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Émilie Durkheim
Resumen: De la división du travail social. Le Suicide (1897). Carlos Marx. Max weber: protestantismo y capitalismo. Los Orígenes Del Espíritu Capitalista. La Influencia Del Protestantismo Ascético.
Publicación enviada por Brunencio
Indice
1. Introducción
2. De la división du travail social
3. Le Suicide (1897)
4. Carlos Marx
5. Max weber: protestantismo y capitalismo
6. Los Orígenes Del Espíritu Capitalista
7. La Influencia Del Protestantismo Ascético
1. Introducción
"...Las pasiones humanas solo se detienen ante un poder moral al que
respetan...Mientras que las funciones económicas representaban otrora un papel
secundario, hoy se encuentran en primer plano. Únicamente las funciones científicas
pueden disputarle el lugar. Nuestras sociedades son o tienden a ser
esencialmente industriales. Una forma de actividad que ha ocupado un lugar tan
importante en el conjunto de la vida social, evidentemente no puede permanecer
en ese punto sin sujetarse a reglas, porque de todo ello resultarán las más
profundas perturbaciones. Sobre todo es una fuente de desmoralización
general."
2. De la división du travail social
La tesis de doctorado de Durkheim es su primer gran libro.
También es la obra que perfila claramente la influencia de Augusto Comte. El
tema de este primer libro es el tema central del pensamiento de Durkheim, el de
la relación de los individuos y la colectividad. ¿De qué modo una reunión de
individuos puede formar una sociedad? ¿Cómo puede realizar esa condición de
la existencia social que es un consenso?
Durkheim responde a esta pregunta fundamental distinguiendo dos formas de
solidaridad: la solidaridad denominada mecánica y la llamada orgánica.
Solidaridad mecánica (por similitud): Cuando esta forma de solidaridad domina
una sociedad, los individuos difieren poco entre sí. La sociedad es coherente
porque los individuos aún no se han diferenciado.
Solidaridad orgánica: es aquella en la cual el consenso, es decir la unidad
coherente de la colectividad, resulta de la diferenciación o se expresa en
ella. Los individuos ya no son semejantes, sino diferentes; y hasta cierto punto
precisamente porque son distintos se obtiene el consenso.
Durkheim denomina orgánica a una solidaridad fundada en la diferenciación de
los individuos por analogía con los órganos del
ser vivo, cada uno de los cuales cumple su propia función, y no se asemejan a
los demás, pese a lo cual todos son igualmente indispensables para la vida.
La toma de conciencia de la individualidad se desprende del propio desarrollo
histórico. En las sociedades primitivas, cada uno es lo que son los otros; en
la conciencia de cada uno dominan, tanto por el número como por la intensidad,
los sentimientos comunes a todos, o sentimientos colectivos.
La oposición de estas dos formas de solidaridad se combina con la oposición
entre las sociedades segmentarias y las sociedades en que aparece la división
moderna del trabajo. En el vocabulario de Durkheim, un segmento designa a un
grupo social en que los individuos están integrados estrechamente. Pero el
segmento es también un grupo situado localmente, relativamente aislado de los
demás y que desarrolla su propia vida. Implica una solidaridad mecánica por
similitud; pero supone también la separación con el mundo exterior.
Ocurre que, en efecto, como la división del trabajo es un fenómeno derivado y
secundario, según acabamos de verlo, se desarrolla en la superficie de la vida
social, y esta afirmación es aplicable sobre todo a la división del trabajo
económico. Esta última se desarrolla a flor de piel.
No debemos juzgar el lugar que corresponde a una sociedad en la escala social de
acuerdo con el estado de su civilización, y sobre todo de su civilización económica;
pues ésta puede no ser más que una imitación, una copia y cubrir una
estructura social de tipo inferior.
Por consiguiente, la idea de estructura segmentaria no se confunde con la
solidaridad por similitud.
La división del trabajo que Durkheim procura aprehender y definir no se
confunde con la que contemplan los economistas.
Partiendo de ésos temas fundamentales podemos dilucidar algunas de las ideas
que se desprenden de este análisis y forman parte de la teoría general de
nuestro autor.
La primera se relaciona con el concepto de conciencia colectiva, que desde esta
época figura en el primer plano del pensamiento de Durkheim.
La conciencia colectiva, es simplemente "el conjunto de creencias y
sentimientos comunes el término medio de los miembros de una sociedad"
De acuerdo con las diferentes sociedades, esta conciencia colectiva implica más
o menos extensión o fuerza. En las sociedades en que domina la solidaridad mecánica,
la conciencia colectiva engloba a la mayor parte de las conciencias
individuales. En las sociedades arcaicas, la fracción de las existencias
individuales sometidas a los sentimientos comunes es casi coextensiva de toda
existencia.
En cambio, donde reina la solidaridad orgánica, Durkheim cree observar simultáneamente
una reducción de la esfera de existencia correspondiente a la conciencia
colectiva, un debilitamiento de las reacciones colectivas contra la violación
de las prohibiciones, y sobre todo un margen más amplio de interpretación
individual de los imperativos sociales.
De este análisis, Durkheim deduce una idea que ha mantenido toda su vida, y que
por lo tanto se encuentra en el centro de su sociología, la que afirma que el
individuo nace de la sociedad y no la sociedad de los individuos.
Si intento reconstruir el pensamiento de Durkheim, afirmaré que la primacía de
la sociedad con respecto al individuo tiene por lo menos dos sentidos, que en el
fondo de ningún modo son paradójicos.
El primer sentido es el de la prioridad histórica de las sociedades en que los
individuos se asemejan unos a otros y por así decirlo están perdidos en el
todo, sobre las sociedades cuyos miembros han adquirido al mismo tiempo
conciencia de su responsabilidad y capacidad para expresarla. Las sociedades
colectivistas, donde cada uno se asemejaba a todos, don históricamente las
primeras.
De esta prioridad histórica resulta una prioridad lógica en la explicación de
los fenómenos sociales. Si la solidaridad mecánica ha precedido a la
solidaridad orgánica, no es posible, en efecto, explicar los fenómenos de
diferenciación social y de solidaridad orgánica partiendo de los individuos.
Durkheim esboza aquí lo que será, durante toda su carrera, una de sus ideas
fundamentales, la que le permite definir la sociología: es decir, la prioridad
del todo sobre las partes, o aún la irreductibilidad del conjunto social a la
suma de los elementos y la explicación de los elementos por el todo.
El fenómeno de la división del trabajo, que el sociólogo quiere explicar,
difiere por lo tanto de lo que los economistas entienden con el mismo concepto.
La división del trabajo es cierta estructura de la sociedad toda, y la división
técnica o económica del trabajo no es mas que la expresión de aquélla.
Una vez definida científicamente la división del trabajo, es necesario
estudiarla.
Para estudiar un fenómeno social, es necesario estudiarlo objetivamente (desde
el exterior), determinando los estados de conciencia. Éstas expresiones de los
fenómenos de conciencia son, en la División du travail social, los fenómenos
jurídicos.
Durkheim distingue dos especies de derecho, cada una de ellas característica de
uno de los tipos de solidaridad: el derecho represivo, que sanciona las faltas o
los crímenes, y el derecho restitutivo o cooperativo, cuya esencia es
reestablecer el estado de las cosas, cuando se ha cometido una falta, u
organizar la cooperación entre los individuos.
El derecho represivo es el revelador de la conciencia colectiva en las
sociedades de solidaridad mecánica. Cuanto más extensa, vigorosa y
particularizada sea la conciencia colectiva, mayor el número de actos
considerados delitos.
Esta definición del delito es típicamente sociológica. El delincuente es
aquel que en una sociedad ha rehusado a obedecer a las leyes de la ciudad. En su
opinión, la función y el sentido de la sanción no es intimidar a disuadir. La
función del castigo es satisfacer la conciencia común. Pues ésta se ha visto
lesionada por el acto cometido por uno de los miembros de la colectividad. Exige
reparación, y el castigo del culpable es esta reparación ofrecida a los
sentimientos generales.
En el derecho restitutivo, ya no se trata de castigar, sino de devolver las
cosas al Estado en que debería encontrarse de acuerdo con la justicia. Es
necesario entender el derecho restitutivo en un sentido muy amplio, de acuerdo
con el cual engloba todas las reglas jurídicas cuyo objetivo es organizar la
cooperación entre los individuos.
La idea de acuerdo con la cual una sociedad moderna está fundada esencialmente
con el contrato, es decir en acuerdos concluidos libremente por los individuos.
En este caso, la visión de Durkheim se ajustaría hasta cierto punto a la fórmula
clásica "del estatuto al contrato", o aún "de una sociedad
dominada por imperativos colectivos a una sociedad en la cual las libres
desiciones de los individuos crean el orden común".
Si la sociedad moderna fuera una sociedad "contractual", se explicaría
a partir de las formas individuales de conducta. Pero el sociólogo quiere
demostrar precisamente lo contrario.
Al oponerse así a los "contractualistas" y a los economistas,
Durkheim no niega que, efectivamente, en las sociedades modernas los contratos
concertados libremente entre los individuos representan un papel cada vez más
importante. Pero este elemento contractual es un derivado de la estructura de la
sociedad, y aún un derivado del estado de la conciencia colectiva en la
sociedad moderna.
Se conciertan contratos entre los individuos, pero las condiciones en que se los
concierta están determinadas por una legislación que expresa la concepción de
la sociedad en general acerca de lo justo y lo injusto, lo tolerable y lo
prohibido.
Por vía de diferenciación la división del trabajo es la condición primordial
de la existencia la existencia de una esfera contractual. Volvemos a hallar el
principio de la prioridad de la estructura social sobre los individuos, o aún
de la prioridad del tiempo social sobre los fenómenos individuales.
Pero ¿cuál es la causa de la solidaridad orgánica o de la diferenciación
social considerada como la característica esencial de las sociedades modernas?
Pero Durkheim quiere determinar la causa del desarrollo de la división del
trabajo en las sociedades modernas.
Se trata de un fenómeno esencialmente social, y por homogeneidad, la causa
también debe ser social. Así es necesario eliminar la explicación
individualista.
La diferenciación social no se explica por la búsqueda del placer o la
persecución de la felicidad. Por consiguiente no es posible explicar la división
del trabajo por el hastío, ni por la búsqueda de la felicidad, ni por le
aumento de los placeres, ni por el deseo de aumentar el rendimiento del trabajo
colectivo. La división del trabajo, que es un fenómeno social, solo puede
explicarse por otro fenómeno social, y éste último es una combinación del
volumen, la densidad material y la densidad moral de la sociedad. El volumen de
la sociedad, es simplemente el número de individuos que pertenecen a una
colectividad dada. Para que el volumen, se convierta en causa de la diferenciación
es necesario agregar la densidad, en ambos sentidos, material y moral. La
densidad moral es la intensidad de las comunicaciones y los intercambios de los
individuos. Cuanto más elevado el número de relaciones de los individuos, más
tienden a trabajar juntos. La diferenciación social resulta de la combinación
de éstos dos fenómenos del volumen y la densidad material y moral.
Para explicar este mecanismo Durkheim invoca el concepto de la lucha por la
vida, puesto de moda pro Darwin en la segunda mitad del S XIX. Desde el momento
que los individuos ya no son semejantes, sino diferentes, ya no es necesario
eliminar a la mayoría, pues cada cual contribuye con su propio aporte a la vida
de todos.
Por consiguiente, a partir de este primer trabajo importante, ,el pensamiento de
Durkheim se organiza alrededor de algunas
ideas esenciales.
La diferenciación social, fenómeno característico de las sociedades modernas,
es la condición creadora de la libertad individual.
El individuo es la expresión de la colectividad. Aún en esta sociedad que
autoriza a cada uno a ser él mismo, hay una parte, más considerable de los que
creemos, de conciencia colectiva presente en las conciencias individuales. La
sociedad de diferenciación orgánica no podría mantenerse si, fuera o por
encima del reino contractual, no existiesen imperativos y prohibiciones, valores
y sacrocolectivos, que vinculan a las personas con el todo social.
3. Le Suicide (1897)
El libro que Durkheim consagró al problema del suicidio se vincula
estrechamente con el estudio de la división del trabajo. Durkheim aprueba el
fenómeno de la división orgánica del trabajo.
Considera positiva la diferenciación de los oficios y los individuos, la
regresión de la autoridad de la tradición, el dominio cada vez mas acentuado
de la razón, sin embargo, observa también que no siempre el hombre se siente
mas satisfecho de su suerte en las sociedades modernas, expresión y prueba de
ciertos rasgos, quizás patológicos, de la organización actual de la vida en
común.
La última parte del libro consagrado a la división del trabajo incluye un análisis
de éstos rasgos patológicos. Examina luego ciertos fenómenos: las crisis económicas,
la mala adaptación de los trabajadores a sus respectivos empleos, la violencia
de las reivindicaciones que los individuos formulan a la colectividad. Todos
estos fenómenos son patológicos. En cambio, el individualismo es el principio
constitutivo de las sociedades modernas. En él los hombres son y se sienten
diferentes unos de otros, y cada uno quiere obtener lo que, según su propio
juicio, es su derecho. El principio individualista de justicia se convierte en
el principio colectivo, indispensable, del orden actual. Las sociedades modernas
pueden ser estables solo si respetan la justicia.
El problema fundamental de las sociedades modernas, es la relación de los
individuos con el grupo. Ésta relación se transforma a causa de que el hombre
ha adquirido excesiva conciencia de sí mismo para aceptar ciegamente los
imperativos sociales. Es necesario tener una disciplina, que solo la sociedad
puede imponer.
Durkheim alude a la solución del problema, la curación del mal endémico de
las sociedades modernas: la organización de los grupos profesionales que
favorecerán la integración de los individuos en la colectividad. El quiere
demostrar hasta que punto los individuos están determinados por la realidad
colectiva. Si se descubre que este fenómeno está regido por la sociedad,
Durkheim habrá demostrado la verdad de ésta última.
El estudio del suicidio en Durkheim comienza con una definición del fenómeno;
continúa con una refutación de las interpretaciones anteriores, luego, halamos
una determinación de los tipos de suicidio-; y finalmente, sobre la base de
esta tipología, se desarrolla una teoría general del fenómeno considerado.
El suicidio es "todo caso de muerte que resulta directa o indirectamente de
un caso positivo o negativo realizado por la víctima misma, y que, según ella
sabía, debía producir este resultado".
Acto positivo: dispararse un tiro en la sien. Acto negativo: no abandonar una
casa en llama o rehusar todo alimento hasta dejarse morir. Una huelga de hambre
llevada hasta la muerte es un ejemplo de suicidio.
La expresión "directa o indirectamente" remite a una distinción
comparable a la que existe entre los positivo o lo negativo.
Las estadísticas demuestran inmediatamente que la tasa de suicidios es
relativamente constante. No varía de modo arbitrario, sino en función de múltiples
circunstancias.
Después de definir el fenómeno, Durkheim desecha las explicaciones de tipo
psicológico. Reconoce que hay una predisposición psicológica al suicidio, la
fuerza que determina el suicidio no es psicológica sino social. La discusión
científica está centrada alrededor de estos dos términos: predisposición
psicológica y determinación social.
Estudia las variaciones de la tasa de suicidios en las diferentes poblaciones y
se esfuerza por demostrar que no hay correlación entre la frecuencia de los
estados psicopatológicos y de la de los suicidios.
Rechaza igualmente en éstos análisis preliminares, la interpretación del
suicidio a partir del fenómeno de la imitación (Gabriel Tarde, que creía que
la imitación es el fenómeno clave del orden social). Para Durkheim se
confunden tres fenómenos bajo el título general de la imitación.
El primero es que se denominaría hoy la fusión de las conciencias, el hecho de
que un elevado número de hombre experimentan conjuntamente los mismos
sentimientos (ej: una multitud revolucionaria).
En el segundo fenómeno el individuo se adapta a la colectividad y se conduce
con los demás, sin que haya fusión de las conciencias (la moda es una forma
atenuada de imperativo social).
Finalmente, el único que merece el nombre de imitación en el sentido preciso
del término, es "un acto que tiene como antecedente inmediato la
representación de un acto semejante, realizado anteriormente por otro, sin que
entre esta representación y la ejecución se intercale ninguna operación
intelectual implícita o explícita, referida a los caracteres intrínsecos del
acto reproducido".
Aún puede afirmarse que conviene distinguir dos fenómenos, el contagio y la
epidemia. El fenómeno va de un individuo a otro como una piedra que rebota
sobre el agua. En cambio, la epidemia que puede transmitirse por contagio es un
fenómeno colectivo que se apoya en el conjunto de la sociedad.
Después de éstos análisis formales, Durkheim refuta con la ayuda de estadísticas
la idea de que la tasa de suicidios estaría determinada esencialmente por fenómenos
de imitación (si los suicidios fuesen resultado del contagio, sería posible
seguir en un mapa su difusión desde un centro). La distribución de las tasas
es irregular, incompatible con la hipótesis de la imitación.
Resta cumplir la etapa principal de la investigación, la constitución de los
tipos. Con este fin, Durkheim examina las estadísticas incompletas y parciales
basadas en números reducidos (la tasa de suicidios oscila entre 100 y 300 por
millón de personas en un año).
Los tres tipos de suicidios que Durkheim se cree autorizado a definir son: el
suicidio egoísta, altruista y anómico.
Este primer tipo social de suicidio, establecido mediante el estudio estadístico
de las correlaciones, se define con el término egoísmo. Los hombres o las
mujeres tienden mas a quitarse la vida cuando piensan esencialmente en sí
mismos, cuando no están integrados.
El segundo tipo de suicidio es el suicidio altruista - dos ejemplos principales:
uno es el de la viuda que en la India acepta que la depositen sobre la pira
donde arderá el cuerpo de su marido. Del mismo el comandante de una nave que no
quiere sobrevivir a la pérdida de su embarcación se suicida por altruismo.
Por consiguiente la corriente suicidógena puede elegir dos tipos de hombres,
los que están excesivamente apartados del grupo
social y los que no lo están bastante. Los egoístas se suicidan mas fácilmente
que los otros, pero también lo hacen los que tiene exceso de altruismo, los que
se confunden de tal modo con el grupo al que pertenecen que son incapaces de
resistir los golpes de la suerte.
Finalmente, hay un tercer tipo social de suicidio, el suicidio anómico. Este
tipo es el que interesa particularmente a Durkheim porque es el mas característico
de la sociedad moderna. Este suicidio anómico es el que refleja en la correlación
estadística entre la frecuencia de los suicidios y las fases del ciclo económico.
Éstos fenómenos, el aumento de la frecuencia en las fases de agitación
social, la disminución de la frecuencia en ocasión de los grandes
acontecimientos, sugieren al sociólogo la idea del suicidio anómico. Éste no
es solo el que aumenta durante las crisis económicas. Es también el suicidio
cuya frecuencia crece paralelamente con el número de divorcios, el suicidio anómico
que afecta a los individuos a causa de las condiciones de existencia que
caracterizan a las sociedades modernas. En estas sociedades, la existencia
social ya no es regulada por la costumbre; los individuos compiten
permanentemente unos con otros; por lo tanto están acechados perpetuamente por
el sufrimiento que se origina en la desproporción entre sus aspiraciones y
satisfacciones. Durkheim procura luego demostrar que los tipos sociales que ha
elaborado corresponden aproximadamente a tipos psicológicos.
El suicidio egoísta se manifestará por un estado de apatía y de ausencia de
apego a la vida, el suicidio altruista por la energía y la pasión; y el
suicidio anómico se caracterizará por un estado de irritación y de disgusto,
que la existencia moderna ofrece, un disgusto que es resultado de que se ha
cobrado conciencia de la desproporción entre las aspiraciones y las
satisfacciones.
Podemos resumir la teoría de Durkheim: los suicidios son fenómenos
individuales, que responden a causas esencialmente sociales.
Hallamos aquí una vez más el tema fundamental de la sociología de Durkheim, a
saber que en sí mismas las sociedades son heterogéneas respecto de los
individuos. Para extraer las consecuencias prácticas del estudio del suicidio,
conviene examinar el carácter normal o patológico de éste fenómeno. A juicio
de Durkheim el delito es un fenómeno socialmente normal, si consideramos lo que
ocurre regularmente el delito no es un fenómeno patológico. A sí mismo,
podemos considerar normal cierta tasa de suicidios pero Durkheim entiende que el
aumento de la tasa de suicidios en la sociedad moderna es un fenómeno patológico.
Como se sabe, ésta última se caracteriza por la diferenciación social, la
solidaridad orgánica, la densidad de la población, la intensidad de las
comunicaciones y de la lucha por la vida. Todos estaos hechos, vinculados con la
esencia de la sociedad
moderna, no deben ser considerados como anormales en sí mismos.
"Hay motivos para creer que este agravamiento (de la tasa de suicidios)
responde, no a la naturaleza intrínseca del progreso, sino a las condiciones
particulares en que aquel se realiza contemporáneamente, y nada nos asegura que
las mismas sean normales. Pero entonces si la causa es anormal debe afirmarse lo
mismo del efecto. Por consiguiente, lo que la marea ascendente de muertes
voluntarias demuestra, no es el brillo cada vez mas intenso de nuestra
civilización, sino un estado de crisis y perturbación que no puede prolongarse
sin peligro"
¿Cómo puede restablecerse la integración del individuo con la colectividad?
Durkheim examina sucesivamente el grupo familiar, el grupo religioso y el grupo
político (sobre todo el estado) y procura demostrar que ninguno de los tres
ofrece el marco social cercano al individuo que puede ofrecerle seguridad al
mismo tiempo que lo somete a las exigencias de la solidaridad.
Desecha por dos razones la reintegración en el grupo familiar. Por una parte,
la tasa de suicidios aómicos no aumenta menos en las personas casadas que en
las célibes lo cual indica que el grupo familiar no ofrece una protección más
eficaz contra la corriente suicidógena.
Por otra parte, las funciones de la familia decaen en la sociedad moderna.
El estado o agrupamiento político está demasiado lejos del individuo, es
excesivamente abstracto tiende demasiado a lo autoritario para ofrecer el
contexto necesario a la integración.
Finalmente, tampoco la religión puede poner fin a la anomia eliminando las
causas profundas del mal. En las sociedades modernas las religiones presentan un
carácter cada vez más abstracto e intelectual. Ya no son escuelas de
disciplina como antaño. Ahora bien, lo que Durkheim busca para curar los males
de la sociedad moderna, no son ideas abstractas y teorías, sino formas morales
en acción.
Por lo tanto, el único grupo social que puede favorecer la integración de los
individuos en la colectividad es la profesión; o para utilizar el término de
Durkheim la corporación.
Pero en esta discusión del carácter patológico de las tasas actuales de
suicidios y de la búsqueda de una terapéutica aparece una idea fundamental de
la filosofía de Durkheim. El hombre, abandonado a sí mismo, está animado de
ilimitados deseos. El individuo quiere siempre más de lo que tiene, y se siente
permanentemente decepcionado por la satisfacciones que encuentra en una
existencia dura.
El hombre individual es un ser formado de deseos, y desde luego la necesidad
fundamental de la moral y la sociedad es la disciplina. El hombre necesita la
disciplina de una fuerza superior, autoritaria y amable es decir, digna de ser
amada, esta fuerza que al mismo tiempo se impone y atrae no puede ser sino la
propia sociedad.
Las discusiones en relación con la tesis de Durkheim acerca del suicidio se han
referido a varios puntos. El primero tratado sobre todo por el doctor A. Delmas,
se refiere al valor de las estadísticas. Las variaciones de las tasas de
suicidios carecen de significación en la mayoría delos casos, como
consecuencias de los errores implicados en las estadísticas.
Dos fuentes de error son indudables: la primera, que generalmente se conoce un
caso de suicidio solo por la declaración de la familia. Por consiguiente, de
acuerdo con los medios sociales, las épocas y los casos puede variar la
proporción de suicidios enmascarados.
El segundo motivo de incertidumbre proviene de la frecuencia de los suicidios
fracasados o tentativas de suicidios. El segundo punto de discusión se refiere
a la validez de correlaciones establecidas por Durkheim.
En general, el establecimiento de correlaciones entre la taza de suicidios y un
factor como el religioso exige la demostración de que no hay otros factores
diferenciales en los casos comparados. Ahora bien, a menudo no llegamos a un
resultado indudable. Es difícil aislar el factor religioso en general, las
poblaciones vecinas que tienen diferente religión poseen también distinto género
de vida y de actividad profesional.
El tercer punto de discusión es la relación entre la interpretación sociológica
y la psicológica. Los psicólogos y los sociólogos coinciden en un hecho: la
mayoría de los que se suicidan tiene una constitución nerviosa y psíquica no
siempre anormales pero en todo caso vulnerable.
En un texto de este orden el equívoco proviene de la expresión "corriente
suicidógena". En este concepto parece sugerir que, en rigor, hay una
fuerza social o colectiva, emanación del grupo total, que impulsa a los
individuos a matarse. Ahora bien, ni los hechos individuales observados
directamente ni los hechos estadísticos nos obligan a imaginar nada semejante.
El riesgo de la interpretación o el vocabulario de Durkheim, consiste en
sustituir la interpretación positiva, que combina sin dificultad los factores
individuales y los factores colectivos, con una cristalización mítica de los
factores sociales transfigurados en una fuerza supraindividual, nuevo Moloch que
elige a sus víctimas entre los individuos.
4. Carlos Marx
"El país más desarrollado industrialmente muestra a los que siguen en
la escala industrial la imagen de su propio porvenir..."
Marx es en primer lugar y sobre todo el sociólogo y el economista del régimen
capitalista. Tenía una teoría de este régimen, de la suerte que inflingía a
los hombres y del devenir que le esperaba. Sociólogo-economista de lo que él
denominaba el capitalismo.
Marx tuvo la fortuna o el infortunio de vivir hace un siglo. No formuló
respuesta a los problemas que nos proponemos hoy. Las ideas fundamentales de
Marx son simples, por lo tanto me referiré esencialmente a los escritos que
publicó, los mismos que a su juicio, eran la expresión principal de su
pensamiento. Como escribió mucho, no siempre dijo lo mismo acerca del mismo
asunto, es necesario tener presente la diversidad de los períodos.
En general se aceptan dos períodos principales. El primero, llamado período de
juventud, incluye los escritos redactados entre 1841 y 1847-1848. La publicación
de conjunto data de 1931. Entre las obras principales de este período figuran
La sagrada familia y Miseria de la Filosofía. Este período de juventud
concluye con Miseria de la Filosofía, y sobre todo con la obra clásica que es
el Manifiesto Comunista. Pero La ideología alemana, en 1845, señala también
una ruptura con la fase anterior.
A partir de 1848, y hasta fin de sus días, Marx cesa aparentemente de ser un
filósofo, y se convierte en sociólogo, y sobre todo en economista.
En este segundo período de su vida, las dos obras más importantes son un texto
de 1859 intitulado Contribución a la crítica de la economía política, y
naturalmente el trabajo que es la obra maestra de Marx y el centro de su
pensamiento: El capital; cuyo objetivo fue analizar el funcionamiento del
capitalismo y prever su evolución.
Es indudable que Marx era un sociólogo, pero un sociólogo de tipo determinado,
sociólogo-economista, convencido de que no es posible entender la sociedad
moderna sin referirse al funcionamiento del sistema económico, ni comprender la
evolución del sistema económico si se descuida la teoría del funcionamiento.
El Análisis Socioeconómico Del Capitalismo
Marx concibe como eje de su pensamiento la contradicción que juzga inherente a
la sociedad moderna, a la que denomina capitalismo. Mientras en el positivismo
los conflictos entre los obreros y empresarios son fenómenos marginales, los
conflictos entre el proletariado y los capitalistas, son en el pensamiento de
Marx la fuerza fundamental de las sociedades modernas, la que revela la
naturaleza esencial de estas sociedades y la que, simultáneamente, permite
prever el desarrollo histórico.
El pensamiento de Marx es una interpretación de carácter contradictorio o
antagónico de la sociedad capitalista. Hasta cierto punto, toda la obra de Marx
es un esfuerzo para demostrara que ese carácter antagónico es inseparable de
la estructura fundamental del régimen capitalista y que, al mismo tiempo es el
resorte del movimiento histórico.
El Manifiesto comunista es un texto que puede calificarse si así se lo desea,
de no científico. El tema fundamental es la lucha de clases.
La primera idea fundamental de Marx; la historia humana se caracteriza por la
lucha de los grupos humanos que denominaremos clases sociales.
Si todas las sociedades se dividieran en clases enemigas, la sociedad actual, la
capitalista, en cierto sentido no difiere de las formas que las precedieron. Sin
embargo, exhibe ciertas características que no tienen precedente.
Ate todo, la burguesía, la clase dominante, es incapaz de mantener su dominio
sin revolucionar permanentemente los instrumentos de producción. Por otra parte
las fuerzas de producción que darán paso al régimen socialista están
madurando en el seno de la sociedad actual.
En el Manifiesto comunista se exponen dos formas de la contradicción característica
de la sociedad capitalista.
La primera es la existencia de una contradicción entre las fuerzas y las
relaciones de producción. La burguesía crea incesantemente medios de producción
más poderosos. Pero las relaciones de producción (tanto las relaciones de
propiedad como la distribución de los ingresos) no se transforman con el mismo
ritmo. A pesar de este acrecentamiento de las riquezas, la miseria continúa
siendo la suerte de la mayoría.
Una segunda forma de contradicción es la que existe entre la progresión de las
riquezas y la miseria creciente de la mayoría. Esta contradicción determinará,
mas tarde o temprano, una crisis revolucionaria. La revolución del proletariado
se distinguirá de todas las revoluciones del pasado, porque éstas fueron
hechas por minorías en beneficio de minorías. Por lo tanto, la revolución
proletaria señalará el fin de las clases y del carácter antagónico de la
sociedad capitalista.
Esta revolución será obra de los propios capitalistas.
El carácter contradictorio del capitalismo se expresa en el hecho de que el
crecimiento de los medios de producción, en lugar de traducirse en la elevación
del nivel de vida de los obreros, se expresa en un doble proceso de
proletarización y pauperización.
Marx no niega que entre los capitalistas y los proletarios haya hoy muchos
grupos intermedios. Pero afirma dos conceptos. Por una parte, a medida que el régimen
capitalista evoluciona, se manifestará la tendencia a la cristalización de las
relaciones sociales en dos grupos y solo en dos. Por otra parte, dos clases
sociales y solo dos, representan una posibilidad de régimen político y una
idea de régimen social. Las clases intermedias no tienen iniciativa ni
dinamismo histórico.
El día en que la clase proletaria asuma el poder, habrá una ruptura decisiva
con el curso de la historia anterior.
La tendencia de los escritores de principios del S XIX es considerar la política
o el Estado como un fenómeno secundario con respecto a los fenómenos
esenciales, que son económicos o sociales. Marx participa de este movimiento
general, y también el cree que la política o el Estado son fenómenos de
segundo plano con respecto a lo que ocurre en la sociedad misma.
Por eso mismo, explica el poder político como expresión de los conflictos
sociales. El poder político es el medio que utiliza la clase dominante, la
clase explotadora, para mantener su dominio y explotación.
Como se ve, el centro de pensamiento de Marx es la interpretación del régimen
capitalista en tanto que es contradictorio: es decir, en tanto que está
dominado por la lucha de clases. Marx observa, o quiere observar, la lucha de
clases en la sociedad capitalista, y halla nuevamente en las diferentes
sociedades históricas el equivalente de la lucha de clases observada en la
sociedad contemporánea.
De acuerdo con la posición de Marx, la lucha de clases se orienta hacia una
simplificación. Los diferentes grupos sociales se polarizan unos alrededor de
la burguesía, otros alrededor del proletariado, y el desarrollo de las fuerzas
productivas será el resorte del movimiento histórico, que mediante la
proletarización y la pauperización culmina la explosión revolucionaria; y en
el advenimiento, por primera vez en la historia, de una sociedad no antagónica.
A partir de los temas marxistas que hallamos en el Manifiesto comunista, tenemos
que explicar:
--La teoría general de la sociedad (vulgarmente materialismo histórico);
--Y las ideas económicas esenciales de Marx, según las encontramos en El
capital.
El propio Marx a resumido su concepción sociológica general. En el prefacio
a la Contribución a la Crítica de la economía política, publicada en Berlín
en 1859, se expresa así:
"...En la producción social de su existencia, los hombres establecen
relaciones determinadas, necesarias, independientes de su volunta; éstas
relaciones de producción corresponden a un grado dado del desarrollo de sus
fuerzas productivas materiales... EL modo de producción de la vida material
domina en general el desarrollo de la vida social, política e intelectual. No
es la conciencia de los hombres lo que determina su existencia, por el contrario
es su existencia social lo que determina su conciencia. En cierto nivel de su
desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en choque
con las relaciones de producción existentes, y que no son más que su expresión
jurídica... Una sociedad jamás perece antes de que se hayan desarrollado en su
seno todas las fuerzas productivas que ella puede contener; jamás se establecen
relaciones superiores de producción antes de que las condiciones materiales de
su existencia se hayan realizado en el seno mismo de la antigua sociedad. Por
eso la humanidad no se propone jamás si no las tareas que puede cumplir: si se
examina mejor el problema, se comprobará siempre que la tarea surge donde las
condiciones materiales de su realización ya han sido creadas, o están formándose.
En líneas generales los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués
moderno aparecen como las épocas progresivas de la formación económica de la
sociedad. No se trata aquí de un antagonismo individual; lo concebimos más
bien como el producto de las condiciones sociales de existencia de los
individuos; pero las fuerzas productivas que se desarrollan en el seno de la
sociedad burguesa crean simultáneamente las condiciones materiales que permitirán
resolver este antagonismo"
Hallamos en este texto todas las ideas esenciales de la interpretación económica
de la historia, con la única salvedad de que el concepto de las clases y el de
la lucha de clases no figuran explícitamente aquí. Sin embargo, es fácil
reintroducirlos a esta concepción general.
1. Primera idea, de carácter esencial: los hombres entran en relaciones
determinadas, necesarias, que son independientes de su voluntad. En otros términos,
corresponde seguir el movimiento histórico mediante el análisis de la
estructura de las sociedades, las fuerzas de producción y las relaciones de
producción y no tomando como punto de partida de la interpretación el modo de
pensamiento de los hombres.
2. En toda sociedad podemos distinguir la base económica o infraestructura y la
superestructura. La infraestructura está formada esencialmente por las fuerzas
y las relaciones de producción, mientras que en la superestructura figuran las
instituciones jurídicas y políticas, al mismo tiempo que los modos de
pensamiento, las ideologías y las filosofías.
3. El factor dinámico del movimiento histórico es la contradicción, entre las
fuerzas y las relaciones de producción. Según parece, las fuerzas de producción
son esencialmente la capacidad de una sociedad dada para producir. Las
relaciones de producción, parecen caracterizarse esencialmente por las
relaciones de propiedad. Tenemos, en efecto, la fórmula: "Las relaciones
de producción vigentes o, lo que no es mas que su expresión jurídica, las
relaciones de propiedad en el seno de las cuales han venido transformándose
hasta entonces". En otros términos la dialéctica de la historia está
formada por el movimiento de las fuerzas productivas, que en ciertas épocas
revolucionarias entran en contradicción con las relaciones de producción (es
decir, al mismo tiempo las relaciones de propiedad y la distribución de los
ingresos entre los individuos o los
grupos de la colectividad).
4. En esta contradicción entre fuerzas y relaciones de producción es fácil
introducir la lucha de clases (pese a que el texto no aluda a ella). Basta
considerar que en los períodos revolucionarios (es decir, en los períodos de
contradicción entre las fuerzas y las relaciones de producción) una clase
adhiere a las antiguas relaciones de producción, que se convierten en obstáculo
para el desarrollo de las fuerzas productivas; y en compensación, otra clase
tiene carácter progresista, y representa las nuevas relaciones de producción
que, en lugar de ser un obstáculo en el camino del desarrollo de las fuerzas
productivas, favorecerá todo lo posible el crecimiento de las mismas. Pasemos
de estas fórmulas abstractas a la interpretación del capitalismo. En las
sociedades capitalistas, la burguesía adhiere a la propiedad privada de los
instrumentos de producción, y al mismo tiempo a determinada forma de distribución
de la renta nacional. En compensación, el proletariado que constituye el otro
polo de la sociedad, y que representa otra forma de organización de la
colectividad, se convierte en determinado momento de la historia en
representante de una nueva organización de la sociedad. Esta nueva organización
señalará una fase ulterior del proceso histórico, un desarrollo más avanzado
de las fuerzas productivas.
5. Esta dialéctica de las fuerzas y relaciones de producción sugiere una teoría
de las revoluciones. Las revoluciones no son accidentes políticos, sino expresión
de una necesidad histórica. Las relaciones de producción capitalista se han
desarrollado ante todo en el seno de la sociedad feudal. La fuerza de producción
deben desarrollarse en el seno de la sociedad capitalista; las relaciones de
producción socialista deben madurar en el seno de la sociedad actual, ante de
que sobrevenga la revolución que señalará el fin de la prehistoria.
Precisamente en función de esta teoría de las revoluciones la segunda
internacional, la social democracia, se inclinaba a una actitud relativamente
pasiva; era necesario que madurasen las fuerzas y relaciones de producción del
futuro antes de realizar una revolución. La humanidad, dice Marx, no se propone
jamás sino los problemas que puede resolver: la social democracia temía
realizar demasiado pronto la revolución, y por eso no la hizo jamás.
6. En esta interpretación histórica Marx no solo distingue la infra y la
superestructura, sino que opone la realidad social y la conciencia: es la
realidad social lo que determina su conciencia.
7. Finalmente, un último tema incluido en este texto: Marx esboza a grandes
rasgos las etapas de la historia humana según los regímenes económicos, y
determina cuatro: o para utilizar su expresión, cuatro modos de producción,
denominados asiático, antiguo, feudal y burgués. Podemos dividir estos cuatro
modos en dos grupos. Los modos de producción antiguos, feudal y burgués se
sucedieron en la historia de occidente. Representan tres modos diferentes de
explotación del hombre por el hombre. En compensación, no parece que el modo
de producción asiático sea una etapa de la historia accidental. En efecto, si
el modo de producción asiático caracteriza a una civilización diferente de la
occidental, se delinea la probabilidad de que varias formas de la evolución
histórica sean posibles de acuerdo con los grupos humanos. Por otra parte, el
modo de producción asiático parece definido por la subordinación de todos los
trabajadores al estado. Si esta interpretación del modo de producción asiático
es válida, la estructura social no se caracterizaría por la lucha de clases,
en el sentido occidental del término, sino por la explotación de la sociedad
toda por el estado o la clase burocrática.
5. Max weber: protestantismo y capitalismo
Max Weber fue casi exactamente contemporáneo de Durkheim, pero fue muy
distinto en importantes aspectos el clima intelectual en que vivieron. Sin duda
Durkheim estuvo al corriente de los escritos de Max Weber.
La manifiesta ausencia de todo significado influjo recíproco entre Durkheim y
Weber ha sorprendido a menudo a los escritores posteriores.. Mas aún, los
primeros estudios de Durkheim tienene un carácter mas bien abstracto y filosófico;
por su parte, las primeras obras de Weber son estudios históricos de detalle.
Primeras Obras
La disertación doctoral de Weber (1889) es una obra de carácter técnico que
trata de las exposiciones jurídicas que regulaban la empresa comercial en la
Edad Media. Weber se ocupa principalmente de las ciudades mercantiles italianas
mostrando que el capitalismo comercial que se desarrolló en ellas llevaba
consigo la formulación de principios legales que reglamentaban la proporción
con que se distribuían el riesgo y las ganancias los que colaboraban en la
empresa de negocios. Ya entonces Weber se preocupaba por el tema que tendría
que asumir un importante papel en sus escritos posteriores: la repercución del
derecho romano en el desarrollo del sistema jurídico de la Europa medieval y
post-medieval.
La segunda Obra de Weber trata expresamente de la misma Roma. También esta obra
tiene un carácter marcadamente técnico.
Éstos escritos quizás impotan mas por lo que nos indican sobre la línea del
creciente desarrollo intelectual de Weber, que por la substancia de su
contenido. Manifiestan ya una preocupación de lo que sería el principal centro
de interés de la posterior obra de Weber: la naturaleza de la empresa
capitalista, y las características específicas del capitalismo europeo
ocidental..
Igual que Marx, Weber considera que "la civilización antigua es distinta a
la medieval de una manera específica y determinada", pero que Roma, en su
impetuoso expansionismo, alcanzó un nivel de desarrollo económico comparable
al de Europa en la incipiente edad moderna.
Es evidente la continuidad entre estps escritos históricos iniciales y los
estudios que Weber publicó inmediatamente después de ellos, que tratan de dos
facetas diferentes de la economía alemana moderna: el primero es una
investigación sobre la condición del campesinado al este del Elba, los otros
dos tratan de las operaciones del capital financiero en Alemania.
Entre 1894 y 1897 Weber escribió varios artículos sobre las operaciones de
bolsa y su relación con el capitalismo financiero; rechaza la bolsa como una
simple "conspiración contra la sociedad". La idea de que la bolsa no
es mas que un medio de una minoría capitalista para sacar beneficios, olvida
completamente de las funciones medidoras que cumple tal institución en la
economía.
Weber advierte claramente sobre las dificultades para una reglamentación
normativa de la bolsa, provocadas por el crecimiento en escala y volumen de las
transacciones de la economía moderna. De este modo la amplitud de las
operaciones comerciales tiende a neutralizar los controles éticos que son
necesarios parea el funcionamiento de las transacciones de mercado.
En su prolijo estudio sobre el trabajo agrícola en Alemania weber analiza en un
contexto diferente los efectos de la extensión de las relaciones de mercado. El
río Elba señala una importante línea divisoria en la estructura de la empresa
agraria de la Alemania del siglo XIX. De modo que al este del Elba había dos
grupos distintos de trabajadores agrícolas. Por una parte, los que estaban
vinculados a sus patronos por contratos anuales y que vivían en condiciones
económicas semejantes a las de los tiempos medievales; por otra parte, los
trabajadores asalariados, contratados diariamente, cuyas condiciones de empleo
se aproximaban a las del ploretariado industrial. En estas circunstancias,
aparecían unidas relaciones laborales tradicionales y modernas de una manera
completamente inestable,, como advierte Weber en su obra.
A pesar de esto, la comercializacón de la agricultura no lleva a una mejoría
del nivel de vida de los trabajadores sino que, al contrario, tiende a
rebajarlo.
Al escribir Weber sus primeras obras tomó como punto de partida la problemática
contemporánea que predominaba en la corriente principal de la jurisprudencia y
de la historia económica romana. Sin embargo hay que reconocer que las
comclusiones a que llegó Weber en estos primeros estudios canalizaron cada vez
mas su interés hacia los temas que lo pusieron en relación directa con los
campos donde concentra el pensamiento marxista: en concreto, las características
específicas del capitalismo moderno y las condiciones que rigen su aparición y
desarrollo.
6. Los Orígenes Del Espíritu Capitalista
La ética protestante y el espíritu del capitalismo, que Weber publicó en
forma de dos largos artículos en 1904 y 1905, señala su primera tentativa de
confrontar ciertos de estos temas a un nivel general.
Comienza La ética protestante sentando un hecho estadístico del que quiero
indagar la explicación: el hecho consiste en que, en la Europa moderna,
"los protestantes participan con el porcentaje mas elevado, por relación a
la población total, en la posesión del capital, en la dirección y en los mas
altos puestos del trabajo especializado, y mas aún entre el personal técnico y
comercial mejor preparado de las empresas modernas". Los primeros centros
de desarrollo capitalista a principios del solo XVI eran firmemente
protestantes. Se nos ocurre fácilmente una de las posibles explicaciones de
esto: decir que la ruptura con el tradicionalismo económico que aconteció en
estos centros motivó el que la gente se apartara también de la tradición en
general y de las instituciones religiosas en su forma antigua en particular.
Puede llegarse a la conclusión de que tenemos que inspeccionar el carácter
específico de las creencias protestantes si queremos explicar la conexión
entre el protestantismo y la racionalidad económica.
Así, la explicación típicamente marxista, que procede principalmente de los
escritos de Engels, sostuvo que el protestantismo era un reflejo ideológico de
los cambios económicos en que se incurrió con el incipiente desarrollo del
capitalismo. Al negar que éste sea un punto de vista adecuado, la obra de Weber
parte de una aparente anomalía. Precisar y explicar esta anomalía constituye
la originalidad real e La ética protestante.
Pero resulta que el protestantismo en lugar de imitar el control de la iglesia
sobre las actividades de cada día, exigió de sus adherentes una disciplina
mucho mas vigorosa que el catolicismo, con lo cual introdujo un factor religioso
en todos los ámbitos de la vida creyente.
Aclarar esta anomalía exige no sólo un análisis del contenido de las
creencias protestantes y una evaluación de su influjo sobre las acciones de los
creyentes, sino también una especificación de las características concretas
del capitalismo occidental moderno como forma de actividad económica. También
el capitalismo moderno presenta características básicas que lo distinguen de
las especies anteriores de actividad capitalista. Todas las demás formas de
capitalismo que Weber distingue, se encuentran en sociedades caracterizadas por
el "tradicionalismo económico".
Si el patrono interesado en conseguir un grado de rendimiento lo mas intenso
posible, introduce el destajo o el incentivo a tanto por pieza, a menudo, se
produce como consecuencia, en lugar de lo que deseaba, la disminución de la
cantidad de trabajo realizado. El trabajador tradicional no piensa en aumentar
al máximo su jornal diario, sino que mas bien considera solamente cuanto
trabajo tiene para realizar para satisfacer sus necesidades habituales. "Lo
que el hombre quiere por naturaleza no es ganar mas y mas dinero, sino vivir
pura y simplemente, como siempre ha vivido, y ganar lo necesario para seguir
viviendo".
El tradicionalismo no es en absoluto incompatible con la avidez de riquezas.
"a menudo han estado es estrecha y directa relación el desenfreno absoluto
y consciente de la voluntad de lucrarse y la fiel sumisión a las normas
tradicionales". La avaricia egoísta se encuentra en todas las sociedades,
y de hecho es más típica de la sociedad precapitalista que de la capitalista.
El espíritu del capitalismo moderno viene así caracterizado por una singular
combinación de la dedicación a la ganancia de dinero por medio de una
actividad económica legítima. Esto empalma con la creencia en el valor de la
realización eficiente, como deber y una virtud, de la vocación profesional que
se ha escogido.
Una perspectiva tradicionalista, recalca Weber, no es del todo incompatible con
las formas modernas de empresa económica. De ahí que la característica
predominante que distingue a la moderna economía capitalista es:
"... el estar racionalizada sobre la base del mas crítico cálculo, el
hallarse ordenada, con plan y austeridad, al logro del éxito económico
aspirado; en oposición al estilo de vida del campesino que vive al día, al
privilegiar tradicionalista del artesano gremial, y al capitalismo aventurero,
que atiende mas bien a la explotación de las oportunidades políticas y a la
especulación irracional"
La ética protestante pretende solamente descubrir "de qué espíritu es
hija aquella forma concreta de pensamiento y vida
racionales que dió origen a la idea de profesión-vocación y a la dedicación
abnegada al trabajo profesional.
Weber muestra que el concepto de "profesión-vocación" (calling) se
formó en tiempos de la Reforma. No se encuentra ni existe ningún sinónimo del
mismo , en el catolicismo, ni tampoco en la Antigüedad. La vocación
profesional del individuo consiste en cumplir su deber para con Dios por medio
de la gestión moral de su vida de cada día. Esto motiva el énfasis que pone
el protestantismo en las solicitudes mundanas, lejos del ideal católico de
aislamiento monástico, con su rechazo de lo temporal.
7. La Influencia Del Protestantismo Ascético
Pero no se puede considerar al luteranismo como la fuente principal del espíritu
capitalista. Sin embargo, la concepción que tuvo Lutero de la profesión-vocación
siguió siendo en varios puntos bastante tradicionalista. La ulterior elaboración
del concepto de profesión-vocación fue obra de las posteriores sectas
protestantes, que constituyeron varias ramas de lo que Weber denomina
"protestantismo ascético".
Weber distingue cuatro corrientes principales del protestantismo ascético:
calvinismo, metodismo, pietismo y sectas baptistas. El estudio que hace Weber
del protestantismo ascético no pretende una descripción general de sus dogmas,
sino que se interesa solamente por aquellos elementos de sus doctrinas que
afectan en forma más directa y significativa a la conducta práctica de los
individuos en su actividad económica. La parte mas importante del análisis se
concentra en el calvinismo.
Weber sostiene que la consecuencia de esta doctrina para el creyente debe haber
sido de "una inaudita soledad interior".
"el asunto que para los hombres de la reforma era más desicivo, la salvación
eterna, el hombre se veía obligado a recorrer solo su camino hacia un destino
decretado por él desde la eternidad". Desde este punto de vista crucial,
cada hombre estaba solo; no había nadie, ni sacerdote ni laico, que pudiera
interceder ante Dios para conseguir su salvación. Esta erradicación de la
posibilidad de una salvación por medio de la iglesia y los sacramentos es, según
Weber, la diferencia mas desiciva que separaba al calvinismo tanto del
luteranismo como del catolicismo. Con ello, el calvinismo provocó la conclución
final de un gran proceso histórico que Weber estudia detalladamente en otra
parte: el proceso gradual del "desencadenamiento del mundo".
Es evidente que esto exponía al calvinista a una enorme tensión. La pregunta
desiciva, sobre la que todo creyente debía
sentirse obligado a interrogarse (¿estoy yo entre los escogidos?) no podía
responderse.
El calvinismo exige de sus fieles una vida coherente y de disciplina continua,
con la cual erradica la posibilidad de arrepentimiento y de remisión del pecado
factible en la confesión (el fiel puede confiar sabiendo que la intervención
del sacerdote le puede absolver de las consecuencias de la caída moral).
De este modo, el trabajo en el mundo material goza para el calvinista de la más
alta valoración ética positiva. La posesión de riqueza no exime de ningún
modo al hombre del precepto divino de afanarse en el trabajo de su profesión.
La acumulación de riquezas se condena moralmente sobre la medida en que
constituye una incitación al lujo y a la pereza.
Es decisivo en el anáñisis de weber el que estas características no son
consecuencias lógicas sino psicológicas de la doctrina original de la
predestinación formulada por Calvino. La creencia en la predestinación no es
exclusiva del calvinismo, y sus consecuencias para la actividad humana varían
según las demás creencias asociadas con ella y según el contexto social en
que se da.
Los orígenes del espíritu capitalista deben buscarse, por tanto, en aquella ética
religiosa que se desarrolló de la forma mas precisa en el calvinismo.
Weber ensaya la ética protestante como una obra pragmática: es una exploración
preliminar de un conjunto de temas muy complej; e insiste en que el alcance de
su aplicación es modesto y restringido. El principal logro de la obra, según
Weber, consiste en mostrar que la instrumentalidad moral del espíritu del
capitalismo es un vástago inesperado de la ética religiosa de calvinoy, de un
modo mas general, del concepto de profesión-vocación en el mundo, concepto por
medio del cual el protestantismo rompió con el ideal monástico del
catolicismo.
EL principal efecto de la Reforma, y de la posterior historia de las sectas
protestantes, fue trasladar esto desde el monasterio al mundo ordinario
La ética protestante demuestra que hay una "afinidad electiva" entre
el calvinismo y la ética económica de la actividad capitalista. Pretende
demostrar que la racionalización de la vida económica, actividad característica
del capitalismo moderno, está vinculada a opciones valorativas irracionales. Se
trata de una tarea prelimianr a la evaluación de las relaciones causales, tarea
que en si misma, no basta para precisar las causas.
Weber pone muy de relieve que el material amnalizado en La ética protestante,
descalifica "la doctrina del materialismo histórico ingenuo", según
el cual las iedas, como las que implican las creencias calvinistas, se
consideran como simples "reflejos" de las condiciones económicas.
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Publicado Friday 27 de February de 2004
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