Resumen: El estómago es un órgano perteneciente al aparato digestivo que se sitúa en la mitad superior izquierda de la cavidad abdominal y se extiende desde la parte final del esófago hasta el duodeno con el que comunica a través de un orificio denominado píloro.
Publicación enviada por Dra. Judith Márquez Pradera
Estómago
y duodeno: ¿Por qué son necesarios?
El estómago es un órgano
perteneciente al aparato digestivo que se sitúa en la mitad superior izquierda
de la cavidad abdominal y se extiende desde la parte final del esófago hasta el
duodeno con el que comunica a través de un orificio denominado píloro. Tiene
forma de bolsa y su pared está constituida por diversas capas, de las cuales,
una se denomina capa muscular.
El estómago es un órgano especializado en el almacenamiento y en la preparación
del alimento para su absorción en el intestino. En el estómago, el material
semisólido que resulta de la masticación se convierte en un líquido gracias a
las contracciones de su pared muscular y a los enzimas y ácidos segregados por
una capa interna del estómago denominada mucosa. Cuando el alimento ha
adquirido la consistencia blanda adecuada atraviesa el píloro y pasa al duodeno
que es la primera porción del intestino delgado y que presenta forma de tubo.
Las funciones del estómago se pueden dividir en:
- Funciones
mecánicas: Almacenamiento, mezclado y vaciado del contenido gástrico.
Estas funciones dependen de la capa muscular.
- Función
secretora: La actividad secretora del estómago es considerable ya que
produce entre 500 y 1500 ml de jugo gástrico en el individuo en ayunas. En
cada comida, esta secreción aumenta. El jugo gástrico es un líquido claro
que contiene moco, agua, electrolitos, ácido y enzimas. El moco tiene una
misión protectora de las paredes del estómago.
El estómago también produce determinadas hormonas que intervienen en
diversas funciones celulares.
¿Qué es una úlcera?
La úlcera es una herida que
puede localizarse en cualquier tramo del tubo digestivo. Sin embargo, se
localiza más frecuentemente en el estómago y en el duodeno denominándose de
esta forma úlcera gástrica y úlcera duodenal.
Las úlceras pueden ser superficiales o profundas. Éstas últimas presentan una
mayor gravedad para el paciente y un mayor riesgo de complicaciones.
¿Por qué se desarrolla la úlcera?
En
el desarrollo de la úlcera desempeñan un papel importante el ácido y la
pepsina, enzima producida por el estómago que interviene en la degradación de
las proteínas ingeridas. Así, un desequilibrio entre los factores agresivos gástricos
(ácido y pepsina) y los factores protectores (como el moco producido por
determinadas células tanto en el estómago como en el duodeno) puede hacer que
las defensas de la capa interna sean insuficientes apareciendo entonces la úlcera.
Aunque los conocimientos respecto a la causa de las úlceras son incompletos, la
información disponible respalda que una bacteria denominada Helicobacter pylori
desempeña un papel muy importante en la aparición de la úlcera y que son
necesarios también el ácido y la pepsina. El Helicobacter pylori produce
determinadas sustancias que favorecen el daño de la mucosa.
Se ha demostrado la
presencia de este microorganismo en el 95-100% de los pacientes que presentan úlcera
duodenal y en alrededor del 80% de los pacientes con úlcera gástrica. Podemos
decir entonces, que la infección por esta bacteria se acompaña de un mayor
riesgo de padecer úlcera.
No obstante, hay que considerar que la infección por esta bacteria es común y
la mayoría de las personas que la tienen no padecen úlcera encontrándose sin
síntomas.
Por otra parte, existen diversas sustancias que favorecen el desarrollo de la úlcera
como determinados medicamentos utilizados para suprimir el dolor y la inflamación
(ácido acetilsalicílico y otros antiinflamatorios) y el tabaco.
Además se sabe que en pacientes con diversas enfermedades (renales, hepáticas
y otras) la incidencia de la úlcera es mayor.
¿Cómo se manifiesta la úlcera?
Entre las manifestaciones
que pueden presentar los pacientes con úlcera gástrica o duodenal destacan las
siguientes:
- Dolor
de estómago.
- Náuseas
y/o vómitos.
- Pérdida
de apetito.
- Pérdida
de peso.
- Sensación
de gases.
- Hinchazón
abdominal.
No obstante, en ocasiones el paciente está completamente asintomático.
El dolor de estómago es el síntoma más frecuente. Suele describirse como
agudo o quemante aunque a veces es difícil de definir, pudiendo percibirse como
una sensación de presión en el abdomen, de hambre o de plenitud. Este dolor
suele aparecer de forma característica 2-3 horas después de las comidas y a
menudo despierta al enfermo por la noche.
Puede aliviarse con la ingestión de comida o con antiácidos, probablemente,
como consecuencia de la neutralización parcial del ácido gástrico. Sin
embargo, esta característica es más común en la úlcera duodenal que en la gástrica.
Los episodios de dolor pueden persistir durante períodos de varios días,
semanas o meses y pueden presentar un carácter estacional reapareciendo en los
meses de primavera u otoño. Durante intervalos variables de tiempo el paciente
puede estar asintomático.
¿Qué complicaciones puede presentar la úlcera?
Las úlceras graves y no
tratadas pueden causar en ocasiones una hemorragia digestiva, una perforación
de la pared del estómago o duodeno y una obstrucción.
- La
hemorragia digestiva se puede manifestar en las heces, que aparecen negras
(melenas) o sanguinolentas. En ocasiones, el paciente tiene un vómito de
sangre o con aspecto de posos de café (hematemesis).
- La
perforación de la pared del estómago o del duodeno puede provocar un dolor
brusco, intenso en todo el abdomen o una hemorragia importante, que puede
apreciarse por un vómito de sangre roja o con aspecto de posos de café.
Esta situación supone una urgencia médica que precisa inmediata atención
hospitalaria.
- La
obstrucción se produce debido al proceso inflamatorio de la úlcera que
reduce el calibre de la porción afectada impidiendo el paso adecuado del
alimento. Síntomas de obstrucción son las náuseas, vómitos, distensión
abdominal y la pérdida de peso.
¿Cómo se diagnostica una úlcera?
Si el paciente presenta
síntomas sugerentes de padecer una úlcera, debe acudir a su médico. El
médico, mediante un interrogatorio sobre los síntomas y hábitos del paciente
y una exploración física adecuada, podrá indicar las pruebas diagnósticas
pertinentes e instaurar el tratamiento necesario que evite la progresión de la
úlcera y que favorezca su cicatrización.
Entre las pruebas diagnósticas empleadas en el estudio de una úlcera destacan
las siguientes:
- Endoscopia
digestiva alta: Consiste en la introducción cuidadosa de un tubo por la
boca mediante el cual el médico logra ver directamente el esófago, el
estómago y el duodeno. Este tubo presenta una luz y una cámara diminuta en
la punta. Esta técnica permite valorar si existe úlcera o no y obtener una
muestra de tejido para su análisis microscópico. Aunque resulta molesta
para el paciente, no produce dolor y es altamente sensible y eficaz.
- En
ocasiones, aunque cada vez de forma menos frecuente, se puede realizar una
radiografía gastroduodenal con contraste. Para esta prueba, el paciente ha
de ingerir previamente una papilla específica. Esta técnica tiene
importantes limitaciones y no es tan exacta como la anterior.
¿Cómo se diagnostica la infección por helicobacter pylori?
Debido a la alta frecuencia
con que la bacteria Helicobacter pylori se presenta en las úlceras gástricas y
duodenales, es importante determinar si está o no presente, ya que su
existencia tiene implicaciones en el tratamiento.
Entre los métodos empleados para diagnosticar la presencia de este germen en el
tubo digestivo destacan los siguientes:
- Endoscopia
digestiva alta: Como antes se mencionó, la endoscopia permite la obtención
de una muestra de tejido que se analiza para determinar si la bacteria está
presente o no. Esta técnica también permite hacer un cultivo de la
bacteria.
- Prueba
del aliento: Se realiza normalmente después del tratamiento para ver si
éste ha sido efectivo y si la bacteria se ha eliminado. En el consultorio
médico, el paciente bebe una solución determinada y se realiza un estudio
del aire espirado para determinar si existe una sustancia producida por el
germen.
- Análisis
de sangre: Permite detectar anticuerpos frente a dicha bacteria.
¿Cómo se trata la úlcera?
El
acudir a tiempo al médico y seguir sus indicaciones son fundamentales para la
cicatrización y la curación de la úlcera.
El médico puede prescribir varios tipos de fármacos entre los que destacan los
siguientes:
- Los
antiácidos que son capaces de neutralizar el ácido del estómago.
- Los
antisecretores que resultan más eficaces que los anteriores y ejercen su
acción reduciendo la secreción de ácido por el estómago. Dentro de
éstos destacan los anti-H2 y los inhibidores de la bomba de protones. En
caso de que se demuestre la existencia de Helicobacter pylori se debe
administrar además un tratamiento antibiótico que la elimine. La úlcera
no complicada no requiere ingreso hospitalario a diferencia de la úlcera
complicada. El tratamiento quirúrgico de la úlcera se utiliza en casos de
complicaciones graves como la hemorragia digestiva que no responde a otras
medidas terapéuticas, la perforación y obstrucción importante.
Recomendaciones para el paciente
Se aconsejan las siguientes
medidas generales:
- Vigilar
y cuidar la dieta: Es preferible condimentar poco la comida y comer
pequeñas cantidades pero con más frecuencia.
- Reducir
el consumo de alcohol.
- Evitar
el tabaco.
- Tomar
con precaución medicamentos potencialmente dañinos para el estómago como
el ácido acetilsalicílico y otros antiinflamatorios. En caso de duda, es
aconsejable consultar antes al médico.
En los pacientes en tratamiento por una úlcera se aconsejan además las
siguientes medidas adicionales:
- Cumplir
adecuadamente el tratamiento prescrito por el médico para la curación de
la úlcera.
- Someterse
a las revisiones que el médico indique.
- No
consumir medicamentos dañinos para el estómago y consultar siempre al
médico antes de iniciar este tipo de tratamientos.
- Ante
cualquier medicación o enfermedad advertir al médico que padece una
úlcera.
Autor:
Dra. Judith Márquez Pradera
Médico Especialista
en Aparato Digestivo
Comité Editorial de Saludalia
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