudización del déficit fiscal, las
dificultades para financiarlo, las continuas presiones sobre la tasa de
cambio y los efectos de la crisis asiática, contribuyeron a modificar
el escenario económico, haciendo el tránsito del optimismo hacia la
recesión y de la estabilidad financiera hacia la emergencia económica"[2].
A
comienzos de 1998 el ambiente económico era favorable y se respiraba
alta dosis de optimismo, luego de los regulares resultados de los dos años
anteriores. Varias razones contribuyeron a mejorar las expectativas: en
primer lugar, unas relaciones menos tensas entre la Junta Directiva del
Banco de la República y el Gobierno Nacional que permitieron armonizar,
de manera menos traumática, las políticas fiscal y monetaria. En
segundo lugar, la aceleración de la devaluación en la tasa de cambio
que permitió recuperar parte de la competitividad perdida por los
productores nacionales. En tercer lugar, una notoria reducción en las
tasas de interés que permitió bajar, coyunturalmente, los costos
financieros a productores y consumidores. En cuarto lugar, la meta de
inflación del 18% se cumplió y el salario mínimo se concertó, luego
de 12 años de ser fijado por decreto presidencial. Y. en quinto lugar,
el país se encontraba en la recta final de un proceso electoral que
despejaría el oscuro panorama que acompañó al gobierno anterior. La
combinación de los anteriores factores condujo a sobrevalorar los
resultados y las proyecciones de crecimiento económico, al mismo tiempo
que no se le prestó la adecuada
atención al delicado entorno internacional. Con la alegría del fin de
año, el gobierno ajustó al alza el estimado del crecimiento del PIB,
colocándolo en 3,3% anual, y proyectó el 4,5% para 1998, basado en la
recuperación de las actividades agrícola e industrial y el mayor
desarrollo petrolero y minero. Algunos meses más adelante, se demostró
que el crecimiento de 1997 fue solamente de 3.1% y comenzó a ajustarse
a la baja la proyección para 1998. Igualmente, la crisis asiática
comenzó a golpear la economía latinoamericana de manera dual, por un
lado, mediante la especulación financiera y los ataques a las tasas de
cambio, mientras, del otro, aumentó la penetración de importaciones más
baratas provenientes de países donde la devaluación fue más intensa
que la alcanzada en Colombia. Paulatinamente,
los factores adversos superaron las razones del optimismo y la política
macroeconómica se convirtió en una verdadera tensión entre el control
de las tasas de interés y la defensa de la banda cambiaría La
liberalización del comercio mundial es un hecho, los países pueden
comerciar prácticamente con todo el mundo, y las ventajas adquiridas y
competitivas marcan las relaciones comerciales mundiales. Colombia no ha
logrado insertarse del todo en la dinámica del comercio mundial y a
pesar de la apertura, no se han logrado grandes avances en las cestas de
exportación colombianas. La
economía global nos exige mirar al exterior, y como es lógico, la
alternativa básica de desarrollo, se basa en el crecimiento de las
exportaciones y el desarrollo de un sector exportador fuerte. Este sería
el sector generador de empleo y de demanda agregada que llevaría a la
economía a salir del estado de receso en que se encuentra. De hecho, el
presente Gobierno apuesta por duplicar las exportaciones como pilar
fundamental de la recuperación económica, cuestión que de presentarse
podría representar el fin de la recesión en el corto plazo y la
estabilidad de la economía colombiana en el mediano y largo plazo. En
términos generales el comportamiento del sector externo de la economía
ha sido prácticamente el mismo a través de los últimos años,
seguimos exportando café, petróleo, carbón y productos ferrosos,
exportaciones que representan casi el total de la composición
externa. Las esmeraldas, textiles, banano y otros productos comparten
una porción pequeña de la torta del aparato exterior y en general la
estructura de las
exportaciones después de la apertura es la misma de la década de los
ochentas. El
aparato exterior colombiano no se expandió con la llegada de la
apertura, y existen evidencias de que el deterioro de la balanza
comercial es producto del bajo nivel de demanda por los productos
colombianos en el resto del mundo. Además la competitividad colombiana
no aumentó, y se puede explicar por la revaluación real del peso
debida a los inmensos flujos especulativos que la apertura financiera
trajeron a nuestra nación, haciendo más rentable la importación de
bienes de consumo y reprimiendo los productos de exportación no
tradicionales. "Lo
que ha pasado con las ofertas colombianas es que sus costos están por
encima de los costos de los mismos bienes en los países potencialmente
demandantes y no existe la posibilidad de llegar a un costo real o
artificial que haga competitivos estos bienes"[3]. En
los que va corrido de la década de los noventa, el resultado del
intercambio comercial para Colombia ha sido negativo, a pesar de los
esfuerzos de firmar nuevos convenios comerciales con algunos países
vecinos. Sin embargo, las expectativas que se generaron alrededor del
proceso de apertura económica como mecanismo para mejorar nuestra
posición comercial no se han reflejado en un mejor comportamiento de
nuestras exportaciones. Por
países, los principales mercados para los productos colombianos son
Estados Unidos, Venezuela, Ecuador y Alemania los cuales representan
cerca del 60% del total de las exportaciones. Por cercanía geográfica
y por la entrada en vigencia del Arancel Externo Común, tanto
Venezuela como Ecuador, aumentan su participación relativa en nuestras
exportaciones al pasar de 5.9% y 1.8% en 1991 a 10.9% y 5.5% en 1998. Los
resultados de la nueva estrategia comercial trazada desde el principio
de los noventa, se reflejan en el dinamismo presentado por el flujo
comercial de mercancías. Pero aunque el intercambio comercial de
Colombia se ha dinamizado, la composición del comercio colombiano en
su mayor parte, está compuesta por bienes primarios que en el ámbito
mundial son productos vulnerables al vaivén de los precios
internacionales. Mientras tanto, la tendencia mundial de comerciar
bienes con alto porcentaje de valor agregado se mantiene y Colombia
exporta bienes primarios, para importar bienes con alto valor agregado
y conocimiento tecnológico sin la oportunidad de hacer producción
masiva y competir verdaderamente en los mercados internacionales. La
estrategia de apertura de atar el desarrollo a los ingresos por
exportaciones no ha dado los resultados esperados. Desde 1.993 el país
viene atravesando por una serie de desequilibrios macroeconómicos que
se han manifestado primordialmente en déficit de su balanza
comercial. Esto se debe a la pérdida de competitividad de los bienes
exportables causada por la caída de algunos precios internacionales y
la reducción de la demanda interna en los países compradores, lo
mismo que por el incremento de la producción de sustitutos de
nuestras exportaciones no tradicionales, las exportaciones colombianas
bajaron y perdieron competitividad y los ingresos derivados de esta
actividad no han podido financiar el componente importado de nuestras
demandas, bien sea de bienes de consumo, intermedios o de capital.
Como
consecuencia de la debilidad internacional de Colombia, no se pueden
defender nuestros intereses comerciales de la manera más adecuada, y
padecemos de las restricciones comerciales que nos imponen nuestros
propios compradores. Como
consecuencia del déficit en la balanza comercial se deduce que su
financiación ha sido por el lado del crédito, lo que nos ha llevado
primero al desahorro, y luego a la recesión. Hoy, la tasa de cambio más
competitiva nos ha hecho ganar terreno en el campo internacional y
para el año 2000, Colombia mostrará una balanza comercial positiva,
que de mantenerse podrá rescatar en el largo plazo a la economía
colombiana. El flujo de comercio internacional es muy sensible a la
competitividad de las economías ya sea en productividad o precios, la
apuesta de nuestro país debe ser mantener la competitividad de
nuestras exportaciones manteniendo una tasa de cambio competitiva y
hacer esfuerzos por mejorar la productividad de nuestra economía
disminuyendo los costos de transacción que nos representa la guerra,
la inseguridad, la infraestructura física, tanto marítima como aérea
para que los productos colombianos se puedan disfrutar en todo el
mundo a bajo costo y con mejor calidad. "Cuando
se inició formalmente el proceso de apertura económica en Colombia,
una de las justificaciones básicas fue incrementar el grado de
exposición de la
producción colombiana a la competencia internacional. Esta mayor
exposición a la competencia debería redundar en aumentos
significativos de la productividad, en mayores estímulos a la inversión
en tecnología y en una tendencia a la reubicación de la producción"[1]. En
la práctica, sin embargo, los efectos no se dieron en la década de
los noventa. La inversión privada aumentó fuertemente durante
algunos años hacia mediados de la década, pero se concentró en el
sector de la construcción y en sectores de servicios que precisamente
son los menos expuestos a la competencia internacional. Leonardo
Villar Gómez, explica respecto al proceso de apertura que en la práctica
este no se dio en Colombia en el sentido de haber conducido a que un
mayor porcentaje de la producción nacional quedara expuesto a la
competencia externa. Por
el contrario, la producción nacional expuesta a la competencia
internacional, que es la producción de bienes comercializables
internacionalmente, redujo su participación en la producción
nacional durante la década de los noventa. "La
razón para ello fue probablemente el proceso de revaluación real del
peso colombiano que se presentó durante la mayor parte del período,
en particular, entre 1991 y 1997 el cual obedeció a causas como el
fuerte aumento del gasto público y el impresionante incremento en el
financiamiento externo público y privado"[2]. Es
de esperar que hacia el futuro, con una tasa de cambio más
competitiva, como la que ya se tiene actualmente, y con un balance
comercial más equilibrado del que se tuvo en la década de los
noventa, los indicadores de apertura se recuperen y los beneficios
de ese proceso empiecen a manifestarse en forma plena sobre la
economía colombiana. Otro
indicador importante del entorno general de la apertura es el que se
refiere a la tasa de apertura de las exportaciones
TAE y la Tasa de penetración de las importaciones -TPI, que
se miden con las siguiente equivalencias: TAE
= (Exp / PIB) 100
Consumo Aparente: C.A = PIB + IMP - EXP TPI
= (IMP/ C.A) 100 Es
evidente que las exportaciones no representan un gran porcentaje del
Producto Total, y que las importaciones han tenido un comportamiento
más dinámico, reafirmando la impresión de que la revaluación
real del peso en los años más críticos de la apertura, golpeo
severamente el desarrollo del sector exportador generando los múltiple
desequilibrios citados. (ver cuadro 8) Uno
de los supuestos más fuertes que asume el modelo de apertura
consiste en la idea de que defendiendo a la inversión extranjera,
se aumentará el desarrollo industrial. En
este sentido, se supone que la expansión económica de los países
desarrollados, ampliará el capital invertido en los países en
desarrollo, aumentando los flujos de capital y suponiendo un mayor
desarrollo en las zonas más pobres. Sin embargo, la lógica es
otra, por un lado los procesos productivos se fragmentan localizándose
en regiones diferentes bajo el principio de mínimo costo; y de otro
lado, los capitales financieros son movidos en búsquedas de rentas
de corto plazo. Luego
de los planes de estabilización aplicados por las economías como
Colombia, nuestro país y en general todos los latinoamericanos, se
convirtieron en un destino ideal para la inversión extranjera
directa. Siguiendo los principios de la apertura económica en donde
la liberalización de los flujos de capital constituye un elemento
central hacia el desarrollo[1].
Para
que las naciones se conviertan en receptores de inversión
extranjera, necesitan hacerse atractivas en los mercados
internacionales, en este sentido la tendencia es la de escoger los
países más seguros a la inversión o en su defecto los que mejoran
más la rentabilidad de los activos. De
acuerdo con la (CEPAL), los primeros determinantes del ingreso de
inversión extranjera directa a los países de América Latina han
sido las políticas internas, los acuerdos y los procesos
regionales. En cuanto a las políticas aplicadas, se pueden destacar
los procesos de privatización de los activos estatales, los nuevos
proyectos de inversión (sobre todo en infraestructura) y la
reestructuración de las empresas multinacionales que tienen bases
en los países. La
realidad de la inversión extranjera, se centra en hacer la producción
más barata, pero los supuestos de mejoramiento de la productividad
interna y aprensión tecnológica de los países no se aplica, ya
que las bases tecnológicas se mantienen en los países
desarrollados y los países en vías de desarrollo producen los
productos, pero realmente no tienen posibilidades de desarrollar los
procesos productivos de manera propia. La
inversión extranjera en la década de los 80 para Colombia se
mantuvo estable con flujos promedios de 400 millones de dólares por
año, incluyendo petróleo. A partir de la apertura, con los cambios
en las políticas de inversión extranjera, los procesos de
privatización y las concesiones al sector privado. La inversión
extranjera se centró entonces en sector como los servicios
financieros, eléctrico, petróleo y gas. En comunicaciones se
establecieron los servicios de telefonía móvil celular y se dieron
importantes avances en proyectos de privatización. Cabe
destacar el hecho de que la inversión se centró en los servicios,
más no en la infraestructura productiva, en este sentido, los
proyectos industriales no fueron objeto de inversión extranjera
real, y además, las tendencias multinacionales, simplemente hacen
que las empresas comercialicen sus productos, probablemente
fabricados en otros países y hacen paso en Colombia vía importación
y no producción. El
cuadro nos podría sugerir que la inversión extranjera en
Colombia ha aumentado, sin embargo si se analizan los datos, estos
incluyen inversión en portafolio y privatizaciones, lo cual nos
distorsiona la cantidad real en inversión extranjera para
actividades productivas que se realiza en Colombia. La
realidad es que
nuevos paradigmas rigen las conveniencias de inversión y los
conceptos de competitividad en le mercado internacional, trayendo
consigo drásticos cambios en la estructura industrial en el ámbito
nivel mundial. Para atraer la inversión extranjera directa, es
conveniente plantear los principios de mercado y desarrollo junto
con los de generación de ventajas comparativas que estén de
acuerdo con los requerimientos del espacio económico
internacional. Además el gran potencial del mercado resulta ser
el principal atractivo para los capitales foráneos, seguido por
factores como el rendimiento previsto y una ubicación comercial
estratégica. Las empresas extranjeras
buscan invertir en países donde las ventajas se centran en
capital humano y otros factores como políticas flexibles que les
permitan desarrollar estructuras modernas. Siendo
realistas, las difíciles condiciones externas a las empresas en
nuestro país nos llevan a pensar que dadas las condiciones
actuales de seguridad e infraestructura, Colombia constituye un país
riesgo y los actuales problemas en procesos de privatización, la
inseguridad jurídica, la búsqueda de recursos externos e
inseguridad cambiaria nos hacen pensar que este supuesto es
bastante discutible y algo ingenuo, ya que en este momento las
condiciones internas nos convierten en un país paria en el
contexto internacional. Eduardo
Sarmiento Palacio afirma que cuando se facilita la entrada de
financiamiento externo y aumenta el endeudamiento, sin que este se
traduzca en inversión productiva sino en inversiones en sectores
como el de los servicios, se presentan procesos de descapitalización
de la economía en el largo plazo[1]. En
este sentido, es necesario que la inversión extranjera se
concentre en sectores productivos y no en otros sectores. Cuando
los flujos de capital extranjero y en general los capitales se
mueven a sectores como el financiero y el de servicios y no a la
producción, como sucedió en el pasado, termina creando grandes
presiones sobre el tipo de cambio, y fomenta el desplazamiento de
la industria a sectores como el de servicios, sin que esto se deba
a mejoras en la producción, sino a factores que desaniman
el desarrollo industrial. Para
concluir este capítulo, podemos decir que el comercio mundial y
las políticas industriales de cualquier nivel están muy unidos y
es preciso que Colombia reaccione
a las nuevas solicitudes del mercado internacional y a sus
condiciones, es hora de corregir los defectos del proceso de
apertura, siempre pensando en la actividad humana y el ser social,
donde es vital incluir el concepto de desarrollo en los estadios
de competencia y competitividad. El
desarrollo del aparato productivo nacional debe estar guiado por
el estado, es decir que su papel no solo es el de crear un
ambiente propicio, sino el de intervenir activamente en la creación
y mejoramiento de estructuras y superestructuras que faciliten al
país el aprovechamiento de sus potenciales. Las
ventajas creadas son en si mismas desarrollos de la sociedad que
se retroalimentan y
hacen de los países lugares mas dignos y con mayores
oportunidades en este sentido, Colombia no puede aprovechar
debidamente las ventajas de un modelo de apertura económica por
la falta de lógica social, y exceso de lógica formal, es
evidente que el "mercado", no lo resuelve todo,
sin embargo, la tendencia a la racionalización en el desarrollo
de la apertura puede llevar a los países a aprovechar mejor las
ventajas que ésta ofrece. En
los últimos años se han producido grandes transformaciones en los países
industrializados, en los países en desarrollo y en el conjunto de la economía
mundial, donde se destacan cuatro elementos fundamentales: En primer lugar, se
ha acentuado la dinámica de la revolución tecnológica, con aumentos en los
niveles de producción y menores costos, se han fortalecido los sistemas de
información, la informática y las telecomunicaciones representan los sectores
con mayor dinamismo en las últimas décadas[1].
En segundo lugar, se ha modificado
el marco institucional de las empresas en el mundo, donde los procesos de
apertura, liberalización y desregulación, juegan un rol fundamental. En tercer
lugar, los polos de desarrollo más dinámicos se encuentran en los países en
desarrollo (especialmente en Asia) y por consiguiente se presenta un aumento de
la competencia, forzando el desarrollo e incorporación de innovaciones tecnológicas
que cambian la posición relativa de sectores y empresas en el mercado mundial
cambiando y volviendo más dinámicas a las empresas. Para terminar, se
modificaron las interconexiones entre las economías nacionales, y vivimos
procesos de globalización, y al mismo tiempo unión regional, en formas de
bloques, organizaciones o tratados bilaterales. El
desarrollo industrial de las dos últimas décadas se ha conformado teniendo
como epicentro un nuevo sistema técnico, que gira en torno a la información;
cuatro pilares sostienen dicho sistema: la electrónica, la informática, las
telecomunicaciones y la robótica. La introducción de dichos factores, hizo que
se llegara al fin de la era de las ventajas adquiridas y se inició una nueva
era: el de las ventajas construidas; en esta nueva fase el eje se desplaza de la
"existencia de abundantes recursos naturales y mano de obra hacia la posesión
del dominio científico y tecnológico y la capacidad de innovación[2]. Las
nuevas condiciones de producción conllevan, a cambios en la división del
trabajo, tanto en su organización al interior de las unidades de producción,
como en lo que atañe a su distribución entre trabajo directo e indirecto y los
niveles de calificación requeridos para manipular las nuevas tecnologías
implicando una reducción de la cantidad de trabajo requerido por unidad de
producto, consecuencia del incremento de la productividad por el uso de nuevas
tecnologías. Para
las empresas, hoy cuentan más los niveles de calificación de la fuerza de
trabajo que de disponer de mano de obra barata; la disponibilidad de mano de
obra calificada se convierte en un objetivo estratégico. En esta situación,
el progreso tecnológico principalmente de índole informático exige nuevas
formas de calificación del recurso humano y replanteamientos en la organización
social del trabajo, creando una dinámica hacia una nueva división
internacional del trabajo, y constituyéndose además en fuente adicional de
preside sobre los procesos de reformas en los países en desarrollo[3].
Respecto
a lo institucional, como se vio en
el capítulo anterior, el modelo preponderante en la etapa actual del proceso de
globalización en la esfera económica es de corte neoliberal,
basado en un mercado en competencia abierta mediante la liberación de la
movilidad de bienes, capitales y servicios. En la globalización llegan al
mercado mundial nuevas culturas de empresas y nuevos modelos organizacionales. Y
en general, la globalización nos impone reglas hacia el desarrollo de
condiciones básicas para el desarrollo de algún tipo de política industrial.
Además, en la época de la globalización, es seguro que hay pérdidas de
soberanía parciales de los estados nacionales. Pero la globalización no
significa el fin de la acción del estado: significa un cambio en los puntos de
aplicación y de sus ámbitos. En
los países industrializados se lo sabe perfectamente.[4]." El
nuevo escenario del comercio internacional y los principios de competencia son
ahora diferentes como en el caso de las ventajas adquiridas que han sido
reemplazadas por las llamadas ventajas construidas y que se reafirman cada día
como los nuevos pilares de desarrollo. Frente a estas nuevas estructuras el
sector industrial colombiano y latinoamericano (Con contadas excepciones) ha
tenido que sufrir el desencanto de ver caer sus expectativas de crecimiento al
nivel de esperanzas de subsistencia y
ante estos problemas, renace el tema del desarrollo industrial, como salida a
los problemas que afrontamos. La
globalización, y el desarrollo industrial en el mundo son factores íntimamente
ligados: sobre todo en términos de producción, mercados y competitividad. Si
entendemos el proceso de globalización como una nueva fase en la
internacionalización de los mercados, encontraremos que la globalización también
implica la multinacionalización de las empresas y la necesidad de buscar nuevos
mercados, sobre todo teniendo en cuenta el hecho de que los inmensos avances en
la productividad de los países desarrollados, convierte a cualquier ser humano
en un posible comprador de productos, y el límite de los mercados ya no se
centra en la capacidad de producción sino en el tamaño de nuestro mundo.
En
este sentido, sería pertinente entender que la globalización impone nuevas
normas de juego a las empresas y sobre todo a las naciones. Cuando pensamos en
la apertura económica y en los discursos de libre comercio, donde vemos
elementos como la libertad financiera, la neutralidad de Estado o el libre
movimiento de mercancías podríamos pensar que las reformas estructurales
aplicadas en la década pasada, simplemente abonaron el camino hacia el
crecimiento de las empresas multinacionales, que tenían como único límite de
producción las restricciones políticas y económicas de las economías
reguladas. En
la actualidad, resulta paradójico que las economías más fuertes simplemente
se regulan hacia adentro y se liberalizan hacia fuera, siempre caminando de la
mano con su sector privado. Resulta
muy triste y desalentador el hecho de que mientras los colombianos rogamos por
ampliar preferencias arancelarias, las economías grandes y fuertes piden
seguridad para sus inversiones, e incluso obligan a los países a jugar para
ellos privilegiando el control de metas macroeconómicas como el control de la
inflación sobre consideraciones sociales, bajo discursos que nos dicen que la
mejor manera de llegar a la prosperidad es cumplir con metas que solo
privilegian a los inversionistas internacionales. Para
terminar, y a manera de conclusión, los países como Colombia son dependientes,
tanto económica como institucionalmente de los países desarrollados, y en este
sentido, somos nosotros, los que debemos acomodarnos a las reglas de Política
Industrial que se imponen, sin importar, el perjuicio que esto implique a las
sociedades más pobres. Ante estas tendencias de desarrollo industrial, debemos
acomodarnos eficientemente y mejorar nuestros indicadores macro y nuestra
producción. El
desempeño industrial en Colombia, ha sido muy modesto en la última década. Hasta
la década de los ochenta, la aplicación de las políticas industriales en los
países de América Latina siguió la propuesta del modelo de sustitución de
importaciones, la cual postulaba la intervención directa e indirecta del
gobierno (incentivos fiscales, crediticios, y protección comercial) como
mecanismo indispensable para lograr el desarrollo industrial, lo cual se
justificaba por las debilidades estructurales de estas economías, tales como:
concentración de las exportaciones en productos de origen primario; evolución
desfavorable en los términos de intercambio; mercados internos incipientes,
fragmentados y reducidos; escasez de capital y mano de obra calificada y
debilidad empresarial. El modelo de sustitución permitió
a los países latinoamericanos entrar en un proceso de industrialización
que duró alrededor de tres décadas y dio como resultado la creación de una
base industrial. Jesús
Antonio Bejarano explicaba que el proceso de industrialización colombiano y los
patrones de acumulación sobre los cuales ha descansado, transcurren de un modo
más o menos similar al del resto de los países de América Latina[5].
Pueden distinguirse en este proceso dos etapas: una sustitutiva de
importaciones, que si bien se inicia desde los años treinta, adquiere su
configuración precisa en la década del cincuenta y mantendrá su carácter
estrictamente sustitutivo hasta 1967. La otra, que se puede distinguir en la década
de lo setentas que sin abandonar su carácter sustitutivo, apoyará su expansión
fundamentalmente sobre la exportación de manufacturas, lo que le permitiría
modificar, al menos en parte, las condiciones de acumulación desarrolladas
desde los años cincuenta. Existe
consenso en afirmar que la industrialización colombiana por sustitución
produjo un alto grado de monopolización. Y las restricciones del mercado
llevaron tempranamente al sector industrial a una diversificación horizontal
demasiado extensa que respondía, por supuesto, a la fragmentación del mercado.
La industrialización por sustitución, permitió una importante acumulación de
capital en la industria manufacturera, basada en los beneficios extraordinarios
derivados de estructuras oligopólicas de mercado. Y esto dio pie para
que los principales grupos económicos pudieran integrarse verticalmente,
generando grandes conglomerados económicos, que hasta la actualidad, participan
en muchas actividades diferentes al mismo tiempo[6].
Cuando
culminó la etapa de la sustitución fácil, el modelo comenzó a mostrar los
principales síntomas de agotamiento como resultado de la subsistencia de serios
problemas de carácter estructural: excesiva orientación hacia el mercado
interno, incapacidad para generar divisas para satisfacer sus necesidades de
importación, desarticulación del
tejido industrial, falta de competitividad, incapacidad para generar empleos y
oligopolización protegida. La
sustitución, crea algún tipo de tejido industrial los años setenta,
aprovechando las ventajas que la protección trae y favoreciendo el desarrollo
industrial a partir de la protección y no la innovación. Lamentablemente, las
limitaciones del mercado interior generaron una barrera muy clara a la industria
colombiana y la protección que en
un primer estado de industrialización es un fenómeno positivo se convirtió en
un fenómeno desastroso para la economía nacional. A
partir de la década de los setenta, ninguna empresa industrial colombiana creció
realmente más allá de las oportunidades del mercado interior y Colombia siguió
viviendo de las exportaciones primarias de café, carbón, petróleo y otros
productos, protegiendo el mercado interior y manteniendo una industria que para
los años ochentas se hizo pequeña, ineficiente y poco competitiva con una
participación nula en el mercado internacional. Al finalizar la década de los
ochenta hace su aparición el neoliberalismo, como una respuesta teórica para
modernizar y hacer más competitivas las economías emergentes, aplicando
aperturas de choque que fortalecerían y harían más modernas las economías,
pensando en la importancia de las ventajas comparativas entre los países y bajo
el supuesto de que el mercado internacional haría una distribución justa de
los recursos y que los países en desarrollo crecerían más rápidamente
gracias a las nuevas condiciones de mercado. Los
países como Colombia pierden terreno en el ámbito mundial y la apertura de los
mercados nos hace más vulnerables a las crisis mundiales y al comportamiento de
los precios de bienes primarios quienes a pesar de la apertura siguen dándonos
el pan de cada día en nuestro país.
El desalentador manejo macroeconómico que permitió la pérdida de
competitividad de la economía en su conjunto, al dejar revaluar nuestra moneda
en los años más cruciales de apertura y la falta de apoyo estatal para
reanimar a la industria resultaron factores fatales en el camino colombiano
hacia la prosperidad económica y por el contrario resultó en un proceso de
desindustrialización. Los
datos muestran la historia de la industrialización en Colombia, donde se
experimentó un largo proceso de
cambio estructural, que se tradujo en un notorio aumento del PIB industrial en
relación con el PIB Total, de 8.38% en 1940 a 23.47% en 1975. A partir de 1975
esta participación comenzó a descender y llegó en 1996 al 17.94%. Esto
sugiere que efectivamente se ha presentado una gradual pero notable pérdida de
dinamismo en el sector industrial,
que se ha acentuado en los noventa. Además, la apertura de choque ocasionó
efectos contrarios a los anunciados como justificación de la política; en
lugar de emergencia y dinámica de sectores transables[7],
se fortalecieron los no transables y en los primeros se originó una sustitución
de producción nacional por importada en las mismas empresas locales que,
aprovechando barreras naturales de localización utilizaron sus redes de
comercialización para vender lo importado. El
modelo de liberalización generó serios desequilibrios en la economía
colombiana que produjeron efectos negativos en la industria. Con la apertura se
dio un exagerado crecimiento de las actividades no transables, con un auge del
consumo privado, la caída del ahorro nacional y serios desequilibrios en las
cuentas del estado. A pesar del dinamismo de algunos nuevos sectores y la
recuperación de otros que decrecieron en la década de los ochenta, el sector
industrial permaneció invariable durante los primeros años de los noventa.
Prevalece la estructura oligopólica y la alta dependencia del ciclo económico
general. La apertura no produjo una reducción sustancial de los niveles de
protección a la industria manufacturera y en realidad, se tradujo en un
mejoramiento de la posición de los grandes grupos económicos y de las empresas
con inversión extranjera directa. Los grupos económicos ganaron y pudieron
participar en sectores de servicios tales como energía, comunicaciones y
finanzas. Se
fortaleció la posición de las empresas que producían bienes no transables, y
las empresas expuestas verdaderamente a la competencia internacional resultaron
seriamente perjudicadas. La reforma comercial, en conjunto con la revaluación
real, determinó un cambio relativo en contra de los productos de alto valor
agregado. Los recursos y las actividades se desplazaron hacia las actividades de
alto contenido importado[8]. En
general el resultado que producen estos procesos de estabilización y
apertura (rezago del tipo de cambio y modificación de la relación de precios
transables - no transables) es que, por una parte, el crecimiento de las
importaciones sea mayor que el de las exportaciones, generándose nuevos
desequilibrios en las cuentas externas y, por otra, que los retornos en moneda
nacional por las exportaciones sean inferiores a los que habrían sido con un
tipo de cambio de equilibrio y sin modificaciones de la estructura de precios
relativos. En
este contexto, la industria tiene que competir contra dos actores externos, la
devaluación nominal y la competencia desleal, y generan un problema
fundamental. El capital privado nacional, no alcanza para desarrollar proyectos
rentables, y a gran escala, sin que se haga necesario el uso de inversión
extranjera. Lo
que se está viviendo en la industria nacional es que la declinación del valor
agregado manufacturero como parte
del PIB[9],
se produce porque la industria nacional no puede competir contra las
importaciones ni en los mercados de exportación. Además hay declinación del
empleo en la industria manufacturera a medida que las nuevas tecnologías genéricas
sustituyen mano de obra por capital, pese a las ventajas comparativas de una
mano de obra abundante con una mayor dependencia de la producción primaria y
algunos servicios (turismo), causados por la pérdida de las ventajas
comparativas debido a una actualización tecnológica inadecuada, o al cierre de
industrias de sustitución de importaciones que no pueden competir en
condiciones de economía abierta. Los
resultados de la competencia internacional, afectaron de manera significativa el
desarrollo industrial en nuestro país, marginalizando la producción y
empeorando nuestros indicadores de desempeño, son pocas las empresas que
sobreviven, y las que lo hacen, tienen un fuerte componente de inversión
extranjera, lo cual nos impide generar procesos de acumulación propios. (ver
cuadros) El
proceso de apertura empieza en la administración de Virgilio Barco donde se
dan los primeros pasos hacia el camino de la apertura, pero es en el período
1990 - 1994, cuando se aplican las reformas más importantes hacia el camino
de la llamada modernización de la economía. El
plan presentado por Cesar Gaviria, se llamó "La Revolución Pacífica"
y en dicho plan, se recogen muchos de los planteamientos que señalaban la
importancia de realizar grandes modificaciones a la economía para hacerla más
moderna y eficiente. "La
revolución pacífica", representa la receta de la apertura; en este
sentido es la base teórica de las medidas adoptadas y abandona desde el punto
de vista teórico, cualquier injerencia sobre los elementos de política
industrial, bajo el supuesto de que apoyar a las empresas resulta incoherente
con la liberalización, abandona por completo el tema de la industria, bajo el
supuesto de que el mercado por sí mismo, sería quien haría una justa
distribución de los recursos. Cesar
Gaviria afirmaba en la época que estaban soplando con fuerza los vientos de
la renovación y la transformación. Que millones de colombianos se
involucran, como electores e incluso como activos partícipes del debate, en
el histórico proceso de la Asamblea Nacional Constituyente[1].
Al mismo tiempo, afirmaba que con
las tasas de crecimiento de la década de los años ochentas tardaríamos un
siglo en alcanzar ingresos similares a las de países del sur de Europa y que
eran necesarias las reformas. Respecto
a la industria se afirmaba que para alcanzar una transformación económica
tan ambiciosa no era posible una simple apertura a las importaciones y se hacía
notar que existían muchos y graves problemas estructurales que en el pasado
habían asfixiado a Colombia y nos habían impedido ser una economía
exportadora. Gaviria afirmaba que los empresarios tenían razón cuando se
cuestionaban si el Estado estará a la altura de los retos de la
internacionalización y planteaba que por décadas, la iniciativa privada ha
tenido que superar el tremendo obstáculo que representa un aparato estatal
ineficiente, burocratizado, dedicado a imponer trabas, a regular
innecesariamente, y a dificultar el despliegue de la capacidad empresarial de
los colombianos. El
diagnóstico que se hace es muy simple en 1990: "Se trata, nada más
y nada menos, que reorientar el modelo de desarrollo que ha estado vigente por
décadas, un modelo de desarrollo que es casi tan viejo y tan desactualizado
como nuestro propio ordenamiento constitucional"[2]. Se
sostuvo que el esquema proteccionista llevó a una estructura industrial monopólica
y oligopólica al tiempo que se despreciaron otras fuentes de dinamismo económico,
como es el mercado externo. Al impedir una verdadera orientación exportadora
de nuestra producción, se limitó el espacio económico al tamaño de nuestro
mercado interno, sacrificándose así nuevas oportunidades de generar
ingresos, de crear nuevos puestos de trabajo y mayor dinamismo económico. En
el mismo contexto, nadie puede desconocer que la preservación de los
privilegios proteccionistas sobre el mercado interno aisló a los productores
nacionales de la competencia, generando en muchos casos mercados monopólicos
y oligopólicos cuyos costos de producción y niveles de precios se encuentran
bien por encima de los internacionales. En una estructura productiva de esa
naturaleza, el consumidor y los exportadores son los que terminan pagando las
consecuencias. Los primeros a través de mayores precios y mala calidad, y los
segundos, perdiendo mercados internacionales por los sobrecostos a su producción. Como
se hace evidente, el cambio del modelo de desarrollo no sólo tiene que ver
con más o menos importaciones. Tiene que ver ante todo con a quiénes se
premia en el sistema económico: si a quienes son ineficientes y a aquellas
minorías ancladas en el pasado defendiendo unos privilegios insostenibles, o
a quienes están dispuestos a competir y hacer del mercado externo una nueva
fuente de dinamismo, de bienestar y de progreso para Colombia. En
síntesis, de lo que se trata es de transformar la economía para que
responda mejor a las verdaderas necesidades de los colombianos de hoy y del
futuro, mediante una estrategia de reforma estructural que permita incrementar
más rápidamente la producción, elevar la calidad de la vida, aumentar el
nivel de empleo y hacer más equitativa la distribución del ingreso, todo
ello de manera permanente. La estrategia adoptada, el "revolcón económico",
es la modernización e internacionalización de la economía[3].
Con la eficaz contribución del Congreso de la República, expresada en las
leyes que aquí se recogen, hoy se cuenta con las herramientas necesarias para
remover los obstáculos estructurales y normativos que en el pasado impedían
la transformación de nuestro modelo de desarrollo. El
plan de desarrollo del Gobierno Samper, continúa con la misma línea de la
administración Gaviria, pero hace un énfasis en la parte social, y apunta
a políticas de orientación neoestructuralista con una participación estatal
más pronunciada, el realce de los objetivos sociales y la utilización de
instrumentos que suavizaran y complementaran las operaciones de asignación
del mercado. En
este sentido, el Salto Social, y su lema "Es el tiempo de la Gente",
se inscribe en una estrategia más amplia: aumentar la competitividad de la
economía, hacia una internacionalización que vaya más allá de la simple
apertura interna como resultado de un esfuerzo concertado entre el Gobierno y
el Sector privado[4]"
Esta
concepción representa un gran avance, en la adopción de normas, formas y los
objetivos de la apertura; ya que se aleja un poco de liberalismo total que se
aplicó en la administración Gaviria. Lamentablemente, la coyuntura socio -
económica y política que se presentó en el período, impidió la efectiva
puesta en marcha de las iniciativas del Salto Social y vemos como ahora,
cuando el entorno ha cambiado (positivamente) estos mismos lineamientos en términos
generales son los que adoptó la nueva administración, con mayor probabilidad
de éxito. Respecto
a la industria, "El Salto Social",
afirma que el proceso de apertura va por buen camino y
que se logran avances importantes en términos económicos y sociales,
pero subsisten
severas restricciones en el campo del desarrollo social. Además del rezago
acumulado en algunas áreas. El
plan afirma que el desarrollo social y el crecimiento económico están
interrelacionados[5].
También
afirma que es factible el mejoramiento del ingreso y el bienestar de los
ciudadanos, que el desarrollo humano es condición para aumentar la oferta
productiva, la competitividad internacional y la productividad de la economía
y que no obstante, la interrelación entre el desarrollo social y el
crecimiento económico esto no se logra de manera espontánea sino
construyendo conscientemente, alejándose claramente de la visión de libertad
total y no intervención de "La Revolución Pacífica". Se
mantiene el proceso de la internacionalización e incluso se afirma y supone
avanzar en la búsqueda de la eficiencia económica diciendo que el modelo
ofrece ventajas innegables, pero no obstante, este desarrollo, sin una política
social definida y explícita, podría llegar a tener un alto costo social, ya
que no asegura, en sí mismo, mejorías en la situación de los pobres.
Lamentablemente lo que decía el plan que se debía evitar, efectivamente se
produjo, y los índices de pobreza y miseria aumentaron en el período,
incluyendo la recesión económica. Ernesto
Samper comenzando su administración afirmaba: "El bienestar colectivo
y la capacidad humana son el mayor activo de la sociedad y la base fundamental
de nuestra ventaja competitiva[6]". La
administración Pastrana, afirma que el replanteamiento de nuestro país pasa
ya no por la defensa del mercado interno sino
por el fortalecimiento del aparato exterior de nuestra economía. El
plan de Desarrollo del Gobierno Pastrana, enmarca a la industria dentro de un
proceso de consolidación de la apertura económica, e internacionalización
del sector industrial. "Nuestro
aparato productivo afronta
importantes retos que se derivan de los profundos cambios que se registran en
el escenario económico internacional. Estos cambios actúan como
condicionantes del proceso de transformación que requiere la economía
colombiana, cuyo motor fundamental será la mayor incorporación a una economía
de mercado abierta al exterior En este escenario el sector productivo
colombiano con orientación o potencial exportador se constituirá en uno de
los sectores que liderará el desarrollo económico y social del país"[7].
El
gobierno Pastrana defiende el proceso de apertura económica y a pesar de la
coyuntura económica continua con las mismas políticas aplicadas desde 1990.
En este sentido le da prioridad al desempeño del sector privado sobre el
papel del Estado en el proceso de industrialización. Partiendo
de este punto, el Plan de Desarrollo, afirma que a pesar de la aceptable dinámica
de crecimiento de la industria a largo plazo, el proceso de especialización y
diversificación de la estructura industrial colombiana, ha perdido
consistencia en los últimos años y no ha logrado una recomposición hacia
sectores de mayor valor agregado y mayor intensidad tecnológica. Para lograr
insertarse exitosamente en la dinámica mundial, el plan se traza dos
objetivos fundamentales: ·
Profundizar el proceso de apertura iniciado a principios de la década,
a través del incremento de la oferta productiva doméstica y su expansión y
permanencia en el mercado internacional. ·
Incrementar y diversificar la oferta exportable, no solamente a través
del crecimiento de los actuales sectores exportadores sino, también, con
nuevos productos. "La
prioridad del Plan en cuanto al aparato productivo colombiano, será la de
avanzar en acciones concretas dirigidas a incrementar sus niveles de
productividad y competitividad y a abastecer tanto el mercado local como el
mercado internacional"[8]. El
plan sostiene que se debe dar prioridad a la industria y a la promoción de
productos y actividades de mayor valor agregado como es el caso de las
manufacturas así como en empresas con dinámica exportadora, para estimular
la calidad, innovación y diversificación de los productos, la incorporación
de tecnologías de diseño y, en general, consolidar la oferta de servicios y
la asistencia técnica. Además se impulsa el uso de prácticas productivas
ambientalmente adecuadas, acatando la regulación ambiental, cumpliendo con
los compromisos del país en los acuerdos internacionales. Uno
de los aspectos interesantes en la estrategia exportadora será incorporar a
las regiones en el contexto internacional, particularmente las costas
colombianas, aprovechando las ventajas derivadas de la cercanía de los
puertos y de las zonas francas establecidas en esas regiones. Además,
el plan se centra en los temas de promoción de la competencia y defensa de la
inversión extranjera, donde el principal supuesto que sustenta el proceso de
internacionalización de la economía consiste en que la competencia abierta
beneficiará al consumidor y el mercado se ajustará paulatinamente a una
solución de competencia perfecta, en este sentido, el Plan de Desarrollo
sostiene que la nueva configuración de los mercados requiere de un clima
competitivo y de un nuevo y completo marco instrumental, jurídico e
institucional, que fortalezca la promoción de la competencia. El
Plan de Desarrollo del presente Gobierno, le da especial énfasis al
desarrollo del sector exportador de la economía, para esto desarrolló el
plan estratégico exportador 1999 - 2009 en donde con 5 cinco objetivos estratégicos
se busca desarrollar integralmente al sector exportador de la economía, para
que a largo plazo sirva como un sólido motor de desarrollo. Los objetivos
estratégicos son: "Al
presentar el Plan Nacional de Desarrolló 1998- 2002.
el gobierno le otorgó a las exportaciones un papel fundamental, y en ese
sentido ha venido implementando durante este primer año una serie de planes
y programas dirigidos a alcanzar una meta que se podría resumir en un solo
lema: "Duplicar las exportaciones, un compromiso nacional"[9]. Frente
a este plan, los comentarios de los expertos han estado dirigidos a la
incertidumbre en el largo plazo de la aplicación del mismo; es decir si bien
para este Gobierno la prioridad es el sector exportador, no sabemos si sus
sucesores sigan la misma línea de pensamiento, además, hay escepticismo ante
la capacidad del Gobierno para su aplicación. Sin embargo resulta importante
destacar que es una iniciativa de política de Estado concertada con
los sectores interesados lo que de una u otra forma ayudaría a su
credibilidad. Con
el desarrollo del capitalismo en plena revolución tecnológica informática y
en medio del proceso de globalización va transformándose esencialmente el
entorno situacional y el alcance de la competencia y del relacionamiento entre
los diferentes agentes económicos. Éstos se involucran directa e
indirectamente tanto en la producción, comercialización y distribución de
bienes, insumos y servicios, como en la provisión, capacitación e innovación
de factores productivos, tecnologías y otros elementos condicionantes de la
competencia[10]. En
un ambiente de globalización, la competencia ya no se realiza simplemente
entre firmas aisladas, independientes y auto contenidas guiadas bajo el
principio de maximización de ganancias, productoras de bienes estándar. El régimen
capitalista va abarcando nuevos mundos de la producción en los que los
factores determinantes de la competencia actúan en instancias adicionales a
las condiciones productivas propias de la firma como las concernientes con son
el entorno macroeconómico, social y sectorial. Se trasciende al precio como
la característica única para enfrentar el test del mercado y se incorpora la
calidad, la diferenciación, la especialidad, la oportunidad y el servicio al
cliente, como características complementarias distintivas de los bienes en
competencia, erigiéndose al conocimiento y a la tecnología incorporados en
el proceso y en el producto como bases insustituibles para la creación de
ventajas competitivas dinámicas,
así como se abarcan objetivos empresariales más complejos y variados que la
mera maximización de beneficios. Hoy,
a menudo se justifica la intervención estatal, a pesar del neutralismo con el
que se empezó en la década de los noventas, A menudo se justifica la
intervención estatal por la existencia de externalidades y de disfunciones en
los mercados de productos, trabajo, capital e información[11].
Siguiendo
los cambios, en el mundo, se dan los cambios en la visión que existe sobre el
desarrollo de políticas industriales, Pedro Javier González[12],
explica que los desafíos
a las industrias, siguen los mismos lineamientos en América latina, la
apertura y la persistencia de rezagos estructurales son desafíos formidables
para el aparato local. La modernización presenta serias dificultades a una
planta constituida en su mayor parte por empresas micro y pequeñas, carentes
de los recursos tecnológicos, financieros y empresariales necesarios para
hacer frente a una competencia externa particularmente intensa. Se
da un nuevo reto: lograr el desempeño microeconómico que permita al aparato
productivo de las naciones, competir con eficacia en los mercados interno y
externo, y superar los rezagos estructurales que dificultan la
modernización integral de la planta productiva. La
adopción de un nuevo modelo de desarrollo significa que las posibilidades de
desarrollo y de mejoría del bienestar social transitan necesariamente por la
modernización integral, considerad este como un proceso continuo de generación
de ventajas competitivas que se extienden a la mayor parte de sectores y de
unidades de producción. Como la actividad industrial tiene lugar en un
entorno dinámico, la política industrial se puede entender más en específico,
como un conjunto de medidas para facilitar el ajuste de la industria a la
evolución del patrón de ventajas competitivas de los países. La
instauración de la competitividad como un objetivo de desarrollo nacional
presupone tener alguna idea sobre cómo promueve y apoya al país la elevación
sostenida de la productividad en diversas actividades. De acuerdo con Michael
Porter cuatro factores pueden ser
determinantes en la competitividad[13]:
1.
La dotación del país, en términos de cantidad y calidad de los factores
productivos básicos (fuerza de trabajo, recursos naturales, capital e
infraestructura), así como de las habilidades, conocimientos y tecnologías
especializados que determinan su capacidad para generar y asimilar
innovaciones. 2.
La naturaleza de la demanda interna en relación con la oferta del aparato
productivo nacional; en particular, es relevante la presencia de demandantes
exigentes que presionan a los oferentes con sus demandas de artículos
innovadores y que se anticipen a sus necesidades. 3.
La existencia de una estructura productiva conformada por empresas de
distintos tamaños, pero eficientes en escala internacional, relacionadas
horizontal y verticalmente, que aliente la competitividad mediante una oferta
interna especializada de insumos, tecnologías y habilidades para sustentar un
proceso de innovación generalizable a lo largo de cadenas productivas. 4.
Las condiciones prevalecientes en el país en materia de creación,
organización y manejo de las empresas, así como de competencia,
principalmente si está alimentada o inhibida por las regulaciones y las
actitudes culturales frente a la
innovación, la ganancia y el riesgo. En
su conjunto, estos cuatro actores determinantes de la competitividad de una
nación forman una suerte de sistema dinámico que no se limita a la sumatoria
de sus partes, y que funciona como un todo. En
la actualidad, uno de los comunes denominadores más notorios entre la inmensa
mayoría de los países en las esferas económica y política es que en mayor
o menor grado éstos se hallan empeñados en las tareas conceptuales, políticas
y programáticas para redefinir el papel del Estado en la promoción y
regulación de la actividad económica. Se
necesita formular e instrumentar una política industrial que permita a su
aparato productivo generar las
ventajas competitivas requeridas
para una inserción exitosa a la dinámica de la economía mundial. Conviene
asimismo, erradicar el malentendido que identifica fomento con protección. En
un entorno de profundos rezagos estructurales y de numerosos problemas de
competitividad, la carencia de mecanismos de fomento ha sido una de las
principales deficiencias de la estrategia modernizador. Las
características actuales que afrontan los países en desarrollo son: ·
Competir por la localización de la producción inversión extranjera,
donde las multinacionales tienen cada vez más poder, por lo que la soberanía
de los estados se hace vulnerable a los deseos de las multinacionales. ·
Acuerdo en la necesidad de entrar en el sistema de competencia global.
De allí buena parte de su energía la han dedicado a desmontar los
viejos modelos de desarrollo y por supuesto, como esos planes se basaban en la
acción del estado paternalista, entonces lo prioritario ha sido su
reestructuración y modernización. a
ideología liberal con su estrategia ·
Millones de medianos, pequeños y microproductores encuentran que el
mercado en el cual sus capacidades productivas eran pertinentes ha
desaparecido. Producían y
comercializaban en y para mercados locales que fueron destruidos o mejor,
expropiados. ·
Lo que era competitivo en un mercado regional o nacional no está
resultando serlo en el nuevo mercado globalizado, lo cual está implicando la
destrucción masiva de las capacidades productivas que se encuentran en manos
de la gran mayoría de los productores y trabajadores de los países menos
avanzados. Las
condiciones, por lo tanto en toda América Latina no son muy favorables, y son
pocas las empresas que logran insertarse adecuadamente en la dinámica de
crecimiento, configurando pocos grupos empresariales, con perfil ganador.
Generalmente con perfil familiar, que conservan el liderazgo de las industrias
que operan en los países y representan el núcleo de los grandes grupos
industriales - financieros nacionales[14].
Las
políticas de apertura parecen una receta única hacia el desarrollo
industrial, en las siguientes páginas haremos un breve repaso de lo que hacen
las naciones en vías de desarrollo, para aumentar su producción e
implementar mejores formas de desarrollo. En
un extremo del espectro se encuentran países que han logrado superar en el
curso de pocos decenios los obstáculos a la convergencia de ingresos y
productividad con el mundo desarrollado y, en el otro, aquellos que aun no
logran identificar la manera de librarse de los obstáculos del atraso
relativo y absoluto[15].
Los
primeros están preocupados por generar sus propias fuentes de innovación y
cambio tecnológico y consolidar la marcha hacia actividades de cada vez mayor
valor agregado. Los segundos
deben aun experimentar con formas socialmente viables de progreso
institucional y social, identificar actividades sostenibles que permitan
acumular recursos en una economía abierta, instituir mercados y crear las
capacidades necesarias para el cambio estructural. La
política adoptada por los países de la ASEAN consiste en profundizar
aceleradamente la estructura industrial y estimular el uso de insumos locales,
especialmente bienes intermedios
y de capital, a través del desarrollo de complejos industriales que
comprendan desde los productos finales hasta las industrias y actividades de
apoyo que aquellos requieren , reforzando así las vinculaciones
intrasectoriales, aumentando el valor agregado
local y reduciendo las necesidades de importación.
La industria local debe producir todo lo necesario para la fabricación
de los componentes del producto final. De
este modo, los aumentos en las exportaciones no resultarán en aumentos
similares en importaciones. Habrá
importaciones, pero estarán constituidas en gran medida por materias primas
de bajo valor. El gobierno apoyará
activamente la inversión extranjera directa para aumentar el contenido local
y capacitar a las empresas locales fabricar bienes con sus propias marcas.
El
continuo aumento resultante en la proporción de valor agregado en el valor de
la producción industrial aparece en marcado contraste con tendencias
prevalecientes en MERCOSUR, donde se viene registrando un proceso opuesto,
esto es, de desmantelamiento de medidas destinadas a aumentar el contenido
local. Así, por ejemplo, en
Argentina la participación del valor agregado local en el valor de la
producción industrial se redujo del 51% en 84/85 al 36% en 94/95.
Una tendencia similar, aunque más moderada, ha comenzado a operarse en
el Brasil.
"Conviene,
con todo, no perder de vista la perspectiva económica comparativa global.
No hay nada intrínsecamente malo en compensar déficits en bienes
industriales con superávits en bienes primarios.
En promedio, los países de MERCOSUR disponen de una dotación de
recursos naturales en proporción a la dotación de mano de obra, en especial
de mano de obra calificada, mucho más elevada que los países de la ASEAN.
Esto, que se expresa claramente en los respectivos perfiles de
exportación, tiene, empero, poco que ver con la priorización de estrategias
de apertura por el lado de las importaciones versus estrategias de apertura
por el lado de las exportaciones".
El
modelo evidente para el desarrollo de estas estrategias fueron los nuevos países
industrializados del Sudeste Asiático, en función del éxito con que
impulsaron estrategias de desarrollo "orientadas hacia afuera" a
través de la promoción de exportaciones.
Sin embargo, previo a su despegue económico, con frecuencia se ignora
el papel que desempeñaron los estados respectivos a través de políticas
industriales y de investigación, desarrollo de infraestructura y capacitación
de recursos humanos.
Para
atraer inversión extranjera, los estados han promovido la creación de (zonas
industriales libres), en el marco de exclusiones fiscales y regulación
laboral más flexible, aprovechando el interés de compañías multinacionales
por la ubicación geográfica cercana al mercado de EE.UU y las facilidades
que da la Iniciativa de la Cuenca del Caribe y el sistema generalizado de
preferencias para ingresar al mismo.
Un
ejemplo de lo que han logrado las ZILs, es Costa Rica, está logrando un éxito
notable en la combinación de inversión extranjera y exportaciones.
Su gobierno logró convencer al fabricante de microprocesadores Intel
para que estableciera una planta allí. Una
idea comienza a tomar forma entre los empresarios de Colombia: hay que
reinventar la economía.
Hay que ensayar nuevos productos y nuevas formas de hacer las cosas.
Hay que exportar, aprovechando mejor los mercados en los cuales sus
productos no tienen aranceles (como el ATPA), además hay que aumentar la
productividad y competitividad industrial mejorando infraestructura, educación
y atrayendo inversión El
gobierno dirige sus esfuerzos a las exportaciones, porque lo ve como el camino
de salida al desempleo al y al rezago industrial.
"Hay que trabajar también dentro de las empresas".
Con la apertura, muchas firmas se reconvirtieron y lograron aumentar
productividad, pero todavía falta mucho camino por andar.
Necesitan seguir mejorando tecnología, capacitación del recurso
humano y mejorar la gestión empresarial."
Como
parte del plan, se creará un Fondo de Productividad y Competitividad para,
junto con las empresas, fortalecer el aparato productivo nacional. La
política industrial, en cuanto la acción gubernamental en las economías de
mercado, continúa siendo hoy objeto de debates recurrentes entre políticos,
economistas y organizaciones empresariales y laborales. En la literatura sobre
política industrial no abundan los estudios que se abstraigan del debate
ideológico que este tema provoca desde hace varias décadas. Es
frecuente encontrar economistas que se manifiestan en contra de la política
industrial, pero algunas medidas que proponen para mejorar la situación de la
industria, pertenecen al ámbito de la política industrial. Por otro lado está
la posición ideológica de algunos, de defender las ventajas de la política
industrial a ultranza, sin advertir los riesgos que ésta puede implicar[16].
El
gobierno afirma que el descrédito de la política se debe a su mala aplicación
y a todos los abusos de que ha sido objeto en el pasado.[17] Dentro
de una política de desarrollo industrial se considera la validez de las
medidas tanto de tipo horizontal como vertical. Las principales características
de cada grupo de políticas son las siguientes[18]:
·
Horizontales.
Estas
políticas son neutras entre sectores, no discriminatorias y de una
temporalidad definida. Las principales medidas de tipo horizontal están
destinadas a: ·
Corregir las fallas en el funcionamiento de los mercados o regular éstos
para que sus estructuras permitan un grado de competencia cercano al de los
mercados contestables (mejorar la información, prevenir las prácticas monopólicas,
asegurar los derechos de propiedad, promover la ética ambiental). Se
considera que existen fallas de mercado cuando el mecanismo de los precios no
consigue igualar los costos y beneficios sociales con los costos y beneficios
privados, de forma que, al tomar sus decisiones en función de su propia
estructura de costos y beneficios, las empresas dan lugar a una distribución
de recursos entre las distintas actividades que resulta subóptima en el
sentido de que la redistribución de los recursos entre actividades elevaría
el bienestar social. ·
Mejorar la disponibilidad y la calidad de los insumos (fomentar la
innovación, desarrollar la infraestructura, elevar la calidad de la mano de
obra, suministro y costo del crédito etc, asegurando así la dotación de
factores en forma equitativa y oportuna a precios de mercado. En
lo referente a los instrumentos, las medidas de tipo regulatorio adquieren una
enorme relevancia, ya sea que se trate de crear un marco que garantice el
libre juego de competencias en los mercados o de eliminar reglamentaciones
excesivas que entorpezcan el desarrollo de la iniciativa privada. ·
Verticales.
En el
diseño de la política se debe pasar de
ofrecer soluciones demasiado generales a un proceso que modernice la industria
y permita elevar la competitividad. La simple confirmación de la presencia de
fallas de mercado, que por supuesto no sólo se presentan en la industria,
llevaría a establecer políticas generales. A fin de contar con la política
industrial efectiva para la competitividad, se requiere precisar en qué
problemas específicos se expresan las fallas de mercado que inhiben el avance
de la competitividad. Las
fallas del mercado se presentan con más frecuencia de lo que supone la teoría,
por lo cual es necesario el uso de medidas sectoriales y selectivas, ya
que las fallas afectan en mayor grado a varios sectores e incluso a ciertas
empresas. Hay sectores en los que esta situación se ve agravada porque la
frontera de productividad internacional se desplaza rápidamente, lo que
provoca que las empresas nuevas necesiten tiempos más largos para ser
competitivas. En
el caso colombiano, después del desmonte de la política de sustitución de
importaciones, no se ha implementado una política industrial sistémica y
moderna que recoja las experiencias nacionales e internacionales. Ello, a
diferencia de los países desarrollados, donde no se dejó de lado la política
industrial, sino por el contrario se dio una revisión y una reformulación de
los mecanismos institucionales de aplicación. Es por lo tanto necesario que
Colombia adopte medidas similares a las de los países desarrollados,
empleadas en su política industrial. De no hacerlo, estaría colocando en una
situación desventajosa a la industria Nacional.
Así, para compensar por lo menos en parte los efectos de una apertura
que no elimina completa ni inmediatamente todas las distorsiones, parece
necesario una política industrial más activa, al menos en lo que respecta al
incremento del valor agregado y al tipo de instrumentos que nos ponga en
igualdad de condiciones en el mercado nacional e internacional. Cuando
el gobierno dice que hay que aplicar las mismas políticas de los países
desarrollados, se contradice ya que está comprobado que estos sí defienden
la producción interna como en el caso de la agricultura y crean marcos
regulatorios específicos desarrollando
políticas activas en defensa de su propia producción. Acerca
de la política industrial en los países desarrollados Gabriel misas afirma
que Los diversos países industrializados, a lo largo de los últimos años,
han llevado a cabo complejas políticas industriales con el objeto central de
sobreponerse a la crisis que afecta sus industrias. Las políticas se
desarrollan tanto en el ámbito nacional como regional. En
estados Unidos: Las formas de intervención son extremadamente variadas: comités
tripartitos (administración, patronal, sindicato) que planifican el
desarrollo de sus regiones, trabajos de previsión y prospectiva, ayudas a la
investigación y al desarrollo, financiamiento de la formación profesional,
cofinanciamiento con las sociedades industriales y bancarias, infraestructuras
o institutos tecnológicos, creación de sociedades especialmente orientadas
hacia el lanzamiento de productos (marketing, promoción), creación de
equipos para la ayuda de las empresas.
El
somero enunciado de las políticas de promoción industrial de Estados Unidos,
Inglaterra y Alemania, regidos a lo largo de la década de los ochenta por
gobiernos que preconizan políticas neoliberales, nos muestran como el
discurso en el ámbito ideológico se aleja sustancialmente de las prácticas
de los gobiernos. Las políticas públicas llevadas a cabo exigen de un alto
nivel de intervención gubernamental, donde no siempre se confía en el
mercado como la forma más
adecuada para la asignación de los recursos. Las
ayudas de los Estados a favor de la industria a través de reserva de mercado,
subsidios directos, exoneraciones de todo tipo (incluidos pagos de servicios públicos),
inversiones de apoyo, etc continúan siendo prácticas habituales en estos países. El
estudio de las políticas industriales, tanto en Europa, Japón y Estados
Unidos, nos muestra la multiplicidad de formas de intervención estatal que se
llevan a cabo para lograr los fines propuestos, lo que exige a su turno, la
existencia de complejas organizaciones y de múltiple formas de articulación
con el sector productivo. "En
ninguno de los países señalados, el Estado se limita a crear un marco
macroeconómico adecuado, como se ha tratado de hacer creer; por el contrario,
se combinan las políticas macroeconómicas con múltiples políticas
industriales, unas de carácter general otras de carácter sectorial e
inclusive de carácter selectivo". (sector, proyecto o empresa) Existen
otros enfoques, acerca de la política industrial, que no limitan al Estado a
ser un simple gestor y le otorgan un papel más activo en la solución de los
problemas estructurales. Alvaro Zerda Sarmiento, sostiene que actualmente es más
que necesaria la definición de una política industrial activa que lleve a la
actividad industrial a recobrar su liderazgo y afirma que en América Latina,
por la influencia abrumadora de las propuestas de libre mercado en los ochenta
se creyó que bastaría liberar los mercados, reducir el tamaño y las
funciones del Estado y motivar la inversión privada para estimular el
desarrollo económico. Como
suele suceder con cambios de perspectivas tan radicales, los fondos para
programas básicos en los sectores de educación, salud e infraestructura se
han ido reduciendo. En lo que toca con la industria, el resultado de las
primeras medidas de ajuste llevaron a los países como Colombia al
estancamiento y la desindustrialización. La
competencia no está en discusión, es claro que no hay país que pueda vivir
de manera autárquica, entrar en intercambio con otros es requisito
fundamental para la pervivencia y la independencia. La cuestión está en las
condiciones de entrar y con qué armas. La combinación Estado - Mercado es
deseable en la medida en que el último provea señales y alertas sobre la
destinación de los recursos, el resultado de la actividad económica y las
modificaciones a las acciones requeridas para evitar efectos indeseables o
reforzar aspectos positivos. El Estado tiene todavía un papel que desempeñar;
pero dándole juego a las señales del mercado, permitiendo que la competencia
se constituya en el escenario propicio para que los actores económicos
prueben sus fuerzas, y llenando los contratos incompletos en donde haya
necesidad de hacerlo. La
globalización de la economía, que es el nuevo marco de referencia
internacional, marcha paralela, en los países desarrollados, con la llamada
sociedad post industrial; mientras que
el ingreso de Colombia a esas corrientes contemporáneas es lento y doloroso,
al desear la modernidad sin haber terminado de construir el pasado. La moderna
sociedad post industrial se ha configurado paradójicamente, en el marco de un
creciente y universal proceso de "desindustrialización",
caracterizado por una pérdida relativa de importancia de la industria dentro
de los agregados económicos, a cambio de un más activo desempeño del sector
servicios; pero de unos servicios diferentes, crecientemente calificados, en
los cuales predominan el conocimiento, la ingeniería y el diseño. Para
ingresar a esa sociedad, los países de mayor desarrollo han demostrado que la
herencia manufacturera es indispensable y que la misma es resultado directo de
procesos activos de industrialización y no de su sacrificio. Urge una
reivindicación de la perspectiva industrial de desarrollo, siempre dentro del
marco de las nuevas condiciones del comercio mundial, de los nuevos tipos de
política industrial y de las específicas condiciones macroeconómicas,
institucionales, sectoriales, tecnológicas y políticas de nuestro país.
La
concepción, formulación y ejecución de una política industrial no es una
decisión que deba depender, simplemente, de la voluntad de los funcionarios
del equipo económico de un gobierno en turno, una política industrial, como
lo ha demostrado la práctica internacional es producto de una estrategia, más
que gubernamental, verdaderamente nacional de desarrollo. Gabriel
Misas, en su ensayo "Algunos Elementos Para La Construcción De Una
Estrategia De Desarrollo Industrial", muestra algunas bases hacia una
estrategia de desarrollo industrial en Colombia y afirma que el objetivo
central de una estrategia de desarrollo industrial, deberá ser la valorización
del trabajo. Utilizar de manera más eficiente los recursos humanos y
materiales. (maquinaria, equipo, infraestructura física)"[19]. Adelantar
acciones que modifiquen de manera simultáneas las normas de producción y las
normas de consumo. La estrategia que se implante deberá crear situaciones que
lleven a los industriales a modificar sus rutinas de producción y de gestión
y a desarrollar nuevas estrategias para su expansión. "El
éxito de una estrategia de este tipo va a estar condicionado a la capacidad
que tenga el Estado de coordinar las acciones que producen efectos a corto
plazo con aquellas que los
producen en el largo plazo. Influyendo primero sobre las rutinas de producción
y después sobre las estructuras productivas". Se
proponen los siguientes objetivos generales de desarrollo industrial ·
Elevar la productividad del sector manufacturero y mejorar su
competitividad, tanto en el mercado interno como en el mercado internacional. ·
Desarrollar nuevos sectores productivos, especialmente en actividades
de mayor grado de complejidad tecnológica. ·
Impulsar el proceso de reconversión y modernización industrial. ·
Utilizar más eficientemente los recursos humanos y físicos
(maquinaria, equipos, instalaciones etc) comprometidos en la producción
manufacturera. Se
afirma, que para alcanzar dichos objetivos es necesario llevar a cabo
profundos cambios en las normas de producción y consumo que regulan la
economía. Es
necesario tener en cuenta que en una economía global, existen ciertas
reglas de juego que se pueden identificar hacia el desarrollo de alguna política
industrial entre los factores a tener en cuenta están[1]: Las
reglas Fiscales y Gastos Presupuestarios: Estabilidad
y predictibilidad de las reglas, cualquiera sea la tasa de imposición y sus
modalidades las empresas se adaptan. En general, se piden políticas
presupuestarias contracíclicas que aseguren la estabilidad. La
Protección aduanera: La protección
aduanera, es un factor nuevo dentro del juego de la política industrial,
hay que definir las tarifas en función de las prioridades nacionales. Como
un ejemplo, se puede citar a
Europa que no tuvo muchas complicaciones para construir su competitividad en
la agricultura defendiendo el desarrollo de política arancelarias
restrictivas y proteccionistas. La
tasa de cambio y la tasa de interés: Como
se ha visto anteriormente, las fluctuaciones en las tasas de cambio y en los
intereses, pueden constituir factores fundamentales en el apoyo o la
destrucción del tejido industrial, mantener tasas de cambio competitivas y
tasas de interés bajas al mismo tiempo, no es fácil, pero es necesario
buscar un equilibrio que pueda catapultar a las empresas y en general al
entorno económico. El
trabajo, los salarios, la educación, la política de ingresos: "No
sirve para nada decir que vamos hacia la economía del saber si no tenemos
las políticas de educación y formación que van por detrás[2]".
Teniendo
en cuenta dichos entornos, las condiciones anteriores representan el entorno
industrial, es todo lo que tiene que ver con lo que se llama bienes públicos,
es decir, las infraestructuras, la educación, o la investigación. La
discusión se haya en las políticas activas, de desarrollo industrial, y en
este campo es donde se centra verdaderamente el debate, mientras que existen
visiones de no interferencia con el mercado, (visión del Gobierno Actual),
hay otras perspectivas que le dan al Estado un papel totalmente activo, la
interferencia y la acción. Es
posible modificar las asignaciones del mercado,
si el Gobierno considera que éstas no son óptimas.
En todos los casos la política industrial es la combinación de
estas dos cosas: el entorno de las firmas y la modificación de las
asignaciones espontáneas del mercado. De cualquier manera es necesario
acompañar. Si
el mercado no puede proveer ciertas actividades, el Gobierno debe cambiar la
función de acompañar por la de impulsar. La idea de impulsar consiste en
que cuando la iniciativa de las firmas es demasiado débil para orientarse
en la dirección deseada, ya que no hay capital, ni redes internacionales,
ni espíritu de empresa, el papel del poder público es determinante hacia
el desarrollo. Nadie
puede desarrollar iniciativas totalmente solo, las condiciones de mercado no
siempre privilegian el desarrollo social, y el papel del Gobierno debe ser
el de fomentar más activamente el desarrollo social jugando un papel activo
y no pasivo hacia el desarrollo general. La
experiencia histórica de los países desarrollados ha permitido establecer
ciertas características del proceso de crecimiento: aumento permanente del
ingreso per cápita, creciente participación del sector industrial en el
producto y en el empleo y adopción de nuevas tecnologías. Este proceso se
caracteriza por cambios en la estructura productiva, por el surgimiento y
consolidación de nuevas actividades, sectores, tecnologías y empresas por
la pérdida de importancia e incluso la desaparición de otras. Los
cambios en la estructura productiva surgieron como resultado de tres
factores. 1.
Cambios en la estructura de la demanda final como resultado del
aumento en el nivel de ingreso y de modificaciones en la composición del
producto y la inversión. Tendencia decreciente de la participación del
consumo respecto al PIB, mayor inversión y aumento en el consumo de
manufacturas y servicios. 2.
Cambios ocasionados por la adopción de nuevas tecnologías y por
requerimiento de nuevos bienes intermedios en los procesos productivos, con
descenso en el uso relativo de insumos provenientes del sector primario
(agricultura y minería), proceso característico de una estructura
productiva simple a una de mayor complejidad. 3.
Grandes transformaciones en los patrones del comercio internacional
durante el proceso de crecimiento; notable pérdida de importancia de la
agricultura con respecto al PIB así como creciente participación de la
Industria manufacturera y de algunos servicios como transporte,
telecomunicaciones, servicios financieros y algunos servicios públicos. El
mayor peso de los servicios sumado a su carácter poco transable tiende a
ocasionar un deterioro en los términos de intercambio, afectando en forma
negativa a los bienes de origen industrial, donde claramente el sector
servicios tiende a desplazar tanto en términos absolutos como relativos, al
sector industrial en la generación de producto y empleo. La
mejor política de desarrollo industrial, es la de acompañar. Lo esencial,
es crear entornos favorables para la iniciativa de las firmas dinámicas.
Estos son los elementos de macroeconomía que he mencionado: estabilidad de
las reglas, tasas de cambio que no sean disuasivas, etc. Acompañar
la iniciativa de las firmas por medidas de tipo horizontal. Y aun cuando no
sean palpables, las buenas medidas de macroeconomía son muy poderosas.
Producen efectos. Pero la mala macroeconomía también. Segunda
gran orientación: impulsar. La idea de impulsar consiste en que cuando la
iniciativa de las firmas es demasiado débil para orientarse en la dirección
deseada, ya que no hay capital, ni redes internacionales, ni espíritu de
empresa, el papel del poder público y cuando es de impulso. El
nuevo escenario del comercio internacional y los principios de competencia
son ahora diferentes como en el caso de las ventajas adquiridas que han sido
reemplazadas por las llamadas ventajas construidas y que se reafirman cada día
como los nuevos pilares de desarrollo. Frente a estas nuevas estructuras el
sector industrial colombiano y latinoamericano (Con contadas excepciones) ha
tenido que sufrir el desencanto de ver caer sus expectativas de crecimiento
al nivel de esperanzas de subsistencia
y ante estos problemas, renace el tema del desarrollo industrial,
como salida a los problemas que afrontamos. El
comercio mundial y las políticas industriales de cualquier nivel están muy
unidos y es preciso que la región reaccione a las nuevas solicitudes del
mercado y a sus condiciones, pero es vital incluir el concepto de desarrollo
en los estadios de competencia y competitividad, así mismo no debe olvidar
los principios de interés particular en aras de una inserción al mercado
mundial, ya que las asimetrías y el dualismo económico son problemas que
podrían ser barreras de difícil trasgresión para el logro de inversión
extranjera directa y dificultaría también el desarrollo tecnológico.
La
globalización, y el desarrollo industrial en el mundo son factores íntimamente
ligados: sobre todo en términos de producción, mercados y competitividad.
Si entendemos el proceso de globalización como una nueva fase en la
internacionalización de los mercados, encontraremos que la globalización
también implica la multinacionalización de las empresas y la necesidad de
buscar nuevos mercados, sobre todo teniendo en cuenta el hecho de que los
inmensos avances en la productividad de los países desarrollados, convierte
a cualquier ser humano en un posible comprador de productos, y el límite de
los mercados ya no se centra en la capacidad de producción sino en el tamaño
de nuestro mundo. El
proceso de liberalización y el desempeño industrial, son elementos
fuertemente ligados, la liberalización generó serios desequilibrios en la
economía colombiana que produjeron efectos negativos en la industria. Con
la apertura se dio un exagerado crecimiento de las actividades no
transables, con un auge del consumo privado, la caída del ahorro nacional y
serios desequilibrios en las cuantas del estado. A
pesar del dinamismo de algunos nuevos sectores y la recuperación de otros
que decrecieron en la década de los ochenta, el sector industrial permaneció
invariable durante los primeros años de los noventa. Prevalece la
estructura oligopólica y la alta dependencia del ciclo económico general. La
apertura no produjo una reducción sustancial de los niveles de protección
a la industria manufacturera y en realidad, se tradujo en un mejoramiento de
la posición de los grandes grupos económicos y de las empresas con inversión
extranjera directa. Los grupos económicos ganaron y pudieron participar en
sectores de servicios tales como energía, comunicaciones y finanzas. Se
fortaleció la posición de las empresas que producían bienes no
transables, y las empresas expuestas verdaderamente a la competencia
internacional resultaron seriamente perjudicadas. La reforma comercial, en
conjunto con la revaluación real, determinó un cambio relativo en contra
de los productos de alto valor agregado. Los recursos y las actividades se
desplazaron hacia las actividades de alto contenido importado En
general el resultado que producen estos procesos de estabilización y
apertura (rezago del tipo de cambio y modificación de la relación de
precios transables - no transables) es que, por una parte, el crecimiento de
las importaciones sea mayor que el de las exportaciones, generándose nuevos
desequilibrios en las cuentas externas y, por otra, que los retornos en
moneda nacional por las exportaciones sean inferiores a los que habrían
sido con un tipo de cambio de equilibrio y sin modificaciones de la
estructura de precios relativos. En
este contexto, la industria tiene que competir contra dos actores externos,
la devaluación nominal y la competencia desleal, y generan un problema
fundamental. El capital privado nacional, no alcanza para desarrollar
proyectos rentables, y a gran escala, sin que se haga necesario el uso de
inversión extranjera. Lo
que se está viviendo en la industria nacional es que la declinación del
valor agregado manufacturero
como parte del PIB, se produce porque la industria nacional no puede
competir contra las importaciones ni en los mercados de exportación. Además
hay declinación del empleo en la industria manufacturera a medida que las
nuevas tecnologías genéricas sustituyen mano de obra por capital, pese a
las ventajas comparativas de una mano de obra abundante con una mayor
dependencia de la producción primaria y algunos servicios (turismo),
causados por la pérdida de las ventajas comparativas debido a una
actualización tecnológica inadecuada, o al cierre de industrias de
sustitución de importaciones que no pueden competir en condiciones de
economía abierta. Entre
los pocos esfuerzos realizados para proponer políticas de desarrollo
industrial, se encuentra el libro "Una Propuesta de Política
Industrial para Colombia"[3]".
Que a partir de varios ensayos, concluye con un decálogo de propuestas
encaminadas al desarrollo industrial y del cual sería apropiado tomar
algunos apartes: Ya
que los proyectos industriales son cada vez más escasos; los inversionistas
poco se interesan en
actividades manufactureras y la iniciativa privada se ha desplazado
hacia sectores y actividades de infraestructura y servicios[4]. La
globalización de la economía, que es el nuevo marco de referencia
internacional, marcha paralela, en los países desarrollados, con la llamada
sociedad post industrial; mientras que
el ingreso de Colombia a esas corrientes contemporáneas es lento y
doloroso, al desear la modernidad sin haber terminado de construir el
pasado. La
moderna sociedad post industrial se ha configurado paradójicamente, en el
marco de un creciente y universal proceso de "desindustrialización",
caracterizado por una pérdida relativa de importancia de la industria
dentro de los agregados económicos, a cambio de un más activo desempeño
del sector servicios; pero de unos servicios diferentes, crecientemente
cualificados, en los cuales predominan el conocimiento, la ingeniería y el
diseño. Para
ingresar a esa sociedad, los países de mayor desarrollo han demostrado que
la herencia manufacturera es indispensable y que la misma es resultado
directo de procesos activos de industrialización y no de su sacrificio.
Urge una reivindicación de la perspectiva industrial de desarrollo, siempre
dentro del marco de las nuevas condiciones del comercio mundial, de los
nuevos tipos de política industrial y de las específicas condiciones
macroeconómicas, institucionales, sectoriales, tecnológicas y políticas
de nuestro país. La
concepción, formulación y ejecución de una política industrial no es una
decisión que deba depender, simplemente, de la voluntad de los funcionarios
del equipo económico de un gobierno en turno, una política industrial,
como lo ha demostrado la práctica internacional es producto de una
estrategia, más que gubernamental, verdaderamente nacional de desarrollo Para
desarrollar el tejido industrial en Colombia, se sugiere el siguiente decálogo
de propuestas: Es evidente, que la respuesta obvia para mejorar el
entorno industrial en nuestro país, es luchar por mejorar nuestros niveles de
competitividad y productividad, en este sentido, nos adentraremos al tema de
desarrollo científico y tecnológico, como el elemento central hacia el
desarrollo de una política industrial, acorde con un Estado que supone la no
intervención y que se rige bajo las reglas del libre comercio El
desarrollo de este capítulo nos llevará a través de los conceptos de la
competitividad y su función con la productividad, sin embargo hemos considerado
como objeto principal de esta exposición el entorno científico y tecnológico
que contiene la política industrial para luego desembocar en el papel del
capital humano con relación a la creación de ventajas y el consecuente aumento
del valor agregado en la producción de las empresas y de los países por
agregación. Por lo tanto no dementamos la importancia de las otras dimensiones
de la política industrial ni entramos en discusión con la teoría de la
competitividad, pero si queremos disertar la actual política para C&T y si
es posible promover mejoras en ella
a través de nuestras observaciones. "El
incremento de la productividad de un país es el único camino que conduce a un
mayor nivel de vida de la población en el largo plazo" (Krugman 1992.)[1] La
productividad es un factor determinante de la competitividad internacional de un
país y debe entenderse como el mejoramiento de la capacidad productiva, y del
entorno general, buscando la eficiencia en el sentido de Pareto, es decir,
mejorando el producto, la eficiencia, los salarios etc, sin desmejorar algún
otro indicador. En
Colombia, antes de iniciarse la apertura económica, la productividad estaba
creciendo a bajo ritmo, y este fenómeno fue uno de los principales argumentos
para la liberalización tanto del comercio internacional como el régimen de
inversión extranjera. El aumento de la productividad en los países es el
camino más acertado hacia la búsqueda del bienestar económico general, el
comportamiento de la productividad laboral industrial en Colombia de la década
de los ochenta mostró un aumento cercano al 4%[2],
notablemente más alto que el resto de América Latina, La productividad presentó
un gran aumento en 1984, se deterioró en 1985 y después de recuperarse en
1986, comienza un período continuo de desaceleración. Sin embargo, la
productividad del trabajo en la industria colombiana vuelve a elevarse a partir
de 1992 y en 1993 alcanza ritmos de crecimiento superiores al 4%. En la
actualidad, a pesar de las dificultades, la productividad laboral está
aumentando, pero el mercado laboral carece de la suficiente especialización, y
la mano de obra calificada es muy escasa. La
productividad media de la empresa latinoamericana es apenas un tercio de la
correspondiente a las empresas de los países desarrollados. Cerrar esta brecha
de productividad requiere de una modernización tecnológica tanto de los
equipos y de las tecnologías de proceso, actualmente muy anticuados como de las
formas de organización del trabajo y de la producción, también sumamente
atrasados. Sin embargo, se mira tal modernización con recelo puesto que se teme
que la contrapartida de tal aumento en la productividad sea una disminución en
el empleo[3] El
concepto de Competitividad es uno de los temas que aun hoy se discuten, sin
embargo se ha podido llegar a algunos acuerdos mas o menos generales al
respecto; y es que resulta que la misma evolución de las relaciones comerciales
han moldeado las definiciones, respondiendo a las observaciones y necesidades de
la coyuntura, inclusive se ha llegado a criticar si el termino en si es correcto
para querer explicar lo que se quiere ó si es que se ha abusado de su bondad
para aplicarlo incorrectamente a elementos que no corresponden. Según
Garay (1998) La competitividad de
una nación es el grado al cual se puede producir
bajo condiciones de libre mercado, bienes y servicios que satisfacen el
test de los mercados internacionales, y simultáneamente incrementar los
ingresos reales de sus ciudadanos. La competitividad a nivel nacional esta
basada en un comportamiento superior de la productividad"[4].
Pese a esta definición convencional los ejercicios de acercamiento a la
competitividad adolecieron de enfoques parciales
dando como resultado conceptos que no pueden considerarse como finales,
inclusive los intentos de formalización vienen
desde Ricardo cuando menciona las ventajas comparativas como la fuente de la
competitividad, talvez para la época
resulto acertado pero es el momento de ir tras las ventajas creadas cuya
efectividad ha sido demostrada
ampliamente por los Nuevos Países Industrializados. La
vieja teoría del comercio internacional que asumía la competencia basada en
las ventajas naturales estáticas por dotación de factores ya ha sido superada,
las economías nacionales deben desarrollar ventajas competitivas dinámicas
mediante estrategias de desarrollo científico y tecnológico que les permitan
insertarse en fracciones de mercado que posibiliten el intercambio internacional
o hacer frente a los productos de bajo costo que amenacen inundar sus propios
espacios, desplazando producción y empleo domésticos[5]. La
definición macroeconomista, la desregulacionista, la neolaborista, la
neoinstitucionalista, plantean que un elemento es el responsable de la proyección
de la economía, esto es erróneo y como veremos son muchos los factores que
deben considerarse como motores de la competitividad, no solo los indicadores ni
el nivel de intervención de un mercado y si bien la cuestión laboral de un país
es muy importante tampoco loes tanto para dejar en sus manos el absoluto
de la competitividad como tampoco un aparato institucional desarrollado puede
serlo. Es decir que estos enfoques fallan por la excesiva figuración del
componente. Una
observación importante que hace Garay es la distinción entre dos tipos de
competitividad una artificial y otra estructural, la primera es el fruto de la
protección y de la explotación de los recursos internos (naturales y de
mercado) que por definición no es sostenible en el largo plazo. Esta practica
fue ampliamente difundida en América Latina a través del modelo de sustitución
de importaciones que quería crear una industria
moderna; lastimosamente esta política hizo de la industria una especie
de “hijo bobo” que no ha podido responder positivamente en el ambiente
abierto. La segunda por el contrario descansa sobre objetivos mucho más sólidos
pero que necesitan de las acciones decididas de todo el conglomerado social para
que sean los factores de competitividad real los inpulsadores de la economía y
es que los factores que crean ventajas no solo dependen del estado sino también
de la empresa privada y del tejido social en general. En
las siguientes paginas recorreremos las principales corrientes entorno ala
definición de competitividad. Según
esta iniciativa adelantada por Porter se hacen interactuar cuatro elementos: Condiciones
de demanda: “hace referencia a la demanda interna de bienes y servicios
producidos por las empresas de un sector"[6]. Factores
de producción: dotación de
recursos, jerarquía, creación, y desventaja selectiva Industrias
conexas y de apoyo: “ son aquellos en los cuales las empresas que compiten
entre si pueden coordinar o compartir actividades en la cadena de valor, o
aquellos que comprenden productos que son complementarios y con respecto a los
cuales es posible establecer alianzas entre los productores". Estrategia,
estructura y competencia: Se refiere a la organización y gestión de las
empresas del sector y a las condiciones de competencia en el mercado domestico,
las cuales deben ser exigentes para estimular permanentemente la innovación
empresarial y productiva". Según
este enfoque la importancia del estado se encuentra en la creación del entorno
estable y en las políticas relacionadas con la creación de capital humano y la
dotación de la infraestructura física. Esta
nueva etapa se basa en la importancia de las instituciones en la creación y
mantenimiento de un orden que rodee el contexto empresarial, para lo cual
abstrae cuatro niveles que comprometen la dimensión social y la económica.
Nivel
Micro: este es un elemento claramente empresarial y es precisamente la firma la
responsable de este nivel a través
del aprovechamiento optimo de los recursos y de la adaptabilidad a las nuevas
circunstancias para mantenerse en el mercado. Nivel
Macro: este aspecto es de orden estatal y corresponde al entorno macroeconómico
que puede ser decisivo para el éxito de las empresas. Nivel
Meta: este sugiere la participación de las estructuras sociales que forman la
base del funcionamiento del sistema. El
nivel Meso: entra a discutir la importancia directamente institucional o en
otras palabras esta conformado por la estructura funcional de la gestión que
ayuda a la organización del conglomerado. Esta
iniciativa aborda el concepto de la competitividad partiendo de la idea que los
factores se dividen en dos grandes grupos que
determinan dos tipos de competitividad. Competitividad
Costo: incluye elementos como el costo del trabajo, el costo del capital y el
costo de los insumos. Competitividad
No-Costo: Refiere su nombre a la estructura creada de la empresa y a los
factores de eficiencia, calidad y diferenciación, es decir que le otorga la
importancia a los factores estratégicos y de servicio. La
idea de este enfoque asume que la competitividad de las empresas determina la
competitividad del país por el método de agregación, por lo tanto la empresa
debe ser el centro de atención y el elemento es el estudio de cómo ella puede
solucionar sus problemas dentro de un marco dado por la situación de tres
factores en algunos de los cuales puede influir. Factores
empresariales: Directamente relacionados con la firma, entre ellos esta la gestión,
la innovación la producción, el recurso humano. Factores
Estructurales: la influencia en estos resultan un poco lejanos para la empresa.
El mercado, la estructura
industrial, el régimen de incentivos y regulaciones. Factores
Sistémicos: resultan ser externalidades de la empresa y la injerencia sobre
estos es casi nula .el estado macroeconómico, la política y la
institucionalidad, los factores legales, sociales , internacionales y en la
misma infraestructura. La
medición de la competitividad es un instrumento de mucha utilidad para la toma
de decisiones que conlleven a una determinación de la política
necesaria, mas cuando estos estudios son comparativos entre varios
piases. Para
dar una idea mas completa de la situación del país en el entorno internacional
tomamos los indicadores realizados por el Institute for Management Development
para el World Competitiveness Yearbook de 1.999 (en adelante I.M.D.) y El
Informe Anual De Competitividad 1999 que publicó el foro económico
mundial (FEM); de otra parte La Encuesta De Competitividad Nacional del
Ministerio De Comercio Exterior (Noviembre
de 1.999) para de alguna manera poder conocer la percepción de los industriales
colombianos sobre el desarrollo de los últimos seis meses (en adelante E.C.N) En
los estudios se han considerado por igual ocho factores determinantes de la
competitividad de los países, sin embargo las el tamaño de las muestras para
los dos estudios internacionales es diferente por lo tanto se darán los
resultados para cada una por separado en cada uno de los factores. Sin embargo
el peso de los factores en el total de cada una de las mediciones es similar
llevando el mayor peso internacionalización, finanzas, capital humano &
trabajo y gobierno seguido de infraestructura y tecnología, por ultimo gerencia
e instituciones. En
términos generales los estudios concluyen lo mismo - esto es preocupante – la
competitividad de Colombia es muy baja en comparación con los otros países de
la muestra. En
el estudio del I.M.D. la muestra fue de 47 países donde Colombia ocupó la
posición 43, de los países latinoamericanos incluidos: Chile, Argentina,
Brasil, México y Venezuela, únicamente este último se encuentra por debajo de
Colombia, mientras en el FEM de una muestra de 59
países solo calificamos de 54 con el 92% de la muestra sobre nosotros;
en ambos casos se ha presentado un retroceso con respecto a las anteriores
entregas. Por otro lado la ECN muestra que la percepción de los empresarios es
positiva respecto al entorno competitivo y que se mantiene el caso
de productividad promedio en la firma. g)
En el I.M.D.
se calificó en el puesto 33. Y se considera: h)
·
Recuperar las
tasas de crecimiento anteriores a 1996. ·
Reducir la
inflación a un dígito. ·
Generar mayor
ahorro doméstico. ·
Generar mayor
valor agregado. En
lo que respecta a la del FEM se mejora porcentualmente (90%) pero aun así no es
halagador el resultado. La
ECN. Los empresarios señalaron que en transparencia el 79% de las instituciones
listadas deberían mejorar, en lo que respecta ala reducción de tramites señalaron
al 87%, en reducción de burocracia al 84%. Esto demuestra un alto grado de
descontento con la organización del estado Según
el IMD la economía cayo al puesto 47 siendo urgente actuar sobre: ·
Una dinamización
de las exportaciones. ·
Una estructura
arancelaria más simple. ·
Una legislación
más amigable más simple para la inversión extranjera. ·
Una reducción
del déficit en cuenta corriente. Según
la FEM este factor conserva su posición inicial relativa 83%. Siendo uno de los
mejor posicionados para el país. En
la ECN encontramos que el 63% de los encestados señaló que los aspectos
favorables estaban relacionados con la tasa de cambio, las preferencias
comerciales y los incentivos a las exportaciones, mientras que el arancel al
insumo fue señalado negativamente por el 39%. El
IMD indica que se paso del puesto 26 al 38. Para resolver este problema es
importante actuar sobre: ·
El retorno de
la disciplina fiscal. ·
El incremento
de la eficiencia en la provisión de bienes públicos (justicia y seguridad) ·
Logros
contundentes en políticas de paz. Al
respecto el FEM señala que hubo un deterioro porcentual, asi quedamos con un
93% de la muestra por encima de nosotros. Los
empresarios colombianos respondieron a la ECN sobre tres factores para mejorar. a)
Continuidad de
políticas (55.3%) b)
Transparencia
tributaria (20.6%) c)
Consulta al
sector privado (12.8%) En
escala de infraestructura Colombia ocupó para el IMD la casilla 41 de la
muestra, se espera que el sector privado genere una mayor productividad, y
desarrolle el sector. En
el estudio del FEM este factor representa una
mejoría (81%) pero esto se opaca
al considerar que las variables consideradas cambiaron en nuestro favor. Los
empresarios señalan su inconformidad con la infraestructura en carreteras y al
tiempo lo acreditan como el factor que más influye en su estructura de costos. Según
el IMD se califica en el puesto 34. Pero se puede mejorar aplicando lo siguiente ·
Incrementar el
gasto en investigación y desarrollo tecnológico y el personal dedicado a estas
actividades. ·
Crear un
ambiente científico y académico más riguroso, que alcance los estándares
internacionales. El
FEM calificó a Colombia con el 97% de la muestra superándola, sin embargo se
destaca la variable de uso de comercio electrónico, donde se obtiene el puesto
30. La
ECN arroja datos muy preocupantes, al encontrar que solo el 4% ha hecho inversión
en innovación y desarrollo, y que el 66% de esa inversión ha sido con recursos
propios, principalmente por obstáculos financieros. Lastimosamente
se ocupa el lugar 43 en la tabla lo que muestra tremendos traumas en la calidad
de vida. por eso se señala lo siguiente: ·
Calificar la
fuerza de trabajo. ·
Generar
empleo. ·
Mejorar la
calidad y extender la cobertura de la educación y la salud. Con
respecto a la opinión del FEM la caída es aun más radical con un 98% de la
muestra con mejor calificación que la nuestra. La
ECN encontró que los empresarios consideran la calidad del recurso humano como
excelente en el nivel profesional , y por ultimo
los operarios obtienen la mas baja calificación, esto arroja luces sobre
las necesidades de las empresas. En
el ranking del IMD logramos el lugar 38 con lo que ganamos 3 puestos gracias a
la apertura a la competencia internacional. El
FEM nos sitúa prácticamente en
el mismo nivel que el anterior (88%). En cuanto a la ECN se encuentra que la
cultura empresarial sigue prefiriendo el crédito bancario interno para
financiar su capital de trabajo, lo mismo que para inversión. La
administración descendió al puesto 37 siendo importante el apoyo a la
productividad micro de las firmas que a su vez implementen estrategias
empresariales modernas que puedan vincularlos mejor al mercado mundial. Para
el FEM en cambio este es el factor que mejor posición encuentra siendo
superado por el 73% de los países. Parece ser que de nuestros empresarios
solo el 10% miran con importancia el sector externo al considerar la
experiencia en el campo internacional como la cualidad mas importante en para
un equipo gerencia, por encima se colocan facultades como habilidades de
mercadeo, manejo del recurso humano, segundo idioma. La
política de productividad y competitividad que se traza el Gobierno Nacional,
está estrechamente relacionada con el Plan Nacional de Desarrollo, en este
sentido se enfoca más hacia el exterior teniendo en cuenta la competitividad
internacional de la producción colombiana. El
mejoramiento del entorno en el cual las empresas se desempeñan se logra por
medio de la acumulación de factores productivos que generen economías
externas, como el capital humano, el conocimiento y la infraestructura, por una
parte; y mediante una adecuada y eficiente provisión de bienes públicos, como
la justicia y la seguridad, por la otra[1]. El
plan hace una distinción entre una productividad Macro, que abarca los factores
externos a la empresa que afectan su competitividad, donde se destacan la
seguridad, la infraestructura física, la regulación, las instituciones económicas,
la educación y el entorno macroeconómico. De otra parte, hace énfasis en la
productividad Micro, la cual agrupa los factores internos de las empresas en
donde se destacan los procesos de gestión y los procesos productivos, dándole
la responsabilidad Micro a las empresas. Por ultimo hace referencia a la
estrategia empresarial que según Porter[2]
es la capacidad de la firma para combinar sus acciones de la mejor manera
posible... diferenciando su producto del de sus rivales... la estrategia
determina la manera de posicionarse sosteniblemente
en el mercado. Como
es lógico, Colombia afronta una especial coyuntura social que merma la
competitividad del aparato exterior colombiano; el Ministerio de Comercio
Exterior, en el estudio: "Estimación De Sobrecostos A Las Exportaciones No
Tradicionales", afirma que los sobrecostos de dichas exportaciones son del
orden del 10. 38%, cifra que demuestra las difíciles condiciones externas que
afrontan las empresas en nuestro país. Los
sobrecostos citados por el Plan sector por sector son las siguientes[3] Podemos
afirmar que el entorno ajeno a las empresas es muy inestable, y que es necesaria
la eliminación de los costos de transacción que afectan la actividad
productiva nacional. Respecto
a la productividad Micro se afirma que ésta ha fluctuado en el largo plazo,
mostrando crecimientos del 4% desde 1981 a 1986, deteriorándose hasta 1993
donde se afirma que con la llegada de la internacionalización de la economía
los incrementos vuelven a ser positivos hasta la actualidad. El
plan destaca el hecho de que las empresas con vocación hacia el exterior
presentan aumentos en la productividad mayores. En términos de evolución de la
productividad total, las firmas de tamaño intermedio han tenido avances mayores
que las grandes empresas industriales. Se
afirma que las firmas nacionales presentan una serie de ineficiencias y costos
internos que afectan adversamente su competitividad internacional, donde se
destaca el alto índice de accidental laboral y los grandes sobrecostos en los
procesos de gestión y transformación que pueden llegar incluso hasta el 40% de
los costos totales de las empresas. Intuitivamente
podemos pensar que la suma de factores internos y externos merman inmensamente
las posibilidades productivas y la capacidad de competencia de nuestra nación. La
visión de las firmas de los países en desarrollo no esta de acuerdo con la
actual situación de globalización y competencia, y es necesario cambiar la
concepción que de la competencia se ha generado dentro del conglomerado como
producto de décadas de proteccionismo. Las
empresas tendrán que cambiar sus estrategias y tener horizontes de mediano
plazo para hacerlo. En términos generales las empresas de las economías en
desarrollo se caracterizan por competir con base en el bajo costo de los
factores, usan métodos ineficientes , no innovan, imitan y buscan posiciones
dominantes en el mercado local, sus horizontes de planeación son cortos, la
inversión en entrenamiento y capacitación del trabajador , en tecnología, y
en investigación y desarrollo es mínima, y finalmente su relación con el
gobierno la enfoca a obtener concesiones, licencias, subsidios, y protección[1]” Por
ultimo es vital entender que el plan no le impone toda la carga productiva a las
empresas exportadoras, ya que la influencia de los sectores no transables es
alta en la estructura de los precios de los productos que se quieren enviar al
exterior, asimismo se debe recordar que el diseño de esta política relaciona
como determinantes de la competitividad a la productividad macro (el entorno
económico), micro (con referencia a los sectores)
y la estrategia empresarial (firmas)
así que aumentar la productividad y mejorar la competitividad debe ser por
tanto, propósito de toda la sociedad. Para
facilitar la aplicación de los programas del plan, se ha establecido que las
organizaciones empresariales y las cadenas productivas serán los elementos
sobre los cuales se trabajara, aprovechando las ventajas que de por si ya tienen
por su organización tipo cluster. Según
el plan hay cuatro formas de
incrementar la productividad de una economía: a)
Disminuyendo
costos. b)
Incrementando
y focalizando la inversión en programas de tipo tecnológico. c)
Mejorando la
calidad del capital humano. d)
Produciendo
mas valor agregado en los bienes. De
esta forma podemos determinar que la productividad no solo hace referencia a los
volúmenes con mínimo costo sino que es imperioso aceptar la dimensión como la
capacidad de producir valor con costos mínimos. En
cuanto a la definición de cluster este se refiere a un grupo de empresas que
tienen fines comunes y que conforman una estructura que se retroalimenta
positivamente ya que se refuerzan mutuamente pero sin perder el ambiente de
competencia al interior, con lo cual el cliente obtendrá mejor calidad y el
cluster ganará mayor capacidad de
negociación, asimismo son centros de innovación. "El
pivote de la mayor productividad en cualquier economía descansa sobre la
estabilidad macroeconómica. Dicha estabilidad a su turno, resulta del
comportamiento y de la trayectoria que tomen el déficit fiscal y el déficit de
la cuenta corriente de la balanza de pagos".[2] Como
respuesta estratégica, el plan presenta soluciones específicas a los problemas
estructurales citados anteriormente bajo el supuesto de que con un Estado más
equilibrado, el sector privado podrá desarrollarse eficazmente y en este
sentido, las exportaciones rescatarán a la nación de la crisis social. El
plan destaca los siguientes puntos: El
plan postula que en la década de los noventa Colombia ha tenido que afrontar
serias restricciones institucionales que han impedido controlar la expansión
del gasto público, elevando sistemáticamente el monto de la deuda pública.
Con una balanza comercial deficitaria que llegó incluso a ser del 5% del PIB. "El
mejor aporte que la política macroeconómica puede hacer a la competitividad es
reducir los desequilibrios externo y fiscal para asegurar estabilidad cambiaria,
inflacionaria y en materia de tasas de interés"[3]. En
esta parte, se resalta el hecho de que a pesar de la pérdida de competitividad
de las exportaciones colombianas debido a la revaluación del peso, estas han
crecido, y se han consolidado nuevos mercados para los productos colombianos
incluyendo a los Estados Unidos o a la Comunidad Andina. Se
resalta la necesidad de garantizar condiciones equitativas a la producción doméstica
y el Gobierno se compromete a: ·
Fortalecer el
área de investigaciones de dumping, subsidios y salvaguardia. ·
Revisar el
arancel externo común para defender la producción y el valor agregado
nacional. ·
Celebrar
acuerdos de cooperación aduanera con nuestros socios comerciales. ·
Aplicar
precios mínimos y de referencia a las importaciones que presenten indicios de
subfacturación. ·
Aplicar normas
técnicas de producción que sigan los estándares internacionales. Respecto
a los productos a exportar: ·
Mejorar las
condiciones de acceso a los principales mercados de destino. (Estados Unidos,
Comunidad Andina, Japón) ·
Consolidar la
producción subregional. ·
Igualar las
condiciones de acceso de los productos y servicios colombianos a las de sus
competidores en terceros mercados. ·
Diversificar
la fuente de insumos y bienes de capital para la industria colombiana. La
administración aduanera colombiana tiene bajo su responsabilidad, dos tipos de
funciones; en primer lugar, todas aquellas relacionadas con la facilitación y
agilización de las operaciones de comercio exterior y en segundo lugar, el
desarrollo de actividades de fiscalización y supervisión para evitar el fraude
comercial a través del contrabando o a través de infracciones cambiarias. El
fortalecimiento de la DIAN y la expedición de normas y decretos aduaneros, así
como la generación de convenios con las empresas multinacionales, han sido
factores utilizados para buscar eliminar las prácticas desleales de comercio. El
plan de infraestructura presentado por el Gobierno nacional, está ligado a
cuatro grandes factores: ·
Comunicaciones
e información. ·
Costos del
transporte. ·
Costos de
interconexión y generación eléctrica. ·
Provisión de
combustibles. El
plan muestra algunos proyectos de infraestructura vial, y alienta el proceso de
privatizaciones del sector eléctrico y la liberación de los precios de los
combustibles. Lamentablemente,
en la actualidad, el factor seguridad resulta el más determinante y los
sobrecostos generados por la violencia no pueden ser controlados por el Gobierno
Nacional, además los proyectos de infraestructura están paralizados y es
evidente que la inversión productiva del Gobierno será prácticamente nula
para los años venideros. Sin contar el hecho de que las licitaciones privadas
para el mejoramiento de las vías están casi paralizadas. El
sistema de educación en Colombia presenta grandes debilidades, no solo en términos
de cobertura sino especialmente en cuanto a su calidad y correspondencia con las
necesidades de formación que requiere el país. El
plan sostiene que por medio de un programa de incentivos se promoverá
especialmente, el ingreso a carreras estratégicas para el desarrollo de la
competitividad nacional, dando prioridad a los estudiantes matriculados en
universidades que satisfagan estándares de calidad. La política de ciencia y
tecnología se constituye en un punto de entrada fundamental para la educación
superior, donde la modernización del SENA, será un punto fundamental.
"El
fondo nacional de Productividad y Competitividad tiene por objeto potenciar los
instrumentos y la capacidad institucional desarrollada en el país, con el fin
de elevar la productividad y competitividad empresarial"[4]. La
creación del Fondo, será un complemento del Sistema Nacional de Ciencia y
Tecnología, recibirá la orientación del consejo superior de Comercio Exterior
y será financiado por el Gobierno Nacional. Brindará recursos a las empresas
para mejorar la gestión y modernización empresarial desarrollando cadenas de
valor de la productividad enfocándose en las empresas con potencial exportador.
Sería pertinente destacar el hecho de que el Gobierno se preocupe por el
desarrollo de la productividad empresarial, sin embargo, los recursos utilizados
para los fondos son insuficientes y el desarrollo global del programa no parece
aplicarse adecuadamente. La
principal respuesta de política ante los problemas mostrados por el plan, se
centra en la reducción del déficit fiscal. Aunque es evidente que la nación
debe tener unas cuentas balanceadas, es imposible pensar en mejorar la
infraestructura, fortalecer la educación, mejorar la cobertura de servicios públicos
etc, sin recursos. Lo
que resulta paradójico es que mientras el Gobierno dice apoyar a la industria,
aumenta los costos de transacción mediante el aumento de recaudos por
impuestos, no se esfuerza por mejorar la seguridad, no le brinda estabilidad a
la inversión y no mejora la calidad en el transporte, con un sistema de
inteligencia de mercados ineficiente. Factores que al sumarse impiden el
desarrollo de una industria competitiva, sin ineficiencias en la distribución y
para todos. Además,
el renacer industrial es una simple defensa de las empresas existentes y en una
nación en guerra, con altos niveles de desempleo y en recesión, sería
pertinente buscar nuevos empresarios y no limitarse al capital oligopólico
nacional, esto quiere decir buscar nuevas empresas pero con nuevos dueños. Como
se muestran las cosas y como generalmente sucede, los planes de Gobierno se
reducen a simples catálogos de buenas intenciones. Actualmente
se viene avanzando en la aplicación de la política a través de los
Comités Asesores Regionales de Comercio Exterior (CARCE) que a la fecha suman
once a través de los cuales los programas especiales de competitividad como los
convenios de competitividad y los programas de construcción de ventajas
competitivas regionales llegan eficientemente a su objetivo. En el ultimo encuentro para la
productividad y la competitividad que se realizo en San Andrés se tomó como
elemento de discusión la tecnología de la información y su influencia en la
productividad de un país, con ello se da paso a un nuevo nivel de iniciativas
para el desarrollo integral de la economía Colombiana. Sin
embargo, los avances que se presentan no son tan claros y aun se cae en la retórica
y la planeación sin considerar las herramientas para aplicar las nuevas normas. Diversos
estudios sustentan la idea de que el crecimiento endógeno esta relacionado con
el cambio tecnológico, esto a su vez es un factor definitivo en el
posicionamiento de los países. El
conocimiento y sus múltiples aplicaciones son elementos centrales para el
desarrollo económico y social de las sociedades contemporáneas. La brecha
entre las capacidades científicas y tecnológicas de los países
industrializados y los países en desarrollo es una de las manifestaciones
contemporáneas de la persistencia del subdesarrollo y también una de sus
causas mayores[5].
Asimismo el potencial humano de un país es fundamental en la
implementación de esas nuevas afluencias de tecnología así como el grado de
capital foráneo es importante como propagador tecnológico. Las
incursiones teóricas sobre la influencia positiva de la investigación
en ciencia y tecnología reafirman la importancia del factor. Asimismo señalan
cuatro tipos de innovación[6]. Aprender
haciendo: mediante una mayor incorporación de capital humano en la función de
producción, se generan externalidades que determinan mayores niveles de
crecimiento Capital
humano: una mayor inversión en educación se fundamente en que esta hace parte
del desarrollo tecnológico, y es esencial en las decisiones de los empresarios
para alcanzar mayores aumentos de productividad. Investigación
y desarrollo Infraestructura
publica El
caso en si es que la inversión en investigación y desarrollo es un elemento
generador de valor agregado en los productos de la economía a optimizar los
procesos productivos y gerencias que intervienen; asimismo es de entender que la
aplicación de esta tecnología a los procesos es cuestión también de un
adecuado aparato educativo que responda a las necesidades de las empresas para
así mejorar la competitividad individual. Sin
embargo el tipo de investigación es un punto de discusión, ya que la
financiación de este tipo de inversiones no es claro, es decir, la investigación
básica debe pertenecer al estado, sin embargo las firmas no muestran un interés
en avanzar sobre las bases para crear procesos aplicables y en general no se
invierte en innovación. Tal vez esto se deba al tipo de investigación que
adelanta el estado que esta dirigido al interés social y que se aleja de los
objetivos de las empresas ó por la facilidad de importar tecnología
empaquetada, sin embargo en las
economías modernas el principal recurso es el conocimiento, y por lo
tanto, el proceso económico fundamental es el aprendizaje”. La
Política nacional de Ciencia y Tecnología[7]
se traza objetivos muy acordes con las políticas nuevas en donde el papel del
Estado se limita a acompañar los procesos y que carga el peso del desarrollo al
sector privado. En este sentido los objetivos de la política son: ·
Fortalecer la capacidad del Sistema nacional de Ciencia y Tecnología,
ampliando su acción y repercusión en las dinámicas sociales, económicas y
académicas del ámbito nacional y regional. ·
Orientar los esfuerzos de consolidación de la capacidad de
investigación y generación de conocimiento hacia temas estratégicos y críticos
para el desarrollo del país y su competitividad global. ·
Fomentar procesos de articulación entre los sectores académico,
público y privado, así como de apropiación y uso del conocimiento generado. Son
pocos objetivos, ante la inmensa tarea de mejorar la competitividad
internacional del país desde el punto de vista de las ventajas competitivas,
además, como se verá más adelante el presupuesto otorgado a la ciencia y la
tecnología, es muy pequeño, y no es acorde con las necesidades de la nación. Las
estrategias citadas para alcanzar dichos
objetivos y sus diferentes justificaciones son: El
fortalecimiento institucional del Sistema Nacional de Ciencia y tecnología
El conocimiento por sí mismo no
transforma las economías ni las sociedades. Tal capacidad se da sólo cuando la
generación de conocimiento se desarrolla en el marco de un sistema social
nacional de ciencia, tecnología e innovación, que propenda por su incorporación
efectiva, tanto al sector productor de bienes y servicios, como a la formulación
e implementación de políticas e iniciativas que contribuyan al desarrollo
social. El
Sistema Nacional de Ciencia y tecnología obedece a un diseño adecuado y bien
concebido. Sin embargo es débil y presenta deficiencias en su operación, que
se reflejan en la desarticulación de los distintos sectores y entidades del
Sistema. De ahí la necesidad de impulsar su fortalecimiento institucional, que
permita la adecuada formulación, implementación, evaluación y gestión de
estrategias y políticas de Ciencia y Tecnología[8]. Fomentos
de la investigación y de la generación de conocimiento para la solución de
problemas nacional y regionales.
Respecto a este punto se afirma
que los grupos y centros de investigación expresan la forma moderna y más
activa de organización de la actividad investigativa y científica, existen en
el país por lo menos 106 centros y 234 grupos de investigación. Estas
entidades atraviesan serias dificultades, para financiar tanto su funcionamiento
como los nuevos proyectos, siendo ésta una de las principales razones por las
cuales la investigación que hay en curso en el país sea insuficiente para
atender satisfactoriamente la solución de los problemas nacionales. Generación
de una mayor capacidad de innovación tecnológica.
El objetivo de la Política
de Innovación y Desarrollo Tecnológico es la consolidación de un Sistema
Nacional de Innovación que dinamice la interacción de los elementos científicos,
tecnológicos, productivos y financieros, nacionales y regionales y que apunten
al desarrollo de una oferta de productos y servicios exportables con capacidad
de competir en los mercados internacionales
Articulación
y consolidación de la investigación en medio ambiente y hábitat. Es
necesaria la adopción de políticas que garanticen el uso de tecnologías
limpias, y que permitan procesos productivos sostenibles ambientalmente.
Respecto a esto Colombia enfrenta graves problemas de deterioro ambiental, tanto
en sus recursos naturales renovables (suelo, agua, biodiversidad vegetal y
animal, aire, ecosistemas y hombre), como en el hábitat o ambiente construido
de la población colombiana. La investigación científica en medio ambiente y hábitat
cumple una función primordial, pues busca resolver estos graves problemas,
garantizando: ·
El conocimiento de nuestro patrimonio ecológico y de nuestro hábitat
·
Su Conservación, recuperación y manejo apropiado. ·
Su utilización
eficiente y sostenible por el hombre y demás seres vivos, con impacto ambiental
benéfico a nivel físico, social y económico. Formación
de capital humano en investigación y Desarrollo (I&D) en áreas estratégicas. Uno
de los puntos importantes que presenta el Plan de Ciencia y tecnología, tiene
que ver con el capital humano El
elemento central para el vínculo efectivo entre ciencia y desarrollo lo
constituye la formación de capital humano. La solidez de este vínculo depende
de la interacción entre educación e investigación; la educación como proceso
de aprendizaje y la investigación como proceso de generación y adaptación del
conocimiento. Los recursos humanos aparecen así, como el punto de partida del
crecimiento, la equidad y el desarrollo, dentro de una concepción según la
cual una formación de alto nivel y calidad, es condición necesaria para
producir y socializar el conocimiento, factores que ciertamente se constituyen
en ventajas permanentes para un desarrollo sostenible a largo plazo. La
globalización y el acelerado cambio tecnológico, base de la competitividad y
crecimiento exportador, hacen necesario contar con un recurso humano cuyas
características sean la flexibilidad y la capacidad de aprendizaje continuo y
de adaptación a los permanentes cambios de orden tecnológico y organizacional.
El
tipo de recurso humano requerido para la innovación, la competitividad y el
desarrollo tecnológico, supone que las empresas sean también concebidas como
espacios pedagógicos. Allí, fuera de inducir el aprendizaje permanente de los
procesos de producción, se debe apoyar la reflexión prospectiva sobre el
futuro tecnológico de las organizaciones y la transferencia horizontal de
tecnología entre directivos, profesionales, trabajadores, instituciones de
educación superior y grupos de investigación y de desarrollo tecnológico. Incremento
de actividades de apropiación social del conocimiento. Partiendo
del principio de que no existe conocimiento sin comunicación, y que es
inseparable la generación de conocimiento de su apropiación y aplicación, es
indispensable el fortalecimiento de mecanismos de comunicación e información
de la actividad científica y tecnológica, así como de la difusión, discusión
y uso de sus resultados entre académicos, investigadores, gobierno, empresarios
y público en general. En este sentido, una de las falencias que se puede
identificar en el país es que el acceso al conocimiento permanece restringido a
ciertas comunidades y regiones del país. De ahí la necesidad de trabajar por
que el conocimiento sea un bien público accesible, en lo posible, tanto a todos
los sectores de la sociedad, como a todas las regiones de Colombia. Otra de las
debilidades del sistema consiste en que muchos de los resultados de los
proyectos de investigación no son apropiados debidamente por la sociedad o el
sector productivo. Optimización
de los mecanismos de información, seguimiento y evaluación de las actividades
en Ciencia y tecnología. Consiste
en monitorear los avances en Ciencia y Tecnología. Para desarrollar
adecuadamente las estrategias planteadas. Cuando
se leen las políticas nacionales sobre Ciencia y Tecnología, encontramos que
dichas políticas son acordes con nuestras necesidades, buscan objetivos loables
e interesantes como el aumento de la productividad de las empresas, el
mejoramiento del capital humano, el desarrollo sostenible etc, sin embargo,
cuando analizamos a fondo los recursos destinados para conseguir dichos
objetivos, simplemente encontraremos que solo pueden considerarse como
insuficientes o pequeños y resulta ilógico considerar que con dichos montos se
puedan conseguir los objetivos que nuestros gobernantes dicen perseguir. El
presupuesto total para inversión en Ciencia y tecnología para el año 2000 es
de 690.000 millones de pesos, si analizamos el gasto que se le otorga al sector
privado, en innovación y desarrollo tecnológico, encontraremos que la mitad
del presupuesto total, 331.218 millones no son inversión en Ciencia y tecnología
sino apoyos indirectos a las industrias. 690.000
millones (sin contar los gastos en funcionamiento de las entidades) para Ciencia
y tecnología representa aproximadamente el 0.41% del Producto Interno Bruto, lo
que representa una cifra escandalosamente baja, teniendo en cuenta los supuestos
que acompañan al Plan de Desarrollo, al Plan Estratégico Exportador, a la Política
Nacional de Productividad y Competitividad o a la Política Nacional de Ciencia
y tecnología, en donde se le da especial énfasis a los procesos de agregación
de valor, especialización, procesos de inteligencia de mercados etc. Si
seguimos el discurso del Gobierno, encontraremos que los objetivos que se
persiguen no son consistentes con los presupuestos presentados, sin contar el
hecho de que estos serán probablemente recortados. Parece no
existir coherencia entre las políticas, los instrumentos y los
recursos, además la liberalización general de la economía y los evidentes
problemas actuales, nos hacen pensar que la nación por resolver los problemas
urgentes, parece descuidar las cuestiones realmente importantes como lo son el
desarrollo, la educación, la ciencia y Tecnología o la competitividad ganada vía
eficiencia y valor agregado y no precios. Sin embargo en la reciente
entrega sobre avances de financiamiento, de innovación y desarrollo tecnológico[1]
se hace hincapié en los proyectos de innovación que se han impulsado
gracias a los instrumentos de financiación. Se plantean soluciones a la
financiación del orden de: ·
Créditos de reembolso obligatorio ·
Cofinanciación ·
Fondo de capital de riesgo ·
Incentivos fiscales ·
Creación del fondo nacional de productividad y competitividad El
ser humano como tal es una fuente inagotable de recursos que pueden ser
utilizados eficientemente en las relaciones productivas, es así como el capital
humano cobra su importancia dentro de la teoría del desarrollo, no como un
factor mas sino también como un instrumento de bienestar ya que no se puede
concebir como un elemento mas sino como el instrumento creador, realizador, y
beneficiario en ultima instancia de los avances logrados. El
capital humano se asume desde el punto de la educación que acumula la sociedad,
que finalmente resulta generando niveles superiores de producción y
posiblemente se llegue a avances tecnológicos. “
la clave del crecimiento económico recae en el hecho de que las personas no las
maquinas pueden aprender. Inversiones que aumenten las habilidades de las
personas y su productividad arrojan por tanto, no rendimientos decrecientes,
sino constantes e inclusive crecientes[1]”. "El
reentrenamiento del recurso humano será esencial para que los
trabajadores colombianos puedan adaptarse al acelerado y constante cambio tecnológico.
[2] Las
teorías desarrolladas en los últimos diez años hacen hincapié en la inversión
en capital humano y en tecnología como principales determinantes del
crecimiento a largo plazo. De acuerdo con esta teoría, el conocimiento es un
bien de capital que tiene un producto marginal creciente. Parte de la base de
que el acervo de capital es un bien compuesto en el cual el componente de
conocimientos, o el capital de conocimientos, tiene rendimientos crecientes a
escala que contrarrestan la decreciente rentabilidad del acervo de capital físico.
Como consecuencia de ello, es posible que el incentivo a acumular capital
subsista indefinidamente. Entretanto, el cambio tecnológico termina por
determinarse en forma endógena, al igual que cualquier otro insumo que tenga un
precio y un producto marginal, y no se logra en forma exógena. Asimismo, el
rendimiento que proporcionan los conocimientos no puede ser plenamente
aprovechado por la empresa que los genera sino que, por el contrario, constituye
una externalidad que puede beneficiar a otros agentes económicos (es decir, la
información como bien público). En estas circunstancias, convendría que la
política pública estimulara el desarrollo de los sectores que llevan a la
creación o a la absorción de conocimientos, o a ambos. Las
nuevas teorías sobre el comercio internacional también hacen hincapié en las
externalidades dinámicas, tanto interiores como exteriores a la empresa. El
incremento de la productividad es consecuencia de un proceso de aprendizaje práctico
adicional y a largo plazo, basado en experiencias de producción actuales y
pasadas. Sin embargo, dentro de la economía, hay sectores que tienen mayor
capacidad de innovación tecnológica, mientras que otros son sectores estratégicos
que transmiten sus fuertes externalidades al resto del sistema de producción.
Con el tiempo, el carácter tácito, concreto y acumulativo de la innovación
tecnológica puede dar lugar a tasas divergentes de acumulación de la capacidad
tecnológica entre los países. De acuerdo con este punto de vista, podría
promoverse el desarrollo de algunas industrias que ofrezcan gran potencial para
el futuro, aplicando criterios claros para el otorgamiento de incentivos
moderados y finitos basados en la selectividad y el desempeño. El
desarrollo industrial de las dos últimas décadas se ha conformado teniendo
como epicentro un nuevo sistema técnico, que gira en torno a la información;
cuatro pilares sostienen dicho sistema: la electrónica, la informática, las
telecomunicaciones y la robótica. La introducción de dichos factores, hizo que
se llegara al fin de la era de las ventajas adquiridas y se inició una nueva
era: el de las ventajas construidas; en esta nueva fase el eje se desplaza de la
existencia de abundantes recursos naturales y mano de obra hacia la posesión
del dominio científico y tecnológico y la capacidad de innovación. Para
las empresas, hoy cuentan más los niveles de calificación de la fuerza de
trabajo (teoría de los salarios de eficiencia)
que de disponer de mano de obra barata; la disponibilidad de mano de obra
calificada se convierte en un objetivo estratégico. Los cambios originados por
los países del centro, rápidamente se han apoderado de la industria de los países
de la periferia, lo que ha obligado a muchos de ellos a reestructurar
profundamente sus sectores manufactureros, para poder seguir siendo competitivos
en los mercados internacionales. Estos procesos ya se están presentando
Colombia. Se
requieren trabajadores cuya principal cualidad sea la flexibilidad ante los
nuevos conocimientos y formas de gestión, su capacidad de aprendizaje continuo
y de adaptación a los permanentes cambios de orden tecnológico y
organizacional. Si
retomamos lo descrito por Gabriel Misas, encontraremos que la innovación, es un
factor fundamental hacia las nuevas realidades del comercio internacional, sin
embargo, las políticas diseñadas en términos de Ciencia, tecnología y valor
agregado, son muy escasas y encontraremos que no existe una estrategia realmente
integral para llegar a niveles tecnológicos aceptables en un futuro cercano. "Diversos
trabajos han mostrado que dos variables afectan de manera clara la tasa de
crecimiento de los países; la inversión en capital humano y la inversión en
capital físico"[3]. La
primera etapa en materia de desarrollo humano es el logro de una cobertura
amplia de la educación. Muchos países como Hong Kong, Corea y Singapur han
demostrado que en pocos años se puede lograr que toda la población tenga
acceso a la educación secundaria. Estos son los países que han logrado las más
altas tasas de crecimiento de las últimas décadas. En lo que respecta a
Colombia, se estimaba que un programa ambicioso de educación, que incluiría
nueve años de escolarización para todos los niños, bachillerato completo para
el 95% de los niños, más gastos en investigación, educación de adultos,
cultura y deporte según patrones internacionales, implicaría gasta 4.6% del
PIB contra el 3% del mismo que se gastaba el Estado en educación hacia 1990.[4] Sin
embargo las exigencias del mercado globalizado indican que si bien la educación
secundaria representa un factor muy importante en el desarrollo del capital
humano, este se queda corto con la instrucción que puede recibir en este nivel.
Es decir que la población debe tener acceso a otras dimensiones de aprendizaje,
talvez aun estamos a tiempo para corregir esta situación, pero será necesario
un compromiso político de muy largo plazo y la adopción de políticas de
estado para que la brecha se empiece a cerrar. Para este efecto habrá de
reestructurarse la concepción que tenemos de la educación media imprimiéndole
características técnicas que lleven a los bachilleres a una adaptación mas rápida
en lo que respecta al ejercicio laboral e inclusive como preparación mas seria
para los estadios superiores de la educación. El objetivo de la inversión en
educación es la disminución de la brecha entre los salarios de los
trabajadores calificados con los no calificados, y esto a su vez es un esfuerzo
que se hace para aumentar la demanda agregada de los agentes y el valor agregado
en la productividad. No olvidemos en ningún momento que la educación puede
mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos. El
Gobierno, destaca en el informe: "Avances en la política para la
productividad y la competitividad"[5],
lo siguiente: "La
calidad del recurso humano es un factor determinante en la productividad
empresarial, en el contexto de la internacionalización del capital humano y en
general la competencia laboral se convierte en factores diferenciados de las
empresas en el mercado, por esto, el Gobierno nacional, ha incentivado la
formación de capital humano incrementando en los últimos años la inversión
en educación y consolidando la modernización del SENA como instrumento de estímulo
al crecimiento de la productividad de la fuerza laboral. Los
esfuerzos en materia de política educativa se ha concentrado en aumentar
la inversión en el sector así como establecer un vínculo estrecho entre la
formación y capacitación del recurso humano y las actividades encaminadas a
fortalecer la investigación y el desarrollo tecnológico en las empresas". Asimismo
el estado ha iniciado la
implementación de varios programas para la formación de recursos humanos de
alto nivel, estos son: a)
programa de
capacitación no formal para la identificación de proyectos de I&D b)
difusión y
divulgación del sistema nacional de innovación. c)
Programa de
incremento en la productividad mediante proyectos de mejoramiento continuo gestión
y tecnología. d)
Proyectos
asociativos para el fortalecimiento de culturas regionales de ciencia , tecnología
e innovación. e)
Internacionalización
de empresarios y empresas Sin
embargo, en este campo, las afirmaciones del Gobierno son algo exageradas, como
se mostró anteriormente, si observamos los gastos en ciencia y tecnología, del
Gobierno, dichos gastos no sobrepasar el 0.5% del PIB para el 2000, y lo peor,
los presupuestos para COLCIENCIAS y el SENA serán recortados para el año 2001. Destacar
como un logro, aumentar el gasto en educación, teniendo en cuenta que las
necesidades modernas requieren de trabajo especializado y de calidad, es
descontextualizar las acciones. La verdadera agregación de valor se encuentra
en los procesos productivos especializados e innovadores que requieren personal
calificado, y no en la educación básica primaria ni en la secundaria, sin
embargo estas si pueden afectar positivamente la calificación de
competitividad. Es necesario profundizar las políticas respecto a la educación
superior ya que una economía competitiva así lo requiere. Podríamos
decir que mientras las políticas y las acciones industriales se encuentran en
una fase superior (post-apertura) las iniciativas en educación y la velocidad
de los ajustes se encuentran peligrosamente retardados, es decir, la concepción
de una sociedad con educación primaria y secundaria en una economía abierta,
donde la generación de conocimiento es la base, y este conocimiento se genera
en los estadios superiores de la formación profesional. Los discursos no pueden
limitarse a afirmar que el mercado suplirá siempre las deficiencias.
De nuestra capacidad intelectual, dependerá el desarrollo de nuestras
futuras generaciones. Mejorar la infraestructura educativa, y en general el
entorno global, tiene un objetivo claro, la agregación de valor y el mejor
desempeño general de la industria hacia el bienestar económico general. En
un principio, la política industrial fomentó la creación de pequeñas
empresas llevándolas a niveles de endeudamiento que resultaron ahogando a los
pequeños industriales; aparte de esto, la responsabilidad del empleo recayó en
gran parte sobre este tipo de organizaciones, que no contaban ni con los
recursos de capital ni con la infraestructura para responder a la difícil
competencia que se venía con la llegada de las empresas multinacionales y
transnacionales; hubiera sido preferible crear, apoyar e impulsar las
cooperativas industriales, las cuales habrían podido dar una mejor respuesta a
la competencia externa. Esta idea es retomada actualmente a través del apoyo a
los clusters industriales que son grupos de cadenas productivas con
retroalimentación positiva, donde las ventajas competitivas de unas se
refuerzan con las de otras. La organización de este conjunto de industrias y el
apoyo que se prestan unas a otras para la consecución de fines comunes
refuerzan mutuamente sus ventajas competitivas, mejorando la productividad al
facilitar la inclusión de innovación y lograr mayor capacidad de negociación.
Esta eficiencia en la construcción de la oferta
ha hecho que el apoyo a los clusters sea un objetivo dentro de la política
para la productividad, ya que el valor agregado dentro de estas cadenas se
aumenta mejorando la competitividad tanto interna como externa. La
concepción de valor agregado puede tener la visión tanto para el productor
como para el consumidor, siendo en
la actualidad según las ultimas teorías de la organización un problema dinámico
que compromete tanto a productores como a consumidores. Sin embargo las
exigencias de la demanda frente a la variedad de opciones y sustitutos han
llevado el concepto hacia el valor agregado que efectivamente es demandado; es
decir, que la productividad debe incluir factores de medición de realización
efectiva. En
Colombia, la verdadera agregación de valor por las vías de eficiencia y
productividad han estado estancadas. La innovación tecnológica es prácticamente
nula y utilizamos tecnologías que en estos momentos son obsoletas en las economías
de punta. Si no hay inversión en capital, infraestructura, innovación o
mejoras en las condiciones comerciales, las únicas herramientas para mejorar la
competitividad de nuestra nación, estarán ligadas a políticas de carácter
fiscal o monetarias, las cuales deberían acompañar, más no inducir el
comportamiento de los agentes. Como podemos ver, las vías de generación de
valor agregado son diversas y necesitan de la atención del sector oficial como
de la responsabilidad de los mismos empresarios, los cuales deben abandonar los
supuestos tradicionales de la empresa protegida y mejorar sus esfuerzos en la
creación de un sector industrial de punta, que realmente beneficie el
desarrollo social, y que sea lo suficientemente fuerte para sortear las
coyunturas. Las
expectativas por la apertura de la economía fueron alimentadas por un ingenuo
espejismo competitivo. Se supuso, que el solo hecho de abrirnos comercialmente
era sinónimo de éxito inmediato e inminente, de ahí las grandes expectativas
que se formaron sobre el proceso de apertura, sin embargo el marco institucional
y la preparación real del país eran insuficientes, e inclusive se podría
pensar que el concepto de Política Industrial desapareció del escenario
durante varios años bajo los supuestos de suficiencia del mercado para
solucionar los problemas que se presentaran. Parece
haber consenso en afirmar que los procesos de globalización están
incrementando la brecha entre los países desarrollados y el mundo
subdesarrollado. Nuestro
inconsciente colectivo pronto mostró su destructivo alcance al terminar con un
mercado interno saturado de mercancías importadas que no siempre suponían
buena calidad y con miles de desempleados y empresas quebradas; solo hasta
entonces se hicieron los estudios de impacto de la apertura en la pequeña
mediana y gran empresa, con resultados bastante reveladores y para algunos
inesperados. En esto se debe mencionar la explotación de redes de distribución
y los problemas de carácter especulativo que evidenciaron nuestra debilidad
financiera y nuestra incapacidad de responder adecuadamente a los retos de la
apertura, con los consecuentes desarreglos en los agregados de la producción y
el empleo. El
panorama económico actual ha puesto en duda el enfoque neoliberal, los
mecanismos automáticos del mercado, liberados a su propia suerte no
necesariamente son óptimos, ya que no vivimos en mercados perfectos. La
evidencia nos muestra como ahora las empresas buscan apoyo en el Estado y como
la sociedad en general, reclama mejores condiciones de su aparato estatal.
Nuestra limitación, es el mundo global, en este sentido competir en desventaja
y abrirnos al mundo no ha sido satisfactorio, lo que todavía no se puede
establecer es si a largo plazo, podremos salir adelante, o simplemente tenemos
que volver a cerrarnos y cambiar nuestros paradigmas de desarrollo. Los
límites principales del proceso de reestructuración de América Latina, se
encuentran en la estructura productiva que ha profundizado su deterioro y
desarticulación. Este proceso esta acotado por la recomposición del mercado
mundial, ya que la competencia por espacios económicos de producción y de
realización es más intensa, en un marco de lento crecimiento de las economías
desarrolladas y de lento crecimiento del mercado mundial. Otro
aspecto que resalta la actual situación, es la debilidad financiera y la pérdida
de autonomía de nuestras naciones. Los empresarios latinoamericanos están
actuando solo para el corto plazo, y las únicas empresas que triunfan son las
que tienen inversión extranjera directa, en otras palabras, las que no
poseemos. Las
estructuras son débiles y se
enfocan a los sectores no productivos o de servicios, acentuando los
desequilibrios productivos y sectoriales de las economías latinoamericanas. En
este escenario y frente a un mercado interno deprimido, surge con fuerza el
sector informal. Al conjugarse en este, la producción y el intercambio de
productos, que ha permitido resolver por el momento, la reproducción del grueso
de la población y contener el estallido social. Ante
esta situación, la modernización de los aparatos productivos es fragmentada y
lamentablemente excluyente. Los proyectos nacionales deben ser más complejos,
apoyar la obtención de excedentes económicos nacionales, y deben aumentar el
ahorro interno defendiendo a la población, es necesario incentivar la inversión
productiva, atender al mercado interno manteniendo las relaciones con el
exterior, resolver la crisis y crear empleos, esta comprobado que las recetas
aplicadas en América Latina solo han beneficiado a unos pocos y cada día somos
más pobres y dependientes. Necesitamos
un estado que garantice educación, seguridad social y capacitación, incorporar
otras formas de producción y de organización de la sociedad, que permita
visualizar la verdadera complejidad de la situación actual. Colombia vive una
especial coyuntura, y las soluciones a nuestros problemas requieren soluciones más
agresivas a la realidad nacional, la violencia y la coyuntura social, deben ser
actores activos en la construcción de las políticas y no parece haber
coherencia entre lo que las altas esferas dicen hacer y lo que realmente sucede. La
falta de preparación de nuestra nación, se ha evidenciado en los múltiples y
graves inconvenientes que hemos sufrido muchos colombianos en los últimos años,
cualquier avance nuevo en crecimiento o infraestructura social, simplemente
recuperará el terreno que hemos perdido en la última década. La
industria adolecía de retardos en la utilización de nuevas tecnologías, las
pequeñas empresas sucumbieron por la falta de capital en todas sus
manifestaciones Y mientras tanto las grandes resultaban demasiado vetustas y
poco inclinadas a la renovación y el replanteamiento de sus organizaciones, por
otro lado las catalogadas medianas empresas pudieron responder mejor por su
capacidad de acomodamiento y eficiencia administrativa, sin embargo los
productos componentes del stock exportable siguen siendo los mismos pese a un
reciente repunte de los no-tradicionales. El
retomar la Política Industrial como una herramienta efectiva y necesaria,
refleja una maduración en la conciencia del Estado, el cual retoma su papel
dentro del contexto del desarrollo del país por la vía industrial enfocada al
mercado externo. El reconocimiento de la importancia de un sector exportador
fuerte dentro del nuevo panorama mundial comercial resulta obvio, sin embargo
parece ser que esto no es suficiente y las acciones de Política Industrial
resultan imprescindibles. Dentro
de ese menú de Políticas Industriales los planes y programas que realzan la
competitividad parecen ser los que mayor atención concentran, sin embargo no
podemos considerar que la infraestructura es el único elemento importante
dentro de la competitividad, en otras palabras, la creación de valor agregado
se fundamenta en la optimización de la utilización de todos los recursos en el
proceso de producción, pero al mismo tiempo la innovación y la creación de
nuevas fórmulas productivas junto con los nuevos descubrimientos y su aplicación
fruto de la investigación crean ventajas que llegan a ser decisivas en la
competencia por la realización de los productos y el firme asentamiento en los
mercados. Los
indicadores de competitividad hablan por sí mismos; Colombia no es competitiva
aún y serán necesarios muchos años de inversión seria y constante en
educación en todos los niveles con un desarrollo mayor en la investigación
científica y tecnológica para alcanzar los grados deseados de aprensión
tecnológica, modernización y mejoramiento del capital humano. La concepción
de la educación para los colombianos debe ampliarse, y debe considerar los
elementos técnicos y científicos básicos en la formación de los estudiantes
para una incorporación más provechosa al aparato productivo, esto quiere decir
tomar conciencia y exigirnos mejor calidad en la educación tanto por parte de
los instructores como de los alumnos. La
abstracción teórica de los elementos que en este trabajo se manejaron pueden
resultar distrayendo nuestra atención hacia la realidad social y de orden público
que atraviesa Colombia; es decir, debemos tener en cuenta los problemas de
inseguridad y violencia para que con iniciativas hacia el desarrollo, busquemos
la paz y no gastemos en armas y ejércitos
lo que bien podría utilizarse en educación y desarrollo.
Resulta
paradójico el hecho de que la inversión del estado en capital humano, ciencia
y tecnología este disminuyendo en nuestro País, siendo que es así como
podemos a largo plazo construir una "Empresa Colombia" eficiente y
competitiva, atractiva para vivir y disfrutar y generadora de bienestar para sus
habitantes. BEJARANO
Jesús Antonio. " Industrialización
y Política Económica" 1950-1976. Tomado en www.banrep.gov.co
75p. BONILLA GONZÁLEZ Ricardo.
"Desequilibrios, crisis y emergencia económica"
En Revista Síntesis
1999. Anuario Social, Político y Económico de Colombia. BONILLA
GONZÁLEZ Ricardo. UMAÑA MENDOZA
Germán. ZERDA SARMIENTO Alvaro. Una
propuesta de política Industrial para Colombia / Ministerio de Desarrollo Económico.
Universidad Nacional de Colombia CID. Santafé de Bogotá. 1998. CORIAT
Benjamín. "Política Industrial,
Modelos de organización empresarial y Competitividad. Seminario Intensivo de
Investigación, organizado por PIETTE (Programa de Investigaciones Económicas
sobre Economía y Empleo. Universidad de los Trabajadores de América Latina.
Tomado en www.utal.org DE
MARIA Y CAMPOS,
Mauricio. “Políticas Y Estrategias Industriales Ante El Reto De La
Competitividad”, En. Capítulos / SELA , No 41, oct-dic. 1994 GARAY
Luis Jorge. "La Industria en América
Latina ante la Globalización". Colciencias, DNP. Tomado en www.dnp.gov.co
GONZÁLEZ
Pedro Javier: "La Política
Industrial en la era de la Globalización" En Revista Comercio
Exterior/ México, Volumen 48 No 7 Julio de 1998 JUNGUITO B Roberto.
El Banco de la República y la situación económica: Algunas reflexiones. En
Revista Banco de la República, Junio de 1999. HERNÁNDEZ Rafael y OLIVA
Carlos. "Descentralización en
Colombia: Nuevos Desafíos" Banco Interamericano de Desarrollo, 1998.
Tomado en www.iadb.com KRUGMAN.
Paul Y OBSTFELD, Maurice.
Economía Internacional. McGRAW-HILL Segunda Edición, Madrid 1996 LÓPEZ
Ney. "Reprecisiones de la
Globalización en el Desarrollo: La integración como respuesta" En Revista
Capítulos No 50. Abril - Junio 1997. p. 35. MARIN
VANEGAS Wilson.
El Fondo de las exportaciones, En
Revista Javeriana, Mayo 1999. No 654. MISAS,
ARANGO Gabriel. “ Algunos elementos
para la construcción de una estrategia de desarrollo industrial ”en
Estrategia industrial e inserción internacional. L.J. Garay (Ed.), Fescol,
Bogotá, Diciembre de 1992. MISAS
ARANGO Gabriel.
Colombia: Estrategia Empresarial en la Apertura". En Grandes
empresas y grupos industriales latinoamericanos p. 335. MOSQUERA
MESA Ricardo. "Colombia Frente a la
Globalización: Opción Europa": ICFES, 2000. P. 259. OCAMPO
José Antonio."Distribución del
Ingreso, Pobreza y Gasto Social en América Latina". Presentación en la
primera Conferencia de las Américas convocada por la Organización de Estados
Americanos Washington, Marzo 6 de 1998. Tomado en www.cepal.org. OEI,
UNESCO, 1999. "La ciencia para el
Siglo XXI: una nueva visión y un marco para la acción", Conferencia
Mundial sobre la Ciencia. Budapest, julio de 1999. ONUDI.
“Consecuencias De La globalización Para El Desarrollo Industrial”, En
Capitulos/SELA , No 51, jul-sep. 1997 ORTEGA ACOSTA, Francisco J.
Reformas estructurales y estabilización. En Revista Banco de la República,
Junio 1991. PERES
Wilson (copilador) "Grandes empresas
y grupos industriales latinoamericanos". Siglo veintiuno. Primera edición
1998. 472. p. PEREZ,
Carlota. “La
modernización industrial en América Latina y la herencia de la sustitución de
importaciones”, en Comercio Exterior, Mayo de 1996 PORTER
Michael.
"The competitive of advantage nations", Free Press, Nueva York, 1990 En
Revista Comercio
Exterior Vol 48 No 7 Julio de 1998. RAMOS
Joseph.
Impacto de la Modernización Tecnológica. En Revista Capítulos. No 51
Junio - Septiembre 1997. p. 25 SÁNCHEZ
AVENDAÑO Gabriel. "Comercio
Exterior e Integración Económica":
Grandes expectativas en un contexto poco favorable". En
Revista Javeriana, Septiembre de 1999. SARMIENTO
PALACIO Eduardo. "Apertura y
Crecimiento Económico: De la desilusión al nuevo Estado", Escuela
Colombiana de Ingeniería. Tercer Mundo Editores. Julio de 1996. 207 p SELA.
Capítulos, No 48, oct-dic. 1996, Foro “Dilemas Y Desafíos De La Política
Industrial”. TENJO
G Jaime.
"Distribución de Ingresos y Recesión Económica". En
Revista Javeriana, Mayo 1999 No 654. THUROW
C. Lester.
"El Futuro del Capitalismo". Javier Vergara. 1997. TOURAINE
Alain: ¿Podremos vivir juntos?. La
discusión pendiente: El destino del hombre en la aldea global, FCE, Buenos
Aires 1997. URRUTIA MONTOYA Miguel.
Antecedentes de la Recesión y Estrategia de Reactivación
En Revista
Banco de la República, Julio 1999. URRUTIA MONTOYA Miguel.
La autonomía del Banco de la República
y el reciente fallo de la Corte Constitucional. En Revista Banco de la
República, Octubre de 1999. URRUTIA
MONTOYA Manuel: "Hacia La Aceleración
Del Crecimiento Económico", En Revista Banco de la República. Agosto
1996. VILLAR GÓMEZ Leonardo. ¿La
economía colombiana se abrió o se cerró en la década de los noventa?. En
Revista Banco de la República,
Marzo de 2000. ZERDA
SARMIENTO Alvaro. "Tendencias del
Pensamiento Económico sobre Desarrollo Industrial". En Una Propuesta de
Política Industrial para Colombia. ZERDA
SARMIENTO Alvaro y RINCÓN GILLE Nicolás.
."La Pequeña y Mediana Industria en la Encrucijada".
Santafé de Bogotá: Universidad nacional de Colombia. Facultad de
Ciencias Económicas. 1998. Documento
CONPES No 3080 "Política Nacional
de Ciencia y Tecnología 2000 - 2002". Documentos: Ministerio
de Desarrollo. "Política Industrial
para una Economía en Reactivación", documento publicado por el Ministerio
de Desarrollo. En www.mindesa.gov.co Presidencia
de la República. "Política para la
Productividad y la Competitividad". Ministerio de Desarrollo Económico.
Tomado de www.mindesa.gov.co Presidencia
de la República: "Avances en la Política
para la Productividad y la Competitividad". Ministerio de Comercio Exterior
Santiago de Cali Febrero 10 y 11 de 2000. Presidencia
de la República. Plan Nacional de
Desarrollo 1998 - 2002 "Cambio
para Construir la Paz". "La visión del Cambio",
En www.dnp.gov.co Presidencia
de la República. Plan Nacional de
Desarrollo 1990 - 1994. "La Revolución Pacífica. Tomado de www.dnp.gov.co.
Publicación enviada por ilustrado Contactar http//:www.dnp.gov.co Código ISPN de la Publicación EpZEkpVFAumJerSawF Publicado Thursday 11 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | ||||||||