Monografias | Los Mitos de la Biotecnología Agrícola: Algunas Consideraciones ÉticasLos Mitos de la Biotecnología Agrícola: Algunas Consideraciones ÉticasResumen: Durante años los académicos han supuesto que la agricultura no representa un problema especial para la ética ambiental, a pesar del hecho de que la vida y la civilización humanas dependen de la artificialización intencional de la naturaleza para llevar a cabo la producción agrícola. Hasta los críticos de los impactos ambientales de los pesticidas y de las implicancias sociales de la tecnología agrícola no han podido conceptualizar una ética ambiental coherente aplicable a los problemas agrícolas (Thompson, 1995).(V) Durante años los académicos han
supuesto que la agricultura no representa un problema especial para la ética
ambiental, a pesar del hecho de que la vida y la civilización humanas dependen
de la artificialización intencional de la naturaleza para llevar a cabo la
producción agrícola. Hasta los críticos de los impactos ambientales de los
pesticidas y de las implicancias sociales de la tecnología agrícola no han
podido conceptualizar una ética ambiental coherente aplicable a los problemas
agrícolas (Thompson, 1995). En general, la mayor parte de los proponentes de la
agricultura sostenible, condicionados por un determinismo tecnológico, carecen
de un entendimiento de las raíces estructurales de la degradación
medioambiental ligada a la agricultura capitalista. Por lo tanto, al aceptar la
actual estructura socioeconómica y política de la agricultura como algo
establecido, muchos profesionales del agro se han visto limitados para
implementar una agricultura alternativa que realmente desafíe tal estructura
(Levins y Lewotin, 1985). Esto es preocupante, especialmente hoy que las
motivaciones económicas, más que las preocupaciones sobre el medio ambiente,
determinan el tipo de investigación y las modalidades de producción agrícola
que prevalecen en todo el mundo (Busch et al., 1990). De aquí que sostenemos que el
problema clave que los agroecólogos deben enfrentar, es que la moderna
agricultura industrial, hoy epitomizada por la biotecnología, se funda en
premisas filosóficas fundamentalmente falsas y que precisamente esas premisas
necesitan ser expuestas y criticadas para avanzar hacia una agricultura
verdaderamente sostenible. Esto es particularmente relevante en el caso de la
biotecnología, donde la alianza de la ciencia reduccionista y una industria
multinacional monopolizada, que conjuntamente perciben los problemas agrícolas
como simples deficiencias genéticas de los organismos llevarán nuevamente a la
agricultura por una ruta equivocada (Lewidow y Carr, 1997). El objetivo de este trabajo es
contrarrestar las falsas promesas hechas por la industria de la ingeniería genética,
que alega, que ella alejará a la agricultura de la dependencia en los insumos
químicos, que incrementará su productividad y que también disminuirá los
costos de los insumos, ayudando a reducir los problemas ambientales (OTA, 1992).
Al oponernos a los mitos de la biotecnología damos a conocer lo que la ingeniería
genética realmente es: otra "solución mágica" destinada a evadir
los problemas ambientales de la agricultura (que de por sí son el resultado de
una ronda tecnologica previa de agroquimicos), sin cuestionar las falsas
suposiciones que crearon los problemas en primer lugar (Hindmarsh, 1991). La
biotecnología desarrolla soluciones monogenicas para problemas que derivan de
sistemas de monocultivo ecológicamente inestables, diseñadas sobre modelos
industriales de eficiencia. Ya se ha probado que tal enfoque unilateral no fue
ecológicamente confiable en el caso de los pesticidas (Pimentel et al., 1992). Cuestionamiento Ético de la
Biotecnología Las críticas ambientalistas a la
biotecnología cuestionan las suposiciones de que la ciencia de la biotecnología
esta libre de valores y que no puede estar equivocada o mal utilizada, y piden
una evaluación ética de la investigación en ingeniería genética y sus
productos (Krimsky y Wrubel, 1996). Quienes proponen la biotecnología son
considerados como que tienen una visión utilitaria de la naturaleza y favorecen
el libre intercambio (trade-off) de las ganancias económicas por el daño ecológico,
indiferentes ante las consecuencias para los seres humanos (James, 1997). En el
corazón de la crítica están los efectos biotecnológicos sobre las
condiciones sociales y económicas y los valores religiosos y morales que
conllevan a preguntas como: También surgen algunas preguntas
específicas sobre la naturaleza de la tecnología, en tanto otras cuestionan la
dominación de la agenda de investigación agrícola por intereses comerciales.
La distribución desigual de los beneficios, los posibles riesgos ambientales y
la explotación de los recursos genéticos de las naciones pobres por las ricas
demandan algunas interrogantes más profundas: Los mitos de la biotecnología Las corporaciones de agroquímicos
que controlan la dirección y los objetivos de la innovación agrícola por
medio de la biotecnología sostienen que la ingeniería genética mejorará la
sostenibilidad de la agricultura resolviendo los problemas que afectan al manejo
agrícola convencional y librarán a los agricultores del tercer mundo de la
baja productividad, la pobreza y el hambre (Molnar y Kinnucan, 1989; Gresshoft,
1996). Comparando el mito con la realidad, la siguiente sección describe cómo
y por qué los avances actuales de la biotecnología agrícola no logran tales
promesas y expectativas. Mito 1: La biotecnología beneficiará a los
agricultores en EE.UU. y del mundo desarrollado. La mayoría de las innovaciones
en biotecnología agrícola son motivadas por criterios económicos más que por
necesidades humanas, por lo tanto la finalidad de la industria de la ingeniería
genética no es resolver problemas agrícolas sino obtener ganancias. Más aún,
la biotecnología busca industrializar la agricultura en mayor grado e
intensificar la dependencia de los agricultores en insumos industriales,
ayudados por un sistema de derechos de propiedad intelectual que inhibe
legalmente los derechos de los agricultores a reproducir, intercambiar y
almacenar semillas (Busch et al., 1990). Al controlar el germoplasma desde la
semilla hasta la venta y forzar a los agricultores a pagar precios inflados por
los paquetes de semilla-químicos, las compañías están dispuestas a obtener
el mayor provecho de su inversión. Debido a que las biotecnologías
requieren grandes capitales, ellas continuarán condicionado el patrón de
cambio de la agricultura en los Estados Unidos, aumentando la concentración de
la producción agrícola en manos de las grandes corporaciones. Como en el caso
de otras tecnologías que ahorran mano de obra, al aumentar la productividad, la
biotecnología tiende a reducir los precios de los bienes y a poner en marcha
una maquinaria tecnológica que deja fuera del negocio a un número
significativo de agricultores, especialmente de pequeña escala. El ejemplo de
la hormona de crecimiento bovino confirma la hipótesis de que la biotecnología
acelerará la desaparición de las pequeñas fincas lecheras (Krimsky y Wrubel,
1996). Mito 2: La biotecnología beneficiará a los pequeños
agricultores y favorecerá a los hambrientos y pobres del tercer mundo. Los productos de la biotecnología
debilitarán las exportaciones de los países del tercer mundo, especialmente de
los productores de pequeña escala. El desarrollo, via biotecnología, del
producto ¨Thaumatin¨ es apenas el comienzo de una transición a edulcorantes
alternativos que reemplazarán al mercado del azúcar del tercer mundo en el
futuro (Mander y Goldsmith, 1996). Se estima que alrededor de 10 millones de
agricultores de caña de azúcar en el tercer mundo podrían enfrentar una pérdida
de su sustento cuando los edulcorantes procesados en laboratorio comiencen a
invadir los mercados mundiales. La fructosa producida por la biotecnología ya
ha capturado cerca del 10% del mercado mundial y ha causado la caída de los
precios del azúcar, dejando sin trabajo a cientos de miles de trabajadores.
Pero tal limitación de las oportunidades rurales no se limita a los
edulcorantes. Aproximadamente 70,000 agricultores productores de vainilla en
Madagascar quedaron en la ruina cuando una firma de Texas produjo vainilla en
sus laboratorios de biotecnología (Busch et al., 1990). La expansión de las
palmas aceiteras clonadas por Unilever incrementarán de manera sustancial la
producción de aceite de palma con dramáticas consecuencias para los
agricultores que producen otros aceites vegetales (de maní en Senegal y de coco
en Filipinas). La biotecnología no atentará contra la
soberanía ecológica del tercer mundo. Desde que el norte se dio cuenta
de los servicios ecológicos que proporciona la biodiversidad, de los cuales el
sur es el mayor repositorio, el tercer mundo ha sido testigo de una "fiebre
genética", en la medida en que las corporaciones multinacionales exploran
los bosques, campos de cultivos y costas en busca del oro genético del sur
(Kloppenburg, 1988). Protegidas por el GATT, estas corporaciones practican
libremente la ¨biopiratería¨, la cual cuesta a las naciones en desarrollo,
según la Fundación para el Avance Rural (RAFI) unos US$4.5 mil millones al año
por la pérdida de regalías de las compañías productoras de alimentos y
productos farmacéuticos, las cuales usan el germoplasma y las plantas
medicinales de los campesinos e indígenas (Levidow y Carr, 1997). Está claro que los pueblos indígenas
y su diversidad son vistos como materia prima por las corporaciones
multinacionales, las cuales han obtenido miles de millones de dólares en
semillas desarrolladas en los laboratorios de EE.UU. a partir de germoplasma que
los agricultores del tercer mundo mejoraron cuidadosamente por generaciones
(Fowler y Mooney, 1990).Por el momento, los campesinos no son recompensados por
su milenario conocimiento, mientras las corporaciones multinacionales empiezan a
obtener regalías de los países del tercer mundo estimadas en miles de millones
de dólares. Hasta ahora las compañías de biotecnología no han recompensado a
los agricultores del tercer mundo por las semillas que toman y usan
(Kloppenburg, 1988). Mito 4: La biotecnología conducirá a la conservación
de la biodiversidad. Aunque la biotecnología tiene la
capacidad de crear una mayor variedad de plantas comerciales y de esta manera
contribuir a la biodiversidad, es difícil que esto suceda. Las estrategia de
las corporaciones multinacionales es crear amplios mercados internacionales para
la semilla de un solo producto. La tendencia es formar mercados internacionales
uniformes de semillas (Mac Donald, 1991). Aún más, las medidas dictadas por
las corporaciones multinacionales sobre el sistema de patente que prohibe a los
agricultores reusar la semilla que rinde sus cosechas, afectará las
posibilidades de la conservación in situ y el mejoramiento de la diversidad genética
a nivel local Los sistemas agrícolas
desarrollados con cultivos transgénicos favorecerán los monocultivos que se
caracterizan por niveles peligrosos de homogeneidad genética, los cuales
conducen a una mayor vulnerabilidad de los sistemas agrícolas a los estreses bióticos
y abióticos (Robinson, 1996). Conforme la nueva semilla producida por
bioingeniería reemplace a las antiguas variedades tradicionales y a sus
parientes silvestres, se acelerará la erosión genética (Fowler y Mooney,
1990). De este modo, la presión por la uniformidad no sólo destruirá la
diversidad de los recursos genéticos, sino que también romperá la complejidad
biológica que condiciona la sostenibilidad de los sistemas agrícolas
tradicionales (Altieri, 1994). Mito 5: La biotecnología no es ecológicamente dañina
y dará origen a una agricultura sostenible libre de químicos. La biotecnología se está
desarrollando para parchar los problemas causados por anteriores tecnologías
con agroquímicos (resistencia a los pesticidas, contaminación, degradación
del suelo, etc.) los cuales fueron promovidos por las mismas compañías que
ahora son líderes de la bio-revolución. Los cultivos transgénicos
desarrollados para el control de plagas siguen fielmente el paradigma de los
pesticidas de usar un solo mecanismo de control que ha fallado una y otra vez
con insectos, patógenos y malezas (NRC, 1996). Los cultivos transgénicos
tienden a incrementar el uso de los pesticidas y acelerar la evolución de ¨super
malezas¨ y plagas de razas de insectos resistentes (Rissler y Melion, 1996). El
enfoque ¨un gen resistente - una plaga¨ ha sido superado fácilmente por las
plagas, las cuales se adaptan continuamente a nuevas situaciones y evolucionan
mecanismos de detoxificación (Robinson 1997). Hay muchas preguntas ecológicas
sin respuesta referentes al impacto de la liberación de plantas y
microorganismos transgénicos en el medio ambiente. Entre los principales
riesgos asociados con las plantas obtenidas por ingeniería genética están la
transferencia no intencional de los ¨trangenes¨ a parientes silvestres de los
cultivos y los efectos ecológicos impredecibles que esto implica(Rissler y
Mellon, 1996). Por las consideraciones
mencionadas, la teoría agroecológica predice que la biotecnología exacerbará
los problemas de la agricultura convencional y al promover los monocultivos
también socavará los métodos ecológicos de manejo agrícola tales como la
rotación y los policultivos (Hindmarsh, 1991). Como está concebida, en la
actualidad la biotecnología no se adapta a los ideales amplios de una
agricultura sostenible (Kloppenburg y Burrows, 1996). Mito 6: La biotecnología mejorará el uso de la
biología molecular para beneficio de todos los sectores de la sociedad. La demanda por la nueva
biotecnología no surgió como un resultado de demandas sociales sino de cambios
en las leyes de patentes y los intereses de lucro de las compañías de químicos
de enlazar semillas y pesticidas. El producto surgió a partir de los avances
sensacionales de la biología molecular y de la disponibilidad de capitales
aventureros por arriesgar como resultado de leyes favorables de impuestos
(Webber, 1990). El peligro está en que el sector privado está influyendo en la
dirección de la investigación del sector público en una forma sin precedentes
(Kleinman y Kloppenburg, 1988). En la medida en que más
universidades e institutos públicos de investigación se asocien con las
corporaciones, aparecen cuestiones éticas más serias sobre quién es dueño de
los resultados de la investigación y qué investigaciones se hacen. La
tendencia a guardar el secreto de los investigadores universitarios involucrados
en tales asociaciones trae a colación preguntas sobre ética personal y sobre
conflictos de intereses. En muchas universidades, la habilidad de un profesor
para atraer la inversión privada es a menudo más importante que las
calificaciones académicas, eliminando los incentivos para que los científicos
sean responsables ante la sociedad. Las áreas como el control biológico y la
agroecología, que no atraen el apoyo corporativo, están sindo dejadas de lado
y esto no favorece al interés público (Kleinman y Koppenburg, 1988). Conclusiones A fines de los 80, una publicación
de Monsanto indicaba que la biotecnología revolucionaría la agricultura en el
futuro con productos basados en los métodos propios de la naturaleza, haciendo
que el sistema agrícola sea más amigable para el medio ambiente y más
provechoso para el agricultor (OTA, 1992). Más aún, se proporcionarían
plantas con defensas genéticas autoincorporadas contra insectos y patógenos.
Desde entonces, muchas otros han prometido varias otras recompensas que la
biotecnología puede brindar a través del mejoramiento de cultivos. El dilema
ético es que muchas de estas promesas son infundadas y muchas de las ventajas o
beneficios de la biotecnología no han podido o no han sido hechos realidad.
Aunque es claro que la biotecnología puede ayudar a mejorar la agricultura,
dada su actual orientación, la biotecnologia promete mas bien daños al medio
ambiente, una mayor industrialización de la agricultura y una intrusión mas
profunda de intereses privados en la investigación del sector público. Hasta
ahora la dominación económica y política de las corporaciones multinacionales
en la agenda de desarrollo agrícola ha tenido éxito a expensas de los
intereses de los consumidores, campesinos, pequeñas fincas familiares, la vida
silvestre y el medio ambiente. Es urgente para la sociedad civil
tener y una mayor participación en las decisiones tecnológicas para que el
dominio que ejercen los intereses corporativos sobre la investigación científica
sea balanceado por un control público más estricto. Las organizaciones públicas
nacionales e internacionales tales como FAO, CGIAR, etc., tendrán que
monitorear y controlar que los conocimientos aplicados no sean propiedad del
sector privado para proteger que tal conocimiento continúe en el dominio público
para beneficio de las sociedades rurales. Debe desarrollarse regímenes de
regulación controlados públicamente y emplearlos para monitorear y evaluar los
riesgos sociales y ambientales de los productos de la biotecnología (Webber,
1990). Finalmente, las tendencia hacia
una visión reduccionista de la naturaleza y la agricultura promovida por la
biotecnología contemporánea debe ser revertida por un enfoque más holístico
de la agricultura, para asegurar que las alternativas agroecológicas no sean
ignoradas y que sólo se investiguen y desarrollen aspectos biotecnologicos ecológicamente
aceptables. Ha llegado el momento de enfrentar efectivamente el reto y la
realidad de la ingeniería genética. Como ha sido con los pesticidas, las compañías
de biotecnología deben sentir el impacto de los movimientos ambientalistas,
laborales y campesinos de modo que reorienten su trabajo para el beneficio de
toda la sociedad y la naturaleza. El futuro de la investigación con base en la
biotecnología estará determinado por relaciones de poder y no hay razón para
que los agricultores y el público en general, si se le da suficiente poder, no
puedan influir en la dirección de la biotecnología cosa que cumpla con las
metas de la sostenibilidad. Bibliografía Universidad de California,
Berkeley Publicación enviada por Miguel Altieri Contactar http://ww2.grn.es/avalls/mitos.htm Código ISPN de la Publicación EpZVAlZFVZNcMcHAJn Publicado Thursday 5 de February de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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