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Transgénicos a debate
Resumen: El presente artículo es el eje central de una campaña llevada a cabo por The Ecologist para contrarrestar la pérfida influencia de los medios en la opinión pública. Este texto viene avalado por los comités de expertos de las diversas organizaciones, que lo avalan rotundamente.
Publicación enviada por Gian Carlo Delgado Ramos
Como
se puede leer en mi libro, La Amenaza Biológica (Plaza y Janés, 2002),
algunas ideas que se vienen popularizando no son del todo correctas, incluso
resultan ser totalmente falsas. Revisemos brevemente algunas de ellas:
1) "Las semillas transgénicas son descubrimientos indispensables y
necesarios para alimentar al mundo, proteger el ambiente y reducir la pobreza en
los países en desarrollo" (CEO de DuPont). La inteligencia convencional
sigue sin querer reconocer que el problema del hambre en el mundo no es la falta
de alimento, sino la pésima distribución de éste; tal "ignorancia"
permite a las multinacionales agroalimentarias afirmar que su objetivo principal
no es hacer negocio sino alimentar a la población mundial. Para ello, y aunque
de fondo se trate de un asunto económico-político, la industria de la
biotecnología se está centrando en dos áreas principales: la de las plantas y
la de animales modificados. En ambas se persiguen cuatro finalidades: (a)
Mejoramiento cualitativo de las características genéticas inherentes a las
propias plantas y animales (resistencia a plagas y enfermedades, incremento en
la producción, etcétera); (b) La llamada nutriceuticals busca
"mejorar" las plantas para el consumo específico del ganado y del
hombre (adición genética de vitaminas o vacunas) y para la modificación de la
apariencia y sabor de los productos; (c) El sector agriceuticals se enfoca en la
producción de sustancias y diversos materiales para fines médicos e
industriales, a partir de plantas y animales modificados; y (d) Control
social-reproductivo mediante semillas espermicidas y abortivas.
Dicho instrumental es fundamental, nos informan, para combatir las deficiencias
alimenticias y/o la hambruna, sobre todo en los países del Sur (caso de las
ayudas humanitarias estadounidenses que ya incluyen hasta en un 100% granos
transgénicos). Tal flamante intención es, por lo demás, contradictoria con la
naturaleza intrínseca del instrumental a utilizar: los OGM. Como se sabe, las
especificaciones del diseño genético son funcionales a la consolidación de
una dependencia permanente de los agricultores a la compra de semillas
modificadas, ya que las semillas están patentadas y no se puede guardar una
parte para el siguiente ciclo productivo. Además, se está estudiando una nueva
tecnología con el objetivo que las semillas producidas por la planta sean estériles
(tecnología Terminator, 1998).
Se suma la tecnología Traitor (1999), que sobrepasa drásticamente la
naturaleza genética de los vegetales al inducirlos a una permanente dependencia
agroquímica. Las patentes (Monsanto: WO 9744465, o Astra/Zeneca: 5789214)
revelan que se están desarrollando semillas suicidas (Terminator) con características
(Traitor) que pueden ser activadas o desactivadas por sustancias
"reguladoras" mezcladas en los agroquímicos de las mismas
multinacionales (pesticidas, fertilizantes, herbicidas, etc). La versión de
Monsanto no permite que las semillas germinen si no son expuestas a una
sustancia específica. Este tipo de cultivos todavía no se comercializan pero,
no obstante, sirven para poner de manifiesto que los transgénicos sirven y están
diseñados para favorecer los intereses del empresariado que paga por su
investigación y desarrollo. Téngase presente que el control de las patentes y
tecnología agrícola, según información de la US Patent and Trademark Office
de 1998, ya estaba en un 74% en manos de seis multinacionales: Monsanto, DuPont
(EUA), Novartis/Syngenta, Dow (+ Cargill de EUA y KWS AG de Alemania) y Grupo
Pulsar/Savia (México). Es, pues, un escenario donde la agricultura de
autosuficiencia y el pequeño y mediano agricultor no tienen cabida, y por tanto
el mecanismo para supuestamente alimentar al Sur… queda bien definido: la
producción agroindustrial que opera bajo la lógica del mercado. La misma
tendencia se registra en el Norte, aunque con sus respectivas particularidades.
2) Los problemas particulares del Sur se vienen resolviendo desde la investigación
pública. "Todos los ejemplos tienen el mismo patrón: fondos públicos,
problemas puntuales de productividad o déficit nutricional". (Daniel Ramón.
La Vanguardia, 05/10/2003) Como el registro de patentes lo demuestra, la mayoría
de la investigación en OGM’s es realizada por el sector privado, aunque, en
efecto, las instituciones de investigación pública tienen información estratégica
sobre los principales cultivos en el mundo, resultado de la vieja preocupación
de los gobiernos por garantizar la seguridad alimentaria de su población y que
ahora es relegada a las multinacionales bajo los impulsos de la globalización
(nótese que se trata de un factor central en la lógica capitalista del
desarrollo científico-tecnológico que crecientemente viene radicalizando la
propiedad y gestión privada, incluyendo la de las ciencias básicas). Aunque se
registran en estos espacios casos de privatización convencional, las ofertas
para la compra de los resultados de sus investigaciones es más popular (caso
del fallido "ofrecimiento" de Monsanto para comprar la información
desarrollada por el Centro de Mejoramiento del Maíz y del Trigo - Cimmyt en México).
La transferencia de científicos y ciertos técnicos hacia el sector privado va
de la mano o sustituye el punto anterior. Y para completar el panorama, el
financiamiento de las instituciones públicas en el Sur es particularmente
recortado y reemplazado por capital privado, a través de liberalizar el sector
de ciencia y tecnología. Por ejemplo, desde préstamos condicionados del Banco
Mundial (caso del Consejo Nacional en Ciencia y Tecnología - Conacyt en México).
Consulte Delgado, 2002.
3) “Los riesgos sanitarios o catástrofes ambientales son inexistentes”. Si
bien es cierto que se trata de aspectos poco conocidos e investigados (EE.UU.
destinaba, hasta el año 2000, entre uno y dos millones de dólares en ese
rubro), las multinacionales y los gobiernos que las apoyan no se detienen ante
el grado de incertidumbre que genera el avance biotecnológico, al contrario. No
obstante, la punta del iceberg de los impactos, en este caso, de los OGM’s, ya
comienza a visualizarse. En cuanto a los riesgos para la salud humana, por
ejemplo, son ya numerosos los casos de reacciones alergénicas. La soja transgénica
de Pioneer causó, en EE.UU., la muerte de 27 personas y más de 1.500
afectados. La papa transgénica, en una investigación con ratones, mostró que
altera el sistema inmunológico y retarda el crecimiento. La toxina Bt y sus
subespecies, israelensis (Bti) y kurstaki (Btk), causan, según los resultados
de la investigación de laboratorio de Tayabali y Seligy, toxicidad en células
humanas expuestas. Según la cantidad consumida, las consecuencias pueden ir de
irritación en la piel e infecciones hasta el debilitamiento del sistema inmunológico
(mutilación de células humanas). Respecto a los costos ambientales, el mejor
ejemplo es el de la contaminación genética de especies mexicanas endémicas de
maíz, dada a conocer por el equipo de científicos de la Universidad de
Berkeley (liderado por el Dr. Chapela) y corroborada por la Universidad Nacional
Autónoma de México, por el Instituto Politécnico Nacional y por el propio
Gobierno de México. La contaminación ya se extiende a nueve estados (o
comarcas) del país, y entre los contaminantes que se han encontrado están el
Bt (Cry9c), identificado como el maíz Starlink de Aventis y prohibido para
consumo humano en EE.UU.; el Bt de semillas de Monsanto y Novartis; y rastros de
la proteína CP4-EPSPS de Monsanto (que indica la modificación para resistencia
a herbicidas). Otro ejemplo esclarecedor sobre la realidad de las consecuencias
ambientales de los OGM es el resultado de la investigación realizada por un
comité científico de Gran Bretaña, presentados por el gobierno de ese país y
la Royal Society. Según Chris Pollock, ecologista y responsable del comité,
los resultados fueron "inesperadamente sorprendentes y dramáticos",
porque se encontró, entre otros factores, una fuerte reducción de la flora
herbácea aledaña a los cultivos de transgénicos de remolacha y colza.
4) Los OGM’s permiten introducir características novedosas y benéficas como
la resistencia a plagas y estrés, aumentando la productividad y reduciendo el
consumo de insecticidas. Como se ha venido demostrando, los OGM’s no siempre
son "mejores" en términos de productividad que las variedades
no-modificadas, orgánicas y/o nativas (consúltese los resultados del comité
británico antes mencionado, así como el trabajo que desarrolla la Research
Foundation for Science, Technology and Ecology de India liderada por Vandana
Shiva). Varios especialistas y agricultores han señalado que el uso de semillas
transgénicas, a pesar de aumentar la productividad en algunos casos,
generalmente incrementa los costos. Ello se debe, o bien como resultado del pago
de la semilla modificada, y/o a consecuencia de un incremento en el uso de otros
agroquímicos (caso del herbicida Round Up para las semillas resistentes a este
herbicida u otros "aditivos" que las multinacionales venden como parte
de sus "paquetes tecnológicos"). La confusión pública se torna
importante ante datos como los ofrecidos por el National Center for Food and
Agricultural Policy (NCFAP). Según afirma un informe de esa institución, en
base a 40 estudios de caso de 27 cultivos transgénicos en EUA, seis cultivos
producen, en la misma área cultivada, 6 millones 350 mil toneladas adicionales
de productos, incrementan el ingreso agrícola en 2 mil 500 millones de dólares
y reducen el volumen de plaguicidas en 73 mil 940 toneladas. Ahora bien, esas
cifras resultan, cuando menos, altamente cuestionables porque el informe de la
NCFAP, como denunció en su momento ETC Group, fue financiado mayoritariamente
por Monsanto, BIO (Organización de la Industria Biotecnológica), el Council
for Biotechnology Information (un aparato de propaganda de las mismas
industrias) y varias sociedades con intereses comerciales en el tema. ETC Group
indica que, según Charles Benbrook, economista agrícola y autor de varios
estudios sobre los resultados de los transgénicos, el informe de la NCFAP tiene
fallas importantes. Por ejemplo, la mayoría de los datos positivos se basan en
dos cultivos: la soja y el maíz. El cálculo de las entradas de los
agricultores en ese estudio no se basa en ingresos, sino en el
"ahorro" de lo que habrían gastado si con la soja hubieran usado
otros herbicidas más caros. Este escenario no existe, porque los que no
cultivan soja transgénica tolerante a un herbicida, advierte Benbrook, no
necesariamente aplican otros herbicidas, compran la semilla más barata, y, en
muchos casos, aun sin hablar de cultivos orgánicos, tienen métodos
complementarios no químicos que les abaratan el costo. La soja transgénica
requiere mayor volumen de herbicidas (un promedio del 11% más, según Benbrook,
en un informe de mayo de 2001 para el Northwest Science and Environmental Policy
Center) y produce menos que la soja convencional (2 a 8% menos). En el caso del
maíz, el aumento de volumen es real (aunque sólo sea un porcentaje mínimo de
la producción total), pero no compensa el gasto extra de los agricultores en
las semillas transgénicas, que son más caras. En el periodo 1996-2001 alcanzó
659 millones de dólares extra por la semilla transgénica, mientras que el
valor del volumen adicional producido fue de 567 millones de dólares. Es decir,
perdieron 92 millones de dólares.
5) Las semillas y alimentos transgénicos pueden ofrecer la solución a los
problemas nutricionales y de hambruna del planeta debido a que sus propiedades
pueden ser mejoradas, por ejemplo al adicionar vitaminas, proteínas u otras
sustancias alimenticias. Como advertí en La Amenaza Biológica, la rama
nutriceuticals crecientemente viene tomando un nuevo empuje, no sólo como
bandera para promover los transgénicos, sino porque el mercado estimado podría
llegar a unos 29 mil millones de dólares al año. Pero tales expectativas
siguen sustentándose en una estratégica comercial y no en su efectividad
nutricional; su fracaso ha sido contundente. El caso del arroz dorado (con
vitamina A) contribuye tan poco en la dieta que sería necesario comer nueve
kilos diarios para alcanzar las cantidades recomendadas. Además, las personas
con deficiencia de vitamina A generalmente no cuentan con suficientes grasas y
proteínas para convertir la beta-carotena de dicho arroz en vitamina A. De modo
similar, la patata enriquecida con proteínas sólo registra un incremento de
aproximadamente 0.7% (pasando de 1.98 a 2.5%); no obstante, ha sido promovida
como el milagro para combatir la malnutrición. Es evidente que las poblaciones
con déficits alimentarios no se limitan a un solo nutriente y que introduciendo
un micronutriente en su alimento principal no se resuelve el problema. Este
intento se inscribe en la globalización de la economía, donde las
multinacionales quieren hacer beneficios a costa de las poblaciones y hacerse
dueñas de la agricultura y alimentación, lo que es exactamente lo contrario de
lo que se tiene que hacer para resolver el problema de las dietas deficientes:
para esto, hay que dar la posibilidad a las poblaciones de diversificar su
dieta, con verduras, frutas y toda la gama de alimentos necesarios, y esto no se
resuelve con transgénicos sino con un reparto justo de las riquezas del mundo.
6) Los movimientos anti-transgénicos se oponen al desarrollo de la tecnología
de modo irracional ya que descartan radicalmente y en paquete todo tipo de
manipulación genética. Los movimientos campesinos y de otros sectores
sociales, del Norte y del Sur, en general no rechazan la tecnología per se,
sino un tipo peculiar de ésta. No se trata de un mero discurso más o menos
"respetable", sino de una reacción frente al grado de incertidumbre,
los pocos beneficios palpables para la sociedad y los peligros e implicaciones
ecológico-sociales que ya se dejan ver. Y es que a contracorriente de las
promesas que traen los OGM, el número de personas que tendrán acceso a la
alimentación decrecerá como resultado de la concentración de la industria
Agbio que ha logrado controlar crecientemente la producción, procesamiento y
distribución de alimentos del planeta. El papel del Banco Mundial y otros
organismos internacionales como la Organización Mundial del Comercio… es
central. El objetivo, como se corroboró este año en la cumbre de Cancún, no
ha sido otro que liberalizar el comercio de la agricultura, reestructurar la
producción a través de semillas y ganado genéticamente modificado y
distribuir los alimentos en todo el mundo, quitando a pueblos y gobiernos el
ejercicio de eso que es un derecho básico suyo. Por eso, además de las
consecuencias ambientales y sanitarias ya antes mencionadas, cada vez es mayor
el número de personas que coincidimos en señalar que no necesitamos transgénicos,
aunque sí una ciencia y tecnología que fomente, en este caso, una agricultura
ecológica y socialmente armónica. La labor de la sociedad para presionar a la
cúpula política es fundamental para encausar la ciencia y la política
nacional, regional y mundial hacia dicho objetivo.
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Publicación enviada por Gian Carlo Delgado Ramos
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Publicado Wednesday 28 de January de 2004
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