Monografias | Desercion escolar y pobrezaDesercion escolar y pobrezaResumen: En los últimos días se ha difundido, profusamente, un estudio de Paz Ciudadana y Adimark sobre deserción escolar, cuya conclusión, más destacada, ha sido identificar la desmotivación, la "flojera" y el embarazo adolescente como las principales causas de ésta. En los últimos días se ha difundido,
profusamente, un estudio de Paz Ciudadana y Adimark sobre deserción escolar,
cuya conclusión, más destacada, ha sido identificar la desmotivación, la
"flojera" y el embarazo adolescente como las principales causas de ésta.
En nota de El Mercurio, del pasado 13 de junio, J.J. Brunner y Roberto Méndez
aparecen afirmando: "...en deserción escolar ya no prevalece la
pobreza". En la misma dirección editorializa El Mercurio (17/07/02) unos días
después: "debe dejarse a un lado la antigua intuición de que los
desertores del sistema escolar lo son por la pobreza". Estas afirmaciones
contradicen un gran cúmulo de evidencia e investigaciones - no se trata solo de
"intuiciones" como afirma el editorialista- que establece la estrecha
relación existente entre situación socioeconómica y deserción escolar. Se vuelve así a ese antiguo tópico conservador
según el cual los pobres son pobres porque son "flojos". El tema es
particularmente relevante en el actual contexto de las políticas educativas,
toda vez que el Presidente Lagos ha anunciado la meta de 12 años de escolaridad
obligatoria, lo que significa alcanzar cobertura plena en la educación media,
para lo cual se deben identificar aquellas políticas públicas más adecuadas
para acabar con la deserción escolar en el nivel secundario. La Encuesta CASEN (2000) es especialmente
reveladora para entender la vinculación entre pobreza y deserción escolar. Así,
mientras el ingreso mensual promedio del hogar de los jóvenes incorporados al
liceo es de $ 450.434, en los hogares de los no incorporados este alcanza sólo
a $ 234.889. Esto explica el hecho fundamental que el 76% de los jóvenes
desertores pertenezcan al 40% más pobre de la población. Asimismo, si incorporamos la variable capital
cultural de las familias, que por cierto está íntimamente vinculada a la
condición socioeconómica, podemos constatar evidencia que refuerza esta relación.
Mientras la escolaridad promedio de los jefes de hogar de los jóvenes
desertores es de 5.9 años, la de los padres de los jóvenes que se mantienen en
el sistema escolar es de 9.3 años. La CASEN 2000 consulta también sobre cuales son
las principales causas que se identifican con el abandono escolar, predominando
las respuestas asociados a factores de vulnerabilidad social (dificultades económicas
y búsqueda de trabajo) con un 36.3% , seguida por la maternidad o el embarazo
con un 14% y "falta de interés" con otro 14%. Estas dos últimas
razones coinciden con lo señalado en el estudio Adimark, pero la Casen 2000
demuestra, con claridad, que la causa principal sigue siendo la vulnerabilidad
socio-económica de los jóvenes y sus familias. El énfasis que nos propone Paz Ciudadana y
Adimark para explicar la deserción escolar no pasaría de ser un tic
conservador sin mayor trascendencia, sino estuviéramos en el contexto de
definir las políticas más idóneas y los financiamientos respectivos para
acabar con el abandono escolar. Hasta ahora el gobierno ha venido enfrentando
este desafío a través de la entrega de becas y de otras políticas de apoyo -vía
el programa Liceo Para Todos- para aquellas familias y jóvenes que presentan
mayor vulnerabilidad socioeconómica y que por lo mismo se encuentran en mayor
riesgo de deserción escolar. Hacer posible los 12 años de escolaridad
obligatoria implicará en los próximos años aumentar sustantivamente el número
de estas becas así como de aquellas dirigidas a la población indígena (sector
con altos índices de pobreza y de abandono escolar); desarrollar programas de
nivelación de estudios para los padres con escolaridad incompleta; mejorar los
internados y sistemas de acogida para los niños y jóvenes que desde el mundo
rural deben proseguir sus estudios en la ciudad; actualizar y mejorar los
procesos de reforzamiento de estudios, en primero medio, pues el fracaso escolar
en el inicio de la educación secundaria repercute en el rendimiento en los años
posteriores y con ello en la probabilidad de completar la educación secundaria. Se requiere, por tanto, profundizar políticas de
discriminación positiva hacia los sectores más pobres, revirtiendo los
problemas de rendimiento y motivacionales asociados a variables de
vulnerabilidad social y a la eventual ventaja económica que pudiera significar
para las familias más pobres un ingreso prematuro de niños y jóvenes al mundo
laboral, con el consiguiente abandono del sistema escolar. Resulta preocupante este nuevo esfuerzo
conservador por minimizar, en el campo de la educación y también en otros ámbitos
de las políticas sociales, la importancia y significado de las desigualdades
socioeconómicas. Se trata de esta forma de restar valor a las políticas de
equidad y de focalización en marcha. Ello es particularmente grave e
insolidario en un país con tan profundas desigualdades y carencias sociales
como el nuestro. Publicación enviada por Ernesto Águila y Mauricio Jelvez Contactar http://www.colfem.com Código ISPN de la Publicación EpZElyVklEyouDsnAn Publicado Friday 19 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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