Monografias | El adulto mayor en el PerúEl adulto mayor en el PerúResumen: La noción de Vulnerabilidad Social. Los Grupos Vulnerables. El enfoque de resiliencia. Calidad de vida. Algunas notas sobre la sociedad peruana. Tendencia demográfica. Mitos respecto a la vejez. Intervención psicosocial. Perfil de competencias del interventor. América Latina se ha comprometido con un modelo de
desarrollo incompleto porque se ha centrado en la estabilidad macroeconómica de
corto y mediano plazo, dejando de lado problemas estructurales, entre los cuales
la equidad es el más apremiante. En los países de América Latina y el Caribe,
sobre todo las del sector popular constituyen el núcleo en torno del cual se
organiza la familia, funcionan como dispensadoras de cuidados de sus hijos y de
sus padres mayores, son amas de casa, entendiéndose por ello una suma de tareas
cotidianas, aplicadoras de disciplina, sostén emocional de la familia y a
menudo las que deben adoptar decisiones. Por lo menos una tercera parte de la
población de ingresos más bajos en América Latina y el Caribe se ha mantenido
a flote debido a que las mujeres pobres han trabajado más intensamente y
durante más horas. Dado que los roles y estereotipos sexuales dentro del hogar aún
permanecen casi inalterables en la mayoría de las familias, el desempleo del
marido da a la mujer una carga extra, la cual generalmente no está capacitada
para asumir. El marido sin empleo no atiende generalmente las tareas domésticas
y el cuidado de los hijos en la misma forma que la esposa, mientras que ésta
asume sobre sí todo el trabajo fuera y dentro de la casa. Esta situación lleva
a las familias a un repentino cambio de roles y en una porción
cuantitativamente importante de los núcleos familiares, estas modificaciones
producen situaciones de agresividad latentes, que van en deterioro de las
relaciones intrafamiliares. El desempleo del marido, en los grupos de mediana
edad -40/50 años- produce el ingreso al mercado de trabajo de un sector de
mujeres mayores que acceden al mismo por primera vez sin un caudal educativo
adecuado, agravado en los últimos años, con la precarización del empleo sobre
todo el femenino. Vivimos en un mundo donde impera la violencia, producto de
una crisis integral, política, social y económica que castiga duramente a
amplios sectores sociales. Dentro de este contexto, son excluidos del sistema
social, un gran número de seres humanos pertenecientes a los sectores más
vulnerables de la población: niños, jóvenes, discapacitados, mujeres y
ancianos. Estos grupos son los que más sufren violencia social en sus múltiples
facetas: las actividades violentas afloran y se descargan sobre los más débiles. Actualmente estamos transitando una situación
particularmente crítica, donde en muchas familias coexisten la jubilación de
los mayores, con el desempleo de los más jóvenes (que en muchísimas
ocasiones, les proporcionaban ayuda económica), de manera que ambas
generaciones, aunque por causas diferentes, sufren la pérdida de autoestima y
marginación social, las cuales suelen ser generadoras de violencia familiar. El Estado, denominado "desarrollista", hoy ha
fenecido y su acción ahora es meramente "reguladora" y no logra dar
respuesta con la celeridad requerida a las demandas de amplios grupos sociales.
Así como sucedió luego de la crisis de los años 30 y el período de
postguerra, en donde todos los ámbitos de la sociedad se transformaron con el
impacto de la industrialización y el modelo de sustitución de importaciones,
de igual manera la instauración del modelo de desarrollo actualmente vigente
está significando transformaciones que muestran una creciente tensión en todos
los planos de la vida social y en torno a significativos –por no decir
mayoritarios– sectores de estratos medios y bajos de la población. Esta tensión se manifiesta y hace evidente en diferentes
planos de la vida social: En el plano estrictamente económico, se destacan
–entre otros– los cambios experimentados en la relación capital-trabajo, la
flexibilización del empleo, la demanda creciente y restrictiva de mano de obra
calificada y la consecuente precariedad de inserción laboral de importante número
de población económicamente activa y la existencia de un clima poco favorable
para el funcionamiento e inserción en los aparatos productivos y el mercado de
unidades productivas de micro, pequeña y mediana envergadura. Todas ellas son
expresiones de esta nueva situación. En este mismo sentido, la disminución de mercados laborales
insertos en actividades públicas y la disminución relativa de aparatos
productivos nacionales del sector secundario de la economía sobre todo para
agregar valor a los productos exportables o para satisfacer demandas de consumo
interno (dada la apertura al consumo de productos exportados); como juicios
complementarios a los ya enunciados. De igual manera, en el plano social, las dificultades de
acceso a los servicios sociales, y la limitada vigencia y rol de las
organizaciones sociales (particularmente sindicales y políticas), son también
–entre otras- expresiones contemporáneas de las transformaciones y el clima
de tensión de la vida social a propósitos de los cambios a los que la sociedad
latinoamericana y caribeña esta hoy expuesta. En este plano se incorpora al
menos, la disminución relativa del gasto social público, y la consecuente
incapacidad de los Estados Nacionales para responder a la creciente demanda
social existente. Finalmente, en el plano político se destaca el nuevo rol de los Estados y la
abdicación que hacen –principalmente en favor del mercado y de la gestión
privada– de funciones consideradas históricas. 2.La noción de Vulnerabilidad Social Debemos primero destacar que la noción-concepto intenta dar
cuenta de factores o situaciones de desventaja social en el marco de la
implementación del actual modelo de desarrollo. En contraposición al concepto
de "pobreza", que describe más nítidamente necesidades básicas
insatisfechas, niveles de vida precarios, ingresos restringidos, incapacidad de
satisfacción plena del consumo, etc.), la noción-concepto de
"vulnerabilidad social" ha ganado terreno como valioso instrumento teórico-descriptivo
que permite dar cuenta de realidades sociales críticas y de conflicto en el
contexto de los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que
marcan el desarrollo de la región desde finales de la década de los 80 y, más
definitivamente, desde los años 90. El concepto da cuenta de las "condiciones de indefensión"
que se manifiesta en amplias capas y grupos sociales que durante largo tiempo se
ampararon en la acción de un Estado con mayor o menor vocación interventora y
protectora. En realidad, el enfoque de pobreza califica de forma
descriptiva determinados atributos de personas y familias, sin dar mayor cuenta
de los procesos causales que le dan origen. La vulnerabilidad, en cambio, hace
referencia al carácter de las estructuras e instituciones económico-sociales y
al impacto que estas provocan en comunidades, familias y personas en distintas
dimensiones de la vida social. Esta diferencia conceptual tiene, desde luego,
importancia explicativa. Pero además también debiera tener incidencia en las
políticas públicas, con tratamientos que permitan atacar la pobreza y la
vulnerabilidad de forma integral. Todas estas situaciones y realidades descritas, y
constatables en América Latina y el Caribe, terminan por construir el clima
creciente de tensión social en cada uno de nuestros países, ya que como se
deduce impactan en torno a personas y grupos de personas de manera directa. Es
esta situación la que permite afirmar que la Vulnerabilidad Social se ha
convertido en un rasgo dominante que se extiende a vastos contingentes de la
población continental, no solo expresado en torno a los sectores sociales de
menores ingresos, sino también peligrosamente en torno a ingentes sectores
medios de las sociedades. Es en este sentido que se tiende a rescatar como instrumento
analítico el concepto de Vulnerabilidad Social, sobre todo porque incorpora dos
aspectos cualitativos destacables: • Por un lado, su capacidad para reflejar un proceso dinámico
que apunta a respuestas potenciales y no a resultados; y, • Por otro, enfatiza su potencia para describir e
interpretar fenómenos actuales y vigentes. Esta nueva noción-concepto da cuenta de la condición de
riesgo e indefección en que quedan aquellas capas sociales que durante un
tiempo estuvieron amparadas por el Estado desarrollista y retrata bien la
creciente inestabilidad que caracteriza la trayectoria de las personas. Aún más, se le identifica un carácter multidimensional,
situación que permite su instrumentalización y operativización a diferentes
escalas. Ello, está signado por la posibilidad de identificar expresiones de ésta
"condición de riesgo" en las siguientes escalas: A escala macrosocial, se destaca la estrecha relación que
tiene con los traumáticos y acelerados cambios que se producen en los
basamentos mismos del sistema socioeconómico: la importancia otorgada al
mercado, la globalización, el nuevo rol del Estado, la prioridad otorgada a la
eficiencia en la asignación de recursos y la búsqueda a ultranza de
competitividad y el consumo . En este mismo contexto, desde un punto de vista de la acción
social, el Estado desproteje a los grupos medios y focaliza su acción en los
grupos de extrema pobreza; paralelamente, se presencia una pérdida de peso
relativo de las organizaciones sociales, gremiales y políticas situación que
da espacio y no suponen interpelación social ante situaciones tan polémicas
como la reducción relativa de los salarios y la flexibilización del empleo. En esta dimensión, los cambios del modelo de desarrollo
promueven y generan una mutación social profunda cuya dirección esencial
produce un paso de la protección y seguridad relativa pre-existente a la
competencia y a la incertidumbre de numerosos actores sociales. A escala mesosocial (comunidades) los mecanismos de generación
de desventajas sociales se ubican y vinculan principalmente con las condiciones
productivas locales y con la institucionalidad local concreta de organizaciones
sociales y políticas legitimadas, o en su modalidad de vínculos de
solidaridad, confianza, trabajo conjunto, de apoyo mutuo y de conocimiento
reciproco). Generalmente, las comunidades vulnerables cuentan con
capacidades productivas precarias o en obsolescencia o tienen un capital social
–instituciones y vínculos de reciprocidad y confianza– insuficientes . Sin embargo, de suyo, la vulnerabilidad –de comunidades,
barrios o pueblos– puede tener su origen en eventos que provocan desastres y
por ello pueden considerarse como un mayor riesgo o una mayor debilidad frente a
los resultados o consecuencias de aquellos. A escala microsocial (familias e individuos), se destacan los
desafíos cotidianos del medio en el que las familias e individuos están
insertos. Ellos permiten o impiden el acceso a las inserciones sociales y reditúan
de manera diferenciada en los planos del ingreso, el prestigio y el poder. Por
ello, el nivel de vulnerabilidad de un hogar –que se refiere a su capacidad
para controlar las fuerzas que los afecta- depende de la posesión o control de
activos, esto es, de los recursos requeridos para el aprovechamiento de las
oportunidades que brinda el medio en que se desenvuelve . En este sentido, las unidades domesticas (hogares y familias)
y las personas con desventajas económicas (capitales, activos y habilidades
limitadas para el manejo de recursos), con desventajas socioculturales (educación,
capacitación, información, etc.) con desventajas organizacionales (relaciones
y pertenencia a redes sociales y organizaciones sociales), engrozan las franjas
de vulnerables al enfrentarse cotidianamente a un medio que les presiona más
allá de sus capacidades de respuesta. Quienes han trabajado el concepto de vulnerabilidad en relación
a la "capacidad de movilización de activos" destacan su asociatividad
con los recursos disponibles –en hogares y personas– para enfrentar shocks o
adaptarse a cambios externos y ella se definiría por la carencia propiamente
tal de activos o incapacidad para movilizarlos. La mención a los activos hace referencia en un sentido
amplio, a los bienes tangibles e intagibles que las personas o los hogares
controlan o poseen y que pueden utilizarlos al momento del impacto o shock. De
igual manera, entre éstos activos se identifican al trabajo, el capital humano,
los recursos productivos y las relaciones sociales y familiares. En esta lógica, es dicho conjunto de activos el que sufre el
impacto del nuevo patrón de desarrollo, al modificar drásticamente las
posibilidades de acumularlos y movilizarlos con las consiguientes repercusiones
y construcción de situaciones de indefensión en amplios contigentes
poblacionales y grupos sociales del continente. Siguiendo esta reflexión, se
percibe la noción de Vulnerabilidad Social como un proceso en torno al cual se
destacan cuatro dimensiones de la vida social que exponen de manera más súbita
y pertinaz a condiciones de indefensión e inseguridad a amplios segmentos
poblacionales, particularmente en América Latina: el Trabajo, el capital
humano, el capital físico y las relaciones sociales. El trabajo, es así identificado en la región como uno de
los principales "espacios de riesgo", hoy acorralado por las formas de
producción (basada en núcleos modernos) que disminuyen relativamente la
generación de nuevos empleos, que expulsan y/o no incorporan mano de obra de
baja calificación y baja productividad, y que se norma con políticas de
flexibilización y de inseguridad que terminan por mostrar un mapa de
precariedad asociada al mundo de asalariados y trabajadores en general.
Concomitantemente, se constata entonces un estrecho vínculo entre la
vulnerabilidad social y el empleo, situación evidentemente consustancial al
patrón de desarrollo vigente. La indefensión de las personas también se muestra en torno
al denominado capital humano, dimensión que da cuenta principalmente a los
cambios negativos en educación y salud, y la privatización –total o
parcial– de estos sistemas, con el consecuente deterioro ante quienes no
acceden a un mercado privatizado, que oferta mejores servicios. La condición de vulnerabilidad en que se encuentran el
capital humano de la población latinoamericana no solo otorga al patrón de
desarrollo una particularidad socialmente distintiva, sino que también muestra
el escaso aprovechamiento que se hace de los recursos humanos para lograr el
mejoramiento sistémico de la competitividad en los mercados mundiales. Otra dimensión de vulnerabilidad social está descrita a
través del debilitamiento y pérdida del capital físico –o recursos
productivos– de los sectores de baja productividad o de sectores informales de
la economía (trabajadores por cuenta propia, artesanos, talleres de micro y
pequeñas empresa, negocios familiares, unidades económicas solidarias, etc.).
De hecho, en la nueva coyuntura el marcado interno de productos y servicios que
estos sectores producen y comercializan se ve drásticamente trastocado por la
competencia que la globalización permite, sin embargo lo más relevante
menciona el hecho que en el marco del actual patrón de desarrollo imperante en
la región se privilegia el ordenamiento macroeconómico y se limitan o anulan
capacidades públicas para fomentar políticas de protección y subsidios y
protección de iniciativas que emergen de los sectores de baja productividad. Finalmente, se destaca que la vulnerabilidad incluye una
dimensión específicamente referida a las relaciones sociales. En torno a ellas
se constata que el modelo de desarrollo vigente ha impactado de manera negativa
y concreta en los sistemas de redes sociales y estructuras de organización y
participación social y política. El sesgo negativo del impacto hacia ellas está dado porque
los vínculos y redes que tienen las personas son históricamente muy
determinantes para las mayores o menores posibilidades de acceso a mejores
oportunidades para una vida más digna. La privatización de la vida económica,
la disminución del papel del Estado –como instancia de protección de la vida
social– y el debilitamiento de las organizaciones sindicales y sociales han
acercado a los individuos al mercado, pero lo han aislado de la sociedad . De hecho, con realidades obviamente heterogéneas en la región,
estamos frente a una suerte de "desintegración de la vida social",
donde se perciben afectadas las formas tradicionales de organización y
participación social, y de representación social y política por medio de
sindicatos, partidos políticos o movimientos sociales tradicionales. Incluso las relaciones familiares (que también constituyen
un activo significativo, especialmente en los sectores pobres) se ven impactadas
incrementando la situación de indefensión y vulnerabilidad de los hogares.
Algunas ideas fuerzas del modelo de desarrollo (privatización, consumo,
competencia, etc.) socaban los hábitos solidarios y la responsabilidad social
de los individuos, y por el contrario alimentan nuevos estereotipos sociales
(consumismo, individualismo, etc.) que promueven los estados de indefensión en
las personas y grupos más debilitados. Y la crisis financiera es ahora una
crisis social reduciendo los recursos públicos y las instituciones que protegían
a la gente.. Son aquellos identificados como sujetos en situación
de desmedro y desventajas sociales originadas a partir de múltiples y
diferentes factores son, sin embargo, grupos que no encuentran o no cuentan con
estructuras institucionales para resolver los asuntos propios de una idónea
reproducción social. En un sentido amplio, los grupos vulnerables identificables
en las sociedades latinoamericanas y caribeñas podrían registrar como tales a
múltiples universos poblacionales, a partir de la multiplicidad de factores que
teóricamente construyen desventaja social y situaciones de indefensión. De
suyo, siguiendo las reflexiones teóricas anteriores, diferentes planos de la
reproducción social podrían eventualmente permitir la identificación de los
grupos vulnerables. Si bien esta afirmación nos empujaría inexorablemente a
identificar como grupos vulnerables a la gran mayoría de la población
continental, no es menos cierto tener en cuenta que el carácter
multidimensional de los factores que construyen o facilitan situaciones de
desventaja social - por ende de vulnerabilidad social- se acotan respecto de la
desventaja o exclusión de personas y grupos de personas respecto de la
participación en los intercambios, prácticas y derechos sociales que permiten
o constituyen la integración social. De esta manera, aunque sigue percibiéndose el carácter
transversal de la presencia de grupos vulnerables (identificables en torno a múltiples
y diversos grupos sociales), en América Latina y el Caribe, se hacen más
identificables como grupos vulnerables aquellos asociados a estamentos sociales
incluidos o cercanos a la pobreza. Insistiendo en el carácter aún exploratorio y en proceso de
construcción teórica del concepto que define la Vulnerabilidad Social, se
mencionan como grupos vulnerables a los niños y jóvenes, las mujeres, los
ancianos y los indígenas, todos ellos, grupos que requieren de políticas
sectoriales o multisectoriales específicas. Entre algunos grupos socialmente vulnerables que ya son
insistentemente identificados, se mencionan al menos a: •Mujeres (generalmente jefas de hogares) •Discapacitados (en situación de pobreza) •Jóvenes (de entre 14 y 24 años, en situación de pobreza
por NBI y con problemas de empleo) •Migrantes •Indigenas (en situación de pobreza por NBI) •Niños (de la calle o incluidos en trabajo infantil) •Hogares (con portafolios limitado de activos) •Adultos Mayores (mayores de 60 años, sin ingresos o con
ingresos inferiores a jubilaciones mínimas); Lo cierto es que obviamente siguiendo la síntesis teórica
realizada en el acápite anterior, podríamos aseverar que en el contexto de las
situaciones de bienestar social v/s indefensión social que gesta el modelo de
desarrollo vigente, se puede fácilmente llegar a identificar transversalmente
en todas nuestras sociedades grupos de personas (pertenecientes a estratos
sociales medios y bajos) que cotidianamente se perciben en estado de indefensión
frente a la modernidad. Los factores de vulnerabilidad, que adquieren preponderancia
en la actual fase de desarrollo de la región, colocan a ciertos grupos sociales
en condiciones especialmente precarias. En primer lugar se encuentran los niños y adolescentes
pobres. La mortalidad, la desnutrición, las inequidades educacionales, la
deserción escolar, el trabajo infantil, el embarazo y la maternidad temprana,
el aborto, la drogadicción, el maltrato y el abuso sexual convierten a este
grupo en objetivo principal de las políticas sociales. En la misma situación están las mujeres jefas de hogares
pobres, sobre las que recae la alta responsabilidad de cuidar y sostener a sus
hijos. Ellas sufren variadas discriminaciones, propias al tipo de vulnerabilidad
que las afecta: su condición de género, las diferencias de remuneraciones
cuando obtienen trabajo, la inexistencia de apoyo para la protección y cuidado
de los hijos, la falta de educación. Y los adultos mayores pobres sufren las consecuencias de
sistemas de previsión social no eficientes y/o no equitativos y que no les
garantizan pensiones para cubrir sus necesidades básicas. Si se agregan los
también ineficientes y/o inequitativos sistemas de salud, las condiciones de la
vejez son muy dramáticas en los países de la región. Por último, y sin que esta enumeración sea completa, están
las etnias originarias, que son altamente vulnerables tanto en zonas rurales
como en las ciudades. En lo fundamental, nuestro trabajo, supone un cambio de
enfoque. El que proponemos: la resiliencia. Promover la resiliencia apunta a
mejorar la calidad de vida de las personas a partir de sus propios significados,
del modo como ellos perciben y enfrentan el mundo. Entonces nuestra primera
tarea es reconocer aquellas cualidades y fortalezas que han permitido a las
personas enfrentar positivamente experiencias estresantes. Estimular un
comportamiento resiliente implica potenciar estos atributos involucrando a todos
los miembros de la comunidad en el desarrollo, la implementación y la evaluación
de los programas de intervención. El desarrollo de la resiliencia no es otro que el proceso de desarrollo
saludable y dinámico de los seres humanos en el cual la personalidad y la
influencia del ambiente interactúan recíprocamente. El desarrollo humano, es un proceso y no un programa. Rutter
estimula el uso del término proceso protector, el cual comprende la naturaleza
dinámica de la resiliencia en lugar de los elementos protectores más comunes:
"No se refiere a elementos en un sentido amplio, sino simplemente a
mecanismos para desarrollar el proceso de protección" ( Rutter,1987). Las
investigaciones son una esperanza para que los programas de prevención, educación
y desarrollo de jóvenes no giren alrededor del programa en sí, sino más bien
en el proceso y en cómo realizamos lo que hacemos; es decir, no concentrándonos
en el contenido, sino en el contexto. Existen factores internos como la autoestima, el optimismo,
la fe, la confianza en sí mismo, la responsabilidad, la capacidad de elegir o
de cambio de las competencias cognoscitivas. Una vez fortalecidos estos
aspectos, se refuerzan las posibilidades del grupo de apoyar a las personas como
ser humano integro, seguro y capaz de salir adelante. Por ello es importante, además de desarrollar factores
internos, afianzar los apoyos externos. Sin embargo, si la autoestima es baja o
no se conjuga bien con las destrezas sociales, o si la esperanza en uno mismo no
fluye no se canaliza de la mejor manera y si se le quita al individuo el apoyo
externo vuelven a derrumbarse. A continuación detallamos diez puntos que fortalecen
internamente el poder personal: 1.Trato estable con al menos uno de los padres u otra persona
de referencia. 2.Apoyo social desde dentro y fuera de la familia 3.Clima educativo emocionalmente positivo, abierto,
orientador y regido por normas. 4.Modelos sociales que estimulen un conductismo constructivo. 5.Balance de responsabilidades sociales y exigencia de
resultados. 6.Competencias cognoscitivas. 7.Rasgos conductistas que favorecen a una actitud eficaz. 8.Experiencia de autoeficacia, confianza en uno mismo y
concepto positivo de uno mismo. 9.Actuación positiva frente a los inductores del stress. 10.Ejercicio de sentido, estructura y significado en el
propio crecimiento. Son condicionantes externos los de carácter social, económico,
familiar, institucional, espiritual, recreativo y religioso, los cuales son
promovidos o facilitados por el ambiente, las personas, las instituciones y las
familias que intervienen en la atención, el trato y el tratamiento de los
grupos e individuos que están en situación de riesgo y vulnerabilidad. Al margen de los ya mencionados, caben otros ámbitos y
claves que la resiliencia genera no pocos insisten en la necesidad de contar con
buenos modelos de rol en la vida diaria especialmente cuando se trata de niños,
personas de las cuales los individuos u otros niños pueden aprender. En la
actualidad algunos educadores han desarrollado estas técnicas con experiencias
realizadas en el campo con bosques, flores y demás. También constan entre los
factores externos los factores de riesgo que pueden ser muchos, los cuales
vulnerabilizan la integridad psíquica, moral, y social. No basta con compartir su cotidianidad y diluirse en ella, ni
reflexionar su problemática identificando los factores de riesgo que los llevó
a tomar esta opción, pues sería vulnerabilizar aún mas sus condiciones de
vida, sobre todo se fomenta una doble estigmatización, marcándoles con una
etiqueta como de callejero, drogadicto, etc. En estos casos, es la luz interior la que en determinados
casos sirve para determinar una decisión y tomar una oportunidad privilegiada
que se presenta en el momento justo. Esto representa fortalecer los factores de
protección que promueve la resiliencia, revalorizando el potencial interno y
externo de cada persona para reconstruir su proyecto de vida personal y
comunitaria. Se puede considerar que las principales actitudes que
fortalecen en los factores protectores o resilientes en los humanos son: •Demostraciones físicas y verbales de afecto y cariño en
los primeros cuatro años de vida. •Reconocimiento y atención a sus éxitos y habilidades. •Oportunidades de desarrollo de destrezas. •Actitud de cultivo, cuidado y amor por parte de todos sus
semejantes y especialmente de los encargados de su cuidado y protección. •Apoyo de un marco de referencia ético, moral En lo fundamental, contar con un proyecto para vivir
genuinamente. Estos proyectos son posibles hoy en día, sin necesidad de acudir
a sectas o a voces mesiánicas para la solución a los grandes interrogantes de
la vida. Primero tenemos que reconocernos como seres humanos con
valores y potencialidades y en ese espejo mirar también a los otros con una
visión holística que apunta al crecimiento, al fortalecimiento interior y al
cultivo de la autoestima. Las investigaciones sobre resiliencia son un llamado para que
se dé un cambio a nivel social -- un toque de trompeta para crear relaciones y
oportunidades para todos los seres humanos durante toda una vida. Si deseamos
cambiar el "status quo" de la sociedad, esto significa cambiar
paradigmas, tanto a nivel personal como profesional, cambiar los riesgos por la
resiliencia, el control por la participación, la resolución de problemas por
el desarrollo positivo, el no percibir a los y las jóvenes como problemas, sino
como recursos, el edificar instituciones, por la edificación de comunidades,
etc. El fomentar la resiliencia es un proceso estructural profundo que se inicia
de adentro hacia afuera, en el cual cambiamos nuestra forma de pensar para poder
percibir a los y las jóvenes, a sus familias y su cultura como recursos y no
como problemas. Sin embargo, el fomentar la resiliencia también significa
que se debe trabajar a nivel de las políticas educativas, sociales y de
justicia económica. Asimismo, significa transformar no sólo a nuestras
familias, centros educativos y comunidades, sino también crear una sociedad
cuyo interés principal sea el darle una respuesta a las necesidades de los
ciudadanos, de los y las jóvenes y de las personas de mayor edad. Para hacer
esto una realidad, nuestra mayor esperanza recae en los y las jóvenes y en la
credibilidad que ellos y ellas nos inspiren. Si bien es cierto que las acciones que haya que emprender dependerán de los
recursos disponibles y del estado actual de la atención en salud. Necesitamos
claros lineamientos de política y programas que deben formularse partiendo de
información actualizada y fiable acerca de la comunidad, los indicadores de
salud, los tratamientos eficaces, la estrategias de prevención y promoción y
los recursos de salud, a ser revisados periódicamente para modificarlos o
actualizarlos si es preciso. En Salud para desarrollar nuestro trabajo, de psicólogo , es
necesario elaborar modelos alternativos de formación profesional. Así lo
exige, una estrategia de Atención Primaria de la Salud (APS), por ejemplo, que
define la salud como un derecho básico, donde el Estado tiene el deber de
garantizar el acceso equitativo a los servicios de salud, es visto como un
proceso ligado a las condiciones de vida de la población, teniendo como unidad
de análisis el grupo social, la familia, e incorpora la interdisciplina para
dar cuenta de esa complejidad. Un concepto de salud que incluye, participación
de la población, el énfasis en la promoción y la prevención, el trabajo bajo
programas, cierta autonomía en la planificación, y la articulación entre los
distintos niveles de atención. De otro lado, tenemos la necesidad de dar cuenta de la
dimensión social y cultural del proceso de salud-enfermedad-atención, e
incorporar, en nuestra práctica, el concepto de calidad de vida., definida como
la calidad de las condiciones de vida de una persona (a), como la satisfacción
experimentada por la persona con dichas condiciones vitales (b), como la
combinación de componentes objetivos y subjetivos, es decir, Calidad de Vida
definida como la calidad de las condiciones de vida de una persona junto a la
satisfacción que ésta experimenta (c) y, por último, como la combinación de
las condiciones de vida y la satisfacción personal ponderadas por la escala de
valores, aspiraciones y expectativas personales (d). El concepto está
emergiendo como un principio organizador que puede ser aplicable para la mejora
de una sociedad como la nuestra, sometida a transformaciones sociales, políticas,
tecnológicas y económicas. No obstante, la verdadera utilidad del concepto se
percibe sobre todo en los servicios humanos, inmersos en una "Quality
revolution" que propugna la planificación centrada en la persona y la
adopción de un modelo de apoyos y de técnicas de mejora de la calidad. Grau (1998), nos refiere que si la CV es una valoración
subjetiva, no puede prescindirse entonces de la valoración del sujeto; cada uno
debe ser considerado la persona más capaz de sopesar satisfacciones e
insatisfacciones con su vida. El papel de los factores psicológicos que
condicionan el grado de satisfacción o bienestar es determinante para el
proceso de evaluación. Así, desde el campo de la Psicología, la CV se
convierte en un concepto básicamente referido al tipo de respuesta individual y
social ante el conjunto de situaciones de la vida; se centra en la percepción
de ese bienestar, en el análisis de los procesos que conducen a esa satisfacción
y en los elementos integrantes de la misma, al incorporar la dimensión
subjetiva hay que subrayar el papel que tiene la satisfacción y su medición a
través de juicios cognitivos y reacciones afectivas (Diener, 1984). Sin
embargo, existen opiniones divergentes en relación a la satisfacción (Reimel,
Muñoz, 1990), asociándola a factores intrínsecos (reconocimiento, progreso,
autorrealización) y extrínsecos (status, salarios, seguridad), o conceptualizándola
en términos de una actitud. Esto ha permitido examinarla bajo el prisma de
diferentes modelos teóricos recientes: el modelo de medición perceptual de
Rice y sus cols, los modelos basados en la teoría social-cognitiva de Bandura y
Jeller, la teoría de la acción razonada de Fishbein y Ajzen, la teoría de la
ecología del desarrollo de Bronfenbrenner, y otras propuestas. Este es aún un
camino incipiente que habrá de desarrollarse en los próximos años y puede
servir de sustrato al enfoque psicológico en la conceptualización de la CV y
su evaluación. 6.Algunas notas sobre la sociedad
peruana La sociedad peruana es estamentaria. Se construye como una
pirámide donde se montan los que tienen mayor poder sobre los que tienen menos
poder, y en la cúspide se asientan los blancos, varones, heterosexuales,
saludables y con dinero. Ésta es una tara del siglo XVIII según unos y del
siglo XVI según otros. Los estamentos se consolidan sobre la base de ingresos
económicos, pero, además, de simbología social. Quijano (1980, citado por
Ugarteche, 1998) planteó el problema de la dominación cultural en el Perú.
Heller (1988, citado por Ugarteche, 1998) sugiere que las sociedades premodernas
son jerarquizadas. Pero añade que en este tipo de sociedad pensar en la
igualdad es imposible porque nadie se puede imaginar estar en la posición del
otro. Quizá por eso es que el «trepar» tiene las características especiales
que se encuentran en el Perú. En las clases altas ha surgido un fenómeno
nuevo: el hablar de los «caras de huaco» o de los «indígenas» con
referencia a lo traicionero y de mal olor. Ésta es la expresión del Poder que
se esconde detrás de la fachada según la cual en el Perú no hay racismo. El
«cholear» se ha proletarizado y la discriminación se ha sofisticado. De allí
comienza el sistema de discriminaciones hasta el piso de los excluidos, o
dominados excluidos para ser aún más exactos. El dominado excluido no tiene
derecho a nada y provoca la discriminación absoluta del resto de la sociedad.
Los prejuicios se materializan mediante acciones reales sobre personas reales,
quizá sin tomar en cuenta que por el mero hecho de ser seres humanos tienen el
derecho a ser respetados, aunque estas personas tengan vidas que pueden valer
cero en términos de productividad marginal. El otro lado de esta cultura es no
expresar la realidad. El nuevo Perú que emerge, con sus fragmentos, trae consigo
la realidad de la dispersión en beneficio de la globalización. El proceso de
desindustrialización, la reprimarización de las exportaciones, la autogeneración
de empleo, la juventud de la nueva población, las consecuencias de las
migraciones de la sierra a la costa y la selva de décadas anteriores, las
consecuencias de la guerra interna de 1981 a 1992, la nueva y fuerte presencia
de mujeres en la fuerza de trabajo, la reaparición de epidemias son parte de lo
nuevo. Gerschenkron (1952, citado por Ugarteche, 1998) discute que
lo que le da un sentido de valor a una persona está relacionado con el nivel de
ingresos que esta persona recibe, porque es mediante sus ingresos que la persona
siente el valor que él o ella tiene en la sociedad. Desde ese punto de vista,
el sentido de autoestima y los derechos ciudadanos están relacionados con los
ingresos. ¿Qué pasa cuando los niveles de ingreso son bajos? La persona se
considera poca cosa. ¿Qué pasa cuando la persona no tiene empleo? La persona
es excluida, no pertenece a una red social, pierde sus derechos. ¿Qué ocurre en lo económico cuando una persona tiene
empleo y no le alcanzan sus ingresos para vivir? Trabajan los niños y niñas
para complementar el ingreso familiar y entonces comienza un tema espinoso que
afecta la moral de la nación. El punto de partida es que el trabajo infantil
creció como resultado de la depresión expresada como perdida del empleo,
ingresos y nuevas inversiones en los países latinoamericanos. Se puede afirmar con toda certeza que la depresión económica
peruana, inscrita en la depresión económica latinoamericana, empobreció a
todo el país con las excepciones notables de algunos pequeños sectores cuyos
ingresos provenían de utilidades. Se extrapolaron los niveles de vida. Con la
recuperación, lo que se observa (aunque no hay datos aún que permitan
sustentarlo) es que alrededor del 10% de la población se ve beneficiada
preferentemente. Es aquella sujeto de crédito. Se podría decir que son dos
millones de personas naturales las que se benefician del crédito de forma
directa e indirecta, y éstas representan el área de beneficio preferencial de
la recuperación económica. El resto quedó excluido del crédito y de los
beneficios de la recuperación, del empleo y de las mejoras de la salud. Los
observan desde el margen. En este contexto, ¿ qué pasa con los adultos mayores? El envejecimiento de la población es considerado tanto un
signo como un resultado del desarrollo económico y social de un país. En este
sentido, la O.N.U. pronostica para el año 2050 que en las regiones
desarrolladas habrá más del doble de personas mayores de sesenta años que
menores de quince; mientras que en las menos desarrolladas el porcentaje
poblacional de los primeros se incrementará de un ocho a un veintiuno durante
el período comprendido entre 1998 y 2050. En conjunto, la proporción de
personas mayores en el mundo pasará de un diez a un veintidós por ciento en el
transcurso de dicho período . Uno de los indicadores más utilizados en el análisis de las
tendencias demográficas de un país es el índice de envejecimiento que resulta
de dividir el número de personas con 60 ó más años entre los que no alcanzan
la edad de 15. Valores por encima de 0,5 corresponden a poblaciones en proceso
de envejecimiento, y si son superiores a 0,6 permiten aplicarle el calificativo
de envejecida. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática
(INEI) , la población peruana proyectada a fecha treinta de junio de 1999
asciende a 25.232.000 personas. De ellas, el 33,9% tiene menos de quince años,
mientras que el 7,1% cuenta con sesenta o más años. La evolución del índice
de envejecimiento en este país muestra la tendencia propia de aquellos países
que se encuentran en un proceso de transición demográfica. En este sentido, en
1950 eran 13,7 las personas mayores de sesenta años por cada cien niños de
entre cero y catorce años. Este índice ha pasado a ser de 18,7 en 1995, y se
estima que en el año 2025 supere la barrera del medio punto, situándose según
los pronósticos en 0,534. Para el año 2002 la población estimada a nivel nacional es
de 26 millones 749 mil personas, de las cuales el 33.8% tiene menos de 15 años,
el 60% está entre 15 y 59 años, mientras que el 7.2 % cuenta con 60 y más años
. Proyecciones oficiales estiman que para el año 2020 esta proporción de
adultos mayores subirá al 11% de la población y a 12.6% el año 2025. En
cifras absolutas, las personas de 60 años y más subirán de 1 millón 848 mil
en el año 2000 a 3 613 mil en el año 2020 y, a 4 millones 470 mil en el año
2025. En torno a los cambios biológicos ocurridos al envejecer, se
configuró el llamado modelo médico tradicional que conceptualizó a la vejez
en términos de déficits y de involución acentuando la percepción de la vejez
como un proceso degenerativo. El proceso de envejecimiento constituye un fenómeno
universal que afecta a todos los seres vivos. El envejecer no significa
necesariamente que la persona se deslice inevitablemente hacia la invalidez,
soledad y a un deterioro físico y mental. Respecto a la vejez se han desarrollado una variedad de
mitos. El primero se refiere a la expectativa de que ser viejo significa estar
enfermo (Verbrugge, 1984). Al respecto, una encuesta realizada en 1994 encontró
que entre las personas de 65 y 74 años, 89% no presenta invalidez alguna. Para
las personas entre 75 y 84 años, esta cifra fue del 73% y entre aquellos sobre
85 años, fue del 40% (Rowe y Khan, 1998). Un aspecto adicional es la concepción que se asume respecto
a la salud - enfermedad . La "biomedicina", pone particular en la
observación de la salud humana, centrando el diagnóstico y tratamiento de la
enfermedad en los aspectos fisiológicos y patofisiológicos del cuerpo humano .
El reduccionismo de la salud y la enfermedad a los aspectos corporales de la
experiencia humana es coherente con la moderna separación entre cuerpo y alma,
siendo sólo el primero ámbito de acción e intervención para las ciencia médicas
racionales. Desde este paradigma, que considera el cuerpo como una máquina que
funciona fisiológicamente según patrones constantes y cuantificables, y a la
enfermedad como una alteración físicas de este funcionamiento, lo que
corresponde para mantener la salud es conocer dicha fisiología, conocer sus
alteraciones e intervenir para restablecer el normal funcionamiento del cuerpo.
En consecuencia, otros aspectos de la experiencia humana, sociales, culturales,
ecológicos, emocionales o afectivos, nada tiene que ver con la salud ni la
enfermedad del sujeto. Este acercamiento reduccionista del bienestar y la salud
a su expresión corporal y fisiológica se manifiesta también en la fuerte
tendencia a la medicalización de una serie de procesos humanos altamente
complejos, tales como el embarazo y parto, la obesidad, el stress, sexualidad o
las adicciones, el envejecimiento, experiencias que son marcadas de terminologías
patológicas y tratamientos centrados en la corporalidad de estos procesos. El segundo mito se refiere a que existen límites en la
capacidad de aprendizaje. Una serie de habilidades como el procesamiento, el
aprendizaje y la recuperación de nueva información, la solución de problemas
y la rapidez de respuesta, parecen sufrir un enlentecimiento en la vejez con
respecto a etapas previas de la vida.. Birren, Woods y Williams (1980) proponen
la hipótesis de un enlentecimiento cognitivo generalizado del SNC. Sin embargo,
las personas mayores pueden mejorar sus habilidades cognitivas mediante
procedimientos conductuales ( por ej., retroalimentación y reforzamiento
positivo para la identificación de las claves relevantes a la memorización);
en particular, el aprendizaje, la recuperación de información y la habilidad
para resolver problemas. Al menos tres factores han sido identificados como
predictores de un menor decremento en las habilidades cognitivas, a medida en
que envejecemos. El primer y mejor predictor es el nivel educacional. El segundo
es la capacidad pulmonar , estrictamente relacionada con la actividad física
regular y que probablemente permite una mejor circulación y oxigenación de la
sangre que llega al cerebro. El tercer predictor es el nivel de autoeficacia, es
decir, la creencia en la habilidad personal de ser capaz de influir en lo que
nos ocurre a diario (Albert,1995; Greider, 1996). Una tercera creencia o mito implica que el envejecimiento
conlleva necesariamente un deterioro continuo y progresivo. Sin embargo, gran
parte de las funciones perdidas pueden recuperarse y en algunas instancias
lograr niveles superiores a los previos. Una cuarta creencia señala que la genética es el factor
determinante en el cómo envejecemos. Sin embargo, se estima que sólo el 30%
del envejecimiento físico puede ser atribuido a factores genéticos, aún más,
se cree que a medida que envejecemos la importancia de la genética es cada vez
menor. La forma en que vivimos ( estilos de vida) y dónde vivimos ( ambiente)
son los factores más importantes en determinar los cambios relacionados con el
corazón, el sistema inmunológico, los pulmones, los huesos, el cerebro y los
riñones. El quinto mito se refiere a dificultades en la respuesta
sexual. Al respecto, se constata una gran variabilidad individual. Considerándose
que, aquellos individuos que han sido sexualmente activos toda su vida es
probable que continúen siéndolo durante su vejez. También parece necesario señalar
que es muy probable que el repertorio sexual se amplíe a medida que
envejecemos. Es decir, los viejos practican una gama más amplia de
comportamientos sexuales, en donde el acariciarse, abrazarse y sentirse amado
son más importantes que la penetración y el alcanzar el orgasmo ( Segraves y
Segraves, 1995). Un sexto mito se relaciona con la creencia de que los viejos
son una carga para los otros grupos etáreos y que no participan en actividades
productivas. Lo cierto es que, una buena parte de los adultos viejos están
preparados y dispuestos a trabajar, o trabajan; lo que ocurre es que en el
mercado laboral son discriminados, cuando se trata de contrataciones o ascensos. De otro lado, el retiro como negación del derecho al
trabajo. La retirada de los sistemas de producción se traduce en un cambio
radical en el estilo de vida de estas personas, a una disminución considerable
de su poder adquisitivo se le añade la pérdida de los ambientes sociales en
los que habitualmente se desenvolvía la persona, la disminución de funciones y
roles sociales, la obligada reestructuración de su tiempo, etc. No obstante , debemos prestar atención a los procesos que
normalmente están asociados al envejecimiento, y que nos indican cuáles son
los problemas que se presentan hoy en día:
En los países desarrollados se considera que cerca del 25
por 100 de la población geriátrica sufre una afección psíquica (Sheperd y
Clare, 1981), siendo la depresión la más frecuente, con un índice de
morbilidad que oscila entre el 13 y el 20 por 100. En Lima Metropolitana y
Callao, la prevalencia actual del episodio depresivo, alcanza la cifra de 9.8.
El 27.8 % alguna vez en su vida ha presentado deseos suicidas; el 2.5% ha
intentado suicidarse alguna vez y un 0.3% lo habría realizado en el último año. El desarrollo a escala humana incorpora a los viejos junto
con otros miembros de la sociedad en la definición y construcción de su
futuro. Este tipo de desarrollo supone una democracia directa y
participativa, significa llevar adelante el concepto de ciudadanía, entendido
como: …" la competencia histórica para decidir y concretar la
oportunidad del desarrollo humano sostenible, indica la capacidad para
comprender críticamente la realidad y sobre la base de esta conciencia crítica
elaborada, de intervenir de manera alternativa, se trata de transformarse en
sujeto histórico y como tal participar activamente, en este sentido la
capacidad organizativa es fundamental porque potencia la competencia innovadora,
en el reverso de la moneda, la cuestión consistiría en la superación de la
masa manipulable y la pobreza política." Pensar en términos de desarrollo a escala humana, de acuerdo
a los escritos de Max Neff, significa crear las condiciones para que los mayores
sean los protagonistas principales en este desarrollo, esto implica respetar las
diferencias y la autonomía de los espacios en que actúan, alentar soluciones
creativas que asciendan de las bases a la cima. La satisfacción de las necesidades debe considerarse no sólo
como superación de carencias sino también como la capacitación de los mayores
como participantes activos en el desarrollo de su sociedad y como protagonistas
del crecimiento personal de cada cual como ser humano, pasar a ser personas
sujeto y no objeto. Este desarrollo supera la antinomia entre lo individual y lo
social, fomenta la adopción de medidas que combinan el crecimiento individual y
social como dos aspectos de una misma realidad. Lo que se busca en el desarrollo a escala humana es una
planificación global de la autonomía local, con estrategias capaces de
movilizar a las diferentes organizaciones de los mayores de modo que puedan
transformar su lucha por sobrevivir en opciones y alternativas vitales basadas
en la dignidad y creatividad y no en la pobreza y degradación humana. Al ser la vejez una construcción social, el desarrollo a
escala humana cambiaría desde el inicio las fuerzas que estigmatizan a los
viejos y los empujan al margen de la sociedad. Avanzar en esta modalidad podría
dar lugar al ejercicio activo de los principios propuestos por las Naciones
Unidas a favor de los Adultos Mayores: "independencia, participación,
cuidado, realización personal y dignidad". En otro aspecto, y en relación a la salud de la comunidad,
un objetivo importante es ofrecer un encuadre conceptual y metodológico para el
trabajo con la comunidad, que supone una serie de actividades referidas al
equipo, a la comunidad y a otros sectores involucrados. Con respecto al equipo se plantea la necesidad de: •Recuperar la historia del grupo y realizar un diagnóstico
sobre la situación presente, la inclusión de nuevos integrantes, el grado de
acercamiento y compromiso con la propuesta de "salud de la comunidad". •Sondear las expectativas y actitudes relativas al trabajo
en el centro de salud. •Promover espacios de trabajo interdisciplinario. •Analizar las dificultades cotidianas, los obstáculos que
impiden la realización de las tareas programadas, revisando las consignas
surgidas en las reuniones de equipo. •Registrar las actividades, proyectos y programas
colaborando en el establecimiento de prioridades y la planificación de las
actividades. •Incorporar la dimensión sociocultural e histórica al
interior del equipo, para ampliar su concepción de los procesos de
salud-enfermedad-atención. •Incentivar los procesos de reflexión sobre la institución:
su historia, organización, normativas, relaciones de poder. •Brindar información sobre la población del área programática
en lo referente a composición sociodemográfica, historia, organizaciones,
grupos e instituciones. •Reflexionar sobre las estrategias de trabajo comunitario
con el fin de coordinar las actividades extra muro. Esto significa con respecto a la comunidad, profundizar el
conocimiento de la historia, las formas de organización, instituciones,
liderazgo, redes, formas de comunicación, lógicas existentes. Avanzar en el conocimiento de las distintas instituciones,
organizaciones y grupos que estaban trabajando en el barrio, intentando en la
medida de lo posible una coordinación de acciones. Reflexionar sobre la relación centro de salud comunidad, el
grado de acercamiento, las imágenes, expectativas, experiencias, las demandas
en lo asistencial y en los programas, intentando fortalecer los vínculos
existentes y formulando una metodología adecuada de trabajo. Entrar en un mundo conocido desde la experiencia social pero
desde una posición distinta, una experiencia que se asocia al padecimiento, a
la enfermedad y a la muerte, que genera angustia, temor. Intervenir, conocer
para transformar, para pensar alternativas, involucrarse. Esta experiencia supone aprender a trabajar de otro modo,
muchas veces con problemas enunciados por otras disciplinas, redefinir una
problemática desde diferentes perspectivas, trabajar con un ritmo distinto,
atravesados por urgencias, contradicciones, frustraciones. El supuesto teórico
implícito es trabajar sobre las diferencias no como oposiciones sino como
relaciones (nosotros-otros), trabajar sobre los espacios de intercambio, las
interacciones, las mediaciones entre los individual y lo social, lo micro y lo
macro, la teoría y la práctica : las relaciones entre el C.S. y la comunidad,
entre clases sociales. Las modalidades a través de las cuales se me impone el
otro, el lugar que ocupamos, las formas de comunicación, las distancias, las
relaciones de poder. Relacionar lo macro y lo microsocial, analizando cómo el
contexto histórico, político y económico, las modificaciones en las políticas
sociales, podemos verlas en la cotidianeidad y en las rupturas de esa
cotidianeidad, asociadas a experiencias colectivas. 10.Perfil de competencias del
interventor Pero un objetivo fundamental será desarrollar nuestra
capacidad de respuesta a las personas a las que servimos . Consideramos un
perfil básico :
El perfil lo definimos como indicador de competencias para
promover resiliencia., y no solamente en salud; también en contextos La intervención educativa y social comunitaria se revela
como una de las medidas más eficaces en cuanto sustentadas en dos líneas de
actuación: En relación a lo cual , Muñoz (1997), plantea algunas
estrategias que podríamos utilizar para fortalecer redes sociales, la integración
social y la calidad de vida del adulto mayor: El aspecto fundamental ha tomar en cuenta está dado por los
resultados del Estudio Epidemiológico Metropolitano en Salud Mental 2002, que
nos aporta más de un dato positivo a tomar en cuenta en nuestra intervención
educativa y psicosocial: De los factores de riesgo, donde el individuo tiene un grado
de control, la falta de ejercicio físico es el potencialmente más modificable.
El ejercicio físico aumenta la fuerza, disminuye el riesgo de muerte, mejora el
ánimo y reduce el impacto de otros factores de riesgo; ha demostrado ser
beneficioso no sólo en la prevención de enfermedades coronarias, sino que
también en la prevención y reversión de la hipertensión (donde está
aceptado como un tratamiento adjunto a la medicación), en la protección del cáncer
del colon, en la prevención de la diabetes, en el tratamiento de la artritis,
en la prevención de la osteoporosis y en mejoramiento del equilibrio y la
fuerza de las extremidades inferiores. La falta de relaciones sociales es un poderoso factor de
riesgo para un nivel de salud pobre. En tal sentido, el apoyo social y
socioemocional ( expresiones directas de afecto, de estima, de amor y respeto)
son fundamentales para el envejecimiento exitoso (Sabin, 1993). Hay cuatro modos importantes en que el apoyo social puede
promover la salud:
Es cada vez más claro que el mantenerse activo en tareas que
tengan un propósito y un significado, junto con el mantener relaciones
significativas, es fundamental para la mantención del bienestar a lo largo de
la vida; en relación a lo cual, es muy importante una intervención sustentada
en los siguientes principios metodológicos (Girard, 1991):
En un primer nivel primario de atención, las necesidades más
frecuentes que se presentan suelen ser las siguientes: La intervención en el segundo y tercer nivel va dirigida a
individuos, familias y grupos que se encuentran en un proceso definido de
exclusión médica y/o social, necesitando apoyos para la convivencia familiar y
social, por lo que no sólo se debe incidir en éstos, sino, por generalización,
en toda la comunidad. Entre los objetivos más importantes a conseguir en estos
niveles de prevención serían:
Si bien el objetivo último de toda política social es
incrementar el bienestar social, desde el punto de vista psicosocial nos
interesa el bienestar subjetivo, el cual , de acuerdo con Diener (1994), tiene
tres características:
La intervención educativa y psicosocial no puede ser vista
únicamente como un esfuerzo por contrarrestar las carencias, sino como una
apuesta por las posibilidades; en el caso del adulto mayor, se plantean retos de
adaptación y los esfuerzos de estas personas para acometerlos., y se supone que
la integridad de la calidad de vida emana de las respuestas adaptativas. Por
ejemplo, en relación a movilidad útil, actividades básicas de la vida diaria,
capacidades de orientación, comunicación receptiva y expresiva, relaciones
sociales e interpersonales, autonomía, percepción de salud, entre otras. Lo
que podría interpretarse a partir de la teoría de la actividad. Según este
enfoque, de raíces aristotélicas, una persona se sentirá bien en función de
las actividades que realice y de la calidad con la que las lleve a cabo,
aprehendida ésta a través de percepciones subjetivas: opiniones, actitudes,
creencias y valores Por ejemplo: El desafío de adaptación es extraer placer de
la vida. La pregunta que tendríamos que plantearnos es si la persona, el adulto
mayor en nuestro caso, tiene respuestas ante éste desafío y su percepción de
las mismas. Por ejemplo, actuar de acuerdo con los propios valores, seguir
intereses, adherirse a experiencias religiosas y estéticas, relajarse en tiempo
de ocio, valorar la vida a pesar del dolor y de los problemas, etc. Y, dos
aspectos finales, no olvidemos que no hay un único estándar con el que sopesar
el declive, el mantenimiento o la mejoría de la adaptación y que la adaptación
se modifica en función del contexto, especialmente la motivación y el entorno.
Por ejemplo, la reestructuración del hogar o la provisión de aparatos
auxiliares puede aumentar o restablecer la adaptación o la independencia de la
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DESCO Sociedad Peruana de Resiliencia: Área: Adulto Mayor Dr Héctor Lamas Rojas Doctor en Psicología Dr. Javier Lamas Lara Cirujano Dentista Maestría en Gerontología. Publicación enviada por Dr Héctor Lamas Rojas Contactar mailto:halamasrojas@yahoo.com Código ISPN de la Publicación EpZZEuAuEESfmPOFMW Publicado Wednesday 18 de February de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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