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Tortugas marinas: fósiles vivientes
Resumen: Hace más de 250 millones de años, unos reptiles, llamados Cotylosaurios, emprendieron un largo proceso evolutivo. Acumulando hueso en la piel unieron costillas, vértebras y placas óseas, formando un sólido caparazón en el cual estos animales podían retraer sus cuerpos para protegerse.
Publicación enviada por Pedro Pozas Terrados
Hace
más de 250 millones de años, unos reptiles, llamados Cotylosaurios,
emprendieron un largo proceso evolutivo. Acumulando hueso en la piel unieron
costillas, vértebras y placas óseas, formando un sólido caparazón en el cual
estos animales podían retraer sus cuerpos para protegerse. Algunos adoptaron
costumbres totalmente terrestres, al tiempo que otros abandonaron las marismas
en las que vivían, hace 90 millones de años, para conquistar el mundo marino.
Para ello, transformaron sus patas en aletas y sus caparazones se redujeron
adoptando formas hidrodinámicas para facilitar su locomoción acuática,
convirtiéndose en las tortugas marinas tal y como las conocemos hoy.
Han sobrevivido a numerosos peligros a lo largo de millones de años y han
sabido adaptarse a sus cambios evolutivos de una forma sorprendente. A pesar de
ello, una grave amenaza se cierne sobre las siete especies que pueblan los océanos
y mares de nuestro planeta: el hombre. La contaminación de las aguas, los métodos
empleados en la pesca comercial que ocasionan miles de capturas accidentales, la
reducción de zonas libres de presencia humana para que puedan desovar en las
playas , el tráfico existente basado en los productos extraídos de sus
caparazones, los pretendidos refinamientos culinarios como es el caso de la
famosa sopa de tortuga y la explotación a gran escala de los cuerpos y huevos
aprovechando el desove de las hembras en tierra firme; hacen que haya sido
necesario incluir a estas siete especies de tortugas marinas en la lista roja de
animales en peligro de extinción y en consecuencia, protegidas por Leyes
Nacionales e Internacionales.
Como animales terrestres que eran originariamente, poseen respiración pulmonar,
lo que les obliga a subir cada cierto tiempo a la superficie para respirar. Su
adaptación al mar no es total y necesitan acercarse a las playas arenosas del
continente e islas cada época de reproducción. Sin embargo, sólo son las
hembras las que con mucho esfuerzo pero con pasos decididos, abandonan las aguas
para adentrarse a tierra y poner los huevos que entierran en la arena.
Hábitat
En el Mediterráneo se ha mencionado la presencia de cinco especies diferentes
de tortugas marinas: tortuga boba (Caretta caretta), tortuga verde (Chelonia
mydas), tortuga laúd (Dermochelys coriacea), tortuga carey (Eretmochelys
imbricata) y tortuga golfina o bastarda (Lepidochelys kempii). Si bien la
frecuencia con la que estas son encontradas difiere en gran medida de una
especie a otra.
La tortuga boba es la más frecuente de todas ellas. Tiene playas de puesta en
el Mediterráneo Oriental, en especial en Grecia y Turquía.
La tortuga verde es la segunda especie más común del Mediterráneo y también
mantiene algunas playas de puesta en la cuenca oriental, especialmente en
Turquia y Chipre. Al contrario de lo que ocurre con la tortuga boba, son escasos
los datos sobre la presencia de esta especie en el Mediterráneo Occidental.
Las tres restantes especies no tienen playas de puestas en el Mediterráneo y su
presencia en este mar se cree debida a la entrada de ejemplares del Atlántico,
a través del Estrecho de Gibraltar o bien del Indico o Mar Rojo por el Canal de
Suez. Si bien ninguna de estas tres especies es numerosa, prácticamente todos
los años existe alguna mención sobre la presencia de la tortuga laúd. Los
datos sobre tortugas carey y golfina son muy escasos, en especial de la última.
En las costas gallegas y al contrario del Mediterráneo, la tortuga laúd es la
más avistada, seguida de la boba. No faltan citas aunque en menor medida de las
tortugas verde, carey y golfina según los datos facilitados por la Coordinadora
para el Estudio de Mamíferos Marinos de Molladoiro (Coruña).
En las Islas Canarias la más común es la boba sobre todo en verano, seguida de
la verde que aparece también con cierta frecuencia en los meses más calurosos.
La tortuga laúd se ha observado ocasionalmente y siempre tratándose de
ejemplares solitarios de gran tamaño. La carey y golfina son raras en el
archipiélago habiéndose dado el caso del avistamiento de dos ejemplares de
cada especie en las islas más occidentales.
En líneas generales y en vista de los datos de que se disponen, se puede
afirmar que las especies de tortugas marinas más frecuentes en España y las
que se observan con mayor facilidad son la boba, la verde y la laúd.
Reproducción
Esta función de las tortugas marinas, es sin duda alguna el único episodio
bien conocido de su ciclo biológico, ya que se desconoce muchas de sus
actividades en alta mar.
Cada dos o tres años, cuando las hembras han alcanzado la madurez sexual que
oscila entre 25 50 años, dejan sus áreas habituales para dirigirse a desovar
en la playa cerca de donde nacieron.
Durante la noche y si no existe ninguna señal de peligro (ruidos, movimientos o
luces artificiales, etc.), la tortuga empieza a remontar la playa en busca de un
lugar de arena fina con la humedad y temperatura adecuadas para la incubación.
Su pesado corpachón dificulta su respiración y la movilidad en tierra. Si
encuentran algún obstáculo en su avance que no puede esquivar (un tronco caído,
una roca, una tumbona o incluso una barca), es capaz de inmovilizarse y, si no
es liberada pronto, puede producirle incluso la muerte.
Encontrando el lugar adecuado para efectuar la puesta, la tortuga comienza a
apartar la arena seca, primero con las patas delanteras para a continuación,
por medio de movimientos excavatorios de las patas traseras, empezar a
configurar un hueco en forma de bota de unos 35 70 cms. Este es un momento muy
delicado, ya que encontar un objeto entre la arena podría provocar el
derrumbamiento de las paredes del nido. Cualquier molestia o sobresalto durante
este proceso, podría obligar a la tortuga a retirarse al mar y a realizar el
desove en el agua perdiendo así toda la puesta.
Una vez excavado el agujero en la arena, coloca sus patas posteriores sobre el
borde de este y empieza a desovar unos 100 huevos esféricos del tamaño de una
pelota de ping pong. El esfuerzo durante la puesta es enorme, por lo que queda
sumida en una especie de trance. Al cubrir los huevos, la hembra apisona la
arena para dar consistencia al nido y dejar aire suficiente para el buen
desarrollo de la puesta. Finalmente regresa al mar, donde permanecerá unos 15 días
antes de realizar una segunda puesta, generalmente en la misma playa. Todo este
proceso lo realiza durante la noche y normalmente en unos quince minutos.
Una hembra puede desovar de 3 a 10 veces en una temporada reproductora. El sol
se encarga de incubar los huevos a una temperatura que oscila los 28 y 29 grados
centígrados. La temperatura determinará el sexo de las futuras tortugas.
Mediante esta estrategia ecológica, logran mantener una proporción de sexos
adecuada. Las sombras provocadas por la presencia humana (sombrillas, altos
edificios a pie de playa o árboles plantados) pueden y de hecho lo hacen
afectar a la proporción de ambos sexos, produciendo generalmente más machos.
Al igual que la temperatura, la humedad y constitución del nido deben mantener
niveles óptimos para el éxito de la incubación. Al cabo de unos 50 60 días,
se produce la eclosión de los huevos y las nuevas tortuguitas, al salir de
ellos siempre de noche, absorben los restos de la membrana vitelina. Ayudándose
entre ellas, abandonan y emprenden su carrera hacia el mar. Se cree que es en
este momento cuando adquieren el increible sentido de orientación que les
servirá para viajar por los océanos.
La mayoría de las tortugas no llegarán a sobrevivir. Durante su carrera al
mar, e incluso al llegar al agua, gran cantidad de ellas perecen víctimas de
sus depredadores (gaviotas y otras aves marinas, grandes cangrejos, perros
vagabundos y otros mamíferos) que han esperado con ansiedad dicho momento.
Otras, sin embargo, ni siquiera llegarán a salir del huevo. Sé calcula que sólo
un 1%
llega al estado adulto. Pero en el mar les esperan aún más peligros.
Navegación
Nadie ha podido todavía seguir el rastro de las tortuguitas adentradas en mar
abierto. Su desaparición en una prolongada navegación y la reaparición cuando
su caparazón mide ya más de medio metro, es un misterio de otros tantos que aún
encierran los mares. Tampoco se conocen con exactitud de qué forma se orientan
las adultas al navegar por prácticamente todos los mares y volver al mismo
lugar para desovar.
Investigaciones de un grupo encabezado por John C. Avise de la Universidad de
Georgia, ha demostrado que el ADN mitocondrial de las tortugas verdes de la isla
Ascensión, difiere del que caracteriza a otras poblaciones de tortugas verdes.
Este estudio genético supone una prueba más de que la especie navega, una y
otra vez, de vuelta a sus playas natales para nidificar, sin mezclarse con otras
poblaciones.
Existen muchas teorías en torno a la capacidad de estos reptiles marinos de
recorrer miles de kilómetros para después llegar al mismo lugar mediante una
orientación digna de envidia de cualquier marino. Se ha dicho en alguna ocasión
que pudieran guiarse por las estrellas como lo hacían los polinesios en sus
largas travesías por el Océano Pacífico. Sin embargo, David W. Ehrenfeld, de
la Universidad de Rutgers, ha revelado la extrema miopía de las tortugas
marinas adultas cuando sacan la cabeza del agua. Lo cual, de ser ciertas estas
investigaciones, serian incapaces de discernir configuraciones estelares durante
la noche.
Lo cierto es que son grandes e incansables nadadoras, dotadas de una brújula
natural que les guía en medio de los inmensos océanos a su lugar de destino,
lo que ha contribuido a su éxito evolutivo, permitiéndolas explotar áreas de
alimentación muy alejadas de las zonas de nidificación.
TORTUGA BOBA (Caretta caretta)
Su área de distribución se extiende por el norte y sur de los trópicos,
habiendo sido observada en las costas del Reino Unido, Bélgica y Holanda. En el
Mediterráneo y Canarias, su presencia es habitual sobre todo en los meses de
verano. En la actualidad existe una controversia científica sobre esta especie,
ya que algunos científicos afirman existir diferencias genéticas suficientes
como para estableces diferentes subespecies. Una sería la Caretta caretta
caretta que habitaría en el Mediterráneo, Mar Negro y Océano Atlántico,
mientras que la Carettas caretta gigas (que se diferencia por dos garras que
tiene en las patas anteriores) se encontraría distribuida en el Pacífico y el
Indico.
Un adulto de tortuga boba alcanza normalmente un peso de 200 Kg. y los extremos
de su caparazón, medidos perpendicularmente, alcanzan entre los 120 130 cm. Su
coloración en el dorso es marrón rojiza, mientras que la parte ventral
presenta un tono entre el crema y el amarillo. Esta estrategia de dorso oscuro y
parte ventral clara es muy común en las especies marinas, de manera que se
confunden con el fondo cuando son observadas desde arriba y encuentran un
mimetismo más adecuado por abajo al simular la claridad de la superficie.
Es carnívora. Se alimenta principalmente de moluscos y crustáceos, pero
devoran también gambas, medusas, erizos de mar, esponjas, calamares, estrellas
de mar y peces. Tiene muy desarrollado el sentido del olfato, que utiliza para
localizar la comida. Un área de alimento preferente puede ser determinante a la
hora de escoger una playa de puesta. Ponen huevos en número de hasta 150 (12
por minuto) de unos 40 mm. de diámetro. Las crías, al romper el cascarón
miden unos 5 cm. y son de color marrón oescuro a negro.
Se considera la especie más amenazada en cuanto a las capturas accidentales por
los barcos palangreros. Según datos aportados por "El libro rojo de los
vertebrados de España" editado por el ICONA, se estima que entre 17.000 y
20.000 ejemplares son capturados anualmente.
TORTUGA VERDE (Chelonia mydas)
La subespecie Chelonia mydas mydas, habita en el Mediterráneo y el Atlántico,
mientras que la Chelonia mydas japonica se encuentra principalmente en los Océanos
Indico y Pacífico.
Los jóvenes alcanzan una gran dispersión siguiendo las corrientes en el océano
abierto. Necesitan alimentarse cerca de las costas, ya que al ser herbívora se
alimenta normalmente de vegetación submarina, teniendo predilección por la
planta acuática Zortera.
Pueden alcanzar una longitud de más de 100 cm., pesando unos 250 Kilogramos. Se
han encontrado ejemplares de hasta 140 cm. de 450 Kg. Duermen en el agua, pero
la más ligera perturbación las hace bucear hacía las profundidades, en donde
pueden permanecer una hora habiendo respirado sólo una vez.
La hembra pone de 75 200 huevos de 40 mm. de diámetro, en 2 5 puestas a lo
largo del año.
Tienen un colorido marronáceo oscuro con manchas amarillas y jaspeadas. El lado
inferior es amarillo o blancuzco. Las placas del espaldar son contiguas y no se
superponen. La cabeza es tan grande que no puede meterla en la concha. Las patas
anteriores son del tipo aleta, como las otras tortugas marinas, y en cada una de
ellas tiene una sola garra. La cabeza y las patas de las jóvenes son
desproporcionadamente grandes en relación con su cuerpo.
Apreciada por su carne, esta especie ha sido perseguida durante siglos para la
elaboración de la conocida "sopa de tortuga".
TORTUGA LAúD (Dermochelys coriacea)
Esta tortuga es la mayor de todas las marinas. Miden entre 190 200 cm. pesando
unos 500 Kg. aunque se han encontrado ejemplares mayores. En 1931 en Vancouver
(Canadá) se apresó una que pesaba 652 Kg. y en el Pacífico otra que media 230
cm. pesando 700 Kg.
Se distribuye por todo el mundo, pero es más común en los mares tropicales.
Ampliamente distribuida por el Atlántico y Mediterráneo. En Canarias existen
datos confirmados sobre una puesta en la costa sur de Fuerteventura en 1991.
Existen sospechas de que la especie podría criar de forma regular, pero en número
muy escaso, en las islas orientales de Canarias.
Vive principalmente de medusas, peces, crustáceos y determinados moluscos.
Buena nadadora en mar abierto, se acerca a la costa estacionalmente. Los huevos
tienen unos 53 mm. de diámetro y pone de 90 150 unidades.
La tortuga laúd es anatómicamente muy distinta de los otros quelonios vivos.
Sus vértebras y costillas no se funden con el espaldar. Este último se compone
de placas óseas poligonales y, como la cabeza y las patas, está cubierta por
una piel gruesa.
Uno de los rasgos más notables, a parte de su caparazón, son los bordes córneos
de su mandíbula superior, que tiene a cada lado tres muescas con un diente en
medio.
Los plásticos flotantes son una seria amenaza para la vida de estas tortugas ya
que son confundidos con medusas y al ingerirlos les producen la muerte. Este
grave problema afecta al resto de las especies de tortugas marinas y a los cetáceos
en general.
TORTUGA CAREY (Eretmochelys imbricata)
El caparazón suele medir unos 90 cm. de longitud. Es típico, especialmente en
los ejemplares jóvenes, que las planchas del espaldar se superpongan como las
tejas de un tejado. Como todas las tortugas marinas, las patas anteriores más
fuertes, se utilizan para nadar y las posteriores para seguir el rumbo
Esta especie pelágica migradora, también se comporta como sedentaria viviendo
en arrecifes de coral y fondos rocosos someros. Habita en todos los mares
templados del mundo.
La subespecie llamada Eretmochelys imbricata imbricata, vive en el Atlántico,
mientras que la Eretmochelys imbricata bissa se extiende por el Pacífico y el
Indico.
Se alimenta principalmente de carne, sobre todo moluscos y crustáceos, aunque
no le importa comer pescado muerto y algas. Cada hembra pone entre 150 200
huevos, parecidos en el tamaño y con aspecto de pelotas de ping pong. Las
planchas de su espaldar se han utilizado para hacer diversos artículos. Al
calentarse, el carey se vuelve flexible y es fácil de cortar y pulimentar. Es
una de las especies más amenazadas, ya que la belleza de su caparazón (motas
de color ámbar claro sobre un fondo oscuro) la convierten en un material muy
apreciado, tanto para complementos de joyería como para la manufactura de
peines, molduras de gafas, etc.
TORTUGA GOLGINA O BASTARDA (Lepidochelys Kempi)
El caparazón mide entre 70 80 cm. Es propia del Mar Caribe y en aguas
tropicales y subtropicales del Golfo de México. Se la ha visto en el Atlántico
ocasionalmente.
Se alimenta parcialmente de vegetales, en especial algas marinas, pero también
come cangrejos o camarones. La hembra pone hasta 100 huevos.
En 1966 se puso en marcha un plan destinado a proteger a estas tortugas marinas.
Con el nombre de "Operación Padre", se recogió huevos de tortugas a
lo largo de la costa mejicana, en donde su seguridad se veía amenazada, tanto
por los hombres como por los coyotes, que devoraban los huevos y las tortuguitas
recién empolladas. De esta forma se salvó a un gran número de crías,
llevando los huevos a las costas seguras de la deshabitada isla de Padre. Por
ello, las tortugas que rompieron el cascarón en esa isla, regresan allí a
poner sus huevos.
No está incluida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas como se
encuentran las anteriores tortugas marinas, por lo que se hace necesario su
catalogación como tal.
Amenazas
Aunque la pesca de las tortugas marinas está totalmente prohibida, existe un
grave problema a causa del gran número de capturas accidentales que se
realizan. Un caso similar se daba en la zona del Pacífico, donde las tortugas
eran víctimas de los artes de arrastre utilizados para la pesca de gambas. Este
problema en parte ha sido solucionado con la introducción del TED, un mecanismo
que permite la salida de tortugas de la red sin afectar a la pesca de los crustáceos.
En el Mediterráneo miles de tortugas son víctimas de los anzuelos de los
palangres dedicados a la pesca de marrajos y el pez espada, entre las que cabe
destacar la tortuga boba. El aumento en la longitud de los palangres y la
reducción en el tamaño de los anzuelos, además de causar la sobrepesca de los
peces espada incrementa, sin duda, el número de tortugas marinas capturadas.
Estas tortugas son generalmente liberadas por los pescadores que, incapaces de
extraer el anzuelo, cortan el sedal que las sujeta. Algunas consiguen expulsar
el metal, pero de no hacerlo, puede acabar con su vida en espacios de tiempo de
dos horas hasta varios meses (por hemorragia interna u obstrucción intestinal).
Las toneladas de residuos de plástico arrojados al mar diariamente, amenazan a
las tortugas y a los mamíferos marinos en general al confundirlos con comida.
Además, estos residuos sólidos que se depositan en grandes cantidades en las
playas se mezclan con la arena, provocando grandes interferencias en el proceso
de puesta o incluso su abandono.
Igualmente se han detectado grandes concentraciones de PCBs en las poblaciones
de tortugas y son cada vez más numerosos los varamientos en las playas de
nuestras costas por contaminación de productos tóxicos. En 1993 se produjo una
masiva mortandad (más de 100) de tortugas laud y boba encontradas muertas en la
isla de Lobos y Lanzarote, junto a ellas aparecieron muertos varios delfines.
El petróleo que se acumula en las algas, también causa graves estragos entre
sus poblaciones sobre todo en las juveniles.
En Grecia la tortuga boba parece estar muy amenazada sobre todo en la Isla Jónica
de Zante por los dueños de los restaurantes.
Espero que haya podido acercar al lector, a las tortugas marinas, a esas que las
vemos en los dibujos animados nadando junto al padre de Nemo en busca de su
hijo, en esos barcos pesqueros que son pescadas involuntariamente al haber
tragado el señuelo de un anzuelo o en esas playas varadas o muertas donde
llegan tras haber muerto por asfixia (al comer algún plástico creyendo que es
comida o por otras diversas causas).
El mundo marino es una joya a proteger y en este caso, hemos conocido más de
cerca a las tortugas marinas, verdaderos reptiles míticos del pasado,
verdaderos fósiles vivientes del presente.
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Publicación enviada por Pedro Pozas Terrados
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Publicado Wednesday 28 de January de 2004
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