Monografias | Antecedentes y perspectivas del trabajo independiente en las universidades pedagógicas Una propuesta para su mejoraAntecedentes y perspectivas del trabajo independiente en las universidades pedagógicas Una propuesta para su mejoraResumen: La diversidad de criterios acerca de cómo dirigir el proceso de enseñanza-aprendizaje en la Educación Superior con la perspectiva de lograr modos de actuación que se caractericen por la independencia y creatividad en la toma de decisiones, la solución de problemas docentes y paradocentes propios de nuestra época, es motivo de obligada reflexión para la mayor parte del profesorado de este nivel. Uno de los problemas que tradicionalmente se ha configurado como regularidad en nuestra Universidad y carrera es el relacionado con el pobre trabajo de profundización epistemológica, holística y didáctica de los contenidos curriculares.(V) Indice La diversidad de criterios acerca de cómo dirigir el proceso de enseñanza-aprendizaje
en la Educación Superior con la perspectiva de lograr modos de actuación que
se caractericen por la independencia y creatividad en la toma de decisiones, la
solución de problemas docentes y paradocentes propios de nuestra época, es
motivo de obligada reflexión para la mayor parte del profesorado de este nivel. Uno de los problemas que tradicionalmente se ha configurado como regularidad
en nuestra Universidad y carrera es el relacionado con el pobre trabajo de
profundización epistemológica, holística y didáctica de los contenidos
curriculares que es necesario emprender como parte del proceso constante de
perfeccionamiento de la dirección del aprendizaje y la estimulación de la
independencia cognoscitiva de los estudiantes de este nivel. En una primera etapa del trabajo de investigación me dediqué a analizar la
evolución que había tenido el trabajo independiente como resultado de la
dirección del proceso de enseñanza-aprendizaje y qué causas y/o factores
ensombrecían su despliegue. A partir de un registro inicial y de acuerdo con la experiencia alcanzada en
la dirección del aprendizaje y el trabajo metodológico, determiné los
problemas que se dan como regularidad en cada etapa de la evolución del
perfeccionamiento de los planes y programas de estudio de las Universidades
pedagógicas. Esto lo sistematicé con la información obtenida de fuentes
diversas como el trabajo científico-estudiantil en todas sus modalidades,
sesiones de trabajo de los colectivos de año, la docencia directa con mis
estudiantes, las observaciones de actividades docentes, consultas programadas,
entrenamientos metodológicos y entrevistas grupales e individuales con docentes
y estudiantes. El estudio anterior reveló insuficiencias en la determinación, orientación,
ejecución y control del trabajo independiente y que las acciones para la
determinación y orientación no son trascendentes, ni estimulan que se gesten y
solucionen las contradicciones dirigidas a superar los niveles de dependencia de
los estudiantes arraigados por la fuerza de la tradición. Otro elemento que evidencia la inconsistencia en la promoción del trabajo
independiente es lo relativo a que en las acciones de ejecución (donde
mayoritariamente interviene el estudiante) no se ha logrado que los profesores
los enseñen a ser reflexivos en cada respuesta, a pensar de forma crítica,
divergente y creadora, a que mediten sobre sus posibilidades reales o no para el
éxito de su aprendizaje y que se autoevalúen en cada fase o etapa de su
accionar. Es decir, la necesidad de contribuir al desarrollo de su metacognición. En el control, que como regularidad ha estado plagado de autoritarismo, se
manifiesta la tendencia en algunos profesores de dar mucho crédito a un
resultado fáctico, muy dependiente de lo cuantitativo, donde lo competitivo del
valor numérico predominaba sobre cualquier análisis cualitativo alcanzado,
determinado por la fragmentación arbitraria de los diferentes momentos del
aprendizaje. En suma, la dirección del aprendizaje se sustentaba en una Didáctica
despersonalizada, descontextualizada y predictiva con resultados forzosamente
predeterminados desde la posición del profesor. Los problemas, que desde un inicio se manifestaban en la dirección del
proceso de enseñanza-aprendizaje, estaban relacionados con la necesidad de
lograr que los estudiantes tuvieran más iniciativa en la solución de tareas
docentes, que de forma independiente fueran capaces de buscar alternativas
propias en el proceso de su ejecución, y que cada postulado teórico estudiado
redundara en el perfeccionamiento de las actividades de la práctica laboral. Eran evidentes procederes homogéneos en cuanto al estudio de la bibliografía
consultada, en las valoraciones de estos análisis predominaban criterios
centralizados sobre los contextualizados. En cuanto a las actividades prácticas
existía una marcada tendencia a la fragmentación de tareas por equipos a
partir de la bibliografía, dando pocas posibilidades al debate abierto y
socializado de un tema actual de corte científico o de cultura general. En este sentido, la orientación de las fuentes de información para el
estudio independiente se centraba básicamente en los textos de la asignatura, o
sea, materiales de corte académico con la consabida sobrecarga teórica que
esto generaba en las actividades docentes para los estudiantes. Uno de los problemas que generalmente se ha configurado como regularidad, es
la insuficiente preparación con que ingresan los estudiantes de la escuela
media al nivel superior, en este caso a las Universidades Pedagógicas. El trabajo de diagnóstico inicial que se emprende con estos estudiantes ha
demostrado que son significativas las deudas que en formación todavía tienen
con el nivel precedente, en este sentido se destacan las dificultades con la
lengua materna, tanto oral como escrita, con el cálculo matemático, marcadas
insuficiencias para integrar en resúmenes el texto leído, agudas limitaciones
de formación y apropiación cultural general, no tienen habilidades para
estudiar ni resolver las tareas orientadas por el profesor, no son capaces de
comprender las ventajas de la combinación del estudio individual y colectivo,
además no están preparados para solicitar niveles de ayuda, no hacen
preguntas, tanto al profesor como a sus compañeros de aula de acuerdo con sus
necesidades más apremiantes de aprendizaje. En el tratamiento de los problemas antes identificados ha prevalecido una
concepción de naturaleza más práctica que teórico-práctica, o sea, no se ha
sido consecuente con la determinación de las causas reales que los originan ni
se ha hecho un estudio profundo de qué métodos emplear para su solución. En este sentido, no se ha logrado ubicar al estudiante ante la necesidad de
buscar independientemente la solución de cada tarea propuesta, que reconozca cuáles
son sus errores y las causas que los originan como una etapa insoslayable en el
proceso de aprendizaje, que considere además, cómo reorientarse para
enmendarlos. No se han aprovechado lo suficiente las posibilidades de la clase y
el trabajo en el aula para la solución de tareas con carácter independiente.
Además, todo el trabajo desarrollado sobre la base del diagnóstico se ha
hecho, esencialmente para solucionar o contrarrestar las dificultades, no para
identificar ni darle seguimiento a las potencialidades. Aunque se han propuesto estrategias metodológicas dirigidas a optimizar el
trabajo independiente de los estudiantes no se han alcanzado los niveles
deseados, y no siempre la atención a la orientación y el control del trabajo
independiente tienen la atención que merecen dentro del colectivo pedagógico,
en muchos casos no se declara de forma precisa qué acciones debe seguir el
estudiante en el trabajo con las fuentes, qué métodos y técnicas implementar
y cómo integrar cualitativamente los resultados de la búsqueda. Estos aspectos y los que inicialmente declaro en la introducción,
condicionaron mis reflexiones hacia lo siguiente: La necesidad de formar un egresado capaz de enfrentar los retos del cambio en
la dirección del proceso de enseñanza-aprendizaje, abrió el camino a las
modalidades de perfeccionamiento por las que ha transitado el curriculum de las
Universidades Pedagógicas cubanas. Aunque estos cambios han transformado hacia
lo positivo la problemática objeto de investigación, se manifiestan aún en el
quehacer pedagógico insuficiencias que obstaculizan el salto hacia los niveles
de independencia deseados por parte de los estudiantes. Fomentar la independencia cognoscitiva en la dirección del aprendizaje es
una tarea extremadamente difícil, sobre todo cuando se enfrenta en tiempos de
cambio. Así, es necesario, que todos los sujetos reflexionen sobre la necesidad
del cambio de actitud, que la interacción y reconocimiento del otro acreciente
la voluntad de cada uno a ser vulnerable a lo que se aprende y compartir lo
aprendido en aras de lograr modos de actuación que se correspondan con las
necesidades del cambio y que a su vez continúen estimulándolo. La observación sistemática de algunas actividades docentes, colectivos de años,
la interactuación con los estudiantes y profesores a través de diferentes
formas, me orientaron a considerar que una de las dificultades que con mayor
fuerza prevalece es la insuficiente orientación del trabajo independiente a los
estudiantes, que generalmente se hace a partir de órdenes para la búsqueda
bibliográfica de cualquier contenido; en este sentido la mayoría de los
docentes no tenían en cuenta las regularidades del diagnóstico, lo que se
evidenciaba en las formas unilaterales de emprender el control. Además, en la
generalidad de los casos, el contenido del trabajo independiente se limita únicamente
al que han recibido los estudiantes y que aparece declarado en los programas de
asignaturas. La consulta y estudio bibliográfico realizado me condujeron a fundamentar
desde una perspectiva filosófica y psicológica el problema objeto de
investigación, por lo que reconozco, que el proceso formativo (entiéndase
instructivo y educativo) de los futuros profesionales está condicionado por las
mismas características del resto de las actividades humanas. Las
contradicciones que en él se manifiestan son inherentes a la relación
maestro-alumno, alumno-alumno, alumno-familia, alumno-comunidad, materia-alumno
y al no ser ajenas a la voluntad de los sujetos implicados en el proceso, es
necesario su estudio y profundización en el siguiente epígrafe. Algunas consideraciones teóricas desde una perspectiva filosófica, y psicológica
de la actividad cognoscitiva independiente. La escuela cubana, como fuente inagotable de experiencias en la formación de
las nuevas generaciones, enfrenta los retos de una época que evoluciona bajo la
égida de la Revolución Científico Técnica y las Nuevas Tecnologías de la
Información y la Comunicación, de ahí la necesidad de renovar,
constantemente, métodos y estilos de trabajo que estén dirigidos a lograr
transformaciones duraderas en todos los niveles de enseñanza. Una connotación muy especial tiene esta problemática para las Universidades
Pedagógicas que tienen como encargo social formar en las nuevas generaciones
modos de actuación permeados de las potencialidades educativas necesarias para
hacer más eficiente el aprendizaje, no solo desde la posición del profesor
sino a partir de su incorporación e interacción con el resto de los sujetos en
este complejo proceso. El estudio de la actividad cognoscitiva independiente de los alumnos y
posteriormente el trabajo independiente, declarado como método, criterio con el
que coinciden (y asumo) todos los autores cubanos y extranjeros contemporáneos
estudiados, ha sido abordado por sabios y filósofos desde la Antigüedad, la
Edad Media, Modernidad y hasta nuestros días; entre los más significativos se
encuentran: Arquímides (230 a.n.e), Sócrates (380 a.n.e), Platón y Aristóteles
(300 a.n.e). En la Edad Media: M. Montaigne (1580), T. Moro (1500) y T. Campanella (1602). En la época Moderna: J.A. Comenio (1645), J.J. Rousseau (1770), J.E.
Pestalozzi (1800), J.F. Herbart (1806), D. Ushinski (1890), L.N. Tolstoi (1895). En la época Contemporánea: N.K. Krupskaia (1926), A.V. Lunacharski (1928),
P.D. Blonski (1928), S.T. Shatski (1926), M.S. Pistrak (1928) y A.P. Pinkievich
(1929). En Cuba, J. A. Caballero (1790), F. Varela (1829), J. L. Caballero (1850), E.
J. Varona (1896), M. Valdés Rodríguez (1896) J. Martí (1880). En los años comprendidos entre 1902 y 1958 se destacan pedagogos como A.
Aguayo; D. González; D. M. Escalona; L. Martínez; R. Guerra; entre otros, los
que valoraban la importancia de la educación autónoma, destacando que el niño
es agente de su propia educación y que debe participar en ella de modo activo. Después de 1959, además de la vigencia de los trabajos de D. González y D.
M. Escalona, se destacan: C. Rojas, (1982); G. Valdivia, (1988); A. Labarrere,
(1996, 1998); P. Rico (1996); J. López, (1990) y J. M. Lois, (1980); M. Conde,
(1999); J. Aparicio, 1999); C. A. de Zayas, (1998); C .R. Ochoa, (1999); entre
otros. Es de destacar que K.D. Ushinski, tuvo la primacía (junto a otros pedagogos
progresistas de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX) de
aproximarse a revelar algunos aspectos de la actividad del alumno en el estudio,
y en correspondencia con ello los procedimientos de la enseñanza utilizados con
el objetivo de promover la actividad cognoscitiva independiente y de ofrecerles
una fundamentación filosófica, psicológica, fisiológica y didáctica a esta
problemática. Ya en este período, los pedagogos de referencia, sustentaban el
criterio de que el conocimiento tiene una génesis dialéctica, siendo esta la
causa fundamental de su contraposición a los principios inconsistentes de
concepciones pedagógicas imperantes por la fuerza de la tradición. En la década del veinte y principios de los años treinta se hicieron
esfuerzos revelar la esencia del trabajo independiente y de la independencia
como rasgo de la personalidad, de declarar un sistema de acciones para la
ejecución de diferentes tareas: desde elegir los procedimientos hasta los
resultados de la actividad, quedándose en lo fundamental a un nivel
organizativo tanto en lo interno como en lo externo. Sin embargo, no se planteó
la cuestión del desarrollo de las habilidades del alumno y su carácter
procedimental para formular y solucionar independientemente las tareas
cognoscitivas sobre la base de la orientación, la ejecución y el control como
componentes de la actividad de aprendizaje. El problema de la independencia cognoscitiva y el trabajo independiente en la
escuela cubana ha evolucionado bajo la influencia de diferentes paradigmas
educativos que caracterizaron el proceso de enseñanza-aprendizaje en un
determinado contexto histórico-concreto. Así, aparece la Escuela Tradicional que surge en el XVII en Europa y alcanza
su mayor auge en los siglos XVIII y XIX en América Latina. Las manifestaciones
más evidentes de este paradigma encontraron resistencia en las concepciones
filosóficas y pedagógicas de la segunda mitad del siglo XVIII y el
esplendoroso siglo XIX cubano. Entre los aportes más significativos se encuentran los del presbítero
cubano José Agustín Caballero (1762-1835), que en su Filosofía Electiva
declara la importancia de preservar una cultura criolla que distinga la
conciencia cubana; estas enseñanzas las materializó desde el Seminario de San
Carlos (1785-1804). Sus concepciones pedagógicas son el reflejo de un siglo
plagado de acontecimientos históricos, marcado por la influencia del
pensamiento moderno europeo. En su obra sintetizó magistralmente las ideas de
F. Bacon (156 -1626) sobre la crítica al aristotelismo y la escolástica y
admite la importancia del conocimiento científico experimental. La labor reformadora del padre Caballero fue decisiva en la ruptura de
esquemas metodológicos y pedagógicos dirigidos a la transmisión de
conocimientos, lo que se expresa de forma diáfana y directa en su oratoria y
escritos pedagógicos. El presbítero Félix Varela y Morales (1788-1853) contribuyó con sus
valiosos aportes a las modificaciones de la enseñanza de la época. Insistió
en la necesidad de la socialización entre todos los que enseñan y aprenden,
que estos no son más que compañeros, con la intención de que este proceso
fluya sin fuerzas, imposiciones y tensiones, que sientan la necesidad de la
orientación de las materias de enseñanza y que se traduzca en preparación y
aprendizaje para los implicados. Considera, que desde la clase se deben
proporcionar a los alumnos los instrumentos que le permitan llegar por sí solos
a la verdad. Abrazando esta idea crea su propio laboratorio para enseñar Física
y Química. Con la aparición de la Escuela Nueva, (J. Dewey, 1859-1952) el paradigma
anterior recibe una contundente crítica, debido a que reconoce al educando como
sujeto activo en la enseñanza y considera a la educación como un proceso
social que asegura su propio desarrollo. Aunque este modelo declara una evidente renovación metodológica, tuvo
limitaciones relacionadas con el espontaneísmo en la enseñanza y la falta de
rigor en la orientación y control de las acciones del alumno, por lo que el
aprendizaje iba en detrimento de la independencia cognoscitiva. Estas tendencias pedagógicas influyeron significativamente en el contexto
social cubano de la época, manifiestas en las obras de J. L. Caballero
(1800-1862) E. J. Varona (1849-1933) y M. Valdés Rodríguez (1849-1914). En el sistema de relaciones sociales donde el hombre (ambos sexos) emerge
como centro y catalizador de todos los niveles de interactuación, se corrobora
que la educación como proceso está condicionada por las mismas características
del resto de las actividades humanas. Es en la actividad, donde los sujetos
interactúan entre sí, manifiestan sus potencialidades e intenciones, reconocen
a los demás, los valoran y se autovaloran de acuerdo con los criterios que el
otro yo emite sobre su propia existencia. Algunas reflexiones filosóficas y psicodidácticas necesarias sobre el término
actividad en la dirección del trabajo independiente de los estudiantes. En el complejo proceso de dirección de la actividad cognoscitiva se revela
su carácter mediatizador, dado en los fundamentos filosóficos inherentes a la
relación sujeto-objeto que tiene como base a la actividad práctica. Es a partir de esta concepción que se penetra en la estructura de la
actividad, desentrañando el verdadero sujeto histórico-práctico en las
transformaciones sociales, así, el marxismo, por primera vez en la historia de
la filosofía dio una solución verdaderamente científica al problema de la
relación sujeto-objeto, superando postulados naturalistas e idealistas
precedentes. La comprensión científica de la actividad constituyó un proceso
determinante en la formación de nuevos horizontes teórico-metodológicos para
la comprensión del hombre y la sociedad. Las transformaciones sociales,
entendidas como devenir social, son un proceso y resultado de la propia
actividad humana, como expresión manifiesta de su práctica social. La actividad humana se manifiesta como una síntesis de la relación sujeto
–objeto en la que lo ideal se materializa y lo material se idealiza, lo que se
integra a manera de sistema en tres momentos o dimensiones de la práctica
social: la actividad práctica, la actividad gnoseológica y la actividad
valorativa. En el proceso de la práctica social estas dimensiones se integran y
complementan; cobra fuerza el carácter transformador del hombre en función de
la satisfacción de sus necesidades. En este sentido la trilogía práctica-valor-conocimiento
constituyen momentos inseparables de la actividad, son aspectos de un todo único
que solo se aíslan mediante la abstracción. La fundamentación del término actividad a partir de sus aspectos esenciales
y antecedentes ha sido insuficientemente tratado en la dirección del proceso de
enseñanza-aprendizaje, la experiencia de maestros y profesores quienes
generalmente la han identificado con las relaciones interpersonales en el
proceso, no han rebasado el marco de lo descriptivo en el comportamiento de los
estudiantes y el inventario de deficiencias relacionado con la asimilación de
conocimientos, sin identificar adecuadamente causas de las dificultades, ni
declarar una intervención estratégica dirigida a transformarlas. El estudio de la actividad es una necesidad metodológica para el desarrollo
de investigaciones didácticas, en las que el contenido, como una de sus categorías
esenciales, no debe concebirse únicamente como sistema de conocimientos,
habilidades y normas de valoración, sino que esté dirigido a revelar cuáles
son las posibilidades que brinda para la orientación del estudiante en su
actividad, donde hay metas y propósitos, en función de qué necesita aprender
y cómo va a proceder. En este sentido al concepto actividad le es inherente una determinada carga
teórica y metodológica y puede ser interpretado a partir de su manifestación
en la dinámica del proceso de enseñanza-aprendizaje, donde se concreta cómo
se implican los sujetos comprometidos en función de lograr el tránsito de la
dependencia a la independencia, del enseñar a aprender al aprender a aprender
en el proceso de adquisición de los conocimientos. Una adecuada concepción de la actividad y las condiciones en que esta se
desarrolla son determinantes en la anticipación de los resultados del proceso
de enseñanza-aprendizaje, de ahí que sea. "..complejo, multifactorial, de
múltiples interacciones, donde las condiciones son definitivamente las que
favorecen o dificultan el propio proceso y el resultado. Existen múltiples
alternativas que deben analizarse en función de los resultados esperados y así
activar los procesos necesarios para alcanzarlos." (3, 1). En este sentido
comparto el criterio de referencia de la Dra F. Addine, al abordar la
importancia de las condiciones en las que se desarrolla el aprendizaje para el
logro de la relación dinámica que debe existir entre proceso y resultado, y en
correspondencia con ello, potenciar cuantas acciones sean necesarias para
alcanzar los propósitos previamente fijados. La primacía en los antecedentes del estudio del término actividad
corresponde a la ciencia filosófica por la necesidad de justificar en el plano
ontológico y de los objetos, la correlación y nexos que se manifiestan en el
proceso de pensamiento, dado su propio carácter heterogéneo y multilateral,
donde mediatizan sus funciones todos los procesos psíquicos cognoscitivos. Entre los años veinte y la segunda mitad de los cuarenta se destacan los
trabajos de S. L. Rubinstein, dirigidos a investigar y fundamentar una amplia
gama de problemas filosóficos inherentes a la psicología, relacionados básicamente
con los procesos cognoscitivos como parte de la esfera ejecutora instrumental. Uno de los postulados más importantes de la psicología científica que
fundamenta la comprensión de la naturaleza de lo psíquico, es la unidad de la
conciencia y la actividad. Este principio sostiene que el hombre y su psiquis no
solo se manifiestan, sino que se forman en la actividad, inicialmente en la
actividad práctica, mencionado por S.L. Rubinstein en Problemas de la Psicología
en los trabajos de C. Marx. (1934). Luego este autor le dio seguimiento a este
principio en toda su obra. Con una clara y renovadora concepción filosófica en sus trabajos,
Rubinstein declara que la actividad se configura como unidad de finalidades del
sujeto y de aquellos motivos de los que parte la actividad. En este criterio se
fundamenta el marcado carácter metodológico que adquiere el término actividad
en la orientación y desarrollo de la personalidad, o sea, si se tienen en
cuenta las finalidades, intenciones, propósitos, direcciones que
anticipadamente marcan el alcance de la actividad humana hacia la transformación
de las condiciones y su autotransformación como ser social, en virtud de los
tipos de actividad donde mayormente se desempeña. La anticipación o previsión en la actividad no es absolutamente exacta. En
el carácter orientador de las acciones se expresa la forma específica para
regular la actividad, de anticipar y planificar los resultados en forma de
objetivos. Esto nos revela un significativo valor metodológico para la
orientación, ejecución y control del trabajo independiente de los estudiantes. En las reflexiones precedentes queda claro que el término actividad,
independientemente de su marcado nivel teórico-metodológico, está
indisolublemente vinculado a la relación teoría-práctica; de ella se nutre y
a modo de retroalimentación la perfecciona. Es en este interaccionar donde se
materializa la acción transformadora del hombre en la sociedad en general y del
maestro en la escuela en particular, se persiguen nuevos propósitos de
transformación de la actividad cognoscitiva, surgen nuevos problemas,
necesidades y tareas a resolver que constantemente cuestionan los conocimientos
precedentes: es esta orientación la que agudiza la contradicción entre los
saberes previos, ya construidos y los nuevos por adquirir. Estas valoraciones me
orientan hacia un análisis más contextualizado de la actividad cognoscitiva
independiente de los estudiantes. Como una de las concepciones filosóficas de la actividad, los referentes
antes analizado tienen sobrada importancia, no solo para la Psicología, sino
para la didáctica, en lo referente a la dirección de la actividad cognoscitiva
independiente " como proceso interactivo, a partir del cual los sujetos que
aprenden, apropiándose de un sistema de métodos, procedimientos de enseñanza-aprendizaje
y normas de valoración orientados por el profesor, resuelven las tareas
docentes dentro o fuera de la clase. ( El autor). Por otra parte asumo los criterios del Capítulo 10 del libro de Didáctica
(2001), del Colectivo de Autores del ISP "Enrique José Varona",
liderado por la Dra Fátima Addine F; donde se plantea que la actividad
independiente se refiere a la medida en que las acciones planificadas por el
maestro para ser realizadas por el alumno promueven en este último el
desarrollo de las habilidades, los conocimientos, actitudes y cualidades para
aprender y actuar con autonomía", lo que en modo alguno presupone que cada
estudiante actúe por sí solo. La segunda definición me libera de adoptar una postura unilateral en cuanto
a la preponderancia de lo cognoscitivo en la dirección del proceso de enseñanza-aprendizaje
y me induce a ser consecuente con una visión más integradora de la dinámica
de sus componentes. El estudio y profundización en estos postulados teóricos propician la
instrumentación de un análisis didáctico de la interrelación e
interdependencia del pensamiento y del conocimiento en la actividad práctica,
la evolución en el proceso docente de categorías relativas a la teoría científica
de la actividad: la actividad, el objetivo, el objeto, los medios y el resultado
que se manifiestan intrínsecamente en dicho proceso. La actividad psíquica de la personalidad constituye un componente
obligatorio de cualquier actividad concreta, tanto de la teórica como de la práctica,
ambas están permeadas de la acción humana, en ellas se manifiestan los matices
de lo individual, lo personológico, un complejo "... sistema de
formaciones y subsistemas psicológicos estrechamente relacionados entre sí,
donde los contenidos y su expresión funcional se manifiestan simultáneamente
en múltiples y disímiles formas, teniendo sentidos psicológicos
diferentes." (F. González Rey. 1999) Por otra parte, aunque el trabajo constituye una de las formas específicamente
humana de actividad, el análisis de esta categoría nos da la medida de la
implicación del sujeto, de sus manifestaciones psicológicas respecto a
aceptación o rechazo, qué aporte de carácter cualitativo se tributan como
manifestación sociológica y qué limitaciones caracterizan esta configuración
subjetiva. En el proceso de interrelaciones sociales propio de la actividad, mediadas
por la implicación de los sujetos, se da la contradicción dialéctica entre lo
interno y lo externo, o sea, el proceso de asimilación de las influencias del
medio a partir de las particularidades individuales y de la expresión de lo
interno a través de la socialización de los sujetos. El problema de la fundamentación psicológica de la actividad tiene sus
antecedentes en la segunda mitad de los años veinte y principios de la década
del treinta, su continuidad se materializó a través de los trabajos
relacionados con la elaboración del enfoque histórico para estudiar el
principio psíquico de la unidad de la conciencia y la actividad y su
fundamentación por L.S. Vigotski. S.L. Rubinstein, A.N. Leontiev, A.A. Smirnov,
A.R. Luria, P. Ya. Galperin, entre otros. Desde la concepción de la escuela histórico cultural de Vigotski,
(fundamento teórico y metodológico que asumo) todo proceso de aprendizaje
presupone una necesaria transferencia de responsabilidad con relación a los
propósitos más mediatos de la tarea planteada, es en este despliegue de
acciones donde se pueden constatar las potencialidades de aprendizaje del sujeto
a través del estudio de la zona de desarrollo actual (ZDA) y cuáles son las
perspectivas con la profundización en la zona de desarrollo próximo (ZDP), aquí
es necesario diferenciar la existencia de dos niveles: uno inferior, determinado
por el nivel de desarrollo potencial, que revela las potencialidades del sujeto
para aprender, enfrentarse a las nuevas exigencias y el otro estadio, cuando
puede trabajar por si solo, también denominado nivel de desarrollo real: que no
es más que el nivel de logro, el desarrollo ya alcanzado por el estudiante. La
distancia entre estos dos niveles evolutivos de desarrollo es a lo que Vigotski
denominó Zona de desarrollo próximo, que de ser entendido metodológicamente
por los profesores de este nivel como agudización de las contradicciones y
continuidad del proceso de aprendizaje, permitirá el tránsito de lo potencial
al desarrollo real del estudiante. El análisis de estos fundamentos me conducen a reflexionar sobre la
siguiente interrogante: ¿Existen estudiantes que no están aptos para aprender?
¿Promueve el profesor la igualdad de oportunidades desde la propia clase? Por
lo que se infiere, que la mayor parte de las insuficiencias en el trabajo y
aprendizaje independiente de nuestros estudiantes están dadas por dificultades
de carácter metodológico, a las que el profesor de este nivel debe brindarle
especial atención. En las obras de Vigotski se ponen de manifiesto cuáles son los mecanismos
del proceso de aprendizaje, sobre todo lo referente a la relación que existe
entre aprendizaje y desarrollo, entre pensamiento y lenguaje, criterios de gran
valor metodológico para enfrentar la teoría y práctica pedagógica. Este
autor sostiene que el aprendizaje es una actividad social y no solo un proceso
de realización individual. El postulado teórico antes referido constituye una premisa para estudiar el
proceso de formación de la personalidad en la actividad, en revelar la esencia
de los niveles de conocimiento del objeto y de la interrelación entre los
sujetos, donde se manifiestan cualidades como la independencia y la creatividad
en la ejecución de las tareas docentes. Esto me conduce además, a reflexionar sobre cuáles son los niveles de
orientación hacia las actividades docentes y si están configuradas como
necesidades, motivos e intereses de los sujetos que aprenden. El problema del sujeto y de la personalidad en la actividad, además de ser
una crítica a las escuelas precedentes, es un momento cualitativamente nuevo
del desarrollo de la Psicología, es un reto al perfeccionamiento del trabajo
docente-educativo, de dirección y caracterización de grupos, lo que demanda
una fundamentación epistemológica multidimensional del proceso de formación
de la personalidad, donde la dirección del aprendizaje como un problema social
trascienda el marco escolar y que se comprometan los sujetos implicados con las
transformaciones que ellos mismos protagonizan, es por ello que han sido disímiles
los intentos por organizar el trabajo independiente de los estudiantes como
constante preocupación de maestros, pedagogos y profesores de todos los niveles
de enseñanza. En todo el proceso, desde la determinación hasta el control del trabajo
independiente, la orientación cumple una función cada vez más
preponderante si tenemos en cuenta que nuestros profesionales en formación
constantemente se enfrentan a las complejidades de la vida moderna con su
vertiginosa dinámica, la multiplicidad de opciones por las cuales hay que
decidir, el gran cúmulo de información que en ocasiones tiene que ser de
obligada consulta, parece alejarnos de la frontera de la desactualización,
experiencias, vivencias o situaciones cotidianas que relacionadas con el desempeño
de un determinado rol social debe manejar el sujeto y que lo hacen más
vulnerable a situaciones estresantes, de agobio, disminución de la capacidad de
trabajo y la pérdida del conocimiento perspectivo de cómo darle solución a un
determinado problema, esto conduce a la siguientes reflexiones: El término orientación ha transitado por diferentes acepciones de
acuerdo con las funciones que ha ejercido el hombre en el enfrentamiento a
diferentes problemas sociales. Una especial connotación ha tenido en la
necesidad de dirigir algo hacia un fin determinado, donde puedan apreciarse los
cambios y transformaciones del objeto o fenómeno que se estudia desde los
estados iniciales hasta los finales, constatando así en qué medida se lograron
los propósitos prefijados. Orientar es esforzarse por saber (Gal. R. 1948)
, de qué manera pueden desarrollarse al máximo las fuerzas latentes de cada
personalidad en formación, es buscar en qué sentido puede realizarse a
plenitud cada ser humano, es el problema de la felicidad, de la alegría, de
realizar sus potencialidades, que no excluye el esfuerzo ni el dolor, es el
problema de la justicia, de la democracia, de la libertad y de encaminar a cada
uno hacia el género de cultura y de actividad que mejor le conviene. Desde una concepción didáctica, en función de la socialización del
proceso de aprendizaje y en el contexto de una escuela independiente y
organizada, es el reconocimiento del otro, de las posibilidades que le son
inherentes y cómo las puede irradiar; qué saberes considera necesario demandar
a otros sujetos del grupo, qué fuentes de información consultar, saber
diferencias cuáles le pueden ser más útiles y cómo con su accionar es capaz
de contribuir al bienestar de sus semejantes, expresar elección de
alternativas, que una vez consensuadas sean del agrado de la mayoría antes de
ser aplicadas. Como ya he referido anteriormente, el trabajo de orientación en todas las
esferas, es una demanda del desarrollo social, o sea, en la medida en que el
hombre se enfrenta a resolver los problemas que para él son impostergables, se
hace cada vez más diferenciada la orientación y es en el proceso educativo,
donde cobra mayor relevancia porque cada sujeto, constantemente recibe un
sistema de influencias educativas en las diferentes etapas de su desarrollo
ontogenético. El valor fundamental de la orientación como proceso y etapa reside en que
garantiza la comprensión por el estudiante de lo que va hacer antes de iniciar
la ejecución. En la medida que él comprende, no solamente lo que va hacer, el
producto que va a obtener, sino también cómo ha de proceder, qué materiales e
instrumentos ha de utilizar y qué acciones y operaciones debe emprender y el
orden de su despliegue, mayor será la calidad de la ejecución y del resultado
que se obtenga. Además, es importante antes de iniciar la ejecución, que el profesor tenga
un pleno control de la comprensión de los estudiantes, aquí se deben realizar
preguntas para constatar su preparación para esta etapa, propiciar las
condiciones favorables para el intercambio, la búsqueda de soluciones
alternativas, la ayuda, la reflexión, el tiempo necesario para llegar de forma
gradual a un resultado. El control no puede identificarse únicamente con el resultado final, se
implementa, como estrategia de dirección, desde la orientación para darle
seguimiento a la incorporación del estudiante a todo el proceso, esto propicia
el desarrollo de habilidades generales como: planificar una actividad,
determinar qué acciones seguir y controlar su realización. Los componentes de la actividad de aprendizaje antes referidos se
materializan a través de la socialización de este proceso. Las manifestaciones del desarrollo alcanzado en todos los ámbitos de la vida
social han puesto a la escuela ante la necesidad de una constante renovación de
estilos y métodos de trabajo que promuevan la independencia en la búsqueda de
soluciones y que en este proceso, sean cada vez más evidentes los niveles de
colaboración, donde el sujeto, independientemente de su responsabilidad
individual en el cumplimiento de determinada tarea, se identifique con las
preocupaciones del otro y le sea placentero y agradable brindar determinado
nivel de ayuda siempre que sea necesario. La necesidad de que profesores y estudiantes sean más independientes en la
ejecución de diversas tareas, trasciende los marcos de la escuela e influye de
forma decisiva en la vida social. Actualmente la escuela no es lugar donde los
niños, adolescentes y jóvenes permanecían sentados la mayor parte del día en
espera de órdenes a ejecutar. Es una institución determinante, influyente en
el desempeño social de todos los individuos, los enseña a comportarse a
manifestarse en disímiles situaciones lo que da una apertura sociológica a su
intención formativa. No se trata de reforzar normas o estilos coercitivos, sino de que cada
estudiante se dote de sus propias normas y sepan adecuar sus estilos a cada
situación, que aprendan a analizar lo que sucede en su escuela y microsociedad,
a interaccionar con los otros en distintas situaciones que pueden ser
competitivas, de conflictos, de cooperación, de ayuda y de apoyo emocional a
los demás. Esto hace que la educación no sea algo inalcanzable, engorrosa y
dura; sino una actividad placentera, libre de barreras, a la que de forma fluida
y cotidiana se incorpora el individuo. Al respecto en algunas latitudes prevalecen criterios fundados en los
preceptos más tradicionales y reaccionarios de la fe religiosa donde se
establece una división arbitraria entre el trabajo y el placer, lo que se
fundamenta en la maldición bíblica del "ganarás el pan con el sudor de tú
frente". ( J. Delval. 1998). El autor arriba referido, al abordar la importancia de lo placentero para
alcanzar con éxitos los resultados de la actividad, plantea: "Cuando la
actividad que se realiza es deleitosa, y libremente elegida, se pueden ejecutar
enormes esfuerzos con mucha satisfacción". Desde una perspectiva sociológica del problema, muchas personas (incluso,
profesores y estudiantes de niveles superiores) al no tener una clara concepción
de la relación entre esfuerzo y placer niegan la posibilidad de que el
aprendizaje y el trabajo escolar puedan ser placenteros, y sostienen que la
actividad en la escuela es dura y poco deseada, al mismo tiempo hay padres que
amenazan a sus hijos con el esfuerzo y la rigidez que representa someterse a la
disciplina escolar. Es por ello que la escuela como centro de formación de la cultura debe
suministrar todos los elementos necesarios y suficientes para hacer más
trascendente a la educación en todas sus dimensiones, que gane en
universalidad, que esté dirigida a rescatar el lugar que merece el hombre en el
sistema de relaciones sociales y la perpetuidad de transformación social que
este le imprime al proceso del conocimiento. ¿Cómo logra la escuela que esto se materialice?. Lo esencial es cambiar las formas de trabajo, mostrar que el conocimiento es
una fuerza transformadora de la realidad, que se aplica a los problemas
cotidianos, que en cada modo de actuación de los sujetos se expresa satisfacción
por el seguimiento a la evolución cualitativa del proceso y de los resultados
alcanzados en términos de aprendizaje. En el ejercicio de su función el maestro necesita muchos elementos, tiene
que conocer profundamente la cultura humana, saber cómo piensan y se
desarrollan sus estudiantes para guiarlos en este complejo proceso, insistir
sistemáticamente en la necesaria formación de valores, de la que no pueden
prescindir nuestras influencias educativas por muy informales que sean. Esto permite que la escuela se abra más a los problemas sociales y luche por
resolverlos, que los educandos se sientan más comprometidos con transformar la
sociedad en beneficio de todos y que luchen por un ideal social, en el ejercicio
de su futura profesión. El obligado reconocimiento que merece la escuela como centro formador de una
cultura determinada, hace que esta logre mayor aproximación a la realidad y
aprenda a analizarla, que todo su accionar se revierta en auto transformación
para cada profesor, que se libere de la resistencia al cambio, que aprenda a
pensar cómo enseñar y enseñe a pensar cómo aprender. Exigir porque cada
estudiante sea crítico y colaborativo, que piensen por sí mismos y se
conviertan en seres autónomos. Para la formación de maestros es de gran importancia tener en cuenta estas
necesidades y renovar constantemente estrategias de ingreso a los centros
formadores de los diferentes niveles, para que los futuros maestros, desde los
estadios iniciales de su formación sean independientes y creativos e irradien
esos estilos a los sujetos que aprenderán de ellos. Las consideraciones hasta aquí expuestas nos conducen a analizar el problema
objeto de investigación desde una perspectiva pedagógica. Proceso de enseñanza-aprendizaje pro trabajo independiente: apuntes para una
fundamentación pedagógica. En la actualidad han sido numerosas las investigaciones que han abordado el
trabajo independiente y el desarrollo de las habilidades de estudio con este carácter.
En todos los casos es evidente la inclusión del sujeto en la actividad
cognoscitiva independiente, criterio que viene sistematizándose desde 1980 en
los trabajos de P. Pidkasisti, y luego por C. Rojas, (1982), J. López, (1989),
P. Rico, (1990), C.A. de Zayas, (1998), F. Díaz-Barriga, (1998) e I. Muriá,
(1999), entre otros. El didácta exsoviético, P. Pidkasisti fue uno de los más connotados
investigadores que en la década de los ochenta define que trabajo
independiente es le medio de inclusión de los alumnos en la actividad
cognoscitiva independiente, el medio de su organización lógica y psicológica.
( 54 , 234) El autor de referencia no aborda la importancia que tiene el trabajo
independiente dentro de la propia clase en función del aprendizaje
desarrollador, de la independencia cognoscitiva ni la trascendencia de estas
habilidades para la formación de modos estables de actuación en los futuros
profesionales. En el contexto latinoamericano, Díaz-Barriga, analiza las insuficiencias
curriculares y su incidencia en el desarrollo de habilidades para el trabajo
independiente; I. Muriá (1999), hace una caracterización del abordaje
constructuvista en las habilidades de estudio independiente y la influencia de
diversas corrientes psicológicas como el enfoque psicogenético, el aprendizaje
significativo y la psicología sociocultural. Sin embargo, a pesar de que los
representantes de estas corrientes se adscriben a diferentes puntos de vistas teóricos,
comparten el principio de la actividad constructiva del alumno en el aprendizaje
como naturaleza inherente a este proceso. En su artículo: La actividad, base del proceso de enseñanza-aprendizaje en
el aula; como parte de la compilación del libro: La calidad en los procesos
educativos, el didacta español A. M. Rivilla, declara una tipología de
actividades en el aula sobre la base de un criterio macro, donde se
interrelacionan un conjunto de dimensiones por las que debe transitar el
estudiante en formación y por otra parte las características de los contenidos
y especificidad de cada disciplina, que condicionan dichas actividades. Aunque los espacios de desarrollo que integran esta propuesta son
abarcadores, por su complejidad exigen una rigurosa armonización, por la
diversidad de dimensiones y aspectos del contenido que aborda, además, hace una
fragmentación innecesaria de dimensiones y no se tienen en cuenta aspectos de
la esfera afectiva que son determinantes para lograr un aprendizaje eficiente. Algunos autores, como C. Rojas, J. López y P. Rico, entre otros, en su mayoría
cubanos, establecen las diferencias entre estudio independiente y trabajo
independiente como formas de auto preparación del estudiante bajo la orientación
del profesor, en ambos casos se manifiesta un tránsito de la dependencia a la
independencia, que, aunque con diferentes niveles de responsabilidad apuntan
hacia la apropiación y desarrollo de habilidades para resolver la tarea
docente. C. A. de Zayas, (1999), declara que "el trabajo independiente es una
característica del proceso docente-educativo; es aquel proceso que, en su
desarrollo, logra que el estudiante, por si solo, se autodirija". (6,133).
Este mismo autor refiere la importancia que tiene la solución de problemas por
el futuro egresado en la lógica del proceso docente-educativo, es decir, que
"en cada tema, aprendan porque resuelven múltiples problemas, los primeros
con ayuda del profesor (...) pero los siguientes por sí solos, con
independencia". (6, 133). Los criterios antes referidos y otros sistematizados a través de la consulta
bibliográfica, condicionan mis reflexiones para definir que trabajo
independiente es el método de dirección del aprendizaje dirigido al desarrollo
de habilidades para la independencia cognoscitiva dentro y fuera de la clase y
que se manifiesta a través de la auto preparación del estudiante, a partir de
la necesaria orientación del profesor, donde el sujeto que aprende concientiza
fortalezas y debilidades de los resultados alcanzados. (D. Quiñones, 2001, en
Tesis presentada en opción al título académico de Master en Educación). En el proceso educativo, concibo el trabajo independiente como método y que
se materializa en cuatro etapas fundamentales: Las etapas anteriores además de coincidir en su mayoría con los componentes
de la actividad de aprendizaje, implican un modo peculiar de estar y de
participar en el proceso educativo, ya que el profesor y el estudiante han de
valorar en todas sus dimensiones las posibilidades de interrogarse y de actuar
en el espacio que comparten, qué acciones educativas emprender en el contexto y
cómo replantearlas hacia la transformación profunda que demanda la actividad
en la que ambos están comprometidos. ¿Qué aporta el principio de la actividad desde una perspectiva pedagógica
al trabajo independiente de los estudiantes?. Tiene sus fundamentos en la capacidad e intencionalidad de los seres humanos
para comprender y aprehender la realidad, pero esta será más interiorizada
cuanto mayor es la participación de los estudiante en el proceso de
aprendizaje. El principio de la actividad, en toda su dimensión, presupone que profesores
y estudiantes asuman el proceso de enseñanza-aprendizaje como una realidad
compleja, que parte de la responsabilidad profunda de cada estudiante para
estructurar su propio proceso de aprender a aprender. Así, "el aprendizaje
es la construcción e interiorización de la realidad experiencial y académica
que la persona realiza, dependiendo esencialmente de su libre implicación, del
nivel de motivación, del estilo cognitivo y de su entrono cultural y
socio-emocional con el que interactúa". (A.M. Rivilla, 2000). Lo anteriormente citado, aunque de sobrada actualidad, me lleva a reflexionar
sobre la expresión: dependiendo esencialmente de su libre implicación, que en
el contexto del proceso, en su dirección e interrelaciones, tiende a
sobredimensionar las posibilidades del sujeto que aprende en cuanto a su
participación, por lo que en nuestras condiciones, esta libertad de implicarse
no puede identificarse en modo alguno con el dejar hacer como la preponderancia
al excesivo directivismo de la escuela tradicional. Por lo que sin dejar de concebir el aprendizaje mediado por un proceso de
realización propio, autónomo, colaborativo, activo y desarrollador donde se
sitúa a cada estudiante como principal responsable de sí mismo; en cada
situación educativa debe crearse un espacio de encuentro y de mejora entre
profesor-alumno, donde fluya de forma constante, en toda la actividad una
polaridad positiva en la comunicación e interrelaciones y que los modos de
actuación independientes y autónomos de los estudiantes reclamen la acción
orientadora del profesor. El problema de la independencia y autonomía está estrechamente relacionado
con la edad y nivel de madurez alcanzado por cada estudiante, aspecto muy
importante que no puede ser desatendido por los profesores de este nivel, por lo
que en el proceso de diagnóstico y caracterización del grupo deben definirse
las acciones para implementar los niveles de ayuda necesarios y suficientes que
orienten a cada sujeto hacia la reflexión de por qué es importante contar con
la ayuda de otros y, a su vez, brindarla como acción de gratitud hacia los demás. Así, la relación profesor- estudiante se afianza, estimula y consolida en
la medida en que se seleccionan las tareas que más acercan al estudiante a su
realidad socio-cultural, lo que a la vez va creando un espacio para la búsqueda
e indagación del contenido de cada tarea docente de forma voluntaria y
placentera. La formación de cada estudiante, requiere situarlo como el
protagonista de su situación educativa, a la vez que requiere de la plena
interactuación con los demás y la implicación profunda del profesor, viviéndose
en un ambiente del reconocimiento a la diversidad, lo que hace posible que cada
grupo sea un ámbito de creación de saber, de estilos de vivir los valores y de
nuevos modos de avanzar en la cultura de la indagación y del descubrimiento
continuo, donde se geste el aprendizaje activo y autónomo y se convierta en una
necesidad intrínseca de los modos de actuación de cada sujeto. De lo anterior se infiere la siguiente reflexión: ¿Cómo incentivar el
aprendizaje activo y autónomo?,. ¿qué cualidades lo identifican?. ¿Está en
condiciones el estudiante de la escuela cubana actual de auto dirigirse en la búsqueda
de la independencia y el estudio independiente desde la clase?. Cada profesor en la sala de clases, debe crear ese espacio-tiempo que
promueva verdaderas situaciones de aprendizaje, donde en un entramado
socio-cognitivo cada estudiante busque y reconsidere los procesos instructivos,
se cuestione lo presentado por el profesor, lea creadoramente cada texto, los
compare y los complemente con los que ya posee elaborados por él. La naturaleza didáctica de la actividad radica en la calidad y
representatividad de la misma para que el estudiante aprenda y se sienta
creativo en las tareas que realiza. "El estudiante activamente implicado en su aprendizaje ha de sentirse en
la clase como co-protagonista de ella, pero tal protagonismo requiere un estilo
de enseñanza del docente de apoyo y estímulo continuo para que asuma que la
tarea de aprender es un proceso esencialmente personal y de búsqueda
irrenunciable". (A.M. Rivilla, 2000) Aunque en la dirección del proceso de enseñanza-aprendizaje, la configuración
de las actividades que propician un aprendizaje activo son decididas por el
profesor como proceso inicial, luego, como consecución de lo procesal, deben
ser co-decididas y autopropuestas conjuntamente con los estudiantes. La autonomía se va construyendo con un marcado carácter vivencial, valorada
socialmente pero decidida prioritariamente por cada estudiante. Es la clase el
verdadero espacio de aprendizaje autónomo si el profesor comprende este desafío
y actúa en consecuencia, procurando que la naturaleza de las actividades que se
co-proponen sean favorables a la toma de decisiones y tiendan a que se mantengan
los niveles deseados de autonomía. La independencia y la autonomía, no excluyen la acción orientadora del
profesor, todo lo contrario, esto presupone la adecuada diferenciación de cómo
se manifiesta el tránsito de los estadios iniciales de dependencia hacia los
niveles de mayor independencia y protagonismo que va adquiriendo el estudiante
desde los primeros años de estudio, y que al finalizar será más rigurosa y
tendente a la corresponsabilidad. El aprendizaje activo y autónomo se
materializa en la medida en que las actividades que se orienten estimulen la
elaboración de repuestas independientes, creativas y acertadas. Aprender con independencia y autonomía debe ser un propósito curricular
desde los primeros años de vida, que ha de significar para todos los implicados
un proceso de apertura y superación continua, que requiere de una metodología
diferenciada hacia el estudio independiente con la necesaria complementación
del trabajo en equipos. El aprendizaje adquiere el rango de activo y autónomo cuando el proceso
educativo en su realización de proceso de enseñanza-aprendizaje sitúa a cada
estudiante como el principal protagonista de su propia realidad personal y
escolar, comprometiéndolos con los niveles alcanzados de su auto desarrollo
para dar soluciones a los problemas auto propuestos que se revelan como parte de
la cultura escolar. El conjunto de tareas docentes que se le plantean al alumno debe estar
permeado de una perspectiva de búsqueda e iniciativas de nuevos procesos de
descubrimiento compartido entre profesor y estudiante, lo que conduce a la
creación de espacios interactivos flexibles que sitúa a los sujetos del
proceso "como creadores de una nueva práctica co-formativa". (M.
Rivilla, 2000). Es por ello que la dirección del aprendizaje, desde la clase, debe estar
mediada por un ambiente de preguntas, cuestionamientos de problemas planteados
por cualquiera de las partes implicadas, satisfacciones, insatisfacciones; que
se van estructurando como una manifestación necesaria de la interactividad en
este proceso. O sea, aprender independientemente, es básicamente avanzar en el
modo de entender, relacionarse y dar sentido a la realidad, descubriendo las
claves necesarias para participar y transformar en el aula y fuera de esta con
éxito. El aprendizaje es irrealizable e inalcanzable sin la implicación de los
sujetos, especialmente sin la emergencia de actitudes, sin la necesaria
identificación de pertenencia a un determinado proceso formativo sobre el que
se han definido tareas de diversos alcances y matices y sin la sensibilidad
adecuada para aprender a aprender. La calidad del aprendizaje de los estudiantes y su enfrentamiento a la búsqueda
independiente está en dependencia de la naturaleza y coherencia de las
actividades que para este fin se planifiquen en el aula, estas son el punto de
partida de la concepción metodológica que se adopte en función de configurar
una adecuada orientación y clima de trabajo que responda a las expectativas y
necesidades de los estudiantes. El verdadero carácter protagónico de los sujetos en el proceso de enseñanza-aprendizaje
se logra cuando este se integra consciente y responsablemente a la ejecución de
cada tarea, cuando cada estudiante domina e interioriza cuáles son las acciones
que va a implementar para cada respuesta, qué secuenciación establecer, con qué
contenidos vincularlos desde la significatividad del conocimiento. Es de gran importancia para los profesores, contar con las vivencias
personales de los que aprenden, armonizar iniciativas individuales con las
colectivas y valorar entre los diversos ejercicios, los más adecuados para
suscitar la creatividad y la colaboración de los estudiantes en su formación. El sistema de actividades que planifiquen los profesores en el aula y su
extensión a otras áreas de la escuela y la microsociedad, constituye el medio
para relacionar los contenidos de las diferentes áreas con su propia
experiencia personal y cultural, lo que les permite avanzar en su madurez humana
y social, convirtiéndose en colaboradores de su propia formación. Es en este
espacio, donde cada estudiante da respuesta a los problemas y dificultades que
surgen en el proceso de autoaprendizaje y las situaciones de comprensión y
reconstrucción de lo trabajado, donde activamente se implican los sujeto
comprometidos. En la totalidad de las fuentes nacionales consultadas y en buena parte de las
foráneas, prevalece como criterio de que el trabajo independiente se ejecuta
por parte de los estudiantes fuera de los marcos del aula y que su éxito
depende en buena medida de lo que él sea capaz de hacer en la búsqueda
bibliográfica, estudio individual, elaboración de informes, consultas a
expertos, entre otros, para conformar y defender su trabajo. En correspondencia
con el principio de la independencia y la autonomía, es necesario reflexionar a
partir de las siguientes interrogantes: Las respuestas a cada una de estas preguntas anticipan un alcance curricular,
por ser este una estructura de proyecto educativo estable y en constante
transformación, coherente, que no pueden concebirse al margen de otros
elementos que lo integran. La constatación de la transformación estable de los modos de actuación de
los estudiantes, es una de las tareas más difíciles que acometen los
profesores en cualquier proyecto educativo, ya que el sistema de actividades al
que tiene que enfrentarse sitúa a cada estudiante ante la necesidad de
demostrar el despliegue de las habilidades rectoras en la ejecución de tareas
con carácter independiente, las iniciativas en la solución de problemas nuevos
para ellos, que en definitiva constituyen intenciones y propósitos del
curriculum. Las propuestas de una sistema de tareas con carácter independiente en el
aula, están estrechamente ligadas a las exigencias curriculares, han de
presentarse a toda la clase, de forma tal que el profesor, a partir de los
criterios de la diversidad le de una adecuado seguimiento a las acciones para la
ejecución, el control y autocontrol. Los fundamentos epistemológicos antes declarados, los métodos y técnicas
aplicadas, el análisis de los documentos rectores de la Carrera, la revisión
de los planes de clases de algunos profesores en la etapa del diagnóstico, la
observación de varias actividades docentes sobre la base de los indicadores
establecidos, me permitieron determinar que: Principales problemas que se han configurado como regularidad: Lo anteriormente expuesto nos condujo a declarar como criterios metodológicos
fundamentales los siguientes: En la operacionalización de toda propuesta metodológica hay que tener en
cuenta los siguientes aspectos: Fines, necesidades, preparación de las condiciones previas, diagnostico y
caracterización, capacitación a los docentes e implementación de la propuesta
a través del tema seleccionado. En la determinación, orientación, ejecución y control del trabajo
independiente se debe tener en cuenta los siguientes aspectos de carácter didáctico: I. Análisis del programa a impartir. (Disciplina y/o asignatura) La estructuración del sistema de trabajo independiente de un programa,
parten de un análisis de los aspectos que lo componen: II. Determinación del sistema de tareas docentes que el estudiante realizará
por trabajo independiente . El sistema de tareas que se proponga debe seguir un orden lógico y
debe ser para resolver antes de una clase, como condición previa para su
asimilación durante la clase para acercar a los estudiantes a los objetivos o
precisar alguna información o después de una clase como profundización o
sistematización de lo estudiado. En el estudio de cualquier tema se puede
combinar el sistema de tareas, siempre que la carga no resulte excesiva para el
estudiante. La tarea a orientar antes de una clase como condición básica propedéutica
puede hacerse en el tiempo que el docente considere oportuno, incluso antes que
el estudiante haya recibido el tema para el cual se prepara el trabajo
independiente. Las tareas que se proponen dentro de la clase deben quedarse articuladas en
la lógica general planificada para su desarrollo y prever el tiempo, las
condiciones y materiales que necesitan los estudiantes para su ejecución. El profesor tendrá claridad del momento de la clase en que debe orientarlo y
la forma en que organizará el grupo. (dúos, equipos, individual y otros) Después de analizado el contenido los profesores del año determinarán las
coordinaciones con el Centro de Documentación para que los estudiantes reciban
las orientaciones necesarias por parte de los especialistas de esa entidad para
la búsqueda de la información de acuerdo con la complejidad de cada uno de los
temas del programa. El trabajo independiente debe desarrollarse dentro o fuera de la clase de
acuerdo con la función didáctica determinante y la forma de la docencia que se
trabaje. Dentro de la clase: Se pueden diseñar para ser resueltos en una parte o en toda la clase. Fuera de la clase pueden ser: Todo sistema de trabajo independiente que se diseñe llevará implícito en
qué momento o etapa del curso se orientará y controlará, además el profesor
y estudiantes designados deben controlar sistemáticamente si las condiciones en
las que se despliegan las acciones para el aprendizaje son las más adecuadas
para su éxito, potenciando en los estudiantes las habilidades necesarias y
suficientes para la solución de tareas y un ambiente favorable para su
realización. II: Estructuración de cada tarea propuesta para el trabajo independiente. Después de precisada cada tarea, se estructurará metodológicamente, lo que
presupone: El control del trabajo independiente debe ser cualitativo-valorativo, que
constituya un referente para la auto valoración del estudiante ante el
aprendizaje, que le permitan conocer cuáles son sus fortalezas y debilidades,
que pueda retroalimentarse y adoptar alternativas a partir del error como un
"momento necesario del aprendizaje y del desarrollo de la
personalidad". (Fernando González Rey, 1989) IV. Orientación del trabajo independiente (T.I) al alumno. Al estructurar cada tarea del trabajo independiente según los procedimientos
antes declarados es evidente que su organización requiere de un tiempo que en
ocasiones puede resultar considerable en relación con el tiempo total del que
disponemos para la clase o tarea docente en cuestión. Para evitar que se
prolongue su orientación es necesario que utilicemos diferentes procedimientos
generales, entre los más productivo tenemos: Independientemente de la variante adoptada en todos los casos resultará
obligatorio: V. Control y evaluación del trabajo independiente. Aunque por la propia dinámica de la fundamentación del proceso se han hecho
algunas valoraciones de este momento en los aspectos anteriores, es necesario
precisar que: Deberá estructurarse como parte de la planificación del trabajo
independiente la forma en que se controlará, tratando que sean las más
productivas, profundas y cualitativas. Resumen En el artículo se aborda una importante y actual problemática en el proceso
docente-educativo de las Universidades Pedagógicas: la orientación del trabajo
independiente de los estudiantes. Son muchas las investigaciones que sobre este
particular se han realizado, sin embargo, todavía subsisten dificultades al
respecto, fundamentalmente en lo referente a su determinación, orientación,
ejecución y control. A partir de reflexiones iniciales que parten del propio
desempeño profesional del autor, de investigaciones realizadas tanto con
alumnos como en otros proyectos y que se fundamentan en todo del trabajo, se
exponen las experiencias alcanzadas durante varios cursos en el
perfeccionamiento del trabajo independiente de los estudiantes del primer y
segundo años de la Carrera Educación Primaria. Se hace un estudio diagnóstico
de los profesores y estudiantes implicados en la investigación, además del análisis
de los documentos rectores de la Carrera, lo que fundamenta la necesidad de la
propuesta metodológica para la determinación, orientación, ejecución y
control de trabajo independiente para los estudiantes de este nivel. Trabajo enviado por: Publicación enviada por Danilo Quiñones Reyna Contactar mailto:daniloquinonez@isplt.ltu.sld.cu Código ISPN de la Publicación EpZFEZkAkukNpWairo Publicado Saturday 3 de January de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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