Monografias | La privatizacion como innovacion: privacion y exclusion social en ArgentinaLa privatizacion como innovacion: privacion y exclusion social en ArgentinaResumen: La falta de recursos económicos para innovar o modernizar infraestructuras o la producción de bienes y servicios condujo a la privatización de prácticamente la totalidad de las empresas del Estado argentino. Este hecho viciado por la falta de transparencia, reemplazo de monopolios estatales por monopolios privados, entre otros, y con un alto coste social produce una constante privación y exclusión de amplios sectores de la población. La privatización como innovación: privación
y exclusion social en Argentina (Resumen) La falta de recursos económicos para innovar o
modernizar infraestructuras o la producción de bienes y servicios condujo a la
privatización de prácticamente la totalidad de las empresas del Estado
argentino. Este hecho viciado por la falta de transparencia, reemplazo de
monopolios estatales por monopolios privados, entre otros, y con un alto coste
social produce una constante privación y exclusión de amplios sectores de la
población.
Palabras clave: Argentina/ innovación/
privatización/ privación/ exclusión social.
The lack of economic resources in order to
inovate or modernice infraestructures or the production of goods and services
was conduces for the privatization of practicaly all of the enterprises of the
argentinian satate. This effect was made for the lack of transparency, amond
other, the states monopolies were replaced with private monopolies, and with a
high social cost, a constant privation and exclusion of large sectors of the
population were produced.
Key Words: Argentina/ innovation/
privatization/ privatio/ social exclusion
En primer lugar quiero expresar que el término
que precede esta convocatoria, muy en boga en la actualidad, está siendo
distorsionado a través de erróneas interpretaciones propaladas mediáticamente.
Se da a entender que en la mayoría de los casos este vocablo sólo se refiere a
cambios tecnológicos, más precisamente de alta tecnología. Permanentemente
los medios de comunicación masivos refuerzan esa idea; incluso muchos de
nuestros pares universitarios no reparan en ampliar el concepto del término,
anclados en una posición eurocentrista. Sin embargo, la innovación como forma
de introducir nuevas ideas, novedades a "alguna cosa" en general, pone
en evidencia la falta de interés por el resto de los aspectos que se pueden
innovar, porque la innovación, como sabemos, se pude presentar a través de múltiples
manifestaciones: epistemológicas, científicas, políticas, sociales, económicas,
culturales, entre otras(1).
No por estas cavilaciones debemos dejar de
prestarle la merecida atención a otras dimensiones de la innovación que
incluye, además, cambios tecnológicos, sin los cuales no habría desarrollo,
aunque insistiendo en la noción de proceso. La tecnología vista así es un
medio importante, pero las innovaciones son mucho más amplias, y de alguna
manera se relacionan o dependen de ésta. De la innovación aplicada a un
espacio tangible, América Latina, se infiere, por una parte, que la referida al
aspecto tecnológico es fundamental para la provisión de servicios esenciales:
vivienda, infraestructura, servicios, comunicación, informática, producción,
gestión y transporte; y por otra, la realidad nos demuestra que la incorporación
y difusión de nuevas tecnologías estuvo supeditada en el pasado y en el
presente a la transferencia de los países más avanzados y a los
condicionamientos impuestos por los créditos externos, inversiones, pagos de
patentes, mantenimiento, rápida obsolescencia de sistemas productivos sin
recursos económicos para modernizarlos o reemplazarlos, sin que las acuciantes
necesidades y crecientes demandas sociales de un amplio segmento de la población
hayan sido satisfechas por completo(2).
En lo concerniente a la difusión espacial de la
nuevas tecnologías o avances científicos, el rol que desempeñan las ciudades
centrales en América Latina -dependientes además de los centros de poder
mundial- y sus entornos innovadores como aglutinantes de la mayor parte de los
mismos, y que ejercen como centros hegemónicos del poder político-económico a
nivel nacional, luego se propagan con menor intensidad a otras ciudades
intermedias o pequeñas, poniendo en evidencia una centralización, no actual,
secular. Es así que la fricción del espacio ejercida por la distancia va
difuminando los efectos de los factores que podrían proporcionar mayor
bienestar. Por otra parte, debido a la localización excéntrica, en su mayoría,
de los centros productivos y receptores de nuevas tecnologías, "los
espacios de la innovación" no irradian a las periferias nacionales sus
bondades, y si se producen afecta a un mínimo de la población -efecto
barrera-, abriéndose una brecha cada vez más extendida, hasta llegar a
extremos donde la exclusión social y la segregación territorial es extrema.
Por lo tanto, los mecanismos de difusión de la innovación a todos los espacios
habitados debieran asegurar una relación no ficticia entre éstos y las
autoridades nacionales, o entre la ecuación universidad-empresa; su aplicación
debiera consolidarse desde las disciplinas científicas, asociadas, por otra
parte, a la provisión de bienes y servicios puestos a disposición del
desarrollo urbano y regional, no como entes abstractos, sino teniendo en cuenta
que en esos espacios viven personas con disímiles medios económicos para
alcanzar la mayor cantidad de beneficios posibles.
Además, la innovación tecnológica no solo se
limita a nuevas tecnologías: "una innovación tecnológica determina un
cambio en relación con las políticas, acciones y conductas previas. Introduce
una novedad en un contexto y en el tiempo, dado a través de la invención, la
copia o la adaptación"(3). La cuestión
central de la innovación tecnológica, entonces, no es de carácter meramente técnico,
lo es también social. La tecnología por sí sola no garantiza procesos sin
desequilibrios sociales ni económicos; no asegura la competitividad de una
economía a largo plazo, ni el crecimiento económico, ni el empleo, ni el
bienestar individual o colectivo. Para el logro de estos objetivos debe
asimilarse en el proceso global de innovación social(4). Innovar o sucumbir La innovación concierne, entre otros cometidos,
a la construcción de una sociedad desarrollada insertada en un sistema
perfectamente coordinado y controlado por todos los actores sociales, bajo la
atenta mirada de los Estados, asumiendo el papel administrador que les
corresponde. Al hilo de la cuestión también es necesario recordar que los
procesos innovativos deben ser sostenidos y sustentados por los actores
sociales, políticos, económicos, por la emergente sociedad civil, para no
enterrarnos en la oscuridad de la obsolescencia.
Relacionada con esta última reflexión, escribía
Mario Bunge(5) en un certero artículo titulado
"Carta abierta a los argentinos del siglo XXI: Innovar o decaer",
donde, entre otros temas, analiza los aciertos, adelantos y retrocesos del país,
vinculantes también a América Lativa:
"El país está parado porque no produce
ideas nuevas: se ha convertido en una colonia cultural. Prefiere importar ideas
en todos los campos, en particular el de la estrategia económicosocial. Y en
esta era del conocimiento no hay progreso económico ni social si no hay
progreso cultural, en particular científico y técnico. Un pueblo que no innova
se estanca o decae. El Estado puede, ya estimular, ya inhibir la creatividad y
la innovación. El que haga lo uno o lo otro depende de la ciudadanía y, en
particular, de que la intelectualidad rehabilite y ponga al día y practique la
ideología de la Ilustración. Mañana, como ayer, la consigna debiera ser:
innovar o decaer".
No podemos replicar sus palabras, aunque siempre
surgen idénticas incógnitas ¿contamos con los recursos humanos y económicos
necesarios?, ¿cómo encaminar nuestras sociedades a un estado de creciente
satisfacción?, ¿por dónde comenzar cuando lo comenzado casi nunca se acaba?,
¿cómo afrontar nuevos cometidos?, ¿cómo priorizar sin sentirnos
condicionados?, ¿cómo mantener lo innovado y avanzar innovando? Mientras
innovamos en cualquier ámbito o en varios a la vez, otros se van quedando
rezagados u obsoletos. Estas y muchas otras preguntas podrán ser contestadas
desde el conocimiento profundo del problema, otras seguirán en el campo de la
duda. No es correcto hablar del problema, sino hablar con el problema. Innovación y crisis El conjunto de países de América Latina, en
general y Argentina en particular viven en crisis continua. En este escenario
debemos actuar e innovar en todos los ámbitos. La crisis estructural y las
coyunturales recurrentes, que no hacen más que fortalecer a la primera, escapa
a la mejores intenciones de planificadores e investigadores. Entre otras cosas
porque estamos viviendo una "crisis de la utopía" alimentada por los
reiterados fracasos que postergan y frustran a los sectores más progresistas y
creativos, pasivos e incapaces de dar respuestas a los problemas. Los cómplices
del silencio, que tienen mucho que dar, se mantienen agazapados y ciegos ante la
realidad. Qué duda cabe que las presiones ejercidas por los grupos de poder son
de mayor peso que la de los excluidos económica y socialmente, mientras
aquellos siguen incorporando innovaciones rentables para sus crematísticos
emprendimientos. Sarcásticamente aprueban beneficios millonarios al tiempo que
recomiendan moderación salarial. En definitiva la crisis actual es económica,
social, de legitimidad, de gobernabilidad, de moral. Asimismo, la crisis liberal
provoca una aguda desorganización social, una dinámica de desorden, en el seno
de las familias, de los sindicatos, de los partidos, de las asociaciones y en el
mismo Estado.
Algunos insisten en el estado anómico que
dificultaría cualquier tipo de transformaciones en lugar de hacerlas posibles.
Los cambios necesitan organización para poder ejercer transformación. La
anomia facilita desorden extremo y siempre finaliza en desastres: en violencia y
despotismo. La anomia como situación extrema nos lleva a subvertir tanto la lógica
como los valores fundamentales de la humanidad(6).
No se vislumbran soluciones aparentes. Surge otro interrogante ¿cómo integrar
a millones de pobres latinoamericanos a las economías nacionales mientras
continúa la descomposición social y la dinámica del desorden que afecta a
todo el sistema? Una respuesta: porque no se pudo generar una estructura para la
distribución del ingreso ni un desarrollo que cree empleo, ni la forma de
integrarlos a través de un sistema educativo -elitista, incompleto, errático e
irracional-, o a la asignación de servicios sociales, siempre insuficientes.
¿Podrán los nuevos modelos impuestos desde la
crisis de los ochenta -ajustes, privatizaciones, rebaja en los presupuestos
dedicados a los gastos sociales, entre otros- paliar estas situaciones? Sabemos
que estamos hablando de crecimiento económico y que el mismo está reñido con
la equidad redistributiva, que las actuales políticas concentradoras son
cualquier cosa menos solidarias. Advertimos, por lo tanto, que hasta el momento
asistimos a planes de choques, a cirugías parciales que no devuelven la
confianza a la clase media en descomposición ni a los pobres, todos subsumidos
en una apatía, con frustraciones acumuladas que auguran más violencia, más
choques y levantamientos, además de los consumados.
Ante esta situación que frena cualquier tipo de
innovaciones o emprendimientos nos preguntamos el porqué. Ya no valen los
iterados diagnósticos porque desde los primeros síntomas de malestar e
inequidad diferentes actores sociales y económicos comenzaron a preocupar a
gobernantes, tecnócratas e investigadores quienes dieron a conocer desde
entonces y hasta ahora numerosas versiones, descripciones e interpretaciones que
en su conjunto conforman un diagnóstico que pareciera estar completo, por lo
menos en sus contenidos más profundos y trascendentes. Pero este cúmulo de
información no ha generado consenso para lograr un tratamiento tendente a
erradicar los males debido a su compleja realidad(7). Innovación vs desarrollo. Podemos partir de la premisa de que no hay
desarrollo económico sin una innovación gradual e integral o viceversa, que
ese desarrollo y esa innovación cuando se producen deberían afectar a todos
los estratos sociales, adecuarse a las necesidades más perentorias de las
sociedades. Y si llegan en el momento político y económico adecuados ¿podrán
evitar segregar espacios y excluir sociedades o crear más conflictos en lugar
de paliarlos? Reflexionar sobre algunos aspectos que han producido cambios
acelerados a través de acciones innovadoras y que de alguna manera
repercutieron espacialmente; comprender esencialmente los desajustes o
desequilibrios sociales que las mismas han provocado nos ayudarán a conocer lo
sucedido en Argentina a partir de 1990. Al igual que la mayoría de los países
de América Latina, Argentina ha considerado oportuno diseñar políticas de
desarrollo económico creciendo productivamente, no competitivamente, para crear
una economía de mercado. Además, con el propósito aparente de desentenderse
de empresas onerosas, ociosas u obsoletas optaron por la privatización de las
mismas: "achicar el Estado". Este modelo, por otra parte, viene a
sintetizar lo actuado hasta el momento con pretextos inspirados en las
sugerencias del Banco Mundial y del FMI como forma de reducir la deuda externa y
sanear la economía, entiéndase reducir el déficit fiscal, preocupación
obstinada de ambos organismos, con el fin de asegurarse la tranquilidad de que
nuevas moratorias no obstaculicen el pago de la enorme deuda externa que retarda
el desarrollo de la mayor parte de los países de América Latina.
No podemos desconocer que en el decurso histórico
los países de Amárica Latina han tratado de introducir innovaciones a través
de disímiles políticas. Desde los años iniciales del desarrollismo
latinoamericano, allá por los años 50, de la mano de la recientemente creada
CEPAL, se afincó la idea de que la ciencia y las universidades desempeñarían
un papel central en el desarrollo socioeconómico. Raúl Prebisch junto con sus
colaboradores ponían énfasis en la necesidad de adaptar y combinar el
conocimiento tecnológico foráneo para resolver los problemas de América
Latina, de definir las prioridades con la planificación económica y de ordenar
los programas de investigación para atender a esas prioridades. Desde entonces
y hasta la actualidad se han configurado estilos de desarrollo con objetivos que
escapan de los primigenios; pero que en los últimos años, tras la reinstauración
democrática en la mayor parte de los países de la región, el contenido social
y la preocupación por las necesidades básicas insatisfechas (NBI), como las
propuestas para el crecimiento económico como medida para erradicar la
creciente pobreza, despiertan interrogantes, lamentablemente no en los actores
políticos y económicos, sí en los investigadores pertenecientes a ámbitos
universitarios, científicos, ONG, y en la emergente sociedad civil, pero que en
rigor no tienen poder de decisión o de influir en los gobiernos de neto corte
neoliberal. Mientras tanto la pobreza es una incógnita sin que existan los
recursos económicos ni la sensibilidad de los gobernantes para atender las
Necesidades Básicas Insatisfechas, que son más que las tres que usualmente los
datos oficiales hacen figurar (vivienda, salud y educación), cuando organismos
internacionales, la OMS entre ellos, ofrecen una lista más amplia de las
mismas. Pero también debemos observar que muchos de los términos en uso se
tornan abstractos cuando tratamos de imaginarlos así como las realidades que
caracterizan a los países de América Latina. Asimismo las cifras de
insuficiencias que manejamos se antojan como morbosas para muchos analistas. sin
intentar dar respuestas a los interrogantes que podrían surgir; no apuntan a
revertir o a paliar esas carencias. Son palabras, cifras sin voz. Innovación y privatizaciones. La dos ecuaciones, Investigación + Desarrollo,
Innovación + Desarrollo Económico son indisolubles, están estrechamente
vinculadas, son acciones que se retroalimentan: ¿sin desarrollo habría
investigación? o ¿sin innovación habría desarrollo económico?. La puesta en
marcha de cualquiera de estos extremos requiere de inversiones más o menos
cuantiosas de acuerdo a la escala que pretendamos abarcar o a lo que queramos
innovar.
Privatizar entregando las instituciones dedicadas
a la producción de bienes y servicios públicos fue la premisa a partir de 1990
en la Argentina menemista. Sólo se podía innovar a través de inversiones
privatizadoras. Al respecto interesa replantear el concepto de innovación
asociado a las "redes" y servicios urbanos desde la perspectiva que
plantea Mario Albornoz (1998):
"¿Tiene sentido utilizar un concepto
neo-shumpeteriano, propio de las sociedades organizadas competitivamente (para
ganar en la competencia), para aplicarlos a sociedades de marginalización
creciente, aparentemente destinadas a perder en la competencia? Con una categoría
de este tipo, ¿podemos realmente pensar en nuestros problemas? Creo que el término
innovación debería ser, por lo menos, redefinido en su sentido de
"innovación social" y el adjetivo "social" concebido desde
nuestras realidades, a partir de una profunda reflexión e identificación con
las raíces y los problemas propios. De lo contrario nos estaremos mirando en un
espejo deformador".
Cuando se privatiza, la "innovación
social" se entierra en elucubraciones demagógicas. En la era de las
privatizaciones, cuando las economías aperturistas de algunos países de América
Latina inauguraron esta acción de gobierno se daba por sentado que el Estado no
podía hacerse cargo de algunas empresas proveedoras de bienes y servicios básicos
por resultar onerosos y alimentar el déficit público. Las reformas de los
estados debían cumplir las directivas del Banco Mundial y del FMI, en primer
lugar, para sanear las economías y hacer frente a los servicios de la deuda
externa, en segundo término para asegurar una mejor asistencia a los
gobernados. Los motores de la globalización -desregulación, liberalización,
privatizaciones, transnacionalización- irrumpieron creando más desajustes y
desequilibrios, amparando a los más poderosos, creando una perversa situación:
a mayor riqueza mayor pobreza. Abrieron una amplia brecha entre los que más
poseen y los que menos o nada tienen, haciendo desaparecer paulatinamente, a la
influyente clase media, que pasa a engrosar la cifra de pobres. Se estaba
innovando sin crear riqueza, el Estado se descapitalizaba y se convertía sólo
en aparente gestor. Génesis de las privatizaciones. Como ya se expresó, los organismos
internacionales en connivencia con los sectores dominantes locales adoptaron la
estrategia de privatizar las empresas estatales, presionando para que esa política
se aplicase aceleradamente. Esta coyuntura propició que las acciones no se
llevaran a cabo en condiciones aceptables: las empresas fueron vendidas o
concesionadas, en la mayoría de los casos, a precios irrisorios, por debajo de
los que marcaba el mercado real, subvaluadas, con falta de transparencia durante
el proceso. El objetivo era "privatizar todo lo privatizable". El
Estado argentino, "el Estado empresario", a principio de 1990, contaba
con 527 empresas de las cuales se privatizaron algunas muy rentables o con un
alto valor estratégico y socio económico, reemplazando, en muchos casos,
monopolios estatales por monopolios privados con resultados sociales, económicos
y espaciales negativos.
El proceso de privatizaciones en Argentina
descansa, además, en una serie de improvisaciones de las administraciones a lo
largo de su historia. La necesidad de infraestructuras en Argentina respondio en
su evolución espacio temporal a los diferentes modelos de desarrollo económico,
con costes más sociales que políticos. La evolución infraestructural se
caraterizó por pulsos más o menos intensos y la década de 1980 marcó un
traumático corte en la misma: se conmocionaron con una crísis generalizada
reflejada en una desatención global y de desinversión. En realidad, siempre
estuvo disociada de las necesidades regionales y de los sectores económicos
debido a graves dificiencias durante muchas décadas por la falta de inversiones
y "la falta de una concepción sistemática de esta problemática
acarrearon no pocos problemas al sistema productivo y, en particular, a las
economías regionales, identificadas a través del encarecimiento de los costos,
la desarticulación sectorial y regional y un sinnúmero de ineficiencias"(8).
Los problemas obedecieron a: mantenimiento insuficiente, asignación equivocada
de inversiones, desperdicio, subuso o ineficiencia de recursos.
El proceso de privatización y de inversiones
privadas supuso la mayor inversión en una relación de 3 a 1 respecto de los
fondos públicos y condujo al aumento de tarifas pagadas por los usuarios o que
antes no se pagaban. En principio se manifestó una mayor eficiencia que permitió
disminución de cargas a través del accionar de los mecanismos de mercado y la
aplicación de políticas regulatorias. Tal fue el pago de peaje en carreteras y
autopistas concesionadas, en el primer caso, y abaratamiento en las tarifas eléctricas
para grandes consumidores industriales, en el segundo. Obviamente, la
privatización acompañada de inversiones para mejorar las prestaciones de
servicios significó una considerable reducción de subsidios y subvenciones,
pero también la incorporación de avances técnicos actuales en ciertos
sectores - redes de transportes, comunicación y servicios- por parte de los
nuevos propietarios o concesionarios, beneficiando de alguna manera a los
usuarios. Sin embargo, estas innovaciones técnicas o funcionales, provocaron el
retiro voluntario o despido de miles de empleados, - "destrucción
creadora"- sin oportunidad de incorporarse a nuevos trabajos por la escasez
de oferta del mercado laboral o por la falta de capacitación para los nuevos
tiempos. Se creó la polémica entre los que sostienen que la innovación es un
factor clave para el desarrollo y los que, por el contrario, ven en ella
destrucción de empleos, desequilibrios regionales, entre otros. YPF -hoy
REPSOL-YPF- desde su proceso privatizador hasta la actualidad ha despedido a más
de 55.000 obreros y técnicos.
En lo expuesto se enfatiza que las distintas líneas
de innovación a través de la inversión y/o privatización supone aspectos
cualitativos y no sólo la cobertura física y debería enfrentar un doble desafío:
ampliar y diversificar los servicios, y mejorarlos en términos de calidad(9).
En este proceso de innovación de infraestructuras existe un problema que tiene
varias facetas, muchos actores y articulaciones complejas. Esquemáticamente, es
un sistema en el que intervienen: el Estado (especialmente los organismos
reguladores), la empresa privada y los usuarios. En el caso de la empresa hay
que tener en cuenta que en Argentina se privatizó en primer término el paquete
de control y, en una segunda etapa se reservó la colocación de remanentes, en
manos del Estado nacional o de las provincias, a través del mercado de
accionarios o como paquete a una o más empresas. Por otra, en los pliegos de
privatización se exigió la participación de un operador técnico con
experiencia internacional que, en muchos casos posee parte del capital
accionario de la empresa, aunque la mayor parte de los sectores financieros
hayan sido aportados por otros integrantes del consorcio(10).
Esta primera fase, además de mejorar la oferta de bienes y servicios, significó
la preparación de un ámbito más propicio para atraer inversiones extranjeras.
Si bien, en primera instancia, mejoró la calidad
de los servicios y la eficiencia, el precio de los mismos tendió, según
transcurría, la década a provocar un fuerte impacto en el incremento o
decremento del consumo; y al finalizar el milenio se observaba más esta última
tendencia por la inadecuación entre salarios y el excesivo costo de los
servicios. De acuerdo a esta expresión, el tema pendiente es la
"equidad", enfrentando a la capacidad de pago de las tarifas
corrientes y de las cargas de infraestructuras de los usuarios más pobres; por
lo tanto el binomio privatización y privación es una realidad que se vislumbra
sin atajos y se evidencia en el porcentaje creciente de grupos familiares que
engrosan la lista de impagados, lo que a su vez significa un alto costo del
servicio, o en su defecto la no utilización personal de ciertas
infraestructuras, como autopistas o carreteras, al no poder acceder a las costos
de peaje y por no existir alternativas exentas de pago. Otra de las acciones
pendientes, de acuerdo al Ministerio de Economía, Obras y Servicios Públicos
(1999) está en el avance de soluciones de carácter regulatorio. El mismo
informe acota que lo actuado en los últimos años demuestra lo difícil que
resultó conciliar intereses y reclamos de usuarios y empresas. Por una parte
los organismos regulatorios, que en el caso de los servicios públicos
privatizados obedecen a disímiles lógicas institucionales y con distintos
encuadres jurídicos y que intervienen en áreas donde las facultades y las
limitaciones pueden ser difusas y, que serían los casos en los que una relación
sectorial se enfrenta a una de tipo horizontal: defensa de la competencia o del
consumidor, por ejemplo. Efectos Las consecuencias de las privatizaciones
supusieron severos desajustes espaciales, sociales y económicos, entre otros
motivos, porque a los beneficiarios de las inversiones "no se les aplicó
los controles necesarios e imprescindibles para que los bienes y/o servicios que
producen sean altamente eficientes y sus precios ajustados a un costo verdadero
y a un margen razonable de utilidades" (11).
Las empresas, a su vez, no contemplan el beneficio social, aspiran a maximizar
sus propios beneficios. En este contexto, el caso argentino es un ejemplo de
contrariedades. Los nimios montos cobrados en concepto de importantes
privatizaciones se aplicaron en forma parcial a cancelar la deuda externa,
mediante pagarés de deuda reconocidos a su valor nominal, otra parte fue
desviado a cubrir necesidades presupuestarias o a cubrir el déficit fiscal.
La privatización se convirtió en una panacea e
hizo albergar esperanzas a los ciudadanos atrapados por discursos demagógicos y
promesas sin fundamentos propalados por el Gobierno Central. Las frustraciones sólo
la advierten quienes sostienen que este proceso "no entraña que se
incorpore acervo alguno al patrimonio social y al producto interno ni que se
incremente la producción. En el mejor de los casos podría lograrse algún uso
más eficiente de los factores tecnológicos y de trabajo y alguna inversión
para mejorar la operación de la empresa privatizada"(12).
No obstante la apropiación de las empresas estatales por parte de los
inversores asociados a las transnacionales y su nuevo papel dominante, en
condiciones económico-financieras harto positivas, siguen recurriendo ante el
Estado en busca de subsidios, tarifas y precios especiales, más otras
prerrogativas, que generalmente se les concede para maximizar beneficios no
acordes con las inversiones realizadas.
Empresas prestadoras de servicios como otros
grupos empresariales asociados al sector de las finanzas han gozado de amplias
facilidades brindadas por el Estado, convirtiéndose en grupos de poder,
actuando en las decisiones políticas y económicas del Estado. Otra vez se
repite la historia, otro estado dentro del propio Estado. La febril búsqueda en
el ranking pais-riesgo para invertir fue la primera prospección de los
capitales extranjeros o coaligados con algunos nacionales para asegurarse
mercados que aparentemente se ofrecían óptimos después de la "reactivación
económica" que estaba experimentando Argentina, tras de la etapa
hiperinflacionista "desterrada por decreto" por el gobierno menemista.
La economía se dolarizó. La población se sintió esperanzada, comenzó a
hacer proyectos a corto plazo. Se abrieron los créditos bancarios e
hipotecarios, aunque restringidos, la tarjetas de créditos (con intereses de
hasta el 70 por ciento anual en pagos aplazados), fueron concedidas sin trabas.
La población comenzaba a endeudarse con holgura sin medir las estrepitosas
consecuencias actuales, se vivía un clima de euforia, de confianza en el
futuro; creció el consumo interno, se reactivaron industrias, pero todo esto
con sueldos menores a los de 1980 y congelados en 1990. La desregulación de
empleos se ensañó.
En medio de este clima triunfalista, propalado
internacionalmente, los inversores extranjeros alimentaron esperanzas,
realizaron todo tipo de inversiones tanto productivas como no productivas pero,
en su mayoría, teniendo in mente la seguridad de despegar a otros
destinos cuando se presentara el más mínimo síntoma de crisis, sobre todo los
capitales trabajando en el ámbito financiero, "capitales portátiles"
o volátiles.
La acción innovadora de 1990 a la fecha, llevada
a cabo mediante el régimen de privatizaciones por compra o concesión de bienes
y servicios estatales "las joyas de la corona" (ferrocarriles,
aeropuertos, puertos, carreteras, autopistas, teléfonos, servicios sanitarios,
eléctricos, presas incluidas) actuó como revulsivo de una innovación que no
tenía parangón en Argentina desde la crisis de 1930. Las inversiones
norteamericanas fueron superadas por las de la UE a través de España. Lo que
permitió esta situación fueron las ventajas comparativas, esencialmente los vínculos
históricos, culturales y lingüísticos con América Latina encontrando un
campo privilegiando para sus inversiones, fue la forma de responder al reto de
la globalización.
Sin embargo, la ola privatizadora-inversora tuvo
sus impactos sociales, económicos y tecnológicos positivos, pero también y,
en gran medida negativos en la prestación de servicios a la población atendida
y en los costes de los mismos, inalcanzable para amplios sectores de la población
con magros ingresos.
Con el propósito de ilustrar un caso, traemos a
colación lo actuado por una de las más fuertes empresas inversoras, Telefónica,
instalada en Argentina desde 1990, que realizó grandes inversiones,
preferentemente en los servicios de telefonía: básica, móvil, pública,
transmisión de datos, larga distancia e internacional, entre otros. De 1990 a
1999, invirtió 8.000.000.000 de dólares a 900.000.000 de dólares están
previstos para este año, con el fin de dominar todo el servicio en territorio
argentino, antes compartido en partes iguales con TELECOM. El resultado de
inversiones concretados en el decenio indicado significó el aumento de un 132
por ciento en la cantidad de líneas en servicio y las líneas instaladas
crecieron un 128,9 por ciento. En mayo de 1998, la compañía alcanzó, tras 90
meses de gestión, el 100 por ciento de digitalización de la red telefónica,
que era del 14,6 por ciento a finales de 1990. Las líneas de telefonía pública
aumentaron un 666 por ciento de 1990 a 1999, alcanzando las cuatro líneas de
telefonía pública en servicio por cada mil habitantes, índice que la
transformó en líder de Argentina y América Latina. Por otra parte, la
capitalización bursátil de Telefónica de Argentina en 1999 se situó en
tercer lugar dentro del mercado local, tras alcanzar un valor de 6.573 millones
de dólares, que representa el 8 por ciento sobre el total del mercado
argentino.
El desembarco de Telefónica Española y TELECOM
1990 -empresa francoitaliana-, por ejemplo, significó la modernización del
sector comunicaciones. Incorporaron tecnología punta, extendieron el servicio a
lugares antes impensables, se agilizó la lista de espera para instalación a
tiempos récords no conocidos en el país y se abarató el contrato del servicio
tanto a nivel familiar como empresario. El plantel de operarios fue menguando.
Una situación de falsa bonanza reflejada en la fiebre de la dolarización y el
freno a la inflación fueron los incentivos que alentaron al mercado consumidor.
Sin embargo las inversiones de Telefónica ya fueron ampliamente amortizadas,
con millonarias ganancias, sin que esto se refleje en una disminución de las
caras tarifas pagadas por los usuarios, una de las más elevadas del mundo.
Es cierto que sin las privatizaciones Argentina
seguiría estancada tecnológicamente en muchos sectores, también lo es que
este acto debió y debe ser manejado con la máxima prudencia y transparencia a
través de los organismos reguladores establecidos. El destino de los fondos
obtenidos debió y deberá ser escrupulosamente controlado para gestionarlos
racional y eficazmente. Pero aun queda pendiente la decisión política de
quebrar los monopolios creados, evitar los futuros y potenciar los mecanismos
reguladores bajo un estricto control estatal. A esta altura del proceso
privatizador no quedan dudas de las innovaciones aportadas, pero no debemos
olvidarnos de lo que esta acción produjo: exclusión social, escisión y
segregación espacial. Pero sobre todas las cosas privación para amplios
sectores de la población, para los que es cada vez más complicado/imposible
acceder a las innovaciones por la creciente descomposición económica,
representada en la iconografía de la imparable pauperización urbana y rural. Bibliografía ALBORNOZ, M. Cómo leer desde la periferia las
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Eduardo F. Muscar Benasayag. Publicación enviada por Eduardo F. Muscar Benasayag Contactar http://www.ub.es/geocrit Código ISPN de la Publicación EpZElylkkyfeWDIqRr Publicado Friday 19 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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