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Acuicultura: de la panacea económica al desastre ecológico
Resumen: Aunque pueda sonar a broma, el langostino, generalmente procedente de las zonas tropicales, ese pequeño animal considerado un manjar que corona tantas mesas en estas épocas navideñas, es una bomba ecológica. Él no es el culpable, sino, como siempre, el hombre que ha visto en él un negocio de vastos beneficios sin importarle el medio ambiente.
Publicación enviada por Christian Sellés
Hace
no muchos años el langostino fue considerado un producto de lujo. Ante ello,
muchos países en vías de desarrollo construyeron piscinas para su cría ya que
vieron en esta práctica una salida a sus más que pobres economías. Estados
Unidos, Japón o la Unión Europea con España a la cabeza se relamían al ver
que la producción de este crustáceo se disparaba y se podía consumir de forma
casi diaria por la bajada de los precios.
Durante la década de los 80, el mismo Banco Mundial y otros Bancos de
Desarrollo, así como la Organización para la Agricultura y la Alimentación de
Naciones Unidas (FAO) apostaron por esta industria. Más de cincuenta países de
América Latina y Asia instalaban camaroneras en sus zonas litorales, siendo
Ecuador, Tailandia e Indonesia los principales productores. Poco a poco se
fueron privatizando las costas de estos países y empezaron a llegar ayudas y
subvenciones de inversores privados y de agencias internacionales como la
Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional y la Comisión Europea.
Pero detrás de este negocio “fácil” (ya que no requiere una gran inversión
inicial) se encuentra el sempiterno daño colateral: el medio ambiente.
La instalación de camaroneras en la mayoría de ocasiones se realiza en zonas
de manglar, arrasándolos por completo. De hecho, en los últimos 20 años ha
desaparecido el 35% de los manglares. Equivalentes a las selvas húmedas en las
costas tropicales, los manglares constituyen ecosistemas con una amplia variedad
de plantas y animales, así como una defensa de la costa ante la erosión y las
tormentas. También ofrecen recursos económicos a las comunidades locales que
encuentran en ellos su única forma de subsistencia. Al instalar una piscina
para la cría de langostino, todo esto desaparece junto al manglar.
Las zonas adyacentes a los manglares desaparecidos, tanto terrenos como cursos
de agua, también sufren daños. En las camaroneras se usan una gran cantidad de
productos químicos y farmacéuticos con los consiguientes efectos que pueden
tener sobre la salud y sobre el medio ambiente. Los pesticidas son de uso
habitual, así como los antibióticos para evitar que los langostinos enfermen y
tener una producción más amplia y sin riesgo de pérdida económica.
Esta práctica, denominada acuicultura, fue considerada la panacea dentro de la
pesca para, por un lado, ayudar a los países más pobres y, por otro, disminuir
la amenaza que las pesquerías oceánicas ejercían sobre los langostinos
silvestres. Incluso se le llegó a denominar “Revolución Azul”. Pero ha
constituido un fracaso ya que las unidades de langostino salvaje siguen
disminuyendo y el arrastre, el sistema empleado para capturarlo en su hábitat
natural, ataca con fiereza los arrecifes de coral y esquilma al año diez
millones de toneladas de otras especies no objetivo, según denuncia Greenpeace.
Detrás de estos ataques al langostino salvaje, así como los cometidos contra
los manglares por las camaroneras, se encuentra un floreciente negocio que mueve
al año alrededor de 7.000 millones de dólares, un 20% del total de todos los
productos pesqueros comercializados en el mercado internacional. En 1999, la cría
de langostinos daba un resultado de 700.000 toneladas, un 50% del comercio
mundial de langostino. Y en 2001 el 35% de los langostinos y gambas producidos
procedían de la acuicultura, la forma más salvaje de cría.
El langostino, víctima inocente de la mano del hombre, ha pasado a ser un arma
peligrosa contra el medio ambiente por el beneficio que conlleva su cultivo o
pesca. En el pasado, símbolo del consumo de los países ricos por ser un
producto de elevado precio; en la actualidad, símbolo del abuso de los países
ricos sobre los países pobres.
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Publicación enviada por Christian Sellés
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Publicado Wednesday 28 de January de 2004
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