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Monografias | Suicidio y tentativa de suicidio: Un acercamiento a su génesis psicosocialSuicidio y tentativa de suicidio: Un acercamiento a su génesis psicosocialResumen: El hombre del siglo XX con una ciencia en desarrollo y un comprendimiento causal sobre una gran diversidad de fenómenos y procesos, no ha logrado aún, con toda su sabiduría y ciencia, librarse de ese miedo-atracción ancestral que provoca la muerte, máxime cuando la culminación de este hecho es resultado de un acto destructivo (la conducta suicida) que no es privativa de ninguna edad. Palabras
Claves: SUICIDIO,
TENTATIVA DE SUICIDIO, CONDUCTAS
AUTODESTRUCTIVAS,
FACTORES DE RIESGO, IDEACIÓN
SUICIDA. “El
amor que sentimos por algo es fruto del conocimiento que de ese algo tenemos, y
se acrecienta conforme nuestro saber se torna más seguro” El hombre
del siglo XX con una ciencia en desarrollo y un comprendimiento causal sobre una
gran diversidad de fenómenos y procesos, no ha logrado aún, con toda su
sabiduría y ciencia, librarse de ese miedo-atracción ancestral que provoca la
muerte, máxime cuando la culminación de este hecho es resultado de un acto
destructivo (la conducta suicida) que no es privativa de ninguna edad. Dentro
de los cuantiosos acontecimientos enigmáticos que aporta la vida humana, la
conducta suicida es uno de ellos. Son inciertas, hasta el momento, las razones
por las cuales una persona atenta contra su vida, cuando su más preciado tesoro
es la vida misma. La conducta suicida como fenómeno, abarca el intento o
tentativa y el suicidio, est último, particularmente, con una rica historia. El
término suicidio, proviene
del latín “sui” que significa sí
mismo y “cidium” matar, es decir, matarse
a sí mismo; fue empleado por primera vez por el abate Desfontaine, en el
siglo XVIII (1). Este acto autodestructivo, es una conducta humana compleja que
han llevado a cabo individuos como vía de solución final a sus problemas. El
suicidio es un fenómeno que posee sus antecedentes desde épocas inmemoriales,
tan antiguo como la existencia misma de la humanidad, modificando sus características
de acuerdo con la cultura y la
estructura socioeconómicas imperante. OBJETIVO: Describir
las causas psicsociales de la conducta suicida. Provincia Granma de Cuba. Año
2003. DESARROLLO El
primer intento suicida de que se tiene referencia se remonta al año 991 a.n.e,
en l que el suicida expresa, según el traductor Ecmar (1896) en un papiro, de
forma poética, su estado depresivo, quizás a nivel psicótico (2). Fue
Hipócrates,
en el siglo IV a.n.e, en Grecia, el primero en hablar del suicidio en forma de síntomas
autodestructivos. (3). La
historia antigua, como fiel testimonio de tantos hechos, también recoge en su
seno el fin de grandes personalidades mediante la autoquiria; ejemplo de ello lo
constituye el suicidio de Saúl,
primer Rey de Israel, citado en el Antiguo Testamento, Alejandro Magno, que lo
realizó envenenándose y Séneca, abriéndose las venas (4). Tanto
en la Biblia como en otras literaturas antiguas, se hace referencia a diferentes
actos autodestructivos, como los mencionados anteriormente; pero las raíces de
la prohibición del suicidio, se encuentran en la tradición judeocristiana. Con
el aumento de la frecuencia del suicidio entre los cristianos, la Iglesia Católica
relaciona el suicidio con el crimen y, por tanto, con el pecado. Este punto de
vista fue elaborado por Santo Tomás de Aquino (1225-1234), destacándose que
era un pecado mortal porque usurpaba el poder divino de decisión sobre la vida
y la muerte del hombre. También en el siglo IV, San Agustín rechazó el
suicidio como opción, basándose
en que impedía el arrepentimiento del individuo y violaba el Quinto Mandamiento
de la Ley de Dios “no matarás”. Aunque
ni el Viejo ni el Nuevo Mandamiento prohibieron directamente el suicidio, en el año 693 el
Concilio de Toledo proclamó que la persona que intentara contra su vida sería
proclamada excomulgada (5). Desde
el punto de vista etnográfico, está determinado también por la cultura. En
Japón se reconocía legalmente que cuando algún jefe moría o era derrotado,
sus fieles debían de acompañar su espíritu al reino de los hombres, matándose;
además, los nobles japoneses, en caso de desgracia, practicaban el harakiri, acto ritual que se ha extendido hasta nuestros días. En
la judía, era costumbre que una mujer viuda se suicidara tras la muerte de su
marido, como en el caso de los antiguos jefes prusianos, con el suicidio se
conseguía la fama. También los monjes budistas chinos se inmolaban del mismo
modo para conseguir el bienestar de la comunidad (6). En Latinoamérica, los
Mayas y los Aztecas, utilizaban el suicidio como ofrenda a sus dioses,
especialmente el suicidio por fuego (7). A
diferencia de esto, en Inglaterra y Francia, desde tiempos remotos, el suicidio
fue considerado una falta grave, un crimen contra el Estado y un hecho que
provocaba la represalia y la venganza de la sociedad; las penas impuestas en
tales casos, no cesaron en Inglaterra hasta 1961, cuando se aprueba una ley que
modifica estos criterios y en Francia, hasta después de la Revolución Francesa
(5). Durante
la Edad Media, disminuyó la incidencia del suicidio en el mundo, por el
predominio de la Iglesia Católica, para reaparecer y hacerse sentir en el siglo
XIX hasta nuestros días. Nicéforo
planteó con razón, que el suicidio “es
una de las hierbas venenosas que
florece en la atmósfera de nuestra civilización moderna” (8). Esta
afirmación del ilustre profesor italiano, es anterior a la guerra, se produce
en las postrimerías del siglo XIX. En
la bibliografía se recoge, como algo curioso, que durante la época de las
guerras mundiales, disminuyeron los suicidios; no obstante, aparecen caso de líderes
y espías nazi que se quitaron la vida ante el temor de ser ajusticiados,
ejemplo: Robert Ley, Heinrich Himmler. También durante este período, aparecen
los kamikases japoneses con los llamados “suicidios patrióticos”; ellos
piloteaban aviones cargados de explosivos para hundir portaaviones enemigos,
volando hacia la muerte por un mal entendido amor a la patria (9). En
Cuba, se recogen datos de la época de colonización, existiendo suicidios
individuales y colectivos: los indígenas se ahorcaban de los árboles o se
asesinaban tragándose la lengua, debido a que no podían soportar el régimen
de trabajo a que eran sometidos y al cual no estaban acostumbrados. Además, se
recoge como dato, que muchos de los indios se suicidaban arrojándose desde las
montañas hacia el Valle Yumurí; es por ello que la leyenda plantea que a esto
se debe el nombre de dicho valle. Los indios empleaban el suicidio como
alternativa a la explotación en la que estaban sumidos, teniendo estos
suicidios un marcado carácter económico-sociopolítico (10). Similar
conducta y con el mismo carácter, asumían los africanos traídos a la isla,
los cuales al fugarse eran perseguidos y ante la posibilidad de captura preferían
suicidarse “despeñándose”. El primer estudio que se conoce en Cuba data de
1885 y fue realizado por el Dr. Tomás Plasencia (10). En
la posguerra, el suicidio aumentó y se han brindado diferentes explicaciones
del porqué un individuo atenta contra su vida, combinando factores individuales
y sociales. El estudio contemporáneo del suicidio, se inició a principios de
este siglo con las contribuciones de dos corrientes principales: la sociológica
y la psicológica. Freud
fue el primero en ofrecer explicaciones psicógenas al suicidio, postulando que
los motivos del acto eran intrapsíquicos (11). Plantea que el suicidio tratado
por el psicoanálisis es visto como un fenómeno psicológico provocado por una
serie de factores entre los que se destacan los del ambiente. Para
estudiar el suicidio, desde el punto de vista psicológico, es necesario como
punto de partida el estado melancólico del individuo, pues está asociado es
estados depresivos donde generalmente las personas se catalogan como inútiles,
detestables, sin sentido de vivir, deseando desaparecer del mundo: aquí se
acumulan sentimientos de inferioridad que provocan la afluencia en la conciencia
del individuo de impulsos sádicos, reprimidos, tanto en sueños como en acto
sintomático, hay violentos deseos de venganza y de impulsos criminales,
sentimientos de culpa. La base de todo esto radica en un componente de base
sexual, todo por la represión sufrida por el individuo en su yo sexual. Esto
ocurre con la pérdida del objeto libidinoso, aunque también es frecuente que
el suicidio esté motivado por un
grave quebrante económico o por la muerte de una persona querida, el individuo
siente esto como pérdidas irreparables, la vida para ello carece de interés y
se consideran incapaces de satisfacer gran parte de sus deseos. El
suicidio es un acto de autosadismo intenso, el yo trata de destruirse, librarse
de los conflictos que le atormentan, buscando refugio en la muerte, la
posibilidad de una vida nueva, para ellos la muerte es una venganza contra la
sociedad. El
suicidio, desde el punto de vista psicológico, aparece unido a cuatro
motivaciones: 1.
La agresión al exterior. 2.
El deseo de recuperar el objeto libidinoso. 3.
Productos de conflictos infantiles. 4.
Producto de conflictos actuales. Las
estadísticas comprueban que cuando hay efectos que ligan al individuo con una
obra social o familiar, disminuye el número de suicidios; por el mismo motivo,
durante las épocas de guerra o de revolución, el número de suicidios
desciende debido a la presencia de un ideal colectivo que hace que el individuo
se defienda mejor de las agresiones procedentes del exterior, y sucede al
inverso en las épocas de desarrollo de un país y conglomerados político-sociales. Freud
propuso la teoría de que el suicida representa hostilidad inconsciente dirigida
contra el objeto amado introyectado (considerado de manera ambivalente); Para
Freud el suicidio es un “homicidio de
180 grados”. Otros psicoanalistas han ampliado esta perspectiva; Karl
Meninger delinió la psicodimania de la hostilidad y postuló que el impulso
hostil del suicidio tenía tres componentes:
1, el deseo de matar; 2, el deseo de ser muerte y 3, el deseo de morir. Otros
teóricos contemporáneos han revisado la función de los estados emocionales
adicionándoles la desesperanza y el desamparo en la patogenia de la depresión
y el suicidio. Bech
ha relacionado la “triada negativa” de la depresión con el suicidio, basándose
en que el pensamiento del individuo se deforma cuando se encuentra deprimido: de
esta manera adquiere una opinión negativa de sí mismo, del futuro y del mundo
(11). En
1879, Durkheine, en su obra “El Suicidio”, describió en detalle la sociología
del suicidio, analizando los efectos de la sociedad sobre la conducta del
individuo y propuso que el suicidio era resultado de las influencias y el
control de la sociedad sobre éste (11) y no de motivos psicológicos
individuales. Afirmaba
que lo individual no bastaba, es necesario la combinación de los meses,
factores físicos, los días, las catástrofes morales, la miseria como factor
predilecto, también lo es la riqueza y los tránsitos violentos de una situación
económica a otra; el suicidio decrece en el campo y aumenta en la tentación de
la vida civilizada. También lo estudió en la religión, comprobó que se
agrava en los protestantes más que en los católicos. Comprobó
que en los enfermos mentales no se produce por una sola causa, considera cuatro
clases de suicidios: maniáticos (producidos por alucinaciones o concepciones
delirantes, melancólico, obsesivo (que haya su génesis en la idea fija de la
muerte) y automática (impulsivo). Para
Durkhein, el hombre se suicida por tres tipos de circunstancias sociales que
denominó egoísta, altruista y anómico. El suicidio egoísta ocurre cuando la
integración del individuo con el grupo es bastante pobre y poco definida, mostrándose
socialmente aislado. El suicidio altruista ocurre cuando la integración del
individuo es muy estrecha, bajo la posición de códigos morales, primitivos,
hombres y mujeres, viejos y enfermos, esposas cuyos maridos han muerto y
sirvientes cuyos jefes han fallecido, dieron fin a su vida. El suicidio anómico
ocurre cuando existe el impacto de un brusco cambio social que modifica los
patrones y valores sociales existentes, produciendo alteraciones en el
equilibrio del individuo, como en una depresión económica, inflación u otras
situaciones sociales (12). El
estudio de las causas y generalización de la conducta suicida en cuanto a:
potencialidad, intento y consumación, en su devenir histórico ha sido tratado
ampliamente por la sociología burguesa a partir de una amplia gama de
concepciones que incluye diversos aspectos. Entre
las concepciones burguesas que tratan de explicar al menos desde una posición
científica el fenómeno suicida, se destacan tres direcciones principales (de
las que se desprenden tendencias y corrientes). 1.
Las que atribuyen las causas de la conducta suicida a factores y fenómenos
eminentemente psicológicos. 2.
Las que dan una importancia desmedida a los factores biológicos en la
determinación de la conducta suicida. 3.
Las que excluyen al individuo y sobrevaloran el papel que desempeñan los
factores ambientales. La
sociología marxista, en contraposición a esto, al abordar el estudio del fenómeno
suicida, parte de tres planos o momentos: 1.
El plano general abarca el estudio de las condiciones socioeconómicas
existentes y su influencia en la determinación del comportamiento del sujeto
suicida. 2.
El plano particular incluye las influencias del medio ambiente social, así
como sus características y condiciones específicas en la determinación del
comportamiento suicida. 3.
El plano individual parte del estudio de la persona concreta, de su
personalidad, de sus particularidades psíquicas y de la interrelación
sociedad-individuo y viceversa. Entre
las corrientes burguesas más difundidas en el tratamiento del tema que nos
ocupa, resulta la psicosociología representada por Habbes, Benthan y Freud;
esta corriente intenta presentar la teoría del individuo y la sociedad como una
continuación del desarrollo del pensamiento científico de la humanidad y se
considera heredera de los filósofos más destacados del pasado como Hebbes. En
realidad sólo tomaron de éste su idea más reaccionaria sobre la naturaleza
antisocial del hombre y su individualismo zoológico. Este filósofo afirmó que
“la sociedad debía ser considerada como una agrupación de feroces unidades
humanas en busca de calor y protección, cual si se tratara de una manada de
erizos (13). Con ello dejan sentado la predisposición natural del hombre a la
desconfianza, el miedo y a la violencia no sólo contra los demás, sino hacia sí
mismo. De
aquí se infiere, además, la consideración de estos ideólogos de que la
tragedia de la vida humana no es consecuencia de factores económicos, de
contradicciones y los conflictos entre el individuo y la sociedad que son
insuperable por su propia naturaleza. Los teóricos extraen de esto dos
conclusiones extremas: 1.
Convierten en absolutas las pretensiones personales del individuo y
exigen la completa libertad de éste respecto a la sociedad (concepciones
individualistas y anarquistas). 2.
La otra conclusión, contraria a la primera, reclama que el individuo
renuncia a toda independencia. Hobbes, por ejemplo, afirma que “el estado es
el único individuo que no reconoce ninguna personalidad al lado suyo”, que
por ello “los hombres deben renunciar a sus derechos y concederle al estado un
poder limitado entre ellos (13). Queda
claro que esta segunda conclusión está dirigida al aplastamiento del individuo
y a su absorción de la sociedad, mientras que la primera se dirige a la
libertad exagerada del ejercicio de la personalidad especialmente de las grandes
personalidades, pero ambas aseguran lo insalvable de la contradicción
individuo-sociedad y afianzan la concepción del hombre aislado que supone que
para alcanzar éxitos y beneficios en la vida social, los hombres tienen que
sacrificar la satisfacción de impulsos y tendencias individuales, invocando el
ingrediente irracional y primitivo del ser humano que, aunque subsiste en
calidad de herencia, de esta suerte, el hombre animal puramente biológico-instintivo,
impulsivo y malo, es incapaz del autocontrol en un momento dado. El
hombre, así concebido, es el único responsable de los desajustes sociales y de
su propio desajuste individual; la apelación al suicidio, según esta teoría,
es el triunfo del instinto destructor y autodestructivo subyacente en el hombre
como herencia animal sobre el instinto de conservación también propio de otros
animales superiores; esta es, por tanto, una concepción irracionalista. La
conclusión de la incompatibilidad entre el individuo y la sociedad, sólo deja
como disyuntiva el individuo o la sociedad; abriendo campo a la enajenación
que, si bien es cierto que tiene su origen en fenómenos económicos (base económica)
en especial en la propiedad privada sobre los medios de producción, trasciende
luego a todos las esferas de la vida social y se inserta finalmente en la vida
espiritual que incluye al individuo en su calidad de personalidad que
generalmente asume la enajenación de modo inconsciente; pero que, no obstante a
ello, ésta se va a manifestar en los diferentes actos de la vida y en la práctica
social. La conducta suicida también hunde sus raíces en el fenómeno de la
enajenación. La
metodología marxista, al abordar la problemática de los fenómenos sociales,
reconoce que los fenómenos sociales negativos, entendidos estos como el
conjunto de acciones u omisiones que atentan contra el normal desarrollo de la
sociedad son, ante todo, enfermedades sociales que en la dinámica de la
personalidad y las sociedades concretan en determinaciones individuales bajo una
determinación multifactorial caracterizada por las peculiaridades de la
personalidad, su sistema de valores, la autoestima, sus consideraciones acerca
de la libertad, la coincidencia de sus intereses individuales como los intereses
de toda la sociedad, así como la claridad y amplitud de sus objetivos y
aspiraciones; existe una gran variedad de actos que atentan contra el normal
desarrollo de la sociedad y la personalidad, que van desde simples actitudes
incorrectas hasta los hechos considerados de extrema gravedad; como lo es, por
ejemplo, la conducta suicida. El
ser humano en el proceso de su actividad, conducta y manifestaciones, debe ser
considerado en su conexión con la naturaleza y el medio social concreto en que
se desenvuelve y en ese sentido puede ser caracterizado de la siguiente manera: 1.
Por su condición de pertenecer a una naturaleza muy peculiar: la humana. 2.
Por su condición de ser concreto, esto es, pertenecer a determinada
cultura, clase social, grupo étnico, religioso, etc., cuya pertenencia no es
casual, sino que integra su personalidad. 3.
Por su condición de ser social, al vincularse con el conjunto de las
relaciones que le son inherentes que es precisamente lo que define al ser humano
como personalidad. 4.
Por su condición de ser histórico, tanto en el sentido individual como
en el sentido social. 5.
Porque del medio social provienen los estímulos fundamentales para la
organización de sus cualidades psicológicas. 6.
Por el condicionamiento social del conocimiento que el hombre alcanza. 7.
Porque el hombre es el único de los seres vivos que puede pensarse a sí
mismo como objeto. 8.
Porque la producción de bines materiales que el hombre realiza es el
fundamento de la existencia de las relaciones humanas. Estas
características al actuar en calidad de
premisas, favorecen el proceso de socialización que incluye el ingreso al medio
social, la adaptación al mismo, la asimilación de determinados roles y
funciones sociales, la asimilación y desarrollo de valores y el proceso de la
actividad social; esto es lo que en lo fundamental repite cada individuo en la
historia; pero cada uno de ellos, en su condición de personalidad, encuentra
condiciones diferentes para su desarrollo más o menos positivas y tendrá mayor
o menor éxito en el proceso de la socialización y en ello influirá también
su mayor o menor preparación, determinación y fuerza personal para ajustarse a
los mecanismos sociales vigentes. La
garantía de la funcionalidad de estas características de la interrelación
individuo-sociedad, pueden desempeñar un importantísimo papel en la disminución
de los factores de riesgo de la conducta suicida. En
este caso de lo que se trata es de que el desarrollo social vaya creando las
condicione objetivas para el desarrollo libre y pleno de los individuos, tanto
en el orden material como en el
espiritual; que la sociedad, en su interrelación con los individuos, favorezca
en alto grado el desarrollo de su conciencia y su responsabilidad social, lo que
es al mismo tiempo un índice del desarrollo de la individualidad y de las
condiciones históricas en que vive. De esa actitud consecuente, consciente y
creadora, deberá dimanar necesariamente el reconocimiento formal, real y
efectivo del individuo y de sus derechos por la sociedad. Esto, claro está, ya
ligado a la organización económica efectiva d la sociedad, al régimen social
y a la ideología predominante. El
reconocimiento social, suele ejercer un rol significativo en la autovaloración
del individuo, en su autoestima en general y en el reconocimiento de las
potencialidades para su autodesarrollo. La
formación armónica de la personalidad y en la búsqueda de condiciones para su
propio desarrollo, el papel social no debe ser entendido de modo abstracto; si
no en el modo concreto de su desarrollo, cuya influencia llegará al sujeto de
modo consciente en dependencia de la actividad del mismo. Esto
significa que el sujeto, en su consideración individual, puede estar consciente
de recibir de una forma o de otra
la influencia de toda la sociedad, comprendida ésta como lo humano universal.
Pero la forma más inmediata de esta influencia, demanda del colectivo familiar,
escolar y laboral; cruzándose de una manera positiva o no con el resto del
sistema de influencias. Todo esto constituye la situación real concreta o el
conjunto de condiciones vitales de una persona, que provocan en ella en un
momento determinado, la decisión de aprender una acción dada que puede ser
positiva o negativa. La
situación vital es importante, porque a menudo se caracteriza por exigir del
hombre una determinación en su línea de conducta presente o futura, en forma
de resoluciones que sitúan al sujeto en una selección de valores que no
siempre concuerdan con sus necesidades, intereses y fines individuales y que
pueden conducir a la frustración de la personalidad. Desde
hace algunos años, el suicidio ocupa un lugar entre las primeras 10 causas de
muestre en las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud. Se
considera que cada día se suicidan en el mundo al menos 1100 personas y lo
intentan cientos de miles, independientemente de la geografía, cultura, etnia,
religión, posición socioeconómica, etc. Cualquier sujeto, en determinado
momento de su existencia, puede sentir que la vida no tiene sentido por diversas
causas, como la enfermedad física o mental, la pérdida de una relación
valiosa, un embarazo oculto o no deseado, la soledad, las dificultades
cotidianas en personalidades poco tolerantes, lo que convierte el suicidio en la
mejor y única opción para ellos (14). Cuba
no escapa a esta realidad y existe desde 1989 un Programa de Prevención de la
conducta suicida cuyos objetivos principales son: evitar el primer intento
suicida, su repetición y la consumación. Según los objetivos, propósitos y
directrices del Ministerio de Salud Pública, se debía reducir a 18 x 100000
habitantes la tasa de suicidio para el año 2000 en el país, y se trazó toda
una estrategia para lograrlo. La
provincia Granma ha mostrado en los últimos años elevadas tasas, a veces
superiores a la media nacional, recogiéndose en los libros de EDO (Enfermedad
de Declaración Obligatoria) del CMHE y del CPHE, las tasas. En el municipio
Manzanillo, en 1999 hubo 171 I.S. (12,6 x 10000 hab.) y para el suicidio 22
casos (21 x 10000 hab.). Existen
factores de riesgo que pueden preceder la posibilidad suicida; autores como
Stegel señalan entre ellos: sexo masculino, mayor riesgo según edad, más
frecuentes en viudas, solteras, divorciadas, carencia de hijos, alta densidad de
población, residencia en grandes ciudades, alto estándar de vida, estrés,
crisis económica, consumo de alcohol, intento suicida previo, antecedentes
familiares de conducta suicida, enfermedad física asociada, expresión
manifiesta de intención suicida, planificación del acto suicida, legalidad del
método empleado, vivir solo, enfermedad psiquiátrica asociada (15). En
el programa de la conducta suicida se señalan estos y otros como el embarazo
precoz, personas sin apoyo o atención familiar, maternidad temprana asociada a
otros factores, jóvenes
que
no estudian ni trabajan, procedencia de familias con problemas sociales,
procedencia de familias con alteraciones en su dinámica y en las relaciones
entre su miembro (14). La
conducta suicida se ha comportado en el mundo en una razón
de que, por cada suicidio, seis personas lo han intentado (16).
En nuestro país esta razón entre amas manifestaciones de la conducta suicida
es de 1:12 (17). El
fundamento teórico
al expresar la conducta suicida, parte de la relación personalidad-sentido
de la vida, mecanismos de ajustes, siempre considerando el intento suicida con
participación personal y sin participación personal. El
hombre constituye una unidad biopsicosocial que se conforma fitogénica y
ontogenéticamente en un medio ambiente natural y social, en constante cambio,
que demanda una inagotable fuente de recursos adatativos para mantener un estado
de equilibrio entre los dos sistemas Esta
concepción es una premisa para comprender el proceso salud-enfermedad
del ser humano, “proceso
que integra sistemas de procesos biológicos, psíquicos y sociales y sus
interacciones que forman parte de la actividad humana y que garantizan la
existencia o la muerte del hombre”(18).
En el marco de esta concepción, dicha existencia no puede reducirse a
comprender como el estado antagónico a la muerte, sino que es necesario
considerar, además, la calidad de la propia existencia, es decir, la calidad de
la vida del ser humano. La
salud, el polo positivo del continuo que conforma este proceso, constituye un
indicador del estado de equilibrio del hombre en su interacción con el medio.
Es decir “denomina
una calidad de ajuste del sujeto en su actividad a las condiciones de vida”.
La enfermedad, por el contrario, “es
un indicador de la mala regulación
por el individuo de su actividad y un mal ajuste a las condiciones de vida”
(19). La
cuestión de la personalidad saludable, ha sido una referencia permanente en el
pensamiento médico y psicológico. Con el desarrollo social, las necesidades de
autorrelación, de expresión creativa y activa de la vida social, profesional,
personal y familiar, pasan a tener un peso importante para la salud, siendo
necesidades muy vinculadas al estrés que comúnmente conlleva a conductas
autodestructivas. Como
denominador común, los investigadores han señalado a relación de las
conductas autodestructivas con el florecimiento de las capacidades
intelectuales, biológicas y sociales aparejadas a las
complicaciones de la vida emocional y social, siendo más vulnerables
aquellos que no cuentan con apoyo sociales oportunos (familias,
amigos, pareja) y/o tienen determinadas características
de personalidad que constituyen riesgos. La
forma en que un sujeto activamente elabora
y construye sus reflexiones y convicciones presentes sobre la base de su formación
personalizada, es decisiva en la aparición de muchas formas de estrés. La
capacidad de control y autocontrol del sujeto, el sentido psicológico que
adquiere para el sujeto una influencia externa o el desarrollo de algún sistema
de ideas y de emociones internas, forma de regulación son decisivas para la
creación de una calidad de vida positiva. Calatayud
(20)
señala, el sujeto será más
vulnerable o más resistente a la circunstancia del ambiente en la medida que:
el estímulo adquiera un mayor o menor sentido personal tensionante, el
desarrollo de la personalidad revele un nivel superior o inferior de
funcionamiento, el afrontamiento sea más o menos activo y el sujeto disponga de
mejores o peores recursos de apoyo social. Cuando
la vivencia del control es percibida por el individuo inasequible, ocurre una
interesante reacción: impotencia aprendida y se expresa en el sentimiento de no
poder hacer nada, de que cualquier cosa en que nos esforcemos para hacer
terminará en un fracaso. La
importancia aprendida genera pasividad y desinterés en los individuos, crea un
sentimiento de soledad y minusvalía en el individuo quien no se siente
importante con relación a ninguna esfera donde participa, lo cual obstaculiza
el sano desarrollo del sentido de la vida. La
apatía y el desinterés derivados de la impotencia aprendida, la mayor parte de
las veces se acompaña de angustia, depresión, ansiedad e inseguridad, cuadro
psicológico que frecuentemente conduce a conductas evasivas o estilos de
enfrentamientos indirectos ante los estímulos estresores tales como: la
conducta suicida, la droga y el alcoholismo. Las
repercusiones sociales y personales y el intento suicida y del suicidio,
condujeron a múltiples investigaciones, a realizar trabajos epidemiológicos
tendientes a explicar las causas que originaba tal conducta. Así como a
es---tablecer la relación que guarda la conducta suicida con otros problemas
psicológicos como el bienestar. El
concepto de bienestar psicológico es una categoría de desarrollo relativamente
reciente, es un indicador de salud y por tanto un indicador, además, del ajuste
del individuo a su medio, de la calidad de la regulación de su actividad. En su
estado vivencia positivo, subjetivo e individualizado, relativamente estable,
refleja placer, satisfacción, sentido por el hombre en su interacción con su
medio social. Aunque
el bienestar psicológico global no puede identificarse sólo con su manifestación
afectiva, pues incluye aspectos cognitivos y conductuales, vinculados entre sí
con su vida cotidiana, lo cual demanda una correspondencia entre lo que el
sujeto realiza y lo que desea realizar y una conciencia entre el deseo personal
y lo socialmente necesario. En
la medida en que el hombre hace suyas las actividades obligatorias en la vida
social, estas adquieren un sentido y son fuentes de placer;
lo
contrario origina una enajenación del mismo, lo cual es causa de estrés por la
realización de actividades para los cuales no existen motivaciones, lo cual
origina el bienestar psicológico negativo (malestar)
que se expresa con la aparición de estados de ansiedad, depresión, falta de
confianza en sí mismo (autoestima
disminuida),
dificultades para enfrentar las contingencias ambientales, cuadros psicológicos
que comúnmente conducen a estilos de enfrentamiento indirecto tale como: la
conducta suicida. El
comportamiento suicida suele relacionarse con el estado de salud mental de los
individuos que no pueden hacer frente a la vida. Sin embargo, al estudiar el
tipo de comportamiento, descubrimos influencias sociales, económicas y
culturales que se asocian a las decisiones del individuo. El
suicida prefiere la muerte a seguir sintiéndose desesperado ante las
adversidades de la vida, dolor, soledad, culpabilidad, bienes perdidos, enfermedad,
depresión, violencia o pobreza. Muchas personas que recurren al suicidio están
deprimidas (es decir, se sienten frustradas por su calidad de vida) y en su
mayoría
han hecho ya alguna tentativa (60%) (22). El
riesgo característico de la tentativa de suicidio es la ambivalencia: el deseo
de morir y la llamada de auxilio. Esta tentativa tiene un fuerte significado
social, que puede expresarse así “por
favor, ayúdenme, no puedo arreglármelas solo”. Muchas personas que
intentan suicidarse repiten la tentativa al poco tiempo (40%) y algunas terminan
muriendo por suicidio (10%) (22). El
comportamiento suicida demuestra que hay un problema fundamental en el individuo
o en la situación en que se encuentra o quizas en ambas a la vez. De la
información dada por la familia se
desprende claramente que la mayor parte de los suicidas sufrían desde tiempo
atrás problemas emocionales diversos: ansiedad, relaciones poco satisfactorias,
alcoholismo o drogadicción, desempleo, sentimientos de soledad y culpabilidad,
problemas intrafamiliares, etc. *22(. Hemos
de comprender el origen social de problemas emocionales del individuo en loa
individuos, en los antecedentes infantiles de los suicidas se encuentran muy a
menudo desunión familiar, separaciones y divorcios, pérdida del padre, de la
madre o de ambos progenitores, violaciones y abusos sexuales, incesto, violencia
intrafamiliar, alcoholismo de los padres y otros factores adversos; y a medida
que avanza la vida, surgen más acontecimientos adversos: abuso sexual,
matrimonio forzoso, problemas con la familia del cónyuge, violencia marital y
guerras. Hay indicios de que los suicidas han sufrido más experiencias traumáticas
de ese tipo que las demás personas (22). Diekstra,
en un artículo, señala que en la epidemiología del suicidio y el
parasuicidio, son vulnerables los adolescentes con conflictos, las mujeres víctimas
de violencia y los ancianos abandonados o con desventaja social y económicas
(23). A
pesar de que no existe un tipo de personalidad específica que caracterice al
paciente suicida o al que intente suicidarse, algunos de los rasgos que se les
señalan están presentes en alta medida los trastornos del carácter, muestran
gran ansiedad e introversión que el resto de las personas, otras características
son la impulsividad, inmadurez e inestabilidad y en los más jóvenes una reacción
excesiva ante el estrés; muchos adolescentes muestran fatigas, intranquilidad e
incapacidad para estar solos (16). Para
una mejor comprensión de este fenómeno particulaizaremos en algunos elementos
que debilitan o fortalecen la conducta de la persona; entre ellos hay que señalar
la fortaleza personal (grado de compromiso que los sujeto asumen al
evaluar las dificultades concretas, rasgo que pone a prueba sus capacidades), la
autoestima (juicio personal de valía, experiencia subjetiva que se trasmite
en reportes verbales o conductas manifiestas), el control (espectativa o
esquema cognitivo de eficacia que el sujeto se forma), el enfrentamiento
(mecanismos de defensa clásicos como los señalados por Freud: depresión,
negación, intelectualización, etc., así como estrategias para afrontar los
estados emocionales negativos y solucionar problemas), el apoyo social
(valor de los contactos sociales como elemento protector para el ser humano).
(24) Las
dramáticas variaciones individuales en el grado o nivel de estrés ante una
misma situación, vienen dadas por la vulnerabilidad del individuo al momento de
evaluar las consecuencias y decidir de cuáles
habilidades
o estilos de afrontamiento dispone. Es
evidente que no importa tanto lo que sucede como el significado que se le
atribuye en dependencia del sujeto,
ante un agente de estrés ocurre el ajuste o la enfermedad de acuerdo con los
recursos de que disponga la persona (25). Como
se conoce, otros estudiosos han señalado que tampoco es el nivel de vida un
factor que “inmuniza” ante el problema de la conducta suicida pues países
como Austria, Suiza, Alemania, presentan esta desviación de la salud (26). Haciendo
un análisis integrativo de lo expuesto hasta aquí, es válido señalar que las
conductas autodestructivas o los daños autoinflingidos, incluyen en su génesis
la exposición del sujeto a las contingencias ambientales y el tipo de respuesta
según el grado de desarrollo estructural de la personalidad. Podemos
concluir que el comportamiento suicida se debe en parte a las condiciones
sociales y en parte a la inadaptación individual. Referencias
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Periódico Granma. 10 de mayo 1997, Ciudad de La Habana. AUTORES:
MSc.
Lic. Rita
González Sábado 1
Lic.
Alberto Martínez
Cardenas 2
Dr. Manuel Antonio Núñez Ramírez 3
Lic.
Modesta Licea García 4
Dra. Cecilia Santisteban Sánchez 5 2
Profesor Asistente en Psicología de la Salud 3
Especialista en Medicina Familiar. Profesor Instructor 4
Licenciada en Biología. Profesora Instructora 5
Especialista en Higiene General. Profesora Asistente.
Email:
riar@golfo.grm.sld.cu MSc.
Lic. Rita González Sábado Máster
en Ciencias en Medicina Natural y Tradicional.
39
años Estudios
Cursados: Carrera de Psicología 1981-1986
Diplomado
en Intervención Familiar 2000
Diplomado
en Conductas de Riesgo Infanto – juvenil 2001
Diplomado
en Suicidio y Tanatología 1998
Entrenamientos
en Psicoterapia Cognitiva 1996
medicamentos 1996
Maestría
en Ciencias 2000 – 2002. Publicación enviada por Dr. Manuel Antonio Núñez Ramírez y Otros Autores Contactar mailto:manr14@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EpZZVAyFkAePHjoBkW Publicado Monday 23 de February de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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