Monografias | Alimentos Sanos Libres de Plaguicidas y Transgénicos En Apoyo a la Soberanía y Seguridad Alimentaria de América Latina. No a la OMCAlimentos Sanos Libres de Plaguicidas y Transgénicos En Apoyo a la Soberanía y Seguridad Alimentaria de América Latina. No a la OMCResumen: En la práctica, la OMC ha servido como un instrumento de las corporaciones transnacionales y unos cuantos gobiernos ricos para impulsar e imponer un conjunto cada vez más amplio de políticas neoliberales a nivel mundial que permiten una mayor penetración extranjera a recursos nacionales estratégicos, y mayor control de las economías nacionales.
En la práctica, la OMC ha servido como un instrumento de las
corporaciones transnacionales y unos cuantos gobiernos ricos para impulsar e
imponer un conjunto cada vez más amplio de políticas neoliberales a nivel
mundial que permiten una mayor penetración extranjera a recursos nacionales
estratégicos, y mayor control de las economías nacionales. La OMC en Cancún, México En Cancún, México, del 10 al 14
de septiembre, se reunieron, por quinta vez, los 148 países que integran la
Organización Mundial del Comercio (OMC). Este organismo, con sede en Ginebra,
Suiza, nace desde 1995 como un foro donde se negocian acuerdos para bajar
tarifas y aranceles (impuestos a los productos importados) que permitan un mayor
intercambio comercial en el mundo, pero cuyos efectos van más allá del
comercio. Actualmente la OMC hace cumplir una veintena de acuerdos comerciales
en áreas como los textiles, la agricultura, los servicios y los derechos de
propiedad intelectual. Los países que violen estos acuerdos son sujetos a
presiones muy fuertes y llevados ante paneles de arbitraje comercial antidemocráticos
donde son sancionados. En la práctica, la OMC ha servido
como un instrumento de las corporaciones transnacionales y unos cuantos
gobiernos ricos para impulsar e imponer un conjunto cada vez más amplio de políticas
neoliberales a nivel mundial que permiten una mayor penetración extranjera a
recursos nacionales estratégicos, y mayor control de las economías nacionales
lo que afecta la satisfacción de necesidades y derechos básicos del ser humano
en materia de empleo, alimentación, salud, educación, derecho a un ambiente
sano, y que provoca una mayor desigualdad entre los países del Norte y del Sur. Los temas identificados desde 1996
en la Conferencia de la OMC en Singapur para iniciar una nueva ronda de
negociaciones y llegar a nuevos acuerdos de liberalización comercial son:
Inversiones, Política de Competencia, las Compras del Sector Público y
facilitación del Comercio. De igual modo, se pretende ampliar aún más la
liberalización comercial de la agricultura, cuyas negociaciones se iniciaron
desde el 2000 y que no han culminado, con el objetivo de reducir los subsidios a
las exportaciones agrícolas, el acceso a los mercados por medio de la baja de
aranceles, y la reducción de las medidas internas que distorsionen la producción
o el comercio. Un sistema alimentario bajo el
dominio de las corporaciones transnacionales (1) Las políticas neoliberales de
ajuste estructural promovidas por los organismos financieros multilaterales como
el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) debilitaron la
intervención de los Estados Nacionales en la agricultura y reorientaron las políticas
agrícolas para privilegiar las necesidades del mercado externo, sobre las
necesidades de la población nacional, fomentando los cultivos de agroexportación
y sacrificando las políticas de apoyo a la producción de granos básicos que
aseguran la autosuficiencia alimentaria. Estados Unidos y la Unión Europea
predican el libre comercio pero no lo practican; presionan a los demás países
para que bajen sus aranceles y subsidios al campo mientras ellos sí elevan sus
subsidios. El ejemplo más escandaloso lo presenta Estados Unidos que en su Ley
Agrícola del 2002, elevó en un 80% los subsidios agrícolas -comparados con
1986- especialmente en ocho cultivos: algodón, trigo, maíz, soya, arroz,
cebada, avena y sorgo. Estos subsidios benefician principalmente a los grandes
agricultores y a las corporaciones transnacionales que han desplazado y
expulsado a la mayoría de los granjeros familiares. Se calcula que los países
ricos de la OCDE gastan más de 300 mil millones de dólares al año en
subsidios agrícolas, seis veces más que la asistencia a los países en
desarrollo (2). Estos subsidios permiten que los
Estados Unidos exporten sus productos por debajo del costo real de producción,
en una práctica conocida como "dumping". El precio artificialmente
bajo producto del "dumping" destruye los mercados regionales abiertos
a la competencia global y afecta a los pequeños agricultores y las economías
rurales campesinas. La sobreproducción de los alimentos a precios
"dumping" que impulsa Estados Unidos es parte de una estrategia de
dominación por la hegemonía mundial alimentaria, en competencia con la Unión
Europea, para expandir su control a los demás países del planeta. Beneficia a
las grandes corporaciones agroalimentarias, tanto a las comercializadoras de
cereales y granos como a las transformadoras de alimentos elaborados. Tan sólo
dos empresas estadounidenses, la Cargill y Archer Daniel Midland (ADM) controlan
la mitad del comercio mundial de granos en el mundo. Las diez empresas de
semillas más grandes del planeta controlan la tercera parte del comercio
mundial de semillas. La concentración del poder de las
corporaciones se acelera con la globalización de los acuerdos de libre comercio
y la lucha por el mercado mundial. Unas cuantas empresas dominan el mercado de
la semillas, los plaguicidas, los farmacéuticos, los productos veterinarios y
han apostado a la expansión de los cultivos modificados genéticamente para
consolidar su control. Syngenta, Bayer - que compró Aventis Crop Science-,
Monsanto, Basf, Dupont y Dow son los gigantes genéticos que se disputan el
mercado mundial de las patentes agrobiotecnológicas, y son estas mismas
transnacionales las que controlan casi el 80% del mercado mundial de
plaguicidas. Las presiones de Estados Unidos y
Europa para una mayor liberalización del comercio agropecuario en el ámbito
del Acuerdo sobre Agricultura de la OMC tendrían como consecuencia consolidar
el poder transnacional sobre el sistema alimentario. El modelo de la agricultura
industrial envenena a la naturaleza, a las y los trabajadores y las comunidades
rurales (3) La agricultura que promueven los
tratados de libre comercio y la OMC es una agricultura industrializada que
somete la naturaleza a los procesos de especialización productiva y acumulación
de capital. Esta agricultura industrializada sacrifica la diversidad biológica
en monocultivos especializados dependientes de paquetes tecnológicos bajo el
control de corporaciones transnacionales especialmente en semillas -antes híbridas
y ahora modificadas genéticamente- y fertilizantes y plaguicidas químicos. El
sistema alimentario que promueve la OMC tiene un alto gasto en energía, por el
procesamiento, las grandes distancias que recorren los alimentos y la
infraestructura en transporte y refrigeración, lo que contribuye a la emisión
de los gases invernadero que afectan el clima del planeta. Los plaguicidas químicos son por
definición sustancias tóxicas, son las armas de la industria química que se
ofrecen para el combate de las plagas, como insecticidas, herbicidas y
funguicidas; y afectan sistemas biológicos fundamentales que son compartidos
también por el hombre. El uso intensivo de estos agrotóxicos provoca el
envenenamiento a corto y largo plazo de la naturaleza, los trabajadores, las
comunidades rurales y los consumidores. Cada año en América Latina y el Caribe
se envenenan cientos de miles de personas. Los secretarios de salud de los países
de Centroamérica estiman en casi 400,000 los envenenamientos causados por los
plaguicidas cada año en esa región, que cuenta con el mejor sistema de
registro. En Brasil se estima que 300,000; en México, las autoridades
registraron 2,800 casos en el 2002, en Chile se registraron 1 000; pero en la
mayoría de los países la mayor parte de las intoxicaciones no se reportan a
las autoridades, por lo que las cifras reales totales son mucho mayores. Estos
son casos registrados de intoxicación inmediata, a corto plazo, pero los
efectos crónicos, a largo plazo causados por los plaguicidas no se lleva una
estadística. La mayoría de los plaguicidas
entraron al mercado mundial antes de que se exigieran pruebas que demostraran no
tener efectos crónicos sobre la salud de la población. Hay ya identificados
cientos de plaguicidas que se sabe o sospecha pueden provocar cáncer,
malformaciones, afectar la fertilidad de hombres y mujeres, dañar su sistema
natural de defensas contra infecciones y enfermedades, provocar abortos espontáneos
y otros males reproductivos. Los daños a la salud no son siempre inmediatos, ni
se presentan a corto plazo, sino que pueden manifestarse años después, sobre
todo en las mujeres embarazadas que se exponen a estos agrotóxicos. Aunque los
trabajadores y trabajadoras agrícolas y sus familias son el sector más
expuesto también lo están las comunidades rurales donde se aplican y todos los
consumidores de alimentos a los que se aplicaron estos venenos. Los plaguicidas son biocidas matan
no sólo a las plagas sino a los insectos benéficos que las controlan de manera
natural, es así, que entre más se usan aparecen nuevas plagas, que además,
pueden desarrollar resistencia, una capacidad biológica hereditaria a esta
sustancias tóxicas por la que ya no se mueren a las dosis que se aplicaban
anteriormente. Los plaguicidas contaminan el agua de los ríos, manantiales y
pozos, y afectan los ecosistemas costeros donde descargan los distritos de
riego, además de afectar a la flora y fauna silvestre en los lugares donde se
aplican. El uso de plaguicidas ha creado una
enorme deuda ambiental, y de daño a la salud, en los países de América Latina
y del Caribe, y del resto del mundo beneficiando principalmente a las
corporaciones transnacionales. El mito de la calidad de los
alimentos producidos en Estados Unidos y la imposición de riesgos a los países
importadores (4) Una de las consecuencias de las políticas
neoliberales al dar prioridad a los cultivos de exportación es que los
gobiernos ponen más atención para asegurar la calidad de los productos que se
exportan que los que se importan y consumen a nivel nacional. La inundación de
alimentos de Estados Unidos en los grandes supermercados de América Latina,
cada vez más en manos de empresas multinacionales estadounidenses como
Wallmart, puede crear la ilusión a los consumidores de que los alimentos
importados deben ser mas seguros que los del país de origen. Sin embargo, la
calidad de los productos "Made in USA" es más un mito que una
realidad, dado el intenso uso de plaguicidas, hormonas, antibióticos y aditivos
usados en la producción agropecuaria estadounidense que se ofrece como
"modelo" a los empresarios y campesinos de todo el mundo. Estados Unidos es el país que usa
más plaguicidas químicos en el mundo - 20 % del total mundial- con cientos de
miles de toneladas aplicados cada año, y con productos que aunque estén
registrados no son inofensivos sino conocidos o sospechosos de causar cáncer,
afectar el desarrollo reproductivo, provocar altercaciones hormonales o dañar
el desarrollo cerebral y el sistema nervioso. Cada año miles de trabajadores
agrícolas son envenenados y hay un grave problema de contaminación del agua.
Además se calcula que un 20% de los alimentos que se consumen en Estados Unidos
están contaminados con residuos de insecticidas organoclorados - especialmente
dieldrín y DDE, un metabolito del DDT- que han sido prohibidos en ese país y
con dioxinas, un contaminante muy tóxico que se acumula en las grasas del
cuerpo. La presencia de estos contaminantes se ha encontrado en frutas,
hortalizas, carne, pollo y productos lácteos como leche, yogurt y queso. Los
residuos de plaguicidas organoclorados y las dioxinas presentes en los alimentos
en cantidades muy bajas, aunque no lo percibamos se van acumulando en el cuerpo
humano, van formando la carga corporal de contaminantes que se excretan en la
leche materna y pasan a las futuras generaciones. El 70% del total de antibióticos
usados en Estados Unidos -unas 11 mil ton- son usados para promover el
crecimiento y engorda de cerdos, pollos y ganado, lo que puede provocar
bacterias resistentes a estos medicamentos, poniendo en riesgo la salud animal y
la de los consumidores. En los Estados Unidos a más del 90% del ganado para
engorda se le implantan hormonas en las orejas o se les proporcionan hormonas en
sus alimentos para incrementar su peso en el menor tiempo posible. Para aumentar
la producción lechera se usa la Hormona Recombinada de Crecimiento Bovino (rBGH
por sus siglas en inglés o somatropina en español) que produce principalmente
la transnacional Monsanto y puede poner en riesgo la salud del consumidor pues
aumenta el riesgo de reacciones alérgicas y cáncer de próstata, colon y de
pecho. La promoción de cultivos y
organismos modificados genéticamente (OGM) crean nuevos riesgos e
incertidumbres para la salud de los consumidores por no hablar de los riesgos
ambientales de contaminación genética, como sucede con las variedades de maíces
nativos de las comunidades indígenas de México, centro de origen mundial del máíz.
Hay evidencias de que el consumo de transgénicos puede aumentar el riesgo de
alergias, resistencia a antibióticos, y posibles afectaciones del sistema
inmunológico. Aunque las evidencias no son concluyentes si son suficientes para
exigir mayores estudios antes de liberar estos productos para la siembra y
consumo humano y animal. Las poderosas empresas transnacionales han logrado que
Estados Unidos -a diferencia de Europa- no obligue a informar en la etiqueta si
se usaron organismos transgénicos en alimentos frescos o elaborados. De este
modo, cuando la industria alimenticia de los países de América Latina y del
Caribe importan soya o maíz de Estados Unidos, están importando una gran parte
de soya y maíz modificados genéticamente que es usada para la elaboración de
una gran variedad de alimentos: tortillas, harinas, aceites, dulces, botanas
chatarra muy consumida por niños y adultos. Sin el etiquetado de los alimentos
importados transgénicos el consumidor está comiendo a ciegas(5). Los gobiernos deben establecer un
programa nacional de prevención, control y monitoreo de plaguicidas, hormonas,
antibióticos y contaminantes orgánicos persistentes en los alimentos
importados y en los producidos a nivel nacional. Informar si se usaron antibióticos
u hormonas. Los gobiernos deben exigir que los alimentos importados indiquen en
su etiqueta si contienen productos transgénicos y prohibir la siembra de
cultivos modificados genéticamente como una medida preventiva. El Codex Alimentario y las
ilusiones de la llamada "inocuidad o sanidad alimentaria" con el libre
comercio (6) Las medidas de protección a la
salud de los alimentos, de las plantas, de los animales, del ser humano y del
medio ambiente son consideradas por la OMC como barreras técnicas al libre
comercio que deben ser reducidas al mínimo para incrementar el flujo comercial;
y de este modo evitar inspecciones aduanales, detenciones temporales o medidas
cuarentenarias. El Acuerdo sobre la Aplicación de Medidas Sanitarias y
Fitosanitarias de la OMC estableció, desde 1994, que un organismo
internacional, la Comisión del Codex Alimentario es el referente internacional
en la resolución de disputas comerciales para determinar los "niveles
apropiados" de protección en materia de sanidad alimentaria, que son
tolerados y no interferir en el libre comercio. Las diferencias existentes entre
los países de las medidas de protección deben ser "armonizadas"
globalmente, para eliminar lo que se considere como obstáculos innecesarios y
restricciones encubiertas, tomando en la práctica como techo límite las normas
internacionales establecidas por el Codex. La OMC espera que los países que
acuerden tratados de libre comercio, reconozcan como equivalentes las medidas
adoptadas por otro miembro sobre todo si se fundamentan en estas recomendaciones
internacionales. La Comisión del Codex Alimentario
fue creada desde 1962 para ejecutar el Programa Conjunto de la Organización
Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO) sobre Normas Alimentarias. Originalmente el
Codex asesoraba técnicamente a los países en desarrollo en materia sanitaria y
fitosanitaria, con el objetivo de establecer directrices mínimas globales con
base en las cuales los países pudieran elaborar sus propias normas, que podían
ser más estrictas; pero la OMC ha transformado al Codex en el referente
internacional para la elaboración de las normas de sanidad alimentaria mundial,
estableciendo límites máximos globales en materia de residuos de plaguicidas y
medicamentos veterinarios, de aditivos alimenticios, y de contaminantes, así
como las medidas de higiene de los alimentos; y en los últimos años el uso de
hormonas en el ganado y leche, y sobre etiquetado y rastreabilidad de alimentos
que contengan organismos modificados genéticamente. El Codex también es el
referente internacional del Acuerdo sobre Obstáculos Técnicos al Comercio en
materia de etiquetado de alimentos, disposiciones sobre calidad, requisitos
nutricionales y métodos de análisis y muestreo. Los comités que elaboran las
normas del Codex están fuertemente influenciados por las corporaciones
transnacionales de los plaguicidas y la industria de la alimentación. Dice la
OMC, en teoría, que un país puede mantener o introducir normas más estrictas
que las del Codex para proteger la salud o el ambiente solamente si hay una
justificación científica basada en una evaluación de riesgos, aunque en la práctica,
cuando esto se ha realizado el país afectado puede cuestionar esta decisión y
demandar una compensación, llevando el caso a un panel especial para su estudio
y recomendación. Cuando se habla de que los tratados
de libre comercio garantizan la "inocuidad alimentaria" no significa
que los alimentos sean realmente "inocuos" o estén libres de
plaguicidas o de otras sustancias tóxicos sino que cumplen con los límites
aceptables de residuos de estas sustancias establecidos por el Codex
Alimentarius o con medidas equivalentes acordadas entre los países. La OMC exige a los países que
establezcan sus medidas de sanidad alimentaria sobre la base de las evaluaciones
de riesgos, como los define el Codex Alimentarius. La evaluación de riesgo
parte del supuesto de que los riesgos del consumo de alimentos donde se han
empleado plaguicidas químicos, hormonas y antibióticos pueden ser evaluados y
manejados para fijar límites máximos permisibles que garanticen su seguridad o
inocuidad. Se trata de fijar niveles de riesgo aceptable en lugar de promover prácticas
agropecuarias alternativas que sustituyan o eliminen estas sustancias tóxicas y
los eviten. Tener como techo límite a las recomendaciones del Codex significa
que aceptemos en nuestra dieta el ingerir alimentos que tienen residuos de
plaguicidas que pueden provocar cáncer o afectar nuestro sistema hormonal u
otros efectos crónicos aunque se nos diga que como las cantidades permitidas
son muy pequeñas, el consumirlas no representa un peligro a la salud. Científicos
independientes han señalado que las llamadas evaluaciones de riesgo tal como se
practican actualmente en el Codex no proporcionan límites de seguridad
confiables pues no consideran la exposición crónica y múltiple de las
sustancias tóxicas, los efectos acumulados y su interacción en el organismo,
ni las sensibilidades especiales de los niños o personas enfermas, sólo evalúan
de manera parcial los riesgos de sustancia por sustancia estableciendo para cada
uno su límite máximo permisible en cada alimento considerando las características
de un adulto sano. La evaluación de riesgos no debe ser la camisa de fuerza
para la política pública en sanidad alimentaria sino deben desarrollarse otras
opciones especialmente para la evaluación de alternativas para la sustitución
y eliminación de sustancias tóxicas en la producción agropecuaria(7). La OMC pervierte el Principio de
Precaución que establece que los gobiernos pueden intervenir tomando medidas
preventivas en los casos de presunción de daños irreversibles a la salud o el
medio ambiente aunque las evidencias científicas no sean absolutas, por lo que
el que promueve una práctica o introduce una sustancia al mercado es el
responsable de presentar la prueba de que no es dañino. Con la OMC se invierte
la responsabilidad, es el país cuestionado sobre sus medidas de protección, el
que debe defenderse y demostrar que el producto que no permite entrar en su
mercado representa un riesgo inaceptable; el beneficio de la incertidumbre
beneficia al país demandante ante los paneles de disputa comercial. Las reglas de la OMC han permitido,
en dicho contexto, que Estados Unidos haya demandado a la Unión Europea por no
permitir la entrada de carne o leche con residuos de hormonas no autorizadas en
el viejo continente, y por la moratoria de facto contra la entrada de alimentos
transgénicos que no estén etiquetados, como lo exige la legislación europea.
De manera similar, se ha cuestionado la cuarentena de Australia sobre las
importaciones de salmón, para proteger la salud de su población nativa, o las
cuarentena de Japón para proteger su fruta de ciertas plagas(8). La desregulación en la armonización
global y regional del etiquetado de plaguicidas (9) La armonización de un sistema
global de etiquetado y clasificación de sustancias químicas, promovida
inicialmente por los países ricos de la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OCDE) y la Comisión Económica Europea de las Naciones
Unidas, trae como consecuencia una disminución en el nivel de comunicación de
los riesgos en el caso de los plaguicidas. Dicho sistema global elaboró una
nueva clasificación de la toxicidad aguda de los plaguicidas inferior a la
elaborada por la Organización Mundial de la Salud, teniendo como consecuencia
que plaguicidas en cuya etiqueta debe inscribirse la leyenda de extremadamente
peligroso o muy peligroso pase a ser reetiquetado como "peligroso" con
una banda de color distinto. La armonización del etiquetado de
plaguicidas en el mercado común centroamericano, ha forzado a la reclasificación
del herbicida paraquat en Guatemala que de tener una etiqueta con una banda de
color rojo correspondiente al "extremadamente tóxico" pasó a una
categoría inferior con una banda de color azul de "ligeramente tóxico"
a pesar de ser la misma fórmula. De igual forma en el caso de El Salvador
diversos plaguicidas pasaron a reclasificarse de extremadamente o altamente tóxicos
a ser moderadamente y ligeramente tóxicos. Esta armonización representa en la
práctica una desregulación que flexibiliza las medidas de control y seguridad
y repercutirá en mayores casos de intoxicación. A diferencia de Estados Unidos las
etiquetas de los plaguicidas en Europa deben de incluir frases de advertencia
sobre sus efectos crónicos, esta información debería ser también exigida en
otros países y con mayo razón en América Latina, donde las empresas de origen
europeo dominan el mercado. Conocer no sólo los efectos agudos como se
encuentran actualmente en bandas de color y leyendas de advertencia como
recomienda la OMS, sino también los efectos crónicos y los ingredientes
inertes con propiedades tóxicas son parte del derecho a conocer de los usuarios
que deben ser defendidos en los proyectos de armonización global del etiquetado
de plaguicidas. En México las propuestas de este tipo, se han enfrentado a la
feroz oposición de las transnacionales. Las empresas transnacionales también
buscan armonizar o declarar equivalentes los reglamentos de plaguicidas en los
bloques económicos regionales de libre comercio y de este modo minimizar los
controles sobre plaguicidas, Por ejemplo, las transnacionales han propuesto el
Registro Unificado de los Plaguicidas de la Unión Aduanera de Centroamérica,
que se está negociando actualmente, por la que un plaguicida que ha sido
aprobado en un país, debe registrarse automáticamente por los otros. Esta
propuesta ha sido adoptada ya por el Salvador en su legislación mediante la
firma de protocolos de equivalencia con todos los países de Centroamérica. Se
espera que este registro fortalezca la inversión del Plan Puebla Panamá, y la
integración comercial con México y Estados Unidos. Acuerdo sobre inversiones de la
OMC: amenaza para la soberanía de los gobiernos locales y la protección a la
salud y el ambiente (10) Estados Unidos y Europa presionan a
los países de la OMC para que se abran las negociaciones sobre un acuerdo
global sobre inversiones. Esto reforzaría a nivel mundial las cláusulas de
protección a los inversionistas que ya se han venido estableciendo en diversos
acuerdos regionales y bilaterales de libre comercio. Por ejemplo, el capítulo
11 del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá,
permite que un inversionista extranjero demande a un país el pago de millones
de dólares como indemnización si considera que ha sido tratado de manera
discriminatoria o que se han tomado medidas similares a una expropiación
indirecta del valor presente o futuro de su inversión. El tribunal comercial
que recibe y resuelve este tipo de demandas realiza Las audiencias que no son
abiertas al público, los gobiernos locales o provinciales no pueden participar
directamente sino a través del gobierno federal, y los miembros del panel son
expertos en disputas comerciales pero no se requiere que lo sean en materia del
derecho ambiental o de protección a la salud de la población. El capítulo de
protección de inversiones del TLC ha sido tomado como modelo para el Acuerdo de
Libre comercio e las Américas (ALCA) y contiene Con este tipo de acuerdos las
empresas extranjeras tienen una arma poderosa para chantajear a gobiernos
locales o provinciales que tratan de impedir la operación de actividades o la
entrada de productos que pongan en riesgo la salud de su población. Esto ha
ocasionado, por ejemplo que Metalclad, una empresa norteamericana, haya recibido
del gobierno mexicano más de 16 millones de dólares en compensación por que
un municipio pobre no le otorgó el permiso de construcción para reabrir un
basurero tóxico, y por haberse creado un área de protección natural estatal
debido a la gran diversidad biológica en cactáceas en la región. De igual
modo, ha servido para impedir que una provincia de Canadá prohíba el uso de
lindano, un insecticida organoclorado tóxico prohibido en muchos países y que
se acumula en grasas y leche materna. PROPUESTAS Por la defensa de la soberanía
alimentaria y el apoyo a los movimientos de resistencia campesina e indígena
(11) RAPAL se solidariza con la lucha de
los movimientos campesinos e indígenas en defensa de la soberanía alimentaria.
Preservar la soberanía alimentaria significa garantizar el derecho de los
pueblos a producir sus propios alimentos; a definir sus propias políticas agrícolas
y alimentarias, dar apoyos a los campesinos para fortalecer la producción
nacional y el mercado interno, protegerse de las importaciones a bajo precio, y
garantizar la estabilidad de los precios agrícolas a escala internacional
mediante unos acuerdos internacionales de control de la producción. Frente a un sistema mundial
alimentario homogéneo en poder de unas cuantas transnacionales, es necesario
reconstruir desde abajo sistemas alimentarios sustentables que conserven la
diversidad cultural y biológica de los campesinos y pueblos indígenas, dando
prioridad a la producción local y regional frente a la exportación. RAPAL apoya la demanda de Vía
Campesina y de otras organizaciones por sacar a la agricultura de las
negociaciones de la OMC y se solidariza con los grupos y organizaciones que
proponen un comercio justo y relaciones comerciales más equitativas,
condiciones laborales dignas y sistemas de producción sostenibles ecológicamente
con un respeto que garanticen calidad a los consumidores y eleven el nivel de
vida de las comunidades rurales. Por la producción y consumo de
alimentos sanos libres de agrotóxicos y transgénicos El derecho a producir y consumir
alimentos sanos libres de plaguicidas, transgénicos, hormonas y antibióticos
que puedan poner en riesgo la salud o el medio ambiente es parte de la lucha por
la soberanía alimentaria. Comer alimentos sanos es un derecho humano
fundamental. Los gobiernos deben aplicar el
Principio Precautorio como guía en la toma de decisiones gubernamentales frente
a los peligros potenciales de daños a la salud irreversibles por contaminación
bacteriana, química o transgénica de los alimentos producidos en el país o
importados. La adopción del principio precautorio debe llevar a promover las prácticas
productivas alternativas que previenen dichos riesgos en lugar de tratar de
normar límites tolerables de estos contaminantes en los alimentos. Hay un conjunto de técnicas de
manejo agroecológico de plagas que permiten eliminar el uso de plaguicidas químicos
y hacen innecesario el empleo de cultivos modificados genéticamente. Incluyen
los métodos de fertilización biológica del suelo que crean una nutrición
equilibrada de las plantas menos susceptibles al ataque de insectos y hongos; la
rotación y asociación de cultivos, la conservación y aumento de los insectos
benéficos que controlan biológicamente a las plagas, el empleo de variedades
resistentes, el empleo de trampas y cebos, así como el uso de plantas - como el
tabaco, chile, ajo y muchas más- como insecticidas naturales. La expansión de la llamada
agricultura orgánica o biológica -que no usa fertilizantes ni plaguicidas químicos-
demuestra que los principales obstáculos no son técnicos sino políticos o
económicos para la eliminación de los agrotóxicos. Se debe apoyar la producción
orgánica no tanto para abrir una nueva ventana de exportación sino para
garantizar que sea destinada y accesibles al consumo nacional, mediante
subsidios, estímulos financieros, fiscales y apoyos en la investigación y
servicios de extensión agrícola. Por el mejoramiento y libre
circulación de las semillas nativas La lucha por la soberanía
alimentaria comienza recuperando el control campesino de las semillas nativas y
su derecho a cultivarlas, mejorarlas e intercambiarlas recuperando la diversidad
biológica y cultural en la producción de alimentos, sin tener que pagar
patentes a corporaciones transnacionales. La semillas estériles modificadas genéticamente
y las regalías que se paga a las transnacionales gracias a los derechos de
propiedad intelectual impiden el ejercicio de este derecho campesino. Se debe apoyar el desarrollo de
alternativas al uso de plaguicidas tóxicos para la conservación de las
semillas. RAPAL apoya la campaña de Vía Campesina de las semillas nativas como
patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad. Por el respeto a los derechos de
los trabajadores, las mujeres y los niños Se debe respetar la dignidad del
trabajador y trabajadora agrícola y no poner en riesgo su salud por el uso de
plaguicidas tóxicos en el lugar de trabajo. Los gobiernos deben cumplir con sus
compromisos con la Organización Internacional del Trabajo e informar a los
trabajadores de los riesgos a la salud y el ambiente por el uso de plaguicidas y
otras sustancias tóxicas en la producción agrícola; así como el Convenio 169
que establece que los trabajadores, hombres y mujeres, pertenecientes a los
pueblos indígenas no deben estar sometidos a condiciones de trabajo peligrosas
para su salud, en particular como consecuencia del uso de plaguicidas u otras
sustancias tóxicas. No se debe permitir que niños o
mujeres embarazadas se empleen para la aplicación de plaguicidas. Las mujeres
deben defender sus derechos reproductivos para tener un embarazo y crianza
infantil libres de plaguicidas que puedan poner en peligro su salud y la de sus
hijos. Las mujeres organizadas pueden luchar contra el uso de plaguicidas químicos
en su casa, barrio, lugar de trabajo y por el derecho a consumir alimentos
libres de estos agrotóxicos. Los gobiernos deben de cumplir con
los compromisos establecidos en el Convenio sobre los Derechos del Niño
aprobada por la Asamblea de las Naciones Unidas para crear las condiciones que
permitan que la población infantil disfrute plenamente su derecho a la vida, a
la salud, a su pleno desarrollo físico, mental y espiritual, y a que no
desarrolle actividades que pongan en peligro su salud. Por la eliminación prioritaria de
los plaguicidas especialmente peligrosos Los plaguicidas extremadamente tóxicos
o altamente tóxicos deben de ser eliminados de manera progresiva para prevenir
mayores intoxicaciones de productores y trabajadores agrícolas. De igual modo,
se deben reducir hasta lograr la eliminación los plaguicidas que incluyan un
riesgo crónico para la salud, especialmente la de los niños y afecte los
derechos reproductivos de las mujeres. No es aceptable que se permita el uso de
plaguicidas y se toleren sus residuos en nuestra dieta en el caso de productos
que puedan provocar cáncer, malformaciones, alteraciones hormonales, daños
reproductivos u otros efectos crónicos irreversibles. El objetivo de las políticas
ambientales o de protección a la salud no debe reducirse al llamado
"manejo seguro de los plaguicidas" como pretende la industria química;
sino que debe prevenir los riesgos y tender a eliminar su uso, sobre todo cuando
los riesgos se pueden evitar porque existen alternativas viables. Por la firma y ratificación de los
convenios ambientales multilaterales y su prioridad sobre los acuerdos
comerciales Los acuerdos comerciales no deben
tener prioridad sobre los convenios ambientales multilaterales que tengan como
objetivo una mayor protección a la salud humana o el medio ambiente. En
ocasiones la firma o ratificación de estos convenios se ha obstaculizado por
los defensores a ultranza del libre comercio. Los gobiernos deben firmar y
ratificar los convenios ambientales multilaterales y contar con planes
nacionales de aplicación de estos convenios con mecanismos amplios de
participación ciudadana. Es así, que se debe eliminar el
bromuro de metilo destructor de la capa de ozono, como indica el Protocolo de
Montreal. Aplicar el Procedimiento de Consentimiento Fundamentado Previo (PIC)
en el intercambio comercial de plaguicidas prohibidos o formulaciones
especialmente peligrosos del Convenio de Rótterdam. Eliminar los plaguicidas
organoclorados y las fuentes de producción no intencional de dioxinas y furanos
según lo establece el Convenio de Estocolmo sobre los Contaminantes Orgánicos
Persistentes e ir eliminando otros plaguicidas organoclorados que aún se usan
en nuestros países como el lindano, endosulfán, pentaclorofenol por ser dañinos
a la salud y medio ambiente.12 No permitir que el Protocolo de
Bioseguridad -Cartagena- del Convenio de Diversidad Biológica se subordine a la
OMC, como pretende Estados Unidos, e instituir el Principio Precautorio en las
leyes de bioseguridad nacionales.-EcoPortal.net NOTAS El sitio de la OMC es www.wto.org,
para una crítica véase : www.tradewatch/ftaa/ALCA_Espanol/,
www.ourworldisnotforsale.org 2 Ver artículos de Silvia Ribeiro,
Blanca Rubio y Ana de Ita en Fernando Bejarano y Bernardino Mata (editores)
Impactos del Libre Comercio Plaguicidas y Transgénicos en la Agricultura de América
Latina. México, RAPAL, RAPAM, UACH, SOMAS, SEGE, 2003. Sobre la crítica a la
Ley Agrícola de Estados Unidos, véase de Peter Rosset de Food First
http://foodfirst.org/wto/espanol/ 3 " Making Global Trade Work for People" UNDP Kamal Malthora,
et. al. 2003, en Greenpeace. A guide to 5th Ministerial Conference of WTO
Cancun, México. 2003. 4 Fernando Bejarano, La Espiral del
Veneno, Guía crítica ciudadana sobre plaguicidas. México, RAPAM, 2002. 5 Fernando Bejarano, Contaminación
alimentaria de Estados Unidos, Un Mito la Calidad del Norte, en Masiosare, La
Jornada 26 de enero del 2003. 6 No te dejes engañar, folleto de
Greenpeace, RAPAM, GEA y otros grupos ambientalistas México 2003. 7 La página de la Comisión del
Codex Alimentarius es www.codexalimentarius.net . Las normativas alimentarias en
América Latina en www.panalimentos.org. Para una crítica del Codex ver Lori
Wallach and Michelle Sforza, Whose Trade Organization? Corporate Globalization and the erosion of Democracy. Washington. Public
Citizen, 1999. "Chapter 2. pp 52-85. 8 Ver de Fernando Bejarano, La
Espiral del Veneno, op. cit., pp 82-88, y de Mary O´Brien Making better
environmental decissions. An
alternative to risk assessment, Cambridge, London, MIT Press, 2000. 9 El Parlamento Europeo aprobó en
julio del 2003 dos propuestas sobre etiquetado y trazabilidad de OGM que
permitirá exentar de etiquetado al alimento que contenga menos del 0.9% de OGM
y 0.5% de presencia accidental de OGM no autorizados y considerados sin riesgo. 10 Erika Rosenthal "Los
acuerdos de libre comercio y la desregulación de los plaguicidas. El caso de América
Central" en Fernando Bejarano y Bernardino Mata op. cit pp 105-116. 11 Fernando Bejarano,
"Metalclad y el capítulo 11 del TLCAN" en Confrontando la Globalización,
Laura Carlsen, Hilda Salazar y Timothy Wise, México, Ed.Porrúa, 2003. 12 Ver los planteamientos de Vía
Campesina en www.viacampesina.org 13 Para una perspectiva
ambientalista global del Convenio de Estocolmo ver www.ipen.org *Fernando Bejarano G. Red de Acción
sobre Plaguicidas y Alternativas en México (RAPAM). Amado Nervo, 23-2, Col. San
Juanito, Texcoco, Edo. de México, México 56121 Tel. y Fax. (595) 954 7744. Red de Acción en Plaguicidas y sus
Alternativas para América Latina (RAP-AL) www.rap-al.org Coordinadora General: Maria Elena
Rozas, Alianza por una Mejor Calidad de Vida, Chile. rap-al@terra.cl,
www.rap-chile.com Subcoordinador de Mesoamérica y el
Caribe: Fernando Bejarano, Red de Acción sobre Plaguicidas y Alternativas en México
(RAPAM) rapam@prodigy.net.mx Subcoordinador de la región
Andina, Luis Gomero, Red de Acción en Alternativas al uso de Agroquímicos
(RAAA) rapalpe@terra.com.pe, www.raaa.org. Publicación enviada por Fernando Bejarano G. Contactar http://www.ecoportal.net Código ISPN de la Publicación EpZVFkEEZkAWRtQtHq Publicado Wednesday 28 de January de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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