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Compuestos organoclorados: Muerte en pequeñas dosis
Resumen: Compuestos organoclorados: Muerte en pequeñas dosis La naturaleza nociva de algunos organoclorados ha sido reconocida durante más de 30 años. La opinión pública mundial es consciente de las propiedades tóxicas, persistentes y bioacumulativas de productos químicos como el DDT, PCBs y CFCs, al mismo tiempo que una creciente cantidad de estudios científicos confirman la gravedad de la crisis que está sufriendo el planeta debido a todo el grupo de sustancias organocloradas
Publicación enviada por Pedro Pozas Terrados
La
naturaleza nociva de algunos organoclorados ha sido reconocida durante más de
30 años. La opinión pública mundial es consciente de las propiedades tóxicas,
persistentes y bioacumulativas de productos químicos como el DDT, PCBs y CFCs,
al mismo tiempo que una creciente cantidad de estudios científicos confirman la
gravedad de la crisis que está sufriendo el planeta debido a todo el grupo de
sustancias organocloradas. Sus efectos demostrados en la vida silvestre varían
desde interferencias en las características sexuales hasta colapsos de población.
Aún así, a pesar del creciente abanico de efectos catastróficos para la vida,
las emisiones de organoclorados siguen en aumento.
En 1987 1988 murieron al menos 2.500 tursiones (familia de los delfínidos) en
las costas orientales de EEUU. En ese mismo periodo entre 8.000 a 10.000 focas
murieron en el lago Baikal (Siberia). Unas 18.000 focas comunes resultaron
muertas en 1988 en el mar del Norte. En 1990, varios centenares de tursiones
aparecieron muertos en el golfo de Méjico. En los veranos de 1990 y 1991,
varios miles de delfines listados (Stenella coeruleoalba) murieron en el
Mediterráneo. Podríamos seguir ampliando la lista como los recientes estudios
que indican que algunas poblaciones de oso polar y los belugas blancos, son
verdaderos residuos tóxicos. Todas estas mortandades masivas, tuvieron lugar en
aguas circundantes a zonas muy pobladas e industrializadas. Además, existe
evidencia de tasas de mortandad sin precedentes entre las poblaciones de
cachalotes del Atlántico nordeste. Aunque el papel jugado por los
organoclorados en estas epidemias ha sido objeto de polémica, no puede
descartarse. Las necropsias realizadas sobre delfines tras las muertes del
Mediterráneo, revelaron altísimos niveles de organoclorados en sus tejidos.
Todos, incluidos los que lo producen y lo consienten, nos vemos perjudicados
lentamente por estas dosis letales que atraviesan nuestros tejidos y nos exponen
irremediablemente, a padecer enfermedades o tumores que pueden originar el tan
temido cáncer en el ser humano.
Paises situados en el Mediterráneo figuran como los más contaminados del mundo
en cuanto a la leche materna, considerada como la principal vía de contaminación
de bebés. Existen pruebas de que los fetos sufren los efectos de estas toxinas
durante etapas muy importantes del desarrollo, antes del nacimiento. Especies
comunes de peces comestibles del Mediterráneo como la sardina (Sardina
pilchardus) y el alcardus, están contaminadas por PCBs a niveles entre 2 y 6
veces superiores a los encontrados en las mismas especies del Atlántico. No es
alarmismo, es una realidad que debemos afrontar y poner solución.
Los compuestos organoclorados pueden sustituirse en todos sus usos y no hay razón
alguna para seguir con esta macabra producción que sólo nos trae epidemias y
muertes masivas de seres vivos.
PRIMAVERA SILENCIOSA
Rachel Carson advirtió de los peligros de los OCs (compuestos químicos
organoclorados) en su libro "Silent Spring" (Primavera Silenciosa)
publicado en 1962. Carson nos advirtió que los OCs podrían contaminar los
tejidos de cada niño, mujer, hombre y animal de este planeta; así como el
aire, los lagos, océanos y los peces que viven en ellos y las aves que se
alimentan de éstos.
Sin embargo las advertencias de Carson no fueron bien acogidas. Algunos OCs
permanecen intactos en el ambiente durante décadas e incluso siglos. En la
actualidad, forman parte de la dieta diaria de cada persona. Estas sustancias tóxicas
pueden encontrase en la sangre, leche, músculos y grasa de los seres humanos.
Al acumularse con el tiempo en los tejidos, se suman a los niveles corporales máximos
de sustancias tóxicas que amenazan la vida.
El papel que juegan los OCs en la destrucción de las poblaciones de animales ha
sido ya bien documentado. Ahora existen más evidencias de que las aves, las
focas y otros animales se asemejan a canarios en una mina de carbón,
presagiando problemas para la población humana.
Tras la exposición a estas sustancias, puede pasar mucho tiempo antes de que
aparezcan síntomas clínicos. Estudios recientes han demostrado que la población
de Seveso (Italia), que fue expuesta a dioxinas después de un accidente
industrial en 1976, tiene más posibilidad de padecer diferentes tipos de cánceres
que la población general. Según un estudio holandés de 1994, realizado en 200
bebés con niveles elevados de dioxinas en el cordón umbilical y cuyas madres
tenían también concentraciones altas de estas sustancias en la leche, reveló
disfunciones en los músculos y en los reflejos, y modificaciones en la glándula
tiroidea.
Cuando los compuestos contaminantes interfieren con funciones tan básicas para
la vida humana, y permitimos que su producción continúe, estamos poniendo en
riesgo las funciones biológicas de nuestra propia especie.
Lo cierto es que debido a las actividades industriales del pasado y a las
actuales, los OCs persistentes se encuentran en todas la regiones del mundo
desde las profundidades del mar a la estratosfera, desde el Ártico al Antártico
.
LA QUÍMICA DEL CLORO
La química del cloro empieza con la sal común, cloruro sódico, que es una
sustancia estable y natural que fluye constantemente en el ecosistema y en
nuestros cuerpos. La industria química produce gas cloro pasando electricidad a
través del agua salada, partiendo las moléculas de sal y cambiando
fundamentalmente el carácter del cloro.
A diferencia del cloro en la sal, el gas cloro es una sustancia extremadamente
reactiva y venenosa que raramente se produce en la naturaleza. Se combina rápidamente
con la materia orgánica para formar una nueva clase de productos químicos
llamados organoclorados (OCs).
La mayor parte del gas cloro se combina con productos petroquímicos para
formar, OCs, incluyendo los plásticos (especialmente PVC, policloruro de
vinilo), plaguicidas, disolventes y otros productos químicos. Cerca del 15% del
gas cloro se utiliza fuera de la industria química para su uso, principalmente
como blanqueante en la producción del papel. Solo el 1% se usa para desinfectar
agua potable.
Hoy día, se comercializan más de 11.000 OCs (la cifra puede ser mucho mayor)
diferentes, usados en productos que abarcan desde plaguicidas y plásticos a
pasta de dientes y enjuagues. Además, su producción y uso originan miles de
productos OCs no deseados, muchos de ellos aún desconocidos, ignorándose los
efectos perjudiciales para la salud pública.
Los OCs más volátiles, como son los clorofluorcarbonos (CFCs) y algunos
disolventes, suben a la estratosfera donde reducen la capa de ozono. Cuanto
menos volátiles sean, más despacio se evaporan, por lo que se mantienen en el
aire por un tiempo, y eventualmente caen a la superficie. Algunos se depositan
cerca de su lugar de origen, mientras otros circulan globalmente, llevados por
las corrientes de aire durante miles de millas hasta depositarse en los ríos,
lagos, mares, suelo y vegetación. Una vez que caen a la superficie del planeta,
algunas cantidades entran en la cadena alimentaría.
Los OCs se depositan a mayor escala en las regiones frías. Este fenómeno,
llamado "destilación global" es un factor causante de las inesperadas
concentraciones elevadas de OCs observadas en el aire, agua de mar, plancton,
animales silvestres y personas en la región Ártica.
Las sustancias organocloradas se acumulan y magnifican su concentración en los
organismos expuestos a ellos. A través del proceso llamado bioacumulación, los
peces acumulan en sus tejidos niveles de Ocs miles de veces superiores a los
niveles existentes en el agua. Los mamíferos marinos y el ser humano, en la
cima de la cadena alimentaría, acumulan los niveles más elevados de OCs.
EFECTOS EN EL ECOSISTEMA
Los organoclorados han sido los responsables de la desaparición localizada de
numerosas poblaciones de mamíferos y aves, incluyendo la extinción de marsopas
en Puget Sound (Noroeste de EEUU), así como de la parte holandesa del mar de
Wadden y de gran parte del mar Báltico, y del águila calva en buena parte de
los Grandes Lagos (EEUU).
También ha sido relacionados con los numerosos casos de mortandades de mamíferos
marinos en todo el mundo y de las aves marinas, incluyendo la muerte de 15.000
araos en el mar de Irlanda ocurrida en 1969. Los organoclorados son responsables
del descenso de población de las orcas frente a las costas del estado de
Washinton, tursiones en el mar de Waden holandés, de belugas en el estuario de
ST Lawrence, de focas comunes, grises y anilladas en el Báltico y de focas
comunes en el mar de Wadden. El descenso generalizado en el número y variedad
de poblaciones de nutria europea, de cormoranes moñudos en los Grandes Lagos y
de halcones peregrinos en el Reino Unido, también ha sido atribuido a la
contaminación por organoclorados.
Se considera que los organoclorados afectan a los organismos de diversas formas:
imitando las hormonas naturales, dificultando las funciones celulares e
induciendo la actividad de las enzimas, lo cual conduce a un desequilibrio
hormonal. Por todo ello, pueden provocar reacciones bioquímicas incontroladas y
toda una serie de efectos perniciosos para la salud.
Microcapa marina: Es la película de grasas y aceites naturales que se encuentra
en la superficie del mar y que incluye bacterias, algas, hongos y protozoos, así
como huevos y larvas de muchos peces y moluscos. Muchos de los organoclorados
han sido detectados en este ecosistema productivo, alterando el desarrollo de
huevos y larvas al impedir la división celular, creando malformaciones.
Flora y animales invertebrados: Los organoclorados que penetran en el agua
resultan tóxicos por simple acción narcótica y causan en algunos ecosistemas
alteraciones drásticas, reduciendo la diversidad de especies en muestras mixtas
de zoopláncton y fitopláncton. Dado que el plancton forma la base de la red trófica,
tales cambios tienen efectos a muy largo plazo en todo el sistema acuático.
Peces: Los OCs también han demostrado afectar la capacidad de los peces para
reproducirse. Deformaciones físicas, reducción del desarrollo de los órganos
reproductores, trastornos en el hígado e interrupción de la función celular,
son causas directas de los efectos de los OCs.
Tortugas: Se ha detectado DDT,DDE y PCBs en los tejidos de especies amenazadas
como la tortuga boba (Caretta caretta), tortuga laud (Dermochelys coriacea) y
tortuga verde (Chelonia mydas).
Aves: Un efecto característico producido por los OCs, es la producción de
huevos de cáscara fina, que impide en muchos casos la eclosión. A su vez, la
dieta a base de peces contaminados, ocasiona mortandades y deformaciones. Se ha
detectado PCBs en los tejidos de pingüinos de la Antártida.
Mamíferos marinos: Son especialmente vulnerables a la contaminación por OCs,
debido a que estos compuestos se acumulan en la grasa. Cuando un animal cae
enfermo y recurre a sus reservas de grasas para alimentarse, acelera la entrada
de organoclorados en el sistema sanguíneo, afectando al riñón, hígado y
otros órganos vitales.
Ballenas y delfines: La población de belugas (Delphinapterus leucas) del golfo
y estuario de Saint Lawrence ha sufrido un rápido descenso. Se estima que el
79% de las hembras no se reproducen. La mayoría de la población tienen tumores
y úlceras, incluso se ha encontrado ejemplares con órganos reproductores tanto
masculinos como femeninos. Cuando son encontradas muertas, las autoridades las
tratan como verdaderos residuos tóxicos, enterrándolas en zonas de protección
especial. Belugas de Canadá se hallan contaminadas con OCs. Especies de
ballenas y delfines padecen alteraciones hormonales bajos y altas tasas de
mortandad entre las crías. Existe una gran preocupación científica por todas
las poblaciones de cetáceos del mundo por su alto índice de contaminación, en
especial de las especies costeras.
Focas: Las poblaciones del mar Báltico padecen afecciones crónicas. Se tiene
constancia de un aumento en la contaminación por PCBs y DDT, observándose
deformaciones en casi todos los cráneos que datan de 1960 en adelante. Se han
observado alteraciones en la foca común con aparición de tumores en el útero.
Igual suerte corren la población de la foca gris en la bahía de Liverpool
(Reino Unido).
Nutrias: La nutria europea (Lutra lutra) ha descendido considerablemente en gran
parte de su hábitat. En Gran Bretaña se ha detectado altos niveles de OCs.
Osos polares: Se ha detectado organoclorados en animales que habitan a miles de
kilómetros de las zonas industriales, confirmándose que la contaminación se
ha extendido hasta las últimas zonas vírgenes del planeta. En esta zona, como
en otras, los OCs se magnifican a través de la cadena trófica, hasta llegar a
las focas y finalmente a sus predadores, los osos polares.
IMPACTO EN EL SER HUMANO
Ya hemos visto parte de los efectos que ocasiona los OCs en la vida silvestre.
Ellos al igual que nosotros vivimos en un espacio común llamado Tierra. Si los
mamíferos y otras especies de nuestro ecosistema están siendo afectados, ¿qué
ocurre con la especie humana?. Tampoco nosotros estamos inmunizados ante los
OCs.
EXPOSICIÓN DEL SER HUMANO A LOS OCs
Las sustancias organocloradas forman parte de la dieta diaria de casi todas las
personas. Estos compuestos tóxicos pueden detectarse en la sangre, leche
materna, músculos y grasa corporal en todo el mundo. Los seres humanos ingieren
más del 90% de estos compuestos a través de la alimentación. La carne, el
pescado y los derivados lácteos contienen los niveles más elevados de OCs pues
estas sustancias tienen afinidad por las grasas y se acumulan en toda la cadena
alimentaria. También las frutas y verduras que hayan sido fumigadas con
plagicidas OCs, pueden presentar niveles elevados.
Una exposición prolongada a niveles relativamente pequeños de productos tóxicos
persistentes, produce una acumulación importante en los tejidos humanos. Por
ejemplo, en Canadá, el pescado y los mamíferos marinos son la fuente principal
de alimentación de los Inuit de la región ártica de Quebec. Los niveles de
dioxinas y PCBs en la leche materna de las mujeres Inuit, son 3,5 veces
superiores a los del resto de la población que vive en Quebec.
SISTEMA REPRODUCTOR MASCULINO
En los últimos 30 ó 50 años, los trastornos en los órganos reproductores
masculinos son más frecuentes y la infertilidad parece que está en aumento.
Existe una fuerte evidencia científica que sugiere que el aumento de las
alteraciones en el sistema reproductor masculino podría estar causadas por
exposición de sustancias químicas, muchas de ellas organocloradas, que alteran
el sistema hormonal.
Según estudios europeos recientes, el descenso del número de espermatozoides
se produce a un ritmo del 2% anual en los últimos 20 años. La calidad del
esperma es cada vez peor, con una disminución de la movilidad de los
espermatozoides y un aumento en la proporción de espermatozoides anormales. La
incidencia de cáncer testicular ha aumentado a escala mundial. Las anomalías
uretrales han aumentado en el Reino Unido, Suecia, Noruega y Hungría.
Según un estudio realizado en Israel, hombres con problemas de fertilidad tenían
concentraciones elevadas en sangre del plaguicida DDT y de lindano, un compuesto
químico para tratar la madera.
SISTEMA REPRODUCTOR FEMENINO
Durante los últimos 50 años, las mujeres de los países industrializados han
sufrido un aumento en los trastornos de reproducción. Estos problemas pueden
deberse a la exposición prenatal o adulta a sustancias químicas que modifican
el sistema endocrino como algunos de los OCs persistentes.
Otro problema esta en la endometriosis que se produce cuando las células de la
mucosa uterina crecen fuera del útero, generalmente en los ovarios, vejiga,
intestino y en la pared pélvica. Ocasiona infertilidad y dolor crónico y puede
afectar a una de cada nueve mujeres en EEUU en edad reproductiva. Según
estudios realizados en monos rhesus, la exposición a dioxinas o PCBs aumenta el
riesgo de desarrollo de endometriosis. Esta enfermedad se ha observado a dosis
de exposición a dioxinas de 7 a 8 veces el nivel se seguridad propuesto por la
Organización Mundial de la Salud.
Los OCs, hacen que las niñas alcancen la pubertad más temprano y la incidencia
de algunos cánceres del aparato reproductor está aumentando en las mujeres,
incluyendo cánceres de vagina, cuello uterino y de mama.
EFECTOS EN FETOS Y NIÑOS
La exposición de estas sustancias durante el embarazo puede provocar: Muerte
fetal y abortos espontáneos; Disminución de peso y tamaño de nacimiento;
Alteración en el comportamiento y disminución de la inteligencia; Disminución
del sistema inmunitario; Disminución de la fuerza ósea y efectos en la
reproducción.
En la industria de limpieza en seco, se ha demostrado que mujeres expuestas a
concentraciones elevadas del disolvente percloroetileno pueden tener de tres a
cuatro veces más posibilidades de sufrir abortos espontáneos.
Los niños nacidos de mujeres que habían comido cantidades moderadas de pescado
contaminado del lago Michigan, tuvieron un peso menor al nacimiento, una
disminución del diámetro craneal y nacieron más prematuramente que los niños
de mujeres no expuestas. También, los niños de madres expuestas a PCBs eran más
pequeños, a la edad de 4 años, que los no expuestos. Igualmente existen
evidencias de que sus hijos padecen disminución de la memoria y de las
funciones mentales.
ALTERNATIVAS
La mayoría de los usos industriales del cloro pueden sustituirse por otros
productos o procesos tecnológicos. En algún caso, el cambio a una alternativa
libre de cloro, supondrá un aumento en el coste de la producción. En muchos,
implicará un importante ahorro a largo plazo. Sin embargo, en ningún caso
peligraría la supervivencia de las industrias que utilizan cloro y
organoclorados.
Actualmente es evidente que los organoclorados se han difundido mediante
procesos de transporte naturales, contaminando todas las partes del planeta.
Esta contaminación no ha alcanzado aún su punto máximo, por lo que los
problemas existentes continuarán empeorando, mientras que se identificarán
otros nuevos. La destrucción de la capa de ozono, extensos daños a los bosques
y la degradación de lagos y ecosistemas marinos, han sido atribuidos total o
parcialmente a la industria del cloro.
Las políticas y estrategias medioambientales internacionales más progresivas
incluyen el principio de precaución y prevención que se desarrolla a través
de alternativas de producción limpia, en lugar de intentar determinar cuál será
el nivel al cual se producirá contaminación.
Se hacen necesarias medidas urgentes para invertir la creciente degradación del
medio ambiente y la salud pública de los ciudadanos. Los gobiernos deben actuar
ahora para detener el vertido de organoclorados y otras sustancias tóxicas y
persistentes, antes de ser demasiado tarde.
Por último, recomiendo a todo aquel que esté interesado en esta contaminación
química a la que estamos siendo sometidos silenciosamente, leer el libro
titulado“Nuestro futuro robado”. Es un amplio informe científico relatado
de forma amena, que nos abre los ojos a la realidad. Podéis igualmente buscar
información y resúmenes del libro vía internet.
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Publicación enviada por Pedro Pozas Terrados
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Publicado Wednesday 28 de January de 2004
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