Monografias | La simulación computarizada en el proceso de enseñanza aprendizaje de ElectronicaLa simulación computarizada en el proceso de enseñanza aprendizaje de ElectronicaResumen: La explotación de los nuevos medios técnicos, frutos de la actual revolución científico–técnica, deviene necesidad para optimizar el proceso de aprendizaje de los estudiantes. En el presente artículo se defiende, desde posiciones psicológicas y metodológicas, que el valor didáctico de los medios técnicos se lo imprime el contexto metodológico en el que se explotan sus cualidades, independientemente de sus potencialidades implícitas; así como que el empleo de los simuladores computarizados en el contexto metodológico, puede constituirse en procedimiento, y no en método propiamente. La explotación de los nuevos medios técnicos, frutos de la actual revolución
científico–técnica, deviene necesidad para optimizar el proceso de
aprendizaje de los estudiantes. En el presente artículo se defiende, desde
posiciones psicológicas y metodológicas, que el valor didáctico de los medios
técnicos se lo imprime el contexto metodológico en el que se explotan sus
cualidades, independientemente de sus potencialidades implícitas; así como que
el empleo de los simuladores computarizados en el contexto metodológico, puede
constituirse en procedimiento, y no en método propiamente. En este sentido, se
ofrecen algunas consideraciones para el empleo de la simulación como
procedimiento metodológico, tanto para la formación de conceptos, como para la
sistematización de instrumentaciones. Palabras claves: simulador, simulación, procedimiento, metodológico, método,
medio, medios técnicos, medios de enseñanza, medios de aprendizaje, recursos
personales, enseñanza, aprendizaje, acciones, habilidades, formación de
conceptos, nuevas tecnologías. Ante un nuevo orden mundial, la globalización de la economía, avances
vertiginosos en la ciencia, la tecnología, las comunicaciones y la información,
cambios que afectan los sistemas de producción y la organización social de los
países, el mundo laboral se muestra particularmente exigente y requiere
profesionales con conocimientos, instrumentaciones, actitudes y valores acorde a
estas exigencias. Éstas, por ende, son transferidas por vía curricular al
proceso de formación de profesionales, por lo que las instituciones creadas con
estos fines, debe experimentarse también una revolución en las formas y métodos
para dirigir el aprendizaje de los estudiantes. Pero a estas instituciones no sólo llegan las exigencias para la formación
de profesionales, también llegan nuevos medios para facilitar y optimizar el
proceso de enseñanza–aprendizaje. Relacionado con su explotación hay
ejemplos, incluso, de tendencias a erigirlos como la solución a muchos de los
actuales problemas en la enseñanza y el aprendizaje, desestimando el carácter
mediador del contexto donde se desarrolla el proceso, de los demás estudiantes,
de la metodología a través de la que se dirija el aprendizaje, etc.; sin
considerar que éstos adquieren sentido y propósito educativo, cuando son
adecuadamente insertados en el contexto metodológico. Con ello, se ha estado más
atento a la justificación de la bondad de las nuevas tecnologías para el
aprendizaje de los estudiantes, que al estudio de los requerimientos teórico–metodológicos
para que el uso de los nuevos medios sea efectivo, de calidad y contribuya de
modo significativo a la mejora del aprendizaje (Escudero Muñoz, J. M., 1992).
Ahora bien, ¿la designación de medios, en el proceso de enseñanza–aprendizaje,
es privativa de los recursos materiales con se cuenta en el mismo para enseñar
y aprender? Conceptuando los medios de enseñanza y los medios de
aprendizaje. Desde las posiciones teóricas asumidas, la metodología de la enseñanza y
el aprendizaje es entendida como la ciencia que estudia los métodos, técnicas,
procedimientos y medios dirigidos a la enseñanza de una disciplina dada
(Marinko, I. y Atoliarov, I., 1982; Rusavin, G. I., 1990; Hernández Castillo,
A., 1988; citados por Bermúdez Serguera, R. y Rodríguez Rebustillo, M., 1996).
De aquí que, a diferencia de algunas tendencias pedagógicas como la tecnología
educativa, que sitúa a los medios técnicos como centro del proceso de enseñanza–aprendizaje,
éstos se vean, junto a los procedimientos, como elementos para instrumentar los
métodos. Por otra parte, entender que el aprendizaje no está sólo "...
determinado por la existencia de una cultura, que condiciona tanto los
contenidos de los cuales los educandos deben apropiarse, como los propios métodos,
instrumentos, recursos (materiales y subjetivos) para la apropiación de dicho
contenido, así como los espacios y las situaciones específicas en que se lleva
a cabo el mismo" (Castellanos Simons, D. et. al, 2002, pág. 26); sino que
tiene, al mismo tiempo, una naturaleza individual, al constituir un proceso de
construcción personal, mediado por las "... capacidades, ritmos,
preferencias, estrategias y estilos de aprendizaje, unidos a la historia
personal, los conocimientos previos y la experiencia anterior... "
(Castellanos Simons, D. et. al, 2002, pág. 26); y por tanto, que el aprendizaje
depende esencialmente del ser que aprende y no de forma directa de lo que desea
o se propone el que enseña (Gimeno Sacristán, J. y Pérez Gómez, A. I., 1992;
Ferrández Arenaz, A., 1992; Bermúdez Serguera, R. y Rodríguez Rebustillo, M.,
1996; Valle Arias, A. y González Cabanach, R., 1998; González Serra, Diego J.,
2000; Pozo, J. I. y Gómez Crespo, M. A., 2001; Castellanos Simons, D. et. al,
2002); implica que los medios de enseñanza y aprendizaje sean vistos, desde una
visión global, como todos aquellos recursos personales o condiciones con las
que debe contar, el profesor para enseñar, y el estudiante para aprender,
respectivamente. Vistos así, cualquier condición o recurso puede ser un medio, y por tanto,
constituir instrumentación del procedimiento correspondiente (Bermúdez
Serguera, R. y Rodríguez Rebustillo, M., 1996). Esto conlleva a su vez, a
clasificarlos en personales (aquellos recursos propios de la personalidad del
sujeto: conocimientos, instrumentaciones, estrategias de aprendizaje, recursos
metacognitivos, etc., que le permiten actuar efectivamente) y técnicos
(aquellos recursos materiales que le facilitan la interacción, estudio, y/o
modelación de la realidad: láminas, televisores, computadoras, videos, etc.).
A su vez, atendiendo a su finalidad, estos se clasificarán en medios de enseñanza
y en medios de aprendizaje: "... los recursos personales, utilizados en el
contexto de enseñanza, serán conceptuados como medios de enseñanza, mientras
los recursos personales o condiciones propias de la persona que aprende han de
denominárseles medios de aprendizaje" (Bermúdez Serguera, R. y Rodríguez
Rebustillo, M., 1996, pág. 39). Desde esta perspectiva, las computadoras personales constituyen medios técnicos
de especial significación para el contexto metodológico actual. Pero, ¿son
las potencialidades implícitas de los medios, y en especial de las computadoras
personales, lo que determina su valía en dicho contexto? El valor didáctico de los medios técnicos se lo imprime el contexto metodológico
en el que se explotan sus cualidades. A criterio de numerosos autores (González castro, V., 1990; Escudero Muñoz,
J. M., 1992; Pons, J. de P., 1992; Romero Morante, J., 2000) los medios, e
incluso los que son fruto de las nuevas tecnologías, no definen 'per sé' un
determinado modelo educativo, aún cuando condicionan en gran medida la
metodología empleada en la enseñanza y el aprendizaje. En este sentido Cark y
Salomón (1986) expresan que "... los medios de enseñanza no son en sí
mismos factores causales del aprendizaje, pero pueden propiciar de hecho la
utilización de metodologías innovadoras en el aula" (Cark y Salomón,
1986, citados por Pons, J. de P., 1992, pág. 148). En especial, acerca del uso de las computadoras personales, muchos llaman a
interrogarnos en qué medida las mismas pueden "... contribuir a cambiar la
metodología de enseñanza, el contexto educativo o los instrumentos puestos al
servicio del profesor" (Pons, J. de P., 1992, pág. 148). Tal interrogante
no puede parecernos exagerada, pues éstos pueden adoptar, de una manera dinámica,
las características de otros medios, al poseer una capacidad de representación
e integración no antes vista, de aquí que se consideren metamedios, como señalan
Kay (1984) y Pons, J. de P. (1992). Sin embargo, a pesar de las potencialidades de los nuevos medios técnicos
para facilitar la representación, modelación e interacción con la realidad,
el valor pedagógico de los mismos se lo imprime el contexto metodológico en el
que se explotan sus cualidades (Jiménez, J. A., 1992; Romero Morante, J., 2000;
Pifarré, Manoli y Jaume Sanuy, 2000). Refiriéndose, específicamente a la
diversidad de los resultados obtenidos con el uso de computadoras personales
para facilitar el aprendizaje, y haciéndolo desde una perspectiva
sociocultural, Pifarré, M. y Jaume S. (2000) referenciando a Clements y Sarama
(1997) y a Salomon y Perkins (1998), expresan que las mismas pueden explicarse
por las características de las variables del contexto educativo, entre las que
señalan: el contenido de aprendizaje, las características de las actividades
de enseñanza y aprendizaje, la función del profesor, la interacción entre los
alumnos, entre otras. Los medios técnicos que se emplean en contextos metodológicos, pueden o no
ser diseñados con estos fines. Puede tratarse de materiales ad hoc (software
para aprender un contenido curricular, un programa de televisión para ejercitar
algún idioma extranjero, etc.), diseñados con fines didácticos, y
adecuadamente fundamentada su explotación desde posiciones psicopedagógicas; o
productos no diseñados originalmente con fines didácticos, pero poseedores de
potencialidades aprovechables con estos fines. En cualquier caso, ponemos a
consideración algunos criterios a tener en cuanta para el diseño de
situaciones educativas que utilicen herramientas tecnológicas como la
computadora personal, resultado de la sistematización teórica realizada (Jiménez,
J. A., 1992; Clements y Sarama, 1997; Salomon y Perkins, 1998; Romero Morante,
J., 2000; Pifarré, M. y Jaume S., 2000), y de la experiencia acumulada en la
explotación de éstos medios: Tanto en el contexto de la enseñanza, como de la actividad científica
contemporáneas, es muy frecuente la explotación de la computadora para la
simulación de procesos y fenómenos, y así acceder a su esencialidad a partir
de la modelación. A decir de González Castro, V. (1990), la simulación "... resume toda
la teoría relacionada con el proceso en el cual se sustituyen las situaciones
reales por otras creadas artificialmente... y de las cuales el estudiante debe
aprender ciertas acciones, habilidades, hábitos, etc., que posteriormente deberá
transferir a la situación de la vida real con igual efectividad" (González
Castro, V., 1990, pág. 284). Para este propio autor, la misma intenta romper la
diferencia que hay entre el aprendizaje de conceptos en el ámbito teórico y su
transferencia a situaciones prácticas. O sea, y como explícitamente lo
reconoce, considera la simulación como una actividad en la que el estudiante no
acumula información teórica, sino que la lleva a la práctica, con lo cual
esta se identifica con el entrenamiento puramente. Sin embargo, ello es desestimar las potencialidades de la simulación como
fuente de obtención de conocimientos. La simulación inicia con la modelación
de una parte de la realidad, en la que ocurren procesos o fenómenos que por lo
general no puede ser estudiados por su velocidad, complejidad, por lo costoso de
su estudio por vía experimental, etc. Esta implica, en primera instancia, la
construcción de un modelo, que representando lo real, posibilita más fácilmente
su estudio. En segundo término, la puesta en funcionamiento del mismo, con lo
cual se estudia virtualmente ese proceso o fenómeno, penetrando en su
esencialidad. Considerando entonces que el modelo reproduce fielmente las
características de la realidad, "... es posible hacer predicciones,
evaluar comportamientos y adquirir conocimientos con relación a la realidad
modelada" (Sureda Negre, J., 1986). En la simulación computarizada, por su
parte, "se trata de presentar el funcionamiento de un sistema o dispositivo
a través de la realización de una analogía matemática, realizada sobre
ordenador" (Sevillano García, Ma. L., 1995, pág. 273). El empleo de la simulación en el proceso de formación de profesionales
tiene sus particularidades, dadas en la explotación de simulaciones que modelen
actividades de aplicación, preferiblemente incluyendo la presencia de
instrumentos virtuales (Martín Rodríguez, A., et. al., 2001), funcionamiento
de circuitos, dispositivos, procesos productivos, etc., con vistas a potenciar
una actuación de los futuros profesionales acorde a los requerimientos de su
futuro contexto laboral. Respecto a la contrastación experimental tradicional, la simulación ofrece
las siguientes ventajas: Las características y ventajas antes referidas, evidencian que en el proceso
de simulación pueden desarrollarse acciones orientadas a la consecución de un
determinado fin u objetivo. ¿Puede, entonces, considerarse la simulación un
procedimiento metodológico? Existe consenso entre la mayoría de los autores consultados (Lerner, I. Ya y
Skatkin, M. N., 1981; Amaros y Llorens, 1986; Diseño Curricular Base, 1989,
García Nadal, R. et. al., 1992; Coll y Valls, 1992; Pozo y Gómez Crespo,
2001), en entender los procedimientos como un conjunto de acciones ordenadas,
orientadas a la consecución de una meta u objetivo. Ubicándolo dentro del contexto metodológico, el procedimiento deviene
instrumentación del método, "... es un detalle del método, es decir, es
una operación particular práctica o intelectual de la actividad del profesor o
de los alumnos" (Labarrere Reyes, G. y Valdivia Pairol, G. E., 2001, pág.
106); el que a su vez se instrumenta a través del correspondiente sistema de
medios que emplea la persona para la consecución de la tarea (Bermúdez
Serguera, R. y Rodríguez Rebustillo, M., 1996). A pesar de ello, y como señalan
algunos autores (Labarrere Reyes, G. y Valdivia Pairol, G. E., 2001) de la misma
manera que no se puede concebir el método como un conjunto de procedimientos,
el procedimiento fuera del contexto del método, pierde su significación. Visto desde el proceso de enseñanza, el procedimiento es un conjunto de
acciones del profesor encaminadas al logro de un objetivo, que jerárquicamente
se deriva del que orienta al método que se emplea para dirigir el aprendizaje
de los estudiantes, y que tienen lugar por medio del conjunto de experiencias de
naturaleza cognitiva e instrumental que ha acumulado, así como de los
correspondientes soportes técnicos. Desde el aprendizaje, el procedimiento
constituye el conjunto de acciones que desarrolla el estudiante para ir
penetrando gradualmente en la realidad que estudia, y la consiguiente construcción
de un sistema cognitivo–instrumental que le permitirá seguir penetrando en
ella. La simulación, por tanto, se constituye en procedimiento, tanto para la
formación de conceptos y construcción en general de conocimientos, como para
la aplicación de éstos a nuevos contextos a los que, por diversas razones, el
estudiante no puede acceder desde el contexto metodológico donde se desarrolla
su aprendizaje. De hecho, "buena parte de la ciencia puntera, de frontera,
se basa cada vez más en el paradigma de la simulación, más que en el
experimento en sí..." (Pozo, et. al, 2001, pp. 24–25). Desde el punto de vista metodológico, a pesar de las potencialidades para
ejecutar acciones orientadas a la consecución de determinados fines, la
simulación se identifica como procedimiento metodológico, y no como método
propiamente, por varias razones: Como se ha expresado anteriormente, la simulación puede utilizarse como
procedimiento, tanto para la formación de conceptos, como para la sistematización
de conocimientos e instrumentaciones. En el primer caso, su objetivo fundamental
es la actualización de conocimientos, a partir de las exigencias de esa parte
de la realidad modelada; en el segundo, la sistematización de
instrumentaciones, tomando como referente los invariantes instrumentales que
caracterizan la actuación de los profesionales de ese contexto. Para que el proceso de simulación devenga procedimiento metodológico para
la formación de conceptos, se sugiere que el mismo se desarrolle a través de
las siguientes etapas: Para ser usado como procedimiento metodológico para la sistematización de
acciones, o sea, básicamente como entrenador, se recomienda que la simulación
cuente con las siguientes etapas: Independientemente de sus potencialidades implícitas, los medios técnicos
de enseñanza, e incluso aquellos fruto de la actual revolución científico–técnica
(como es el caso de la computadora personal) carecen de valor didáctico fuera
de un contexto metodológico que complemente esas potencialidades inherentes.
Ello explica por qué, aún cuando la computadora personal puede ser definida
como metamedio por el número de prestaciones que ofrece, su empleo no determina
la existencia de un nuevo modelo educativo. El empleo de la simulación computarizada parece restringido exclusivamente
al desarrollo de habilidades como resultado de la sistematización, en contextos
virtuales, de acciones por parte de los estudiantes; desestimando su explotación
como fuente de obtención de conocimiento, a partir de la modelación de la
realidad que se puede lograr en estas, y que ayuda, como a veces ningún otro
procedimiento, a penetrar en su esencia. A pesar de sus posibilidades como fuente de generación de acciones
orientadas a fines u objetivos, la simulación no puede conceptuarse como método
propiamente. La naturaleza de la misma, las características de los simuladores
empleados, hacen necesario una complementación metodológica para que sean
explotados en el estudio de la realidad, con el empleo de otros procedimientos. Adell, J. (1997). Tendencias en educación en la sociedad de las tecnologías
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Datos del autor: Leandro Arias Labrada. Profesor del Departamento Eléctrica–Economía. Facultad de Ciencias Técnicas. Universidad Pedagógica "José de la Luz y Caballero", Holguín, Cuba. Licenciado en Educación, especialidad Física y Electrónica, y aspirante al grado científico de Doctores en Ciencias Pedagógicas. Publicación enviada por Leandro Arias Labrada Contactar mailto:leandro@isp.holguin.inf.cu Código ISPN de la Publicación EpZFEZpyAyWHjkGdna Publicado Saturday 3 de January de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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