Monografias | Al maestro con cariño o breve tratado sobre el concepto de profesor y la división existencial del hombreAl maestro con cariño o breve tratado sobre el concepto de profesor y la división existencial del hombreResumen: Cuestión de términos. Valor de la presencia del educador. La división existencial del hombre. En los últimos años se ha puesto de moda hablar sobre los retos que enfrentan la formación docente y la educación ante la llegada del nuevo milenio. Se habla de los retos en cuanto a la elaboración de programas que fomenten la actualización, la especialización y el perfeccionamiento de las capacidades de los profesionales de la educación. Pero ¿alguien ha hablado o ha reflexionado acerca de la profundización, la sensibilización y la revalorización de la vocación de los docentes, no sólo por la formación académica de sus educandos, sino por su formación integral como seres humanos? Índice Una breve consideración Cuestión de términos Valor de la presencia del educador La división existencial del hombre Consideraciones finales A
los hombres y mujeres que han hecho de
la docencia un apostolado y
no un simple modus vivendi. Un
maestro de escuela puede
decirte lo que espera de ti. Pero
un verdadero maestro despierta
tus propias expectativas. PATRICIA NEAL 1. Una breve consideración En
los últimos años se ha puesto de moda hablar sobre los retos que enfrentan la
formación docente y la educación ante la llegada del nuevo milenio. Se habla
de los retos en cuanto a la elaboración de programas que fomenten la
actualización, la especialización y el perfeccionamiento de las capacidades de
los profesionales de la educación. Pero
¿alguien ha hablado o ha reflexionado acerca de la profundización, la
sensibilización y la revalorización de la vocación de los docentes, no sólo
por la formación académica de sus educandos, sino por su formación integral
como seres humanos? Y aquí se debe señalar que formación integral engloba lo
intelectual, lo social y lo moral. 2. Cuestión de téminos A
guisa de comentario se dirá que, para poder aclarar los conceptos que se
manejan en la educación, primero deberá cambiarse el término que se da a los
hombres y mujeres que trabajan en ella y para ella, que es, además, la
identificación con la actividad diaria a la que se dedican: el de Profesor. ¿Sabe
usted lo que significa el término profesor? Esta palabra viene de la voz
profesar, que en alguno de sus significados quiere decir ejercer una ciencia,
arte u oficio, o enseñar una ciencia o arte. Además, significa "ejercer
una cosa con inclinación voluntaria y continua". Por tanto, profesor es la
persona que ejerce o enseña una ciencia o arte. Así,
profesar es más que simplemente ejercer o enseñar una cosa con inclinación
voluntaria o continua: equivale a consagrarse o a dedicarse a una actividad de
manera total, tanto en lo individual como en lo colectivo, con el compromiso de
servir por servir como premisa fundamental. Aquí ya se invade otro terreno: el
de la vocación. A
su vez, la palabra Maestro significa "el que enseña una ciencia, arte u
oficio, o tiene título para hacerlo. Más aún, en este sentido, Maestro es
"el que conduce", "el que guía", "el que enseña el
camino", y no solamente "el que instruye". En dado caso, docente
es el que enseña, instruye o adoctrina, pero además, es el hombre o mujer
perteneciente o relativo a la enseñanza. Así,
lo más correcto sería que se les denominara docentes o trabajadores de la
educación dado que trabajan instruyendo, dotando a otras personas de
conocimientos académicos elementales e incluso semiespecializados, es decir,
semitecnificados, con la idea de que les servirán para la vida, lo cual no es
totalmente cierto porque no es posible entender para qué puede servirle la
geografía a alguien que trabaja como obrero en una fábrica, o el álgebra a
quien es músico, abogado o albañil, a menos que sea como cultura general, lo
cual evita que el individuo se convierta en un analfabeta funcional, pero que no
es suficiente. Y aún así no faltarían las preguntas sobre el "por qué"
de ese estudio. El
cambio de los conceptos no implica el de la esencia, pero en este caso, dicho
cambio sí va de la mano con la transformación de la realidad ya que no se le
puede decir Maestro a una persona que meramente se dedica a instruir, salvo en
los casos en que, por su testimonio –o sea, su ejemplo y logros personales y
profesionales–, se haga merecedor de tal título. Se
puede apreciar que este sistema de conceptos –profesor, maestro, educador,
docente, trabajador de la educación– tiende un poco a reflejar la
idiosincrasia del pueblo mexicano, pues, normalmente, la gente de escasa o mínima
instrucción suele denominar de manera indistinta a quienes trabajan en el ámbito
de la enseñanza. Y aún la gente que posee un poco más de desarrollo académico
usa estos títulos sin mayor selectividad, ya que no es cuestión de cultura
sino de conciencia. Y
lo que determina esta conciencia es el grado de participación de los educadores
en los distintos aspectos de la vida de sus educandos –a quienes comúnmente
se les llama alumnos– así como de la participación y relevancia que tengan
en sus relaciones sociales y con su comunidad. 3. Valor de la presencia del educador Hay
un cuento que habla de la importancia de las opiniones de terceras personas en
la forma de pensar o actuar del ser humano. Así, cuando se es pequeño –hasta
los 5 o 6 años– el individuo se sustenta en la idea "Dice mi mamá"
o "Dice mi papá". En
el transcurso de la primaria, se piensa "Mi maestro –o Mi Maestra–
dice…". Ya en la secundaria, el individuo tiene otra visión: "Mis
amigos dicen…" o "En la televisión –o en el Internet–
dicen…". Finalmente, ya entrando en la etapa adulta, la persona adquiere
otra noción al preguntar "¿Quién demonios dice…?". Del
mismo modo, cuando se está en la primaria –nivel básico de formación del
sistema educativo mexicano– todos los educadores son "Maestros",
porque –se supone- son quienes dan la primera interpretación y apreciación
de la realidad a los niños. Son, por decirlo así, los primeros facilitadores,
los primeros traductores del mundo y sus fenómenos. Después,
en la secundaria, ya no son "Maestros" sino "Profesores",
porque en este período, los jóvenes –tanto hombres como mujeres– buscan el
apoyo y el consejo de alguien externo a su casa para enfrentarse de manera más
adecuada y exitosa a la realidad que, generalmente, suele presentarse adversa y
difícil, llena de retos y crisis existenciales que la mayoría de las veces
incluye a papá y a mamá como adversarios o como compañeros que no les
comprenden. Muchos
educadores logran que sus alumnos superen esta etapa con óptimos resultados,
pero sólo en la medida en que están verdadera y profundamente involucrados con
el adolescente por su propia condición de vulnerabilidad más que con los niños
o con los jóvenes entrados en la edad adulta. Además,
se tiene la certeza de que casi todo el mundo recuerda al menos a un maestro o
maestra de la secundaria, ya sea como un ejemplo, como un modelo o como un
enemigo de aquellas correrías, p. Ej. el clásico profesor que trae loco a todo
el mundo con la disciplina y el orden, o al que solía tomar distraído a
cualquiera para preguntarle algo relativo a la clase y que no se sabía por no
estar poniendo atención a ella, o para pedirle la clase del día anterior a fin
de medir el grado de aprendizaje o de repaso de las notas, etc. En
la preparatoria o su equivalente siguen siendo maestros o profesores, pero de ahí
a la carrera universitaria ya se les empieza a aplicar el distintivo de Catedráticos,
pues se parte de la idea no consciente de que el Profesor o el Maestro tienen
ese título como grado académico recibido por haber cursado estudios de Normal
Superior o Licenciatura en Educación o Pedagogía, a diferencia de aquellos,
quienes son profesionistas titulados –e inclusive especializados– en otras
áreas del saber, ya sean Ingenieros, Médicos, Abogados, Físico-Matemáticos,
Psicólogos, etc. Por
desgracia, la mayoría de ellos –que son llamados por su título– ya no se
encuentran –en poco o nada– involucrados en la situación académica y mucho
menos personal de sus alumnos. Se limitan a dar su clase y a obtener los
resultados mínimos-máximos deseados. Pocos, realmente, están inmersos en los
triunfos y fracasos y en los logros y problemas de los jóvenes adultos o recién
entrados en dicha etapa. Hasta
aquí, la condición de los catedráticos es prácticamente similar a la de
cualquier profesionista; sólo que, con esa visión, producen un fenómeno muy
curioso –y aquí se va a permitir a los autores acuñar un concepto– y que
consiste en determinar la división existencial del hombre. 4. La división existencial del hombre ¿Por
qué existencial, podría preguntarse, y en qué difiere de la división del
trabajo? Se dice existencial, en primera instancia, porque a partir de la
noción de otras personas, los individuos se sienten motivados –o se dejan
inducir– a tomar uno de los tantos caminos que ofrece la educación y
capacitación técnica o superior, las artes y los oficios o, por el contrario,
pierdan dicha motivación y se dirijan hacia la mediocridad o, peor aún, hacia
modos de vida grises u oscuros. Este
es el sentido: la división del trabajo del hombre implica cuál será el oficio
o profesión que cada individuo elija y, por ende, cuál será su rol en el
mundo productivo. Ello implica especialización en materia artesanal,
industrial, comercial, de salud, etc. La división existencial del hombre más
bien equivale a la elección, o mejor dicho todavía, al descubrimiento de la
vocación que cada individuo logre, y por ende, cuál será su percepción de si
mismo y del rol que desempeñe en el mundo productivo. Pues
bien, la vocación la descubren o la adquieren ya sea por sus propios medios,
investigando, analizando opciones profesionales o laborales, ya sea casual o
causalmente, etc. Los vehículos o modelos, cuando se tienen, pueden ser los
padres, familiares, amigos o los propios maestros. Y aún más, pues uno de los
autores tuvo un profesor que era Contador Público y aquél estudió otra
carrera. Sin embargo, asimiló muchos puntos de su moral y su conducta. Así,
de la imagen que los profesores proyecten hacia sus alumnos dependerá que los
convenzan o no de ser profesionistas, artistas o técnicos en algo, ya sea
porque gozan de buenos ingresos, prestigio, capacidad, imagen, etc. O
simplemente porque su clase es tan interesante y amena que motiva al joven a
pensar en seguir estudiando esa o cualquier otra área. Más todavía, como ya
se dijo, de ello dependerá que se conviertan en mejores personas. Por
otro lado, y volviendo al ámbito profesional, puede influir negativamente
porque con su forma de ser y de exponer la clase no sólo no lo motive, sino que
lo desanime y le quite las ganas de estudiar, o bien, porque no logren
convencerle de que el camino del estudio sea el mejor. Esto es fácil de
ilustrar: el también clásico profesor mediocre que da una mala clase y que
proyecta una imagen no exitosa y que no posee un gran prestigio, ni grandes
ingresos, ni se ve competitivo, etc. En segunda instancia, porque a partir de la noción de sí mismo y de su entorno, sus
posibilidades, sus limitaciones y sus necesidades, el joven podrá adquirir la
facultad personal de decidir sobre su propio destino, a saber: De
tal modo, se puede tener a jóvenes sin recursos pero con talento o sin él, que
deciden seguir estudiando o que deciden abandonar tal proyecto, o jóvenes con
recursos que, con o sin talento, deciden estudiar o dedicarse a otra cosa. Tanto
en un caso como en otro y sea que estudien o no, pueden convertirse en seres
mediocres o triunfar en otras actividades. En
el caso personal, se han visto casos de personas que triunfaron en los ámbitos
comercial, deportivo, artístico e inclusive laboral, o bien, en el espectáculo,
la política, la seguridad –sea en las corporaciones policíacas o en las
Fuerzas Armadas–, etc. y que no requirieron de estudios profesionales para
hacerlo. Sin embargo, casi todos aquellos que continuaron estudios superiores
han triunfado o, al menos, viven bien y sin matarse tanto, valga la expresión. Pero
volviendo al caso de los docentes, si el joven tiene un catedrático que da una
buena clase y proyecta la imagen de un triunfador, estará motivando a los jóvenes
a vencer sus limitaciones y aprovechar todas sus ventajas y capacidades para ser
como él e incluso superarlo. Caso contrario, si el joven tiene un catedrático
con una pésima clase y una imagen pobre, tal vez decida dejarse vencer por sus
limitaciones –aun cuando fueran mínimas- y desperdiciar su potencial. Claro
que hay muchachos y muchachas que, con todo y un buen catedrático, deciden
desperdiciarse, al igual que los hay que, con un mal maestro, deciden superarse
y se sobreponen a cualquier limitación o mal ejemplo, aunque esto suele ser
determinado más por factores externos a la escuela, como p. Ej. el entorno. Así,
los jóvenes que cuentan con padres, familiares y amigos exitosos en cualquier
actividad, pero más específicamente en lo profesional, es normal que sigan tal
ejemplo. También los que hay que, pese a ello, deciden seguir otro camino,
aunque son los menos. Y
los jóvenes que en su entorno no cuentan con ejemplos como los referidos, no es
extraño que se queden en el camino, aunque hay algunos –por suerte, cada día
son más- que deciden sobresalir y ascender a otra escala de vida. 5. Consideraciones finales Así
pues, lo de existencial no se refiere a la concepción filosófica del
existencialismo –al menos como lo escribió Kierkegaard-, sino a lo que sociológicamente
se debe entender como el Estado del Ser, tanto en los tiempos presente como
futuro. Además, se demuestra que, efectivamente, hay docentes que se involucran
de manera fehaciente no sólo con sus alumnos, sino con su comunidad. Aquí
valdría la pena considerar que el término trabajador de la educación es el más
adecuado, aunque suene rudo y con poco contenido, para las personas que se
limitan a exponer una clase y cumplir con un horario, que buscan tener mayores
ingresos, pero que no se interesan por la vida de sus alumnos; porque como sus
maestros no son sólo sus instructores o facilitadores: son sus guías, sus
modelos, sus formadores, sus conductores. Hoy,
se preocupan más por hacer mítines y plantones para obtener aumentos
salariales y prestaciones, cargos públicos y toda clase de canonjías,
prebendas y beneficios que por formar personas. Ese tipo de maestros ya son cosa
del pasado. Pocos
casos hay ya de personajes como aquellos a los que dieron vida Don Elías Moreno
en la película Simitrio –de los años dorados del cine nacional–, o como el
de Sidney Portier en Al maestro con cariño –de la década de los sesenta–,
y ni decir de Don Mario Moreno "Cantinflas" en El Profe. Ahí, los términos
sí que estaban de lo mejor empleados y aplicados. Para
concluir, resta decir que, si no se cambian los sistemas de instrucción a través
del planteamiento correcto de los conceptos y la facilitación de estos para la
vida social, productiva y personal de los demás individuos, se estará
corriendo el riesgo de perderse en el mar de las definiciones sin sentido, y que
esto sea utilizado como hasta ahora: sin conocimiento de causa para invocar una
denominación, un título o un grado para quien ya no lo representa, como es el
caso de los Maestros. Asimismo,
los autores también quieren que este pequeño ejercicio sirva como llamado de
atención para aquellos que son llamados Maestros y que, por desgracia, no lo
adoptan como forma de vida, como premisa fundamental, como proyecto personal,
como un apostolado, y no solamente como un modus vivendi. Los
autores, alguna vez, escuchamos que la carrera del Abogado puede ser la más
noble de las profesiones o el más vil de los oficios, y después pensamos que
también la Medicina, la Política y el Sacerdocio pueden serlo. O no serlo
ninguna de ellas, qué caray, si se tiene moral. Señores
Docentes, no permitamos que la Docencia sea un oficio vil y barato. Hagamos de
ella La Más Noble de las Profesiones. Y eso es cosa de cada quién, pero rescátense
los mejores valores de la división existencial de cada uno. EMILIO VELAZCO GAMBOA
Mexicano.
Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad del Desarrollo del Estado
de Puebla (UNIDES). Tiene los Diplomados en Derecho Electoral y en Derecho
Constitucional, por la Universidad Cuauhtémoc. Actualmente es consultor académico
e investigador independiente. http://www.gratisweb.com/emilio_velazco/Investigador-Escritor http://www.galeon.com/emilio-velazco/ MARCO ANTONIO GARCÍA GARCÍA Mexicano.
Es Abogado, Notario y Actuario, y Maestro en Gobierno y Administración por la
Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Actualmente, y por segundo
período, es Secretario General del Honorable Ayuntamiento del Municipio de Juan
C. Bonilla, Puebla. Publicación enviada por Marco Antonio García García Contactar mailto:emilio_velazco@todito.com Código ISPN de la Publicación EpZFplVyFFYRfgqccg Publicado Friday 2 de January de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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